«Y tú, anda a tu casa y ármate, porque te voy a matar», le dijo José Arcadio Buendía a Prudencio Aguilar el domingo que por fin le ganó una pelea de gallos. La amenaza, que terminó en tormento y este en huida, serviría al autor de Cien años de soledad para fundar Macondo varias páginas más tarde. «Diez minutos después volvió con la lanza cebada de su abuelo. En la puerta de la gallera, donde se había concentrado medio pueblo, Prudencio Aguilar lo esperaba. No tuvo tiempo de defenderse».
No sabría decir qué es lo que más me atrae de la prosa de García Márquez. Tono, estilo y ritmo se confunden en ese costumbrismo insoportable del que nacen paisajes pegajosos y anacrónicos como pozos de brea, de los que es imposible escapar. Sus personajes, inalcanzables, sumidos para siempre en ambientes enrarecidos y gobernados por rutinas distorsionadas y códigos caóticos, se normalizan sin embargo a lo largo del relato hasta que uno siente que ha sido profundamente derrotado y que solo volverá a cruzarse con ellos en el universo del escritor colombiano… Pero no es así. Existe un lugar más allá de los libros en el que también se ignora lo ordinario. Un pequeño territorio confuso y descentrado, ajeno al orden y acaso detenido en el tiempo, donde la realidad hace trizas la ficción. Su nombre es Galicia y, háganme caso, habelas hailas.
Discute en un bar, se va, vuelve vestido de buzo y dispara con un arpón (La Voz de Galicia)

Imagen: La Voz de Galicia.
Lo típico que te encaras con alguien, te vas un momento a ponerte la escafandra y sin darte cuenta te has metido en una pelea. ¡En menudo lugar deja esto a la bravata de José Arcadio Buendía! Nuestro protagonista, natural de Moraña, provincia de Pontevedra, y cuyas iniciales son L.S.D. porque a veces solo hace falta un buen nombre para construir un destino, se percató tras la riña de que únicamente tenía a mano un arpón, y en un ejercicio de coherencia formal se tomó la molestia de vestirse en consonancia con su arma y presentarse en el bar vestido de buzo. «No vayan a decir en Moraña que no sé combinar atuendo y complementos», debió de pensar L.S.D., quien tenía que estar realmente cabreado para continuar queriendo agredir a alguien después de ir hasta su casa, quitarse la ropa, buscar el traje de submarinismo, enfundarse en él y volver hasta el bar. Eso es tenacidad, sí señor.
Detenido por pinchar las ruedas a 70 coches porque «hay poco aire en el mundo» (Antena3)

Imagen: Antena3.
Otro pontevedrés, pero esta vez de Vigo —el único barrio de Ourense que da al mar—. Se ve que al cumplir los veinte años tuvo una epifanía gracias a la cual comprendió que «hay poco aire en el mundo y las ruedas tienen mucho». O al menos eso es lo que declaró ante la policía tras ser detenido. Menos mal que hay gente que piensa en el bienestar de los demás. Sus vecinos sabrán recompensárselo.
Luego os extrañáis de que en Galicia os contestemos «depende» cuando nos preguntáis por dónde se va a algún sitio
Poco antes de asesinar a Stephen Albert, Jorge Luis Borges escribía: «A diferencia de Newton y de Schopenhauer, su antepasado no creía en un tiempo uniforme, absoluto. Creía en infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas la posibilidades». En algún punto cerca de Ourense y Monforte, los más ancianos cuentan que El jardín de senderos que se bifurcan comenzó a adquirir forma en la mente de Borges tras saber de este lugar. Tal vez en alguno de esos senderos Ourense aún conserve la U de su nomenclatura oficial. Quién sabe.
Acuchilla a un informático que le estaba «hartando con sus tonterías»
Veamos. Por un lado está F.G., el típico gracioso sin gracia —algo extraño, habida cuenta de que se trata de un informático y además es pontevedrés—. Por otro lado tenemos a J.L., un hombre cansado, muy cansado, de las bromas de F.G. Una mañana, recién llegados a la oficina, F.G. preguntó a J.L. si sabía dónde estaba la calculadora, a lo que este contestó que buscase en los cajones. «¡Pues agárrame los cojones!», respondió el astuto F.G., quien había urdido un complejo y diabólico plan de manipulación dialéctica para llevar a J.L. a donde él quería y poder mofarse así mediante una rima soez que probablemente, y siempre según fuentes policiales, habría llevado preparada de casa. J.L., en un acto lógico y necesario, sacó entonces un abrecartas y se lo clavó doce veces a F.G, quien terminó hospitalizado pero fuera de peligro. A día de hoy todavía no comprendo por qué fue noticia la reacción del bueno de J.L.
El fiscal dice que un hombre pegó a otro «porque le llamó Melendi» (La Región)

