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12 Nov 17:57

Un millón de hambrientos en un país rico en diamantes

(JCR)
La República Centroafricana es uno de los principales países productores de diamantes. Botsuana también. En el primero, la esperanza de vida es de 45 años; en el segundo, se acercaba a los 70 antes de que el SIDA la hiciera descender bruscamente. En Botsuana la gente disfruta diamantes-de-africade sanidad y educación gratuitas, además de buenas carreteras. En Centroáfrica la moralidad infantil es alarmante, alrededor de la mitad de los niños no están escolarizados, y las carreteras casi no existen. Por si fuera poco, la semana pasada el Programa Alimentario Mundial de la ONU advertía que un millón de centroafricanos (el 20 por ciento de la población) estaban en serio riesgo de hambruna. ¿Por qué en un país africano los diamantes son fuente de prosperidad y en otro se convierten en una maldición?[...] Leer más!

12 Nov 14:03

Estimulación intelectual al peso

by Ángel L. Fernández Recuero
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solo por la camiseta

crystalDavid Crystal publicaba su Enciclopedia del Lenguaje de la Universidad de Cambridge en 1987 para conmemorar la existencia del lenguaje y rendir tributo a quienes lo estudian. Diego Redolar coordina, compilada y en una gran parte escribe Neurociencia Cognitiva (Panamericana), un texto académico donde se analiza en profundidad la relación entre el cerebro y la mente desde la aproximación científica.

Estos dos manuales, ambos de constitución hercúlea, son compendios fundamentales para adentrarse en las disciplinas que se explorarán a través de sus páginas. Los presento conjuntamente por una cuestión emocional: son el primer y último libro que he adquirido en formato enciclopédico, aunque tengo muchos más; ahora hablaré sobre algunos de ellos.

Como digo, el primer libro-tocho que cayó en mis manos fue la Enciclopedia del Lenguaje de David Crystal, lo tenía un amigo que estudiaba filología cuando yo comenzaba mis estudios (inacabados) de física. No pude resistirme a hojearlo, sin mucha convicción. Qué aburrido me sonaba aquello de la filología, el inglés, la literatura y la literatura inglesa —dos tazas—. ¿Cómo podía interesarle a alguien algo así existiendo cosas con un nombre como ciclotrón?

Abrí una página al azar y me encontré con el sistema de escritura bustrofédica, utilizada durante la primera etapa de transición de la escritura griega. El vocablo significa «vuelta del buey»; se refiere al modo en que un buey tiraría de un arado. Joder, bustrofédico me molaba más que ciclotrón, tenía que ser una señal. Seguí hojeando. Aparecieron los pangramas, ¡oraciones que tienen todas las letras del alfabeto! Algo que iba más allá del célebre murciélago como continente de todas las vocales castellanas. Acrósticos, lengua aimara, anagramas, ambigramas, calambures, paleografía, epigrafía, experimentos con niños salvajes, la teoría del «aaah-hú»… Si existe el orgasmo intelectual, en aquella primera revisión del libro tuve varios.

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¿Qué es un ambigrama?

Una vez que descubres que los manuales universitarios, aunque pesen y no tengan nada que ver con tus intereses profesionales o académicos, pueden ser una fuente de placer, date por arruinado. De hecho, la experiencia mística-cognitiva con Crystal —para escribir en Jot Down me exigen una referencia a Breaking Bad, disculpen el chiste— me impulsó a interesarme por los libros gordos que había en la biblioteca de la facultad de Física. Emocionado apliqué cartesianamente la regla de tres: si en filología había un libro tan fascinante, en física no sobreviviría al éxtasis. Error.

esti5Empecé a hojear libros; todos eran aburridos. Los rusos, casi todos de matemáticas, además tenían unas tipografías que ríete de tú de la comics sans. Los recomendados eran setenteros con títulos sosos, sin fotos, sin ilustraciones, sin dibujitos, snif… Luego descubrí que todo se resumía a un sin maquetar. Apenas había color. Los contenidos eran sobre la Ley de Newton, termodinámica, cosas así. Y, cuando ya estaba a punto de cambiar de carrera, me encontré con el Tipler. Fue amor a primera vista. Estaba solo, recién llegado a la biblioteca, sin amigos, sin esquinas dobladas, colocado disimuladamente tras el mostrador; brillaba.

Era una edición a color en dos volúmenes. Al abrir la primera página te encontrabas con «algunos datos físicos» como el calor de fusión del agua o la velocidad del sonido en aire seco. Aquello prometía. Entrar en el Tipler fue otra clase de placer: si bien estaba todo organizadito y el aspecto visual era aún más embriagador que la enciclopedia del lenguaje, el conjunto se presentaba menos sensual que el Crystal, con el que uno podía ser popular, presumir: «¿sabes que el Beutoco es una lengua aislada como el vasco que hablaba una tribu india en la isla de Newfoundland?». Vente conmigo al coche que te cuento la historia completa… Con el de física la cosa no funcionaba así: «La radiación térmica emitida por un cuerpo negro no es visible porque se concentra en el espectro infrarrojo, pero si lo calientas alucinas porque…» «Bien vale, nos vemos mañana».

Corolario: al Tipler había que dejarlo en casa; la separación espacial y la separación temporal de dos sucesos o cuánto duerme un astronauta durante una siesta de una hora terráquea mientras viaja a Marte a un velocidad de 0,6c es algo que no sirve para ligar.

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Disfrutando con el Tipler: si bombardeamos una pintura con neutrones pueden descubrirse capas escondidas en un cuadro. En Santa Rosalía intercediendo por los afectados de la peste de Palermo de Van Dyck, si invertimos la imagen radiografiada podemos ver un boceto a carboncillo de un autoretrato.

Tras estos dos libros, mis dos primeros amores de juventud, han pasado muchos otros; sin embargo, me los saltaré para poder seguir con los dos últimos, ambos de Panamericana. Comenzaré con el Myers, cuyas casi mil páginas van por la novena edición. Y es que este libro es una auténtica delicia. No solo por la maquetación y el diseño, algo indispensable en 2013, sino especialmente por la organización de sus contenidos, la forma sencilla y clara con la que se lee y aprende y por la cantidad de ejemplos gráficos y fotografías que lo acompañan. El Myers es un manual de Psicología que trata cuestiones de interés general como la obesidad —sí, va por ti, deja el chocolate—, el amor romántico —mujer, ¿me estás leyendo?—, la hipoacusia —HI-PO-A-CU-SIA—, el trastorno antisocial de personalidad —no estoy mirando a nadie— o las preferencias de apareamiento —ahora sí ¿eh?

Podemos encontrar capítulos enteros que tendrían que ser de lectura obligatoria en el bachillerato, como el que trata la dualidad e interacción entre la natura y nurtura —genes y ambiente— en el desarrollo de las capacidades. Heredabilidad, adopción, selección natural y preferencias de pareja. El Myers es una fuente inagotable de inspiración para artículos de divulgación en revistas científicas como Quo o Muy Interesante.

¿Qué es lo que los hombres y las mujeres encuentran atractivo del otro sexo?  En los 37 países estudiados los hombres prefieren más que las mujeres los rasgos físicos atractivos que sugieren juventud, salud y potencial reproductivo. Las mujeres prefieren, más que los hombres, parejas con recursos y un buen nivel social (pag. 147).

