¡Linkazo! Estos tipos están preparando un videojuego de Seinfeld (que será una aventura gráfica, además). Aún les falta lo más importante: ¡la aprobación por parte de los dueños de los derechos de la serie! Así que su web y lo que tienen desarrollado hasta ahora no es un juego real aún, sino un intento de llamar la atención a quien haga falta para que dé luz verde a su magnífica idea (voy a meterlo dentro de la categoría de JQQJ ) [youtube]
Ryo Yamazaki es un fotógrafo japonés con una afición un tanto peculiar… crea sombreros con los pelos que sueltan sus gatos. Donde la mayoría vemos un engorro, él ve material para crear, así que en lugar de barrer y tirar a la basura los pelos que sueltan sus gatetes, los reutiliza para crear bonitos sombreros que luego lucirán sus gatos en sesiones de fotos gatunas.
Aquí va una galería con varias de sus fotografías de gatunos con clase:
Dentro de las muchas curiosidades que he ido encontrando en los muchos días (años) de consultar en archivos históricos hubo el caso de dos familias, hablando del siglo XIX, que tuvieron propiedades, es decir, que fueron hacendados, y como era tema de mi interés, adentré más en sus asuntos familiares. Esto quiere decir que comencé a hacer rastreos de sus antes, durante y después de sus vidas, no pretendiendo crear un árbol genealógico, sino simplemente ubicar con nombres y fechas que relación de sangre había entre unos y otros y algo brincó.
Al principio me creó confusión pues no sabía de la práctica que va mucho más atrás de la Edad Media y que se mantenía todavía vigente ya no como ley, sino como tradición, en México en el referido siglo XIX. Esa práctica tiene un nombre, puede ser el Levirato o Sororato. Y refiere a que era común, dada la mortandad femenina debida al parto (o la infantil por el mismo caso) debido a las condiciones higiénicas de la época. Razón por lo cual el matrimonio se realizaba cuando ella tenía 13 o 14 años y él 14 o 15, eso en la actualidad nos parece un tanto cuanto aberrante, pero en aquellos entonces era lo normal y estaba más que bien fundamentado a sabiendas de esa mortandad. Es en buena medida la razón de la práctica sea que la refiramos como Levirato y mejor dicho, en los dos casos que menciono, como Sororato.
El Sororato es la práctica según la cual, cuando queda viudo, un varón debe casarse con una hermana de su mujer. Por el contrario, se denomina levirato a la práctica por la que una viuda debe casarse con un hermano de su marido.
La ley del levirato se define al: “tipo de matrimonio en el cual una mujer viuda que no ha tenido hijos se debe casar (obligatoriamente) con uno de los hermanos de su fallecido esposo. Para continuar la línea sucesoria y la descendencia familiar, el nombre del primer varón de esta nueva unión ha de ser el mismo que el correspondiente al difunto, y heredará sus bienes”. Esta ley la podemos considerar como la base del Sororato.
En efecto, los personajes a los que me refiero fueron varones que, al morir la primera esposa, tomaron a una de sus cuñadas en matrimonio, es decir, practicaron el sororato. Curiosamente ambos fueron propietarios, en distintas épocas del siglo XIX, de la misma hacienda, la de Santa Ana de Cruces, pero nunca hubo relación entre ellos. De todo esto daremos cuenta en el segundo tomo de Haciendas de Salamanca que actualmente estoy preparando, quiero pensar que será en Diciembre próximo cuando lo tenga listo.
Para leer más sobre el tema y entender los complicados enlaces familiares y reglas que marcaban esas prácticas, además de la Maragatería, entra aquí.
Asociado a la Maragatería está el caso del pueblo Maragato, entra aquí.
Tal y como explica Greg Egan (sí, el autor de novelas de ciencia-ficción, que además de ser informático también sabe mucho de matemáticas) es sabido que en una elipse una trayectoria recta que pase por uno de los focos y «rebote» en la curva acaba pasando por el otro foco. Este curioso hecho geométrico da lugar, por ejemplo, a la legendaria mesa de billar elíptica en la que se puede meter una bola en el agujero de uno de los focos con gran facilidad: tan sólo hay que tener habilidad para hacerla pasar por el otro foco; el rebote geométrico hace el resto.
