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01 Apr 11:49

Imprescindibles: Firefly

by Emilio de Gorgot

Firefly
La historia es bien conocida: hace algo más de una década, en el 2002, la cadena estadounidense Fox estrenó una serie de ciencia ficción llamada Firefly. Y la estrenó de mala manera, hay que decir. Resumiendo muy básicamente la situación, Fox hizo todo lo posible para que su propio producto no funcionase. Por ejemplo: los directivos de la cadena consideraron que el episodio piloto de doble duración que servía como presentación de los personajes —y aquí los personajes eran el alma del programa, lo más importante— no eran un comienzo adecuado para aquella primera temporada. Así que, ni cortos ni perezosos, decidieron inaugurar la serie emitiendo en su lugar otro capítulo escrito a las prisas, un episodio simple que era bastante inferior y en el que se perdía el impacto inicial de esas presentaciones de personajes. Después, durante los cuatro meses que duró la serie en pantalla, los programadores fueron cambiando de horario su emisión para ajustarse a diversas retransmisiones deportivas. Finalmente, Firefly fue cancelada debido a las bajas cifras de audiencia sin haber completado siquiera la primera temporada: solamente fueron emitidos once de los catorce episodios ya filmados. Nunca hubo una segunda temporada. Ni la habrá. Por desgracia.

Con los años, aquella serie abortada después de once episodios empezó a generar un estatus de culto a su alrededor. No era un culto masivo, pero sí suficiente como para acumular una fiel y ruidosa legión de fans que, especialmente a través de internet, emprendieron varias campañas para —ingenuamente— intentar que su serie favorita regresara a las pantallas. Una legión de seguidores que se ve habitualmente incrementada por aquellas personas que ven Firefly por primera vez y no llegan a comprender cómo pudo ser cancelada después de únicamente once episodios, justo en el momento en que cualquier espectador se ha familiarizado ya con su particular universo, tomando consciencia de las numerosas virtudes «ocultas» de la serie. Pero así son las cosas; Firefly había desaparecido y ya nunca iba a regresar. Hecho tan triste como irónico, porque sus modestos índices de audiencia sí la hubiesen permitido sobrevivir en la TV de hoy en día, cuando existe una mayor competencia y sus números hubiesen sido considerados más aceptables. En pleno 2014 los ejecutivos de las cadenas comprenden mucho mejor que determinadas series necesitan construir su audiencia mediante el boca a boca, lentamente, y que no siempre es buena idea cancelar rápidamente un programa. Así pues, la historia de Firefly es la historia de una serie que, desgraciadamente, quizá hubiese subsistido en la actualidad pero que por haber fracasado en el 2002 jamás pudimos ver en todo su esplendor. Hoy solamente existen los catorce episodios que se rodaron en su día y un largometraje rodado con posterioridad, Serenity, del que hablaremos algo más adelante.

Firefly era una combinación entre western y aventura espacial, una serie sin grandes ínfulas ni vocación de obra maestra. Porque seguramente no es una obra maestra, pero sí es una gran serie. Narraba el día a día de la tripulación de la nave «Serenity», en la que se dedican al contrabando, el robo, la recogida de chatarra y demás chapuzas características de cualquier historia clásica de bandidos siderales. Por un lado veíamos planetas y tecnología propias de la ciencia ficción más tradicional, pero por el otro veíamos vacas, caballos y sombreros de cowboy. El tono de la serie era, de hecho, perfectamente propio de cualquier western televisivo clásico: en cada episodio una aventura distinta, que iba variando de lo más ligero a lo más melodramático, siempre sin excederse, con desenfado y con una más que notable falta de pretensiones que no fuesen el puro entretenimiento. Nunca faltaban los tiroteos o las peleas, ni la aparición de personajes curiosos y estrafalarios que podrían habitar indistintamente tanto el lejano Oeste como cualquier planeta del borde de la galaxia. Aunque lo más importante era el elenco de personajes principales, cada uno con sus características bien definidas: desde el rudo pero noble capitán (muy eficazmente interpretado por el canadiense Nathan Fillion) hasta una prostituta de lujo (la convincente y arrebatadoramente bella Morena Baccarin), pasando por una adolescente de capacidades intelectuales increíbles pero que ha enloquecido después de ser víctima de crueles experimentos del gobierno (interpretada por la inquietante Summer Glau), etc. Estos y otros personajes iban más allá de los estereotipos, con una profundidad sorprendente en una serie de aventuras en apariencia tan escasamente ambiciosa.

Como decimos, la emisión de Firefly rápidamente generó un pequeño pero fiel núcleo de seguidores pero el grueso de la audiencia no se interesó o quedó confundida por el descuido con el que Fox trataba a su nuevo programa. Por otra parte, la crítica se mostró dividida después del estreno. Aunque bastantes críticos supieron apreciar las virtudes del producto, hubo muchos otros que —incomprensiblemente— se centraron más en despellejar lo que consideraban una combinación «artificiosa» de dos géneros aparentemente incompatibles. Que eran incompatibles, claro, en su desconocimiento, ya que el western espacial tenía una larga tradición.

Si hay que ser justos, lo cierto es que los argumentos de la serie no eran particularmente originales y en bastantes momentos rayaban lo pueril. Pero se trataba de una puerilidad inherente al típico producto de diversión en el que cada episodio era una aventura diferente. Existían, sin embargo, algunas líneas argumentales más de fondo que la primera temporada apenas llegó a trazar y que prometían una muy interesante evolución de la serie. Pero esa evolución nunca se produjo. De todos modos, nadie debería esperar algo como The Sopranos porque Firefly nunca tuvo intención de sentar cátedra ni de apabullar al espectador con una obra maestra del drama. Como decíamos, su principal objetivo era entretener. Y eso lo hacía a la perfección y de manera muy inteligente.

Pero dentro de esa falta de pretensiones, Firefly acumulaba una considerable cantidad de virtudes. Quienes la hicieron se preocuparon muy mucho de adornarla con cantidad de detalles que individualmente apenas son perceptibles, pero que en conjunto le confieren un tono muy, muy especial. El que haya mucha gente que adore el universo de Firefly no es producto de unas historias de magnitud shakesperiana, sino de esa multitud de matices que aparecen en cada episodio, enriqueciendo la acción. Los personajes y en la herramienta principal con la que estos personajes se comunican, los diálogos, son su principal patrimonio. Incluso en el transcurso de los pocos episodios que llegaron a rodarse, la relación que existe entre los diversos personajes progresó rápidamente desde lo que parecían estereotipos genéricos hasta configurar retratos con un sorprendente grado de tridimensionalidad. En pocas series de ciencia ficción aventurera —salvando casos excepcionales como el de la magnífica Battlestar Galactica, que merece comentario aparte y lo tendrá— se encuentra uno con personajes tan bien cuidados, que en otras manos perfectamente podrían haber sido estandarizados y previsibles. Además los diálogos son siempre ágiles, ejecutados con ritmo por un buen elenco de actores fantásticamente dirigidos y tanto en las interpretaciones como en el texto hay un montón de perlas que no estamos habituados a ver en programas de este estilo.

Pero en mi opinión, el gran arma de Firefly es su maravilloso sentido del humor. Aunque durante los episodios hay espacio para la seriedad e incluso para el melodrama, nos encontramos con numerosas situaciones que son matizadas de manera hilarante por inesperados giros intencionada y deliciosamente estúpidos del guión o por aportaciones cómicas de los propios actores. Es un humor sencillo y directo pero distribuido de manera hábil en los momentos justos, algo que le confiere a Firefly un aire de desenfado que la distingue de muchísimas otras series de género. Este humor recurrente ayuda a que nos encariñemos rápidamente con los personajes, ayudando a perfilarlos más rápidamente, mostrándolos en diversas actitudes que generalmente no aparecen en programas que no sean estrictamente de humor. Estas continuas situaciones chistosas y hasta ridículas sirven para dejar entrever sus virtudes, defectos y debilidades. Al menos en mi caso, esa fue la característica que me enganchó a la serie y que a mis ojos la hizo muy diferente de series similares. Es imposible no sentirse maravillado por la vertiente cómica de Firefly, que aparece en las secuencias más inesperadas.

Pese a estas y otras virtudes, la cancelación nos dejó con una única temporada y la sensación de que Firefly apenas estaba mostrando una fracción de lo que realmente podía haber llegado a ser. Esto es algo que nunca comprobaremos, claro, pero dado el ritmo con el que los personajes iban creciendo y la manera en que iba funcionando la química entre ellos, así como el desarrollo de algunas subtramas en segundo plano, siempre imaginé que Firefly hubiese funcionado a la perfección como mínimo durante un par de temporadas más. Es más: lo suyo sería poder disfrutar ahora de cuatro o cinco temporadas, por lo menos.

Decíamos que tras la cancelación el culto no tardó en extenderse, hasta el punto de que un par de años más tarde se rodó un largometraje, Serenity, con el mismo reparto de la serie. El creador de Firefly, Joss Whedon, convenció a la Fox para que financiase su debut como director cinematográfico. Que pudiera conseguirlo es algo prácticamente milagroso después del batacazo que se había pegado el formato televisivo. La película fue bastante fiel al espíritu de la serie original, aunque en mi opinión la química estaba mucho menos lograda y me provocó la sensación de que hubiera sido mejor continuar con el formato televisivo, en donde realmente funcionaban aquellos personajes y sus pequeñas historias. No es que Serenity sea una mala película: de hecho es muy entretenida, pero provoca más nostalgia de una segunda temporada inexistente que satisfacción por haber visto a esos personajes de nuevo. Es como un episodio extra donde todo está contado demasiado deprisa para condensarlo en el formato de largometraje, y donde paradójicamente tenemos la sensación de que se nos cuentan muchas menos cosas que en los mismos minutos de un episodio convencional. Pero bueno, la película era divertida, aunque la reducida legión de fieles de Firefly no bastó para que Serenity fuese un gran éxito y pudiera dar lugar a una nueva saga, ya fuese cinematográfica o televisiva. La modesta repercusión de Serenity terminó de poner los clavos en la tapa del ataúd de Firefly.

Aun así, el recuerdo de Firefly nunca se ha extinguido y esa legión de seguidores ha ido creciendo. Más de diez años después sus fans continúan soñando con un más que improbable retorno. Incluso su antiguo productor, Tim Minear, está fantaseando con la idea en pleno 2014… aunque no quiere darles demasiadas esperanzas a los seguidores del capitán Malcolm Reynolds y su estrafalaria pandilla. Todo parece indicar que la serie no volverá. Ha habido rumores, eso sí. En 2013, cuando a través de Kickstarter y en poquísimo tiempo se recaudó una buena cantidad de dinero para rodar un retorno de Veronica Mars, muchos se preguntaron  si podía suceder algo parecido con una campaña similar para financiar un retorno. Los ojos de esos fans e incluso de la prensa se volvieron inmediatamente hacia Joss Whedon… pero el padre del invento fue terminante: mientras lo mantenga comprometido su contrato con Marvel para dirigir lucrativas películas de superhéroes, no habrá retorno al fascinante universo de Firefly. Además, Whedon no está seguro de que mediante Kickstarter pueda recaudar suficiente dinero dadas las demandas técnicas y visuales de esa aventura espacial. La idea de una nueva temporada de la serie se antoja todavía más improbable a causa de los compromisos de algunos de los principales actores protagonistas: por ejemplo, Nathan Fillion, que interpretaba al capitán Mal Reynolds, trabaja actualmente en la exitosa serie Castle y mientras dicho programa continúe no hay visos de que vuelva a enfundarse el atuendo espacial. Lo mismo sucede con Morena Baccarin, que actualmente forma parte del reparto de la incluso más exitosa Homeland. Firefly fue una buena cantera de talentos pero existen muy pocas posibilidades de que volvamos a verlos juntos. Incluso la voluptuosa Christina Hendricks, que apareció solamente en un par de episodios de la serie original pero cuyo (magnífico) personaje tenía pinta de terminar convirtiéndose en recurrente, se ha hecho célebre gracias a Mad Men. Interpretando, irónicamente, a un personaje que tiene algunas características comunes con aquella inolvidable Saffron que encarnó en un par de episodios de Firefly.

