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31 Oct 07:02

“Madrid, te comería a versos” por Boamistura

by Vicente Mora

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Versos de poetas y artistas inundan las calles madrileñas estos días. Boamistura interviene de nuevo en las calles de la capital con sensibles mensajes pintados en los pasos de peatones de múltiples calles. Con ello roban la atención del ciudadano aportando una nota de amor entre el ruido y la velocidad del día a día. Un proyecto que está llenando las redes sociales con sus fotos a modo de mensajes, creando el movimiento llamado #Vandalismosentimental.

Y es que este proyecto no es más que, como dicen los mismos artistas, “un acto de amor de artistas y poetas por nuestro querido Madrid.”

Madrid, te comería a versos es un proyecto de carácter personal, en el que sin vinculación institucional o empresarial, y donde “todas las personas implicadas en él han regalado su talento, su trabajo y su esfuerzo de forma sincera y altruista para hacer un poco más humana esta ciudad.”

(+info)

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30 Oct 14:39

Chollo vuelo Barcelona-Chile 269€ ida y vuelta

by Guia low cost
Sergioski02

jeje, a buena horas

Chollo vuelo Barcelona-Chile 269€ ida y vuelta. Es una tarifa error así que: no llamar a la aerolinea ni agencia online esperar a tener el billete confirmado antes de comprar hotel EDIT: El precio de 269€ ya no está disponible, han corregido el error. Felicidades a los que consiguieron comprar. Fechas del 2 al 21 [...]
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29 Oct 15:18

La Ciudadanía Contra La Corrupción: Historia de una Querella Ciudadana #BankiaRíndete

by 15mparato
Sergioski02

Y siguen para bingo esta gente

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29 Oct 10:14

¿Comida orgánica o fast food de McDonald’s?

by David Garcia

Sobre gustos no hay nada escrito aunque alguien debería comenzar a escribirlo urgentemente. El caso es que todas las personas son libres de decantarse por aquello que crean más conveniente. El problema viene cuando ese alguien es un experto y toca justificar las decisiones tomadas. En Lifehunters pensaron que podrían preguntar a los expertos si lo etiquetado como orgánico puede diferenciarse al ser degustado. La cosa no parece tan sencilla.
Lo primero, el vídeo.

José Miguel Mulet, profesor titular de biotecnología (área de bioquímica y biología molecular) en la Universidad Politécnica de Valencia, afirma que el sello de producción ecológica solo garantiza que ha superado un proceso de evaluación. Eso, según los datos que presenta, no hace que esos productos sean más sanos,  más respetuoso con el medio ambiente o más sabrosos. «Por si fuera poco, la seguridad alimentaria en este tipo de productos tampoco es la más deseable, lo que explica las crisis que hemos sufrido asociadas a este tipo de alimentación», explica en su web.

Lifehunters, una productora holandesa de vídeo viral quiso hacer un experimento de andar por casa para ver si los gourmets y los expertos en este tipo de productos, eran capaces de detectar un producto catalogado como orgánico cuando se lo ponían por delante. «Hicimos la prueba con comida de McDonald’s ya que es la comida menos orgánica o natural que se nos ocurría», cuenta Erik Hensel, uno de los responsables de Lifehunters.

Hensel envió a sus compañeros Sasha y Cedric a Houten (Holanda) a una importante feria gastronómica para captar el pulso de algunos de los mejores paladares del país. «Las respuestas fueron geniales, especialmente porque solo les preguntábamos qué pensaban acerca de lo que probaban y si les parecía mejor que la comida de McDonald’s», dice Hensel.

La conclusión, según explica el autor acerca de este poco científico experimento, es que «los expertos concluyeron que la comida era bastante mejor que la de la cadenas de hamburgueserías y que, realmente, podían paladear el elemento orgánico en ella».

Hensel explica que hubo algo que les sorprendió mucho. «No hubo ninguna persona que mencionase a McDonald’s o que nos dijera que la comida no les gustaba (quizás querían ser educados). Solo hubo uno que dijo que la comida estaba algo seca, pero le gustaron mucho los nuggets de pollo».

El holandés no cree que los críticos no estén preparados para realizar su trabajo. «Pienso que a muchos de ellos les encanta oírse hablar. Este elemento era el que queríamos someter a juicio y fue por eso por lo que decidimos hacer el vídeo».

Con respecto a la catalogación de los productos como orgánicos, Hensel cree que, al menos en Holanda, hay una importante cantidad de fraude. «El negocio de la alimentación es billonario. Si pones la etiqueta orgánico en los productos, las ventas se incrementarán. También creo que es bueno preocuparse por lo que uno come. Hay un montón de mierda en nuestra comida hoy en día».

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28 Oct 20:45

La explotación silenciosa

by Jorge Galindo
Foto: Pixabay (CC)

Foto: Pixabay (CC)

De un tiempo a esta parte tenemos a unos nuevos invitados en el mundo de los servicios personales. La sharing economy pero en su lado más pecuniaro: the gig economy. Uber, AirBnB, Lyft y todos los demás que, se supone, abren un espacio que los mercados regulados o controlados por unas pocas empresas que ponen barreras de entrada mantenían vedado. Espacio que utilizan personas que de otra manera no podrían ganar ese dinero extra, rentabilizando capital (una habitación, una casa vacía, un asiento de coche, su tiempo) que de otra manera estaría desaprovechado. Para que así otras personas puedan consumir a un precio más bajo. La tecnología hace que nos encontremos más fácilmente. Parece que ganamos todos, pero no es así.

De primeras, vamos a dejar algo claro: si estas plataformas existen y florecen es porque había y hay acuerdos entre oferentes y demandantes que no quedan resueltos sin ellas. Una demanda no cubierta junto a una oferta no desarrollada implica siempre una pérdida de bienestar. Siempre es una buena idea permitir que se encuentren en el mercado quienes querían pero no podían por problemas de información que la tecnología resuelve, o por límites impuestos por empresarios organizados que no quieren bajar los precios. Y aquí es donde suelen quedarse los argumentos a favor de DogVacay, de Postmates y compañía. Por desgracia, la economía de segundo de bachillerato no es suficiente para explicar todas las implicaciones que una liberalización total tendría sobre todos nosotros.

La consecuencia no deseada más clara, y también la más citada por los escépticos de estas plataformas, son los nuevos perdedores. Para aquellos que ya están en el mercado con unas reglas de juego determinadas, permitir la entrada de nuevos oferentes tiene un coste obvio. Ahora, por ejemplo, el taxista madrileño que pagó un riñón por su licencia y esperaba recuperar la inversión en mil carreras más, qué hace con el crédito que pidió al banco. Desde un punto de vista normativo resulta discutible si cambiar las reglas a mitad de partido es justo o no sin ofrecer una compensación a cambio. Pero desde un punto de vista estratégico es evidente que la compensación es necesaria para facilitar el desbloqueo de la reforma. Un periodo de transición, amortiguación del golpe, como se le quiera llamar. Puede que muchos piensen que madre mía, que qué desastrosa paradoja, dedicarnos ahora a ayudar a quienes mantenían los precios artificialmente altos y la oferta intencionadamente baja para asegurarse su cuota de mercado e ingresos. Así es: discutible. Pero ineludible si queremos lograr mayorías a favor del cambio.

No hace falta posicionarse del lado del empresario para observar los problemas de la liberalización. Es suficiente con darnos una vuelta por, no sé, una zona urbana de alta densidad turística cualquiera. Una hipotética proliferación de apartamentos para turistas fuera de la regulación habitual causaría bastantes molestias a los vecinos. Ruidos a deshoras, fiestas, contaminación y deshechos, sobreconsumo de recursos y espacios públicos, o en su defecto el coste impositivo de solucionar todos estos problemas… Cosas conocidas en jerga de economistas como «externalidades negativas», efectos inesperados de nuevos acuerdos producidos por el mercado. Eso por no hablar de que las regulaciones no solo sirven para proteger mercados cautivos: también existen para asegurar a los clientes. Un taxi o un apartamento para estancias cortas cuenta con seguros especiales, con una serie de garantías e instalaciones mínimas requeridas. Dejar en la sombra o en la liberalización total a las opciones ofrecidas por las plataformas online permiten al oferente recortar en gastos a costa de nuestra seguridad. Cualquiera que haya hecho uso habitual de AirBnB, por ejemplo, se habrá encontrado con algún caso, digamos, extraño. Yo, sin ir más lejos, recuerdo haber reservado con unos amigos una habitación en un «bonito apartamento compartido en casa de una planta» en Donosti que resultó ser un hostal encubierto con veintidós camas distribuidas en once literas, puertas sin pomo que se bloqueaban solas, cuartos de baño insalubres y cocina de gas con alegres velas hippies preocupantemente cerca. Por todo ello tal vez es una buena idea liberalizar, sí, pero sin destrozar los derechos de los consumidores.

Hay un tercer aspecto que, sin embargo, ha pasado más bien desapercibido en el debate sobre la conveniencia de dejar que estas plataformas campen a sus anchas. Hemos hablado de empresarios y hemos hablado de clientes, pero apenas lo hemos hecho de trabajadores. Sitios como Uber o AirBnB se anuncian como meros «intermediarios» entre algo parecido a autónomos ocasionales que disponen de un capital (tiempo, conocimiento, espacio, un vehículo, una serie de habilidades sencillas) que pueden poner en el mercado, y aquellos que desean pagar un precio moderado por dicho capital. Pisos compartidos ocasionalmente, personas que dedican una parte de su tiempo libre a ofrecer sus capacidades, alguien que hace de taxista momentáneo en su propio coche… Esa es la imagen (habitualmente con personas sanas, jóvenes, sonrientes, casi radiantes) que se nos planta en la cabeza. Pero muchas veces la realidad es bien distinta. Sobre todo en Estados Unidos, donde más y más personas viven del trabajo que proviene de estas plataformas en una explotación (cada vez menos) silenciosa. O, mejor dicho, sobreviven. Algunos ni tan siquiera eso.

Pensémoslo bien: se trata de oferentes que no disponen apenas de poder de mercado para marcar sus precios pero que, sin embargo, dependen casi enteramente de una plataforma para ser visibles de cara a sus clientes. El poder real reside en quienes solo se pretenden intermediarios, y aquellos que se supone son meros autónomos se saben, en realidad, empleados. Sin unión, sin capacidad de negociación, sin herramientas para mejorar la productividad de manera coordinada, y por tanto obligados a competir «a la baja» por salarios (precios) con sus cotrabajadores (competidores).

¿Por qué este fenómeno es particularmente intenso en EE. UU.? Las razones son varias, y todas nos ayudan a mirar un poco hacia lo que podría ser nuestro futuro, o una parte del mismo. Para empezar, es el lugar de nacimiento de la mayoría de estas plataformas, y el uso de las mismas (así como de las soluciones telemáticas en general) está bastante más avanzado que en otros países. Sin embargo, hay otros factores bastante menos superficiales. Por un lado, se trata del país occidental donde los trabajadores tienen menos poder, menor capacidad de organización, y los empresarios disponen de una mayor capacidad para disponer de sus empleos. Por otro, es allá donde la tecnología está generando una mayor segmentación entre tipos de trabajadores: aquellos cuyas habilidades y conocimiento se complementan bien con los avances técnicos centrados en la mayor capacidad de computación, aquellos que hasta ahora realizaban tareas repetitivas fácilmente sustituibles por una máquina que tienden simplemente a desaparecer, y aquellos que tienen trabajos no rutinarios (y por tanto no convertibles en un algoritmo) pero tampoco particularmente cualificados, sobre todo en el ámbito de los servicios personales. El fenómeno de crecimiento del primer y tercer tipo de trabajos a costa del segundo se conoce como polarización, y es el economista David Autor quien más y mejor ha trabajado sobre el tema. Parece que se da más en Estados Unidos que en otros lugares, en tanto que se trata de un mercado laboral más liberalizado y con mayor presencia de innovaciones tecnológicas. Es en este espacio donde las plataformas «intermediarias» de servicios personales vienen a triunfar.

Pensemos por un momento en un modelo simple y caricaturizado de sociedad occidental, pero que sirve para ilustrar la idea. Por un lado tenemos a un grupo de gente que dispone de habilidades ampliamente demandadas por el mercado laboral. Una hora de su tiempo, por tanto, vale mucho dinero porque hay bastante gente dispuesta a pagar por ello. Por el otro nos encontramos a otro grupo que tiene habilidades menos apetecibles para los empleadores. Pero sin embargo disponen de capital que poner a disposición de aquellas personas que están en lo alto de la escala laboral. Pueden llevar y traer, alojar, cortar el pelo o cuidar a los niños de quienes disponen de los mejores puestos de trabajo. Estos se permiten pagar por dichos servicios en tanto que una hora de su tiempo es más valiosa que su precio. Nada nuevo bajo el sol de la especialización de la economía: lo único que cambia es la intensidad de la polarización y la atomización de quien se encuentra en el extremo pobre del continuo.

Ni lo uno ni lo otro elimina el potencial de conflicto inherente a cualquier relación de explotación (permítanme el ramalazo). Por mucho que las plataformas se empeñen en autocalificarse como meros lugares de encuentro, puros marketplaces, en realidad quienes para ellas trabajan ya se han dado cuenta que son mucho más que ello. La atomización y la polarización retrasan y dificultan la organización de los trabajadores, pero no la eliminan. Ya tenemos huelgas y manifestaciones llevadas a cabo por conductores de Uber, por ejemplo. No estamos ante una revolución en el mercado laboral, ni de servicios. Se trata, si acaso, de otra vuelta de tuerca a una tendencia general de liberalización segmentada (llamémoslo así) en las economías occidentales, donde unos salen ganando mucho más en poder de negociación, en capital humano, en salarios, que otros.

En resumen, sí: es una excelente noticia que ahora podamos dar más espacio al mercado, facilitar encuentros que antes no tenían lugar. Bienvenidas sean, pues, estas plataformas. Cualquier intento de prohibirlas completamente es una ilusión al mismo tiempo reaccionaria y tecnocrática. Pero no nos dejemos engañar por el espejismo de interfaces limpias y agradables, llenas de luminosas fotografías de stock, envueltas en música de ukelele de fondo. Aparte de los costes de transición, además de las externalidades negativas, el viejo dilema entre libertad y seguridad económica se repite como lo hacía hace décadas, siglos. Como siempre, la elección es tan necesaria como política.

Si asumimos que prohibir el progreso no es lógico, nos quedan tres opciones. La primera es la ruta liberal. Favorecer que todo aquel que pueda ofrecer la parte que desee de su capital y su tiempo lo haga como considere. Dejar que se compita por precios (un salario no es sino un precio por hora de trabajo) y ya está. Tendremos que aceptar a cambio la desigualdad, para algunos un pequeño precio a pagar a cambio de más crecimiento, más mercado. La segunda opción es mantener la situación comparativamente privilegiada de quienes ya estaban en el mercado mientras se permite a los nuevos actores operar en un marco legal distinto o, al menos, difuminado. Esto es lo que pasa hoy en día en España, y se trata a todas luces de una alternativa poco sostenible en el largo plazo. Por último, podemos cambiar la regulación existente facilitando la entrada de nuevos actores pero pidiendo como contrapartida una mínima norma homogénea que asegure la posibilidad de negociar, de canalizar conflictos en plano de igualdad para todos los participantes del mercado. Además de la existencia de una red de seguridad con cobertura universal que (financiada, de nuevo, por todos: plataformas, oferentes y de manera indirecta clientes). Sí, efectivamente: hablamos de regulación laboral y de estado de bienestar. O es que creíamos que los clicks nos iban a librar de la política.