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No piensen que es un libro frívolo, es que la ciencia cuenta las cosas así. Tampoco falta el humor; por ejemplo, para ilustrar la autoestima baja utilizan una viñeta del New Yorker donde una persona escribe en un bloc: «Querido diario, perdón por molestarte otra vez».  Se abra por donde se abra el Myers, el resultado es similar al efecto del Crystal; un texto que atrae, que se disfruta, con el que se aprende de una forma completa.

Y desde la psicología pasamos a la neurociencia cognitiva, disciplinas muy relacionadas. El manual compilado y dirigido por Diego Redolar es el único de los que presento cuyo autor tiene un apellido trisílabo —iba a decir con gentilicio español pero no he hablado del asunto con Diego— y es también el último que ha llegado a mis manos. Además, ansiaba tener este libro: por un lado, porque la neurociencia me atrae muchísimo y, por otro, porque conocía algunas pinceladas del mismo de cuando entrevisté a Diego Redolar. El manual comienza describiendo las bases que sustentan la neurociencia cognitiva para adentrarse en el fascinante mundo de la plasticidad cerebral, las bases sensiomotoras, los mecanismos de atención y aprendizaje, la laterización y especialización hemisférica, el estudio de la conducta, las emociones y la cognición social, y acaba con el futuro de la neurociencia (jeje). Al igual que Física, Neurociencia cognitiva es más técnico que los otros dos manuales comentados. Como ejemplo de ortodoxia terminológica denomina contenidos colaterales (ay) a las anécdotas que hacen amena la lectura. Contenidos colaterales atractivos hay un montón, desde la imagen del fragmento del Papiro Quirúrgico de Edwin Smith, que constituye el primer documento escrito en el que se menciona el cerebro, a la descripción del caso de Phineas P. Gage, del que ya sabíamos algo por Oliver Sacks: a Phineas le atravesó el cerebro una barra de acero y eso le impedía actuar según las normas sociales.

En cuanto al contenido pedagógico propiamente dicho,el manual dirigido, compilado y en una gran parte escrito por Diego Redolar aborda de una forma extensa y exhaustiva la comprensión fisiológica y funcional de los procesos cerebrales. Los recursos más utilizados para conocer en detalle las zonas cerebrales que se activan en los diferentes procesos son los que se basan en técnicas de neuroimagen y sirven de base para empezar a conocer la topología conectiva de nuestro cerebro. Neurociencia cognitiva es una fuente de material actualizado a la luz de los nuevos enfoques, investigaciones y problemas sobre la forma en que funciona nuestro cerebro.

Si se pregunta a cualquier persona que pase por la calle ¿qué es el sueño? muchos no sabrán responder; otros lo harían diciendo para qué sirve («descansar») pero sin decir qué es y alguno lo definirá, a su manera, por la falta de conciencia. Dado que no se suele recordar lo que sucede mientras uno duerme, la mayoría de las personas tiende a considerar el sueño como un estado de conciencia más que como un estado de conducta. Sin embargo el sueño es una conducta* … seguir leyendo:

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* Extracto literal de la página 602. Sección VI. Conductas motivadas y regulatorias.

11 Nov 20:40

Patada en la puerta contra el autoconsumo eléctrico: Los inspectores podrán entrar sin orden judicial en las viviendas que produzcan energía solar

by EcoHabitar

La guerra declarada del Gobierno al autoconsumo parece no tener freno. La reforma energética establece un peaje tan alto por producir electricidad desde las viviendas que a pocos ciudadanos les será mínimamente rentable hacerlo.

Pero si a pesar de todo se atrevieran a ello, una enmienda escondida entre las 57 que ha presentado el PP a su Proyecto de Ley del Sector Eléctrico da la puntilla definitiva a ese fenómeno renovable que triunfa en Europa y que obliga a las compañías eléctricas a asumir la electricidad producida desde las viviendas y descontar después su valor del recibo mediante una liquidación.

La enmienda número 475 habilitará al Ministerio de Industria y Energía para enviar a los domicilios privados a inspectores para que revisen que las instalaciones de autoconsumo(esencialmente paneles solares fotovoltaicos) están debidamente registradas y se adecuan a la normativa vigente.

Así reza en la redacción de la enmienda: “El personal habilitado a tal fin tendrá las siguientes facultades de inspección: a) Acceder a cualquier local, instalación, terreno y medio de transporte de las empresas, asociaciones de empresas y personas físicas que desempeñen alguna actividad de las previstas en esta ley, así como al domicilio particular de los empresarios, administradores y otros miembros del personal de las empresas”.

Este particular “allanamiento de morada” sólo requerirá una autorización administrativa, según se desprende de la enmienda, aunque, eso sí, deja la puerta abierta a solicitar “previo consentimiento expreso del afectado o, en su defecto, la correspondiente autorización judicial”.

Esta medida, según las fuentes jurídicas consultadas por Vozpópuli, alberga “serias dudas sobre su constitucionalidad, ya que podría sentar un preocupante precedente al obligar a los ciudadanos a dejar pasar a su vivienda privada a un inspector por el simple hecho de realizar una actividad de autoconsumo”.

Si el afectado se niega, Industria se verá obligada a pedir la autorización judicial y mandar a la vivienda al inspector acompañado de la policía.

La enmienda reconoce que “podrían ser sujetos de inspecciones también las personas físicas, por ello, ha de incluirse expresamente en los apartados 2 y 4”, que son los que recogen la posibilidad de que así sea y de que se necesite autorización judicial.

Además, la medida permite la incautación de los documentos del titular de la actividad de autoconsumo así como “precintar todos los locales, libros o documentos y demás bienes de la empresa (…) o personas físicas que desempeñen alguna actividad de las previstas en esta ley”.

La incorporación de esta enmienda a la Ley (y de las otras 56 presentadas por el grupo popular) se da por descontada en la votación de hoy en la Comisión de Industria del Congreso, dada la mayoría absoluta del PP.

Esto significará el entierro definitivo de una actividad que en su planteamiento inicial (fue heredada por Rajoy del anterior Gobierno, que no se atrevió a sacarla adelante) ofrecía a los particulares una alternativa para huir del recibo de la luz tradicional y daba carta de realidad, por primera vez, a la competencia efectiva en un sector oligopolístico como el eléctrico.

Todo aquel que produjera su propia electricidad se podría conectar a la red para verter la sobrante y así pagar menos a su eléctrica tradicional y obtener de ella bonificaciones.

Pero las grandes compañías, a golpe de lobby, han conseguido del ministro José Manuel Soria esta contraprestación que erradica cualquier atisbo de competencia, pero al menos amortigua el impacto que también para ellas ha supuesto el recorte de ingresos que fija la reforma eléctrica.

Ya les lanzó un guiño Soria cuando se negociaba la reforma, al anunciar quelos titulares de una instalación de autoconsumo tendrían que pagar un peaje de respaldo por beneficiarse del uso de las redes eléctricas.

El sector renovable criticó que este nuevo peaje hacía inviable el autoconsumo.

Para hacerlo aún más difícil, Industria estableciómultas de hasta 60 millones de euros para aquellos hogares que colocaran una placa solar de 200 vatios y no la dieran de alta. Con la nueva enmienda, los inspectores podrán entrar en las viviendas a perseguir estas posibles irregularidades.

El PP no ha incluido en ninguna de las 57 enmiendas las propuestas de la CNE, la CNC y el conjunto de los partidos de la oposición en pro del autoconsumo.

Los organismos reguladores fueron duros en sus dictámenes contra el Gobierno por fulminar el autoconsumo y cualquier pequeño atisbo de competencia en el sector eléctrico.

