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22 Aug 15:17

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22 Aug 03:21

El pauperempresariado y los toreros

by César Rendueles
Sergioski02

que sensacion de ignorancia da leer a este hombre, y que placer.

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En un artículo del pasado mayo, El País informaba de que México es la nueva tierra prometida de los emprendedores. Al parecer, el 6,3% de los mexicanos entre 18 y 24 años son dueños de empresas. El mensaje de fondo, me pareció, era que los pobres se han puesto las pilas. Después de siglos de hacer el vago, han logrado bajarse de sus hamacas y emprender a cascoporro.

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En realidad, en todos –pero todos– los países pobres hay muchísima más gente trabajando por cuenta propia que en los países ricos. En Ghana el 67% de la mano de obra trabaja por cuenta propia, en Estados Unidos el 7,5 %. En las comunidades campesinas tradicionales era prácticamente imposible comprar nada. En cambio, en las sociedades pobres destruidas por el mercado se vende prácticamente todo, incluidas muchas cosas que nadie había pensado nunca que pudieran o debieran venderse.

Los apóstoles de la economía informal, una doctrina sociológica particularmente perniciosa, creían que se podía aprovechar esa energía “empresarial” para impulsar el crecimiento económico y el empoderamiento mediante microcréditos y otras herramientas. A mí siempre me ha parecido que es lo mismo que ver a alguien sufriendo convulsiones y, en vez de llamar a una ambulancia, sugerirle que se dedique a la danza abstracta. Trabajar por cuenta propia puede significar casi cualquier cosa, pero por lo general es una estrategia de supervivencia en un entorno económico hostil, no una explosión de creatividad y emprendimiento. No hace falta irse a Acra para comprobarlo. En España el 55% de las empresas no tiene ningún empleado.

Poca gente se atreve ya a defender las fantasías del pauperempresariado. Hoy el cuento de la lechera del desarrollo se ha trasladado a la economía del conocimiento. Vale, nadie va a salir de pobre vendiendo fufu en su chabola. De lo que se trata ahora es de acceder directamente a las fases más avanzadas de la economía inmaterial. La gente pasará de rebuscar en el vertedero de Manila a vender apps saltándose el engorroso trámite de la industrialización. Es una tesis delirante que, sin embargo, ha tenido una amplia recepción. De hecho, muchos científicos españoles apelan a los beneficios económicos de la investigación como argumento en contra de los recortes que están sufriendo. Como si el número de patentes generado por una institución científica fuera el motivo definitivo para defenderla.

En realidad, el gasto público en ciencia y tecnología puede tener efectos económicos positivos… o no. Depende, básicamente, de que haya un entorno productivo capaz de aprovechar y retroalimentar esa inversión. A no ser que el CSIC invente un robot para servir cañas y tapas a gran velocidad, yo diría que no es el caso de España. Esa posibilidad quedó cegada cuando en los años ochenta el gobierno del PSOE desmanteló la industria y la agricultura situando la economía española en el lugar periférico que desde el primer momento la Unión Europea le asignó.

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Pero la tesis de la economía del conocimiento no sólo es errónea, también es hipócrita y perniciosa. Parece abrir un espacio de unanimidad en el que todos coincidiríamos, incluso los partidarios de recortar en ciencia y educación para subvencionar el casino bancario y energético. Es una cortina de humo consensual que nos impide percibir la magnitud y los motivos de la desigualdad económica y transfiere a los científicos una responsabilidad que no es la suya. Los investigadores españoles se han convertido en ninis, pero eso no tiene nada que ver con la rentabilidad o la falta de rentabilidad de sus investigaciones: es el producto de la estrategia del lemming de los gobiernos del PPSOE, dispuestos a inmolar lo que sea en el altar de la irracionalidad si eso preserva un par de años más los beneficios de las élites económicas.

Hay muy buenas razones para proteger las instituciones científicas. Por ejemplo, que dedicar parte de nuestra vida a descubrir y comprender cosas -y a estudiar y discutir lo que otros han descubierto- hace que nos parezcamos un poco más al tipo de personas que deberíamos aspirar a ser. Justo lo contrario que los cruceros o los centros comerciales. Que las universidades y los centros de investigación quiebren es un drama, no porque eso nos haga más pobres sino porque nos hace más ignorantes.

En 1955 los vecinos de Cimavilla, el barrio de pescadores de Gijón, erigieron una estatua en homenaje a Fleming en el Parque Isabel la Católica, al otro lado de la bahía. Fleming murió ese mismo año, así que fue su viuda la que asistió a la inauguración. Desde entonces, en septiembre, durante las fiestas del barrio, los vecinos de Cimavilla recorren la ciudad en procesión para colocar flores ante el monumento. Hay otras estatuas de Fleming. Una bastante conocida delante de la plaza de toros de Las Ventas, en Madrid. Creo que los pescadores de Gijón y los toreros de Madrid sabían algo sobre la ciencia aplicada que a la mayor parte de los políticos y a sus tecnólogos de guardia se les escapa.

Por cierto, Fleming no patentó la penicilina.


22 Aug 02:53

Si los árboles tuvieran wifi...

by noreply@blogger.com (Antonio Martínez Ron)

"Imagina que los árboles tuvieran Wifi, plantaríamos un montón de ellos y probablemente salvaríamos el planeta también... Es una pena que solo produzcan el oxígeno que respiramos".

Visto en Reddit, donde alguien apunta que son las algas microscópicas las que producen la mayor parte del oxígeno. La contraposición naturaleza/tecnología quizá es un poco sesgada, pero el meme tiene un fondo de verdad. Por cierto hay un par de comentarios a la imagen que me encantan:

- Estúpidos árboles, haced algo que la gente necesite.
- Que les den a los árboles, alguien debería construir torres de wifi que produzcan oxígeno.

Entrada publicada en Fogonazos http://www.fogonazos.es/
21 Aug 16:46

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21 Aug 16:44

«La revolución divertida»: el sueño de la política adolescente

by Jorge San Miguel

El 22 de abril de 1969, Theodor Adorno iba a comenzar uno de sus últimos seminarios en la Universidad de Frankfurt. La sesión versaba sobre «dialéctica del sujeto y el objeto». Apenas había tomado la palabra el viejo profesor cuando un estudiante avanzó hacia el estrado y escribió una proclama en la pizarra. A esta señal, tres alumnas se levantaron a su vez, se descubrieron los pechos y rodearon al filósofo lanzándole pétalos sobre la cabeza. Adorno, atónito, recogió sus papeles y abandonó el aula a toda prisa. No he encontrado en internet ningún vídeo ni imagen del famoso suceso, pero sí es fácil hallar la filmación de otro episodio similar acaecido en Lovaina tres años y medio después y protagonizado por Jacques Lacan.

Un joven melenudo y pedantesco interrumpe al apenas menos divagante Lacan, le desordena los papeles, derrama una jarra de líquido sobre la mesa y, tras balbucear un confuso discurso situacionista cargado de reproches hacia el profesor, entabla un surreal diálogo con él que termina de forma accidentada.

Es tentador, y quizás no muy original, ver en estos episodios la representación de un conflicto que se había manifestado plenamente en 1968 en París, pero cuyas raíces venían de antes, como veremos. Los dos viejos gurús, pertenecientes a ramas distintas del gran tronco del pensamiento crítico del siglo XX —crítico con el mundo burgués, con el capitalismo, con la modernidad ilustrada—, pero insertos completamente en la sociedad burguesa, se enfrentaban de repente a algo sustancialmente distinto: jóvenes que expresaban su rechazo por esa misma sociedad burguesa escenificando la ruptura de sus convenciones más elementales. Y si Lacan, irónico y quizá consciente hasta cierto punto de su propia charlatanería, había capeado la situación con cierto aplomo, Adorno, el adusto y elitista frankfurtiano, autor con Max Horkheimer de uno de los libros más sobrevalorados de todos los tiempos, no se lo tomó tan bien. Cada vez más molesto con el efecto sobre la vida universitaria de las protestas estudiantiles generalizadas desde el año anterior, el mamario altercado y otros sucesivos le convencieron de acelerar el fin de las clases y retirarse a Suiza a descansar. Allí murió poco después de un ataque al corazón —aún afectado por el suceso, según las malas lenguas.

Curiosamente, otro «viejo profesor» con ciertas similitudes con Adorno, y cuyos textos de doctrina política mostraban en ocasiones rasgos de un puritanismo casi robótico, Enrique Tierno Galván, supo reinventarse hasta el punto de convertirse en símbolo de una «movida» juvenil. Movida cuyas aristas políticas estaban ya muy limadas respecto a las soflamas de las décadas anteriores, y casi circunscritas a citas en canciones pop y «cameos» ideológicos en programas infantiles, siempre entre lo cínico, lo naif y la autoparodia. Y ese camino que va desde el mayo francés hasta nuestros días, y desde los soponcios de Adorno hasta la aceptación y comercialización cotidiana de la «rebeldía», pasando por el Madrid de la Movida o la antiglobalización de los 90,  es el que ha recorrido Ramón González Férriz para relatar el triunfo y la caída del espíritu del 68. Con La revolución divertida (Debate, 2012), Férriz ha escrito un libro cuya sencillez y claridad resultan engañosas: bajo una exposición llana y nada pretenciosa laten algunas de las cuestiones fundamentales de las últimas cuatro décadas, fenómenos y procesos que están en el corazón de esta crisis y de la respuesta a la misma por parte de políticos y ciudadanos.

La segunda posguerra mundial significa en EE. UU. y la reconstruida mitad de Europa que permanece bajo su influencia una ola de prosperidad sin precedentes en la historia. La nueva riqueza, la explosión demográfica entre los 40 y los 60 y la expansión de la educación superior dan a lugar a su vez a otro fenómeno casi inédito: el nacimiento de una pujante cultura juvenil que ocupa espacios de expresión social, ocio y consumo antes ajenos a los jóvenes. Los beatniks de la generación de preguerra dan un primer aldabonazo, aún minoritario, y un modelo que emular. Pero pronto se pasará de la «rebeldía sin causa» de los 50 a la arena política. Causas no van faltar: desde el movimiento por los derechos civiles y la guerra de Vietnam hasta la reivindicación de modelos sociales alternativos, que suelen pasar por alguna modalidad de marxismo progresivamente estrafalaria.

