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07 Apr 16:30

Famosos que parecen un colchón.





















Famosos que parecen un colchón.

06 Apr 06:26

El inventaco del Saturday Night

Sergioski02

se te queda la huevada fria y el cubata caliente

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05 Apr 15:43

La tecnología no nos hará libres

by Jorge Galindo
Sergioski02

"Al fin y al cabo para reproducir la mitad de la producción de ficción actual solo hace falta diseñar un algoritmo de mezcle de manera parcialmente aleatoria todos los argumentos de Shakespeare con contextos y personajes actuales. Más o menos."

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Imagen: Warner Bros. / Village Roadshow.

Si hay una discusión constante en la ciencia ficción, esta es la del rol de las máquinas en nuestro futuro. Para muchos autores la automatización y la inteligencia artificial ha sido una fuente inigualable de distopías, mundos horribles en los que los individuos quedábamos sometidos, de una forma más sutil o más brutal, a nuestras propias creaciones. Para otros, el avance de la tecnología solo es un motor oculto, normalmente benigno, que ayuda a contar otras historias, sin asomo de rebelión. Curiosamente, dentro de la economía y de la economía política se ha producido un debate paralelo: nunca ha estado del todo claro qué deberíamos priorizar, si el hecho de que la tecnología es el ingrediente secreto y fabuloso del crecimiento o su capacidad para amenazar trabajos y empresas por igual. El dilema de la destrucción creativa: cuando hablamos de máquinas qué pesa más, creatividad o destrucción. La cuestión no tiene solución definitiva, pero sí una enjundia casi infinita.

A modo de premisa, para poder responderla debemos aceptar que hay un pequeño puñado de tareas que las máquinas, probablemente, no podrán hacer nunca en nuestro lugar. Pero hay otras muchas cosas que las máquinas no parece que vayan a ser capaces de hacer en un futuro próximo. Y hay aún más cosas en las que nos están ganando la partida. Empecemos por lo último. Porque es lo más sencillo.

Las máquinas que tenemos hoy en día que no requieren acción y supervisión humana constante para funcionar son entre bastante y muy competentes a la hora de hacer lo que podríamos llamar trabajos rutinarios. Contar cosas. Montar piezas en serie. Repetir movimientos. Contar aún más cosas, de maneras muy simples o muy complicadas. Mover objetos de un punto a otro en un espacio reducido y controlado. Por sí mismas, nuestras máquinas no son la cosa más inteligente del mundo. No tenemos demasiadas que sean capaces de algo parecido a tomar decisiones ante imprevistos. No por sí solas, desde luego. Tareas como conducir a través de una ciudad con tráfico constante se antojan aún lejanas. No digamos ya dirigir sin ayuda a un equipo de humanos (¡o de otras máquinas!) en la ejecución de un plan complejo que se enfrenta a situaciones de incertidumbre. Eso, de momento, se queda en el terreno de la ciencia ficción.

Esta separación entre lo que las máquinas van pudiendo y lo que no van pudiendo hacer, ahora y en los últimos veinte o treinta años, nos ha afectado a todos y cada uno de nosotros. No estoy hablando de hacernos la vida más fácil. Ni de abaratar precios de los productos que consumimos día a día, mes a mes, año a año. No. Hablo de nuestros puestos de trabajo. Siguiendo la peor de las pesadillas de Marx, las máquinas nos han sustituido. Pero también nos han complementado. Esta aparente contradicción no es tal: por un lado disponemos de máquinas que, con supervisión y uso humano constante, mejoran mucho la capacidad productiva de cualquier organización. Las solemos llamar ordenadores, pero no son las únicas. Por otro, están todas aquellas que, como decíamos arriba, pueden sustituirnos si nuestro trabajo era manual y rutinario. En definitiva, más ingenieros y menos obreros es lo que observamos en los mercados laborales occidentales. Aún más: puesto que las máquinas (aún) no son muy duchas en tareas simples pero no rutinarias, el número de trabajos también se está ensanchando por el lado inferior. Esta es la hipótesis central de un buen grupo de economistas, capitaneados por David Autor: la tecnología no nos hace libres. O no nos hace libres a todos por igual. A unos, los trabajadores de fábricas, la clase industrial, los hace presos del paro y de la retirada. A otros, la nueva clase obrera, les ofrece trabajos de baja cualificación y mal pagados. Y solo a unos pocos, formados en las artes computacionales, les brinda la oportunidad de crecer profesionalmente. Si algo nos hace la tecnología es, pues, desiguales.

Sí: las palabras clave en estos dos párrafos son «aún», «todavía», «hoy en día». Con esto podemos retomar la segunda aseveración: qué es lo que las máquinas no pueden hacer de momento pero podrían hacer en el futuro. No parece que conducir esté en esa lista. Ni barrer. Ni siquiera cortar el pelo, hacer la colada, comprar en el supermercado, regar las plantas, cuidar el jardín. De hecho, si uno presta atención a los avances de la tecnología en los últimos años pensaría justo lo contrario: que todas esas tareas están a punto de caramelo para las máquinas. Y que en cualquier momento van a dejar sin empleo a todas esas personas que no tienen otra forma de ganarse la vida. Que dependen de sus manos.

Pero esta sería, en cualquier caso, una agonía lenta. Pongámonos por un momento en la piel de un empresario. Disponemos de una cantidad determinada de euros para producir un bien o dar un servicio en particular. Para cubrirlo podemos utilizar (déjenme simplificar) un trabajador o una máquina. La máquina nos cuesta X, el trabajador nos sale por Y. Lo lógico es que, como queremos tener el máximo beneficio posible, empleemos al trabajador siempre que Y (su salario) esté por debajo de X. Pero hay un punto en el cual Y deja de poder bajar, simplemente porque el trabajador no estará dispuesto a trabajar por una cantidad irrisoria. Es en ese momento que la sustitución sucederá. Por eso las palabras clave eran «aún» y «todavía». Porque es probable que solo sea cuestión de tiempo que las máquinas aprendan a ser más baratas también en este campo.

Pero las máquinas jamás serán capaces de programarse a sí mismas. Déjenme matizar esto: no me refiero a que máquinas que construyan máquinas, programas cuyo producto son otros programas sean imposibles. Al contrario, su existencia hoy es casi banal. Hablo de que al final de la cadena de decisión siempre va a haber un ser humano (mientras no entremos en el terreno de Matrix, al menos). Esta misma lógica sirve para la inmensa mayoría de profesiones liberales: aunque exista una máquina potencial que pueda construir casas en serie, o un programa que ofrezca el mejor argumento posible para defender a un acusado de asesinato dadas las pruebas en su contra, el ejecutante siempre va a ser un individuo. Cuyo trabajo estará cada vez más valorado en tanto que su productividad aumente.

La creatividad se antoja otro territorio vedado para las máquinas. No es que un programa, con el suficiente tiempo disponible y destreza en su diseño, sea incapaz de generar un rosario infinito de novelas de Dan Brown. Es bastante probable que incluso llegase a un modesto Ken Follet. Al fin y al cabo para reproducir la mitad de la producción de ficción actual solo hace falta diseñar un algoritmo de mezcle de manera parcialmente aleatoria todos los argumentos de Shakespeare con contextos y personajes actuales. Más o menos. Pero en tal caso el autor del programa sería probablemente el autor reconocido. De hecho, la forma de razonar de muchos productores de ficción en serie se acerca mucho al algoritmo que he descrito. No parece que haya mucha variación en las películas producidas por Michael Bay, como no la había en las novelas de Danielle Steel. La demanda de artistas como individuos de referencia, por último, se antoja bastante inelástica.

El último vergel de trabajo humano es menos elegante que los anteriores. Simplemente hay una serie de tareas que no son particularmente ennoblecedoras, ni interesantes, ni gratificantes, ni requieren de una gran formación, pero en las que por alguna razón preferimos tener a humanos enfrente. Un dependiente en una tienda cualquiera es el ejemplo más claro. Ni Amazon ni las máquinas de venta automática van a ser capaces de sustituir completamente lo que ofrece un individuo tras un mostrador. Tampoco parece que el Estado vaya a estar dispuesto a sustituir a todos sus trabajadores, particularmente a aquellos que desempeñan su labor de cara al público, por programas o máquinas.

