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Dirección: Martín Bautista Fotografía: Galo Olivares Edición: Martín Bautista Producción: El Canalla Disquera: Épico http://epico.mx.
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Sergioski02
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Silverio - Perro
“Hay decenas de millones de cadáveres en las cunetas del capitalismo global”
“Hay decenas de millones de cadáveres en las cunetas del capitalismo global”
Peio H. Riaño me entrevista en El Confidencial
Déjalos que se maten entre ellos
La población siria se levantó contra la dictadura exigiendo democracia, el régimen respondió masacrándoles y Occidente ignoró su penuria; entonces llegó Al Qaeda.
El retrato de Bashar al Assad había sido colocado en el baño a ras de suelo. Justo frente al agujero que utilizaban los rebeldes para defecar. «Así tendrá unas buenas vistas», aseguró uno los alzados con un sentido del humor ciertamente escatológico.
El calendario marcaba el mes de noviembre del 2011. En mi anterior visita a Siria, en julio del 2010, antes de que comenzara la revuelta, la imagen de Al Assad seguía siendo un referente tan venerado que en el monasterio de Santa Tecla, a 65 kilómetros de Damasco, se prodigaba tanto como la iconografía religiosa. Bashar aparecía fotografiado en solitario, junto a los huérfanos del recinto, con las monjas del convento, comiendo con sus residentes y rodeado de religiosos de todas las confesiones.
El radical giro político que sufrió la nación árabe pocos meses después fue un efecto más de la llamada Primavera Árabe y del hartazgo que despertaba entre la población siria una dictadura —la del Partido Baaz que accedió al poder en 1963— que lleva ya medio siglo rigiendo los designios del país.
«Con el Baaz, todo dependía de la muhabarat (el servicio secreto). Tenías que pedirles permiso para viajar, para casarte, para abrir un negocio… No podías ni respirar», recordaba uno de los activistas instalados en Jabal Zawiya, Fahid Sheij Wali.
El estudiante de Educación Física, de 21 años, era uno de los opositores que todavía defendía en aquel entonces —tras meses de brutal represión— las protestas pacíficas.
En realidad, al principio todos secundaban esa postura. Los sirios salieron a las calles no con ametralladoras sino «con las manos abiertas para demostrar que íbamos desarmados», relataba Fahid.
La revuelta comenzó cuando un grupo de colegiales de Daraa decidió emular las imágenes que veían procedentes de Túnez o Egipto y escribir en los muros de esa ciudad, sita al este de Siria, los mismos mensajes que lanzaban las multitudes que protestaban contra la autocracia en esos países: «¡Vete!» o «El pueblo quiere derrocar al régimen». Eran tan ingenuos que firmaron las pintadas con sus propios nombres. Eso ocurrió el 16 de febrero del 2011.
Los estudiantes fueron arrestados al día siguiente y cuando fueron liberados —un mes más tarde— Daraa ya se había convertido en el detonante de la creciente algarada popular. El regreso de los chicos y su relato sobre las tropelías que habían sufrido en la cárcel, donde les golpearon con cables, les colgaron del techo y les intentaron romper las manos hasta hacerles sangrar, azuzó la insurrección.
Bashar al Assad respondió desde el primer momento al estilo Gadafi. El ejército y la policía comenzaron a disparar sobre las manifestaciones pacíficas. Miles fueron asesinados.
Durante el verano del 2011 enclaves como Hama, Homs o la citada Daraa se convirtieron en bastiones de la protesta popular. Cientos de miles de personas se concentraron en la primera casi a diario, pese a la triste memoria que atesoraba esa ciudad, arrasada en 1982 por el padre de Bashar, Hafez al Assad, cuando también se erigió como reducto de la oposición que pretendía derrocar al régimen en aquellas fechas.
Bashar respondió al desafío con la misma brutalidad que su antecesor. El 31 de julio del 2011 los tanques y los soldados del autócrata mataron a decenas tan solo en Hama. El Ramadán de ese año fue un anticipo sangriento del futuro que se cernía sobre los opositores.
Cuando entré por primera vez a Siria tras el inicio de la insurrección popular, en noviembre de ese año, las protestas eran todavía diarias incluso en las poblaciones controladas por el régimen.
«La población sale todas las noches a protestar. Hace un mes mataron a tres personas. Ahora se contentan con dejarnos gritar», me explicó Mahmud al Jarabsha, un vecino del primer villorrio en el que nos escondimos al cruzar ilegalmente la frontera en la provincia norteña de Idlib.
Desde su vivienda se podían escuchar los gritos de los manifestantes. Mahmud y sus amigos permanecían «enganchados» a las emisiones de uno de los canales que se ha erigido en portavoz de la revuelta: Oriente TV. Las imágenes de las protestas populares se entremezclaban con las que constataban la violencia con la que respondió la autocracia. Civiles apaleados, a los que les pisoteaban la cabeza. Cadáveres amoratados o cribados por las marcas de la tortura. En una de las grabaciones un soldado le arrancaba a un prisionero los pelos del bigote uno a uno.
«Da igual, ya hemos perdido el miedo», declaró Mahmud frente a los estremecedores vídeos.
Era cierto, para esas fechas un amplio sector de la población siria —tan solo Alepo, el centro de Damasco y la región drusa y alauí permanecían mas o menos al margen de la insurrección— había decidido desafiar al régimen en las calles. El 27 de julio, tras cuatro meses de represión disparatada contra manifestantes desarmados, el núcleo inicial del Ejército Libre de Siria, la oposición armada, anunció su creación.
Los primeros dirigentes, Hussein Harmush y Riad al Asaad, procedían ambos de la región montañosa de Jabal al Zawiya, en Idlib. Allí establecieron los alzados lo que llamaron la primera «región liberada» de Siria.
El recorrido por Jabal Zawiya aquel noviembre del 2011 me permitió comprender la determinación pero también la ingenuidad de los opositores. Se decían prestos a enfrentarse a la maquinaria bélica de Bashar —una de las más potentes de Oriente Próximo— con ametralladoras y escopetas de caza. Algunos patrullaban con palos, pistolas y viejos mosquetones con la bayoneta calada. Escenas propias de la Primera Guerra Mundial para intentar frenar a un ejército equipado con misiles Scud y armas químicas.
Su primera pregunta al encontrarse con los extranjeros casi siempre era la misma: «¿ustedes creen que somos unos terroristas?».
En aquellas fechas, ninguno de las decenas y decenas de sirios a los que entrevisté mostró ninguna afinidad con Al Qaeda. De hecho, Jabhat al Nusra, la facción que ahora reconoce su lealtad a esa ideología, ni siquiera se había creado.
