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Anatomía del selfie
Las mujeres en Sao Paulo inclinan muchísimo la cabeza para mostrarse sexys, pero en Moscú salen todas con cara de funeral. En Bangkok son unos jovenzuelos y en Nueva York, más viejos. Esta es la conclusión de Selfiecity, el primer estudio sobre el selfie, esa forma de autorretratarte estirando el brazo para fotografiarte la cara con tu teléfono inteligente y publicarla en Instagram.
Selfie fue la palabra de 2013 según el Oxford English Dictionary, pero también es la prueba gráfica de que la pose en el autorretrato es material sociológico. Entre el 4 y el 12 de diciembre de 2013, un equipo de investigadores analizaron cómo la gente se fotografía con los smartphones: 3.200 selfies Instagram en Nueva York, Moscú, Berlín , Bangkok y Sao Paulo (640 de cada ciudad).
El proyecto de visualización de datos ofreció varias conclusiones:
- Menos selfies de lo que imaginas. Dependiendo de la ciudad, menos del 5% de las imágenes en realidad eran selfies (muchos eran retratos tomados por otra persona).
- Más ellas que ellos. Hay muchas más mujeres que hombres haciendo selfies (de 1,3 veces más en Bangkok a 1,9 veces más en Berlín). O en Moscú, donde hay 4,6 veces más mujeres que hombres selfies.
- Viejuno, mira tu DNI antes de selfiarte. La mayoría de las personas en nuestras fotos son bastante jóvenes (edad promedio: 23,7) . Bangkok es la ciudad más joven (21 años de promedio), mientras que Nueva York es la más mayor (25,3). La edad media de los hombres es superior a la de las mujeres en todas las ciudades.
- Si vives en Bangkok o Sao Paulo, sonríe. La ciudad tailandesa y la brasileña son pura sonrisa: Bangkok tiene un 0,68 en puntuación media de sonrisas y Sao Paulo, 0,64) . Las personas que toman selfies en Moscú sonríen menos (solo 0,53 en la escala de puntuación de la sonrisa).
- ¡Sexy, mami! Las mujeres son más expresivas, de hecho, la cantidad promedio de inclinación de la cabeza es un 150% superior a la de los hombres (12,3 grados frente a 8,2). Sao Paulo es más extremo: allí, la inclinación de cabeza promedio para mujeres es de 16,9 grados.
Un selfie es un acto público de vanidad socialmente aceptado. ¿O no? Lev Manovich, analista de datos audiovisuales y líder del proyecto junto al diseñador de visualización Moritz Stefaner, propone un juego para responder a la aparente evidencia:
Pon ‘selfie’ en imágenes de Google y compara el resultado con la base de datos de Selfiecity.
«Algunos parecen actos narcisistas, pero también hay muchos que salen casuales», dice el investigador. «La gente toma selfies por todo tipo de razones, pero, sin duda, una mayor parte son imágenes donde tratan de mostrarse lo mejor posible», admite Manovich antes de dar una explicación: la edad promedio para selfies en la base de datos de selfiecity es muy similar a la edad promedio de personas del sitio de citas OkCupid. «Esto sugiere que la búsqueda de una pareja está conectada con hacerte una foto en la que salgas bien y que después postees».
En el equipo de Selfiecity hay teóricos de la comunicación, una historiador del arte, científicos de datos, diseñadores visuales y programadores. «Pero ninguno es un adicto al selfie», dice Manovich. Solo Alise Tiffentale, la historiadora del arte, admite tomarse muchos selfies, que jamás comparte.
Una profesora de la escuela de negocios de la Universidad de California en San Diego pidió recientemente a Manovich poder usar el estudio con sus alumnos. «Compartiremos nuestra base de datos con todo investigador que lo quiera», añade.
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El negocio ecológico del rescate de chanclas
Pensarás que nadie está tan loco como para preocuparse demasiado por perder una chancla. Se la lleva una ola, se queda abandonada cuando te calzas los zapatos, la tiras, la arrastra la corriente de un río… Te compras otras y c’est fini. Pero lo cierto es que piensas equivocado. En Kenia sí hay a quienes les incomoda esta tonta tragedia. No por locos. El asunto cambia de dimensiones cuando tu chancla, la del otro, la del otro y la de miles de personas más infestan de plástico el mar. Ocean Sole es una empresa y fundación creada para que la contaminante huella humana desaparezca de la costa índica africana. Literalmente.
Corría el año 1998 cuando Julie Church, un conservacionista marino keniata que en aquel momento lideraba el proyecto de conservación y desarrollo de la Reserva Nacional Kiunga Marina (Somalia), se quedó «horrorizado» por la visión de las toneladas de residuos que acababan en las playas del continente negro.
Aquellas ingentes cantidades de basura, desechadas en los ríos o el mar por sus respectivos dueños, elemento por elemento, causaban al juntarse un peligroso desastre ambiental para el ecosistema marino. No hacía falta indagar mucho para darse cuenta de que uno de los objetos más predominantes entre esos residuos no eran otra cosa que millares de chanclas de plástico.
«No era solo que estropeasen la belleza natural de nuestras playas y océanos, es que además las suelas de goma son ingeridas por los peces, las tortugas y otros animales y los asfixia. Son una amenaza hecha por el hombre a nuestros frágiles ecosistemas», dice el portavoz de la compañía. «La idea era aprovechar aquellas chanclas para que se convirtiesen en la conexión entre la comunidad humana y las especies marinas».
Recuperar todas aquellas alpargatas abandonadas para llevarlas a un vertedero terrestre no dejaba de ser algo así como esconder la basura debajo de la alfombra. Había que ir más allá. Church tenía una idea: inspirado por «los juegos que los niños hacían con estos deshechos», animó a sus madres a recoger, lavar y cortar las chanclas que encontraban y desechaban para crear juguetes y esculturas que pudiesen servirles a sus hijos para divertirse. En principio, no era más que una solución modesta a la problemática. Un proyecto de reutilización más que muchos dieron por sepultado el día que Church sufrió un grave accidente en 1999 que le dejó severamente impedido.
La cogida de un búfalo había dejado al oceanógrafo sin capacidad para caminar. Sin embargo, la chanclas de su proyecto no dejaron de marcar el paso. Dos madres de aquellas que había convencido Church para convertir el plástico en figuras artesanales, Marium y Bihawa, de la comunidad Kiwayu, viajaron hasta la capital (Nairobi) para tratar de vender algunas de esas esculturas de chanclas que habían elaborado con sus manos. La respuesta de si tuvieron éxito se puede resumir en un pedido de 15.000 llaveros tortuga por parte de la WWF Suiza al siguiente año.
La artesanía chanclar empezaba a hacer camino. Para 2005 ya estaba creada Uniqeco, una compañía que además de nacer como un negocio emprendedor lo hacía como una fundación de ayuda a los más pobres del país y una fuente de puestos de trabajo.
Los pequeños suvenires se fueron convirtiendo en grandes esculturas artísticas, como jirafas, rinocerontes, leones o elefantes a tamaño real (completamente hechos con chanclas), y los puestos de mercadillo keniano se transformaron en exhibiciones que paseaban por el Día del Medio Ambiente en Mombasa, la semana de la moda de Roma, museos suecos, muestras parisinas, exposiciones estadounidenses, zoos ingleses, concursos africanos e incluso se colaron entre los 12 finalistas del World Challenge de la BBC y ganaron el premio Energy Globe en su continente.
La grandeza del proyecto de Church no solo había adquirido nuevas dimensiones físicas. En la actualidad Ocean Sole, además de recuperar 400.000 chanclas anuales y exportar arte a todo el planeta, asalaria a un centenar de trabajadores autóctonos y destina un 5% de sus beneficios (un 25% en el caso de las esculturas gigantes) a la fundación de ayuda que ha creado para luchar contra la pobreza local. Su labor de limpieza de la costa índica africana, el germen del plan, ha acabado siendo tan efectivo como un hecho en segundo plano para la comunidad artística.
«Cada producto está hecho a mano», exponen desde la fundación. «El propósito es que el mundo se conciencia acerca de las amenazas, casi imperceptibles, a las que sometemos a los océanos. Esto es mucho más que darle una nueva vida a tus chanclas».
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Espía 2.0
(Publicado en Vice.com).
¿Qué película NO merece ganar el Óscar?
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El próximo domingo tendrá lugar la edición número 86 de la entrega de los Óscar. Son el equivalente a los Goya para los americanos, para que se hagan una idea. Hay muchas categorías, ni se sabe cuántas, pero la más importante de todas ellas, la que realmente nos interesa, es el Óscar a la mejor película. Cuenta con nueve candidatas. Seguro que muchos de ustedes tienen ya una favorita, pero queremos convocarles aquí para escoger cuál no debería ganar. La más decepcionante e incluso rematadamente mala de todas ellas. Voten según su soberano criterio, tomen si quieren como guía espiritual a la persona que más sabe de cine en España, e incluso, en el mejor de los casos, voten sin haber visto ninguna de las nominadas, así su opinión no estará contaminada por los hechos y será auténticamente independiente, incluso de la realidad misma.
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Capitán Phillips
Muy sobrevalorada. Algo falla en una película sobre un tipo secuestrado cuando el espectador de quien comienza a compadecerse es de sus captores. ¿De verdad merecía la pena montar semejante operación para rescatar a este pelmazo insufrible? Lo curioso del asunto es que los protagonistas del suceso real afirman que el retrato que hace la película del capitán… ¡Es demasiado positivo!: «Él no es el gran líder que refleja el filme. Es un hombre muy tosco y nadie quería navegar con él». Por lo demás, la parte final de la película deriva, como tantas otras de Hollywood, en un ejercicio de propaganda del ejército estadounidense.
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12 años de esclavitud
Sobrevalorado muestrario de tormentos: ciento treinta y tres minutos de latigazos, ahorcamientos, violaciones, golpes y humillaciones. Los capataces y dueños de las plantaciones son despóticos y crueles con auténtica delectación. Cuando uno termina de verla podría encontrar alivio cómico hasta en La pasión de Cristo. El pasado año ya ganó dos Óscars una excelente película de temática similar, la de Tarantino, con la diferencia de que él no se recreaba de esa manera tan morbosa y obsesiva en la violencia. Y fíjense de quién estamos hablando.
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La gran estafa americana
Sobrevaloradísima película en la que Christian Bale interpreta a un gordo. Para intentar resultar amena se recrea mucho en la estética de los setenta y el reparto la verdad es que lo hace bien, pero tiene una considerable caída del ritmo y la trama no logra enganchar. De hecho tampoco llegamos a entenderla del todo, es de esas películas en las que si te duermes pierdes el hilo. En conclusión: no es El golpe, ya quisiera ella. Para estafa la de quienes hayan pagado una entrada por ir a verla.
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Dallas Buyers Club
Sobrevalorada. Vemos una gran interpretación del esqueleto de Matthew McConaughey, cierto, pero en el fondo la película no sabe muy bien qué contar. La trama picotea un poco de aquí y de allá como si quisiera hacer tiempo hasta llegar a las dos horas. ¿Es una historia de superación de la homofobia? ¿Busca retratar el mundo del rodeo y los vaqueros? ¿Trata de un pícaro que logra montar un gran negocio al margen de la ley al estilo de las películas de Scorsese? ¿Es la lucha de un hombre contra el sistema, aunque al final el dichoso medicamento que tanto detestaba resulta que en pequeñas dosis sí era efectivo? Se incluye también un juicio y hay un conato de historia de amor. Al final uno termina de verla y no sabe muy bien qué conclusión se puede sacar de ahí, estamos ante un mártir sin causa.
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El lobo de Wall Street
Sobrevalorado film de Martin Scorsese en torno a su tema predilecto: el fulgurante ascenso de alguien en la sociedad americana —a ser posible mediante métodos ilegales— y su posterior caída. Como siempre nos cuenta la misma historia de hibris y némesis: ha alcanzando una notable habilidad en ello y sus tres horas no se hacen largas, de acuerdo, pero ya no logra sorprender. Así que aquí vemos enriquecerse al protagonista, caer en toda clase de excesos —que por su exhibición del lujo y adoración fetichista de los billetes recuerdan a los videoclips de raperos— hasta que inevitablemente lo vemos naufragar. Leonardo Dicaprio ha sido nominado por su actuación aquí aunque no haya engordado ni adelgazado veinticinco kilos. Merece ganar aunque solo sea por ello, ya está bien de jugar con el metabolismo de las personas. Pero el film, ¿merece el Óscar a la mejor película? Esa ya es otra cuestión.
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Her
Sobrevaloradísima historia sobre un tipo mustio y solitario que como no logra echarse novia comienza a hablar con una aplicación de su móvil. La voz del programa corresponde a Scarlett Johansson, pero como es virtual ni los espectadores ni él podemos disfrutar de su presencia y en su lugar lo vemos con el móvil haciendo el tonto de aquí para allá, como si eso fuera una relación. Hablan mucho pero evidentemente no hay sexo entre ambos más allá de insatisfactorios sucedáneos que afortunadamente el film nos ahorra en sus detalles. Ah, y el protagonista además se dedica profesionalmente a escribir cartas de amor. Madre mía, qué es esto.
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Gravity
Sobrevalorada hasta límites inauditos. La calidad de una película no puede valorarse en que al verla en 3D haya fragmentos de chatarra espacial que parece que te van a dar. Con Avatar también ocurría algo similar, pero luego la vemos de nuevo en televisión y nos damos cuenta de lo que realmente era. Así que tras esa engañosa pirotecnia lo que nos encontramos es una película ambientada en el espacio pero sin alienígenas. Y con un George Clooney muy desaprovechado. Tanto, que hace un papel de, digámoslo así, pagafantas. El momento clave puede resumirse así:
—Matt, maldita sea, tengo que ir a rescatarte, igual que tú has hecho antes por mí.
