Shared posts

24 Nov 23:38

Photo



23 Nov 17:35

Guillermo Solana: «Para la cultura, la gran tragedia de esta crisis es la quiebra de las cajas de ahorros»

by E.J. Rodríguez

1

Pese a su vocación de profesor universitario, profesión que ejerció durante veinticinco años, Guillermo Solana es actualmente conocido por ser el director artístico del Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid y en consecuencia una de las figuras más importantes del mundillo del arte. Aunque durante los últimos meses ha ganado particular notoriedad por sus curiosas iniciativas didácticas en Twitter —que se acaban de recopilar y publicar en formato libro—, antes de eso no era ni mucho menos un rostro desconocido en los medios. A su pesar, según confiesa.

Es una mañana soleada y fresca en Madrid, como de extraño reverso especular de la primavera. Guillermo nos recibe en su pulcro despacho del Thyssen y pese a lo ajetreado de la jornada se presta a que la charla vaya fluidamente de aquí a allá: de la pintura a la música, del cine a la política, del análisis social al de los medios de comunicación, del pasado del arte al futuro de los museos e incluso a los «reality shows» que, según Guillermo, terminarán sin duda protagonizando los políticos. (¿Qué tal crear un programa llamado “Pesadilla en el museo”?). O si salvaría usted antes una obra de arte que a un animal vivo, o por qué al público le gusta tanto el impresionismo. O si debería a usted gustarle el arte nazi. En el corazón —o en el cerebro, porque el corazón son las salas repletas de cuadros— de un edificio consagrado fundamentalmente al arte pictórico, intentamos cultivar también el arte de la conversación. O el de la entrevista, que no deja de ser una conversación en donde uno de los dos interlocutores guarda la ropa mientras permite que el otro se zambulla en el agua en solitario.

Lo convencional, supongo, sería empezar preguntando por algún aspecto relacionado con el funcionamiento del museo. Pero creo que será mejor intentar pillarte desprevenido con una pregunta que requiera una respuesta bastante más abstracta: ¿cómo distinguimos una obra de arte de algo que no lo es?

No hay un único criterio. En realidad hay muchas definiciones distintas de arte. Los alumnos de la facultad solían preguntarlo a menudo: «¿esto es arte o no es arte?». Lo que suelo decirles es que, desde un punto de vista institucional, «arte» es lo que ha sido producido por un artista, se expone en una galería de arte o en un museo, se publica en catálogos, participa en subastas, etc. Hay unos criterios puramente externos, sociológicos. Pero a veces utilizamos la palabra «arte» con un sentido valorativo y lo que estamos diciendo es que estamos viendo algo admirable. Y claro, desde ese punto de vista, no todo lo que se define sociológicamente como arte es digno de admiración. Es tan sencillo como esto. Y esto es lo que produce a veces un cortocircuito en la gente: hay que explicarles es que una cosa es que algo sea arte, y otra cosa es que sea buen arte, que sea arte de calidad, arte recomendable. Un lienzo en blanco puede ser perfectamente arte si pasa por los filtros y los trámites institucionales previstos. Ahora bien, ¿un lienzo en blanco es buen arte? Pues no, en principio no tiene mayor interés que el del choque conceptual o la sorpresa, ¿no? Pero nada más.

Entonces, ¿estarías de acuerdo o no en calificar como arte disciplinas como el ajedrez, el fútbol, el boxeo o incluso la tauromaquia?

No son arte en el sentido institucional de la palabra, por lo menos por ahora. Los toros tienen un lugar muy particular, separado, y eso se debe obviamente a que no forman parte de la clasificación internacional de las disciplinas, porque las corridas de toros suceden en España, Portugal, sur de Francia, México y pocos sitios más. Pero podría suceder que algún día estuviesen entre las bellas artes. En cualquier caso, tanto en el ajedrez como en el toreo como en otras disciplinas hay un componente artístico en la medida en que existe ese componente valorativo del que te hablaba: hay una consecución admirable, qué talento tiene el que ha hecho esto. Pero desde ese punto de vista, también en un artículo científico hay arte, y hasta en un atraco puede haber arte, ¿no? Si técnicamente hay algo de admirable en aquello, si el oficio de quien lo ha hecho es asombroso, entonces decimos «qué arte tiene». Incluso aunque el producto no tenga nada que ver con lo que llamamos «bellas artes». La gente se enreda mucho con esto pero son problemas de análisis de términos que se despejan con una explicación acerca de en qué sentido usamos las palabras. Tú sabes que la filosofía en el mundo anglosajón del siglo XX se centró mucho en el análisis del lenguaje. Los filósofos angloamericanos pensaban que muchas de las ilusiones de la metafísica se podían despejar simplemente con el análisis de los términos, aclarando qué queremos decir cuando utilizamos tal o cual palabra. En el caso de la palabra arte, si distinguimos entre varias acepciones, se despejan muchas ilusiones y también muchas controversias muy agrias.

Veo que dejas muy clara la distinción entre lo que es la convención y la idea más popular de arte.

Sí. Entre lo que significa sociológicamente la clasificación de un objeto o de una disciplina por un lado, y por otro lado ese componente valorativo, admirativo, de elogio. Utilizamos la palabra arte —a veces sin reflexionar demasiado— como un término de elogio. Y como digo se puede hablar incluso del arte de un determinado crimen, si está ejecutado con virtuosismo, con pericia técnica.

Eso está muy de moda, por ejemplo con las series de televisión Breaking Bad o Dexter.

Claro. Siempre ha habido en la literatura detectivesca una tradición de admiración por el villano que es virtuoso, que hace bien lo suyo. Claro está que hay muchos criminales chapuceros, pero también hay un villano que es admirable y hasta el propio detective se siente fascinado por su pericia.

Moriarty y Sherlock Holmes.

Exactamente. Se establece una rivalidad en un terreno común: tú eres un virtuoso del crimen y yo soy un virtuoso del descubrimiento del crimen.

Si hubiera un cataclismo mundial y tuvieras que elegir entre salvar el último cuadro de Picasso —o de Velázquez, o de quien quieras— o por el contrario salvar la última partitura de Bach o de Mozart, ¿qué decidirías salvar?

Probablemente el cuadro, porque la partitura puede estar en la cabeza de la gente. A fin y al cabo una partitura no es la obra de arte misma, sino que es un medio para reconstruir y recrear la obra de arte. De hecho hay mucha gente que podría reconstruir una partitura de Bach. Pensé que me ibas a preguntar lo que le preguntaban a Rothko: si tuvieras que elegir entre salvar un Rembrandt valiosísimo o un niño, ¿qué salvarías? Y Rothko decía por supuesto —como debe decir cualquier persona bien nacida— que salvaría al niño. Porque el arte no es lo más importante en la vida.

Curiosamente te iba a hacer una pregunta parecida, pero no con una respuesta tan automáticamente obvia por tratarse de salvar a un ser humano: ¿salvarías el último Rembrandt o la última pareja de tigres vivos?

Salvaría seguramente la última pareja de tigres. Y sin «seguramente». Heine decía que si tuviera que salvar una obra de arte muy valiosa o un perro, salvaría al perro.

Probablemente es la única respuesta decente.

Efectivamente. Cuando se trata de elegir entre algo verdaderamente vivo y una obra de arte por maravillosa que sea —pero que al fin y al cabo es un objeto— no hay ninguna duda.

Cuando te preguntaba por elegir entre una partitura de Bach o un cuadro de Rembrandt, lo hacía también para llegar a esta otra pregunta: ¿crees que hay o puede haber un escalafón dentro de las bellas artes, como muchos literatos o pensadores han expresado? Por ejemplo, no sé, pienso en Thomas Mann situando la música en la cúspide de todas las artes.

Absolutamente, creo que la música es la suprema de todas las artes, sin ninguna duda. Llevo el estigma de no saber leer una partitura ni tener ninguna competencia técnica en música. Me he dedicado a otras bellas artes [entre otras cosas, Guillermo dibuja retratos, N. del R.] pero nunca me he dedicado a la música ni sé realmente de música. Pero creo que la música es la más elevada de las artes y la más importante. Creo más o menos en lo que decía Schopenhauer en El mundo como voluntad y representación: sostiene una teoría según la cual el resto de las bellas artes tienen que ver con la representación, es decir, con las imágenes que nos hacemos de la realidad y del mundo. Pero la música no plasma representaciones, pertenece directa y expresamente a la voluntad. Lo que se manifiesta en la música es la médula del mundo, el deseo que está oculto en el corazón del mundo. De ahí Schopenhauer extrae una consecuencia tremendamente radical: la música podría existir aunque el mundo no existiera, porque la música tiene tanta sustancia, tanta realidad metafísica como el propio mundo.

Eso es algo que es ya casi hasta científico: a fin de cuentas, el mundo está hecho de ritmos. Esos ritmos podrían y pueden existir más allá del mundo.

Efectivamente. Para Schopenhauer la música no es que sea mejor en el mismo escalafón, es que está en otro plano completamente distinto. Y yo lo creo así, lo siento así. Para mí, la música es un caso aparte. Y luego están las creaciones literarias, y pictóricas, y la fotografía, y el cine… todo es muy interesante, pero la música es algo distinto.

2

Y luego tenemos a un músico como Wagner que aspiraba a crear el «arte total»: me pregunto que si Wagner viese una película, con música incluida, no consideraría esa película como la cúspide de las artes.

Seguramente. Le habría interesado mucho el cine. Hay determinado cine muy operístico en la línea de Wagner, muy obra de arte total.

¿Por ejemplo?

Sí, no sé… estaba pensando en el Kubrick de Barry Lyndon, por ejemplo. Es una creación absolutamente total, ¿no?

O también 2001: una odisea del espacio.

Sí. Kubrick es uno de mis cineastas favoritos y tiene una ambición totalizante. Además tiene algo que creo que es muy difícil: se ocupa con el mismo escrúpulo de todos los aspectos de la creación. Porque lo normal es que si uno quiere hacer una creación total, en unas cosas sea mejor que en las otras, que unas cosas las descuide en beneficio de otras. El propio Wagner, por ejemplo y volviendo a lo que preguntabas, creo que es sobre todo un gran músico, un músico asombroso. Pero su poesía deja mucho que desear y a veces es simplemente un runrún que acompaña a una música muy poderosa. Sus concepciones escénicas, para mí, están subordinadas por completo a la música. El Tristán, la Tetralogía, Los maestros cantores siguen siendo sobre todo creaciones absolutas en cuanto música, no porque se le añada todo lo demás. Funcionan perfectamente para la audición. Naturalmente, ir a ver una ópera es una experiencia maravillosa, pero la música puede funcionar por sí misma.

En cuanto a lo que dices de su poesía, curiosamente Wagner estaba empeñado en que los personajes expresaran su filosofía a través de la música y no a través de los diálogos.

Los diálogos son a veces un poco… estaba pensando en el Tristán, son a veces intercambios de interjecciones. O sea: «¡Uh! ¡Uh! ¡Tristan! ¡Isolde!» No hay una gran sustancia en la expresión poética. Hombre, puede haber alguna excepción, pero es sobre todo la música: el cromatismo, el ritmo, los acordes, los leitmotiven que son los que te guían en las emociones de la audición, ¿no?

¿Deduzco que tu música favorita es la música clásica, o eres más ecléctico?

Escucho de todo. Escucho mucho Radiohead, por ejemplo. He tenido épocas en las que escuchaba sobre todo jazz, más que música clásica. Depende mucho del momento, pero para mí la música clásica (no me gusta nada lo del nombre de música clásica, porque en realidad hay muchas cosas que no son nada clásicas) es un mundo más amplio, más vasto y más variado que el de la música rock, pop, incluso que el rock progresivo en sus muy diversas variedades. El rock es menos variado de lo que incluye toda la tradición de lo que se llama la «música de concierto». De todos modos, dentro de la música de concierto lo que más me interesa es el siglo XX. Oigo mucho a Bach, a Mozart y a Beethoven, pero lo que más me intriga es la música del siglo XX porque es donde todavía puedes descubrir muchas cosas que te sorprenden. Si tú dices: «he escuchado a Haydn y a Mozart; ahora voy a escuchar a un clasicista de segunda fila»… pues normalmente ese clasicista de segunda fila no te sorprende. Pero en el siglo XX incluso figuras secundarias te sorprenden, hay una variedad verdaderamente asombrosa.

Sí que es cierto que con los clasicistas de segunda fila e incluso algunos de primera es posible que sus obras las asimiles enseguida y no te sorprendan, y menos si acabas a escuchar la música de compositores del mismo estilo. Pero por ejemplo en el caso de Bach —al menos en mi experiencia—  hay obras que he necesitado semanas o meses para asimilar en su conjunto.

Si, es completamente único, sí. Estoy de acuerdo en el caso de Bach. Ha habido temporadas en que lo único que he escuchado ha sido música de Bach, una cosa tras otra, y cosas muy distintas.

Cambiando de tema, imagino que ya te han preguntado varias veces por esto, pero es que llama mucho la atención la iniciativa #Thyssen140 para explicar o presentar obras del museo a los internautas mediante tweets. ¿Esto de dónde surge?

Pues me enteré de que Steven Soderbergh, en una cuenta de Twitter que se llama Bitchuation, estaba haciendo una novela por entregas. Una novela en tweets. Anduve indagando por Internet y descubrí que no era el primer intento, que había habido otros intentos antes. Seguí la novela de Soderbergh y no me enteré de gran cosa, era una serie de tweets con fotos, una especie de diario de viajes medio fabulados. Pero la idea de forzar un medio —Twitter— que en principio parece refractario a inyectar contenido en grandes dosis, la idea de conseguir hacer ese tour de force de meter contenido complejo, largo y continuo, me pareció un desafío muy atractivo. Porque yo naturalmente no iba a escribir un texto literario: ni sé, ni tendría sentido. Pero pensé que bueno, una guía de la colección tiene sentido y tiene la ventaja respecto a una novela de que las exigencias de continuidad son menores. Una guía al final es «este cuadro, y este cuadro, y este cuadro». Y la lectura de cada uno de los cuadros es relativamente independiente de las demás, mientras que una novela ha de mantener una continuidad. Pensé que se podía hacer. Me metí y en diez días lo acabé. Lo que pasa es que fue un esfuerzo tremendo, me costó muchísimo trabajo mantener el compromiso y hacerlo en esos diez días seguidos, poniendo veintitantos o treinta tweets cada día .

Es que da la impresión de que esos tweets no son meras ocurrencias, sino que tienen un gran trabajo detrás.

Aunque los escribía todos el mismo día, está claro que cuando llevas aquí tiempo has explicado la colección muchas veces. Has dado conferencias sobre algunas obras, has leído sobre cada una de ellas… entonces se trata más de pensar: de todo lo que sé sobre esta obra, ¿cuál es la esencia? ¿Cuál es la idea más importante que se puede expresar telegráficamente? Ese era el desafío. Más que el encontrar datos nuevos —para lo que no tenía tiempo material— se trataba de decidir qué es lo más importante de cada obra. Y eso a veces no es tan claro: cuando sabes mucho sobre una obra es difícil decidir cómo resumirla en una frase. Ese fue el esfuerzo, básicamente. Ya he dicho que #Thyssen140 es como un outlet de todo el conocimiento acumulado del museo, de los catálogos, de las exposiciones, de lo que hay en la página web. Pasado a través de mi filtro, ¿no? Pero es como decir: lo más importante de todo lo que el museo ha contado sobre la colección en toda su historia, se lo voy a ofrecer a usted en píldoras, digerido y masticado de manera que lo entienda todo el mundo.

Entonces tienes una gran vocación didáctica en tu papel aquí en el Thyssen.

Mucha, muchísima. Es lo más importante. Mi vocación es fundamentalmente didáctica. Creo que lo que se me da bien era dar clase, y me he dedicado a ello muchísimo tiempo. Desde el año 1982 que empecé a dar clase en la facultad hasta el 2007. Veinticinco años dando clase en la universidad, y sigue siendo mi vocación fundamental. Al final, las explicaciones de las exposiciones, las conferencias, incluso las propias exposiciones —su organización, el texto del catálogo— se convierten en medios para seguir dando clase. No espero decir cosas tremendamente nuevas sobre nuestra colección o sobre la historia del arte en general, entre otras cosas porque eso es tremendamente difícil a estas alturas. Pero lo que sí espero es ser capaz de que cualquiera, sea cual sea su formación y aunque no tenga ninguna, pueda entender lo esencial sobre una obra de arte o un artista. Ese es el desafío más importante, el desafío supremo.

¿Es fácil conectar con el público, conocer al público? Te he leído o te escuchado comparar una exposición sobre Van Gogh muy exitosa —si no recuerdo mal unos 270.000 espectadores— y luego otra sobre Miró que atrajo a muchísima menos gente. ¿Cómo interpretas estas variaciones? ¿Crees que el público tiene ya sus gustos muy bien establecidos?

El público me produce sentimientos ambivalentes. Como supongo que debe de producirle a casi todo el mundo que trabaja en un museo y que se preocupa por llegar a ese público. Por una parte, creo que sé bien qué cosas atraen a la mayoría del público. En realidad hay muchos públicos, muchos segmentos, y siempre puedes encontrar un público para un proyecto. Pero si quieres ir al gran público, al más mayoritario, si quieres incluir el mayor número posible de públicos dentro de tu proyecto… entonces todos sabemos en los museos qué cosas arrebatan a la gente. Determinadas cosas de arqueología: Egipto, por ejemplo. Determinados grandes nombres de la pintura antigua: Leonardo, Miguel Ángel, Vermeer, Velázquez, Rembrandt. Muy poco más…. no son más de siete o nueve nombres de la pintura antigua.

¿Lo de Vermeer ha sido a raíz de la película?

No, lo de Vermeer yo creo que es desde comienzos del siglo XX. Vermeer y Velázquez son artistas de celebridad muy tardía. Porque en el siglo XVII en Europa no se hablaba de Velázquez ni de Vermeer —se hablaba de Rafael, de Guido Reni— y son artistas descubiertos por el siglo XIX.  Desde finales del XIX se han convertido en celebridades absolutas, en cumbres absolutas de la historia del arte para el gran público. Mucha gente de todo el mundo te dice «mi pintor favorito es Velázquez» o «mi pintor favorito es Vermeer». Su primer pintor, el pintor que ama sobre todo.

En realidad lo que quería saber es si un museo nota en la afluencia de gente cuando se estrena una película exitosa sobre un pintor.

Sí, pero normalmente las películas lo que hacen es retroalimentar una fama que ya está ahí. Y si no están retroalimentando una celebridad que ya existe, normalmente se olvidan. Una película sobre James Joyce, probablemente incluso aunque tenga éxito, no lo convertirás en una gran celebridad. Pero una película sobre Van Gogh… Lust for life, de Minelli, funcionó porque Van Gogh ya estaba convertido en una celebridad. El mundo de la industria de la cultura es así, es un mundo de círculos viciosos. Lo que es famoso, se vuelve más y más y más famoso, todo el tiempo. Y produce más y más ramificaciones por las cuales se retroalimenta su fama. Y lo que no lo es, es como si no tuviera manera de salir del agujero.