Una semana después de que abandonáramos Jabal Zawiya, los tanques y el ejército leal a Damasco arrasó la región. Los mosquetones y las escopetas de caza poco pudieron hacer frente a los blindados.
Las organizaciones de Derechos Humanos dijeron que más de un centenar de personas habían sido masacradas, atrapados en una emboscada en la que fueron ametrallados sin misericordia. Los testimonios recogidos por esas mismas ONG hablaban de cuerpos quemados o decapitados, que fueron dejados en las calles para que se pudrieran al sol.
Meses más tarde me encontré con el coronel Abdul Hamid Zakaria, que había participado en aquella arremetida, desertando después a Turquía.
Zakaria, un oficial médico, confirmó la matanza y recordó que al retirarse del lugar la columna de blindados, ante el temor que sufrir una emboscada, decidió avanzar colocando niños sobre algunos de los tanques.
«Yo iba con la ambulancia al final del convoy. Eran más de 35 vehículos. La estrategia militar dice que el último tanque es el más expuesto porque no tiene a nadie que le cubra la retaguardia. Por eso colocaron cinco niños encima del blindado. En una de las curvas, uno de los pequeños se cayó. Lo aplastamos con las ruedas de la ambulancia. No pude hacer nada. Estaba muerto», relató.
Cuando en junio del 2012 le pregunté a la opositora cristiana Marcell Shahwaro cuánto tiempo podía prevalecer la oposición pacífica —de la que era una de las principales adalides en su ciudad natal, Alepo— frente a la represión de las fuerzas de Bashar, su respuesta fue honesta: «Muy poco, en dos o tres meses todo el mundo portará armas para defenderse».
Sus palabras fueron proféticas. Semanas después asistíamos al inicio de la batalla por el control de Alepo, la segunda ciudad del país, que muy pronto se estancaría en una guerra de atrición, francotiradores y destrucción generalizada que marcaría la pauta para otros frentes como Deir Ez Zor, Homs, Idlib o Daraa.
La represión había azuzado los deseos de venganza de muchos, que comenzaban a eclipsar las demandas de libertad y democracia que alentaron la revuelta en un inicio. La revolución ya no era tal, sino una guerra civil cada vez más sangrienta, aunque los activistas —cada vez menos— seguían reuniéndose sin armas cada viernes en muchas poblaciones para pedir «la caída del régimen».
El verano del 2012 vio como las milicias kurdas se sublevaban e irrumpían en un conflicto que cada vez adquiría una mayor complejidad, con milicias de todas las filiaciones luchando en sectores inconexos, y el odio sectario cada vez más presente.
Los acólitos del régimen nunca ocultaron sus intenciones. Las escribían en los muros de las ciudades que atacaban como Azzaz o Taftanaz: «O Asad o quemaremos el país». Cumplieron su promesa. De los tanques y la artillería pasaron a la aviación, y más tarde a los misiles del tipo Scud. Las armas químicas solo fueron un escalón más en el descenso a la locura.
«¿Cuál es la diferencia entre asesinar a 100.000 con cuchillos o a 1000 con armas químicas? No nos sorprendió que usaran armas químicas. Se habían saltado todas las líneas rojas que uno pudiera imaginar. Si tuviera una bomba atómica también la usaría. La postura de Occidente ha sido de pura hipocresía. Ni siquiera han sido capaces de cubrir las necesidades de los refugiados. Lo que quieren EE. UU. y sus aliados es la destrucción de Siria. Que nos exterminemos entre nosotros», apuntó hace días Abu Eizendil, jefe de la oficina política de la División Al Haq, una de las principales facciones islamistas que actúan en Homs.
El pasado 28 uno de los analistas más leídos de Israel, Nahum Barnea, escribía en el principal diario del país, Yediot Aharonot, un artículo sobre la posible intervención norteamericana y recordaba un poco de historia.
«Cuando le preguntaron a Moshe Dayan (quien fuera ministro de Defensa israelí) sobre un guerra entre dos grupos palestinos en Gaza respondió: déjalos que se maten entre ellos. Esa fue la actitud del presidente Obama hacia la guerra civil en Siria. Había llegado a la conclusión de que el interés norteamericano no se vería favorecido por la victoria de ninguno de los dos lados», escribió.
La tesis del «déjalos que se maten entre ellos», no solo se han convertido durante estos meses en leitmotiv de los neoconservadores más radicales de Washington y del lobby proisraelí, sino que curiosamente ha conseguido el apoyo de facto de muchos adalides del autodenominado frente antimperialista.
Atrapados entre los intereses de la realpolitik internacional, los sirios nunca entendieron por qué Occidente ignoraba su revuelta.
En una de mis visitas a Idlib, a principios del 2012, cuando todavía el islamismo yihadista en el conflicto de Siria no era más que una hipótesis incipiente, un doctor de esa provincia no pudo esconder su indignación hacia Europa y EE. UU. Confesó que siempre había sido laico, que incluso hubo un tiempo en el que no rechazaba la bebida, pero terminó con una declaración devastadora: «ahora no hay Al Qaeda, pero si Occidente sigue sin ayudarnos, en pocos meses todos seremos de Al Qaeda».
[Javier Espinosa es corresponsal de El Mundo en Oriente Próximo]
Benidorm: el turismo antihipster
Sergioski02os gusta benidorm para veranear?
Benidorm es el destino turístico más popular de España. Recibe millón y medio de visitantes cada año, cifra que solo superan Madrid y Barcelona. Es un éxito brutal. Desde hace décadas Benidorm está siempre abarrotada, sus playas son un tapiz de sombrillas y sus calles ríos de gente. La ciudad es un perfecto artefacto que atrae turistas a montones. Pero no tiene ningún glamour. En Benidorm solo se sirven gintonics desde que pasaron de moda, suena siempre música comercial y está inundado de ropa hortera. La gente llena la ciudad, pero pocos suben sus fotos a Instagram.
Porque Benidorm es el destino antihipster.
Es barato, masivo y popular. Benidorm es el «Sol y Playa» para todos. No es Ibiza, ni Menorca, ni la Costa Brava, no es paradisíaco, ni envidiable, ni exclusivo. Pero es barato y tiene lo esencial: mucha playa y mucho sol. Benidorm no es nada más que eso, una playa-ciudad capaz de acoger a decenas de miles. No es perfecto, pero es para muchos.
