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16 Oct 00:08

¿Por qué el PP ha sobrevivido hasta ahora en la Comunidad Valenciana?

by Borja Ventura

Corts valencianes

La política es como el amor o la religión: o lo sientes o no lo sientes, o crees o no crees. Hay factores que te hacen querer a una persona, pero resultan difíciles de explicar porque entran en juego las pasiones y ciertas cosas que no controlamos. Pasa lo mismo con la fe: si se siente es un elemento básico de cualquier vivencia y una respuesta a casi cualquier cosa. Sin embargo, fuera de esas burbujas, la gente mirará con extrañeza a una pareja que embelesada se come a besos o, convencida, pone velas a algún santo.

Si hay una pregunta del millón en la política nacional en los últimos años bien podría ser la que encabeza el artículo: cómo demonios ha podido sobrevivir, contra viento y marea, el PP en la Comunidad Valenciana, que tiene a uno de cada cinco miembros de su grupo parlamentario imputados. Los escándalos, las imputaciones interminables, la gigantesca deuda que dejan los pufos urbanísticos y todas esas cosas que hacen que fuera de esa burbuja política que parece ser la región nadie entienda que los votantes sigan embelesados con los dirigentes populares y les pongan velas en forma de voto puntualmente, cada cuatro años desde aquel lejano año 1995 en el que empieza esta historia.

Los motivos son complicados de explicar de forma exacta, pero sí hay muchos factores que, poco a poco y en diferente medida, contribuyeron a construir ese denso blindaje que les ha hecho sobrevivir en el poder al menos durante dos décadas. Aunque ahora cueste creerlo, la Comunidad Valenciana era incuestionablemente progresista tanto por tradición —por aquello de la Guerra Civil, la lengua propia y demás— como por voto —desde la Transición hasta casi la caída de Felipe González el socialismo valenciano tenía un peso específico nacional acorde con la potencialidad económica y demográfica de la Comunidad.

A grandes rasgos hay cinco factores que propiciaron el cambio de un régimen incuestionable a otro régimen incuestionable. Cuatro de ellos son gracias a una eficiente estrategia del propio Partido Popular, que ha conseguido enraizarse de forma profundísima en la cultura valenciana, y una es un favor que sus rivales le hacen. Y posiblemente ese factor sea el auténticamente determinante de la supervivencia de estos últimos años.

Eduardo Zaplana.

Eduardo Zaplana.

Escalada en dos pasos: Benidorm y la presidencia del partido

Nuestra historia comienza con un jovencísimo y prometedor político de apenas treinta y cinco años llamado Eduardo Zaplana, que ni era valenciano ni hablaba valenciano. Estas cosas, que hoy en día no tienen demasiada importancia en la política regional, por entonces la tenían. Y mucha. Él fue uno de esos muchos que se iniciaron en la vida democrática desde las filas de la UCD que, en un acelerado proceso de disolución, acabó desaguando en las puertas del incipiente Partido Popular.

Su andadura en la política popular llegó en un momento de cambio: José María Aznar se había hecho con la presidencia del partido en 1990, imponiendo un nuevo estilo acorde con el rebranding general que vivió la formación. Agresivo, sin los complejos del pasado que atenazaban a sus antecesores, joven y directo, el que acabaría siendo el hombre que tumbara a Felipe González abandonaría la presidencia de la Junta de Castilla y León para dar el salto al Congreso y empezar su épica batalla por el poder. Conocedor del talento que había diseminado por la geografía española, empezó a buscar fichajes con los que regenerar la nómina de militantes.

Un año después de la llegada de Aznar a la cúspide del PP, Zaplana se hizo con la alcaldía de Benidorm. Por aquel entonces tenía unos cuarenta y dos mil habitantes y ya comenzaba a ser un prominente núcleo de turismo, aunque a la sombra de gigantes como Gandía, unas cuantas decenas de kilómetros al norte. Llegó al poder gracias a una moción de censura facilitada por una tránsfuga que casi trunca su progresión política antes de empezar: al igual que le pasó a Garzón con el caso Gürtel, unas escuchas muy comprometedoras fueron anuladas por la forma en que se tomaron y Zaplana vio pasar de largo la espada de la justicia. Aquello fue parte del llamado «caso Naseiro», y le sirvió para aprender la lección: nunca jamás volvió a cometer un solo error estratégico.

Desde la atalaya de Benidorm, donde en un tiempo récord tejió una tupida red de contactos empresariales e infraestructurales, ganó peso en la sombra del partido a nivel regional. Entonces estaba regido por Pedro Agramunt, sempiterno senador popular, a quien arrebató la presidencia del partido de forma casi inexplicable y por unos pocos votos. Aquello fue como lo de Zapatero en el año 2000, pero con gomina, polo y dejando atrás un ayuntamiento en ebullición económica. Años después, ya muy lejos de allí, avalaría la construcción de Terra Mítica y la desmedida extensión de una ciudad que ahora mismo tiene casi el doble de habitantes que entonces en invierno y que en tiempos de bonanza ha llegado a tener una población veraniega estimada de casi un millón de personas.

Aquel Aznar que empezaba a plantar cara a González en la dialéctica parlamentaria se fijó en él. Su nuevo hombre en la Comunidad Valenciana era muy de su estilo, incluso en lo ideológico dentro de la heterodoxia del partido en aquellos días. Liberal, alejado del halo religioso asociado a anteriores líderes del partido, conservador, inflexible… renovador y estable a la vez, prometedor en cualquier caso.

De cómo el PP se merendó a la UCD y a UV

Posiblemente lo que terminó de conquistar a Aznar fue la forma en la que Zaplana supo encontrar su sitio en la política valenciana. Lo primero que hizo fue demoler al tercer partido en discordia en la región, una Unión Valenciana que era un partido regionalista de corte tradicional y conservador, anticatalanista, no necesariamente nacionalista y muy bien avenido con determinados entornos culturales de la vida valenciana que tenían un peso específico en la tradición lingüística.

José María Aznar con Eduardo Zaplana

José María Aznar con Eduardo Zaplana.

Zaplana, que es de Cartagena, supo hacer suyo el discurso anticatalanista que durante años, y de forma cíclica, ha calado en la política valenciana. Una buena muestra de ello eran los partidos de fútbol: en aquellos días el Real Madrid no era mal recibido en Mestalla, mientras que los partidos contra el Barcelona eran auténticas batallas dialécticas. Eran los tiempos en los que el mapa del tiempo de la televisión catalana incluían al País Valencià y toda una generación de niños se criaban consumiendo dibujos doblados al catalán y usando en los colegios libros de valenciano escritos por editoriales catalanas.

La sociedad valenciana es un poco como las fallas para esas cosas: bonita de apariencia, con mensajes de hermandad y sonrisa eterna, ampulosos monumentos, muy grandes, pero muy de cartón piedra. Y los grandes discursos del No ens fareu catalans (No nos haréis catalanes) calaban, y de qué forma.

Con el legado de Zaplana generando dinero a espuertas en Benidorm, absorbiendo parte del discurso regionalista de UV y con la decadencia socialista a la que González conseguía sobrevivir pero no así sus barones regionales, llegó la sorpresa. De quedar como segunda fuerza a catorce escaños del PSPV, Zaplana consiguió en sus primeras elecciones, las de 1994, quedar diez escaños por encima del socialista y entonces president Joan Lerma. En cuatro años veinticuatro escaños de vuelco cuando entonces Les Corts tenían ochenta y nueve. Y, de un plumazo, el PSOE perdía un importantísimo granero de votos. Nada mal.

El Ejecutivo de González tuvo que recolocar a toda prisa a los náufragos de aquella debacle: los Lerma, Carmen Alborch y demás fueron realojados a la espera de una reorganización para volver a dar la batalla e intentar recuperar el trono perdido en una pelea que imaginaban corta. Nada más lejos de la realidad. El PP pactó con UV gobernar, en una conjunción que se conoció como «el pacto del pollo» y que mataba muchos pájaros de un tiro: desalojaba al PSPV, ponía a Zaplana en el mapa y, de paso, iniciaba la demolición interna de UV en favor del PP.

Aquel acuerdo tuvo unos efectos similares a los que tienen las grandes coaliciones —la del PSD y la CDU en el primer gobierno de Merkel, o el de los Tories y liberales en Reino Unido actualmente—: el partido en desventaja fue literalmente fagocitado y eliminado por el partido dominante. Por aquel entonces UV era un partido clave en la gobernabilidad valenciana, con presencia en el Ayuntamiento y hasta en el Congreso de los diputados, pero aquello les puso en primera línea, consiguiendo por ejemplo la presidencia de Les Corts.

La fama y el poder acabó con la formación: su carismático presidente, Vicente González Lizondo (aquel que sacó una naranja en el Congreso cuando no estaba de moda llevar cosas a la tribuna), fue expulsado del partido por el sector más reaccionario y nacionalista. Su muerte un mes después abrió una disputa interna que hizo que muchos destacados dirigentes cruzaran el Rubicón y se alistaran en el PP. Son gente que luego alcanzaron altas responsabilidades de la mano del propio Zaplana, como Maria Ángeles Ramón-Llin —dos veces consejera.

Aquel caldo de cultivo hizo que en 2004, con el partido relegado a la irrelevancia, su presidente José María Chiquillo se presentara como marca «popular» en 2004. La historia terminó en 2011 cuando el entonces presidente Francisco Camps anunció la absorción efectiva de un partido que, durante estos veinte años, ha ido desapareciendo y cediendo su cuota ideológica y de votos al PP de forma progresiva y muy rentable.

Pero las conquistas del general Zaplana no terminaron ahí. Él, que venía de UCD, hizo lo que hacen algunos altos directivos cuando se pasan a la competencia: llevarse consigo a un puñado de su equipo. Así, el exsenador Joaquín Farnós, el exeurodiputado José Emilio Cervera, o personajes de la talla política de Manuel Tarancón, Juan Cotino o el hombre que sucedió a Zaplana, José Luis Olivas (sí, su nombre te suena de Bankia), abandonaron las filas del centrismo para ocupar responsabilidades en el PP. Si a eso se añade la contribución de otros cuyo cambio de equipo fue aún más notorio, como los exsocialistas Diego Such o Rafael Blasco, se obtiene una buena idea del acopio de fuerzas que consiguió forjar a su alrededor durante los siete años que fue presidente.

De hecho, el vuelco que hizo posible su primera victoria solo hizo que profundizarse: en sus segundas elecciones, las de 1999, sacó catorce escaños de diferencia, algo que solo logró superar mucho después Camps, en 2007, cuando Valencia era el epicentro de la locura inmobiliaria.