Bueno, retomando algo que era muy interesante: me decías que en los museos sabéis lo que le gusta al público: Egipto, ese puñado de grandes nombres que mencionabas…

Egipto, determinados nombres como esos que te decía, que no son muchos. Y luego el segmento de la historia del arte preferido del público es el que va de Manet a mediados del siglo XX. De 1860 a 1960. Ahí está Manet y los impresionistas, todos ellos. Excepto Bazille o Caillebotte, que quizá no sean artistas conocidos. Pero Monet, Renoir, Degas… son como se sabe celebridades absolutas. Y luego Van Gogh, Gauguin, incluso Seurat, Cezanne, etc. Y a partir de esos, pues ya sabemos: Matisse, Picasso, Modigliani. Dalí, sin duda. Al final son unas pocas, muy pocas decenas de nombres. Que tienen un éxito absoluto, irresistible, pero son muy pocos.

¿Por qué decía que me produce ambivalencia el público? Porque cuanto más tiempo llevas aquí, más limitado es el número de esas figuras que le interesan al público y más te cansas de tener que volver a hacerlas una y otra vez. Los críticos se quejan de que siempre hacemos impresionismo. Yo me he dedicado mucho al impresionismo y he escrito sobre ello y tal, pero también lo hacemos porque el público lo pide. Y te cansas de repetirte. Se cansa uno de hacer siempre Sorolla, y de hacer siempre Monet, y de hacer siempre Dalí, Caravaggio, Velázquez, o lo que sea. Y de no poder hacer otros nombres que son maravillosos, que sería maravilloso que el público se dejara mostrar… pero por los que únicamente una minoría está interesada. Aquí he hecho intentos de descubrir al público artistas no tan conocidos. Por ejemplo, hicimos una exposición sobre un pintor francés del siglo XIX, Henri Fantin-Latour, que fue apreciado por sus contemporáneos y que es un pintor muy estimable. Hombre, no es Manet, pero es un pintor apreciable. Tiene unas naturalezas muertas maravillosas, unos retratos muy buenos a veces. Bueno: 70.000 visitantes. Es decir, lo justo para cubrir la inversión en la exposición, pero desde luego no un gran éxito de público. Hicimos Gérôme, que es un artista académico. No es mi tipo de arte preferido —un pintor académico en pleno siglo XIX en Francia— pero sí es un artista interesante porque es como la otra cara de la moneda, ya que mientras Manet y los impresionistas estaban haciendo un tipo de pintura, los académicos tenían su propio mundo y sus propias virtudes. Pues hacemos una mini retrospectiva en colaboración con el museo de Orsay… y vino una minoría.

Siempre hay minorías interesadas, pero el gran público no viene. Haces exposiciones temáticas donde intentas leer las obras de otra manera y también viene una minoría. Al gran público no le interesa. Le interesan siempre los mismos nombres. El gran público se comporta un poco como los niños, que quieren ver siempre las mismas películas. Una cosa sorprendente de los niños es que mientras los adultos quieren ver películas nuevas o de lo contrario se aburren, los niños quieren siempre que les vuelvan a poner El libro de la selva, o Toy Story, o lo que sea, pero todos los días. ¡Todos los días lo mismo! Y dejan de ser niños cuando abandonan esa especie de afiliación compulsiva, obsesiva, a unas pocas cosas. El gran, gran público se comporta así. Quiere volver a ver lo que ya ha visto muchas veces.

3

No puedo evitar pensar que escribiendo tengo una sensación parecida: hay ciertas temáticas o cierto tipo de artículos que son los que siempre funcionan y siempre te piden, y en cambio hay otros que a uno le podría interesar más escribir en un momento dado, pero…

El mundo de los museos es como el mundo de la prensa, o como el mundo de las revistas en particular. Se parece muchísimo. Tienes el mismo problema: eres un divulgador. Yo aquí, en primer lugar, no me considero un experto en arte sino alguien que tiene que transmitir al público lo que los expertos han hecho o hacen. El museo es un medio de comunicación, fundamentalmente. Algunos museos pueden llegar también a ser un lugar de investigación y un laboratorio… pero muchas veces no queda ni tiempo y nuestro trabajo fundamental está volcado en decidir qué le vas a mostrar al público, qué le vas a contar y explicar. Entonces, claro, da mucha pena y te duele mucho tener que renunciar a muchas cosas que sería fantástico para ti mostrar —pero fantástico también para muchos de quienes lo descubrieran— y que sean cosas que no tienen tirón, que económicamente no te lo puedas permitir.

¿Hay alguna forma de cambiar estos esquemas y estos gustos tan rígidos en el público?

Sí. Hay una forma que es tener patrocinadores. Mientras tuvimos patrocinadores estables como Caja Madrid —sabes que tuvimos durante diez años una asociación estable con la Fundación Caja Madrid— podíamos permitirnos hacer, junto a las grandes exposiciones más populares, otras más exquisitas o que llegaban solo a una minoría. Incluso en las exposiciones de mayor número de piezas que hacemos en nuestro espacio principal podíamos estar más relajados porque, realmente, aunque una exposición no tuviera el público que habíamos deseado… pues bueno, nos lo podíamos permitir. Por ejemplo, hicimos Arquitecturas pintadas, que fue una exposición muy interesante desde mi punto de vista, comisariada por Delfín Rodríguez y Mar Borobia sobre la representación de la arquitectura en la pintura desde el Renacimiento hasta el siglo XVIII… y no tuvo un gran éxito de público. Pero bueno, mereció la pena hacerlo y lo pudimos hacer porque teníamos a Caja Madrid detrás. Cuanto más abandonados a sus propios recursos están los museos, más tienen que concentrarse —y es natural— en la franja de lo que tiene más éxito comercial. Menos excursiones se pueden permitir.

En tu papel como director artístico, ¿te encuentras un poco entre la espada y la pared, con el público por un lado y el patronato del museo por otro?

No, el patronato es muy comprensivo. No se mete nunca. Si una exposición va bien de público nos felicita, y si no va bien pues… qué se le va a hacer. No. Me siento más entre el público y una parte de la prensa, de la recepción crítica, que son muy exigentes con nosotros y quieren que hagamos cosas distintas y muy intelectuales, y tal. Pero eso, si no tienes patrocinadores,  se puede hacer muy poco. Entonces: en cuanto una exposición es unánimemente aclamada por la crítica yo ya sé de antemano que no va a tener nada de éxito entre el público. Es el anverso y el reverso, completamente. Cuando una exposición de nuestro museo la ponen entre las diez más votadas por los críticos de los suplementos culturales y está muy bien situada, cuando hablan de ella los mandarines de la crítica como una gran exposición, seguro que es un fracaso de público, un fracaso económico. Es así. Y cuando una exposición arrasa, los críticos ni la mencionan.

Es muy curioso, ¿no? Esta polaridad entre crítica y público, esta especie de desencuentro.

Sí, porque el público quiere ver lo que ha visto siempre, es adicto al déjà vu, pero los críticos quieren ver lo que nunca se ha visto.

Algo nuevo sobre lo que escribir.

Sí, les aburren las exposiciones previsibles. Hombre, quizá no todos los críticos son igual de exigentes en esto, pero en cuanto hacemos una exposición de un pintor impresionista yo ya estoy oyendo a los críticos: «¡ya están otra vez con los impresionistas, qué aburrimiento, por qué no cambiarán!».

¿Es importante la crítica para un museo? ¿Qué papel cumple?

¿Quieres que sea sincero?

(risas).

Ninguno. La crítica no sirve para nada. Sirve para que probablemente haya una minoría entre los visitantes de museos que se oriente por lo que los críticos dicen, pero a nosotros no nos sirve para orientarnos porque no tiene ninguna conexión con los gustos del público. Y por otra parte, las cosas que sabe el crítico o que te dice el crítico desde un punto de vista más de insider, más profesional, ya las sabemos también nosotros en los museos. Normalmente no te descubren nada. Incluso cuando el crítico te dice «este es un proyecto mal planteado porque falta no sé qué y falta no sé cuántos»… cómo no vamos a saber esas cosas de antemano nosotros mismos. Somos los que mejor sabemos cuándo un proyecto está lastrado, porque no hemos conseguido tal obra, porque nos ha faltado no sé qué… lo sabemos mejor que nadie. Hombre, ¡lo que no queremos a veces es que se diga! Pero nosotros conocemos mejor que nadie los problemas de nuestros proyectos. El público y la prensa son a veces muy benévolos, pero nosotros sabemos cuál es el defecto de tal o cual exposición.

Me llama mucho la atención que cuando has mencionado los pintores favoritos del público has hecho hincapié en una época: segunda mitad del siglo XIX, primera mitad del siglo XX. Esto no puede ser casualidad, ¿no?, que el público aún hoy prefiera a artistas precisamente de esos años.

Es que la era de la modernidad ha sido, en Europa y Norteamérica, tan importante como el Renacimiento en Italia. No todas las épocas en la historia del arte tienen el mismo valor. Durante la segunda mitad del Quattrocento en Brujas, en Florencia, sucedieron cosas únicas que son más importantes que casi cualquier otro medio siglo. Y en París: entre 1860-70 y 1900 sucedieron cosas asombrosas. O más en general, en Europa y Norteamérica entre 1900 y 1940. Sucedieron cosas que pasan una vez cada mucho tiempo. Entonces creo que en gran parte es por eso. También que ese mundo de los clásicos modernos es el mundo del que venimos, son nuestras raíces, y está lo bastante asimilado como para que el público pueda disfrutar de ello. Porque claro, a lo mejor lo que se ha producido en 1990 ó 2010, el público no experto tiene más dificultades para entenderlo. Pero una obra moderna de 1950 está asimilada, está museificada, reproducida hasta la saciedad, entonces el público ha tenido tiempo para asimilarla.

Pensando justamente en eso tengo una curiosidad, pero si es una hipótesis tonta me lo dices: el arte, por lo menos el arte europeo u occidental, viene del gusto eclesiástico y aristocrático, luego pasa por el gusto burgués y al final, por así decir, se intelectualiza. ¿Podría ser que sea precisamente la etapa de gusto burgués la que más interese al público actual?

(Piensa) Probablemente es así. Hay un gran cambio de gusto, un gran giro que se produce en Europa hacia la mitad del siglo XIX. Y es un cataclismo porque caen valores artísticos que habían sido durante siglos los valores más elevados, los valores supremos: Rafael y todos sus discípulos, los pintores boloñeses, el clasicismo francés, las grandes tradiciones académicas… todo eso se viene abajo. Y en su lugar aparecen otros valores, valores contemporáneos, pero también reaparecen pintores como los que te decía —Velázquez o Vermeer— que habían estado en la penumbra y salen a la luz. Lo que triunfa en ese momento es el gusto burgués. Y fíjate que Velázquez es un pintor cortesano, pero encaja con el gusto burgués. Como Vermeer, como Rembrandt: los pintores holandeses encajan muy bien con el gusto burgués. Mucho más que los italianos del Renacimiento, que responden a un gusto más principesco, aristocrático, eclesiástico. El gran éxito del arte holandés probablemente se deba a que conecta con la sociedad burguesa moderna y desde luego Francia es la primera que ha producido para ese gusto burgués. Cuadros para los apartamentos de la clase media o media-alta, y no grandes máquinas decorativas para los palacios ni para las iglesias. Seguramente tiene mucho que ver con eso, con que es un arte hecho para una sociedad más parecida a la nuestra.

En ese sentido, la revolución artística parisina del XIX que tanto gusta al público moderno, ¿es directamente heredera de la Revolución Francesa? 

Sí. Sin duda. Absolutamente. La revolución burguesa tuvo muchas etapas: política, económica y finalmente una etapa en la que se consolidó el giro en el gusto. Y cuando en esas últimas décadas del siglo XIX el gusto europeo se vuelve mesocrático, va desapareciendo la nostalgia. Incluso un pintor como Delacroix, que es un pintor de primera mitad del siglo XIX —murió en 1863— y que viene de una sociedad burguesa, sigue haciendo pintura queriendo emular a Rubens y a sus grandes cuadros de aparato en las iglesias de Amberes o en las cortes europeas. Pero después de Delacroix, o de Ingres, los pintores franceses abandonan esas ilusiones. Ni Courbet, ni Manet, ni Corot, pretenden compararse a sí mismos con Miguel Ángel o Rubens. Tienen claro que ya no trabajan para los papas ni para los reyes. Ellos son los que por primera vez lo tienen claro y lo asumen. Y hacen una pintura para el gusto burgués.

Para el galerista.

Para el galerista, para el cliente burgués medio. Porque claro, el cliente burgués es anónimo, no es como el príncipe o el obispo que tenía cara y ojos y uno sabía para quién estaba trabajando. Para el mercado, en suma. Porque son los primeros pintores que trabajan para el mercado. Los holandeses también habían trabajado para el mercado.

Por eso probablemente los holandeses, incluso anteriores al XIX, sigan estando entre los favoritos del público.

Por eso conectan. Porque el pintor holandés del siglo XVII, igual que el pintor francés del XIX, trabaja para el mercado y se especializa en función de ese mercado, tiene que ventear la evolución del gusto de su público en el mercado. Con todo lo que el mercado tiene de anónimo, de inquietante, de que es un dios sin rostro. Uno está trabajando para un cliente que no tiene cara.

Esto pasaba también en el Reino Unido, ¿no? Y sin embargo sus pintores tienen menos repercusión.

Me parece que era Henry James el que decía, hablando de pintura británica —y él era medio británico, estaba aclimatado en Gran Bretaña— que «los pintores británicos me interesan mucho menos como pintores que como británicos». La pintura británica, en fin… Gran Bretaña no tiene una gran tradición. En el siglo XIX tiene a Turner y Constable, que son muy importantes, pero no hay una continuidad en la tradición pictórica. Porque sí había tenido el desarrollo de una sociedad civil burguesa, y lo que me preguntas es por qué no tuvo lo de Holanda.

Sí, porque la británica fue la sociedad burguesa por excelencia.

Sí. Pues porque hay sitios donde, vete a saber por qué, por la luz… y los Países Bajos es uno de esos sitios, evidentemente. Allí siempre ha habido buen arte. Y arte muy distinto: lo que se hacía en Brujas en 1450 no tiene nada que ver con lo que se hacía en Haarlem en 1650. Pero en ambos casos hay buen arte. Siempre hay buen arte en los Países Bajos, como en el norte de Italia, y como en España, que tiene también una tradición nada despreciable. Gran Bretaña no ha tenido esa continuidad.

Ya que lo mencionas, ¿está finalmente la tradición pictórica española justamente reconocida en el mundo?

Yo creo que desde el siglo XIX, sí. Antes, los pintores españoles, incluso Velázquez, no tenían un lugar… con la excepción de Murillo, que tiene su público en Francia y en Gran Bretaña, sobre todo. Fue así hasta mediados del XIX, quizá hasta el Romanticismo. Pero en ese momento Velázquez, Zurbarán, El Greco o Ribera  empiezan a ser conocidos y apreciados. E imitados. La pintura francesa del XIX, si hay dos escuelas extranjeras en las que se inspira, son la española y la holandesa. En contraste, precisamente, con la influencia que había tenido Italia. Un poco para desvincularse de Italia, para emanciparse de ese peso académico.

Hablando de apreciar, qué hago si entro en un museo, ¿veo una obra universalmente reconocida, y no me gusta o no siento nada ante ella? ¿Tengo que sentirme como un ignorante?

A veces las obras requieren que insistamos, ¿no? En mi propia formación, con algunas cosas he insistido mucho. Y con otras no, sin saber por qué. Me costaba al principio disfrutar de ciertas piezas de Schoenberg y entonces las escuchaba una vez, y otra, y otra, hasta que me las sabía de memoria. Y he terminado apreciando muchas piezas musicales a fuerza de oírlas. Hay cosas con las que, no sé por qué, no insistes. Dostoyevski me gusta poco y no he insistido mucho, no me he leído una y otra y otra novela a ver si al final…

Que a alguien no le guste Dostoyevski es bastante poco común.

Sí, a mí me resulta irritante.

(risas) ¿Por qué?

Los hermanos Karamazov me resulta muy irritante.

¿Por la carga moral, o…?

Las preocupaciones de los personajes son, no sé, muy cansadas. Me resulta fatigoso. Pero creo que no debo dar muchos detalles porque todo lo que diga me va a perjudicar.

Va a ser utilizado en tu contra.

Claro, si pongo a parir a Dostoyevski, en fin… Dostoyevski no se va a ver afectado, el que se va a ver perjudicado voy a ser yo.

(risas) ¿Crees que a veces es más fácil presentar una obra de arte no enseñándola directamente sino hablando sobre el autor, de dónde surge, para que la persona tenga de antemano un contexto y la pueda entender mejor cuando la vea por primera vez?

A veces sí, todo depende. Mira, cuando explicas una obra lo fundamental es estar en contacto con el público, con el oyente. A veces es necesario eso, a veces no… cuando explicas las exposiciones, es un trabajo de ver con quién estás y dejarte llevar. Cuentas una cosa u otra dependiendo de quién te escuche. A veces empiezas a explicar una exposición, y me ha pasado con algún visitante célebre, algún político…

¿Nombres?

No, no. Explico la primera sala y digo: «huy, así no me entienden, necesito bajar cinco peldaños». Y a partir de la segunda sala es otra cosa completamente distinta. Entonces, explicar una obra de arte es un ejercicio de comunicación y todo depende de quién sea el que tienes enfrente. No está fundamentalmente en función del objeto: está en función de quién te escucha. Eso es todo. El arte de la comunicación no es lo que tienes explicar —ya sea ingeniería, filosofía o historia del arte— sino a quién se lo explicas.

4

Cambiando un poco de tema, ¿va a llegar una nueva ley de mecenazgo? ¿Te has quedado con las ganas de que saliera esa ley este año?

Mira, la ley de mecenazgo sería estupendo que saliera y eso es todo lo que quiero decir. Porque cuando he dicho algo… hice unas declaraciones a Europa Press y finalmente fueron tergiversadas. Entonces: yo no sé cómo será la ley, no sé qué calendario hay, no sé nada y sobre las cosas que no sé nada prefiero no hablar, porque se mete la pata. Naturalmente que si saliera una ley de mecenazgo sería estupendo. Si no sale, pues habrá que esperar.

¿Son suficientes las leyes internacionales para proteger el legado artístico que está en manos privadas?

Yo tengo la impresión de que sí. Las leyes españolas, por lo menos, son suficientes para proteger nuestro patrimonio. Y no solo las leyes; las instituciones que se ocupan de eso. He sido miembro de la junta de calificación durante una temporada y ahora hay una conservadora nuestra que está en ella. He sido testigo de las cautelas para permitir la exportación de determinadas obras de arte, del examen muy serio que se hace, de cómo están representados el Prado, el Reina Sofía, el Thyssen y otros museos, y con qué seriedad se abordan este tipo de asuntos. Las leyes internacionales —así at large, en conjunto— pues pueden tener huecos. Hay situaciones internacionales de desorden, como situaciones de guerra o de ocupación, en que pueden suceder cosas. Y luego hay un mercado al margen de la ley como existe en todo, pero creo que los museos son muy cautelosos con lo que adquieren, con la investigación de su procedencia.

Estar en el equipo directivo de un museo, ¿quema mucho? Te lo digo porque entrevisté a Vicente Todolí, ex-director de la Tate Gallery, y él ya estaba tranquilamente semi-retirado, fabricando su marca de aceite, restaurando sus motos, y parecía completamente decidido a no volver excepto colaboraciones puntuales.

Leí aquella entrevista, donde venía a decir que le interesaba mucho el arte pero que no quería saber nada del mundo del arte, ¿no?

Exacto, más o menos esa era la frase, sí.

