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23 Sep 16:53

Black Rock City | La ciudad temporal del Burning Man

by johnny

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Cada año, desde 1990, el Burning Man tiene lugar en el desierto de Black Rock (Nevada, Estados Unidos) y toma la forma de una ciudad que se mueve, se reinventa y “desaparece” cada año sólo para renacer al año siguiente como un Fénix de sus cenizas.

Antes de existir bajo esta forma física, existió como una comunidad hippie que compartía intereses filosóficos traducidos en la libertad sexual, la música, la drogas psicoactivas y las convicciones políticas. Estamos hablando del llamado Summer of Love de 1967.

Al principio, aquella comunidad se juntaba en el centro de San Francisco. Después se instalaron en Baker Beach, donde nació la idea de quemar una escultura gigante de madera representando a un hombre. Sin embargo, el contexto natural de aquel sitio no permitía perpetuar la tradición por falta de seguridad y tuvieron que moverse a un espacio más aislado. Fue entonces, en 1990, cuando se movieron hacia el desierto de Black Rock que ha acogido el evento hasta ahora. 1997 fue el único año en el que Burning Man se estableció en Hualapai Flat.

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Situación e importancia según el periodo.

Aun sin llegar al nivel de los asentamientos temporales del Kumbh Mela, las cifras son impresionantes para una ciudad que se monta y desmonta cada vez, formada por una mezcla de tiendas, autocaravanas, furgonetas, carromatos y estructuras temporales. El presupuesto de Burning Man se eleva aproximadamente a 10.000.000 de dólares y su población a 50.000 personas, lo que convierte a Black Rock City en la séptima ciudad más importante de Nevada.

Uno de los mejores resúmenes del evento es el trabajo infográfico realizado por Flint Hahn:

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Infográfico del Burning Man por Flint Hahn

Tres principios de organización urbana de Burning Man: Fe | Máquina | Ecología

City of faith

El planeamiento urbano de Black Rock City se organiza en torno de una plaza principal (espacio de ceremonias) que acoje la estatua principal del Burning Man, posicionada en altura y que funciona como referencia para orientarse. A su alrededor la ciudad funciona, literalmente, como un reloj: Las calles se forman como sombras de un reloj de sol, de forma radial.

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Como atestiguando su reconocimiento como “ciudad”, incluso en los mapas de Google constan los nombres de las calles. Se puede ver que éstas tienen nombre de horas y que se extienden entre las 2.00 y las 10.00 con una distancia de 30 minutos.


Ver mapa más grande

La idea de una formación céntrica traducía desde el comienzo una configuración de ciudad comunitaria en la que una figura tiene un ojo sobre el conjunto. Una de las referencias de construcciones mono-céntricas fue el panóptico de Jeremy Bentham (fines del siglo XVIII). A la vez, esta disposición permite una facilidad de orientación crucial en un evento de esta magnitud.

City as a machine

Otra característica de Black Rock City es la de ser una infraestructura flexible capaz de coordinar servicios como un aeropuerto, un helipuerto, un departamento de obras públicas, otro dedicado a la movilidad (control de los vehículos mutantes), un departamento dedicado a las emergencias, unos medios de comunicación…

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Las calles principales forman una estructura en bloques policéntricos en los que los visitadores tienen acceso a instalaciones a las que se pueden conectar para auto-gestionarse. Cada ocupante crea su propia calle peatonal cuyos recorridos se encuentran embellecidos y personalizados por los artistas locales gracias a grandes piezas artísticas (el 30% de la ciudad  se consagra al arte en general y a la escultura en particular).

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Ecological city

Tener el mínimo impacto sobre el entorno natural es la tercera consideración que forma parte integrante de la filosofía inicial del proyecto de Burning Man y que influye en el esquema urbano. Las Garden-city de Ebenezer Howard inspiraron la base concéntrica en la que se desarrolla un programa urbano jerarquizado para controlar densidades específicas.

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© 1989-2012 black rock city, llc

HIGH IMPACT TRACE: Also known as hot spots, the impact trace conditions embedded into the playa in your vicinity were heavily problematic and spread out over a vast area. Get your restoration team and tools together. Set your boundaries, do your line sweep, identify the issues, restore… go green!
MODERATE IMPACT TRACE: While neither the best nor worst, your impact trace is the ever-changing average. On the bright side, with a good strategy your camp has strong potential to go green. However, slack could easily put your camp into the red.
LOW TO NO IMPACT TRACE: Green as in GO! GO! GO! You get an A+ for awesome. Your camping area left no trace. Keep up the good work! BLACK ROCK CITY SALUTES YOU. Please share your LNT strategies with your friends and fellow campers.

De acuerdo con la diversidad que constituyen los burners, Black Rock City se divide en zonas con ambientes y actividades diversas: family friendly zone (zona del medio), zona para adultos (alejados del centro), party zone (zona con un nivel sonoro muy alto, en borde de desierto). También se fomenta en los campamentos el uso de energías alternativas. El discurso sobre la cuestión medioambiental y las energías está bastante claro. Se estima que Black Rock podría ser la primera ciudad en el mundo que tuviese un índice de emisiones de carbono negativo.

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Como en otros casos, Internet tuvo un impacto directo sobre la organización urbana (entre otros aspectos) de la ciudad de Black Rock. Más aún en este caso porque desde el comienzo Burning Man constituye una comunidad que se auto-gestiona. Las nociones de participación o de empoderamiento ciudadano forman el corazón del evento. Y para aumentar la capacidad de acción de los burners, se instaló en 2005 un sistema de WIFI público.

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Con los transportes modernos el aislamiento físico del evento ya no es un problema. Con las TIC, las experiencias individuales y colectivas se pueden compartir directamente con el resto del  mundo. Permiten también que los burners y futuros burners  puedan compartir conocimiento, proyectos e ideas antes y después del evento. Las redes sociales permiten el mapeo de estas inteligencias y suelen impactar contextos y ámbitos externos a Black Rock City. Según Fred Turner, Burning Man constituye una infraestructura cultural que fomenta una nueva industria de medios.

Por todo ello la ciudad del Burning Man constituye un impresionante ejemplo de planeamiento urbano, organización y autogestión en condiciones singulares, a la altura de las aspiraciones humanas del evento que acoje.

Referencias y lecturas interesantes:

Recombinant Urbanism | Burning Man, vídeo de referencia que explica lo aquí comentado.
Designing Black Rock City, post en la web oficial hablando del diseño.
A Vision of How People Should Live, From Desert Revelers to Urbanites, en el NY Times por Fred. A. Bernstein
Burning Man’s contribution to urbanism, incluyendo el vídeo “5 Things Cities Can Learn from Burning Man”.
Burning Man at Google: a cultural infrastructure for new media production (PDF) por Fred Turner

23 Sep 15:28

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20 Sep 15:25

Con todo el respeto a los chóferes de autobús y a las...