Toda esta estrategia política no solo tuvo consecuencias numéricas, sino también ideológicas: el PP valenciano tejió a su alrededor una red ideológica que aglutinaba a conservadores, liberales, centristas y regionalistas, lo que sirvió de potente maquinaria para fijar algunas ideas que aún hoy perduran. Por ejemplo, que el PP es el que defiende los intereses de la Comunidad frente a las «aspiraciones» (sic) catalanistas, o que sirve de guardián de la cultura y la tradición valenciana.

Como muestra, un botón: el 2003, con Zaplana en la cima de su carrera, Lo Rat Penat, una antiquísima y conservadora institución cultural valenciana que defiende que la Comunidad debería llamarse «reino», otorgó la distinción de regina dels Jocs Florals, por la que se hubiera matado durante la edad de oro, a la hija de Zaplana. Al preguntarle sobre el asunto él respondió «es evidente que es en agradecimiento a mi labor de gobierno durante estos años».

Francisco Camps.

Francisco Camps.

El inicio de la burbuja

Convertido en indiscutible dominador de la política valenciana, solo faltaba una guinda para el pastel. Pongámonos en contexto: España tenía las cuotas más altas de paro e insatisfacción laboral conocidas hasta la presente crisis allá por el final de los 80, con las huelgas generales, la reconversión industrial, la práctica destrucción del sector agrario español y otros sacrificios que se llevaron a cabo en el altar de la UE a cambio de los fondos de cohesión que nos tocaban como «hermanos pobres» de la incipiente unión continental. Esos mismos fondos de cohesión que luego sostuvieron nuestra economía y, en parte, hicieron que creyéramos que éramos ricos… hasta que llegaron a la UE otros más pobres que nosotros que se quedaron con los fondos.

En aquel momento los escándalos no eran muy diferentes a los actuales: ahora no hay un GAL, ni una ETA matando a decenas de personas al año, pero entonces ya había inmensos escándalos de corrupción y acosos mediáticos para terminar con un gobierno socialista que tras catorce años en el poder sobrevivía por pura inercia.

Aznar, el que estaba noqueando a González, hizo una especie de casting nacional de nuevos talentos, donde Zaplana aparecía por méritos propios. Tras una primera legislatura moderada, con el apoyo de CiU y con el PSOE desmoronándose, llegó un segundo mandato que fue la oportunidad soñada para el entonces president: primero ministro de Trabajo y, después, portavoz, previo paso todo ello por el Senado y el Congreso. Aquel era el nuevo PP que aún hoy se recuerda, el momento de gloria de muchos tiburones políticos como él.

Además del feeling entre ambos, Zaplana vendía un modelo económico de éxito: no es que cogiera un pueblo de pescadores y lo convirtiera en una urbe antes de cambiar el signo ideológico de la tercera región más importante del país, pero sí impulsó la reconversión de Benidorm y alentó que se pusieran las bases para la profunda reforma que vivió Valencia en concreto y la Comunidad Valenciana en general y alcanzó su cénit de la mano de Francisco Camps.

Campos de golf para buscar turismo de ricos, reforma de planes urbanísticos que permitieran la edificación de la costa y dieran millones a los ayuntamientos para invertir en infraestructuras y un desmedido impulso por la especulación inmobiliaria. Valencia cambió completamente y pasó a ser una ciudad de monumentos y proyectos de futuro que antes hubieran parecido imposibles. Zaplana no trajo la Copa América, ni el Hilton, ni la Fórmula 1, pero sin Zaplana nada de eso hubiera sido posible.

Entonces la ola estaba alta y no se adivinaba la resaca. Por hacer un símil es como si un trabajador de clase media hubiera comprado un palacio: claro, tu casa es preciosa, el problema es que no solo te quedas sin dinero sino que tu deuda es tan grande que nadie de tus sucesores podrá pagarla. Algo así sucedió con Valencia y con la Comunidad Valenciana, pero entonces nadie lo sabía. Era el momento de la fiesta y el milagro económico, a la que le sucedería la época del gasto público.

Rita Barberá y Francisco Camps.

Rita Barberá y Francisco Camps.

La transición popular valenciana

En esa estructura económica con un crecimiento exponencial, y con los dos pies en Madrid, Zaplana quiso mantener su peso específico en Valencia. Tras él Olivas dirigió un ejecutivo interino y temporal, que heredó en las urnas Camps. Aún resuena el restallar de sables de la batalla que, durante años, «zaplanistas» y «campsistas» libraron en la Comunidad. Como si de una guerra civil política se tratara, los fieles del expresident se concentraban en la provincia de Alicante y algunos puntos del entorno de Valencia, mientras que Camps controlaba los núcleos de poder que consiguió arrebatar a los pocos alcaldes socialistas que quedaban en el anteriormente conocido como «cinturón rojo» de la capital y, sobre todo, la protección que desde Castellón le daba Fabra (sí, el de la lotería).

Mientras en Valencia se construía y decidía, Alicante y Castellón emergían como potencias económicas. Los modelos eran diferentes, y los «líderes» también: en un lado el turismo y la industria —juguete, calzado, mueble…—; en el otro el turismo y otra industria —Porcelanosa, Pamesa, Mercadona…—. Las guerras políticas solo son visibles cuando se pierde, y el problema era menor porque el PP arrasaba. Pero es que incluso esa guerra favoreció al PP en lugar de dividirlo: a pesar de las evidentes tensiones y desencuentros por el hecho de que el discretísimo Camps no se dejaba gobernar por Zaplana y los suyos, el modelo económico funcionaba tan bien que había tarta para todos. Con el tiempo el propio Camps, educado, tranquilo y cabal, se convirtió en un ambicioso y ciego político que encadenó éxitos y llegó a sostener al ahora presidente del Gobierno. En cierto modo la pelea encubierta entre el modelo de Aznar y el de Rajoy fue un poco como la de Zaplana y Camps: el fin de una época y el inicio de otra.

Esa nueva escuela popular valenciana ya no era la de viejos centristas reconvertidos o regionalistas adoptados. El Barça ya no era el enemigo en Mestalla, sino el Real Madrid. El PP se llenó de jóvenes, ya nacidos para la política con un PP poderoso, de familias económicamente pudientes, con coches imponentes y mucha vinculación con el poderoso y tradicional empresario valenciano. La construcción cimentó amistades muy lucrativas.

Aquí, como en lo del crecimiento «a lo fallero» de la economía valenciana, entra otro componente inmaterial: el empresariado valenciano, incluyendo el comercio, ha sido siempre de corte tradicional, con una hinchadísima visión de sí mismo, que ha generado una enorme cantidad de dinero en entornos rurales donde no hace falta tanto para vivir. Son en muchos casos self-made-men que protegen lo suyo de lo que interpretan como amenazas externas con uñas y dientes. Y eso el PP, tanto el de Zaplana como el de Camps, lo supo ver muy bien.

En ese punto cobra especial importancia la televisión autonómica valenciana, que no se constituyó como un vehículo de defensa de la lengua y cultura propias, ni como un órgano de información sobre el entorno regional. Lo que se creó fue una empresa a imagen y semejanza de esa valencianía: gigantescamente desmesurada —con más gente en informativos de la que hay en Antena 3 y Telecinco juntas—, con más jefes que trabajadores —ocuparon parte del garaje de coches antenizados para construir despachos— y con una gestión económica montada en una burbuja. Como con el símil de la ola, aquello fue bien mientras la burbuja se hinchaba… hasta que estalló.

Canal 9 consiguió notoriedad, audiencia y dinero inventando formatos basura como Tómbola. Progresivamente castellanizó su contenido, dando cancha a artistas y famosos afines, a los que recolocaba a precios millonarios. Abrieron el debate de la privatización de televisiones autonómicas allá por 2003, cuando la externalización de contenidos era una constante. El funcionamiento era sencillo: cuando había que recortar se hacían despidos ejemplarizantes de gente afín, que montaba una productora privada que acababa llevándose dinero público por la realización de programas carísimos y generalmente sin audiencia.

Con semejante monstruo montado, el paso maestro fue hacer de aquello un aparato de propaganda masiva. No en la forma en la que casi todos los medios públicos españoles no han sido, sino de forma profunda y mucho más latente. La audiencia rural de la región, formada por personas mayores que en muchos casos sintonizaban Canal 9 para ver si hablaban de su pueblo en la tele, tenían ante ellos un No-Do de más de una hora de duración que dedicaba gran parte de la emisión a hablar de lo que hacía el Govern. Ese mismo aparato propagandístico hizo que, cuando los escándalos de corrupción arreciaron y Camps dimitió, muchos se preguntaran por qué: en Canal 9 el caso Gürtel jamás fue mencionado junto al de Camps, que llegó a sentarse frente al juez sin que Canal 9 lo contara.

El uso que se hizo entonces del órgano de comunicación de la Generalitat fue el de la defensa: los casos de corrupción se vendieron como causas del Gobierno central contra el valenciano, ellos que habían creado la crisis atacaban a los dirigentes que habían traído prosperidad y habían puesto a Valencia en el mapa, los del circuito Ricardo Tormo, la Fórmula 1, las obras de Calatrava, el Bioparc, la Copa América y tantas cosas más. De nuevo como con el supuesto catalanismo: todo era un ataque contra lo propio, y en esa dialéctica el empresariado valenciano respondió muy bien del lado del Consell.

No es casual, por ejemplo, que en Valencia a día de hoy no haya Ikea a pesar de que llevan años asegurando que se va a construir: el empresariado del mueble, arruinado por la irrupción de fabricantes extranjeros, el hundimiento inmobiliario y la falta de adaptación del sector, lleva años haciendo trabajo de lobby bloqueando su construcción. Y la Generalitat, consciente de la importancia de su apoyo, transigiendo. Y ese es solo un ejemplo, pero durante estos años ha habido miles.

Y mientras, las izquierdas descompuestas

El tablero de Risk ha tenido esa forma durante años: un PP hegemónico, con un modelo económico de crecimiento continuo, que supo absorber las cuotas de poder de rivales directos como UCD y UV, con un líder carismático con peso en Madrid, en un momento de bonanza, con industria y empresariado haciendo suyas las banderas del mantenimiento de lo propio frente a la amenaza exterior y con una gigantesca arma de propaganda. Todo eso por sí mismo, además de la inercia, podría explicar estos veinte años de hegemonía popular. Pero falta el detalle más importante: durante todos estos años, y aún ahora, no han tenido un rival.

Mónica Oltra

Mónica Oltra.

El Partido Socialista no ha sabido hacer la digestión de su derrota en todo este tiempo. Desde la caída de Lerma han desfilado por su primera línea Antoni Asunción, exministro de González, Joan Ignasi Pla, Jorge Alarte y ahora Ximo Puig. Cuatro caras y múltiples familias, empezando por las que ya en tiempos de Lerma estaban en pie —Ciprià Císcar, por ejemplo, sigue siendo diputado y Leire Pajín, ahora de retiro laboral, solo conserva un cargo político y es en la Ejecutiva regional.