Yo sé cuál es la que deseo para mi país. Pero es una elección meramente normativa, que solo puede explicarse por mis preferencias a favor de la igualdad. El debate queda abierto, y eso es lo que cuenta.

28 Oct 12:23

RAE: Usos de la negrita.

by H

He visto una foto en la que salían Eddie Murphy, Robert Redford y Morgan Freeman.
27 Oct 14:28

Vídeo del Ultrashow en Buenos Aires

by Miguel Noguera
Pero... por favor ¡Aquí podéis ver el vídeo del primer show de la segunda vez que estuve en Buenos Aires el año pasado en el teatro Chacarerean! Agradecédselo al gran Federico Winer y al colectivo Soy Cuyano. Federico organizó los shows y se encargó de grabarlos y editarlos. Aprovecho para deciros que este viernes se juega en Alicante, en Clan Cabaret, y el sábado en la Rambleta de Valencia:

25 Oct 08:32

Marcos de Quinto: «Nuestra competencia es todo lo que se beba, excepto la sopa juliana»

by Ángel L. Fernández Recuero
Sergioski02

Al menos podrian poner en algun sitio que esta entrevista la paga CocaCola, no? Estoy desarrollando una capacidad de detectar ciertas profesiones por su jerga linguistica. Puedo detectar ya politicos y empresarios.

Marcos de Quinto para Jot Down 0

Marcos de Quinto (Madrid, 1958) es licenciado en Economía por la Universidad Complutense de Madrid y MBA por el Instituto de Empresa, también es presidente de Coca-Cola en España y Portugal, piloto de rallies y un activo usuario de redes sociales como Twitter, donde no tiene reparos en hablar de los temas sociales candentes sin medias tintas. Marcos no es un habitual de los medios de comunicación a pesar de tener una brillante trayectoria en la compañía mejor valorada del mundo. Hacemos suya la frase de G.C. Lichtenberg: Todo se aprende, no para exhibirlo sino para utilizarlo.

¿Qué tiene que ver Coca-Cola con la felicidad?

Coca-Cola es la marca que más se asocia al concepto de la felicidad en nuestro país. Esta tesis la conocimos hace ya casi diez años, tras una primera encuesta sobre la asociación espontánea de marcas con el concepto de la felicidad: Coca-Cola resultó ser la primera, y Durex, curiosamente, la segunda.

La decisión de vincular la marca a la felicidad es, y ha sido siempre, de los consumidores y creemos que responde a varios factores como la  percepción acumulada de los valores de la compañía o la sucesión de campañas de publicidad a lo largo de la historia. Ante ese posicionamiento espontáneo, lo que desde Coca-Cola hemos hecho ha sido reclamar ese terreno y seguir regándolo.

Seligman, el creador de la psicología positiva, ha pasado del happiness entendido como bienestar en sentido aristotélico, al flourishing, reforzando  la importancia de la realización personal.  ¿Cree que un factor clave para la felicidad es sentir que progresamos?

Todo el mundo opina, habla, e incluso hay quienes escriben libros sobre la felicidad. Sin embargo, en Coca-Cola España fuimos los primeros, en 2007, en hacer un estudio serio y riguroso sobre el tema, financiado por el Instituto de la Felicidad. Tras el estudio, muchas de las cosas que la gente afirmaba y escribía sobre este tema quedaron en cuestión.

Con todo mi respeto hacia Seligman y el resto de autores que escriben sobre el tema, escribir sobre la felicidad es relativamente sencillo. Me explico; la mayor parte de la gente que escribe su libro y hace sus recomendaciones sobre el tema no ha podido contar con un presupuesto y los recursos necesarios para llevar a cabo un estudio sólido con una metodología rigurosa. Y como en cualquier otro ámbito de la investigación, creo que, en gran medida, estos recursos operativos son los que marcan la diferencia.

Conscientes de eso, desde el Instituto de la Felicidad quisimos dar un paso más y realizar un estudio suficientemente exhaustivo, que pudiera arrojar más información sobre los drivers de la felicidad, uniendo nuestra metodología con la de los expertos en la materia. Como no éramos expertos en el tema, acudimos a referentes en psicología positiva como Carmelo Vázquez y Eduardo Punset, entre otros, y les dijimos: «contadnos qué sabéis acerca de la felicidad y nosotros ponemos la parte de investigación operativa». El propio Punset se mostró positivamente sorprendido por algunos de los resultados, inesperados, de ese primer estudio.

Marcos de Quinto para Jot Down 1

Hace unos días los medios de comunicación se hacían eco de la falta de rigor en lo que se está llamando «la ciencia de la felicidad», desmontando los estudios en los que se apoya. ¿Hasta qué punto está conectada Coca-Cola y su Instituto de la Felicidad con esta «escuela de pensamiento»?

El Instituto de la Felicidad es un ente virtual, no hay un director o una secretaria… lo gestionan profesionales que tienen otro trabajo dentro de Coca-Cola. Su objetivo es ayudar a conocer más y mejor el tema de la felicidad, y para eso lo dotamos desde el principio de un presupuesto al servicio de la investigación en este campo.

Como ejemplo del trabajo que se está desarrollando en este terreno, en los próximos meses haremos la presentación del Índice Pemberton de la Felicidad. Este índice —desarrollado por académicos— se ha inspirado en otros índices científicamente validados, pero incorpora varias mejoras sustanciales, ya que es el primer índice que permite hacer comparaciones entre diferentes países y culturas. Además, probablemente, sea el índice más completo que existe en estos momentos incorporando distintos factores que son determinantes a la hora de medir la felicidad. La propia OCDE está recomendando a distintos países que lo hagan.

Es el resultado de más de un año de trabajo y que ahora vamos a presentar al público, una vez que ha sido validado por la comunidad científica. Es verdaderamente un orgullo poder afirmar que un proyecto como este ha sido desarrollado gracias a la intervención del equipo de  Coca-Cola España.

Otro de los proyectos que impulsamos es el Congreso de la Felicidad, un punto de encuentro de referencia para todos los expertos del tema y que se celebra cada tres años. Coca-Cola ofrece la plataforma y pone todos los recursos técnicos y operativos que lo hacen posible, pero son los expertos los que hablan y dan voz a la iniciativa. Por poner un ejemplo del perfil de los ponentes, en el congreso contamos con personas como el primer ministro de Bután o la persona más feliz del mundo, que es un monje budista francés.

¿Es necesario dar un aire científico a un producto que no lo necesita? ¿Podría ser contraproducente?

El producto, Coca-Cola, no tiene nada que ver con esto. No olvidemos que Coca-Cola es un producto muy sencillo en su concepción. Lo que ocurre es que este producto se encuentra muy habitualmente rodeado de cosas que las personas asociamos a la felicidad, y de ahí la relación.

Coca-Cola puede estar en los Juegos Olímpicos, en el día del Orgullo Gay y también puede estar en una reunión de jóvenes con el papa. Puede estar en cinco mil sitios y apoyar diferentes causas. Por ejemplo, con el fútbol; cuando nadie lo patrocinaba nosotros teníamos marcadores… pero Coca-Cola no es el fútbol.  Y en esta misma línea hemos querido trabajar nuestra asociación con la felicidad.

Se dice que la publicidad es una de las materias primas con las que está hecha la Coca-Cola. Qué considera más relevante en relación con la afinidad a la marca por parte de los consumidores, ¿el producto o la publicidad?

Coca-Cola es una marca, y una marca es muchas cosas. Es el logotipo, más el envase, más el contenido, más todas las cosas que te puede evocar cuando lo tomas. Todo ese conjunto es lo que es. La marca está por encima de nosotros. Tratamos de administrarla, pero la marca tiene vida propia. La gente vive la marca de distintas maneras. Uno la habrá visto de viaje, en un sitio exótico e insospechado, y asociará la marca a una serie de cosas, y otro a otras completamente diferentes. Esa es parte de su riqueza.

Relacionado con esto, es famoso el intento de cambiar el sabor a la New Coke para acercarlo a Pepsi, pero tuvo que volver al antiguo sabor. ¿Limitó esto la capacidad de innovación en producto de Coca-Cola?

Eso fue hace mucho tiempo. Yo ya estaba en Coca-Cola. Fue muy interesante. Demuestra que Coca-Cola no es el producto, que es una idea.  Si se hiciera un cambio es posible que la gente ni lo percibiera, pero si tú dices que cambias algo que la gente tiene como algo suyo, si lo percibe como algo relevante, se rebela; si algo te da igual, no sucede esto. Lo que pasó denota la fuerza de la marca en los consumidores, que viven la marca como algo suyo. A mí me pareció una maravilla que se produjera algo así, fue una enseñanza para la compañía.

Por supuesto que la compañía innova, en el envase, y en otras cosas, pero la Coca-Cola de siempre deberá existir en cualquier caso, porque es la esencia de la compañía.

Hablando de innovación, se habla de la posibilidad de una Coca-Cola 3.0 más responsable sin el clásico color rojo. ¿Puede comentarnos algo al respecto?

En las redes se escuchan tantas cosas… Te digo que Coca-Cola, entre otras cosas, es la botella con la curva de contorno, es el logotipo, es el color rojo y es el producto. Si cambias cualquiera de ellas, deja de ser Coca-Cola.

Y por supuesto, todas las tintas y pigmentos que empleamos en nuestros envases cumplen  los requisitos regulatorios y se enmarcan dentro de nuestro compromiso con el medio ambiente. De ahí que todos nuestros envases sean 100% reciclables.

Marcos de Quinto para Jot Down 2

¿Quién decide la publicidad que se va emitir en España? ¿Siempre consiguen los resultados esperados?

Tenemos gran autonomía en ese tipo de toma de decisiones. El 90% de las campañas que veis a diario están creadas en España. Para marcas como Coca-Cola, Fanta o Aquarius, desde hace años, todo el trabajo se hace en España con nuestras agencias. Tenemos entre nosotros muy buenos creativos y prueba de ello es que varias campañas españolas han tenido mucho éxito y se han «exportado» a otros países.

Es verdad que hay campañas que funcionan mejor que otras. La publicidad no vende, la publicidad predispone a comprar. Como es lógico,  históricamente la compañía ha tenido campañas muy buenas y campañas no tan buenas. Desde hace tiempo funcionamos de manera bastante descentralizada, y nosotros en España la verdad es que hemos tenido buenos resultados.

Logró colocar el anuncio del portero de fútbol a nivel internacional, descartado inicialmente.

Es cierto que  ha habido momentos en que este tema ha estado más centralizado y en los que trabajar nuestra propia publicidad era más complicado. Hay un libro de Félix Muñoz que recoge todo esto. Sin embargo, como te decía, desde hace diez años en España trabajamos con mucha libertad y autonomía en este campo.

Durante la Gran Depresión Coca-Cola cimentó su situación actual invirtiendo en publicidad cuando nadie lo hacía. La jugada le permitió pasar a copar una parte importante del mercado. ¿Es un enfoque replicable en la actualidad?

En los últimos años de crisis, Coca-Cola ha tratado de mantener su la inversión publicitaria en España. Tenemos que seguir echando gasolina para que el coche no se pare. Hay gente que dice: «No, si el coche anda solo». Y lo cierto es que no. Si una valla es blanca y la dejas de pintar cada poco tiempo, acaba siendo amarilla. Para tener Coca-Cola resplandeciente hay que estar pintándola todos los días.

Hace unos años se generó cierta polémica con un anuncio de Cruzcampo, inspirado en una idea que se había presentado a Coca-Cola. ¿Cómo vivieron esa situación?

Es un ejemplo que a veces yo mismo he puesto en alguna conferencia. No tiene mayor importancia. El estilo de comunicación de Coca-Cola es muy imitado, lo cual es lógico, normal y nos muestra que estamos haciendo las cosas bien.

Es verdad que existe cierto efecto llamada cuando hacemos algo. En fútbol entramos cuando no había nadie. Ahora hemos bajado un poco la presencia porque se ha encarecido. Cuando empezamos a patrocinar música, en los años ochenta, pasó algo muy similar. Por eso también, vamos variando y apostando por otros ámbitos y proyectos. Desde hace unos años, por ejemplo, patrocinamos teatro, y nos encanta que otros se estén subiendo a ese carro actualmente.

Siendo director de marketing, Pepsi se posicionó como el refresco de cola favorito entre los jóvenes españoles. ¿Cómo le dio la vuelta a la situación?

Bueno, no creo que Pepsi Cola fuera el refresco favorito de los jóvenes. Podían decirlo, pero no lo era. Hay que reconocer que en aquella época estaban haciendo un trabajo extraordinariamente bueno, y nosotros no tanto.

Recuerdo que la agencia BBDO había hecho el anuncio este de los bebés que lloraban. Por cierto, estos creativos trabajan ahora para nosotros en la agencia Sra. Rushmore: Miguel García Vizcaíno y Marta Rico. Hacían un trabajo muy bueno. La directora de marketing de Pepsi Cola era Carmen Abril. Hicieron un trabajo magnífico, ya digo, pero no creo que llegaran a ser nunca la marca favorita de los jóvenes, pero sí se acercaron, y nuestro trabajo era impedirlo.

A mí me encanta que haya competencia. Pepsi Cola en aquel entonces nos empujó, nos ayudó a reaccionar. Cuando no tienes competencia te vuelves más predecible. El hecho de que en el sector esté Pepsi a nosotros nos ayuda. Y en el plano personal tengo muy buenas relaciones con el actual equipo directivo de Pepsi Cola.

Ahora vuestra competencia tal vez sea Red Bull… ¿Lo ven así?

Nuestra competencia es todo lo que se beba. Excepto la sopa juliana [Risas]. Cuando vas a un bar por la mañana no dices, «¿Qué me tomo, una Coca-Cola o una Pepsi?». No. Dices: «Me tomo una Coca-Cola, o me tomo una cerveza, o un té…». Esa es la elección que te planteas. Competimos con todos…

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En las memorias empresariales de Neville Isdell, ex-CEO de Coca-Cola, habla de España como la joya de la corona de Europa y de usted como un empresario muy innovador. Cuéntenos por qué.

Neville Isdell  fue un presidente muy bueno y el actual, Muhtar Kent, también lo es. Con Neville, que es por quien me preguntas, pude trabajar en el pasado y es verdad que siempre conté con su apoyo.

Respecto a mí, llevo ya treinta y dos años en Coca-Cola, y es cierto que tengo la etiqueta de ser «algo rebelde», en cuanto a que he intentado hacer  las cosas con mi propio sello, pero pensando siempre en lo mejor para el negocio. Creo que Coca-Cola es una compañía que lo posibilita. En el fondo es una «resultadocracia»; si tu forma de trabajar da resultado, Coca-Cola te permite ser como eres. He tenido la suerte de que mis iniciativas no han salido mal y gracias a ello he podido disfrutar de bastante libertad y autonomía para seguir aportando a la marca.

Coca-Cola es una de las marcas más valoradas del mundo. ¿Cómo lleva la responsabilidad de gestionarla en un país como España?