Con todo el respeto a los chóferes de autobús y a las MQMF…

20 Sep 01:24

Test de Rorschach

by César Rendueles

Test de Rorschach

En Número Cero me hacen un Test de Rorschach


20 Sep 01:04

13 argumentos a favor de sociofobia…

by César Rendueles

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… en La Playa de Madrid


19 Sep 18:11

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19 Sep 17:23

Jóvenes, viejos y el papel del Estado

by Roger Senserrich

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El debate sobre la reforma de las pensiones en España parece encallado en la habitual discusión sobre niveles de gasto y volumen de prestaciones. Oposición, gobierno y sindicatos andan enzarzados en negociaciones sobre cómo pagar, quién cobrará y cuándo, tocando y retocando el sistema actual y todos sus detalles. ¿Hace falta retrasar la edad de jubilación? ¿Cuántos años computar para calcular la pensión? ¿Qué mecanismos de ajuste automático debe incluir la formula?

Son discusiones importantes, sin duda, y todas ellas afectarán a todos los españoles tarde o temprano. El debate, sin embargo, parece olvidar una pregunta crucial, la más importante en cualquier debate presupuestario: ¿cuáles son las alternativas de gasto al sistema de pensiones? Más concretamente, ¿qué programas estamos decidiendo no financiar por cada décima de presupuesto público que destinamos a mantener el sistema público de pensiones?

La pregunta puede parecer un tanto absurda, dado que en España (como es habitual en otros países) las pensiones se pagan de una «caja» separada del presupuesto público financiada con un impuesto específico, las cotizaciones de la seguridad social. El sistema de jubilación en teoría aislado del resto de presupuestos, y su viabilidad es calculada de forma separada. Aunque esto sea cierto sobre el papel, vale la pena recalcar que tiene mucho de ficción política: las cotizaciones sociales vienen del bolsillo del contribuyente como el resto de los presupuestos, y la factura sería exactamente la misma si pagáramos el sistema vía presupuestos generales. La «caja» de la seguridad social es casi un artificio contable; su existencia es por encima de todo una señal de los políticos de su apoyo a los pensionistas, no una realidad presupuestaria.

Cuando hablamos de viabilidad de las pensiones en el fondo estamos hablando de viabilidad del gasto público. Más concretamente, sobre qué porcentaje de los presupuestos queremos destinar a transferencias de renta a mayores de sesenta y cinco años. El problema no es que España no pueda seguir pagando las prestaciones actuales de forma indefinida; podríamos hacerlo. El problema es que para hacerlo deberíamos o bien confiar en que los trabajadores de generaciones futuras estén dispuestos a subirse impuestos para seguir pagando, o bien empezar a eliminar otras partidas de gasto tarde o temprano mientras el gasto en viejecitos fuerza recortes en el resto del presupuesto. Afortunadamente el gasto en pensiones es (relativamente) fácil de predecir, al tener un fuerte componente demográfico. Por desgracia nuestra poca predisposición a procrear hace que esos trabajadores futuros que ahora andan por guarderías y parvularios sean insuficientes para pagar ese gasto sin enfrentarse al dilema anterior.

Cualquier decisión debe responder no solo si queremos pagar menos impuestos o reducir gasto, sino también tener en cuenta el coste de oportunidad de nuestra elección. Pongamos, por ejemplo, que nos ponemos un sombrero progresista y subimos los impuestos a los ricos hoy para hacer crecer el fondo de reserva y mantener el sistema. Dejando de lado los efectos distorsionadores de cualquier impuesto, es necesario evaluar si esa recaudación adicional no estaría mejor utilizada en otros lugares. Quizá hubiera sido mejor utilizarlos para aumentar el gasto en infraestructuras, por ejemplo, llenando España de hyperloops. Quizá era mejor gastarlos en educación infantil, becas universitarias, investigación científica o exploración espacial. Quizá podríamos haber utilizado el dinero para rebajar otros impuestos más regresivos. O quizá nos podríamos haber fundido el dinero en unos juegos olímpicos, ya puestos. Lo cierto es que cada euro destinado a pensiones es un euro no gastado en otro lugar; decidir si es la partida presupuestaria más adecuada o no debería ser el primer paso antes de empezar a debatir.

La pregunta obvia, en este caso, es por qué el Estado dedica dinero a un sistema de pensiones de jubilación. No es una respuesta sencilla; a fin de cuentas, todo el mundo llega a viejo, todo el mundo debe dejar de trabajar algún día, y todo el mundo necesita ahorros para cuando ese día llegue. En un mundo de ciudadanos responsables, racionales y previsores todo el mundo haría números, calcularía cuánto dinero debe tener ahorrado al cumplir los sesenta y cinco y obraría en consecuencia, dejando al Estado solo para cubrir imprevistos (pensiones de invalidez, por ejemplo). En el mundo real, sin embargo, sabemos que esto no sucede así: los trabajadores tienden a subestimar el dinero necesario, empiezan a ahorrar demasiado tarde y además son singularmente torpes incluso cumpliendo con sus propios objetivos. Los humanos, en general, somos bastante malos planificando a treinta años vista, y aún peores portándonos bien durante todo ese tiempo.

Esta miopía seguramente podría ser solventada mediante regulación, creando cuentas de jubilación privadas obligatorias. Los problemas, sin embargo, no se quedan aquí. Por un lado, es bastante fácil imaginar un escenario donde un contribuyente responsable ahorra mucho y bien, pero mete todo su dinero en preferentes de una caja de ahorros local. Llega a los sesenta y cinco, y ahí se fue su jubilación. Podemos alegar que el Estado no está ahí para protegernos de nuestras estupideces y/o inversiones en filatelia y Lehman Brothers, ciertamente, pero no queremos un país con un cupo de jubilados medio arruinados cada crisis financiera. Por añadido, tenemos el pequeño problema de la esperanza de vida variable; uno puede ahorrar con ahínco para cubrir su vejez solo para darse cuenta de que esa vejez dura diez o quince años más de lo esperado. Y por supuesto, envejecer no es barato: nadie puede predecir con certeza si necesitará ayuda médica, y durante cuánto tiempo.

Los diseñadores de los primeros sistemas de pensiones, por tanto, trabajan con estos problemas en mente. La jubilación es una forma de compensar la falta de previsión generalizada por parte de los contribuyentes mediante un seguro social obligatorio. En ocasiones, el sistema era explícitamente uno de mínimos, con prestaciones relativamente bajas para garantizar un nivel mínimo de renta; el ahorro privado se presupone, con la seguridad social cubriendo emergencias. En algunos países como el Reino Unido la pensión básica es de hecho igual para todo el mundo; hay planes contributivos adicionales, pero son voluntarios. Uno puede hacer el sistema menos tacaño (más «a prueba de idiotas») si se quiere, aumentando los mínimos y haciendo las prestaciones más generosas para las rentas bajas, siendo consciente que los trabajadores de rentas altas son capaces de ahorrar más que el resto.