—No te molestes, es muy arriesgado.
—Vale.
Juraríamos que ese personaje se queda con las ganas de que la otra le insista un poco más. ¿Qué clase de heroísmo hay entonces en la protagonista, si lo único que hace es salvar su propia vida? Recuerden ahora el papel de Sigourney Weaver en Alien y en su continuación, donde además sí había monstruos extraterrestres. No hay color.
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Philomena
Película del sobrevalorado cine inglés, que por el diseño de su cartel podría hacernos creer que estamos ante una inocente comedia. Nada más lejos. Una anciana interpretada por Judi Dench recuerda cómo muchos años atrás las monjas de una abadía le arrebataron a su hijo. Las monjas en el cine de los últimos años son las nuevas nazis. Crueles, de mirada fría, implacables, dispuestas a cumplir las órdenes independientemente del daño que puedan causar. Para que no sea todo una interminable sucesión de horrores, tiene también escenas más distendidas en las que la protagonista nos recuerda a Cándida. Por este papel Dench merece el Óscar a mejor actriz, sin duda. Y qué cojones, habría que ser una de esas monjas nazis para negar que es una película magnífica, muy conmovedora.
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Nebraska
De ella no podemos decir que esté sobrevalorada, dado que nadie parece haberla visto. Rodada en blanco y negro, de ritmo muy pausado y protagonizada por un anciano con demencia, no está dirigida a ser un taquillazo precisamente… lo que tampoco basta para considerarla merecedora de un Óscar. Lo minoritario no tiene por qué ser bueno. No obstante, aunque solo sea por la hilarante escena de la madre en el cementerio ya merece la pena verla. Es una película excelente, para qué engañarnos.
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Artículos relacionados
Condenado
(Publicado en el núm. 3 de la revista Don).
¿Comerías un filete cultivado en un laboratorio?
«No», contesta Laura Aguín, gallega vegana de primer orden y habitante de Berlín.
—¿Por qué?
«Personalmente, comer algo con una textura y un sabor a animal muerto me provocaría rechazo precisamente por evocarme a ese animal; además, prefiero consumir productos de los que conozca su procedencia. Creo que ya existen bastantes sustancias extrañas —conservantes, colorantes— en los productos que compro y no creo que sea bueno para la salud consumir alimentos tan procesados».
Aunque pueda parecer ciencia ficción, la pregunta que encabeza este texto tiene sentido. Este verano, el profesor de la Universidad de Maastricht (Holanda), Mark Post, convirtió células madre de vaca en fibras de músculo y, tras trenzarlas cuidadosamente, produjo una hamburguesa que un reputado chef británico cocinó. La experta austriaca en tendencias alimentarias y cabeza del future food studio, Hanni Ruetzler, fue la primera persona en probar este manjar que costó unos 220.000 euros.
«Fue realmente sorprendente ya que sabía casi como una carne tradicional; quizá su sabor no fuera tan intenso», explica desde Viena. Frente a las voces que ven esta creación in vitro como una solución a la creciente demanda de carne en un planeta que sobrepasa los 7.000 millones de personas y que se calcula que llegará a los 10.000 millones en 2050, advierte que «no necesitamos nuevos productos para alimentar al mundo ya que el hambre es un problema de distribución, solo cambiar los hábitos alimentarios». Y esto, en su opinión, incluye desde luego «comer menos carne».
Según estudios de organismos internacionales, como la FAO o la ONU, mientras que para producir un kilo de carne se requiere el uso de 15.000 litros de agua, para la alimentación de una persona se precisan unos 3.000. Para un kilo de grano, por el contrario, hacen falta solo 1.500, y en un escenario donde el cambio climático es cada vez más evidente y en el que parece que avanzamos hacia un mundo más seco, también habría que tener en cuenta que la industria cárnica aporta, de nuevo según la FAO, entre el 14 y el 22 % de las emisiones de gases invernadero, grandes responsables del calentamiento global.
«El suministro de comida sería posible solamente con los productos y tecnologías que hay ahora», continúa Ruetzler. La gente está perdiendo confianza en la industria alimentaria debido a los escándalos relacionados con el aumento de la sensibilidad hacia los temas ambientales, la ética en el trato a los animales y por aspectos relacionados con la salud. Ya hay indicadores de que existe un cambio en nuestros hábitos alimentarios.
Laura Aguín, por ejemplo, no fue siempre vegana. Fue un proceso que comenzó hace tiempo y culminó «hará cuatro años». Amante de los animales y contraria a la tauromaquia desde siempre, tras ver «documentales, leer información y hablar con personas veganas», llegó a la conclusión de que era «hipócrita sentir pena de un perro maltratado y, sin embargo, fomentar con su dinero que cientos de animales sufrieran unas condiciones de vida horribles y una muerte sin sentido». Apunta que su principal razón fue la ética, ya que «nuestras preferencias culinarias no deben estar por encima del derecho de un individuo [sic] a disfrutar de su vida en libertad».
Aunque, como siempre que llega un cambio, hay variadas opiniones hacia dónde debería dirigirse. Tara Garnett, principal investigadora del Oxford Martin Programme on the Future of Food, de la prestigiosa Universidad, ha resumido las posturas en su artículo Three perspectives on sustainable food security: efficiency, demand restraint, food system transformation. Al teléfono, Garnett explica que «tenemos una situación donde decenas y decenas de personas están pensando acerca de un futuro en el que tendremos problemas con la cadena de suministros y con los gases invernadero y en el que tendremos que alimentar a mucha más gente». Teniendo en cuenta que hoy hay 1.400 millones de personas con sobrepeso y 900 millones no tienen suficiente comida y agua, esa preocupación ante un mañana, incluso con más bocas, parece más que razonable.
«Y todos», aclara, «tienen diferentes puntos de vista sobre qué cambiar y qué no del sistema actual».
Tres tendencias
El análisis de esta doctora en investigación alimentaria por la Universidad de Surrey arroja tres grandes tendencias. «Algunos ven que la demanda de comida es inevitable, que la gente no va a cambiar, así que tenemos que poner nuestros esfuerzos en mejorar la eficiencia técnica», cuenta con marcado acento británico; «otros opinan que, paradójicamente, el problema está en nuestros extravagantes hábitos alimentarios de despilfarro y que hay que cambiar las demandas de comida que hacen daño al medio ambiente». Por último, estarían aquellos que quieren darle un punto de vista «más igualitario, que no socialista», a los medios de producción y que creen que no solo hay tener más comida, sino recuperar el control de aquellos para que sea producida y consumida localmente».
Entre este tipo de iniciativas entrarían las food co-ops propias de los Estados Unidos. Estos pequeños negocios, propiedad de los miembros de la cooperativa y en los que todos tienen voz y voto, nacieron en los años 70 y tienen un carácter eminentemente local. «Las cooperativas han presionado para que los consumidores sepan qué están comiendo», explica Anne Meis Knupfer, autora del reciente libro Food Co-ops in America: Communities, Consumption, and Economic Democracy, «además, muchas están involucradas políticamente, con gran preocupación por los derechos laborales, y han llegado a boicotear productos que habían sido producidos bajo condiciones de trabajo injustas, así como a no negociar con corporaciones que destrozan acuíferos o tierras o que han producido napal».
Al otro lado del espectro, en la gran globalidad, estaría el mundo de las semillas. Monsanto, la mayor semillera del mundo y una de las grandes en el tema de los pesticidas, controla la cuarta parte del mercado y litiga contra los pequeños agricultores que se saltan su sistema de patentes de semillas genéticamente modificadas. Las llamadas diez grandes —Danone, Nestlé, Kellogg’s…— tienen centenares de subsidiarias con las que inundan los supermercados y, según denuncia la ONG contra el hambre, Intermon Oxfam, «ninguna está siendo lo suficientemente rápida a la hora de poner fin a un legado de más de cien años durante los cuales se han beneficiado de una tierra y una mano de obra muy barata obteniendo enormes beneficios pero con un elevado coste social y medioambiental».
Para Garnett, en este momento se hace «demasiado hincapié en la eficiencia» y se descuidan el resto de los aspectos debido, en su opinión, a que «el desarrollo de tecnologías es mucho más sencillo que reflexionar acerca del comportamiento de las personas, un tema sensible desde el punto de vista político, y además existen estructuras de poder que poseen la cadena de suministros y quieren mantener sus beneficios».
Es innegable que la comida y la alimentación mundial son tema altamente polarizados. Los productos genéticamente modificados o transgénicos serían el epítome de este enfrentamiento. Aunque, según la Organización Mundial de la Salud, los «alimentos GM actualmente disponibles han pasado las evaluaciones de riesgo y no se han demostrado efectos sobre la salud humana como resultado del consumo de dichos alimentos por la población en general en los países donde fueron aprobados», son vistos con suspicacia por gran parte de los habitantes pese a sus ventajas evidentes.
Entre estas cabría destacar la creación de plantas más resistentes a los insectos, virus y herbicidas capaces de crecer más e incluso un gran potencial para solucionar la malnutrición al introducir hierro y vitamina A en alimentos base de países en vías de desarrollo como es el arroz u otros tipos de grano. Al lado contrario, se encuentra la preocupación por la salud humana y el medioambiente, como el desarrollo de alergias; una posible transferencia genética que afectara de manera adversa al comensal introduciendo, por ejemplo, variantes que pudieran resistir los antibióticos; que estas especies dopadas pasaran sus esteroides a las silvestres o que, simplemente, alimentos autorizados para animales acaben contaminando cultivos para humanos.
Tanto Aguín como la pensadora austriaca Ruetzler reniegan de estos alimentos. Mientras que para la primera es una cuestión de «sustancias extrañas», la segunda arguye que su escepticismo se basa «no solo en el riesgo para nuestra salud, que no está debidamente evaluado, sino también por su peligro para la biodiversidad y la problemática que pueda traer patentar organismos vivos». Garnett, por el contrario, opina que son «una herramienta interesante».
Los cultivos transgénicos se aprobaron por primera vez en la agricultura para uso humano en 1995 en los Estados Unidos. Para 1999 ya suponían el 50 % del maíz, algodón y soja plantado en el país y para el año 2010 sus granos cubrían cerca de 10 millones de kilómetros cuadrados en 29 países, un 10 % de la superficie mundial total cultivada. Su último gran avance ha sido el salmón de la empresa AquaAdvantage genéticamente modificado. Sus científicos han introducido en el salmón atlántico que solemos consumir dos segmentos de ADN: un gen de la hormona del crecimiento del salmón real, que se caracteriza por una talla mayor, y una secuencia reguladora de la viruela, un tipo de pez de latitud fría. El resultado es un pez que tarda un año y medio en llegar a su tamaño óptimo en lugar de tres.
La Administración canadiense acaba de darle su permiso para criar los huevos de este nuevo salmón a escala industrial y la Food and Drug Administration, la agencia estadounidense encargada de evaluar los riesgos alimentarios, está deliberando si permitirá su consumo en EE UU. Su legislación es mucho menos restrictiva que la europea, donde las diferentes campañas ecologistas sobre los cultivos transgénicos han contribuido más al debate que las evidencias científicas sobre sus riesgos para la salud. Aunque de momento la ciencia considera que su peligro es escaso o incluso nulo, hasta sus mayores defensores sostienen que cada nuevo alimento modificado genéticamente debe ser examinado específicamente a conciencia antes de ser lanzado para el consumo humano.
«Habría que tener un debate serio sobre estos instrumentos», apunta Garnett, «sobre todo, en cómo podrán ser accesibles a los países pobres por su enorme potencial para mejorar las vidas de sus habitantes». La científica opina que un gran problema de la investigación es que está enfocada a mejorar las cosechas que son consumidas por los ricos, no por los pueblos en vías de desarrollo. Pese a su defensa, Garnett rápidamente apunta a que «es solo una de las herramientas» y elabora una metáfora más que apropiada.
«Es como decir que tenemos una mesa puesta, con un plato, un cuchillo, una cuchara… pero tú decides coger el tenedor y convencerte a ti mismo de que es la única respuesta».
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Un cadáver en una cabaña
1. La cabaña del niño
Cuando estaba en el colegio tenía envidia de casi todo el mundo. Por ejemplo, tenía envidia de mi primo, que siempre venía al pueblo en un coche mejor que el nuestro, que tenía un instrumento musical mejor que el mío —él es pianista y yo tocaba la trompa, cuyo enrevesado tubo de latón produce un sonido bellísimo, pero que seamos serios, no deja de ser el instrumento del niño gordito estándar—, y además es que jugaba al fútbol mucho mejor que yo. Lo malo es que mi primo no era el único objeto de mi envidia; también envidiaba a los chicos que tenían las Nike Air Jordan, a los que tenían moto y a los que tenían éxito con las chicas. Y a las chicas, que lo tenían fácil para tener éxito. Y a los que corrían más, a los que saltaban más y a los que sacaban mejores notas —bueno, a esos no porque yo era un empollón—.
Eso sí, a los que de verdad tenía envidia, pero de la áspera, de esa que duele como duele la sangre en las encías cuando no quieres que se te cure la herida, era a todos y cada uno de los chicos que salían en las películas y las series de televisión americanas. Claro, eran más guapos, mejores deportistas y tenían más éxito con las chicas que yo; y además solían tener moto o coche —¡a los dieciséis años!—. Con todo, lo que en realidad envidiaba, lo que activaba mi imposible codicia, eran sus cabañas en el árbol.