Mientras rogamos —casi con seguridad infructuosamente— por el cada vez más improbable retorno de Firefly y dedicamos este modesto artículo a rendirle homenaje, qué mejor para terminar que una de las mejores canciones originales que haya tenido una serie de televisión como sintonía en bastantes años. Hablamos de Ballad of Serenity, un breve y bellísimo poema sonoro magníficamente interpretado por el bluesman Sonny Rhodes pero que, sorprendentemente, fue escrito por el propio Joss Whedon. La melancólica frase principal de la canción se ha convertido casi en el lamento oficial de los seguidores de Firefly: «you can’t take the sky from me». Lo que viene a decir que, aun entristecidos por saber que Firefly no volverá, al menos ya no pueden quitarnos esos catorce episodios por los que cada vez más espectadores sienten algo parecido a la adoración.

31 Mar 11:31

foreverdai: "Esto no me lo estudio que seguro que no sale"



foreverdai:

"Esto no me lo estudio que seguro que no sale"

28 Mar 08:55

Record-breaking inflatable wind turbine to float 1000 feet above Alaska

by Derek Markham
Fairbanks, Alaska, will be home to the demonstration project of the next generation Buoyant Airborne Turbine, which will fly 1000 feet off the ground.
26 Mar 12:28

Recordemos cómo hacer el moonwalk (Nunca me ha salido :S)



Recordemos cómo hacer el moonwalk

(Nunca me ha salido :S)

26 Mar 11:19

[Agenda] Vuelven Cuming Soon!

by noreply@blogger.com (Phicau)
25 Mar 11:13

Gif of the Day: The Kraken Has Learned to Release Itself!

Kowalsky

Behold!

Gif of the Day: The Kraken Has Learned to Release Itself!

Submitted by: (via Facebook)

Tagged: wtf , gifs , animals
24 Mar 15:01

[Entrevista] Mountain Stew

by noreply@blogger.com (Fran Martinez)
24 Mar 14:31

vdeberenjena: correplatanito: 2 Reyes 2:23-24 Reina-Valera...



vdeberenjena:

correplatanito:

2 Reyes 2:23-24

Reina-Valera 1960 (RVR1960)

23 Después subió de allí a Bet-el; y subiendo por el camino, salieron unos muchachos de la ciudad, y se burlaban de él, diciendo: !!Calvo, sube! !!calvo, sube!

24 Y mirando él atrás, los vio, y los maldijo en el nombre de Jehová. Y salieron dos osos del monte, y despedazaron de ellos a cuarenta y dos muchachos

Hostia la putísima de oros.

Como se las gasta el tito Jehovy.

20 Mar 15:20

iraffiruse: Best way to cover a swastika 



iraffiruse: Best way to cover a swastika 

17 Mar 14:07

La guerra por la luz roja en el fondo del océano

by noreply@blogger.com (Antonio Martínez Ron)

Hay una escena al final de la película "El silencio de los corderos" que se hace particularmente terrorífica. La agente Starling (la espléndida Jodie Foster) trata de encontrar al psicópata Gumb en su casa, pero éste hace saltar los plomos y la observa en la oscuridad con unas gafas de visión nocturna. Durante unos instantes, la protagonista está en una situación de completa indefensión, ella no ve nada, pero su enemigo observa todos sus movimientos. De alguna manera, buena parte de los peces que viven en el fondo del océano están en una situación parecida. En este lugar, donde apenas llegan los últimos restos de radiación solar, la inmensa mayoría de las especies ha desarrollado la capacidad para detectar la luz de una determinada longitud de onda, la que se mueve en la zona azul del espectro. Pero un pequeño grupo de peces abisales ha evolucionado para captar la luz roja y pueden iluminar y observar a los otros sin ser vistos.

Seguir leyendo en: Terror en la oscuridad: la guerra por la luz roja en el fondo del océano (Next)


Entrada publicada en Fogonazos http://www.fogonazos.es/
17 Mar 08:52

100% polvo de estrellas

by alvy@microsiervos.com (Alvy)

100Starstuff

Somos estrellas, polvo de estrellas.

– Carl Sagan

Y la tipografía en que está escrito este pensamiento parece ser Trooper Roman Bold, según investigaron por ahí hace tiempo. Es la que se utiliza en el libro y la serie Cosmos original (1980).

(Vía Queue vía Perfectly Proportioned Posteriors vía Science, Stuff, and Things vía Science Visualized vía It’s OK to be Smart.) (Sí: los tumblrs tienen estas cosas…)

# Enlace Permanente

14 Mar 12:22

¡Feliz día de pi!

by alvy@microsiervos.com (Alvy)

π = 3,1415926535897932384626433832795028841971693993751058209749445923078164062862089986280348253421170679821480865132823066470938446095505822317253594081284811174502841027019385211055596446229489549303819644288109756659334461284756482337867831652712019091456485669234603486104543266482133936072602491412737245870066063155881748815209209628292540917153643678925903600113305305488204665213841469519415116094330572703657595919530921861173819326117931051185480744623799627495673518857527248912279381830119491298336733624406566430860213949463952247371907021798609437027705392171762931767523846748184676694051320005681271452635608277857713427577896091736371787214684409012249534301465495853710507922796892589235420199561121290219608640344181598136297747713099605187072113499999983729780499510597317328160963185950244594553469083026425223082533446850352619311881710100031378387528865875332083814206171776691473035982534904287554687311595628638823537875937519577818577805321712268066130019278766111959092164201989

Como cada 14 de marzo (3/14 en anglosajón) hoy es el día de pi.

En este vídeo Vi Hart aprovecha para despotricar un poco sobre pi con fina ironía; explicando por qué «pi no es para tanto»:

  • No es «infinito»: 3
  • Tiene infinitos dígitos decimales; pero 0,3333… también
  • Es irracional, pero hay tantos irracionales (más que racionales)
  • Relaciona mágicamente el círculo y su diámetro… pero otros polígonos tienen constantes equivalentes

# Enlace Permanente

14 Mar 11:09

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13 Mar 11:54

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by cometeunpanhd


12 Mar 15:33

[Entrevista] Órbita

by noreply@blogger.com (Fran Martinez)
12 Mar 12:41

Así cambian los lobos el curso de un río

by noreply@blogger.com (Antonio Martínez Ron)


Cuando Sergio me pasó este vídeo hace unos días me pareció una historia tan increíble que sospeché de su veracidad. Una rápida búsqueda me llevó a comprobar que, efectivamente, la reintroducción del lobo en el parque de Yellowstone hace unos 20 años produjo grandes cambios en el ecosistema, provocando lo que se conoce como una "cascada trófica". Dedicadle un rato, si aún no lo habéis visto, porque el vídeo es realmente bonito. ¡Gracias, Sergio! :-) Más info en NPR y NYT.

Entrada publicada en Fogonazos http://www.fogonazos.es/
10 Mar 08:13

End of the World Cinema: An Abandoned Outdoor Movie Theater in the Desert of Sinai

by Christopher Jobson

End of the World Cinema: An Abandoned Outdoor Movie Theater in the Desert of Sinai movies Egypt

End of the World Cinema: An Abandoned Outdoor Movie Theater in the Desert of Sinai movies Egypt

End of the World Cinema: An Abandoned Outdoor Movie Theater in the Desert of Sinai movies Egypt

End of the World Cinema: An Abandoned Outdoor Movie Theater in the Desert of Sinai movies Egypt

End of the World Cinema: An Abandoned Outdoor Movie Theater in the Desert of Sinai movies Egypt

Somewhere on the southern tip of the Sinai Peninsula in Egypt, nestled at the foot of a desert mountain range, sits a peculiar sight that is almost completely out of place: hundreds of seats for an outdoor movie theater. Estonian photographer Kaupo Kikkas recently visited the desolate location and brought back these amazing shots of a decaying dream. He shares via his blog that the theater was built not too long ago by a man from France with considerable means. Tons of old seats and a generator were hauled in from Cairo, not to mention a giant screen that looked like the sail of a ship.

Everything was set for opening night, with one small problem. Kikkas says the locals weren’t particularly keen on the whole idea and decided to discreetly sabotage the generator. A single movie was never screened. So now it sits in the middle of a desert, a random movie theater that was never used. You can still see it on Google Maps. (via Lustik, Abandoned Geography)

10 Mar 08:07

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10 Mar 08:00

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10 Mar 07:55

OpenSpritz, la manera más rápida de leer texto en la web

Book glasses

OpenSpritz es una aplicación que se puede instalar en cualquier navegador, para leer textos en la web de una forma tan rápida que parece increíble, basándose en la tecnología creada por Spritz.

Hace un par de días me sorprendí al conocer Spritz, una tecnología sencillamente espectacular que promete ofrecer la posibilidad de leer muy rápido directamente en tu dispositivo móvil; pero Spritz no está listo. Sin embargo, un desarrollador llamado Rich Jones se ha dedicado a crear una versión libre y funcional de este sistema, a su manera. Se llama OpenSpritz, y ya está disponible.

Eso sí, a diferencia de la versión original, OpenSpritz nace dirigida al navegador web de nuestra PC. Se trata de un marcador que a su vez sirve de botón (en realidad es una webapp muy sencilla), que llevará todo el texto de la web en la que estamos al sistema de Spritz. Pero, ¿en qué consiste el sistema Spritz?

Este sistema "bombardea" a lector con las palabras del texto, siempre centrando una letra en color rojo, a distintas velocidades, por lo que pasarán más rápido que un parpadeo frente a nuestros ojos, y nuestro cerebro rápidamente las asimilará, incluso a velocidades que quizás nunca creímos posible.

spritz

Por ejemplo, una persona promedio puede leer unas 150 a 200 palabras por minuto y asimilarlas por completo; con Spritz, la tecnología original en la que se basa OpenSpritz, en menos de 5 minutos (sí, 5 minutos, no más que eso) ya estaremos acostumbrados a leer unas 400, 500 o 600 palabras por minutos. ¿Suena increíble? Haz la prueba desde la web oficial de Spritz. Yo la hice, e incluso en inglés pude leer y compronder lo que leía, a una velocidad de 650 palabras por minutos... en menos de 5 minutos.

El problema está en que la tecnología de Spritz aún no está finalizada, y aunque pretende revolucionar la manera en la que consumimos textos en la web (y lo hará, no me quedan dudas), aún debemos esperar; algo que Rich Jones no quiso hacer, y creó su propia versión que sirve como una aplicación web, y es increíblemente fácil de instalar.

El proceso de instalación es tan sencillo como arrastrar el botón que dice "OpenSpritz this!" ubicado en su web oficial, a nuestra barra de marcadores. Luego, nos dirigimos a una web cuyo texto queremos devorar rápidamente, y presionamos el botón-ahora-marcador. Seguido de esto elegimos la velocidad, y listo.