Artículo original aquí

 

11 Nov 15:22

"Gregor, I believe you have my stapler" [via]



"Gregor, I believe you have my stapler"

[via]

10 Nov 15:19

via pupismyname

10 Nov 15:19

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10 Nov 14:50

via osbumlets



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08 Nov 18:56

Espectros del Este

by César Rendueles

A finales de los años ochenta dos amigos de mi familia ya sexagenarios viajaron por primera vez a la RDA en un viaje organizado por una asociación cultural vinculada al Partido Comunista. Volvieron maravillados, claro. Es más, pasaron una jornada en Berlín occidental que les dejó convencidos de que el capitalismo tenía los días contados. La RFA era Babilonia rediviva. Semejante sentina de consumismo, delincuencia, drogadicción, desigualdad, prostitución y, en general, alienación era evidentemente insostenible, nos explicaron a su regreso. Pocos meses después la RDA se desmoronaba. Una de las más curiosas, y en cierto sentido entrañables, elegías  que se publicaron entonces fue un artículo del novelista Pablo Sorozábal titulado “Elogio sentimental del tanque ruso”. Sorozabal loaba el papel del bloque soviético como dique de contención frente al imperialismo capitalista y se lamentaba de no disponer de unas armas nucleares que regalar a Fidel Castro para que las empleara en beneficio de la paz mundial. Fue seguramente el canto del cisne del leninismo político… Y el inicio del leninismo estético.

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08 Nov 18:29

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08 Nov 17:20

Pawel Kuczynski.





















Pawel Kuczynski.

07 Nov 20:46

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07 Nov 17:24

Cientos de lotes vacantes para convertirse en granja urbana más grande del mundo en Detroit

by Pepe Bernad Torá

‘Cientos de terrenos baldíos en Detroit , Michigan pronto se convertirán en el mayor parque urbano del mundo. El gobernador Rick Snyder acaba de aprobar el plan propuesto por una empresa privada que ha comprado 150 acres de tierra. Hantz Woodlands convertirá estos espacios en tierra de cultivo viable para producir alimentos frescos para el área de Detroit.’

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‘John Hantz concibió la idea de la gigantesca granja urbana hace cinco años. Desde entonces, ha estado luchando contra la ciudad de Detroit por el permiso para comprar las 1.500 parcelas de propiedad municipal vacantes. Aunque los funcionarios estaban preocupados por la venta de tanta tierra por una suma tan pequeña, el consejo votó finalmente a través de la introducción de la idea de granja urbana.
Woodlands Hantz compró la tierra por sólo $ 500.000, pero la compañía tiene previsto invertir un adicional de 3.000.000 dólares en los próximos tres años. La empresa planea en primer lugar eliminar la basura , neumáticos y restos de las parcelas , y luego comienza la plantación de árboles de madera dura para el próximo año . Cincuenta casas tendrán que ser demolidas , y los cultivos de alimentos le seguirán en poco tiempo .
A pesar de ser quizás ingenuamente ambicioso, el plan podría transformar algunos de los barrios más pobres de Detroit en los centros de cultivo sostenibles y mitigar el desierto de alimentos de la ciudad . Si el proyecto tiene éxito , Woodlands Hantz tendrán la opción de comprar 180 hectáreas más de dos años.’

(Vía Inhabitat.com)

(+INFO)

Hantz-Farms

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07 Nov 17:22

Candidatos al Premio Voluntariado Universitario

by Anes Ortigosa
 En la edición de este año de los Premios al Voluntariado Universitario de la Fundación Mutua Madrileña, Arquitectos Sin Fronteras hemos sidos elegidos como candidatos. Y necesitamos de todo vuestro apoyo para ganar. Con un solo click ya nos ayudáis.

La candidatura nos la han concedido por nuestro gran trabajo en el Fomento del derecho a un hábitat digno en colectivos vulnerables. Desde aquí agradecemos ya a todos nuestros simpatizantes, voluntarios y socios el apoyo y trabajo que aportáis para conseguirlo.

Como ya sabéis, la cooperación local que hacemos se basa en tres pilares fundamentales:

  • Intervenciones técnicas. Diagnosis: Apoyo a los profesionales de los servicios sociales y entidades prestadoras de servicios, mediante la realización de diagnosis oculares de las viviendas, comunidades vecinales o asentamientos precarios para detectar patologías que tengan una influencia directa en la vida de los habitantes. Reformas: Este servicio no se ha desarrollado en nuestra Demarcación, pero es ofertado.
  • Barrios: Apoyamos y asesoramos a los movimientos vecinales y redes asociativas locales en ciudadanía y participación, en temas relacionados con la administración de la ciudad, el seguimiento de planes urbanísticos, recalificaciones de terrenos, exposición pública de planes o de programas urbanísticos, etc.
  • Formación y sensibilización sobre hábitat: Formación: profesionales del sistema de SS.SS, arquitectos y población en general. Sensibilización: alumnos de últimos cursos de primaria o primeros de la ESO, proyecto Tu casa mi casa.
Aquí tenéis un pequeño vídeo donde nuestro compañero Pepe lo explica mejor. Compartirlo con todos vuestros contactos para que sepan todo lo que hacemos en ASF y así tengamos más apoyo en esta candidatura y para futuros proyectos. Con dos clicks nos podéis ayudar más de lo que parece. Un para visualizar el vídeo y otro para hacer que más gente nos conozca, COMPARTELO


07 Nov 13:48

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06 Nov 21:17

Físicos al asalto de Wall Street

by Rubén Díaz Caviedes

cuando-los-fisicos-asaltaron-los-mercados_9788434411937En 1949 se inventó una máquina que predecía los movimientos de la economía. Se llamaba MONIAC —siglas de Monetary National Income Analogue Computer—, era hidráulica y reproducía con un circuito de agua la interacción del dinero en el sistema económico británico. Ajustando los volúmenes vertidos y el modo en el que fluían representaba las diferentes políticas monetarias posibles y, claro está, sus resultados.

Solo tenía una pega: no funcionaba en absoluto. O sí lo hacía, siendo justos, pero no servía para nada porque los productos que arrojaba poco tenían que ver con la realidad. Pecaba de simpleza y de idealismo matemático, aunque su creador, Bill Phillips, llegó a decir que el verdadero problema estaba en la sustancia. Cuando diseñó la MONIAC pensó que las leyes físicas que rigen la dinámica del agua se equipararían en su simulación a las que mueven el dinero, ya que líquido y capital comparten su característica fundamental: la falta de resistencia al esfuerzo cortante. Y se equivocó, claro. En su máquina, el dinero fluía dócilmente de un lado al otro dependiendo exclusivamente de la relación de fuerzas que lo sometiese, pero en la economía de Gran Bretaña no podría hacerlo de forma más distinta. Incluso en grandes cantidades se movía errático, caprichoso e impredecible como una bandada de pájaros, respondiendo ante leyes oscuras e indescifrables, si es que acaso hablamos de leyes y no de aleatoriedad o peor aún: de algún enigmático trasvase de la voluntad humana al plano de las matemáticas. Normalmente es aquí cuando los físicos se desesperan, tiran la toalla y le ceden el testigo a profesionales especializados en este tipo de relaciones: filósofos hermenéuticos, dependientes de tiendas de esoterismo, gente que viaja a la India y vuelve cambiada, Paulo Coelho y personas así.