Los dos elementos que hacen imposible la colonización de lo automático son, por tanto, la existencia inevitable de incertidumbre y lo extremadamente reticentes que somos las personas a aislarnos del resto de seres humanos, sobre todo en lo que respecta a ciertas situaciones. A no ser que asumiésemos que somos capaces de construir una máquina bayesiana para cada set de problemas actuales y posibles a los que se enfrenta la humanidad, seguiríamos necesitando la curiosidad, la parcialidad y el interés individual y grupal a la hora de, simplemente, crear. Resolver los problemas de la incertidumbre y la interacción social constituyen la última frontera para las máquinas. Una frontera no traspasable a no ser que la diferencia entre un humano y un ordenador sea imposible de detectar con un test de Voigt-Kampff. O con una Feria de la Carne.

Aquí es donde la imaginación se desborda, y el argumento también. Donde la ciencia ficción nos dice que el futuro es de aquellas máquinas que no sabremos cómo distinguir de nosotros mismos, la economía-ficción apunta más bien a las raíces de una nueva, futura desigualdad. Al parecer, la clase media tal y como la conocemos se va evaporando muy poco a poco, a cada crisis y recuperación. Es la polarización. Esto no está sucediendo al mismo tiempo y por igual en todos los países, no: de momento, parece que los datos nos dicen que es allá donde el capital tiene menos restricciones (esto es, donde hay más desigualdad de partida y el Estado tiene una menor capacidad para regular e intervenir en la economía) donde el proceso es más pronunciado. Al mismo tiempo, los trabajadores del sector servicios se ven obligados a tirar por tierra sus salarios. Mientras tanto, directivos, creativos, ingenieros, programadores, pensadores ganan terreno y poder a medida que más bienes y más servicios dependen más y más de su trabajo. Y su talento para cumplir con las dos funciones que las máquinas no pueden cubrir: creatividad y relaciones humanas. Las desigualdades de partida, la suerte de los genes, de la imaginación y de las inclinaciones en la primera juventud jugarán un rol mucho más importante determinando el futuro de todos y cada uno de los siguientes humanos.

Pero probablemente lo más importante es que este movimiento hacia la tecnología implica a su vez un desplazamiento hacia la inversión en capital fijo frente al pago de salarios. Al fin y al cabo, si una hora de trabajo de una persona semicualificada o con una cualificación sustituible ya no rinde tanto, el dinero emigrará. Del trabajo al capital. Y con él lo hará también el equilibrio de fuerzas entre quienes disponen de liquidez y quienes solo tienen su fuerza de trabajo. Este desplazamiento será más pronunciado en la medida en que las rentas del capital superen en crecimiento al conjunto de la economía. Tal es la conclusión del maravilloso (y maravillosamente afrancesado) último libro del economista Thomas Piketty, que todos deberíamos hojear.

Qué hacer, se preguntó Lenin hace cien años. Qué hacer, nos deberíamos comenzar a preguntar nosotros, con un mundo en que la cantidad de capital, de talento y de suerte sean cada vez más determinantes para definir presentes y futuros. La respuesta desde la óptica de la justicia y la igualdad está clara: tasar y transferir. Tasar el capital, y tasar el talento, la suerte, la herencia y el entorno. Transferir de hogares afortunados a desafortunados, de capital a trabajo, a ser posible en una forma que asegure al máximo la igualdad de oportunidades. Nada que los suecos no hayan hecho ya. Evitar que la desigualdad se estire tanto y la divergencia se haga tan extrema que se convierta en una amenaza para la democracia representativa, que es probablemente el invento no técnico que más vidas ha mejorado en los últimos siglos. Evitar, en realidad, que una respuesta como la de Lenin (revolución) tenga el más mínimo sentido hoy o mañana. Una desigualdad excesiva, además de implicar un montón de problemas inmediatos para quienes salen perdiendo (o precisamente por ello), pone a las clases favorecidas más cerca de poder influir en el poder, y a las desfavorecidas más cerca de estar muy, muy enfadados por ser los perdedores constantes en el reparto del pastel. Si finalmente se confirma la senda aquí esbozada, nuestros sistemas impositivos y nuestros estados de bienestar deberían cambiar, estableciendo impuestos sobre el capital (como el que propone el mismo Piketty) y concentrando el gasto al máximo en evitar convertirnos en un mundo de mediocres, o de tontos, privilegiados. Y cuanto antes lo hagamos, más probable será que salga bien la cosa, porque menos beneficios se verán atacados.

Es posible que todo esto sea producto no de una imaginación desbordada, sino, al contrario, de la falta de imaginación. Al fin y al cabo, Marx se equivocó de cabo a rabo al prever que las generaciones futuras de obreros caerían en la más absoluta pobreza y desesperación. Erró al no entender que explotación y mejora de las condiciones de vida no son necesariamente conceptos antagónicos. Las demandas de los seres humanos, solos y en sociedad, son imprevisibles. Quizás surjan nuevas necesidades, nuevas oportunidades suficientes para proveer de trabajo manual y dignamente remunerado a una gran parte de la población. Quizás no nos convirtamos en una sociedad de rentistas y pobres peligrosamente desigual. Al fin y al cabo, lo aquí expuesto pertenece aún al género de la especulación. Pero la verdad es que fiarse a la suerte nunca ha sido la mejor estrategia para la humanidad.

04 Apr 17:17

“LIMPIO Y VERDE”

by Ana Pardo
03 Apr 19:50

Pistolas de juguete y muertos de verdad

by Elsa Cabria

La cosa era representar una escena estereotipada de amor. Así que Iván Trueta (Ciudad de México, 1977) pidió a unos amigos que posaran en su estudio: uno se puso de rodillas obsequiando con una flor a una chica. La contradicción apareció cuando pidió a otros dos que simularan ser sus guardaespaldas con pistolas de juguete. Así creó la pieza ‘Love is in the air’, elaborada en grafito sobre papel, en un tamaño de 100 x 150 centímetros.

‘Love is in the air’ es una metáfora de algunos de los temas que interesan al artista mexicano Iván Trueta: la cotidianización de los males, el absurdo, la ironía y la moral flexible que cree que padece su país. «Me interesaba retratar las formas en las que nos acostumbramos a convivir con la violencia y, al hacerlo, la volvemos más normal que alarmante», dice.

Love is in the air

Una violencia que, sumada a la impunidad, la pobreza, la discriminación y la corrupción, recrudece los problemas de México, opina. «Motivos para que algunos no logremos dormir tranquilos hay a manos llenas».

Otro proceso similar ocurrió con el dibujo ‘Hágalo usted mismo’ (grafito y lápiz de color sobre papel. Con un grupo de amigos, Trueta fingió una pelea, que registró en vídeo, hasta que tras varios bocetos, dio con el dibujo. «Después comimos y bebimos, así que resultó muy divertido».

Hágalo usted mismo

Dos de los proyectos recientes de Trueta (Panic y Región 4) representaban armamento. Concretamente en Panic, exhibió una serie de armas dibujadas en un escaparate que colocó en una galería de Mérida (Yucatán). La policía local se detenía constantemente a ver la obra. «Era una representación de aquello que podría salvarnos de todo mal», explica este artista cuyos proyectos suelen salir de bocetos y que trabaja habitualmente con modelos.

«No persigo iluminismo alguno, mis piezas nunca ofrecen soluciones ni alternativas; tampoco tienen desenlaces ni moralejas. Importa mucho más que tengamos responsabilidad como ciudadanos que como artistas», dice Trueta, que jamás ha tenido un arma entre sus manos. «Como artista, si es que puedo pretender algo, sería sumar una pequeña reflexión o dos a un contexto histórico no muy agradable», abunda.

La atracción del momento

Panic noche 3 Panic

Un, dos, tres por mi

Such is life in the tropics

Panic

Trueta dice que, en principio, no quiere volver a retratar armamento ni gente armada.

Y se arranca a explicar uno de sus proyectos en marcha: un trabajo con buitres. «Zopilotes, como los llamamos en México». El proyecto de los buitres, sin título aún, presenta una invasión de buitres al mundo del hombre, en la que se da una suerte de lucha por el territorio y una convivencia pacífica provocada por la costumbre en tal contexto. «El conjunto de piezas atenderá, precisamente, a la flexibilización de la moral, cuando los males se vuelven cotidianos: los infinitos entremedios que existen entre los conceptos binarios (el bien y el mal, por ejemplo) que sustentan los códigos morales y la convivencia social».