Era una entrevista muy interesante. Yo creo que esa entrevista debe de tener que ver con las circunstancias de la experiencia de Vicente, que yo no conozco de primera mano, obviamente. Ser director de la Tate debe de ser particularmente duro. El Thyssen no es un sitio comparable en dureza. Este es un museo suave como organización. El patronato no ejerce una presión nada agobiante sobre la dirección. A veces me preguntan: «¿tenéis presión del patronato con el número de visitantes, con el éxito de público? ¿Someten a una discusión los temas de las exposiciones?» No. Se aprueba la programación de exposiciones sin problema ninguno, y luego, cuando van llegando las cifras y los resultados, el patronato jamás critica a la dirección por decisiones relativas a eso. Dentro de la empresa las relaciones entro nosotros son muy cómodas. El equipo es pequeño, la parte artística serán unas treinta personas. Todos nos vemos todo el tiempo. Esta es una organización nada burocratizada, porque tiene una plantilla pequeña: en conjunto somos unas ciento quince personas en el museo.

Es una empresas mediana, tirando a pequeña, y con muchos componentes de empresa familiar. Todo el mundo lleva aquí casi desde la fundación del museo, hay gente que lleva más de veinte años. Yo llevo ocho y soy un novato. Y todo eso crea un ambiente peculiar. Cuando entré aquí tuve que hacerme a los hábitos de la casa, no hice la casa a mi forma de ver. Y como yo no había estado en otro museo… pues fue muy fácil. Y ahora me pasa que si fuera a trabajar a otro museo en cualquier parte del mundo, me llevaría muchas sorpresas porque para mí solo hay una manera de hacer las cosas, que es como se hacen aquí en el Thyssen, no conozco otra. El hecho de que yo no viniera de ningún otro museo seguramente facilitó mi adaptación aquí. Entonces no estoy nada quemado, en absoluto. He tenido épocas más duras, he tenido épocas difíciles con algunos ministerios, con algún equipo ministerial.

¿Con alguno en concreto?

Sí, con uno en concreto. El periodo de Sinde fue particularmente duro.

¿Por qué?

Pues porque el equipo ministerial no entendió la peculiaridad de esta organización, y eso produjo fricciones entre el ministerio y la vicepresidenta del patronato, la baronesa. Y con la organización en su conjunto, con la dirección y con el museo en sí.

¿Qué era lo que no entendían? ¿Qué era lo que pretendían…?

Yo creo que no entendían la peculiaridad de una fundación como es esta, que es una fundación pública pero donde la familia Thyssen tiene una representación importante, donde la vicepresidenta del patronato lo es de por vida y tiene un papel muy singular. Porque, entre otras cosas, Tita fue la persona por quien este museo terminó instalándose en España.

Eso es público y notorio.

A nadie se le oculta, todo el mundo lo sabe: ella influyó decisivamente en la decisión del barón de dejar que el estado español adquiriera la colección, en los términos en que la adquirió, y que se instalara el museo Thyssen aquí. Y el ministerio no entendió esas particularidades. Pero no voy a criticar a aquel equipo ministerial porque creo que a los equipos ministeriales hay que criticarlos cuando están en ejercicio. Cuando un ministro ha dejado de ser ministro, es facilísimo meterse con él.

Ya puestos, ¿qué te parece el actual ministro, José Ignacio Wert?

El actual ministerio, y en particular el ministro, tiene una relación comodísima con el Thyssen. Y te diré más —y no tengo ninguna razón para hacerle la pelota al ministro ni al ministerio, no necesito para nada hacerle la pelota—, pero la relación entre el museo y el ministerio es más cómoda de lo que probablemente ha sido nunca desde que yo estoy aquí. A pesar de los recortes. Es complicado lidiar con los recortes, estamos por primera vez en una situación en la que tenemos que ver cómo nos ajustamos a la reducción de la subvención que el estado nos entrega anualmente, que se ha quedado en 2.200.000, y hay que ajustar el presupuesto haciendo un esfuerzo y haciendo sacrificios. Eso es una necesidad que tiene que ver con la situación de la administración en general, con la situación de España en la crisis, de la que no responsabilizo particularmente al ministerio. Pero a pesar de los recortes, la relación con este ministerio es muy fluida porque sí entiende y respeta la constitución del museo Thyssen como fundación. Sí ha entendido cómo funciona, y ha sido exquisito en el respeto al patronato —donde naturalmente está el ministro, que lo preside— y que es el que gobierna el museo. El ministro y el ministerio gobiernan este museo a través del patronato, y no fuera de él.

Hablando de recortes, ¿qué efecto crees que pueden tener en el mundo del arte, o en el mundo de la cultura en general?

Los recortes van a tener un efecto negativo en muchos aspectos, que no hace falta casi ni detallar. Es evidente que si las bibliotecas, si los museos —iba a decir los teatros, pero creo que han salido mejor parados—, si las instituciones culturales sufren recortes presupuestarios, su programación se va a resentir y durante un tiempo lo que se pueda ofrecer al público será menos. Pero creo que los recortes tienen aspectos positivos. Creo que la crisis —esto que voy a decir probablemente no sea muy popular— puede tener aspectos positivos para hacernos reflexionar sobre las prioridades y recortar las excrecencias y los desarrollos perversos que se han producido en los años de prosperidad, donde se ha dilapidado el dinero público en muchísimos proyectos que no lo merecían. Se ha derrochado el dinero a espuertas en todas partes y a todos los niveles. Todos conocemos ejemplos, ¿no? Entonces, los recortes tienen un aspecto positivo y es que le obligan a uno a reflexionar: ¿qué es lo importante? ¿Cuál es el orden de prioridades?

Luego, el principal impacto negativo de la crisis no es para mí el de los recortes de las administraciones en su inversión en cultura: la gran tragedia que va a dejar esta crisis en lo que se refiere a la cultura es la quiebra de las cajas de ahorros. Y además eso no tiene vuelta, porque los presupuestos del estado se recuperarán pero las cajas de ahorros no volverán. Por descontado que, en Madrid, Caja Madrid era para nosotros media vida, muy importante. Pero hay que imaginarse lo que era en tantas capitales de provincia: en Zaragoza, en La Coruña, en Santiago, en Murcia, en Sevilla, en Valencia… en tantos y tantos sitios, lo que representaban las cajas. Con todo el derroche y el gasto inmotivado que haya podido haber, las cajas producían también una enorme cantidad de actividad cultural muy valiosa: exposiciones, ciclos de conferencias, premios literarios o artísticos, conciertos, de todo. Y todo eso no va a volver.

¿Nadie va a tomar el relevo?

Lo que debería sustituir a eso es un patrocinio de las empresas que por ahora no ha aparecido. Y que costará que aparezca porque para empezar en España no hay tradición, no hay cultura de patrocinio. Aquí ha estado reservada sobre todo a grandes entidades financieras, a grandes corporaciones industriales con relaciones muy particulares en la cumbre —de todo orden: políticas, etc.—  que hacían que las grandes operaciones de patrocinio fueran rentables. Creo que no hay en el empresariado español, a sus distintos niveles, una cultura de que el patrocinio tenga sentido y sea rentable a medio plazo.

¿Cómo explicarías a un empresario, a un posible patrocinador —y más allá de la rentabilidad monetaria inmediata, porque con rentabilidad inmediata se convence a cualquiera— la importancia de patrocinar el arte, la cultura?

Es complicado, sobre todo en este momento. Hay muchos ejemplos históricos de marcas que construyen su reputación gracias a su asociación con proyectos culturales. Aquí se ha entendido el patrocinio ligado a una perspectiva de marketing a muy corto plazo: qué retorno inmediato tiene, cuántas de las visitas de esta exposición tendrán el recuerdo de que mi marca está patrocinando esto, cuántas cuentas de ahorro van a abrir, cuántas oportunidades de nuevos clientes consigo. Pero hay otro tipo de penetración en la conciencia del público, más a largo plazo, que tiene que ver casi con el content marketing, el marketing de contenidos. Por ejemplo: ¿se puede evaluar lo que la marca Michelin ha conseguido gracias a la idea de un señor de inventarse la guía Michelin? No es exactamente un proyecto de patrocinio cultural, pero tiene que ver con el invertir en cosas que no dan rendimiento inmediato y que están relacionadas con la cultura. La guía Michelin es una muy importante referencia cultural. Bueno, pues a lo mejor dentro de 500 años lo más importante que ha hecho Michelin haya sido eso.

En otros terrenos (para que no parezca que barro para casa y quiero hacer publicidad del patrocinio de exposiciones directamente… que tampoco sería raro que lo hiciera, pero bueno), Red Bull tiene este programa de patrocinio de actividades deportivas de altos vuelos: lo del salto de Baumgartner desde la estratosfera ha sido patrocinado por ellos. Bueno, yo sospecho que hay muchísima gente que no va a beber en su vida Red Bull, porque la bebida le gusta a quien le gusta. A mí no me gusta nada, por ejemplo. Pero la irradiación de la marca como consecuencia de ese salto es incalculable. El simple hecho de que el nombre de Red Bull esté asociado a Baumgartner, el tipo que hizo el salto desde la estratosfera, es de un valor incalculable. Aunque no vayas a probar en tu vida Red Bull, que yo creo que no volveré a probarlo porque no me gusta nada… pero el salto queda en la memoria de todos. Hay muchas grandes marcas que han pasado a la historia por patrocinar grandes exposiciones, o por la adquisición de una obra de arte, que aquí en España es quizá algo menos sonado pero que en otros países sí ocurre. En fin, yo creo que a medio o largo plazo, una marca, una firma, puede sacar mucho beneficio de los productos culturales con los que se asocia.

Y luego hay otra cosa, un paso más, que no se refiere tanto al rendimiento de las firmas y corporaciones como a los sentimientos morales de los ricos. En Estados Unidos, normalmente, la persona que tiene una fortuna se siente comprometida. Incluso aunque haya sido un tiburón inmisericorde en la creación de su fortuna —y conozco casos—, aunque haya sido un businessman sin piedad, su corazón sensible lo demuestra cuando se siente obligado a devolver a la sociedad parte del dinero que ha ganado. Como rico. No ya como empresario sino como hombre o mujer de fortuna que da dinero a su antigua universidad. Las universidades americanas viven en buena parte de sus ex-alumnos. Y ya digo, puedes ser un tiburón extremo en tus negocios, pero una vez que tienes el dinero… caramba, si eres un multimillonario y no has protegido a una universidad, a un teatro de la ópera o a un museo, entonces no eres un multimillonario completo. Eres un multimillonario defectuoso, con un déficit de civilización.

¿Consideras admisible la censura en el mundo del arte por motivos morales, políticos, religiosos, etc?

Buena pregunta. (piensa) Depende de lo que entiendas por censura. Te cuento: en la exposición de El Surrealismo y el sueño que tenemos ahora a la vista, ha habido muchos momentos en que me he preguntado si una pieza debía o no ser incluida, fundamentalmente porque hay material de alta temperatura erótica entre los collages, los dibujos y las pinturas surrealistas. Y muchas veces  lo hemos hablado con el comisario y con la coordinadora de la exposición: «¿Podemos exponer esto?». Pues si a eso lo llamas censura…

Eso es más bien autocensura.

Pues es perfectamente relevante. ¿Por qué? Porque aquí hay una audiencia concreta que no espera que el museo se salga de unos límites. Es verdad que puedes poner material intensamente erótico, pero entonces tendrías que poner una advertencia a la puerta y esto naturalmente te quita visitantes. Crea una barrera para conseguir un gran éxito de público. El material te puede provocar un conflicto con la audiencia.

En una institución como es un museo puedo entender ese tipo de autocensura. Te lo pregunto de otra manera: ¿dónde crees que están los límites hasta los que un artista cualquiera o un museo cualquiera —de así quererlo el museo, claro— puede llegar?

Un artista no tiene límites. Un artista puede llegar donde sea. Un artista puede contar cualquier historia y mostrar cualquier material. Incluso si entra en conflicto con la ley. Ha habido muchos casos de artistas en conflicto con la ley de su época, desde Flaubert o Baudelaire en adelante, con procesos por inmoralidad. A un artista todo le está permitido: si entra en conflicto con la ley, allá él.

Es su problema.

Es un problema de él y sus abogados, pero a mí me parece que desde el punto de vista de la creación artística todo está permitido, absolutamente todo. Desde el punto de vista de un museo no, porque un museo es una institución pública con misiones, estatutos, con un patronato que cuida de él, con una audiencia a la que fidelizar, y eso hace que a veces te veas obligado a excluir una obra. Pero excluir no es que estuviera ahí y hayas dicho «¡fuera!», sino simplemente no seleccionarla porque aunque adores una pieza temes la reacción de la audiencia. A veces hay cosas que aquí no se podrían exponer, pero que en el Reina Sofía se podrían exponer perfectamente. Eso es obvio.

Y hay cosas pornográficas que no puedes exponer si son de tal persona, pero sí puedes exponer cuando son de otra. Por ejemplo: en la exposición del surrealismo hay un cuadro completamente porno —no voy a dar detalles— que hemos podido incluir porque es de Dalí. Si fuera de otro autor seguramente no se entendería. Si alguien se sorprendiera, si alguien se asombrara y nos dijera algo, le respondería: «Mira, es Dalí, ya conocemos a Dalí, ¡tenemos El gran masturbador en el Reina Sofía! ¡El gran masturbador!». ¿Sabes? Una obra que es transparente en sus fantasías eróticas y viene de un museo público, no viene de los almacenes de la colección de un fetichista o de un parafílico raro. Siempre digo que en el hall del museo tenemos una pieza de Rodin, Cristo y la Magdalena, que es la Madgalena desnuda abrazada al crucificado. Si eso fuera una foto de dos modelos y la expusiéramos… probablemente tendríamos un problema serio. Pero es una escultura. Blanca. Y de Rodin. Y además nadie se fija en el tema, probablemente. Un tema que puede ser hasta blasfemo, que fue provocador en su momento —Rodin no la expuso públicamente nunca— se puede convertir en algo perfectamente admisible con lo que conviven todas las personas de orden que entran en el hall, los niños… y nadie se rasga las vestiduras ni dice nada.

Lo que es escandaloso o no lo es, depende tan sutilmente del contexto, de muchísimas expectativas de contexto, de lo que nos cuenten, de quién nos dicen que es el autor, de dónde se expone… Porque naturalmente el Cristo y la Magdalena no se puede instalar en la catedral de La Almudena. Obviamente. Si el arzobispado nos lo pidiera prestado, si se lo prestamos y lo instalan en la iglesia, tendríamos un serio problema. En cambio, el cardenal Rouco ha estado en ese hall, se ha hecho fotos con Tita cerca del Cristo y la Magdalena y no ha pasado nada. Por eso los periodistas en particular deben ser tan rigurosos cuando se aborda este asunto. Porque hay casos de censura clarísima, y los peores son los que tienen que ver con el deseo de una persona —por ejemplo de un cargo político— de no ser criticado. Pero en otros casos en los que se habla de censura hay que ver si hay verdadera censura o si hay un caso de autocensura… o si es un caso simplemente de marketing. Porque hay cosas que no queremos que salgan porque nos perjudican o distancian a nuestra audiencia de nosotros.

5

Para un artista, ¿es más rentable una buena obra o un buen escándalo?

Según qué clase de artista seas. Hay un tipo de artista como Dalí que se alimenta de los escándalos. Al pobre Morandi un escándalo le hubiera jodido la vida, le hubiera hecho polvo. Hay artistas y artistas. Algunos trabajan creando los escándalos o no rehuyéndolos cuando aparecen, y hay otros en cuya trayectoria no encajaría. Al final, todo depende de cómo oriente uno su carrera. En el mundo intelectual también pasa eso. Conozco críticos o ensayistas a los que un escándalo a tiempo les viene bien, todos conocemos a escritores…

Sí, y columnistas.

…columnistas, etc. Y otros que no, que buscan otra cosa. Yo desde luego no soy de buscar el escándalo. Si lo provoco es siempre contra mi voluntad, porque creo que lo mejor es hacer poco a poco, ir sedimentando cosas. Y que al cabo del tiempo, sin darse cuenta la gente, hayas construido algo. Los escándalos, además, a mí me producen rozaduras. Aunque te den mucha reputación, aunque mucha gente que no te conozca empiece a hablar de ti, te dejas la piel en ellos. Pasas malos días, peleas con gente, te enfadas con amigos. Eso tiene un coste. El que está dispuesto a alimentarse de escándalos suele ser alguien que está muy ligero de equipaje, que no tiene muchos vínculos, alguien a quien no le importa nada lo que piensen de él. Si eres muy mirado con la opinión ajena, por supuesto que un escándalo es una pesadilla.

Te he escuchado decir que prefieres exponer a artistas con la obra cerrada, o fallecidos, o al menos muy consagrados, ¿esto es para evitar las manías de los artistas vivos?

He tenido aquí varios artistas vivos y con todos ha sido una experiencia realmente sensacional. No sé cuándo he dicho lo de artistas con una obra cerrada, pero tuvimos una exposición de Richard Estes, que todavía vive. Hice una exposición de Avigdor Arikha, este realista israelí-francés al que yo quería mucho y que murió hace un par de años. Y hemos tenido la exposición de Antonio López, que afortunadamente sigue vivo. Y las tres han sido únicas. Richard Estes no se metió nada en su exposición, hicimos lo que nos pareció y fue muy respetuoso con todo. Avigdor Arikha se metía en todo: en la selección de obra, en la instalación… y era como un duelo, era estar peleando con él todo el tiempo. Pero muy bien, porque yo aprendí muchísimo y al final creo que salió muy bien aunque no tuviera nada de público (tuvo treinta y tantos mil visitantes, o algo así). Y Antonio López ha sido algo entre medias, porque sí ha respetado mucho al museo y a nuestro proyecto, pero también ha intervenido. Entonces, en los tres casos la experiencia ha sido fantástica.

Creo que con los artistas vivos tienes la ventaja de que mucho del trabajo del comisario lo hacen ellos. Siempre que veas una exposición de un artista vivo hecha por un comisario, cuenta con que por lo menos la mitad del trabajo del comisario lo ha hecho el artista. Pero claro, eso también puede ser una maldición o una mixed blessing: te pueden descargar de mucho trabajo —porque ellos tienen las cosas muy claras, porque han pensado mucho sobre su propia obra— pero pueden empeñarse en ciertas cosas que entren en conflicto con el comisario. Por ejemplo: los artistas vivos, sobre todo cuando van siendo mayores (y cuanto más mayores, peor) no son muy partidarios de que recuperes sus viejos éxitos. Lo que quieren es mostrar lo último que han hecho. La obsesión de un artista famoso de ochenta años es que no le juzguen solo por lo que hizo hace cuarenta años, sino que el público vea que sigue vivo y que sigue trabajando. Y claro, pasa como en los conciertos de las viejas glorias: la gente quiere volver a oír los temas de siempre. Venía Lou Reed y le preguntaban por The Velvet Underground y querían oír otra vez el Walk on the wild side. Y al músico eso le saca de quicio, claro, porque lo que quiere es demostrar que ha compuesto una nueva canción antes de ayer, que sigue vivo. Quiere convencerse a sí mismo de que no es menos de lo que era hace cuarenta años, de que no es simplemente un brillante pasado. Ese es el conflicto. Aquí quise hacer una exposición de David Hockney, entramos en contacto con su estudio a través de Norman Rosenthal. Yo quería una retrospectiva de David Hockney. ¿Por qué? Porque David Hockney, en España, fue muy importante y tuvo mucha influencia en varias generaciones de artistas. Sigue siendo un artista pop con una sensibilidad muy particular que tiene un público muy amplio. Bueno… pues no hubo manera, porque lo que Hockney quería era mostrar su última serie. Que finalmente se expuso en el Guggenheim y está muy bien, pero que no tenía cabida aquí. Eso les pasa a los artistas muchísimo.