Playa por un puñado de euros
Una de las cosas que hacen de Benidorm un destino masivo son sin duda sus precios. Es un lugar absurdamente barato. Puedes pasar diez días por lo que cuesta un fin de semana en una capital europea. Los hoteles ofrecen «todo incluido» a precios bajos, gracias a que externalizan desde la cocina hasta la recepción, aprovechando así las economías de escala de una ciudad dedicada al turismo. Y fuera del hotel las oportunidades de gastar son limitadas —nadie espera que uno visite museos o haga grandes excursiones—. Básicamente es todo muy económico, con precios que oscilan entre lo asequible y lo directamente sospechoso, y se vende el alcohol más barato de Occidente.
Por no necesitar, apenas sí necesitas equipaje. Puedes llegar sin maleta, comprarte algo de ropa en un chino y pasar completamente desapercibido. Las tiendas están abiertas hasta medianoche para ofrecer toallas, bañadores, bebidas, crema solar (notoriamente infrautilizada), pelucas, megáfonos, zapatos de tacón (desde un euro), bolsos, cachivaches de playa, camisetas de fútbol, lencería, sombreros, y hasta terribles vestidos de noche.
La vida en Benidorm acaba reducida a la supervivencia: pasas el día en el agua para soportar el calor, consigues algo de comer, caminas buscando la sombra, y cuando cae el sol te refugias en el hotel o enfrentas la noche.
El Benidorm de los guiris
Pero, ¿a quién atrae este Benidorm? Los datos dicen que el 44% de visitantes son españoles y el 45% británicos, y esa división casi equitativa parte en dos la ciudad.
El sector británico ocupa una cuadrícula central de cuatro por cinco manzanas y casi todo el extremo de levante. Ese núcleo se conoce entre los locales como la zona guiri. Es una sucursal de las islas británicas trasplantada al clima mediterráneo: tienen sus propios hoteles, su propios comercios y sus bares singulares. Un Benidorm, pronunciado «Benidoom», dentro del otro —que por cierto, da nombre a una popular comedia televisiva inglesa—. En estas calles se habla inglés y es inevitable apostar, comprar camisetas del United, leer prensa inglesa y comer fish and chips. A lo largo de muchas calles se alternan licorerías, tiendas de playa, puestos de minigolf, anuncios de English breakfast, peluquerías inglesas —sí—, tiendas de tabaco mastodónticas, locales nocturnos con forma de galeón, shows eróticos, cabarés horteras, imitadores de Michael Jackson y Lady Gaga, y pubs que animan a los súbditos británicos a subir (borrachos, o insolados, o semidesnudos) a un toro mecánico.
Un sucursal de las islas donde, eso sí, las pintas de cerveza cuestan una fracción de lo que cuestan en Manchester, Bristol o Cork.
Y es que muchos británicos vienen a Benidorm a beber. Durante el día se mezclan jóvenes y familias pertrechadas de colchonetas, todos rojos por el sol, con ropas excéntricas, andando incómodos con chanclas a estrenar, o subidos en sus vagonetas eléctricas. También es habitual ver a niños disfrazados de mayores, ellos con tatuajes y peinados a lo Beckham y ellas con lentejuelas y zapatos tacón. Pero la noche es tiempo de fiesta y alcohol. Las calles principales se llenan de despedidas de soltero o soltera, docenas de británicos disfrazados de cabereteras, marineros o superhéroes —estos último son mis favoritos: en baja forma, ya no tan jóvenes, algo fondones y perjudicados por el cansancio y el alcohol, parecen salidos de Watchmen—. En general el ambiente se caracteriza por una etiqueta laxa, generosa en gente descamisada y vestidos pretendidamente provocadores, y por el muy elevado nivel etílico (si alguien necesita pruebas que curiosee en Embarrassing Benidorm Nightlife). Como ya he señalado, el alcohol es muy barato en Benidorm, especialmente en el área de influencia británica. La leyenda dice que algunos bares ingleses tienen depósitos de cerveza con capacidad para miles de litros —decenas de barriles—, y que al vaciarse envían un aviso electrónico a la fábrica que los abastece. Se bebe mucho.
Al final de la noche el paisaje recuerda a The Walking Dead. Los visitantes caminan con paso inseguro por las calles. Saltan del casco antiguo a la playa, de la playa a la zona guiri, de la zona guiri a las discotecas de arriba. Normalmente caminan en grupos, unos silenciosos y otros entre gritos, pero no es raro encontrar algún borracho solitario. Quizá un joven nervioso, ya más enfermo que intoxicado, que te pregunta tímidamente por un hotel cualquiera (el suyo) que es incapaz de encontrar. Pero nunca puedes ayudarle porque Benidorm está lleno de hoteles.
Abierto —siempre— por vacaciones
El otro gran contingente que visita Benidorm son los turistas españoles. Muchísimo madrileños, como en toda la costa, pero también vascos, andaluces o asturianos. Hay familias asiduas que tienen apartamentos en propiedad o son clientes del mismo hotel desde hace décadas (pensadlo otra vez: décadas yendo al mismo hotel). En esa categoría los vascos son especialmente numerosos y constituyen una colonia —en sus elecciones autonómicas el 40% de votos fuera del País Vasco se emitieron desde la costa alicantina—. De hecho, los vascos tienen su propia zona delimitada y temática en el centro de Benidorm: un nudo de calles con tascas donde se sirven pinchos, se beben zuritos y se anima al Athletic y la Real… pese a estar a cientos de kilómetros de Euskadi.
Así las familias, las parejas y las manadas de jóvenes constituyen el grueso de españoles desde Semana Santa y hasta final del verano, pero en invierno todos ellos se ven eclipsados por los jubilados.
Son los famosos viajes de Imserso. Autobuses con pasajes milenarios que se fletan desde toda la península para que señoras y señores de Ourense, Tarragona o Albacete se agolpen unos días en Benidorm. Los viajes se distinguen por sus precios irrisorios: habitación de hotel por 19,86€ por persona, incluyendo pensión completa, agua y vino, visita diaria del médico, y animación —baile, baile y baile— en el mismo hotel. Pero el acuerdo tiene un elegante sentido económico. A esos precios los hoteles pierden dinero, pero no tanto como si se mantienen cerrados. De esa forma los viajes del Imserso evitan el cierre de muchos hoteles, cubren parte de sus costes fijos y consiguen que la plantilla del hotel trabaje todo el año. Además son una forma de traer gente a Benidorm en esa época baja, lo que acaba atrayendo a otros turistas que buscan un lugar soleado —y con ambiente— para un retiro invernal.
De esa forma cuando llega el invierno los jubilados se unen a los extranjeros y juntos mantienen viva la ciudad —estos últimos no dejan de venir porque en noviembre el lugar sigue ofreciéndoles sol y fiesta, al menos en relación a las islas británicas—. Y así Benidorm se convierte en un destino de playa que no languidece en todo el año, quizá el único en toda la costa peninsular.