Lo malo es que para tener cabaña en el árbol había que tener árbol y para tener árbol había que tener un patio donde plantarlo; y claro, en nuestro piso de cincuenta metros cuadrados teníamos muchas plantas, pero aunque yo las llenase de clicks de famobil, pues no era lo mismo.
Hasta que una noche miré dentro de mis sábanas.
Metido en la cama, completamente cubierto y sujetando el centro de la manta con el codo, encontré un espacio único. Un espacio propio y ajeno al mundo. Un espacio para volar y para pensar. Había encontrado mi cabaña.
Mi cabaña era una superficie tensada como las que había construido Frei Otto en el Estadio Olímpico de Munich, aunque yo no sabía quién era Frei Otto ni qué era una superficie tensada ni dónde estaba Munich. Mi cabaña no era de madera ni estaba en un árbol; era de tela y de espacio y estaba en una cama alzada sobre diez volúmenes de la Enciclopedia Larousse. Nunca la había tocado con las manos hasta ese día, que usé la mitad de sus tomos como si fuesen ladrillos. Allí debajo, solo y feliz, tuve por primera vez la sensación de que el infinito era un lugar placentero. Y que estaría bien para pasar en él pequeñas temporadas.
2. La cabaña en el bosque
La infancia se consumió como un lento cigarro, y cuando encendí otro, ya era adolescente. Tenía granos. Empollaba cada vez menos. Me masturbaba con pasión. Jordan se había puesto a jugar al golf, luego al béisbol, y otra vez al baloncesto. Mi importaba una higa qué calzaba. Entre que acababa un cigarro y encendía otro, en realidad, habían cambiado muchas cosas. Mi primo, de pronto, despreciaba el piano, despreciaba el fútbol, despreciaba el coche de sus padres, despreciaba a sus padres. Yo seguía envidiándolo, justamente por todas estas cosas. Tal vez por ello, siguiendo su estela, yo también planté la trompa. Ni siquiera construía ya cabañas en la cama. Sin embargo, empecé a usar la enciclopedia correctamente. Me gustaba abrirla al azar, y pararme en un nombre propio. Fue así como descubrí una foto de la cabaña de Abraham Lincoln, en Knob Creek, Kentucky, que el presidente construyó con sus propias manos. Poco después supe que siete presidentes de los Estados Unidos nacieron en una cabaña. Qué cosas.
La cabaña es un símbolo de América. En las elecciones de 1840 se disputaron la presidencia de los EE.UU. Martin Van Buren, por los demócratas, y William Henry Harrison, por el partido Whig. Este era un terrateniente natural de Virginia. Le gustaba beber. Van Buren pretendió desacreditarlo y sugirió que Harrison sería completamente feliz si le diesen una cabaña y un barril de sidra. No necesitaba ser presidente. Harrison aprovechó el comentario de su rival para consolidar su imagen de tipo normal, que vive en una cabaña y bebe sidra, frente al de hombre rico y acomodado que tenía Van Buren. La cabaña, de hecho, se convirtió en el símbolo del candidato demócrata. En los carteles de campaña aparecía una al fondo, y en los mítines, se daba sidra a los presentes. Fue una campaña distinta. No se habló de política, sino de cabañas y sidra, que es lo que deseaban los americanos. William Henry Harrison juró el cargo el 4 de marzo de 1841. En un día gélido, habló durante dos horas en mangas de camisa. Naturalmente, desarrolló una neumonía. Un mes después, moría.
Lentamente, me reafirmé en la teoría de que la cabaña, frente a su fragilidad aparente, era un lugar inexpugnable. No importaba que el mundo fuese una mierda, si podías subirte a un autobús, bajarte en la última parada, caminar dos kilómetros en línea recta, por una carretera por la que solo pasan puercoespines, y finalmente, adentrarte en el bosque hasta llegar a un claro, donde está la cabaña abandonada de tus antepasados, y dedicarte a reflexionar sobre la basura que hay en el mundo. En la línea, supongo, de Henry David Thoreau, cuando en Walden relata por qué se refugió en una cabaña: «Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente, enfrentarme solo a los hechos esenciales de la vida y ver si podía aprender lo que la vida tenía que enseñar, y para no descubrir, cuando tuviera que morir, que no había vivido».
3. La cabaña en la ciudad
El día que cumplí venticuatro años conocí a la Chica Nómada de Tokio. Nos habíamos cruzados algunas miradas antes, pero nunca terminé de prestarle atención hasta ese día que apareció en un libro que era un regalo, como lo son todos los libros. Yo aún seguía creyendo que la cabaña de verdad era un invento norteamericano; un refugio para que escritores escribieran y presidentes presidieran, el auditorio desde cuyo borde se cruzaba el virtuoso duelo de banjos entre Ronny Cox y el niño autista que John Boorman orquestó en Deliverance, y también el destino final en el que muchos adolescentes yanquis encontraban finalmente su destino. Los de Viernes 13, los de la Matanza de Texas y los de Posesión Infernal. En definitiva, la cabaña americana tenía poco de espacio y mucho de símbolo.
Luego me encontré a Marco Vitruvio Polión, que me dijo que la cabaña era un símbolo del espacio. Su cabaña primitiva no era más que cuatro palos y una techumbre a dos aguas, pero el viejo tratadista se las había arreglado para que fuese sospechosamente similar a un templo clásico. En un ejercicio de bellísima falacia por inducción, Vitruvio nos quería convencer de la relación directa entre la inherente necesidad de cobijo del hombre y la forma de los edificios romanos. Y a fe mía que nos convencía. Hay que querer a Vitruvio, pero su cabaña era todo símbolo y nada de espacio.
La cabaña de la Chica Nómada de Tokio desafía al espacio. No es lugar y es todos los lugares. Concebida en 1985 por Toyo Ito, es una crisálida móvil que responde al tiempo de su creación; a la burbuja económica que destruyó las ilusiones de poseer una propiedad en el Japón de los ochenta. Si no podemos tener un trozo de espacio en la ciudad, entonces toda la ciudad es nuestro espacio. Como una rémora, la cabaña bucea en la urbe y parasita sus servicios. Los hoteles-cápsula, los restaurantes, los baños públicos; todo eso te lo ofrece la ciudad. Lo que la megalópolis infinita e hiperpoblada no te ofrece es la soledad. Y la Chica Nómada de Tokio es una persona y las personas necesitamos soledad porque necesitamos intimidad. La cabaña, que es portátil, liviana y tenue se disuelve en todos los lugares de «la llanura mediática de Tokio». El lugar se disuelve en la intimidad, el lugar no existe en la soledad; solo existe el espacio. Y el espacio es una barrera invisible, una atmósfera alrededor de tres muebles íntimos: el mueble de la información, el mueble del descanso y el mueble del embellecimiento. La Chica Nómada de Tokio quiere leer al mundo sola, quiere tomar un café sola y quiere —necesita— poder maquillarse sola. Me lo explicó mi novia de aquella época: embellecerse es la necesidad más clausurada de una mujer. La belleza y el autorreconocimiento requieren intimidad absoluta. Hasta pueden ir al baño juntas, pero no pueden maquillarse juntas.
La cabaña de la Chica Nómada de Tokio eran todos los lugares y ninguno, era el espacio sin límite ni cimiento. Y era el símbolo, todo el símbolo, de una época. Una que vino para quedarse y que seguramente aún tenemos a nuestro alrededor, envolviéndonos en una manta de tiempo.
4. La cabaña de cuento
Ya estaba bien entrado en la cuarentena y aún seguía fascinado por los símbolos cuando un día, inopinadamente, volví a pensar en el cuento de los tres cerditos, que, perseguidos por el lobo, se refugiaban en una cabaña de paja. Pudieron buscar un castillo, tan habitual en los relatos infantiles, pero se creyeron más invulnerables en una cabaña de paja. El lobo la derribó. Pero ellos huyeron en busca de otra cabaña. Esta vez, de madera. Tampoco resistió las embestidas del lobo. Obcecados, los cerditos buscaron una tercera cabaña. Esta vez de ladrillo. Y ahí, naturalmente, el lobo tuvo que rendirse. Me gusta pensar que los cerditos no buscaban tanto salvar su vida, como un sitio donde estar tranquilos y dedicarse a la reflexión. Eso es lo que iban buscando tipos como Rousseau, Wittgenstein o Heidegger, cuando se refugiaban en arquitecturas íntimas y esenciales, donde solo había sitio para sistemas filosóficos y una pequeña mesa de madera. Ser y tiempo comenzó a cobrar cuerpo en una cabaña. «En la empinada ladera de un extenso y alto valle de la Selva Negra meridional, a mil ciento cincuenta metros de altitud, se alza un pequeño refugio de esquiadores. Mide entre seis y siete metros de planta», describe Martin Heiddeger su cabaña. «Cuando —continúa— en la profunda noche de invierno, una agitada tormenta de nieve pasa rugiendo con sus sacudidas alrededor del refugio, cubriendo y tapándolo todo, entonces es la hora señalada de la filosofía». La cabaña no es ningún estar solo, aunque sí soledad. «Ciertamente, en las grandes ciudades el hombre puede estar tan solo como apenas en ningún otro sitio. Pero en ellas no puede estar nunca en soledad».
La cabaña es banal, pequeña, incómoda, rústica, en el caso de Ludwig Wittgenstein construida con sus propias manos, y pese a todo es un lugar mítico, en el que se suscitan las condiciones perfectas para la creación y la reflexión, aun cuando todo, alrededor del creador, es imperfecto. Wittgenstein no daba lo mejor de sí mismo si no estaba realmente incómodo. Durante la Primera Guerra Mundial, tras alistarse en la artillería austríaca, llevaba en su mochila cuadernos donde anotaba sus pensamientos. De esas notas en plena contienda, acabaría surgiendo el Tractatus Logico-Philosophicus, que compuso básicamente en la caballa de Skjolden, en Noruega. Antes de morir, quiso regresar. «Fue el único lugar donde pude estar realmente tranquilo», decía. El silencio silbaba, y el silbido inédito, que solo escucha el habitante solitario, mecía la pluma. Ese silencio noruego, sospecho, era inspirador. En 1891, Knut Hamsun compró Nørhlm, una antigua casa señorial. Cerca del edifico principal, en una cabaña de poeta, hacía vida literaria. Ahí escribió Pan, la historia del teniente Glahn, que evoca un verano en Nordland, cuando vivió en una cabaña en medio de la naturaleza. Allí conoció a la joven Edvarda, hija del cacique del pueblo, con la que mantiene un apasionada historia de amor, hasta que el padre de la muchacha decide que se case con un barón. Entonces ocurren cosas tan horribles que cuando alguien te habla de cabañas recuerdas, temblando, a Knut Hamsun.
Cuando estás dentro, la cabaña te invita a pensar. Cuando estás fuera, es un factor de nerviosismo. Tal vez por eso mantiene al mundo alejado, y de ahí la tranquilidad que experimentaban Heidegger o Wittgenstein. Nadie querría acercarse a una cabaña en la que sospeche que vive alguien si no es tiritando. Recuerdo que en Hänsel und Gretel, con música de Engelbert Humperdink, los hermanos alcanzan un claro y advierten una cabaña. Hänsel le dice a su hermana: «Todo está tranquilo. No se mueve nada ahí dentro. ¡Ven, entremos!». Pero Gretel, asustada, replica: «¿Estás loco? Jovencito, ¿cómo puedes ser tan audaz? ¿Quién sabe quién está ahí dentro en esta casita?».
5. La cabaña infinita
Ahora tengo noventa y cuatro años, y si algún día yo muero, quiero que me lleven a otra cabaña. A una de granito que mire con los ojos cerrados a la laguna Estigia que es el Océano Atlántico. A una que mire al fin de la Tierra. Al cementerio que César Portela construyó en Fisterra; una cabaña infinita, como lo han sido todas las que han pasado por mi vida. Como lo son todas.
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LO QUE DICEN LOS ARGENTINOS (y nadie más lo diría)
En Argentina se cuenta que el mejor negocio del mundo es comprar a un argentino por lo que vale y venderlo por lo que dice que vale. Su elocuencia tiene un poder de persuasión tal que ellos mismos bromean sobre este cliché. El peor de los partidos de fútbol puede convertirse en una poética batalla en un comentario de Jorge Valdano o en un párrafo de Roberto El Negro Fontanarrosa.
Buenos Aires está repleto de extranjeros que intentan bailar tango convencidos de que emanan sensualidad, aunque dominar el paso básico es como aprender chino, hay que invertir mucho tiempo y esfuerzo solo para no hacer el ridículo. En el último taxi porteño en el que me monté casi le prometo al taxista que ayudaría a su hija a ser una fenomenal periodista. Los argentinos son tan buenos con las palabras que hablan cuando el resto del mundo calla.
Un señor de unos 50 años camina por el centro de Buenos Aires y le dice a una mujer, seguramente su esposa: «Pagaría un fango de dinero por meterme en tu cabeza dos segundos»*. Si se cumpliera el deseo de este cincuentón quizás se solucionarían sus problemas de pareja o quizás, si supiera lo que piensa su esposa, acabaría con la relación. Lo que es seguro es que entrar en la mente de las personas es un poco menos necesario en Argentina. Aquí apenas existen los silencios incómodos. Todo se arregla con palabras. «El otro día mi gato me habló», le comentaba a sus amigas una mujer de 60 años en una cafetería.
Como a los argentinos les encanta hablar pasan muchas horas en las cafeterías, tantas que tienen algo que decir hasta en los momentos más delicados. En los últimos años se ha reproducido una nueva extirpe de cliente que toma un agua sin gas y se pasa horas en la misma mesa con el ordenador (esto pasa en todos lados).