Es una marca tan grande y reconocida que hacerlo muy bien tiene un impacto relativo y hacerlo muy mal también tiene un impacto relativo. De lo que se trata con una marca de este calibre es tratar de no equivocarse mucho y tratar de ser fiel a los valores de la marca. Hacer cosas que te hagan sentir orgulloso y hacerlo bien y con criterio.

Dentro de cincuenta años tendremos información valiosísima sobre la felicidad de la gente que vivía en el siglo XXI. Y será gracias a una marca comercial. Estamos haciendo cosas que, de alguna manera, nos hacen sentir orgullosos de trabajar en Coca-Cola.

Lleva más de tres décadas en Coca-Cola y su agenda siempre está a tope. ¿Consigue sacar tiempo para usted?

Es cierto que dedico mucho tiempo a mi trabajo y paso bastante tiempo en la oficina y viajando. Lo que pasa es que también vivo. Es importante vivir entre otras cosas para estar al día y saber lo que pasa fuera.

Es bastante habitual verle en los medios de comunicación, además de ser muy activo en redes sociales. ¿Cómo le afecta ser una persona conocida en el desempeño de su trabajo?

Últimamente, como me hacéis entrevistas, hay gente que me empieza a reconocer. Pero lo cierto es que llevo toda mi vida sin tener un perfil público, lo cual me permite mucha libertad en este sentido.

Por ejemplo en la oficina, es muy frecuente coincidir con becarios en las máquinas de Coca-Cola que no saben quién soy. También he salido mucho al mercado con nuestros vendedores, así se ven las cosas de manera diferente, y conoces otros puntos de vista. Al final lo importante es conocer muy bien el mercado y lo que realmente está pasando.

¿Cómo ha vivido Coca-Cola en España todo el proceso de transformación digital? Tengo entendido que también han sido pioneros tanto dentro como fuera de la compañía.

Así es. Realmente te sorprenderías si te cuento todas las cosas que hemos hecho en digital. Irene Cano, Country Manager de Facebook en Iberia, te puede decir lo importante que fue el «Movimiento Coca-Cola» para el desarrollo de la red social en nuestro país.

La primera comunidad que existió en fue la de Coca-Cola. También fuimos pioneros con los beepers cuando todavía no se usaban los SMS. El primer juego online simultáneo con Flash lo hicimos nosotros. Ahora estamos con aplicaciones móviles como Whatsred. Y mantendremos esta línea porque es la verdadera esencia de Coca-Cola España. Hemos estado y estaremos siempre en primera línea de la innovación digital a nivel mundial.

¿Qué aporta Whatsred sobre las aplicaciones que ya hay en el mercado?

Todo. Whatsred es otro mundo.

Las aplicaciones del sector que existen hoy no tienen como objetivo ayudar a la hostelería. Si tú quieres, por ejemplo, permitir que en una de estas aplicaciones se pueda reservar en tu restaurante, tienes que ceder hasta una 40% del importe como comisión. Al final son meras centrales de compras por las cuales tienen que pasar los establecimientos de hostelería y compartir así una parte de su margen. De alguna forma, estas aplicaciones terminan controlando el negocio, haciéndose mayoristas y aprovechándose de una infraestructura que ya existe.

Whatsred es todo lo contrario. Lo que permite es dar a los hosteleros una herramienta, de manera totalmente gratuita y sin el compromiso de que las acciones estén vinculadas con Coca-Cola; se puede ofertar Pepsi, cerveza o lo que los establecimientos consideren más adecuado para sus negocios. Antiguamente nosotros, para ayudar a un bar a vender, le dábamos unas pizarras —el cocinero— que se ponían en la puerta, donde anotaban con tiza el menú. Esto es Whatsred. Pero ahora las ofertas se anuncian con una tableta o un móvil y están visibles para todo el mundo. Además, permite analizar las ofertas y los planes mediante estadísticas, etc. Es una herramienta de marketing totalmente abierta, intuitiva y gratuita para el hostelero.

Se repite la historia. Algunas compañías cerveceras parece que se han subido al carro y ahora también hacen campañas para que la gente acuda a los bares.

Es cierto que después de que en 2013 lanzáramos «Benditos bares» y «el día de San Bartolo», otras empresas comenzaron a lanzar campañas similares. Pero nosotros fuimos los primeros en mostrar este compromiso con los hosteleros, buscando siempre la mejor forma de ayudar y apoya a un sector que lo estaba pasando francamente mal. En cualquier caso, pienso que siempre es motivo de orgullo que otras compañías de la competencia traten de imitar nuestras acciones; te reafirma como líder y significa que tus ideas gustan y funcionan.

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¿Por qué tomaron la decisión de apoyar la hostelería? ¿Había que frenar la caída de consumo en el sector?

La mayoría de los establecimientos de hostelería no tiene  la capacidad de hacer marketing a escala. En 2013, el objetivo de «Benditos Bares» era hacer la campaña que los bares hubieran querido hacer. Por eso sale gente tomando café y otros productos. Creo que ahí se ve claramente el compromiso de Coca-Cola con un sector que lo ha pasado francamente mal estos años.

Hay solo dos o tres países donde no se vende Coca-Cola: Myanmar, Corea del Norte y no recuerdo si Cuba. ¿Es una decisión de la empresa o dependen más de factores externos como encontrar socios locales?

En Myanmar empezamos a vender hace unos meses. El negocio lo ha puesto en marcha mi compañero Manolo Arroyo. Ya solo quedan Cuba y Corea del Norte.

No, nunca es una decisión empresarial. Existen bloqueos. Coca-Cola está radicada en EE. UU. Cuando existe un bloqueo a un país determinado no puedes operar en él. Recuerdo que en 1995 yo fui el responsable de abrir en Vietnam, y solo pudimos hacerlo cuando Clinton levantó el embargo.

Cuando EE. UU. levante el embargo a Cuba, habrá fábricas de Coca-Cola de manera inmediata. En Corea del Norte lo mismo, pero de momento no podemos operar en esos países.

Coca-Cola Zero es ya un éxito de ventas en España pese al debate que hay sobre los edulcorantes. Ahora que la EFSA se ha pronunciado diciendo que el aspartamo es seguro ¿cree que Coca-Cola Zero acabará vendiendo más que la original?

Es difícil preverlo a día de hoy. Los edulcorantes (como el aspartamo) son uno de los ingredientes más testados en la historia de la nutrición en el mundo. Y la conclusión es evidente: son seguros y una alternativa para aquellos que quieran reducir la ingestión de azúcar.

Estoy seguro de que si tú a una zanahoria la sometieras a los mismos análisis, hoy las zanahorias estarían prohibidas. El problema es que al igual que hay gente a la que le puede interesar que el azúcar sea malo, hay gente a la que le interesa que sus sustitutos también lo sean, y por eso se ha tratado de generar dudas alrededor de este producto que, efectivamente, cumple todas las normas de seguridad alimentaria.

En todas estas afirmaciones, lo que hay que comprobar siempre es que haya estudios con rigor que las soporten.

Coca-Cola vende agua embotellada. ¿Cree que se puedan ver afectados por la posible escasez de alimentos en un futuro cercano?

No hay escasez de alimentos. Lo que hay es una mala distribución de alimentos. Hay alimentos para alimentar a todo el mundo si estos se pudieran distribuir de la manera adecuada.

Respecto al tema del agua, somos un player más. El agua embotellada es un segmento muy grande en el que nosotros competimos. Nuestra labor es darle a la gente los productos que demanda. Si la gente toma agua embotellada nosotros vamos a participar en ese mercado. Yo tomo agua del grifo, en el caso de Madrid está muy bien.

En Europa, existe una legislación muy clara respecto a la explotación de los manantiales de agua mineral, que asegura justo eso, la protección de los recursos naturales y que de alguna manera solo se extraiga lo que sobra. Si no el agua mineral vería alterada en su composición, y no se podría comercializar.

Los nueve presidentes de Coca-Cola a nivel mundial son y han sido hombres. ¿Hay un techo de cristal para que las mujeres ocupen puestos directivos en Coca-Cola?

En Europa hasta hace muy poco, la presidenta era una mujer, Dominique Reiniche. En Asia estuvo Mary Minnick, que era muy amiga mía. Y en España, la presidenta del embotellador es una mujer, Sol Daurella. Ha habido tanto hombres como mujeres y confío en que poco a poco haya cada vez más mujeres. No obstante, la baja representación de las mujeres en posiciones directivas no es un tema exclusivo de Coca-Cola. Sucede en muchas empresas. Pero por nuestra parte quiero destacar que no hay nada detrás de ello.

¿Cree que poco a poco está situación cambiará y se logrará alcanzar un nivel mayor de diversidad entre hombres y mujeres directivos?

Sí, y es un tema en el que personalmente estoy muy interesado. En Coca-Cola tenemos un comité de diversidad, precisamente me reúno mañana con ellos. A veces tenemos la percepción de que no hay oportunidades por el machismo, y donde realmente se produce el machismo es en el ámbito doméstico, es ahí donde está el problema en muchas ocasiones. A menudo escuchamos que se sacrifica la carrera porque si no se rompe el matrimonio; y claro, es más fácil achacarlo a la empresa. Pero cuando lo analizas realmente el gran machismo está en la esfera privada, en casa.

Dos personas que han estudiado en la misma universidad, que se casan, que trabajan en un trabajo y ambiente similar, que tienen las mismas responsabilidades, los mismos horarios, ambos tienen niños… si al final cuando hay un problema, si cuando hay que llevar a los niños al médico, faltar por lo que sea, los roles se dividen, acaba repercutiendo en la carrera profesional. Es un problema doméstico, en mi opinión.

He llegado a escuchar al embajador de un país bastante desarrollado decir que en su país ponían guarderías en el trabajo para facilitar que las mujeres pudieran conciliar su vida profesional con su vida laboral. No hay nada más machista: porque lo que se está diciendo en el fondo es que los niños son cosa de las mujeres.

Lo importante es tener presente que se trata de un problema mucho más profundo, sociológico.

¿Ana Botín está en el Consejo de Coca-Cola en Atlanta?

Sí. Porque el presidente de la compañía se fijó en ella hace mucho tiempo y le propuso que se uniera, porque puede aportar muchísimo, tanto por su preparación técnica en temas financieros como por su preparación humanística y su visión global. De hecho, ella no es la única mujer en el Consejo de Coca-Cola, que está bastante equilibrado entre hombre y mujeres.

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El ERE de las embotelladoras por el cierre de algunas plantas ha puesto a Coca-Cola en los medios. Por el contrario hay muchos otros casos de otras grandes empresas que han tenido mucho menos eco. ¿Cómo se explica esta situación?

El ERE que han realizado los embotelladores no se plantea por una razón económica, sino  como fruto de una consolidación y reorganización industrial. Se fusionan las siete antiguas embotelladoras para crear un proyecto único, de futuro. Coca-Cola Iberian Partners busca ser una empresa más competitiva para volver a crecer y generar empleo tanto dentro como fuera de España.

Y como cualquier proyecto de futuro, solo se puede hacer trabajando conjuntamente con tus empleados. De ahí que, ante la necesidad de hacer algunos ajustes de plantilla, la empresa lo primero que hace es ofrecer prejubilaciones y bajas voluntarias incentivadas; y la posibilidad de seguir en la empresa a todo aquel que quiera seguir trabajando, siempre y cuando estén dispuestos a trasladarse de función o ubicación geográfica. Todo de una manera ejemplar y en unas condiciones económicas tremendamente ventajosas, muy por encima de lo que contempla la legislación actual y de lo que están ofreciendo la mayoría de las empresas.

Así se entiende la respuesta que tuvo el plan presentado por la empresa, que afectaba a unos mil doscientos trabajadores… ¡Y se apuntaron mil setecientos! Al final ya se ha encontrado una solución para algo más de novecientos cincuenta trabajadores y tan solo sigue abierto el caso de una minoría de los empleados de la planta de Fuenlabrada, unos doscientos treinta trabajadores que no se acogieron a las medidas presentadas.

En este contexto, pues sí, nos ha sorprendido mucho la virulencia con la que han reaccionado los sindicatos y la notoriedad que se le ha dado a este asunto. Curiosamente, los sindicatos han atacado mucho a Coca-Cola mientras que en otros ERE con peores condiciones y mucha más gente involucrada,  los sindicatos no han dicho nada. EREs que ellos mismos han hecho dentro de sus propias organizaciones. Es muy significativo que después de toda la polémica, los propios sindicatos están pidiendo «las condiciones de Coca-Cola» en otros EREs que están negociando en otras compañías. Es fácil conseguir notoriedad con una marca como la nuestra.

¿Son en su opinión los sindicatos un interlocutor válido para los trabajadores en el siglo XXI?

Deberían serlo. Realmente creo en los sindicatos, creo que son imprescindibles. El tema es que la regeneración es cada vez más necesaria, en todos los ámbitos: partidos políticos, agrupaciones empresariales y sindicatos. Hoy muchas de estas instituciones funcionan por su cuenta, no son representativas, ni asociaciones ni sindicatos.

En el caso de Coca-Cola ha sido un tema bastante curioso, porque los sindicatos se negaron a negociar el ERE durante las cuatro semanas que da la ley. En ningún momento se sentaron a negociar. La oferta tan generosa que hizo el embotellador la hizo unilateralmente. Como no se sentaron a negociar, la empresa presentó voluntariamente su propuesta. Un sindicato, USO, salió diciendo que deberían haber negociado ya que si se habían dado todas estas posibilidades sin haber habido una negociación, seguramente se hubieran podido sacar más.

Habría que preguntarse si los sindicatos están defendiendo a los trabajadores o están utilizando a Coca-Cola para hacer bandera contra la reforma laboral y si realmente los trabajadores salen beneficiados con esta estrategia.

¿Es algo nuevo o empieza  a ser costumbre el utilizar la marca?

De siempre, por lo que hablábamos, es más fácil conseguir notoriedad con una marca como Coca-Cola.

Lo que pasa es que cambian los medios. Recuerdo cuando era director de marketing aquí en España en los ochenta, ya  a finales, que cuando había un programa en televisión que no gustaba a estas asociaciones de las buenas costumbres te llegaban cartas de señoras donde la misma señora firmaba de veinte maneras distintas para que se retirara el programa. Eran cuatro y te enviaban mil cartas. Acabarían con la muñeca fatal. Ahora esa gente con veinte personalidades distintas lo hace, pero con otras herramientas, como Twitter, por ejemplo. Tratan de tener más visibilidad a través de marcas notorias.

Es muy activo en Twitter, comparte opiniones, da ideas y responde de manera personal. ¿Hay un «libro de estilo» o actúa con sentido común?

Para mí Twitter es como salir a la calle y hablar con la gente. Puedo hacerlo en la calle real o en la virtual. Por supuesto, soy respetuoso y trato de no ofender a nadie.

Tengo un sentido individual de la responsabilidad y por ello no voy a hacer nada inapropiado, independientemente de que trabaje o no en Coca-Cola. Por ello mi Twitter es eminentemente personal y trato de no comentar mucho los temas de Coca-Cola. No obstante, me gusta defender mi derecho a ser ciudadano y expresar todas mis opiniones, y es algo que creo que estamos perdiendo en la sociedad de hoy en día.

¿Qué libro está leyendo? ¿Cuál nos recomendaría?