 Dime obras que no has tenido en el museo y que te gustaría tener.

 ¡Buf!

 Supongo que son miles, pero especialmente esas que dices: daría cualquier cosa por tener esto.

Todo depende de para qué la quieras.

No, por tu gusto personal.

Ahora estoy haciendo Cezanne y los cuadros que más deseo están fuera de nuestro alcance, por supuesto. Pero no sé, me encantaría tener aquí Las señoritas de Avignon, de Picasso. Sería fantástico. O tener determinados Matisse. Sobre todo envidio mucho la colección del MoMA, porque sigue siendo la colección de arte moderno de referencia y como mi mundo es más el del arte moderno supongo que pienso más en esas obras. Pero bueno… tener un Vermeer sería fabuloso, por ejemplo. La callejuela de Vermeer. Hay tantas cosas…

¿Hay alguna obra de reputación universal que te deja frío?

Muchas. Yo creo que como a todo el mundo. A mí, La ronda de noche no me dice gran cosa. Y me gusta mucho Rembrandt, me gustan muchos cuadros de él, pero La ronda de noche… Hay muchas grandes obras maestras muy complejas de Rubens que no me dicen nada. En general no me suelen gustar mucho las grandes máquinas, estas grandes pinturas muy complejas, muy de palacio. Prefiero la pintura más íntima. La pintura que me llega más es de un formato menor. Más burguesa, como decíamos antes. Retratos maravillosos, o ciertas naturalezas muertas, o ciertos interiores, ¿no? Una pintura de esa tradición más humilde, más modesta de tamaño, con menos pretensiones retóricas. Aunque también hay pinturas palaciegas que son impresionantes: las estancias del Vaticano de Rafael son pinturas maravillosas, o por supuesto las de Miguel Ángel en la Sixtina. Pero claro que siempre hay obras maestras que a uno le dejan frío y eso hay que vivirlo relajadamente. Sin complejos, sin sentirse mal por eso. Tampoco lo contrario, tampoco contarle a todo el mundo que a uno no le gusta La última cena de Leonardo o la capilla Sixtina, porque eso es una petulancia tonta. Es decir: qué más da que a ti no te guste. Pero sentirse incómodo con uno mismo porque no te guste, tampoco. Porque la suma de las obras maestras universales tiene un éxito estadístico. O sea, cada una de ellas le gusta a un 90% de la gente, pero a un 10% no le gusta. Hay mucha otra gente a la que no le convence un cuadro que uno adora.

¿Conviene leer la Biblia para entender el arte occidental?

Yo no he leído la Biblia, así de comenzar por el Génesis y terminar por el Apocalipsis.

(Risas) Ya, bueno, me refiero más bien a conocerla hasta cierto punto, haber leído algunas partes o haberlas estudiado con cierta profundidad.

Una educación en la familiaridad con la historia sagrada es imprescindible para comprender la tradición occidental. Lo que no quiere decir en absoluto que yo esté interviniendo en el debate sobre la asignatura de religión, debate que tiene otros componentes completamente distintos.

Y en ese debate, ¿tienes alguna opinión formada?

Creo que la asignatura de religión tiene sentido, pero depende de cómo se imparta, de quién nombre a los profesores y con qué criterio se los selecciona. Es decir: si debe haber una asignatura de religión obligatoria o común en la escuela pública, no debería estar confiada —ni los contenidos ni la selección de los docentes— a la jerarquía eclesiástica. Lo normal sería que, como en las demás asignaturas, los contenidos y la selección de los docentes dependiera de la administración pública.

Estás hablando más de una asignatura de «estudio de la religión» que de una asignatura de religión católica. ¿Es así?

Claro. Una asignatura de religión, en todo caso, no debería ser una asignatura de adoctrinamiento. Porque ninguna asignatura debe ser de adoctrinamiento. Ni siquiera el estudio de la Constitución en la escuela debe ser adoctrinamiento. A mí eso me parece enemigo de la idea de educación. Inculcarle a la gente dogmáticamente unos contenidos que son por definición debatibles… no es mi ideal de lo que debe ser la educación. Tanto en lo que se refiere a la religión como a la política. Inculcar un credo, eso es algo que se transmite en la familia y que tampoco en la familia se debe hacer autoritariamente. Soy partidario de que a los niños se les deje pensar sobre religión y sobre política lo que les dé la gana. Que se les eduque en materia religiosa me parece necesario porque si no, no te enteras de lo que es o de lo que ha sido la cultura occidental.

Eso ya ocurre: por ejemplo en los Estados Unidos, donde a veces la educación religiosa sigue unas vías peculiares y en muchos sitios o en algunos contextos la familiaridad con la religión católica no es demasiada. Cuando los estudiantes vienen a España o a Italia, a pasar el verano o con una beca, oyes cosas verdaderamente divertidas de cómo interpretan un retablo… porque hay una falta de familiaridad enorme. Porque, aunque a veces conocen muy bien determinadas partes del Antiguo Testamento, en cambio la vida de la Virgen les resulta perfectamente ajena y puede ser un asunto muy exótico para ellos. Total, que para entender la pintura antigua es imprescindible esa familiaridad. Incluso teniendo una educación católica tradicional hay muchas cosas en las que uno, a veces, tiene que echar mano de los manuales.

Hablando de educación, ¿estarías de acuerdo con la frase del músico Frank Zappa: «Si el voto de un hombre equivale al voto de otro hombre, la educación de un hombre debe equivaler a la educación de otro hombre»?

Sí, absolutamente. Me parece perfecta la frase, no la conocía pero me parece perfecta. No ahormar a todos para que tengan el mismo perfil al final, eso sería un error, pero sí se tiene que dar a todos las mismas oportunidades. No hay injusticia más flagrante —y es una injusticia congénita en nuestra sociedad— que la desigualdad en las oportunidades educativas. En el mundo profesional, tú sabes que hay quien llega ya con todo hecho, con todo prácticamente ya servido, y hay quien las va a tener muy duras para abrirse camino porque de partida su situación es muy distinta. Los idiomas, por ejemplo. Todavía hoy, dependiendo de la clase social, qué inmensa diferencia hay de competencia en los idiomas. El que procede de un medio más acomodado casi seguro que tendrá una buena competencia por lo menos en inglés. Habrá viajado, y eso qué raro es que pase en otro medio…

¿Crees que la escalabilidad social está restringida a contadas excepciones?

Cuando trabajas en la universidad, que es un mundo aparte, no tienes mucha idea de cómo es el mundo laboral en realidad, ni el mundo social en general. Pero desde que trabajo aquí he descubierto cosas que no imaginaba: hasta qué punto las oportunidades laborales dependen de la educación que recibiste según la clase social a la que pertenecías. De los contactos que tenía tu familia, de las relaciones: las clases directivas en España son completamente endogámicas. Se colocan aquellos a quienes sus padres han colocado a través de los amigos. He aprendido una cosa que no creía posible: que efectivamente existe una discriminación muy activa contra las mujeres en los puestos directivos, por ejemplo. En igualdad de competencias y de rendimiento, la vieja casta directiva española prefiere siempre a un varón, y siempre desconfía de una mujer.

¿A qué lo achacas?

Son hábitos ideológicos arraigados. Yo pensaba que el mundo de la empresa se regía por criterios más de rendimiento, de puro y duro rendimiento. Que si tú eras muy bueno, fueras hombre o mujer, vinieras de la familia o vinieras de la calle, te iban a evaluar por tu rendimiento. Pensaba que el capitalismo era más puro de lo que luego he descubierto que es. Que juzgaba a los trabajadores —y a los directivos en particular— como máquinas en función de su rentabilidad. Pero… ¡he descubierto que no! En realidad el capitalismo, por lo menos en España, es tremendamente impuro en ese sentido. Está contaminado siempre por el quién es Fulano, de quién es pariente, de quién es amigo, por supuesto de si es varón o mujer… España es un país donde las redes de amigos determinan muchísimas cosas. Qué amigos tienes.

¿Crees que esto, unido a la crisis, puede abrir una enorme brecha social en España o agravar la que ya existe?

La brecha ya existía, pero la crisis la ha agravado y la va a agravar, por supuesto. Hasta extremos realmente trágicos.

¿Cómo ves el futuro del país?

Pues que mejorará. Pero poco a poco. Soy relativamente optimista a medio plazo, pero los efectos inmediatos son terribles. Ha agravado la brecha. El otro día, en un programa de televisión, veía a un representante de la patronal de la limpieza de Madrid hablar de la huelga, y la periodista le decía «La situación es alarmante, ¿qué ha desencadenado esta huelga?». Y él explicaba que querían imponer a sus plantillas una reducción salarial —no recuerdo si era un 20%, un 30% o un 40%— a trabajadores que ganan 1000 euros al mes… si llega. Oyes y ves cosas que no llegas a creerte.

A raíz de esto, ¿puede el arte, o debe el arte, cumplir una función política de transmisión de un mensaje?

Yo creo que de nuevo depende del artista. Es como cuando me preguntabas por la censura: no se puede prescribir al arte lo que tiene que ser ni al artista lo que tiene que hacer. Cada artista construye su creación de una manera. Hay artistas para los que la política tiene un papel fundamental, o es un material fundamental con el que trabajan, o piensan en su obra como un vehículo de mensajes políticos. Vamos, no hay nada más legítimo. Pero hay artistas en quienes no lo entenderíamos. Picasso, hasta un determinado momento, vivió completamente al margen de la política. Y nadie se mete con su obra anterior a los años treinta por el hecho de que esté al margen de la política: no le había tocado, no le había llegado. E igual que había vivido muy bien así, a partir de determinado momento no pudo seguir viviendo al margen. En los años treinta hizo el Guernica, hizo otras cosas, unas veces mejor, otras veces peor… pero se relaciona muy estrechamente con la política. ¿Era mejor antes o después? Pues ni una cosa ni la otra. Era distinto. Hay artistas como Morandi, de nuevo por hablar de un artista poco sociable, al que no se concibe haciendo una obra con contenido político porque su obra es casi por definición muy privada, tiene un mundo muy aparte de todo. Pero hay artistas a los que no podemos concebir sin la política y que encaja perfectamente en ellos.

Sin un artista tiene una carga ideológica negativa, pienso, no sé, en Leni Riefenstahl y en su película de propaganda nazi El triunfo de la voluntad: a mucha gente le parece una maravilla de película pero el mensaje… ¿te molesta, te impide disfrutar de la obra? ¿Puedes separar el mensaje del contenido artístico?

Creo que las dos cosas están íntimamente mezcladas, ínitimamente interpenetradas, que no son separables. No se puede olvidar el contenido político porque determina toda la estética de Riefenstahl. A mí me parece que Riefenstahl, aunque como cineasta sea técnicamente maravillosa, carga con todo lo insoportablemente kitsch del nazismo. También estéticamente, no solo políticamente. Lo que no obsta para que puedas disfrutar de muchos aspectos de su cine. Es que el modo en que disfrutamos de una obra de arte es muy complejo y puedes disfrutar aunque te parezca kitsch en algunos aspectos, ¿no? Todos disfrutamos de películas que en el fondo consideramos kitsch, o al menos de determinados trozos de esas películas. El comienzo de El triunfo de la voluntad, cuando la cámara va instalada en el avión —de Hitler, se supone— que llega a Nuremberg y te va poniendo unos mensajes propagandísticos: «A los diecisiete años de la derrota de Alemania, tres años después del renacimiento nacional…» y de pronto se abren las nubes, suena una música inspirada en Los maestros cantores de Wagner, aunque no es Wagner, es un músico nazi de segunda… bueno, estás diciendo «esto es propaganda, es kistch». En algunos aspectos es repugnante. Y a pesar de todo puedes disfrutar de ello en muchos sentidos. Tiene una cierta belleza el hallazgo de que se abren las nubes y dominas la ciudad de Nuremberg. Entones, es muy complejo el cómo disfrutamos o no disfrutamos de las obras de arte, de las películas, de las novelas. Está mediado por tantas cosas… yo he odiado el cine español de los sesenta, el cine más masivo. Lo he odiado cuando era niño, cuando era joven lo aborrecía.

 ¿Te refieres a las películas de Paco Martínez Soria y similares?

Sí, por ejemplo. Lo aborrecía. No podía sufrirlo. Y ahora me divierte muchísimo. Me divierte mucho, para empezar, ver muchas escenas de Madrid, escenas de la calle, o la propia ridiculez de ciertas cosas. Disfrutas no simplemente con un gusto de snob condescendiente, sino que muchas veces te produce ternura. A veces es simplemente por nostalgia… a menudo disfrutamos del viejo cine o de la vieja literatura por nostalgia, porque te vas volviendo viejo. En todo caso, el gusto es una cosa muy, muy compleja. Con muchos elementos mezclados. Además, un día disfrutas y otro día no disfrutas. Pasa como cuando estás con la gente: con una persona un día estás muy bien, y otro día no.

Ya que hablas del pasado, ¿qué efectos ha tenido la guerra civil y la dictadura franquista en el arte español, en la forma de expresarse o la idiosincrasia de los artistas españoles?

En España hay una tradición bronca y tenebrosa que viene de más atrás, y la guerra civil ha alimentado como material y como experiencia esa tradición que es violenta, oscura, intensa, fanática a veces. Una tradición de llevar todo al extremo. Una tradición cruda, muy poco clásica, muy poco de tradición romana o parisiense. Muy de aquí.

Muy íbera, ¿no?

Efectivamente. Desde Goya a Buñuel, y todo lo que conocemos. La guerra civil encaja muy bien en eso. Todos los extremos de la guerra civil: heroicos y abyectos. Esto ha fascinado también a los observadores extranjeros desde siempre. A Hemingway, a André Masson, a todos los que pasaban por aquí. Recuerdo el momento en que André Masson está en España ya empezada la guerra civil: está fascinado con las tomas de terreno en Andalucía, con las quemas de conventos e iglesias, con la matanza y con los hechos heroicos. Pero a él, que es un hombre de izquierdas, le admira la gesta del Alcázar de Toledo. Porque esperan de los españoles eso: una conducta extrema en lo bueno y en lo malo. La guerra civil ha alimentado eso. Para bien y para mal.

¿Crees que esa tradición aún sigue viva de alguna manera?

Sí.

¿Dónde lo ves?

Hay una tendencia por ejemplo en el cine, cómo diría… a ver si no digo nada inconveniente. En una buena parte del cine, una cierta falta de gusto y de decoro, por ir a buscar lo extremo. Una crudeza, un cierto humor negro a costa de todo. Álex de la Iglesia es un representante muy bueno de eso. Un gusto por el esperpento. El esperpento es un género muy de aquí: para reírse hay que plantear situaciones que no son nada de risa y convertirlas en situaciones cómicas. Eso que decía Gila siempre, un chiste que me gustaba mucho: «Me habéis matado un hijo, pero ¡lo que nos hemos reído!». Bueno, ese tipo de humor extremo de Gila es muy de aquí. Y sigue estando en el nuevo cine, una mezcla de lo trágico y un humor un poco grueso que cuando tiene éxito fuera es como un producto genuinamente ibérico.

¿La sociedad española sigue siendo guerracivilista?

Depende de la temporada. Sale. Hay algo que está ahí latente. Depende de la temporada, depende de lo que lo alimenten los políticos… pero sigue ahí. Ahora, la crisis ha producido un retorno de una sensibilidad guerracivilista. A mí, en Twitter, me escalofría mucho.

Te iba a preguntar por eso porque en Twitter, por ejemplo, casi no hay discusión política donde no termine saliendo Franco, o la II República, o la guerra civil.

Sí, todo es muy extremo. Supongo que eso tiene que ver también con la virtualidad de las redes sociales. Quizá es muy extremo porque en el fondo la gente no lo dice en serio. Es decir, que a lo mejor todos estos que dicen verdaderas atrocidades… Me impresionó mucho por ejemplo cuando tuvo el accidente Cristina Cifuentes, la delegada del gobierno en Madrid, a quien no conozco personalmente. Una serie de gente empezó a hacer unas bromas verdaderamente atroces y a desearle cosas… en fin, me pareció terrible, escalofriante. Pero creo que al final muchos de esos sujetos no lo dicen en serio. Lo dicen porque todo lo digital y virtual es como si no fuera de verdad: no cuesta nada, no pasa nada, ¿no? Nadie te pide responsabilidades.

Es cierto, pero, ¿crees que eso podría provocar otros problemas sobrevenidos? Uno es que con el roce continuo nos terminemos acostumbrando a esas ideas. Es decir, al principio no se dice en serio, pero de tanto oírselo decir a mucha gente, al final…

Estoy totalmente de acuerdo, vamos. Te acostumbras y tu sensibilidad se embota. Me parece atroz. Había gente en Twitter a los que conozco, incluso algunos amigos, que estaban metidos en eso… y no daba crédito. Es que no me saldría. No me sale que a una persona, porque estés en el extremo opuesto de sus ideas, le desees que se muera. O le desees que no le den atención en el hospital.

Es una barbaridad.

Es que no te sale, ¿no? Lo que pienso es que muchos de ellos no lo sentían cuando lo decían, pero en Twitter y en estos medios se crea como una subasta, una puja, a ver quién dice una cosa más fuerte que nadie: produzco una conmoción, tengo 150 retweets porque he dicho la barbaridad más gorda.

Otro problema es que ya no personas individuales, sino algunos medios de comunicación convencionales puedan empezar a ahondar también en este tipo de discurso. No sé si te da la impresión, porque a mí sí me da la impresión.

Sí, sí. Hay medios —aunque más en los márgenes ideológicos— que se nutren de eso. Leí hace poco una cosa muy interesante sobre la transformación de los medios tradicionales, de los periódicos, por efecto de las redes sociales. Venía a decir lo siguiente: el público en las redes sociales a menudo busca lo que se llama una «comunión fática», que es la confirmación de quién eres, de que está bien cómo eres, de que estás con tus pares, con tus iguales, los que son como tú, tus buddies, tus amigos. Eso que las redes sociales te dan de «yo estoy bien, tú estás bien, somos guays». Los periódicos se han vuelto más que nunca un medio de comunión fática. Siempre ha habido ese componente, pero ahora creo que más que nunca. Ahora ya sabes lo que te va a decir el editorial. Lo lees solo para validar tu convicción, para confirmarte en que tú eres de los buenos, que el periódico te representa y representa a los tuyos. En los editoriales y en los artículos de opinión se reduce el margen para la argumentación, para los datos nuevos o para introducir cualquier debate más amplio. Se trata solo de validar, validar, validar: estamos bien, estamos bien, eres de los nuestros, yo soy de los vuestros. Este tipo de cosas.

6

¿Esto al final idiotiza a la sociedad?

La simplifica un poco. Los medios escritos se simplifican con la presión de las redes sociales. Bueno, ya empezaron a simplificarse con la televisión y ahora parece que si no utilizas el mismo lenguaje que las redes sociales, estás enviando algo que no puede ser asimilado, que no va a tener calado en ningún público. Yo sí tengo esa sensación. Y los periódicos están, por otra parte, desesperados. Porque pierden publicidad, pierden lectores y están desesperados por reconquistar a su público. Y una manera es atrincherarte con tu público y validar su opinión para que cada lector se sienta protegido. Tengo un pariente que me decía: «Yo leía el ABC, pero dejó de gustarme y me pasé a La Razón, pero me parecía demasiado blanda y ahora leo La Gaceta». Y claro, me daba cuenta de que no buscaba la mejor información, sino que buscaba la confirmación de lo que él sentía. Y entonces buscaba el medio que mejor se adaptara a la intensidad de sus sentimientos. Bueno, creo que la gente en gran medida sigue comprando periódicos por eso.