Lo normal es que reciba miradas reprobatorias de los camareros, que piensan que como todas los clientes sean así pronto se quedarán sin trabajo. Pero eso no es lo que pensó una camarera cuando le dijo a un chaval: «Quiere algo con su café o solamente viene a usar el wi-fi». También en las encrucijadas clásicas se manejan como maestros. «¿Te acordás cuando éramos jóvenes y pagábamos mitad y mitad? Bueno, yo me siento joven», le dice un hombre de 60 años a una mujer de su quinta cuando llega la cuenta.
En general, romper las convenciones sociales solo les está permitido a los niños, pero en Argentina los niños son víctimas de la lengua de los adultos. Si unas hijas se quejan durante el desfile del rally Dakar, el padre no pone buena cara: «Cállense, que no nos vamos. Yo voy a ver las películas de princesas y jamás me quejo». Hasta los profesionales pierden con facilidad las formas. «Chicos, yo no soy arquitecto, soy payaso no más», les responde un payaso a unos críos que le piden globos con formas difíciles.
La elocuencia argentina rompe todos los silencios en todos los ámbitos, pero donde más destaca es en las relaciones sentimentales. Siempre hay una amiga dispuesta a decir verdades, como esa que mientras espera el bus suelta: «¡Boluda! ¿Me lo tengo que coger para que te des cuenta de que te engaña?». También se encuentran oídos comprensivos para esos resbalones bienintencionados. «Él no me avisó que éramos novios, así que lo cagué sin querer», dice con total inocencia una chica de 20 años.
Y por su puesto las parejas se dicen verdades a quemarropa. «Gordo, si vas a mirar otra mina, lo único que te pido es que seas disimulado». Aun así, a pesar de todo este torrente de palabras, todavía queda misterio. Otro cincuentón grita por el móvil en un tren de vuelta a casa. «Yo no soy Harry Potter, que adivino las cosas, ¿vos sos Harry Potter?, ¿vos sos Harry Potter?».
—
*Todas las situaciones son reales. Están recogidas en la página de Facebook ‘La gente anda diciendo’
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" Niño hasta las pelotas de que su madre se esté probando...

" Niño hasta las pelotas de que su madre se esté probando coronas " (La sera di rebaggias insoportábile) Guido Reni
Televisión en alta alucinación
Sergioski02alguien tiene alguna opinion?
(Este artículo no contiene spoilers de la trama)
El glorioso regreso de HBO
La anécdota es conocida: Piccaso sentado en un café de París. Un tipo se acerca y le pide que le dibuje algo en una servilleta. El maestro lo hace y antes de entregársela le exige al desconocido una —gran— cantidad de dinero. El tipo se indigna: «Ha tardado usted solo un minuto en hacerlo, ¿cómo puede pedirme tanto dinero?». «No he tardado un minuto, he tardado cuarenta años», replica Picasso.
La televisión moderna podría contestar lo mismo si alguien le preguntara a qué viene tanto jaleo con True detective: «Me ha llevado dos décadas llegar hasta aquí».
Veinticuatro años exactamente, los que van de Twin Peaks hasta esta serie de HBO, seguramente lo más cerca que ha estado el universo catódico de sintetizar una droga visual desde aquella maravilla de David Lynch en 1990. Porque eso es True detective, una metanfetamina que haría sonreír a Heisenberg, administrada al televidente por vía ocular, y severamente adictiva.
Cuando HBO cerró su edad de oro (que siempre fue de HBO y no de la televisión, por mucho que algunos se empeñen en subir títulos al carro) las parrillas estadounidenses se llenaron de productos supuestamente revolucionarios, con más sangre, más sexo y —a veces— más charleta. Sin embargo (dejemos Breaking bad aparte y hagamos lo propio con el Reino Unido y su microclima televisivo) pocas series han trascendido el propio elemento donde han sido creadas. Algunos han visto el espejismo en Mad men o Masters of sex, espléndidas series que no serán recordadas como ejemplo de nada dentro de una década. Nada comparado al efecto de The wire, Los Soprano o A dos metros bajo tierra, por hablar en plata.
True detective devuelve a la cadena americana a los territorios de culto donde tan bien supo moverse a principios del siglo XXI y lo hace con la fórmula de la excelencia que tan bien les funcionó con David Simon, Alan Ball o David Chase: el creador es Dios.
(Algunos argumentarán que eso mismo intentó con The Newsroom o Juego de tronos, pero en ambos casos los productores han tenido muchísimo que decir, y no siempre para bien —sobre todo con Aaron Sorkin y su socio Scott Rudin—).
Esa libertad creativa cercana al paroxismo ha resultado ser mano de santo con esta serie de Nic Pizzolato y Cary Fukunaga, guionista y director respectivamente. El hecho de que todos los episodios provengan de la misma pluma y sean ejecutados por el mismo realizador le dan a la serie una continuidad narrativa y estética pocas veces vista por aquello tan americano de darle una pieza del puzle un día a un director y otro día a otro.
El puzle (palabra que parece cincelada para True detective) es en esta ocasión de aúpa. Un viaje que va arriba y abajo a lo largo de diecisiete años (el arco temporal de la serie) con la excusa de una investigación para atrapar a un asesino en serie que bascula entre el sadismo, el satanismo y el simple impulso criminal. Si el inicio de la serie es francamente inquietante (el hallazgo del primer cadáver, narrado con una parsimonia escalofriante), la segunda y tercera entrega confirman la sospecha de que nos encontramos ante una criatura que cambia de piel continuamente, del drama al thriller y de ahí al horror, pasito a pasito.
Dos detectives se encargan de la misión: uno de ellos es un hijo de puta con hechuras de ser humano, cara de no haber roto nunca un plato y de vida emocional cargante; el otro es un yonqui (de la adrenalina, del alcohol, de las drogas y de todo lo demás) disfrazado de filósofo, un cínico que ve en cada hombre un potencial enemigo, una bomba de relojería con el contador a cero: un loco sin espoleta. El primero es un fenomenal Woody Harrelson, un actor que lleva años en la élite: no es de los que cobra más, no sale en la tele, no le persiguen los paparazzi y no tiene más intereses (conocidos) que fumar marihuana junto a su amigote Bill Maher; el segundo se llama Matthew McConaughey y va dando bofetones como panes a los incrédulos desde hace un par de años. Primero fue Mud, luego Dallas buyer’s club y luego True detective. Y ahora es cuando aquellos que le llamaron Cary Grant de baratillo y cosas peores, tienen que comerse sus palabras porque si lo de Harrelson en True detective es de traca, lo de McConaughey es el jodido Hiroshima.
Enjuto, seco, arrastrando los pies como el superviviente de un naufragio que piensa continuamente en volver y hundirse con su barco, McConaughey no interpreta al detective Rust Cohle, es el detective Rust Cohle: el borracho organizado que sabe qué días puede beber, el drogadicto funcional que actúa como una máquina programada para ejecutar sus propias ordenes, sin importar el qué, el cuándo o el dónde, y —por supuesto— sin importarle el cómo. Ese personaje, que parece haber sido modelado con un soplete, se adueña de la serie como si le cupiera en los bolsillos y sobrara sitio. En cierto modo, y con esa bisagra llamada autodestrucción como toda conexión (más como camino que como objetivo) cuesta no pensar en Tyler Durden cuando uno le pone la vista encima a Rust Cohle. Esa idea, terrorífica en su pureza, de que la nada es la auténtica fuente de la felicidad y que cuanto más se acerca uno al nihilismo que marca la (verdadera) anarquía, mejor se respira. Como una especie de versión bélica del budismo, donde el rechazo al materialismo se concreta con un buen arsenal, un montón de drogas y el convencimiento de que cuanto mayor el sacrificio en el altar de la justicia, más alta la recompensa en forma de alivio (temporal) del soldado.
El destino, la idea de que el mal puede ser un lugar o un paisaje, y ese trasfondo religioso que destila la serie, ayudan a sembrar en el hipotálamo del espectador una idea que hace las veces de contexto: el infierno persigue a estos tipos y a uno de ellos le gusta el fuego. Que el rol de macho alfa (Martin Hart, el personaje de Harrelson) bascule del policía sensato (y más socialmente aceptable) al kamikaze sin filtros cuando el primero pierde el norte, es otro de esos momentos donde el recuerdo de El club de la lucha saca la cabeza: en la película el protagonista pierde la cabeza por culpa del insomnio y trata de escabullirse de la desesperación a través del sufrimiento ajeno. En True detective, el descarrilamiento del matrimonio del protagonista «normal» provoca la aparición de un personaje que hasta ese momento ha permanecido agazapado, escondido en una aparente normalidad que solo se rompe por algunas frases soltadas al azar en momentos de transición («¿Alguna vez te preguntas si eres una mala persona?» le dice Hart a Cohle. «No, no me lo pregunto. El mundo necesita malas personas. Nosotros evitamos que otras malas personas entren por la puerta») pero que acaba en el camino de baldosas amarillas que lleva al purgatorio. El Durden de Hart tiene su propio proyecto Mayhem, que es menos ambicioso que el original pero igualmente relevante en términos narrativos y —definitivamente— más personal.
Con ese traje de filósofo loco que le hubiera hecho tilín a Thomas de Quincey, Hart lleva su obsesión por un caso (podría ser este o cualquier otro) a los territorios de la oscuridad más espesa. Sí, el plano-secuencia de seis minutos que contiene el cuarto episodio de la serie es prodigioso, pero aún lo es más la escena que lo precede y donde se establece el cambio de roles que comentábamos antes y empieza una nueva serie que coincide con el ecuador de la misma. «Tengo que volver con mi mujer, tengo que arreglarlo», dice Hart. «Me importan una mierda tus problemas», contesta Cohle.
Luego llega el recuento de armas, la construcción de la coartada y la aplastante lógica del absurdo: «Esto es necesario, hay que hacerlo» repite Hart, metiendo balas en cargadores y sacando armas hasta de la nevera.
Ese plano magistral de McConaughey adentrándose en las sombras en una lancha (que algunos han corrido a comparar con el coronel Kurtz en Apocalypse now) desencadena lo que venía masticándose desde el inicio de la serie: el helter skelter, en versión sureña.
Mucho se podría hablar —también— del rol de las mujeres (inmensas Michelle Monaghan y Alexandra Daddario) en la serie y del elemento racial (el clásico elemento que genera polémica y que ya ha llevado a algunos a calificar la serie de «gasolina para gallitos blancos») prueba evidente de que la serie tiene más capas que el infierno de Dante. También podría hablarse del apabullante envoltorio escénico de Adam Arkapaw, ese gris amarillento de toques pesadillescos que le da a la serie una terrible sensación de asfixia, o la brillantez del diseño de producción de Alex DiGerlando (responsable de The East o Bestias del sur salvaje). De hecho, podríamos estar hablando de True detective durante una semana y siempre quedarían cosas que decir. Un millón de cosas que decir.
Según sus responsables, la segunda temporada de la serie se ocupará de otro caso, con distintos protagonistas. Algo que da idea de la ambición de sus creadores, dos tipos tan locos como los protagonistas de su invención. True detective ya es historia de la tele, moleste o no, y lo es por méritos propios. Hacía mucho que no veíamos algo tan atrevido, brutal y descarnado en la caja tonta. Desde luego, y como se acostumbra a decir, no es para todos los públicos, pero para aquellos que tengan el paladar acostumbrado a los brebajes de alta graduación, esta va ser la borrachera de su vida.
El talibán de la línea recta
If man is 5,
then the Devil is 6,
then God is 7.
Pixies
Les pedimos que dejen sus sensibilidades religiosas aparte y traten de entender lo siguiente. Si a la peculiar relación entre lo divino y lo humano o entre lo natural y lo artificial se le pueden poner números, ¿por qué no iba a poder hacerse algo similar desde un prisma visual basado en la geometría?
El creador No Curves tiene un nombre. Sin embargo, prescindiremos de él por expreso deseo del interfecto. Devoto de las relaciones de pares, de las dualidades, piensa que en la que une al artista con la persona es el primero el que ha de imponerse. Al menos en su caso particular.
El artista italiano decidió emprender camino a través de la senda recta, literalmente. Su trabajo creativo se limita a la utilización de la línea sin curvas como medio de expresión. Además, su territorio está en la calle, su idioma es el arte urbano y sus palabras se construyen exclusivamente con cinta adhesiva. «Ese camino, esa línea recta es tu vida, es la voluntad decidida de llevar a cabo una idea», explica. «Para mí, la naturaleza es curva. Por el contrario, la intervención humana, lo artificial es la línea recta, que aliena todo lo natural».
A partir de esa visión del universo y el más allá, No Curves construye obras ricas a base de tiras cortas de cinta adhesiva. Es su propio trayecto de lo básico a lo complejo. «Para mi la cinta es muy instintiva. No me gusta pintar a pesar de que el concepto de creación sea similar. Cambia el medio y eso me ayuda».
Este amante del constructivismo ruso vive en constante movimiento sobre la línea que une Milán y Barcelona. La madurez le está haciendo trasladarse de las calles a la intervención sobre la arquitectura ya presente, ya moldeada por el hombre en los entornos urbanos. «Llevo siete años de trabajo y mi crítica y mi mundo son diferentes ahora. Cuando el mundo entra en decadencia los artistas se vuelven sucios, se hacen más abstractos», cuenta. «La línea me ayuda a mantenerme limpio».
No Curves no tiene planes de variar su manera de expresarse en un futuro próximo. La pureza, la verdad que encierra para sí el uso de las manos, le empuja a descartar cualquier tipo de injerencia creativa, sea analógica o digital. Se considera un artesano y no quiere moverse de esa posición.