Por lo general, prefiero leer ensayo y poesía; apenas leo novela. El otro día me compré las obras completas de Juan Mayorga. Sin duda os las recomiendo. Me parecen espectaculares.

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Fotografía: Guadalupe de la Vallina

25 Oct 08:31

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que obra de arte por dios



24 Oct 14:18

ETHEREUM, LA RED FINANCIERA 3.0 (Colaboración de Rogelio Segovia)

by Julio Gisbert

Ethereum es probablemente la tecnología mas disruptiva, socialmente hablando, de nuestro siglo. Su código, por supuesto abierto, esta disponible en github. Sera sin duda uno de los pilares de la próxima internet, de la Web 3.0, que sera una web descentralizada y encriptada, incluida la propia infraestructura de la red, que consistirá en conexiones P2P entre nuestros routers wifi. Para entendernos, la compañía telefónica seremos todos conectándonos entre nosotros (excepto para larga distancia), igual que todos seremos la red eléctrica conectando nuestros renovables. Con ethereum, se abre la posibilidad de que el sistema bancario podamos ser todos y todas.


Me pide Julio que resuma en un folio. Intentare transmitir la esencia de ethereum, un concepto desarrollado en su blog, poblando el texto de enlaces para quien quiera profundizar. Lo último de ethereum se cuece en su foro y en su reddit.


El truco explicado en el ethereum white paper es el mismo que el de Bitcoin y otras criptomonedas. Efectivamente, los bancos usan unas bases de datos, - sobre las que tienen el control oligopólico -, para registrar nuestras transacciones. La economía solidaria usa igualmente hasta el día de hoy bases de datos, en sistemas como Cyclos, para llevar los registros de las transacciones entre los socios. Para la economía solidaria esto es un sistema muy vulnerable. Una orden judicial, en el momento en que el sistema se vuelva molesto, puede hacer incautar la base de datos. Bitcoin, sin embargo, ha resistido todos los ataques. Una comisión del senado del imperio con participación de la CIA, el Departamento del Tesoro, y otras agencias del poder con mayúsculas, lo han tenido tenido que aceptar: Bitcoin no se puede parar, así de simple. Seria muy deseable que toda la economía alternativa, especialmente la economia solidaria con los mas marginados se construyera sobre pilares igualmente invulnerables.


La magia esta en la cadena de bloques. La base de datos de las transacciones no esta en ninguna parte. Cada participante tiene una copia de la base de datos, “la cadena de bloques”, con lo cual hay miles de millones de copias. Cuando un socio realiza una transacción con otro, ambos firman digitalmente la transacción y el documento, que incluye el saldo final de ambos, se añade a la cadena de bloques. Una serie de “notarios”, llamados mineros, efectúan una serie de comprobaciones criptográficas de que las firmas son conformes, y una vez hay un consenso suficiente de “notarios” la transacción queda registrada para siempre en la cadena de bloques y repartida por miles de millones.


Lo novedoso del diseño técnico de ethereum es que en la cadena de bloques se pueden incluir no solo transacciones sino también documentos llamados Smart Contracts, que especifican como debe tratarse una transacción. Por ejemplo, se puede especificar que cuando llegue un deposito a una cuenta, su importe se reparta entre los dos socios de esa cuenta, a uno un 40% y al otro un 60%. La idea de los smart contracts es una idea desarrollada por un profesor de leyes de la George Washington University School of Law llamado Nick Szabo, que llego a diseñar un lenguaje llamado e-rights, para formalizar el lenguaje legal usado en los contratos. A la postre, toda moneda es una forma de contrato del emisor con el portador, en su mayoría un contrato ricardiano. Ethereum posibilita poner ese tipo de contratos en la cadena de bloques. Para programarlos se usan unos lenguajes inspirados en el e-rights relativamente sencillos, como LLL o Serpent.


Bitcoin es una moneda relativamente estúpida con una masa monetaria fija basada en el modelo del oro, muy del agrado de los economistas liberales de la escuela austriaca. Los instrumentos de intercambio que se usan en los sistemas de monedas complementarias, como en los sistemas LETs, bancos de tiempo y otros sistemas de crédito mutuo, suelen tener una masa monetaria variable (el crédito autorizado multiplicado por el numero de socios), y admiten saldos negativos. Pero también hay “monedas” de masa fija que representan, por ejemplo, la producción de una cooperativa agrícola. En realidad podríamos definir una moneda para cada bien, donde la promesa del “pagara al portador” sea por ejemplo en KW/h, o bien en tomates. Podemos diseñar una moneda que permita crear de la nada la cantidad que se desee, - como se hace en la banca de reserva fraccional -, en forma de crédito P2P poniendo unos plazos para su devolución, donde el análisis de la solvencia del prestatario se haya democratizado radicalmente, entregando esta capacidad a la colectividad. Podemos imaginar una “moneda” que represente bienes duraderos, como la vivienda, y usarla como instrumento financiero alternativo a la hipoteca, sin crear deuda y por supuesto sin intereses. Podemos también imaginar una “moneda” en la que ciertas transacciones deben ser votadas por un numero determinado de socios, o por los miembros del equipo directivo, como es el caso de una cooperativa descentralizada o de una asociación de solidaridad.


Dicen que los Tercios de Flandes, con todo su respaldo del oro de las Américas, fueron derrotados en realidad por los instrumentos financieros mas avanzados de los flamencos para financiar la guerra. Ethereum permite diseñar todo este ecosistema de monedas de forma muy sencilla. Sera sin duda un potente sistema de empoderamiento popular.


Ethereum proporciona la infraestructura de una red financiera descentralizada sobre la que colectivos organizados en DAOs (“decentralized autonomous organizations”) pueden operar con monedas o contratos que ellos definen. Es una red que usa una especie de tasa Tobin, llamada gas, para pagar a los “notarios” de la red, un puesto para el que no hay que hacer oposiciones sino simplemente prestar capacidad de computo a la red. Las monedas-contrato pueden ser globales o restringidas a los miembros de un colectivo.


Cualquiera puede crear una nueva moneda sin que haga falta un gigantesco esfuerzo de computación para minar los “coins”. Para crear una moneda fiat basta poner en ethereum un Smart Contract con 10 lineas de código que diga “esto es una moneda que se llama miMoneda y tiene 10.000.000 de unidades”. Enseguida se puede empezar a hacer transacciones con quien la acepte como moneda. El minado lo proporciona el sustrato ethereum, un minado pensado para evitar las concentraciones de poder que se han producido en Bitcoin.


Ethereum permite soñar con diseñar sistemas de gobierno asociativo donde la moneda de curso legal fuera una moneda soberana emitida de la nada por todos los ciudadanos en una cantidad alícuota votada previamente, y prestada al gobierno para ser usada en los presupuestos del estado, y luego devuelta a los ciudadanos, tras recoger los impuestos, para su destrucción. Es mas, cada ciudadano o ciudadana podría enviar a cada Ministerio la proporción que estime razonable de la parte alícuota creada por el o ella, haciendo así que las líneas presupuestarias de los PGE sean “votadas” en voto radicalmente directo.


El plan de desarrollo de ethereum planea tener para finales de 2015 un “monedero” popular, para PC y móvil, capaz de operar con todas las monedas y dar un servicio de intercambio. De momento hay interfaces para hacer test y pruebas de concepto de los diferentes Smart Contracts. Los mas usados son ethereum goAlethZero y ethereum java, todos en windows, OS y linux.


Ethereum no es mas que una herramienta que también puede ser usada para definir instrumentos financieros al servicio del poder. Es urgente crear antes instrumentos mas potentes al servicio de una sociedad mas libre, mas justa y mas sostenible. Yo animo a que, como un primer paso, los equipos informáticos que dan soporte a las decenas de monedas sociales de nuestro país empiecen a diseñar y probar sobre ethereum contratos que reflejen el modelo de negocio especifico de su moneda. Ya definiremos modelos mas complejos según vayamos aprendiendo colectivamente.


Links:



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   Rogelio Segovia segovro@gmail.com




23 Oct 21:31

¿A cuánta gente te has tirado?

by Sergio Parra

A pesar de que nos gusta ahondar en las intimidades sexuales de los demás a través de análisis y encuestas, tal acto voyeurístico tiene algo de estéril.

Diversos estudios sugieren que resulta imposible averiguar lo que realmente hace la gente en la intimidad (ni siquiera la gente es muy consciente de lo que hace, de lo que quiere hacer ni de lo que sería capaz de hacer en lo tocante a la sexualidad). Algo así como el gato de Schrödinger venéreo. Y, además, lo poco que sabemos contradice la intuición: los que menos nos imaginamos son los que más sexo tienen.

¿Grito de placer?

La incapacidad para conocer los secretos de alcoba nos retrotrae a una anécdota que ocurrió el 12 de febrero de 2007, a primeras horas de la mañana, en la calle South Main, en el suburbio de Milwaukee de Oconomowoc. Cuando un tipo llamado James Van Iveren, de 39 años, oyó unos gritos femeninos desgarradores que procedían del piso de arriba.

No tenía teléfono para llamar a la policía, de modo que enarboló una espada que había comprado como reliquia, subió la escalera como un samurái y tiró abajo la puerta de su vecino. Y encontró a su vecino, Bret Stieghors, un estudiante de 33 años, viendo una película a todo volumen llamada Casa de culo. El problema es que la película era latina, y el vecino no entendía ni una palabra: solo los alaridos, que no interpretó como ruidos de placer, sino como una elocuente llamada de auxilio.

Van Iveren fue acusado de allanamiento de morada y mucha gente se río a su costa cuando la noticia apareció en los medios. La mayoría de nosotros no solemos cometer esos errores, ¿verdad? No tan deprisa. Al fin y al cabo, la diferencia entre un alarido de terror y otro de placer reside esencialmente en el contexto. Tanto es así que, en el contexto claramente lúbrico, hay mujeres que fingen placer cuando en realidad no lo sienten y los hombres lo asumen como fidedigno, marcando una muesca ilegítima en su autoestima sexual.

Por si fuera poco, aunque nuestra pareja sexual no dé muestras de haber disfrutado con nuestro baile de caderas, puede que reconstruyamos la historia a medida que transcurra el tiempo a fin de que favorezca, de nuevo, nuestra autoestima. La contaremos a los demás como si fuera verdadera, y nosotros mismos creemos que es verdadera. Pero no lo será. Frente a la encuesta, ¿disfruta su pareja del sexo con usted?, responderemos que sí. Este efecto psicológico del autoengaño se denomina sesgo a posteriori y nadie está exento de padecerlo.

Incluso los historiadores profesionales son proclives a cometer este error cognitivo: por ejemplo, tras analizar un hecho histórico importante, como el bombardeo de Pearl Harbour, se distinguirán los factores relevantes de los irrelevantes con mayor facilidad, y se creerá que lo ocurrido, dadas las circunstancias, era inevitable. Esta clase de narrativa nos suena bien, pero no refleja los hechos tal y como sucedieron.

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¿Con cuántos?

Imaginemos que alguien nos interpela sin cataplasmas: ¿con cuántas personas has cohabitado? Según Norman Brown y Robert Sinclair, en Journal of Sex Research, nuestra respuesta no será sincera. O si es sincera, no será realista. Las respuestas, además, serán distintas si somos del sexo femenino o del masculino.

En las encuestas, los hombres suelen afirmar haber tenido cuatro veces más parejas del sexo opuesto que las mujeres. En Estados Unidos, por ejemplo, la cantidad media de parejas sexuales femeninas de un hombre es de siete, mientras que la cantidad media de parejas masculinas para las mujeres es de cuatro. Algo que no encaja si tenemos en cuenta que los hombres se acuestan con las mujeres.

Esta divergencia parece darse también en otras actividades relativas al sexo, como si se ha practicado sexo anal, la duración media de un coito o la frecuencia de estos. Así pues, no parece posible que todos mientan deliberadamente: más bien tienden a recordar selectivamente lo que se espera de ellos, lo más estereotipado, esto es: los hombres son más sexuales, las mujeres son menos sexuales.

Estas cifras también varían en función de la riqueza del propio país: en los países ricos, la media de parejas sexuales es diez; en los pobres, seis, según un estudio de Miguel Fontes y Peter Roach.

Y finalmente, los estudios sobre las costumbres sexuales desafían nuestras intuiciones más arraigas: son los bajitos y los que destacan menos físicamente los que porcentualmente tienen más sexo. Es al menos lo que sugiere un estudio realizado por investigadores húngaros y publicado en la revista The Journal of Sexual Medicine. Tras analizar a 531 participantes heterosexuales con edades comprendidas entre los 20 y los 54 años, los que tenían más encuentros sexuales eran los que medían menos de 1.75 m, pesar menos de 78 kilogramos y con una circunferencia de cintura normal. La razón podría ser que los bajitos compensan su falta de atractivo físico empleando señales que denoten estatus social elevado. ¿Ahora empezamos a entender a Tom Cruise o Sarkozy?

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¿Te acostarías con ella?

Diversos experimentos sugieren que si se pregunta a un hombre si estaría dispuesto a tener sexo con una mujer que no conoce, así, de repente, pero que resulta agradable para la vista, un gran porcentaje aceptará. Si se formula la misma pregunta a una mujer, la mayoría declinará la oferta. Pero eso no nos está informando acerca del deseo sexual de ambos sexos, ni de lo que piensan realmente. Como se ha dicho antes, ambos sexos responden socialmente lo que se espera de ellos. Por eso cuando Diane Keaton afirma que el sexo sin amor es una experiencia vacía, Woody Allen le replica: «Sí, pero como experiencia vacía es de las mejores».

Además, frente a preguntas hipotéticas, no sabemos prever realmente lo que haremos en el futuro. Los que afirman que nunca se acostarían con una menor pueden responder justo lo contrario, si la misma pregunta se formula tras haberles excitado sexualmente con una película pornográfica. Dan Ariely nos explica este experimento en su libro Las trampas del deseo: Cómo controlar los impulsos irracionales que nos llevan al error: sobre si tendrían sexo con una chica de doce años, los hombres excitados respondían que sí en un 46 % de los casos; los no excitados, en un 23 %.

Incluso fatigando el ego se obtienen respuestas distintas, pues la fuerza de voluntad no siempre es igualmente sólida. En un estudio realizado por Gailliot y Baumeister publicado en Personality & Social Psychology Bulletin, se evaluó lo emocionalmente cerca que un participante debía sentirse de otra persona antes de tener sexo con ella. La mitad de los participantes estaban realizando una tarea debilitadora del ego (tachar letras según unas reglas cambiantes).

Tras hacerles imaginar una infidelidad en una habitación de hotel, los que consideraban que el sexo informal era una experiencia vacía no cedían tanto a la tentación como los que consideraban el sexo informal como algo divertido y deseable. Sin embargo, este segundo grupo, cuando el ego estaba fatigado, cedían más fácilmente a la tentación. Lo más llamativo es que si la fuerza de voluntad no estaba debilitada, ambos sexos respondían casi igual. Pero en caso de tener el ego fatigado o concentrado en otros asuntos, los hombres se imaginaban cediendo más fácilmente que las mujeres.

