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02 May 10:12

Los hombres más poderosos del universo

by Diego Cuevas
James T. Mangan. Foto: DP.

James T. Mangan. Foto: DP.

Si posees algo que tiene ocho mil millas de diámetro y veinticinco mil millas de circunferencia te darías cuenta de que la guerra es algo de lo que te puedes reír. Mi nación podría incluso dotar a la gente de suficiente grandeza de pensamiento y de desdén como para hacerles sentir que cualquier disputa internacional es insignificante. (James T. Mangan, dueño del espacio exterior)

El espacio celestial

En 1948 un par de caballeros discutían sobre trivialidades y asuntos varios en una habitación cualquiera en las tripas de Chicago. En un momento dado uno de los dos interlocutores apuntilló una frase del diálogo señalando hacia una ventana abierta con una afirmación de lo más obvia: «¿Sabes? Ahí fuera hay un montón de cosas». Y de aquellas palabras nació una pequeña idea que revoloteó hasta la cabeza del oyente para colarse en su interior y trastear con la materia gris residente hasta provocar un chispazo. La persona a la que se le acababa de encender la bombilla se llamaba James Thomas Mangan y en aquel momento se encontraba deslizando la mirada al exterior y apuntando la vista muy arriba. Poco después, durante la medianoche del 20 de diciembre, Mangan se autoproclamaba soberano de todo el universo a la vista, una superficie que el hombre agrupaba en la recién nacida Nación del Espacio Celestial (Nation of Celestial Space). Más tarde también reclamaba como propio el espacio que había ocupado la Tierra minutos antes porque no tenía pensado dejar ningún cabo sin anudar.

Aquel emprendedor llamado Mangan no era una persona cualquiera, se trataba de un amigo de los eventos publicitarios y de un escritor superventas con una bibliografía cosida a base de libros de autoayuda que animaban al lector a repetir mantras chiflados para afrontar los envites de la existencia. Era la típica persona que podría ir por los pueblos más incrédulos vendiendo la infraestructura de un monorraíl con un número musical.

El 1 de enero de 1949, en el registro de las escrituras del condado de Cook en Illinois, un trabajador del gobierno entrecerraba los ojos preguntándose si el evento en el que estaba participando tenía sentido. Unos instantes antes el propio funcionario había consultado a un abogado del Estado —con cierto temor de que le invitase a practicar algún contorsionismo exótico con sus cavidades corporales— si existía algún tipo de ilegalidad en el asunto que ahora le ocupaba, pero al parecer todo estaba en orden. Frente a él un hombre llamado Mangan estaba registrando un documento donde se autodenominaba fundador y primer representante de la Nación del Espacio Celestial, también conocida como Celestia, un territorio que ya contaba con diecinueve habitantes en su nacimiento.

Celestia estaba oficialmente compuesta por lo que venía a ser todo el universo con excepción de la Tierra, y su existencia era casi un favor a la humanidad: según su fundador, lo de acoger bajo su mandato tanto espacio profundo era un acto de bondad, porque así se evitaba que la extensión acabase en manos de algún país malvado con ganas de establecer una hegemonía galáctica de aquellas que producen un líder calzando casco oscuro nacarado y una marcha imperial propia. Mangan remitió setenta y cuatro cartas a diferentes secretarios de Estado anunciando el alumbramiento de la nueva nación y solicitando reconocimiento, pero por alguna razón inexplicable ninguno le contestaría de vuelta. Apesumbrado porque le estaban haciendo el vacío solicitó un hueco en las Naciones Unidas, pero estas se apartaron cuando lo vieron acercarse por el pasillo. Cuando la carrera espacial comenzó a despegar agarró pluma y papel y remitió una nueva tanda de misivas formales a la Unión Soviética, los Estados Unidos de América, el Reino Unido y las Naciones Unidas anunciando que Celestia prohibía cualquier tipo de ensayo nuclear en su territorio y que era mejor que a ninguno de ellos se les ocurriese plantar un hongo en su huerto espacial. Durante los años de carrera espacial entre potencias mundiales el más alto cargo de la Nación del Espacio Celestial firmaría otro hermoso puñado de cartas amenazando con lluvias de demandas por tener tantos turistas indeseados surcando su espacio. Estamos hablando de alguien que consideraba que los satélites, las ondas de radio y las señales de televisión eran «intrusas ilegales» en sus dominios.

Pasaporte de Celestia. Imagen: DP.

Pasaporte de Celestia. Imagen: DP.

La gloriosa Celestia se autodenominaba república a pesar de que la propia hija del empresario ejercía de princesa oficial del reino espacial y los familiares del fundador ocupaban cargos monárquicos diversos. Evitaba cualquier tipo de sistema democrático porque según justificaba el propio Mangan «a mí no me gusta votar», carecía de impuestos porque su fundador también había declarado que «a mí no me gustan los impuestos» y en general se presentaba como un modelo de tiranía intelectual en donde los únicos derechos de sus habitantes eran los de «libertad de pensamiento» y «el derecho de hacer sugerencias». Oficialmente persiguió los protocolos formales de cualquier patria respetable: acuñó el joule de plata y el celeston de oro, unas monedas propias con el rostro de perfil de la princesa Ruth Mangan (referida ilustremente como Magnanimity) grabado en una de sus caras. Elaboró una serie de pasaportes que remitió a diversos astronautas para que disfrutasen sin problemas de sus aventuras espaciales en el territorio de Celestia. Un amable gesto que uno de aquellos cosmonautas, John Glenn, incluso llegó a agradecer por escrito. Fabricó sellos propios en los que se podía leer que estaban destinados a ser estampados en el outer space mail. Y lució una bandera exclusiva con un círculo blanco sobre fondo azul en cuyo interior se podía ver una almohadilla de las que hoy en día sirven de locomotora de los hashtags. Una bandera oficial de la nación que el propio Mangan desvelaría en televisión en junio del 58 durante una de sus tretas publicitarias de attention whore, una argucia tan llamativa como para acabar provocando que al día siguiente la bandera de Celestia ondease durante un rato en el edificio de las Naciones Unidas de Nueva York junto al resto de banderas de países más sospechosos de ser auténticas naciones.

Celeston de oro, sellos y bandera oficial de Celestia. Imagen: DP.

Celeston de oro, sellos y bandera oficial de Celestia. Imagen: DP.

El fascinante mundo de Celestia desgraciadamente murió junto a su fundador. A Mangan le sobreviviría su hija, la princesa Ruth de la Nación espacial Celestial y sus tres nietos: Glen, Dean y Todd Stump, o los distinguidos duques de Selenia, Marte y la Vía Láctea respectivamente.

Yo no te pido la Luna

Dennis Hope es el norteamericano que se encuentra al frente de la Lunar Embassy Commission, una empresa que se anuncia con el eslogan «A lo mejor no puedes ser propietario aquí abajo, pero puedes serlo ahí arriba» y lleva desde los años ochenta vendiendo la superficie lunar a veinte pavos por acre. Hope asegura que a día de hoy, gracias a sus ventas, la Luna tiene más de seis millones de propietarios y que entre ellos figuran personalidades como Ronald Reagan o Jimmy Carter. El astuto empresario vive exclusivamente de este negocio, ofreciendo también terrenos en otros cuantos planetas y pasaportes extraterrestes. Y por supuesto afirma que todo aquello que vende le pertenece legalmente. Pero lo cierto es que un alemán llamado Martin Juergens ya anunciaba hace bastante que el astro pertenecía a su estirpe desde que Federico II el Grande se lo regalara a su familia en 1756. Y que anteriormente Robert R. Coles, del Hayden Planetarium, también se había sacado una pasta vendiendo territorio lunar a dólar por acre. En 1966 hasta una ciudad se autoproclamó dueña del satélite: treinta y cinco representantes de la población de Geneva, en Ohi,o firmaron en comuna una declaración de propiedad lunar. Y entre tanto interesado, un rumano llamado Virgiliu Pop consolidaba desde su ordenador el supuesto registro como dueño del mismo Sol con la finalidad de demostrar una cosa: que todo aquello de registrar posesiones en el espacio era una gilipollez. Pero aun así, a lo largo de la historia nadie tuvo tanto estilo a la hora de convertirse en propietario de terreno extraterreste como el simpático artista y hombre de leyes Jenaro Gajardo Vera.

Jenaro Gajardo Vera. Foto: DP.

Jenaro Gajardo Vera. Foto: DP.

A Gajardo, un chileno multitarea que era abogado, pintor y poeta, se le negaría en 1954 la inscripción en el club social de su ciudad de residencia por culpa de no cumplir el requerimiento indispensable de ser el dueño de alguna propiedad, aunque probablemente tampoco ayudaba lo de haber fundado la llamada Sociedad Telescópica Interplanetaria, que tenía entre sus objetivos el organizar un comité de bienvenida a los extraterrestres en caso de que ellos decidieran pasar las vacaciones en la Tierra. Poco después de que se le prohibiesen inscribirse en aquel club, el 25 de septiembre de 1954, al notario de la ciudad de Talca le tocaba dejar constancia oficial de una declaración extraordinaria que firmaba un aventurado poeta:

Jenaro Gajardo Vera, abogado, poeta, es dueño desde antes del año 1857 del satélite único de la Tierra denominado Luna, de un diámetro de 3475,99 kilómetros y cuyos deslindes por ser esferoidal son: norte, sur, oriente y poniente: espacio sideral.

Gajardo cumplía así con el procedimiento habitual a la hora de solicitar un dominio sin propietario (aquel «dueño desde antes del año 1857» que figuraba en su declaración era la fórmula legal para sanear terrenos carentes de título de dominio) y publicaba posteriormente en el Diario Oficial tres avisos anunciado su intención de adoptar la Luna para permitir que la reclamación territorial pudiese ser impugnada por cualquier tercero que tuviese algo que objetar. Como nadie dijo esta luna es mía, el abogado poeta acabó constando sobre el papel a efectos legales como titular de la superficie lunar. Cuenta la leyenda que cuando el Servicio de Impuestos Internos (SII) se enteró del asunto solicitó el cobro de las contribuciones adheridas a los terrenos en propiedad, algo que el chileno contestó que haría gustosamente cuando los inspectores que pretendían recaudar los impuestos visitasen la propiedad tal y como requería el protocolo oficial. Y también se solía decir que el mismísimo Richard Nixon llegó a pedir permiso por escrito a Gajardo para aterrizar en el satélite, pero es bastante probable que ambas historietas sean inventadas, por un lado porque el pueblo siempre ha gustado de darle color a todo con anécdotas ingeniosas como la de los recaudadores, y por otro porque todo el mundo sabe que Nixon nunca ha sido demasiado educado con sus modales.

El propio Gajardo declararía que su intención para convertirse en amo de la Luna había sido una protesta poética, una forma de bromear sobre tomar parte en una ficticia selección de habitantes del satélite ya que él ansiaba un mundo sin envidias, odios, vicios o violencia. Y también porque quería que le admitieran en el dichoso club social de los cojones.

El poeta falleció en 1998, y en su testamento dejaría anotado que legaba la propiedad del satélite al pueblo chileno con el estilo que se le presupone a quien ha dedicado parte de su vida a acicalar versos: «Dejo a mi pueblo la Luna, llena de amor por sus penas».

Eros 433

El 12 de febrero de 2001, tras cinco años surcando el espacio, la sonda espacial Near Earth Asteroid Rendezvous (NEAR Shoemaker) aterrizó en la superficie de Eros 433, el segundo asteroide más grande cercano a la tierra. Pero once meses antes un hombre llamado Gregory W. Nemitz había registrado como propio dicho asteroide en los despachos de California. El paseo del NEAR Shoemaker hasta el planetoide había sido el último para el aparato de la NASA, la sonda no tenía capacidad para impulsarse por sus propios medios de vuelta al espacio y por eso mismo permanecería aparcada en Eros eternamente. Nemitz, un firme defensor de la propiedad privada, hizo lo que cualquier persona habría hecho: cascar a la NASA una multa de aparcamiento por veinte dólares a pagar en cómodos plazos durante los próximos cien años a ritmo de veinte céntimos anuales.

La NASA se niega a pagarle.

James T. Mangan. Foto: DP.

James T. Mangan. Foto: DP.

La entrada Los hombres más poderosos del universo aparece primero en Jot Down Cultural Magazine.

26 Mar 10:52

Sad Affleck, la imagen de la semana

by Juan Luis Caviaro
Ben Affleck y Henry Cavill se enteran de las críticas que está recibiendo Batman V Superman

Internet ha forjado otra gema. Ayer comentaba que el director y dos de los protagonistas de 'Batman v Superman' han respondido a las malas críticas que está recibiendo la película, afirmando que lo importante es la taquilla, es decir, lo que opine el público. Ben Affleck no dijo nada. De hecho, su reacción fue tan llamativa que ha dado lugar a un popular meme titulado 'Sad Affleck'. No te pierdas el vídeo que he dejado más abajo.

Quizá recuerdes que Internet ya bromeó sobre la supuesta tristeza del actor que interpreta a Bruce Wayne; cuando apareció la primera imagen de la nueva versión del superhéroe se pusieron de moda las parodias del 'Sad Batman'. Lo cierto es que el fichaje de Affleck fue una decisión muy criticada por los fans, sobre todo por el fracaso de su 'Daredevil', pero casi nadie le está señalando como uno de los problemas de 'Batman v Superman'. Zack Snyder es quien debería estar triste...

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07 Mar 09:24

Una ventana para ver los lagartos del pasado

by noreply@blogger.com (Antonio Martínez Ron)
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Pocas veces tenemos ocasión de mirar al pasado a través de una ventana como la que acaban de abrir Juan Diego Daza y su equipo. En un trabajo publicado esta semana en Science Advances, los investigadores muestran el resultado del análisis de 12 especímenes de lagarto de unos 99 millones de años de antigüedad atrapados en piezas de ámbar. Los animales cayeron en la resina en algún momento del Cretático y su conservación es tan exquisita que los autores han podido observar la piel y los tejidos blandos con un detalle sin precedentes.

Seguir leyendo en: Una ventana de ámbar para ver los lagartos del pasado (Next)

Entrada publicada en Fogonazos http://www.fogonazos.es/
02 Mar 13:21

'Buscando a Dory', tráiler del próximo estreno de Pixar

by Juan Luis Caviaro
Buscando A Dory

Tras celebrar otro triunfo* en los Oscars por la emocionante 'Del revés' ('Inside Out'), Pixar ha lanzado un nuevo tráiler de 'Buscando a Dory' ('Finding Dory'), continuación de la historia de 'Buscando a Nemo' ('Finding Nemo'). No es una secuela que estuviéramos esperando con gran interés pero hay que reconocerlo: tiene buena pinta, parece que nos vamos a divertir mucho con esta nueva aventura.

Ya comentamos cuando apareció el primer teaser que la película está escrita y dirigida por Andrew Stanton —responsable de 'Bichos', 'Buscando a Nemo', 'WALL·E' y ¡'John Carter'!— mientras que el reparto vocal está liderado por Ellen DeGeneres, Albert Brooks, Diane Keaton, Idris Elba, Dominic West y Ty Burrell, entre otros. Disney la estrena el 24 de junio en España, una semana despues que en Estados Unidos.

  • En español:

  • En versión original:

Recordemos que 'Buscando a Dory' es la primera de varias secuelas de Pixar que nos llegarán en los próximos años: 'Cars 3' (2017), 'Toy Story 4' (2018) y 'Los increíbles 2' (2019) son las otras. Pero no tendremos que esperar mucho para ver otro film original del estudio: en noviembre de 2017 se estrenará 'Coco', lo nuevo de Lee Unkrich ('Toy Story 3').

*Pixar ha ganado 16 premios de la Academia de Hollywood. Ghibli sólo 1 (por 'El viaje de Chihiro').

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01 Feb 11:39

Cómo «Tiburón» cambió la industria del cine

by Emilio de Gorgot
steven-spielberg

Steven Spielberg. Fotografía cortesía de Universal Studios.

Hay buenas películas y hay obras maestras del cine. También hay películas que, siendo buenas o incluso malas, revolucionan el séptimo arte por cómo han sido producidas, por cómo afectan a los gustos del público o por cómo cambian los usos y costumbres del negocio. En muy raras ocasiones, una película puede ser ambas cosas: una obra maestra, un hallazgo artístico, pero también un fenómeno que cambia los paradigmas hasta entonces considerados inamovibles. Eso fue Tiburón, un antes y después en la forma que la industria del cine tiene de relacionarse con el público. Se habla mucho de La guerra de las galaxias y su influencia sobre la cultura del cine masificado, pero no fue la trilogía espacial, sino Tiburón, la que de verdad puso el negocio patas arriba. Fue el primer blockbuster moderno y quizá siga siendo el mejor. En cualquier caso, cambió las reglas respecto de cuánto dinero se puede invertir en una película, de cuándo y cómo conviene estrenarla, y de a qué público se necesita recurrir para recuperar la inversión. Rompió todos los convencionalismos porque fue una película comercializada a la desesperada, después de haber multiplicado su presupuesto entre accidentes y errores, arrancada de las garras del fracaso por la visión de un joven cineasta, Steven Spielberg, que contra todos los obstáculos imaginables nos regaló uno de los más memorables títulos de las últimas décadas.

Una idea estúpida: la historia de un tiburón que ataca a la gente

Pensé que eras mi amigo, ¿cómo me has hecho rodar esta película con peces? (Steven Spielberg a Sid Sheinberg)

La historia de Hollywood empezó a cambiar cuando el joven escritor Peter Benchley tuvo la revelación que le salvó in extremis de abandonar su renqueante carrera literaria. Escribir apenas alcanzaba para sacar adelante a su familia, y ya consideraba seriamente la idea de buscarse un empleo en cualquier otra cosa, cuando un día, sentado en una playa, empezó a recordar las noticias que años atrás había leído sobre la captura de ejemplares de tiburón blanco cerca de la costa. Empezó a imaginar qué sucedería si un único tiburón, actuando de manera inteligente, empezase a acosar a los bañistas de un pequeño pueblo costero. Creyó haber encontrado un argumento que bien podría convertirse en libro. Excitado, le contó la idea a su mujer, aunque ella respondió con escaso entusiasmo: «Peter, es la idea más absurda que he oído nunca. Búscate otro argumento». Pero Benchley no pudo apartar su mente del gran tiburón blanco. Desoyendo el consejo conyugal, se puso a trabajar y escribió el principio de una novela, Jaws, por la que consiguió recibir mil dólares como anticipo. Empezó a creer que su carrera literaria podía llegar a salvarse. Y así sucedió. Cuando fue publicada, Jaws se convirtió en un enorme éxito.

Otro joven andaba buscando un argumento, esta vez para una película. Steven Spielberg todavía no era un director importante. Se lo consideraba uno de los más prometedores talentos de la industria, sí, pero a efectos prácticos era un don nadie de veintisiete años que únicamente tenía un estreno cinematográfico a sus espaldas (dos, si contamos una película para televisión que también sería estrenada en cines). Spielberg era el favorito de los productores Richard Zanuck y David Brown, pero tenía muchas cosas que demostrar. El mundo lo había descubierto con Duel, largometraje televisivo que narraba la aterradora experiencia de un conductor que durante más de hora y media es perseguido por un misterioso camionero sin que sepamos nunca por qué. Aunque había sido un fenómeno televisivo que cimentó su prestigio como gran promesa, Duel no dejaba de ser un producto barato. La única película que había rodado para la gran pantalla con un presupuesto cinematográfico, The Sugarland Express, había sido bien recibida por los críticos, pero no había generado una repercusión comercial demasiado espectacular. Spielberg todavía necesitaba demostrar que podía hacerse cargo de un presupuesto serio y convertirlo en un producto rentable. Zanuck y Brown confiaban en su talento, pero debían encontrar el vehículo adecuado con el que ponerlo a trabajar. Un día Spielberg supo que planeaban producir una adaptación de la novela Jaws, por entonces convertida ya en superventas, aunque el proyecto tenía ya asignado un director, Dick Richards. Aun así, Spielberg se ofreció a leer la primera versión del guion, todavía por pulir, para dar su opinión. Dos días después llamó a sus jefes y les dijo que la historia era buena, y que si «por algún motivo el director abandona el proyecto, no me importaría hacerme cargo yo mismo».

La ocasión se presentó bien pronto. Los productores descubrieron con asombro que Dick Richards no era el hombre indicado para el trabajo cuando, en una de sus primeras reuniones, el cineasta empezó a describir las primeras secuencias que tenía en mente… y ¡no dejaba de mencionar una ballena! Su aparente incapacidad para distinguir entre un cetáceo y un gran tiburón blanco hizo que Zanuck y Brown se replanteasen el futuro de la película: apartaron a Richards y se la ofrecieron a Spielberg, quien había parecido ansioso por rodarla. Pero estuvo a punto de no suceder. Por entonces Spielberg ya estaba considerando otro proyecto. Le habían ofrecido dirigir Lucky Lady, un guion centrado en la era de la ley seca. Con dos ofertas sobre la mesa en un momento clave de su carrera, Spielberg se sintió confuso. Pidió consejo a su amigo Sid Sheinberg, presidente de la MCA, y fue la honestidad de este la que dirigió a Spielberg hacia el reino del tiburón blanco. Le dijo que Lucky Lady no iba a ser demasiado comercial y que no parecía el paso adecuado para un director joven, sobre todo para uno que, como Spielberg, ansiaba tener control total sobre su propio trabajo. En cambio, Jaws, basada en el best seller de moda, atraería a algún actor taquillero y le permitiría obtener buenos resultados económicos, sin los cuales no podía pretender asentarse en el negocio. Tras mucho meditar, Spielberg decidió firmar para rodar Jaws. Hoy sabemos que aquella decisión hizo de él un gigante del cine, pero durante los meses de rodaje Spielberg iba a tener muchos motivos para arrepentirse. Cuando le recriminó a Sid Sheinberg lo que consideraba un terrible consejo, Spielberg estaba convencido de que su carrera como director se había ido por el retrete por culpa del dichoso escualo.

Tiburón: un proyecto sin guion, sin actores… y sin tiburón

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Roy Scheider y Richard Dreyfuss. Imagen cortesía de Universal Studios.

La presión empezó a aumentar incluso antes de que hubiese un proyecto bien perfilado. La popularidad de la novela Jaws había seguido creciendo hasta alcanzar el número uno en la prestigiosa lista del New York Times, lo cual, junto a una amenaza de huelga en la industria, hizo que a Zanuck y Brown les entrasen las prisas por aprovechar el momento y empezar el rodaje cuanto antes. Cuando dieron luz verde al proyecto, todo estaba en mantillas. El guion continuaba sin pulir y necesitaba muchos cambios para poder ser llevado a la pantalla con un resultado digno. Tampoco tenían actores para los papeles principales. No tenían perfilados los detalles técnicos del rodaje. No tenían nada, excepto una idea y un director. Y lo peor: Spielberg demostró ser un joven visionario que se negaba a seguir las normas de la industria y que empezó a amenazar con dejar el rodaje colgado si no se le permitía seguir sus propios instintos artísticos, los cuales solían implicar más dificultades y, por tanto, más dinero.