La revolución divertidaDetengámonos un instante en la contraposición que ofrece González Férriz entre el movimiento negro por los derechos civiles y las diversas rebeldías a las que la juventud burguesa se entregó en el resto de la década, porque dibuja una de las claves del libro: los primeros se apoyaban en una organización «ortodoxa»  que aprovechaba las redes comunitarias o de las iglesias, mientras que las tendencias que confluyen simbólicamente en el 68 rechazaban de plano el viejo mundo político en favor de modos alternativos de expresión y actuación. Pero al negarse a reconocer la política realmente existente, la naciente «revolución divertida» se incapacitaba para actuar en ella y transformarla de manera efectiva. Antes al contrario, se condenaba a periódicas explosiones de descontento y creatividad que no acercaban un ápice la utopía soñada —fuera esta la que fuera—, y que pronto eran fagocitadas por la cultura y las instituciones del despreciado mundo burgués capitalista. Más aún: al hacer hincapié en la soberanía absoluta de la voluntad individual, los soixante-huitards quizás allanaron el camino a otra utopía, la capitalista, y al triunfo de la idea del mercado global. La trayectoria vital de la generación de mayo del 68 así se lo sugiere a González Férriz, aunque tal vez no se trate tanto de que el 68 fuera causa como manifestación de una realidad social que se expresaba de múltiples maneras. De una u otra forma, la ascensión de los baby boomers puso a la juventud en primer plano, y con ella vino una forma de entender la política esencialmente adolescente: impulsiva, inconstante, imaginativa, frívola pero convencida de su seriedad, libérrima pero moralista.

La revolución divertida recorre las dos décadas siguientes y constata cómo la generación del 68 ha ganado su guerra peculiar contra la rigidez moral y el autoritarismo de sus mayores, pero por el camino se ha dejado el colectivismo y ha acabado asumiendo el individualismo como norma fundamental no solo en la construcción de una identidad personal y un itinerario de vida, sino en la organización social y económica. Es decir, ha llegado al capitalismo por un camino distinto a la ética protestante de Weber y al mundo de «hombres blancos de clase media que trabajan denodadamente en grandes empresas para asegurarse un vida cómoda en los suburbios, junto a una bella esposa y rubicundos niños». Porque a la postre solo la prosperidad y la proliferación de elecciones caprichosas que proporciona el capitalismo pueden hacer imaginable una utopía de la libertad caprichosa. Hasta nuestros días, buena parte de la izquierda cultural seguirá luchando contra esa moral, esos hombres blancos de clase media y esas familias de suburbios que ya no existen como contra molinos de viento. Mientras, el capitalismo, fiel a la potencia creadora glosada por Marx, fagocitaba la rebeldía sesentayochista y asumía y ponía a su servicio buena parte de su discurso: la juventud, la innovación, la capacidad de ruptura y de transformación, el individualismo a ultranza.

Algunas de las páginas más reveladoras y divertidas del libro son las que González Férriz dedica a la recepción en España de las nuevas rebeldías, en su vertiente anarcoide barcelonesa o lúdico-institucional madrileña. La primera, reconstituida en el crisol de la antiglobalización de los 90, estará en el corazón de los variados movimientos antisistema que tienen su pequeño pero firme nicho en nuestro país, y que últimamente gozan de renovada atención por la crisis. La segunda le permite al autor acercarse al fenómeno de la contestación institucionalizada, y al catálogo de «intelectuales» de bien pagada trinchera que, a izquierda y últimamente también derecha, viven de proclamar alternativamente catástrofes y utopías varias a golpe de manifiesto.

El antepenúltimo capítulo del libro se consagra a la citada antiglobalización. Signo de hasta qué punto «la vida está en otra parte», de que la historia suele discurrir por caminos ajenos a los discursos que nos ocupan la mayor parte del tiempo, es que aquellos jóvenes no pudieran saber que los verdaderos perdedores de la globalización eran ellos y sus hermanos más jóvenes, y no los habitantes de Bangladesh o Vietnam. También el hecho, señalado por González Férriz, de que pretendiesen superar el fracaso o la traición de los soixante-huitards por el curioso método de reproducir sus discursos y tácticas.

Ocupación de la Sorbona en mayo del 68.

Ocupación de la Sorbona en mayo del 68.

La utopía cibernética, y cómo internet se incorporó al acervo de las esperanzas y los lenguajes revolucionarios, ocupa lo que con toda probabilidad iba a ser el último capítulo de La revolución divertida. Pero el 15 de mayo de 2011, cuando el libro estaba prácticamente terminado, cristaliza en España una corriente de protesta que se había venido larvando al menos desde los movimientos contra la ley Sinde, y al que la crisis económica y política —así como la pretendida emulación de las revueltas de la «Primavera árabe»— proporcionó un impulso desconocido desde la Transición. El nuevo movimiento mostraba elementos tanto de las «revoluciones divertidas» como de algo distinto, más transversal en edad, clase e ideología, y más apegado a preocupaciones terrenas como el desempleo y el hundimiento inmobiliario. O más bien, quizá, se diría que había una nutrida porción de españoles cabreados con la situación del país, muchos de los cuales se acercaron a las primeras protestas, y a los que las «revoluciones divertidas» de las últimas décadas proporcionaron un lenguaje para expresar su descontento y su impulso antipolítico, así como un esqueleto de organización. Férriz toma nota del movimiento en el último capítulo, y se adivina en el texto una cierta sorpresa. El 15M pronto delató su carácter heterogéneo y su (inevitable) falta de programa, y mientras unos se volvían a casa y canalizaban su descontento de una u otra forma dentro del sistema de partidos, otros se unían a movimientos de lucha sectorial; y aún otros, los que siempre habían orbitado alrededor de los movimientos de contestación radical, aprovecharon la visibilidad que la crisis les había otorgado para seguir haciendo con renovadas ilusiones lo que siempre habían hecho.

Y lo que siempre habían hecho, quizá con pocos resultados visibles, era enarbolar la bandera de una negación tajante de nuestro sistema económico y político, y mantener vivo el viejo sueño soixante-huitard de una política performativa: una política que no necesita pasar por los engorrosos —y corruptores— procesos de negociación y transacción que caracterizan a la democracia liberal. Una que, al contrario, aspira a hacerse realidad a partir de su mera formulación y de la plena e irrestricta expresión personal de los participantes en cuanto individuos. Porque la paradoja fundamental de esta nueva política es esa, que lo colectivo se queda en el plano del discurso —en la «superestructura», podríamos decir—, mientras que su expresión y sus efectos reales se ciñen a círculos cada vez más reducidos o incluso al nivel biográfico, existencial, de cada uno de los participantes. Se trata de una «política» a la que, más allá de las proclamas, se le niega a la postre su voluntad colectiva y su capacidad real de transformación, y que corre el riesgo de quedar en educación sentimental o autoayuda. En suma, como refiere González Férriz y hemos anotado —y esto solo es una contradicción en apariencia—, una política cortada a la medida de la generación de la posguerra europea y de sus hijos mayores; del mundo de la posmodernidad, el hiperconsumismo, el individuo como soberano absoluto y la abundancia perpetua.

Cabe no obstante la esperanza de que, tras las primeras espumas del 15M, unas generaciones que deben enfrentarse a la tarea de reconstruir la prosperidad y, en países como España, el mismo relato de la convivencia, tomen contacto con la política real, donde se juega de verdad el futuro de nuestra sociedad; de que reconozcan sus mecanismos al menos de forma aproximada y aprendan a navegar por ella, a sobrellevarla, a decepcionarse sin caer en la tragicomedia y a transformarla en la modesta medida de sus, nuestras, posibilidades. Las «revoluciones divertidas» poco pueden enseñarles de todo eso, pero haremos todos bien en tomar nota de la creatividad, la pasión política y la actitud vigilante e inconformista que muchos de sus partidarios tuvieron mientras casi todos dormíamos el sueño de burbujas varias y dejábamos que el mundo y la política se nos cayesen encima.

Acampada del 15M en Puerta del Sol.

Acampada del 15M en Puerta del Sol.

20 Aug 18:16

Álbum de poses grupales vintage que son la monda

by Redacción
Sergioski02

hay muchas dignas de volver a poner de moda

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Hacer el indio en las fotos no es sólo cosa de la era digital y de Facebook; las fotografía en blanco y negro de antaño también ha dejado un legado de fotos curiosas, divertidas y extrañas para disfrute de las generaciones venideras.

Desde curiosos fotomontajes hasta retratos inquietantes, pasando por una colección de fotos de grupo bastante extrañas. ¿Creías que tus poses eran originales? Malas noticias, tus bisabuelos también sabían montárselo bien cuando estaban en compañía.

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Victorian glass negatives... lost Scotland by Dawn Parsonage amazing fancy dress.jpg

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The Three Stooges - Playing Football

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Fotos procedentes del impagable Pinterest Funny Vintage Photos y de Google Images

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20 Aug 16:18

Radiografía negra de Bangladesh

by Zigor Aldama
Víctima de un ataque con ácido por una disputa económica.

Víctima de un ataque con ácido por una disputa económica.

Las tragedias en fábricas textiles han llevado el foco informativo a la antigua Pakistán Oriental, pero seguramente ese sea uno de sus males menores.

El caos de Bangladesh se adivina desde el aire. La capital, Dacca, es una de esas ciudades que han reventado sus costuras y se han desparramado por el suelo sin planificación alguna. El viejo Fokker F-28 de Biman Airlines, que no desentonaría en un museo de aviación, busca a trompicones el aeropuerto internacional Hazrat Shahjalal, y deja al descubierto un monstruo de asfalto que, movido por un sólido y continuado crecimiento económico, devora todo a su alrededor. A empujones, relucientes bloques de acero y cristal se hacen un hueco entre bloques de hormigón de la era británica que se caen a pedazos, y nuevas urbanizaciones de lujo desplazan mares de chabolas con sus perímetros amurallados.

El trayecto desde el aeropuerto hasta el centro proporciona más claves sobre el rumbo que ha tomado la antigua Pakistán Oriental. Lo que tendría que ser un viaje de 20 minutos se convierte en una tortura de dos horas. El Toyota Corolla trata de abrirse camino a bocinazos, pero todo esfuerzo es en vano. Choca contra una muralla de triciclos a pedales, triciclos motorizados, coches, autobuses del pleistoceno, camiones que escupen un humo más propio la combustión de carbón, y algún que otro burro que tira de un carro. Sin duda, los vehículos que luchan por circular en las calles de Dacca son fiel reflejo de las disparidades sociales provocadas por un milagro económico que para la mayoría es una pesadilla.