Un éxito no azaroso, una ciudad vertical
Cuando se discute sobre el éxito de Benidorm es habitual considerarlo como un accidente afortunado, pero lo cierto es que responde a circunstancias particulares. Si fuésemos a extendernos sobre el tema habría que hablar del plan urbanístico que en los años 50 imaginó una enorme ciudad ahí donde había un pueblo de pescadores; o de sus playas kilométricas, perfectamente orientadas para disfrutar de muchas horas de sol, protegerse del viento y conservar sus aguas limpias.
Además está el asunto de la altura. Benidorm no es una ciudad con playa, es una playa urbana. Una playa-ciudad. ¿Qué localidad puede alojar simultáneamente a decenas de miles de personas a pocos metros de la orilla? Benidorm lo consigue gracias a la altura asombrosa de sus edificios: es el municipio español con más rascacielos y cuenta con casi una treintena que superan los 100 metros de altura.
Decenas de miles de personas (apiladas) que pueden ir andando a la playa.
Esa misma arquitectura vertical hace que Benidorm se use a veces como arquetipo de la destrucción costera, pese a que la crítica es injusta. Benidorm es un lugar arrasado y de naturaleza sacrificada —eso no se discute—, pero de esa destrucción disfrutan varios millones de personas cada año. Es una destrucción… eficiente. Cada kilómetro de ladrillo se aprovecha al máximo: por densidad (la gente se aprieta) y por frecuencia (está siempre lleno). No es un pelotazo urbanístico, sino un diseño que produce un continuo fluir de turistas… y de dinero. Ningún municipio de la costa valenciana consigue nada similar, al contrario, lo habitual es ver el litoral arrasado para ocuparlo con unos pocos chalets o apartamentos, que disfrutan unas pocas personas, unos pocos días al año. Cabe preguntarse si construyendo otros Benidorm hubiese sido posible conservar intacto algún tramo de litoral.
El amor por el tumulto
He intentado subrayar algo que es evidente cuando uno pasea por la ciudad: Benidorm es un destino masivo. Está atestado de gente. Eso hace su éxito incomprensible para algunos, pero es precisamente lo que otros consideran su principal encanto.
Mucha gente disfruta de Benidorm por el tumulto.
Lo escuchas a menudo. Los turistas habituales de Benidorm, los que repiten, alaban que esté siempre lleno. Hablan de otros destinos o de sus lugares de origen y se quejan de que allí «no hay nadie», mientras que Benidorm está «muy animado». Esa masificación, que nos horroriza a los urbanitas amantes de las calas vírgenes, resulta encantadora para esa otra gente. No sé explicarlo muy bien, aunque intuyo que tiene que ver con huir de lo cotidiano, buscar el anonimato o gozar de una extraña sensación de libertad.
Por eso Benidorm no duerme y está siempre encendida. Los rascacielos prenden el cielo, hay un exceso de farolas, abunda el neón y los locales nocturnos emiten flashes intermitentes. Además este verano el refulgir es especialmente intenso: los turistas se han envuelto en prendas flúor y se iluminan como monjes quemándose a lo bonzo. Son muchas las prendas iridiscentes, pero entre todas se destaca una camiseta de tirantes, verde, naranja o amarillo fluorescente, con motivos de una conocida marca de whisky o un equipo americano de baloncesto. Por razones imposibles de descifrar esas camisetas han corrido por toda la costa. Se venden en cada esquina y todo el mundo las lleva. Pero, ¿por qué querría nadie vestir igual que todos los demás? Mi hipótesis es que buscan un uniforme. Como si quien llevase esa camiseta quisiese renunciar a su identidad y entregarse a la masa turística. Llevar esa camiseta es renunciar a ser uno. Unirse al torrente. Ser puro mainstream.
Quizá el éxito de Benidorm se explica igual que el de esa camiseta fluorescente: por el deseo de la gente de pertenecer, aunque sea temporalmente, a un tumulto.
Engaños verdes
DIY recicla botellas PET
Como ya se acaban las vacaciones , un DIY ideal para hacer con niños reciclando botellas PET.
Pensar en mover un dedo, lo fortalece
Sergioski02Joder, así que neo al final sabría karate en el mundo real.
Seguir leyendo en: Mejor que el gimnasio: entrenar sin mover un músculo, solo con el pensamiento (Neurolab)
¿Se vuelve más sencillo con el tiempo?
"The more you know who you are and what you want the less you let things upset you."
Te puedes encontrar cualquier cosa en un sobre de...

Te puedes encontrar cualquier cosa en un sobre de azúcar.
Enviado por Jorge Ap.
Just Delete Me facilita darse de baja de numerosos servicios online
Just Delete Me es básicamente una recopilación de enlaces que te dirigen directamente a la opción para borrar las cuentas que tengas en diversos servicios web: Facebook, Google, Dropbox, Yahoo, Hotmail,…
El código de color que acompaña a cada enlace indica el nivel de dificultad para completar el proceso: verde es fácil, amarillo requiere pasos adicionales y rojo exige contactar con el soporte del servicio.
Vía Red Ferret Journal.
El anuncio prohibido que es la pesadilla de Coca-cola y Pepsi


Se trata de un aparato que permite crear refrescos carbonatados en casa ahorrando dinero al consumidor y reduciendo el consumo de envases. Este mensaje es el que han buscado transmitir con su última campaña publicitaria con un coste de 11 millones de libras, y que se ha convertido en todo en un escándalo.
En él se ve a distintas personas utilizando la máquina para crear el refreco en su casa. Cada vez que la usan, decenas de botellas se volatilizaban de los almacenes. “Con SodaStream puedes ahorrar 2.000 botellas cada año. Si te gustan las burbujas, déjalas libres”, se escucha en el anuncio. Además esos envases que se volatilizaban tenían etiquetas rojas, naranjas o verdes una forma fácil que permitía a los espectadores asociar rápidamente las botellas a las marcas más conocidas.
A los pocos días de emisión los reguladores recibieron sendas quejas de Coca-Cola y Pepsi pidiendo la retirada del spot alegando que“denigraba a los otros refrescos”,algo accedieron y ocasionó la retirada y censura del spot; con lo que estalló la polémica.
SodaStream estudió cómo sacar partido de la situación generada ya que no iba a tirar los 11 millones de libras, así que tras calificar la medida como “absurda“, sacó un nuevo anuncio denunciando la censura sufrida de forma todavía más creativa. En el nuevo spot aparece una pantalla en negro donde únicamente se puede ver el slogan de la marca. El sonido, sin embargo, corresponde a las botellas de plástico estallando, evocando claramente a la pieza censurada.