Pero Trueta se toma sus tiempos de trabajo: desde sus dos últimas muestras, han pasado dos años. Y desde esas a la anterior, otros cuatro. «Mis proyectos suelen ser largos, así que sin duda los actuales los continuaré después de las exposiciones», dice en referencia a dos muestras que presentará próximamente. No le gusta hablar mucho de los proyectos que está desarrollando. «No porque sean secretos, sino porque siempre se modifican en ese proceso», dice.

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02 Apr 20:42

OLE





OLE

02 Apr 18:15

montt en dosis diarias - -124

by noreply@blogger.com (montt)

02 Apr 09:10

AMOUR, el trailer.

Sergioski02

que pintaca, no?



AMOUR, el trailer.

01 Apr 19:47

La app para evitar mordidas de la policía en Ciudad de México

by Jaled Abdelrahim

-       «Incumple usted la ley NosecuantasTropocientosMilBarraTresSecciónB de la Ley de Tránsito», dice el poli.

-       «¿Cuál?»

-       «Esa»

-       «Aaaah…»

Y poco más puedes hacer. Distinguir si un oficial está en lo cierto o solo quiere meterte un poco de miedo (por eso de que la gente con miedo se vuelve generosa) se hace difícil de reconocer cuando el policía de turno suelta un recital legislativo de ese calibre para explicarte por qué te ha parado.

-       «Si no, habría que llevar el carro al corralón (depósito)».

¿Amenaza o consejo? ¿Verdad o mentira? ¿Cómo rebato su supuesto conocimiento de la ley? «La gente en México no tiene ni idea de las normas de tránsito, seamos sinceros, la licencia se adquiere pagando», explicaba ayer Rodrigo Ramírez durante la invitación al encuentro que organizaba The App Date México. La app AutoChilango es la que él, junto a Oz García, Guillermo Gonzáles y Araceli Sánchez, ha creado para sacarnos de este tipo de apuros con barras, letras y tanto articulado.

auto chilango 2

Esta aplicación móvil tiene como fin «ayudar a los conductores en los problemas del día a día, no solo los legales». Cómo saber dónde están los estacionamientos, los talleres, los autolavados y hasta la situación de tu seguro, o si estás al corriente de los pagos de tus multas. La puntilla para el que va al volante es que incluso sepa si el policía de tráfico que te ha dado el alto tiene razón o simplemente te está timando.

«Teníamos un gran mercado. Cinco millones de coches que se mueven en la ciudad de México», dice Ramírez. Estos buscadores de soluciones digitales en pocos meses han logrado 150.000 descargas que ellos traducen en «150.000 vehículos evitando problemas».

«La gente, si un policía le para, no sabe si es verdad lo que le está diciendo o solo quiere una mordida», explica Oz. «Con Autochilango resolver ese problema es muy sencillo: pones el número de la ley que él te dice o un palabra o frase como “Alto”, o “saltarse un alto”, y la aplicación muestra instantáneamente en tu móvil la normativa que te hace falta para saber si el oficial dice la verdad. Nos hace ilusión que nos haya escrito gente contando que al usar esta herramienta y decirle al policía que no era así, se han asustado y les han dicho que sigan».

Logo

Ahora quieren adaptarla a las ciudades de Monterrey y Guadalajara. «Creemos que lo que hemos creado engloba todo lo que te podrían ofrecer otras apps que existían antes», añade Oz. «Estamos todos hartos de ver cómo se hacen largas colas en todos los lados para resolver cualquier papeleo. Nosotros queremos que, al menos en lo que a tránsito se refiere, todo se vuelva más fácil».

Autochilango, entre otras funciones, avisa a los usuarios de los días que no puede circular (una normativa existente en algunas ciudades de México), te anticipa en qué periodo debes verificar tu auto, contiene mapeos de cualquier negocio relacionado con los coches, su mantenimiento o su estacionamiento, te indica la situación legal de tu vehículo, te pone en contacto con el Repuve (para reportar robos) y lleva al tanto tu situación con el seguro y con las multas. Digamos que algo así como el secretario personal de tu bólido.

-       Oz, ¿crees que si todo el mundo usara vuestra app podríamos hacer que los policías de esta ciudad dejasen de cobrar mordidas?

-       Pues no lo sé, ojalá sí, de momento nuestra experiencia nos dice que a esos que te mienten para que les des dinero les entra miedo cuando ven que tu celular sí tiene el conocimiento de lo que están diciendo.

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31 Mar 17:53

" Gracias por regalarme otro niño pero ya no sé dónde guardarlos...



" Gracias por regalarme otro niño pero ya no sé dónde guardarlos " (La colezionne di bambini) Gerolamo Battista Giovenone

27 Mar 18:47

Éste es uno de los objetos más perfectos del planeta

by noreply@blogger.com (Antonio Martínez Ron)
Sergioski02

estas cosas me causan repelus. Me refiero a la importancia que se le da a esa perfeccion pajillera mental. Mirad la cara del tio d el a primera foto. Es esa cara de satisfaccion obscena. Putos enfermos.

Manuel Bautista en el laboratorio de masa del CEM. 

Si montáramos una expedición para buscar las esferas más perfectas de la Tierra, terminaríamos llegando hasta el laboratorio del Centro Español de Metrología (CEM) donde trabaja Manuel Bautista. La esfera que sostiene entre las manos es el patrón español de densidad y está hecha de silicio puro. La perfección con la que está fabricada es tal, nos cuenta, que si la esfera tuviera el tamaño de la Tierra la imperfección más grande, o el equivalente al Everest, tendría solo unos metros de altura.

Imagen: Fernando Roi (Hearst)

Pero, ¿para qué sirve esta esfera tan perfecta? Como os conté en su día, el CEM es el lugar donde se vela por la precisión de las mediciones en España y mantiene el patrón nacional de masa, el kilogramo, entre otras muchas cosas. Para determinar la masa exacta del patrón (que sigue siendo un objeto físico que se saca cada cuatro años de una caja fuerte) una de las variables a tener en cuenta es la densidad, y esta esfera de silicio es la que da la referencia.

Imagen: Fernando Roi (Hearst)

En concreto, la esfera de silicio del CEM (el patrón nacional de densidad) está materializada en una esfera de silicio monocristal ultra puro perfectamente pulida, con un error de redondez de 90,2 nanómetros. El espesor de la capa de óxido oscila entre unos escasos 4,07 nm y 4,45 nm, un valor realmente pequeño. En la actualidad, solo existen dos o tres esferas más perfectas que éstas, constituidas por átomos de Silicio del mismo isótopo (28) y se utilizan para buscar una manera de medir la masa a partir de la constante del número de Avogadro. Hace un año, el divulgador Derek Muller tuvo ocasión de ver y tocar una de estas esferas para su programa Veritasium. El vídeo, que tiene subtítulos en español, merece la pena para entender todo el asunto de fondo:



Para saber más: La aventura del kilo español (Next)


Entrada publicada en Fogonazos http://www.fogonazos.es/
27 Mar 18:06

El terror necesita tiempo

by Javier Meléndez Martín

Los creadores de webseries de terror tienen un problema: no consiguen que las escenas de sus creaciones salten de móvil a móvil. Al menos, no de la misma manera que las webseries de humor.

—La gente mira en el móvil un chiste que dura treinta segundos —dice un director de webserie—, pero ¿cómo consigues que alguien vea un vídeo de cinco minutos de terror? Es difícil crear una atmósfera de terror en menos tiempo.

Así es, el terror, ya sea escrito o audiovisual, reclama un tiempo de cocción. En un largometraje, cinco minutos es solo el calentamiento.

El terror necesita tiempo

Todos conocemos esos vídeos con música e imágenes plácidas que son interrumpidos por la niña de El Exorcista y un grito trágico. Realmente no es la niña la que asusta, sino lo inesperado de su aparición. Es un truco barato igual que el salto del gato en un pasillo oscuro en los telefilmes de domingo. Pero incluso así, hay un «tiempo de cocción».