Sirvan dos ejemplos recientes para ilustrar la profundidad de las peleas internas. El primero, el de Joan Ignasi Pla, el único candidato que ha repetido desde Lerma y cuya salida fue forzada desde Ferraz porque se negó a dimitir; lo hicieron filtrando a la Cadena SER información sobre unas obras irregulares en su casa. El segundo, el de Antoni Asunción, que acabó fuera del partido al perder las primarias abiertas en las últimas autonómicas al acusar de «pucherazo» a la formación.

Además de por su inestabilidad, el PSPV le ha puesto muy fácil al PP las cosas, por ejemplo validando su discurso anticatalanista: las siglas del socialismo valenciano responden a Partit Socialista del País Valencià. Esto, que ya de por sí llama la atención, fue un intenso punto de conflicto hace unos cinco años cuando Jordi Sevilla, al dejar la cartera ministerial, fue enviado por Zapatero a poner paz en la organización. Ya el primer punto de su plan, que pasaba por renombrar la organización al estilo catalán (PSV, Partit dels Socialistes Valencians) fue rechazado en plano. Sevilla acabó tirando la toalla y publicando sus impresiones en su blog, donde habló de «oxidadas palancas» imposibles de mover.

Guillermo López, profesor de la Universitat de València y autor de La Paella Rusa, un influyente blog satírico muy crítico con el Consell, coincide con la visión externalizadora de las culpas. «Hasta 2011, la respuesta es, a mi juicio, que podían echarle todas las culpas al rival, al PSOE y a Zapatero, en cuanto al impacto de la crisis. Su modelo, aunque ya se veía que no funcionaba, ni el ladrillo ni los eventos, aún lograba calar socialmente. No es hasta que llega Rajoy al poder cuando queda claro que ni es verdad que el PP pudiera solucionar la crisis, ni es verdad que el PP sea el partido que defiende a los valencianos».

En las primarias que se celebraron para elegir candidato a las elecciones autonómicas de 2011 se postularon hasta cinco candidaturas, que luego se quedaron en cuatro y luego en dos que consiguieron avales suficientes. Ese es el nivel de fragmentación interna.

Otro problema evidente, producto de esa guerra de taifas continua, es el ensimismamiento del partido: no solo tienen peleas internas, lo cual es grave, sino que parecen no ser conscientes y parecen creerse siempre preparados para gobernar. Sin embargo, la desconexión con la calle es absoluta, a juzgar por su progresiva pérdida de representatividad que se dilata incluso en los sondeos para 2015.

Retomando el asunto del catalanismo se presenta un problema más, dados los guiños que el PSPV sigue haciendo a esa corriente y que con detalles como el cambio de denominación parece seguir queriendo hacer: en la Comunidad Valenciana no hay una alternativa política de izquierdas que no sea, de forma más o menos cierta, catalanista. Y eso, que posiblemente un socialista valenciano negaría a pesar de las siglas (argumentando que el nombre es una denominación histórica que nada tiene que ver con el catalanismo) es algo que se ve, por ejemplo, en cada manifestación sindical o, incluso, de colectivos sociales de izquierda: las banderas independentistas catalanas ondean, pero las valencianas —con la franja azul y sin estrella— no. Es una especie de aversión similar a la que en el espacio público español se siente por la bandera.

Ante todos estos problemas internos, la alternativa se ha ido fraguando en otras vías. Un caldo de cultivo propicio ha sido el cultural. Es curioso, por ejemplo, el ejemplo de Gandía, donde mientras gobernó la izquierda se hacían correllengües y conciertos de grupos más o menos catalanistas, algo que ha cambiado a las corridas de toros y Julio Iglesias en cuanto el PP ha llegado al Ayuntamiento. Y eso que la ciudad hace muchos años que dejó de ser el centro turístico que fue cuando Zaplana despertaba en Benidorm.

En esa trinchera, la cultural, la corriente a la izquierda del PSPV ha ganado muchos enteros: muchos profesores de secundaria, gente de corte más joven vinculada a la docencia y la cultura, participan de forma más o menos activa en iniciativas vinculadas a Compromís. La vieja guardia socialista, que antaño poblaba el ámbito cultural, ha quedado desplazada a contextos mucho menos conectados a la gente joven y la calle.

Eso, unido al acierto estratégico de una personalidad emergente en el ámbito político valenciano, ha acabado por hacer que la balanza de la izquierda empiece a virar hacia Compromís. Mònica Oltra es mucho más famosa fuera de las fronteras de la Comunidad Valenciana que cualquier líder del socialismo regional. Y lo ha conseguido gracias a sus vídeos en YouTube plantando cara a las formas del PP en Les Corts, con sus camisetas hostigando a Camps y otros corruptos y capitalizando la respuesta política en momentos tan delicados como las manifestaciones que tuvieron lugar en el IES Luis Vives hace cuatro años. Ella, y otros dirigentes de su partido, estaban a pie de calle con los manifestantes, mientras los socialistas seguramente hubieran sido desalojados de allí entre abucheos.

Luego vinieron las apariciones de Oltra con Jordi Évole, su cara en las encuestas y demás. Pero antes que todo esto, cuando Rita Barberá y Francisco Camps decidieron empezar a demoler El Cabanyal, barrio protegido culturalmente y que el Tribunal Supremo acabó amparando, Mònica Oltra fue una de las heridas por las cargas policiales porque estaba allí, con los vecinos, intentando impedir que las excavadoras arrancaran. La calle siempre ha sido una forma efectiva para la izquierda de convertirse en alternativa.

Enric Nomdedéu, portavoz de Compromís en el Ayuntamiento y la Diputación de Castellón, considera que durante todos estos años dos razones explican la supervivencia del PP: «Se ha generado cierta tolerancia social frente a la corrupción y, a la vez, ha faltado una alternativa creíble… y eso es algo que va íntimamente ligado a lo primero», explica.

Y es que a la izquierda del PSPV las cosas tampoco han sido fáciles: hasta cuatro combinaciones diferentes de partidos han intentado presentarse a sucesivas elecciones, lo que ha provocado que hasta las de 2011 solo hubiera tres partidos con representación en la Cámara. Así, hasta 1998 Esquerra Unida (IU) y el Bloc —nacionalistas, catalanistas y de izquierdas— se presentaban separados. En 2003 EU firmó un acuerdo, La Entesa, con todos los grupos regionalistas de izquierdas salvo con el Bloc. En 2007 por primera vez concurrieron todos unidos como Compromís y en las últimas elecciones, las de 2011, la coalición se rompió y EU volvió a concurrir por su parte. Otra locura semejante a la del PSPV.

¿Qué pasó entre todas esas formaciones en este tiempo? De todo: peleas entre filocomunistas y regionalistas, entre unos ecologistas y otros, pasos de personas de una formación a otra y, finalmente, peleas programáticas.

Así las cosas, entre la eficacia militar del PP y los recursos gastados por los partidos de izquierda en pelearse consigo mismos, el panorama valenciano se enquistó. Y todo eso volvió a reforzar la idea madre con la que aquel PP de Zaplana empezó a jugar: mientras ellos se pelean o crean la crisis, solo nosotros defendemos los intereses valencianos.

Alberto Fabra.

Alberto Fabra.

El advenimiento del tripartito

Pero todo este pequeño imperio podría estar tocando a su fin. Según explica López, «como no hay un duro, ni siquiera está claro que puedan mantener las redes clientelares que han tendido en estos casi veinte años. La conjunción de todos esos factores señalados les deja, electoralmente, en muy mala posición».

Coincide también Nomdedéu: «Creo, y así parecen demostrarlo las prospecciones demoscópicas, que la situación empieza a cambiar. Y no solo por el hundimiento electoral del PP, sino por el crecimiento de algunas fuerzas políticas. Creo honestamente que el posible éxito tiene también una explicación interna, que es que empezamos a hacer las cosas mejor, y otra externa, que es que hay mayor permeabilidad a discursos diferentes por la dimensión dela crisis».

En su opinión para este cambio de perspectiva se debe «a que la corrupción se tolera mucho mejor cuando no hay crisis, además de que la intolerancia a la corrupción tiene un efecto acumulativo».

Desde hace más de un año, el PP, que de la mano de Alberto Fabra intenta denodadamente apartar a los imputados de primera línea, está cambiando su habitual comunicación azuzando la idea de que el tripartito conduciría a la ruina. Porque el tripartito, según los sondeos, es más que probable: la suma del PSPV, Compromís y EU desbancaría al PP tras más de dos décadas.

En dichas encuestas se confirman las tendencias que se han visto desde los últimos años: el PSPV, aunque sigue siendo el principal partido de la oposición, sigue derrumbándose, mientras a su izquierda multiplican los escaños. La fragmentación de Les Corts, que hasta hace nada era cosa de tres partidos, seguiría con hasta cinco formaciones… y eso a pesar del umbral del cinco por ciento de los votos necesarios para entrar en el Parlament. Mònica Oltra es, además, la líder mejor valorada con una amplia distancia y, de forma significativa, los del PP salen francamente mal parados… con lo que significa que Rita Barberà, la que sale en cada procesión o salta en el balcón en cada fiesta de Fallas, pierda su aura de intocable.

De aquí a 2015, las próximas elecciones, queda mucha tela por cortar y mucho por resolver en la Comunidad Valenciana, sobre todo ahora que las pistas de la investigación del caso Gürtel vuelven a apuntar a la posible financiación irregular de la formación. El discurso del miedo que empieza a agitar el PP también puede tener mucho que decir, a pesar de todo, dadas las férreas estructuras tejidas durante todos estos años, por maltrechas que estén, y sumando a eso la herencia del término «tripartito» en el imaginario español en general y valenciano en particular, por aquello de la asociación con Cataluña.

Pero, pese a las precauciones, sí parece que los vientos empiezan a cambiar en la tierra de Calatrava, el aeropuerto de Castellón y el accidente del Metro que nunca se investigó en condiciones. El problema, en cualquier caso, sobrevivirá a quienes lo agigantaron: no es que la Comunidad Valenciana no tenga dinero, es que tiene deudas mucho mayores que su capacidad de generar riqueza… así que el problema no se solventará con un cambio de timoneles, si es que llega a producirse. El problema está para quedarse, quién sabe si otros veinte años más.

15 Oct 16:45

Bomberos, rocian con espuma a antidistubios. [Belgica] Bomberos...



Bomberos, rocian con espuma a antidistubios.

[Belgica]

Bomberos belgas organizaron una protesta contra los recortes del presupuesto nacional para el Cuerpo de Bomberos. Trabajadores de todo el país se reunieron frente a la oficina del primer ministro y bloquearon con camiones el tráfico en la carretera de circunvalación. Quemaron neumáticos en las calles y rociaron con agua y espuma a los policías que vigilaban la protesta hasta el punto de que estos llegaron a estar con la espuma al cuello.