El asunto de los actores se resolvió con relativa facilidad. Digo «relativa» en comparación con el resto de problemas a los que se enfrentaron, porque Spielberg tuvo muchos dolores de cabeza para confeccionar su reparto. El papel del biólogo marino Matt Hooper no le hizo pensar demasiado: cuando no pudo obtener a sus primeras opciones (nombres como John Voight o Jeff Bridges), su amigo George Lucas le sugirió a un joven actor con el que acababa de trabajar, Richard Dreyfuss. Este tenía pocas ganas de involucrarse en un rodaje con barcos, secuencias de acción e incomodidades varias, pero aceptó a regañadientes cuando la película que acababa de estrenar no funcionó como esperaba. Sí, parece mentira, pero para Dreyfuss, Tiburón fue un segundo plato no muy apetecido. En cuanto al personaje de Quint, curtido cazador de tiburones, Spielberg quería a Lee Marvin. Pero Marvin, que por cierto era un pescador muy habituado a perseguir grandes piezas en la vida real, estaba de vacaciones y rechazó la oferta con una de las excusas más incontestables de la historia del cine: «Si hay que rodar una película sobre pescar grandes peces, prefiero quedarme pescando grandes peces de verdad». Como este argumento no tenía fisuras, los productores propusieron un sustituto, Robert Shaw, con quien ya habían trabajado en El Golpe. A Spielberg le pareció buena idea, aunque todavía no era consciente de los problemas que podía causar un tipo con la personalidad volátil y agresiva de Shaw. Más dificultad le causó el papel protagonista, Martin Brody, sheriff del pueblo costero en donde aparece el tiburón, que pese a enfrentarse a una amenaza que no comprende es el único capaz de anticipar la magnitud del peligro por encima de los intereses turísticos y políticos de las autoridades locales. Dada la popularidad de la novela, varias estrellas se interesaron por el papel, así que Spielberg tenía donde elegir. Sin embargo, buscaba unas características tan concretas que dejó pasar a varios grandes nombres. Charlton Heston, héroe de acción por antonomasia, se ofreció para interpretar a Brody. Parecía una baza conveniente, porque era un actor taquillero a quien el público amaba en esa clase de películas. Pero Spielberg, que ya estaba dejándose llevar por su particular visión, tenía sus reservas. No quería a un tipo duro como protagonista, sino a alguien que pudiese mostrar también una faceta vulnerable (entre otras cosas, el personaje de Brody ¡debía mostrar fobia al agua!) y desde luego alguien como Heston no mostraba puntos débiles en pantalla. Tras mucho cavilar, Spielberg encontró a su hombre por casualidad. Acabó contratando a un actor que se había dado a conocer como polícia implacable en la famosa French ConnectionRoy Scheider. Ambos se conocieron en una fiesta y Spielberg pensó que Scheider era justo la clase de tipo duro que quería evitar. Es más, no solamente era duro en la pantalla, sino que había sido un prometedor boxeador amateur: de catorce combates en competición, había ganado trece (en su única derrota le rompieron la nariz, lo cual le daba su característico aspecto de matón). Pero Scheider le convenció de que podía mostrar la faceta vulnerable requerida por el papel, y no habló en vano. Su trabajo en la película, como el de sus dos compañeros, iba a ser de primer nivel.

Con los actores bajo contrato, el rodaje empezó de la manera más improvisada que cabe imaginar. Spielberg tenía entre manos un guion a medio cocinar que necesitaba una reescritura. Pero no había tiempo, así que iban a tener que reescribir sobre la marcha, inmersos en plena filmación… algo que quizá es factible con un drama convencional, pero una locura en mitad de una producción con tantos elementos técnicos. Spielberg dejó atónitos a los productores cuando para esa tarea contrató a Carl Gottlieb, guionista especializado en comedia televisiva. A todos les pareció una insensatez, pero Spielberg tenía unos motivos muy claros: quería darle profundidad a los personajes para que la película tuviese un toque humano que la distinguiera del típico film de aventuras y terror. Acertó completamente con la elección. Gottlieb le confirió una enorme viveza a los personajes y también tuvo el buen instinto de insertar algunos toques cómicos en los diálogos, incluso en mitad de momentos de tremenda tensión. Idea suya era la frase más recordada de la película, pronunciada por Brody cuando ve por primera vez al tiburón con sus propios ojos: «Vais a necesitar un barco más grande». Gracias a Gottlieb, lo que era una mera película de género se transformó también en un convincente drama.

Todos estos problemas, sin embargo, se quedaron en nada por culpa de dos factores inesperados. Uno, la insistencia de Spielberg en rodar en el mar. Y dos, la poca previsión de los productores, que habían confiado en realizar una adaptación no muy costosa para la que no necesitarían gran cosa, solamente algún tiburón amaestrado. Los animales amaestrados no eran caros de alquilar. Sin embargo, fue solamente después de haber dado luz verde a la película cuando Zanuck y Brown descubrieron que ¡no se puede amaestrar a un tiburón!

Pesadilla sobre el agua

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Fotografía cortesía de Universal Studios.

Es el rodaje más duro que jamás he hecho. Todavía tengo pesadillas. (Steven Spielberg).

Abrumados por el grueso error, los productores se dieron cuenta de que iban a necesitar un tiburón mecánico o no habría largometraje, aun a sabiendas de que esto iba a disparar los costes. Habían planeado una película de presupuesto mediano, técnicamente no muy distinta a la serie B. El grueso del dinero debía ir al sueldo de algunas famosas estrellas, no a los efectos especiales. Esto era una actitud habitual a principios de los setenta, sespués de que algunas superproducciones de la década anterior hubiesen causado sonoras debacles financieras a los estudios (baste recordar Cleopatra). En general, Hollywood estaba huyendo de las grandes inversiones. Sin embargo, ¡no se puede hacer una película sobre tiburones sin tiburones! Pero no existía tal cosa como un tiburón mecánico. Nadie había fabricado uno. Por más que buscaron en Hollywood, no encontraron a especialistas que estuviesen dispuestos a jugarse su prestigio con una labor tan complicada o que pensaran siquiera que fuese posible. La situación era tan desesperada que terminaron recurriendo a un experto en efectos especiales, Bob Mattey, que estaba ya jubilado y que por tanto no tenía miedo a jugársela. Veinte años atrás (en 1954) Mattey había construido un calamar gigante para 20.000 leguas de viaje submarino. También había fabricado maquinaria para parques de atracciones. Era la mejor opción que tenían y desde luego el único que se prestaba a semejante locura. Pero como veremos, ni siquiera lo mejor iba a resultar suficiente.

Mattey construyó el tiburón mecánico, bajo la misma presión y apresuramiento que todos los involucrados en una película que estaba ya en proceso de producción. Eran tres tiburones distintos, de hecho, para planos frontales y laterales. Podían ser manejados mediante mandos eléctricos. Los probaron en los típicos tanques de agua que hay en los estudios de Hollywood y que sirven para simular escenas marítimas. Funcionaban. Bautizaron al monstruoso tiburón artificial como «Bruce», una broma en referencia al abogado de Spielberg. Hasta aquí, todo normal.

Pero Spielberg no quería rodar las escenas marítimas en un tanque de agua como se hacía tradicionalmente. Exigía realismo e insistía, por ejemplo, en que cuando los tres personajes principales se embarcaban para dar caza al tiburón, filmar el auténtico horizonte marino era la única forma de trasladar al público la soledad e indefensión que sentirían en mitad del océano. Todas las secuencias acuáticas debían filmarse en el océano. Los productores, alarmados, intentaron hacerle entrar en razón: un tanque de agua, en la seguridad de un estudio, era la forma más barata y segura de trabajar las secuencias marítimas. En muchas obras maestras se había usado un tanque de agua. ¡Todo el mundo rodaba en tanques de agua! Pero aquella fue una de las muchas veces en que un joven Spielberg, haciendo gala de una formidable visión y un admirable pundonor profesional, plantó cara a sus jefes. O rodaban en el mar o abandonaba el proyecto. Sus jefes tuvieron que concederle lo que quería, mientras se decían que habían cometido un error contratando a alguien tan perfeccionista. Si no le echaron, fue sin duda porque temieron más incrementos en los costes.

La decisión de Spielberg era narrativamente genial, pero las consecuencias sobre el tiburón eléctrico iban a ser desastrosas. Un tanque de estudio está lleno de agua dulce y unos circuitos eléctricos bien aislados como los de aquel tiburón mecánico pueden tener una vida útil más que suficiente. Pero el agua salada del mar tiene un alto poder corrosivo. Rodando en el mar, los escualos mecánicos empezaron a fallar. Los mandos no respondían. Hubo que buscar una solución a toda prisa. El constructor, Bob Mattey, entendió que no podía usarse electricidad y empezó a diseñar otro mecanismo, completamente hidráulico. Esto, claro, alargaría el rodaje y aumentaría considerablemente el presupuesto. Y entre tanto, ¡Spielberg tenía que rodar y seguía sin tiburón! Con suerte podría llegar a usarlo en algunas secuencias finales, siempre que Mattey consiguiese hacer funcionar el nuevo modelo a tiempo, pero mientras tanto había que seguir adelante. Con un retraso enorme y unos gastos que se disparaban, Spielberg se puso a buscar soluciones artísticas para la ausencia del pez. Y en esto demostró reflejos propios de un genio creador. Todos los críticos coinciden de hecho en que la avería del tiburón benefició a la película, porque Spielberg tuvo que idear nuevas maneras de presentar al tiburón sin mostrarlo en pantalla, y para ello recurrió a un ejercicio de imaginación: «¿Qué haría Hitchcock en mi lugar?». Que Spielberg dominaba el lenguaje hitchcockiano ya lo había demostrado con sus dos anteriores largometrajes, sobre todo con Duel. Pero él mismo admitió que sin las averías del tiburón su película no hubiese resultado tan creativa. Empezó a aplicar técnicas narrativas más propias del suspense. No mostraba a ningún tiburón, pero nos hacía entender que estaba allí, lo cual terminó siendo mucho más efectivo. Para cuando el tiburón mecánico finalmente apareció en pantalla, Spielberg ya se había metido al público en el bolsillo a base de planos inesperados en los que no se veía nada pero se intuía todo.

Estos logros artísticos fueron apreciados a posteriori, sí, pero durante el rodaje, Spielberg pensaba que la película iba a cercenar su carrera. Hollywood no quiere a directores que pierdan el control de la agenda, y mucho menos que pierdan el control de la cuenta de gastos. Spielberg, por su insistencia en rodar en alta mar, había perdido el control de ambas cosas. El rodaje se demoró varias semanas respecto a lo previsto. Después se demoró varios meses. Su insistencia en rodar a cielo abierto era la causa de casi todos los desastres: el clima no siempre era bueno, debían pasar horas y días esperando a que el mar estuviese en calma, hubo accidentes, averías, algún barco hundido (incluido el que vemos en la película), material valioso perdido en el agua, un doble que casi se ahoga (¡el tipo no sabía nadar!) y se negaba a volver a sumergirse… en fin, un caos total. Con el paso del tiempo los ánimos se exasperaban. Los productores, ya convencidos de que contratar a Spielberg había sido un gran error, empezaron a sufrir las consecuencias fiscales a causa del retraso. Los actores se veían obligados a declinar otras ofertas, por lo que perdían muchísimo dinero y se mostraban cada vez más cabreados y frustrados. Robert Shaw estaba fuera de control: alcohólico e imprevisible, tenía arrebatos violentos que aterraban al personal. Incluso sus arrebatos más amistosos causaban pánico, porque cuando se dice que Robert Shaw tenía una «gran presencia», no solamente hablamos de una presencia metafórica en la pantalla. La tensión era tal que pudo incluso con Roy Scheider, cuya profesionalidad, paciencia y sabiduría causaban admiración entre sus compañeros. Era, recordemos, un actor que había protagonizado ya una película ganadora del Óscar a mejor largometraje. Y era además un antiguo boxeador, curtido en el cuadrilátero. Pero un día no pudo más. La emprendió a hostia limpia con la mesa de catering, gritando y despotricando, harto de perderse proyectos por estar encadenado a aquel desastroso rodaje. Aquel arrebato era algo impropio de él, pero también era el producto lógico de las frustraciones acumuladas durante un rodaje de pesadilla. Spielberg necesitó horas para conseguir calmarlo.

Todo iba de mal en peor. Un plan de rodaje que había saltado por los aires, un tiburón que había costado mucho dinero pero que solamente estuvo listo para unas pocas escenas (funcionando a medias) y la sensación de que solamente un milagro podría hacer funcionar todo aquello. El presupuesto que excedía en millones las previsiones iniciales: lo que se pretendía una película modesta se había convertido en una superproducción que triplicaba el coste medio de los largometrajes de la época. Cuando Spielberg terminó el rodaje, se vino abajo. Encerrado en una habitación de hotel, tuvo una crisis de pánico que lo dejó paralizado. Veía que su carrera acababa de terminar. Días después, se encerró en la sala de montaje para terminar de organizar las imágenes, convencido de que aquello sería su epitafio artístico. Estaba seguro de que nadie lo iba a volver a contratar después de semejante concatenación de calamidades.

El nacimiento del blockbuster veraniego

1973, London, England, UK --- Film Director Stephen Spielberg, 1973 --- Image by © Hulton-Deutsch Collection/CORBIS

Steven Spielberg, 1973. Fotografía: Corbis.

No tuve otra opción que descubrir cómo contar la historia sin el tiburón. Fue cuando me volví hacia Hitchcock, ¿qué haría él en una situación como esta? Imaginando una película de Hitchcock en vez de una película tipo Godzilla, de repente tuve la idea de que podíamos conseguir un gran efecto usando el horizonte marino, haciendo que no fueses capaz de ver lo que hay por debajo de tu cintura cuando estás nadando. Lo que no ves es lo que de verdad resulta aterrador. Eso obligaba a los espectadores a traer su imaginación colectiva cuando viniesen a ver la película, y sería su imaginación la que me permitiría hacer de esto un éxito (Steven Spielberg).

Como es costumbre en Hollywood, una primera versión del montaje fue proyectada ante una selección de espectadores que, provistos de fichas, registrarían su opinión sobre la película. De esta manera, el estudio podía saber si la película necesitaba algún cambio antes del estreno, además de estimar su posible carrera comercial. De los resultados de estas proyecciones de prueba podía depender la manera en que un largometraje era anunciado y distribuido. Pues bien, cuando se proyectaron los primeros montajes de prueba de Tiburón, sucedió algo. La reacción fue entusiasta. Muy entusiasta. Después de semejante pesadilla de rodaje, nadie estaba con ánimos como para imaginar tan buena recepción. Pero las opiniones eran inequívocas: quienes la veían, salían encantados.

Los productores dedujeron algo importante: aunque la película podía gustar a un amplio público, el principal público diana de Tiburón iban a ser los varones adolescentes y jóvenes. Tradicionalmente se había estrenado esta clase de películas en temporada navideña, aprovechando las vacaciones. Aunque hoy parezca raro, no era costumbre estrenar en verano, y había buenos motivos para ello. Durante décadas, las salas habían carecido de aire acondicionado y a nadie se le hubiese ocurrido estrenar una superproducción en verano, sabiendo que el público no iría al cine para pasarse dos horas sudando entre una multitud. En verano siempre habían funcionado los cines al aire libre y los drive-in, pero estos, por sí solos, no podrían recaudar lo suficiente para justificar un gran estreno; como mucho, servían para proyectar pequeñas producciones, serie B o películas de reestreno. Las fiestas navideñas eran la temporada más propicia para los grandes estrenos y además tenían la ventaja de que estarían todavía recientes cuando se otorgasen los premios Óscar, que podían servir como segundo trampolín para reavivar la carrera comercial de cualquier film. Pero los productores de Tiburón, obligados por su agenda, iban a tomar decisiones muy atrevidas. Sabiendo que el uso de aire acondicionado se había empezado a generalizar, decidieron arriesgarse y estrenar en pleno verano. El 20 de junio, a dos semanas del 4 de julio, fiesta nacional estadounidense, Tiburón saltaría a las pantallas. Un gran estreno estival era una rareza. Pero necesitaban hacerlo funcionar.

Para el entonces terreno ignoto del verano, necesitaban medidas de efecto. Una fue la de estrenar a la vez en muchas salas. Esto suponía romper con otra costumbre muy arraigada, la de estrenar una película por etapas. Es decir: por lo general, un gran estreno se proyectaba en unas pocas salas de Nueva York o Los Ángeles. Al ser dos ciudades grandes con enorme tradición cinematográfica, optaban a un amplio público ansioso de estrenos, evitando la mala imagen que daban las butacas vacías. También en aquellas dos metrópolis se concentraba lo más granado de la crítica. Cuando el eco publicitario del éxito en las dos todopoderosas capitales llegaba al resto del país, se iba estrenando la película en otras ciudades. Más adelante, para terminar de aprovechar el tirón, se estrenaba en zonas suburbanas o rurales. Todo de manera gradual. Los departamentos de publicidad de los grandes estudios eran bastante pequeños y la parte de presupuesto que se usaba en promoción era modesta. Los motivos de esta forma de actuar tenían su lógica: la publicidad en televisión era demasiado cara como para hacer un uso extensivo. La publicidad en prensa escrita era más barata, pero solamente llegaba a los adultos. Para captar la atención del público juvenil se confiaba en el boca a boca. Así pues, un estreno por etapas parecía lo más seguro. Aunque hoy nos sorprenda, estrenar una película en muchas salas a la vez era señal de que no se confiaba en su carrera comercial, porque así se intentaba captar a un público incauto antes de que el boca a boca o las malas críticas se extendiesen y la gente perdiese el interés. Pero ¿una buena película? Esta sí podía estrenarse poco a poco, porque todo el mundo terminaría queriendo ir a verla, ya fuese el día del estreno o tres meses después. Lo de gastar fortunas en promoción era un riesgo que los estudios rara vez querían tomar.

Esto había empezado a cambiar en 1972, cuando la película El Padrino se había estrenado simultáneamente en cuatrocientas salas de cine. Esto fue una estrategia insólita, más producto de la necesidad que del cálculo. Se había previsto que El Padrino se estrenase durante la Navidad de 1971, pero algunos contratiempos hicieron que se retrasara hasta primavera de 1972. La primavera era «temporada baja», así que se decidió estrenar en muchas salas para compensar lo extemporáneo del estreno. Funcionó. El Padrino fue un gran éxito, y precisamente abrir en muchas salas le permitió pulverizar las marcas iniciales de taquilla de la competencia. Pero claro, la calidad de la película era enorme, al poco de haber sido estrenada muchas voces la situaban ya a la altura de cualquier obra maestra y todo el mundo quería comprobar in situ si de verdad era tan buena. El Padrino era un fenómeno único, un film de altísimo prestigio, así que la idea de copiar sus tácticas resultaba dudosa. ¿Podía algo como Tiburón imitar su estrategia? Dado que sus pases previos daban a entender que la segunda película en celuloide de Spielberg no solo era divertida, sino artísticamente grandiosa, no tomaron solamente el riesgo de imitar la táctica comercial de El Padrino, sino que la llevaron todavía más lejos. Se estrenó de golpe en el doble de salas que El Padrino (aunque no se llegó al número previsto, ¡cercano al millar!). Para apoyar la jugada, se apoyaron en una campaña publicitaria nunca vista, que aprovechaba de lleno la televisión, aunque esto supusiera un gasto enorme. Esto fue un golpe publicitario revolucionario. La retransmisión repetida del tráiler por televisión despertó un enorme interés. Además, el tráiler trasladaba a la gente un ambiente de misterio (planos subjetivos, la música de John Williams, etc.) que vendía la película como algo más basado en el suspense que en los casi ausentes efectos especiales. En esto, el tráiler no engañaba a nadie. Eso era justo lo que la película ofrecía: suspense. Pero resultó ser también lo que el público quería. Hollywood tenía su nuevo Hitchcock.

Tiburón fue, pues, la primera película en utilizar de manera plena y consciente toda una nueva estrategia comercial que consistía básicamente en dinamitar todo lo que la industria había considerado seguro y sensato. Era una gran producción estrenada en una época insólita como el verano, que gastaba ingentes cantidades de dinero en publicidad, que se proyectaba en muchas salas a la vez (arriesgándose a pegarse el batacazo del siglo si las salas quedaban vacías), que confiaba en el poder adquisitivo del público juvenil… pero todo esto le permitió romper todas las marcas de taquilla habidas y por haber. De hecho rompió las marcas que El Padrino había conseguido poco antes (que a su vez serían batidas por La guerra de las galaxias, que gozó del añadido de convertirse en un fenómeno social gracias a los juguetes).

La industria actual se lo debe todo a Tiburón

La guerra de las galaxias no nació con vocación de blockbuster veraniego. Aunque parezca mentira, dado que barrió las marcas taquilleras de Tiburón y hoy es el epítome del fenómeno cultural mainstream, su influencia a nivel de mercadotecnia fue y sigue siendo bastante menor que la de Tiburón (excepto, claro, a nivel de merchandising). La primera parte de la saga espacial de George Lucas fue estrenada en relativamente pocas salas, unas cuarenta, y durante la primavera, no durante el verano. Fue distribuida siguiendo tácticas mucho más conservadoras. Incluso el propio Lucas pensaba que su amigo Spielberg, entonces enfrascado en el rodaje de Encuentros en la tercera fase, iba a tumbarle en la taquilla. Tanto era así, que le pidió que se cediesen mutuamente un porcentaje de sus respectivos filmes, como manera de no estropear su amistad con la rivalidad comercial (la inseguridad de Lucas respecto a un posible fracaso es la causa de que Spielberg tenga un 2,5% de los derechos sobre el primer largometraje de Star Wars, sin haber siquiera intervenido en él). La guerra de las galaxias se estrenó pues en menos de la décima parte de salas que Tiburón.

El que La guerra de las galaxias, aun rompiendo todas las marcas establecidas por Tiburón, no hubiese usado su mismo modelo promocional, da buena idea de hasta qué punto Tiburón fue una película revolucionaria. La guerra de las galaxias causó impacto por su magnitud, pero no era nada novedosa en cuanto a temáticas (aunque mezclaba con habilidad varias fuentes de material, haciéndolas parecer algo moderno), ni siquiera era completamente novedosa en cuanto a efectos especiales, que ya se habían visto en 2001 o Naves misteriosas. Sí es cierto que aportó algo muy nuevo: el poder del merchandising y la capacidad para meterse en las casas y las vidas de cientos de millones de niños mediante una fabulosa oferta de juguetes y accesorios. Esta táctica comercial, sin embargo, no podía aplicarse con todas las películas. No cualquier film puede recuperar dinero vendiendo juguetes o accesorios. Se ha intentado muchas veces, claro, pero no siempre ha vuelto a funcionar.

En cambio, las tácticas de publicidad y distribución de Tiburón sí pueden ser imitadas. Lo fueron durante los ochenta, década de explosión del cine palomitero veraniego, y han seguido siendo imitadas hasta hoy. Porque funcionan. Lo de la saga Star Wars no es extrapolable, ya que continúa alimentándose del círculo virtuoso de su propia fama, convertida en cultura pop y objeto de fijación nostálgica de las masas, lo cual la hace permanecer ajena a los vaivenes de la industria, funcionando según sus propios patrones. Pero el resto de superproducciones ha continuado usando las tácticas de Tiburón, que fue la madre y el padre de todos los éxitos veraniegos. Hoy, el departamento de publicidad de cualquier estudio tiene un poder enorme y suele consumir cantidades ingentes del prespuesto de cada film. El bombardeo publicitario funciona mejor que el boca a boca (no digamos que la crítica en prensa) y esto es algo que el cine descubrió gracias a Tiburón. Para bien, y también para mal, Tiburón fue el padre de todos los blockbusters. Y si me preguntan, insisto, continúa siendo el mejor.