Lo que no podemos olvidar, sin embargo, es que cada euro adicional que destinamos a pagar a jubilados es un euro que no podemos gastar en otra parte, y que debemos recaudar en algún lado.

Volvamos entonces al papel del Estado. Podemos decir que las pensiones públicas cumplen un papel importante por sí solas, ya que solventan por un lado un fallo de mercado obvio (la gente ahorra menos de lo necesario) y por otro sirven de seguro universal contra imprevistos para los más vulnerables (aquellos que viven más años de lo esperado o sufren minusvalías). Lo que debemos decidir, una vez establecido esto, es si queremos invertir mucho dinero en mayores de sesenta y cinco años, o queremos destinar la capacidad fiscal del país en otro sitio. Si el Estado debe destinar el dinero a proteger a los más débiles, ¿tenemos gente más necesitada que los jubilados? Si el Estado debe invertir en aquellas políticas públicas que generan el mayor crecimiento económico posible a medio/largo plazo (ayuda a pagar las pensiones) ¿concentraremos nuestros impuestos en la caja de la seguridad social?

Mi respuesta, en ambos casos, es probablemente no. Si tengo que escoger entre subir los impuestos para mantener el sistema de pensiones en su estado actual contra viento y marea o subir esos mismos impuestos para invertir en una red de guarderías públicas gratuitas, me decantaría por lo segundo sin dudarlo. Si tengo que decidirme entre pensiones o políticas activas de empleo, pensiones o I+D, pensiones o ley de dependencia, pensiones o políticas de natalidad, pensiones o planes de ayuda a familias en peligro de marginación, me decantaré por la segunda opción en casi todos los casos. Las guarderías públicas (cualquier cosa dedicada a educación infantil de cero a tres años, de hecho) tienen efectos enormes sobre el rendimiento educativo de los niños y contribuyen a la igualdad de oportunidades. Las políticas activas de empleo (bien diseñadas) mejoran la productividad de la economía. La I+D el crecimiento a largo plazo. La ley de dependencia es enormemente redistributiva y protege a los más vulnerables. Las políticas de natalidad ayudan a pagar las pensiones a largo plazo, y generan crecimiento económico a medio. Ayudar a familias marginales protege a sus hijos y suponen un ahorro de dinero a medio plazo. Y así sucesivamente.

De un menú de políticas públicas posibles y gasto social destinado a mejorar la igualdad en una sociedad, promover la igualdad de oportunidades y ayudar a los que más sufren, dedicar más dinero al sistema de pensiones tiene unos retornos relativamente limitados. El sistema de pensiones es una pieza crucial del estado de bienestar, sin duda, pero no debemos dedicarle recursos eternamente. Si realmente nos preocupa hacer una sociedad más igualitaria y justa,  hay capítulos de gasto público más importantes y efectivos. Si no nos importa la igualdad y primamos el crecimiento económico, cosas como infraestructuras, universidades o investigación tiene mucho mejores retornos.

Si todo lo dicho arriba es tan obvio, ¿por qué las pensiones siempre monopolizan la conversación de este modo? ¿Por qué no estamos hablando de igualdad de oportunidades, familias estables, niños felices, guarderías públicas y crecimiento a largo plazo? La respuesta, en este caso, es muy sencilla: los jubilados votan; los niños de tres años no. El gran problema del debate sobre las pensiones, y de cualquier política pública que favorezca a votantes presentes en contra de votantes futuros, es parecido al de la miopía de los ahorradores ante su jubilación, con el agravante que muchos votantes ni siquiera estarán por aquí para ver las consecuencias. El estado del bienestar habitualmente redistribuye entre ricos y pobres, pero al hablar de pensiones y educación lo hace entre grupos de edad. La inmensa mayoría de votantes ya han pasado por el sistema educativo, y esperan recibir una pensión. Conseguir que piensen en ciudadanos futuros y niños de parvulario por delante jubilación (esa para la que están ahorrando menos de lo necesario) es harto complicado, y acaba produciendo estructuras de gasto público a menudo disfuncionales. Todos los estados de bienestar en toda Europa, no solo en España, se están enfrentando a este dilema ahora mismo: una población cada vez más envejecida debe decidir si el gasto público en ancianos seguirá aumentando, o si el estado de bienestar debe mantener sus viejas prioridades. Políticamente, no es una cuestión fácil.

Cuando hablamos de reformar el sistema de pensiones, por lo tanto, recordad que no es una conversación sobre «derechos sociales adquiridos» o «mantener el poder adquisitivo». Estamos hablando sobre dónde vamos a invertir dinero público, y más en concreto, a quién debe ayudar y proteger el Estado.

19 Sep 17:06

DIDAC ALCARAZ vs CARLO PADIAL

by Pioneros Siglo XXI
DIDAC ALCARAZ vs CARLO PADIAL - En este vídeo Carlo y Didac muestran diferentes aspectos de su personalidad: Carlo Padial es una persona que vive en Barcelona y Didac Alcaraz ama a su familia...
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19 Sep 16:58

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17 Sep 18:36

Cristian Campos: El dinosaurio de las letras ya tiene su meteorito

by Cristian Campos

El pasado seis de agosto la revista estadounidense The New Republic publicó un artículo de Steven Pinker titulado La ciencia no es tu enemiga. Hace apenas unos días el escritor y crítico literario Leon Wieseltier respondió a Pinker con un artículo titulado Crímenes contra las humanidades.

El subtítulo del texto de Wieseltier resume bien la polémica: La ciencia quiere ahora invadir las artes liberales, no dejen que ocurra.

En el contexto de su artículo, lo que Wieseltier denomina artes liberales es, con matices, lo que nosotros llamamos letras: la suma de las humanidades (la filosofía, la historia, la teología) y las ciencias sociales (la sociología, la economía, la política, el derecho, la pedagogía). Es decir toda disciplina intelectual que no forme parte de las ciencias naturales o las formales (química, física, biología, matemáticas, lógica).

Wieseltier critica en su artículo el cientifismo de Pinker. Cientifismo es el término peyorativo usado habitualmente por los académicos de letras para ridiculizar la idea de que el método científico es el único capaz de describir con precisión la realidad. El cientifismo defiende la superioridad de la ciencia sobre el resto de disciplinas del conocimiento humano, a las que considera poco menos que metafísica.