Y no debe extrañar. El físico de profesión adquiere el rango de cosmólogo solo en las escalas extremas de la existencia, donde las cosas son tan grandes o tan pequeñas que no se pueden ver. Para nuestra desgracia, no obstante, los físicos pierden su estatus sacerdotal en los grados manejables de la realidad, en donde son habitualmente tipos capaces y seguramente leídos, pero poco más. En esta escala del mundo son otro tipo de especialistas quienes gozan de autoridad para explicar la esencia de lo que existe y para nuestra desgracia, una vez más, no lo hacen solo los profetas que la física tiene en la vida palpable, como los biólogos o los químicos; también están los sociólogos, los filósofos, los poetas, las vecinas de nuestro bloque, los cuñados de cada cual durante la sobremesa del domingo y los teleastrólogos de madrugada, por citar solo unos cuantos. En la escala humana del mundo los demiurgos son legión y así impera un amateurismo cuanto menos sorprendente tratándose de una raza, como la nuestra, cualificada para parir certezas cuando se trata de explicar cómo funciona lo que es muy grande y lo que es muy pequeño, pero incapaz alcanzarlas y aplicarlas allí donde más las necesita, que es en el reino de lo humano. Si lo hiciésemos, claro, no tendríamos el reino como lo tenemos, que es hecho una pena.

Y más desde 2008, que es cuando el joven James Weatherall confiesa haberse propuesto escribir Cuando los físicos asaltaron los mercados (Ariel, 2013), animado no tanto por el crac mismo de las finanzas como sí por el de las certezas, que es lo que a él le pilla más cerca. Filósofo como es además de físico y matemático, Weatherall cayó en la cuenta de que una verdad que deja de serlo no ha perdido su condición, sino que ni es tal ni lo ha sido nunca. Los mecanismos que regían la inversión de los hedge funds o fondos de cobertura, detonante mismo de la crisis económica a escala global, habían sido diseñados por físicos y cuadraban a la perfección, pero a la hora de la verdad sus ecuaciones y fórmulas se derritieron, falibles e imperfectas como si fueran palabras en una disciplina social, no números en una ciencia exacta. Ni siquiera los cacareados quants, los profesionales del análisis financiero cuantitativo a sueldo de los grandes inversores, fueron capaces de prever lo que se avecinaba pese a lo que cobran por pontificar en la gestión de riesgos, que por cierto es mucho.

Complicada como es la cuestión requiere una explicación larga, y por esa razón Weatherall prefirió no reducirla a un aforismo —un tic muy matemático, por cierto— y escribió en su lugar un libro. Cuando los físicos asaltaron los mercados repasa las contribuciones de la física a las finanzas a lo largo del siglo XX, aunque así dicho resulte bastante más frío que el contenido de sus páginas, inusitadamente cálido para tratarse, no nos engañemos, de divulgación científica y económica. Sin privarse de las convenientes remontadas a los visigodos —lo que recibe al lector es una comparación entre el funcionamiento de los derivados financieros en los hedge funds y la contabilidad en la antigua Sumeria, para hacernos una idea—, el autor glosa los términos del intrusismo de los científicos en Wall Street hasta explicar cómo, en la década de los ochenta, la naturaleza misma de la bolsa cambió irremisiblemente gracias a estas contribuciones.

Pero, ¿para bien? Es una pregunta que se deja en suspenso y a la discreción del lector, ya que al término del libro estará habilitado para responderla con un poco —solo un poquito— de conocimiento. Al menos si lo ha entendido todo, extremo factible para el lego en física y finanzas —el común de los mortales, vamos— si tiene a mano una conexión a internet con la que ir consultando conceptos y la disposición debida cuando se lee divulgación, que es la ir aprendiendo por el camino y no venir aprendido de casa. Hay quien ha intentado hacer dinero tirando de álgebra, de estadística, de geometría y hasta de cuántica, para hacernos una idea, por lo que el libro que resulta de compilar estas experiencias es necesariamente algo más que un paseo de anécdotas sobre físicos excéntricos e inversores imprudentes. Es más bien enciclopedista, como manda el canon en la divulgación comercial, y en el tono quiere parecerse a otros superventas recientes del género —en particular Una breve historia de casi todo (Bill Bryson, RBA) y Física de lo imposible (Michio Kaku, Debate)—, pero en todo caso es más exigente que cualquiera de ellos y, por lo tanto, bastante más pedagógico.

Pero, ¿son las finanzas —al menos, parte de las finanzas— asequibles a la ciencia? No desvelaremos, porque solo faltaba, si Weatherall acaba respondiendo a la gran pregunta, pero sí que al final del recorrido esta gran cuestión deja de serlo. Ilustrando muchas aventuras científicas cuyas conclusiones se han llevado a la práctica en operaciones financieras sin pasar por el debate de la propia comunidad científica, Cuando los físicos asaltaron los mercados acaba por convertirse en un canto ejemplarizante al método y a su necesidad en unos tiempos, a la vista está, en los que ha dejado de ser sagrado, quizá porque lo importante aquí era hacer dinero y no ciencia. En palabras del propio autor, «pensar como un físico es distinto de utilizar meramente los modelos matemáticos o las teorías físicas» y está sujeto a unos rigores que no son litúrgicos, sino necesarios, y cuyo escaqueo lleva al descalabro. Miren la calle si no, como está, y echen un ojo a las cifras de paro. De haber aplicado la ciencia a las finanzas y de haberlo hecho bien, con verdadera ciencia y finanzas verdaderas, es posible —y solo posible— que todo esto no hubiera pasado.

06 Nov 18:05

montt en dosis diarias - -58

by noreply@blogger.com (montt)
04 Nov 09:21

"Como meter un pedazo de desierto en el Amazonas"

by noreply@blogger.com (Antonio Martínez Ron)

La destrucción de la selva amazónica en la región de Madre de Dios, en Perú, avanza a un ritmo espeluznante. Los buscadores de oro deforestan y contaminan amplias regiones a un ritmo de 2.166 hectáreas al año. Según el análisis realizado por el equipo de Gregory P. Asner, la crisis financiera mundial desatada en 2008 y la subida de los precios del oro, han recrudecido el problema hasta límites inesperados.

Como vale más una imagen que mil palabras, os invito a ver este vídeo en el que el periodista Güido Lombardi comenta lo que vio al sobrevolar recientemente la zona. "Deforestación es un adjetivo insuficiente para dar cuenta de lo que allí sucede", asegura. "Es una verdadera devastación, es como si metieras un pedazo de desierto en medio de la selva amazónica".



Si os interesa el tema, tenéis muchos más datos en: Así están destrozando el Amazonas los buscadores de oro (lainformacion.com)

Entrada publicada en Fogonazos http://www.fogonazos.es/
04 Nov 00:21

Filosofeando sobre el comercio justo.



Filosofeando sobre el comercio justo.

03 Nov 15:32

Rubén Díaz Caviedes: ¡Es una estampida!

by Rubén Díaz Caviedes
Foto: Juan J. Martínez.

Foto: Juan J. Martínez.