George Lucas y Steven Spielberg en el Paseo de la fama de Hollywood, 1984. Fotografía: Corbis.

George Lucas y Steven Spielberg en el Paseo de la fama de Hollywood, 1984. Fotografía: Corbis.

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27 Jan 15:25

Disney promete películas de Star Wars y Marvel hasta el fin de los días (¿crossover a la vista?)

by Juan Luis Caviaro
Juan Utrilla de Noriega

una pena, como bien dice este artículo:
"Supongo que ésa también es la clave del cine porno"

Star Wars y Marvel

Por si alguien lo dudaba, Bob Iger ha confirmado que habrá más películas de 'Star Wars' después del Episodio IX que se estrenará en 2019. Mientras el 'El despertar de la fuerza' sigue aumentando sus cifras en taquilla, el jefazo de Disney dijo esto sobre la saga en una entrevista para la BBC: "Hay cuatro películas más en diferentes estados de desarrollo y producción. Habrá más. Pero no sé cuántas ni con qué frecuencia llegarán".

Las cuatro películas son el Episodio VIII (cuyo estreno fue retrasado a diciembre de 2017), el IX y los spin-offs: 'Rogue One: A Star Wars Story' (para diciembre de este año) y uno sobre los orígenes de Han Solo (2018). Lucasfilm tenía previsto otro más sobre Boba Fett pero hubo problemas con el director (Josh Trank, el de 'Cuatro Fantásticos') y ahora mismo el proyecto está en el limbo. Por otro lado, el directivo también se refirió al cine de Marvel con estas palabras:

"En cuanto a Marvel, estás lidiando con miles y miles de personajes: eso seguirá para siempre."

Iger no cree que el público se vaya a cansar nunca del cine de superhéroes, como pronosticó Steven Spielberg, porque opina que "estamos elevando el nivel en la narración de historias que excitan a los espectadores". Supongo que ésa también es la clave del cine porno. Recordemos que el estudio Marvel tiene programados dos estrenos para este año: 'Capitán América: Civil War' ('Captain America: Civil War'), a finales de abril, y 'Doctor Extraño' ('Doctor Strange'), en noviembre.

¡¿Los superhéroes de Marvel en Star Wars?!

Por otro lado, Stan Lee ha planteado una posibilidad que podría reventar todos los récords de taquilla: un "crossover" de Star Wars y los Vengadores. Teniendo en cuenta los planes de ambas sagas, y que las historias suceden en universos diferentes, parece improbable que esto pueda ocurrir pero quizá en un futuro Disney necesite poner en marcha esta locura. Así lo explica Lee:

"Obviamente la gente que produce estas películas están buscando el mayor éxito posible. Si creen que puede tener mucho éxito incorporar a los personajes de Marvel en Star Wars, encontrarán la manera de hacerlo. ¿Te imaginas a Spider-Man diciendo: 'Que la fuerza te acompañe'? ¡Podría ocurrir! Creé Avengers cogiendo a muchos de nuestros personajes y creando un equipo con ellos. Podemos sumar todos los que queramos para futuras películas. Podría ser divertido, ¡de repente Luke Skywalker es un Vengador!”

¿Qué opináis? ¿Queréis ver esa mezcla de sagas?

Vía | BBC y Comicbook

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20 Dec 12:19

¿Cuál ha sido el mejor cartel propagandístico?

by Javier Bilbao

La democracia es un gran invento pero las campañas electorales un poco menos. Ya ha terminado la última de un año especialmente cargado y, recordemos con alivio, en la mayor parte de España no habrá más elecciones hasta dentro de tres años. Se pueden extraer muchas conclusiones de lo vivido y cada uno tendrá las suyas, pero si vamos al meollo de lo que importa el consenso es que los candidatos han sido muy guapos. Conscientes de ello, han posado en los carteles con su mejor sonrisa como si de cantautores se tratase. Por si no fuera bastante, para arreglarles el cutis han contado con más infografía que una película de Pixar y los fotógrafos han logrado extraer de ellos las inevitables miradas de grandeza hacia el horizonte de prosperidad al que quieren llevarnos. En conclusión: un tostón. Lo de antes sí que eran carteles como Dios manda, a menudo muy poco democráticos pero oiga, no se puede tener todo. Así que a continuación va una breve selección de los pósteres de propaganda política más logrados de un siglo XX tan generoso en ellos, aunque pueden añadir algún otro si lo desean.

(La caja de voto se encuentra al final del artículo)

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Dear God, Keep Them Safe!

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Las guerras son muy caras y una manera de financiarlas menos coactiva que la subida de impuestos son los bonos de guerra, créditos que el gobierno solicita a los ciudadanos apelando a su patriotismo. En el caso de Estados Unidos, durante la Segunda Guerra Mundial se llevó a cabo una enorme campaña publicitaria en las que se enarbolaba la defensa de las libertades civiles y el modo de vida americano (como en este cartel sobre la libertad de expresión), pero también a menudo con mensajes más viscerales en los que se agitaba una amenaza en principio lejana que podía recaer en la propia familia. Como en este en el que la sombra de una esvástica se cierne sobre unos niños o el que tenemos sobre estas líneas, con el evocador toque retrofuturista que dan las máscaras de gas.

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Victoria, hoy más que nunca

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Nos tentaba incluir en esta lista el Guernica de Picasso, pero mejor añadimos a la persona que le encargó pintarlo, Josep Renau, quien en su condición de director general de Bellas Artes fue también responsable del traslado de las obras del Museo del Prado para evitar su destrucción durante la guerra civil española. Terminó exiliado en la RDA realizando fotomontajes sutiles como un martillo neumático (The American Way of Life) pero sin duda su mejor etapa artística fue durante la propia guerra, con carteles sencillamente extraordinarios como el que vemos arriba, impreso en Barcelona en 1938.

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Columna de hierro

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Lo cierto es que la guerra civil dio tanto de sí en este ámbito de la propaganda que se merece una encuesta propia que dejaremos pendiente. Aquí tenemos la obra de otro cartelista valenciano, Eleuterio Bauset Ribes, que retrató a este peculiar campesino adicto al gimnasio y los esteroides en el acto de clavar la bayoneta a un pérfido capitalista con unas fauces propias de un critter. Este otro cartel suyo es también muy conocido.

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Destroy this Mad Brute

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Al igual que el anterior, este cumple uno de los fines de todo póster propagandístico que se precie: deshumanizar al enemigo. Una vez apartada de la mente nuestra humanidad compartida resultará mucho más fácil matarlo, pues no es más que una bestia furiosa de grandes colmillos. Que además, apelando a instintos atávicos, pretende arrebatarnos a nuestras mujeres para mancillar su honra, como un monstruo cualquiera de película de serie B. ¡Inadmisible! El pickelhaube o casco prusiano y la porra con la palabra «Kultur» nos recuerdan que es alemán. El cartel fue obra de H. R. Hopps y sirvió para reclutar soldados estadounidenses durante la Primera Guerra Mundial. Curiosamente hace unos años la revista Vogue lo homenajeó con una portada del deportista LeBron James y la modelo Gisele Bündchen que levantó cierta polémica al considerarse racista.

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Kultur-Terror

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Y aquí tenemos su reverso, publicado en 1944 por el partido nazi noruego y obra del artista Harald Damsleth. Los americanos que habían desembarcado en Europa para derrotar al Tercer Reich eran un decadente y grotesco monstruo de judaísmo, música jazz, Ku Klux Klan, negros enjaulados, bombas, dinero, mafiosos y mujeres semidesnudas que iban a destruir la muy superior cultura europea.

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La llamada de la Madre Patria

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El 22 de junio de 1941 Hitler invade la Unión Soviética con una monumental movilización de más de tres millones de soldados. Un acontecimiento que sacude las conciencias rusas y casi inmediatamente se suceden enérgicos llamamientos para alistarse en el ejército y salvar a la Madre Patria. Al cabo de unos días el artista Irakli Toidze la representó así inspirándose en su esposa y el cartel conoció una difusión masiva, convirtiéndose en una de las imágenes más emblemáticas del siglo XX.

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I Want YOU for U.S. Army

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Este sería el equivalente estadounidense y la anécdota de su origen es de sobra conocida: durante la guerra angloamericana de 1812 los envíos de carne al ejército por la empresa de un tal Samuel Wilson llevaban las iniciales U.S. y los soldados comenzaron a bromear sobre Uncle Sam. Posteriormente el dibujante James Montgomery Flagg le daría este aspecto en un cartel de reclutamiento para la Primera Guerra Mundial y pasaría a convertirse en un meme popular versionado hasta el infinito y más allá. Ese gesto de señalar no deja de ser una impertinencia, pero sin duda logra el efecto de interpelar al espectador.

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Lenin vivió, Lenin vive, Lenin vivirá

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En 1967, con motivo del cincuenta aniversario de la Revolución Rusa, se editó este cartel con una frase del poeta Vladímir Mayakovski: «Lenin vivió, Lenin vive, Lenin vivirá». Fíjense qué pose tiene Lenin ante esa bandera flameante, madre mía: qué señorío, qué manera de molar, parece un héroe de cómic con la gabardina al viento en lo alto de alguna azotea. Solo se echa en falta en esa mano libre una recortada.

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Stalin trabajando de noche

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Y aquí vemos a su sucesor. La residencia oficial de Franco, el palacio de El Pardo, tenía una luz encendida durante toda la noche en el despacho como forma de representar que siempre estaba trabajando al servicio de los españoles, era la denominada «lucecita de El Pardo». Se trataba de un recurso propagandístico copiado de Mussolini y como vemos aquí Stalin no quería ser menos con su particular lucecita del Kremlin, volcado en la redacción de lo que imaginamos será una lista de personas a fusilar.

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Nuestro triunfo en el espacio es el himno a la Unión Soviética

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Poco después de la muerte de Stalin daría comienzo la carrera espacial. Era amenazadora, al llevar a un nuevo terreno la confrontación, pero también estaba cargada de esperanza, ante las posibilidades casi infinitas que se abrían. Aquí una interesante selección de pósteres.

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Libros en todas las áreas del saber

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Eso es lo que anuncia a voz en grito esta hermosa moza de dentadura perfecta, pero como estos caracteres cirílicos no hay quien los entienda el cartel se ha usado desde entonces para cualquier cosa.

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He’s Watching You

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Ahí tenemos al mismísimo Darth Vader vigilándonos. El cartel es estadounidense, de 1942, y está dirigido a alertar de la posible presencia de espías, por lo que convenía extremar las precauciones y no hablar nunca de más, muy especialmente entre los trabajadores del sector militar e industrial. Eran numerosos los avisos en ese sentido, como este, este o este otro.

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¡Cuando montas solo, montas con Hitler!

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¿Quién no ha soñado alguna vez con tener a Hitler como amigo invisible? Pues es tan sencillo, según este afiche, como conducir solo y se te aparece de copiloto dándote sus sabios consejos nacionalsocialistas a la manera del conejo Harvey. Pero en una interpretación menos literal del mensaje a lo que se alude es a la austeridad exigida en tiempos de guerra a la población civil, que debe medir su consumo ya sea en combustible o hasta en comida.

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We Can Do It

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La Segunda Guerra Mundial fue, entre otras muchas cosas, una carrera por incrementar la producción armamentística en la que los Aliados lograron imponerse con rotundidad. La propaganda destinada a la población civil enfatizaba en consecuencia la importancia del trabajo como un deber patriótico y este póster de Westinghouse Electric en un ejemplo de ello. En su momento pasó casi desapercibido, pero con el paso de los años ha llegado a convertirse en un icono pop.

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Un ¡borracho! es un parásito, ¡eliminémosle!

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Este cartel corresponde a Albert Sanmartí y hay que comprenderlo en su contexto, cuando la falta de disciplina en cualquier ámbito puede terminar inclinando la balanza de la guerra. A pesar de ello no deja de tener una severidad entrañable visto hoy día y dan ganas de ponerlo como decoración en un bar cualquiera.

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Los trabajadores hemos despertado

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En las elecciones de julio de 1932 el NSDAP obtuvo su mejor resultado (si descartamos las del año siguiente por su falta de limpieza) gracias a su capacidad para atraer a diferentes sectores sociales, y en un país en el que el 46% de la población era clase obrera resultaba vital atraerse a algunos para la causa. Este cartel de dichas elecciones es un buen ejemplo de tal empeño, con su fondo rojo y un hercúleo obrero de camisa medio desabrochada que parece salido de la portada de una novela romántica. Enfrente una caterva de enanos que entorpecen su camino con reproches y al fondo una gigantesca esvástica presidiéndolo todo.

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Pongamos nuestros talentos al servicio de un avance victorioso

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El intento de industrialización acelerado que tuvo lugar en China entre 1958 y 1961 terminó provocando una catástrofe económica que se llevó por delante la vida de entre veinte y treinta millones de personas. En una amarga ironía fue conocido como «El Gran Salto Adelante», aunque cobra sentido si lo que imaginamos enfrente es un precipicio. Naturalmente la propaganda maoista daba una visión mucho más amable, y aquí vemos a estos vigorosos trabajadores cruzando el mar como Moisés, al fondo uno incluso va montado en un cohete tan ricamente, de una manera que evoca a ¿Teléfono Rojo? Volamos hacia Moscú. Esta alegre procesión está en realidad inspirada en la leyenda de los ocho inmortales, sobre un grupo de dioses dotado cada uno de un superpoder que orientaban hacia el bien común.

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17 Nov 19:11

24º Festival de Jazz en la provincia de Sevilla

by Aljarafe Gratis

El 12 de noviembre dio comienzo la 24º edición del Festival de Jazz de la provincia de Sevilla que este año llega hasta Gines y Mairena del Aljarafe.

Gines (Teatro El Tronío)

  • 21 de noviembre a las 20.30 h.: The Brothers Arntzen. The Brothers Arntzen tocan y cantan swing y hot jazz de los años 20, 30 y 40. Criados en el estilo de Nueva Orleans por su abuelo Lloyd Arntzen, los dos hermanos han desarrollado su propio sonido desde esa tradición musical.
  • 28 de noviembre a las 20.30 h.: Malheur. Malheur es un trío formado en Sevilla (España) en 2012, cuyo estilo está encuadrado fundamentalmente en el Jazz/Rock instrumental. El resultado es un directo pleno de energía, cambios inesperados y muy originales improvisaciones.

Mairena del Aljarafe (Teatro Villa de Mairena)

  • Jueves 26 de noviembre a las 21 h.: Bogaloo. Grupo de formato clásico en el jazz que interpreta una música cercana al blues y al funk. El repertorio está formado tanto por grandes temas de artistas del sello discográco Blue Note como por temas propios.
  • Viernes 27 de noviembre a las 21 h.: Miguelo Delgado Trío. Tras muchos años en diferentes formaciones el compositor sevillano siente que es el momento de centrarse en un proyecto más personal y así comienza su andadura el Miguelo Delgado Trío, en 2013.
  • Sábado 28 de noviembre a las 21 h.: Partikle. Partikle es una de las más recientes e innovadoras bandas en el Reino Unido. Su música pone un giro interesante en el formato de jazz estándar, aunque todavía hacen honor a la tradición de la profunda armonía e improvisación creativa.

 

07 Sep 18:30

La simetría en 'Star Wars'

by Juan Luis Caviaro
Comparativa de las escenas finales de Star Wars I y IV

"Ves el eco de hacia dónde va a ir todo. Es como poesía, las películas riman." (George Lucas)

'La guerra de las galaxias' despierta una fascinación extraordinaria. Hay franquicias u obras de culto con legiones de seguidores pero el caso de la saga creada por George Lucas es realmente especial. La puesta en marcha de la nueva trilogía que arranca con 'El despertar de la fuerza' está llevando a revisitar las dos anteriores; en este artículo os traigo un vídeo con un interesante enfoque que puede reconciliarnos con las precuelas...

Inspirado por la frase que os he traducido arriba, Pablo Fernández Eyre realiza un montaje que compara escenas de las seis películas de 'Star Wars', descubriéndonos que existe una simetría entre ellas (esta misma idea dio pie a la "Teoría del Anillo"). Cabe entenderlo de dos maneras: Lucas se esforzó por conectar las historias de los seis episodios... o quizá sólo sea una muestra de su falta de ideas. Es un vídeo muy corto, vedlo y dejad vuestra opinión:

PD: El tema musical es 'Experience' de Ludovico Einaudi.

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25 Jun 18:08

Pixar y los sentimientos: la clave de todas sus películas en una sola imagen

by Juan Luis Caviaro

Un fotograma de Del Revés (Inside Out)

Tras un LARGO año de espera, Pixar ha vuelto. En España tendremos que esperar hasta el 17 de julio para ver 'Del revés' ('Inside Out') pero en otros países ya la tienen en cartelera y está siendo el éxito que apuntaba en el Festival de Cannes (en Estados Unidos ha superado a 'Avatar' como la película original con el mejor estreno de la historia). El nuevo trabajo del estudio de animación ha reabierto el debate sobre cuáles son las claves que hacen sus películas tan especiales.

O quizá solo haya una clave: los sentimientos. Esta semana se ha comenzado a compartir masivamente en Internet una imagen que pretende haber encontrando la base de todas las películas de Pixar y que a grandes rasgos se resume en que sus creadores se preguntan cómo sienten sus personajes, independientemente de si son animales o cosas. Echad un vistazo:

La imagen que explica a Pixar

Pixar, 1995: Qué pasaría si los juguetes tuvieran sentimientos = Toy Story

Pixar, 1998: Qué pasaría si los insectos tuvieran sentimientos = Bichos (A Bug's Life)

Pixar, 2001: Qué pasaría si los monstruos tuvieran sentimientos = Monstruos, S.A. (Monster's Inc.)

Pixar, 2003: Qué pasaría si los peces tuvieran sentimientos = Buscando a Nemo (Finding Nemo)

Pixar, 2004: Qué pasaría si los superhéroes tuvieran sentimientos = Los Increíbles (The Incredibles)

Pixar, 2006: Qué pasaría si los coches tuvieran sentimientos = Cars

Pixar, 2007: Qué pasaría si las ratas tuvieran sentimientos = Ratatouille

Pixar, 2008: Qué pasaría si los robots tuvieran sentimientos = WALL·E

Pixar, 2009: Qué pasaría si los perros tuvieran sentimientos = UP

Pixar, 2012: Qué pasaría si Escocia tuviera sentimientos = Indomable (Brave)

Pixar, 2015: QUÉ PASARÍA SI LOS SENTIMIENTOS TUVIERAN SENTIMIENTOS = Del revés (Inside Out)

Aunque la gracia del listado publicado en Tumblr es culminar con el colmo de esta tendencia, ¡los sentimientos de los sentimientos!, como sabréis, Pixar va a estrenar otra de sus historias originales en noviembre: 'The Good Dinosaur'. Es decir, si lo planteamos cómo las demás, ¿qué pasaría si los dinosaurios tuvieran sentimientos? De momento tenemos que conformarmos con lo que muestra el teaser tráiler:

Por supuesto, en la elaboración de esta "teoría" hay una evidente intención humorística (o eso espero), ya que es en la narración donde está el auténtico secreto del cine de Pixar. Preguntarse por los sentimientos de animales o cosas puede dar ideas, y es importante para elaborar personajes que conecten con el público, pero si fuera tan fácil cualquiera podría hacer películas tan buenas como ellos. Y por desgracia, ya sabemos no es así.

Vía | Magnet

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23 May 15:42

ILM celebra 40 años creando magia en el cine, la imagen de la semana

by Juan Luis Caviaro
Juan Utrilla de Noriega

vamos, que han hecho todos los efectos especiales abusivos de los últimos 40 años

Cineastas que han trabajado con ILM y algunos personajes de la factoría

La magia de Industrial Light & Magic (ILM) sigue siendo fundamental en el cine que amamos así que no he dudado en reservarle este espacio de "La imagen de la semana". En el 40º aniversario de la compañía, la revista Wired le han dedicado un jugoso reportaje encabezado por la fantástica portada que tenéis arriba; vuelvo a dejar la imagen abajo a mayor tamaño, por si queréis verla con más detalle, junto con los nombres de los retratados.

La empresa fue fundada por George Lucas en 1975 para crear los efectos especiales de su mítica 'Star Wars'. Desde entonces, ILM ha dejado su huella en Hollywood colaborando en unas 300 películas y su trabajo ha sido premiado con 15 Oscar a los mejores efectos visuales. Entre los próximos estrenos donde podremos asombrarnos con sus creaciones figuran 'Jurassic World', 'Star Wars VII' o 'Warcraft'. A continuación tenéis una gozada de vídeo que rinde homenaje a ILM y celebra sus 40 años "creando lo imposible":

La portada de Wire a mayor tamaño

De izquierda a derecha, en la fotografía aparecen George Lucas, Steven Spielberg, Kathleen Kennedy, J.J. Abrams, Rian Johnson, Michael Bay, Ron Howard, Guillermo del Toro, Lynwen Brennan, Gore Verbinski, Colin Trevorrow y Duncan Jones.

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24 May 12:00

'The Martian' de Ridley Scott, primeras imágenes

by Juan Luis Caviaro

Matt Damon en The Martian

"Cualquier historia de supervivencia es fascinante. Para mí es un Robinson Crusoe del siglo XXI."

Ridley Scott se refiere con esas palabras a 'The Martian', su nuevo y esperadísimo trabajo, que debería quitarnos el mal sabor de boca dejado por 'Exodus: Dioses y Reyes'. Gracias a Empire ya podemos echar un vistazo a las primeras imágenes oficiales de esta aventura espacial protagonizada por Matt Damon, quien vuelve a ponerse en la piel de un desesperado astronauta después de su memorable papel en 'Interstellar'.

ACTUALIZACIÓN 25-05-2015: Hay nuevas fotos donde aparecen otros miembros del elenco, podéis verlas más abajo:

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Curiosamente, Jessica Chastain también figura en el reparto de 'The Martian', además de Kristen Wiig, Chiwetel Ejiofor, Jeff Daniels, Kate Mara, Donald Glover o Sean Bean, si bien el peso de la película recae sobre los hombros de Damon. Como ya informamos, Drew Goddard firma el guion de esta adaptación de la novela homónima escrita por Andy Weir, sobre un viaje a Marte que se convierte en toda una odisea para uno de los exploradores.

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Durante una misión tripulada al planeta rojo, el astronauta Mark Watney es dado por muerto tras una feroz tormenta y dejado atrás por su equipo. Pero Watney ha sobrevivido. Abandonado y sólo en un mundo hostil, con escasas provisiones, debe encontrar la manera de enviar una señal a la Tierra para comunicar que sigue vivo. A millones de kilómetros, la NASA y un equipo de científicos internacionales trabajan sin descanso para traer de vuelta la nave mientras los compañeros de Watney preparan una arriesgada y casi imposible misión de rescate...