Tú que eres una persona que está en una institución pública y has salido bastantes veces en noticias, has concedido muchas entrevistas, y luego has leído o has escuchado sobre ti… ¿se puede fiar uno de los medios?

Nada. Me siento muy poco identificado con nada de lo que sale o de lo que digo en los medios. Pero siempre pienso que en buena parte es culpa mía. Me gusta cómo recogen los medios el contenido de cuando explicamos una exposición, porque ahí no tienen una agenda propia y simplemente resumen lo que cuentas. Se respeta el contenido. Pero en cuanto sales de ahí todo se distorsiona. Cualquier cosa que tenga implicaciones políticas… porque este museo al final depende del ministerio de cultura y está en un contexto político. Cualquier cosa que tenga que ver con la celebridad de la baronesa, de Tita. Todo se distorsiona según el medio. Los propios titulares: a veces no es tanto la distorsión del contenido como que se destaca algo que no es realmente importante, y en cambio las cosas que son realmente importantes… bueno, es una queja muy tonta, pero recuerdo una entrevista con una agencia de noticias y me vinieron a preguntar por el programa del museo. Les estuve contando el programa y ya al final —estábamos con lo de la subida del IVA— me hicieron una pregunta breve: «¿Os afecta el IVA a los museos?». Le dije: Hombre, afecta en toda la actividad económica del museo pero en la entrada no, porque las entradas de los museos no cargan IVA. Titular: «La subida del IVA no afecta a los museos».

Hablando de las entrevistas, ¿qué pregunta te hubiera gustado que te hagan y nunca te han hecho?

No lo sé. Esa es una pregunta muy difícil. No lo he pensado nunca. Con tal de que no me hagan determinadas preguntas…

¿Por ejemplo?

(risas) Me importa más que no me hagan determinadas preguntas por si acaso las contesto. Me gustaría, lo que pasa es que es utópico, que los medios entendieran que soy director artístico. Que no soy gerente de este museo. Lo que se llama gestión cultural me interesa muy poco. Me interesa regular y además no sé nada. De lo que me interesa hablar es de arte. Se ha creado —esto sí es una queja que tengo aunque estoy resignado a que esto es así y ya está— un interés público en torno al fenómeno del museo, el fenómeno de las exposiciones. Entonces los medios siempre te preguntan por eso. No sé si me explico: es como un interés de segundo orden. No interesa Cezanne, no interesa el surrealismo, al medio que viene normalmente no le interesa el contenido. Le interesa qué estás haciendo con esto: «oye, ¿esta exposición va a tener muchos visitantes? ¿Cómo programáis? ¿Qué dice la baronesa?». Interesan los coleccionistas y su circunstancia social, la gestión cultural, el Paseo del Arte, cómo te llevas con tus vecinos, pero a mí el fenómeno social de los museos no me interesa nada. Vivo con ello como todo el mundo vive con su trabajo, como tú vives el medio social del periodismo o de la literatura y no puedes vivir de otra manera, probablemente. Pero en lo que estás pensando no es en eso,  estás pensando en la literatura misma, en lo que vas a escribir, en el contenido mismo. Yo no reflexiono nada sobre los museos, pienso en el arte y en la historia del arte, ¿sabes? Entonces hay como una preocupación sobre esta faramalla exterior a lo que verdaderamente importa.

Tengo la misma sensación con el periodismo cultural que me producía el periodismo deportivo cuando oía en los taxis a José Mª García y los que vinieron después. Al final, de fútbol no hablaban. Hablaban de que si un directivo se peleaba con el técnico, de que si el técnico quería contratar a no sé quién. A mí nunca me ha interesado el fútbol, y aun así pensaba «pero a la gente lo que le interesa ¿no es el fútbol? ¿Por qué están todo el día hablando de circunstancias que están alrededor pero no del fútbol mismo?». Les interesaba el cotilleo en torno al fútbol, pero no el fútbol mismo. En el periodismo cultural ha terminado pasando algo parecido. La gente habla de si tal museo es ahora mejor o peor por los resultados económicos, de las relaciones políticas de no sé quién. Pero al final el contenido ¿cuál es? Lo que le interesa a la gente que viene a las exposiciones es ver cuadros o fotos de Fulano o de Mengano. Tengo la sensación de que al ir creciendo la reputación de los museos… porque antes nada de eso importaba, hace treinta años la gente ni sabía cómo se llamaba el director del museo del Prado.

¿Por qué ha crecido tanto esa reputación?

Porque por alguna razón la actividad misma del museo se ha convertido en algo con glamour, un glamour que se comunica más allá de lo que es el contenido mismo. Philippe de Montebello, el antiguo director del Metropolitan, decía una cosa hace como diez o quince años que ya se ha consumado: «cuando yo era niño, los domingos la gente decía “vamos a ver los cuadros”. Ahora van a “vivir la experiencia del museo”». Esto es una aberración, en realidad. Una aberración que se ha creado desde los mismos museos: tienes que venir aquí, hay cafetería, te pasas una hora en la tienda, hay cuarenta actividades… el museo como sitio que visitar, que hay que vivir. Y esto pasa también en los medios.

Muchos directores de museos buscan precisamente eso.

Todos lo buscamos. Al final, todos lo buscamos por necesidades de supervivencia, porque ahora la manera de que el público venga es vender el museo como conjunto, no vender la Tornabuoni ni la Santa Catalina de Caravaggio, sino vender que puedes venir aquí un sábado y encontrarte un mundo de experiencias, igual que si vas a un parque de atracciones, un parque natural, etc. Es una necesidad vital porque el mercado se ha ido modificando y ahora funciona así. Yo, como Montebello, echo de menos que los visitantes digan «voy a ver la Santa Catalina de Caravaggio» y que lo demás importe muy poco. Y echo de menos también que los medios estén enfocados en eso y no les interese si en el museo tal han destituído al jefe de colecciones y lo han sustituido por quien sea, porque en el fondo da lo mismo. Hombre, es importante que las pinturas estén bien iluminadas, bien instaladas, que se vean en un orden que tenga sentido, pero todo lo demás es accidental.

Esto sucede en el mundo del arte y sucede prácticamente en todos los ámbitos.

Sucede en todos los ámbitos. Luego, el interés del público se desplaza de la fachada al backstage. Es otro fenómeno del que también nos beneficiamos. A la gente no le basta ya con ver la exposición sino que quiere saber cómo funciona lo que hay detrás. Cómo se hace, el making of. Ver cómo se embala y se desembala, cómo vienen los cuadros y qué se hace con ellos…

Eso me parece interesante.

Eso lo explotamos. Pero también es accidental, secundario. El que los cuadros vengan en camión, en barco o en avión, es perfectamente irrelevante desde el punto de vista artístico. Que la caja sea azul o dorada, da lo mismo. Pero es verdad que al aumentar la notoriedad pública de los museos todo interesa. No al ritmo que pasa en los clubes deportivos, pero en otra proporción es lo mismo. Es un poco incómodo para los que trabajamos en los museos, porque no estamos hechos para sufrir esa especie de exposición.

No sé si ves mucho la televisión, pero sabes que hay programas de cocina sobre el funcionamiento de restaurantes, como el de Alberto Chicote…

Sí, sí. Se podría hacer un reality en un museo. A nadie se le ha ocurrido.

¿Cómo te sentirías?

Ya lo estamos haciendo, porque en Twitter estamos haciendo un reality. Hombre, filtrado porque no sale todo, pero es un poco reality. Porque yo me quejo de todo eso pero en realidad también contribuyo, como pasa siempre que alguien de un museo se queja de la excesiva exposición pero al final estás en el mismo barco que todo el mundo. En Twitter ya hacemos un reality porque hay diálogos con gente de mi plantilla que los tenemos en abierto. El público no sabe en realidad que son diálogos sobre cosas del museo y que se mantienen en abierto, que no pasa nada. Llegará un momento en que haya reality de todo. Creo que vamos hacia eso. Los políticos, por ejemplo, creo que terminarán llevando todos una cámara enchufada y podrás engancharte a lo que hace el alcalde…

¿Crees que de verdad a los políticos españoles les interesa llevar una cámara detrás durante veinticuatro horas?

Terminarán haciéndolo. Llevar una cámara y que tú te puedas enganchar en cualquier momento y ver que está inaugurando no sé qué, que está viajando a no sé dónde. Con desconexión para dormir, para el amor y para poco más. Creo de verdad que terminará siendo así. Los medios de comunicación tal y como los concebimos van a desaparecer, obviamente. Tendrás opciones como las de la televisión digital y ...

23 Nov 17:22

Sostenibilidad 2.0

by EcoHabitar

SOSTENIBILIDAD-2.0

Muy joven y probablemente la palabra más tergiversada y degradada de nuestro vocabulario. Unos dicen que sostenibilidad nació con el “Informe Brundtland” (1987), y otros se remontan a la “Declaración de Cocoyoc”(1974) de Naciones Unidas en Cuernavaca, México cuando la diplomacia americana quiso evitar que el concepto de  ecodesarrollo se impusiese en la sociedad (*1) . Independientemente de su nacimiento, hasta el 2010 no ingresó en el diccionario de la Real Academia de la Lengua y en 2013 ya es difícil entender su significado por la explotación a la que está sometida, tanto que algunos la llaman “sostemible” (*1) o “sosteniblablá” (*2).

El sistema de mercado es muy voraz y depredador, con su necesidad imperiosa de  crecimiento económico es capaz de desertizar territorios, talar bosques, contaminar mares, exterminar tribus, y también de robar significados, destrozar el lenguaje y convertir  la sostenibilidad en pura retórica.

El tomate fue tomate hasta que un día dejó de saber a tomate. Ese día el significante dejó de corresponderse con el significado. Desde entonces, si queremos comer un buen tomate tenemos que buscarlo como bio-tomate o eco-tomate, o trabajar un poco más y cultivar una huerta. Esta lógica la podemos trasladar a muchos productos y servicios, entre ellos la arquitectura.

La palabra sostenibilidad está totalmente desgastada, manoseada y vacía de contenido. Por otro lado es la palabra que representa el concepto del siglo XXI, un siglo donde los hombres y mujeres tenemos la gran responsabilidad de definirnos como especie sostenible o insostenible para vivir en el planeta Tierra, un concepto en el que mucha gente esta trabajando, desde la responsabilidad y la ilusión de construir un planeta más habitable para todos, los que estamos y los que vienen.

¿Por qué está vacía de contenido?

Tenemos a las principales empresas del oligopolio energético español a la cabeza de las campañas de sostenibilidad, enfrentadas en una carrera frenética por ver quién vende más sostenibilidad, al mismo tiempo que tienen sobre sus espaldas (balances ambientales) cantidades ingentes de emisiones de CO2. Venden sostenibilidad y no quieren que se regulen opciones bastante más sostenibles como el autoconsumo, descentralización y generación distribuida de la electricidad, para no perder parte del pastel. Hipotecan nuestro futuro con la sostenibilidad como bandera y la hipocresía como ADN. Obviamente muy bien posicionadas en todo el mercadeo y greenwashing de índices de sostenibilidad tipo Dow Jones Sustainability Index,  Clean Tech & Energy Awards 2012 de New Economy, etc.. Esto es lo que el director de Worldwach Institute, Robert Engelman define como “sosteniblablá” en su último informe.

Multinacionales de los hidrocarburos como Repsol venden sostenibilidad porque saben que es una demanda social y una necesidad vital (basta poner unos coches eléctricos en el parking de la sede para justificar sostenibilidad mientras hago prospecciones de petróleo en el mar, o  fracking y agoto la última gota de carburante no renovable. Se estima que unos 2,8 billones de toneladas de CO2, suficientes para una auténtica catástrofe climática, duermen en las tripas de la Tierra, esperando que gobiernos y compañías insensatos y ciegos como nuestro ministro Soria saquen a la superficie por un buen precio, con la excusa de revitalizar la economía.

Otros casos como el de URSA uralita, una empresa que está presente en todos los actos de la sostenibilidad relacionada con la construcción y pertenece a un grupo que ha sido el mayor fabricante de amianto en España, Uralita, SA, descendiente de la antigua Rocalla, SA.  y responsable de una gran contaminación carcinógena por asbestos que  numerosas muertes por amianto, prohibido en España desde 2002. Igual me equivoco y es un cambio de rumbo radical en la compañía pero actualmente no tenemos herramientas de medición de la sostenibilidad real en todo su estructura empresarial, una especie de Análisis de Ciclo de Vida de la empresa, solo informes parciales de lo que quiere comunicar cada empresa, memorias de sostenibilidad o de responsabilidad social ambiguas pura estrategia de marketing, de greenwashing.

El Banco Santander fue elegido el banco sostenible global del año 2012 en la octava edición de los premios Sustainable Finance Awards del Financial Times (FT) e International Finance Corp. (IFC), agencia perteneciente al Banco Mundial, al mismo tiempo el Banco Santander tiene inversiones en armas y se refugia en numerosos paraísos fiscales. ¿Tenemos una radiografía real del aporte a la sostenibilidad de estas compañías?, ¿qué parámetro son sostenibilidad y cuales no se valoran?, ¿podemos considerarlas sostenibles?, o cómo dice el humorista Randal Munroe “La palabra sostenible es insostenible” (*4)

Por otro lado están los gobiernos y administraciones que se desviven por utilizar la sostenibilidad en sus proyectos y en las leyes que regulan nuestro presente; “Ley de la Economía Sostenible” 2/2011, para justificar recortes en aspectos sociales, medioambiente y cultura, “Proyecto de Ley de Protección y Uso Sostenible del Litoral y de Modificación de la Ley de Costas” que en definitiva lo que hace es permitir construir más en las costas, “Ley para el Desarrollo Sostenible del Medio Rural”, para hacer más sostenible el campo han pasado de un presupuesto de 200 millones en 2011 a 28 millones en 2012, “Ley de Viviendas Rurales Sostenibles” 5/2012, la ley de la Comunidad de Madrid para poder construir en suelo rústico si tienes una finca grande, más de 60.000 m², o el famoso “Factor de Sostenibilidad” que van a introducir para regular y recortar  las pensiones.

Eso sí, los mismos gobernantes han desmantelado el Observatorio de la Sostenibilidad Española (OSE) porque supongo que estaba observando demasiado. En el año 2012 el gobierno dejó de incluir al Observatorio en su presupuesto, y al poco tuvo que cerrar. Algo parecido están haciendo con el Centro de Energías Renovables (CENER), matándolo por asfixia pero España se ha gastado ochocientos millones de euros en los últimos seis años en compra de derechos de emisión de CO2 a otros países.

Estrategias “botton-up”.

Parece que los de arriba, gobiernos, bancos, multinacionales, están ciegos y sordos, son incapaces de cambiar las reglas de la partida, siguen a lo suyo, neoliberalismo económico y crecimiento desenfrenado, absortos en el PIB como herramienta de medición. Muchas declaraciones de intenciones, en el 2007 en la Cumbre del Clima Zapatero llegó a Copenhague diciendo que los ecologistas tenían razón y había que tomar medidas con el clima,  Sarkozy llegó diciendo que era urgente reformular el capitalismo y Obama que había que acabar con los paraísos fiscales, ¿dónde ha quedado todo eso?.

Puesto que de arriba no podemos esperar nada, solo nos queda construir estrategias desde abajo, “bottom-up”. Está claro que la sostenibilidad es una preocupación general. ¿Conocéis a algún político que no sea sostenible?, ¿algún arquitecto?, ¿a alguna persona que se declare insostenible?, creo que ya casi todos nos definimos como sostenibles en este mundo insostenible.

Ahora es el momento de medir la sostenibilidad en toda su complejidad y con toda la transparencia posible.Sostenibilidad 2.0, (*5) una palabra que supera el concepto inicial, que está muy ligada al mundo digital, a la medición y la gestión transparente de  la información. Debemos medir, parametrizar y visualizar los indicadores de la sostenibilidad. No se puede gestionar lo que no se mide.

Junto a medición y transparencia,  solo cabe tener una esperanza puesta en la inteligencia colectiva responsable, no para solucionar lo que ya es irremediable sino para no acentuar más las consecuencias de nuestra insostenibilidad.

El camino, ¿herramientas de medición o transparencia?

Solo podemos evolucionar si medimos científicamente, para luego hacer balances y sacar conclusiones o siendo muy transparentes en todos los procesos. En ese sentido hemos evolucionado mucho desde los años 70 cuando empezamos a cuantificar las emisiones y los recursos de nuestro modelo de desarrollo en el famoso informe de “Los límites del crecimiento”.

Actualmente podemos ver ejemplos de medición en iniciativas y herramientas que han aportado mucha luz cómo la Huella Ecológica y el Análisis de Ciclo de Vida. En el campo de la construcción podemos encontrar herramientas muy interesantes que están en desarrollo como la implantación de los DAPs (Declaraciones Ambientales de Productos) sistemas que miden todos los impactos de cualquier producto en su ciclo de vida. En la economía, podemos encontrar herramientas un poco menos maduras pero con mucha proyección como la Economía del Bien Común (EBC), una manera de parametrizar a las empresas desde el triple balance, social, económico y ecológico. O las voces que cuestionan el PIB como instrumento de medida del progreso y desarrollo de un país para empezar a plantear otros indicadores. Desde el punto de vista del usuario aparecen con más frecuencia programas y aplicaciones que miden diferentes impactos y dan al consumidor más información que la puramente económica como “piensaenclima” o la goodguide. Todas herramientas de medición que dan información al consumidor, al sujeto como actor principal capaz de transformar la realidad, y como dice Juan Luis Sánchez, si la TV creó ciudadanos pasivos, internet está creando ciudadanos activos.

Podemos observar detalles interesantes (aunque de momento insignificantes) de transparencia en acciones como la de que un periódico presente todas sus cuentas a sus lectores (eldiario.es), la de que una la banca ética publique dónde invierte todo el dinero que recibe (coop57, Fiare, Triodos), o en iniciativas de democracia directa y transparente como la de Compromís-Equo, donde los ciudadanos pudieron decidir por Internet qué enmiendas precisamente a la “Ley de Transparencia”, o la “Ley de la Reforma Eléctrica”, debía apoyar o rechazar el diputado Joan Baldoví. Una pena que a al final nos quede una “Ley de Transparencia” descafeinada y sin consenso, a la cola de Europa, y una “Ley Eléctrica” retrograda y ciega al futuro.

Y como crecimiento del consumo responsable podíamos referirnos al aumento del 73% de clientes de Triodos desde 2008, o los 10.000 socios de Som Energía en dos años de vida, o las 30 monedas sociales que se están implantando, o las 30 iniciativas de transición que han salido en cinco años, o las innumerables cooperativas y pymes que están trabajando en sostenibilidad social y ambiental.

Nos roban el sol, el agua y el lenguaje pero somos el 99% (*6) y en nuestras manos está construir otra realidad, una Sostenibilidad 2.0, que se mida, que sea transparente, que se comparta y que se cree desde la multitud activa. Efectivamente, como dice Eduardo Galeano el mundo está podrido y agonizante pero como usted dice está embarazado de otro que está naciendo, lo que no sabemos es si llega a tiempo o ya viene tarde como insinúa el reciente informe “La situación del mundo 2013” del Worldwatch Institute.