… La imagen de la niña de El exorcista fuera de contexto carece de efecto. Quien haya visto la película puede rememorar vagamente la atmósfera del film. A quien no conozca la película la niña le produce asco o indiferencia.

El humor cabe en un cuadro

Un chiste cabe en un cuadro (una ilustración o fotografía) como muestra la siguiente imagen (del blog Tostadas Quemadas de Alberto Ramos):

Pan integral

El humor de una viñeta o ilustración alude a un contexto que conoce el lector. Es un chiste del que podemos reírnos si lo vemos en el móvil yendo en autobús.

El móvil vs. el terror

Otro hándicap del terror en pantalla pequeña es que el género necesita envolver al espectador en oscuridad y silencio. En un móvil, el terror no envuelve, es envuelto, y se topa con otros estímulos alrededor. Aun con todo esto, se plantea una cuestión interesante: ¿cuánto tiempo necesita el terror en el audiovisual para provocar efecto (sin recurrir a trucos baratos)?

El cuento de terror en el audiovisual

El ejemplo de American Horror Story

En American Horror Story (AHS) encontramos una pista: El cuento del Dr. Montgomery (Temporada 1, episodio 4) que relata Tate, uno de los personajes, a Violeta (la hija de los dueños de la casa embrujada):

—Lo que te voy a contar podría asustarte…—dice Tate—. El Dr. Charles Montgomery construyó esta casa. Y aquí en este sótano es donde trabajó…

AHS El doctor Montgomery 01

AHS El doctor Montgomery 02

Con el narrador, AHS introduce pronto al espectador en situación. La voz de Tate desaparece, como en los cuentos clásicos, para que los personajes (el doctor Montgomery y su esposa) se expresen. El final es macabro y aberrante. Y todo en apenas 2 minutos y 36 segundos. Si el cuento solo tuviera los diálogos de los personajes no conseguiría el mismo efecto.

El ejemplo de El Resplandor

Kubrick necesita aún menos tiempo para conseguir que el espectador sienta desasosiego. Le basta una escena de 1 minuto y 51 segundos sin palabras ni sangre ni suciedad. La escena pertenece a El Resplandor y comienza con un fondo negro y una palabra: JUEVES…

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… El niño recorre el hotel en patinete (durante 40 segundos) y se detiene ante la habitacion 237 (que mira durante 40 segundos). Intenta abrirla, pero no puede. Se cuela un plano de las gemelas fantasmas. El niño vuelve al patinete. Kubrick no precisa más tiempo.

Kubrick ha entendido la teoría de Hitchcock: cada escena debe funcionar como un cuento con principio, medio y final. Y eso es lo que ha hecho Kubrick: el cuento del niño que quiso abrir una puerta y no pudo. Un cuento en el que Kubrick no muestra, sugiere.

Un clip de terror no debería estar lleno de ruido y furia ni sangre ni trucos baratos. Parafraseando a Don Draper (el alter ego de Matthew Weiner): la imaginación del espectador no tiene presupuesto ni tiempo límite; si uno se mete en ella, ha ganado. Y esto se consigue sabiendo qué ocultar para despertar interés. El clip de terror debe convertirse en una promesa: algo malo ocurrirá…

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27 Mar 15:23

La fotógrafa que desenmascara a los mirones

by Gema Lozano

Haley Morris-Cafiero sabe que no pasa inadvertida. Lo corroboró un día de forma casi fortuita. Al revelar una foto suya sentada en Times Square comprobó que alguien detrás de ella la miraba con actitud burlona. ¿Le pasaría más a menudo?

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Decidió comprobarlo y para ello comenzó a fotografiarse en lugares públicos para su serie ‘Wait Watchers‘. «Sitúo la cámara en sitios muy transitados y actúo como si fuera una persona más. Tomo cientos de fotografías y luego las reviso para comprobar si los viandantes que pasan cerca de mí me miran de una forma particular».

Para Haley es un experimento social. Una especie de cámara oculta para mostrarnos cómo miramos a los demás cuando pensamos que nadie nos mira a nosotros.

Haley no sabe lo que  piensan los ‘observadores’ que capta el objetivo de su cámara cuando la ven comerse un helado o mirando un mapa, aunque en algunos cree percibir cierta «incomodidad visual» ante su presencia, asegura. «No sé qué pasa por su cabeza. Si es verdad que me juzgan, entonces es cierto que vivimos en una sociedad hipercrítica en la que lo normal es enjuiciar a los demás».

Pese a la aparente espontaneidad de la toma, Haley cuida la puesta en escena hasta el último detalle. «Busco lugares muy iluminados y siempre trato de encontrar una composición interesante, que haga referencia al ideal de belleza femenina y a las expectativas de la sociedad».

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Map

Magnolia

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Polo

Dice que su perenne lucha contra la báscula la ha marcado durante toda su vida. «Siempre he tenido dificultades para controlar mi peso. Mi exterior incontrolable ha determinado mi lugar en la sociedad y muchas veces me he sentido excluida y torpe». De esa sensación han nacido otros trabajos, como el titulado ‘Something to weigh‘, en el que Haley aparece fotografiada en restaurantes, piscinas, tiendas y otros lugares de ocio. «Intento yuxtaponer mi imagen en escenas que retratan situaciones que guardan relación con ell aumento de peso o la exhibición del cuerpo».

temptation.jpg

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self-control.jpgobstructed-view.jpgflowers.jpgpurple-shoes.jpgAun así, Haley no está de acuerdo con el enfoque con el que varios medios han tratado su último trabajo. «Algunos hablan de una serie de fotografías de una chica obesa y enojada con la sociedad. No tiene nada que ver con la realidad».

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26 Mar 07:13

Especulación alimentaria

by Vicente Mora

Magnífica explicación sobre la causa de la especulación alimentaria, el aumento de los precios de los alimentos y como consecuencia, el aumento del hambre en el mundo.

La especulación de alimentos tiene lugar principalmente en los productos básicos de derivados, que son especialmente abundantes en los EE.UU., pero también está creciendo en la UE. Estos cambios no solo pueden tener valor para la agricultura, también resultan ser muy peligrosos. Especialmente mediante una mayor participación de los especuladores financieros como los bancos y los fondos, los precios de los alimentos cada vez más son convertidos en un activo financiero y en un objeto de maximización del beneficio. Esto puede provocar distorsiones en los precios y aumentar, por lo tanto, el hambre de millones de personas. También muchos científicos, analistas e instituciones públicas han llegado a la conclusión de que la especulación puede influenciar los precios de los productos.

(via ecoagricultor.com)

(+ info)

La entrada Especulación alimentaria aparece primero en más que verde.

25 Mar 17:20

La realidad es fea

by Eduardo Vea

Llevo persiguiendo a esta artista mucho tiempo, pero ha estado ocupada con exposiciones y su blog. Además, derramó un vaso de tinto sobre su computadora y le ha tomado más tiempo de lo normal. Puede sonar a lo de mi perro se ha comido los deberes, pero mejor tarde que nunca.

Los que sean fan de las cosas feas en el arte, el arte bruto, naïf y autodidacta se verán identificados con la obra de la alemana Angela Dalinger. Ella pinta con un estilo muy particular y reúne en su blog lo más feo y molón, al mismo tiempo, del arte contemporáneo hecho a mano.

Ahí han aparecido artistas como CacheteJack o María Herreros, entre otros. Admite que tiene una percepción diferente de la belleza y que abrió esta página para mostrar diferentes artistas, que reflejan otra realidad alejada de la belleza típica que la mayoría postea en las redes sociales.

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La señorita Dalinger cambió su nombre para hacerlo más accesible al público que no habla alemán. «Angela es mi segundo nombre y mi verdadero apellido es difícil de pronunciar», explica. Define su obra como ingenua: «Trato de que sea así y combato al maldito diablo que llevo dentro que me critica cada línea que dibujo aunque al mismo tiempo me anima a seguir. Creo que no sé hacer nada más», comenta.

La artista alemana estudió ilustración en Hamburgo. «Quise no fijarme en lo que hacía el resto para intentar encontrar mi propia personalidad. Sigo haciéndolo cuando agarro los pinceles; si me fijo en otros es fácil caer en la copia y lo más importante es encontrar un estilo propio», añade. A pesar de esto destaca a artistas como Mazarella Thomas, Esther Pearl Watson y Tim Furey.