El regreso a la ciencia-ficción de Ridley Scott se estrena el 27 de noviembre. ¿Qué opináis, nos encontraremos un espectáculo similar a 'Gravity'?

Vía | FilmStage

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17 May 18:40

Elmer y Elsie, las tortugas robot de 1948

by alpoma

Dos sensores y dos motores, no hacía falta más para que estos dos graciosos cacharros se movieran sorteando obstáculos en una habitación como si se tratara de modernas escobas eléctricas de esas que “rumbean” por ahí, solo que no se trata de nada del siglo XXI, sino de dos tortugas robot de 1948, ahí es nada.

Son consideradas como las primeras máquinas robóticas autónomas de la historia y, además, una muestra de hardware libre adelantada a su tiempo, porque su creador quiso extender por doquier los secretos de su construcción para que fuera replicada, modificada y mejorada. Pese a sus toscos movimientos, fueron todo un logro de su tiempo.

baile_de_robotsGrey Walter con sus robots. Fuente: The Anthropo Eccentric.

Eran Elmer y Elsie (más tarde se unió un tercer robot llamado Cora), los robots ideados por W. Grey Walter, estaban diseñados para demostrar que con un número muy limitado de componentes sensoriales se podía crear una máquina autónoma capaz de mostrar comportamientos complejos.

grey_walterW. Grey Walter (1910-1977). Fuente: Bristol Robotics Laboratory.

Además, Walter deseaba mostrar que se podían replicar con componentes electromecánicos ciertos comportamientos de los seres vivos, sobre todo de los considerados más simples pero, a la vez, capaces de mostrar complejas formas de comportamiento. Las tortugas robot, conceptualizadas como un “sistema nervioso de sólo dos células” eran capaces de expresar cuatro tipos distintos de comportamiento: un patrón de exploración, uno de fototropismo positivo, otro negativo y, finalmente, un patrón para esquivar obstáculos. Todos estos comportamientos, incluyendo experimentos de interacción entre los dos robots, fueron magistralmente descritos por Walter en un artículo de 1950 titulado “A imitation of life” publicado en Scientific American (PDF).

Walter soñaba con crear interfaces entre seres vivos y máquinas así como en impulsar el desarrollo en todo el mundo de algo tan novedoso como eran los robots. Entre 1948 y 1949 creó sus dos primeras tortugas robot y, para 1951, un colega de Walter ya había construido otros seis nuevos robots más avanzados.

tortuga_robot_1
circuito_tortuga_robotAnatomía de una réplica de las tortugas robot de Walter y diagrama del circuito de 1950. Fuente: Bristol Robotics Laboratory.

La hipótesis inicial de trabajo de Walter se mostró como correcta, a saber, que un sistema nervioso muy simple puede ser capaz de generar comportamientos complejos e impredecibles en ambientes diversos. Ese interés por los mecanismos nerviosos por parte de William Grey Walter, neurólogo, neurofísico y experto en robótica que desarrolló su carrera en Inglarra, aunque era norteamericano de nacimiento, le venía de lejos al inquieto genio. Era un tipo asombroso y poco convencional, un bicho raro con intereses dispares. Construyó a Elmer y Elsie en Bristol, donde trabajaba como neurofísico. Los dos robotitos fueron llamados “tortugas” por la similitud de la forma de su caparazón de plástico con el de esos animales.

tortuga_robotUna de las tortugas robot con el inventor y su familia. Fuente: Gallimard 1953 / Rutherford Journal.

De construcción realmente simple, sorprendieron enormemente en su tiempo. No se trataba de robots controlados a distancia, ¡eran máquinas autónomas! Eso hizo que Walter y sus tortugas aparecieran en las revistas y periódicos de medio mundo. Las tortugas de Walter constaban de dos receptores, uno sensible a la luz y el otro a los choques. Dos motores, uno de avance y otro de giro, hacían las veces de sistema locomotor. El “programa” de la máquina también era realmente sencillo: la tortuga era atraída por la luz moderada, pero no era gustosa de la luz muy intensa. Eso era con condiciones de carga de batería óptimas pero, y esto es realmente curioso, ese comportamiento cambiaba y, cuando la carga de batería iba cayendo, el robot cambiaba de comportamiento, buscando entonces los focos de luz más intensa.

Elmer y Elsie, bien cargadas sus baterías, circulaban por la habitación huyendo de las fuentes de luz potentes, buscando la penumbra detrás de cualquier objeto o mueble. Si en su búsqueda de las áreas de luz moderada, se interpone un objeto lo suficientemente bajo como para que no hubiera oscuridad a su alrededor, los robots lo esquivaban a través de una caótica danza de “saltos”, a veces calmada, otras furiosa, hasta poder sortear el obstáculo. En una serie de experimentos, Walter programó los dos robots para que “jugaran” entre ellos.

tortuga2

Con batería baja, los dos robots buscaban como desesperados los focos de luz más potentes que, como parte del juego, estaban situados en las zonas en que se podían volver a alimentar de energía.

Para finalizar este pequeño recuerdo a las pequeñas tortugas robot de Grey Walter, he aquí un vídeo en el que se puede ver cómo era su comportamiento.

Más información:

Elmer y Elsie, las tortugas robot de 1948 apareció originalmente en Tecnología Obsoleta, 17 mayo 2015.

20 Apr 18:19

'El Principito', tráiler

by Juan Luis Caviaro

El Principito (The Little Prince)

Hace un par de años os informé sobre la puesta en marcha de una interesante adaptación animada de 'El Principito' ('Le Petit Prince' o 'The Little Prince') a la que se habían apuntado actores tan famosos como Jeff Bridges, Marion Cotillard, Rachel McAdams, Paul Giamatti, Benicio del Toro y James Franco, entre otros. Hoy ya podemos ver el tráiler de la película aunque por el momento solo está disponible en francés.

ACTUALIZACIÓN: Ya ha aparecido el tráiler en versión original con las voces de las estrellas mencionadas, podéis verlo abajo.

Esta nueva versión es una ambicioso proyecto francés que ha costado 57 millones de euros, toda una superproducción europea. La dirección corre a cargo de Mark Osborne (codirector de 'Kung Fu Panda') a partir de un guion de Irena Brignull basado en el clásico literario de Antoine de Saint-Exupéry. 'El principito' será presentada en el Festival de Cannes (fuera de concurso) y tiene previsto su estreno en Francia el 29 de julio; por ahora no hay fecha de estreno para nuestro país aunque distribuye Paramount Pictures así que llegará tarde o temprano.

  • Tráiler en francés:

  • Tráiler en inglés:

La sinopsis del film se centra en una curiosa niña que vive con una madre adicta al trabajo. La pequeña se hace amiga de un viejo y misterioso vecino gracias al cual descubre la historia de un piloto que se estrella en el desierto y conoce a un príncipe de un lejano planeta...

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12 May 07:17

'An Open Secret', el documental sobre el abuso a menores en Hollywood

by Mikel Zorrilla

Carteles de 'An Open Secret'

Son muchos los amantes del cine que tienden a menospreciar a los documentales como si fueran obras de menor interés, pero, como suele decirse, la realidad supera a la ficción y ahí tienen material de sobra para poder impactarnos. Hace apenas unos días os hablaba del terrorífico 'The Nightmare' y ahora me toca centrarme en 'An Open Secret', un documental que aborda el escalofriante tema de los abusos a menores en Hollywood del que ya podemos ver su tráiler.

'An Open Secret' es también el nuevo trabajo tras las cámaras de Amy Berg, directora aspirante al Oscar en su momento por 'Líbranos del mal' (Deliver us from Evil), un documental sobre un cura católico que violó a multitud de menores. En esta ocasión ha querido profundizar en las múltiples acusaciones surgidas en Hollywood sobre menores de edad siendo abusados por diferentes personalidades de la industria. Un tema que incluso salpicó hace unos meses a Bryan Singer, aunque la demanda fue finalmente retirada.

Vendida como la película que Hollywood no quiere que veas, Berg comentó en su momento que no era optimista sobre la posibilidad de conseguir un distribuidor, pero lo cierto es que 'An Open Secret' llegará a los cines americanos el próximo 15 de junio. En España ya veremos si llega a estrenarse.

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11 Apr 11:22

Nunca invites a cenar a Jon Snow, la imagen de la semana

by Juan Luis Caviaro
Juan Utrilla de Noriega

no lo veais si no habeis visto hasta la 5a temporada de JdT

Kit Harington como Jon Snow en Juego de Tronos

Este domingo arranca la 5ª temporada de la adaptación de 'Juego de Tronos' ('Game of Thrones') y aunque lo nuestro es el cine cada vez surgen más series que atraen tanto interés como las más esperadas películas (imagino que habréis visto el teaser tráiler de la 2ª temporada de 'True Detective'). Para esta nueva entrega de "la imagen de la semana" os traigo un tronchante sketch protagonizado por Kit Harington para el 'Late Night with Seth Myers'.

El actor interpreta su papel más popular en clave de humor y nos encontramos a Jon Snow como (terrible) invitado en una cena entre amigos organizada por Myers. Por supuesto, las bromas están enfocadas en su mayor parte a los fans de 'Juego de Tronos' pero imagino que también puede resultar graciosa para los demás; a fin de cuentas es como si un guerrero de la Edad Media viajara en el tiempo y tratara de encajar en una situación cotidiana de nuestro presente, dando pie a momentos divertidos e incómodos...

A continuación tenéis el vídeo en versión original con subtítulos en español:

PD: Os dejo otra fotografía relacionada con la serie creada por George R.R. Martin que ha dado mucho que hablar esta semana y que se habrá colado en los sueños de más de uno, el sexy cosplay de Tyrion Lannister (Peter Dinklage):

Sexy Tyrion Lannister

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25 Mar 10:27

Verano de 2008, viaje ridículo por aquel país tan feliz

by Íñigo Domínguez
Juan Utrilla de Noriega

es genial, todo un retrato de lo que eramos y de los porqués de lo somos

1 Benidorm

Vean esta foto de Benidorm desde el piso 41 del hotel Bali, que entonces era uno de los más altos de España. Tengan en cuenta que yo no había estado en mi vida en Benidorm, apenas había oído leyendas, y para mí fue una revelación casi existencial. Me sentía como en un Gotham de primera línea de playa. Era julio de 2008, justo en la cúspide del máximo bienestar económico español, cuando nos creíamos todos ricos y ser millonario parecía la culminación natural de la evolución de la especie en próspera democracia. Es decir, estábamos en el inicio del fin. Allí estuve en lo más alto pero les aseguro que caí muy bajo, como España.

Mi periódico me mandó entonces a recorrer la costa, todo el Mediterráneo español, de punta a punta, desde los Pirineos a Tarifa, con una misión muy inconcreta de ver cómo se pasaba el verano en España. A ver qué salía. Para darle un punto divertido pensamos hacerlo en un Seiscientos, pero resultó imposible. Al final fue en un descapotable azul. Me vino muy bien para que me diera el aire y no me calentara demasiado. Porque en realidad lo que fue saliendo fue un paseo por el despelote ibérico del ladrillo y la rotonda que estaba a punto de saltar por los aires.

He rescatado del cajón algunas fotos del álbum del viaje. Quizá no se acuerden, pero en aquella hipnosis colectiva lo vivíamos así, como en esta publicidad de una urbanización que vi en el mar Menor:

2 Mar Menor

Vivir de lujo no solo era un aspiración, que ya está bien, sino casi un derecho. Eras tonto si no te lo proponías y mucho más si no lo conseguías. Es que era tan fácil, estaba al alcance de la mano. En el cartel, en letras pequeñas, dice así: «Porque ya no es cosa de unos pocos». Capta perfectamente el espíritu de la época. Sigue así: «Ver el mar desde tu ventana, hogar digital, pádel, piscina, spa». Aún no sé qué demonios será un hogar digital. La letra todavía más pequeña, abajo del todo, dice así: «Apartamentos por 193 euros al mes. Áticos por 286 euros al mes». ¿Ustedes picarían hoy? Miren esta otra encantadora publicidad en el mar Menor:

3 Mar Menor

El mar y tú, nadie más, una cosa íntima. La verdad sea dicha, en la Manga del Mar Menor ya apenas quedaba nada más que eso, el mar, tú, muchos otros como tú y torres infinitas de ladrillo. Se lo habían cargado todo. Es más entrañable este otro cartel de una urbanización en Carboneras, Almería:

4 Carboneras

Sí, es como retroceder a otra dimensión. Era la España de Los Serrano, parece que fue hace mil años. Pero en cuanto a dimensiones, obviamente, hay clases, y si hubo un lugar que se convirtió en algo fuera de este mundo, en el símbolo de una época, donde más me reí en el viaje, fue este:

5 Marina d'Or

Sí, sí, en Marina D’Or estaban tan locos que pensaban construir pistas de esquí y todo. En medio de un secarral de Castellón. El mastodóntico proyecto que preveía campos de golf y multitud de chiringuitos temáticos —recuerdo una bolera prehistórica, como la de los Picapiedra, y una reproducción de la torre de Pisa— se quedó en un sueño por la crisis. Pero qué sueño aquel, hasta dónde podíamos ir a parar. Por fortuna algunas cosas no las hemos llegado a saber, quedarán para siempre como un fruto prohibido en el jardín con adosados del bien y del mal. Qué decir de este lugar entrañable, que ahora casi se contemplará como una rareza arqueológica. Yo circulaba entre los farónicos bloques de pisos completamente embobado, pero eso fue una tontería al lado de la visión que tuve al entrar en la recepción del fastuoso hotel balneario del engendro:

6 Marina d'Or

No, no se han equivocado, están viendo bien. En el techo de la recepción tenían pintada una reproducción de frescos de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel. Este hotel era una profusión sin fin de baldosas relucientes e inigualables calidades, que merecería una mención honorífica especial en la definición de kitsch en el diccionario, aunque fuera una nota a pie de página. Sinceramente, era un lugar fuera del tiempo y del espacio donde la vida no parecía tener sentido, aunque paradójicamente uno allí entendía muchas cosas de lo que estaba pasando. Es decir, es un sitio donde la atmósfera te pide a gritos que te emborraches. La crisis empezaba a mostrar sus dientes y recorrías alucinado aquellas calles desiertas dominadas por ventanas cerradas de pisos vacíos. Como esta con una señora que parece la madre majara de Mujeres al borde de un ataque de nervios.

7 Marina d'Or

Por supuesto, a lo largo del viaje nuestro querido paisaje ibérico dio mucho juego en todos los matices de este campo estético. Se ha cultivado con ahínco. Independientemente de la modernidad debemos reconocer que era ya una cosa nuestra. Miren este club de las afueras de Castellón:

8 Oropesa

No me digan que no da sed. Vienen unas ganas terribles de entrar a tomarse una copichuela con las chavalas. Clubes de estos vi a porrillo, claro está, aunque si te salías de la autovía pillabas pocos, pero casi ninguno con tan acentuados valores artísticos. Por allí cerca, en Oliva, también me encontré con este restaurante que a buen seguro no habrá olvidado todo aquel de ustedes que haya pasado por allí:

9 Oliva, Valencia

Es el restaurante Viva España, con una falsa paella del tamaño de un autocar. El viaje fue todo un muestrario de esa confusión patria tan particular de caspa y gomina, de lo viejo y lo nuevo, esa fusión de texturas de vanguardia tan lograda que habíamos alcanzado. Como en este garito inenarrable de Tossa de Mar, una especie de caverna de mentira con estalactitas y olor a bodega vinatera en el que servían tapas y te podías fundir la pasta en las tragaperras. Entraban los turistas con curiosidad antropológica. Quién sabe lo que podrían llegar a comprender de nuestra esencia, mejor que nosotros mismos:

10 Tossa

Esa tensión creativa entre la tradición más cerril y el progreso irrefrenable se percibía en los más mínimos detalles a lo largo de esta ruta surrealista. Como en este bar de carretera de El Ejido:

11 El Ejido

Luego en Benidorm te topabas con una joya nacional oculta, como esas estrellas que siguen actuando en garitos perdidos de Las Vegas. Ídolos caídos o destronados, restos del sueño americano. En este caso, se trata de retales pero que muy dignos del olimpo musical español, resplandecientes en un mesón de pescaíto frito con terraza para jubilados y familias desorientadas:

12 Benidorm

De todos modos, miren qué familia española tan maja. Ni desorientada ni nada, están exactamente donde querían estar. Es la mismísima imagen del verano:

13 Benidorm

Pero desde luego para desorientación, la de los pobres exploradores avanzados del PNV en Benidorm. Veranea allí tanto vasco que decidieron abrir un batzoki, uno de los bares del partido, para que los compatriotas se sintieran como en casa en tierra extraña o tal vez buscaran refugio en momentos de inseguridad ideológica. Con tan mala suerte que lo abrieron en los bajos de este edificio:

14 Benidorm batzoki

Benidorm, en todo caso, para los vascos y para cualquiera está muy bien, porque es una tierra mítica. Los que somos de Bilbao nos sentimos en nuestra casa, está todo hecho a nuestra medida:

15 Benidorm

Terra mítica, decíamos. Fue una visión de un hombre, seguramente lo recuerden, y espero que sea así porque él lo hizo precisamente para eso, le darían un disgusto. No solo dejó su huella indeleble en nuestra memoria, sino que pretendió y consiguió imprimirla en el mismo trazado urbano. Uno de sus mayores logros fue una sucesión de rotondas dedicadas a los cuatro elementos —tierra, aire, agua y fuego— unidas por una magna avenida dedicada a su demiurgo telúrico, él mismo, arriba a la derecha, su lugar natural en el universo:

16 Benidorm avenida Zaplana

Para tanto lirismo es una foto muy prosaica, lo sé, no está a la altura, pero es que hay cosas que si no las documentas no te creen. Ahí ha quedado en el asfalto y en el mobiliario urbano de Benidorm para la posteridad. Un día, dentro de muchos años, o quizá ya mismo, pasará un niño por allí con su mamá y le preguntará quién era ese señor. Y la buena mujer le dirá que no tiene ni idea. ¿Qué envidia, no? Nosotros todavía somos conscientes.

En el espesísimo capítulo de las plazas y rotondas perpetradas por legiones de concejales inconscientes o iletrados, cuando no ambas cosas, no puedo dejar de mencionar una plaza que me llegó al alma. Está en El Ejido y está dedicada a otro héroe nacional:

17 El Ejido plaza Manolo Escobar

Probablemente lo habrán averiguado a la primera gracias al motivo artístico. En efecto, estamos hablando de la plaza Manolo Escobar, nacido en esta recoleta localidad andaluza. No les voy a aburrir con la cantidad de rotondas delirantes que atravesé con el descapotable, con los más variados y creativos despropósitos. Lo curioso es que mientras se entronizaba personajes como Zaplana y se ensalzaban en las rotondas las glorias locales, desde el pescador de salmonete a la industria del encaje de bolillos, era desconcertante comprobar lo que se hacía con otras personas tal vez más relevantes y que a lo mejor merecían una mayor consideración. Para que se hagan una idea: esta es la famosa casa del pintor Joan Miró en Montroig, pintada en algunos de sus cuadros, pero con una autopista y una autovía, dos mejor que una, que le pasan por encima:

18 Montroig casa Miró

Otro emblema absoluto del verano, como el inolvidable barco de Chanquete, también había acabado tirado en un rincón de Nerja, rodeado de pilas de baldosas, arena y hormigoneras. La plaza estaba en obras, no era lo que parecía, me tranquilizaron los vecinos. Luego iba a quedar mucho más bonita. Era un mantra de aquellos días, con el ladrillo todo iba a ser más bonito, aunque algo debió de salir mal. Como aquel otro lema de la época de que con un piso nunca pierdes dinero.

19 Nerja barco Chanquete

La verdad es que fue un viaje inolvidable. Lo he recordado muchas veces, sobre todo por lo que vino después. Ahora, al cabo de unos años, con la mierda que ha ido saliendo en los tribunales, se explican muchas cosas. Ya entonces todo tenía muy mala pinta, pero es que vivíamos tan felices es este mundo de colores que cualquiera nos despertaba. Aunque miren esta otra familia sinceramente cansada de ser feliz en Port Aventura:

20 Port Aventura

Sí, hay ratos muertos de lucidez en las vacaciones en que uno se pregunta si realmente hizo lo que quería hacer, porque luego te ves de nuevo de vuelta en la oficina y sientes que el tiempo se te ha escapado entre las manos. Son reflexiones bajo la mirada impasible del Pájaro Loco. Por cierto, allí descubrí que ya no se llama así. ¿Es esto posible? ¿Romper arquetipos de esta manera? Sí lo es. Resulta, me aseguraban, que ahora se llama Woody. No insistan, lo otro son residuos semánticos de una vida anterior, de otro país que ya no existe. Por fin éramos modernos, lo que siempre habíamos querido ser. Desde lo alto del Peñón de Gibraltar, en compañía de monos, España daba más o menos esta impresión, ponía los pelos de punta:

21 Gibraltar

Fotografía: Íñigo Domínguez

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Íñigo Domínguez es autor de Mediterráneo descapotable. Viaje ridículo por aquel país tan feliz, que acaba de salir a la venta en Libros del KO.

La entrada Verano de 2008, viaje ridículo por aquel país tan feliz aparece primero en Jot Down Cultural Magazine.

06 Apr 22:25

carry-on-my-otp: If Stuntmen from the old movies don’t have...













carry-on-my-otp:

If Stuntmen from the old movies don’t have your full respect then I just don’t know what to say to you


09 Mar 15:33

Photo



16 Feb 12:03

Mi tío, un personaje de Javier Cercas

by Andrea G. Bermejo
WAR & CONFLICT BOOK ERA:  WORLD WAR II/WAR IN THE WEST/THE HOLOCAUST

Supervivientes del campo de concentración de Mauthausen, 1945. Fotografía: Samuelson / National Archives and Records Administration (DP).

Descubrí la historia de Enric Marco, el falso superviviente de un campo de concentración nazi, como todo el mundo: en el periódico. Con una salvedad. Benito Bermejo, el historiador al que las entradillas atribuían el descubrimiento, era mi tío. Esto ocurrió en 2005. Yo tenía veinte años. La portada de El Mundo el 12 de mayo decía: «Enric Marco reconoce que fingió ser preso de los nazis». Y a continuación: «El historiador Benito Bermejo denunció que su nombre no figuraba en los archivos del campo de concentración de Flossenbürg».

No fui la única de mi familia que descubrió las investigaciones de Benito Bermejo en los periódicos de mayo. El hermano pequeño de mi madre, el tío cariñoso que de niña me llevaba al zoo en teleférico y en cuya casa usé por primera vez un ordenador, era también un hombre reservado y discreto, ensimismado y poco hablador de su trabajo a menos que le preguntases por él. En primavera de 2002 mis padres me llevaron al parque del Retiro para que me firmase un ejemplar de su primer libro, Francisco Boix: el fotógrafo de Mauthausen. Recuerdo aquella cola hacia la caseta de la editorial RBA como una procesión de orgullo pues mi tío entraba entonces en un gremio, el de los escritores, que yo admiraba. Pero hicieron falta tres años y el escándalo de Enric Marco llenando las portadas para que yo comprendiese la importancia de su otra profesión.