La polémica generada ha sido la mejor noticia posible para la empresa, que ha adquirido más notoriedad que nunca. El anuncio retirado ya ha superado los tres millones de visualizaciones, y las ventas de SodaStream se han disparado.
Ambas circunstancias justifican que Coca-Cola y Pepsi puedan tener cierto nerviosismo ante la entrada de este nuevo competidor en el sector, un rival con el que ya tuvieron un agrio enfrentamiento el pasado verano. ¿Llegará a afectarles de manera significativa en su volumen de negocio? Con más polémicas como esta, no sería de extrañar.
Fuente: jesusgallent.
Valentía
Si Internet Explorer es lo suficientemente valiente como pedirte ser tu navegador por defecto, tú deberías ser igual de valiente para pedirle una cita a esa chica.
– vía Postureo Ingenieril
Food Art By Carl Warner
Sergioski02arte o pacagarte?
London-based photographer Carl Warner uses bits and pieces of food to create incredibly realistic and intricate scenes. Heaps of bread become rugged mountains, cucumbers assume the shape of tree trunks, and cabbage leaves are remodeled to look like foliage. Warner and his team meticulously assemble the culinary elements piece by piece, on a table top creating interpretations of renowned architectural structures, like the Taj Mahal and the Great Wall of China, human figures ranging from gondola drivers to cowboys, and sweeping vistas ranging from the London Skyline to vast deserts.
Carl Warner’s works were featured on Amusing Planet back in 2009. Let’s see what he has been doing lately.

© Amusing Planet, 2013.
El polvo del Sáhara fertiliza el Amazonas
La selva amazónica, con toda la flora y fauna, y su asombrosa biodiversidad no podría existir tal como la conocemos, sin los 50 millones de toneladas de arena que son transportadas anualmente desde el Sáhara.
El polvo del desierto sahariano es la principal fuente mineral que fertiliza la cuenca del Amazonas. Y la mitad de todo el polvo africano que llega al Amazonas procede de un sólo lugar, la Depresión de Bodele junto al lago Chad. Situada en un valle estrecho entre dos cadenas montañosas, en Bodele hay de media 100 días al año de tormentas de arena. Así el desierto cálido más grande del mundo, alimenta el bosque tropical más extenso del planeta.
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Interns, Explotados y Otras Especies
Digna de aparecer bajo la cabecera del programa de Friker Jiménez, junto a otros ilustres mitos como el Chupacabra, los marcianos cabezones de Roswell o el Yeti, encontramos -en esta España en retroceso en la que habitamos- la misteriosa aparición de una figura que en los últimos años tiene cada vez más –inexplicable- presencia.
Nos referimos, queridos amigos, al intern. Y a su modus operandi, la internship.
¿Cuándo empezaron los becarios a llamarse Interns? ¿Fue más o menos cuando las magdalenas empezaron a llamarse muffins? ¿O quizá cuando los comisarios pasaron a ser curators? ¿Fue tal vez cuando los cocineros pasaron a restauradores?¿Quizá cuando a la explotación de estudiantes Eramus y Leonardo se le empezo a llamar “Experience”?
Preparémonos pues, mientras ponemos ESTO de fondo y repetimos “Hace mucho que no se escucha en los montes españoles, el aullido del contrato con seguridad social”, para descubrir como nuestras propias imbecilidades estructurales, nuestros clichés y fantasmas más idiotizantes y una buena dosis de impunidad y falta de principios han dado lugar a esta desvergüenza.
Desengañémonos para empezar: La arquitectura española vive instalada en una proporción abrumadora en la economía sumergida. Acostumbrada tras años de desmanes impunes a manejarse con unas estructuras empresariales que llegan ya a lo abisal por las que campaban los falsos autónomos e incluso los “gratificados” sin factura con pasmosa impunidad.
Es en este malsano ambiente donde la pirueta de la amoralidad más absoluta alcanza el triple mortal sin red: Si el sistema ya resultaba vergonzoso cuando se nutria sin ambages de falsos autónomos, el asunto adquiere tintes de explotación en plantación negrera de Lo que El Viento se Llevo cuando se reordena y adapta (Como si de un virus se tratara) para, en tiempos de vacas flacas, apoyarse en el trabajo NO REMUNERADO de “becarios” a los que a falta de beca (es decir, de soporte monetario a su actividad laboral, que no formativa) que justifique tal nombre se ha buscado una definición glamorosa, lo suficientemente hype para no levantar la liebre: Interns.
Para el intencionadísimo y perverso cambio de nombre intervienen nuestros fantasmas profesionales -fruto de muchas horas de lavado de cerebro “escolar” y de la labor de zapa de instituciones y medios que han callado lo que todos sabíamos, de manera vergonzosamente cómplice- para asumir que aquello que tiene una definición en la lengua de Shakespeare es mucho mejor que su equivalente en la de Cervantes. Así, el intern –cargado del postureo imbecil que nos invade a veces- oculta una triste realidad: La de un titulado (O estudiante) de una carrera harto compleja y que conlleva grandes responsabilidades convertido en un “meritorio” más propio de un guild medieval. En un explotado. En –sin medias tintas- un esclavo.
Se llega incluso, en lo que no puede ser sino condenable como ejemplo de practica deleznable, a apoyarse en la normativa Europea cuando esta avala que las practicas “boloñesas” –obligatorias- pueden ser no remuneradas para llenar estudios de “Leonardos” y “Erasmus” a los que se emplea como mano de obra gratuita, saltándose a la torera el ordenamiento laboral español según el cual un estudiante en practicas no remuneradas no puede estar integrado en la estructura productiva de la empresa de la que el empresario obtiene un beneficio o el ratio /becarios – en practicas / trabajadores contratados/. Dicho de otra manera: Pasándose la lógica que dicta que un becario, un estudiante sin contrato realizando unas practicas impuestas por una universidad o –ya puestos- un intern, nopueden ocupar un puesto laboral regido por convenio por el arco del triunfo. O por el de la Défense que es más propio.
Llamemos pues a las cosas por su nombre. Por mucho que el término parezca lleno de glamour, lo que se esconde debajo es la pura y dura economía sumergida. La de los talleres ilegales. La de las naves industriales a puerta cerrada. La de “¿Esto sin factura no?”. Eso y la competencia desleal. La estafa a la seguridad social de un trabajador que no cotiza y que no solo se queda sin derechos laborales fundamentales (Bajas, embarazo, paternidad, maternidad, vacaciones etc) sino que entra en una espiral en la que el perjuicio es triple: La perdida de esos derechos (el más evidente), el empobrecimiento paulatino de su profesión (Transformada en merienda de negros laboral) y en ultima instancia el perjuicio al estado (Ustedes y yo) en lo tocante a impuestos, cotizaciones, subsidios de desempleo (Que no se están ingresando y que nos afectan a todos).