El milanés hace ahora intervenciones en espacios cerrados y transforma los lugares provisto de su única arma, la cinta adhesiva. Esos lugares, al alcance de todo el mundo, son un reflejo de a dónde quiere llegar: a un estado en el que el arte rodee a todos, abrace a todos. El italiano piensa que, además, ejecuta así una especie de viaje en el tiempo que le ayuda a rescatar espacios en decadencia.
Lo bueno de luchar en lo dual, es que no se sabe si se hace a favor o en contra. No se sabe si el diálogo es básico o complejo. O, en realidad, sí se sabe. Pero lo bueno es que cualquier postura es correcta si es sincera.
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Atletas entre líneas
Sergioski02cheeeeeex
La mirada despista. El mundo que se despliega al abrir los ojos parece el único posible pero, en realidad, es solo uno entre una lista infinita de versiones. En los espacios entre líneas de todos los versos hay cientos de mundos paralelos. En esos vacíos pueden descifrarse significados inauditos, emociones remotas o un cierto olor a dinamita.
Pero ahí no alcanza la vista. Es la intuición, la memoria, el olfato o las manos las que hallan otras escenas que, también, están delante. A un milímetro de los ojos. O menos.
Líneas atléticas
Pocull mira así. El director de arte, diseñador y experto en animación, a veces, también ilustra. Lo hace desde pequeño y lo hace, sobre todo, en sus ratos libres. En uno de esos momentos en los que el tiempo no cuenta las horas salió un deportista. Nació entre líneas. Aunque esta vez no ocurría como a menudo pasa con las palabras. Nadie quería esconder a Pau Gasol. Al contrario. Las líneas resaltaron los rasgos y las ondas del pelo del jugador de la NBA.
Fue solo la mirada. Porque justificar una ilustración, a menudo, no obedece a los dictados de la razón. La serie Atletas nació «por casualidad», explica Pocull. «Me encantan los deportes. Más verlos que practicarlos (ríe). Y pensé en hacer algo relacionado con retratos de atletas. La técnica parece muy complicada pero, en realidad, es sencilla. Es un trabajo en vectorial. Son líneas encima de un retrato. Al principio son solo formas y rayas. Después aplico un degradado independiente a cada línea».
Gasol quedó envuelto en rojos y violetas. Por esas miradas que solo una persona ve. «Utilicé unos colores de contraste. No sé por qué. Es oficio. Sabes lo que funciona y lo que no».
Londres se escribe con vainas
Un día la plataforma Show Us Your Type tocó a la puerta de Pocull y le invitó a diseñar una tipografía basada en la capital británica. El barcelonés conocía bien la ciudad. Había vivido allí tres años y sabía que no todo eran cabinas rojas y autobuses de dos plantas. El ilustrador intentó alejarse todo lo que pudo de los estereotipos y acabó dibujando una especie de cintas en oscilaciones de un púrpura brillante. «Mi intención era pasar un buen rato y experimentar con técnicas de 3D», comenta. «Londres forma parte de mi vida y quería enfocar el tema por ahí. Pretendía jugar con las formas, experimentar, hacer pruebas. Mi intención era desarrollar una tipografía 3D».
El abrazo trenzado
Pocull recibió otra invitación. Esta vez la revista digital Graphic Hug le pidió un póster inspirado en el nombre de la publicación. El ilustrador pensó en besos y abrazos. Diseñó sus símbolos correspondientes, la X de los labios y la O de los brazos, y convirtió la imagen en una serigrafía. «Me gustan las formas naturales. Las líneas de estas letras me recuerdan a las grietas naturales que forma la madera», especifica el director de arte. «Huyo de lo octogonal y lo cuadrado. Me centro más en lo natural. Me sale más de mi interior. Prefiero no sujetarme a estructuras y basarme en lo orgánico».
La mirada, a veces, despista.
Y, a veces, abre la puerta a otros mundos.
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BCN RE.SET, Circuito de arquitectura efímera en la calle
La arquitecta Benedetta Tagliabue (EMBT / Fundació Enric Miralles) y el director de escena Àlex Ollé (Fura dels Baus) colaboraran en los actos de conmemoración del Tricentenario BCN con la realización de una importante intervención en la ciudad. El proyecto se llama BCN RE.SER, un circuito urbano con siete instalaciones artísticas y arquitectónicas por diferentes espacios públicos de la ciudad que proponen una reflexión sobre conceptos como identidad, libertad y democracia. La primera instalación, ubicada en el Parque de la Ciutadella, estará supervisada por Benedetta Tagliabue y Àlex Ollé. Las otras seis estarán comisariadas por arquitectos internacionales que trabajaran conjuntamente con estudiantes de diferentes escuelas de arquitectura de Barcelona
Barcelona, 13 de febrero de 2014. Hoy se ha presentado el proyecto BCN RE.SET, un circuito de arquitectura efímera en la calle. BCN RE.SET se incluye dentro de los actos del Tricentenari BCN, un programa de actividades para conmemorar los 300 años de los acontecimientos ocurridos el 11 de septiembre de 2014 y que se incluye dentro del programa de actos del Tricentenario BCN.
Al acto han asistido el Tinent d’alcalde de Cultura, Coneixement, Creativitat i Innovación de l’Ajuntament de Barcelona, Jaume Ciurana; el comisario del Tricentenario BCN, Toni Soler; los comisarios de BCN RE.SET: la arquitecta Benedetta Tagliabue y el director de escena Àlex Ollé. Además, al acto ha contado con la presencia de todos los arquitectos internacionales: Odile Decq, Peter Cook y Yael Reisner, Grafton Architects, Alfredo Brillembourg y Hubert Klumper (ETH Zurich & Urban Think Tank), Anupama Kundoo y Xiaodu Liu (Urbanus) así como los representantes de las escuelas de arquitectura y diseño de Barcelona que colaboran en el proyecto.
Desde mayo a septiembre, el proyecto tendrá lugar en siete espacios públicos de Barcelona y proponen una reflexión acerca de los conceptos de identidad, libertad, democracia, diversidad, memoria y Europa. Benedetta Tagliabue (EMBT / Fundació Enric Miralles) y el director Àlex Ollé (Fura dels Baus) diseñarán la primera instalación, que se inaugurará en mayo en el Parc de la Ciudadella, y las otras seis instalaciones, que se inaugurarán en el mes de junio, estarán definidas y
comisariadas por arquitectos internacionales: Odile Decq, Peter Cook y Yael Resiner, Grafton Architects, Alfredo Brillembourg y Hubert Klumper (ETH Zurich & Urban Think Tank), Anupama Kundoo y Xiaodu Liu (Urbanus). Cada proyecto se realiza de forma conjunta entre los arquitectos y estudiantes de escuelas de arquitectura de la ciudad (LASALLE, ESARQ-UIC, IAAC y ELISAVA).

Primera instalación: El muro de la Ciutadella
Benedetta Tagliabue y Àlex Ollé son los encargados de poner en marcha la primera construcción arquitectónica efímera que se inaugurará en el mes de mayo en el Parc de la Ciutadella. El mur de la Ciutdella es una instalación que simbolizará los antiguos muros que se construyeron en ese espacio.
La Ciutadella, forma parte de la historia de amores y desamores de la ciudad de Barcelona, un muro hacia dentro y hacia fuera, que históricamente defendía la ciudad en caso de ataque exterior pero también reprimía a los barceloneses que quisieran enfrentarse al poder dominante.
A principios del mes de junio del 2014, se derribará en un acto lúdico y festivo. Una actuación artística, con carácter dramático, que simbolizará la destrucción de la antigua fortaleza militar y, por lo tanto, un paso histórico en la recuperación de Barcelona por parte de sus ciudadanos. Esta acción dará paso a la creación de seis instalaciones efímeras en distintos puntos emblemáticos de la Ciudad Condal con un itinerario interactivo y participativo.
Seis instalaciones en distintos puntos de la ciudad
Para la realización de estas instalaciones arquitectónicas se han elegido seis espacios públicos, concretamente en plazas emblemáticas de la ciudad: Arc de Triomf, Plaça Nova, Plaça del Mar, Plaça dels Àngels, Plaça de Salvador Seguí i Plaça de la Merçè. El objetivo es que estas instalaciones inviten a las personas a pasear por la ciudad, elegir su propio itinerario.
En cada lugar se construirá una instalación al aire libre que pueda transformarse en un paisaje arquitectónico único para acoger la programación específica. Cada instalación asocia diferentes conceptos vinculados a la conmemoración del Tricentenario: Identidad, Diversidad, Democracia, Memoria y Europa.
IDENTIDAD
Lugar: Plaça Nova
Comisario: Xiaodu Liu (Urbanus)
La Casa Catalana: del arco romano a la vuelta catalana (Catalan House: From roman arch to Catalan vault)
La instalación se ubicará en la Plaça Nova, situada al límite de la antigua muralla de Barcino, donde había la antigua ciudad romana. Este espacio, tan activo i dinámico, ha sido elegido para instalar el pabellón “La Casa Catalana: De l’arc romà a la volta catalana”, donde se quiere mostrar la evolución de esta técnica arquitectónica y quiere recuperar el protagonismo que tenía la plaza el año 1714. La instalación estará fabricada a partir de la técnica Bambú Steel System, que consiste en pequeñas piezas de ensamblaje de bambú y el método de construcción inspirado en la bóveda catalana.
Xiaodu Liu (Urbanus) – China
Fundada en 1999 bajo la dirección de los socios Xiadu Liu, Yan Meng y Hui Wang, el estudio de arquitectura Urbanus es considerado uno de los más influyentes en China. Más que un estudio, Urbanus es también un equipo de especialistas (Think Tank). Su objetivo es formular una estrategia arquitectónica a partir del entorno urbano en general y del cambio permanente al que están sometidos las condiciones urbanas. Urbanus siempre se concentra en realidades urbanas de la China, y busca soluciones culturales basadas en su investigación sobre problemas urbanos emergentes.
Urbanus ha realizado proyectos de diseño en diversas escalas y con diferentes funciones, que abarcan desde usos culturales (Dafen Art Museum, OCT Art & Design Gallery, Tangshan Urban Planning Museum, Tangsham Museum, el Pabellón de Shenzhen en la Exposición Universal de Xangai del 2010, Luohu Creative Plaza), cívicos (Registro de Matrimonio de Nshan, Sede de Planificación de Shenzhen) y residenciales (Urbanización de Tulou, hoteles y apartamentos Maillen), hasta llegar al diseño de nuevos espacios públicos urbanos (Dongmen Photography Plaza, Jade Bamboo Cultural Plaza, Sungan Central Plaza), la renovación de antiguas áreas urbanas (renovación OCT LOFT) y complejos urbanos de gran escala (la sede central de Metro de Shenzhen, sede central CNG). Los trabajos de Urbanus son únicos y, a su vez, preservan la textura urbana original. Han estado galardonados con numerosos premios de arquitectura de reconocido prestigio y se han divulgado mediante exposiciones y publicaciones alrededor del mundo. Los socios del estudio reciben con regularidad invitaciones para impartir conferencias en universidades y academias de renombre, y para formar parte de jurados de concursos internacionales. Las obras de Urbanus han llamado la atención internacional gracias a la sensibilidad de este estudio por la historia urbana y la estructura social, la integración de los recursos potenciales que ofrecen el espacio y la sociedad, y la eficacia a la hora de responder a desarrollo urbanos complicados.
Actualmente, Urbanus desarrolla y amplía su plataforma existente por el diseño y la investigación y, además, explora oportunidad de colaboración multidisciplinar e internacional. El Gabinete de Investigación Urbanus (URB, en las siglas inglesas), que se ocupa sobre todo de la investigación, se centra en el fenómeno de la China Contemporánea para hacer una serie de proyectos posturbanos, las tipologías de la hiperdensidad, y otros.
Lugar: Plaça Salvador Seguí
Comisario: Anupama Kundoo
La biblioteca de los libros perdidos (The library of Lost Books)
El proyecto se instala en la plaza Salvador Seguí. La instalación de la plaza Salvador Seguí quiere hacer una mención al concepto de libertad y se hará mediante la cultura del libro con una construcción efímera bajo el nombre de “La biblioteca de los libros perdidos”. El pabellón se construirá a partir de libros, que tendrán la función de ladrillo y se utilizarán distintos materiales reciclados como papel de periódicos, revistas o páginas amarillas como complemento. La idea es conectar a los amantes de la lectura y convertirlo en un espacio dinámico para el intercambio libre de libros.
Anupama Kundoo (India)
Anupama Kundoo es conocida por su práctica orientada a la investigación y su labor como docente orientada a la práctica. Su arquitectura, muy reconocida en el ámbito internacional y distinguida con diversos galardones, se caracteriza porque se centra en la investigación de materiales y en la experimentación encaminada a conseguir un impacto ambiental reducido, además de adaptarse a todo tipo de contextos económicos y sociales.
Ha construido mucho en la India, y ha acumulado experiencia profesional, investigadora y docente en una gran variedad de contextos culturales por todo el mundo: Universidad Técnica de Berlín, Escuela de Arquitectura de la Architectural Association de Londres, Universidad Técnica de
Darmstadt, Parsons New School of Design de Nova York… Actualmente, es profesora en la Universidad de Queensland, a Brisbane.
En Parsons, fue catedrática de tecnologías ambientales y ciencias de los materiales, y en todas estas facultades ha impartido clases de diseño de arquitectura, gestión urbanística y tecnologías ambientales. Ha realizado numerosas conferencias y talleres, y ha evaluado trabajos académicos en diversas universidades entre otras, la Universidad de Cornell, la Universidad de Merlbourne, la
Universidad Americana del Líban y la Universidad de Limerick.