Qué carreras, oigan, y qué brincos por las escaleras. Parecía el salto de la reja, no me digan que no. De no ser porque la mitad galopaba partiéndose el culo jovialmente por los pasillos del Congreso hasta parecería que había entrado en la cámara, qué sé yo, Tejero. O los monos de Jumanji. O José Bono declamando en verso sus memorias, esas tan nutridas que vienen en tres tomos como tres cajas de campurrianas. Así salían los diputados el otro día del Congreso de los ídem, sin dejar siquiera que Jesús Posada le diera finalmente al martillito, cloc, y levantase formalmente una sesión que más parecía golfa que integrada por altas dignidades del Estado. Era jueves por la tarde, el viernes había puente y sus señorías se iban de allí con poco señorío y mucho viento fresco, que perdían el avión o el AVE o aquello que pierdan normalmente los parlamentarios en estas situaciones, aparte del recato. Echando virutas, como quien dice, y poco menos que atropellándose los unos a los otros. Como verán en este vídeo, algunos hasta votaron de pie y dando saltitos en el escaño, como quien se está haciendo mucho pis, para poder coger carrerilla y salir corriendo de allí como salía el correcaminos, brlú mic-mic, dejando tras de sí una nubecilla. Otros no se anduvieron con tanta leche y se fueron antes de la estampida y sin votar, directamente. Total, para qué.

Pongámonos estupendos. Se acordarán, digo yo, de aquello que le pasó a la pobre Pompeya Sila, la segunda mujer de Julio César, según las Vidas paralelas de Plutarco. Cuando Pompeya ofició en su casa la ceremonia anual en honor de Bona Dea se le coló en las celebraciones un hombre, extremo prohibido en aquella liturgia en particular, que para más escándalo resultó ser el joven benjamín de un influyente linaje de los Claudios cuyo cognomen era Pulcro, que significa «apuesto». No fue culpa de Pompeya y el hombre hasta resultó absuelto de la acusación de querer comerle el tigre a la esposa del primer hombre de Roma, pero César se divorció a raíz del escándalo aduciendo aquello tan famoso de que, incluso siendo inocente, «la mujer de César no debe estar ni siquiera bajo sospecha». Caesaris uxor non satis honeste, etiam ut videretur, que dice el aforismo latino que cuajó a colación de esto y al que se recurre con frecuencia para hablar de ejemplaridad. La mujer de César no solo debe ser honesta, sino que además debe parecerlo.

Y hablando de parecer cosas. Según el último barómetro de opinión del Centro de Investigaciones Sociológicas, de septiembre de este año, el 47% de los españoles califica la situación política del país como «muy mala», un colectivo que sumado al de los que creen que es «mala» a secas rebasa el 80% de los encuestados, cuatro de cada cinco ciudadanos. Para esos mismos ciudadanos los peores problemas de España, después del paro y la economía, son «la corrupción y el fraude» y «los políticos en general, los partidos y la política» —a diferencia, por cierto, de «el Gobierno y partidos o políticos concretos», algo que resulta preocupante para una proporción reveladoramente pequeña de los encuestados—. Para los ciudadanos, en otras palabras, unas siglas específicas o quien mande puntualmente en las instituciones no supone ningún problema, sino que este es inherente a la condición política española. Y es muy gordo, además, porque preocupa ya solo por detrás del paro y la economía, posición récord en toda la historia de la democracia que hasta hace unos años, para hacernos una idea, ocupaba el terrorismo. Dos décadas atrás, y ahí está el CIS por si quieren verlo, la corrupción y el fraude preocupaban bastante menos y los políticos apenas aparecían en las primeras diez posiciones del triste ranking.

¿Significa esto que la clase política es el tercer problema del país? No, ni mucho menos. Significa que lo parece, que es bastante distinto y menos grave, pero no inocuo, especialmente si no está el horno para bollos. Después de que la gente pierda la confianza en los políticos —no en sus políticos, sino en los políticos— sabemos todo lo que viene: la apatía y la abstención electoral o peor aún: el voto delirante a los políticos que dicen que no lo son, de los que en España todavía no hay muchos, pero todo se andará. Por eso hacen mal los diputados nacionales si creen que además de serlo no convendría que lo parecieran, en particular cuando nadie ya da un duro por ellos y muchos electores estarían dispuestos a darle su voto a quien fuera con tal de quitárselos de en medio —incluyendo a otros peores que ellos que, sin embargo, parecieran mejores y cuidasen más las formas—, dejándonos seguramente a todos —a todos— en una situación peor que la actual. Por eso nótese que no decimos que «les» convendría, sino que «convendría» a secas. Porque convendría a todo el mundo, y no solo a ellos.

Por esa razón, creo yo, los ciudadanos haríamos mal en no censurar este tipo de meadas fuera del tiesto, por más que digan quienes lo dicen que son cuestiones superficiales, para empezar muchos de los propios diputados, pero no solo ellos. Iñigo Sáenz de Ugarte, por poner un ejemplo, explica en una columna de opinión que «las pullas e insultos recibidos por los diputados no fueron más que otra andanada de la antipolítica y del resentimiento de los ciudadanos por los privilegios, tanto los reales como los de ficción, de los que gozan los diputados», añadiendo que «lo que debería importar es lo que hagan los diputados mientras estén en el Congreso, no la dignidad del cargo, expresión patéticamente antigua muy empleada tras ver estas imágenes» y que «la reputación de un sistema político no se puede medir por esos treinta segundos» de estampida en el Congreso, «sino por lo que ocurrió en las diez horas anteriores». Con todo lo que esto tenga de verdad —de hecho todo salvo lo de las «pullas e insultos», porque digo yo que habrá también espacio para quien repruebe estas cosas sin recurrir a las burradas—, cabe hacerse una pregunta, que siempre es algo muy sano, y plantearse qué fue primero, si el huevo o la gallina. Si debemos ser comprensivos y consentir este tipo de escenas para no incurrir en la antipolítica, una forma de pensar inquietantemente pujante en nuestro país, o si debemos censurarlas precisamente porque este tipo de imágenes deterioran gratuitamente la imagen de la política, cimentando y contribuyendo a esa misma antipolítica.

Ante la duda, yo voto por lo segundo y por que los diputados practiquen esa criticada «dignidad del cargo» que, por más que suene propósito en sí mismo, no deja de ser un comportamiento que simplemente consiste en evitar su contrario. Cuando un político no abandona el Congreso con dignidad lo hace, como el otro día, saltando por encima de sus compañeros y corriendo como los fraggles cuando venían los goris, una situación donde lo relevante en sí mismo no es que haga lo primero, sino que no incurra lo segundo. Por eso importa, o me importa a mí, la dignidad del cargo: porque no consiste en hacer algo concreto o comportarse virtuosamente de cara a la galería, sino simplemente en no hacer todo lo contrario. Parece justo, o en todo caso inevitable, que un partido pierda la confianza de los ciudadanos si incumple sus promesas electorales tras llegar al poder o que lo haga otro, pongamos que en la oposición, por instalarse en la inacción. Por lo que verdaderamente importa, vamos. Pero que unos y otros quemen la confianza que en ellos depositan los españoles, tan escasa como valiosa cuando caen chuzos de punta, en escenas tan gratuitas como la del otro día, es, o me lo parece a mí, simplemente inaceptable.

Foto de portada: Juan J. Martínez

31 Oct 08:52

Vuelos desde 357€ a Brasil, Argentina, Perú y Ecuador

by Guia low cost
Una oferta para varias ciudades de Sudamérica de las aerolíneas LAN y TAM. La oferta está relacionada con la tarifa a POA (Porto Alegre) en Brasil. No son todo vuelos ida y vuelta a la misma ciudad sino combinaciones con la tarifa a Porto Alegre. La ida i vuelta desde Madrid a Porto Alegre se puede encontrar a muy buen precio: A partir de aquí […]
29 Oct 14:06

El arte de tirar libros

by Pedro Jorge Romero

En una ocasión tiré un libro a la basura. Al comentárselo a mis amigos, se extrañaron de tal decisión. ¿Por qué no se lo había regalado a alguien?, me dijeron. A lo que yo respondí preguntándoles a su vez por el sentido de regalar un libro que te parece muy malo. ¿Le darías comida pasado a un amigo? No, claro, porque eres buena persona y quieres lo mejor para los demás. En ese caso, puestos a regalar libros, regalar libros buenos.