Para encontrar el motor de ese desarrollo hay que alejarse de los nuevos centros comerciales en los que una pujante clase media sorbe frappucinos y se retrata con sus smartphones, sonriente y haciendo el gesto de la victoria. No muy lejos de allí, en el cinturón industrial de Ashulia, la realidad es completamente distinta. De hecho, podría ser un planeta diferente. En inmensas fábricas, ubicadas en la Zona de Procesamiento de Exportaciones (EPZ) —donde muchos puntos de la legislación laboral no son de aplicación, se impide la sindicación de los trabajadores, y las empresas están exentas de algunos impuestos y cuentan con subvenciones especiales—, decenas de miles de trabajadores —un 80% mujeres— cosen las prendas que han convertido al país en la segunda potencia textil del mundo, solo superada por China.

Ahmed trabaja en un telar que provee a grandes multinacionales.

Ahmed trabaja en un telar que provee a grandes multinacionales.

Gracias al salario mínimo más bajo del planeta —3000 takas, 29 euros, por semanas laborales de 54 horas—, casi todas las multinacionales del sector se abastecen ya aquí. Así se entiende que el sector aporte el 80% de las exportaciones del país —unos 20.000 millones de euros— y emplee a casi cuatro millones de personas en unas 4.500 instalaciones productivas. Farida es una de ellas. Tiene 27 años y ha trabajado en varias subcontratas de importantes marcas internacionales. «Un día de ausencia se castiga con la reducción de dos jornadas en el salario, el retraso de unos minutos se paga con el sueldo de todo el día, y las ausencias también se penan con el pago tardío de la nómina», cuenta.

Pero lo que más le preocupa es que no se cumplen muchas de las normativas de seguridad, un hecho que ha provocado más de 2000 muertes en los últimos seis años. El suceso más reciente, y el que ha puesto el foco informativo de todo el mundo en la industria textil bangladesí, es el del Rana Plaza, un edificio que albergaba cinco fábricas y que se derrumbó el pasado 24 de abril. Murieron más de 1200 personas, una cifra similar a la de los fallecidos en cada una de las torres gemelas en los atentados del 11-S.

El bloque estaba mal construido, se le habían añadido tres plantas de más, y no contaba con las debidas medidas de seguridad. O sea, un bloque como tantos otros. La mayoría ni siquiera cuenta con escaleras de emergencia o extintores, algo que le permite al fuego devorar decenas de vidas. Así lo hizo a finales del año pasado en la fábrica de Tazreen Fashions, cuyo incendio dejó 110 muertos. «No hay apenas ventilación en todo el edificio, está todo lleno de polvo, de cajas y de telas que fácilmente pueden arder», revela Farida. «No nos dan agua potable, así que la bebemos del lavabo, pero a partir de la cuarta planta ni siquiera llega agua al baño. Si hay un incendio, es imposible escapar o tratar de apagarlo».

A pesar de ello, cada año cientos de miles de personas tratan de acceder a un empleo en las EPZ. Al fin y al cabo, es lo mejor a lo que pueden acceder en Bangladesh quienes no descienden de la nueva burguesía. «Hay más regularidad en los ingresos de los trabajadores y los retrasos en el pago son raros», explica Jesmin, una joven trabajadora que se ha curtido tanto dentro como fuera de las zonas especiales. «También se respeta el día de descanso semanal, así como la jornada de asueto que corresponde por cada 18 trabajadas. Muchas empresas incluso ofrecen transporte y comida a los empleados».

Tras la tragedia del Rana Plaza, el gobierno ha prometido auditorías mucho más estrictas —ha cerrado al menos 18 fábricas— y una mejora notable en las condiciones laborales. Sin embargo, como apuntan a este periodista diferentes líderes sindicales, «es difícil que se vayan a dar cambios de verdad cuando al menos 29 diputados son propietarios de fábricas textiles y la mitad del parlamento tiene intereses directos en la industria». De hecho, Jesmin reconoce que siempre se sabe cuándo llegarán los inspectores de las grandes marcas, y que «las fábricas se preparan a fondo para que no vean nada fuera de lugar».

No hay que ir muy lejos de la EPZ para confirmar que el problema del sector textil probablemente sea el menor de los que acucian a Bangladesh. De hecho, basta con cruzar la carretera y caminar en dirección a la maraña de chimeneas que domina el horizonte de Ashulia. Son fábricas de ladrillos, una de las principales industrias del país, capaz de producir más de 12.000 millones de unidades al año. No obstante, esta fuente de riqueza lo es también de unos tres millones de toneladas de CO2, ya que hacen falta 23 toneladas de carbón para cocer 100.000 ladrillos, el triple de lo que consume China con tecnología mucho más avanzada. Así, aunque es una de las capitales asiáticas menos industrializadas, Dacca es también una de las más contaminadas.

Imágenes de la fábrica de ladrillos de Ashulia.

Imágenes de la fábrica de ladrillos de Ashulia.

Poco les importa a quienes en esta inmensa planicie cuecen los ladrillos que sirven para engordar la burbuja inmobiliaria, que se infla al calor del crecimiento económico y del aumento de la población acaudalada. Pero sobre la «cocina» de estas espectaculares instalaciones medievales el único calor es el que viene del sol o del horno de carbón. Si lo hubiera, un termómetro marcaría en torno a 45 grados, pero es evidente que los trabajadores prefieren reír que llorar.

«Siempre hay accidentes, es inevitable, y muchos no soportan las condiciones de trabajo», afirma Liakot, un trabajador de 42 años procedente de la provincia sureña de Kulna, que comienza su jornada a las seis de la mañana y acaba, «si hay suerte», a las cinco de la tarde. Todo por el equivalente a unos 100 euros al mes, cuatro meses al año —la estación seca—. «Lo que más me preocupa es que me pase algo, porque no tenemos ningún seguro y mis hijos morirían de hambre sin mí». Mientras tanto, cada empresario se embolsa, según estimaciones de la prensa local, al menos 53.000 euros al año.

De hecho, aquí la esclavitud entra en una nueva dimensión. La familia de Hena es buen ejemplo de ello. Disfrutaba de una existencia tranquila en Kulna hasta que el mayor de sus hijos contrajo una extraña enfermedad. «Nos dijeron que era un tumor cuando ya no era posible operarlo», recuerda la madre. A pesar de sus escasos recursos, los progenitores decidieron buscar el milagro y pidieron prestados 400.000 takas (algo menos de 4000 euros) para hacer frente a las abultadas facturas médicas. Cometieron un error: acudieron a un prestamista local, un cacique con buenas conexiones entre los fabricantes de ladrillos.

El joven sufrió primero la amputación de una pierna y, poco después, perdió la vida. Pero el dinero había que devolverlo. Con un interés del 50%. «Ni siquiera poniendo a trabajar a mis tres pequeños —de entre 8 y 14 años— hubiésemos conseguido pagar la deuda». El usurero propuso entonces una idea. «Nos dijo que un amigo suyo tenía una fábrica de ladrillos y que nos daría trabajo allí hasta que consiguiésemos devolver el crédito». Hicieron el petate, y dejaron para siempre su tierra natal.

La familia de Hena muestra la foto de su hijo muerto, que les ha costado la esclavitud.

La familia de Hena muestra la foto de su hijo muerto, que les ha costado la esclavitud.

Pero jamás conseguirán pagar lo que deben. Los intereses, que aumentan la suma de forma exponencial, superan con creces su salario. Sin ningún tipo de formación, no pueden acceder a un empleo mejor remunerado, y en la capital sobran emigrantes rurales. Por eso, el padre de familia está considerando la posibilidad de dar un gran paso y plantarse en Chittagong, la segunda mayor ciudad del país. Allí es donde podría ganar más dinero en otro de los sectores que han hecho a Bangladesh tristemente famosa: el shipbreaking, el desguace de barcos.

La imagen de las playas de Chittagong es demoledora. La arena se esconde bajo una gruesa capa negra. Es el combustible sobrante de los buques, cuyos cadáveres amputados salpican 30 kilómetros de costa. Como si fuesen termitas, hombres que se juegan la vida —y a menudo la pierden— con un soplete y un martillo van devorando los gigantescos cascos de metal, cuyo peso puede exceder las 20.000 toneladas. Sin duda, los oscuros tejemanejes de este negocio, expresamente prohibido por la Convención de Basilea sobre Basura Peligrosa, convierten al sector textil en un juego de niños.

Porque las ganancias son demasiado golosas como para dejar que la legalidad las estropee. «La naviera suele vender el buque a un broker en Londres. Este cambia la bandera del barco y lo registra en alguno de los países que no ha firmado la convención. Así, todo está en orden para que pueda ser desguazado en Bangladesh», explica Muhamed Ali Shahin, director de Shipbreaking Platform, una organización dedicada a la supervisión del «reciclaje» de barcos. No se oponen a esta práctica, pero exigen que se realice con las medidas de seguridad laboral —desde 2005 han muerto casi 100 trabajadores— y de protección del Medio Ambiente —decenas de pueblos pesqueros han desaparecido por la contaminación que mata las aguas— que exige la normativa internacional.

Gigantescos buques a medio desguazar en las playas de Chittagong.

Gigantescos buques a medio desguazar en las playas de Chittagong.

Eso supondría una importante reducción de la alta siniestralidad laboral, pero también una merma en los pingües beneficios. «La naviera ya ha rentabilizado el buque —puede estar hasta 29 años en servicio—, y su venta no solo le quita un quebradero de cabeza, sino que le reporta unos 300 dólares por tonelada. Es el precio al que lo adquiere el intermediario, que luego revende la nave con hasta 200 dólares de beneficio por tonelada —un buque de gran tamaño puede reportar, así, unos cuatro millones de dólares de beneficio—. El comprador final es un empresario bengalí, que puede llegar a obtener hasta cinco veces esos 500 dólares por tonelada que ha pagado», añade Ali Shahin. Más que suficiente para sobornar a quien haga falta.