Lo que molesta en realidad a Wieseltier no es tanto la idea de que la ciencia lo puede explicar todo como lo que se infiere de ella: que ninguna otra disciplina intelectual explica nada. Para el cientifismo tanto la religión como la filosofía, la economía o la política son prescindibles. Pura cháchara académica cuya relación con la verdad es en el mejor de los casos anecdótica. Pan y circo. Ornamentos de colores para currículums perezosos.

Steven Pinker

Steven Pinker.

El debate no es nuevo. El cientifismo se deriva del positivismo de Auguste Comte. Este a su vez bebía de las ideas de Francis Bacon. «Solo la física es ciencia, el resto es coleccionismo de sellos», dijo el físico nuclear neozelandés Ernest Rutherford hace ya un siglo. Pero no hace falta irse tan lejos. Al pie de su artículo Sobre la supuesta singularidad de las ciencias sociales, publicado en esta misma revista, uno de los comentaristas insultó a Kiko Llaneras llamándole positivista. «Vuestro ego, vuestra megalomanía, os delata siempre», dijo. También a mí me llamaron positivista en Jot Down. «Positivista trasnochado», más concretamente. Habrá que ir pensando en fundar un club.

Aquí hay que saber que en el terreno del debate académico el término positivista cumple la misma función que el término fascista en el debate político: sirve para descalificar de raíz al contrincante sin necesidad de dar mayores explicaciones. De hecho, con el tiempo el término positivista ha acabado adquiriendo peso político e identificándose con uno de los extremos del espectro ideológico. Pregúntenle a una feminista lo que opina de Pinker y entenderán lo que quiero decir.

El debate es encarnizado porque lo que propone el cientifismo es un juego en el que el ganador se lo lleva todo: si sus tesis son correctas, las disciplinas de letras deberían ser desterradas de las universidades y pasar a impartirse por correspondencia junto con la astrología, las medicinas alternativas, el reiki y la homeopatía.

El debate, no obstante, no había logrado salir de los círculos intelectuales hasta que el editor estadounidense John Brockman acuñó en 1995 el concepto de Tercera Cultura. La Tercera Cultura, a la que pertenecerían científicos como el mismo Pinker, Daniel Dennett, Richard Dawkins o Lawrence Krauss entre muchos otros, pretende demoler el dique que protege a las letras de las ciencias.

La idea de la Tercera Cultura, que a primera vista puede parecer conciliadora, es el equivalente de un evento de extinción masiva en el terreno del conocimiento humano. La Tercera Cultura es un meteorito de tamaño colosal para las disciplinas de letras. Como ya he tocado el tema en un artículo publicado en el número de septiembre de la revista Muy Interesante, me van a permitir que me autocite para no escribir aquí lo mismo con diferentes palabras:

En la práctica, lo que hace la Tercera Cultura es arrebatar a las ciencias sociales (la economía, la psicología, la política) el monopolio de la influencia sobre los asuntos públicos. De acuerdo a las tesis de la Tercera Cultura, la política educativa, la legislación penal o los sistemas de protección social no deberían ni siquiera discutirse sin tener en cuenta los avances de la neurociencia, la sociobiología o la antropología evolucionista.

La idea de la Tercera Cultura no es inocente porque aunque su premisa teórica es la fusión consensuada de letras y ciencias, es obvio en la práctica que la filosofía, la política y la economía no tienen nada que aportarle a la física, la química o las matemáticas. Pero estas últimas sí pueden en cambio modificar por completo las reglas de juego de las primeras. Una sola gota de neurociencia es capaz de evaporar un océano de ciencia política en menos de lo que se tarda en decir Norberto Bobbio. Y esa es precisamente la diferencia entre el conocimiento verdadero y la pura especulación retórica.

La batalla, en definitiva, es sangrienta. Y uno de los ejércitos contendientes está aterrorizado por partida doble.

En primer lugar, porque la victoria del positivismo no solo dejaría en el paro a miles de académicos y licenciados de letras y los condenaría al más puro ostracismo intelectual, sino que vaciaría de sentido toda su carrera profesional y, muy probablemente, su concepción de la realidad. Observen la cara de un homeópata o de un astrólogo cuando se les dice que la realidad física, lisa y llanamente, no funciona así y sabrán de qué tipo de pánico estoy hablando.

En segundo lugar, porque la idea de que las ciencias se apoderen del debate sobre los asuntos públicos parece conducir hacia una sociedad gobernada por la frialdad de la razón científica y en la que las emociones, los sentimientos, la empatía y las ideologías no tienen cabida. En una sociedad así solo importaría el cómo porque la ciencia nos habría dirigido a la conclusión de que la realidad física no tiene porqué. De que el ser humano y sus códigos morales y sus más elevadas aspiraciones (la belleza, la fraternidad, el amor) no tienen ninguna finalidad. De que están vacíos de significado, de trascendencia y de propósito. De que son arbitrarios. De que la existencia, simplemente, es.

El artículo de Wieseltier es interesante porque resume los argumentos habituales de los defensores de las disciplinas de letras y su visión de la realidad. Con sus argumentos, coma arriba coma abajo, van a sentirse cómodos tanto los creyentes como los laicos que se resisten a una explicación puramente racional de la existencia. También se sentirán cómodos los relativistas, los poetas, los filósofos y muy probablemente cualquier partidario de algunas de las docenas de ideologías redentoristas que se apoderaron del ámbito académico a finales de los años 60.

Leon Wieseltier

Leon Wieseltier.

Esos argumentos se pueden resumir en diez puntos. También sus contraargumentos. Las frases entrecomilladas son de Wieseltier:

1. «La ciencia no confiere una autoridad especial, o ninguna autoridad en absoluto, para responder preguntas no científicas».

No existen preguntas no científicas. Si una pregunta no es ciencia o está mal planteada, o es irrelevante, o es metafísica. Con este argumento lo único que hacen los detractores del cientifismo es sembrar los límites de su terruño de carteles de «prohibida la entrada a extraños». Proteger su modus vivendi, en definitiva.

2. «La ciencia es una fuente de asombro y de mejora».

Es el argumento perdonavidas por excelencia. Conscientes de la banalidad y la función meramente decorativa de las disciplinas de letras, sus defensores atribuyen a las ciencias el que en realidad es su principal defecto: su incapacidad para aportarle al ser humano algo más que entretenimiento banal con pretensiones intelectuales.

3. «Muchos de los defensores de la ciencia, y de los ruidosos nuevos ateos, creen de forma mezquina que pueden refutar la religión señalando sus manifestaciones más extravagantes».

Es el mito de la religiosidad moderada. Pero no existen zonas grises entre la verdad y la mentira. No existen las medias verdades. O dios existe o no existe. O la existencia tiene un propósito último o no lo tiene. Creer en la literalidad de la Biblia o defender una interpretación moderna de sus enseñanzas no supone ninguna diferencia para la ciencia. Entre las creencias de un talibán que lee de forma literal el Corán y las de un creyente que acepta la teoría de la evolución no hay ninguna diferencia desde el punto de vista de la razón, al igual que no la hay entre quien cree en la existencia del dios cristiano y quien cree en la existencia del yeti: ambos están equivocados en el mismo grado. Es decir absolutamente.