Por sus proyectos, igual que por sus textos, se han publicado en un gran número de libros, revistas internacionales y periódicos, entre los cuales están Phaidon World Atlas of Contemporary Architecture, ADArchitectural Design London, Modulør, ArchitectureAU, India Today, Bauwelt i Duurzaam Bowen. Es coeditora de Sustainable Building Design Manual (vol. 1 y 2), publicado por el Institut Català d’Energia en 2004 y producido en colaboración entre Londres, Barcelona y Delhi. En 2009 escribió Roger Anger: Research on Beauty, un trabajo sobre la vida y obra de un destacado arquitecto parisino (1923-2008) activo en los años cincuenta y sesenta, que fue nombrado arquitecto en cabeza de Auroville, un proyecto urbano idealista al sud de la India.
Su reciente aportación a la 13ª Biennal de Arquitectura de Venecia incluía un facsímil a escala real de su proyecto «Wall House» (Casa de Parets). Gracias a su participación en la edición de 2013 del Premi Internacional Dones i Arquitectura, recibió una <<distinción honorable>> del jurado por su << dedicación a la hora de abordar el problema de la viabilidad económica y la sostenibilidad en todas sus vertientes>>.
Lugar: Plaça del Mar
Comisario: Hubert Klumper (ETH Zurich & Urban Think Tank)
Cocinas y mercados
Barcelona siempre ha sido una ciudad abierta al mar, al comercio y a las relaciones de ultramar con otras culturas del mediterráneo. La instalación quiere dar importancia a la diversidad de alimentos y a la cocina europea. El espacio acogido es la Plaça del Mar, uno de los más relevantes del barrio de la Barceloneta por su conexión con el mar.
ETH Zurich & Urban Think Tank proponen transformar este espacio público haciendo una instalación que tenga un comportamiento social y educador, siendo la comida la protagonista. La instalación se transformara en un pabellón largo donde recreará de forma interactiva el proceso de producción de la comida: desde la producción (jardín), la distribución (mercado), preparación (cocina), consumición (comer) y el reciclaje. Todo este proceso se dividirá en diferentes áreas y los ciudadanos estarán invitados a participar en diferentes workshops, fiestas, degustaciones culinarias de la mano de los mejores chefs del momento, performances o un espacio de sostenibilidad para fomentar la cultura del reciclaje en los alimentos.
Alfredo Brillembourg (EUA) y Hubert Klumpner (Austria)
En 1993 Alfredo Brillembourg fundó U-TT en Caracas, y en 1998 se unió Hubert Klumpner como codirector. Desde 2007 ejercen de profesores en la Universidad de Columbia y desde 2010 ocupan la Cátedra de Arquitectura y Diseño Urbano en el Instituto Suizo de Tecnología de Zúrich. Trabajando en contextos globales mediante el establecimiento de puentes entre las zonas urbanas industriales del primer mundo y las
áreas urbanas informales del tercer mundo, se centran en el fomento de una nueva generación de profesionales, destinados a transformar las ciudades del siglo XXI.
Alfredo Brillembourg
Alfredo Brillembourg nació en Nova York en 1961. Se licenció en arte y arquitectura en 1984, y obtuvo el título de máster en diseño arquitectónico por la Universidad de Columbia en 1986. En 1992, obtuvo una segunda licenciatura en arquitectura por la Universidad Central de Venezuela, y empezó su estudio propio de arquitectura.
En 1993 fundó Urban – Think Tank (U-TT) a Caracas.
Desde 1994 pertenece a la Asociación de Arquitectos e Ingenieros de Venezuela, y ha sido profesor invitado por la Universidad José María Vargas, la Universidad Simón Bolívar y la Universidad Central de Venezuela.
Desde 2007, Brillembourg ha estado invitado también por la Graduate School of
Architecture and Planning de la Universidad de Colúmbia, donde fundó al lado de Hubert Klumpner, el Laboratorio de Maquetas Urbanas Vivas y Sostenibles (SLUM Lab, en la sigla inglesa).
Comparte con Klumpner, también, la cátedra de Arquitectura y Diseño Urbano del Instituto Federal de Tecnología de Suiza (ETH Zürich). En su condición de cofundador de U-TT Brillembourg recibió el Premio Ralph Erskine que otorga la Asociación de Arquitectos Suecos; en 2011 y 2012 recibió respectivamente, el Golden y Silver Holcim Award Latin America, por su innovación en arquitectura y diseño urbano en relación a aspectos sociales, ecológicos y estéticos. Formó parte del equipo que ganó el León de Oro de la 13ª Biennal de Venecia por la instalación Torre David /Gran Horitzó.
Hubert Klumpner
Hubert Klumpner nació en Salzburg, Àustria, en 1965. Se licenció en 1993 por la Universidade Artes Aplicadas de Viena, en la clase magistral del profesor Hans Hollein.
Trabajó con Enric Miralles y Paul Rudolph antes de obtener un título de máster en arquitectura y diseño urbano por la Universidad de Columbia en 1995. Pertenece a la Cámara de Arquitectos Alemana desde 1997. En 1998 se unió a Alfredo Brillembourg como director de Urban-Think Tank (U-TT) en Caracas. Desde 2007 Klumpner ha estado profesor invitado a la Graduate School of
Architecture and Planning de la Universidad de Colúmbia, donde fundó, junto con Alfredo Brillembourg, el Laboratorio de Maquetas Urbanas Vivas y Sostenibles (SLUM Lab, en la sigla inglesa).
Comparte con Brillembourg, también, la catedra de arquitectura y diseño urbano del Instituto Federal de Tecnología Suiza (ETH Zürich). En su condición de corresponsable de U-TT, Klimpner recibió el premio Ralph Erskine que otorga la Asociación de Arquitectos Suecos; en 2011 y 2012 recibió, respectivamente, el Golden y Silver Holcim Award Latin America, por su innovación en arquitectura y diseño urbano en relación a aspectos sociales, ecológicos y estéticos. Formó parte del equipo que ganó el León de Oro de la 13ª Biennal de Venecia, por la instalación Torre David / Gran Horitzó.
Lugar: Plaça dels Àngels
Comisario: Odile Decq
La instalación constará de una serie de cables tensados entre el MACBA y el Convent dels Àngles, del antiguo al moderno, y viceversa. La idea es que las 300 camisetas negras impresas con los rostros de 300 personas cuelguen de estos cables como símbolo de los 300 años que conmemoran. El propósito es mostrar la diversidad a través de 300 ciudadanos de Barcelona.
Odile Decq (Francia)
Odile Decq creó su propio estudio inmediatamente después de graduarse en La Villette, el 1978, mientras estudiaba aun ciencias políticas en París, donde en 1979 obtuvo un diploma de postgrado en planificación urbanística. El renombre internacional le llego enseguida: en 1990 ya ganó su primer concurso, el Banque Populaire de l’Ouest de Rennes, que mereció el reconocimiento de numerosos galardones y publicaciones. Como pone en cuestión el encargo, el uso, la materia, el cuerpo, la técnica y el gusto, la arquitectura de Odile Decq ofrece una perspectiva paradoxal, pero a su vez tierna y severa, del mundo actual. Decq fue galardonada con un León de Oro en Venecia en 1996. Desde entonces, es fiel a su actitud luchadora al mismo tiempo que diversifica y radicaliza su investigación.
Decq diseñó el MACRO (Museo d’Arte Contemporanea Roma) en 2010, el restaurante de la Opera Garnier de Paris en 2011, el FRAC – Musée d’Art Contemporain de Rennes en 2012, y acaba de finalizar la construcción del Pavellón 8, sede principal de GL Events, a Lión.
Aun así, más que la materialización del Studio Odile Decq, más que un estilo, una actitud o un proceso de producción, la obra de esta arquitecta es un universo completo, que incluye la planificación urbanística, la arquitectura, el diseño de productos y el arte. Una versatilidad que fue destacada el 2013, cuando le otorgaron el título de diseñadora del año Maison & Objet, el mismo año que recibió también el premio Internacional Mujeres y Arquitectura.
Lugar: Plaça de la Mercè
Comisario: Peter Cook y Yael Reisner
Take my Hand (Adaily Celebration of Rights & Civil Weddings)
La Plaça de la Mercè siempre ha sido un espacio de renombre que hace de conexión entre el frente metropolitano marítimo y el barrio gótico. Su remodelación se hizo en 1976, cuando las obras del derribo de la isla de casas, entre la calle Ample y Louis Braille, dieron lugar a un espacio mucho más amplio y a la plaza que conocemos en la actualidad. En esta plaza encontramos La Basílica de la Mare de Déu de la Mercè, una de las construcciones más representativas de Barcelona.
La instalación proyectada por el arquitecto Peter Cook y Yael Reisner concepto Democracia y han proyectado en la plaza una instalación que hace referencia a la libertad individual de las personas en una sociedad democrática. Uno de los principios de la democracia es la protección de los derechos humanos para todos los ciudadanos, eje en que se basa el proyecto.
Por este motivo se ha creado una intervención relacionada con la libertad del individuo en la sociedad democrática y, siguiendo este hilo, se ha dedicado la plaza a las celebraciones de los matrimonios.
El toldo, que define el especio de celebración y hace sombra, tiene la forma de un logotipo de derechos internacionales, como símbolo para recordar a los ciudadanos la defensa de los derechos fundamentales de cualquier sociedad civilizada. El toldo es una estructura hinchable del mismo color blanco que el logotipo, y está sostenido mediante cables ligados a los edificios de alrededor. La sombra del toldo se va moviendo por la plaza siguiendo el desplazamiento del sol. De esta manera quedan unidos los dos principios del comportamiento democrático: el social y el personal.
Peter Cook (Reino Unido)
Peter Cook es un notable arquitecto inglés, profesor y escritor. Fundó Archigram, y fu nombrado caballero en el 2007 por la Reina debido a sus servicios a la Arquitectura y la Enseñanza. Es también miembro de la Royal Academy y comandante de la Ordre des Arts et des Lettres de la República Francesa.
Antiguo director del Institute of Contemporary Art of London, y de la Barlett School of Architecture en la University College londinense (UCL), Peter Cook ha sido miembro de la Staedelschule de Franksfurt, director de Art Net a Londres, y comisario del Pabellón Británico en la Biennal de Venecia. Ha estado galardonado con la Medalla Real de Oro del Royal Institute of British Architects (RIBA) en su condición de miembro del grupo Archigram, como también la Medalla Tschumi de la International Union of Architects (IUA), además de ganar un nombre importante de concursos.
Entre los edificios que ha construido están el Kunsthaus (también llamada “El alién amistoso”) de Graz (Àustria), en colaboración con Colin Forunier, que popularizó el trabajo de Cook entre un público más amplio. El 2013 Cook, junto con su estudio CRAB, finalizó la construcción de la nueva Facultat de Derecho de la Universidad de Economía de Viena, y la facultad de arquitectura más nueva en Australia, en la Abedian School of Architecture de la Universidad de Bond, en la Gold Coast.
Cook también ha diseñado edificios en Osaka, Nagoya, Berlín y Madrid. Su tarea permanente como conferenciante le lleva a visitar instituciones culturales alrededor del mundo.
Desarrolla su práctica profesional con Gavin Robotham, con quien comparte (CRAB: Cook Robotham Architectural Bureau), y de tanto en tanto colabora también con su esposa, la arquitecta israeliana y doctora Yael Reisner (nacida en 27 de febrero de 1953), que es, también, directora del Yael Reisner Studio, en Londres. Reisner es autora de la publicación Architecture and Beauty. Conversations with Architects about a Troubled Relationship, y actualemente trabaja conjuntamente con un grupo de botánicos, investigando el cultivo de flores del interior de edificios sostenibles.
Lugar: Arc de Triomf
Comisario: Grafton Arquitechs
(Memory Box / House of memory)
Con esta instalación quiere mostrar la historia de Barcelona a partir del Mobiliario urbano y diferentes instalaciones. El espacio se encuentra en el Arc de Triomf, situado en el Passeig de Lluís Companys, fue creada por el motivo de la Exposición Universal de Barcelona de 1888.
Partiendo del concepto de Memoria, Grafton Arquitechs proponen el montaje de “Memory Box” / “House of Memory”. Grafton Architecs participa en una exposición bajo el título “Sensing Spaces” que la Royal Academy of Arts de Londres presenta en enero a marzo del 2014. La idea es aprovechar y reutilizar los elementos de esta exposición para la instalación de Barcelona y transformarlo en una “Caja de memoria”.
La instalación incluye tres espacios, una sala grande y dos salas adosadas, elaboradas a partir de materiales de lona. Su objetivo es invitar al ciudadano a utilizar este pabellón como un lugar para chatear, sentarse, discutir o dialogar.
Grafton Architects (Irlanda)
Grafton Architects es reconocido en el ámbito nacional e internacional por la construcción de edificios e intervenciones urbanas con un alto y constante nivel de calidad, y ha sido galardonado con más de veinte premios en varios concursos. Sus trabajos se han expuesto en París, Zúrich, Madrid, Barcelona (bajo los auspicios del Premio de Arquitectura Contemporánea Mies van der Rohe de la
Unión Europea), Londres y la Bienal de Arquitectura de Venecia del 2002, y se han difundido en un gran número de publicaciones internacionales.
El estudio Grafton Architects ha adoptado una perspectiva rigurosa y sensible de la construcción urbana, basada en el firme convencimiento que la investigación es imprescindible a la hora de encaminar el potencial urbano latente respeto a la sostenibilidad y el reforzamiento del carácter esencial de la ciudad. Esta experiencia se ha desarrollado a través de varios proyectos importantes, en un amplio abanico de situaciones urbanas y sociales muy complejas.