Los trabajadores no participan en esta orgía de capital. «Nunca sé si saldré vivo del barco, porque los accidentes son constantes y las condiciones de trabajo inhumanas», cuenta Babul Sahabudin, uno de los pocos «desguazadores» que ha accedido a ser entrevistado. «Los barcos que transportan diesel crean un gas en los tanques de combustible que puede provocar la asfixia del trabajador sin que se dé cuenta, y los petroleros son carne de explosiones». Además, la mayoría no cuenta con material adecuado para realizar su tarea. «Muchos entran descalzos, sin guantes, y con herramientas muy básicas. Así es fácil cometer errores y volar por los aires», reconoce un compañero de Babul, Mohammed Liton.

No obstante, ambos consideran que los 85 y los 70 euros al mes que cobran respectivamente son suficiente compensación por el peligro al que se enfrentan cada día. Al fin y al cabo los 127 millones de habitantes de Bangladesh, con una renta per cápita de 1600 euros, se cuentan entre los más pobres del planeta. Y, sin duda, ahí reside una de las razones de muchas de las lacras sociales que impiden un mayor desarrollo social.

Las niñas que trabajan como sirvientas están especialmente expuestas a todo tipo de abusos.

Las niñas que trabajan como sirvientas están especialmente expuestas a todo tipo de abusos.

La del trabajo infantil es una de las más visibles. En cualquier esquina del país se pueden encontrar niños haciendo algo que no les corresponde. Venden fruta en los mercados, están empleados en talleres y hacen labores domésticas para familias que, en demasiadas ocasiones, abusan de ellos. «La población lo considera algo normal», explica Rose Anne Papavero, responsable del programa de protección a la infancia de Unicef en Bangladesh. «Eso hace que los niños que trabajan sean invisibles de cara a la sociedad. Nadie habla de ellos, y mucho menos se plantea si el trabajo que desempeñan los condena a un futuro de pobreza. No abogamos por la erradicación del trabajo infantil, pero sí creemos que se debe garantizar la escolarización de los niños como apuesta por el futuro. Y es que ni siquiera se debate sobre si sus condiciones laborales son dignas. Avanzar en estas condiciones es casi imposible»

La ONG Intervida mantiene para estos niños trabajadores una escuela en el barrio de Hazaribagh, en Dacca. Allí, 115 niños de entre 8 y 14 años reciben algo de formación. No es mucha, porque todos tienen que trabajar y solo visten el uniforme escolar durante las horas que sus respectivas empresas se lo permiten, pero es suficiente para marcar la diferencia. La composición de las clases de Hazaribagh es un buen termómetro para ver en qué están empleados, y la imagen no es especialmente esperanzadora.

El 27% recoge basura y la clasifica para su posterior reciclado, una actividad que no distingue entre sexos; el 14%, en su mayoría chicos, está empleado en sectores informales, que incluyen todo tipo de industrias, y desempeña lo que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) denomina «trabajos peligrosos’»; y el 9,5%, sobre todo niñas, están empleadas en el servicio doméstico. Y estos son los niños privilegiados, porque muchos otros ni siquiera tienen la posibilidad de disfrutar de estas clases, y no cuentan en las estadísticas.

Esos son, precisamente, los más vulnerables. Sobre todo ellas. Carne de cañón para mafias que trafican con personas y para familias con pocos escrúpulos. Muchas terminan en gigantescos burdeles como los de Faridpur, una pequeña ciudad situada a unos 100 kilómetros de Dacca. El pequeño puerto de la localidad y un cruce de carreteras ha convertido al lugar en uno de los principales centros de prostitución: casi el 5% de la población femenina alquila su cuerpo. Muchas son menores. Todas están condenadas al desprecio.

Lima ya lo tiene asumido. Dice que tiene 15 años, pero aparenta 12. Trabaja en el burdel del centro, un gigantesco bloque de hormigón desnudo que no invita a practicar sexo. Pero el entorno no importa, porque ella sirve a una media de siete hombres al día en un minúsculo cuarto oscuro con la luz apagada. No se quita la ropa, ni permite que la besen. Tampoco practica «nada que no hagan marido y mujer». Eso, traducido, excluye la masturbación, la felación, y la penetración anal. El sexo aquí se reduce a un instinto animal.

Lima se prepara en su pequeño cuarto para recibir clientes.

Lima se prepara en su pequeño cuarto para recibir clientes.

A Lima la violó un grupo de hombres hace unos años. Ella cree que estaban en connivencia con su propia familia y con responsables del burdel, porque estos últimos pagaron a sus padres el equivalente a 600 euros para llevársela. «Me dijeron que, como no era virgen, ya no podría dedicarme a nada más». Ahora, cobra 100 takas por servicio —menos de un euro—, y suma diez más por el preservativo. «A veces no quieren ponérselo. En el mejor de los casos, me ofrecen más dinero para que acepte. Otras veces me pegan». Pero, a pesar de ello, se siente segura. «Aquí me protegen. Peor están las mujeres del muelle».

Son las que sirven a la tripulación de barcazas de transporte que hacen un alto en el camino. Trabajan en pequeñas cabañas de bambú y uralita, y han sufrido la furia de otro de los problemas que lastran a Bangladesh: el extremismo islámico. Hace tres años, una turba arrasó el complejo al grito de «Alá es grande». «Tuvimos que saltar al río para que no nos quemaran vivas», recuerda Hasina, una mujer de 40 años que vendió su virginidad cuando todavía no había menstruado. Varias mujeres resultaron heridas de consideración, y los políticos que se interesaron por el caso después de que saltase a la prensa, dieron la razón a quienes protestaban porque las prostitutas «corrompen a la juventud». Lo curioso es que, como apunta Hasina, «muchos de quienes querían pegarnos fuego eran clientes habituales».

Neelu posa con una foto de familia antes del ataque con ácido que sufrió.

Neelu posa con una foto de familia antes del ataque con ácido que sufrió.

El problema de fondo, aseguran diferentes analistas, es la gran violencia que subyace en la sociedad bangladesí. Se percibe en las habituales batallas campales que protagonizan manifestantes y policía, pero impregna todos los aspectos de la vida. Un buen ejemplo de ello son los ataques con ácido, que suelen darse entre vecinos y familiares, generalmente por disputas económicas o por la titularidad de terrenos, y que tienen en la mujer su principal víctima.

Lo sabe bien Neelu, una adolescente de 17 años que vive con la cara desfigurada porque se negó a que el hombre con el que la habían casado la vendiese a un saudí. Demasiado carácter para una chica de 15 años, debió de pensar su esposo, que no dudó en rociarla con ácido sulfúrico para zanjar el asunto. Los suegros presenciaron la escena, pero Neelu recuerda que no movieron un dedo para ayudarla. De hecho, fueron unos vecinos los que la trasladaron hasta el hospital más cercano.

Su mundo se derrumbó. No obstante, una ONG local acudió en su ayuda y la desesperación se tornó en una rabia que canalizó hacia los tribunales. En un inusitado precedente, el juez condenó al agresor de Neelu a pena de muerte, y podría ser ejecutado este mismo año. «Desafortunadamente, la mujer suele callar y muy pocas veces se hace justicia», comenta el profesor Mohammad Musq, presidente del Comité de la Coalición de la Sociedad Civil de Sirajganj.

Académicos como él achacan esta violencia al choque que vive una sociedad en rápido cambio. «El Corán dice lo que la mujer tiene que hacer. Ha de estar apartada y quedarse en casa. Pero la realidad es que ahora está tratando de educarse y de trabajar para ser independiente del hombre, y eso no todos lo aceptan y provoca una gran tensión», explica Doulad Sm, un activista social pro derechos civiles. De hecho, esa nueva coyuntura supone una amenaza para muchos hombres, que ven peligrar su hegemonía.

«Bangladesh ahora es un avispero. La pobreza, las desigualdades sociales, la llegada de nuevos estilos de vida, y unas aspiraciones desmesuradas alimentadas por medios de comunicación que solo hacen hincapié en la lujosa vida de una pequeña élite, han convertido al país en una bomba», analiza Shirin Akter, cooperante de Ayuda en Acción en Dacca. «A este respecto, el sector textil quizá sea lo que mejor funciona, a pesar de las tragedias que lo han asolado».

Una prostituta espera clientes en el interior del burdel de Faridpur.

Una prostituta espera clientes en el interior del burdel de Faridpur.

Fotografía: Zigor Aldama

20 Aug 13:18

La cerveza en polvo es una realidad

by Olmo Axayacatl

Carbonator

La industria alimentaria siempre está en auge porque comer es una de las actividades que cualquier humano no podemos dejar de hacer. En los últimos años las nuevas tecnologías de empacado de alimentos han permitido que la variedad de presentaciones aumente a la par que surgen otras tecnologías que permiten crear productos hasta ahora no vistos.

Y puedo decir que los ingenieros de alimentos están trabajando duro para ofrecer más variedad de productos, tales como la cerveza en polvo, un producto de nombre comercial Carbonator que la empresa Pat’s Backcountry está comercializando en un empaque parecido a los termos de los ciclistas solo que pensado para preparar cerveza de manera instantánea.

Carbonator

Esos termos son envases a presión dentro de los cuales los líquidos se convierten en bebidas carbonatadas, y el Carbonator contiene justamente el gas que se requiere para obtener cerveza, gracias a una mezcla de bicarbonato de potasio y ácido cítrico. De hecho la cerveza en general está compuesta en un 95% por agua, por lo que al crear cerveza en polvo su comercialización y transporte son más fáciles.

Según la empresa su cerveza en polvo contiene alcohol, además de un gran sabor y aroma, así como una elevada calidad. Para fabricar esta cerveza es necesario mezclar dos sobres, el primero contiene el bicarbonato y el ácido cítrico y el segundo la cerveza en si. Este producto será comercializado en Estados Unidos a partir de septiembre próximo, a un costo de 9.95 dólares por cuatro sobres y 29.95 dólares por la botella especial.

