Actualizamos uno de nuestros gráficos favoritos. El que señala el hecho más importante del siglo: la convergencia. Los países pobres crecen más que los países ricos, con una regularidad que no ocurrió jamás en la historia de la humanidad. De 58 países que tenían en 2000 una población mayor a 15 millones (y que cubren el 90% de la humanidad) la mitad rica creció al 1,95% en lo que va del siglo; la mitad pobre, al 3,3%.

Al pasar: ¡qué mito el milagro brasileño! Amamos a Brasil, y por eso mismo estamos muy en contra de todo el endiosamiento que se hizo de Brasil en la última década. Nunca lo creímos. Entre esos 58 países, Brasil ocupa el puesto 37 en crecimiento económico: 1,91% en producto per cápita, menos que el promedio de la mitad rica. La mayoría de los países a los que supera son del mundo desarrollado, que sufren el combo de crisis económica y de la natural ralentización del crecimiento en economías ricas.
Si se toma solamente los países no ricos se nota más claramente el mito del milagro de Brasil. La frontera entre ricos y pobres es clarísima: en el año 2000, en el puesto 13 estaba Korea (contando países de más de 15 millones) con 20.000 dólares; en el 14, Malasia con 13000. De los 45 países más pobres que Korea, Brasil ocupa, por su crecimiento en 2000-2014, el puesto 34. Sólo supera a Sudáfrica, Irak, Argelia, Kenia, Camerún, México, Venezuela, Costa de Marfil, Yemen, Madagascar y Siria.
Los milagristas de Brasil ven estas cifras pero se resisten. “Tiene que haber algo mal”, dicen. “Exportan aviones, tienen empresas enormes, buscan petróleo en alta mar”. Sí, pero todo eso habla en gran medida de (1) el tamaño de la economía brasileña y (2) el hecho de que, por ser un país relativamente pobre, es natural que esté más especializado en productos industriales.
Pero para crecer en serio Brasil tiene un problema grave de competitividad: es caro y no es muy productivo. Hasta que eso no cambie, seguirá esperando un milagro.