En los últimos años, la práctica profesional de Grafton Architects ha asumido proyectos y concursos de unas dimensiones que requería el desarrollo de contextos de intervención urbana por medio de un análisis detallado de las condiciones urbanas, como por ejemplo, entre otros, el proyecto de la Universidad Bocconi en el corazón de Milano; un estudio de viabilidad para un paisaje a gran escala y un propuesta de campus e infraestructuras en una extensa ubicación de Scribblestown; proyectos de viviendas sociales a North King Street, South Earl Street y a Ballymun; el Centro de Arte a Navan, condado de Meath; nuevas oficinas gubernamentales a St. Stephen’s Green; el diseño de extensas instalaciones comunitarias en una parcela de cuatro hectáreas a Trim, condado de Meath (un proyecto que implicaba la transformación de un paisaje para acoger usos lúdicos y comunitarios); el concurso para el complejo residencial y de oficinas Bjorvika en Oslo; el concurso para Magasins Generaux en París, y varios proyectos de puentes e infraestructuras en colaboración con Roughan O’Donovan.
Un BCN RE.SET sostenible
Las instalaciones destacaran por poner especial énfasis en temes relacionados con la sostenibilidad y el reciclaje. Una vez finalizada las instalaciones, el arquitecto Santiago Cirugeda recuperará todos los materiales, usados previamente para en todas las construcciones, y se reutilizará con la finalidad de darle un nuevo uso en diferentes proyectos sociales de Catalunya.
Santiago Cirugeda. Recetas Urbanas
Santiago Cirugeda nació en Sevilla, donde estudió arquitectura en la ETSA, aunque finalmente terminó su carrera en el ESARQ de Barcelona.
Des de hace 11 años, Cirugeda lleva proyectos de subversión en diferentes ámbitos de la realidad urbana con un marcado compromiso social: des de ocupaciones sistemáticas de espacios públicos con contenedores, hasta la construcción de prótesis en fachadas, patios, cubiertas y, incluso, solares.
Actualmente, desarrolla proyectos de autoconstrucción en diferentes ciudades españolas, donde algunos grupos ciudadanos deciden generar sus propios espacios urbanos, hasta proponiendo soportes legales que les den coberturas.
En el 2007 presentó el libro Situaciones urbanas, un receptario que indaga y completa propuestas de www.recetasurbanas.net
En el 2011 presentó el documental En la red y el libro Arquitecturas colectivas (Ediciones Vibok), que muestra el trabajo en red de colectivos de la Península.
R.U (Recetas Urbanas) tiene como finalidad la creación de protocolos, sin ánimo de lucro, para mejorar el entorno urbano en beneficio de la ciudadania, interviniendo en espacios públicos y creando equipamientos colectivos a base de reutilizar materiales de reciclaje procedentes de la construcción y diferentes instalaciones efímeras.
Actualmente, alterna negociaciones políticas con ejercicios de alegalidad urbana, y construye la red Arquitecturas colectivas, que ofrece información y protocolo a los colectivos que quieran colaborar.
Exposición paralela: Making OFF de BCN RE.SET
Paralelamente al proyecto de BCN RE.SET, la Fundación Enric Miralles organizará una exposición con el objetivo de dar a conocer la trayectoria y evolución del proyecto BCN RE.SET. La muestra se inaugurará con el título “Making Off del BCN RE.SET”, donde se mostrará el trabajo de todas las escuelas que han participado en el proyecto y el proceso del diseño de cada instalación.
Escuelas locales
LA SALLE
La misión de La Salle Campus Barcelona es ofrecer una formación de calidad de alto nivel en un marco global, con el propósito de dotar a los alumnos del conocimiento, las habilidades y las experiencias necesarias para que puedan ser altamente efectivos en el desarrollo de sus carreras profesionales.
En La Salle Campus Barcelona formamos profesionales con un alto compromiso ético y con los valores necesarios para ser innovadores, saber adaptarse a los cambios y liderar las transformaciones de una sociedad en desarrollo continuo.
Los objetivos principales del centro universitario son:
Transferir conocimiento a los alumnos que se incorporan a nuestros programas educativos.
Transferir capital humano a la sociedad, a través de la incorporación de nuestros graduados en las organizaciones.
Transferir los últimos avances en tecnología para crear valor en los lugares donde sean útiles y necesarios.
Transferir empresas creadas en el Parque de Innovación Tecnológica y Empresarial, para contribuir al desarrollo del tejido empresarial.
ESARQ – UIC
El objetivo de la Escola Tècnica Superior de Arquitectura (ESARQ-UIC) es formar arquitectos con una clara vocación internacional, con espíritu crítico, con capacidades creativas, con conocimientos técnicos y de nuevas tecnologías, comprometidos con la sociedad y preparados para afrontar los retos de la sociedad del futuro.
ESARQ ofrece a los alumnos un trato personalizado en un entorno internacional con el objetivo de enseñar arquitectura con un servicio a la sociedad, potenciar las habilidades creativas junto a unas capacidades técnicas, generar sinergias en la industrialización de la construcción y trabajar para conseguir que el alumnado disponga de una bolsa de trabajo diversa e internacional.
Comprometida con los alumnos, la escuela ofrece una atención individualizada y asesoramiento académico durante la carrera y también ofrece coaching que prepara a los alumnos a enfrentarse al mundo laboral.
Comprometida con la sociedad, ESARQ es la única escuela de arquitectura de España con asignaturas obligatorias de cooperación, sostenibilidad y accesibilidad. También ofrece másters y posgrados específicos en estas materias.
Comprometida con el mundo de la empresa y la investigación aplicada, promueve el acercamiento de las industrias más avanzadas e innovadoras del sector de la construcción, con las cuales la escuela establece cátedras universidad-empresa y desarrolla conjuntamente proyectos de investigación y transferencia tecnológica.
Comprometida con la innovación docente, ESARQ practica la docencia integrada del proyecto (DIP), un método de enseñanza propio basado en el ejercicio del proyecto de todas las escalas y con una interacción simultanea de todas las áreas del conocimiento. La DIP mejora la eficiencia del aprendizaje y la competitividad del joven graduado a través de la polivalencia, la corresponsabilidad, la innovación, emprendimiento y la internacionalidad.
Comprometida con el momento actual de la arquitectura, la escuela se enriquece con el perfil tradicional de arquitectos de múltiples líneas de capacitación profesional. Los jóvenes graduados están preparados para el ejercicio de la arquitectura en los campos del proyecto, la técnica, la teoría y la comunicación, a través de formatos profesionales innovadores.
A partir de estas coordenadas, el esfuerzo de un equipo docente altamente calificado hace posible la excelencia de la oferta formativa de ESARQ, avalada, entre otros indicadores, por una ocupación del 94% y los diferentes reconocimientos en premios de alto nivel (Biennal de Arquitectura y Urbanismo español, Cevisama Lab…) otorgados en los trabajos académicos de nuestros alumnos , tanto en trabajos de final de carrera como en trabajos del curso.
Escola Superior de Disseny i Enginyeria de Barcelona (ELISAVA)
Fundada en 1961, ELISAVA es la escuela decana de la enseñanza del diseño en España. Hace más de cincuenta años que es pionera en este campo y contribuye a la formación de profesionales del diseño y la ingeniería. Adscrita a la Universitat Pompeu Fabra, ELISAVA acoge más de dos mil estudiantes procedentes de todo el mundo, que cursan los estudios oficiales del grado en diseño, el grado en ingeniería de diseño industrial, el máster universitario en diseño y comunicación y un amplio abanico de másteres, postgrados y programas de verano en diversas áreas. Su línea formativa y de búsqueda está orientada al mundo profesional, e impulsa colaboraciones estrechas con empresas, instituciones y universidades nacionales e internacionales. ELISAVA está situada en unas modernas instalaciones de 11.000 m2 en el corazón de Barcelona: la Rambla.
Institut d’Arquitectura Avançada de Catalunya (IAAC)
El Institut d’Arquitectura Avançada de Catalunya (IAAC) es un centro moderno de educación e investigación dedicado al desarrollo de una arquitectura capaz de satisfacer los retos internacionales de la construcción de espacios habitables en el siglo XXI. Con sede en el distrito 22@ de Barcelona, una de las capitales mundiales de la arquitectura y el urbanismo, la IACC es una plataforma para el intercambio de conocimientos. También dispone de una facultad que acoge estudiantes procedentes de más de 35 países, entre los que están los Estados Unidos, la China, India, Polonia, Italia, México y Sudán. Los estudiantes trabajan simultáneamente a diversas escalas (ciudad, construcción, fabricación) y en distintas áreas de conocimiento (ecología, energía, fabricación digital, nuevas tecnologías), siguiendo sus propias vías de búsqueda orientadas al desarrollo de un conjunto integrado de habilidades con las que pueden actuar eficazmente en sus países de origen o en el ámbito internacional.
Sobre la Fundació Enric Miralles
La Fundació Enric Miralles es una organización privada sin ánimo de lucro creada en el 2011. La sede se ubica en la Ciutat Vella de Barcelona en el mismo edificio que alberga el estudio EMBT y posee un carácter abierto e internacional. Uno de los objetivos fundamentales de la Fundació es la preservación de la obra, las ideas y el espíritu creador del arquitecto Enric Miralles para el beneficio de todas las generaciones.
Con este fin, la organización cuenta con un archivo donde se conservan todos los dibujos, croquis, notas, fotos, correspondencias y más de mil maquetas originales del arquitecto. La Fundació es, además, un espacio abierto a la experimentación e investigación; una plataforma para estimular el conocimiento, inspirándose en las claves del pensamiento innovador de Enric Miralles.
Los programas didácticos de la fundación (workshops, cursos, conferencias, seminarios, exposiciones e intercambios internacionales) están dirigidos tanto a estudiantes y expertos en arquitectura como al público interesado. En todas las actividades se combina experiencia y reflexión; a través de ellas se pretende ofrecer una visión interdisciplinar, crear oportunidades para la experimentación y la innovación en el diseño, relacionando arquitectura con otros ámbitos de creación.
Fundació Enric Miralles
Passatge de la Pau 10, bis
08002 Barcelona
Tel. +34 93 624 17 02
www.fundacioenricmiralles.com
¿Y qué pasó con Kony?
(AE)
El 5 de Marzo del 2012, la organización norteamericana Invisible Children presentó un cortometraje que iba a ser uno de los fenómenos virales más importantes de la era internet, con cerca de 100 millones de visualizaciones sólo en Youtube. El vídeo,
llamado Kony 2012, trataba acerca del problema causado por la guerrilla del LRA (Ejército de Resistencia del Señor, en sus siglas inglesas) tanto en el norte de Uganda como en el este de la República Centroafricana. Los contenidos del mismo, aunque bien intencionados, caían en una tremenda simplificación de un problema bastante complejo y, eliminando parámetros temporales y espaciales por mor de la concisión, pintaban un cuadro sin matices intermedios, claramente dividido entre “los buenos y los perversos”. En cuestión de pocas jornadas (se dice que en aquellos días la mitad de los jóvenes adultos norteamericanos oyeron acerca de Kony) el mensaje se repitió exponencialmente como un mantra mágico: hay que eliminar al sanguinario Kony y el único que puede hacer esto es el ejército de los Estados Unidos. Una solución simple y expeditiva para un gran problema.
En un principio, el documental consiguió parte de lo que se proponía al llamar primero la atención del mundo acerca de este conflicto olvidado y segundo hacer incidencia política para que la opinión pública americana apoyara la decisión de de enviar tropas norteamericanas equipadas con material tecnológico puntero que desde Noviembre del 2011 engrosaron la misión de la Unión Africana en la RCA y el país se involucraran a largo plazo en la búsqueda y captura de Kony y sus huestes.[...] Leer más!
La generación ‘Flappy Bird’
Hasta hace un par de días, la historia de Flappy Bird estaba muy vista: un tipo hace un juego, la gente se engancha a un juego gratuito, el juego se hace viral, el tipo gana pasta, una web de tecnología escribe un artículo con las ‘Diez razones un poco brutales por las que Flappy Bird se ha hecho viral’, un blog español lo traduce de mala manera y la prensa del videojuego le da algún que otro palo porque no puede ser que otro producto para jugadores ‘casual’ tenga éxito. Lo normal. Si todo hubiera ido según lo previsto, Dong Nguyen habría aguantado un breve chaparrón de éxito y críticas, se habría embolsado unos milloncejos y dentro de unos meses la gente estaría jugando a otra cosa. Pero no ha sido así.
El pasado domingo, abrumado por la fama, la presión y las críticas, Nguyen decidió retirar su juego de las tiendas de aplicaciones. Según ha explicado este joven vietnamita en un par de entrevistas para Forbes y The Wall Street Journal, el juego estaba pensado para entretener al jugador durante unos minutos, pero se convirtió en «un producto adictivo». «Creo que se ha convertido en un problema y para resolver ese problema, lo mejor es acabar con Flappy Bird», aseguró, «se ha ido para siempre».
Nguyen no vio venir el éxito de Flappy Bird. El juego llevaba desde el verano pasado en la App Store y nadie le prestaba mucha atención hasta que un ‘youtuber’ se enamoró de su sencillez y de su dificultad cruel y lo lanzó al estrellato hace poco más de un mes. Se hizo grande en poco tiempo y se estima que llegó a ingresar más de 35.000 euros al día con la publicidad insertada en el juego. El foco mediático no tardó mucho en mirar hacia Hanoi y a la crítica le faltó tiempo para azotar al juego y a su creador, en muchos casos por las razones equivocadas.