Jones asegura que no quiere obtener ganancias de su producto y que invita a Spritz a tomar su creación y usarla para su producto final, sí así lo desean. Lo que sí menciona es que no podía esperar a ver el resultado final de esta tecnología, y así nació OpenSpritz.

Personalmente, creo que la tecnología de Spritz será muy aprovechada en el sector de los móviles, y los wearables. ¿Se imaginan esta tecnología disponible para un smartwatch? Sí, podríamos leer libros completos en el reloj, una idea muy alocada, que puede ser realidad.








07 Mar 11:25

Juntos podemos: matemos los bises

by Dr. Chou
bises

Hola. Soy Dr. Chou. Por si interesa mi nombre real, Alberto. 32 años. No soy alcohólico, aunque he pasado épocas en las que he dudado de ello. No me gustan los bises. Quiero matarlos, acabar con ellos. Sé que no soy el único, pero la mayoría de vosotros habréis torcido el gesto a leerlo. Otros no tanto. Otros estáis conmigo, porque sois gente de bien y se os nota, así, buenazos. De esos que pasáis vergüenza cuando toca aplaudir para pedir que el grupo vuelva. Que os apetece escuchar el jitazo que todos sabemos que todavía no han tocado, pero que tocarán fijo. Pero como no me apetece aplaudir, y además no sé qué coño hacer con esta birra que acabo de pedirme, y paso de aplaudir al viejo estilo “autoproporcionarme collejas”, empiezo a mirar hacia los lados. Si resulta que hay gente suficiente dorándole la píldora dando palmas a los que se han ido al backstage, pues mejor, ni una puta palma pienso dar. Y si no, pues tampoco, que ya he pagado mi entrada, como para estar pidiendo.

Hace muchos años (tantos que me da un poco de miedo pensarlo), estuve en un concierto de Piano Magic en la legendaria sala La Iguana, de Vigo. Allí que llegaron los londinenses, por las fechas imagino que a presentar Writers Without Homes, pero no me hagáis mucho caso. La cuestión es que yo entonces era joven, vivía cada concierto con esos nervios que empezaban ya desde el lunes, y que si bien todavía no se me han pasado, han ido disminuyendo su intensidad. Tras un concierto que en mi memoria se ha guardado como absolutamente memorable, Glen Johnson se acercó al micrófono y dijo algo así como “ahora haríamos la chorrada de pirarnos para que aplaudáis y volver a entrar dos minutos después. No lo vamos a hacer, será un concierto sin bises”. Entendedme bien, no cito textualmente, pero para el caso es lo mismo. Amor eterno a Piano Magic.

Y es que estamos mayores. No sólo los que acudimos a conciertos, echando de menos ese relevo generacional que yo sólo encuentro en bandas contadas, como Crystal Fighters, algo alejadas de lo que a mí me pide el cuerpo. En el resto de los conciertos a los que acudo, la edad media de la audiencia no está para optimismos. Están mayores también los que tocan. Ese grupo que idolatrabas cuando tú te acercabas a la mayoría de edad y ellos besaban la mitad de su veintena. Ahora ellos ya están cerca de los cuarenta (o bien sobrepasados, en muchos casos), así que os pido, bandas del mundo, que os apuntéis a lo que, desde ahora, llamaremos “hacer un Piano Magic”. Salid al escenario, tocad todas esas mierdas que tan bien tocáis y cuando se acerque el final, si acaso, aclarad que eso, que buen rollo, pero que será un concierto sin bises. Soltadlo todo de una tacada. Porque os he visto seis veces en directo y sé perfectamente cuáles son las tres canciones que tocáis a menudo y que todavía no han caído en el repertorio de hoy.

Y es que eso de los bises debería ser algo realmente especial. Esa puñetera comunión artista-público que no se da ni de broma cada vez que te acercas a un concierto. Al final todo esto se ha convertido en una ceremonia de imbecilidad. En algo tan previsible que no hace ni puñetera gracia. Que llega a alcanzar el esperpento. Pongamos por ejemplo un concierto del que os hemos hablado recientemente, el de León Benavente. Aquello fue un directo estupendo, entendedme bien. Pero la sala tenía un diseño particular, que obligaba a la banda a atravesar el lugar ocupado por el público para poder abandonar el escenario y salir por la puerta de atrás. Teniendo en cuenta que aquello estaba petado, pues su buen rato les llevó. Ahí que se largan, cuando no había sonado aún ‘Soy brigada’. Déjate de mierdas, joder. Toca lo que tengas, da las gracias por venir, di cuántas ganas tienes de volver muy pronto. Y punto, se os quiere, se os admira, y me voy a comprar el disco en la puerta.

Y menos válidos son ahora. Los bises, digo, porque sigo hablando de los puñeteros bises. En un mundo en que cualquiera puede echar un vistazo a las canciones que va a tocar el grupo que vas a ver esta noche. Puedes saber, si quieres (soy de los que todavía opta por acudir ignorante) en qué momento se va a cambiar la eléctrica por la acústica, cuándo echar un sorbo a la cerveza que empieza a calentarse o si ya va siendo hora de presentar a la banda. ¿Cómo coño va a colar que te vas a ir sin tocar el jitazo? Por favor, déjate de chorradas y no nos hagas aplaudir como imbéciles al vacío. Date cuenta de que tú también vas a conciertos, coño, y que cuando llega el momento del bis miras hacia los lados. Y si hay alguien que da palmas, que grita “otra, otra” en lo que ya es el triple salto mortal de la vergüenza ajena, tú ya no lo haces. Porque eres tan persona como los que te van a ver a ti. O ni miras, porque estás hablando con los colegas impidiéndome escuchar el puto concierto, so memo. Deja el puñetero bis para ese día en el que sí ha pasado algo especial de verdad. En el que el bis sea casi improvisado, un agradecimiento sincero. Aunque sea mirando con cara de decir “lo siento, hace años que no ensayo ésta”. Ten por seguro que se te perdonará fallar un traste, un acorde, porque sentiremos que estamos en un momento que no ha disfrutado todo el mundo. Somos distintos, ha sido un concierto realmente especial…

… y después estáis los demás. Que sois mayoría, que bien lo sé. Que preferís que todo siga como hasta ahora, o que os cabreáis si alguien se va y no da un bis. Que eso no amedrente a las bandas del mundo, matad la pantomima. Al principio a la gente le escuece, como la ley antitabaco, pero luego forma parte de nuestras vidas como algo normal. Los no fumadores agradecemos poder volver a respirar, y los que fumáis, el paseíto que os pegáis para pasar un rato de café y cigarro a la puerta. Pues lo mismo en las salas. Si el concierto ha molado, salimos cinco minutitos antes para hablar de lo bien que ha estado, de lo que nos hemos emocionado o de en qué momento hemos estado a puntito de llorar. Si ha sido una mierda, pues antes que nos vamos de cañas y lo olvidamos. Lo miréis por donde lo miréis, todos salimos ganando. Además, esa gente lo mismo tiene que coger un avión cuanto antes, y no está para coñas. Así que gritad conmigo. Juntos podemos: matemos los bises.

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La noticia Juntos podemos: matemos los bises fue publicada originalmente en Hipersónica por Dr. Chou.








07 Mar 08:41

Tool’s New Record is Reportedly “Done,” Will See a Release in 2014… Or Not.

by Fernando Scoczynski Filho
Kowalsky

Ohhhhhhhhhhhhhh!

Tool

Discussing a new studio offering from Tool has become a bit complicated. The band hasn’t put out any new material since 2006′s 10,000 Days, and there have been plenty of rumors surrounding an upcoming LP – none of which came close to fruition just yet. There’s also the fact that frontman Maynard James Keenan kept himself busy releasing music from his other two projects (A Perfect Circle and Puscifer), leaving the future of Tool in doubt.

Today, however, things changed. With Tool currently on tour across the US, our friends over at CraveOnline got an exclusive confirmation from guitarist Adam Jones that the group’s fifth LP is “100% done,” and will see a release in 2014. This seems to fit with the information that Maynard provided in August last year, when he mentioned that he had yet to “hear the sounds” that the band was preparing. There’s also the rumor that the band was working on a movie, but we’ll see where that ends.

CraveOnline’s full report can be checked out below:

Exclusive: New Tool Album Reportedly Finished, Set For 2014 ReleaseWill we finally see a new Tool album this year? Though they are certainly known for hijinks and misinformation, according to guitarist Adam Jones the long-awaited new Tool record, the follow-up to 2006′s dark masterpiece 10,000 Days, is complete.

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In case you forgot where we left off on this whole story, this Loudwire interview with drummer Danny Carey in July last year included the following statement:

“It’s still the three of us right now and four of us it will be soon. You know, just working on all our parts and working on our compositions together. Stylistically, we’re trying to push things in different ways, but it always comes out sounding like Tool no matter what we’re trying to do. We’re working everyday on it and it’s going really well, so I’m hoping we’ll get into the studio by the end of the year.”

He also denied the possibility of a 2013 release – he was right about that one:

“I doubt it. Right now, since we haven’t started tracking stuff at this point, it’ll be hard. We could have the record finished by the end of the year – that’s a possibility, but the logistics of getting it manufactured and getting the record company in line and all this stuff, I doubt we’ll be able to get it out before Christmas. We’ll see how it goes. Most likely, it’ll be early 2014.”

Update: Adam Jones has told RollingStone that he was just joking, though the album is in progress:

Tool Are Continuing to Work on New Album, Despite Internet Rumors That It Is Done | Music News | Rolling StoneContrary to rumors, Tool have not completed a new album. The band has issued a statement exclusively to Rolling Stone explaining how a misunderstanding between the band’s guitarist and a fan led to speculation that the group had completed the album and intended to release it this year.

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05 Mar 14:09

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27 Feb 09:15

Así entregamos los exámenes en Ingeniería

mequeme:

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"Que sea lo que Fourier Dios quiera.”

25 Feb 12:56

Nube Roja, el hombre que derrotó a los Estados Unidos (y II)

by E.J. Rodríguez
Red Cloud Hz

Nube Roja y otros líderes de la Nación Cheyenne. (PD)

(Viene de la primera parte)

Esta es la primera oportunidad que tengo de escribirle desde la gran masacre, y para empezar le diré que siento vergüenza por haber formado parte de aquello. No serviría de nada contarle cómo fue conducida la lucha; me limitaré a decirle que pienso que el oficial al mando debería ser ahorcado. Tras la batalla hubo una escena que espero no volver a ver jamás: a los hombres, a las mujeres y a los niños se les quitaron las cabelleras, se les cortaron los dedos para despojarlos de sus anillos. Se disparó a niños pequeños mientras rogaban por sus vidas. Le dije al coronel que creía que era un asesinato atacar a indios amistosos. Me respondió diciendo: «Dios maldiga a cualquier hombre que simpatice con esos indios». (Carta del teniente estadounidense Joseph Kramer a uno de sus superiores)

Noviembre de 1864. La tétrica noticia corre por las grandes llanuras como un reguero de pólvora encendido: setecientos soldados blancos, dirigidos por el sanguinario coronel John Chivington, han atacado una aldea cheyenne en Colorado. Una aldea pacífica, no involucrada en la guerra que otra parte de la Nación Cheyenne libra contra los blancos. Una aldea teóricamente beneficiaria de la protección estadounidense por efecto de un tratado con el gobierno de Washington. Y aun así, los hombres de Chivington han cometido una carnicería que ha horrorizado incluso a militares que formaban parte de esa misma expedición: en su correspondencia personal y oficial, así como en los informes verbales ante sus superiores, algunos de esos oficiales piden abiertamente que el coronel Chivington sea llevado al patíbulo. Cuando la noticia de la masacre empieza a circular por el país, incluso renombrados enemigos de los nativos —como el antiguo trampero y aventurero de la frontera reconvertido en líder militar Cristopher «Kit» Carson— hablan de la matanza con una mezcla de rabia y náusea:

Lo que ese perro de Chivington y sus sucios sabuesos han hecho en Sand Creek… sus hombres han disparado a mujeres y le han volado los sesos a niños inocentes. Y llamáis a esos soldados «cristianos», ¿no es así? ¿Y en cambio llamáis «salvajes» a los indios? ¿Qué pensará de esto el padre celestial, que nos creó tanto a nosotros como a ellos? Te diré algo: no me gusta un piel roja hostil más de lo que te gusta a ti. Y cuando son hostiles he luchado contra ellos tan duramente como cualquier otro hombre. Pero aún no le he puesto un dedo encima a una mujer o a un niño. Y abomino de los hombres que sí lo hacen.