Lo interesante es que sobre el papel se puede calcular una curva en la que suceda lo mismo si el punto que describe la trayectoria es un objeto que responde a la atracción gravitatoria del segundo foco. Egan estuvo dibujando algunas y son realmente curiosas. Hay quien lo ha llamado gravábola, una especie de «parábola gravitatoria». El aspecto es más o menos este:
En esta construcción imaginaria el objeto describe una parábola gravitatoria e incluso el rebote en la curva lo dirige también al otro foco. Quizá algún día sirva para algo.
A Egan lo inspiró este vídeo de Stuff Made Here que muestra un curioso invento basado en ideas similares aunque su geometría es distinta: un tablero de canasta que permite «encestar siempre». Con las típicas salvedades: el «siempre» es casi siempre y para encestar hay que lanzar más o menos un tiro digamos que «dentro de normal», eso sí: apuntando a cualquier lugar del tablero. El resto es física y geometría.
Se podría pensar que la curva del tablero en cuestión es un paraboloiode pero eso sólo funcionaría si la trayectoria fuera recta –perpendicular a la directriz– como en las antenas de televisión y los radiotelescopios, donde inciden las ondas de radio para concentrarse en el foco. Aquí las trayectorias se ven afectadas por la gravedad, porque describen parábolas pero respecto al centro de la Tierra. ¿Cómo resolver eso y calcular entonces esa curva?
La solución a este problema es brillante: utilizar una simulación de Monte Carlo para imitar el lanzamiento incidente en diversos puntos del tablero para calcular cómo debería ser entonces el ángulo con que rebotara el balón para que acabara dentro del aro. Naturalmente esto se sale de la matemática y tiene límites físicos: depende de la fuerza/velocidad del lanzamiento y del arco exacto que describa el balón, por lo que su creador decidió guiarse por lo que él llama un «lanzamiento promedio» con un ángulo más o menos cercano a los 52 grados óptimos que es lo que la gente suele hacer.
En otras palabras: realizó millones de lanzamientos simulados cercanos a un «lanzamiento promedio» sobre cada punto del tablero calculando ese ángulo mágico que acabaría siempre en canasta. Sumando todos esos ángulos ideales y promediando se obtiene la forma geométrica de la superficie del tablero «mágico».
Entre los detalles que ayudan a que el invento funcione están que en este montaje el balón es bastante más pequeño que el aro, así que no requiere pasar exactamente por el centro. También sucede que el tablero (que naturalmente es a donde hay que apuntar, no directo al aro) puede hacerse bastante grande y anguloso. De hecho como se ve en el vídeo incluso en los puntos más extremos de los laterales el balón acabando rebotando y acabando en canasta.
La última complicación fue convertir la superficie matemáticamente calculada mediante las simulaciones en un objeto real 3D de madera de pino, lo cual requirió un software de modelado y luego una máquina de corte CNC para dividirlo en unos cuantos trozos que luego montar meticulosamente en los ángulos adecuados. Un poco de lija, pintura y tablero completado.
Jon Favreau resolvió en el tercer episodio de The Mandalorian un pequeño misterio, bastante gracioso, que Star Wars arrastraba desde hacía casi cuarenta años.
No cabe duda de, con cada nueva entrega de cualquier saga cinematográfica, sus responsables disponen de un montón de elementos para enrique… Seguir leyendo →
The Gecko Museum’s opening only had one visitor to consider its most prized pieces: a mango-loving crested gecko that goes by The Mayor. Arriving around 7 p.m., the nocturnal lizard visited his personal gallery earlier this week, stopping to contemplate “American Gecko” and “The Birth of Gecko.” Dallas-based Jill Young, who both painted and curated the miniature museum’s permanent collection as part of a humorous quarantine activity, told Hyperallergic that “The Mayor was particularly fond of my ‘American Gothic’ spoof, ‘American Gecko.’ I guess he’s in an American Modernism phase.”
Similar to the brothers, Pandoro and Tiramisù, that disregarded signs requesting they not chew on the furniture or artworks in The Gerbil Museum, The Mayor ignored the red rope cordoning off the artworks. “I now understand that The Mayor’s relationship to art is a necessarily tactile one, which I can appreciate,” Young said. Despite her gecko’s unconventional approach to art, though, Young hopes to see the small-scale trend continue. “Every pet deserves a cultural outing,” she said.