Lo cierto es que Flappy Bird es un juego pequeño, poco ambicioso y, en general, bastante tosco. Todo lo que hace ya se había hecho antes y mejor. Es posible que su éxito tenga que ver con una serie de casualidades, más que con un buen diseño, pero hay que reconocer que la prensa ha sido excesivamente dura con él. En portales como Kotaku llegaron a acusar a Nguyen de hacerse rico a costa de plagiar a Nintendo. Señalaban que tanto los obstáculos como el propio pájaro protagonista se parecían demasiado a las tuberías y a algunos personajes de Super Mario World, como si nunca hubieran visto guiños a los juegos del fontanero en otro juego.
Posiblemente a Kotaku le faltaban argumentos para rebatir una verdad impepinable sobre el Flappy Bird: es muy putamente adictivo. Es imposible jugar una sola partida. El crítico Ian Bogost ha estado mucho más fino al explicar que «Flappy Bird es un juego que acepta lo estúpido que es ser un juego». Bogost reconoce los (pocos) méritos de Flappy Bird y enumera un buen puñado de cosas que están rotas en el juego, pero no echa la culpa a nadie. «Flappy Bird sencillamente existe», dice Bogost, «no pide nada y espera todavía menos». El juego está ahí para que lo juguemos, añade, «porque queremos saber qué se siente al jugarlo».
Toda esta presión acabó minando el ánimo de Dong Nguyen. «Puedo decir que Flappy Bird ha sido un éxito, pero también ha arruinado mi vida sencilla, así que ahora lo odio», dijo un día antes de retirar su juego para recuperar su ‘vida sencilla’.
Nguyen se suma así a la lista de creadores independientes de videojuegos que se han llevado una buena bofetada emocional por culpa de una de sus creaciones. En el documental Indie Game: The Movie, el canadiense Phil Fish cuenta cómo se ha dejado la piel (y su relación de pareja y alguna amistad y su salud mental) durante cinco años para acabar Fez, su primer juego comercial. El ejemplo de Fish ayuda a explicar una parte de lo que le ha sucedido a Nguyen: al ser un creador independiente y trabajar solo, está completamente expuesto al público. No tenía ninguna forma de protegerse de la furia de Twitter ni de la prensa.
En Indie Game, el padre de Braid, Jonathan Blow, también cuenta que se obsesionó con la crítica y los comentarios de los jugadores cuando su juego salió a la venta. Además, se deprimía y se frustraba cada vez que alguien no entendía lo que él había querido contar. Durante semanas, Blow estuvo entrando en cualquier web en la que se hablara de Braid para dejar comentarios respondiendo a los jugadores y enmendando la plana a los blogueros. En este mismo documental se puede ver también a la encantadora pareja del Team Meat sufriendo para terminar Super Meat Boy.
Pero Dong Nguyen no tenía ninguna intención de hacer algo tan grande como Braid, Fez o Super Meat Boy. Era imposible que se esperara esta avalancha de éxito con un juego gratuito que, según explica él mismo, programó en tres días. Y ni él ni nadie se imaginaba que lo que iba a venir tras la muerte de Flappy Bird iba a ser mucho más interesante que el propio juego.

Leigh Alexander, brillante como de costumbre, ha definido la historia de Nguyen como un «momento grunge» en la historia de los videojuegos. Un grunge a escala diminuta. La columnista describe este breve episodio con un acertado paralelismo entre Flappy Bird y Nirvana: un éxito inesperado, un montón de pasta, odios y envidias, un final abrupto en la cresta de la ola y muestras demenciales de amor post mortem.
Poco después de que el juego desapareciera de la Red, empezaron a brotar en eBay ofertas de smartphones de segunda mano con el juego preinstalado a precios con cuatro cifras. El portal de subastas ha cancelado muchas de estas subastas porque sus políticas obligan a vender los móviles formateados, pero todavía es posible encontrar en la página unas cuantas ofertas de teléfonos móviles con Flappy Bird.
Otra sorpresa tras la desaparición del juego ha sido la Flappy Jam, un concurso de diseño de juegos en el los desarrolladores rinden tributo a Dong Nguyen creando antes del 24 de febrero «un juego difícil, casi injugable, con elementos inspirados en los clásicos». «Los creadores indie son amables y comprensivos, la envidia y la provocación no deberían ser parte de nuestra comunidad ni una causa de sufrimiento», reza la convocatoria.
De esta Flappy Jam han salido ideas divertidísimas, como una adaptación del juego para Oculus Rift, un dispositivo de realidad virtual; o una versión multijugador en la que ves cómo cientos de jugadores intentan mantener su pájaro en el aire a la vez que tú. Además, el concurso ha llamado la atención de algunos tótems del videojuego indie como Terry Cavanagh (VVVVVV, Super Hexagon) o Adam Saltsman (Canabalt). Cavanagh y Saltsman han firmado dos adaptaciones interesantes de Flappy Bird y han dejado en ellas algunas señas de su estilo. En Maverick Bird, Cavanagh logra aderezar la mecánica de Flappy Bird con el ritmo frenético, la abstracción y la música hipnótica de Super Hexagon, mientras que el Flappybalt de Saltsman mantiene la idea de pulsar el botón para mantenerse a flote, pero cambia las reglas del juego al encerrar al pájaro entre cuatro paredes.
Cuesta creer que un juego como Flappy Bird esté estimulando reflexiones extraordinarias como la de Alexander o la de Bogost u homenajes como Maverick Bird o Flappybalt. Igual que el movimiento grunge marcó a una generación e inspiró a los que vinieron después, el juego de Nguyen tenía que dejar alguna herencia. Este es el legado, esto es la generación Flappy Bird: el producto de la revolución diminuta y microscópica, una explosión controlada. En un par de semanas se nos habrá olvidado.

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La orgía de píxeles y GIFs de Dusan Cezek
Sergioski02esto gustara a... CHEX. Lo que me molaria a Chex que micol hiciera algun proyectillo relacionado con imagenes de la cultura popular
Una carrera a través de las procelosas aguas del arte en movimiento es, normalmente, un recorrido que va de menos a más. La costumbre hace que la duración y la complejidad de los proyectos vaya en aumento. No siempre es así. Dusan Cezek es diseñador y pasó antes por los cortos o la publicidad que por los GIFs. Sin embargo, y para solaz de los amantes de las píldoras de animación, le dio por sintetizar los mensajes.
Dusan Cezek admite que le gusta experimentar. Sin embargo, sus comienzos contando historias surcaron derroteros más convencionales. Comenzó trabajando como ilustrador de libros infantiles y se aburrió. Pensó que se lo pasaría mejor animando la imagen y se pasó a la publicidad. «Pasé por Leo Burnett, Saatchi&Saatchi, NOA o Kaspen/Jung Von Matt», cuenta. Vivió en tres países y se calzó unos cuantos premios por ese trabajo. Pero también cambió de ambiente.
Regresó a Serbia, «aunque nací en la antigua Yugoslavia y acabé, contra mi voluntad, en un país mucho más pequeño». Allí empezó a trabajar junto a su mujer en proyectos relacionados más puramente con el diseño.
Lo de empezar con los GIFs se vio condicionado por el espíritu aventurero de Cezek. «No me gusta mantenerme en el mismo estilo. Creo que lo que me empuja son las ideas y los conceptos», explica. «Me encantan las películas. No había hecho píxel art hasta este proyecto. Queríamos un cartel de El Gran Lebowski para poner en la habitación, pero la cosa fue creciendo y haciéndose más divertida».
La incursión del diseñador en esta combinación de píxels y GIFs comenzó con Pixelwood, un repaso a las películas favoritas del serbio. Siguió con los superhéroes de Pixelnomics y ahí se ha quedado la historia. «Es el momento para algo nuevo», dice.
El diseñador explica que lo que le inspira es la propia vida y quien le empuja a crear es su pareja. «Es mi mejor amiga y me aporta una motivación extra». Sin embargo, admite que cita a Monty Python o Star Wars como configuradores de su manera de crear.
Para Dusan Cezek, expresarse a través de formatos como el GIF es algo normal. «A la gente siempre le han gustado estas animaciones. Lo que pasa es que los ordenadores, internet y los navegadores eran lentos. Tenemos la oportunidad de crear una nueva tendencia. Los GIFs y los vídeos cortos te dan la oportunidad de expresar la creatividad pero, a la vez, te obligan a pensar en los límites e ir directo al grano», asegura.
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El Italo disco pervive en Ciudad de México
Un pantalón de genio recién salido de la lámpara con lentejuelas, una camisa dorada con un tigre impreso, un cinturón con tachuelas y botas altas, guantes blancos y una máscara con plumas. Smufer se pone la gabardina negra, está listo para la fiesta Hi-NRG.
“El Hi-NRG es freak y autentico en México. Cada personaje que va a bailar es un espectáculo único con una historia que contar; es un voyeur y un exhibicionista. Las fiestas son especiales porque no se puede reproducir el ambiente a voluntad”, dice David Dávila, director de Discolocos, el primer documental sobre italo disco.
Esta escena musical en México -también conocida como Italo disco- es única en el mundo: por los centenares de personas que participan en los eventos desde hace 30 años, por la estética de los aficionados, por los pasos ensayadísimos, por una forma femenina de bailar, por las luces, por los círculos de baile. Porque si no hay vinilos, no es lo que se dice que es.
Pero, ¿qué es el Hi-NRG? El documental surgió cuando hace seis años Dávila se hizo esa pregunta, quiso encontrar información y no había gran cosa. Y empezó a investigar hasta convertirse en un discoloco.
Discoloco es como se llama el fanáticos del Hi-NRG, un género que no se puede llevar de manera laxa, que sólo se entiende de forma extrema, un estilo de vida, un personaje propio. Un discoloco es Alan Cornish, alias Smufer, uno de los tres protagonistas del documental, junto con su padre José Luis, alias Puka, y con el músico Pascal Languirand, conocido como Trans X y autor de la canción Living on video, emblema internacional del Hi-NRG.
Dávila construye la historia alrededor de ellos: una familia de clase humilde que no se pierde un evento, que se viste para la ocasión, que se fabrica su ropa, en la que el hijo ama un género que le enseña su padre, uno de los mayores coleccionistas de propaganda de Hi-NRG del mundo, con 45.000 pasquines de fiestas.
Pero hace tres años, Smufer se enfermó de cáncer cerebral y el director decidió parar el rodaje. Para animarle, David pidió a Pascal Languirand que le grabara un vídeomensaje y le preguntaron cuál era su sueño. “Ver el mar”, dijo el adolescente.
Le llevaron a la playa Pie de la cuesta, en Guerrero, en diciembre pasado, justo cuando el joven discoloco les dijo que se había curado de su enfermedad. Dávila retomó el proyecto con el viaje a la playa. “Smufer Se enfocó en el Hi-NRG para curarse”.
Ahora el proyecto está en fase de posproducción: tiene que reducir 100 horas de material a un documental, realizado en coproducción de Living On Film (México) y SvenskaFilmstudion (Suecia), que presentará en diciembre de 2014.
La elección de los Cornish no es casual: este estilo de música es propia de las clases humildes de Ciudad de México, particularmente del oriente de Distrito Federal y de algunas localidades de Estado de México. “Esta escena se reproduce en círculos sociales marginados”, dice Dávila. “Yo no soy de clase obrera, pero mi primera cualidad es establecer nexos”, explica el documentalista en una oficina en la colonia Agrícola, al sur de la capital de México.
El tercer personaje del documental es el canadiense Pascal Languirand. Trans X lleva cinco años en México y es el artista más representativo de la escena. Languirand lleva sus flyers, canta, baila, mezcla en directo.
Languirand es el artista favorito del director del documental, que hace tres años que sólo escucha Hi-NRG. “Es el único de los artistas que conozco que hace su show en vivo. Por eso, es el único que puede regresar el género”.
“Disfruto mucho de mi show ahora, es un tributo al género, con las mejores canciones dance, y con sintetizadores analógicos que tienen 30 años, es algo nuevo, pero es algo vintage. Ahora, Daft Punk nos ayuda mucho”, explica este artista de largo flequillo rubio platino, que no se quita las gafas de sol salvo para dormir.
Una vez, Dávila visitó a Pascal en su casa, abrió su armario y se encontró con toda su ropa era negra. “Tú sí que eres como Batman”, le dijo el admirador.
Y si esa es la persona, ¿dónde está el personaje? “Todo el tiempo soy mi propio avatar”, dice Languirand.
Uno de los grandes espacios para este baile este género en el país es la discoteca Patrick Miller, en la colonia Roma de Ciudad de México. Es un lugar donde la gente baila en el centro de los círculos y muchos miran. El espectáculo está tan garantizado que sólo se sirve cerveza. El objetivo no es salir ahogado en alcohol, si no disfrutar de la música y de gente que, si les preguntas, ensayan hasta seis horas semanales para ir al Patrick.
Pero Dávila es crítico: “El Patrick Miller es como el McDonald´s del Hi-NRG, las fiestas auténticas se dan en los barrios“.
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Funambulismo entre dos globos aerostáticos
El documentalista Sebastien Montaz-Rosset ha filmado a varios funambulistas caminando entre dos globos aerostáticos en vuelo. El resultado es muy visual y no os asustéis que, aunque no se vea, los que caen llevan paracaídas ;) Vía @irreductible, @dgalilea y varios de vosotros que me avisaron vía Twitter.

































































































