14 Oct 18:08

El barco que transporta barcos: la historia y los vídeos

by noreply@blogger.com (Antonio Martínez Ron)

Si eres más o menos activo en redes sociales es probable que te hayas topado con esta foto de un megabarco transportando una pila de barcos. La imagen es tan llamativa que parece un fake, pero no lo es. Yo la descubrí a través de un tuit de @usmanm y hace un rato se me adelantó @wicho publicándolo en Microsiervos. Pero, ¿qué historia hay detrás de esta fotografía?


Los lectores más fieles de Fogonazos conocen bien al protagonista de esta historia. Se trata del Blue Marlin, un carguero semi-sumergible capaz de transportar plataformas petrolíferas, plantas de extracción de gas y barcos de guerra de EEUU. La operación que veis en la imagen tuvo lugar el año pasado en el puerto de Rotterdam, cuando el Blue Marlin apareció en la línea de costa cargado con los cascos de 3 ferris y 18 barcos de transporte. Atentos al primer vídeo:


¿Y qué explicación tiene todo esto? Estos cascos se fabrican en los astilleros chinos, donde resulta más barata su construcción, se bajan por el río Yang-Tze y se llevan hasta Rotterdam para su montaje final y puesta a punto. En esta web (en holandés) podéis ver un vídeo en el que se ve fugazmente cómo los cargan en el Blue Marlin (el muelle se sumerge y se colocan los barcos antes de elevarlos). Pero si de verdad queréis tener perspectiva de esta monstruosidad, ojo a este vídeo grabado desde un barco a ras del agua y alrededor del Blue Marlin cargado. No tiene desperdicio:


¿Quién hace estos barcos y cómo funcionan? Pues para saber eso, podéis visitar una entrada de este blog del año 2007 (alguna ventaja debe tener llevar 10 años dando la murga), donde encontraréis muchas fotos y detalles sobre la compañía Dockwise, que es la propietaria de estos monstruos capaces de cargar cualquier cosa.

Enlace: Titanes del mar (Fogonazos -2007)

Entrada publicada en Fogonazos http://www.fogonazos.es/
14 Oct 17:57

"Los africanos son ladrones", dijo el entrenador

(JCR)
Una noticia de esas que no suelen ocupar grandes titulares en la prensa internacional me ha llamado poderosamente la atención: hace pocos días el gobierno de Mozambique tomó la decisión fulminante de expulsar del país al ciudadano portugués Diamantino Miranda, entrenador del club de fútbol Costa do Sol, de la capital Maputo. Por lo visto el técnico .se había desfogado de lo lindo después de que su equipo perdiera un partido debido, según él, a una decisión equivocada del árbitro. Hasta aquí nada de particular. El problema es que el exabrupto que más repitió el frustrado señor Miranda fue que “todos los mozambiqueños son un hatajo de ladrones”. El ministro del interior dijo que sus declaraciones constituían un insulto grave al país y le dio un plazo de pocos días para abandonar Mozambique.[...] Leer más!

14 Oct 06:44

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12 Oct 12:13

Andy Robinson: «La juventud en España no tiene una reacción instintiva contra el capitalismo y las grandes multinacionales»

by Ramón Lobo

Andy Robinson para Jot Down 0

Andy Robinson tiene cincuenta y dos años. Es inglés de Liverpool, una marca de calidad añadida: su legendario equipo de fútbol, el himno de sus hinchas, You’ll never walk alone («Nunca caminarás solo»), los Beatles… Trabaja desde hace años en La Vanguardia. Ha logrado un estatus envidiable: viajar por el mundo y contar qué sucede, algo que despierta la envidia, y algo más, entre sus compañeros de redacción. Se ha especializado en economía, que está de moda desde 2008, cuando estalló la crisis que se está llevando puestos de trabajo, empresas y derechos. Se declara de izquierdas y harto de Inglaterra. La entrevista se celebra en la azotea de la Casa Encendida de Madrid. Un sarcasmo muy británico pues se trata de un centro cultural auspiciado por Caja Madrid, es decir, Bankia. Vive cerca del lugar de la cita, un dato que apunta que Robinson es un tipo práctico. Adora el barrio de Lavapiés desde que se instaló en él en 2008, recién llegado de Nueva York. Acaba de publicar un libro titulado Un reportero en la Montaña Mágica (Ariel). Por si hubiera dudas de si se trata de un estudio sobre la gran novela de Thomas Mann, el subtítulo centra al lector en el tema y en la línea: Cómo la élite económica de Davos hundió el mundo.

Han pasado cinco años del hundimiento de Lehman Brothers. ¿Qué hemos aprendido, qué se ha corregido?

Creo que hemos aprendido muy poco. Hace poco hablé con Bob Shiller. Escribió un libro en 1996 llamado Exuberancia irracional. Fue antes del pinchazo de la burbuja de las punto com, la primera burbuja en EE. UU., mucho antes de la burbuja de la vivienda en la siguiente década. Dijo eso: no hemos aprendido ninguna lección en la peor crisis financiera desde la Gran Depresión de los años treinta. Es alucinante, pero tengo la misma sensación. Toda la legislación de reformas financieras del presidente Barack Obama y de los demócratas ha sido más o menos desmontada tras una campaña muy fuerte del lobby de Wall Street. Hasta el punto de que incluso Larry Summers se ha quejado. Y eso que él fue el arquitecto de la desregulación con Bill Clinton…

Y uno de los culpables de lo ocurrido.

Culpable, sí; y con doble moral. Ahora se queja de la presencia de lobistas en Washington. Hubo hasta cuatro lobistas de Wall Street por cada congresista. Tenían 10.000 millones de dólares para los miembros de la Cámara de Representantes y los senadores. Han quedado pocas cosas. Queda un organismo de protección de derechos del consumidor de productos financieros, diseñado por Elizabeth Warren, una mujer valiosa que ganó el escaño de Massachussets en las últimas elecciones al Senado, en noviembre de 2012. Cuando piensas en todas las cosas que supuestamente se tenían que hacer, que era rediseñar y reconstruir un sistema de regulación siguiendo el modelo de Roosevelt, parece muy poco.

Obama dijo: vamos a refundar el capitalismo. Al final lo único que se ha hecho es refinanciar el mismo capitalismo que nos condujo a la ruina.

Sí, con dinero público, dinero federal. Se realizó un rescate bancario pactado con el Congreso diez días después de la quiebra de Lehman. Fue cuando George Bush dijo aquello de «si no soltáis la pasta este cabrón se hunde» (this sucker is going down) en referencia al hundimiento del sistema financiero. Henry Paulson, secretario del Tesoro en aquel entonces y exconsejero delegado de Goldman Sachs, se puso literalmente de rodillas delante de Nancy Pelosi, líder demócrata en la Cámara de Representantes. Le dijo: «Por favor aprueba este rescate de 700.000 millones de dólares, si no, se va a acabar todo». Hubo un debate sobre si el rescate era necesario o no. Aunque me aleje un poco de las posiciones de izquierdas con las que en otros aspectos me sentía identificado, creo que fue necesario. Permitir que se hundiera el sistema financiero y quebrasen sus bancos, como ocurrió en los años treinta, hubiera sido catastrófico. El impacto en la economía real, en el empleo, hubiese sido desastroso. El error fue no aprovechar el momento de extrema debilidad de los bancos, ese poder fáctico, que de repente se quedó sin nada, pidiendo limosna al Estado federal. Obama debería haber aprovechado ese momento para desmantelar los grandes bancos.

Cuando pasó el huracán Sandy por Nueva York, en octubre de 2012, dejó la ciudad sin luz excepto la zona donde está Wall Street. Una de las bromas que se hacían era que a Goldman Sachs la luz le venía del infierno. ¿Es Goldman Sachs un símbolo de todo lo que está mal o es exagerado?

Matt Taibbi, uno de los periodistas de Rolling Stone por el que siento más admiración por su forma de escribir, calificó a Goldman Sachs como un gran calamar vampiro, con sus tentáculos extendidos por todo el mundo, chupando la sangre. Creo que no se pasó con ese símil. Goldman es tan poderoso que tras el estallido de la crisis, el Gobierno de EE. UU. le ofreció protección con garantías de depósitos, como si fuera un banco comercial normal que proporciona dinero a la economía productiva. En EE. UU. todos los bancos cuentan desde 1929 y el New Deal con la protección del Federal Deposit Insurance Corporation; todos menos los bancos de inversiones porque se consideran bancos metidos en un negocio especulativo. Después de la crisis, Bush primero y Barack Obama después ofrecieron esas garantías a Goldman Sachs y gracias a eso han ganado cada vez más dinero. Lo último que leí, aquí en España, es que el Instituto de la Vivienda de Madrid ha vendido miles de casas de protección oficial a un fondo de Goldman Sachs. Como decimos en inglés: you couldn’t make it up, no podrías inventártelo.

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Hay dos grandes películas y un documental que explican la crisis; el documental es Inside Job y las películas Margin Call y Too Big to Fall. La primera es la historia de uno de estos bancos de inversión que se da cuenta de que todo se desmorona y decide vender sus activos tóxicos. Los vende para salvarse de la quema. Siempre se ha dicho que es Goldman Sachs que consigue colocar esa basura financiera a Lehman Brothers y a otros. ¿Es esta orgía financiera de Wall Street responsable de la crisis que aún padecen millones de ciudadanos en todo el mundo?

Está clarísimo. La recesión del 2009 que hundió la economía mundial fue la consecuencia de la congelación de los mercados financieros. En España hay otro factor: esa especie de corsé reaccionario de la unión monetaria. El euro nos quitó soberanía macroeconómica además de soberanía política. No hemos podido, aunque hubiéramos querido, hacer políticas contracíclicas. Es interesante lo que decías de la producción cinematográfica y cultural que se ha generado en esta crisis. Porque realmente hay algún rayo de esperanza. Creo que el ciudadano tiene consciencia de lo que pasó, tanto en EE. UU. como aquí. Por fin sabemos lo que está pasando y entendemos la realidad. Han ayudado mucho documentales como Inside Job, que delata la complicidad de personas como Glenn Hubbard. Era uno de los asesores de la Administración Bush, defensor a ultranza de la libertad financiera y de la economía de mercado. No transcurrieron ni dos preguntas de su entrevista en el documental cuando se queja: «Oye, pero no me ibais a preguntar por esto; si seguís así, hacemos una pregunta más y me voy». Se vio cómo un segmento amplio del mundo académico está coartado por el sistema y la banca. Es lo que trato de plasmar en el libro porque Davos es un microcosmos de eso: economistas, periodistas, emprendedores sociales. Enseguida te das cuenta de que es un gran intercambio de favores. Tanto economistas como periodistas ajustan sus análisis y su lectura intelectual de lo que está pasando a un sistema que, en cierta medida, los ha comprado.