Fuente: La Región.
Hace varias décadas, en plena orgía después de un concierto, Mick Jagger echó de menos a Charlie Watts. A su alrededor, en una suite insomne dominada por las drogas y el alcohol, estaban los demás miembros de su banda, algunos amigos, parte del personal técnico y docenas de chicas desnudas follando con cualquiera que se abriese la bragueta ilusionadas con caer, entre polvo y polvo, en la entrepierna de algún Rolling Stone. Watts sació sus diferentes apetitos antes que los demás y se marchó a su habitación, cosa que disgustó a Jagger. Levantó el teléfono, pidió a recepción que le pusiesen con Charlie y cuando este contestó le dijo: «¿Dónde está mi pequeño batería?». Al cabo de un rato, Watts entró en la suite y le noqueó de un puñetazo. «Yo no soy tu pequeño batería —sentenció—. Tú eres mi maldito cantante».
Cualquier motivo es bueno para tumbar a otro hombre de un derechazo. Qué clase de seres civilizados seríamos si no. No está muy claro por qué Vargas Llosa mandó al suelo a García Márquez, aunque las malas lenguas dicen que el colombiano se beneficiaba a la esposa —y prima— del peruano con la excusa de ayudarla a vengarse de su marido por sus continuas infidelidades. Pasión de gavilanes. Tampoco si la frase con la que Materazzi puso fin a la carrera de Zidane después de que este intentase detener los agarrones del italiano ofreciéndole la camiseta al final del partido fue «prefiero a la puta de tu hermana», como al parecer confesó en 2007. Lo que es seguro es que Julio Mario S.C., de treinta y ocho años de edad, en la madrugada del día 18 de enero de 2009 agredió a E.B.F. porque este último se dirigió a él llamándole «Melendi». Nada que objetar.
Regálase can bravo como a puta co pariu, ou págase pra que o leven

Fuente: Hugo Babarro.
La traducción exacta de este cartel cuya fotografía me envió por WhatsApp mi buen amigo Hugo Babarro es: «Se regala perro bravo como la puta que lo parió, o se paga para que se lo lleven». Qué angustia. Ese texto solo puede ser fruto de la frustración y el odio. Un odio inmediato. Instantáneo. Propio de quien lo redacta apenas unos segundos después de ser mordido por el animal, como un acto reflejo. Nótese que se describe un perro bravo «como la puta que lo parió», lo que indica una aversión manifiesta e insana. Además se ofrece la opción de pagar a alguien para que se lleve a la bestia si nadie la quiere regalada, posibilidad que debe de considerarse muy probable para contemplarla desde el principio, a la desesperada. Como el seguro de vida que firmas antes de escalar el Everest.
Para ilustrar su anuncio, y a pesar de lo instintivo de su reacción, el dueño tuvo a bien insertar la imagen de un monstruo canino que después de saltar más de metro y medio está a punto de mutilar la cara de una sonriente señorita a lo Luis Suárez. Un crack, el tío.
Desahuciado del Land Rover en el que vivía en Xinzo de Limia (La voz de Galicia)