Además, tirar los libros es, como nos recuerda Los libros arden mal, mejor que quemarlos. Así se reciclan y pueden ser productivos en otra función. Y el texto también nos invita, brevemente, a dejar de considerar el libro como un objeto valioso digno de veneración por el simple hecho de ser un libro.

Enterremos esa fé seudocristiana, esa mitología añeja y conservadora según la cuál todo libro (editado y publicado en papel, claro) merece loa y salvaguarda por el simple hecho de existir: no es así, y no desde un imposible punto de vista canónico que escoja qué libros valen y cuáles no, sino desde la más absoluta subjetividad individual o de grupo.

Es curioso, y es un tema que también salía en The Late Age of Print, que tras tantos años de producción industrial y en masa de libros, sigamos pensando que el producto de un proceso que ha creado miles, cientos de miles e incluso millones de objetos iguales es único a irremplazable.

29 Oct 07:58

Le asesinaron a golpes mientras chillaba como un cerdo degollado

by Carlos Fenollosa

El titular lo dice todo, y si sois aprensivos, os aconsejo que no veáis el vídeo de la paliza que publicó El País, o al menos, no escuchéis el audio. En él se aprecia de forma borrosa como una persona immovilizada recibe una serie de puñetazos y patadas por parte de un grupo de 4-6 Mossos, mientras chilla por su vida como un animal al borde de la muerte. En efecto, la paliza lo mató.

Es imposible defender esta actuación. Ni el más terrible de los criminales, una vez immovilizado e indefenso, debe recibir golpes por parte de la policía, bajo ningún concepto. Más inverosímil es que, en la época de los móviles con cámara, ese grupo de Mossos asesine a una persona a sabiendas de que algún vecino lo estará grabando. En una democracia esta gente estaría encarcelada, su jefe directo destituido, y nos plantearíamos si el Conseller d’Interior debe ser apartado de su cargo de forma fulminante, ya que no es la primera vez que esto sucede. Pero en nuestro país, son indultados de forma más o menos automática, las veces que haga falta, para asombro del poder judicial.

Quizá todo forme parte de su plan; quieren que la gente vuelva a sentir terror de la policía para así controlarlos más fácilmente. Conmigo, sinceramente, lo han conseguido. En mis planes de vida no entra ser asesinado, torturado en una comisaría, perder un ojo, gaseado, asesinado de nuevo, ni atropellado y golpeado sin razón aparente. A partir de ahora, por desgracia, desconfiaré completamente de los Mossos, y mucho han de cambiar las cosas para que se la vuelvan a ganar. Deben hacer una limpieza a fondo, y deben ser el orgullo de sus ciudadanos. Necesitamos policía, claro que sí, y deben ejercer la violencia, claro que sí, pero siempre con mesura. Patear la cabeza de una persona que está en el suelo hasta provocarle la muerte me evoca otro tipo de imágenes, que jamás se deberían asociar a los que, supuestamente, son los buenos de la película.

Acerca de Carlos F.

28 Oct 20:14

Venga Monjas: Ciego que en realidad ve

by Venga Monjas
No disimula. Es el crack.
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28 Oct 09:36

prisioneros del juego

by hache que hache

“Debemos proveer a nuestros niños de juegos sujetos a normas”.
Platón, República, IV, 424e-425a.

Siguiendo la exhortación platónica al juego como forma natural de interiorizar el amor por el orden, condición necesaria para convivir en la república, en la clase de “Platón y la Academia” hemos hecho un experimento. Nada peligroso ni riesgoso. Al menos en principio.

Tras haber leído y comentado los libros VIII y IX de la República, los regímenes políticos degenerados -timocracia, oligocracia, democracia y tiranía- y los hombres que los conforman, al final de la clase he solicitado ocho voluntarios. Todo el mundo se ha interesado repentina y profundamente por la observación minuciosa y detallada de la mugre del suelo. Ante mi propuesta de elegir yo misma los voluntarios, uno de ellos ha protestado: profe, eso es dedocracia.

Ok, lo plantearemos de otro modo: imaginad que la nota final de todos dependiera de lo que hagan los ocho que salgan voluntariamente. Y ya sabéis lo que dice Platon al respecto: “El mayor de los castigos es ser gobernado por alguien peor, cuando uno no se presta a gobernar” (Rep., I, 347c).

El primer voluntario ha sido un estudiante que no había aparecido nunca por clase hasta hoy. Ante un descalabro comunal inminente, enseguida han salido otros siete esforzados voluntarios por el Bien común. [Aclaro: cuando anoche preparé el juego, no contaba con la aparición de ningún espontáneo a estas alturas de curso (comenzamos en agosto y nuestra próxima clase será ya noviembre, mes en el que se acaba el semestre.)]

El juego es el siguiente: he escrito el nombre de los ocho elementos fundamentales del mito de la caverna en ocho papeles y nadie más que yo conoce mis ocho elecciones (aunque tampoco hay mucho más donde elegir). Cada uno debe coger a ciegas un papel, leer su contenido y dibujarlo en el tablero sin decir lo que es. El objetivo es reconstruir en imágenes las palabras del mito (Rep., VII, 514a). El resultado final depende no de que dibujen mejor o peor, sino de que todos conozcan el texto lo suficiente como para que su intervención no imposibilite el sentido del conjunto. Como es de esperar, los elementos no saldrán en el orden natural en el que uno los pintaría si tuviera que hacer la tarea solo (pero eso no es tan divertido), por lo que cada uno irá limitando las posibilidades de todos los siguientes.

¿Quién quiere empezar?

Dispuesto a recuperar el tiempo perdido, levanta la mano el alumno que nunca antes había venido a clase. Terror en suspensión. Toma su papel, lo lee, frunce el ceño y dibuja “algo” en una esquina. Todos nos quedamos mirando el resultado con el ceño más fruncido aún. ¿Siguiente? Yo mismo, profe. Intenta dibujar lo que le ha correspondido en la ubicación relativa correcta en función de su capacidad de adivinación de lo que sea el dibujo primero. Su dibujo tampoco ha quedado muy inteligible. Con semejante comienzo, el tercero se ha desmarcado de la escena y ha puesto lo suyo en el otro extremo. El cuarto, el de la queja contra la dedocracia, “profe, no entiendo su letra, no sé qué pone”. “Déjame ver… dale la vuelta al papel, anda, que lo tienes del revés”. Carcajada comunal. Dibuja lo que parecen dos tipos en moto, pero sin la moto. La quinta se lamenta de que a ella le ha tocado lo más difícil y pinta lo que parece un árbol en otoño. El sexto nos ha regalado unos rayos de sol que atravesaban todo el tablero. El séptimo ha añadido algo a los pasajeros de la moto fantasma. Y el último ha marcado un contorno en el que ha incluido algunos elementos y ha dejado otros fuera.