Incluso Kit Carson, enemigo de los indios en la batalla, se sintió horrorizado por la matanza de inocentes en Sand Creek.

Incluso Kit Carson, habitual enemigo de los indios en la batalla, se sintió horrorizado por la matanza de inocentes en Sand Creek. (PD)

El suceso alcanza tal resonancia que el mismísimo Congreso estadounidense se verá obligado a organizar una comisión de investigación en la que se escucharán testimonios verdaderamente tristes, como el de este soldado que estuvo presente en Sand Creek: «Vi los cuerpos tendidos allí, cortados a trozos, con las peores mutilaciones que yo hubiese visto nunca. Las mujeres despedazadas a cuchillo, sus cráneos pelados, sus cerebros al aire. Gente de todas las edades muerta en el suelo, desde bebés hasta guerreros. ¿Que quiénes los mutilaron? Las tropas de los Estados Unidos».

Si entre los estadounidenses de la época —generalmente poco escrupulosos a la hora de despojar a los nativos de sus tierras e incluso de sus vidas— se produjo tal reacción, cabe imaginar la honda impresión que la noticia causó en las naciones indias. La coalición sioux-cheyenne-arapajoe, ahora en guerra, conoció detalles de aquellos hechos gracias a la llegada de supervivientes de Sand Creek: indios antes pacíficos que tras haber sido testigos de la matanza decidieron unirse a la lucha contra los Estados Unidos.

La masacre era un motivo más, pensaron sin duda los jefes de la coalición, para no desfallecer en su resistencia frente a una invasión blanca cada vez más cruenta. Sin embargo, para librar una exitosa guerra contra los soldados blancos necesitaban enfocar la estrategia bélica de manera distinta a lo tradicional. Los indios de las praderas, cuando se enfrentaban entre sí, estaban acostumbrados a librar guerras efímeras. Como mucho se producían guerras «prolongadas» que no eran sino estados de animadversión perenne entre determinadas naciones que por lo general se manifestaban mediante incursiones fugaces y aisladas a nivel local. Siendo tan escasa su población y disponiendo de un reducido número de guerreros no podían permitirse guerras masivas ni prolongadas, así que habían desarrollado una mentalidad combativa basada en la revancha instantánea. Las partidas de guerra indias solían causar pocas bajas en ambos bandos y estaban más dirigidas al pillaje o a la captura de esclavos que a la exterminación del contrario. Los indios de Norteamérica carecían de estrategia militar a largo plazo.

Y tan primitivas como sus estrategias eran sus motivaciones bélicas, casi siempre puramente coyunturales ya fuesen la disputa de un territorio de caza o la mera revancha por un ataque anterior. Para los indios, la venganza era en principio un casus belli legítimo. Una aldea atacada injustificadamente se consideraba con el derecho e incluso con el deber de vengar la afrenta. En ocasiones se conformaban con saquear a sus enemigos, pero lógicamente también se podía llegar al frío asesinato, especialmente de los guerreros y los líderes rivales. Nube Roja, por ejemplo, nunca fue un hombre particularmente misericordioso y durante su juventud ejecutó más de una venganza con sus propias manos. Un ejemplo: parte del clan donde vivía se rebeló contra el Viejo Jefe Humo (tío materno de Nube Roja, recordemos) mediante el teatral gesto de lanzarle tierra a la cara. Tras la escenita, los rebeldes se escindieron del clan y formaron uno propio con el que comenzaron a atacar las aldeas o campamentos de su antiguo jefe. En una de aquellas incursiones llegaron a matar a otro pariente de Nube Roja, quien tomó buena nota y participó vigorosamente en una partida guerrera destinada a acabar con los rebeldes. En la batalla final, el líder rebelde fue herido en una pierna y quedó sentado en el suelo, incapaz ya de combatir. Nube Roja se dirigió directamente a él. Pese a ver que estaba indefenso, pese a las súplicas que el líder rebelde hacía por su propia vida, Nube Roja le apuntó con su arma a la cabeza y tras pronunciar la frase «todo esto es por tu causa», disparó. Matar a un hombre herido e indefenso fue un gesto inmisericorde, sin duda, pero Nube Roja estaba imponiendo la férrea ley de las praderas. La piedad, pensaba él, quedaba para quienes se la habían merecido y un guerrero que había asesinado a antiguos compañeros de clan no la merecía.

Pero Nube Roja nunca tuvo fama de hombre injusto, más bien al contrario, y por eso logró escalar puestos hasta la jefatura máxima cuando se declaró la guerra a los blancos. Es más: pese a su acerado pasado como guerrero y pese al miedo que su nombre estaba empezando a provocar entre los blancos, Nube Roja no era un líder guerrero arrastrado únicamente por pulsiones de venganza, ni siquiera sabiendo que aquellos blancos trataban de quitarle sus tierras a su pueblo o que acababan de provocar un baño de sangre inocente en Sand Creek (no fue el único de la época, por cierto, aunque sí el más sonado). Nube Roja comprendía perfectamente que la guerra contra los Estados Unidos no podía limitarse a la típica sucesión de golpes de revancha. Los blancos estaban mejor armados, eran superiores en número —aunque la ulterior leyenda propagandística en novelas y películas afirmase lo contrario— y sobre todo eran capaces de reemplazar rápidamente sus bajas con nuevos reclutas, algo que los indios no podían permitirse. Así, aunque los indios preferían las guerras muy breves, Nube Roja sabía que este nuevo conflicto debía ser planificado a medio plazo. También había que elegir cuidadosamente los objetivos para crear en el ejército rival una sensación de desgaste sin compensación. En esto se distinguió de otros jefes indios, quienes pensaban que el hostigamiento a las líneas de suministro y comunicación de los colones estaban poniéndoles en situación de ventaja de cara a una negociación de paz. Nube Roja, por el contrario, sabía que se necesitaba más. Y entendía la necesidad de que sus nuevos objetivos fuesen sobre todo militares: tenían que hacer entender a los soldados blancos que no podrían establecer cómodamente su dominio en aquellas tierras.

Sus ideas fueron escuchadas. En 1865, la coalición india atacó un puesto militar estadounidense llamado Platte Bridge Station. Veintiséis soldados blancos murieron, entre ellos uno de sus comandantes. Esto constituía un golpe tremendo para la sensación de seguridad de los soldados en la región: hasta entonces los indios habían hostigado las líneas de suministros y las caravanas de los colonos, y a los militares porque estaban ejerciendo los militares como escolta. Pero ahora los indios comenzaban a atacar directamente a las guarniciones. La noticia llegó al general Greenville Dodge, responsable de Fort Laramie, el mayor establecimiento militar en esa parte del continente. Él ya había estado considerando planes para detener la intensa actividad india, y ante el ataque de Platte Bridge Station creyó necesario enviar una inmediata expedición de castigo a gran escala. De hecho lo hizo de manera precipitada y sin un verdadero estudio de la situación. Irónicamente, estaba adoptando la misma estrategia primitiva que los indios habían desechado para el conflicto: ir a la batalla como resultado de una venganza automática.

Dos mil seiscientos «casacas azules» —aquel era el nombre que los indios daban a los soldados estadounidenses— partieron de Fort Laramie decididos a apagar la rebelión india. Era la llamada expedición del Powder River, principal operación militar estadounidense desde el comienzo de las guerrillas indias, ahora transformadas en una guerra abierta. Consistía en tres columnas de soldados que se adentraron en los territorios de caza indios de Nebraska, Wyoming y Montana. Los soldados estadounidenses eran superiores en armamento y organización. Muchos de ellos, para colmo, eran veteranos de la reciente guerra civil. Así que Greenville Dodge creía ciegamente en la victoria. Aquel iba a ser el principal error de toda su carrera.

El general Greenville Dodge planeó una operación de castigo que fue desmantelada por la coalición india.

El general Greenville Dodge planeó una operación de castigo que fue desmantelada por la coalición india. (PD)

La primera de las columnas, dirigida por el general de brigada Patrick Connor, fue la única que obtuvo algunos éxitos iniciales. Se internó en el territorio del actual estado de Wyoming y edificó un fuerte (Fort Connor) desde el cual hostigar a los indios de la zona. Connor era un militar despiadado: había tenido un importante papel en otra sangrienta matanza de indios —la masacre de Bear River, donde murieron varios centenares incluyendo a mujeres y niños— y también aquí dio la orden inicial de matar a todo varón indio «de doce años de edad en adelante» aunque, por fortuna, esa orden fue atemperada por un superior, muy consciente del impacto todavía reciente de la masacre de Sand Creek. Pese a la consabida brutalidad de Connor, contó con la inestimable ayuda de algunos exploradores pawnee y omaha, que eran tradicionales enemigos de los sioux. Las debilidades humanas, ni que decir tiene, también se producían en el bando indio. Gracias a aquellos rastreadores, Connor tomó por sorpresa a toda una aldea arapajoe en la batalla de Tongue River, una emboscada que desembocó en una derrota aplastante del clan indio. Sus soldados también consiguieron rescatar a una importante y costosa expedición minera que había estado siendo asediada por los arapajoes en la región.

Pero aquí se detuvo el inicio triunfal de Connor. Aquellos golpes no fueron suficientes para desanimar a los arapajoes, quienes siguiendo las mismas tácticas que la coalición india llevaba empleando desde hacía meses, procuraban dirigir sus ataques sobre todo a los medios de transporte del enemigo. Así, poco a poco, las carretas y monturas de los soldados estadounidenses iban desapareciendo. Pronto los casacas azules tuvieron que moverse a pie, sin suministros frescos y alimentándose con la carne los pocos caballos que todavía les quedaban con vida. Finalmente, la capacidad operativa de la columna de Connor terminó siendo prácticamente nula y las magras victorias iniciales se habían obtenido a costa de un desgaste inaceptable. La misión de Connor concluyó, pues, en total fracaso. Sus tropas, desprovistas de caballos y comida, regresaron al fuerte para refugiarse en espera de ayuda, incapaces ya de hacer frente a los indios en campo abierto.