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Acaba de cumplir 30 años y cuando no está exponiendo por diferentes ciudades del mundo, pasa el tiempo en su pequeño apartamento, en un antiguo edificio al sur de Hamburgo. El pasado año la artista pasó por Barcelona para exponer junto a Joan Cornellá y actualmente trabaja en un libro de cómic.

También quiere hacer su propia versión de Caperucita Roja: «Me gustaría hacer algo para adultos. Quizá con ella como prostituta y también quiero hacer otro libro sobre una niña de once años que se llama Mary Bell, que mató a dos niños». La alemana se explaya contando sus proyectos y continúa diciendo que expondrá en solitario en Toulouse y Oporto. Además, busca galería en Londres para hacer algo con Nicholas Stevenson, uno de sus artistas favoritos.

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25 Mar 17:10

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Sergioski02

Existe porno en ingravidez?



25 Mar 13:47

FORJANDO PICNIC

by Forjando Texas
Sigo con mi pequeña fantasía de hacer un encuentro con todos los seguidores del blog; una merienda o un picnic. De hecho, desde que he visto este vídeo en el Facebook de mi amigo Rubén Martínez, tengo más interés en que sea un picnic en el campo. Un KOSOVO PICNIC, mirad qué ambiente.


Nada mejor que estar con los colegas bebiendo unas cervezas, fumando unos cigarros, y pegando unos tiros con nuestras automáticas. Pegando tiros sin mirar, cansados, incluso con un poco de hastío. Pegar tiros por hacer algo.
Está el detalle de disparar con un dedito totalmente recto, fijaos, que le quita cualquier tipo de glamour o emoción al acto de disparar. Disparar para vaciar, como hacerse una paja mirando a la pared, únicamente de una forma funcional, cero disfrute. Fijaos que lo hacen sobretodo los viejos. El disparo de la costellada.
Minuto 2:41: disparar puntualizando, como queriendo dejar algo claro.
Minuto 3:52: tipo de los tejanos, en la postura menos imaginable para estar en medio de un tiroteo, aunque sea entre amigos. Tanta masculinidad acaba dando la vuelta como un calcetín y te convierte en una delicada sirenita.

PICNIC FORJANDO, ahí queda.
25 Mar 04:38

¿Reciclar… o no reciclar?

by Antonio Dyaz

Lástima de papel era el simpático nombre de un fanzine que se publicaba en los años 90. Quienes seguimos cautivos de la magia de los periódicos físicos, de celulosa y tinta, a veces nos topamos con fundamentalistas del bit que nos afean nuestra conducta: «¡No compres periódicos! ¡Léelos en la red!». (Opinión)

Pues ustedes me van a disculpar, pero no es lo mismo. Y se da la paradoja de que si nadie comprara el periódico en el kiosco, hay ediciones digitales que al día de hoy no se podrían financiar. El bit mola, pero el átomo también, no seamos excluyentes.

El caso es que el sábado pedí en mi kiosco habitual El País y El Mundo (me encanta cotejar los distintos enfoques de las mismas mentiras). Y el kiosquero se quejó amargamente mientras me entregaba un voluminoso paquete, que pesaba lo suyo:

–Esto lo paga El Corte Inglés y se lo lleva el periódico, pero el trabajo lo hacemos nosotros.

No entendí la invectiva hasta que rasgué el plástico en el que venía retractilado un libraco de publicidad de ¡196 páginas! de los mencionados grandes almacenes. He buscado en vano la indicación de que se trate de papel reciclado. Junto a ese tomo, venía otro de solo 46 páginas de Cortefiel.

Si me regalaran por entregas En busca del tiempo perdido, de Proust, me parecería bien, pero un catálogo de muebles, cortinas, vajillas y toallas…

Entonces me piqué, y husmeando en la red descubrí con estupor y algo de irritación que es mucho más ecológico importar papel de países productores, ricos en bosques y en masa forestal (Finlandia, EE UU y Canadá, principalmente) que reciclarlo aquí. El papel que depositamos en los contenedores acaba en barcos mercantes rumbo a China, y todos los ingresos asociados a ese tránsito no siempre revierten en la ciudad que recolecta el papel. Hay una organización británica, la WRAP (Waste & Resource Action Programme), que se ha preocupado en calcular cuánto contamina reciclar y sus conclusiones son espeluznantes.

El papel reciclado no siempre es tan verde como nos lo venden, ya que en su procesado intervienen agentes químicos muy agresivos, y el reciclaje, como cualquier otro proceso industrial, tiene un impacto en el medioambiente. Por eso es reprobable imprimir una tirada mastodóntica de un catálogo de modas o de regalos y luego aconsejar su reciclaje, como si no hubiera pasado nada.

Aun así, religiosamente, vacío mi carrito de la compra repleto de periódicos una vez al mes en el contenedor de la esquina y tengo la esperanza, pero el absoluto desconocimiento, de que ese pequeño gesto sirva para algo. Demasiadas estafas en los puntos limpios, demasiados casos de corrupción, demasiada España, en definitiva… Porque la política de reciclaje en nuestro país es errática, desinformada, asimétrica y manifiestamente opaca.

Las empresas de reciclaje y procesado de residuos se benefician de la sorda y minuciosa labor de los vecinos y de su concienciación medioambiental. El ciudadano se esfuerza en separar en su casa como buenamente puede, ya que las instrucciones para reciclar multitud de objetos a veces no las conoce ni el Ayuntamiento en cuestión, pero al final nadie sabe dónde va a parar ese dinero.

Por poner un ejemplo que conozco bien, en Edimburgo se puede entrar en una web y averiguar qué día, a qué hora vienen los empleados de reciclaje a recoger qué tipo de residuos a la puerta de casa, en unas grandes cestas de plástico rojas, azules o verdes que previamente nos han entregado. Todo minuciosamente detallado, y con mucha información acerca del destino que se dará al dinero obtenido del reciclaje: programas sociales, mobiliario urbano, mantenimiento de parques, etc. En Madrid con frecuencia tenemos que recorrer distancias considerables hasta depositar nuestras bolsas en el contenedor correspondiente y eso no ayuda, sobre todo si está lloviendo y tienes 70 años o artritis, o simplemente no te apetece salir.

¿Merece la pena reciclar? Pues claro, y así nos lo dicta el sentido común más elemental, pero hay que tratar mejor al ciudadano, informarle y ponerle las cosas fáciles.

Volviendo a El Corte Inglés, me parece una irresponsabilidad imprimir 30.000 libros de casi 200 páginas cada uno y regalarlos con el periódico del sábado, cuando el 99% de esos objetos que no tienen ningún valor cultural intrínseco van a terminar en la basura. Quizás, la próxima vez que el sufrido kiosquero nos entregue un mamotreto publicitario con el periódico deberíamos decir: «No, gracias. Hoy leeré la edición digital».

Porque a veces los bits molan más que los átomos.

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25 Mar 04:29

Diez truquillos de informático para el legislador

by Carlos F.

Como informático, mi experiencia me ha llevado a recopilar unos cuantos consejos que, curiosamente, pueden ser útiles para los responsables de redactar leyes y reglamentos.

1. Si no sabes por dónde empezar, es mejor copiar métodos que funcionen, o evitar los que se ha demostrado que no funcionan

España no es diferente del resto de economías. Pero aquí pensábamos (y nos lo recordaban constantemente) que éramos más guays, y que los pisos nunca iban a bajar de precio, al contrario de lo que había pasado anteriormente en EEUU, Irlanda o Japón.

2. Las necesidades del cliente van cambiando con el tiempo, y el inmovilismo jamás es una respuesta aceptable

“Siempre se ha hecho así” sirve para el folklore, pero no para los elementos funcionales de una sociedad. Cuando ésta cambia, es la legislación la que se ha de adaptar, no al revés.

3. Cuanto más complicado y más condicionales tiene un algoritmo, más fácil es encontrar algún agujero o caso espúreo que permita rodearlo o comprometer su seguridad.

Si pagas un 40% de impuestos es porque eres pobre y no puedes permitirte buenos gestores.