Resultado:

IMG_20131025_082431

Mientras Platón se revolvía en su tumba no se sabe si de risa o de pena, los artistas que han colaborado voluntariamente en esta obra colectiva han ido desvelando, por orden de aparición, sus suertes:

1º_Porteadores de objetos
2º_Sombras
3º_Muro
4º_Prisioneros
5º_Fuego
6º_Cadenas
7º_Sol
8º_Caverna

Cualquier parecido con la solución es pura coincidencia.

(Para la realización de esta obra no se ha maltratado a ningún prisionero.)

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Yo creo que si lo imprimimos podemos montar un negocio de recuerdos platónicos manufacturados por los estudiantes de la UA: SOUVENIRS ANÁMNESIS. Está claro que ante la calurosa acogida con la que nos recibirán público y crítica y el consecuente éxito comercial que ello nos deparará, tendremos que saber resistirnos a la tentación de la riqueza desmedida. Así que cuidado con alimentar a las bestias policéfalas que albergamos bajo nuestras apariencia humana (Rep., IX, 588c-589b).


28 Oct 08:45

Y QUÉ LE VOY A HACER - Si yo...


26 Oct 03:01

El 1% más rico de España

by Kiko Llaneras

El diecisiete de septiembre de 2011 cientos de personas se citaron en el centro del distrito de Wall Street. Pretendían llamar la atención sobre el aumento de la desigualdad en Estados Unidos. Un aumento que había sido particularmente desorbitado para aquellos con más ingresos de la sociedad americana: en 1970 el 1% con más renta acaparaba el 9% del total de ingresos, hoy ese 1% acapara el 22%. Por eso los manifestantes de Wall Street, y los miles que les siguieron en las redes, adoptaron un eslogan fácil, directo, numérico: we are the 99%.

De forma similar, ahora mismo debe de haber cien bares en España donde se está discutiendo lo que cobran las estrellas de fútbol, los directivos de banca y otros tipos con sueldos astronómicos. Muchos lo consideran inmoral, otros lo consideran un pago justo por pura ley de mercado («si tú llenases el Bernabéu también querrías cobrar una parte»). Estas discusiones son tan viejas como lo más viejo de la organización social humana: la desigualdad. Sin embargo, últimamente han tomado un cariz más amargo, más sentido y, poco a poco, también más público. La razón es simple: la presente crisis ha incrementado las desigualdades. Igual que hizo la anterior. En España la recesión aumenta la desigualdad en renta, echando a perder las mejoras conseguidas en épocas de bonanza.

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No es de extrañar, pues, que una gran parte del debate público sobre desigualdad se haya centrado en los más ricos. En ese grupo de privilegiados que disfrutan de rentas envidiables, que parecen inmunes a la crisis, y que en cierta medida lo son.

Señoras, señores, les presentamos a nuestros 1%.

Los 1% son los españoles que más ganan. No son los más ricos exactamente, porque no se computan patrimonios, sino aquellos que más ingresos consiguen (y declaran) cada año. Por definición, uno de cada cien adultos españoles es un 1%. Más o menos 370.000 hombres y mujeres. Es, la verdad, bastante gente. Y aunque probablemente ninguno de ustedes forma parte del selecto grupo, quizás conocen a alguno.

Y bien, ¿cuánto ganan estos privilegiados? Los 1% tienen una renta media de 153.000 euros anuales. Eso es lo que ingresa de media cada uno de ellos. Ocho veces la renta media de los españoles, que ronda los 17.400 euros, y tres veces más que los privilegiados de andar por casa, aquellos que pertenecen al 10% con más renta, que ingresan unos 57.000€ (fuente).

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Esto es lo que gana cada uno de los 1%, ¿pero cuánto suman como colectivo? ¿Qué parte del pastel acaba en manos de ese pequeño grupo de ganadores? Los hombres y mujeres del 1% acumulan el 9% del total de renta. No está mal, es cierto. Pero pensemos en las 3700 personas que constituyen el 0,01% con más renta, un contingente que suponemos debe incluir futbolistas, ejecutivos de banca y artistas de éxito, que acumulan el 3% de toda la renta del país y cuyos ingresos medios superan el millón de euros.

tabla1_TopIncomes

Viendo estos datos, a nadie le extrañará que España sea más desigual que la media europea. Sin embargo, y paradójicamente, no lo es por culpa de los 1%. En realidad los 1% españoles son relativamente menos ricos que sus homólogos en otros países (gráfico). Los 1% españoles acumulan menos renta (8,2% sin incluir ganancias de capital) que los estadounidenses (17,5%), suizos (11%), irlandeses (10,5%) o italianos (9,7%). Menos incluso que en Francia (8,8%) o Finlandia (9%), y no muy lejos de los países más igualitarios, como Noruega (7,9%) o Suecia (6,9%). Reducir los ingresos de los 1% no parece por lo tanto un asunto prioritario, sino que es muchísimo más urgente combatir la desigualdad en otros niveles más poblados, como el del 20% más rico y el 20% más pobre.

Además, si pensamos en redistribuir a través de gasto público e impuestos a los muy ricos, cabe recordar que hablamos de poca gente. Los superricos del 0,01% no suman juntos ni el 3% del total de renta. Es mucho para los pocos que son, sí, pero sigue siendo relativamente poco dinero para hacer carreteras, pagar escuelas públicas, o financiar la investigación. Las rentas de los 1% son ya algo más apetecibles. No obstante, ambos palidecen con el grupo del 10%. Por supuesto esto es mucha más gente, más de tres millones de españoles, aún relativamente privilegiados, pero que juntos suman un 32% de la renta total de los españoles. Es evidente que estos números condicionan el cálculo a la hora de fijar tipos impositivos. Grosso modo, podemos decidir que los ingresos de los 1% o los 0,01% son inmorales e injustos y que deberían ser limitados; pero sin olvidar que machacarlos a impuestos no va a pagar la crisis, ni los hospitales, ni un cambio de modelo productivo.

Los 1% y la burbuja inmobiliaria

Hemos visto que hoy los 1% tienen una renta media de 153.000 euros anuales. La verdad, no es para tanto… comparado con lo que ganaron sus iguales durante la burbuja. Entre 2004 y 2008 unos pocos españoles tuvieron ingresos extraordinarios: nuestros 1% llegó a levantar 240.000 euros al año. No duró demasiado. Hoy los 1% son seguramente personas distintas y tienen ingresos sensiblemente inferiores. Las ganancias anuales de los 1% se han reducido un 26% con la crisis, mientras que ustedes y nosotros, asumiendo que estamos alrededor de la media, vimos reducidos nuestros ingresos un 7% —es decir, que aunque la desigualdad aumentó en general, se ha reducido con respecto a los 1%.

Pero tras la crisis los 1% vuelven a ganar lo mismo que hace una década. Lo que está recogiendo este vaivén es, pura y simplemente, el tamaño de la burbuja inmobiliaria en las capas altas de la sociedad. El siguiente gráfico representa cómo ha ido variando la composición de la renta de los 1%. Esto es, cómo ganan lo que ganan. Y cómo lo ganaban. Las rentas se dividen en cuatro categorías: rentas del trabajo (salarios y pensiones), ganancias de emprendedores (autónomos, pequeñas empresas, etc.), ingreso de capital (dividendos, intereses o arriendos) y ganancias de capital (básicamente ventas esporádicas de valores cotizados).

fig3_los1porcienComposicion

Del gráfico se desprenden tres historias sobre los 1%. Primero, una tendencia a que sus rentas vengan cada vez más de salarios; segundo, una composición entre trabajo, capital y emprendimiento más o menos constante durante treinta años; y tercero, un periodo excepcional y anómalo que coincide con la burbuja inmobiliaria.