Las otras dos columnas de la gran expedición del Powder River sufrieron un destino igual o incluso peor. Tras adentrarse en Montana y Nebraska respectivamente, descubrieron que no sabían cómo sobrevivir en aquellas tierras donde los indios se desenvolvían con mucha mayor facilidad. La falta de pastos provocaba la muerte de los caballos (cuando no eran propios los indios quienes mataban o robaban a sus animales). El mal tiempo entorpecía la marcha. La falta de conocimiento del terreno hacía que se perdieran o que diesen vueltas en círculo, algo agotador, especialmente cuando empezaron a verse obligados a ir a pie. Los nativos aparecían, atacaban brevemente y desaparecían; así una y otra vez, dando la sensación de ser como fantasmas a los que no se podía dar caza. Los soldados estadounidenses se desmoralizaron y su voluntad combativa se desplomó. Cuando las dos columnas —o lo que quedaba de ellas— consiguieron reunirse tras experimentar un vía crucis por las praderas, partieron también hacia Fort Connor buscando refugio. Cuando aparecieron allí, parecían, como lo resumiría un historiador, «la tropa más patética que se haya visto jamás en Wyoming».

En resumen: la triple expedición de Powder River, que teóricamente debía finiquitar la guerra con los indios, terminó en un absoluto desastre y provocó la completa desbandada de las tropas estadounidenses enviadas desde Fort Laramie. Fue una victoria india sin paliativos, en tres frentes distintos, y que básicamente había desbaratado la fuerza militar estadounidense en la región. Iniciado el verano de 1866, el Departamento de Interior del gobierno los Estados Unidos pareció reconocer implícitamente su derrota cuando envió a los indios un mensaje en el que invitaba a los jefes de la coalición india a visitar Fort Laramie para firmar un tratado de paz.

Nube Roja tuvo que pensarse mucho si debía acudir a la negociación o no. Algunos jóvenes guerreros muy destacados de su tribu, como el ahora legendario Caballo Loco, se oponían visceralmente a la negociación y consideraban que firmar la paz en aquel momento era precipitado. Pero Nube Roja, como gran jefe que era, tenía que atender a otras razones: por un lado consideraba que la situación militar era lo bastante buena como para intentar forzar un tratado beneficioso. Por otro, aún más importante, la temporada de caza había sido muy mala y a los guerreros les iba a venir muy bien un tiempo de paz para alimentar a los suyos, entre quienes comenzaba a amenazar el hambre. Incluso podrían necesitar para vivir la indemnización de guerra estadounidense —generalmente pagada en bienes— que pudiesen obtener a raíz del acuerdo de paz. Finalmente Nube Roja aceptó negociar, al igual que prácticamente todos los demás jefes participantes en la guerra. En Fort Laramie se produjo un espectáculo sin duda notable cuando numerosos grupos de guerreros indios acamparon en los alrededores mientras sus jefes parlamentaban con el representante del gobierno, E. B. Taylor.

Pero la negociación, que en principio parecía marchar bien, estaba condenada a fracasar desde el principio. Los indios no tardaron en descubrir el doble juego que siempre se practicaba desde el gobierno de Washington, o desde sus diferentes ramificaciones regionales. La prueba de ello no pudo llegar en peor momento: justo cuando los jefes indios estaban en Fort Laramie, apareció una cuarta columna estadounidense. Eran un millar largo de soldados dirigidos por el general Henry B. Carrington, cargados de materiales de construcción y con la evidente misión de erigir un nuevo fuerte en la región. Nube Roja no daba crédito a sus ojos. Al día siguiente le enfureció comprobar que el general Carrington se sentaba en la sesión de negociación como si tal cosa. Nube Roja se negaba a parlamentar con un militar, porque la paz era un asunto entre gobiernos. Para él, la aparición de Carrington y sus hombres era una prueba de que los blancos continuaban empeñados en amenazar a los indios incluso tras haber sufrido una seria derrota. La cosa estaba clara: los estadounidenses fingían negociar la paz mientras se preparaban para continuar la guerra.

Los jefes cheyennes y arapajoes, en cambio, no consideraron tan grave el asunto. Al día siguiente se presentaron ante Taylor y  Carrington para seguir conversando, aunque parecían más dubitativos, como si no estuviesen seguros de querer estar allí. Y Taylor no dejó de notar que Nube Roja se encontraba ausente. Quiso saber dónde estaba. La respuesta que recibió no fue nada halagüeña: Nube Roja, le dijeron, se había marchado para continuar la guerra por su cuenta. Nube Roja ya no quería firmar la paz y los jinetes sioux volvían a cabalgar por las llanuras.

Nube Roja (derecha) junto a su compatriota sioux oglala, el jefe Caballo Americano.

Nube Roja (derecha) junto a su compatriota sioux oglala, el jefe Caballo Americano. (PD)

Aquello era un más que evidente signo de que la guerra iba a continuar, pero Taylor estaba obcecado con obtener un éxito político de aquellas negociaciones y decidió maquillar la situación de cara a Washington. Envió un mensaje diciendo que el acuerdo de paz era inminente y que casi todos los jefes indios de la región iban a firmarlo. Admitía que Nube Roja se había negado a firmar y que había partido hacia las llanuras acompañado de algunos centenares de guerreros, pero que aquello no impedía pintar el triunfal retrato de la paz inminente. En sus parciales informes, Taylor ni siquiera hizo notar el hecho todavía más inquietante de que el puñetazo en la mesa de Nube Roja había sacudido a sus aliados y que, gradualmente, los jefes cheyennes y arapajoes estaban empezando a imitar el ejemplo de los sioux. En sus informes, a Taylor se le olvidó decir que los indios estaban siguiendo masivamente a Nube Roja. Y que el porcentaje de jefes dispuestos a firmar la paz era cada vez menos representativo del conjunto de la coalición.

En Washington compraron fácilmente las mentiras de Taylor. Incluso más ansiosos por obtener rédito político de la paz y también ansiosos por demostrar que se daban las condiciones para finalizar su gran proyecto nacional —el ferrocarril transcontinental—anunciaron a bombo y platillo un inminente tratado de paz. La prensa, con igual despreocupación, vendió felizmente la piel de un oso al que no se había cazado. A nadie en la capital se le ocurrió comprobar si realmente Nebraska, Wyoming o Montana eran ya territorios pacificados. No había comunicación telegráfica entre la capital y la frontera, recordemos, y las noticias llegaban a caballo o en carreta. Y como las últimas noticias decían que los indios estaban comenzando a disgregarse —y era cierto, pero lo hacían para seguir la vieja costumbre de pasar el invierno con los suyos incluso en tiempos de guerra— la ilusión de una paz en el «salvaje oeste» se extendió hasta límites absurdos. El mismísimo presidente de los Estados Unidos, Andrew Johnson, se plantó en el debate sobre el estado de la nación —allí llamado «debate sobre el estado de la Unión»— y se ganó los aplausos de sus ilustres señorías presumiendo de que la guerra contra los indios había terminado.

Pero lejos de allí, en aquellos mismos días en que el presidente alardeaba desde el estrado, estaba sucediendo algo completamente inesperado: contra todo pronóstico y aun habiendo entrado en lo peor del invierno… los indios estaban reapareciendo.

Mientras en Washington se celebraba una paz inexistente, un comando indio dirigido por Caballo Loco atacó un tren de transporte de madera. En otro lugar, los guerreros nativos tendieron una astuta trampa de factura casi napoleónica a la guarnición de un pequeño fuerte, aparentando ser inferiores en número para atraer a los soldados guarnecidos a campo abierto, en donde sufrieron una ominosa derrota. Poco después, la coalición india atacaba por sorpresa Fort Kearny, aquel nuevo fuerte construido a toda prisa por el mismo general Harrington cuya aparición en las negociaciones de paz había provocado la furia de Nube Roja. Los blancos volvieron a caer en la trampa de intentar dispersar y perseguir a unos indios aparentemente escasos que asediaban el fuerte: un contingente de soldados comandados por un fogoso subordinado de Carrington —el capitán William Fetterman— abandonó el fuerte para eliminar a los asaltantes. Y aquellos escasos asaltantes parecieron huir (aunque dejándose perseguir) hasta un lugar predeterminado en donde los casacas azules se vieron repentinamente emboscados por una nube de guerreros comandados por Nube Roja: en la aparentemente vacía pradera, como saliendo de la nada, atacaron los arapajoes y los cheyennes desde un lado y los sioux oglala desde el otro. Los estadounidenses quedaron justo en medio. No hubo piedad. Ninguno de los casacas azules regresó con vida. Pero lo más significativo tuvo lugar tras la batalla: los cadáveres de los soldados blancos fueron mutilados en simbólica imitación de lo sucedido con los habitantes del poblado de Sand Creek. Aquellas mutilaciones de cadáveres pretendían enviar un claro mensaje a Washington: los indios no estaban dispuestos a olvidar. Eso sí, hubo algún detalle sorprendente: el único cadáver que no había sido mutilado era el del corneta Adolph Metzger, inmigrante alemán enrolado en la infantería que había dado grandes muestras de valor durante la batalla, atacando a los indios con su corneta a modo de porra metálica (lo sabemos porque los propios indios lo contaron más adelante). Los indios, en señal de admiración por el evidente coraje del corneta, no solamente habían respetado la integridad de su cadáver sino que lo habían envuelto en una piel de búfalo, gesto de respeto con claros tintes ceremoniales.

En Fort Kearny, extrañados por la ausencia de noticias de los soldados que habían partido persiguiendo a los indios, enviaron un nuevo contingente de tropas en ayuda de la primera expedición. Todo lo que encontraron fue la espantosa imagen de los cadáveres concienzudamente desfigurados. Aquella fue la «matanza de Fetterman», uno de los hechos definitorios de la «Guerra de Nube roja».

Durante varios días, más allá de Fort Kearny, nadie tuvo noticia de la matanza. Menos de una semana después, en la guarnición más cercana —Fort Laramie, a casi cuatrocientos kilómetros— desconocían por completo lo sucedido y mientras una tormenta de nieve azotaba el paisaje, en el interior del fuerte tenía lugar un despreocupado baile navideño donde oficiales y sus esposas lucían sus mejores galas al estilo de cualquier película de John Ford. Pero aquella no sería la imagen más cinematográfica de la velada, porque de repente, irrumpiendo en plena fiesta, apareció un mensajero recién llegado desde Fort Kearny. El soldado presentaba un aspecto lamentable: estaba cubierto por la escarcha, temblando de frío y al borde del colapso por agotamiento tras haber forzado la marcha para cubrir la distancia que separaba ambos fuertes —más o menos la misma distancia que hay entre Madrid y Valencia— en cuatro jornadas a caballo, por la nieve, bajo la ventisca y afrontando un frío inhumano que en ocasiones podía superar los treinta grados bajo cero. Ante la dantesca visión del mensajero, la música cesó y todos se dispusieron a escuchar las malas noticias que el pobre tipo traía desde Fort Kearny: los indios habían reaparecido en pleno invierno contra todo pronóstico, habían masacrado a Fetterman y su tropa, y amenazaban con asaltar directamente el fuerte y diezmar a las pocas fuerzas que le quedaban al general Carrington.

Aunque mucho menos conocido en Europa, el capitán William Fetterman sufrió un desenlace similar al del general Custer.