(*1) Del texto de José Manuel Naredo “Sobre el origen, el uso y el contenido del término sostenible”

“Se trata de la declaración en su día llamada de Cocoyoc, por haberse elaborado en un seminario promovido por las Naciones Unidas al más alto nivel, con la participación de Sachs, que tuvo lugar en l974 en el lujoso hotel de ese nombre, cerca de Cuernavaca, en Méjico. El propio presidente de Mejico, Echeverría, suscribió y presentó a la prensa las resoluciones de Cocoyoc, que hacían suyo el término “ecodesarrollo”. Unos días más tarde, según recuerda Sachs en una reciente entrevista [Sachs, I. , 1994], Henry Kissinger manifestó, como jefe de la diplomacia norteamericana, su desaprobación del texto en un telegrama enviado al presidente del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente: había que retocar el vocabulario y, más concretamente, el término “ecodesarrollo” que quedó así vetado en estos foros. Lo sustituyó más tarde aquel otro del “desarrollo sostenible”, que los economistas más convencionales podían aceptar sin recelo, al confundirse con el “desarrollo autosostenido” (self sustained growth) introducido tiempo atrás por Rostow y barajado profusamente por los economistas que se ocupaban del desarrollo. Sostenido (sustained) o sostenible (sustainable), se trataba de seguir promoviendo el desarrollo tal y como lo venía entendiendo la comunidad de los economistas. Poco importa que algún autor como Daly matizara que para él “desarrollo sostenible” es “desarrollo sin crecimiento”, contradiciendo la acepción común de desarrollo que figura en los diccionarios estrechamente vinculada al crecimiento.” JMN

(*2) Sostemible, del Glosario de la vida moderna, consumista y buenrrollista, ENCICLOMIERDA de Basurama. 

(*3) Sosteniblablá término acuñado por Engelman en el reciente informe del WORLDWACH INSTITUTE, “¿Es aun posible lograr  la sostenibilidad?.”  Icaria Editorial 2013.

(*4) Randal Munroe en www.xkcd.com/1007

(*5) Término que escuché por primera vez al Dr. Diego Ruiz. Doctor en Ciencia e Ingeniería de Materiales (UC3M), Máster en Medio Ambiente y Arquitectura Bioclimática (UPM) y Licenciado en Ciencias Físicas (UCM). Consultor Sénior y Responsable de Formación en Cyclus Vitae Solutions. Miembro del equipo técnico y la junta directiva de la asociación El Ecómetro.

(*6) Metáfora utilizada por el movimiento Occupy Wall Street y desarrollada en su último libro por el premio nobel de economía Joseph Stigliz “El precio de la desigualdad: El 1 % de la población tiene lo que el 99 % necesita”.

23 Nov 16:00

How To Masturbate

by HowToBasic
Today I show you how to masturbate. Masturbation is perfectly normal, there's absolutely nothing wrong with beating it on a regular basis. However, due to po...
From: HowToBasic
Views: 4598384
69924 ratings
Time: 02:13 More in Howto & Style
22 Nov 18:04

Photo



22 Nov 17:25

montt en dosis diarias - -68

by noreply@blogger.com (montt)
21 Nov 18:23

The 20th-Century Architecture of Eero Saarinen

In America's postwar years, architects and builders were redefining modernism, taking advantage of new construction techniques and materials to create a visual language for the 20th century. Finnish-American architect Eero Saarinen was amazingly prolific and successful throughout this era, designing projects large and small, from the Gateway Arch in St. Louis and the TWA Flight Center at New York's JFK Airport to community churches and individual homes. Photographer Balthazar Korab worked for Saarinen, skillfully capturing the nuances, shapes, and lines of his structures and documenting the creative process involved. In the process, he earned a reputation as a well-respected architectural photographer. Korab, who passed away earlier this year, graciously donated nearly 800 of these photographs to the Library of Congress in 2007. [44 photos]



Architectural detail of the interior of the Trans World Airlines Terminal, John F. Kennedy Airport, New York, circa 1962. The expansive, futuristic terminal building, designed by architect Eero Saarinen, opened in 1962, described as a "Grand Central of the jet age." (Library of Congress/Balthazar Korab)

    






21 Nov 18:14

Photo



20 Nov 23:39

Guerra de guerrillas

by Iñaki Tarragó

La multinacional sueca IKEA lleva ya varios años realizando una peculiar campaña publicitaria a base de pequeñas acciones de transformación temporal del espacio urbano, en diversas ciudades de todo el mundo. Acciones llamadas guerrillas, que provocan sobre el transeúnte un impacto inesperado. Una manera crítica e ingeniosa de publicitarse usando la ciudad como escenario.

01. IKEA-NY

[1] A mediados de la década de los ochenta del pasado siglo, el escritor norteamericano Jay Conrad Levinson popularizó el concepto Guerrilla Marketing [2] para describir una estrategia comercial basada en la obtención de resultados mediante acciones publicitarias ingeniosas que, con muy poco presupuesto pero con alta dosis de provocación y transgresión, fueran capaces de llegar al público. Una estrategia que enseguida  tomaron como referencia pequeñas marcas con la necesidad imperiosa de abrirse hueco en el mercado, que vieron cómo, con muy poca inversión, obtenían un impacto mediático extraordinariamente alto. Si bien en un principio las grandes empresas se mantuvieron al margen – temerosas de lo que podían llegar a perder más que lo que les podía reportar este tipo de publicidad agresiva – hoy día, la estrategia es común y transversal en la promoción de todo tipo de marcas, establecimientos y empresas.

La compañía IKEA ha hecho de esta peculiar estrategia, su método de promoción más potente. Sus acciones de guerrilla, repartidas por ciudades de medio mundo, son hoy enormemente populares y tremendamente efectistas. Tras cada una  de ellas, IKEA busca no sólo su promoción – lo que precisamente diferencia a sus campañas de otras acciones de guerrilla- sino conseguir del espectador, del transeúnte, una reacción crítica. Forzando en ocasiones hasta el absurdo, trata de llevar al extremo la “domesticación” de los rincones más insólitos de nuestras calles y lugares públicos para realzar su valor y remarcar la importancia de su presencia. Cada acción tiene su propósito concreto, generalmente vinculado a la ciudad protagonista. Estas son algunas de las más destacadas.

¿Por qué no convertir una parada de autobús o una estación de metro en algo más que un lugar de espera?¿ Por qué no dotarlo de las comodidades de una sala de estar? ¿Por qué no hacer que nos sintamos como en casa en un rincón a priori tan frio como la parada de un autobús? Este fue precisamente el objetivo de las campañas llevadas a cabo en diferentes paradas y estaciones de autobús y metro en Nueva York y París respectivamente.

02. IKEA Paris

[3] En la ciudad de Tokio, en la que el déficit de suelo sin edificar lo convierte en un bien tan preciado como escaso, IKEA quiso llevar al extremo la idea del aprovechamiento mediante la ocupación de los vacíos intersticiales más inverosímiles. Vacíos que habitó y ocupó hasta su colmatación. Reprodujo entre otros espacios, dormitorios y salas de estar en bajo escaleras, o estrechas cocinas en el escaso espacio entre dos edificios.

03. IKEA-Japon I

04. IKEA-Japon II

[4] En Quebec, cada primero de julio la ciudad celebra su Moving day, festividad tradicional en la que muchos quebequenses aprovechan para realizar sus mudanzas. La tradición se remonta a mediados del siglo XIX cuando el gobierno decretó que todos los contratos de alquiler debían empezar y finalizar en una misma fecha. Dicha fecha ha ido variando hasta la actual, coincidente con el día de Canadá,  hecho que lo convierte en un evento social casi festivo.  Conscientes de que en los días previos, lo más buscado en la ciudad son cajas de cartón, IKEA ideó precisamente una campaña para su suministro gratuito. Dispuso por toda la ciudad paneles con cajas sin plegar listas para ser cogidas por quien las necesitase. La idea resultó redonda; la empresa participaba y promovía la festividad – la  gente así lo entendió – y de paso les recordaba, mediante cupones descuento incluidos en las cajas, que en su establecimiento podían encontrar  todo aquello que necesitasen para completar la mudanza.

05. IKEA-Quebec

[5] En la playa de Bondi Beach, en Sídney, Australia, IKEA organizó una biblioteca improvisada coincidiendo con la celebración de los treinta años de su modelo de estantería más popular. La idea surgió a partir de los resultados del estudio que la propia empresa había realizado con anterioridad, según los cuales uno de cada tres australianos dedicaría una hora más de lectura al día si pudiese. Así pues, durante un día, los bañistas pudieron escoger entre más de 6000 libros y amenizar así su día de playa.

06. IKEA-Sydney

[6] Durante tan sólo quince días, IKEA instaló en un solar cercano a la autopista A6, a la altura de la localidad de Beaune, Francia, un hotel. Sus 28 habitaciones, de 4m2 cada una, estaban preparadas para que fueran ocupadas por los conductores durante un máximo de 20 minutos, tiempo suficiente para dormir una siesta que les permitiese proseguir con su viaje. El recinto disponía además de un área de recreo controlada por monitores, donde los niños podían jugar mientras sus padres dormían.

07. IKEA-Francia

[7]

Iñaki Tarragó

 

 

 



[1] IKEA Bus stop. New York. www.dbocaaoreja.wordpres.com

[2] Jay Conrad Levinson. Guerrilla marketing: Secrets for making big profits from your small business. Houghton Mifflin Harcourt, 1984.

[3] IKEA’s Guerrilla Marketing in parisian Opéra subway station. www.abduzeedo.com

[4] IKEA in tiny spaces. Tokyo. www.guerrillacheesemarketing.com

[5] IKEA’s moving day. Quebec. www.guerrillacheesemarketing.com

[6] IKEA library in Sydney. www.creativeguerrillamarketing.com

[7] IKEA Aire de la sieste. www.retail-intelligence.es

20 Nov 23:36

Suop, un operador móvil en el que tú eres el servicio de atención al cliente

by David Garcia

España tiene varios personajes inmutables que la convierten en el entrañable escenario tecnológico que tenéis ante vuestros ojos. Por un lado, tenemos al cuñado informático que formatea el ordenador cuando se te ha ido la mano entrando a páginas de las de sacar la VISA. La otra figura es la del cuñado que sabe todo lo que hay que saber para que tu operador móvil te regale un teléfono cada poco tiempo. Un nuevo operador móvil virtual español, Suop, tira de cuñados usuarios empollones para montar su servicio de atención al cliente y apela a la relación entre iguales para solucionar los problemas de sus clientes.

Cuando Jaime Pla supo de GiffGaff, el operador británico cuyo destino manejan sus propios clientes, encontró la inspiración que necesitaba para iniciar un ambicioso proyecto, que esto de montar una empresa de servicios móviles no es asunto baladí.

Pla metió en la coctelera ideas como el crowdsourcing o el consumo colaborativo

Pla, ingeniero madrileño que ama el mundo de la telefonía móvil (estuvo presente en los inicios de Simyo), metió en la coctelera otras ideas que también le apasionan como el crowdsourcing o el consumo colaborativo. Se dio cuenta de que “debido al alto grado de desafección de los clientes con los operadores móviles, estos conceptos tenían un fácil encaje en una iniciativa como esta”.

El madrileño comenzó a investigar acerca de modelos de negocio. Cuando el camino que se pretende comenzar no ha sido explorado por nadie, los riesgos de que te devoren las fieras son algo mayores. “Llegué a la conclusión de que, gracias a internet y las redes sociales, todas las empresas en el futuro tendrían que cambiar sus patrones mentales. Tendrán que involucrar en mayor o menor medida a sus clientes en su día a día. Ahora, tus clientes pueden hablar contigo, pueden hablar sobre ti y pueden hablar entre sí. Es más, se fían más de lo que otros clientes como ellos opinen de ti que de lo que tú les digas”, explica.

Los usuarios se fían más de lo que otros clientes como ellos opinen de ti que de lo que tú les digas

Suop tiene ya su portal activo y se encuentran en plena preparación del lanzamiento del operador móvil. Durante estas semanas, los usuarios ya están aportando ideas y discutiendo temas como el precio de los servicios. “Aún no ofrecemos los servicios de móvil ni se están aplicando las recompensas que tenemos preparadas. Los primeros miembros de la comunidad ya nos han pedido que las apliquemos de forma retroactiva por la participación y aportación que ya está habiendo y así lo haremos”, cuenta Pla.

Esos early adopters son la pata en la que el operador quiere apoyarse para su lanzamiento comercial. Pla reconoce la ventaja que supone para la empresa delegar tareas en los que serán sus clientes. “Esto genera un ahorro porque se es más eficiente y ese ahorro es el que se repercute a los clientes en función de su participación”, declara.

Las ventajas que ofrece Pla pasan por un precio acorde con sus gustos -ya que son ellos los que participan en fijar las tarifas-, “el sentimiento de afinidad y pertenencia, ya que la empresa deja de ser una entidad extraña y al considerarse uno parte de ella”, y la mejora en la apreciación del servicio.

En lo relativo a la atención al usuario, el ingeniero piensa que “nadie mejor que otro usuario que ha tenido el mismo problema o consulta para resolverlo. Ante esto el modo tradicional de atención al cliente con una persona en un país desconocido no tiene nada que hacer”.

Los clientes obtienen ventajas como minutos gratis, reembolso de dinero o reconocimiento de la comunidad

A cambio de este trabajo, los clientes obtienen ventajas como minutos gratis, reembolso de dinero o reconocimiento de la comunidad. Además, será esa comunidad la que decida otro tipo de políticas de empresa como la donación de beneficios a una ONG de protección animal, que los precios lleven el IVA incluido o que el envío de la tarjeta SIM sea gratuito.

Suop lleva un solo mes en pie y ya son 1.500 las personas que están aportando sus ideas y su visión. “Han aportado unas 700 propuestas. En el equipo ya somos diez personas y en la comunidad ya hablamos directamente con otras diez que podrían perfectamente ser uno más en el equipo. En diciembre lanzaremos el operador móvil y nuestro objetivo es construir una comunidad y que Suop sea el operador móvil más querido por sus usuarios. Ese es el verdadero reto”, concluye Pla.

The post Suop, un operador móvil en el que tú eres el servicio de atención al cliente appeared first on Yorokobu.

20 Nov 23:30

Un post-it en cada muerte de Juego de Tronos

by noreply@blogger.com (Antonio Martínez Ron)

Si colocas una etiqueta en cada muerte de un personaje relevante en la saga de Juego de Tronos, pasa esto. Visto en Reddit.

Entrada publicada en Fogonazos http://www.fogonazos.es/
20 Nov 06:52

GIF y LSD forman una rima asonante

by David Garcia

Ya tardaba. El revival GIF que vive esta internet nuestra que Dios nos ha dado es revival porque se basa en algo similar que ya existió antes. El hecho de que la calidad gráfica a nivel general se haya consolidado, así como la pérdida de la actitud naif que acechaba a los creadores digitales en los primeros tiempos del boom de internet, provoca piezas de arte digital de una calidad (entiéndase esto como cada uno quiera) espeluznante. Cachemonet es un ejemplo que, de tan friki y marciano, debería estar prohibido.

Antes de nada, haz click aquí. Si no te apetece, tenemos otros posts mejores.

dog

donut

Vayamos al mojo. ¿Han visto ese enlace anterior? Se trata de Cachemonet, un experimento creativo retrofuturista o avantiguo, no sabemos aún cómo definirlo, que han creado desde Universal Scene. Sus autores lo definen como “una exploración de las colisiones casuales que ocurren entre dos selecciones aleatoriamente generadas”. O algo. Esto, traducido a un idioma un poco menos psicópata, viene a decir que la aplicación web selecciona GIFs clásicos de los 90 y los combina formando experiencias visuales tan hipnóticas como las que tenéis en el sitio en cuestión.

sharkattack

El resultado abraza con fervor la lisergia digital noventera y escarba sin piedad en el subconsciente de todos los que crecimos sintiendo nuestros ojos sangrar ante la profusión de GIFs que en aquella época se daban en numerosas webs.

También constituye una exaltación necesaria del GIF como pieza de arte hipster y como elemento gráfico reducido de expresión en la red. Si, además, esos GIFs son del nivel de este, inspirado en el anuncio de Loterías, de lo único que te quedan ganas es de retirarte de esto porque YA ESTÁ TODO HECHO.

Autor: Grumos http://grumosporfavor.tumblr.com/

Los GIFs de Cachemonet se los hemos cogido prestados a Business Insider.

The post GIF y LSD forman una rima asonante appeared first on Yorokobu.

19 Nov 16:59

Photo





19 Nov 16:03

Libro ilustrado sobre malos argumentos (en inglés)

by juanma

An Illustrated Book of Bad Arguments (Libro ilustrado sobre malos argumentos ) es un trabajo sobre las falacias lógicas más corrientes, que podéis leer online. Destacan las ilustraciones de animalitos, más propias de un cuento infantil que de este tipo de contenidos.

19 Nov 11:19

¿Por qué iba un tipo a clavarse los huevos al suelo?

by Jaled Abdelrahim

Me dice un amigo, así por charlar, que un ruso en la Plaza Roja de Moscú se ha clavado los huevos al suelo este domingo para protestar contra la “indiferencia política” de la sociedad. De primeras mi reacción fue pinchar una patata frita del plato y mirar la hora. No sabía yo que aquella primicia iba a tejer tela en mi subconsciente.

“De qué escribo…”, pienso más tarde sentado en el sofá mientras me desespero rastreando. Entonces unas palabras rebrotan en mi cabeza y me pregunto: “¿por qué coño un ruso se ha clavado los huevos al suelo en la Plaza Roja?” Miro al infinito. Tal pensamiento me lleva, por un lado, a agarrarme las costuras en una involuntaria comprobación de que todo va bien, y por otro, a una incógnita: ¿cuánto ha cambiado nuestro modo de reivindicar las cosas?

Yo no sé si nos estamos pasando. Y no se me tome por un revientaprotestas que aquí uno ha corrido como el que más y se ha llevado más de un porrazo y algún pelotazo de goma. Lo que digo es que de unos siglos para acá, en lo que a protestas se refiere, no ganamos para disgustos.

Que la culpa no es nuestra, que la culpa es de la sofisticación armamentística de nuestros cuerpos de seguridad y de todos esos derechos revolucionarios  que perdimos el día en que nos convertimos en estados consolidados.  Pero que pienso que antes se ahorcaba a un Luis XVI a nada que viniesen cuatro más bestias que los mosqueteros y se arreglaban las cosas en una mañana.

El ruso que se ha perforado el escroto a escasos metros del mausoleo de Lenin se llama Piotr Pavlenski. Es un artista que, harto de la clase política de su país, ha decidido llamar la atención de sociedad y autoridades taladrándose las bolas en público. Y de algún modo -al menos mediáticamente- ha surtido efecto. ¿Está empezando a depender el éxito de las protestas de su efecto main-stream?

-

Solo con poner ‘ruso testículos’ en Google contabilizo cerca de un centenar de entradas que hablan del protestatario. Lo que se traduce en cientos de miles de visitas. Lo que quiere decir centenares de comentaristas interesados. De pronto, por algo así, muchos de esos que ni siquiera leen los periódicos ahora saben que hay gente en Rusia que está muy disgustada con su clase política.

Parece que nos estamos acostumbrando a que las campañas sociales empiecen por un sacrificio humano o, más bien, parece que nos hemos insensibilizado a los problemas a no ser que los que reivindican sus soluciones se arriesguen a llamar la atención del modo más macabro.