La única tendencia clara a largo plazo ha sido el aumento de los salarios. Este fenómeno, la emergencia de una nueva clase de trabajadores ricos, es común a muchos países occidentales y contribuye al aumento de la desigualdad que se observa desde los 80 en países muy diversos, como Estados Unidos, Alemania, o Suecia. Las causas aún se discuten, pero la mayoría de académicos apunta al desarrollo tecnológico y a la globalización como factores importantes, sin olvidar el papel de la instituciones laborales o la habilidad de los ejecutivos (o, por ejemplo, banqueros) para fijar sus propios salarios.

Observemos ahora el gráfico y hagamos una radiografía para intentar averiguar quiénes han sido generalmente el tipo de personas en el 1%. Veran que durante tres décadas los 1% han obtenido sus rentas en gran medida a través de su salario (en torno al 55%). Esto sugiere que son en su mayoría asalariados con sueldos jugosos. También tendremos cierto número de emprendedores y autónomos de éxito. A estos ingresos por la vía del trabajo hay que sumar las ganancias y rentas de capital (23%), sin que podamos precisar cuánto corresponde a puros rentistas y cuánto son ingresos, digamos complementarios, de emprendedores y asalariados.

Esta radiografía representa a nuestros 1% típicos, pero no a los de la burbuja. Los miembros del club con ingresos top no son permanentes, sino que entran y salen según las circunstancias. Unas circunstancias que entonces fueron muy singulares: entre 2002 y 2006 los 1% se caracterizaron por unas ganancias de capital exorbitantes, que multiplicaron por cinco las anteriores, en un repunte sin parangón en décadas. El año paradigmático es 2006, el único de la serie en el que las plusvalías por ventas de activos de los 1% superaron a sus rentas del trabajo.

Lo que vemos sugiere que durante la burbuja emergió un tipo nuevo de 1% que no obtenían sus ingresos del trabajo, ni del emprendimiento, ni vivían de sus rentas, sino que hicieron el agosto con unas ganancias de capital excepcionales, seguramente vía compraventa de ladrillo. Lo que no podemos saber es cuántos de esos especuladores burbujistas eran nuevos ricos, recién llegados al club 1%, y cuantos eran antiguos miembros —antes asalariados, emprendedores o rentistas—, que centraron su acción, atención, esfuerzos y desvelos en la compraventa de activos. Seguramente se dieron ambos casos y la especulación fue cosa de nuevos y viejos ricos.

Por qué no queremos otra burbuja

Cabe destacar que, sorpresivamente, el aumento enorme de las rentas más altas no vino acompañado de un aumento general de la desigualdad. Al contrario, como hemos mostrado en el primer gráfico de este artículo, la desigualdad de renta disminuyó durante la burbuja. Esto sugiere que todos (o muchos) participamos del festín. Sin embargo, lo que es particularmente llamativo (y preocupante) es que una parte significativa del mascarón de proa de nuestra sociedad, aquellos que, según el capitalismo schumpeteriano, deberían llevar adelante las inversiones arriesgadas que generasen empresas con futuro e innovación dedicaron una parte inusitada de recursos a la especulación.

El economista estadounidense Gregory Mankiw, quien no es conocido por sus posturas izquierdistas precisamente, publicó hace poco un artículo en defensa del 1%. En él Mankiw justifica la desigualdad como una forma de garantizar los incentivos a los emprendedores y a la innovación: el cambio tecnológico y la globalización demandan personas más habilidosas, lo cual incrementa la diferencia salarial entre los trabajadores cualificados y los no cualificados. Esta bonita historia del capitalismo es relevante para juzgar la emergencia de esos asalariados ricos de los que hablamos antes, tanto en España como, sobre todo, en otros países más innovadores. Pero no sirve, ni mucho menos, para explicar la evolución de nuestro 1% durante la burbuja. Las ganancias extraordinarias de capital pocas veces tienen detrás innovación o emprendimiento. Lo que tienen son, bueno, casas pagadas con dinero del futuro. Es posible que Mankiw se equivoque, o quizás tiene razón, pero es seguro que no estaba hablando de España al escribir su ensayo.

Porque, aunque la burbuja aumentó las rentas y redujo la desigualdad, hoy parece evidente que no queremos que algo así vuelva a pasar. No queremos que una pequeña parte de la población vuelva a obtener semejante rendimiento de la compraventa de vivienda, aunque esos beneficios se propaguen también hacía abajo por un tiempo. Lo que queremos es un crecimiento sostenible y sostenido. Si estamos de acuerdo en esto, ¿qué debemos hacer para lograrlo? ¿cómo evitar las tentaciones burbujiles?

Tenemos que preguntarnos por qué el capital se ha dirigido hacia la construcción y el sector inmobiliario. Por qué fue ese el camino que ofrecía menos resistencia. Un camino que ha alimentado el pico de desigualdad improductiva en España, si se nos permite la expresión, frente a la desigualdad productiva defendida por Mankiw y otros. Responder esa pregunta resuelve también al interrogante de por qué nos fue tan bien a todos… y por qué ahora nos va tan mal. Una cuestión compleja, pero que entreteje elementos ya conocidos: una regulación urbanística laxa que da el control sobre nuevos desarrollos urbanísticos a políticos elegidos a dedo en municipios y comunidades, una legislación laboral dual que favorece la contratación de trabajadores precarios en sectores de baja cualificación como el inmobiliario, un entramado de lastre burocrático y barreras a la competencia que castigan la actividad en otros sectores, un sistema de financiación municipal que hace a pueblos y ciudades dependientes de la construcción para llenar sus arcas, un flujo de deuda desde el exterior que se demostró perjudicial, y un engendro llamado cajas de ahorros, bajo control de políticos sin experiencia financiera que podían dirigir el dinero hacia donde les conviniese.

En ese río podrido algunos solo tuvieron que pescar, y picó lo que picó, esto es, extraer  rentas vía compraventa de activos. La especulación. Nuevos ricos que se vinieron abajo con todos nosotros una vez la burbuja estalló. Solo que su colchón era más grande y probablemente con mejores plumas, y por eso su caída les habrá dolido menos. Lo que tenemos que evitar es que en la próxima temporada de pesca las mismas truchas envenenadas salgan escogidas. Eso supone cambiar muchas cosas en España. Pasar reformas que levanten un nuevo escenario, uno donde los 1% no sean, nada más y nada menos, que la vanguardia de un país que iba de la mano hacia el abismo.

25 Oct 16:17

Venga Monjas: Ciego que en realidad ve (2a parte)

by Venga Monjas
Sergioski02

jajajjajaj sublimeeee!!

Este ciego nos acabará volviendo a todos locos. Es un balín! EL ORIGEN AQUÍ: https://www.youtube.com/watch?v=rFg2G-HRnDU.
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24 Oct 22:36

Photo



24 Oct 22:36

Espantanegros.



Espantanegros.

24 Oct 16:33

"What if the poetic has left the poem in the same way that Elvis has left the building? Long after..."

“What if the poetic has left the poem in the same way that Elvis has left the building? Long after the limo pulled away, the audience was still in the arena screaming for more, but poetry escaped out the backdoor and onto the Internet, where it is taking on new forms that look nothing like poetry.”

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Kenneth Goldsmith writes about how the Internet has altered poetry: http://nyr.kr/17fE236 (via newyorker)

"Conceptualism in the wild" is a good turn of phrase.