Parece por tanto de otro planeta –vista la realidad- que estas cuestiones –que hace años se daban con quizá la misma frecuencia, pero con mucho más silencio- se aireen ahora con una inexplicable impunidad (cuando no una descerebrada alegría) que demuestra que la brújula moral de quienes justifican estas cuestiones y tienen además la desvergüenza de darles una patina de normalidad (Incluso de bondad, a ese extremo llegan las cosas) está tan desviada que el camino de retorno parece ya imposible.
Dentro de ese grupo resulta ejemplo preclaro este anuncio reciente (5 a de Agosto) de la Fundación Enric Miralles en el que se solicitaba un “Arquitecto proyectista especializado en infografía”. Las condiciones de “contratación” eran (Las negritas son nuestras):
La Fundación Enric Miralles ha abierto la convocatoria para realizar prácticas. La oferta es para un internship no-remunerado de unos 6 meses en los que explorar el trabajo arquitectónico en los proyectos que desarrolla la Fundación.
A través de esta convocatoria anual, se busca avanzar en nuestro trabajo, así como profundizar y ampliar nuestra comunidad.
Apreciamos solicitantes que están trabajando en los campos del diseño gráfico y la comunicación que estén familiarizados con la obra de Enric Miralles.
PROYECTO
El becario trabajará en el proyecto de diseño de un Centro de Salud de Medicina Tibetana en la isla de Tenerife.
La Fundació Enric Miralles, a través de su labor en proyectos de arquitectura, realiza una intervención renovadora en un inacabado y deteriorado proyecto inmobiliario, para transformarlo en un centro terapéutico de Talasoterapia para el cuidado y bienestar del cuerpo.
El proyecto, promovido por la Comunidad Dzogchen, se localizará en el Municipio de Adeje, situado en la isla de Tenerife, España.
CALIFICACIONES
Uno de los principales objetivos de la Fundación es el de preservar los altos estándares de trabajo y reflexión que caracterizan el legado de Enric Miralles, pero no tenemos un conjunto definido de requisitos para los internos que acepten venir: alentamos las candidaturas con diversidad de orígenes.
El candidato ideal tiene un alto dominio de herramientas de diseño 3D. Y por la vertiente internacional del proyecto se valorará un alto conocimiento de la lengua inglesa, tanto escrita como hablada, así como del catalán y el español.
HORARIO
El horario de la Fundación es de 9 a 14h y de 16 a 19h; de lunes a viernes.
MATERIALES NECESARIOS
1) El actual CV.
2) Algunos ejemplos de su trabajo y sus actividades (portfolio).
El descabalamiento mental del anuncio y la sarta de falacias que contiene resultan dignos de estudio.
En primer lugar porque se pide UN ARQUITECTO ESPECIALIZADO, pero a renglón seguido se define el “puesto” como unas “practicas”. Parece curioso que se busque un perfil especializado para colocarlo en unas prácticas en las que –por definición- el interesado está formándose (¿En qué, si ya venia especializado de casa?). Aumenta el nivel de surrealismo cuando se entiende que el contrato busca un Arquitecto titulado, es decir, alguien en disposición de incorporarse al mercado laboral y al que habrá que dar una formación pero entendiendo que esta es una inversión del contratante y no un regalo envenenado a descontar como hace el anunciante.
La descripción del cometido del “becario” (Se nos va a gastar la tecla de las comillas) es peor aun: El becario TRABAJARA, una contradicción en términos que no hay por donde agarrar, seguida de una descripción de un proyecto real sobre el que trabajar. Independientemente de que este ultimo sea para una fundación o para una empresa (O lo que cualquiera de ambas vaya a hacer con el mismo), el trabajo NO REMUNERADO no son practicas, no son una beca, no es formación. Es simple explotación.
En cuanto a las características del currículo, de nuevo la dicotomía tramposa. Se está ofreciendo una suerte de “beca”, falsa, NO REMUNERADA y sin embargo se aclara que se va a trabajar, para lo cual se solicita un ALTO DOMINIO de herramientas de diseño 3D. ¿Y para que sirvan las prácticas si el solicitante ya domina aquello en lo que se supone debe formarse?
Es nuestra opinión que está muy claro para qué:
Simple y llanamente para tener un trabajador gratuito –explotado- al que se está pretendiendo pagar con una “experiencia” que jamás debe ser sustituto de un salario. Para sumergir aun más el mercado laboral de los arquitectos en la fosa en la que lleva años hundido. Para no valorar, y por tanto despreciar, el trabajo profesional y a la profesión. Para todo ello pero con el glamour falso del “internship” y unas buenas dosis de estomagante paternalismo. Desde luego queda mucho mejor que escribir “Se busca explotado en economía sumergida para trabajo esclavo”.
[Conviene señalar que la presidenta de la Fundación E.M. ya tuvo unas desafortunadísimas y aberrantes declaraciones a este respecto en una reciente entrevista en Diariodesign. También, como curiosidad, que es la autora –Obra publica, nada menos- del Pabellón de España en la Expo de Shangai lo que convierte todo en una surrealista metáfora sobre la realidad de eso que llaman estúpidamente “Marca España” y que parece consistir en cortar jamones ibéricos por las embajadas y en darnos pisto por una arquitectura de la que personalmente me importan muy poco los resultados si se consiguen de ciertas formas]
El intern, seamos claros en fin, no existe legalmente. No es una figura real en el ordenamiento laboral español. Ofertar un puesto de intern no remunerado para desarrollar un trabajo es –a día de hoy- una anomalía que no encaja en ninguno de los supuestos de contratación existentes y que es en nuestra opinion ilegal. Su empleo, consciente, busca de forma torticera pintar de rosa lo que es de color negro. Negro Prada, pero negro.
No es un mal exclusivamente propio. En Inglaterra la presidenta del RIBA, Angela Brady, con una claridad que resulta a todas luces envidiable dada la galvana general de nuestras instituciones propias a este respecto, dejaba claro recientemente que:
“Work is work and pay is pay: Lets drop this word “INTERN” it was never part of architecture. It implies exploitation to me? What you think?” The term “intern” has no legal status in the UK.