Escribo ‘protestas extremas’ en el buscador. De una página a otra me voy encontrando con ejemplos similares al de Pavlenski que me certifican que desde hace unas décadas a  esta parte, de entre las protestas que más acaban calando, abundan las que impactan a la masa por su autoflagelamiento.

Casi pioneros en esto de las quejas radicales virales están los monjes budistas (en japonés bōzu, bonzo en castellano). Y eso que no existía ni el YouTube cuando se pusieron a ello. Thich Quang Duc, monje budista vietnamita, se suicidó quemándose vivo y sin rechistar en una zona muy concurrida de Saigón el 11 de junio de 1963 y su hazaña creó una ola de suicidios idénticos entre hermanos de fe a principios de los 60.

Protestaban contra el régimen tiránico de Vietnam del Sur. La expresión quemarse a lo bonzo adquirió estatus de nombre propio, y solo con echar un vistazo a Wikipedia se contabilizan cuatro decenas de aficionados imitadores al estilo cuya causa tuvo un fuerte impacto social o periodístico.

Entre ellos están algunos de esos que firmaron en los libros de historia. Mohamed Bouazizi, por ejemplo, fue el vendedor ambulante tunecino que tras autoincendiarse en protesta por el trato que recibía del organismo local hizo estallar la revolución tunecina que derrocó al presidente totalitario Zine El Abidine Ben Ali y causó el levantamiento de la Primavera Árabe en los países vecinos.

Dice mi explorador que hay al menos dos ciudadanos iraníes que se hicieron célebres por coserse la boca para continuar con la huelga de hambre que habían iniciado tras la negativa recibida a su asilo político en Grecia. Tirando de ese hilo me vuelvo a encontrar a Pavlenski, el que se ha clavado los huevos al suelo, que al parecer hace no mucho también se hizo punto de cruz en los morros.

Leo sobre tipos crucificados, chinos, coreanos e indignados que se cortan dedos para dar pábulo a sus exigencias, obreros que se encaraman en grúas durante meses soportando las inclemencias meteorológicas, un hindú que se corta la lengua y una lista bien nutrida de manifestantes sufridores que a menudo no lo cuentan.

En el ranking de reivindicaciones con sufrimiento penal, encabezan la lista las acciones de las rusas Pussy Riot y el zapato que el reportero iraquí Muntazer al Zaidi lanzó al expresidente estadounidense George W. Bush como desahogo por el sufrimiento provocado a su pueblo.

5_moqtada_sadr_hablando

El caso es que todos esos sucesos, rápidamente reproducidos por los medios locales o internacionales y viralizados en las redes, a menudo han adquirido su sentido al conseguir llamar la atención de sociedad y dirigentes. Una atención de la que a menudo carecen las otras reivindicaciones por falta de ‘carisma’.

Debe ser que el mundo de los levantamientos ha cambiado y ahora que ni tenemos a Asterix que nos defienda, ni supermanes que nos venguen, ni guillotinas con las que saldar deudas regias en las plazas públicas el éxito parece radicar en la popularidad que adquiere el suceso protestatario, y ese, a su vez, a menudo depende del impacto sádico y conmovedor que causa el propio acto. ¿Podría ser que en la sociedad donde ‘todo el mundo ya lo ha visto todo’ ni políticos ni medios ni conciudadanos estén dispuestos a inmutarse para atender a nadie que no cause el máximo impacto? ¿Dependen nuestras luchas de un retuit? En la era mainstream, ¿la difusión de las reivindicaciones está sujeta a un clic que prometa imágenes con sobreaviso al daño de sensiblidades?

Como autoevaluación de la raza humana –servidor incluido- me arriesgo a decir que damos un poco de pena. Como opinión de aquellos que han sabido aprovechar la estupidez colectiva para captar la atención sobre los problemas: olé los huevos del ruso que se los clava.

IMAGEN-8511880-2

verfoto

The post ¿Por qué iba un tipo a clavarse los huevos al suelo? appeared first on Yorokobu.


    






19 Nov 11:18

“Fresh Moves” Mercado Móvil en Chicago

by Vicente Mora

fresh-moves-mobile-produce-market-chicago-22

“Fresh Moves Mobile Market es un solo pasillo de la tienda de comestibles situada en un lugar inesperado: un autobús de la Autoridad de Tránsito de Chicago readaptado, que fue comprado a la ciudad por $ 1. “Architecture for Humanity Chicago” se asoció con la ONG local “Food Desert Action” para diseñar el autobús, que reparte productos frescos a los 500.000 residentes de Chicago que viven en barrios que están clasificados como desiertos alimentarios. La página web “Moves Fresh” programa el horario, y el mercado móvil no solo vende productos, sino también ofrece clases de cocina y nutrición. Los organizadores están documentando el impacto del nuevo movimiento para apoyar la posibilidad de ampliar la operación realizada en Chicago o replicarla en otras ciudades.”

(via spontaneousinterventions.org)

(+ info)

(+ info)

fresh-moves-mobile-produce-market-chicago-2

fresh-moves-mobile-produce-market-chicago-21

fresh-moves-mobile-produce-market-chicago-13

fresh-moves-mobile-produce-market-chicago-14

fresh-moves-mobile-produce-market-chicago-15

fresh-moves-mobile-produce-market-chicago-16

fresh-moves-mobile-produce-market-chicago-17

fresh-moves-mobile-produce-market-chicago-18

fresh-moves-mobile-produce-market-chicago-6


La entrada “Fresh Moves” Mercado Móvil en Chicago aparece primero en más que verde.

18 Nov 04:52

montt en dosis diarias - -64

by noreply@blogger.com (montt)
15 Nov 19:44

Somos buena gente

by Carlos F.

El fallo de la crisis del Prestige me ha hecho recordar los autobuses de voluntarios que viajaban a Galicia para limpiar el chapapote de las playas. Fue un movimiento cívico impresionante. Después del 11-M, la gente colapsó los hospitales para donar sangre. Somos los primeros en donaciones de órganos y transplantes. Los vecinos se movilizan para evitar deshaucios. Hoy podemos leer que el banco de alimentos ha reunido 15.000 voluntarios para recaudar y distribuir la comida.

Los españoles tenemos muchos defectos; somos bravucones, chovinistas, promovemos el culto a la ignorancia. Sin embargo, visto lo visto, somos una sociedad muy solidaria. Tenemos incluso una casilla en nuestra declaración de la renta para “otros fines sociales” que el 50% de los contribuyentes marcamos ciegamente, sin saber muy bien a priori a dónde va el dinero, sólo porque pensamos que alguien lo puede necesitar. Mientras en otros países los neonazis tienen porcentajes de dos dígitos en el parlamento, aquí les dejamos que llamen la atención de vez en cuando, pero no consiguen más que unos pocos miles de votos.

La montaña de basura que es Madrid podría ser un campo de batalla, pero la ciudadanía se comporta y respeta a los huelguistas. Otros pagan el carro de la compra a quienes no se lo pueden permitir. Algunos padres o profesores empaquetan dos bocadillos, uno para su hijo y otro para aquél niño que ya no desayuna. A veces es necesario analizar cómo se comporta una sociedad en los momentos más críticos para saber cómo son en realidad. Y los españoles somos buena gente, aunque no salga mucho en las noticias.

Acerca de Carlos F.

15 Nov 18:54

Los justicieros del smartphone en México

by Jaled Abdelrahim

Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) de México el año pasado se cometieron en este país veintisiete millones setecientos sesenta y nueve mil cuatrocientos cuarenta y siete (27.769.447) delitos causando un total de veintiún millones seiscientas tres mil novecientas noventa víctimas (21.603.990). Ente ellos se contabilizan 26.037 homicidios y más de 105.000 secuestros, una media de 288 raptos al día.

A su vez, se da la circunstancia de que, según indica la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública 2013,  25. 573.200 de esos ilícitos no se denunciaron. Como razón principal el estudio habla de “desconfianza de la ciudadanía en las autoridades”. La gran mayoría de hechos delictivos finalmente quedaron sin juzgar.

Esta grave desatención al crimen se da en un país cuya capital, según reveló el propio gobierno del Distrito Federal en 2012, tiene “13.000 cámaras que vigilan palmo a palmo la ciudad –contando las cámaras de las entidades privadas-, por lo que es una de las mejores en cuanto a la seguridad y capacidad de respuesta de un gobierno hacia los ciudadanos”. Tal y como afirmó el propio Jefe de Gobierno del DF: “la ciudad de México es la metrópoli más vigilada del mundo”. Estas aseveraciones son difíciles de digerir si se tienen en cuenta las estadísticas antes citadas.

Ernesto López Portillo, director ejecutivo del Instituto para la Seguridad y la Democracia (Insyde) -una organización que promueve en México el ejercicio del Derecho Humano a la Seguridad y que está calificada como uno de los 22 Think Tank más influyentes de Norteamérica- no está de acuerdo con esa valoración. “El problema es que existe un gran número de delitos y faltas en los que están involucrados directamente los cuerpos de seguridad. ¿Qué ocurre? Que si en los delitos que graban las cámaras hay policías, y son los propios policías quienes se encargan de gestionar esas grabaciones y facilitárselas a la fiscalía y a los jueces, pues no hay caso. No podría decirle si la videovigilancia oficial es efectiva, porque la policía se evalúa a sí misma y todo lo que maneja dentro de su ámbito disciplinario es una auténtica caja negra. Se aprobaron leyes de transparencia, pero invocan a la ‘información reservada’ o a la ‘seguridad nacional’ para no desvelar las pruebas que les incriminan”.

El experto indica que según las encuestas oficiales “7 de cada 10 mexicanos confía poco o nada en la policía”. Y según una reciente indagación de la encuestadora MITOFSKY “el mayor temor del 24% de la población son los propios cuerpos de seguridad”.

Sobre este escenario se han colado en lo últimos años unos pequeños artefactos que podrían suponer un apretón a la tuerca de la impunidad en México. Resulta que ahora, este Gran Hermano con tendencia a olvidar lo que hagan sus gestores policiales, tendrá que convivir con una microcompetencia cada vez más efectiva: cámaras cuyos archivos no pasan por las manos de los agentes y que también están por todas partes.

El pasado 20 de septiembre el ciudadano colombiano John Jairo Guzmán Vázquez fue secuestrado a plena luz del día en la Colonia Narvarte (Ciudad de México). El raptado sigue en paradero desconocido y, según todas las conjeturas, se trataba del típico caso susceptible de acabar en el más absoluto olvido. Las miles de cámaras manejadas por el gobierno, una vez más, parecían no haber visto nada. La diferencia esta vez la marcó el hecho de que un vecino grabase el plagio con su celular y lo subiera a YouTube. Eran miembros de la policía los que estaban llevando a cabo ese secuestro. Ahora, el proceso contra los agentes que perpetraron el delito y los que manejaban el sistema de videovigilancia –también involucrados- está sorpresivamente abierto y en marcha.

Otro ciudadano consiguió hace poco grabar a un uniformado manteniendo relaciones sexuales en el coche patrulla y en horario de servicio. Otro inmortalizó el intento de secuestro con violencia de un menor que llevaba a cabo otro agente y otro más atinó a grabar el maltrato al que un policía vestido de paisano sometía a un menor que vendía tabaco ambulantemente. A todos ellos se les ha pedido cuentas en función del grado de su transgresión.

Poco a poco, el hecho de que en la actualidad muchos transeúntes dispongan de una cámara en su propio bolsillo –7 de cada 10 mexicanos poseerán un Smartphone para el año 2015 según la consultora The Competitive Intelligence Unit- está creando una ‘amenaza’ en materia de seguridad para el propio estado y los agentes de la ley. En los medios de este país, aunque a cuentagotas, no cesan de aparecer vídeos de anónimos que han logrado poner luz a la ceguera de la videovigilancia pública.

¿Podría suponer el hecho de que los ciudadanos tengan una cámara a mano un freno al tsunami delictivo de un país como México?

López Portillo opina que este parche con carcasa tiene su lado bueno y su lado malo. “Que la gente disponga de cámaras y se estén realizando este tipo de vídeos, que son material probatorio, tiene un gran potencial para inhibir el crimen de la propia policía. Por otro lado, estos vídeos de aficionados también pueden convertirse en algo peligroso, ya que al ser utilizados por los medios en vez de por los jueces, como suele suceder, se crean juicios mediáticos. Es decir, juzga la prensa en vez de ser un juez en un proceso el encargado de manejar este material. Y eso es negativo. Además la propia persona que graba, si no queda en el total anonimato, también puede correr riesgos”.

El experto considera que la solución de contar con un ejército de ciudadanos con la misma capacidad de vigilancia que las fuerzas públicas es útil tan solo en parte. Desde su organización preferirían que el problema, lejos de involucrar a los habitantes en funciones policiales, pasase porque se llevase a cabo la reforma policial por la que llevan años abogando.

“Lo realmente necesario es que se de una reingeniería institucional, que va mucho más allá de dar cursos y capacitaciones a los agentes –algo en lo que Insyde participa activamente-. Se trata de reconciliar a la policía con la sociedad”, aporta el director ejecutivo del Instituto.“Para ello es necesario crear un protocolo, unos estándares y unos indicadores de desempeño efectivos. Es primordial que se desarrollen y mejoren métodos como la evaluación de los agentes, que haya mayor formación, una promoción adecuada, que exista acceso a la información que reservan, un mejor reparto de los efectivos en el país y sistemas útiles de control disciplinario que estén forzosamente regulados. Todo eso, por supuesto, debe contar con una contrapartida para ellos,  como es la mejora de sus derechos, de sus salarios, garantías para su defensa o prestaciones para sus familias. A diferencia de los países europeos, esas cosas aún están lejos de lograrse en México”.

- ¿Por qué cree que no se lleva a cabo esa reforma policial que ustedes proponen?

-  Hay varias razones. La primera es que la clase política en México no quiere conflicto con la policía. Primero por evitar problemas, y segundo, porque existe una cantidad (desconocida pero importante) de complicidades entre policía y políticos que se benefician de los negocios criminales que llevan a cabo los primeros. Además, tampoco se hace la reforma porque lleva tiempo. Para hacer una buena reforma policial harían falta al menos 15 años, y los políticos solo piensan en el corto plazo y las siguientes elecciones.

Para López Portillo una de las primeras medidas que habría que tomar es que el sistema de videovigilancia cambie de manos. “En el caso del colombiano secuestrado, por ejemplo, uno de los mandos que debía revisar el caso y recopilar sus pruebas estaba incluso en el propio vídeo, participando en el secuestro. Lo que sería realmente útil y hemos propuesto, más que las cámaras de los celulares de la gente, es que se creen auditores de policías externos, trabajadores a cargo de las cámaras oficiales que estén encargados de vigilar también a la policía. Una figura que en inglés se conoce como Civilian Police Oversight y que, al parecer, van a empezar a funcionar en lugares como Campeche, Querétaro o Oaxaca.

Mientras el problema se trata de solucionar a pasos, las organizaciones pro derechos humanos trabajan y la reforma policial llega, miles de cámaras diminutas permanecen agazapadas en los bolsos y los pantalones de los ciudadanos preparadas para cazar todas aquellas imágenes que las cámaras oficiales no suelen ver. “Si realmente son útiles estas grabaciones caseras y se utilizan en procesos judiciales y no solo en medios, bienvenidas sean por el bien nuestra sociedad”, culmina su opinión López Portillo.

En la era de los smartphones, a la corrupción del Gran Hermano Policial le han salido miles de fiscalizadores con fondo de pantalla. La lucha de los ciudadanos por la potabilización de su seguridad podría ser cuestión de un celular con batería.

The post Los justicieros del smartphone en México appeared first on Yorokobu.

15 Nov 18:41

China relajará la política del «hijo único» y abolirá los «campos de reeducación» (15/11/13, Naiz)

by Jesús Muñoz
Sergioski02

nunca se que pensar sobre las políticas de control de natalidad. Lo otro lo tengo mas claro.

China abolirá los campos de «reeducación mediante el trabajo» y relajará la política del «hijo único» autorizando a más parejas a tener un segundo vástago, según ha anunciado el Partido Comunista de China (PCCh) a través de la agencia oficial Xinhua.

15 Nov 18:35

Lo mejor que le puede pasar a un ‘tetrabrik’

by Carlos Carabaña

En el último año, 5.000 camiones cargados de tetrabriks, unas 90.000 toneladas, han entrado en la fábrica que hay en el carrer del Potassi, en Castellbisbal (Barcelona). Perteneciente a la empresa sueco-finlandesa Stora Enso, aquí llegan los 60.000 toneladas de este tipo que se reciclan en toda España -un 65% del total que se consumen- y 30.000 de Francia y Portugal. El motivo de este peregrinaje es sencillo: esta papelera es de las pocas en Europa que los recicla y la única que lo hace con sus tres componentes. Lo mejor, con diferencia, que le puede pasar a un tetrabrik. Estos envases, que revolucionaron el mercado de las bebidas en los 60 están formados por seis capas diferentes. De dentro hacia fuera, se componen de dos iniciales de plástico polietileno que sellan el líquido, una de aluminio que evita que entre el aire y la luz, otra de plástico, una de cartón que ocupa el 70% del paquete y sirve para dar consistencia y una última de plástico. De este puzzle de materiales, el aluminio y el plástico son los que más problemas dan a la hora de reciclarlos.

Tetra02“¿Realmente es tan difícil?”, se pregunta al teléfono Juan Vila, director desde hace más de 15 años de la planta de Stora Enso en Barcelona y uno de los impulsores de esta tecnología de reciclaje total. “Realmente todo está en la mente”. La fibra de papel de los tetrabriks, cogida directamente del bosque, es de primera calidad, “como recién salida de la fábrica”, y la reutilizan para crear cartón reciclado como el de las cajas de cereales. “El problema es qué hacer con el plástico y el aluminio”, sentencia. Además de la de Barcelona, solo hay otras cuatro plantas grandes que reciclen este envase en Europa. Y, por ejemplo, en la tecnología que usan las dos alemanas, el aluminio acaba integrado en cemento, perdiéndose; mientras que en la planta de Barcelona el metal se mantiene, y con el plástico se crea una suerte de gas natural que abastece entre un 10 y un 15% de las enormes necesidades energéticas de la planta papelera.

La clave de esta innovación está en la tecnología CLEAN, creada en colaboración por la planta de Castellbisbal y Alucha, una empresa de innovación formada por dos holandeses que estudiaron un MBA en Barcelona y un químico mexicano formado en la IberoAmericana de México y Cambridge. “Es un proceso térmico en el que calentamos el material a 500 grados sin que haya oxígeno en el reactor”, cuenta en un más que correcto castellano Gijs Jansen, director de Alucha; “entonces el material ‘crackea’ pero no quema [un proceso químico llamado pirólisis]”.

Esto hace que el polietileno, que tiene cadenas de 20 a 30.000 carbonos, se trocee y se formen gases, que luego se queman para producir energía.  El aluminio sale convertido en pequeños ladrillos que son vendidos. Crear esta planta, inaugurada en 2011 y refinada a lo largo de los dos últimos años, no fue sencillo.

“Convencer a los gerentes de Stora Enso Barcelona no fue complicado ya que estaban muy interesados”, recuerda Jansen, “pero convencer a la sede para la segunda fase tras la planta piloto fue más complicado”.

Vila rememora cuando, tras tres años de trabajo poniendo ideas en común en la planta piloto, los holandeses le pidieron avanzar en el proyecto. Llegaron a un trato. La tecnología se la quedaría Alucha a cambio de ayudar a implantarla en la fábrica de Castellbisbal.