¿Ha desaparecido la izquierda? No existe una propuesta global ni un discurso de izquierdas. En una reseña de 1945, la nueva película de Ken Loach, un periódico citaba al cineasta británico: «Necesitamos desesperadamente un partido de izquierda». No hay discurso contrapuesto al discurso dominante, que es el discurso de Davos, el de los mil más ricos que se reúnen todos los años allá. ¿Carece la izquierda de un discurso alternativo?

No ha desaparecido la izquierda. Existe una conciencia en la calle que es más de izquierdas que nunca. Lo que pasó en 2008 ha sido blanco sobre negro: socialización de las pérdidas de la banca y privatización de los beneficios empresariales. Ha quedado tan claro que ahora somos más de izquierdas que nunca. El problema es la ausencia de partidos políticos que puedan canalizar una conciencia popular más madura que permitiría un nuevo programa de izquierdas. En EE. UU. es obvio desde hace tiempo: hay un bipartidismo comprado, una corrupción institucionalizada mediante el sistema de lobby que no permite que haya una política de izquierdas fuera del Partido Demócrata. Debe haber un tercer partido.

Me dijo una vez un norteamericano que la diferencia entre los republicanos y los demócratas es la diferencia entre la Coca-Cola y la Pepsi Cola.

Nunca mejor dicho. Estamos en un sistema político secuestrado por grandes corporaciones. Syriza, en Grecia, es un buen ejemplo de cómo un partido puede canalizar esta frustración y aprovechar el derrumbamiento del sistema bipartidista. Ojalá que Izquierda Unida y otros partidos puedan hacer lo mismo en España. Hay alguna señal de que puede estar pasando.

En España lo más próximo a Syriza es Xosé Manuel Beiras. En Galicia fusionó su sector del BNG con Izquierda Unida, que era irrelevante excepto en Ferrol y Vigo por los astilleros. Su Anova Irmandade Nacionalista obtuvo más votos que el Bloque y se está comiendo al PSOE en las encuestas. Como dice, hay un caldo de cultivo, mucha gente buscando partido. Somos como Pirandello: Seis personajes en busca de autor.

Ha sido muy decepcionante lo que pasó después del 2011 con el Movimiento 15M. Un ejemplo es lo ocurrido con la estación de metro de la Puerta del Sol, un lugar emblemático. Me parece muy fuerte que ahora se llame Vodafone Sol, cuando esa empresa telefónica es una de las más maquiavélicas en el aprovechamiento de las causas progresistas. Vodafone realizó en 2011 un anuncio en el que reivindicaba la paternidad de las protestas de la plaza Tahrir en El Cairo: «Nosotros vamos a traer la libertad», decía el eslogan. Tienen una arrogancia que les permite alcanzar un acuerdo con el Ayuntamiento de Madrid, pagar un millón de euros y poner su marca en un sitio histórico como la Puerta del Sol. Lo más deprimente es que no ha habido reacción. Ni del movimiento 15M ni de los madrileños.

¿Por qué cree que este país está tan silencioso, tan pasivo? La fuerza se nos va por la boca en bares, Facebook y Twitter. No existe una movilización social.

Sí, es extraño que el 15M desapareciera de las calles porque después de Tahrir, Madrid fue la inspiración del movimiento Occupy Wall Street. Existe un problema con este tipo de organizaciones a través de las redes sociales: aparecen y desaparecen. La juventud en España no tiene una reacción instintiva contra el capitalismo y las grandes multinacionales; parecen centrados en que los diputados cobran demasiado. Si tuviéramos que redactar un catálogo de problemas, ese estaría muy por debajo de las relaciones endogámicas entre poderes económicos bancarios, empresariales y políticos.

¿Cree que los medios de comunicación están haciendo su trabajo?

No. Estamos haciendo un trabajo lamentable. En parte, porque hemos perdido nuestra independencia como medios de comunicación, y eso es otra tragedia. Como consecuencia de una crisis provocada por actividades especulativas de bancos impunes surge una crisis económica que ha hundido la publicidad y ha hundido a muchos medios de comunicación. Al final terminamos perteneciendo a los bancos. Directa o indirectamente casi todos los grandes diarios españoles, y también unos cuantos fuera de España, pertenecen a los bancos. Habría que replantear el sistema de financiación de medios de comunicación. Entiendo que existe una alternativa que son los nuevos medios en Internet, pero tengo la sensación de que necesitamos diarios. Tengo suerte: La Vanguardia me permite viajar y hacer reportajes; tengo bastante independencia, bastante margen de libertad. Pero noto que ese margen es cada vez más estrecho. Por buenas que sean las intenciones de la gente que ha montado medios en Internet no tienen el presupuesto para hacer periodismo de verdad.

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En América Latina han surgido webs y revistas. Tienen claro que la base es el gran reportaje y el periodismo de investigación. Son sitios pequeños, en los que en el mejor de los casos trabajan veinte personas, pero tienen reporteros dedicados dos, tres y cuatro meses a investigar. Es algo que está en el ADN del periodismo latinoamericano, como lo está en el anglosajón. Pero no existe en el periodismo español. Los nuevos medios no incluyen este tipo de reportajes e investigaciones. España debería ser una mina con todos los casos de corrupción.

No sé si es una cuestión de cultura o de recursos. Si alguien te ofreciera esa posibilidad, lo harías encantado, pero cuesta mucho dinero. España tiene sus problemas particulares, pero este es un problema generalizado. Estamos en un momento en el cual diarios bien editados y bien financiados que apuestan por el periodismo de investigación están cayendo como moscas, en Estados Unidos más que en ningún sitio. Cuando piensas en las barbaridades que han cometido en The New York Times, con Judy Miller inventándose historias sobre armas de destrucción masiva en Irak, uno de los motivos que justificaron la guerra… Es un indicio de lo mal que están los medios, aunque admiremos tanto The New York Times.

Los medios han perdido protagonismo con la caída de la publicidad, han ido pasando a manos de bancos, como decía antes. Es como si la democracia estuviera en manos del poder financiero. Es la esencia de su libro: el gobierno real es el de Davos.

Hay algo del gobierno real en Davos. Pero existe una diferencia con el Davos anterior a la crisis, cuando se produjo una victoria ideológica del capitalismo globalizado y parecía que todo funcionaba muy bien: apenas había inflación, se habían alcanzado niveles de empleo respetables, incluso en España con su histórico déficit de creación de empleo. El crecimiento de la economía mundial era de los más altos desde los años sesenta, la edad de oro de las políticas keynesianas. En Davos se respiraba autosatisfacción. Habían convencido a la mayor parte de la población de que esto funcionaba, de que no había alternativa ni necesidad de buscarla.

Ya no estamos en esa situación. Se ha producido una ruptura entre las élites representadas en Davos y el ciudadano normal. Por eso es importante para ellos elaborar políticas de relaciones públicas. Davos es el escaparate del filantrocapitalismo y de la filantropía. Pretenden vender la idea de que, aunque sea inevitable esa concentración de la riqueza en un segmento de la población cada vez menor, más poderoso y más rico, están dispuestos a utilizar sus grandes dotes empresariales y sus grandes fortunas para rellenar, en cierta medida, el agujero dejado por la retirada del Estado.

Hay tipos como Arpad Busson, gestor de hedge funds, que administra una treintena de escuelas públicas en el Reino Unido, una de ellas en Liverpool, mi ciudad, a través de una empresa sin afán de lucro. Para ello utiliza la terminología del sector financiero más especulativo. Su empresa de gestión de la enseñanza infantil se llama Absolute Returns for Kids, un término de hedge funds: de rentabilidad absoluta para los peques. Algo grotesco. En Inglaterra todo el mundo da por hecho que el siguiente paso será la conversión de esas empresas en otras con afán de lucro, como las que están gestionando parte del sistema de enseñanza público en Suecia. Un sector supuestamente filantrópico está protagonizando la última fase de la privatización.

Que nadie se deje engañar con esa operación de relaciones públicas. Es parte de lo mismo. A Davos acude Bill Clinton con su fondo, el Clinton Global Initiative, también filantrópico con decenas de miles de millones de dólares. Según un reportaje que fue primera página en The New York Times, los Clinton están utilizando ese fondo para financiar la campaña de Hillary para llegar a la Casa Blanca.

En Davos se habla mucho de los paraísos fiscales, pero las grandes fortunas viven y se nutren de los paraísos fiscales y se habla poco de las grandes empresas que evaden de forma legal el pago de impuestos.

En Davos no se habla de manera crítica de los paraísos fiscales gracias a la campaña genial de imagen de la que hablábamos antes y de la ausencia de una organización de izquierdas. En el Reino Unido surgió una contestación en la red en favor de una justicia tributaria. Tax Justice Network ha organizado una campaña de protesta contra la evasión fiscal legal de empresas como Starbucks y grandes marcas como Apple y Google. Han tenido un éxito impresionante. Los consejeros delegados de esas empresas tuvieron que comparecer en el Parlamento británico y ahora se van a tomar medidas para evitar que las multinacionales se aprovechen de la ingeniería fiscal. Antes era casi imposible escribir sobre esto. Primero porque parecía imposible cambiarlo; segundo, porque era tan árido y complejo, difícil de escribir un artículo medianamente interesante sobre temas como evasión fiscal corporativa. De repente puedo escribir textos centrados en una marca como Apple. Bloomberg lo ha hecho, Reuters lo ha hecho, El País lo está haciendo. Es un cambio positivo.

En España se ha empezado a escribir sobre El Corte Inglés, que era un tema tabú.

Es importante que la crítica no se centre solo en la banca. La banca está endogámicamente relacionada con las grandes empresas de marcas multinacionales: Telefónica, Repsol, El Corte Inglés también, con alguna diferencia histórica. Tendemos a pensar que los malos son los banqueros y los consejeros delegados de empresas aparentemente productivas son mejores, pero cuando miras las tendencias de remuneración de los consejeros delegados de empresas como Telefónica, Zara y las multinacionales americanas y europeas, te das cuenta de que ese es un escándalo si cabe mayor que Goldman Sachs.

El Gobierno español vende que ya estamos saliendo de la crisis. Pero salgamos cuando salgamos, ¿cuál es el precio que vamos a pagar? ¿Cuánto vamos a retroceder?