Aunque mucho menos conocido en Europa, el capitán William Fetterman sufrió un desenlace similar al del general Custer. (PD)

Así, en Fort Laramie supieron no solo que la guerra no había terminado, sino que tendrían que enviar urgentes refuerzos a Fort Kearny. Le preguntaron al mensajero si había visto indios durante su largo camino entre ambos fuertes. El soldado afirmó no haber visto absolutamente a ninguno, pero nadie interpretó adecuadamente aquel hecho: siendo ya legendaria la capacidad de los nativos para hacerse invisibles sin por ello dejar de acechar a sus enemigos, podía pensarse que les había interesado particularmente que las noticias de su ataque fuesen conocidas en Fort Laramie (o de lo contrario, claro, aquel mensajero jamás hubiese llegado a Fort Laramie con vida). Aquella era una idea inquietante que alguien debió haber tenido en cuenta: ¿por qué los indios no se molestaron en evitar que Fort Laramie recibiese el mensaje y enviase refuerzos? Pero en Fort Laramie no se detuvieron más de la cuenta en analizar aquella sospechosa situación o bien se sintieron en la obligación de responder inmediatamente a la solicitud de ayuda. Así que tras haber visto abruptamente interrumpidas sus galas navideñas, un contingente de tropas partió hacia Fort Kearny para ayudar al fuerte supuestamente asediado. No fue un viaje fácil: los soldados de refuerzo tuvieron que hacer el camino inverso al del mensajero, padeciendo las mismas temperaturas dignas de la Antártida. Al menos uno de los hombres murió de frío durante el trayecto. Otros perdieron dedos de los pies por congelación y no pocos enfermaron. Tampoco ellos vieron a ningún indio por el camino y para cuando llegaron a Fort Kearny, los guerreros que teóricamente lo asediaban habían vuelto a desaparecer. Porque los indios, ahora sí, se habían retirado definitivamente a sus respectivos refugios… no sin antes haber atraído a nuevas tropas hacia el inclemente corazón de las praderas, donde iban a ser azotados por lo peor del invierno. A los soldados que llegaron para reforzar Fort Kearny y a los que ya estaban allí les tocaba pasar por un auténtico calvario: con tanta nieve no había pastos, así que perdieron —o se comieron— a casi todos sus animales. Los suministros desde Fort Laramie no llegaban en cantidad suficiente porque el mal tiempo y la dificultad del trayecto hacían casi imposible la asistencia. En sus almacenes empezó a escasear la comida fresca como la fruta y la verdura, así que los soldados, además de enfermar por el frío, lo hacían también por el escorbuto. Los indios estaban ganando una nueva batalla sin necesidad de disparar ni una sola flecha, ni una sola bala de sus escasos y anticuados rifles. Todo lo que habían necesitado era atraer más soldados a Fort Kearny para que el famoso General Invierno, el mismo que había derrotado a Napoleón, demostrase que se había aliado con Nube Roja y los suyos. Una vez más, la astucia india estaba costándoles muy caro a los casacas azules estadounidenses.

Todavía en pleno invierno, a principios de 1867, finalmente, empezaron a llegar a Washington las noticias sobre la intensa Navidad que se había vivido en las praderas: en la capital supieron de la «masacre de Fetterman», del asedio sufrido por el ya destituido general Henry B. Carrington en Fort Kearny, del ataque al tren, etc. Aquello revolvió completamente la percepción que los estadounidenses tenían del progreso colonial en las llanuras. Habían creído que la paz estaba firmada pero ahora se encontraban con lo que solo podía ser calificado como desastre militar. Los periódicos airearon profusamente los inquietantes datos del catastrófico intento de dominar las praderas. Los mensajes triunfalistas del presidente fueron súbitamente ridiculizados por la realidad. Los Estados Unidos estaban perdiendo la guerra. La situación era muchísimo peor que antes del primer intento de firmar un tratado, cuando Nube Roja había salido airado de Fort Laramie.

El gobierno de Washington envió nuevas tropas a Fort Laramie para reforzar la presencia militar en la región, pero a casi ningún oficial con dos dedos de frente se le escapaba que incluso con aquellos refuerzos iba a resultar prácticamente imposible someter a la coalición nativa. Sí, los indios eran poco numerosos y mal armados, y su ejército tenía una organización desestructurada y dispersa. Pero sus tácticas de guerrilla, su conocimiento del terreno y su bravura contrastaban dramáticamente con la aparente indefensión de los soldados estadounidenses en las praderas, desmoralizados por un territorio inclemente y aterrorizados ante un enemigo al que veían como diabólicamente astuto. Por otra parte, a causa de los recortes presupuestarios y de la mala situación que se había heredado de la reciente guerra civil estadounidense, Washington no tenía tantas tropas de refresco como hubiese necesitado para hacer frente a la situación. Los hombres que tenían en las praderas eran casi todos los que podían desplazar a la región en aquel momento… y no parecían bastantes.

No hay invierno que dure por siempre y finalmente llegó la primavera, lo que en principio constituía una buena noticia, al menos para las maltrechas tropas de Fort Kearny. Pero con la primavera no solamente retornaba el buen tiempo; también los indios reaparecieron de donde quiera que hubieron estado ocultos.

Esta vez, la «Guerra de Nube Roja» se dividió en dos frentes. Tras las deliberaciones que sin duda habían tenido lugar durante el invierno entre los jefes indios, las tres naciones habían decidido dividir sus fuerzas. Los cheyennes y los arapajoes atacaron un fuerte en Montana. Mientras, los sioux de Nube Roja lanzaron un ataque supuestamente definitivo a Fort Kearny para intentar desmantelarlo por completo.

Auténtica camisa de Nube Roja, regalada por él a un antiguo militar y hoy expuesta en el museo de Pine Ridge.

Auténtica camisa de Nube Roja, regalada por él a un antiguo militar y hoy expuesta en el museo de Pine Ridge.

Sin embargo Nube Roja se topó con un obstáculo que no podía haber previsto. En aquellos tiempos la tecnología armamentística progresaba a velocidad de vértigo y los soldados blancos disponían de un arma temible: el nuevo rifle Springfield, que había llegado con los refuerzos enviados por Washington, era más fácil de recargar, podía disparar más balas en menos tiempo y era un arma que básicamente multiplicaba por diez la capacidad de resistencia de los soldados guarnecidos en un fuerte. Gracias al Springfield, el ataque a gran escala de Nube Roja fue firmemente rechazado: los sioux se vieron envueltos en una lluvia de balas y se dieron vuelta rápidamente cuando comprendieron que la potencia de fuego de los defensores resultaba ahora prácticamente infranqueable. Pero Nube Roja se caracterizaba por extraer lecciones incluso de sus fracasos: supo que, pese a su plan inicial, ya no debía atacar directamente las guarniciones militares. Era hora de retornar a las viejas tácticas: atacar las caravanas y los convoyes de transporte que estaban facilitando la colonización minera a través del llamado «camino de Bozeman», el mismo que conducía directamente al oro de Nebraska. Quizá los soldados tenían mejores armas ahora, pero ya no eran suficientes para cubrir todos los frentes. Los sioux de Nube Roja, a quienes no se les había escapado la importancia que los blancos concedían al ferrocarril, volvieron nuevamente sus ojos hacia el «caballo de hierro». Con un fabuloso sentido de la oportunidad, Nube Roja dirigió un exitoso ataque sobre un tren de la Union Pacific que hizo saltar todas las alarmas en Washington. La importantísima conexión este-oeste, clave para la consolidación de los Estados Unidos como potencia internacional, podía pender de un hilo si los sioux continuaban asediando el ferrocarril.

Pero si decidían enviar tropas a proteger las vías de tren, tenían que descuidar la vigilancia en el «camino de Bozeman», porque ya no disponían de soldados suficientes para garantizar la seguridad en ambos frentes. Los indios, en cambio, utilizaban tácticas guerrilleras que les permitían estar en todas partes con muchos menos guerreros disponibles. Así que la providencial aparición del rifle Springfield bien pudo haberle dado un giro a la guerra en otras circunstancias, pero para entonces la situación psicológica en Washington ya había cambiado del ciego triunfalismo de la Navidad anterior al sentimiento de que se encontraban en la antesala de un desastre. Los informes de los militares no ayudaban a mejorar los ánimos: resultaba más difícil de lo previsto enviar nuevos refuerzos para cubrir las numerosas bajas causadas por la coalición india. Los comandantes advertían de que, de seguir así las cosas, apenas se podía contar con el ejército como no fuese para agazaparse en sus fuertes, utilizando sus modernísimos rifles para disuadir a los indios de atacar las guarniciones directamente, pero poco más. Y aunque salieran a campo abierto para enfrentarse directamente a los indios, o bien protegían el ferrocarril, o bien protegían la carretera Bozeman que estaba facilitando la colonización de Nebraska y aledaños. Una de las dos cosas iba a perderse. Si es que no se terminaban perdiendo las dos.

El presidente, sus asesores, el congreso… todos temían un cataclismo. Washington no tenía muchas opciones. O dedicaban ingentes recursos —que no iba a resultar fácil reunir— a intentar darle la vuelta a una guerra que podía alargarse varios años más, ahogando el crecimiento de la nación, o intentaban firmar de nuevo la paz, pero esta vez otorgando a los indios casi todo lo que estos pidieran. Desde que Nube Roja abandonó las anteriores negociaciones de paz, la coalición nativa había tenido todo a su favor. Resultaba evidente que no iban a ceder. Era la primera vez desde la llegada de los blancos al continente en que los indios se encontraban en una posición más fuerte para negociar una paz.

Firmas (marcas en forma de cruz) de los jefes indios en el Tratado de Fort Laramie.

Firmas (marcas en forma de cruz) de los jefes indios en el Tratado de Fort Laramie. (PD)

Washington envió una nueva propuesta de diálogo, aunque hacer llegar el mensaje costó lo suyo porque en Fort Laramie y alrededores no se conseguía encontrar hombres dispuestos a adentrarse en territorio sioux. Nadie se atrevía a llevarle personalmente el mensaje a Nube Roja. Cuando finalmente encontraron un voluntario, pese a todo, este entregó el mensaje y regresó con vida. Con vida y con una respuesta de Nube Roja.

Esta vez, el gran jefe sioux quería imponer varias condiciones antes de siquiera sentarse a parlamentar. No negociaría nada al menos que los soldados abandonasen los tres nuevos fuertes que se habían erigido en sus territorios, Fort Kearny incluido. Ese era un requisito sine qua non para que se dignase aparecer de nuevo por Fort Laramie.  Washington aceptó, así que los casacas azules abandonaron sus fortificaciones: tardaron apenas unas horas en saber que los sioux les habían vigilado estrechamente para comprobar que efectivamente se marchaban; los soldados estadounidenses vieron humaredas en el horizonte, señal de que los fuertes ahora vacíos estaban siendo reducidos a cenizas por los indios. El abandono de aquellos fuertes era una renuncia territorial sin precedentes en el imparable avance de los Estados Unidos a costa de las naciones indias. Después de tres años de conflicto, la coalición india había derrotado a la potencia emergente de más rápido crecimiento en todo el planeta. Y Nube Roja, su principal líder, era el primer jefe indio que verdaderamente podía afirmar que le había ganado una guerra a Washington. Sería el último.