Vía: El Mundo

20 Aug 12:19

Las ilusorias promesas de la liberación sexual

by Javier Bilbao
Sergioski02

muy recomendable

Este truhán se las pincha a todas. Fotografía de Bruno Navez (CC)

Este truhán se las pincha a todas. Fotografía de Bruno Navez (CC)

Cuando leo o escucho a hombres mayores clamar con vehemencia contra la Iglesia, el catolicismo y la represión sexual que trajeron consigo, a menudo asiento interiormente a lo que dicen e intento imaginarme cómo debió de ser aquella época que tanto les traumatizó. Debió de ser terrible, sin duda, pero en tales ocasiones no puedo evitar pensar también en cómo creen ellos que habría sido su vida sexual en otro contexto. Viendo la virulencia que en ocasiones ha alcanzado el anticlericalismo en España, más de uno pensaría que la Iglesia era el único obstáculo entre él y una orgía perpetua. Quizá a pesar de todo no dejaron de creer en el paraíso y solo le dieron otra forma…

Sea como fuere, su discurso, el discurso de la liberación sexual, ha cuajado con intensidad en nuestro país y en todo Occidente durante las últimas décadas. Ya conocen la historia: la religión judeocristiana reprimió nuestros impulsos sexuales, amenazando en sus sermones con la condenación eterna a quien se masturbaba, era promiscuo o en general utilizaba el sexo para algo que no fuera la reproducción. Pero ese oscurantismo debe quedar atrás, nos decimos convencidos unos a otros, y desde hace años contamos además con todo un ejército de sexólogos que nos han animado desde los medios de comunicación a sacudirnos por completo cualquier temor y a disfrutar sin más límites que nuestras fuerzas y el código penal.

Si en otros países la reivindicación del sexo y el hedonismo vino de la mano del movimiento hippie, aquí debido a las circunstancias políticas tardo algo más, pero también por ello con más brío de la mano del «Destape», de «La Movida» y del afán de europeizarse especialmente durante la década de los 80. Muchos lectores recordarán a la pionera en estos lares, la doctora Elena Ochoa, rodeada de ese público de la época que lo mismo aplaudía a rabiar un apartamiento en la Manga del Mar Menor que ponía cara de pensar mientras oía hablar de penes y vaginas, porque es lo que tocaba. Había que subirse al carro de la modernidad. La educación sexual además también debía entrar en los colegios e institutos, así que por ahí pasaban educadores a hablarnos de métodos anticonceptivos. Uno parecía despertar al sexo de forma simultánea a todo un despertar nacional y occidental. Ahí estaban Porky’s o aquel programa de TVE que, en el colmo de la provocación y el escándalo, concluía cada semana con un strep-tease. Sonaba todo tan prometedor que recuerdo a un compañero de 2º de BUP viniéndose arriba y pedir a los profesores una máquina de condones. En un instituto bilbaíno. Porque la teoría ya nos la sabíamos todos de sobra y la práctica estaba a punto de llegar, creíamos.

Pero lo que no ha dejado de llegar en cantidades gigantescas desde entonces, año tras año, es la teoría. Nada es más aborrecido en el discurso de los intelectuales, periodistas y líderes de opinión, en la opinión pública —en el discurso dominante en el que todos estamos inmersos, en definitiva— que todo aquello que pretenda poner cortapisas al pleno disfrute sexual, convertido en un sano ejercicio gimnástico. Podría decirse que el terreno para su llegada ha sido completamente alisado… Y por lo tanto quizá al discurso de la liberación ya no le quedan más cadenas que romper, más muros por derribar ni más enemigos por batir. Parece que ya hemos llegado al final y esto que tenemos ahora es el paisaje que ha quedado después de la batalla. Sin que queden ya en el año 2013 muchas promesas de mejora.

Veamos por ejemplo el caso de algunos  foros con más de medio millón de personas inscritas y, a menudo, templos de sabiduría a este respecto. Pues bien, la gran mayoría son muy jóvenes y no falta un día sin que alguien abra un hilo titulado «tengo 25 años y soy virgen», «tengo 26 años y nunca he besado a una chica»… etc. Hilos que se llenan de cientos de testimonios similares y en ocasiones realmente dramáticos. Otro ejemplo podría ser este texto y sus no menos interesantes comentarios, también en ocasiones realmente dramáticos. Se trata de uno de los artículos más leídos de Jot Down, ha tenido un espectacular número de visitas y ha sido enlazado, compartido y googleado desde el día de su publicación tal número de veces que por lo tanto cabe deducir que ha sabido tocar alguna fibra y debe de estar describiendo algo reconocible por muchos. Por otra parte, según algunas noticias, los más jóvenes recurren a las prostitutas incluso con más frecuencia que los adultos. Y por último en este panorama no faltan ni las waifus, almohadas con el dibujo de algún personaje femenino del manga japonés que se han puesto de moda, cuyos propietarios tratan como a una novia de carne y hueso.

¿Qué es lo que ocurre entonces? ¿No estábamos ya ante una juventud educada sexualmente, liberada de prejuicios y tradiciones reaccionarias? Han crecido con un acceso ilimitado al porno en internet, seguramente nunca hayan visto un cura de cerca y no han oído desde la adolescencia otra cosa que el sexo es algo fantástico y que uno ha de follar todo lo que pueda ¿Por qué entonces sus vidas no son un constante trasegar de fluidos genitales de Dios sabe cuántas personas distintas? Se me ocurren dos motivos: los llamaremos el imperativo biológico y el capitalismo sexual.

El imperativo biológico

Como dijo Yoko Ono: «la revolución sexual, de la que tanto se habla, fue principalmente para los tíos. Ellos hicieron “Yupi”… Para las chicas, creo que nuestra experiencia fue muy distinta. Si no éramos complacientes, decían que no estábamos en la onda o cosas así». Tal como viene señalando la psicología evolucionista, el comportamiento sexual de hombres y mujeres no es idéntico y no tiene visos de que llegue a serlo nunca. A esa conclusión ha llegado el psicólogo David M. Buss en La evolución del deseo, tras entrevistar a 10.000 personas de entre 14 y 70 años de los cinco continentes y de toda clase de culturas, creencias, razas y estatus económico. Una promiscuidad muy elevada puede traer a los hombres una cantidad de descendencia prácticamente ilimitada, así que la evolución habría premiado esa predisposición. Los datos del estudio entre otras muchas cosas mostraban una brecha similar en todas partes en torno a esa preferencia entre hombres y mujeres.

Lo más curioso es que no importa mucho lo moderno y rico que sea el país en cuestión. Harald Eia es un cómico y presentador que hizo un programa para la televisión noruega llamado Hjernevask, con reportajes sobre el debate entre la influencia de la naturaleza y la cultura en torno a temas como el interés por el sexo en hombres y mujeres, la homosexualidad, la educación, la violencia y el racismo. Tiene un estilo desenfadado similar al de Jordi Evolé que los hace muy amenos e interesantes, además de contar con entrevistas a investigadores de primer nivel. Aquí podrán verlos con subtítulos en inglés, se los recomiendo. Pues bien, el reportaje dedicado al sexo permite atisbar en algunos momentos exactamente esta misma situación en un país considerado a la vanguardia del mundo en tantos aspectos. Resulta curioso como una de las entrevistadas (a partir del minuto nueve) se autodefine como feminista y no duda en considerar la visión masculina del sexo como la correcta, la que las mujeres deben imitar. Pero no parece que muchas estén dispuestas a hacerle caso. Aquí vemos un curioso experimento en el que un joven de buen aspecto y en forma, en el año 2013 se acerca a 100 mujeres ofreciéndoles sexo. Este es el resultado:

Cero respuestas positivas, pobre hombre. Parece razonable concluir que si un joven en una región tan adaptada a los valores modernos y la revolución sexual como California, en el año 2013, tiene tan discreto éxito entonces el cambio no ha sido tan grande como algunos soñaban. Veamos qué ocurre en el caso inverso:

De 14 hombres a los que se ha acercado nada menos que la mitad han aceptado su ofrecimiento. Y algunos de los que son abordados con la novia al lado parecen estar pensándoselo antes de dar su negativa.

El capitalismo sexual

Prácticamente todas las sociedades humanas han institucionalizado la monogamia. Incluso aquellas que permiten la poligamia la reservan solo para sus élites. La celebración con grandes dispendios del matrimonio, la persecución del adulterio y la desaprobación generalizada de la promiscuidad son las bases sobre las que se sustenta un sistema que pretende así evitar que unos pocos poderosos acaparen muchos, y que todos tengan acceso igualitario al sexo y a la posibilidad de reproducirse. De esa manera disminuye la competencia y se incrementa la cooperación dentro del grupo. Un sistema, por decirlo así, de «marxismo sexual».

Abolido el igualitarismo y la garantía de la sociedad a cada miembro de que le tocará una pareja entonces su búsqueda pasa a convertirse un mercado libre donde uno es simultáneamente consumidor y objeto consumido. A veces de forma literal, como en la web de citas Adopta un tío, donde los usuarios son productos etiquetados que se echan a una cesta de la compra. Pero en un supermercado no todos los productos se venden por igual, unos puede ser muy demandados y otros quedarse en la estantería cogiendo polvo. Houellebecq pudo verlo con gran agudeza en Ampliación del campo de batalla:

Definitivamente, me decía, no hay duda de que en nuestra sociedad el sexo representa un segundo sistema de diferenciación, con completa independencia del dinero, y se comporta como un sistema de diferenciación tan implacable, al menos, como este. Por otra parte, los efectos de ambos sistemas son estrictamente equivalentes. Igual que el liberalismo económico desenfrenado, y por motivos análogos, el liberalismo sexual produce fenómenos de empobrecimiento absoluto. Algunos hacen el amor todos los días, otros cinco o seis veces en su vida, o nunca. Algunos hacen el amor con docenas de mujeres, otros con ninguna. Es lo que se llama la «ley del mercado». En un sistema económico que prohíbe el despido libre, cada cual consigue, más o menos, encontrar su hueco. En un sistema sexual que prohíbe el adulterio, cada cual se las arregla, más o menos, para encontrar su compañero de cama. En un sistema económico perfectamente liberal, algunos acumulan considerables fortunas, otros se hunden en el paro y la miseria. En un sistema sexual perfectamente liberal, algunos tienen una vida erótica variada y excitante, otros se ven reducidos a la masturbación y a la soledad.

Siguiendo este símil, la liberación sexual prometió a todo el mundo que se haría rico. Pero para que unos ganen otros deben perder. El fin de la monogamia no viene seguido de un paraíso hippie donde todos follan constantemente con todos, puesto que el atractivo de cada uno difiere. Una vez abolida la monogamia lo que viene a ocupar ese hueco es la poliginia. En la naturaleza lo vemos constantemente. Entre los elefantes marinos, por ejemplo, un escaso 4% de los machos engendra el 85% de las crías nacidas. Y el resto a contemplar el horizonte y divagar poéticamente sobre las olas, cabe suponer. La gran mayoría de las personas tenemos distorsionada nuestra autopercepción por un sesgo favorable que nos hace estar más a gusto con nosotros mismos, aun a costa de engañarnos sistemáticamente sobre nuestras posibilidades reales (la culpa siempre pasa a ser de los demás). Por ello la mayoría aceptará ese nuevo reparto porque cree que formará parte de la minoría privilegiada. Y si no, lo fingirá. De la misma manera que todos evitan parecer pobres, nada más ridículo y denigrante que ser considerado «nuncafollista». Hay que hacer ostentación de cada logro en ese terreno si no quiere uno perder la consideración de los demás.