Finalmente, tras una inversión de nueve millones de euros, tres por encima de lo presupuestado, el reactor de pirólisis de PalWaste, la pequeña empresa separada de Stora Enso Barcelona que se encarga de los residuos del reciclado de tetrabriks, estaba listo para recibir 30.000 envases anualmente.

“El problema fue” -explica Vila- “que no pudimos ir a ningún sitio a copiar o preguntar qué es lo que estaban haciendo, todo lo tuvimos que inventar nosotros”. Desde entonces ha triplicado su capacidad y 5.000 camiones han llegado el último año para darle un digno final reciclado al cartón de leche. Lo mejor, con diferencia, que le puede pasar a un tetrabrik.

The post Lo mejor que le puede pasar a un ‘tetrabrik’ appeared first on Yorokobu.

15 Nov 15:35

El primer mapa de la deforestación global

by noreply@blogger.com (Antonio Martínez Ron)

Visualizar es comprender, y el mapa desarrollado por el equipo de Matthew Hansen permite entender lo que estamos haciendo con los bosques del planeta de un solo vistazo. Él y otros investigadores de la Universidad de Maryland han desarrollado el primer mapa preciso sobre los cambios forestales a nivel global, una herramienta elaborada con la tecnología de Google y con 650.000 imágenes tomadas en los últimos doce años por los satélites Landsat.

Más info en: El primer mapa preciso sobre la deforestación global (lainformacion.com)

Entrada publicada en Fogonazos http://www.fogonazos.es/
14 Nov 18:45

Rubén Díaz Caviedes: Matones de matones

by Rubén Díaz Caviedes
Sergioski02

No sabia que el de la chancla era uno de las CUP

Atención, cuidado. Warning. Hay un matón suelto en la política española, repito, hay un matón suelto en la política española. Se trata de un varón blanco de mediana edad que responde al nombre de David Fernàndez y obra como diputado de CUP –Candidatura d’Unitat Popular– en el Parlamento catalán, donde siembra el terror y no se descarta que también el horror en el ultramarinos. Mediana estatura, pelo castaño, viste así como con desaliño y lleva un pendiente en la oreja, como las mujeres, los mariquitas y los piratas en las películas de Errol Flynn. Y es peligroso. No duda en llamar a las personas «gangster», a tal grado de violencia accede en sus delirantes arrebatos, e incluso ha llegado a acusar a algunas de «generar paisajes devastados», como hizo anteayer con Rodrigo Rato en la sede parlamentaria. Como lo están oyendo. O leyendo. Hasta una sandalia tiene y sabe cómo usarla, cuidado. Como Calígula, solo que peor. Su modus operandi es quitársela en gesto simbólico y esgrimirla en alto con retórica intención, es que no te digo más. El acabose, vamos. El recopetín.

Y no acaban ahí sus fechorías. Fernàndez, no te lo pierdas, es también responsable del «deterioro activo de las instituciones democráticas», según denuncia el diario El País en su editorial de ayer. Y de convertirlas en un «demagógico tribunal popular», razón por la cual el periódico hasta ha acuñado para él una categoría propia en la genealogía del ser lo peor: los Fernández. «El activismo de los Fernández», denuncia el medio, «nutre de jóvenes los actos independentistas y canaliza algunos de los sentimientos de protesta que expresó el 15M». Tan innobles son estos Fernández que lo suyo, pese a diputados, no es política sino «activismo», según califica El País hábilmente. No pase inadvertida tampoco esa relación, sugerida de nuevo entre líneas por las diestras plumas anónimas que escriben los editoriales de la gran cabecera española, que tampoco ha escapado a las fuerzas pensantes de la llamada extrema derecha mediática. «Los Fernández» e «independentistas», ojo. En la misma oración. Son independentistas pero se apellidan Fernández, quiero decir. Con la tilde hacia la derecha, nunca mejor dicho. Y eso es un apellido español. Y ellos se apellidan así. Pero son independentistas. Pero se apellidan así. No sé si se entiende.

El Mundo, por el contrario, no se anduvo ayer con intrincadas jugarretas literarias y recurrió al siempre elocuente Ser ETA para titular El chófer de ETA así, directamente. Bien grande, en portada, con foto del diputado —no sea que alguien no se quede con su cara— y sin GIF parpadeante ni pirulas sonoras no por falta de ganas, sino porque la cabecera acabada de cambiar de piel, como sabrán, y ahora lleva la mercancía en plan más austero. Tal es la amenaza que supone Fernàndez para el contrato social que el ínclito Salvador Sostres, espíritu cualificado como no hay otro para empuñar el cetro moral y llevarse las manos a la cabeza en ejemplar pajarraca, no faltó a la tradición de la casa y denunció, porque alguien tiene que hacerlo, la evidente relación que emparenta a los de la calaña de Fernàndez con los terroristas vía «su dinámica criminal», su simpatía incuestionable por los proetarras y la «previsible» por los dictadores de Oriente Medio, «el terrorismo palestino» y cuanto es enemigo de lo que es justo y bueno en el mundo, en resumen, incluyendo tiranos, terroristas, antisistema, separatistas, orcos, los virus de la nariz roja en Érase una vez la vida, Gargamel y Skeletor. Momentos antes de quedarse tan ancho, Sostres aseguró incluso que «si Saddam Hussein hubiera venido a Barcelona», David Fernàndez «tal vez también le habría hecho de chófer». Tal vez, oye. Quién sabe. Por esa razón, dice, hay que tenerle miedo, permitiéndose señalar a quién hay que temer y a quién no porque así de grave es la amenaza que tristemente nos ocupa, queridos conciudadanos. «Hay que tener miedo a macarras que se hacen nuestros salvadores y a los apologetas de las ideologías que más devastación moral, ruina económica y muertos han causado», clama sin sonar nada, pero nada en absoluto, al NODO. Se refiere Sostres a Fernàndez, por cierto. No a sí mismo. Aunque sea él quien señale con el dedito desde el púlpito y no el truculento agitador del CUP, que a fin de cuentas es político y actúa en una comisión parlamentaria. Lo aclaro porque a lo mejor esto tampoco se entiende.

Y menos mal, oigan. El pobre Rato, objeto anteayer de los accesos inaceptables de Fernàndez, tenía que estar en su casa temblando y tomando sopa a sorbitos como un pajarito, pobrecito mío, después de que el otro alzase el martillo terrible de su sandalia y le explicase que en Irak ese gesto implica «humillación y desprecio» para preguntarle seguidamente, qué osada es la osadía, si no tiene miedo a quedarse sin nada, como sí lo tienen miles de españoles. Agárrate a la goma de la braga. Y en un parlamento, además, autonómico en este caso. En su misma cara y en su misma casa, como quien dice, pese a que Rato habite a la par también la financiera en un «deterioro activo de las instituciones democráticas» sano ejercicio de versatilidad política de contrastado beneficio para la sociedad. Por suerte el país —el concepto— tiene a El País —el periódico—, abnegado en su funfún como puede serlo solo el autoproclamado Pilar Fundamental de la Democracia, y cuenta detrás con El Mundo que, otra cosa no, pero el caldo le sale siempre bien gordo. Tan de acuerdo están las potencias periodísticas españolas que hasta le dedicaron a Fernàndez el mismo adjetivo —el de matón— en afortunada casualidad, fijate tú, y coincidieron en desplegar simultáneamente en su contra el puño del Cuarto Poder, vigilante siempre de los que mandan y al lado de los indefensos. A ver si no quién, si no son ellos, nos iba a abrir los ojos para advertirnos sobre la obra ruinosa de estos perniciosos carismas apolíticos y su acoso inaceptable a los representantes de la ciudadanía, de legitimidad institucional y comportamiento intachable. Los perniciosos carismas son los Fernàndez, por cierto. Y los del comportamiento intachable, los Rato. Lo aclaro porque a lo mejor —a lo mejor— esto tampoco se entiende.

Fotografía de portada: CC/A4gpa.

14 Nov 18:36

Cuando lloras se arrugan los ojos

by Gemma Herrero
Katharine Hepburn y James Stewart en Historias de Filadelfia (CC)

Izquierda: Katharine Hepburn y James Stewart en Historias de Filadelfia (CC). Derecha: Henry Fonda y  Katharine Hepburn en El estanque dorado (CC).

Hay películas que cuando dices en voz alta que no te han emocionado hay quien te mira como si fueras boba. Al parecer, si no te extasías con ellas y sales del cine en estado de trance es porque no tienes la sensibilidad necesaria o, peor todavía, no puedes entenderla por algún tipo de tara sin diagnosticar. Me ha pasado con Gravity. Digo que no me entusiasma y aparecen esas miradas de condescendencia, de «ay, pobrecica».

El problema que tuve con Gravity es que me costó centrarme en lo que el director quería contar, en la historia, porque la mayoría del tiempo no podía dejar de pensar en qué cojones se había hecho en la cara Sandra Bullock. No hay ni rastro de humanidad en el rostro, ninguna arruga, ni una sola línea de expresión. Nada. Hay una escena en la que la Bullock llora y las lágrimas, en 3D, ingrávidas y redondas, parece que se acercan y las quieres tocar con los dedos. Es bonita, que sí, que sí, pero mientras la contemplaba no podía dejar de pensar que cuando lloras arrugas los ojos. No pude emocionarme porque la cara de la actriz de cuarenta y nueve años que debe transmitir esa emoción es marciana. Las actrices clonadas no parecen más jóvenes cuando se retocan tanto. Son mayores con una cara extraña, irreal. No alcanzan pues su objetivo.

John Travolta. Foto: Vegafi (CC)

John Travolta. Foto: Vegafi (CC)

Lo de destrozarse el rostro no es patrimonio exclusivo de las mujeres. Ahí están los casos de Robert Redford (en el cartel de su última película sale un señor que dicen que es él), Sylvester Stallone, Al Pacino, John Travolta o George Clooney, que ha admitido abiertamente que pasó por el quirófano para quitarse las bolsas de los ojos. También Cris Noth, que triunfa ahora con la magnífica serie de televisión The Good Wife, tiene una jeta sospechosa desde hace tiempo. No es pues una cuestión exclusivamente femenina, pero entre las actrices mayores es una auténtica plaga. De hecho, lo que cuesta es encontrar casos de mujeres en el cine de más de treinta y cinco años con arrugas, o que no se hayan tocado mucho. Naomi Watts, Julianne Moore o Cate Blanchett son algunos de los más evidentes. Entre las actrices españolas, Maribel Verdú ha crecido y madurado ante nuestros ojos.  Ha pasado de ser una adolescente a una mujer de cuarenta y tres años dejándose la cara en paz: «Hay cositas que me voy notando, pero no me tocaré nada. Quiero que mi rostro refleje lo que vivo, lo que me ha pasado por dentro. No quiero parecer un pez globo, porque hoy todas tienen esa cara. Prefiero ser como Holly Hunter, Frances McDormand, Susan Sarandon… Que se me noten las venas cuando he dormido mal y las arruguillas del entrecejo. Si fuese hombre estaría como loco por parecerme a Tommy Lee Jones, con carreteras en la cara».

Crecí admirando las películas de Katharine Hepburn —cómo no amar Historias de Filadelfia— y siempre me pareció una mujer hermosa, también con todas las arrugas y su pelo desordenado en un moño blanco al final de sus días. El ejercicio de intentar imaginarse a una Hepburn con la cara estirada y boca de pato resulta aterrador. ¿Y Lauren Bacall? Pues eso, escalofríos. Quedan aún actrices en las que el tiempo ha pasado por su rostro y siguen siendo atractivas: Charlotte Rampling, Susan Sarandon o Judi Dench son tres buenos ejemplos. Entre las españolas, ahí está Ángela Molina, que tampoco disimula nada a sus cincuenta y nueve años.

La actriz Rosana Arquette realizó un documental titulado Searching for Debra Winger en el 2002. En él, actrices maduras explican lo complicado que es mantenerse en Hollywood y compaginarlo con tener una vida familiar. Expresan además su temor a envejecer y dejar de conseguir papeles; la presión por seguir pareciendo jóvenes y, por lo tanto, deseables según la industria. Algunas de las estrellas que aparecen en el documental no tienen actualmente la cara como entonces, once años después. No porque hayan envejecido, sino porque se han hecho un estropicio. Como Meg Ryan o Emmanuelle Béart, que se queja del proceso de cosificación a la que a veces se veía sometida. La actriz francesa, que se desfiguró el semblante hace ya tiempo, renegó en una entrevista reciente en Le Monde de sus pasos (aunque siga diciendo que solo se operó los labios) por el quirófano. «Hay mujeres que aseguran que la cirugía les ha hecho más fácil la vida pública. Y otras que declaran sentirse profundamente afectadas por ello. Yo pertenezco a estas últimas». Béart ha perdido incluso trabajos por su actual aspecto, como también le ha sucedido a Victoria Abril. La paradoja de querer seguir pareciendo joven para continuar teniendo papeles y quedarte sin ellos porque ya ni eres joven ni tienes un rostro, ya no adecuado con tu edad, sino normal. Hay caras que producen extrañeza, en el mejor de los casos, cuando no cierto repelús.

En Searching for Debra Winger las actrices son abiertamente críticas con los directores y ejecutivos de los estudios y afirman que se han sentido presionadas a seguir pareciendo lozanas. «Hemos sobrevivido a la mayoría de los que mandaban en los estudios y nosotras seguimos teniendo trabajo», afirma rotunda Whoopi Goldberg, que en otro momento del documental suelta: «Llega un momento en el que te dan papeles solo de madre o de tía de. Y está bien ser la tía de. Las tías también follan». Daryl Hannah, la sirena de Splash o la tuerta asesina implacable de Kill Bill, narra cómo a veces la presión por no envejecer (como si hubiera alguna manera de evitarlo) es más sutil. «Cuando me dieron el primer papel en el que era madre de un adolescente recuerdo que hubo gente que me preguntaba: ¿Y no te importa? ¿Por qué tenía que importarme?».

Lauren Bacall en 1989 Roland Godefroy

Izquierda: Lauren Bacall en una foto promocional de los años 40. Derecha: Lauren Bacalla en 1989. Foto:  Roland Godefroy (CC).

Pero no todo son empujones y presiones para acercarte al quirófano. Los culpables no son solo los malignos estudios ni los taimados ejecutivos. David Trueba, que acaba de estrenar Vivir es fácil con los ojos cerrados, desvela que también hay algunas estrellas que tienen en sus contratos cláusulas que exigen retoques y aunque el director no esté de acuerdo con ello debe hacerlo porque está obligado; está en el contrato. Son unos filtros, un «Photoshop de cine», para que en pantalla la actriz en cuestión luzca con una piel tersa y sin «defectos». Cita, por ejemplo, un caso que le llamó la atención: «Si tú ves a Keira Knightley en Piratas del Caribe te das cuenta de que su cara no es real. El contraste entre su rostro y el de Orlando Bloom, que tiene sus líneas de expresión, es evidente. Y es curioso porque Keira Knightley no es una actriz mayor, pero en esa película está retocada». Se rumorea que la bella Rachel Weisz es de las que exige por contrato los retoques. Una lástima de ser cierto, porque resulta mucho más atractiva la idea de una Weisz con cincuenta años en su cara. Debería hacer caso a la fantástica Frances McDormand —cómo no quererla en Fargo— que en un momento del documental de la Arquette proclama: «Llegarán papeles en los que hay que tener cincuenta y cuatro y no va a haber ninguna que parezca que tenga cincuenta y cuatro, pero ahí estaré yo. Me los llevaré todos».

Julianne Moore en la Mostra de Venecia de 2009. Foto: Nicolas Gegin (CC).

Julianne Moore en la Mostra de Venecia de 2009. Foto: Nicolas Gegin (CC).

De todas formas, Trueba recuerda que lo de retocar no es nuevo: «Ya se hacía en los años cuarenta con medios muchos más rudimentarios. Con Sara Montiel, por ejemplo. Se ponía una media en la cámara para que así los rasgos se difuminaran». En el cine español no se conocen casos de actrices que lo exijan por contrato, es un proceso económicamente costoso, pero sí que hay una clara tendencia hacia películas protagonizadas por actores muy jóvenes. Recientemente, con el casting ya hecho, el distribuidor de una película recomendó que se rebajara la edad de algunos actores contratados, hombres. Tenían cuarenta años, pero prefería que fueran de menos de treinta. Se atendió a su recomendación, por cierto.

Hay quien levanta la voz y se niega a pasar por el aro y manejar así una imagen más acorde con la realidad. Hace diez años, Kate Winslet expresó públicamente su descontento por un reportaje fotográfico que apareció en la revista GQ en la que el Photoshop le quitó algunos kilos y denunció que lo habían hecho sin su consentimiento: «No tengo ese aspecto. Y, sobre todo, no lo quiero». Por eso, hace unas semanas, la prensa británica esperaba que reaccionara ante la evidente manipulación de su rostro en la portada de la revista Vogue, en la que aparecía visiblemente rejuvenecida, con una piel perfecta y ojos de azul imposible.

Cate Blanchett no se ha mordido la lengua tampoco respecto a su opinión del bótox y las operaciones: le horrorizan. Con cuarenta y dos años, hace solo uno, posó para Intelligent Life, el suplemento de estilo y cultura de The Economist, maquillada, pero sin ningún tipo de filtro en la fotografía, ningún arreglo. «Parece lo que es, una mujer de cuarenta y dos años que pasa las mañanas encerrada en una oficina, las tardes en el teatro y el resto del tiempo cuidando de sus tres hijos», explicaba el editor. La decisión de no retocar a la actriz digitalmente fue de la revista. Huelga decir que en la portada, titulada «This is not a film star», Blanchett aparece hermosa. Con líneas de expresión y leves bolsas en los ojos. Y aún así, guapa.

A lo mejor si Gravity la hubiera hecho Cate Blanchett me habría impresionado más. Por el simple motivo de que me hubiera podido centrar en la historia y no en su cara. Porque cuando lloras, se arrugan los ojos.

14 Nov 15:49

http://wiselwisel.com/post/66890614267



14 Nov 08:55

Como Rebrotar Un Puerro Sin Semilla

by La Huertina De Toni
Sergioski02

joder, por fin alguien habla sobre esto.

13 Nov 20:59

Hecho en Oaxaca

by Montse Pinheiro

Chinuni es algo que las vendedoras regalan a sus clientes en los mercados, un “extra” de producto que se da al comprar cierta cantidad; pero también es mucho más que eso. Con la filosofía de dar algo más, el artista Rosendo Vega y sus colegas han creado un colectivo con el fin de proporcionar residencias artísticas, en la búsqueda del intercambio creativo y cultural. Así mismo, relacionan el arte con la ecología colaborando en diversos proyectos y utilizando la misma con una finalidad social.

Después de tres semanas como residentes, el resultado de esta experiencia ha sido la pieza que ahora presentamos, la cual intenta plasmar la energía y ganas que implican un proyecto como este.

Aquellos interesados en su trabajo pueden conocer más acerca del mismo en su web :

www.chinuni.com

13 Nov 20:17

montt en dosis diarias - -61

by noreply@blogger.com (montt)

12 Nov 23:33

Los ladrones duermen demasiado bien (10:10).



Los ladrones duermen demasiado bien (10:10).

12 Nov 23:29

Silverio - Perro

by ÉPICO ÉpIco
Dirección: Martín Bautista Fotografía: Galo Olivares Edición: Martín Bautista Producción: El Canalla Disquera: Épico http://epico.mx.
Views: 259176
1884 ratings
Time: 05:25 More in Music