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Mattias Adolfsson’s (previously) impeccably detailed illustrations demonstrate his propensity for a controlled frenzy that borders on the chaotic but never quite passes the threshold. The Swedish artist creates fantastical drawings of city blocks, bizarre collections of writing utensils, and intricate menageries of deceased animals that merge science fiction, whimsy, and the absurd. While some of the muted artworks feature a central narrative, like the sea-bound ship below, each of his incredibly intricate pieces are impossible to consider with a single glance, in part because they cover the entire sketchbook spread. For more of Adolfsson’s sprawling illustrations, visit Instagram or Behance, and head to Etsy to add one to your own collection.
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Made of translucent glass, Laura Hart’s brilliant orchids appear to be the paragon of delicacy: the fleshy petals and neon-illuminated columns are in full bloom, representing a fleeting stage of life that’s modeled with an easily breakable substance. The Suffolk-based artist, though, is more concerned with the floral family’s historical resilience and aptitude for survival.
There are 28,000 known species of orchids, which 100-million-year-old fossil records prove were the first to bloom. “Representing a quarter of the world’s flowering plants, there are four times as many orchid species as there are mammals and twice as many birds,” Hart says. In her newest series, Orchis Exotica—which debuted earlier this year as part of Collect 2020 with Vessel Gallery—the central neon light is a nod to orchids’ efforts to attract necessary pollinators to ensure their survival. These successful strategies prove their adaptability, Hart says, a move she connects to Charles Darwin’s evolutionary theories.
Manacled by religious dogma of his time, he risked a charge of heresy had he cited another organism equally successful in achieving global population through adaptability. Though there is very little anecdotal record of his personal resolve that humans were the ultimate example of his revelatory theory, there can be no doubt he believed it to be so…The bi-coloured neon centres illuminate the uncanny resemblance between orchid and human reproductive organs; a parallel unlikely missed by the great man himself.
Orchis Exotica is an extension of Hart’s previous flowers that had similarly perfect symmetry but lacked the glowing portions. Despite LED lights being simpler to use, Hart tells Colossal she prefers the traditional mechanisms. “Why neon? Well, I am a lover of the light/art form; very much a rarity in itself these days with the advent of LED neon tube usurping traditional glass,” she writes. Constructed with a combination of 3D design software and traditional technique, each piece is hand fused and slumped to create the half-meter-wide flowers. They undergo multiple firings.
Of course, unlike living orchids, Hart’s sculptures prove their durability by their failure to wilt. Head to Instagram and Facebook to follow her vibrant works, and see which are available for purchase from Vessel Gallery.
“Orchis Exotica Cattleya Pink striker,” fused and sculpted glass with neon, 44.5 x 47.5 x 17 centimeters
“Orchis Exotica Cymbidium Baby Pink,” fused and sculpted glass with neon, 47 x 57 x 17.5 centimeters
“Orchis Exotica Cymbidium Baby Pink,” fused and sculpted glass with neon, 47 x 57 x 17.5 centimeters
“Orchis Exotica Cymbidium Black Knight,” fused and sculpted glass with neon, 47 x 57 x 17.5 centimeters
“Orchis Exotica Phalaenopsis Appaloosa,” fused and sculpted glass with neon, 48.5 x 51 x 18 centimeters
“Orchis Exotica Phalaenopsis Violet,” fused and sculpted glass with neon, 48.5 x 51 x 18 centimeters
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Todos tenemos en mente la cola del pavo real como ejemplo paradigmático de exageración a la hora de conquistar al sexo contrario: realmente la cosa es un lastre estético que solo sirve para tener más éxito reproductivo (lo cual, irónicamente, no hace más que propagar esta tendencia). Además de atraer a las hembras, también sirve, al menos, para proteger su territorio de posibles depredadores.
Pero entre los mamíferos también hay criaturas con colas extremadamente grandes y llamativas. A continuación, la cola más voluminosa identificada en un mamífero.