No se queda ahí Angela Brady. De hecho pide explícitamente a los estudiantes (Interns, etc) que si su situación laboral en un estudio miembro del RIBA les ofrece dudas, acudan inmediatamente a la institución. Y no se trata solo de que la cabeza visible la institución esté propugnando lo que es justo y honesto, se trata de tener muy claro que, en última instancia, el perjudicado de peor recuperación es la propia profesión.
Existe no obstante una diferencia entre el RIBA y nuestros amados colegios. El primero adopta una actitud proactiva. Exige a sus miembros la firma de una declaración que les obliga a pagar, al menos, el mínimo interprofesional a todos los estudiantes en practicas trabajando para formarse en los estudios, interns y demás especies (Trabajo es trabajo, y salario es salario). No digamos ya arquitectos titulados.
De hecho el RIBA inspecciona a los estudios. Un 5% del total anualmente. Y la sospecha de haber contravenido la declaración a la que se comprometieron es suficiente para la suspensión de membresía.
Hace tiempo que venimos abogando por este enfoque activo para nuestra situación. El resto, incluida la inclusión como falta deontológica, aun no publicada y por tanto no vigente, son paños calientes, no negamos que bienintencionados, pero que van siempre diez metros por detrás de quienes no solo destruyen nuestra profesión sino que lo hacen además con alborozo.
Se acercan unas elecciones al CSCAE, y tiempo tendremos de hablar de un proceso electoral que tememos deje de nuevo a los colegiados al margen, pero esta santa casa tiene claro que si un candidato quiere enfrentar los próximos cuatro años con un mínimo de apego a la realidad y de interés por resolver muchos de nuestros problemas, este aspecto debe pasar de ser una lacra impune que todos conocen y que sigue su marcha, imparable, a ser causa inmediata de intervención (Todo lo contundente que sea necesario) por parte de –al menos- unas instituciones a las que debería preocupar que la economía sumergida esté plenamente instalada en la estructura laboral de la profesión.
Nos evitaremos así algo que perjudica directa e indirectamente a todos los que ejercen esta profesión con un mínimo de respeto y la propia disciplina. Es a ellos, a esta última y a una sociedad a la que mal servimos tolerando este continúo fraude a quienes los COA deben defender, con toda la contundencia necesaria.
Por favor, no hagas publicidad de mi producto (gracias)
Cuando Anders Breivik se sentó en el banquillo ataviado con su polo Lacoste predilecto, un escalofrío recorrió el espinazo del cocodrilo en el cuartel general de la empresa, en París. El criminal noruego, que iba a ser juzgado por crímenes contra la humanidad por la matanza de 77 jóvenes en la isla de Utoya, no era precisamente el mejor embajador para una marca que pretende asociarse con el estilo y el boato.
Lacoste tuvo que bajar a la arena para pedirle por favor a Breivik que dejara de usar sus polos.
Ahí afuera hay un mundo real que las marcas no pueden controlar. En ocasiones, marcas que han labrado su prestigio durante décadas se desmoronan porque la persona equivocada hizo la promoción errónea en el momento menos propicio. Bienvenidos al mundo del product DISplacement.
Narco Polo
La marca: Ralph Lauren
Y sus incómodos embajadores: Los narcos mexicanos
La publicidad gratuita: En 2011, durante la sangrienta guerra contra el narco, la policía mexicana detuvo a Edgar Valdés Villareal, a.k.a ‘La Barbie’, un sanguinario narcotraficante del cartel de Sinaloa. La Barbie y otros siete prominentes delincuentes aparecieron en el juicio con sus polos Ralph Lauren y no los más discretos, sino los que llevan el logo del jinete tamaño 1:1.
El efecto indeseado: Las “remeras truchas” de Ralph Lauren se pusieron instantáneamente de moda entre los chavales de las villas mexicanas, siempre dispuestas a emular a sus admirados narcos.
The Situation
La marca: Abercrombie & Fitch
Y su incómodo embajador: Mike ‘The Situation’ Sorrentino
La publicidad gratuita: Sorrentino es un personaje de la TV americana, célebre por sus apariciones en el reality Jersey Shore. Y al chico le gusta vestir de Abercrombie & Fitch, una marca pijita, estilo Ralph Lauren, pero con un reno gigante a modo de logo en lugar de un jugador de polo.
El efecto indeseado: Sorrentino es un tronista; en consecuencia, no es precisamente la imagen que quiere proyectar Abercrombie & Fitch, de modo que la empresa realizó una “jugosa oferta” a su espontáneo embajador para que NO utilizara sus prendas en los concursos de la MTV.
Cristal, el champán de los raperos
La marca: Cristal
Y sus incómodos embajadores: Los raperos de EE UU
La publicidad gratuita: A los raperos negros de Estados Unidos les gusta la bebida espumosa. Una botella de champán dorado, de a 300 euros la botella, les sulivella tanto como un Cadillac descapotable. Jay-Z, 50-Cent, Mos Def, Kanye West o Bennie Man son algunos de los raperos que han citado en sus letras la marca del espumoso, cuyo primer cliente fue el zar Alejandro II.
El efecto indeseado: A cualquier otra marca probablemente le hubiera hecho tilín tanta publicity, pero Cristal “no puede evitar que compren nuestro producto, aunque sin duda Dom Perignon estaría encantada de tener esos clientes”. El iracundo Jay-Z llamó al boicot contra Cristal y apareció en un vídeo posterior con una botella de su nueva bebida espumosa favorita: Armand de Brignac (de la cuál es inversor).
Pastis y buenri
La marca: Rolex
Y sus incómodos embajadores: Los comprimidos de éxtasis
La publicidad gratuita: Los más veteranos de la fiestas aún especulamos sobre si las famosas Mitsubishi no formarían parte de una retorcida campaña de branding de la multinacional japonesa entre la juventud fiestera. En el Reino Unido se estilan últimamente unas pastillas que llevan el logo de Rolex.
El efecto indeseado: Parece improbable: varios chavales han muerto en las últimas fechas por consumir la droga. Sin duda, los concienzudos mercadotécnicos de Mitsubishi contemplaron esta funesta posibilidad.
9 de cada 10 nazis recomiendan Lonsdale
La marca: Lonsdale
Y sus incómodos embajadores: Los skin-heads de medio mundo
La publicidad gratuita: También es mala suerte: resulta que las letras loNSDAle coinciden con las siglas del Partido Nazi de Hitler, NSDAP, así que los skin-heads ingleses y alemanes encontraron una forma de hacer apología del nazismo sin delinquir: llevar los polos de la marca londinense con la “P” tapada.
El efecto indeseado: La marca tuvo que darse un baño de buenrollismo, a ver si con suerte los nazis le cogían manía: ahora patrocina festivales gays, eventos multiculturales, equipos de fútbol africano y un eslogan muy Bennetton: “Lonsdale ama todos los colores”.