Es decir, liberados del autocontrol, parece que los hombres se dejan llevar más fácilmente por lo que pronostica la psicología evolutiva: fecundar al máximo de hembras posible, y ellas ya se encargarán de criar a los futuros vástagos, ya sea solas o en compañía de otro hombre que seduzcan. Las mujeres, sin embargo, tienen un programa evolutivo distinto: no puedo permitir que me fecunde cualquiera, porque luego no puedo garantizar que me apoye con recursos suficientes para criar a nuestro hijo. Estamos hablando, claro está, de que estos instintos se fraguaron en la Edad de Piedra, pero sobreviven en las capas más antiguas de nuestro cerebro a pesar de que las circunstancias hayan cambiado.

Los mismos investigadores, de hecho, repitieron otro experimento real, no imaginado, entre parejas reales que ya llevaban juntas mucho tiempo y parejas que hacía poco que salían. Tras agotar cognitivamente a las parejas por separado, las reunían en una habitación y las invitaban a darse pruebas de cariño durante tres minutos (a solas). Finalmente, la pareja debía describir en un párrafo lo que habían hecho. Las parejas más experimentadas, al parecer, eran menos físicas y apasionadas; las poco experimentadas: «Se besaban con la boca abierta durante un buen rato, se toqueteaban y se acariciaban el uno al otro (por ejemplo, las nalgas y el pecho de la mujer) e incluso se quitaban prendas de ropa para exhibirse más».

En otras palabras, son tantos los engaños, los autoengaños, las influencias y demás factores que actúan al unísono, como una telaraña de micromotivos, que afirmar categóricamente cuál es el comportamiento sexual del ser humano es, a efectos prácticos, como la cuadratura del círculo.

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23 Oct 16:10

En defensa de la representación (o por qué he votado la propuesta Claro que Podemos)

by César Rendueles
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Chex, si tienes que delegar tus decisiones políticas a alguien, haz lo que diga este tio. Joder le invito a mi casa y dejo que se folle a mi hermana.

El sábado pasado, en la Asamblea de Podemos de Vistalegre, Pablo Iglesias terminó su discurso inaugural gritando: “¡Luchar, crear, poder popular!” Me emocionó, la verdad. Me vinieron a la cabeza un par de décadas de manifestaciones en las que se corearon esas mismas palabras. Entonces miré una de las pantallas gigantes situadas a ambos lados del escenario que mostraban tweets sobre lo que pasaba en la Asamblea. Alguien había escrito “Pablo Iglesias dice: luchar, creer, poder popular”. A lo mejor fue un error mecanográfico, pero puede que lo escribiera alguien que nunca había escuchado aquel lema. Y eso me emocionó más todavía. Porque, para qué nos vamos a engañar, todas aquellas manifestaciones concluyeron con sonoras derrotas.

El otro día, por casualidad, asistí en Murcia a una reunión del círculo local de Podemos que se celebraba en una plaza. Casi al terminar una mujer de mediana edad tomó la palabra. Dijo que nunca había participado en política hasta que apareció Podemos. Que estaba siendo una experiencia muy importante para ella, pero que a veces sentía que los activistas con más experiencia se comportaban como si sus opiniones tuvieran más valor que las de los demás. No sé si tiene razón, imagino que dependerá del caso. Pero me hizo pensar en lo poco legitimados que estamos para dar lecciones a nadie tras treinta años largos de fracasos. Me hizo recordar, en definitiva, lo inermes que estamos ante una posibilidad fascinante y aterradora: ganar.

Hace unos meses presencié en Bogotá un debate entre un amigo ecosocialista argentino y un miembro del MAS boliviano. El primero criticó las políticas extractivistas del gobierno de Evo Morales sobre la base de un modelo teórico que comparto plenamente. Fue claro, riguroso y compasivo. El boliviano, en cambio, me pareció un leninista tosco, condescendiente y bastante antipático. Pero la verdad es que mi amigo y yo fuimos incapaces de responder a una pregunta sencilla y nada dogmática que nos planteó: ¿Qué estrategias económicas alternativas debería haber adoptado el gobierno boliviano en lugar del extractivismo que ha servido para financiar hospitales y programas contra la malnutrición? De hecho, podía haber añadido: ¿El hambre de cuántos niños vale el ecosocialismo?

A los izquierdistas se nos ha metido la derrota en los huesos. Nuestra sofisticación teórica es, en realidad, un trastorno político autoinmune.

No quiero volver a hablar del panóptico o el biopoder, sino saber cómo nos las vamos a apañar para democratizar la policía, las prisiones y el ejército. No me importa la polémica entre decrecimiento y keynesianismo; en cambio, necesito entender qué sectores económicos vamos a impulsar o eliminar y si eso es compatible con los ingresos fiscales que hacen falta para ampliar la sanidad, la educación o la ayuda a los dependientes. Quiero saber cómo vamos a convertir el acceso a la vivienda en un derecho universal sin perjudicar a millones de familias entrampadas en hipotecas. Cómo vamos a impulsar el cooperativismo y la participación de los trabajadores en la gestión en las empresas sin crear dinámicas clientelares. Cómo vamos a subvertir los modelos de movilidad en ciudades completamente ordenadas en torno al transporte privado. Y cómo vamos a conseguir que la gente supere el miedo y la aversión a la pérdida y apoye todos esos cambios.

Acudí a Vistalegre sin tener muy claro qué proyecto organizativo prefería para Podemos. Me parecía que el equipo de Pablo Iglesias se había pasado de frenada en cuanto a racionalidad burocrática. Por otro lado, la propuesta del grupo de Pablo Echenique y Teresa Rodríguez de una triple secretaría general no me gustaba nada: según mi experiencia, cuantos más jefes peor. En cambio, soy un firme partidario de emplear el sorteo como forma de participación ciudadana en la gestión de las instituciones públicas, del mismo modo que usamos ese procedimiento para elegir jurados en los tribunales. Tengo menos claro que sea una buena idea comenzar ese experimento precisamente con un partido incipiente, con una agenda política vertiginosa y cuya ventana de oportunidad puede ser de apenas unos meses. Preferiría empezar por Hacienda o el Ministerio de Cultura, la verdad.

Finalmente he votado con muchas dudas la propuesta de Pablo Iglesias. En parte porque asume que el viaje hasta Vistalegre no ha sido una marcha triunfal de movimientos sociales y organizaciones antagonistas, sino una inesperada reunión de perdedores que hemos asomado la cabeza desde un páramo social sin tradiciones organizativas, comunidades de referencia o un idioma ideológico común y que aún no nos acabamos de creer que podemos ganar. En parte porque en el último año he descubierto con absoluta perplejidad que hay personas como Pablo Iglesias, Carolina Bescansa, Ada Colau o David Fernández que sí me representan.

La deliberación democrática en común es un proceso misterioso que apenas alcanzamos a entender. A veces surge de grandes consensos muy resistentes al cambio, otras de ideas geniales e iluminadoras, de una acumulación de microdecisiones individuales, del impulso de una minoría, de la certeza moral o del desafío a las convenciones. Por lo general suele ser una combinación de un poco de todo eso. Lo importante es que funciona y es la base de increíbles progresos morales.

Sin embargo, durante muchos años en nuestro país hemos aceptado vivir en una minoría de edad política, tutelados por las élites económicas y sus expertos que expropiaron los mecanismos de deliberación popular. En mayo de 2011 rompimos ese silencio de décadas y salimos a las plazas para reivindicar la participación democrática activa como un derecho inalienable. Ahora tenemos que dar un paso más y atrevernos a pensar en la manera de devolver también la representación a nuestra caja de herramientas políticas.

No sólo porque la movilización permanente es imposible y finalmente elitista, como recordaba Santiago Alba Rico. Sino porque la representación tiene potencialidades políticas únicas y valiosas. Por ejemplo, permite la evaluación de trayectorias de actuaciones como una unidad consistente. La asamblea es soberana, los representantes no deberían serlo. Tienen que justificar públicamente sus decisiones a lo largo del tiempo como un proyecto coherente. De ese modo, permiten a los electores que los evaluan descubrir aspectos de sus propias convicciones políticas que ellos mismos desconocían.

Eso es precisamente lo que ha hecho el grupo promotor de Podemos en estos diez meses. Nos ha colocado en posición de ganar haciendo exactamente lo contrario de lo que los izquierdistas recomendábamos. No se me ha ocurrido ninguna razón de peso para pensar que  la cosa es diferente por lo que toca a la elección del modelo organizativo que necesitamos en este momento. Y aunque no me atrevería a recomendar a nadie que vote por  Claro que Podemos, creo que he aprendido algo al tomar la decisión de hacerlo yo.

22 Oct 22:05

Parado como Dios Manda / Parado Dudoso

by vilque

pareto


22 Oct 16:25

“Lo que come el mundo” (la infografía, comentada)

by noreply@blogger.com (Antonio Martínez Ron)
dieta0

En las últimas horas se ha hecho muy popular la excelente infografía interactiva de National Geographic bajo el título de "What the world eats" (Lo que el mundo come), una herramienta muy completa que permite comparar el consumo de diferentes grupos de alimentos por países e incluso observar su evolución temporal. Ahora bien, ¿qué significan todos estos datos y qué información útil podemos extraer? Para analizarlo en condiciones nos hemos puesto en contacto con Aitor Sánchez García, dietista y nutricionista autor del blog "Mi dieta cojea", la persona que mejor nos puede orientar en estos asuntos.

Má info en: Lo que la infografía de “lo que come el mundo” nos dice sobre España (Next)

Entrada publicada en Fogonazos http://www.fogonazos.es/
22 Oct 16:24

Una mosca en una botella de Coca-Cola.2014 (Documental Javier Couso) (Español) (HDTV)

by bizzentte
Sergioski02

este lo vi hace tiempo y me gusto. Empieza con el analisis de un caso concreto, la vision de Venezuela a través de los medios españoles. Luego pasa a mas generico a criticar porque los medios son lo que son hoy dia, con muchas entrevistas.

El documental analiza los medios de comunicación que operan en el Estado español y su forma de tratar a los gobiernos populares de América Latina...
22 Oct 13:17

Ey, ey, ey… ¡suéltame, MADRID!… ¡Uou, uou, uou…...

by Miguel Noguera

Ey, ey, ey… ¡suéltame, MADRID!… ¡Uou, uou, uou…! (esa cadena de “uou” tan de América barriobajera). Este viernes en el teatro Marquina, Ultrashow de copete y repipi. Un show con chorreras de sudor. Fijaos que este teatro es como el interior de un cuerpo: todo rojo. Una laceración de sueños y magia. Marquina, un quirófano para soñar. ¡Ey, cuidado!, hablando de quirófanos: este fin de semana es vuestra última oportunidad para ver la obra “Tres en coma”, de Canódromo Abandonado y Juan Cavestany en el teatro del Barrio. Yo no me la perderé, ¿lo harás tú? ¿Qué no harías tú? Todo lo que hace Canódromo Abandonado es increíble, son la esfera de pensamiento más fina de España. No podéis subir más alto. Más alto está Francia. Lo siguiente de Canódromo Abandonado es el francés más estúpido. Pero en España ellos ocupan la cúspide del pensamiento-estilismo. Le pensée-poupette. Bueno, ya es suficiente, que me salgo del huerto. Este viernes ULTRASHOW en el teatro Marquina, el desgarro de carne, la puñalada trapera… Antes de la función se servirá un canapé, basta con que presentéis vuestra entrada. Solo tenéis que enseñar la entrada, pedir el canapé, escuchar cómo os lo niegan, y sentir el ridículo y la vergüenza. Pero ¿cómo van a servir un canapé, por el amor de dios? Entradas aquí: http://www.atrapalo.com/entradas/miguel-noguera-ultrashow-en-madrid_e283873/    
21 Oct 20:02

Prensa digital: enséñame la pasta

by Borja Ventura
Sergioski02

que interesante este mundillo, y las formulas empresariales, y las formulas publicitarias, y todo.

Todo negocio necesita dinero para sobrevivir y en estos tiempos todo es un negocio. También, claro, la información. El problema del sector es que se encuentra con una diatriba nada sencilla de resolver: ¿Dónde está la gente? Cada vez más en internet ¿Dónde está el dinero? En cualquier sitio menos en internet. Ahí empiezan los problemas… y algunas buenas noticias.

Cuando no hay dinero, florece el ingenio. No es una afirmación gratuita sino un fin en sí mismo: si no hay dinero, toca agudizar el ingenio para intentar conseguir dinero. Es por eso, entre otras cosas, por lo que el sector digital es un hervidero de cosas nuevas. Porque sí, hay muchas posibilidades, hay un montón de cosas por hacer y todos los formatos encajan. Pero, además de todo eso que está muy bien, porque no hay dinero, y todos andamos como pollos sin cabeza intentando dar con la palanquita mágica que haga que la tragaperras digital escupa las monedas.

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Este año es el bueno. En serio

Vayamos unos años atrás, cuando la crisis apenas empezaba. Se habían vivido en España unos años de explosión de los medios digitales, ampliándose plantillas, multiplicándose la inversión y con un crecimiento sostenido de la audiencia. Todas las consultoras y gurús de turno coincidían, año tras año, en que -esta vez sí- el dinero de los anunciantes daría el salto definitivo del papel a la web. Seguro.

Sin embargo poco ha cambiado la perspectiva desde entonces: hoy, como en esos años, un medio de papel con edición digital recibe hasta el 80% de su ingreso por el papel y el resto por la web. Las claves que salvan lo digital y mantienen con vida las esperanzas del sector son dos: por una parte, lo informativo: que la gente se informa cada vez con más frecuencia a través de la Red y mucho menos a través del papel; por otra parte, lo económico: una redacción digital sigue siendo mucho más barata que una de papel.

Y no, no es una cuestión de que un redactor digital cobre menos que uno de papel (aunque esto habría que hablarlo con calma), sino que los costes de licencias, impresión, distribución y almacenaje de los medios clásicos no existen en la web, donde los requerimientos, sin embargo, tienen otros nombres: hosting, dominio, soporte…

Los anunciante siguen volviéndose locos por ver su anuncio en el faldón de un periódico nacional, pero desconfían de la efectividad de anunciarse en la Red. Las instituciones, en general, actúan de la misma forma: es mucho más fácil conseguir una acreditación o una entrevista si vas de un medio ‘tradicional’ que si trabajas para uno digital. Y eso por no hablar de los otros soportes: la televisión sigue siendo, con diferencia, la que más dinero mueve y la que llega a más gente, y la radio domina el mercado de proximidad. Como muestra, dos botones: han bastado unas semanas de campañas televisivas para que apps antes desconocidas para el común de los mortales -como Fever y Wallapop- lleguen al top de descargas.

En la última década los intentos del sector digital han sido inmensos para lograr un trozo de la tarta publicitaria: desde usar los comentarios como fuente de tráfico, hasta sacrificar la marca en el altar de la audiencia para conseguir visitas (con lo fácil, aunque lento, que sería hacer las cosas mejor). Bueno, al otro lado del río la guerra también ha sido inmisericorde: desde periódicos que regalan de todo para conseguir vender ejemplares hasta tiradas enteras que se regalan en universidades y salones de ferias para maquillar las cifras y contentar a los anunciantes.

Porque, quizá, una de las madres del cordero sea que en internet uno puede medir el éxito o fracaso de un anuncio sin estimaciones… y los anunciantes prefieren suponer que mucha gente ve el faldón de publicidad en un periódico de papel que saber a ciencia cierta el número de gente que ha pinchado en su banner, si lo ha hecho queriendo o sin querer, y si eso se traducirá o no en una intención de compra.