4. El estilo de programación ha de ser coherente y todos los miembros del equipo deben respetarlo.

Si una empresa no puede pagar impuestos al Estado porque éste le debe dinero, se aguanta. Si el Estado no puede devolver el dinero a sus empresas… ¿adivináis quién se aguanta?

5. A veces es necesario refactorizar, o escribir de nuevo un algoritmo.

Una vez se tiene un mejor conocimiento del problema suele suceder que existía una solución sencilla que no vimos en el primer momento. Tras comprobar que es equivalente y más eficiente, debe usarse el código nuevo.

6. Las tecnologías y APIs obsoletas deben descatalogarse tras un tiempo razonable para agilizar los procesos

2014 y todavía enviando faxes. Pero, mientras tanto…

7. Las nuevas tecnologías y APIs deben implantarse de forma consistente

Si es posible realizar un tipo de gestiones importantes telemáticamente, también debe de serlo aquellas de menor importancia. Por ejemplo, si el Estado me proporciona un certificado digital, debo ser capaz de enviarle documentación por este canal sin necesidad de presentarme en persona y perder el tiempo de ambos

8. Los comentarios son inútiles. Pueden haber quedado obsoletos o ser erróneos; por lo tanto son ignorados por el compilador. El código es lo único que se ejecuta. Para saber lo que hace un programa, no te creas los comentarios, lee el código.

O de cómo se nos intenta convencer de que algunas leyes son algo diferente de lo que en realidad pone en el BOE.

9. Si tu programa no implementa la funcionalidad que necesitan tus clientes, éstos se irán a la competencia.

Imaginad que, después de haber pagado la formación de Messi desde los 13 años, el Barça decidiera regalarlo Chelsea, obviando que es precisamente él quien genera una gran parte de los ingresos del club. Esto es lo que está sucediendo con los científicos y empresas de este país. Ideas y esfuerzo de alta calidad, gratis para las economías alemanas y estadounidenses.

Finalmente, la más importante de todas para el final:

10. “Es muy difícil” no es una respuesta aceptable, ni sirve como excusa para ni siquiera intentarlo.

Ya lo dije hace unos días, más difícil es investigar para curar el cáncer y hay gente que lo está intentando por 900 euros al mes.

 

¿Se os ocurre alguno más?

Acerca de Carlos F.

24 Mar 22:50

Un ladrón cuenta cómo evitar el robo de bicis

by juanma

"Omar Aziz estuvo robando bicis desde los 17 hasta los 29, edad en la que consiguió desengancharse del crac. Ahora quiere compensar por el daño hecho. Realiza voluntariado social en su barrio, y ha querido dar unos consejos a los lectores de The Guardian para que puedan evitar el robo de bicis. "

24 Mar 22:32

Por qué casi siempre decepciona el último capítulo de las series

by Iñaki Carrasco González

Puede que quien haya leído Así habló Zaratustra se haya planteado que el final es una mierda. Yo me imagino a Nietzsche diciéndole: «¿No te gusta? Pues te jodes».

Un tipo tan claro o tan poco claro como Friedrich Nietzsche escribió una obra cuya lectura es en extremo cautivadora y en la que expone la mayoría de lo que hoy reconocemos como sus tesis fundamentales, pero que, a pesar de ser un relato, no llega a ningún sitio.

Tanto a los que son fans de las series como a los que no lo somos tanto nos suele suceder lo mismo conforme se acerca el final de la temporada o el apocalíptico fin de la serie: la decepción, en unos casos, o la indiferencia en otros. Comentarios como «vaya mierda», «tanto lío para esto» o «la han cagado» sirven para obras tan dispares como Los Serrano, Lost, Twin Peaks o True Detective.

De acuerdo en que es muy difícil mantener el nivel narrativo hasta el final hablemos del género y del medio que hablemos. De acuerdo en que la presión a la que están sometidos los guionistas de esas series debe ser brutal a causa de las audiencias y las exigencias de los anunciantes. De acuerdo que no es fácil convencer a todo el mundo y que, como en el fútbol, lo podríamos resolver con un «las series son así».

Poniendo como ejemplo la última serie que he visto, True Detective, y con la que he disfrutado más que con ninguna otra, he escuchado comentarios como a los que hacía referencia más arriba. Sin embargo, para mí es un ejercicio de literatura televisiva casi perfecto.

Probablemente Nietzsche pensaba como David Simon, el padre de Treme y The Wire: «el lector medio… qué se joda» cuando publicó Así habló Zaratustra. Eso es lo que dice David en el libro The Wire, 10 dosis de la mejor serie de televisión (Errata Naturae) refiriéndose a aquellos espectadores que buscan en sus creaciones más acción que drama, más explosiones que vida, más televisión al uso que artefactos literarios.

Ni David ni Friedrich ni la mayoría de los grandes autores que hay entremedias han pensado —demasiado— en el lector o espectador medio. Primera clave del éxito creativo, primera clave del fracaso comercial.

Ni a Friedrich ni a David les importa demasiado el principio o el final, lo importante es el desarrollo narrativo, el camino. Del mismo modo que Cela en La Colmena termina la narración en un punto cualquiera del relato que es en sí mismo la propia conclusión de la obra. O igual que Bowles en El cielo protector, matando al protagonista en mitad del libro.

Quizá las series han dejado de ser un juguete televisivo y se han convertido en un nuevo género literario, que falta nos hacía. Por algo Nic Pizzolato, creador de True Detective, es en realidad novelista reconvertido en guionista de series, pero, sobre todo, es profesor de literatura en varias universidades estadounidenses. Y eso se nota.

Disfrutar de un buen libro o de una buena serie se hace capítulo a capítulo, no al final. Y se les dedica el tiempo necesario porque molan y porque enganchan si están bien construidos. Así que… ¡Que se joda el espectador medio! ¡Que se joda… pero bien!

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24 Mar 14:16

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24 Mar 04:25

Celebrando la vida.



Celebrando la vida.

23 Mar 03:59

LOS ULTRAJUSTICIA

by loulogio
Grupos de jóvenes con ganas de espolear el sistema judicial de este país se reúnen en la puerta de los juzgados con renovados cánticos y grandes dosis de ilusión. Venga monjas: https://www.y...
From: loulogio
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22 Mar 19:17

Mi puta rallada con el consumo

by Néstor Gándara

La historia de mi rallada con el consumo comienza en 2010, cuando vivo en Girona, frente a una tienda de alimentación ecológica:

1. SI ERES LO QUE COMES, YO SOY PASTA CON ATÚN Y TOMATE FRITO

Soy un estudiante de cuarto de carrera con una dieta basada en pasta con atún y tomate frito, arroz con atún y tomate frito, y pasta con atún y tomate frito. Entrar en esa tienda cambia mi perspectiva alimentaria o alimenticia para siempre. Me convierte en un pijazo a ojos de mi madre y aumenta, considerablemente, el presupuesto destinado a hacer la compra.

–Debes ahorrar en muchas cosas, menos en comida –dice la hippie que se encarga de la tienda ecológica. Y como está muy buena, alargo la conversación hasta que termina confesándome sus años. Parece mucho, pero que mucho, más joven. Así que me uno a la causa eco sin resistencia. Lo peor que podría pasarme es que disminuya mi edad metabólica hasta rozar la inmortalidad.

Comienzo por sustituir la sal de las ensaladas por gomasio. Dejo de comprar carnes y pescados procesados. El pescado se compra en la pescadería. La carne en la carnicería. El embutido en la charcutería. También abandono por completo el consumo de leche. El pecho de una hippie consigue destetarme, una paradoja sexista pero real. Dejo de beberme medio litro con Cola Cao cada mañana para ni siquiera cortar el café (que tomo con azúcar de caña) sin sufrir síndrome de abstinencia.

Dejo de comprar el pan en el supermercado y de freír cosas. Freír es ETA.

2. LA MADERA MACIZA ME LA PONE DURA

Comienzo a trabajar en agencias de publicidad y me entra el diseño interior por los ojos. Agencias potentes de publicidad que se gastan un pastizal en mobiliario para que sus creativos seamos más creativos y los clientes atraviesen la puerta en volandas.