Pero la realidad —tal como decían en el citado reportaje— es que uno de cada cuatro hombres noruegos de 40 años está soltero y sin hijos, cuando la proporción hace unas décadas era de un 10%. En España, un 27% de los hogares están ya habitados por una sola persona. En conclusión, la tarta ha aumentado su tamaño —menos de lo prometido, debido al «imperativo biológico»— pero está peor repartida, debido al «capitalismo sexual». Dice el profesor de psicología de Harvard Dan Gilbert que los hombres casados viven más años, tiene mejor salud, se suicidan menos, ganan más dinero, tiene sexo con más frecuencia y cometen menos crímenes que los solteros. De ser cierto en tal caso no parece que estemos yendo en la dirección correcta. Pero dar marcha atrás al cambio social no parece ni deseable ni posible. ¿Cuál es entonces la respuesta? Pues no lo sé. Puede que sea un problema sin solución y que las personas simplemente no tengamos arreglo.

20 Aug 01:59

The Rise and Fall Of Silicon Valley (In Google Search Data)

The Google nGram Viewer lets anyone search through over 5 million books that Google has digitized to see how frequently a word or phrase is used in a given language over time. 

Google suggests using the service for academic purposes (to study how people describe the education of young children) or for pure entertainment (to see the popularity of the Loch Ness Monster compared to Bigfoot).

When we discovered it, we found a source of data whose ability to improve human knowledge or instill a sense of wonder was limited only by our imagination.

But we lacked imagination. Since we are a startup, we typed “startup” and hit enter. This is the result:

image

The data (which is smoothed here) tells a straightforward story. The word was effectively unknown prior to World War II and coined sometime in the fifties, slowly rose in popularity from the eighties to the new millenium as tech gained prominence, and then crashed with the dot com bubble in 2000-2001.

Here is the data again, this time without smoothing and including the term “start-up” to control for a possible change in popularity of the hyphenated version.

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The nGram data only runs through 2008, but we can look at the popularity of the word startup, as measured by number of Google searches, through 2013 by using the Google Trends tool. It continues its decline over time:

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The term venture capital follows a similar pattern on nGram and Trends:

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The phrase Silicon Valley sees less consistent growth, but it also drops precipitously in 2005. Perhaps everyone was busy writing about the bubble for a few years after it burst?

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It continues to drop recently in Trends, with the exception of a spike in searches when Steve Jobs passed away:

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The words “entrepreneurship” and “entrepreneur” don’t fit our story as cleanly, although they do seem to have leveled off over the past decade:

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Here in Trends, entrepreneurship is in red and entrepreneur in blue:

image

The Google data seems to fit with our anecdotal picture of the rise of Silicon Valley and its fall after the dot com bubble. But it does not reflect the attention paid to Silicon Valley more recently, as Facebook inspired a movie and countless articles, Twitter and (briefly) Groupon became the talk of the town, and every large evaluation prompted debate over whether it represents a new bubble.

Is the Google data somehow missing the return to prominence of Silicon Valley and startups? Is the only bubble the tech world’s sense that everyone is paying attention to us? What’s going on?

Let us hear your theories in the comments.

This post was written by Alex Mayyasi. Follow him on Twitter here or Google.

20 Aug 01:52

Obama is watching you!

by Aram Bartholl

obama-is-watching-you-fffffat-version

DOWNLOAD AND MAKE YOUR OWN, NOW!! OBAMA IS EVERYWHERE!!

YEAHH FFFFFAT!! Yeah, we stole it from standard.at! Was tooo good! ;)) We’re making DER STANDARD an honorary one-day F.A.T. Lab member for their terrific Speed Project Congrats!

 

19 Aug 17:08

Time is a Dimension

by Hannah Edwards

The beauty of photography, and the same reason the medium is famous for, is freezing time. It gives us the chance to more or less freeze and pull a moment out of it’s context, and make it possible to look at one particular moment again and again, feeding you visual memory. And yet it is nearly impossible to visualize time itself in a photograph. Singapore based photographer, Fong Qi Wei , managed to do so though. By layering different photos of the same spot he shot within 2 to 4 hours, mostly during sunrise or sunset, he creates sequences of time captured in one image.

All images © Fong Qi Wei

19 Aug 10:23

Convierte tus botellas de cerveza en vasos de cristal

by juanma

Usando únicamente botellas de cerveza vacías, puedes fabricar vasos de cristal muy chulos, fácilmente en 5 pasos. Tutorial en inglés.

19 Aug 09:20

Cuando hables de salarios utiliza la mediana

by ^DiAmOnD^

El pasado sábado en La Sexta Noche, programa de análisis político que se emite en La Sexta los sábados por la noche, nos mostraban unos datos sobre sueldos (sí, con un espacio entre las dos palabras) en España frente a los cuales el economista José Carlos Díez comentaba que era más conveniente utilizar el salario mediano en vez del salario medio. Es decir, la mediana en vez de la media. Y no estamos muy acostumbrados a que en los medios de comunicación se haga esto, más bien al contrario: estamos acostumbrados a que con la media se basten y se sobren para sacar conclusiones. Vamos a explicar qué es la mediana y a comentar por qué es más conveniente que la media en casos como éste, pero antes veamos el vídeo:

(Podéis ver el programa íntegro aquí.)

Sí, cierto, José Carlos Díez se lía un pelín durante su explicación, pero para eso estamos nosotros aquí, ¿no? Vamos a ello.

Como todo el mundo sabe, la media de un conjunto de datos se calcula sumándolos todos y dividiendo el resultado entre el número de ellos. Por ejemplo, la media del conjunto

10,3,3,4,6,50,5,3,2,4

es

\mbox{Media}=\cfrac{10+3+3+4+6+50+5+3+2+4}{10}=\cfrac{90}{10}=9

Imaginemos que estos números corresponden a la cantidad de primos que tienen 10 personas (sí, tener 50 primos ó más puede parecer algo muy exagerado, o irreal, pero hay casos conocidos, como el de nuestro gran amigo José Manuel López Nicolás, aka Scientia, que tiene 60). Si interpretamos la media como una medida representativa del número de primos de estas 10 personas obtenemos por un lado que de media estas personas tienen 9 primos, pero por otro lado se da la situación siguiente, aparentemente paradójica: 8 de esas 10 personas tienen un número de primos por debajo de la media. ¿Es entonces la media una medida representativa de verdad de la situación real? Parece que no.

¿Por qué ocurre esto? Pues porque, como bien me dijeron a mí en Estadística de 1º, la media es muy sensible a valores extremos. Es decir, si tenemos algún valor mucho mayor que la mayoría de los datos la media nos saldrá muy grande respecto a los mismos (que es lo que ocurre con los primos), y al revés si el valor extremo es mucho más pequeño que los demás. Por ello, en casos así la media no es representativa de la situación, por lo que no es conveniente dar el valor medio como dato realista de la población.

Ahora, sí querríamos saber cómo anda la cantidad intermedia de primos. Ese dato sería el que quede justo en el centro de todos (ordenados de menor a mayor), el que deja a la mitad más pequeña de los datos a su izquierda y a la mitad más grande a su derecha. Ese dato se denomina mediana, y en casos así representa la situación real mucho mejor que la media.

¿Cómo calculamos la mediana? Pues muy sencillo:

Ordenamos los datos de menor a mayor. Si tenemos un número impar de datos, la mediana es el dato central. Y si tenemos un número par de datos, la mediana se calcula sumando los dos centrales y dividiendo entre 2 el resultado.

Veamos qué ocurre en el caso de los primos. Ordenamos de menor a mayor:

2,3,3,3,4,4,5,6,10,50

Y ahora, como tenemos una cantidad par de ellos, sumamos los dos datos centrales y dividimos entre 2:

\mbox{Mediana}=\cfrac{4+4}{2}=\cfrac{8}{2}=4

Esto significa que al menos la mitad de las personas estudiadas tienen 4 primos o menos y la otra mitad tienen 4 primos o más. Como podéis ver, la mediana es mucho más representativa que la media en este caso.

Pues con los salarios ocurre lo mismo. La media solamente sería representativa si los salarios de las personas estudiadas fueran muy homogéneos (muy parecidos todos), pero creo que está bastante claro que en realidad eso no es así. Un ejemplo muy simple:

Imaginad una empresa con 100 trabajadores en la que 60 de ellos cobran un sueldo de 900 €, 20 de ellos cobran 1100, 15 cobran 1400, 4 cobran 2500 y el que queda, el dueño, cobran 20000. Una situación nada descabellada, ¿verdad? Bien, la mediana de los salarios de estos miembros de la empresa es 900, mientras que la media es 1270.

¿Cuál de estos dos datos creéis que representa de una forma más realista la situación de los sueldos de esta empresa? Claramente la mediana, ¿verdad? Sin duda (ya les gustaría a los de abajo, la gran mayoría, que no fuera así). Pues lo mismo ocurre cuando se habla de salarios en España (o en cualquier otro sitio). Si queremos dar un dato que dé información real sobre lo que cobra un español intermedio debemos dar el salario mediano, ya que si damos la media estaremos dando un dato alejado de la realidad.

Por todo ello me alegro de que en La Sexta alguien haya incidido en este detalle (igual que a veces criticamos lo que hacen mal también es justo destacar lo que hacen bien). A ver si de una vez por todas nos damos cuenta todos, tanto los que proporcionan los datos (los que realizan los estudios) como los que los comunican (normalmente los medios de comunicación), de que cuando hablemos de salarios lo más justo y lo más realista es utilizar la mediana en vez de la media. Y no sólo cuando hablemos de salarios, sino, en general, cuando hablemos de pasta: lo que la gente gasta en rebajas, lo que la gente debe a los bancos, o lo que la gente invierte en Lotería de Navidad.