Efectivamente, al final todo es dinero.

Integrar redacciones, pero al revés

Durante esos mismos años del estallido digital (el bueno, el de la creatividad, no el de las ‘puntocom’, que ese fue antes) hubo una cosa que se puso de moda: la integración de redacciones.

El problema era que en los años anteriores la edición digital del medio de comunicación de turno había crecido desde ser algo pequeño que no hacía contenido propio y no era más que el volcado de los contenidos del medio ‘de verdad’, a convertirse en algo con más gente. Algo que empezaba a crear cosas propias, experimentaba con formatos y tenía audiencia (en parte por todo lo anterior y en parte porque en paralelo la penetración de internet era también cada vez más grande).

Al final lo digital creció tanto que empezaron a convivir dos redacciones diferentes bajo un mismo techo en un equilibrio complicado: uno ingresaba mucho más dinero que el otro, pero también necesitaba más dinero para sobrevivir; uno se desangraba en lectores y el otro los multiplicaba; uno agotaba sus fórmulas y el otro proponía nuevos formatos y nuevas narrativas. Y, para colmo de cosas raras: llegó un punto en que eran, de facto, dos redacciones que no es que cubrieran por duplicado las mismas cosas, sino que hasta acreditaban a gente distinta para seguir los mismos actos; hasta se escondían información para evitar perder impacto (exclusivas en papel que no se comunicaban a la web para que no lo lanzaran antes de tiempo, por ejemplo).

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Por todo ello nació la idea de la integración de redacciones. En un principio no era tanto una cuestión periodística, sino económica: pensaban en ahorrar costes, en optimizar esfuerzos, no en mejorar coberturas.

Los primeros pasos en ese sentido consistieron en unir equipos: había un equipo de actualidad trabajando principalmente en la edición digital y otro de cierre trabajando principalmente en el papel, y el resto de redactores iban turnándose entre un soporte u otro. Las cabeceras empezaban a repartirse coberturas, compartían materiales y demás. Con los pocos redactores que quedaron no daba para más.

Tras años de medios anunciando integraciones, la tendencia se revirtió: casi todos empezaron a desandar el camino trazado al comprobar que era complicado meter en una misma estructura dos tipos de medios que funcionan de forma tan distinta, con lenguajes tan distintos, ritmos tan distintos y entornos tan distintos.

Al final, cuando la crisis se llevó todo por delante, hubo despidos masivos en ambos formatos y los ingresos por publicidad se derrumbaron en el papel (sin que eso implicara que subieran en lo digital), la integración se hizo por la vía de la selección natural: los medios digitales llevaban el seguimiento de las noticias de actualidad durante todo su recorrido, 24 horas al día y 7 días a la semana, y se dejaba para el papel el contenido exclusivo (que la web adelantaba como primicia) y la profundidad.

De ser la web un volcado del papel, a ser el papel en parte un volcado del trabajo hecho por la web: así de duro es el dictamen del dinero.

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Muros de pago y puertas al campo

Cuando el debate sobre integrar o desintegrar redacciones se acabó, cuando llegó la ola de la crisis económica al sobredimensionado sector mediático y después la marea se empezó a retirar, se vio lo que quedaba: un montón de ruinas. Medios endeudados dependientes de la publicidad institucional, enormes profesionales en la calle, bajadas generalizadas de sueldo a las ínfimas plantillas, contenido cada vez hecho con más prisa y con menor profundidad…

Y, pese a todo, aún quedaba muy buen periodismo en ambos mundos. De hecho, la crisis trajo consigo la oportunidad (odiosa reflexión propia de cualquier vendemotos): con tanta gente buena en la calle, tanta gente buena cobrando una miseria y un entorno con un listón económico de entrada tan bajo como es internet, los proyectos digitales innovadores florecieron, haciendo que la explosión de creatividad en medios digitales fuera aún mayor.

Sin embargo, el problema seguía siendo el mismo: el dinero.

¿Quién demonios va a pagar por algo que puede leer gratis en la Red? Verdadero o no, ese razonamiento trae consigo una moraleja: el lector no tiene la sensación de que el papel le aporte un valor diferencial respecto a lo digital. Es más, el lector no tiene la sensación de que la información, en general -en papel o web- sea algo en lo que merezca la pena gastar dinero. Siente que no la necesita. La cuestión es que, ante la caída de ingresos por ventas y la caída de ingresos publicitarios, los medios se enrocaron, y lo hicieron en dos sentidos: por una parte, intentando que lo digital no fuera gratis; por otra, intentando sacarle dinero a quienes comparten su información gratis.

Parte de la ofensiva ha consistido en intentar evitar que Google u otros usen contenido que publican sus medios. Eso, en muchos casos, cuando ellos mismos usan contenido de terceros, ya sean tuits embebidos o vídeos de YouTube. Y, sobre todo, cuando muchos medios han centrado gran parte de su estrategia digital en técnicas agresivas de SEO para posicionar en Google (hay quien ha llegado a lanzar noticias con el gordo de Navidad del año entrante porque sí, ese es el día de mayor audiencia en los medios digitales). Cabe suponer que el día que Google se harte y decida cortar la agregación de todos esos medios será el llanto y el rechinar de dientes al ver una caída de casi la mitad de la audiencia. Poner puertas al campo, vaya.

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Algo menos brindis al sol es la otra propuesta: monetizar lo digital. Debes saber que lo que se saca con la venta de ejemplares de papel (la real, no distribución, ni estimación de lecturas) apenas da para pagar el papel y la tinta, como aquel que dice, al menos en los periódicos. El mercado que da dinero es el publicitario, y ese es un mercado en el que -por qué no- también podría entrar lo digital. Ya saben: si tiene más audiencia y encima cuesta menos dinero, lo ideal sería eso. Dicho de otra forma: ya que la ubre del papel parece secarse y quizá deje de dar dinero pronto, intentan aprender cómo muñir la ubre del sector digital, muy grande pero que, de momento, da poca leche.

La forma de hacerlo, una vez ajustado el gasto de la empresa al integrar redacciones (aunque al revés) y una vez ajusticiada parte de la plantilla en el altar de la crisis, ha sido el levantar muros de pago. Y en esto, como en todo, hay distintos modelos.

Los extremos son claros: que todo siga siendo gratis (como hace por ejemplo El País) o que todo -o casi todo- sea de pago (como hace por ejemplo The Wall Street Journal). En medio, una vía: que darte información sea a cambio de algo. Hay fórmulas intermedias, como la de El Mundo, donde casi todo es abierto salvo las exclusivas del papel (al menos durante unas horas), parte del área de opinión y algunos artículos concretos.

Otros donde te dan el contenido a cambio de que des tus datos (como antes el Financial Times), datos que luego usan para enviarte publicidad o pedirte repetidamente que te hagas suscriptor. Otros te dejan ver cierto número de contenidos y luego te piden que te suscribas (como el NYT).

Difícilmente ninguno de esos modelos pueda funcionar en España, donde estamos poco habituados a pagar por cosas que sentimos que podemos encontrar gratis en la Red (a diferencia de mercados como el del norte de Europa o EEUU).

Para ponerlo más fácil, las grandes cabeceras se unieron en dos bandos, uno Orbyt y el otro Kiosko y Más, que lejos de ser plataformas digitales son kioscos virtuales donde se venden rebajadas de precio las mismas publicaciones que se encuentran en el kiosco… pero en PDF. Cabe preguntarse si el lector apreciaría que se hubiera propuesto un producto más adecuado al entorno digital (ordenador, tableta, móvil), pero en cualquier caso lo de comprar el periódico o revista en PDF no parece estar triunfando.

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Entre tanta tentativa, un modelo parece haber logrado algo diferente. Es el de ElDiario.es, que propuso en su día -con razones ideológicas y de producto- intentar prescindir de la publicidad tradicional (bancos, coches y grandes empresas en su mayoría) a cambio de un nutrido colchón de socios que sostuvieran los costes del producto. Esto, que se antoja posible sólo en grandes cabeceras con una fuerte identificación de sus lectores, ha empezado a dar muy buenos resultados, con una cifra de abonados mayor de lo que esperaban. Eso, que en un principio tuvo mucho de ‘fenómeno fan’, se dio en un primer momento tanto por las firmas tras el proyecto como por el nicho ideológico que venían a cubrir. Con el paso del tiempo y algunas exclusivas, el logro no parece sólo atribuible a eso.

Pero, ¿acaso ElDiario.es cierra su contenido? No, es abierto para todos ¿Por qué pagar, entonces? Al socio le ofrecen varias cosas a cambio de la cuota -más allá del intangible de participar en el sostenimiento del proyecto-: sus comentarios aparecen destacados del resto (generando comunidad), reciben de forma gratuita la revista impresa que editan para temas en profundidad (recompensa física), participan en convocatorias en forma de evento para debatir con el equipo periodístico (retribución fan), tienen adelantos de información doce horas antes que el resto (retribución de exclusividad) y les esconden la publicidad -muy invasiva para quienes no son socios, todo hay que decirlo-.

El modelo, de momento, es un éxito: es cierto que no les permite prescindir de los anunciantes, pero es una vía de ingreso mucho mayor de lo que cabría esperar y un inmejorable síntoma de producto de éxito en plena cruzada común por buscar dinero haciendo periodismo. Tiene contrapartidas, claro, como que la presión del colectivo de lectores sobre la línea general del producto es muy marcada -hay algún colaborador que ha tenido problemas con los comentaristas-. El equipo, sin embargo, discrepa con esa idea, asegurando que es una minoría la que visibiliza posturas más marcadas a través de comentarios y, en cualquier caso, comentan que preferirían recibir presiones de lectores socios que de empresas anunciantes. Y visto así, el argumento parece insuperable. Es una especie de crowdfunding perpetuo y, a la vez, seguimiento de calidad.

Para muestra de éxito, un botón: el Financial Times, icono de la economía liberal, destacaba recientemente el modelo como ejemplar y The Guardian anunciaba la adopción de algo similar. La cuestión es saber si un modelo de ese estilo sería extrapolable a otros proyectos mediáticos establecidos, al menos en España

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Branded content: no rechaces por la noche lo que mendigarás de madrugada

En cualquier caso la idea del muro es complicada: tras años de costumbre de obtener información gratis parece complicado que el lector decida pagar si no hay vinculación con la marca (y eso no depende de la audiencia, sino de la muy maltratada calidad del producto o su significado social). Además, mientras un solo competidor de calidad decida seguir en abierto, el resto estarán abocados, muy probablemente, al fracaso. Como muestra, los más de diez años que le costó a ElPaís.com recuperarse en audiencia de su decisión de haber cerrado sus contenidos online en los incipientes años ’90 (eso sí, con un agujero para que Google entrara e indexara todo aunque el lector no pudiera leerlo).

Y cuanto más tiempo pasa, más hambre hay. Así que la industria empieza a adoptar soluciones algo más desesperadas, como el branded content. Esto, que es la última moda en los medios, y que da de comer a algunos (como, en gran parte, a la empresa editora de esta revista que lees), tiene su punto controvertido: supone escribir para marcas, por transacción publicitaria y con, por tanto, una merma en el principio de objetividad de lo que haces.

Claro, en una revista como Yorokobu, que haya ‘advertorials’ (anda y que no han buscado un nombre fino, los figuras de los compañeros), encaja: es una revista de creatividad que cuenta historias y a la que le da igual la ideología o el interés económico de nadie. Ahora bien, ¿que una empresa ponga dinero en tu periódico de cabecera para que escriba un reportaje sobre su producto?

Hay quien dice que los periodistas nos hemos puesto finolis. Ahí están los presentadores de los informativos televisivos, apareciendo en spots publicitarios o bien, directamente, lanzando publicidad desde el mismo plató desde el que dan noticias. O noticias que, sin serlo, son publicidad: cada crónica de la última keynote de Apple, o cada retransmisión de un partido del Real Madrid son publicidad para dos empresas que facturan millones. Piénsalo.

Con esa filosofía se ha hecho un hueco el branded content. Hace años que alguien de marketing le dijera  a un redactor que tenía que escribir algo para no sé qué anunciante suponía poco menos que salir de la redacción con una patada en el culo. Incluso se torcía el morro cuando tocaba escribir algo sobre el libro (o lo que sea) de la editorial que pertenece al mismo grupo que tu medio. Ahora, sin embargo, el branded content mola porque es moderno y da dinero. Explicado con un símil del sábado noche: no desprecies a medianoche lo que buscarás desesperado -y en peores condiciones- de madrugada.

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El branded content se aplica a todo, hasta a la política. Por ejemplo, Buzzfeed (medio viral y ligero donde los haya, pero que gracias a su éxito de audiencia está dando mucho que pensar a los medios ‘serios’ del sector). Una fundación cercana a Obama ha pagado por escribir contenido en el portal, y eso a pesar de que sale claramente identificado como “contenido político pagado”, y a pesar de que si te fijas en los contadores sociales verás que el número de interacciones de esas piezas es dramáticamente inferior a lo que suelen tener otros artículos del medio. Dicho de otra forma: están poniendo pasta para que casi nadie lo lea…. como pasa con casi todo el contenido que se publica.

Otro ejemplo es el dignísimo The New York Times, donde los posts patrocinados devienen en especiales multimedia con una estética espectacular, muy del rollo long-form, pero donde lo interesante son los detalles. Por ejemplo, el reportaje Grit and Grace, pagado por una empresa de lujo del sector del calzado para danza. De factura técnica insuperable, va identificado claramente como “artículo pagado” en un banner al inicio y con otro banner al final que dice:

“Esta página fue producida por el T Brand Studio, una unidad del departamento publicitario de The New York Times, en colaboración con Cole Haan. Las plantillas de noticias y editorial de The New York Times no han tenido nada que ver con su preparación”

Es decir, lo hacen, lo identifican como lo que es (contenido pagado), pero destinan a una unidad externa a hacer ese contenido para no ‘manchar’ a la redacción, ni su compromiso con la objetividad. Llaman la atención dos cosas al respecto: una, que en España lo haría un redactor y además le obligarían a firmar; y dos, que para tener publicidad el branded content requiere una inversión, porque hay gente que tiene que hacer un trabajo (escribir o editar un artículo), y ese sueldo lo paga el medio.

Claro, el banner era mucho más sencillo: tú lo pones y cobras, sin hacer nada. Estos artículos los tienes que hacer.

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Bien mirado, el branded content es un poco como el publirreportaje de ayer, solo que mejor hecho, con lenguaje y códigos periodísticos, y a veces integrado en el propio contenido (aunque vaya claramente identificado). La pregunta es: por qué una firma tecnológica va a patrocinar un canal tecnológico en el que también se habla de la competencia (porque si no, no tiene sentido), o va a invertir en patrocinar contenidos que no sean de tecnología sólo para pasear la marca (el caso de Vodafone en Los 40, por ejemplo). Y eso hablando sólo del sector tecnológico.

Menos elegante es la hilarante figura del ‘patrocinio cultural’ de TVE, donde hay marcas como Coca-Cola pagando programas aunque en teoría el Ente público no tiene publicidad. Bueno, perdón, no es publicidad, es branded content, o algo similar. Pero da dinero. Y, al final, todo va de dinero, desde escribir o no de unos temas, hasta integrar o no tu redacción… o hacerle de escriba a un cliente en plan equipo A: si necesita a unos periodistas “quizá pueda contratarlos”. Es lo que tiene la cosa, que los periodistas al final también tienen que comer.