Fuente: La voz de Galicia.
Si hay un lugar en el que te pueden desahuciar de un Land Rover, es Galicia. Qué orgulloso estaría de sus compatriotas don Ramón María del Valle-Inclán.
Un hombre de 39 años pereció aplastado en Orense por una gran roca mientras practicaba la zoofilia con una gallina (El Faro de Vigo)

Fuente: El Faro de Vigo.
«El interrogatorio fue para José Arcadio Segundo una revelación. No le sorprendió que el padre le preguntara si había hecho cosas malas con mujer, y contestó honradamente que no, pero se desconcertó con la pregunta de si las había hecho con animales. El primer viernes de mayo comulgó torturado por la curiosidad. Más tarde le hizo la pregunta a Petronio, el enfermo sacristán que vivía en la torre y que según decían se alimentaba de murciélagos, y Petronio le constó:
—Es que hay cristianos corrompidos que hacen sus cosas con las burras.
José Arcadio Segundo siguió demostrando tanta curiosidad, pidió tantas explicaciones, que Petronio perdió la paciencia.
—Yo voy los martes en la noche —confesó—. Si prometes no decírselo a nadie, el otro martes te llevo.
El martes siguiente, en efecto, Petronio bajó de la torre con un banquito de madera que nadie supo hasta entonces para qué servía, y llevó a José Arcadio Segundo a una huerta cercana. El muchacho se aficionó tanto a aquellas incursiones nocturnas, que pasó mucho tiempo antes de que se le viera en la tienda de Catarino».
Los mismos paisajes pegajosos y anacrónicos, como pozos de brea. Los mismos personajes sumidos en ambientes enrarecidos y gobernados por rutinas distorsionadas y códigos caóticos. Las cosas que suceden en Galicia parecen pensadas por un autor inmisericorde.
El pie de foto, en inglés, dice: «Este español de 39 años estaba teniendo relaciones carnales felizmente con un pollo cuando tanto él como el pájaro fueron machacados por una enorme roca. Irónicamente, parece que fueron sus empujones los que provocaron que la piedra se desplazase». No sé ustedes, pero yo advierto cierto recochineo en la descripción. Lo que faltaba. A ver si ahora no va a poder uno follarse a una gallina y morir en el intento sin que la prensa se pitorree. Herminio R.C. fue un romántico incomprendido. Descanse en paz. Que Dios lo tenga en su gloria en algún corral.
Villapene

Fuente: El Correo.
En fin.
«Cuando la necesidad nos arranca palabras sinceras, cae la máscara y aparece el hombre» (Tito Lucrecio Caro)

Fuente: La Voz de Galicia.
Analicemos qué necesita esta persona. Busca una mujer para cuidar de un anciano, pero establece nítidamente qué condiciones debe reunir y qué cualidades invalidarían la candidatura. Al fin y al cabo, hay cosas que no se pueden dejar en manos del azar.
Debe ser ourensana, de treinta y cinco a cuarenta y cinco años, soltera, amante de los animales y la naturaleza, limpia, pulcra —si solo es limpia no es suficiente—, pero atención, ¡también debe ser velluda! Es decir, en caso de que encuentre una mujer que cumpla todos los requisitos pero no tenga abundante vello corporal, no le sirve. Hay que estar mal de la azotea.
Entre las virtudes que las candidatas no pueden tener se encuentran el alcoholismo, el tabaquismo, la descendencia, manías religiosas o políticas, juicios pendientes, cargas familiares, el estreñimiento y las insuficiencias pulmonares. Toma ya. No deja de asombrarme la precisión de quien exige que la cuidadora no padezca de insuficiencia pulmonar. No es una condición al uso, no. Las insuficiencias pulmonares, en concreto, no están permitidas. Y puedo entenderlo, no crean. Tal vez se trate de un anciano con sobrepeso y dificultades motoras al que hay que desplazar de un lado a otro. ¿Pero y el estreñimiento? ¿Cómo carajo puede afectar a la eficacia de la cuidadora lo regular o irregular de sus deposiciones?
Lo mejor es el final. «Yo: igual condiciones». Genial. Sublime. «No os preocupéis, chicas, yo también parezco un oso, respiro bien y cago de puta madre». Supongo que la aclaración lo explica todo.
Adelina Fernández Medela, la sanadora gallega que trató a Jordi Pujol (La Voz de Galicia)