Benito Bermejo, el historiador, había desenmascarado al presidente de la Asociación Amical de Mauthausen y otros campos de concentración, al hombre que había conmovido al Parlamento con su falso relato como deportado español, al fingido superviviente que iba a presidir las conmemoraciones del sesenta aniversario de la liberación de Mauthausen a las que acudiría por primera vez un mandatario del Gobierno: José Luis Rodríguez Zapatero. Mi tío, el historiador, había desvelado que Enric Marco nunca había sido prisionero en Flossenbürg sino que en 1941 se había acogido de manera voluntaria a un convenio firmado entre Hitler y Franco para trabajar en la industria de armamento alemana.

Benito Bermejo había sospechado de Enric Marco desde el principio. Aunque el falso deportado se prodigaba por doquier, dando más de cien charlas al año, cuando mi tío se acercaba a preguntarle por su historia, este se mostraba hermético. Hubo pocos encuentros —uno en el Palau de la Música en 2001, otro en Mauthausen…— y, en todos, Marco se mostró escurridizo, aportando detalles coloridos en sus respuestas pero sin elaborarlas demasiado. Su relato escueto era, además, distinto a aquel que había contado en las entrevistas concedidas a partir de los años setenta, cuando había empezado a tejer los detalles de su falso pasado. Y entre mentira y mentira, iban apareciendo las verdades. Los hechos que narraba Marco le recordaban a mi tío al itinerario de un trabajador voluntario en la Alemania del 41, aquel que habían realizado tantos españoles intentando zafarse de las duras condiciones de la posguerra.

Ingreso de prisioneros en Mauthausen, 1941. Fotografía: Anónimo / Bundesarchiv (CC).

Al parecer, no hicieron falta demasiadas preguntas para que el impostor se sintiese acorralado. «Mira, muchacho, lo que tienes que hacer es dedicarte a otras cosas», le dijo a mi tío Enric Marco mientras sacaba de su cartera una fotografía publicada en Cambio 16 en la que mostraba su espalda cubierta de hematomas. «Es lo que hacía la policía de Martín Villa y esto es algo que deberías investigar. Lo otro, déjalo», le recomendó. Pero Benito Bermejo no le hizo caso, aprovechando a partir de ese momento cualquier ocasión para preguntar por Marco a quien lo había tratado. Por ejemplo, a Floreal Samitier, residente en Toulouse, activo en la CNT de la España en el exilio, o a Abel Paz, biógrafo de Durruti, de quienes obtenía testimonios que en ningún caso le alentaban a dejar el caso de lado. Hasta que un día, en el archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores, investigando sobre otro tema, se cruzó con la prueba definitiva de aquella impostura: la carta que encontró, la última de una correspondencia en la que se reclamaba a Marco para hacer la mili, informaba al Ministerio sobre su paradero en Kiel (Alemania) como trabajador contratado en una empresa.

Con la prueba de la mentira de Marco en su poder, mi tío intentó encontrarse con él. No tuvo éxito. Aunque en un principio el falso deportado accedió a verlo, fue aplazando la cita mes a mes con la excusa de la inminente conmemoración de Mauthausen, en la que él mismo había sido elegido para dar un discurso. Este último dato, así como la confirmación de la asistencia de Zapatero a la celebración, sirvieron para que Benito Bermejo redactase un informe. En él exponía la realidad de Marco y aducía que sería una vergüenza para España y un escarnio para los exdeportados que iban a acudir al evento que este lo presentase un hombre que jamás había sido prisionero en un campo de concentración. Aquel informe lo envió a varios historiadores y a dos personas —del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales y de la Fundación Pablo Iglesias— que le aseguraron que lo pondrían en manos del Gobierno.

El caso estalló en las portadas de los periódicos. Lo que no se supo, o no tanto, es que aquel no era el primer falso deportado al que descubría. Meses antes del sonado escándalo, él y la historiadora Sandra Checa habían recabado las pruebas necesarias para desenmascarar a Antonio Pastor y habían publicado en la revista Migraciones & Exilios un comunicado titulado «La construcción de una impostura» en el que no se mencionaba el nombre de Pastor pero sí la falsedad de su relato. El 20 de mayo de 2005, en una carta al director de El Ideal de Granada en respuesta a la réplica de la familia de Pastor, los historiadores argumentaban que, como especialistas en el estudio de los republicanos españoles que sufrieron la deportación a los campos del III Reich, habían comprobado que el susodicho no aparecía en los registros relacionados con Mauthausen. Por el contrario, poseían pruebas de que en el periodo en que pretendía haber sido deportado se encontraba internado en el campo del Vernet d’Ariège (Francia) o ya en España tras su retorno voluntario en julio de 1941, por lo que nunca podía haber conocido la ocupación alemana. «Junto a las fuentes de archivo, hemos utilizado los testimonios de los supervivientes de dichos campos. Además, los testigos representan para nosotros una referencia moral», decía también esta carta.

Pasó el tiempo. Los impostores cayeron en el olvido. En el Delta del Ebro, una semana santa, conocí a un argentino llamado Santi Fillol que acababa de rodar un documental sobre Enric Marco (Ich Bin Enric Marco) y había entrevistado a mi tío. En esa época yo vivía en Madrid y nos veíamos a menudo. Algunos domingos llevaba al cine a su hija Lucía, mi ahijada, y al devolverla a casa aprovechaba para preguntarle por sus investigaciones, cómo era su día a día, de qué manera encontraba a sus fuentes o por qué estudiaba unos temas y no otros. Eran, en su mayoría, entrevistas de refilón que yo disfrutaba como lecciones privadas de historia, tan alejadas de los ásperos manuales del colegio y la facultad, consciente (ahora sí) del privilegio que me brindaba la sangre, mientras mi prima se impacientaba por compartirme con aquellos asuntos serios.

Los Archivos de Salamanca, Alcalá de Henares, Asuntos Exteriores, Mauthausen, Flossenbürg, los Archivos Federales en Berlín… Esas habían sido las oficinas a las que había ido cada mañana a trabajar mi tío durante la escritura, de nuevo junto a Sandra Checa, de Libro memorial. Españoles deportados a los campos nazis (1940-1945), un inventario de los nueve mil españoles presos en los campos de exterminio. El Ministerio de Cultura también les había encargado realizar una serie de entrevistas a cerca de cien supervivientes que les habían llevado a Alemania, Austria, Francia o Bélgica en un intento de recolectar el testimonio vivo de aquella época trágica.

El libro de Francisco Boix que mi tío me había firmado aquella tarde en El Retiro había sido su puerta de entrada a la investigación de los deportados españoles. Boix, fotógrafo confinado en Mauthausen, había eludido los trabajos forzados en las canteras de piedra revelando y archivando imágenes en el servicio de identificación, donde se guardaban las fotografías tomadas en el interior del campo. Había sido allí donde el catalán había comprendido el enorme valor de aquellos documentos gráficos, de manera que convenció a algunos presos para que los escondieran. Mi tío colaboró en la investigación histórica y en el guion de un documental sobre Boix (Un fotógrafo en el infierno, de Llorenç Soler) y más tarde, recopiló en un libro algunas de las veinte mil fotografías presuntamente salvadas. Francisco Boix: el fotógrafo de Mauthausen ha sido traducido al catalán, alemán y francés, está pendiente de traducirse al inglés y se reeditará en España a finales de 2015 o principios de 2016. El libro también sirvió de inspiración para la obra de teatro El triángulo azul, de Laila Ripoll y Mariano Llorente, estrenada recientemente.

Heinrich Himmler en Mauthausen, 1941. Fotografía: Francisco Boix / Bundesarchiv (CC).

La investigación de Boix le llevó a entrevistar a un suboficial de las SS que había trabajado al frente del servicio de identificación. Mi tío había leído en los archivos que Hermann Schinlauer, ese era el nombre del exnazi, era originario de Genthin, así que como un detective privado buscó en la guía telefónica hasta dar con él. «¿Conoció usted a Francisco Boix?», le preguntó cuando este respondió al otro lado del teléfono. «¡Cómo podría olvidar a Franz!», contestó el suboficial. Accedió a ser entrevistado y mi tío viajó hasta aquel pueblo, situado a unos noventa kilómetros de Berlín, para conocerlo. Durante el encuentro, Schinlauer le confesó que no le había contado a nadie su pasado. Ni siquiera su mujer y sus hijos conocían su paso por Mauthausen. Cuando mi tío preguntó por qué, este respondió: «Das ist eine Schande!» (¡Es una vergüenza!).

Y, sin embargo, el exnazi sí que había revelado su pasado en una ocasión. Hacía ya tiempo, un hombre había llamado a la puerta de su casa presentándose como el yerno de un compañero suyo en el campo de concentración. «¿Qué quería?», le preguntó mi tío. Hermann Schinlauer le contó que aquel hombre había acudido a él movido por el tormento de su esposa, que tras la muerte de su padre había encontrado unas cartas que le habían revelado su verdadera historia. «Mi mujer me ha encargado que venga a hablar con usted porque vive atormentada por el pasado de su padre», le explicó aquel joven a Schinlauer, a quien iban dirigidas aquellas cartas, y años después, este a mi tío. El ex-SS intentó tranquilizar al yerno de su amigo prometiéndole que, a pesar de haber sido suboficiales de Hitler, ni su suegro ni él mismo habían participado en ninguna acción criminal. Pero el pasado se había abierto paso entre las mentiras vergonzosas, de la misma manera que años después mi tío recibió una llamada inesperada desde el oeste de Alemania. Schinlauer había muerto y su hija había descubierto entre su correspondencia una carta que mi tío le había escrito al ex-SS antes de presentarse en su casa. Posteriormente, encontró un ejemplar alemán de Francisco Boix: el fotógrafo de Mauthausen y allí leyó el testimonio de su padre, que incluso había permitido a mi tío publicar un retrato que Boix le había hecho en el campo de concentración.

No fue la única ocasión en la que tuvo que dar malas noticias. El Libro Memorial le condujo ante al menos quince familias que desconocían qué había sido de sus padres o abuelos. Fue el caso, por ejemplo, de aquella viuda torturada por el paradero de su marido que acabó suicidándose y cuyas hijas, en los sesenta, fueron a ¿Quién sabe dónde? sin conseguir averiguar el destino cruel de su padre hasta que mi tío descubrió que había sido una de las víctimas de los campos. Trescientas cincuenta familias supieron por boca de Benito Bermejo —no ha sido el único historiador que lo ha hecho— que tenían derecho a una pensión del Gobierno de Francia de 475 euros mensuales o 27.000 euros vitalicios para los huérfanos de las víctimas del Holocausto.

Los viajes y entrevistas que Benito Bermejo y Sandra Checa realizaron para escribir Libro Memorial tuvieron una última consecuencia inesperada, convirtiéndoles en comisarios artísticos de una exposición insólita. Supervivencia, testimonio y arte: Españoles en los campos de concentración nazis fue una colección itinerante que recorrió Salamanca y Vitoria exponiendo obras creadas por españoles que habían sido presos en Mauthausen. Esto fue en 2010, en plena crisis económica, razón que sirvió para que las obras se almacenasen y no llegasen a más ciudades españolas.

Mauthausen, 1941. Otra de las imágenes de Boix que documentaron los Juicios de Nuremberg. Fotografía: Francisco Boix / Bundesarchiv (CC).

Me enteré de que Javier Cercas estaba escribiendo un libro sobre Enric Marco por Lucía, que había añadido el apellido del autor a su repertorio cómico: «¡Javier Cercas! ¡Javier Lejos!», me dijo un día. Mi tío añadió después que se había reunido con el escritor durante la preparación del libro, de ahí la gracieta de mi prima. De manera que esperé a la publicación de El impostor con gran expectación, pues intuía que una historia como aquella solo podía pertenecer a la familia de las novelas sin ficción y los relatos de lo real, aquella literatura de riesgo que me había conmocionado desde que había leído El adversario, de Emmanuel Carrère.

El impostor resultó ser, tal y como había creído, un viaje en montaña rusa por la historia y un pulso al porqué de la literatura. Pero la verdadera sorpresa fue descubrir que aquel no era solo el retrato de un nonagenario mentiroso que se resistía a admitir su pecado, sino también de su Némesis, el historiador que lo había desenmascarado, de alguna manera el héroe y el villano de aquella historia, es decir, Benito Bermejo. En el libro, Javier Cercas contaba detalladamente las primeras sospechas de mi tío, sus encuentros infructuosos con Marco, el posterior descubrimiento y las suspicacias sobre él —¡se llegó a decir que era un agente del MOSAD!— que se levantaron tras aquel destape. Señalaba, además, con buen tino, que mi tío, el historiador que por las mañanas hacía de los archivos sus oficinas, que viajaba a Alemania, Bélgica o Francia para interrogar a sus fuentes, era un historiador al margen del sistema académico y universitario. «Quizás no sea ocioso preguntarse, en todo caso, por qué fue un fuera de la ley de la academia quien se atrevió a desenmascarar a Marco y a meter el dedo en el ojo de la industria de la memoria, de la que también se beneficia la academia», resaltaba Cercas.

Porque el libro de Cercas coincidía también —y no por casualidad, está claro— con una época en España donde la impostura —el arte de falsear— se había convertido en una realidad cotidiana. La única ventaja de alcanzar la madurez en una época como esta es el firme compromiso que se adquiere con la verdad, el juramento íntimo que uno hace consigo mismo para no caer nunca en la impostura. Aquella referencia moral a la que Benito Bermejo y Sandra Checa apelaban en su reflexión sobre los deportados españoles cuyo testimonio les había servido para documentar la historia. La única ventaja de madurar en la era de los impostores, me figuré tras la lectura del libro de Cercas, era conocer y reivindicar a aquellos que los desenmascaran para que su ejemplo nos sirva para no caer nunca en el riesgo de la mentira.

El 11 de diciembre del pasado año, Mario Vargas Llosa dijo en su columna de El País «La era de los impostores» una cosa hermosa sobre Benito Bermejo: «Qué pequeñito y olvidable parece el aguafiestas de su historia, el decente y honesto historiador que, sin siquiera beneficiarse con ello y hasta recibiendo por su altruista tarea buen número de ataques, lo desenmascaró, guiado solo por su amor a la verdad y su repugnancia por las mentiras históricas». La idea de escribir este texto nace tras aquella lectura. Hace diez años del caso Enric Marco, una década de reuniones familiares en la que he procurado sentarme cerca de mi tío, preguntarle, escucharle, atender silenciosamente a sus investigaciones. Benito Bermejo jamás las escribiría todas juntas en un artículo; su preocupación es otra: conocer la historia. Y, sin embargo, aquí reunidas, reproducen mi sensación como oyente afortunada y evidencian algo que me gustaría remarcar, precisamente ahora, cuando nos rodean los impostores. Por muy pequeñitos y olvidables que sean, qué importantes son los historiadores que les aguan la fiesta solo por su amor a la verdad.

«Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas libertadoras». Mauthausen, 1945. Fotografía: Donald R. Ornitz / US Army (DP).

La entrada Mi tío, un personaje de Javier Cercas aparece primero en Jot Down Cutural Magazine.

24 Jan 01:13

Elton John talks about Freddie Mercury

04 Jan 10:21

El mejor de los caminos que llevan a Roma

by Ernesto Filardi
Juan Utrilla de Noriega

no me lo he leido pero las fotografías son impresionantes

Roma ca. 1890. Fotografía: Detroit Publishing Co. / Library of Congress (DP).

22 de abril de 1765

Mi muy estimada Elizabeth,

Por fin hemos llegado a Milán. El trayecto desde París ha sido agotador, pero no tanto como el tiempo que estuve allí alojado. Lo que es una lástima, porque París sería un lugar encantador si no estuviera tan lleno de franceses. Aun así no soy el único que se siente destrozado: el carruaje ha quedado totalmente desvencijado tras cruzar los Alpes. ¡Qué locura, Elizabeth! ¡Nos desmontaron las ruedas, las transportaron en mulas y a nosotros en palanquines! Espero que esto no sea una metáfora de la brutalidad de estas gentes: ya sé que en estas tierras se forjó el Senado romano y el Renacimiento, pero que ni una simple rueda sirva aquí para algo es una imagen que tardará en olvidárseme. Ahora tengo el firme propósito de descansar dos o tres semanas antes de proseguir el viaje. Así tendré ocasión de acercarme a los lagos y de conseguir algo más de dinero en alguno de los bancos en los que desde Londres me aseguraron que tendría crédito.

Milán ca. 1890. Fotografía: Detroit Publishing Co. / Library of Congress (DP).

No voy a negarte que todos estos meses han sido una aventura extraordinaria, pero aún no termino de comprender el encanto que tiene para tantos caballeros ingleses este llamado Grand Tour. Me sería infinitamente más grato estar todo este tiempo a tu lado preparando nuestro enlace en lugar de estar rodeado de salvajes. No sé, Elizabeth: los profesores en Oxford siempre nos insistían en lo necesario que es para un joven aristócrata como yo conocer de primera mano el continente europeo y en especial Italia, cuna de la civilización. En el principio fue Grecia, claro; pero hay que estar muy chiflado para acercarse a ver unas ruinas que llevan siglos en manos de los turcos. Por si fuera poco, mi padre estaba tan ilusionado con mi viaje como cuando él mismo lo hizo en su juventud y no tengo otro remedio que seguir el camino. Al menos tengo la suerte de que para ello me dota con fondos casi ilimitados para visitar estas tierras cálidas pero de momento hostiles. Digo «de momento» porque en cuanto tenga ocasión pretendo acercarme al Teatro Regio Ducal de Milán para asistir a alguna de esas extraordinarias óperas de las que se habla con tanto entusiasmo. Imagino que me aburriré tanto como en cualquiera de los escasos momentos en que no rememoro tu dulce sonrisa. Pero ya te haré saber mi opinión cuando tenga más tiempo.

Recibe todo mi afecto,

Charles.

6 de julio de 1765

Querido James,

Sé que prometí escribirte antes, pero tú que conoces Italia mejor que yo sabes que aquí el ritmo de vida es muy distinto. La vida social no es tan ajetreada como en Londres, y sin embargo parece que no da tiempo para nada. Pero no escribo para disculparme sino para que sepas que sigo vivo. ¡Si supieras qué verano tan extraordinario ha sido este! Cuando dejábamos Milán y la serenidad de sus lagos pensaba que sería difícil encontrar un lugar más apropiado para mi carácter. ¡Qué engañado estaba! Nada más llegar a Cremona pasamos por la plaza y me quedé allí petrificado casi una hora. Yo por aquel entonces no había conseguido aprender una palabra del idioma, pero eso no fue impedimento para admirar a toda aquella gente congregada en el mercado, delante de esas hermosísimas construcciones renacentistas. ¡Cómo huelen los mercados en Italia, James! ¡Y qué distinta la comida por aquí, qué sabor tan intenso tiene! Es cierto que nosotros tenemos mejores carnes, pero jamás he visto tal variedad de frutas y verduras tan sabrosas. En Parma, unos días después, visité el teatro Farnese. ¿Qué decir de él, aparte de que ojalá nuestro Shakespeare hubiera podido gozar de un teatro tan bello? ¿Y ese tamaño? No me extraña que apenas haya sido utilizado tres o cuatro veces desde que se construyó hace casi ciento cincuenta años. He ahí una gran diferencia entre Inglaterra e Italia: nosotros tenemos una concepción más práctica de la vida, entendemos lo material como una herramienta al servicio de la humanidad y por tanto abominamos de la ostentación —ese absurdo capricho tan de moda entre los franceses— mientras que creamos unas practiquísimas redes de comunicación. Aquí, en cambio, ¡qué hermosamente saben aprovechar la ostentación en las ciudades y qué infames y monstruosas son sus carreteras! ¿Y sabes qué? Me parece que ese modo de entender la vida es más adecuado para la felicidad. ¿Es que acaso la belleza no es un fin tan deseable como el progreso de la sociedad? Algo similar pensé recorriendo las calles rojas de Bolonia, pero donde he caído rendido ha sido en Florencia.

Florencia ca. 1890. Fotografía: Detroit Publishing Co. / Library of Congress (DP).

Fue un amor a primera vista. Aún antes de entrar a la ciudad, desde lo alto de la colina el Arno nos saludaba satisfecho y embriagador. ¿Y qué te podré decir de la majestuosa cúpula de la que el propio Miguel Ángel ya dijo que era la más bella del mundo? Llevo aquí varias semanas e intuyo que aún me quedaré algunas más: comienzo a defenderme notablemente con el toscano y gracias a eso he conocido a gente muy interesante dispuesta a enseñarme algunos de los mejores rincones de esta extraordinaria ciudad. Podría llenar cientos de hojas con mis experiencias aquí, pero ahora he de dejarte porque me esperan para una fiesta en casa del señor Mann, el célebre ministro británico que está aún más enamorado de esta ciudad que yo mismo.

Un fuerte abrazo,

Charles

9 de octubre de 1765

Querido padre,

Le escribo esta vez no solo para solicitarle más dinero, sino para agradecerle de corazón su insistencia en enviarme a estas tierras. Como sabe, me encuentro en Roma y no creo que pueda existir sobre la faz de la tierra otro lugar en donde mejor puedan entenderse las lecciones que la historia está dispuesta a enseñar al que sabe escuchar atentamente. Esta es tierra de virtud y moral verdadera, padre, y estoy satisfecho de haberla conocido de primera mano. Entiendo ahora que esta ciudad ha transformado mi carácter: usted sabe bien que quizás debido a mi juventud jamás me he considerado muy devoto, pero la sola contemplación de los ritos religiosos me ha hecho considerar que no somos más que hijos de nuestro Señor y que su presencia a nuestro lado es la mejor de las bendiciones posibles. Sin embargo, y a pesar de la indiscutible grandeza de la iglesia de San Pedro, me siento más afín al delicado asombro que se respira en templos más pequeños. Es tanta la variedad de iglesias la de esta ciudad que cada día procuro acercarme a una distinta y aun así sé que jamás conseguiré conocerlas todas. Pero hay un lugar especial en mi corazón para Santa María della Vittoria, cuya célebre imagen de santa Teresa me recuerda a esta conversión que estoy sintiendo.

Roma ca. 1890. Fotografía: Detroit Publishing Co. / Library of Congress (DP).

Pero hay algo más de lo que debo hablarle, y es que he comprendido que no hay mayor mal que la vanidad del mundo. No cabe duda de que Inglaterra tiene el prestigio suficiente como para convertirse en un grandísimo imperio, pero me basta pasear por el foro o por el Coliseo para entender que de aquellos grandes emperadores hoy no queda más que un vago recuerdo y un puñado de piedras bellísimas pero corroídas por el paso del tiempo. Deberíamos todos aprender la lección, padre, y desear que cuando no seamos nada ojalá estemos tan cerca del cielo como al mirar hacia él desde el interior del Panteón.

Le envío todo mi afecto y le reitero mi agradecimiento, extensible a mi adorada madre. No quiero que se preocupen por este cambio tan repentino en mí, sino que se alegren de saber que regresaré siendo una persona completamente nueva y transformada gracias a este Grand Tour. Si puede, no olvide hablar con el banco para que den la orden de ampliar mi crédito en Roma: son muchas las obras pías que pueden hacerse aquí y quisiera, en la medida de lo posible, ser recordado como un notable benefactor de esta ciudad que tanto ha hecho por mi humilde persona.