4. «La idea de la autonomía de las humanidades, la noción de que el pensamiento, las acciones, la experiencia y el arte exceden los confines de la ciencia, les llena de ansiedad».

No sé si la palabra ansiedad es la correcta en este contexto, pero en cualquier caso se trataría de la misma ansiedad que provoca la insistencia de un interlocutor cualquiera en creencias obviamente falsas. Ni el pensamiento, ni las acciones, ni la experiencia, ni el arte exceden los confines de la ciencia: todos ellos son ciencia pura y dura. La ansiedad real es más bien la que padecen los defensores de las disciplinas de letras cuando ven como la ciencia ocupa poco a poco el que creían que era su coto privado de caza.

5. «Imaginen una explicación científica de una pintura, un análisis de las cerezas de Chardin, desde el punto de vista de los pigmentos que las componen y de un análisis de cómo su mezcla produce las sutiles y tristes tonalidades por las que son admiradas».

Es el recurso habitual a lo que algunos llaman el misterio del arte, una de las pocas actividades humanas que parece no obedecer a ningún fin o interés evolutivo superior. En realidad, el arte no tiene nada de misterioso ni de metafísico y su existencia responde a las mismas necesidades humanas que el sexo, la vivienda, los amigos, el dinero y la comida. Es decir a las de reproducción, protección, socialización, estatus y energía. Lo que hace Wieseltier aquí es mezclar hábilmente dos conceptos diferentes. Por supuesto que explicar el placer estético que provoca una pintura cualquiera analizando los pigmentos que la componen es absurdo. Lo que hace la ciencia es más bien describir por qué determinados colores y determinadas temáticas nos producen más placer que otros colores y otras temáticas. Y la explicación es pura y estrictamente científica.

6. «Los cientifistas no respetan las fronteras entre reinos. Violan esas fronteras para fusionar todos los reinos en uno solo, en su reino. No son plurales».

La verdad no es un término medio entre opiniones plurales. La verdad es una, la defiendan millones de sabios o un único demente. Por supuesto, no hay nada más plural que el error: solo hay una manera posible de acertar en el centro de una diana pero existen cientos de miles de maneras distintas de errar el tiro. La pluralidad, de nuevo, es solo un subterfugio infantil con el que defender el territorio propio: cuantos más locos haya defendiendo disparates, más desapercibidos y tolerables parecerán los nuestros.

7. «[Pinker] parece decir que los científicos piensan bien y los humanistas escriben bien».

Es una frase extraordinariamente errónea. Es cierto que los científicos piensan bien y los humanistas mal. Pero no es cierto que los humanistas escriban bien. Quizá lo hacían hace 40 o 400 años, pero en la actualidad es difícil encontrar a alguien que escriba peor que los licenciados de letras. La prosa administrativa, la judicial, la policial, la literaria, la académica y la que puede encontrarse a los pies de las obras de arte en una exposición cualquiera son un buen ejemplo de los horrores insondables que es capaz de teclear un ser humano cuando no piensa claro y/o ha pasado por una facultad de letras. Lean una tesis doctoral de letras cualquiera y vislumbrarán entre sus líneas el rostro de Satán. Es más: comparen la prosa de Richard Dawkins o la de Frans de Waal con la de su novelista preferido y no volverán a leer sus novelas con los mismos ojos. Por supuesto, no es un problema de pericia con el teclado sino de armonía intelectual: quien no piensa recto jamás escribirá recto.

8. «La imaginación tiene su propio rigor. Lo que la imaginación enseña a la hora de entender el mundo debería también ser llamado conocimiento».

Lo imaginativo es otro de esos conceptos, como el de lo plural, lo artístico o lo poético, cuyo prestigio se basa solo en infantiles razones estéticas. La imaginación no es más que el equivalente de esas cremas faciales que incluyen oro entre sus componentes. El oro brilla y nos parece bonito, sí, pero no hay absolutamente ninguna ley física que diga que lo estéticamente placentero es beneficioso para la piel y lo feo, dañino. La imaginación no es conocimiento de la misma manera que el oro no hace que la piel humana recupere su lozanía juvenil más de lo que pueden hacerlo las heces de hiena. La imaginación, en definitiva, no tiene nada de elevado: es una herramienta, un simple recurso intelectual que nos permite dar con soluciones alternativas para problemas concretos. No tiene mayor trascendencia que el hecho de poner la mano cóncava en vez de plana cuando queremos beber de una fuente. Y por eso el placer que sentimos frente a una obra artística particularmente imaginativa no es más que el reflejo del que sentimos cuando solucionamos correctamente un sudoku: es la señal de que nuestro cerebro, o el de los que nos rodean, está finamente ajustado y funciona correctamente.

9. «Cómo funciona el arte no es la pregunta más profunda que puede hacerse sobre él».

No es la más profunda, es la única. La que explica todas las demás: por qué nos atrae el arte, por qué nos gusta más un tipo de arte que otro, por qué nos gusta contemplarlo, por qué parece resonar en nuestra mente, por qué lo interpretamos de forma diferente en función de nuestras experiencias personales, por qué existe, por qué se ha convertido en un símbolo de estatus, por qué surgen las vanguardias, por qué surge el feísmo, por qué nos suelen gustar los paisajes y no las pinturas de cadáveres, por qué determinadas combinaciones de colores nos parecen más correctas que otras…

10. «Las humanidades no progresan de forma lineal, aditiva y secuencial como la ciencia».

Pero deberían hacerlo si quieren dotarse de un mínimo de prestigio intelectual. La alternativa es la discusión eterna, circular, improductiva y retórica sobre el sexo de los ángeles. Siento derribar el mito, pero no existe absolutamente ninguna actividad humana por extraña, altruista, caprichosa, exquisita o improductiva que parezca que no tenga una finalidad concreta también perseguida, a su manera y con sus medios, por los chimpancés o los bonobos. Una finalidad que puede ser analizada, deconstruida e incluso medida por la ciencia.