Fuente: La Voz de Galicia.
Qué foto, señores. ¡Qué foto! No le falta ni un detalle. Pero no nos desviemos. Que Pujol contratase los servicios de una sanadora gallega es una de esas cosas que en Galicia siempre serán noticia. Ahora bien, la opinión que ella pueda tener del ex molt honorable president solo puede tener un destino: todas las portadas. «Pujol es un piojoso y un atontado, un papanatas. Ni un vaso de agua me dio». Debemos tener presente lo mucho que los gallegos valoran la hospitalidad, y no ofrecer un refrigerio a Adelina es un detalle muy feo, qué diablos. Claro que primero habría que determinar tanto si ella fue merecedora de la generosidad de su célebre paciente como si él estaba en disposición de agradecer nada. Al fin y al cabo, y si Balzac tenía razón, la ingratitud proviene de la imposibilidad de pagar, y todos sabemos que el pobre Jordi lleva décadas a dos velas.
Si se puede cerrar una finca con un somier, se puede hacer cualquier cosa

Fuente: La Voz de Galicia.
Me sorprende lo mucho que algunos desprecian el feísmo. Donde otros ven un cobertizo toscamente construido con uralita o una casa que a pesar de llevar años habitada nunca ha sido pintada o restaurada, yo veo pragmatismo. Donde algunos ven caminos sin asfaltar o farolas fundidas desde la Segunda República, yo veo austeridad y eficiencia energética. La heterogeneidad arquitectónica, personalidad. La reutilización de objetos, reciclaje. Es inherente al carácter gallego otorgar a cada cosa la importancia que merece y nada más. No es una cuestión de dejadez o vagancia. Si tu casa es acogedora, cómoda, te protege del frío y la lluvia y te agrada su decoración, ¿qué más da que por fuera haya desconchones o cada lado esté revestido de un material diferente? Esa no es la parte que tú ves ni disfrutas. Es la parte que ven los demás, y me parece muy sano que aquí no exista esa clase de competición. Si quieres cerrar una finca y tienes a mano un par de somieres, adelante. Y si quieres que los coches no circulen a más de 40 km/h por tu zona, buena es la tapa vieja de un váter. Pero eso sí, la Ciudad de la Cultura que siga bien recubierta con baldosas de mil euros la unidad para que diga bien bonita. Cualquier cosa menos tolerar el feísmo en el monte Gaiás.
Quiso tener sexo con una puerta y acabó preso

Fuente: Qué Canteo.
El broche de oro. Al ver que no era capaz de abrir la puerta, pensó que tirársela tampoco era tan mala idea. Restregó su pene hasta eyacular y se marchó a esperar el autobús.
En Galicia existen personajes así. Escenas así. Situaciones en las que no es difícil apreciar el vínculo de esta tierra con la locura. Con lo irreal. En las que se advierte la particular naturaleza de un lugar colmado de magias, supersticiones y felices excentricidades. Como sacado de una novela de Gabriel García Márquez.
Esta última imagen no pertenece a un periódico gallego. No es algo que haya sucedido en Galicia, y eso me reconforta. Es agradable saber que hay otros mundos llenos de locos. En realidad, sería excelente descubrir que en todas partes lo irracional tiene tan perfecta cabida como aquí o en Macondo. Pero mientras, yo me quedo en Galicia. Porque no creo que haya un sitio más lógico y cuerdo para vivir. O para morir cepillándose a una gallina.