Atentamente,

Su hijo Charles

12 de enero de 1766

Carissimo James,

Come stai? Scusa si al escribirte se me cuela alguna parola, pero el alma y el vino della bella Italia son tan parte de mí como el aire que respiro ogni mattina. Estoy de vuelta en Roma y no sé cuánto tiempo me quedaré aquí. Si fuera posible, tutta la vita! Ah, Roma, chè bella puttana! ¿Sabes? Me gusta aún más esta ciudad tras haber recorrido estos meses Nápoles y Sicilia. No tengo nada que objetar de ellas, claro, pero Roma es como una experta amante a la que se le toma más cariño cuanto más vuelves a ella. ¡Qué delizia de ciudad! Todos los caminos llevan a Roma, sí, pero este Grand Tour es sin duda el mejor de todos ellos. A ti te puedo decir todo esto, James, porque nos conocemos lo suficiente como para no escandalizarnos el uno al otro con nuestros vicios, a los que deberíamos llamar virtudes de los sentidos. Afortunadamente este invierno está siendo más fresco de lo habitual y es fácil convencer alle ragazze para riscaldarsi un tanto. ¡Qué carnes tan prietas tienen las italianas, y cuánto les gusta hacer y dejarse hacer! ¡Y cómo gritan quando sono in letto! También hay por aquí algunas compatriotas nuestras que se han animado a hacer este viaje, pero no me interesan lo más mínimo. Nunca se sabe si van a ser lo suficientemente discretas, aunque ellas mismas son las primeras en disfrutar de los encantos degli italiani. Esto es lo que siempre me dice Stefano, mi cicerone particular desde hace meses: que las inglesas son puritane hasta que llega un italiano susurrando y les quita la sílaba ri. Fue él quien me convenció para visitar las ruinas recién descubiertas de Pompeya, donde me determiné del todo a disfrutar de la vida.

Pompeya ca. 1890. Fotografía: Detroit Publishing Co. / Library of Congress (DP).

Te seré sincero: ya había tenido mis primeros escarceos en Milán, pero en Pompeya comprendí que en cualquier momento podemos ser polvo y cenizas. No sabemos lo que seremos mañana, así que no hay más verdad que el cuerpo y sus placeres. ¡Ay, James! ¡Ojalá pudieras conocer a Stefano! Apuesto a que te parecería un joven lo suficientemente interesante como para que los tres juntos pudiéramos retomar aquellos divertimentos privados que tú y yo compartíamos entre clase y clase. Sicilia sería un lugar encantador para ello: apenas llegan los británicos tan al sur por miedo a los piratas, pero es una isla en la que uno puede encontrar lo que quiera: los mejores templos de la Magna Grecia, buena comida, naturaleza…  ¡No me digas que no te atrae la idea de subir a la cima de un volcán!

Te dejo ya, porque hay un baile de disfraces en un palacete privado y aún tengo que asearme para ir debidamente preparado, porque ya sabes que aquí cuando termina el baile empieza «la fiesta». Mi padre sigue creyendo que soy uno de esos beati aburridos que tanto le gustan y no parece tener problema en seguir manteniéndome. Y si en algún momento descubre mi verdadera vida… Pazienza! No hago más que imitar sus faltas de juventud, así que ¿quién sabe? Quizás también logre imitar sus virtudes cuando tenga su edad.

Tuyo siempre,

Charlie

27 de abril de 1766

Elizabeth,

Llevo ya más de un año en Italia y aún no dejo de sorprenderme. He recorrido casi todo el país: tras Roma he pasado por Rimini, Mantua, Padua… Ciudades bellísimas todas ellas que merecen ser descritas con más detalle. Pero ahora estoy en Venecia, una ciudad que parece haber sido construida para que la belleza se adueñe violentamente de cada una de las almas que la pueblan. Se habla mucho del carnaval veneciano, pero nada de lo que se diga jamás podrá hacerle justicia. Y esto no sucede solo con el carnaval: San Marcos, los canales, Murano, Santa Maria dei Miracoli…  Es imposible visitar esta ciudad sin quedarse sin habla.

Venecia ca. 1890. Fotografía: Detroit Publishing Co. / Library of Congress (DP).

He tenido el privilegio de entablar cierta amistad con el pintor más célebre de la ciudad: Giovanni Antonio Canal, al que aquí llaman Canaletto. Se dedica a pintar cuadros de Venecia para que los viajeros del Grand Tour tengan un buen recuerdo de la ciudad al regresar a casa. Yo he adquirido cierta soltura con el dialecto veneciano, pero puedo conversar con él en inglés porque vivió varios años en Londres. Hace unos días estábamos en el patio de uno de los cientos de palazzi que hay por aquí. Le pregunté si echaba de menos Inglaterra. Sin dejar de pintar, me sonrió y dijo claramente: «Ni por todo el oro del mundo volvería a ese país tan grandilocuente». Fue extraño, ¿sabes? Mi padre me envió aquí para adquirir habilidades sociales y diplomáticas, aprender idiomas y desarrollar una personalidad culta para poder ejercer mi carrera una vez de vuelta en Londres. Pero he descubierto que yo tampoco quiero volver.

De eso quería hablarte, Elizabeth. Hay un rincón al que acudo siempre que tengo ocasión: el teatro San Benedetto. Como sabes, durante este año me he convertido en un verdadero aficionado a la ópera. Durante el carnaval se estrenó una muy divertida de Paisiello, un compositor del que posiblemente no hayas oído hablar pero que aquí es muy admirado. Se titulaba Le nozze disturbate. Las bodas interrumpidas. No creo que se me olvide ese título porque yo, Elizabeth, voy a interrumpir la nuestra. Quizás debiera decirte que lo hago con todo el dolor de mi corazón, pero no quisiera continuar con esa hipocresía tan afectada que tanto nos caracteriza más allá del Canal de la Mancha. No soporto la idea de volver allí y no puedo pedirte que hagas tú el viaje hasta aquí. Es más, no estoy seguro de que quiera pedírtelo.

De camino a Venecia entramos en Verona. Una ciudad notable y famosa en el mundo porque entre sus calles transcurre la obra de amor más grande jamás escrita. Hace un año pensaba que cuando llegara a esa ciudad no dejaría de sollozar con tu recuerdo. Pero una vez allí, lo único que me venía a la cabeza era que mi viaje estaba llegando a su fin y no podía imaginarme la vida en el húmedo y próspero Londres sin el rojo de estos ladrillos, sin este olor a pescado, sin este vino que acaricia al tragar. Parecerá una locura, pero sin locuras solo somos un puñado de huesos de esos que se describen en los manuales de anatomía.

Verona ca. 1890. Fotografía: Detroit Publishing Co. / Library of Congress (DP).

Rompo contigo, Elizabeth, igual que rompo con mi vida anterior. Quien ha conocido este bel paese sabe que es difícil no enamorarse de estas tierras. Llevo aquí más de un año y siento que no os amo tanto como a ellas. Espero que puedas comprenderlo, igual que te deseo la felicidad que yo no podría darte lejos de este sol que me abraza y esta gloria en los ojos cada día.

Tu amigo,

Carlo

16 Jan 07:00

El machismo en Hollywood

by LuciaRos

Ava Duvernay

Sé que algunos van a decir: "Ya está esta otra vez hablando sobre machismo y las mujeres en el cine". Pero no me importa, voy a seguir haciéndolo mientras sigan saliendo alarmantes datos como los del informe llamado 'Celluloid Ceiling' que ha realizado el Estudio sobre las Mujeres en Cine y Televisión de la Universidad de San Diego en Estados Unidos o comentarios polémicos como los que realizó el actor Rusell Crowe hace un par de semanas.

El estudio, realizado por Martha Lauzen, demuestra que el número de películas dirigidas por mujeres en 2014 ha caído al 7% del 9% al que se encontraba la estadísitica en 1998 cuando comenzó el estudio. Y lo mismo ocurre con las mujeres productoras, guionistas, directores de fotografía o editoras, siendo tan sólo un 17% de la industria sin haber subido lo más mínimo en 16 años. Unos datos significativos que nos dejan afirmar, claramente, que sí...Hollywood sigue siendo machista.

Aunque en los Globos de Oro, Ava DuVernay se convertía en la primera mujer afroamericana en optar al premio a la mejor dirección, la cinta sólo opta al de mejor película entre los premios gordos de las recientes candidaturas anunciadas a los galardones de la Academia de Hollywood. Y aún así, 'Invencible' ('Unbroken', Angeline Jolie) ha sido la única película dirigida por una mujer que ha entrado en la lista de las 100 películas más taquilleras de 2014 en Estados Unidos.

Russell Crowe y "las actrices que no aceptan su edad"

Russell Crowe

Otra clara prueba de la situación de la mujer en Hollywood son las declaraciones que el actor Russell Crowe hizo hace algunos días. En ellas decía, algo así como que las actrices no aceptan su edad y esperan seguir haciendo los mismos papeles que cuando tenían 20 años, cuando hay papeles para todas las edades. El australiano no quería ser ofensio e incluso hacía referencia a los hombres y hasta Meryl Streep le defendió diciendo que "es bueno vivir en el lugar en el que estás. Puedes ponerte años encima, pero quitártelos es más díficil".

Pero lo cierto es que no todo lo que dice Russell Crowe es cierto, ya que la vida como actriz de una mujer comienza a verse reducida a partir de los 40 años, mientras que los hombres a esa edad están 'en la flor de la vida'. Los papeles femeninos jugosos escasean, y con jugosos nos referimos no a dar vida a madres, abuelas o tias de los protagonistas si no a auténticos y reales personajes femeninos. Y fue, precisamente, una de las actrices de moda, Jessica Chastain de 37 años quien le reprochaba a Crowe la casi nula existencia de papeles para mujeres de 50 años para arriba.

Charlize Theron reclama igualdad de salario

Charlize Theron

Pero es que esto no acaba aquí. Y es que en la misma semana nos llega la noticia de que Charlize Theron, de 39 años -no me importan las edades, pero en este artículo tienen su sentido- y gracias al ciberataque de Sony descubre que va a cobrar bastante menos que Chris Hemsworth, su compañero de reparto en 'The Huntsman', la precuela de 'Blancanieves y la leyenda del cazador' ('Snowwhite and the Huntsman', Rupert Sanders, 2012). En serio, ¿cómo puede ser que Hemsworth, casi un recién llegado -y bastante soso, todo sea dicho- cobre más que la poderosa Theron? La respuesta es fácil: Hemsworth es hombre.

Pero la bellísima Charlize no se ha cortado ni un pelo, ha reclamado lo que se merece, igualar su salario al de Hemsworth y lo ha conseguido. Un ciberataque que ha traído cosas buenas ya que después de todo el asunto, parece que Sony ha aprendido la lección. Y es que el caso de Theron no es único: Amy Adams y Jennifer Lawrence, por ejemplo, también cobraron muchísimo menos que sus compañeros de reparto en 'La Gran Estafa Americana' ('American Hustle', David O. Russell, 2013) y así con todas las producciones de Hollywood.

Sí, lo sé. Todo esto no es ninguna novedad y todos sabemos que las actrices mayores de 40 lo tienen díficil, que cobran mucho menos que los hombres y que se confía muy poco en mujeres directoras para dirigir ni grandes ni pequeñas producciones -sólo en los círculos indie se ven más y porque se autoproducen-. Pero mientras siga siendo así y sigan pasando estas cosas, yo seguiré escribiendo artículos como este.

Vía | Europapress / The Guardian / El Mundo

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15 Jan 09:56

'Whiplash', la pasión desbordante

by LuciaRos
Juan Utrilla de Noriega

algo me dice que ire a verla

Whiplash

Todavía no hemos asimilado todas las listas elaboradas sobre lo mejor del 2014 y ya nos topamos con uno de los títulos que entrarán en muchas listas de lo mejor del 2015 -muy díficil tiene que ser que aparezcan 10 películas que la saquen de ella-. Hablamos de 'Whiplash', el segundo largometraje como director de Damien Chazelle, una de las grandes sorpresas del pasado Festival de Sundance que ha dejado a todos boquiabiertos por todos los festivales por los que ha pasado.

Pasión y música van de la mano en la nueva película del que fuera guionista de 'Gran Piano' ('Grand Piano', Eugenio Mira, 2013) y que es una de las películas que más están dando que hablar en la carrera a los Oscar. Sin ir más lejos, uno de sus protagonistas, J.K Simmons, se alzaba con el Globo de Oro al mejor actor de reparto. No sé cómo funcionará en taquilla en nuestro país, pero os digo desde ya que estamos ante una de las películas mejor contadas, interpretadas y con más ritmo -y no porque haya muchos solos de batería- del año, y eso que acaba de empezar.

'Whiplash', la pasión desbordante

Whiplash

En la cinta conocemos a Andrew Newman, un joven y prometedor batería que se matricula en una de las mejores escuelas de música de Estados Unidos para poder formar parte de la orquesta que dirige Terence Fletcher, un perfeccionista, exigente y temerario director de orquesta que hará cualquier cosa para potenciar el talento de sus músicos. El ambicioso Andrew aspira a ser el mejor y parece que Fletcher es el único que le hace sacar lo mejor -y peor- de sí mismo como músico.

'Whiplash', que primero fue un corto de 18 minutos rodado a partir de 15 páginas de un guión de 85 escrito por Damien Chazelle. Lo rodó para llamar la atención de productores varios en el Festival de Sundance en 2013 y sólo un año después estaba presentando el largometraje en el mismo festival. ¿El resultado? Un relato sobre la pasión desbordante, perseguir EL SUEÑO a toda costa, el sacrificio - una de las mejores escenas de la película es cuando el protagonista decide dejarlo TODO por la batería- y alcanzar la genialidad.

Y es que alcanzar la perfección para ser recordado supone toda una vida de dedicación, sufrimiento, soledad..."Quien algo quiere, algo le cuesta", dice el refrán y en 'Whiplash' lo vemos reflejado de forma tan apasionada, apabullante a través de la relación de un alumno y su maestro, la admiración y el odio a partes iguales y lo capaz qué es el ser humano de querer sorprender, asombrar y llegar a la cumbre.

Ritmo y latigazos

Whiplash3

"No hay dos palabras más peligrosas que 'Buen trabajo'". Esta es la filosofía como mentor de Terence Fletcher y la mejor forma de explicar a alguien lo que va a ver cuando se enfrenta a 'Whiplash'. La abrumadora interpretación de J.K Simmons en la piel de este cruel profesor, junto a la determinación del joven Miles Teller son la combinación perfecta para que la cinta de Chazelle sea, como su nombre indica, todo un latigazo para el espectador.

Y es que la batería no es mero atrezzo elegido al azar. La batería - y toda la percusión en general- es el instrumento más físico lo que ayuda a que la cinta resulte igual de física, dolorosa y hasta sangrienta que todos los solos de batería y ensayos que nos muestra, por no hablar del ritmo frenético y la pasión que transmite a cada fotograma del film.

'Whiplash' es una de esas películas de corte independiente que va en camino a convertirse una película de culto. Y es que no sólo nos adentra en lo qué supone ser músico y pertenecer a una reputada orquesta, si no de que los sueños, la ambición y la pasión por algo pueden llegar a ser más grandes que uno mismo.

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14 Jan 13:16

'Babadook', el terrorífico monstruo que todos tenemos dentro

by Mikel Zorrilla
Juan Utrilla de Noriega

me gustaría ir a verla cuando salga

Cartel de 'Babadook'

Siempre he tenido una gran debilidad por el cine de terror, pero durante los últimos años me he cruzado con tantas pérdidas de tiempo que ha hecho que mi interés hacia dicho género disminuya bastante. Sin embargo, aún aparecen de vez en cuando cintas muy estimulantes como 'Expediente Warren' ('The Conjuring') y eso hace que esté especialmente atento a aquellos títulos que reciben multitud de alabanzas en su paso por diversos festivales de cine.

'Babadook' ('The Babadook') se ha cansado se recibir elogios a lo largo de 2014 desde su estreno en Sundance y yo tardé bien poco en llamar vuestra atención sobre su existencia. Desde entonces he esperado pacientemente el momento de poder verla y ha valido la pena, ya que es una excelente película que se habría colado entre mis favoritas de 2014 de haberse estrenado a su debido tiempo y que cualquier amante del cine debería ver para comprobar por sí mismo que el cine de terror aún puede dar mucho de sí en las manos adecuadas.

'Babadook', un cuento para no dormir

Leyendo el libro en 'Babadook'

En 'Babadook' vemos cómo el monstruo protagonista de un cuento infantil traspasa las fronteras de la ficción para acechar a una mujer y su hijo, el cual está convencido de que dicha criatura existe y ella no tardará en descubrir que tiene razón. Así sobre el papel no es una premisa demasiado novedosa, pero Jennifer Kent, su directora y guionista, no tiene ningún interés en reducir su propuesta a algo tan obvio y manido, por lo que utiliza lo ya narrado en su cortometraje 'Monster' para abordar los miedos infantiles, los traumas adultos y ciertos conflictos sobre la maternidad que el cine rara vez toca.

Especialmente llamativa es la evolución del personaje interpretado por Eddie Davis, ya que pasa de ser objeto de lástima por las peculiaridades de su hijo a provocarnos pavor, tanto por sus acciones como por una actuación que resalta con brillantez su progresivo hundimiento emocional hasta acabar imponiendo respeto y casi miedo con sus reacciones gestuales. Lo mejor de todo es que sucede en paralelo a los cambios de su hijo en la ficción -inmejorable el debutante Noah Wiseman, sobre todo cuando sufre una crisis nerviosa en el coche-, lo cual añade riqueza a su relación y al mismo tiempo relativiza todo lo que el espectador cree conocer.

Kent tiene mucho interés en explorar este último punto, ya que hay varios detalles que avalan la posibilidad de ver que todo lo que sucede está en realidad motivado por ella -¿podría ser que el libro en cuestión lo escribiera en realidad ella?- y que el monstruoso Babadook, cuyo estimulante y acertadísimo diseño está claramente inspirado en el cine mudo en general y el expresionismo alemán en particular, es ( ¿SPOILER?) en realidad una proyección de un trauma nunca superado relacionado con la pérdida de su esposo, lo cual pervierte la figura protectora de la madre para convertirla en una amenaza más peligrosa para su hijo que cualquier personificación posible de la figura del hombre del saco.

Mucho más que una película de terror

La madre y el hijo de 'Babadook'

La propia directora ha reconocido en varias entrevistas su devoción por el cine de terror y el hecho de que varios títulos posiblemente influyeron de forma inconsciente su trabajo en 'Babadook', pero estamos ante un caso en el que resulta un grave error limitar el interés de la película a su pertenencia a dicho género. Ojo, Kent demuestra un control casi perfecto de la cámara para crear una atmósfera opresiva con ella en lugar de echar mano de trucajes ya muy gastados y su uso de la ambientación sonora potencia de forma brillante la creciente sensación de tensión -especialmente brillantes las inquietantes apariciones de Babadook- y es fiel en todo momento a su estimulante concepción minimalista del terror.

Sin embargo, el auténtico eje dramático de 'Babadook' es el estudio de la relación entre la madre y el hijo -y de los propios personajes- que sufren el acoso del monstruo, y no lo digo sólo por lo enfermizas que llegan a ser algunas de las reacciones de los personajes, pues eso no es más que la consecuencia natural del camino emprendido por Kent. Es lo bien ejecutado que está su lado más realista lo que realmente ayuda a que lo sobrenatural resulte mucho más efectivo y también que su arriesgado desenlace encaje de forma precisa en la perspectiva que plantea Kent sobre los límites de lo que podemos hacer con nuestros grandes miedos.

Además, Kent enriquece el relato mediante el uso constante de metáforas sobre las dificultades para superar un hecho traumático y seguir adelante que prácticamente cualquier espectador debería ser capaz de asimilar, pero su sencillez no es nunca un obstáculo o un elemento que reste entidad a sus intenciones. De hecho, añade consistencia al drama psicológico que plantea y esto redunda en su capacidad para inquietar -o incluso asustar- al espectador, ya que hay ciertos miedos con los que todos podemos identificarnos, incluso cuando son llevados al extremo como sucede aquí.

En definitiva, ' Babadook' es una pequeña gran película de terror que no se conforma con ser solamente eso y que además cuenta con unas extraordinarias actuaciones de su dúo protagonista. Por si fuera poco, es la ópera prima de su directora y guionista, por lo que habrá que estar muy atentos a la carrera de Jennifer Kent. No os la perdáis.

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03 Jan 14:08

Photo



11 Dec 16:17

'Interstellar', el amor nos salvará

by Juan Luis Caviaro

Un fotograma de Interstellar

"El amor es lo único que podemos percibir que transciende el tiempo y el espacio." (Dra. Brand / Anne Hathaway)

Christopher Nolan lo ha vuelto a lograr. 'Interstellar' (2014) no tuvo el arranque esperado en taquilla, cosechando las peores cifras para un estreno del director desde 'Insomnio' (2002), pero poco a poco este ambicioso drama de ciencia-ficción está consolidándose como un rotundo éxito en todo el mundo (acumula casi 600 millones de dólares) y, ante todo, es una de las películas que más está dando que hablar este año. El estilo de este autor de blockbusters cautivará más o menos, como evidencia el reciente ninguneo de los Globos de Oro; su triunfo como cineasta es incuestionable.

Tanto la recaudación como los premios son asuntos secundarios, alimento y publicidad para los insaciables estudios de Hollywood que poco o nada tienen que ver con el cine. Debe interesarnos el impacto de la obra. Tras cerrar la trilogía de Batman con la entrega menos afortunada (aun así superior a la media de entretenimientos actuales), Nolan se atreve con el mayor reto de su carrera: su propia '2001'. La meta no era imitar a Stanley Kubrick sino crear una experiencia similar, sumergir al público en una desafiante aventura espacial. Solo por eso merece un aplauso.

Entre 'Origen' y '2001, una odisea del espacio'

Ambientada en un futuro próximo, 'Interstellar' plantea el inevitable final de la Tierra. Nuestro planeta se muere y mientras unos se preocupan por el presente, otros miran al futuro. Por una razón misteriosa que será desvelada más adelante, Cooper (Matthew McConaughey) llega hasta una base secreta donde la NASA busca un nuevo hogar para la especie humana. Están desesperados y le necesitan; Cooper acepta. Promete a su hija que volverá... pero deberá afrontar inimaginables peligros y terribles secretos (OJO a quiénes elige Nolan para los papeles de "villanos").

'Interstellar' fue durante años un proyecto para Steven Spielberg, y una vez vista es comprensible su interés en los temas que se tocan. Claro, habría resultado algo muy diferente, entre otros factores porque el guion original de Jonathan Nolan (en colaboración con el astrofísico Skip Thorne, acreditado como asesor científico y productor ejecutivo) fue reescrito cuando su hermano mayor tomó el mando. Christopher Nolan afirma que su principal trabajo fue seleccionar entre una vasta cantidad de ideas pero la película lleva su sello desde el primero hasta el último minuto.