La obsesión por el acabado y la calidad de los materiales se hace patente unas navidades, al cruzar el umbral de la casa de mis abuelos. Llevo visitando y habitando esa casa toda mi puñetera vida, pero siento que la piso por primera vez. Recorro todos sus rincones tocando muebles, abriendo puertas, sacando cosas. Alucino, sin exagerar, con una cómoda de roble que tiene más de 100 años. Hace no tanto, guardaba mis pijamas en esa cómoda sin importarme una mierda si estaba hecha de palillos chinos o papel de fumar. De repente, me parece un objeto de veneración y respeto. Un trocito de la historia familiar que no deseo que abandone nunca el sino de los Gándara. Un bien preciado.

IKEA y su imperio del conglomerado se convierten en la representación del maligno, y cualquier mesita vintage a precio de Lack, en un hallazgo extraordinario en el rastro de Madrid.

3. MADE IN SPAIN

Las rebajas pasadas entro en Mini (una tienda carísima en Conde Duque), llevado por la curiosidad de los descuentos aplicables a sus abrigos de más de mil euros. Me pruebo varios jerséis y una camisa. Todo sienta muy bien. Todo es caro de cojones. La camisa, en concreto, me gusta mucho, pero al 50% todavía vale 60 euros. Le pregunto al propietario de la tienda por qué una camisa azul, básica, costaba 120 euros.

«Tiene mucho más sentido pagar 120 euros por esta camisa que 30. ¿Por qué? Porque está fabricada con algodón orgánico en USA e importada a nuestro país. Es decir: un trabajador norteamericano, con un horario de trabajo estipulado y una nómina acorde a su producción, ha fabricado esta camisa en condiciones del primer mundo para que tú la vistas. Si se derrumba el techo de la fábrica sobre ese trabajador, habrá responsables y responsabilidades. Si ese trabajador enferma, podrá disponer del descanso que necesite para restablecerse. Y así el largo etcétera que todos conocemos. Por no hablar de la calidad de los tejidos. La ropa está en contacto directo con nuestra piel. Nos viste. Nos abriga. Nos envuelve. Es de vital importancia utilizar tejidos con los que nos sintamos realmente cómodos. Y esta es una realidad simple: en ningún contexto ‘más barato’ es sinónimo de ‘mejor’».

Vuelvo a casa y saco toda mi ropa del armario. No es una verdad inesperada: el 95% de mi ropa es de manufactura china, taiwanesa o vietnamita. Solo tengo dos polos made in Italy y una camisa de Macedonia (una camisa fabricada en Macedonia; no una camisa de frutas). Así que me rallo también con la ropa, enarbolo un calcetín y juro por Amancio Ortega que jamás volveré a comprar prendas con manufactura tercermundista.

CONCLUSIÓN FINAL DE MI PUTA RALLADA CON EL CONSUMO

No sé a qué se debe. A si no soy más que un puto moderno aunque me esfuerce en negarlo. A mi condición de publicitario, que me obliga a renegar de la comunicación de la marca para obsesionarme con el producto. A que tengo complejo de rico porque no lo soy y, a este paso, no lo seré jamás. Al devenir de los sistemas de producción actuales y la realidad de la obsolescencia programada, que me convierte en objetólogo a conciencia. A que deseo el control absoluto de lo que ingiero, visto o adquiero.

Quizá todo el peso lo sostenga esta última idea: quiero el control absoluto de mi vida. Una vida que dejo de sentir como mía cuando la supedito a modas u ofertas que se traducen en intereses estrictamente capitalistas (¡válgame Marx que yo diga esto, que trabajo de copy!). Una vida que deseo vivir con más responsabilidad que separar plástico, papel y desechos orgánicos bajo el fregadero de la cocina.

Nota del autor: La tarde de mi lectura de etiquetas termino devolviendo una cazadora y una camiseta que me habían parecido dos gangas esa misma mañana. Dos gangas taiwanesas. Con el dinero recuperado compro una chaqueta de punto made in Spain, en un pequeño comercio de la calle Atocha y unas botas made in Elche en una Zapatería en Huertas. Puede que esté somatizando mi sostenibilidad textil, pero me siento más cómodo y más guapo de lo normal con ella/s puesta/s.

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22 Mar 18:07

Remember that Sound of Music graffiti? Well...

22 Mar 16:13

" La Virgen arrepintiéndose de haber lavado a Jesús en agua...



" La Virgen arrepintiéndose de haber lavado a Jesús en agua caliente " (Il mio Cuore, il bambino sei encogitto) Rutilio Di Lorenzo Manetti

21 Mar 17:38

¿Cómo lo quieres: nuevo, de segunda mano o regalado?

by Javier Creus

Muy poco después de la aparición del www y los navegadores de internet a mediados de los 90, llegaron los comerciantes a la conquista de lo virtual. Amazon empezó entonces vendiendo solo libros; Ebay, promoviendo las subastas online de todo tipo de objetos. Casi veinte años después son el centro comercial y el mercado de segunda mano del planeta, respectivamente. No hay centro comercial tradicional o coleccionista de cualquier objeto que no hayan sentido su efecto. De hecho, parecía que en cuestiones de venta de artículos nuevos o usados estaba todo dicho.

Hasta hace unas pocas semanas. Yerdle, la aplicación móvil para regalarse cosas entre vecinos, perfeccionada durante un año en San Francisco, anuncia que cubre todo el territorio de los Estados Unidos con un coste de transporte entre dos y cuatro dólares. También levanta otra restricción: los artículos que publicas pueden ser vistos por cualquiera, no solo por tus amigos y los amigos de tus amigos en Facebook. Sus dos fundadores, exdirectivos de sostenibilidad de grandes empresas, declaran además un objetivo muy ambicioso a largo plazo: reducir el consumo general en un 25%.

El funcionamiento es sencillo: te bajas la aplicación y te registras. Con este proceso ya ganas unos cuantos créditos que te servirán luego para conseguir artículos. Poner algo a disposición es fácil: haces una foto con el móvil, la envias y dices si prefieres regalarla por un número concreto de créditos o ponerla a subasta durante siete días. Cuando en una u otra modalidad se cierra el acuerdo, el artículo es enviado y los créditos, transferidos. Intercambio de objetos entre desconocidos con una moneda virtual para estimular las transacciones.

El crecimiento de Yerdle se sustenta en una observación reveladora: hay muchas personas que nunca se tomarían el trabajo de subastar por dinero sus bienes usados y responder con su reputación comercial de su estado, pero que están encantados de regalar lo que les sobra a cambio del derecho de procurarse en un futuro de otras cosas también usadas. Lo regalado entra en tromba en la escena comercial y rompe las barreras de lo excepcional, de lo próximo, de lo recíproco o lo anónimo a las que estaba confinado.

Otra vez se crea abundancia donde solo se pensaba escasez. ¡Vaya regalo!

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21 Mar 17:33

Hoy es el futuro I: Los buffet libre chinos

by Álvaro Corazón Rural

Fotografía: Photocapy (CC).

Hace veinte años, en una tienda de Fruto Seco, sin ese, en la calle Espíritu Santo de Malasaña, decidieron poner a la venta trocitos de papel de plata, tamaño cuartilla, para fumar heroína. Costaban veinticinco pesetas y el fenómeno, como concepto, representaba la esencia misma del capitalismo. Hasta ese momento, muchos yonquis que no habían salido de casa preparados tenían que buscar el papel de plata entre los restos de los bocadillos de los obreros, prepararse la heroína en chinos con plata arrugada y encima pringada de lomo con queso y otras combinaciones culinarias o prodigios de la fritanga.

Los chinos, los individuos asiáticos, devolvieron la dignidad a los fumadores de chinos, el artilugio de papel de plata. En el Fruto Seco, si querías un brick de leche a las cuatro de la mañana, te lo vendían. Helados en diciembre a menos tres grados, ahí estaban. Platica pa’ tal, pues por veinticinco pesetas. ¿Y chinos de heroína electrónicos para el hipster del mañana? Al tiempo.