Con el aniversario de la quiebra de Lehman Brothers hemos hablado de esta etapa de crecimiento en EE. UU., que ya lleva dos años y medio, y en qué se está basando. Es la historia más esperanzadora. Europa va a depender cada vez más de mercados exteriores como el estadounidense y el chino. En Europa estamos adoptando el modelo alemán: exportar y tener superávit comercial. Berlín quiere convertir la zona euro en un área con superávit comercial permanente. Quiere que todos seamos alemanes, como dice Ulrich Beckt en su libro Una Europa alemana. Si es así, tendremos que basar el crecimiento en mercados exteriores; es decir EE. UU. y las grandes economías emergentes. Parece que las economías emergentes están entrando en la nueva fase de la crisis. Ha habido una fuga de capitales de los llamados BRICS [Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica] que se asemeja a lo que le pasó a España en 2010. El crecimiento brasileño es muy pobre ahora mismo, apenas un 1%. Respecto a China, tengo admiración por el economista Michael Pettis, que acaba de escribir el libro The Great Rebalancing, (La gran reestructuración). Él es norteamericano, nacido en Málaga, pero vive en Pekín. Hace un análisis convincente de la necesidad china de superar una economía basada en inversión en viviendas e infraestructuras, como España antes de la crisis, sin que esté claro que haya tanta demanda de viviendas e infraestructuras. Este ajuste —y hay consenso en que es necesario—supondrá, según Pettis, una caída del crecimiento entre el 3 y el 4%. Eso es un crecimiento muy muy bajo para China.

Desde hace treinta años, EE. UU. ha sido el consumidor de último recurso de la economía mundial, el famoso consumidor americano. ¿Cómo se puede fundamentar una nueva fase de crecimiento en EE. UU. basada en el consumo si los salarios de la clase media y la clase trabajadora se han recortado tanto desde el inicio de la crisis? Según Emmanuel Saez, un economista de la Universidad de Berkeley que hace un seguimiento de asuntos de desigualdad, el 95% del aumento de la renta registrado en EE. UU. desde el 2008 ha ido a parar al 1% de la población. La recuperación, que en EE. UU. viene produciéndose desde hace doce años y medio, ha beneficiado a un segmento estrecho de personas de elevadísimo poder adquisitivo. Estamos en una fase de crecimiento basada en productos de lujo, pero cuesta creer que el gran éxito económico de EE. UU. y Europa desde la Segunda Guerra Mundial esté basado en el consumo de la clase media. Y cuesta creer que sea sostenible, si puede basarse otra vez en una expansión de deuda. Ese fue el motivo del colapso de 2008, así que no lo veo claro. Tampoco veo que pueda aplicarse aquí. ¿Cómo va a haber crecimiento en España si hemos sufrido recortes del salario real de hasta el 10%? ¿Si no tenemos para comprar y no va a haber inversión pública para sustituir el vacío de consumo?

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La economía española se ha basado en los últimos cincuenta años en el turismo, primero, y en la especulación inmobiliaria, después. El mayor fracaso de la democracia ha sido no haber creado un verdadero tejido productivo.

España es, según el Gobierno de Rajoy y según Bruselas, un alumno ejemplar de la escuela de la devaluación interna. Ante la ausencia de una divisa que pueda devaluarse se ha adoptado una disciplina que permitirá a España devaluar salarios y costes. Vamos a salir de la crisis, y utilizan el término en inglés lean and mean [«perfeccionado y simplificado»], preparados para hacer lo necesario agresivamente para competir en la economía global. El problema de España en los años de la crisis fue un déficit por cuenta corriente que tenía que financiarse externamente. Se terminó la financiación externa y el modelo colapsó. Ahora tenemos superávit y Mariano Rajoy dice: «Hemos hecho lo necesario aunque ha sido duro». Pero en realidad tenemos superávit comercial por cuenta corriente debido al colapso catastrófico de la demanda interna, es decir, del consumo y la inversión. Sería engañarnos pensar que España puede volver a crecer sin tener los mismos problemas de antes.

Si queremos cambiar el tejido productivo sería lógico invertir en ciencia, tecnología y educación en vez de recortar. ¿Se está haciendo?

No, no se está haciendo. Quizá porque el diseño de la zona euro y la respuesta a la crisis por parte de las autoridades europeas no permiten el ajuste hacia una economía productiva porque haría falta una inversión pública. François Hollande acaba de anunciar una serie de políticas industriales en una amplia gama de industrias que los franceses consideran estratégicas. En España se debería hacer lo mismo, pero cómo se va a hacer si estamos sometidos a un corsé fiscal que Rajoy presenta como muestra de nuestra disciplina, pero en realidad es un suicidio para la economía productiva. Hay una incapacidad en Alemania para entender lo más elemental de la economía keynesiana. Empobreces al vecino utilizando políticas que supuestamente te van a beneficiar a medio plazo, pero si todos hacemos lo mismo no va a haber demanda.

En España hay problemas por el lado de la oferta. Es una economía que ha apostado por sectores no comerciables, que no permiten exportar y generan problemas en una cuenta corriente que tiene que financiarse y acabas dependiendo de capitales externos. Son necesarias reformas estructurales, no reducir los salarios, porque eso conduce a un problema de demanda aún más grave. Digamos que hay que tratar de hacer ese ajuste hacia sectores productivos de exportación. Pero creo que lo primero que hay que hacer en Europa es restablecer la demanda, así empezaremos a crecer. Eso se hace con políticas fiscales expansivas. En Alemania, seguro; también en España. Estuve hablando con un economista escocés que está en la Universidad de Brown, en Rhode Island. Acaba de escribir un libro sobre la austeridad. Hizo un catálogo de países que han adoptado este tipo de políticas. Nunca funcionan. En los años veinte fue un desastre: todos haciendo lo mismo que estamos haciendo en Europa, con la misma idea de disciplina. Ahora dicen que es el euro el que crea esta disciplina. En aquellos tiempos fue el patrón oro. El resultado fue la Gran Depresión. Hay países que han llevado políticas de austeridad, Suecia y Canadá, pero solos y en un momento en el que los mercados crecían. Hacerlo todos a la vez es una auténtica locura.

¿Podemos pasar aún de una doble recesión a una triple recesión o a una depresión?

Diría que va a ser un período larguísimo de muy muy bajo crecimiento. Mario Draghi asegura que esos brotes son de un verde muy pálido. Soy británico y tengo, a pesar de mí mismo, instintos euroescépticos. Creo que esta crisis no se ha resuelto en Europa. Que Draghi dijera «haremos lo que haga falta» no significa que los problemas subyacentes de una unidad monetaria con grandes fallos de diseño hayan convencido a los mercados. Todo depende de las impresiones de unos mercados ciclotímicos y desquiciados. Solo hace falta que un par de bancos de inversión tengan dudas sobre la disponibilidad del BCE en la compra de deuda española y se generará otra epidemia de miedo. La frase de Draghi era un reconocimiento de que había temor en los mercados. Como buen psicoanalista les quitó ese miedo. Pero había motivos para tenerlo. El principal es la relación entre la deuda soberana española y el sistema bancario. Un bucle pernicioso, según el FMI. Mientras tengamos un crecimiento bajo con una morosidad en niveles insostenibles, los bancos van a tener cada vez más problemas de capitalización y esto, en algún momento, volverá a contagiar a la deuda soberana.

Después de lo ocurrido con las preferentes hay una enorme desconfianza hacia los bancos y hacia cualquier producto bancario. Tampoco hay crédito, el dinero no fluye. La gente que tiene poco lo guarda bajo el colchón, como en Argentina, y los que tienen mucho lo trasladan a paraísos fiscales.

Estamos todavía en una edad del miedo, financiero y económico. Esto crea lo que Keynes llamaba la paradoja del ahorro: si todos ahorramos no hay nada que vaya a estimular la demanda. Tampoco la imposibilidad de conseguir crédito, tanto de particulares como de pymes. Si queremos ir por el camino de la zona euro, lo primero que se tendría que hacer es una unión bancaria y el rescate de la banca española. Una recapitalización de la banca española desde Europa, no desde Madrid. Pero los alemanes no quieren hacerlo. Se creó un Frankenstein con la complicidad de Felipe González, Jordi Pujol, José María Aznar… Meternos en ese proyecto ha sido una auténtica catástrofe para España.

¿Se refiere al euro?

Sí. Cuando trabajaba en Cinco Días en los años noventa, en el Grupo Prisa, la zona euro era incuestionable, pertenecía a los principios de la democracia. El diario El País tenía como lema ser un periódico europeísta. Ser europeísta era como un valor de libertad de expresión. Pero la realidad era que cuando querías cuestionar el diseño de la zona monetaria, que era muy cuestionable, no te lo publicaban. Te tachaban de anglosajón euroescéptico que trata de sabotear el noble proyecto europeo. Todavía se dice eso en la prensa española. Todavía en 2008, antes de la crisis, leías «la pérfida Albión y los euroescépticos del Financial Times quieren hundir el euro». Ese era el discurso de Zapatero y de El País. Demencial.

Además de la crisis económica, tenemos un problema territorial no resuelto desde la Edad Media: qué somos. ¿Un estado federal, plurinacional o autonómico? Parece que Cataluña está dando pasos hacia su independencia. Usted es inglés, vive en Madrid pero mantiene una relación estrecha con Barcelona porque trabaja en La Vanguardia, un periódico catalán. ¿Cómo lo ve?

Es complejo y no pretendo entenderlo. Entrevisté a Oriol Junqueras, el líder de Esquerra Republicana, para un artículo que preparo para la revista The Nation. Hay interés fuera por la situación de Cataluña. Lo interpretaría como una manifestación más de un pueblo que se siente privado de su soberanía en un momento de grave crisis de las instituciones públicas. La sanidad pública en Cataluña está en una situación espeluznante. Conozco personas que han pasado la noche en una camilla esperando a que una enfermera les limpie. A una amiga que tenía un bulto en el pecho y le dijeron que tenía que esperar tres meses para la prueba. Son cosas graves en una sanidad que ha sido un orgullo para el pueblo catalán. En cierta medida, las manifestaciones en la plaza Sintagma de Atenas son una forma de responder a esto, a una sensación de impotencia: que nuestros gobiernos no nos representan. Y aunque quisieran representarnos no pueden porque su soberanía se ha desplazado a Frankfurt, Bruselas y Berlín. Siento simpatía por las personas que salen a la calle para reivindicar el derecho a decidir, una reivindicación que quiere recuperar espacios democráticos. Son familias las que salen a reivindicar el derecho de Cataluña a decidir y a la independencia.

David Cameron parece más astuto en el manejo del caso de Escocia. Londres acepta el referéndum pero hace campaña activa en favor del «no».