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21 Oct 16:40

La paradoja vital

by Pedro Jorge Romero

The problem with patience and discipline is that developing each of them requires both of them.

Thomas M. Sterner en The Practicing Mind

21 Oct 07:31

La reconstrucción de una carretera elevada en Italia

by julia_cervantes
Sergioski02

eso les pasa por preguntar a los arquitectos.

Parasitic City Takes Over Decommissioned Italian Highway - more than green 2

El proyecto ‘Slow Uprising’ ha sido realizado por el estudio de arquitectura Ja Studio Inc.

“Una región al sur de Italia ha hecho un llamamiento tanto a la ciudadanía como a grupos de expertos para buscar soluciones sostenibles que ayuden a rehabilitar la carretera elevada de Salerno-Reggio Calabria, entre Sicilia y Bagnara. Las propuestas han de centrarse en buscar formas de integrar energías renovables y modos de habitar más responsables con el medio ambiente. Esta carretera elevada pronto se quedará en desuso debido a la construcción de una nueva carretera en las proximidades. (…)” (fuente: Inhabitat)

(+info)

(via Inhabitat)

Parasitic City Takes Over Decommissioned Italian Highway - more than green

Parasitic City Takes Over Decommissioned Italian Highway - more than green 3

La entrada La reconstrucción de una carretera elevada en Italia aparece primero en más que verde.

20 Oct 21:17

George Pelecanos: «A veces la violencia es necesaria, es catártica»

by Kiko Amat
Foto: Max Hirshfeld.

Foto: Max Hirshfeld.

(English version)

George Pelecanos es un autor norteamericano de origen griego nacido en 1957. Ha escrito decenas de novelas de detectives llenas de redención, masculinidad bien entendida y códigos de honor. También incluyen mucho basket y funk, coches molones y moralidad a espuertas. Pelecanos es, como sabe la mayoría del planeta, escritor y productor de cine y televisión. Sus dos trabajos más conocidos han sido las series de HBO The Wire y TremeGeorge Pelecanos sigue viviendo en el Washington DC que le vio nacer (incluso en el mismo barrio) junto a su mujer y tres hijos. Hablamos con él y comprobamos que el entusiasmo y la afabilidad no tienen por qué desaparecer cuando un artista alcanza la notoriedad mundial. Pelecanos ríe continuamente, y cada vez que echa la mirada atrás parece revivir aquellos instantes de éxtasis, gracia y gran expectación que configuraron su espíritu y su obra.

Me gustaría empezar hablando de tus orígenes: tu adolescencia, tus primeros empleos, el trabajo en la cafetería de tu padre, los años sesenta y setenta… Obviamente, mi deseo por entrevistarte nace de tu trabajo literario y televisivo, pero debo admitir que la guinda en el pastel la puso aquel brillante artículo autobiográfico que escribiste para The Guardian en el 2011.

Ya. Eso es mucho que explicar, como imaginas. Mi padre nació en Grecia y mi madre, aunque nació en Estados Unidos, también es griega, así que yo soy cien por cien griego. Mi padre tenía una cafetería en Washington DC, y yo empecé a trabajar en ella cuando tenía once años.

Más tarde tu padre sufrió un infarto, si no me equivoco.

Cuando yo tenía diecinueve años mi padre tuvo, en el mismo año, un ataque al corazón y cáncer, así que dejé la universidad para ocuparme del negocio familiar, de lo contrario mis padres lo habrían perdido. La razón por la que pude hacerlo era que había trabajado allí desde que tenía once años, y por consiguiente sabía cómo funcionaba. Algo que me influyó mucho en muchos sentidos fue, primero, ver a mi padre trabajando muy duro y dándome cuenta, ya de niño, de que eso era lo que un hombre debía hacer. Me proporcionó mi ética de trabajo. Y otra cosa que también me marcó fue el ambiente social del Washington de la época. Cuando empecé a bajar a la ciudad en autobús los disturbios de 1968 estaban aún muy recientes. Descubrí un montón de cosas solo con observar a la gente del autobús y contemplar cómo ardía la ciudad… Además, en la cafetería estábamos mi padre y yo, ambos grecoamericanos, y el resto de empleados —unos cinco— tras el mostrador, que eran todos negros; y al otro lado de la barra todo eran blancos con corbata. Y de fondo sonaba la música que emitía una emisora de soul, porque mi padre dejaba que los empleados pusieran la emisora que quisieran durante el día. Teníamos dos emisoras que radiaban soul, y como estábamos por debajo de la línea Mason-Dixon —Washington es el principio del sur—, la música soul que sonaba normalmente no era Motown ni soul del norte, era soul sureño. Era Otis Redding, y toda la escudería Stax/Volt…

Soul profundo.

Sí, soul profundo. Y yo vivía todo esto al mismo tiempo. Era un niño, y como tal no lo entendía racionalmente, pero emocionalmente lo sentía todo. Todo se iba filtrando en mí.

Tú sabías cuál era tu sitio, desde el principio tuviste claro (lo sentías en tus entrañas, según afirmaste) que ese sitio estaba tras del mostrador de la cafetería, no con los oficinistas encorbatados.

Exacto. Por eso escribo sobre lo que escribo. Todo se resume en eso. En esa división de clase y raza. Esa es la razón por la que mis libros suelen tratar sobre gente de clase trabajadora. El sur de Washington DC, la ciudad federal, los políticos, la gente con dinero… Yo no pertenezco a ese mundo, pero es que además tampoco me interesa. Me he ganado muy bien la vida, así que no puedo negar que de alguna manera [sonríe imperceptiblemente] ahora soy uno de ellos, pero no vivo mi vida como lo hacen ellos, sigo viviendo en el barrio donde crecí.

Hacia el final de su vida Nelson Algren afirmaba: «Quizá ahora esté en la clase media, pero no soy de clase media». Me pregunto si es así como describirías tu situación.

Así es. Pertenezco al 1% del país, estoy entre los que más dinero ganan, pero no es algo que tenga presente, y desde luego no me siento como tal. No me muevo en esos círculos, no vivo en esos lugares… Tener dinero está bien porque es una cosa menos de la que te tienes que preocupar, sin duda, no me despierto de madrugada entre sudores fríos preguntándome cómo voy a sacar adelante a mis hijos. Pero eso es todo, de verdad, porque sigo haciendo las cosas que siempre he hecho. Y sigo levantándome cada mañana para ir a trabajar.

A veces se ridiculiza a la clase trabajadora que mejora su nivel de vida. ¿Se supone que tenemos que estar toda la vida trabajando de reponedores en un supermercado para satisfacer la imagen romántica que la clase media tiene de nosotros? Me parece una manera obscena de ver las cosas.

Es ridículo. Mencionando de nuevo a mi padre, él lo hizo todo para mejorar su situación. Comparado conmigo, él venía de un contexto realmente pobre, una vida en la que solo tienes un par de zapatos y no te regalaban juguetes en Navidad. Ese tipo de cosas. Consiguió darme una vida mejor y mi objetivo también ha sido dar a mis hijos una vida mejor y progresar. Y eso no es malo, excepto si olvidas de dónde vienes y de repente decides no volver la vista atrás. Siempre digo que soy un capitalista, pero con las obligaciones que ello conlleva.

Tu vida ha cambiado completamente respecto a cómo eras de pequeño, pero ¿crees, citando a D’Angelo Barksdale en The Wire, que uno es siempre lo que fue al principio de todo? ¿Aún eres aquel chaval griego enamorado del funk?

[Ríe] Por supuesto. Yo aún lo siento así. Siento que lo soy, pero lo cierto es que estoy hablando contigo desde mi casa en la playa [ríe de nuevo], y si me vieses en apariciones públicas, como lecturas y eventos así, te darías cuenta de que llevo trajes italianos buenos y conduzco un Ford Mustang que me encanta. Pero es que he comprado cosas, todo esto es la recompensa por haber trabajado duro. Además, cada año dono mucho dinero a organizaciones que ayudan a niños de la ciudad, hago programas de lectura en las cárceles… Se pueden compaginar ambas cosas.

Al principio de esta entrevista te definías como 100% griego. ¿Eres como se supone que un griego debería ser? En plan de rasgo distintivo nacional, ya sabes…

A ver, algunos estereotipos son ciertos. Uno es que trabajamos muy duro. En este país no verás a demasiados griegos viviendo de la asistencia social, se han espabilado y se han buscado la vida. Y no es que seamos mejores, es porque hemos hecho lo que hacían nuestros padres. Adoptamos su modelo ético, y al igual que hicieron ellos nosotros también nos hemos buscado la vida. Lo que está pasando ahora en Grecia con el ascenso de los fascistas es lamentable. Una de las cosas que siempre trato de decir es que los griegos de todo el mundo deben dar un golpe sobre la mesa y condenar eso, porque nosotros no somos así. Y todo se reduce a la economía, obviamente. Es lo mismo que sucedió en Alemania en los años veinte y treinta. Es algo que da alas al fascismo, pero en realidad no somos así. Y espero que el mundo lo entienda.

Una de las cosas que más me gustan de tus novelas es que son muy masculinas, en el mejor sentido de la palabra. He leído que fueron las películas que viste durante tu infancia las que te dieron esa visión de un mundo masculino, con códigos de amistad, honor, lealtad… Creo que es fantástico que alguien como tú decida hablar tanto de la masculinidad, porque es un mundo fascinante que a menudo se malinterpreta.

[Audiblemente satisfecho y sonriendo] Estoy de acuerdo contigo. Pocas veces veo descrito con sinceridad en libros qué significa ser un hombre, también con todos los defectos que ello conlleva, e intentando mantenerte en la buena senda ante las tentaciones. Y también la necesidad que siente uno mismo de reafirmarse físicamente. Hubo una época en la que la demostración física no se estilaba, una época en que se consideraba una idiotez, algo de gente estúpida, que un hombre se peleara con otro. Pero cuando alguien te reta hay algo allí que te remite a tu juventud. Me avergüenzo más de las pocas veces que he rehuido una pelea que de las que he perdido. Debería haberme quedado y haber recibido una buena tunda en lugar de haber escapado. Eso es embarazoso, sabes perfectamente a lo que me refiero. A veces la violencia es necesaria, es catártica.

Y a veces la violencia es la única respuesta razonable a la injusticia. Woody Allen dijo en una película que no puedes enfrentarte a los nazis con libros, has de ir con bates de béisbol.

[Carcajada] Sí.

Una de las cosas que me interesan de la masculinidad, y que a menudo se refleja en tus novelas, es la necesidad de protegerse a uno mismo, de esconder las propias debilidades, de levantar escudos. A veces tus personajes intentan ocultar sus puntos débiles con…

Con bravuconería.

Sí, exacto.

Sí, y se esconden tras ella. Es una muralla.

Y eso es algo que hacemos todos los hombres.

Claro, la gente tiene inseguridades e intenta combatirlas de diversas maneras, sobre todo los hombres. Es un poco lo que decías antes, sin embargo, muchas de estas cosas las vi en las películas que veía de crío. Soy uno de los pocos escritores que admitirá que probablemente esté más influenciado por películas que por libros. Estoy más cerca de Peckinpah que de William Faulkner. Sergio Leone, Robert Aldrich y Don Siegel me influyeron mucho más que Faulkner, Hemingway o Fitzgerald. En muchos sentidos con esas películas creé mi visión del mundo. Llegué a los libros bastante tarde, ya llevaba un tiempo en la universidad cuando un profesor me dijo que debería leer cierto libro. Me fijé en los libros gracias a ese profesor. Porque lo que yo de veras quería ser era director de cine, pero ¿cómo se convierte en director de cine un chaval griego de Washington DC? No tenía ni idea, ni siquiera había salido jamás de Washington. No había viajado. Así que me dije: quizás esto sí puedo hacerlo. Escribir.

Pasar de donde estabas a ser director de cine debía de parecerte un salto de ciencia ficción.

Claro, ¿cómo se hacía eso? No tenía ni idea ni conocía a nadie. Pero pensé que a lo mejor podía escribir un libro, porque evidentemente necesitas talento, pero no has de pedirle a nadie un trabajo, no tienes que mendigarle a nadie, solo tienes que escribir el libro y ya está. Y si es bueno te lo publicarán. Me parecía un arte igualitario. No tenía importancia quién era tu padre o si eras guapo o si tenías una polla enorme: si escribías un buen libro se publicaría. Eso era lo que pensaba entonces, y aún hoy sigo creyéndolo, ahora que caigo. Mi primer libro se vendió sin agente literario, lo envié a ciegas a Nueva York, aterrizó en la mesa de un editor, él lo leyó y lo compró. Una editorial. Nada más.

Una posibilidad entre un millón.

[Risas] No sé si esto aún sucede, te hablo de 1992, cuando aún se fijaban en los manuscritos y editaban lo que se les enviaba sin importarles de quién era. A mí me funcionó exactamente como pensé que funcionaba.

Me comentabas que todas aquellas películas moldearon tu visión del mundo y, como hemos comentado, contenían historias que hablaban de masculinidad, amistad, lealtad… Pero supongo que también debería de haber mucha redención en ellas, que es algo que me chifla de tus libros. Muchos escritores piensan que si un libro acaba mal es más fiel a la realidad. Pero en la vida la redención existe, y a veces las cosas terminan bien.

Lo mismo digo. Detecto rápidamente cuándo alguien está intentando ser oscuro y funesto, es lo que yo llamo nihilismo diletante. Es muy estrecho de miras. Odio el nihilismo, siento que siempre hay algo de esperanza al final. La redención puede vestirse de muchas maneras, incluso de muerte. Si ves The wild bunch (Grupo salvaje) —que para mí es una de las grandes obras del siglo XX—, el final de la película trata de su redención a través de la muerte. Y el hecho de que se mantengan unidos, que sean leales los unos a los otros y que quieran acabar juntos… Eso para mí es un final positivo.

Hace unos años entrevisté a Richard Price, un escritor con una personalidad muy similar a la tuya. No sé si esto es para ti un elogio, o una comparación innecesaria.

Es amigo mío, Richard.

También tiene debilidad por la redención.

Richard Price me influyó mucho. Para mí Clockers (Camellos) es como Las uvas de la ira del mundo moderno. Si uno se fija en lo que yo hacía antes de leer ese libro verá que es distinto de lo que hago desde entonces. Leí ese libro y vi que la novela criminal podía ser mucho más de lo que era, que está bien ir más allá e intentar hablar de temas más amplios sin salirse del género, y todo porque Price lo había hecho. Para mí fue una gran influencia, pero no solo para mí, también le sucedió a David Simon. The wire no sería The wire sin Clockers. Y la razón de que Richard trabajara en The wire fue que nosotros fuimos a buscarle. Así que sí, es una gran influencia.

Creo que tiene tu misma visión, especialmente sobre lo de que la gente pueda ser capaz de expiar sus errores. Esto se ve claro en su The Samaritan (El samaritano), por ejemplo.

Sí, desde luego. Me encanta The Samaritan, por cierto, es un gran libro.

¿Crees que hoy en día en la vida real es posible la redención?