Llegará un día en el que los humanos acudiremos a una librería y un simple análisis instantáneo de ADN o un escáner de nuestras sinapsis cerebrales nos dirá qué libro de los miles que hay a la venta tiene más probabilidades de producirnos un mayor placer estético e intelectual. Por no hablar de lo que ocurrirá cuando entremos en un club o en una farmacia. Para entonces hará décadas que las disciplinas de letras han quedado arrinconadas en el museo de los saberes falsos producidos por la humanidad en épocas más oscuras. Y puede que la ciencia nos haya conducido de manera irreversible a la evidencia de que no somos más que máquinas previsibles e intrascendentes. Pero la alternativa, aunque consoladora, es errónea: no disfrutamos de mayor poder sobre nuestras vidas, acciones y elecciones que el del planeta Tierra sobre su órbita alrededor del sol. Así que puestos a escoger, ¿prefieren ustedes quedarse con el único saber humano capaz de calcular su posición y la velocidad de la trayectoria o con aquel que les dice que pueden ustedes vagabundear por la Vía Láctea siempre y cuando lo deseen con el suficiente entusiasmo porque-hay-cosas-que-quedan-fuera-del-terreno-de-la-ciencia-como-por-ejemplo-el-libre-albedrío?

¿Prefieren ustedes, en definitiva, la cruda verdad científica o la piadosa mentira humanista?

17 Sep 18:35

Alberto Rojas: Mis monstruos favoritos

by Alberto Rojas

Mis monstruos favoritos

Mercado de Kitoga, en las montañas de Haut Plateaux, República Democrática del Congo, sobre las 12 de la mañana un día de octubre de 2011. «Hace una semana se liaron a tiros en este lugar, así que ni una puta broma», nos dice a Fernando y a mí el guía y traductor. «Y haced el favor de guardar las cámaras». Bajamos la ladera de la colina y vemos los tenderetes de madera a lo lejos, casi vacíos. De un lado vemos a unos cuantos adolescentes armados. «Son de la milicia Mai Mai. Allí enfrente tenéis a los chicos del FDLR», y el guía señala un grupo de gente mirando a medio kilómetro de distancia. FDLR, o sea, Fuerzas Democráticas de Liberación de Ruanda, o sea, los hutus de las milicias Interahawe que mataron en 100 días de la primavera de 1994 a 800.000 tutsis, y que malviven aquí, en estos mismos bosques. Pocas mujeres, algunos niños, ninguna sonrisa. Sobre todo hombres en un mercado dominical, con el Kalasnikov sin seguro y canana llena de balas como morcillas. «Con los Mai Mai tened cuidado, pero a los ruandeses ni los miréis. Aquí comienza su territorio».

¿Pero cómo no los vamos a mirar? El grupo armado más infame del este del Congo, con un historial de violaciones y matanzas solo a la altura de los Jemeres Rojos, las SS o los escuadrones de la muerte en El Salvador, está delante de nosotros. Claro que vamos a mirarles. Yo al menos no hago otra cosa. Pero culebreamos entre los puestos con la sensación de que son ellos los que no nos quitan los ojos de encima. A alguien se le ocurre comprar caramelos para los niños que nos siguen. Eso relaja algo el ambiente. Me llama la atención uno de los FDLR, con un gorro de lana verde en la cabeza y parka militar. Es mucho más alto que los demás y, por su actitud dominante, parece el jefe. Cojo el paquete de tabaco que siempre llevo en estos sitios y le ofrezco un cigarro. Pilla todo el paquete, claro. «Venga, vamos que esto se va a animar», dice nuestro guía. Y nos piramos antes de que se monte la balancera.

Esa fue la primera vez que estuve en eso que llaman tierra de nadie, es decir, en uno de esos lugares donde la única autoridad es un rifle con balas y alguien capaz de dispararlo. Como en el Far West o en el Caribe del capitán Morgan, donde la ausencia de leyes y de gente para aplicarlas provocó el nacimiento de mitologías literarias como los piratas o la conquista del oeste. Es cierto que los señores de la guerra congoleños tienen mucho menos glamour que Toro Sentado o los corsarios de isla Tortuga, pero el contexto de impunidad y de vida al límite está también aquí, con su guerra por las minas de oro, borracheras épicas, raptos de mujeres, asaltos a las aldeas enemigas y uso y abuso de pociones mágicas. Son el general tutsi Makenga, criminal de guerra; el coronel Cheka, señor del coltán, responsable de 300 violaciones en cuatro días a las órdenes de su milicia Mai Mai; o Sylvestre Mudacumura, líder de los genocidas hutus ruandeses y por el que EE. UU. ofrece 55 millones de dólares por los crímenes que comete contra la población civil. Galácticos de la guerrilla en la selva, estrellas de la champions league en la no man land junto a los charlies vietnamitas o las FARC colombianas.

En el este de la República Centroafricana sobrevivía Yanik. Él se ofreció a contarnos cómo había sido capturado por el Ejército de Resistencia del Señor de Joseph Kony y cómo aquella experiencia le había marcado de por vida. Era solo un niño, pero le obligaron a comerse a cuatro o cinco de sus compañeros, a matar a bebés recién nacidos, a violar a mujeres. Su vuelta a la vida cotidiana, según reconocía, era ya imposible. Estaba haciendo terapia, pero durante dos años la muerte para él había sido una forma de vida. Estaba en su mano decidir quién vive y quién muere y no le temblaba el brazo a la hora de aplicar su ley. «Cuando me enfado tengo ganas de matar, y eso puede pasarme varias veces a la semana». Cuando terminamos la entrevista, Raquel verbalizó algo en lo que yo no quise ni pensar: «¿Y si este tipo se enfada con nosotros y quiere liquidarnos esta noche?». Debimos caerle bien, porque las paredes de cañizo de la casa de Médicos Sin Fronteras en Zemio no hubieran sido problema para que Yanik viniera a trocearnos con un machete. Ese era su territorio. Y en su territorio los hombres como él matan a cuchillo y luego limpian el filo con la lengua como si fueran el conde Drácula.

La historia de Kony es tan vieja que aún le crece el pelo, pero no hay quién le ponga el punto y final. Un señor de la guerra con casi 60 años sobreviviendo en la jungla a cinco ejércitos persiguiéndole, incluyendo el estadounidense, secuestrando niños, con un séquito de 60 esposas y una fama de hechicero loco que le ha dado un aura de inmortal.

Yanik nos enseñó una cicatriz en el brazo donde Kony había vertido una especie de aceite mágico que hacía que se comportaran como animales en los asaltos de conmoción y espanto. Todos los miembros de su milicia llevaban esta marca igual que los presos de Auschwitz llevan números tatuados. Ahora su presente es buscar trabajo en un estado fallido, intentar comer a diario, integrarse en la nada. Pero Yanik nos confiesa que no estaría tan mal que Kony volviera a capturarle. «Vivir en la selva no estaba tan mal. Había comida, alcohol, mujeres». La vida pirata, la vida mejor.

Aunque si se habla de warlords y tierras sin ley hay que hablar de los somalíes. El islamismo radical ha hecho del cuerno de África un vertedero maloliente con hedor a Yihad y a animales muertos. Allí mueren de hambre miles de personas y allí, entre sus ruinas, administran la miseria los jefes de los clanes, los tipos más corruptos e inhumanos que uno haya conocido. Si toda la energía que han puesto en 20 años de guerra la hubieran canalizado de otro modo, Somalia tendría luz eléctrica para los próximos siglos.