Mi sabio padre explicaba este concepto con alemanes y estadounidenses. Decía que los alemanes eran capaces de fabricar el vaso pequeño perfecto, el vaso mediano perfecto y el vaso grande perfecto. Pero ¿y si tú querías un vaso entre mediano y grande? El alemán te contestaría que ese es un deseo absurdo, el vaso o es grande o es mediano y querer otra cosa son ganas de molestar, provocar a la gente honrada y escupir en el rostro de la eficiencia nacional. Sin embargo, un estadounidense diría: dígame con plena libertad qué clase de vaso quiere usted. Y ya le podías pedir un vaso con forma de balón de rugby que te lo iba a fabricar encantado. A él lo que luego hagas con tu vida se la suda. Y los chinos, que ya se vio en el feeling que tenían Nixon y Mao, pertenecen a este segundo tipo de capitalistas.

Por eso, muchos chinos que llegaron a España, a la hora de buscar audazmente cómo satisfacer nuestras necesidades, no tardaron en advertir que los españoles teníamos hambre. No faltaba comida, tampoco dinero, pero en el ADN estaba el gen canino de que cuanta más comida, mejor. Cogieron el tamaño medio de un estómago humano, sacaron la calculadora para ver cuántos podían llenar de elementos sólidos al cabo de un día y de ahí surgió, oh la ciencia, el precio del infinito. En España, infinito «con bebida siempre llena» cuesta 7,5 euros.

Después, solo hubo que ponerle baldosas o cualquier tipo de superficie sólida al restaurante, que el suelo no fuese de tierra o arenilla para evitar que los españoles cuando no les cupiese más arroz lo enterrasen para volver otro día a por él, y ya estaba el negocio montado. Había nacido el buffet libre chino.

Fotografía: Stavers (CC).

A mí, desde que descubrí el svadbarski kupus serbio, el cocido madrileño me parece una frivolidad de elBulli. Y por otro lado, el pienso que le compro últimamente a mis gatos veo que está tan bueno que a veces dudo si ponérselo a las visitas junto con los pistachos y las aceitunas. Es decir, soy la clase de persona que en un buffet libre chino de 7,5 euros «con bebida siempre llena» puede observar matices, advertir sutiles detalles y, en definitiva, ser feliz; feliz en el dolor, pero feliz al fin y al cabo. Así que les cuento.

La primera impresión. La entrada al buffet libre chino tiene que recordarnos al comedor del crucero de Lunas de hiel (Roman Polanski, 1992). Si al acomodarte en tu mesa no te da la sensación de que la mano fría de un borracho en silla de ruedas va a reclamar tu atención para relatarte al oído con voz cazallera las hazañas sexuales de su mujer en el París de los ochenta, ese sitio no es un buffet libre chino de 7,5 euros «con bebida siempre llena». Puede que se trate de un lugar normal, incluso de calidad. Salga de ahí en el acto.

Ya estoy sentado, ¿y ahora qué? Bien, pues levántese. Aquí no se sirve a la gente. Tiene que hacerlo usted mismo. Pero escuche: se trata de todo un arte. Vamos, no se me ocurre otro ámbito para calificar las presentaciones de los platos que componen los clientes sabiéndose libres de miradas inquisidoras, rodeados como están de serditos, con ese, como ellos.

En estos lugares no es extraño ver como alguien se sienta a la mesa con un plato en el que hay ocho piezas de sushi, con su jengibre y su wasabi, patatas alioli, langostinos, arroz tres delicias, un filete de ternera y caracoles. Los artistas observan su obra como Guardiola una triangulación imposible de Messi, Xavi e Iniesta, conteniendo su orgullo y euforia creativa con una leve sonrisa de medio lado y la mano en el mentón.

Se conoce que es gente que se cansa si tiene que levantarse diez veces. Estos son los clientes de edades avanzadas, los que ya no tienen nada que demostrar ni nada de lo que avergonzarse. Porque los jóvenes tienen un comportamiento sensiblemente distinto y muy fácil de detectar. Los criados bajo la filosofía del botón de Windows «sí a todo» lo que ven en el buffet libre chino no es la oportunidad de comer de todo como serdos con ese hasta reventar. No, ellos quieren algo muy distinto, una experiencia exótica de corte oriental: comer sushi como serdos con ese hasta reventar.

Hasta ahí bien. Yo no lo censuro. Incluso lo comparto. Vamos, que hago lo mismo. El problema es que el sushi no suele ser muy sushi. En uno de estos restaurantes que se encuentra ubicado en una céntrica calle de la capital de España, que recuerda mucho a la Unión Europea pues alberga una comisaría rodeada de puticlubs, mis globos oculares han llegado a ver sushi de chopped.

Llámenme morroputa si quieren. No sé si algún personaje de Murakami comerá sushi de chopped mientras pone ojitos y eso es la panacea, pero yo no me lo llevé a la boca. Y por este motivo, ese día, me quedé mirando fijamente la bandeja de los sushis esperando que trajeran una simulación más convincente. Al cabo de un rato, por fin apareció otra oferta: un sushi con algo granate oscuro en el interior. Dije: bien, atún. Me serví mis dieciséis piezas de rigor y al llegar a la mesa, de casualidad, porque el wasabi tal y como lo ponemos mata el sabor de cualquier cosa, descubrí que el atún… estaba pintado. O sea, no es que estuviera pintado, es que era una salsilla, como un ketchup revenido, que a medio metro parecía atún. Maestros del camuflaje.

Fotografía: Maderibeyza (CC)

De modo que el pescado en ese sushi brilla por su ausencia y lo que los chavales y yo nos llevamos a la boca por docenas no es otra cosa que pelotas de arroz blanco. Así, a modo de entrante, te puedes meter en el intestino más de un cuarto de kilo de arroz. Hombre, si vienes con la Escherichia Coli disparada y sufres de diarreas hemorrágicas, puede que hasta te venga bien. Pero si estás sano, no sé…

Sobre todo porque después del sushi de ficción te vas a enfrentar a un problema muy grave, el segundo plato. Es muy normal que después de cuarto de kilo de arroz blanco notes cierto cosquilleo sutil así como que estás a punto de vomitar. Pero has pagado por una unidad de infinito, el precio de la libertad de comer con botón de Windows «sí a todo», y te duele no hacer uso de ella. Entonces te diriges hacia el resto de platos, pero completamente estomagado y sin ganas de fritanga o mariscos —en uno del barrio de Hortaleza ponen ostras, lo que no hacen es reponerlas, pero ponerlas las ponen— y lo que haces es lanzarte hacia algo que pegue con lo que pesa en tu interior porque temes que el choque de sabores en ese estado te dé arcadas. Es decir: te enchufas más arroz. Es el turno de elegir el arroz tres delicias o, viviendo a tope en el mundo libre, arroz integral. Arroz de primero y arroz de segundo. Enhorabuena chavalote, también puedes presentar este menú como tesis doctoral sobre la democracia occidental de los últimos treinta años.

El surtido de postres puede variar, pero da igual si estás en Madrid o en Valencia, que el helado es el mismo. ¿De dónde proviene? Difícil saberlo. En los locales menos considerados ofrecen solo sabores de chocolate y plátano. Donde hay amor, debería haber, además de esos, naranja, vanilla, limón y fresa. Llegados a este punto, lo suyo es que te pongas una bola de cada y lo riegues con un par de refrescos de cola más. Ya sabes «bebida siempre llena».

La otra opción es llenarte un plato entero de buñuelos de nata y sumergirlos en sirope de chocolate. Un amigo mío lo hace siempre que va y, frisando el desprecio por su relación matrimonial, le ha puesto nombre a la receta: «Guillermuá».

Como nota curiosa en cuanto a los postres, añadiré que el jueves pasado encontré en uno de estos locales un bol de cristal lleno de petit suisses de fresa. Un detalle propio de comedor de parvulario. Tal vez una broma privada entre los camareros. Porque esa es otra, el servicio es muy agradable y atento en estos locales, pero es muy raro no sorprender alguna mirada furtiva de auténtico y genuino asco; miradas que solo pueden responderse de una manera, diciendo muy claramente: queremos más.

Fotografía: Mat @ PEK (CC).

20 Mar 00:23

Como Plantar Cebollas En El Bancal De Abono Verde

by La Huertina De Toni
Hace unos meses sembrábamos en nuestro huerto, un bancal con abono verde, para aprovechar los meses de invierno que tenemos un poco mas parada la huerta y de esta forma aportarle un extra de...