La tensión en Fort Laramie se mantuvo durante meses, porque aunque algunos jefes iban apareciendo para negociar la paz, Nube Roja no daba señales de vida. Nadie podía afirmar si estaba esperando para comprobar que no llegaban nuevas tropas a la región, o si sencillamente estaba planeando una prolongación de la guerra. Pero resultó ser la primera opción: Nube Roja no quería precipitarse y tardó bastante tiempo en aparecer por Fort Laramie, donde se lo esperaba ansiosamente. Cuando finalmente se dejó caer por allí, ya sabía que los blancos no habían hecho ningún intento por volver a avanzar en sus territorios. Sabía que tenía todas las cartas a su favor. De todos los jefes indios presentes fue nuevamente el más duro a la hora de negociar. Únicamente cuando se le garantizó la creación de una muy amplia reserva india en cuyo territorio no podría entrar ningún hombre blanco sin permiso expreso de los indios, aceptó a firmar unos papeles que no podía leer pero en cuyo contenido confió con una ingenuidad casi infantil, algo sorprendente en un guerrero tan experimentado y astuto. Y es que también los blancos tenían sus astucias. Nube Roja era un hombre de honor: bien sabía que los blancos nunca cumplían sus promesas y sin embargo, pensó que aquella victoria tal vez había cambiado la situación.

Después de firmar el tratado junto a otros muchos jefes indios, Nube Roja se retiró a vivir a la reserva, decidido a dejar atrás una vida marcada por las constantes guerras. Estaba cansado de luchar. Había vencido a los estadounidenses y pensaba que había obtenido para su nación un territorio inviolable en donde los sioux pudieran vivir en paz, cazando búfalos, rindiendo culto a sus espíritus y criando a sus hijos según sus propias costumbres.

Los blancos, que son cultivados y civilizados, me han engañado. Y soy fácil de engañar, porque no sé leer ni escribir. (Nube Roja)

Nube Roja no tardó en descubrir que había sido engañado. El tratado de Fort Laramie contenía cláusulas que le habían sido leídas de manera interesada (y que, aun sabiendo leer, estaban redactadas con la malicia y ambigüedad propias de los abogados gubernamentales; puede leerse el texto completo, en inglés, en este enlace). No sabía leer, pero la realidad habló por sí misma de las malas intenciones de sus antiguos enemigos. Por ejemplo, en una práctica habitual de Washington, se habían incluido en la reserva sioux territorios ya pertenecientes a otras naciones indias. De repente, los sioux se encontraban metidos en otro conflicto territorial, esta vez contra sus hermanos de raza. También resultó que el tratado, en realidad, daba manga ancha para que los representantes del gobierno se estableciesen en las reservas… y según la sinuosa y ladina redacción del tratado, prácticamente cualquier blanco podía ser considerado un «representante del gobierno» por el mero hecho de ser designado como tal. El resultado fue que el acuerdo, tal como había sido explicado a los jefes indios en término simples —y tal como ellos creían haberlo firmado— empezó a ser vulnerado repetidamente. La anhelada paz en la reserva empezó a tornarse insostenible: los Estados Unidos habían estado ganando tiempo para recuperarse, simplemente, y los sioux se sentían cada vez más decepcionados y enfurecidos.

Menos de una década después de la firma de ese Tratado de Fort Laramie, en un ambiente ya claramente prebélico, Nube Roja acudió a Washington en un último intento por detener un nuevo derramamiento de sangre. Y como narrábamos en la primera parte, se sintió decepcionado e incluso insultado por la frialdad de los políticos, incluyendo al presidente, con quien conversó personalmente (y con brevedad). Viajó a Nueva York y dio aquel discurso con el que comenzamos la narración y que fue el último intento, a la desesperada, de hacerse oír ante los blancos. Washington no cedió y los pocos defensores comprometidos que la causa india tenía entre los estadounidenses tampoco consiguieron mucho más. No se pudo evitar la guerra. En 1876, tras siete años de precario alto el fuego y constantes transgresiones estadounidenses, los sioux —liderados por guerreros de la siguiente generación— volvieron a rebelarse ante la invasión blanca. Pronto se sumaron sus antiguos aliados cheyennes. Estallaba la Gran Guerra Sioux, comandada por Toro Sentado y Caballo Loco. Ahora ellos eran los grandes jefes.

Cuando era joven, era pobre. Durante las guerras contra otras naciones luché en ochenta y siete batallas. En ellas me hice un nombre. Por ellas me eligieron jefe de mi nación. Pero ahora soy viejo y deseo la paz. (Nube Roja)

Toro Sentado intentó, sin éxito, volver a derrotar a los Estados Unidos después de que Nube Roja buscara ansiosamente una paz imposible.

Toro Sentado intentó, sin éxito, volver a derrotar a los Estados Unidos después de que Nube Roja buscara ansiosamente una paz imposible. (PD)

Nube Roja no participó en una nueva guerra donde los sioux perdieron lo que con él habían ganado. Pese a victorias tan sonadas como la batalla de Little Big Horn (la misma en la que el célebre Séptimo de Caballería del general Custer fue aniquilado hasta el último hombre) los indios ya no pudieron inclinar de su lado la balanza. El desgaste humano y material terminó erosionando su capacidad combativa. Varias malas cosechas y la incompatibilidad entre dedicarse a la caza o a la guerra contra los Estados Unidos hicieron que el alimento escaseara en los poblados indios. La moral de los nativos cayó en picado cuando comprobaron que los suyos empezaban a pasar hambre. Primero se rindieron los cheyennes. Más tarde el jefe sioux Caballo Loco fue arrestado (murió en circunstancias muy poco claras, recibiendo un bayonetazo cuando supuestamente intentaba escapar de su cautiverio). Finalmente, el último gran jefe sioux que todavía resistía, Toro Sentado, se rindió también cuando la situación de su gente era ya desesperada a causa del hambre y la escasez. Toro Sentado se había creado una enorme reputación entre los blancos, muchos de los cuales le respetaban pese a haber sido un enemigo. Demostró siempre una voluntad integradora e incluso adoptó como hija a la legendaria tiradora blanca Anne Oakley, tras bautizarla con un simpático nombre que venía a significar «la pequeña con un disparo certero». También aceptó formar parte del curioso espectáculo de Buffalo Bill y no rechazaba la convivencia con los blancos, un sueño utópico que venía manteniendo incluso desde los tiempos de la guerra. Sin embargo, también Toro Sentado murió en extrañas circunstancias cuando se negó a ser arrestado ilegalmente, sin la presencia del agente de asuntos indios de la región. Poco importó que no llevase un arma encima. Su buena predisposición fue recompensada con un disparo en el pecho.

Así pues, la resonante victoria de Nube Roja duró apenas una década. Sobrevivió a Toro Sentado y a Caballo Loco, legendarios jefes más jóvenes que él. También sobrevivió a su propio país. Tras la derrota sioux, vio como la reserva era reducida a una minúscula fracción de lo que había sido su Gran Nación. Vio como a los suyos se le les daban territorios escasos, dispersos y poco fértiles. Vio como los indios dependían ahora casi completamente de los suministros gubernamentales de Washington, repartidos mediante aquella corrupta red de agencias indias que tantas y tantas veces había denunciado en el pasado. Pese a todo, Nube Roja nunca cejó en el intento de obtener beneficios para los suyos: de camino a su vejez se convirtió en un astuto político, incluso llegó a «convertirse» al catolicismo —más bien se dejó bautizar— en 1884 porque pensaba que así sería más fácil negociar con los blancos, ya que muchos de los principales defensores de los indios pertenecían a asociaciones religiosas (Toro Sentado hizo el mismo paripé, aunque parece que sí hubo conversiones sinceras como la del jefe Ciervo Negro).

No consiguió gran cosa, pese a sus esfuerzos constantes. Cuando llegó el cambio de siglo, la Gran Nación Sioux era solamente un remoto en la mente de aquel anciano indio que ahora estaba prácticamente ciego. Aun así, al igual que Toro Sentado, nunca mostró desprecio o acritud hacia los blancos en general. Durante sus últimos años, uno de sus grandes amigos fue un antiguo militar estadounidense: el capitán James Cook. Cuando notaba próximo el fin, dictó para Cook una afectuosa carta instándole a quedarse con varios recuerdos suyos (como ropa personal o su pipa ceremonial con su respectiva bolsa, una posesión muy simbólica e importante para los sioux). Entre esos objetos estaba un retrato al óleo que un estudiante de arte había hecho de Nube Roja. El viejo jefe insistía en que Cook conservara el cuadro para que los hijos de ambos pudieran contemplar «el rostro de uno de los últimos jefes que vivieron antes de que los hombres blancos vinieran y nos expulsaran del antiguo camino que veníamos recorriendo desde hacía cientos de años».

Nube Roja, Mahpíya Lúta, el único jefe indio que ganó una guerra a los Estados Unidos de América, murió en 1909 poco antes de cumplir los ochenta años. Fue enterrado según dicta el rito católico en el cementerio de Pine Ridge, bajo una losa blanca presidida por una cruz cristiana. Aún hoy su tumba es un lugar de peregrinación donde se dejan banderas o pequeñas piedras de recuerdo. Actualmente, Red Cloud es el apellido legal de sus descendientes directos: en julio de este mismo años 2013, por ejemplo, ha fallecido a los noventa y tres años Oliver Red Cloud, su bisnieto y jefe de la «nación sioux» desde 1977.

Dos décadas después de la muerte de Nube Roja, cuando las guerras que él protagonizó formaban parte —convenientemente embellecidas— no solo del folclore estadounidense sino de la cultura popular internacional, los jefes indios seguían alzando su voz aunque ya nadie estaba dispuesto a escucharles. Durante mucho tiempo la literatura, el cine y la televisión estadounidenses (y por ende, las de sus imitadores a lo largo del globo) falsearon la historia y retrataron a los indios de Norteamérica como meros salvajes empeñados en cortar cabelleras —costumbre, por cierto, introducida por los europeos— y en asaltar sin motivo a los plácido granjeros blancos. Hoy conocemos mejor la verdad: sus tierras les fueron arrebatadas mediante una larga cadena de agresiones, tratados vulnerados, promesas incumplidas y por aquella barbaridad genocida llamada el «Destino Manifiesto», la idea de que los Estados Unidos tenían necesariamente que extenderse de una costa a otra de Norteamérica, buscando su lebensraum sin importar que prácticamente todas las tierras de aquel continente perteneciesen a otras naciones. Como decía amargamente una declaración del Gran Consejo Indio de 1927, apenas dos décadas tras la muerte de Nube Roja:

La gente blanca, que está intentando modelarnos a su imagen y semejanza, quieren que seamos eso que llaman «asimilados», quieren integrar a los indios en la mayoría, destruir nuestra manera de vida y nuestros patrones culturales. Creen que deberíamos estar contentos como aquellos cuyo concepto de la felicidad es materialista y avaricioso, lo que difiere mucho de nuestra forma de ser. Pero queremos ser libres del hombre blanco, más que estar integrados. No queremos ser parte del sistema, queremos ser libres y educar a nuestros hijos según nuestra religión y según nuestras costumbres. Queremos ser capaces de cazar, pescar y vivir en paz. No queremos tener poder, no queremos ser congresistas o banqueros… queremos ser nosotros mismos. Queremos conservar nuestra herencia, porque somos los propietarios de estas tierras y porque a estas tierras es a donde nosotros pertenecemos. El hombre blanco dice que existen libertad y justicia para todos. Ya hemos experimentado esa “libertad y justicia”… lo cual ha conseguido que hayamos sido exterminados casi por completo. No lo olvidaremos.