Recuerdo a los chicos del clan Daroq, que controlaban el casco viejo de la capital, mascando la hoja de kat al atardecer, esa droga de efectos similares a la cocaína, dicen. Solo que estos no estaban eufóricos, sino sentados frente al mar, tranquilos, saludando al periodista blanco con educación exquisita mientras sus compañeros descargaban el pescado, todos con su arma a la distancia de su brazo. No vaya a ser qué. No hay que dejarse engañar. Son los mismos que violarían y matarían a una mujer blanca y luego pondrían precio a su cadáver. Cosa que ya ha sucedido. Son los mismos que asesinan sin escrúpulos a cualquiera que ose discutirles el negocio del puerto, el cobro de comisiones, la piratería del Índico, los vertidos químicos pactados con la camorra, la venta de camellos a Yemen, el pago puntual de los secuestros. De vuelta al hotel, atravesamos el checkpoint de los tullidos, una barrera en la que los mutilados de guerra intentan sacar algo para sobrevivir a los incautos que atraviesan Mogadiscio.

Aunque mis monstruos favoritos, los pobladores de las pesadillas que me llevaría a una isla desierta no son ni los hutus del machete ni los somalíes, ni siquiera Kony y su chamanismo asesino. En mi último viaje al Congo me hablaron de unos tipos muy curiosos: los profanadores del Raïa Mutomboki, literalmente, «los ciudadanos indignados». Lo de volverse loco viene en la letra pequeña del contrato de la guerra, pero lo de estos tipos es demasiado. Este grupo, de reciente aparición, sin agenda política alguna y formado por civiles, ha conseguido armas para combatir a todas aquellas milicias extranjeras que operan en el este del Congo, que no son pocas. Lo que pasa es que estos tipos se han convertido en fundadores del club de fans del holocausto caníbal.

Hace poco me contaba un miembro de una ONG que tuvo que negociar con ellos algunas pinceladas sobre su brutalidad. Cortadores de cabezas, destripadores, violadores de mujeres, de hombres, de niños. Profanan las tumbas, celebran rituales con los cuerpos, atacan a civiles con una furia apocalíptica. En Occidente nos escandalizamos porque unos soldados orinan en el cadáver de sus enemigos, algo tan antiguo como la guerra de Troya. En el este del Congo pueden obtener un extenso catálogo de espantos, pero en la selva no hay Youtube.

Son tipos que juegan a montar su propio congoleño por piezas, el horror de Kurtz hecho milicia. Beben un licor mágico que, según dicen, les hace invisibles, así que los chicos de Médicos Sin Fronteras tienen que hacer como que no les ven cuando les esperan en un control de carretera. La orden es «no les miréis». Y pasan de largo. Ahora, estos profanadores combaten con dureza al FDLR, los hutus del machete. «Si algún día te los encuentras», me dice el cooperante, «no les des la mano. Creerán que quieres robarles su fuerza».

Fotografía: Alberto Rojas

17 Sep 17:02

Un viaje por el mapa político de Pangea

by noreply@blogger.com (Antonio Martínez Ron)
Mapa: Massimo Pietrobon Clic para ampliar

Hace 300 millones de años, a finales del Paleozoico, una gran masa continental llamada Pangea ocupaba la Tierra. ¿Qué pasaría y dónde estaría cada país si trasladáramos las fronteras actuales a ese mapa? Es lo que intenta reflejar Massimo Pietrobon en este mapa que publica NPR y que merece echar un vistazo más detenidamente.

Si mantuviéramos las fronteras actuales, habría países, como Irán, que quedarían separados en tres partes, y uno podría conducir desde Nueva York a Marruecos en unas horas o pasar andando de Australia a Bangladesh, o de la Antártida a India o Mozambique.


Si echas un ojo más despacio, puedes fijarte dónde quedaría la Península Ibérica, conectada con Canadá y Groenlandia por solo unos kilómetros de tierra. El Mediterráneo quedaría dividido en dos, Irlanda unida a Gran Bretaña y Barcelona pegadita a Argelia. Si eres de los que practican el nacionalismo nostálgico, aquí tienes horas para entretenerte y encontrar nuevos argumentos ;-P

Enlace: A Most Delightful Map (NPR)

Entrada publicada en Fogonazos http://www.fogonazos.es/
17 Sep 06:32

Enviado por @Cuenta_C.



Enviado por @Cuenta_C.

15 Sep 00:22

La cerveza es así por @arbezRM


13 Sep 18:22

Otra aparición estelar de Migaloo, la ballena blanca

by noreply@blogger.com (Antonio Martínez Ron)
Imagen: Jenny Dean.

Migaloo, la ballena blanca, ha vuelto a dejarse ver en aguas de Australia, aunque esta vez ha sido avistada más al sur, lo que hace dudar a algunos de que pueda tratarse de otro ejemplar. En Fogonazos llevamos siguiendo los pasos de esta ballena albina desde 2006. En 2008 se dejó ver junto a una embarcación y ahora ha aparecido saltando fuera del agua, según confirma el diario local Courier Mail.

"Paramos la barca y ella estaba jugando a unos 200 metros, y empezó a acercarse más y más, hasta unos 50 metros", explica al periódico Jenny Dean, la autora de las fotografías. "Después se zambulló y se dirigió hacia la barca". Otras personas que paseaban por la zona pudieron ver a la ballena, pero solo Jenny Dean pudo tomar estas espectaculares imágenes. Podéis ver más en este enlace. Me enteré vía Reddit.


Remember: Encuentro con la gran ballena blanca en alta mar (Fogonazos). Danos un "me gusta" en Facebook que estamos de aniversario :-)

Entrada publicada en Fogonazos http://www.fogonazos.es/
13 Sep 09:36

Olvida el móvil

by noreply@blogger.com (eLzO)
Sergioski02

si tuviera que ser nazi con algún tema seria en el uso del movil

11 Sep 19:47

http://espantajo.es/post/57690971302



10 Sep 17:34

Dos visiones fotográficas sobre la vejez

by noreply@blogger.com (Antonio Martínez Ron)
"La idea es que está pasando algo pero tú no puedes verlo, pero puedes sentirlo, como sucede con el hecho de envejecer". Así describe el fotógrafo Anthony Cerniello su vídeo titulado "Danielle", que descubro vía @kurioso, un montaje en el que pretende reflejar la llegada de la vejez en una persona. Te aconsejo que te tomes un rato y te quedes delante de la pantalla. Si te impacientas, te lo perderás:


Como veis, el vídeo aprovecha una propiedad de nuestro cerebro que es la "ceguera al cambio" (si los cambios se producen lo suficientemente despacio apenas somos conscientes de ellos) y es una pequeña obra de artesanía. En Thisiscolossal explican cómo fue el proceso de elaboración. En la última cena de Acción de Gracias, Cerniello cenó en casa de su amiga Danielle y retrató uno por uno a los distintos miembros de la familia. De vuelta a Nueva York se dedicó a seleccionar a aquellas personas con una estructura facial más parecida y pidió la ayuda a dos amigos animadores, que retocaron los detalles para que el conjunto produjera esa sensación inquietante que produce el vídeo.