En Escocia la campaña del «sí» no logra rebasar el 30%. Alex Salmond, primer ministro escocés e impulsor del «sí», trata de movilizar a los escritores. Estuve en Glasgow en julio con el editor de un nuevo libro con artículos de novelistas sobre la independencia; tiene a escritores como James Kelman y Alasdair Gray, cuyo último libro Lanark acaba de salir en español y es una maravilla. Salmond quiere que le ayuden para crear una visión de lo que sería una Escocia independiente. También hay un movimiento que se llama The Common Weal, gestado en la Fundación Jimmy Reid, un líder sindical de los estibadores escoceses del Partido Comunista, muy conocido en Escocia y héroe popular. El escocés medio está bastante más a la izquierda que el inglés medio. Ese Common Weal trata de identificar una Escocia independiente con los valores socialdemócratas, acercarse al modelo escandinavo. Dicen que no son nacionalistas, que son republicanos socialistas. Quieren la independencia porque creen que es imposible alcanzar objetivos de izquierda mientras Escocia pertenezca al Reino Unido. Es un argumento que tiene cierta lógica. Si miras la composición electoral del Reino Unido en estos momentos, quien decide quién tiene la mayoría en la Cámara de los Comunes es principalmente el sur de Inglaterra, donde ganan los tories. En Escocia no tienen ni un diputado. Los escoceses lo llaman el Doomsday Scenario: están privados de sus derechos democráticos porque cualquiera que sea su decisión en las urnas, acaban con un Gobierno que no les representa.

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En el caso de España-Cataluña no hay debate. Aquí es una pugna entre sentimientos y prejuicios. Hablaba antes del discurso único sobre el euro, algo que ha sucedido con la candidatura olímpica de Madrid… Nadie discrepa, nadie ofrece opiniones diferentes, matices.

Es verdad. En Escocia, Cameron ha adoptado una política distinta. Artur Mas y Junqueras lo utilizan como ejemplo de que la democracia británica funciona mejor que la española. Personalmente creo que Cameron tiene su agenda. Si Escocia se desvinculara del Reino Unido, y esto es algo que dice Neil Ascherson en el London Review of Books, los tories tendrían la mayoría garantizada en Inglaterra hasta el infinito. No digo que sea su objetivo, pero es la verdad. La idea de que el Reino Unido es una democracia antigua en la que se respeta el derecho a decidir de los escoceses es ingenua. El Reino Unido es un país que ha sido el centro de uno de los imperios genocidas y tiene un sistema democrático anacrónico. Hay que tener cuidado al admirar tanto al Reino Unido.

Creo que si hicieran en Madrid un referéndum para comprobar si queremos ser catalanes, un 20 o 25% estaría dispuesto con tal de respirar un poco.

[Risas] Sí. Antes de la crisis tampoco teníamos muchos derechos democráticos. Era una democracia falsa. No podías, por ejemplo, encontrar un partido que propusiera volver al control de capitales para que no pudiera haber este dominio financiero. No existía como opción, se consideraba infantil y utópico plantear esas cosas. Pero ahora no tenemos nada. Ni siquiera nuestro Gobierno tiene poder para decidir el fin de una política de austeridad que es suicida porque la economía en España está en depresión. Diría que hasta Luis de Guindos sabe que no tienen razón de ser. Hay una ausencia de poder.

Una pregunta obligada para un británico, ¿cómo ve el asunto de Gibraltar?

Hay una lectura de que se trata del viejo truco de un Gobierno con problemas: jugar la carta patriotera. Si te digo la verdad, no creo que sea así. Creo que Gibraltar es una barbaridad y debería ser español, así de simple. Gibraltar es un paraíso fiscal muy turbio. No hay transparencia de lo que se hace con los flujos de capitales ilícitos, dinero ruso, etc. A través de la Tax Justice Network, la red de justicia tributaria británica, conozco gente como Nicholas Shaxson, que escribió un libro fantástico: Treasure Islands, (Islas del tesoro), una especie de análisis muy legible y divertido sobre los paraísos fiscales. Cuando surgió el asunto de Gibraltar pensé que igual podía escribir algo sobre eso desde el punto de vista de los paraísos fiscales. Le llamé y me dijo «no tengo ni idea». Nadie ha podido entrar a ver lo que pasa en Gibraltar por culpa del Gobierno británico y del Gobierno de Gibraltar, unos impresentables, en mi opinión. No es justificable la existencia de Gibraltar y ya va siendo hora de que empiecen a ver todo lo de los casinos online, etc. No sé si hay complicidad española en eso. Me extraña en cierta medida puesto que hay una ofensiva contra paraísos fiscales. Si el Gobierno español quisiera hacer una política inteligente, sería esa. En el G20 acaban de anunciar una medida para evitar que haya centros offshore que permitan salidas de dinero hacia Luxemburgo o las islas del canal de la Mancha.

En España, sobre todo en momentos de crisis de la democracia española y con un Gobierno tan poco democrático como el de Rajoy, hay tendencia a buscar ejemplos fuera. Inglaterra no es un buen modelo. El Reino Unido es una democracia fallida. Hay que ser muy crítico con su apoyo a lo que está pasando en Gibraltar, sin defender al Gobierno español. Vine a España huyendo. Me resulta difícil estar en Inglaterra, un país que se ha convertido en una gran parodia de sí mismo.

Hay una frase genial de Bernard Shaw. Le entrevistaban en la BBC y dijo: «Ustedes los ingleses presumen de lo que no tienen. Presumen del té, que viene de India o de Sri Lanka. Del whisky que es escocés y de Bernard Shaw, que es irlandés». Por lo menos a Inglaterra le queda siempre el sarcasmo, que es una válvula de escape.

Supuestamente es un valor nacional, pero creo que ahora es una especie de afectación nacional. Hemos tenido tanto Monty Python, que en su día fue subversivo, que ya es un componente de la identidad nacional. Soy de Liverpool y siento un poco lo mismo que Escocia: Londres es una ciudad tan sobredimensionada, tan poderosa, en la que se concentra tanta riqueza y tanto poder político que el resto de Inglaterra no pinta nada.

¿Cree que el célebre discurso de Ana Botella del relaxing cup of café con leche en la plaza Mayor escenifica las miserias y limitaciones de España?

No, no estoy de acuerdo con esa idea de los españoles. Estoy de acuerdo con la idea de que Ana Botella es una política poco preparada y que no debería ser la alcaldesa de Madrid. Es alcaldesa porque es la mujer del expresidente del Gobierno español que más daño ha hecho a España, responsable de la muerte de decenas de españoles y muchos iraquíes, que pertenece a un partido que no tiene la más mínima idea de cómo gestionar la ciudad. Madrid debería ser una ciudad con un gobierno moderno, al margen de ideologías.

Este es un país con una enorme energía que durante mucho tiempo se ha expresado de forma luminosa. Ahora vivimos tiempos de oscuridad pero esa energía sigue ahí, a la espera de algo que libere esa imaginación. ¿Qué es lo que se puede hacer para que esa energía creativa colectiva se ponga en marcha?

Lo primero que hay que hacer es cambiar la zona euro para que haya dinero para invertir en economía productiva y en cultura. España ha tenido Madrid, que ha sido una ciudad con una cultura efervescente, un crisol. Recuerdo un club al que iba. Se llamaba Suristán. Era un emblema de lo que podría ser Madrid si tuviera un buen gobierno: música latina, africana, flamenco. Todo se juntó de una manera espontánea y con mucha libertad. El barrio de Lavapiés, donde vivo, debería ser un modelo para España. Hay una convivencia que no he visto en ningún otro país. La gente dice que existen guetos y no es verdad. Es una coctelera. Ha dejado de existir la idea de de dónde eres; somos todos de Lavapiés y de Madrid.

Es algo muy neoyorquino, que nadie te pregunte de dónde vienes.

Con la diferencia de que en Nueva York las comunidades están más separadas. En Chinatown nadie habla inglés. En Lavapiés todo el mundo habla español. El castellano es nuestra lengua aunque no seamos españoles. No es que quiera ser español, lo que quiero es seguir viviendo en un barrio con vida en la calle, mucha oferta cultural y sin prejuicios de clase. Una cuarta parte de la gente que está en la plaza de Lavapiés, tan castigada por la crisis, son indigentes. No tienen casa o tienen una infravivienda. Se pasan el día bebiendo, están alcoholizados. Es terrible. Son el ejemplo de los estragos de esta crisis. Muchos son inmigrantes. Pero no están aislados como sucede en EE. UU. y en el Reino Unido. En San Francisco tienes la «plaza de los indigentes», los down and outs. Están todo el día bebiendo y vigilados por la policía, que los mantiene allí; casi nunca tienen interacción con el resto de la ciudad. Ese no es el caso de Lavapiés. El indigente está probablemente trabajando en algo, cobra un poquito y hay familia a su alrededor. Existe más cohesión que en otras ciudades europeas y norteamericanas. Ese debería ser el modelo para Ana Botella. Pero seguro que ella no ha pisado en su vida Lavapiés. También es verdad que hay mucha gente que lo está pasando muy mal. Es un barrio muy creativo. Hay que partir de jóvenes que se sienten dispuestos y abiertos a asimilar las culturas que vienen de fuera. Si empezaran a apoyar con dinero público la multitud de nuevos proyectos culturales en Lavapiés habría regeneración cultural en Madrid. Es solo un ejemplo, lo sé, pero es uno muy bueno.

Andy Robinson para Jot Down 5

Fotografía: Guadalupe de la Vallina

11 Oct 21:19

Ongoroanenvua [prototyping]

by zoohaus
Sergioski02

Me encanta como hacen los planos a lo mueble de ikea

ongoro1

Autor: Zoohaus + Taller de Mateo el herrero + Carpintero Rico + Taller Melongo de Gerardo + Participantes en el taller IC RED Bata.
Localización: Centro Cultural de España en Bata (Guinea Ecuatorial).
Dimensiones:5,5×6,5×2,5m.
Material: Apoyos telescópicos, cerchas de madera de aloma de 10cm, tablones de madera de aloma de 30cm, varilla de hierro dulce, melongo, cojines y fundas de tela, tornilleria, soldadura, cableado y enchufes.
Inteligencia: reinterpretación de inteligencias encontradas en Catalog, reutilización de elementos para otros usos, evolución de técnicas locales con nuevos materiales.
Explicación: Este taller abierto parte de la premisa de construir entre todos un espacio dentro del CCEBata que pueda utilizarse como espacio para la autogestión cultural, un lugar que ofrezca un valor añadido a las dotaciones del centro.
Durante las dos semanas de taller, en paralelo a la labor de búsqueda y registro de inteligencias, así como de búsqueda y encuentro de artesanos y oficios que pudieran colaborar en la construcción, se lleva a cabo un proceso de reflexión en torno a qué lugares dentro del centro podrían albergar este espacio con plusvalía, así como qué tipo de funciones o situaciones debian albergar este equipamiento.
En un proceso de trabajo colaborativo entre los participantes del taller, el personal del CCEBata y Zoohaus, se van enumerando propuestas y necesidades del centro, tales como: espacio de gradas, espacio de lectura tranquilo, mejorar el espacio expositivo, espacios autónomos de trabajo, mejorar señalética, iluminación, espacio tranquilo, mobiliario que sirva como infraestructura en actividades, escenario para pequeñas actividades, etc… Finalmente se decide trabajar en la última planta del centro, un espacio de cubierta ventilada actualmente poco utilizado. Un espacio provilegiado por estar al aire libre, cubierto y con vistas al mar. El prototipo, el ongoroanenvua es un lagarto que está tranquilo. Un espacio con graderío, escenario, zona de asientos mirando al mar, mesa de trabajo y librería.
La estructura se construye a través de cerchas de madera de aloma, que duplican las piezas verticales para mejorar su resistencia, atornilladas junto con las horizontales a través de varilla roscada pasante. Estas cerchas se colocan sobre unas piezas metálicas, unos apoyos de altura regulable a través de un sistema tuerca-varilla roscada. La estructura se cubre con tablones de madera de aloma de 30cm de ancho, atornillados a las cerchas, conformando las gradas, escenarios, zonas de descanso y mesa de trabajo. Una barandilla de melongo rodea el espacio de gradas, equipado con cojines de tela africana, a medida, cosidos por los sastres del mercado. A la entrada se coloca una estantería metálica para intercambiar libros.
El ongoro está equipado también con varios enchufes de exterior y un punto de luz: una cesta trenzada, habitualmente utilizada para transportar verduras en los mercados, convertida en este caso en una lámpara.