Nube Roja HZ2

Nube Roja. (PD)

24 Feb 14:16

jaegerboi: SCIENCE





















jaegerboi:

SCIENCE

24 Feb 14:13

Animated Photo Collages by Qi Wei Fong Shimmer to Life as Time Passes

by Christopher Jobson

Animated Photo Collages by Qi Wei Fong Shimmer to Life as Time Passes landscapes gifs China
Glassy Sunset, 2013

Animated Photo Collages by Qi Wei Fong Shimmer to Life as Time Passes landscapes gifs China
Tanah Lot Sunset, 2013

Animated Photo Collages by Qi Wei Fong Shimmer to Life as Time Passes landscapes gifs China
Shanghai Freeway, 2014

Animated Photo Collages by Qi Wei Fong Shimmer to Life as Time Passes landscapes gifs China
Chinatown Sunset, 2013

Several months ago we featured a photographic series called Time is a Dimension by artist Qi Wei Fong that depicted layered collages of landscapes and cityscapes photographed over a 2-4 hour period. Fong has since taken the project a step further by animating the images in this new series called Time in Motion. The new photos, shot in locations around China, Indonesia, and Bali show the change in light at sunrise or sunset through angular rays and concentric circles that shimmer as time passes. You can see more from the series on his website.

21 Feb 07:54

Разные штучки-дрючки




Кому что понравилось ? Кого что поразило ?



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Вот еще всякие штучки-дрючки и еще БОЛЬШЕ кому показалось мало

19 Feb 15:16

Black Sabbath - Heaven and Hell (1980): a grandes males, grandes remedios

by Cronopio
black-sabbath-heaven-and-hell
Después del tour mundial, toda la banda se mudó a Los Ángeles once meses. Era de nuevo un desafío, pero pensamos trasladarnos allí, escribir el nuevo álbum y grabarlo. Pero se volvió en un frustrante proceso sin fin

Con estas palabras describe Tony Iommy el inicio de un proceso de grabación que significaría el final para la formación inicial de Black Sabbath, un grupo que estaba ya frente al abismo de la autodestrucción. Las opciones eran dos, o tomarse una larga pausa que permitiese no solo reponer fuerzas sino también aislarse de ese ciclo composición-gira-composición-gira (con un consumo de drogas desorbitado de por medio), o arrancar de raíz el problema, amputar el miembro que llevaba más que meses un par de años siendo un lastre.

Con la presión de Warner mediante, la pausa parecía no ser un plan a contemplar, exigiendo la discográfica continuamente reportes al respecto del proceso de grabación, como si supiesen que algo no andaba bien en el seno de una de sus gallinas de los huevos de oro. Así sería como Black Sabbath volverían a California en busca de la inspiración que encontraron en tiempos de Volume 4, no solo intentando refrescarse compositivamente sino tratando de marcar distancia con respecto a sus dos fallidos álbumes anteriores.

Este estudio es un infierno

Nos mudamos todos a una gran casa, en la cual convertimos el garaje en un estudio improvisado. El próximo movimiento era conseguir nuevas ideas, pero no llegaban. De nuevo estábamos consumiendo muchísima coca. Salíamos de fiesta, hacíamos fiestas en la casa, y luego intentábamos escribir… era muy difícil. Pero lo que lo hacía imposible es que Ozzy no estaba allí. Estaba en otro planeta. Tratamos de motivarlo diciendo:
¿Ideas?
No, no puedo pensar en nada

El fracaso de los dos álbumes anteriores, un consumo de droga que continuaba en ascenso y una serie de problemas personales no resueltos en el pasado constituían en conjunto una situación límite, una bomba de relojería a punto de estallar. Y con ella en las manos, viendo como la cuenta atrás avanzaba, Black Sabbath no eran capaces de hacer nada, presionados no solo por su discográfica sino por ellos mismos, aprisionados por su propia conciencia y por una incapacidad que los atenazaba como banda.

El tiempo ha dicho que justamente, Tony Iommi consideró que Ozzy Osbourne era la raíz del problema, era la fuente de la incapacidad creativa en la que se encontraban, extendiendo de forma progresiva una nube de negatividad que les había atenazado como conjunto. Finalmente el guitarrista estalló viendo que pasaba el tiempo y no avanzaban lo más mínimo, haciéndose a su vez más frecuentes las llamadas por parte de Warner, deseosos por saber qué se estaba haciendo con su dinero.

El encargado de hacer llegar la noticia fue Bill Ward, amigo personal del vocalista, y el mensaje fue una expulsión fulminante, triste pero sin paliativos. Tony Iommi se puso de inmediato a componer algunas de las canciones que formarían parte de Heaven and Hell, ahora solo faltaba encontrar a quién las cantase.

Tony Iommi, Sharon Arden y Ozzy Osbourne: un triángulo con cuatro lados

Este fue el momento en el que Sharon me presentó a Ronnie James Dio en una fiesta. Ella sugirió que debería crear un proyecto paralelo y hacerlo con Ronnie. Me aproximé a él y le dije:
Estoy en una situación terrible. No creo que lo que tenemos vaya a funcionar mucho tiempo más. ¿Estarías interesado en hacer algo diferente?

El papel de Sharon Arden, hija del manager de Black Sabbath en esos años, Don Arden, iba a ser fundamental en este periodo, no solo para sacar a la banda adelante sino también para recuperar a un destrozado Ozzy Osbourne. De hecho la futura esposa de Ozzy sería un apoyo fundamental para Tony Iommi esos meses, no solo pidiendo paciencia al guitarrista con la situación de adicción del cantante de su banda, sino actuando como una especie de confidente (no penséis mal que Iommi ya estaba casado con Susan Snowden), casualmente mientras Sharon iniciaba los acercamientos con Ozzy aunque la relación iniciase bastante tiempo después.

Cansado de esperar más a Ozzy, Iommi lo expulsó y solicitó ayuda a Sharon para encontrar un nuevo cantante. Cosas de la vida, el recién liberado del pesado yugo de Ritchie Blackmore en Rainbow, Ronnie James Dio, pasaba por Los Ángeles esos días. Un párrafo más arriba podéis leer las primeras palabras que Iommi dirigió a Dio, las cuales pusieron de nuevo las cosas en marcha, primero pensando ambos trabajar en un proyecto paralelo para, finalmente, considerar que lo mejor era intentar reflotar juntos al gigante. Y de hecho, así harían, mediando amenazas por parte de Ozzy al bajito vocalista de antepasados italianos.

El cambio que necesitaban

Ronnie estaba preparado para que hiciésemos algo juntos, pero no le contacté por unos días porque aún estábamos impactados por lo sucedido con Ozzy. Después de que se marchase le dije a Bill y Geezer: ¿Porqué no intentamos con Ronnie?

Con el apoyo de sus dos compañeros restantes, Iommi se decidió a invitar a Dio a un ensayo de la banda sin mayor pretensión que mostrarle lo que tenían del que sería su próximo álbum y conocer su opinión. Comenzaron a tocar ‘Children of the Sea‘ y mientras la tocaban, Dio creó la línea vocal de toda la canción, improvisadamente pero con las constantes que en la actualidad conocemos. Entusiasmados, el entonces trío tocó ‘Lady Evil‘ obteniendo el mismo resultado: Dio había sacado la línea vocal de inmediato.

Pensamos, jooooder, tenemos un ganador.

Sin embargo no todo iba a ser más sencillo pues, una vez cerrado el acuerdo con Dio, el manager Don Arden les comunicó que no aceptaba otra opción que no fuese Ozzy para la banda, presión que acabó desembocando en la ruptura con el representante de toda la vida de Black Sabbath previo insulto del mismo hacia Ronnie James Dio llamándole midget (enano en forma despectiva). A esto se unió a un abandono temporal por parte de Greeze Butler por problemas familiares que llevaría al nuevo vocalista a tocar el bajo en gran parte del periodo de composición del álbum.

En cualquier caso la estabilidad y fluidez creativa había llegado al fin a Black Sabbath, componiendo primero ‘Heaven and Hell‘ y pasando después al resto de temas que forman parte del álbum, evocando la banda inglesa tiempos en los que componer no era un suplicio y reconociendo que, a pesar de haber dejado un amigo en el camino, el cambio era necesario para la supervivencia de la banda.

Heaven and Hell: ¿qué hay en el disco?

Nada más arranca ‘Neon Knights‘ el oyente percibe que Heaven and Hell no es un disco más en la carrera de Black Sabbath. Conscientes por un lado de que jugar a ser Queen no les había granjeado ningún éxito, y de que en su propia Inglaterra ya había dos bandas que habían aprovechado mejor los últimos años de la década de los 70 que ellos (Judas Priest e Iron Maiden), la apuesta por actualizar su sonido debía mantenerse pero alejándose de los experimentos pasados, respondiendo a la incipiente New Wave of British Heavy Metal y, sobre todo, aprovechando el increíble potencial que les daba su nuevo cantante.

Así sería como el primer álbum de Black Sabbath sin Ozzy Osbourne se alejaría tanto del Doom Stoner practicado por los de Birmingham en sus primeros 6 álbumes como del Glam, Hard Rock u horterada que hicieron en los dos siguientes. El noveno álbum de Black Sabbath iba a ser un álbum puro de Heavy Metal, respondiendo a todas las constantes del género que ellos mismos habían creado pero que las dos jóvenes bandas inglesas citadas antes ayudaron a definir.

Espacio seguiría habiendo para varios temas de corte más rockero como ‘Lady Evil‘ o ‘Wishing Well‘, pero el poso dejado por el álbum es marcado por el corte acelerado de la inicial ‘Neon Knights‘, ‘Die Young‘ o la épica ‘Heaven and Hell‘, en la que Iommi recuperaría al fin su capacidad para sacar riffs para la historia. Probablemente Black Sabbath habían perdido el corte experimental que caracterizó álbumes como Masters of Reality o Vol. 4, pero habían ganado en solidez metálica de la mano de un vocalista que posteriormente sería reconocido como uno de los mejores de la historia del Heavy Metal, sirviendo su impecable interpretación en ‘Children of the Sea‘ como muestra.

En cualquier caso, la calma y estabilidad lograda con la llegada de Dio duraría solo unos meses, aunque de ello os hablará uno de mis compañeros próximamente.

8,25

Black Sabbath – Heaven and Hell

Muerto el perro se acabó la rabia reza el refrán y eso fue exactamente lo que ocurrió a Black Sabbath tras la dolorosa expulsión de Ozzy Osbourne. Ronnie James Dio lograría sacar a la banda del atolladero a pesar de ser un vocalista radicalmente opuesto a Ozzy. Black Sabbath estaban de regreso en el momento oportuno, justo cuando Judas Priest e Iron Maiden comenzaban a ser una amenaza a su reinado.

01. Neon Knights
02. Children of the Sea
03. Lady Evil
04. Heaven and Hell
05. Wishing Well
06. Die Young
07. Walk Away
08. Lonely is the Word

Lo más \m/

  • Ronnie James Dio hace una de las mejores interpretaciones de su carrera
  • Los casi siete minutos que dura ‘Heaven and Hell’
  • La final ‘Lonely is the Word’ es una pasada

Lo menos \m/

  • Los temas más rockeros no están al mismo nivel
  • El riesgo desaparece por completo
  • Que Dio no siga entre nosotros



Especial de Black Sabbath en Hipersónica

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La noticia Black Sabbath - Heaven and Hell (1980): a grandes males, grandes remedios fue publicada originalmente en Hipersónica por Cronopio.








19 Feb 14:36

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