Precisamente hace unos días me llamó la atención otro proyecto fotográfico relacionado con la vejez. Bajo el título "Reflections" (reflejos), Tom Hussey ha intentado reflejar esa sensación que tenemos todos de ser más jóvenes que nuestro cuerpo. "No importa la edad que tengas", escribe, "cuando te miras en un espejo piensas en ti mismo como alguien más joven de lo que eres". Estas fotografías pertenecen a una campaña encargada por una farmacéutica para un medicamento para el alzhéimer, basadas en una primera foto original de un veterano de guerra ante su imagen en el espejo 50 años más joven.

¿A qué se debe esta sensación? Ya lo contábamos por aquí en una entrada titulada "Por qué todo sucede cuando tenemos 20 años": “El tiempo no es constante en nuestra memoria, se expande y se contrae y los recuerdos se concentran en períodos concretos. A este hecho se le llama “efecto reminiscencia”... una pequeña treta de la memoria que hace la mayoría de los recuerdos se acumulen alrededor de la época cuando se tiene 20 años. Hace unos años se preguntó a 1.400 americanos de más de 18 años qué acontecimiento histórico consideraban más importante, nacional o internacionalmente. Los resultados fueron sorprendentes: para la gran mayoría de participantes, el hecho destacado había sucedido cuando tenían más o menos 20 años”.

Vía @kurioso | Petapixel

Entrada publicada en Fogonazos http://www.fogonazos.es/
09 Sep 02:04

Photo



09 Sep 02:04

Bien.



Bien.

09 Sep 01:29

" Vamos a descansar un poquito de tanto simbolismo y echar una a...



" Vamos a descansar un poquito de tanto simbolismo y echar una a los bolos " (Der Descanssenderallegorienrecargattën) Jan Provost

07 Sep 16:59

El oscuro secreto de los súper rascacielos

by noreply@blogger.com (Antonio Martínez Ron)
Imagen: CTBUH

Lo de construir un pináculo enorme en lo alto del edificio para sumar más metros de rascacielos se lleva haciendo desde los tiempos en que se construyeron la torre Chrysler o el Empire State Building. Es una forma sencilla, y algo tramposa, de aumentar la altura sin tener que multiplicar los costes y construir más plantas.

Desde el Consejo de Edificios Altos y Hábitat urbano (CTBUH), una organización sin ánimo de lucro que lleva el recuento de los mayores rascacielos del planeta, han hecho un pequeño estudio sobre estos añadidos inservibles (lo que ellos llaman "vanity spires") y dejan al descubierto las "vergüenzas" de algunos de los edificios que ocupan los primeros puestos entre los más altos del mundo.

El Burj al Arab, el famoso hotel de Dubai que veis representado en la imagen de arriba, está entre los más altos del mundo y es uno de los ejemplos más claros. De sus 321 metros de altura oficial, resulta que un 39% (casi 120 metros) son un añadido "de pega" que no puede ser ocupado por humanos.

Imagen: CTBUH

Si echamos un ojo a algunos mayores edificios del mundo, la situación es parecida. El número uno es el Burj Khalifa, también en Dubai, con sus 830 metros de altura oficial. Pero si echamos un ojo a la zona habitable, ni más ni menos que 244 metros son un añadido "inservible". Si se lo quitáramos, explican en Popular Science, apenas ese sobrante sería el undécimo rascacielos más alto de Europa.

En el gráfico (haz clic para ampliar) podéis ver que otros edificios, como el del Bank of America o la torre del New York Times, están en una situación parecida. Si se contabilizara como edificio más alto aquel que tuviera la última planta ocupable a mayor altura, el ranking cambiaría de forma notable, y muchos dejarían de subir artificialmente simplemente por llevarse el título. Tampoco es que pase nada, pero es interesante conocer estas pequeñas interioridades de la nueva arquitectura.

Enlace: Vanity Height: the Use-less Space in Today’s Tallest (CTBUH) | Vía: Popular Science

Actualización: Si queréis ver cómo quedaría el ránking por planta más alta ocupada pinchad aquí.

¿Aún no nos has dado un "like" en Facebook? ¡Te voy a perseguir hasta que lo consiga! ;-P

Entrada publicada en Fogonazos http://www.fogonazos.es/
07 Sep 16:50

Venga, que esto está ganao' por @WAPOW_FV


07 Sep 16:48

Puto Yisus…



Puto Yisus…

06 Sep 19:08

buzzfeed: Living a comfortable middle class lifestyle is so...

Sergioski02

AVISIMO PABLEULLL

06 Sep 17:06

prohibidopulsarelboton: Retardeds de la Teletienda El de “Butt...



















prohibidopulsarelboton:

Retardeds de la Teletienda

El de “Butt odor” es el cúlmen de las actuaciones de teletienda. A saber qué venderán…

Joder me descojono con estas cosas xddd

06 Sep 17:04

"Admitirlo, seguís siendo amigas porque sabéis demasiado la una de la otra."

“Admitirlo, seguís siendo amigas porque sabéis demasiado la una de la otra.” -...
05 Sep 16:17

Nerón 2020

by César Rendueles

Por surrealista que resulte, no es completamente imposible que el COI decida encomendar la organización de las olimpiadas a Madrid, una ciudad en quiebra técnica. La razón es sencillamente que nadie más parece lo suficientemente idiota como para asumir semejante despilfarro desde lo más  profundo de la crisis económica. Por suerte para el olimpismo las élites madrileñas se mantienen fieles a su ideología neroniana. Se habla con entusiasmo de la ceremonia de inauguración. Tal vez vez se podrían quemar en el pebetero un par de miles de millones de euros en billetes pequeños. O sacrificar ritualmente a unos cuantos receptores de la RMI.

Para quienes no les baste con  su sentido común para rechazar la candidatura madrileña, este artículo de Carolina del Olmo de 2004 daba ya todas las claves de las mentiras de los beneficios económicos y sociales del olimpismo y otros macroeventos: Poco pan y mucho circo: el papel de los “macroeventos” en la ciudad capitalista


05 Sep 07:41

Flamenco breaker Tomasito. Pero qué cojones acabo de...



Flamenco breaker Tomasito.

Pero qué cojones acabo de ver…

Enviado por @alejmanito.

05 Sep 03:38

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