Ardilla de tierra copetuda
La ardilla de tierra copetuda (Rheithrosciurus macrotis) es originaria de la isla de Borneo. Su cola extraordinariamente mullida es un 30 por ciento más grande que su cuerpo, lo que le convierte en el mamífero con la cola más grande en proporción a su cuerpo.
El propósito de este apéndice tan mullido no está claro. No obstante, los investigadores sospechan que puede servir para que la ardilla parezca más grande y, por tanto, más amenazadora para sus depredadores.
También existen informes (no confirmados científicamente) de cazadores locales que afirman que estas ardillas atacan pollos e incluso ciervos. Así pues, dado que algunas historias locales informan que el Rheithrosciurus algunas veces ataca a animales más grandes, destripándolos, recibe el apodo de "Ardilla Vampiro".
En cuanto a colas se refiere, los contendientes más cercanos, cuyas colas son simplemente tan voluminosas como sus propios cuerpos, están la zarigüeya rayada común, que tiene una cola prensil para escalar; la ardilla planeadora, que navega con su cola como timón; y el gato de cola anillada, que usa su cola para mantener el equilibrio durante las acrobacias en los árboles.
Soon you’ll be able to mail a letter to a friend—or realistically, pay a bill—with a hint of art history. The United States Postal Service announced this week that it’ll be releasing 10 stamps inspired by renowned sculptor Ruth Asawa. The neutral-toned collection contains mostly her bulbous hanging pieces that appear to swell and contract in vertical lines.
Born in 1926, Asawa was forced into a Japanese internment camp by the U.S. government with her family during World War II. She learned to draw during her detainment, before eventually attending Black Mountain College, where she studied with Josef Albers and began to delve into wire weaving and sculpture. Later in her career, Asawa described her looped artworks as “a woven mesh not unlike medieval mail. A continuous piece of wire, forms envelop inner forms, yet all forms are visible (transparent). The shadow will reveal an exact image of the object.”
The forthcoming stamps feature photographs by Dan Bradica and Laurence Cuneo, with the selvage image taken by Nat Farbman for a 1954-issue of Life. To see more of Asawa’s wire works before you pick up the postal packet, check out the Instagram account that her estate manages. (via Artsy)
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Según un reciente estudio publicado en Nature Biomedical Engineering, este inodoro hi-tech es capaz de reconocerte escaneando tu ano y también es capaz de analizar el aspecto de tus deposiciones.
Aunque parezca una fruslería, en realidad el estudio describe un hardware y software fácilmente implementables para el análisis a largo plazo de la salud del usuario a través de la recopilación de datos y modelos de salud humana.
Inodoro inteligente
El inodoro 'inteligente', que es autónomo y funciona de manera autónoma al aprovechar los sensores de presión y movimiento, analiza la orina del usuario mediante un ensayo colorimétrico estándar, calcula el tasa de flujo y volumen de orina usando la visión artificial como un medidor de flujo urinario.
También clasifica las heces de acuerdo con la escala de Bristol usando aprendizaje profundo, con un rendimiento comparable al desempeño del personal médico capacitado.
Los usuarios individuales se identifican a través de un escáner de huellas digitales incrustado en la palanca de descarga, así como mediante 'huella anal' (sí, los investigadores lo llamaron una huella anal). Una cámara en el módulo del inodoro toma imágenes del ano del usuario, lo que permite que un algoritmo vincule la imagen del ano a una persona específica en un uso posterior. Los datos se almacenan y analizan de forma segura en un servidor encriptado en la nube.
El inodoro también puede tener aplicaciones en la detección, el diagnóstico y la monitorización longitudinal de poblaciones específicas de pacientes.
Los investigadores son conscientes de que las aplicaciones prácticas de un inodoro tan sofisticado y caro todavía están lejos (quizá podría usarse solo en algunos hospitales), pero consideran que es un primer paso para el desarrollo futuro de inodoros verdaderamente inteligentes. Según ellos mismos afirman:
Nuestro objetivo es incluir múltiples ensayos clínicamente relevantes en nuestro sistema: (1) observación microfluídica de componentes celulares de la orina, (2) análisis físico cuantitativo de la defecación y (3) análisis bioquímico de heces de tipo muestra a respuesta, incluyendo genómica y microbiómica.