Arranca con un plano muy similar al que abría 'El truco final: El prestigio' ('The Prestige', 2006) si bien es en 'Origen' ('Inception', 2010) donde encontramos mayores similitudes con 'Interstellar'. Sus protagonistas son padres viudos que, para volver con sus hijos, se ven obligados a liderar una misión prácticamente suicida donde traspasan los límites del tiempo y el espacio, en una frenética carrera con líneas de acción paralelas donde el amor es una de las claves para resolver el puzle. El propio Nolan confiesa que son casi reflejos: “una se expande del mismo modo que la otra se contrae”.

'Interstellar': la película más humana (y vulnerable) de Nolan

McConaughey en Interstellar

"La historia me interesó como padre, por encima de todo. Tener hijos afina totalmente tu sentido del tiempo y de su transcurso. Hay un deseo desesperado por aferrarse a momentos conforme tus hijos van creciendo." (Christoher Nolan)

Si queremos hundir la película, podemos. Con las superproducciones es sencillo; por mucha autoridad que tenga el director, la inversión depende de arrasar en taquilla y eso implica concesiones como simplificar conceptos, aumentar la dosis de acción o recortar metraje (algo que puede arruinar la atmósfera o la verosimilitud). 'Interstellar' pasa de puntillas por un primer acto plagado de pistas, información y motivaciones que pedía un tempo más relajado, en lugar de convertirse en un acelerado repaso a los antecedentes que llevan a la misión y condicionan a los protagonistas.

Hay numerosas escenas donde los personajes se comportan de manera absurda y artificial, forzados a decir o actuar de una forma determinada para que la película no se desvíe, Nolan vuelve a caer en el abuso de explicaciones, algunas tan obvias que provocan vergüenza ajena, esa locura del giro sorpresa que lo ata todo, el sentimentalismo exacerbado... Todo eso puede suponer una carga que impida disfrutar la odisea. Pero si das el salto de fe que te pide el cineasta, solo es ruido que queda en segundo plano (para ser analizado y discutido luego, si se quiere, fuera de la sala).

Para mí, todo lo que 'Interstellar' tiene de flojo, inverosímil, torpe o ridículo es barrido cuando Nolan concentra la atención en el drama y el dolor expresado vivamente por los actores (da en el clavo con la tragedia del paso del tiempo y la separación familiar, algo que todos compartimos) o cuando pisa el acelerador. Como en sus últimos espectáculos, las reservas a aceptar lo que sucede en pantalla se desvanecen ante el despliegue de una vibrante secuencia de acción precedida por un momento de crisis donde el protagonista afronta la posibilidad del fracaso...

Apelando a nuestro espíritu de lucha, a nuestra capacidad para superar límites, a soñar con lo que parece inalcanzable y mantener viva la esperanza en los instantes más difíciles, lo imposible se convierte en necesario (como dice Cooper) y de pronto estás subido a una montaña rusa donde no cuestionas nada, solo lo disfrutas. Con el potente apoyo musical de Hans Zimmer, Nolan logra que nos creamos una de las escenas más inverosímiles del año (algo así como un cowboy en un rodeo espacial) porque estamos clavados a la butaca, con los ojos como platos.

Cuando un solo visionado no es suficiente

'Interstellar' reúne lo mejor y lo peor de Nolan. Orquesta un viaje asombroso, estimulante tanto visual como emocional e intelectualmente, pero no puede evitar viejos vicios. Dentro de su filmografía queda un peldaño por debajo de 'Memento' y 'El caballero oscuro' ('The Dark Knight'), pero estamos ante uno de los mayores espectáculos de los últimos años, una experiencia para ser vivida en el mejor cine que tengáis disponible. Al menos una vez, porque es de las que "necesitan" más de un visionado. Solo el tiempo dirá si hemos asistido al nacimiento de un nuevo clásico.

4 estrellas

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25 Nov 09:55

Interstellar, a debate

by Cristian Campos
Juan Utrilla de Noriega

aún no lo he leído entero, pero por lo que he leído me parece que da un punto de vista de lo más interesante acerca no sólo de la película sino de cómo la gente suele reaccionar a cosas que o no entienden, o que en general ni siquiera tienen interés en intentar comprender, sólo destruir por necios

Escena de Interstellar. Imagen: Warner Bros. / Syncopy / Paramount Pictures / Legendary Pictures.

Escena de Interstellar. Imagen: Warner Bros. / Syncopy / Paramount Pictures / Legendary Pictures.

Este artículo contiene SPOILERS de Interstellar.

Cristian Campos: Juan José, tú eres físico de partículas, una disciplina muy próxima a la astrofísica. Es un privilegio poder debatir sobre Interstellar contigo. Me gustaría abrir la charla con una pregunta. Muchas de las críticas de la película dicen que esta es científicamente incorrecta, que no es realista. Pero Kip Thorne, astrofísico y asesor científico del director Christopher Nolan durante el rodaje, dice en su libro The Science of Interstellar que la película cumple dos requisitos. El primero, no incluir nada que viole leyes firmes de la física o nuestro conocimiento actual del universo. El segundo, basar todas sus especulaciones en ciencia real o en ideas que al menos algunos científicos respetables consideren posibles. Es un debate que se repite a lo largo y ancho de internet desde el estreno de la película, que como ya sabes cuenta con tantos partidarios entusiastas como detractores furibundos. ¿Es la ciencia de Interstellar realista? ¿Cuál de los dos bandos tiene razón?

Juan José Gómez Cadenas: Obviamente, la película se toma unas cuantas licencias, pero creo que son licencias aceptables desde el punto de vista científico. Por ejemplo, las ecuaciones relativistas tienen soluciones válidas que contienen agujeros de gusano. Por tanto, es imaginable que una civilización muy avanzada sea capaz de crear o amplificar esos túneles en el espacio-tiempo. Otro ejemplo son los efectos gravitarios —las enormes mareas, la dilación temporal— asociados a la vecindad del agujero negro, que también son correctos. De hecho, como bien mencionas, Kip Thorne ha escrito un libro sobre el tema. Lo primero que yo le recomendaría a cualquiera que quiera opinar sobre la física de Interstellar es que se lo lea.

Así que la respuesta a tu primera pregunta es muy clara. Los conceptos físicos que se manejan en la película se los ha pensado un notable científico y gran divulgador, Kip Thorne, y me parecen todos plausibles. Por supuesto, no tenemos ni idea de qué tecnología usar para abrir o mantener un agujero de gusano, o ni siquiera de si eso es posible, pero las leyes de la física no afirman que sea imposible. Por último, otros muchos detalles de la física en el espacio están también muy cuidados. 

Por otra parte, la narrativa ignora algunos hechos científicos «por necesidades de guion». Me explico. El satélite Kepler ha detectado, a día de hoy, del orden de mil planetas confirmados y más de tres mil candidatos. Los resultados de Kepler apuntan a que los sistemas solares son habituales en la galaxia. Si tenemos en cuenta que en la Vía Láctea hay cien mil millones de estrellas, no sería nada extraño que tuviéramos cientos de miles o incluso millones de planetas habitables —Kepler ya ha identificado algún candidato— y posiblemente bastantes de ellos a unos «pocos» años luz, entre veinte y cincuenta. En este contexto, resulta un poco extremo abrir un agujero de gusano para enviar a los protagonistas a visitar tres planetas, de los cuales dos están al lado de un agujero negro… ¡en otra galaxia! Este hecho es, posiblemente, el elemento de la trama que más forzado veo. 

C. C.: A mí ese detalle en concreto no me molesta demasiado. Si no me equivoco, con la tecnología actual y a la máxima velocidad posible jamás conseguida en el espacio nos llevaría casi cinco mil años llegar a Proxima Centauri, la estrella más cercana a nuestro sistema solar. Así que ya que el agujero de gusano es imprescindible en la película, enviar a los personajes a veinte o a dos mil años luz de distancia es una decisión de guion relativamente secundaria. Quizá los personajes necesitan ir tan lejos porque es en ese agujero negro donde esa civilización superior ha podido construir el teseracto en el que Cooper aprende a manipular la gravedad. O quizá es ese agujero negro y no cualquier otro el que conecta nuestro universo con el espacio supradimensional en el que habitan esos seres, la mole de la que se habla en la cosmología de branas.

J. J.: Sí, te doy la razón. Desde el punto de vista narrativo, hay varias maneras de justificar la trama, aunque quizás yo habría introducido una escena en la que los científicos de la NASA especularan sobre estos puntos:

Cooper: ¿A otra galaxia? ¿Hacía falta que nos mandaran a otra galaxia, habiendo tantos planetas habitables en esta?

NASA: Puede que «ellos» no hayan creado el agujero de gusano, sino que solo se limitan a mantenerlo abierto. El agujero lleva adonde lleva, lo tomas o lo dejas.

Cooper: ¿Y tenía que llevar al lado de un agujero negro? ¿No había un sitio mejor?

NASA: Quizás la presencia del agujero negro esté relacionada con la del agujero de gusano.

C. C.: Pero volviendo a las críticas. He querido empezar el debate con esa pregunta porque me ha sorprendido la facilidad con la que se pontifica en internet sobre temas que resultan complejos hasta para aquellas personas, como tú, que llevan toda su vida estudiándolos. Se estrena una película como Interstellar y de repente todo Twitter es astrofísico. Después rascas en esas críticas y te das cuenta de que están vacías, de que no hay nada debajo de su superficie. Son valoraciones sin discurso. Como mucho, intuyes que la película no ha gustado y que ante la incapacidad de argumentar el porqué de ese rechazo —porque que puedas escribir no significa que sepas escribir— se ha intentado vestir la crítica diciendo que la película es incoherente desde el punto de vista científico. Pocos de esos textos van más allá de la media estadística del resto de opiniones volcadas en el resto de internet. Que si la película es «estridente», que si «pesada», que si «rimbombante», que si «pomposa», que si «coñazo», que si «presuntuosa», que si una «mamarrachada», que si «pedante» y, mi preferida, que si «sentimental». Son calificativos que aparecen incluso en las reseñas positivas de la película, como si el redactor quisiera defenderse preventivamente de no se sabe bien qué acusación. ¿De la de haberse dejado llevar por sus emociones con una película que busca de forma evidente emocionar al espectador, quizá? Supongo que el modelo emocional correcto en 2014 es una cafetera Magefesa.

Curiosamente, ninguna de esas críticas supuestamente científicas hace hincapié en la especulación más aventurada de la película: la de que una plaga podría exterminar la práctica totalidad de los cultivos del planeta y convertir la atmósfera en irrespirable. Todos los biólogos consultados por Kip Thorne coincidieron en que esa es una posibilidad extraordinariamente remota. Pero como la de que la humanidad puede estar condenada por sus pecados ecológicos es una idea políticamente correcta que coincide con los prejuicios de muchas personas, nadie repara en ella y se da por perfectamente válida.

Escena de Interstellar. Imagen: Warner Bros. / Syncopy / Paramount Pictures / Legendary Pictures.

Escena de Interstellar. Imagen: Warner Bros. / Syncopy / Paramount Pictures / Legendary Pictures.

J. J.: Coincido contigo en varios aspectos.

El primero es la facilidad con que se descalifica hoy en día —en internet sobre todo, pero no solo en internet—, recurriendo al epíteto, o directamente al ataque ad hominem, sin molestarse en argumentar qué es exactamente lo que nos disgusta o nos maravilla de la película, libro u obra de arte en general. No es nada infrecuente que a una misma película, ya que estamos hablando de cine, se la tache de «sublime» en una crítica y de «bodrio» en la siguiente sin que en ninguna de las dos se explique en qué se sustentan los calificativos.

También me ha llamado bastante la atención lo rápidamente que la gente se pone a opinar del fundamento científico de la película, a menudo citando opiniones que han leído en fuentes secundarias. Se agradecería que todos estos opinadores leyeran antes el libro de Kip Thorne y luego explicaran exactamente en qué no están de acuerdo.

En cuanto a hipótesis aventuradas. Creo que la posibilidad de que algún día se pueda manipular un agujero de gusano es, con diferencia, la mayor especulación. Tanto es así que algunos autores de ciencia ficción entre los que me incluyo consideramos que el uso del agujero de gusano —WH en lo sucesivo— es un truco un poco sucio. Me explico: una civilización capaz de abrir un WH realmente tiene que estar muy, pero que muy avanzada, y por tanto resultaría incomprensible para nosotros, tanto tecnológica como socialmente. Serían como dioses. Ya conoces la frase de Arthur C. Clarke «toda tecnología lo bastante avanzada es indistinguible de la magia». De ahí que las óperas espaciales en las que la civilización intergaláctica dispone de la tecnología para atravesar el WH pero por lo demás sigue en las cavernas —entiéndase que en mi opinión nuestra civilización todavía está en las cavernas— me parezcan infantiles. Pero en eso, Interstellar, al igual que algunas de sus predecesoras, usa un buen recurso: la mano divina o civilización cósmica que proporciona la herramienta, el WH, y nada más. El recurso, además de resolver el problema que te planteaba, añade un discreto componente que roza la teología. Sustituye la civilización avanzada por «Dios» y el WH que nos abren por «ayuda divina», que sin embargo es limitada, dejando a la humanidad que decida por ella misma si quiere salvarse o no.

En cuanto a la plaga como causante del final del planeta, pues en efecto es una hipótesis que parece un poco extrema, pero en el fondo es equivalente a otra más plausible, en la que el cambio climático ha resultado en un planeta inhabitable. El problema aquí es que, por lo que sabemos, el cambio climático no va a resultar en un planeta infierno en unos pocos años o décadas. Incluso si se da una transición de fase, siempre quedarían regiones habitables. Por ejemplo, la Antártida —ese es uno de los temas que pretendo explorar en la saga de novelas que he empezado con Spartana— podría ser un vergel, mientras el resto del planeta se cuece.

Así que lo de la plaga en cierto modo es un atajo, otro WH, para que la acción se pueda mover deprisa y en un futuro cercano. Desde mi punto de vista, también aceptable. Entre otras cosas, por la manera brillante en que se presenta: la evocación del big dust, de la Gran Depresión y de Las uvas de la ira es más que clara.

Finalmente, un punto en el que me parece que das en el clavo. Las acusaciones de «sentimental» a la película, ¡como si hacer una película sentimental —sentimental=sentimientos— fuera un pecado! Curiosamente, yo creo que ese es uno de los puntos fuertes de Interstellar.

Quizá vale la pena aquí recapitular un poco y recordar, por poner un ejemplo cercano, la obra del mismísimo Clarke, que produce muchas novelas —entre otras, 2001: Una odisea espacial o Cánticos de la lejana Tierra— cuyo único defecto era, en mi opinión, una cierta frigidez. Clarke y muchos de su brillante generación, incluyendo al demiurgo Isaac Asimov, estaban tan ocupados contando las maravillas de la ciencia y la tecnología, que en ese momento estaban en plena erupción en el mundo, que se olvidan a ratos de que toda historia es la historia de un ser humano y que uno quiere saber cómo esa persona ha sido transformada —en la opinión de algunos sentimentales como el que suscribe, redimida— por lo que le ocurre. En este contexto, las novelas de Ursula K. Le Guin, en particular Los desposeídos: una utopía ambigua y La mano izquierda de la oscuridad, recuperan toda la dimensión humana, la emoción, los sentimientos. Y yo creo que Interstellar se inscribe en esa tradición. La ciencia que nos presenta —incluyendo la parte en la que se desliza a la metafísica y nos lleva, deliciosamente, a la Biblioteca de Babel, al interior del teseracto— es todo un placer. Pero la relación padre-hija —fíjate que la película tiene la inspiración de que esa sea la principal historia de amor, relegando el flirt romántico a segundo plano— me parece todo un acierto. ¿Es sentimental darse el lujo de revivir las líneas de Dylan Thomas «rage, rage, against the dying of the light»? A mí me conmovieron más que el WH.

Por contextualizar un poco, Contact, con la que Interstellar tiene muchos puntos en común, también trata de compaginar una buena y arriesgada historia de ciencia ficción con la redención de un ser humano. Y lo hace muy bien, pero a mí la fórmula padre-hija de Interstellar —date cuenta de la belleza con la que la película te plantea dos historias de amor padre-hija— me parece muy, pero que muy acertada.

Escena de Interstellar. Imagen: Warner Bros. / Syncopy / Paramount Pictures / Legendary Pictures.

Escena de Interstellar. Imagen: Warner Bros. / Syncopy / Paramount Pictures / Legendary Pictures.

C. C.: Exacto. A eso me refería cuando te decía que determinadas críticas de Insterstellar me parecen superficiales. No entiendo muy bien a qué se refieren algunas personas cuando dicen que la película es sentimental. Sentimental es El Padrino, que logra que salgas del cine con una visión romántica de la Mafia cuando esta es en realidad un mundo cerrado, endogámico, autárquico y solitario en manos de los individuos más lerdos y destripaterrones de las castas rurales de la Italia profunda. ¿Sabes la cantidad de manipulación emocional necesaria para lograr que el fratricidio, la extorsión y los crímenes de El Padrino le resulten atractivos al espectador? Es una idealización como cualquier otra. Quítale el montaje, el maquillaje, el vestuario, el actor carismático y la banda sonora de Nino Rota a El Padrino y tienes uno de esos vídeos terribles de YouTube grabados por una cámara de vigilancia en los que se puede ver un tiroteo real en una calle napolitana. Ese vídeo es la realidad y cualquier imagen que pretenda adornar eso en una pantalla de cine será «sentimental». Pero es que incluso en el caso de que el director pretenda mostrarte la zafiedad de un asesinato real no va a tener más remedio que caer en una estilización de la zafiedad, en una zafiedad de diseño. Al lado de eso, la manipulación necesaria para que te emociones con la historia de una hija que llora a su padre es infinitamente menor.

Pero es que a mí me parece evidente que el objetivo de Christopher Nolan en Interstellar es emocionar al espectador. Y emocionarlo a tres niveles diferentes.

En el primer nivel, que ha pasado desapercibido a mucha gente, Nolan presenta un planeta devastado en el que son los burócratas los que deciden quién va y quién no va a la universidad porque se prefiere a cien granjeros analfabetos antes que a un científico genial; en el que la NASA, el paradigma de la excelencia, es una organización casi clandestina; en el que los New York Yankees se han convertido en un puñado de aficionados que apenas logran batear la pelota; en el que han desaparecido las tecnologías médicas que permitían salvar la vida de millones de personas; y en el que han triunfado las tesis más ridículas de los conspiranoicos, como la de que las misiones lunares fueron una pantomima para engañar a los soviéticos y conducirlos a la ruina. Es un mundo conquistado por la mediocridad y la resignación y en el que se ha exterminado toda excelencia. La excelencia asociada a la fe en el progreso, la ciencia y la tecnología. Y frente a ese mundo de medianías que solo pretenden conservar lo que tienen, frente a ese mundo de funcionarios y de granjeros, Nolan opone la figura del pionero, del aventurero, del explorador. Interstellar es un alegato a favor de las misiones espaciales, de la tecnología y de la fe en el ser humano en detrimento de la política. Aquellos que dicen que Interstellar no tiene profundidad intelectual deberían prestar atención a este punto.

J. J.: Aquí te tengo que contestar ya, porque estoy saltando en la silla. Fue EXACTAMENTE eso lo que más me emocionó. Yo creo que el problema de la mediocridad lo tenemos ya encima y no nos damos cuenta. Te pongo como ejemplo la inversión en ciencia. Cada euro que echas a la hucha de la ciencia te vuelve multiplicado por millones. Y digo «millones», literalmente. Todo lo que nos rodea, desde Skype, que te permite hablar con tu gente en cualquier parte del planeta —hasta hace poquísimo tiempo hablar por teléfono no era gratis como ahora: costaba una fortuna—, hasta el PET que te detecta un cáncer, la quimioterapia que te lo cura, el avión que te lleva de vacaciones o a trabajar, el ordenador sin el que no puedes vivir, las técnicas agroalimentarias que permiten alimentar a los miles de millones de personas que vivimos en el planeta, TODO, se lo debemos a la ciencia y a la tecnología que viene de su mano. Y, sin embargo, nuestra sociedad no quiere invertir en ciencia, no quiere pagar investigación básica porque descubrir el bosón de Higgs o que el neutrino es su propia antipartícula «no sirve para nada» —cuando algunos de los descubrimientos más dramáticos de la historia, como la penicilina, los rayos X, el transistor o la web, por no remontarnos hasta la electricidad, ocurren como consecuencia directa de la ciencia básica—. Esa ceguera, que posiblemente nos lleve a cerrar el CERN o la NASA —todavía no estamos ahí, pero si continúa la tendencia no tardaremos en llegar a ese punto—, es la misma que ha condenado al planeta a muerte en la película de Nolan. Es la auténtica plaga, mucho peor que los parásitos que destrozan los sembrados.

Nolan deja clarísimo un mensaje que muchos compartimos. La esperanza de la humanidad está en el progreso y en la exploración, exterior e interior. Aprender más de la naturaleza y de nosotros mismos, aprender a manejar mejor los recursos del planeta, entender mejor el cerebro, la inteligencia, la fisiología, la ecología, la física… y buscar otros hábitats. En esta época en la que parece que lo único que se pueda hacer con el dinero es quemarlo en casinos financieros, quizás un programa espacial —explorar Marte, minería en los asteroides, estaciones flotantes en los puntos de Lagrange donde aprendiéramos a vivir fuera del planeta— podría reactivar la economía y dar ilusión a las nuevas generaciones. Nolan se rebela contra una sociedad que está retrocediendo al medioevo, a la superstición, contra una sociedad que se resigna y que se está echando, ella solita, la soga al cuello.

Escena de Interstellar. Imagen: Warner Bros. / Syncopy / Paramount Pictures / Legendary Pictures.

Escena de Interstellar. Imagen: Warner Bros. / Syncopy / Paramount Pictures / Legendary Pictures.

C. C.: El segundo nivel emocional desde mi punto de vista es el de las relaciones sentimentales entre los personajes. Tú lo has dicho casi todo al respecto, así que solo añadiré que a mí Interstellar se me caería de las manos sin la escena en la que Cooper se aleja de la granja en su camioneta, tras el rechazo de su hija, y levanta la manta del asiento con la esperanza de que esta se haya escondido debajo. O sin el tan criticado monólogo de la doctora Brand sobre el amor como entidad física que va más allá de su mera función social. Me gustaría que aquellos a los que ese monólogo les parece ridículo me explicaran, en términos estrictamente científicos, qué función evolutiva cumple el amor que no esté ya cubierta por el sexo, el instinto de protección de las crías o la religión. Evidentemente hay una respuesta no metafísica a esa pregunta, pero me gustaría verlos salir del laberinto por sí solos.

J. J.: Me resulta curiosísimo que se critiquen, en particular, las metáforas poéticas inspiradas en la ciencia. Aparentemente, es válido decir «el amor mueve montañas» —aunque es un cliché más viejo aún que «en la boca del lobo»— pero se puede criticar una frase como «el amor es la única fuerza que puede romper los límites del espacio-tiempo». Uno detecta aquí cierto prejuicio que me atrevería a llamar «de letras». Aceptamos la rosa como sujeto poético pero no una estrella de neutrones. Eso no puede ser un objeto bello por su conexión con la ciencia. ¿No será que no nos hemos molestado en entender la belleza —inmensa, por cierto— de esos objetos, de esas nuevas ideas? Afirmar que el amor puede romper los límites del espacio-tiempo es bastante más elegante y original que otras formulaciones que ya nos sabemos —«el amor puede más que la muerte», etcétera—. Pero nada: parece que el espacio-tiempo solo se pueda mencionar poniendo cara de estreñimiento y vistiendo bata blanca.