Descargas:

Instrucciones de montaje (*.Pdf) (3.007 Kb)

Planos 3D (*.cad) (3.556 Kb)

Información procesada e instrucciones e montaje:
instrucciones cuánto cable quiere CS3

instrucciones cuánto cable quiere CS3

instrucciones cuánto cable quiere CS3

instrucciones cuánto cable quiere CS3

instrucciones cuánto cable quiere CS3

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instrucciones cuánto cable quiere CS3

Documentación gráfica:
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ongoro montaje web

Mapa:

11 Oct 17:14

West African Inventor Makes a $100 3D Printer From E-Waste

by Timon Singh

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Kodjo Afate Gnikou, a resourceful inventor from Togo in West Africa, has made a $100 3D printer which he constructed from parts he scrounged from broken scanners, computers, printers and other e-waste. The fully functional DIY printer cost a fraction of those currently on the market, and saves environmentally damaging waste from reaching landfill sites.

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11 Oct 14:44

ixchelfitveg: elizabeth-antoinette: tastefullyoffensive: Anima...





















ixchelfitveg:

elizabeth-antoinette:

tastefullyoffensive:

Animals Being Jerks (Part 3)

Previously: Part 1, Part 2

This made my whole day tbh

I can’t breath OH MY GOD

11 Oct 14:31

Look! A hippos head

10 Oct 22:42

Time to die, mother fwaaargleblaargle

10 Oct 19:30

¡¡¡ Esto es Spartaaaaa !!! Extra: This is Spartaaa...



¡¡¡ Esto es Spartaaaaa !!!

Extra: This is Spartaaa (version Techno Viking)

10 Oct 15:19

Special Offer



Special Offer

09 Oct 18:42

montt en dosis diarias - -50

by noreply@blogger.com (montt)

09 Oct 16:26

Photo



09 Oct 16:26

Adultos tontos, niños tontos

by Carlos Fenollosa

¡Por fin! Después de mucho tiempo esperando que se realizara un informe PISA para adultos, hemos podido confirmar que los españoles no tenemos un problema educativo; tenemos un problema social.  Desde que tengo uso de memoria se ha venido diciendo que en este país la educación va a peor. Afortunadamente, un informe donde nuestros adultos quedan a la cola de la OCDE permite desmentir el tópico de que la educación anterior era mejor que la actual. Au contraire, los adultos jóvenes puntúan mejor que los adultos más sénior.

Si esto no sirve para abrirnos lo ojos, no sé qué lo hará. Hacer lecturas extrapoladas a leyes educativas es absurdo, ya que si los conocimientos no se usan se van oxidando, así que si un adulto de 50 años sabe resolver un ejercicio matemático no es porque le enseñaran en la escuela, sino porque lo ha ido ejercitando–¿cuántos de vosotros sabéis hacer raíces cuadradas de cabeza? La educación de garrote no es la solución, la EGB no es la solución, la ESO no es la solución, más horas en el aula no son la solución, elevar la secundaria hasta los 16 no es la solución. La solución es que, de una vez por todas, los españoles nos remanguemos y nos pongamos manos a la obra para romper este círculo vicioso, haciendo un esfuerzo colectivo por premiar socialmente la lectura, el uso de las matemáticas, las ciencias, las humanidades y el arte. PISA revela que los hijos tan sólo son un reflejo de sus padres, aunque éstos se crean muy listos.

“Los jóvenes de hoy aman el lujo, son maleducados, desprecian a la autoridad; no respetan a sus mayores y prefieren charlar antes que hacer ejercicio. Los niños son unos tiranos, no los siervos de sus hogares. Ya no se ponen en pie cuando sus mayores entran en la sala. Contradicen a sus padres, charlan delante de sus invitados, engullen golosinas en la mesa, cruzan sus piernas, y tiranizan a sus maestros”. Una frase muy actual ¿verdad? Lo decía Sócrates, 400 años antes de que naciera Cristo. Vaya, parece que no cualquier tiempo pasado fue mejor, sólo cambia la percepción del mismo.

 

Acerca de Carlos F.

09 Oct 16:24

Even the girl in the wheelchair made it up somehow...

09 Oct 16:16

¿Un cafelito?



¿Un cafelito?

09 Oct 07:34

La vida secreta de los superhéroes

by Redacción

El ilustrador y diseñador francés Greg Guillemin ha presentado una serie centrada en los superhéroes de cómics, pero no en su faceta heroica, como estamos acostumbrados a verles, sino en una más cotidiana. Trabajo personal definido como Secret Life Hero donde podemos ver a personajes de Marvel de la talla de Batman, Spiderman, Superman o incluso la mujer maravilla llevados a una técnica pop inspirada en el arte de Lichtenstein.

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08 Oct 23:27

7 trucos para ahorrar batería y alargar su duración en el móvil y smartphone

by juanma

"Hasta los smartphones de gama alta más avanzados siguen teniendo el problema de que la batería dura poco, muy poco. Contra eso poco podemos hacer y debemos contar con que al final del día o por la noche habrá que cargarlos de nuevo (si no antes)"

Y si quieres cuidar la batería de tu smartphone o tablet para que dure más : Un accesorio indispensable (y barato) del smartphone y tableta para cuidar la batería.

08 Oct 16:14

“ Señor que, ante el desmadre que hay en su barrio, coge...



Señor que, ante el desmadre que hay en su barrio, coge sus cosas y se marcha “ (La mudancci dil puritinani indignatti) Raffaello Sanzio de Urbino

08 Oct 16:13

Cicatrices

by Mierdecitas
El neonazi se tapa el tatuaje de la esvástica con unas tiritas para ir a una entrevista de trabajo, pero la cruz sigue ahí, tan gamada como siempre.
07 Oct 19:59

9gag: Photoshop Level: God

07 Oct 05:23

Las ONG de cooperación en países pobres empiezan a trabajar en España (06/10/13, El Diario)

by Jesús Muñoz

La situación de necesidad que viven millones de personas ha activado la alarma de las ONG españolas e internacionales que tradicionalmente han operado en países en vías de desarrollo

05 Oct 17:02

Photo



05 Oct 17:02

Infografías alargadas

05 Oct 16:55

VIKINGOS - Desde pequeños lo tienen claro


05 Oct 01:16

Crucero barato desde Barcelona 160€

by Guia low cost
Un crucero barato desde Barcelona de cuatro días. Una oferta última hora de Groupalia para salir el 9 de octubre. Esta página nos proporciona un bono para canjear por el crucero. Hace un par de días ya os mostramos un crucero Low Cost en Logitravel, ahora debemos buscar en Groupalia. Puede ser una buena idea para probar este tipo de viaje si nunca has viajado […]
04 Oct 16:46

Ninis 1985 Ni te lavas, ni te peinas. Al final se lavaron en la...



Ninis 1985

Ni te lavas, ni te peinas. Al final se lavaron en la ría de Bilbao.XD

04 Oct 16:29

Monopolios y monopsonios

by Carlos Fenollosa

Hoy en día todos sabemos lo que es un monopolio, ni que sea gracias al famoso juego de mesa. Pero en el siglo XXI la mayoría de legislaciones avanzadas los prohíben (oligopolios y coleguismo aparte), así que las grandes empresas están optando por otra estrategia desleal para sortear la ley y romper el mercado: el monopsonio. Esta práctica consiste en romper el mercado mediante la existencia de un solo comprador, lo que puede parecer sorprendente, pero si cambiamos la palabra “comprador” por “intermediario” seguro que os vienen nombres a la cabeza, ¿verdad? En España el más famoso es Mercadona, y a nivel mundial, Amazon. Son empresas que han conseguido reducir tantísimo sus márgenes y precios que tienen una cuota de mercado enorme.

Su posición les permite negociar mejores precios con sus proveedores a cambio de volúmenes de compra brutales. Mercadona tiene aproximadamente el 40% de cuota de mercado en el campo de los supermercados, así que venden mucho. Entonces, negocia con los productores un volumen de venta a un precio ajustado, supuestamente, beneficioso para ambas partes, aunque en algunos casos con cláusulas de exclusividad. La posición dominante les permite forzar determinadas cláusulas monopolísticas. Entonces, estos productores ajustan su producción a los niveles que les exige Mercadona. El año siguiente, Mercadona les ofrece un precio de compra muy, muy inferior al anterior. Como el volumen de producción era elevadísimo, previendo satisfacer a este comprador, y el resto de intermediarios son tan minoritarios que no pueden ofrecer salida a tanto producto, el productor no tiene más alternativa que ceder en el precio, aunque sea a pérdidas, o bien tirar su stock. Se han convertido en el único comprador de facto.

Amazon hizo algo similar con sus libros electrónicos. Mediante la venta a pérdidas (ilegal en España pero no en otros países) consiguió prácticamente el monopolio del ebook, y por tanto, el monopsonio desde el punto de vista de las editoriales. Una vez destruyó a su competencia, decidió unilateralmente subir sus precios para empezar a tener beneficios, y tanto clientes como productores salieron perdiendo. He querido destapar este tema porque, al final, el consumidor sólo ve el precio de compra, y a similar calidad, escoge el más barato. Es lógico y sano, en un mercado libre. Pero por desgracia, el precio barato refleja unas tácticas de mercado invisibles a los ojos del consumidor y desleales. Es importante conocerlas, porque al final, cada euro que gastamos dicta cómo queremos que sea el mundo en que vivimos.

Acerca de Carlos F.