Mercedes no quiere saber nada de chabolismo
La marca: Mercedes.
Y su incómodo embajador: La película Slumdog millonaire.
La publicidad gratuita: En la oscarizada cinta de Danny Boyle aparecían coches de lujo conducidos por los gangsters de la película. ¿Product placement gratuito? Preferimos que no.
El efecto indeseado: El fabricante alemán no permitió que sus productos se usaran en escenas sobre las que no tuviera control, así que obligaron a borrar digitalmente todos los logos que aparecían en el celuloide, causando gastos por valor de “decenas de miles de libras”, según el director.
Con información de Excelsior, Zenith Media, BBC, The Independent, MixMag, Telegraph y El log Salmón y Wikipedia.
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El desarrollo urbanístico postolímpico: ¿citius,altius, fortius?
Durante la fiesta, todo eran confetis, desparrame, aquiescencias y anuencias. No había nada que no se pudiese hacer, no había un euro mal invertido. Al día siguiente llega, claro, la resaca. Duele la cabeza, el estómago se revuelve y el mantra se repite: “No volveré a pasarme más”. Hasta que llega la siguiente juerga.
Estamos ante un asunto de tamaños, de ritmos, de intención proyectual. La historia dice que cada sede olímpica ha hecho, urbanísticamente hablando, honor al lema olímpico. Se ha construido más rápido, más alto, más a lo bestia. Más, más y más. Como en una bacanal en la que todo lo que no se consume en ese momento no puede conservarse, los años previos a las citas olímpicas se llenaban de proyectos colosales, de inversiones milmillonarias y de milongas que trataban de justificar soluciones con una vida útil más breve de lo deseable.
La ciudad estadounidense de Salt Lake City se encuentra en pleno resacón dándole vueltas a qué hará con su planeamiento urbanístico tras sus juegos de invierno. Una de las iniciativas llevadas a cabo por las autoridades locales ha sido el SixtyNine Seventy Project, una convocatoria que tiene la intención de convertir las manzanas 69 y 70 de la capital de Utah en un polo cultural y creativo capaz de enriquecer el tejido urbano.
La propuesta es una rotunda crítica a un modelo de desarrollo urbano tremendamente cortoplacista, un sobreesfuerzo infraestructural que deja bastante de lado al ciudadano.El estudio madrileño PKMN se ha hecho con el People’s Choice Award de dicho concurso, dotado con 40.000 euros. Su proyecto, bautizado con el nombre de ‘From Olympic Games to Urban Games’ pretende trasladar la ilusión que produce en los ciudadanos una designación olímpica al proceso de transformación y planificación de la ciudad.
A la vez, la propuesta es una rotunda crítica a un modelo de desarrollo urbano tremendamente cortoplacista, un “sobreesfuerzo infraestructural que deja bastante de lado al ciudadano”, explica Carmelo Rodríguez, uno de los componentes del equipo creativo de PKMN.
El grupo de arquitectos, que enarbola una visión de la arquitectura muy centrada en el ciudadano como vehículo del cambio en la ciudad, apela a un replanteamiento total del proceso de construcción olímpica que, hasta hora y salvo excepciones, se entiende como un despliegue de poderío económico y político. “La crítica determina un cambio de escala radical: queremos ir desde la omnipotencia infraestructural, arquitectónica, programática y constructiva hasta un sistema de gestión de espacios, activación, participación y con pequeñas infraestructuras móviles, adaptables y reconfigurables”, describe el arquitecto.
Para los madrileños, lo positivo de toda la jarana olímpica, al menos a nivel social, es su capacidad de implicar a los habitantes de las ciudades con un objetivo común. Para Rodríguez, “es un punto de partida interesante para ir a propuestas que alineen factores como la reversibilidad, la flexibilidad o la reactivación de espacios”.
‘From Olympic Games to Urban Games’ ataca a las mayores carencias de esas manzanas 69 y 70 del downtown de Salt Lake City. Ahora mismo, según Rodríguez, en ese espacio no se puede hacer casi nada ya que es un erial poblado por vacías avenidas o aparcamientos inmensos. “La ciudad necesita acción urbana. Desde el principio, pensamos en la reactivación de espacios a través de pequeños eventos e infraestructuras que se contrapusieran a las grandes estructuras arquitectónicas duraderas que no pueden ser colonizadas y disfrutadas por la ciudadanía de Salt Lake City”. En ese sentido, ‘From Olympic Games to Urban Games’ es la guía de viaje para esa habilitación de espacios.
La relación metafórica entre los juegos olímpicos y estos juegos urbanos planteados por el colectivo de arquitectos madrileños no terminan ahí. PKMN ha desarrollado un concepto que premia a “los mejores ciudadanos”, una idea que gira en torno a la gamificación y que se erige como una especie de “marca de prestigio urbano”, según explican.
El Urban Clout sería un sistema de puntuación que, de manera análoga a como lo hace Klout en las redes sociales, mide la actividad del ciudadano en el entorno urbano. “Sería una herramienta que ‘hibridaría’ acciones ciudadanas físicas y reales con una plataforma digital en la que pudieran cuantificarse, puntuarse y valorarse. Nuestras contribuciones al espacio público como ciudadanos podrían darnos puntos canjeables por beneficios culturales o sociales, desde entradas para museos o eventos públicos hasta encuentros con políticos o gestores”, cuenta Rodríguez.
La propuesta es coherente con la visión que PKMN tiene de la ocupación del espacio público. Son muy críticos con las normativas locales que pecan, casi sin excepción, de restrictivas. Denuncian que casi cualquier actividad llevada a cabo en esos espacios se empuja, a golpe de norma, al terreno de la ilegalidad. “Para nosotros, el discurso no es acerca de si se puede o no hacer algo, sino de generar los contextos posibles para que todo ocurra sin perjuicio del ciudadano. Los ciudadanos tenemos que demostrar a las autoridades que estamos capacitados para ese cambio de paradigma en relación al espacio público”, declara el arquitecto.
PKMN trabaja con el convencimiento de que las macroestructuras olímpicas son incapaces de aportar flexibilidad o adaptabilidad a un entorno urbano cambiante. Ese caduco modelo, que no es sino una extensión del de ‘un Guggenheim por ciudad, sea al precio que sea’, necesita planeamientos con usos redibujables. Al igual que en los asuntos políticos, la respuesta está en la mano de los ciudadanos, que han de ser los que empuñen la voluntad de cambio. Esa es la arquitectura de PKMN y con ese tipo de ideas quieren cambiar Salt Lake City.
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