Evidentemente este cambio de medida no se puede hacer de manera radical a los ojos y oídos de la población. Estamos tan acostumbrados a la media que el hecho de cambiar así sin más a mediana podría verse como un intento de manipulación, cuando en realidad es justo lo contrario. Por ello lo ideal sería ir introduciendo el concepto poco a poco y, evidentemente, explicar con claridad ambos conceptos (ejemplos tipo los que aparecen en esta entrada pueden ser interesantes) para que la gente termine por interiorizar la idoneidad del uso de la mediana.

Esperemos que así sea.


Sobre este tema (y alguna cosa más), os recomiendo leer este post que nuestra admirada Clara Grima escribió para JotDown el pasado mes de junio.

Entra en Gaussianos si quieres hacer algún comentario sobre este artículo, consultar entradas anteriores o enviarnos un mensaje.

Construye tú también el poliedro de Császár.

19 Aug 09:15

André el Gigante: las aventuras etílicas del mayor borracho del mundo

by Redacción

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Igual que en todos los barrios hay alguien apodado “el chino”, en todos los grupos de amigos hay alguien a quien llaman “el mayor borracho del mundo”. Por supuesto, todos ellos palidecerían ante las aventuras etílicas de nuestro amigo André René Roussimoff, más conocido como André el Gigante.

Y es que André sí que puede presumir de haber sido el más grande bebedor de todos los tiempos gracias a su físico: medía 2,24 metros y pesaba más de 200 kilos. Pero no sólo merece el título por sur tamaño: su vida fue un continuo suceder de anécdotas donde las copas y las borracheras tuvieron tanta importancia como sus combates de lucha libre

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André nació en Francia en 1946, y como imaginaréis, sus padres no tardaron mucho en darse cuenta de que iban a tener un crío enorme. Con ese tamaño, había un campo donde podría hacer fortuna: la lucha libre, espectáculo donde fue una estrella y que le llevó recorriendo todo el mundo… y probando sus licores.

Y es que bebía como un cosaco. Cuando comenzó a ser una estrella, y cobraba cerca de 20.000 dólares por cada aparición, no tenía que andarse con chiquitas: podía bajar una caja entera de latas de cerveza en cosa de hora y media. Así se entretenía durante los largos viajes de un estado a otro, que tenía que hacer en un tráiler habilitado para su enorme tamaño.

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Sus habituales escapadas nocturnas provocaron que la WWF le asignara un “ayudante” cuya única labor era la de acompañarle en sus juergas y asegurarse de que no le pasaba nada malo. El mismísimo Hulk Hogan, cuando empezaba, solía ocuparse de que su compañero no se quedaba sin alcohol: si así ocurría, este vaciaba el cubo de latas vacías sobre el guerrero rubio.

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Pero el título oficial se lo ganó por una hazaña en concreto. En una ocasión consumió 119 latas de cerveza durante un periodo de 6 horas. Durante esa juerga bebió más de 41 litros de esta bebida fermentada, tumbando, claro está, a todos sus compañeros de farra. Viendo el tamaño de una lata en su mano, no nos parece tan raro.

Pero aunque este exceso quedó documentado, hay quien afirma que no es sino la punta del iceberg. Los luchadores Mike Graham y Dusty Rhodes (quizá les recuerden algún fanático del Pressing Catch de T5) afirman que en una ocasión se bebió 156 yonki-latas (470 ml) de cerveza de una sentada.

La Fabulosa Moolah, amiga de André

La Fabulosa Moolah, amiga de André

Y como no hay dos sin tres, existe constancia de una tercera mega-borrachera del gigantón. Una vez que André se encontraba alojado en un hotel de Reading, Pennylvania, y con poco que hacer, decidió bajar al bar del establecimiento a tomar algo: 127 latas de cerveza. Después se lo encontraron inconsciente tirado en el lobby del hotel, según cuenta una compañera suya, La Fabulosa Moolah, en su biografía. El personal del hotel no pudo levantar los por entonces 290 kilos que pesaba nuestro amigo en aquel momento y tuvieron que esperar a que se despertara él mismo pasadas las horas.

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Es obvio que las cervezas eran su bebida predilecta, pero de vez en cuando cambiaba su menú. Estando de gira por Japón, a los promotores locales se les ocurrió regalarle una caja con 16 botellas de vino. De nuevo, André se las bebió todas en el bus de camino al estadio donde pelearía. Lo más increíble es que nuestro héroe tuvo tres peleas esa noche: nadie notó la ingestión masiva de alcohol durante el combate. Y al terminar, hale: Hulk Hogan volvió a salir a buscarle a André más alcohol.

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Eso sí: André era un tipo generoso y casi siempre invitaba a todos sus compañeros de aventuras. Y dejaba propina y todo. Aunque su mayor factura corrió a cuenta de los productores de ‘La Princesa Prometida‘. Cuando terminó su mes de rodaje, su cuenta del bar superaba los 40.000 dólares de la época.

Al director, Rob Reiner, no le hizo mucha gracia. Pero menos gracia le hacía aún como llegó a esa suma: a base de invitar a sus compañeros, Cary Elwes y Mandy Patinkin a larguísimas noches de juerga. El resultado: enormes resacas para los actores principales que retrasaban los rodajes día sí, día también. Llegó a pedirle a André que por favor dejara de llevárselos de juerga.

André no le hizo ni caso, claro está.

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Y como todo en su vida era a lo grande, hasta su afición al alcohol le trajo algo inesperado. En 1988 André se había retirado, pero se sometió a una operación de espalda para afrontar un último combate contra Hulk Hogan. A la hora de operarse surgió un problema: ¿cuánto gas hace falta para dormir a alguien de semejante tamaño? Ninguno de los doctores tenía la más mínima idea. ¿Podrían pasarse y poner en peligro su vida? ¿O quedarse cortos y despertar en medio de la operación?

Pero uno de ellos tuvo una idea: preguntarle a André si le gustaba beber y cuanto tardaba en pillarse el puntillo. El Gigante confesó que con un par de litros de vodka comenzaba a entrar en calor. A partir de ahí, el anestesista fue capaz de extrapolar la cantidad necesaria de gas. Es un sistema que aún se utiliza en casos de gente de extraordinario tamaño, como este.

Entre bebida a bebida quedan, como debe ser, un montón de historias y anécdotas: desde robar un carruaje y cruzar New York cabalgando hasta a tirar a dos compañeros suyos de más de 150 kilos al mar… cada uno en una mano.  La próxima vez que algún amigo presuma de aguante o lucha de barra, recuérdale las hazañas de nuestro protagonista de hoy.

Andre The Giant and His Team

Con información de: Drunkyard.com y Wikipedia. Imágenes de Imageevent, Doryfunk, Digital Undercard y  WWE

Y más cosas grandes:

“Glory holes”, un recorrido por los sumideros más grandes del mundo

Esperando a André: cuando Samuel Beckett llevaba al cole al gigante de La princesa prometida

El insecto más grande del mundo, merendándose una zanahoria

Pretenden resucitar el “Gigante de Cardiff”, uno de los mayores hoaxes de la historia americana

El “ojo de Quebec”: una isla que es más grande que el lago que la contiene

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19 Aug 06:49

Photo



19 Aug 06:48

Pásale este gif a tu amiga bollera:

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18 Aug 07:19

ESTADOS UNIDOS - En una sola imágen


18 Aug 07:15

Cómo reparar el 90% de las averías de un monitor por menos de 1 euro

by juanma

Buen vídeo-tutorial en en que explican cómo reparar el 90% de las averías de un monitor por menos de 1 euro : "La mayoría de las averías en un monitor obedecen a esta causa : Los condensadores de la fuente. Otras causas se suelen repartir entre : Problemas en el inversor, y averías mecánicas (soldaduras, pulsadores...)."

18 Aug 07:06

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18 Aug 06:58

Cargando modo Afro...

by Admin

18 Aug 06:44

Y así, niños, es como se enrolla un cable

by wicho@microsiervos.com (Wicho)
Sergioski02

GUAUUUUUUUUUUUUUU

How to Coil Cables es un vídeo –está en inglés pero da igual– que enseña un par de técnicas para enrollar cables de todo tipo de tal forma que no se enreden cuando los quieras desenrollar y, sobre todo, para no forzarlos de tal forma que no vayan a fallar justo cuando más los necesitas.

Una habilidad básica que todo geek que se precie debe dominar.

(Vía Wired).

# Enlace Permanente

18 Aug 06:18

montt en dosis diarias - -23

by noreply@blogger.com (montt)

18 Aug 06:17

Campaña de desobediencia al tarifazo eléctrico en España. ¡¡Cámbiate de compañía!!

by EcoHabitar

El pasado 12 de julio el Consejo de Ministro alumbró un nuevo Real-Decreto Ley, por el que se adoptan medidas urgentes para garantizar la estabilidad financiera del sistema eléctrico. Esta reforma del sector eléctrico ES UN ATAQUE A LA CIUDADANÍA por las siguientes razones:

  1. Factura de la luz. La reforma incrementa la parte fija de la factura. Con ello se penaliza al consumidor que ahorra energía y que hace un uso eficiente de la misma. Se pretende así desincentivar que los ciudadanos instalen en el ámbito doméstico plantas de generación de energías renovables y allanar el camino para que sea el consumidor doméstico el que se haga cargo principalmente del coste de la red.
  2. Autoconsumo. El objetivo es impedir el desarrollo del mismo. El borrador impone un gravamen al autoconsumo instantáneo. Por la energía que se produce y que se va a autoconsumir sin pasar por la red, se impone un peaje de respaldo, para sufragar a las plantas privadas de ciclo combinado de gas.
  3. Energías renovables. El parque renovable existente vuelva a sufrir recortes económicos de manera retroactiva. En última instancia va a suponer un recorte significativo e injusto de los ingresos a las compañías de producción limpia de electricidad.

Resumen extraído de: http://www.diagonalperiodico.net/global/reforma-energetica-penaliza-ahorro-y-autoconsumo.html
http://www.yometiroalmonte.com/Articulo.aspx?id=1715

Pero hay alternativas para combatir el abuso y la extorsión. PUEDES CAMBIAR DE COMPAÑÍA ELÉCTRICA. Un dato importante: Cambiarse de compañía no cuesta dinero (al contrario, puede suponer un ahorro), y el tiempo necesario para la gestión es el correspondiente a rellenar un sencillo formulario en su página web.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=172117&titular=c%F3mo-contratar-electricidad-verde-sin-tener-que-pagar-m%E1s-


Cooperativas de energía limpia.