C. C.: Y ahí conectas con el tercer nivel, el de la emoción científica. Desde mi punto de vista, la película es una fábrica de futuros astrofísicos. Solo un ciego negaría que Interstellar es, en este aspecto, una de las películas más apabullantes jamás filmadas. Y lo habría sido incluso más si Nolan hubiera decidido ser 100% fiel a la realidad de un agujero negro supermasivo como el de la película. Explica Kip Thorne en el libro The Science of Interstellar que un agujero negro de ese tamaño colosal ocuparía 180 grados de visión visto desde el planeta de Miller, el de las olas gigantes. Es decir la mitad del cielo. Nolan decidió que la imagen de una «pared» que ocupara el 50% del cielo sería demasiado difícil de entender para los espectadores y optó por representar el agujero negro a un tamaño mucho menor del que le corresponde. Pero a pesar de la decisión de Nolan, la película es un festín para los aficionados a la astrofísica.

J. J.: Completamente de acuerdo. Todavía se podían haber dado algunas vueltas de tuerca más. Por ejemplo, jugando con el horizonte de sucesos: el tipo que cae en un agujero negro nunca deja de caer desde su punto de vista ya que el tiempo, para él, se detiene, mientras que un observador exterior sí le ve desaparecer. Pero Nolan ya nos deleita lo suyo con esas olas gigantes o ese teseracto maravilloso.

Pero ahora es mi turno de preguntar. A pesar de lo que disfruté de la ciencia de la película, cuando me doy cuenta de que Nolan ha tenido la santa cachaza de meterme a Cooper en la Biblioteca de Babel, casi me desmayo. Para mí, la referencia a Borges no puede ser más directa y el juego de manos es prodigioso. Ciencia hasta que me caigo en el agujero negro y me abren el teseracto —como te comentaba, ahí hay varios elementos que se podrían haber aprovechado: el tiempo se ralentiza, las dimensiones se alargan, hay todo tipo de distorsiones que se podrían haber plasmado—. Y a partir de ahí se plantea, jugando con licencias poéticas, una metáfora visual sin renunciar al discurso científico. Cooper acaba por mandar las ecuaciones cuánticas del agujero negro en morse, ¡al reloj de su hija! Seguro que más de cuatro habrán especulado lo improbable que es esa solución, olvidándose de la improbabilidad global: el tipo está en un teseracto cuadrimensional que acaba de salvarle de que le engulla un agujero negro.

¿Cómo lo ves tu? En mi opinión, esas licencias funcionan. En el momento en el que entramos en la Biblioteca de Babel aceptamos un elemento casi onírico que puede ser más una representación de la realidad que se hace el propio Cooper que la realidad en sí misma —cualquiera se atreve a hablar de la realidad en esas circunstancias—. Esta parte me parece muy arriesgada y original, un auténtico experimento que mezcla literatura y ciencia.

Escena de Interstellar. Imagen: Warner Bros. / Syncopy / Paramount Pictures / Legendary Pictures.

Escena de Interstellar. Imagen: Warner Bros. / Syncopy / Paramount Pictures / Legendary Pictures.

C. C.: A mí me parece una solución brillante tanto a nivel narrativo como simbólico. Narrativamente, porque es evidente que ningún ser humano de nuestra época o de un futuro cercano sería capaz de entender, al menos a bocajarro, la física asociada a dimensiones extra. Si yo, ser superior con respecto a un pez, intentara hacerle entender a este que existe un universo entero fuera de su pecera, probablemente utilizaría referentes que él pudiera entender. Referentes acordes a su experiencia y a su nivel de inteligencia. O dejaría que fuera su cerebro el que escogiera de forma inconsciente aquel escenario que más puede ayudarle a entender lo que quiero transmitirle. Es el mismo concepto del dormitorio neoclásico de 2001: Una odisea del espacio y del «padre» de la doctora Arroway en Contact.

Simbólicamente, la metáfora de la biblioteca me parece redonda. En un planeta Tierra en el que los libros de ciencia han sido prohibidos o considerados «obsoletos», son esos mismos libros los que, físicamente, nos transmiten las primeras señales de que existe un espacio cuadrimensional, o pentadimensional si consideras el tiempo como una dimensión más, más allá de nuestro universo.

Y aquí hay una segunda metáfora interesante: la ecuación es transmitida por Cooper a su hija a través de las manecillas de ese viejo reloj analógico que tú has mencionado. ¿Por qué no uno digital, con el que resultaría mucho más fácil transmitir esa misma fórmula? Por dos razones. Primero, porque Nolan nos está diciendo que el pasado importa, que todo lo que hemos sido en el pasado nos conduce a lo que seremos en el futuro. Y en segundo lugar, porque el reloj analógico, al contrario que el digital, está cargado de emociones. El reloj analógico «pesa» porque es el vínculo emocional que une a Murph y a su padre. De ahí la frase de «el amor es la única fuerza que puede romper los límites del espacio-tiempo». Esa frase no es una simple proclama new age sacada de una galletita china de la suerte: es la clave de la resolución de Interstellar y tiene consecuencias prácticas, físicas, reales, en la película.

Por otra parte, ¿qué motivación puede tener una civilización de seres superiores para ayudar a una especie inferior como la nuestra? Aquí, como tú decías antes, Nolan introduce un elemento de debate muy interesante, casi religioso: el de que la distinción entre un dios que «crea» el espacio y el tiempo y una civilización superior capaz de «dominar» ese espacio-tiempo es nula en la práctica. Lo que está diciendo Nolan en Interstellar, su mensaje final, es que la humanidad está destinada a controlar el espacio-tiempo, a convertirse en su propio dios. No existe un dios creador ajeno a nosotros: es la propia humanidad la que ha creado el universo en el que esa misma humanidad nacerá y evolucionará hasta alcanzar el conocimiento necesario para crear el universo en el que esa misma humanidad nacerá y evolucionará hasta crear el universo en el que etcétera. Es un bucle infinito de creación y de acceso gradual al conocimiento total. El multiverso que sugieren algunas teorías inflacionarias. Y por eso los seres superiores de Interstellar ayudan a Cooper y a Murph: para que no se interrumpa ese ciclo infinito de creación. Lo repito de nuevo: aquellos que creen que Interstellar es una «mamarrachada» deberían verla de nuevo porque creo que se les está escapando algo.

Y aquí me gustaría hacerte una pregunta. Has publicado en Jot Down un relato corto que gira alrededor de esta misma idea, Universo 2.0. Desde un punto de vista estrictamente científico, y suponiendo que la humanidad llegara algún día a alcanzar el conocimiento necesario para dominar el espacio y el tiempo, ¿sería factible la creación de un nuevo universo? Y en el caso de que eso fuera posible, ¿las leyes físicas de ese universo serían azarosas o podrían estar determinadas de antemano? Es decir, ¿ese universo podría ser «diseñado» a priori para albergar vida?

J. J.: La idea es vieja. No sé si es Isaac Asimov quien la introduce por primera vez, pero yo la leí en uno de sus relatos cuando aún era un zagal. La humanidad crea un gran superordenador y le pregunta si hay dios. El ordenador contesta que le faltan datos para responder esa pregunta. Poco a poco, la humanidad y el gran ordenador crecen y evolucionan juntos. La humanidad se expande por la galaxia y el universo, pero la respuesta a la pregunta sigue siendo la misma: «Faltan datos». El universo evoluciona y se va enfriando poco a poco, como de hecho le va a pasar a este. La humanidad se «funde» con el gran ordenador y dejan de ser entes separados, pero este —que ya no existe físicamente en silicio, sino desparramado por el universo— no deja de evaluar la cuestión hasta que, un instante antes de que el universo se extinga, da con la solución para crearlo de nuevo y con la respuesta a la pregunta: «Ahora sí».

En Universo 2.0 se plantea un giro de tuerca asociado con el hecho de que la cosmología moderna nos plantea misterios realmente extraños, como el de la materia y la energía oscura, el de la ausencia de antimateria, etcétera. Uno no puede por menos que recordar las herejías gnósticas, en las que Dios es imperfecto y su poder limitado, e imaginar que el universo en el que vivimos contiene «chapuzas» que se reflejan en algunas de las observaciones que la cosmología nos revela y que delatan al Dios o a los programadores.

La idea de que somos nosotros mismos quienes acabamos por evolucionar hasta la divinidad —o, si se quiere, la inteligencia y el sentimiento— del universo es muy atractiva y yo diría que hay una «prueba» extra de esta hipótesis. A saber, la famosa paradoja de Fermi: «¿Dónde están?». Fíjate que la Tierra parece ser un planeta relativamente corriente, en una estrella cualquiera, de una galaxia entre miles de millones. Esto nos lleva al concepto de vulgaridad. No debería haber nada especial en nosotros. Pero entonces, si somos una civilización corriente, podría haber millones de civilizaciones corrientes en la galaxia y algunas de ellas mucho más avanzadas que la nuestra, al igual que un jugador corriente de ajedrez, con ELO 1500, sabe que hay millones de ajedrecistas como él, pero también bastantes que son mucho mejores y unos pocos muy, muy superiores. Pues bien: esas civilizaciones de ELO 3000 deberían de haber colonizado ya la galaxia o, como mínimo, haber dejado rastro de su presencia. Y por todo lo que sabemos, estamos solos en la Vía Láctea. Este es un resultado que no te esperarías y que está en contradicción aparente con el principio de mediocridad. Podría darse el caso de que las civilizaciones sean raras y no coincidan en la misma ventana temporal, o de que en la galaxia todo el mundo esté callado —o bien porque es un sitio salvaje o bien porque es un club reservado—, pero también podría darse el caso de que seamos la primera civilización tecnológica de la galaxia, aquella que algún día, con ELO 3000, ayudará a evolucionar a otras civilizaciones… o puede que a nosotros mismos.

Escena de Interstellar. Imagen: Warner Bros. / Syncopy / Paramount Pictures / Legendary Pictures.

Escena de Interstellar. Imagen: Warner Bros. / Syncopy / Paramount Pictures / Legendary Pictures.

C. C.: He leído algún comentario sobre Interstellar en el que se dice que Nolan ha introducido en la película decenas de detalles innecesarios para aumentar la comercialidad de la película y hacerla digerible para el público masivo. Por ejemplo el robot TARS, que funciona como elemento cómico que aligera la densidad de la película en determinados momentos. Eso es cierto, pero es solo una parte de la historia. Ese tipo de comentario infravalora el trabajo inmenso, de centenares de personas, que existe detrás de una película como Interstellar. Como si las decisiones se tomaran en un bar a base de ocurrencias y con el vaso de tubo en la mano. «¡Eh! ¿Por qué no metemos un robot que cuente chistes? ¡Para aligerar toda la cháchara científica y tal!».

Me sorprende la facilidad con la que completos desconocidos pontifican en internet sobre detalles que han infravalorado. Es el viejo «todos tontos menos yo». Explica Kip Thorne, por ejemplo, cómo le sorprendieron las preguntas que Anne Hathaway, que a primera vista podría parecer la arquetípica actriz frívola y artificiosa de Hollywood, le hizo antes de empezar el rodaje de la película. ¿Cuál es la relación del tiempo con la gravedad? ¿Por qué creemos que pueden existir dimensiones superiores? ¿En qué punto se encuentran las investigaciones sobre gravedad cuántica? Son preguntas clave, extraordinariamente difíciles de contestar incluso para un experto en astrofísica como Kip Thorne. Solo dos ejemplos más al azar: Oliver James, el jefe del equipo de efectos visuales de la película, es licenciado en Física Atómica y experto en la teoría de la relatividad especial de Einstein. Eugénie von Tunzelmann, jefa del departamento de arte encargado de transformar las ecuaciones y los códigos informáticos creados por Kip Thorne y Oliver James en imágenes para Interstellar, es licenciada en Ingeniería por la Universidad de Oxford y especialista en ingeniería de datos y ciencia computacional.

Así que volviendo al ejemplo anterior: TARS funciona como elemento cómico, es cierto. Pero también cumple otras funciones en la película. TARS es un robot metacognitivo. Es decir que tiene la habilidad para pensar acerca de sus propios pensamientos. Es el primer paso de la humanidad hacia la creación de vida inteligente. Hacia la creación de universos enteros y su conversión en dios. Y eso sin entrar en el hecho de que el humor es una característica del ser humano extraordinariamente difícil de explicar desde el punto de vista de la neurociencia. El humor es un claro signo de inteligencia avanzada. El hecho de que TARS tenga sentido del humor te está diciendo que la frontera entre la creación de meros objetos —una silla de plástico— y la creación de vida está a punto de ser franqueada por el ser humano.

J. J.: Completamente de acuerdo y también un clásico. La referencia a los robots de Isaac Asimov y la inversión narrativa con respecto a HAL es muy clara. Por supuesto que es un elemento cómico y amable que aligera la narración —otra referencia obligatoria: La guerra de las galaxias—. No entiendo por qué utilizar técnicas narrativas perfectamente decentes molesta a esos «críticos». Supongo que se quejarían de que la película es un tostón sin el robot y se quejan de lo contrario cuando lo introduces. Por otra parte, me resulta familiar la facilidad con la que determinados críticos, que han pensado en el tema, el contenido y los recursos narrativos de una película como Interstellar durante treinta segundos, se descuelgan con estupendos juicios que, por otra parte, no tienen más valor del que queramos darles. La marea de internet se lo lleva todo hoy día, pero yo creo que Insterstellar es un hito en el género. Si no, al tiempo.

Escena de Interstellar. Imagen: Warner Bros. / Syncopy / Paramount Pictures / Legendary Pictures.

Escena de Interstellar. Imagen: Warner Bros. / Syncopy / Paramount Pictures / Legendary Pictures.

C. C.: Esa «marea de internet» a la que aludes enlaza con algo de lo que se habla en la película. Te pongo un ejemplo. Antes de lanzarme a este debate, yo he visto la película dos veces. La primera para disfrutarla con el estómago y la segunda para analizarla con la cabeza. Después me he leído decenas de críticas y artículos. Este artículo del New Yorker, por ejemplo. O este artículo de Wired. O la crítica de The Guardian. O este artículo de Slate. Después me he leído The Science of Interstellar de Kip Thorne. Y después he contactado contigo, un físico de partículas, no con un aficionado al cine cualquiera, para debatir sobre ella. No sé si el resto de personas que opina sobre Interstellar ha hecho lo mismo.

J. J.: Claramente no.

C. C.: Y ya sé que hoy en día se escribe rápido, es decir mal, y que es hasta de mala educación recordarlo. Nada que objetar al respecto: la precisión y la profesionalidad cotizan a la baja y solo queda adaptarse al nuevo paradigma como los granjeros de Interstellar se adaptan a la plaga cultivando maíz en vez de trigo.

J. J.: Pues no. Yo no pienso adaptarme y espero que tú tampoco. Y puestos a pedir, ruego que Jot Down tampoco lo haga. Aquí viene a cuenta que te cite la línea de Dylan Thomas, «rage, rage, against the dying of the light». Yo no pienso rendirme a la tontería.

C. C.: Yo añoro los tiempos en los que los periodistas decían cosas. Porque escribir en Twitter que «Interstellar es como Ghost pero en el espacio» puede ser ingenioso y hasta divertido para según qué especímenes humanos, pero no aporta nada, no concede nada. Es un chiste de troll de codo en barra que empieza y acaba en sí mismo y que deja a su espalda un terreno aniquilado por las llamas en el que jamás volverá a crecer una opinión sincera. Tras el chiste, solo queda cerrar el debate y pasar con resignación a otro tema con la esperanza de que el troll no le pegue fuego también. Ese es el poder del troll digital: el de erigirse a voluntad en el emperador de su pequeña autarquía de las chorradas.

J. J.: Pero el crimen viene con el castigo. Le das a un botón y lo aniquilas.

C. C.: Quizá, pero la ventaja de este espécimen tan siglo XXI, lo que explica la prevalencia de sus aspavientos frente al análisis meditado, es que el lector medio no suele tener ni el tiempo ni las ganas de aventurarse mucho más allá de la capa más superficial de sus lecturas. Jauja para el totalitarismo de la mediocridad. Ni en sus mejores fantasías podía soñar el troll digital con una masa de cientos de miles de lectores capaces de felicitarle, muy seriamente, porque su ocurrencia de ciento cuarenta caracteres «expresa exactamente lo que yo tengo en mi cabeza». ¡Pues qué cabeza más pequeña la de ese público cautivo de su falta de imaginación!

Y digo que esto enlaza con uno de los temas que plantea la película porque no creo que ande muy lejano el momento en que el que las masas amontonadas en Facebook o en Twitter determinen, en función de su capricho del momento, si la NASA cierra o continúa en activo. ¿Cómo ve un científico como tú la vulgarización intelectual de ese público digital que es incapaz de leer textos de más de quinientas palabras pero que sí es capaz de mover voluntades políticas por la simple fuerza de su número? ¿Temes un futuro en el que solo haya dinero para investigaciones científicas bonitas y divertidas pero inanes, es decir para proyectos fácilmente viralizables dirigidos por científicos jóvenes, guapos, televisivos y carismáticos?

J. J.: No estoy seguro. Tengo la sensación de que la gente no es ni tan tonta ni tan trivial como parece —o parecemos, porque me incluyo— en la metavida pseudosocial del hiperespacio. Una cosa es darle al «Me gusta» en Twitter o en Facebook y otra jugarse las habichuelas. Y yo creo que 1) el ciudadano de a pie siente un intenso interés por la ciencia, y 2) tiene conciencia de que la ciencia es un motor de progreso y de futuro para él y sus hijos. Es verdad, y ya lo he mencionado antes, que existe una fuerte tendencia en nuestra sociedad, que los políticos y sus decisiones reflejan todos los días, a mirarse el ombligo y pedir panem et circenses, gratis por supuesto, en todos los ámbitos. Pero digamos que temo más el cortoplacismo —el no darse cuenta de que la inversión en ciencia básica de ayer es la revolución tecnológica de mañana, el conformarse con pan para hoy y miseria para el futuro— que la banalización. Pero es cierto que en este brave new world en el que vivimos, las reglas del juego ya están cambiando. Cuando yo hacía la tesis en el CERN, los jóvenes doctorandos y posdoctorandos éramos poco menos que monjes. Trabajábamos las veinticuatro horas del día y éramos feos, autistas y malencarados. Ahora el CERN ha producido toda una nueva generación de smooth operators muchos de los cuales son, en efecto, muy fotogénicos. Pero no estoy seguro de que nada de eso sea muy grave. Una cosa es enseñar las plumas y otra descubrir la relatividad general —o escribir las Elegías de Duino, o pintar el Guernica—. Internet quizá amplifica la pantomima, pero creo que al final el ciudadano de a pie sabe distinguir entre drama y sainete.

C. C.: Y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, y ya que tú eres escritor de ciencia ficción, me gustaría preguntarte cuáles son tus recursos para lograr despertar solo con palabras el mismo tipo de emoción científica que despierta Nolan en Interstellar con sus imágenes. Porque ahí los escritores tenéis todas las de perder. ¿O no?

J. J.: No, no creo que tengamos las de perder. Por invertir el tópico, te diría que una palabra vale más que mil imágenes. Cierto, el cineasta tiene maravillosos recursos a su alcance, pero Tolstoi es capaz de arrancar Ana Karenina quitándonos el hipo con su célebre frase «Todas las familias felices se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera», Flaubert nos demuestra que el pobre marido de Madame Bovary es tonto de capirote sin hablar de él —se limita a describir su sombrero—, y Rilke invoca ángeles terribles —«Pues la belleza no es sino el principio del terror, y nos maravillamos cuando, serenamente, desdeña aniquilarnos»— que no estremecerían tanto en imágenes. Cada rama del arte tiene sus recursos. Aunque también te digo que el cine es maravilloso. Puedes echar al mismo caldero la práctica totalidad de las técnicas dramáticas y aderezarlo con música, imaginería, efectos especiales… Sí, la verdad: en mi próxima vida, quiero ser ayudante de Nolan.

19 Nov 12:28

Christopher Nolan aclara parte de 'Interstellar' en un cómic

by Juan Luis Caviaro

Una imagen del comic de Interstellar

Curiosa maniobra de Christopher Nolan para aclarar parte de la trama de su última película, que a pesar de no arrasar en la taquilla de Estados Unidos está siendo un triunfo internacional y (lo mejor de todo) está generando toda clase de debates y discusiones. El célebre director, contrario a incluir escenas eliminadas o extendidas en las ediciones domésticas de sus trabajos, ha decidido escribir un cómic que sirve como precuela de 'Interstellar'.

*NO SIGAS LEYENDO sin haber visto 'Interstellar', hay SPOILERS.

Ilustrada por Sean Gordon Murphy, la obra se titula 'Absolute Zero' y cuenta una breve historia centrada en los personajes del Dr. Mann (Matt Damon, uno de los mayores aciertos de casting de Nolan) y su robot KIPP. A través de 8 páginas se explica y se adelanta lo que ocurrirá en una de las escenas más sorprendentes de la película, después de que los protagonistas lleguen al planeta helado, con la esperanza de haber encontrado un nuevo hogar para la especie humana...

Para leerlo (lamentablemente solo está en inglés) debéis entrar en Wired, que posee la exclusiva.

PD: Como complemento, os dejo un vídeo donde el popular científico Neil deGrasse Tyson (presentador de la nueva versión de 'Cosmos') explica el controvertido final de 'Interstellar':

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La noticia Christopher Nolan aclara parte de 'Interstellar' en un cómic fue publicada originalmente en Blog de cine por Juan Luis Caviaro .








10 Nov 19:30

De 'Viaje a la Luna' a 'Interstellar'

by Juan Luis Caviaro

En la ciencia-ficción, el único límite del ser humano es la imaginación. Con motivo del estreno de 'Interstellar', que solo por los debates que está generando ya puede considerarse un triunfo de Christopher Nolan, resulta inevitable hacer un repaso a otras películas donde se abandonaba el planeta Tierra en busca de nuevos retos y horizontes; el estupendo vídeo que tenéis arriba resume en unos 3 minutos la historia de los viajes espaciales plasmados en el cine.

Al ritmo de los temas 'Fairy Flash' (de François Rousseau) y 'Not On My Watch' (de Jacob Shea, Billie Ray y Bruce Fingers), el vídeo recopila escenas que van desde 'Viaje a la Luna' (Georges Méliès, 1902) a 'Interstellar' (2014), pasando por '2001: Una odisea del espacio' (Stanley Kubrick, 1968), 'Apollo 13' (Ron Howard, 1995) o 'Gravity' (Alfonso Cuarón, 2013), entre muchas otras, resultando un vibrante montaje que hará las delicias de los aficionados al cine fantástico y la exploración del espacio exterior. ¿No os dan ganas de volver a verlas todas?

En BlogdeCine:

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