- Som Energía (cooperativa) (telf. 972 183 386) www.somenergia.coop/es/
- Zencer (cooperativa) (telf. 902 750 736) www.zencer.es/
- Goiener (cooperativa) www.goiener.com/
- Grupo Enercoop (cooperativa)  www.facebook.com/enerpluscooperativa?ref=ts&fref=ts
Noxa Energía (cooperativa) www.facebook.com/NosaEnerxiaSociedadeCooperativaGalega?ref=ts&fref=ts

Empresas de energía limpia.

Más información en:

http://mecambio.net/category/cambiate-ya-a-que-esperas/energia/
www.meneame.net/story/no-contratas-ya-electricidad-renovable
www.comparador.cne.es/comparador/comp2.cfm
www.cne.es/cne/doc/publicaciones/Listado_Comercializ_11072013.pdf

Ahora bien, aunque elijas seguir pagando tu electricidad a las compañías de la puerta giratoria (Ver “Vínculos entre el poder político y las compañías de energía”) todavía puedes REBAJAR TU FACTURA por el sencillo método de bajar la potencia contratada.

http://www.elboletin.com/economia/81306/truco-permite-ahorrar-recibo-luz.html
http://www.yometiroalmonte.com/Articulo.aspx?id=1731

Y en cualquier caso siempre nos quedarán OTROS RECURSOS:

http://actualidad.rt.com/actualidad/view/102606-grecia-energia-crisis-recortes

18 Aug 05:58

Salvé a mis primos…



Salvé a mis primos…

18 Aug 05:52

Inemuri (居眠り): dormir en el trabajo tiene un nombre japonés

by Redacción

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Si eres de los que de vez en cuando se queda frito en el trabajo de manera fulminante y sin poder evitarlo, ya no tienes por qué seguir sintiéndote incómodo, que sepas que en Japón es el pan de cada día en las empresas. Tanto que hasta lo han bautizado como inemuri (居眠り)traducido como algo así como “dormir mientras estás presente”.

En al país del sol naciente, los empleados trabajan tan duro –hasta caer rendidos- que está bien visto echar una cabezadita para recuperarse. De modo que si te ven roncando en tu puesto, no es que seas un vago, al contrario, eres un trabajador ejemplar. Es más, algunos trabajadores hasta fingen el inemuri delante del jefe para quedar bien.

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Resumiendo, nada que ver con la imagen que se tiene aquí del trabajador que se queda traspuesto por haber dormido poco la noche anterior o haber salido de parranda hasta tarde. La próxima vez que tu jefe o encargado te pille adormilado, ya sabes qué decirle.

Pero existen una serie de reglas no escritas para dormir en el trabajo: por ejemplo, no debes tirarte sobre tu mesa o adoptar una posición cómoda sobre ella para dormir, debes estar recostado en el asiento y parecer que estás comprometido con tu tarea, a pesar de estar dormido; que parezca que en cualquier momento puedes despertar y seguir trabajando con empeño.

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Los jefes lo tienen más fácil, ya que quedarse dormido es un signo de confianza y de mostrar ser indispensable para la empresa. También los subalternos lo tienen más sencillo para echar largas cabezadas, ya que nadie se fija en ellos. El problema surge cuando tienes una reunión con tu superior para exponerle unos datos o presentarle el trabajo realizado y éste se queda dormido en frente a ti.

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Fuentes: This Must Be The Place y Japan Talk

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12 Aug 08:11

"Así ningún nigga se atreverá a pegarme"



"Así ningún nigga se atreverá a pegarme"

12 Aug 08:09

TU DINOSAURIO - Para cada época del año


10 Aug 18:45

La portada de Sociofobia (en septiembre en las librerías)

by César Rendueles

La portada de Sociofobia (en septiembre en las librerías)


10 Aug 18:45

100 años de cine a vista de datos

by Kiko Llaneras

Artículo escrito con la colaboración de Juan Font.

Hace ya más de un siglo que el cine nos acompaña. El cinematógrafo se desarrolló en los últimos años del siglo XIX, al mismo tiempo que la electricidad, el telégrafo, el ferrocarril o la producción en masa, y ha sido testigo de todo lo ocurrido desde entonces. Las películas nos han dejado entrever la historia del siglo pasado, desde los avances de la ciencia, hasta la liberación de la mujer o la aparición de los medios de comunicación. Con una sucesión de escenas célebres podríamos ser testigos de los conflictos mundiales, la transición de la salud, el surgir de los estados totalitarios, la transformación de la familia o el nacimiento del mundo globalizado.

Pensaba en eso hace unos días —en cómo las películas nos hablan de una sociedad y de sus transformaciones— y se me ocurrió un experimento: analizar cómo han evolucionado los géneros cinematográficos en esos 100 años de cine. Me pregunté qué clase de películas fueron nuestras favoritas en cada periodo y cómo podemos interpretar esas preferencias. ¿Cómo de intensa fue la época dorada del western? ¿En qué momento se inventó el thriller o cuándo vivió el terror su apogeo? Pensé también en cómo los sucesos históricos han modulado nuestros gustos; cómo cambió el cine tras el crack del 29, durante la Guerra Fría, o con la caída del muro de Berlín.

Hasta hace no demasiado contestar estas preguntas hubiese sido difícil. Pero hoy no. Hoy podemos encontrar largas series de datos sobre cualquier asunto: la desigualdad de ingresos desde 1910, el número de páginas de los libros del siglo XX, o como en el caso que nos ocupa, una (enorme) base de datos sobre cine. Son 167.906 películas etiquetas por géneros, que con algo de habilidad podemos interrogar para obtener las respuestas que buscamos. Estos datos tienen algunas limitaciones (son casi todo películas de EE. UU. y las etiquetas no son exclusivas ni siguen criterios rígidos), pero nos parecen suficientes para este ejercicio de curiosidad.

Empecemos con un juego.

El gráfico que sigue representa el porcentaje de películas de tres géneros desde 1910 hasta 2010. Veréis que cada uno surge en un momento diferente y tiene sus propios altibajos. El gráfico no tiene leyenda para que, si queréis, tratéis de adivinar a que género corresponde cada una de las tres curvas: drama, comedia, western, bélico, ciencia ficción, musical o cine de terror.

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¿Difícil? En seguida tenéis las respuestas.

Lo que sigue son 15 gráficos con la historia de 15 géneros cinematográficos —incluidos los tres de la gráfica muda que acabamos de ver—. Cada figura representa el porcentaje de películas de un género, donde los puntos son datos brutos y las áreas un promedio (media móvil). Comprobaréis que las fluctuaciones son frecuentes y que es inevitable elucubrar sobre las causas de las dinámicas que se observan, conectando cada cambio de un género con sucesos históricos, cambios sociales, o la llegada de nuevas tecnologías.

Empecemos con un gran género hoy casi desaparecido. El western.

westernEl gran género que se esfumó y su relación con las guerras estadounidenses.

cienciafFicción futurista para el mundo nuclear.

musicalLa llegada del cine sonoro; el principio del musical.

accionUn género para los 70 y 80: el cine de acción.

thrillerInventando un nuevo género: los thriller de los años 20 y 30.

 animacionEl género que se ha ido haciendo mayor: la animación.

terrorEl auge del terror tras Vietnam y durante los 80.

fantasticoEl éxito creciente del género fantástico; y su reciente declive.

dramaEl drama, un género (de definición difusa) en declive.

comedia

La comedia casi atemporal.

aventura

Uno de los géneros más longevos e imperturbable: el cine de aventuras.

romanticoEl cine romántico: otro género con un nicho intocable.

documUn género con una única tendencia: el documental y su expansión.

porno

XXX.

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El cine bélico y su relación (bien distinta) con la Segunda Guerra Mundial y Vietnam.

Los gráficos que acabamos de ver tienen la propiedad de condensar en unos pocos píxeles 100 años de sucesos y decenas de miles de películas. Esa es una virtud de la visualización de datos, su capacidad de síntesis, que permite que emerjan tendencias que de otro modo son imposibles de observar. Pero un gráfico cronológico también sirve como hilo conductor a una historia —en nuestro caso, la historia de cada género— que podríamos ir desplegando como un fractal matemático.

Porque cada gráfico da para extenderse y escribir infinitamente.

Podríamos elaborar la crónica de cada género —el terror, el western o el cine de acción—, y conectar las fluctuaciones que se observan con los sucesos que les son contemporáneos. También con títulos de películas emblemáticas, que marcaron época y pusieron un género de moda. Por ejemplo, es interesante comparar la relación entre el cine bélico y dos conflictos muy cinematográficos: la Segunda Guerra Mundial y la de Vietnam. Mientras que a la Segunda Guerra Mundial le acompañó un repunte del género, con la guerra de Vietnam ocurrió lo contrario: la participación estadounidense en el conflicto coincide con un retroceso de los relatos de guerra. La única excepción fue el pequeño repunte a final de los 70, ya bien terminada la guerra, que coincide con los estrenos de El Cazador o Apocalypse now. De forma similar se podrían extraer muchas otras micro-historias de cada gráfico, pero hacerlo exige un conocimiento que nosotros no tenemos. Por eso os animamos a los más cinéfilos para que desmadejéis todas esas historias.

Sí hay algunas tendencias generales que nos llaman la atención. La primera es que se observan fluctuaciones recientes que coinciden con el cambio de hábitos de consumo de cine y la irrupción de la ficción adulta en TV —por ejemplo, el declive de la etiqueta drama podría tener mucho que ver con esto: es un género que se ha «refugiado» en la televisión por cable, donde incluso ha tenido una edad de oro, mientras que el cine queda como territorio de familias, niños y jóvenes. Al hilo de esto cabe preguntarse cómo han cambiado los géneros en las últimas décadas, con la llegada del vídeo, la televisión o internet. Lo dejamos también como ejercicio para los aficionados.

Pero una tendencia se destaca sobre todas las demás: la constante del cambio. Lo que se observa en los datos de estos 100 años de cine es que nuestras preferencias están en continua transformación. No tendría por qué ser así, podríamos haber disfrutado siempre de los mismos géneros y en la misma proporción. Pero no. Lo que se observa es que un número infinito de sucesos, y quizás el simple pasar del tiempo, han ido modulando nuestras gustos, y dando forma a nuestras pasiones, miedos y obsesiones.