De eso trata mi libro The turnaround (Sin retorno). Está basado en un hecho real que pasó en mi adolescencia, cuando unos chicos blancos entraron en un barrio negro, y empezaron a insultar a gente y a meterse en líos. Intentaron dar media vuelta al coche y salir de allí, pero uno acabó muerto a tiros y los otros recibieron una paliza tremenda. El planteamiento del libro es que yo me preguntaba qué fue de esos chavales, tanto los blancos como los negros, treinta años más tarde. Y si ser redimido era una posibilidad real. De eso trataba todo el libro, que en cierta manera es mi El samaritano. Si te fijas, The way home, que es otro libro que he escrito, trata sobre cómo un chico va a la cárcel y cómo él y sus amigos, al salir, reconstruyen su vida y lo arreglan todo con sus familias y padres y tal. Eso lo puedes ver en muchos de mis libros, así que supongo que estoy algo obsesionado con el tema [ríe].

Mucha gente califica sus libros de «cuentos morales», y en cierto sentido estoy de acuerdo. En The wire, por ejemplo, no se juzga, pero en tus libros sí hay cierta condena, censura y castigo. Ves con buenos ojos la cultura del esfuerzo, los lazos familiares, la bondad hacia los niños y la lealtad; y condenas y castigas a los malvados. Así que eres moralizador, en el buen sentido de la palabra.

David Simon y yo no estamos de acuerdo en cómo vemos el mundo, en ese sentido en particular. En la serie yo siempre buscaba eso, pero David pensaba distinto, y se resistía a mostrar ese castigo moral. Después de todo es su serie, él decide cómo van a ser las cosas. Hay un personaje en The wire que es obra mía, únicamente, y que conseguí incrustar allí contra la voluntad de todos. Es Cutty, el tío que sale de la cárcel, a quien intentan volver a meter en el negocio de la droga pero logra resistirse al gang y abre en la ciudad un gimnasio de boxeo para ayudar a los niños. Es uno de los pocos personajes de la serie que recibe un buen final. Porque eso es algo en lo que yo creo. Participo en actividades en las cárceles y con los tíos que salen a la calle después de haber cumplido condena, y para mí eso es algo muy importante que apoyar y en lo que creer: siempre hay una segunda oportunidad. La gente cambia. Y cambia a mejor. Creo mucho en esos valores.

Totalmente de acuerdo. Steve Earle también es de los nuestros. Cuando le entrevisté hace unos años empezó a insultar a Cormac McCarthy, diciendo que le caía gordo porque tenía una visión increíblemente ceniza de las personas.

Steve es un ejemplo muy bueno de lo que estamos hablando. Estuvo en la cárcel, era heroinómano… ¡y míralo ahora! Trabajamos con él en Treme. De hecho, yo escribí el capítulo en que le mataban. Eso no le gustó tanto [risas]. Pero tiene razón, si Cormac McCarthy de verdad cree lo que escribe, todo eso de que no hay esperanza y que todo acaba en muerte y por qué preocuparse, no sé cómo puede vivir. Es un buen escritor y me gustan sus libros, pero su filosofía no me llama, desde luego.

Menudo pelmazo debe ser ese Cormac. No bebería con él ni que me encañonaran.

[Risotadas] Lo entiendo.

Mencionábamos el soul al principio, que es un elemento constante en tus libros. Y también hemos nombrado a Richard Price, quien una vez me dijo que no le iba demasiado la Motown, sino que —como tú— prefería el catálogo de la Stax-Volt, el Southern gritty y el R’n’B. Eso me recuerda que una vez citaste como momento trascendental de tu vida el ver a la hermana de un colega bailando como una loca el «Whole lotta love»

[Entusiasmado] Nunca se me olvidará, tío, como si lo viera ahora mismo. Entré en casa de mi amigo Charles, ella estaba en el piso de arriba, en su dormitorio, y yo podía verla desde donde estaba. Solo llevaba puesto un sujetador y unas bragas y estaba bailando el «Whole lotta love», precisamente esa parte en la que la cosa se desmadra, y pensé: «Vale, de esto se trata, tío; no me cuentes más». Porque el rock’n’roll es sexo. Cuando salió esa canción yo tendría unos doce o trece años y me impresionó terriblemente. Esa canción sonando y yo viéndola bailar: ahí es donde quiero verme. Ahí exactamente es donde quiero estar.

Ahí es donde empieza la buena vida.

Exacto [ríe, alborozado]. Exacto.

¿Aún escuchas música y la sientes con la misma intensidad?

Sí, creo que la música es lo único que regularmente me hace feliz y me transporta a otro sitio. Cuando quiero ser llevado a otro sitio me pongo los auriculares. La música tiene la capacidad de conmoverme de una manera que las otras expresiones artísticas no tienen. Puedo ver un cuadro y sentir algo, pero nunca de la misma manera que siento cuando escucho una canción de Otis Redding o algo de rock que me gusta, como los Drive-By Truckers y todos esos grupos que realmente me motivan. Es algo que me eleva, como si fuera un cohete. Y todavía me hace sentir así, escucho música todo el tiempo, es una constante en mi vida.

¿Alguna vez, qué se yo, escuchando el Roots de Curtis Mayfield, por ejemplo, te has dicho: mierda, por qué no nací con ese talento en lugar de saber escribir?

[Risas] No sé si sabes que para mí Curtis Mayfield es el mejor, mi héroe de todos los tiempos.

No lo sabía, solo había leído que te encantaban sus discos. A mí me encanta.

Todo lo que hizo en su época… La gente no se da cuenta de lo valiente que fue ese tío cantando lo que cantaba cuando la gente no quería oír hablar de según qué cosas. No querían que sonara en la radio porque no querían a nadie haciendo lo que él hacía, pero lo hizo en positivo, no de una manera negativa o motivado por el odio. Prefería ensalzar cosas, elevar los espíritus. Roots es un gran disco, y la banda sonora de Super Fly es uno de los que me llevaría a una isla desierta, no puedo vivir sin ese disco. O el Back to the world… Todas esas grabaciones son increíbles. El que se llama Curtis, que en la portada le lleva a él con un traje amarillo magnífico… Contestando a tu pregunta, tengo algunos amigos músicos y siempre me dicen que les encantaría poder escribir una novela. Pero tío, lo que más me gustaría en el mundo es formar parte de un grupo. Lo digo en serio. Cuando voy a un concierto soy el típico que se queda boquiabierto delante del escenario, hipnotizado, porque estoy viendo algo que no sé hacer y que me encantaría.

Si me dieran a elegir ahora: ¿Preferirías haber formado parte de The Clash o haber escrito novelas? Joder, eso ni siquiera es una pregunta, hombre. Los Clash mil veces. ¿Cómo lo ves tú?

¡Claro! Haber estado en The Clash, hombre, es una pregunta muy fácil de contestar.

Otra constante en tus novelas son las relaciones familiares. En aquel artículo para The Guardian escribiste que tu padre debió de sentirse muy decepcionado cuando te vio con tu afro de blanco, los Levi’s rajados y unas Puma bailando al son de Don Cornelius o Curtis. ¿Realmente crees que tu padre se sintió decepcionado? ¿Te han decepcionado tus hijos?

Recuerda que mi padre era de otra generación, fue marine en la Segunda Guerra Mundial, era un hombre muy serio y recto, y de golpe se topó con una generación de chavales que llevaban el pelo largo, fumaban hierba, se rajaban los vaqueros y todo eso. Creo que, con toda seguridad, no me entendía. Pero es que, ¿cómo podría haberme entendido? Ni fue culpa suya ni fue mía, simplemente en esa época ambas generaciones estaban separadas por un abismo. Pero cuando mi padre enfermó tuve mi oportunidad: tomé el mando y me puse al frente del restaurante familiar. Básicamente, dejé la universidad, y haciendo eso salvé a la familia, porque mis padres habrían perdido el negocio, la casa… Todo, porque no tenían ningún tipo de seguro. Y no me quedé ni un solo céntimo, vaciaba la caja registradora, llevaba todo el dinero a casa y se lo daba a mi madre. Después de eso —y aún era bastante joven, tenía solo diecinueve años— ya no importaba lo que hiciera: seguía siendo el tío desenfrenado de antes, salía por ahí a beber cerveza, fumaba hierba, salía con un montón de mujeres… Seguía siendo el mismo tío, pero mi padre me veía con otros ojos. Daba igual lo que hiciera, me respetaba. Tuve la oportunidad de demostrar mi valía ante mi padre, algo que muchos hijos no tienen jamás la oportunidad de hacer. Y desde entonces he tenido este mismo problema con mis hijos: quiero que sean más agresivos cuando se trata de aprender, de trabajar… todo aquello en lo que creo. Y poco a poco lo van siendo. Mi hijo mayor trabaja en la industria del cine, ahora está haciendo una serie de televisión, y mi otro hijo trabaja en el estadio de béisbol, lleva una parada de fruta. Y estoy orgulloso de ellos, porque durante una época fui como mi padre, me preguntaba qué les pasaba, no entendía nada de lo que hacían.

«Se me han vuelto unos blandengues, estos niños…»

Sin duda. Eso era lo que pensaba: que eran blandos. Es algo de lo que hablo con mis amigos constantemente. Crecí rodeado de un grupo de tíos como yo: italianos, judíos… todos son inmigrantes o hijos de inmigrantes, y a todos les ha ido bien en la vida. Y este es un tema del que hablamos mucho: si tienes dinero, ¿qué puedes hacer por tus hijos? Simular que no tienes dinero es absurdo. No tienen la misma motivación que yo tenía, porque la mía era ponerme a trabajar para comprarme cosas, ya que en casa no había dinero. Pero yo les he dado a esos chavales de todo. ¿Cuál va a ser su motivación? ¿Por qué querrían irse de casa? Tiene aire acondicionado, la nevera está repleta de comida y la tele es muy grande, ¿qué más pueden desear? Intento recordarlo y llego a la conclusión de que es culpa mía porque les he dado todo eso, pero no puedo hacer ver que no tengo dinero, sería estúpido.

Pero tu caso como padre ejemplar es casi heroico. He leído que durante el rodaje de The wire conducías tres horas cada día para ir a casa. No sé si yo sería capaz de eso…

Quería que mis hijos me vieran cada día. Nada más. Rechacé muchos trabajos durante esa época, cualquier cosa que me apartara de donde yo creía que tenía que estar. Hasta Treme, cuando mis hijos ya eran mayores, me fui a vivir allí y me lo pasé muy bien. Me encantó vivir en Nueva Orleans, deberías visitarlo. Es la mejor ciudad en los Estados Unidos, te lo pasas muy bien. Es una pasada.

En tus libros eres muy detallista, y no solo en cuanto a la música, sino también en lo que respecta al aspecto de la gente y los trapitos que lucen. De joven debiste ser un buen pavo real, eligiendo con mucho cuidado tu atuendo y armario ropero, para reunir toda esa información estética. Yo ahora paso bastante de toda esa mierda, pero lo recuerdo como una pasión hermosa.

Sí, era algo que me gustaba mucho. Me encantaba la ropa. Trabajé vendiendo zapatos de mujer, así que estaba muy puesto en cuanto a calzado. Y aún hoy, cuando veo a una mujer, lo primero en lo que me fijo es en sus zapatos, porque sé que si lleva un buen par de zapatos es alguien que se cuida. Vender zapatos de mujer ha sido el mejor trabajo que he tenido en la vida, porque yo era joven, hablaba todo el día con mujeres, podía tocarles las piernas y las pantorrillas… Era genial. Pero me sucede lo mismo que a ti, ya no es lo mismo. Ahora ya no soy tan presumido, no tengo muchas cosas, pero las que tengo son buenas, eso sí. Me gusta llevar buenos trajes italianos, llevo camisas Hugo Boss, soy muy especial en cuanto a mi calzado y creo que es importante tener buen aspecto cuando sales de casa.

Me encantaría creer en todo eso aún. De adolescente creía en cosas auténticamente irresponsables como «los zapatos hacen al hombre» y chorradas de esas que decía Oscar Wilde. Haber dejado de pensar así e ir todo el día en bermudas me sume en la tristeza.

[Ríe] Tranquilo. Tienes hijos pequeños, ¿no? Cuando tienes hijos eso cambia. Pero cuando tus hijos crecen y abandonan el nido tú cambias de nuevo, te lo aseguro, y vuelves a lo que eras cuando eras joven, vuelves a sentir las pasiones que sentías en tu juventud. Porque en realidad no has cambiado, son las circunstancias las que lo han hecho. Tú aún eres ese chaval de diecinueve años que se pavonea por la calle, que va chuleando por allí con la cabeza alta [ríe]. Aún eres así. Es algo que nunca abandonas. Es algo que siempre estará contigo.

Gracias, es lo más bonito que nadie me haya dicho en la vida. En cuanto a tu pasión por los coches, Harry Crews escribió el libro Car, que habla de alguien que se intenta comer un coche, una de las tramas más dementes que yo haya leído jamás. Años más tarde Crews dijo que se avergonzaba de su obsesión por los coches, y que pensaba que los automóviles eran nocivos y un invento nefasto. ¿Tú aún amas los coches o te ha pasado lo mismo que a Harry Crews?

Aún amo los coches. ¿Conoces la película Bullitt? Pues tengo un Bullitt Mustang en el garaje. Es una réplica. Es parte de una edición limitada y estoy muy orgulloso de tenerlo. Es un muscle car precioso. Y mi primer coche fue un Camaro del setenta. En mi día a día conduzco un jeep porque lo necesito para poder llevar mi kayak y mi bici, que utilizo constantemente, pero si tuviera sitio en casa poseería un montón de coches. A diferencia de Harry Crews, nunca he pasado de los coches. ¿De qué habla ese tío? [ríe] Creo que son algo muy americano. El fin de semana pasado estaba hablando con Kevin Powers, un joven escritor y veterano de la guerra de Iraq. Cuando recibió el dinero del adelanto por su libro se compró un Dodge Challenger. Vive en Nueva York, y dice que es un gran sitio para vivir, puedes hacer casi todo lo que quieras… pero lo único que no puedes hacer es tener un coche. Para gente como él y como yo eso es inaceptable. Necesito sentarme al volante de mi coche cada día y conducir. Si viviera en NY y no tuviera coche, por lo que tendría que tomar el metro y taxis, sería como extirpar algo de mi vida, notaría que me falta algo. Necesito meterme en el coche y pillar la carretera. Eso soy yo.

Desde nuestro punto de vista, el de los europeos nacidos tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos parece un lugar algo peligroso para vivir. Pese a que hemos crecido con rock’n’roll y pop y cine y literatura americana, nadie contempla de veras la posibilidad de mudarse allí; da algo de miedo, y recuerda aún al salvaje Oeste. Me gustaría que tú, como estadounidense que ha vivido en el extranjero y has visitado muchos países, me dijeses si esta es una percepción acertada.

Evidentemente tenemos un problema, sobre todo con las pistolas. Pero no es algo en lo que pienses cada día, al menos yo no. En mi familia hemos elegido vivir nuestras vidas sin miedo. Es mejor vivir sin preocuparte de eso y afrontar lo que se te ponga en el camino, lo otro es algo en lo que no pensamos. He viajado por todo el mundo y debo decir que el hecho de no preocuparte por estas cosas cuando paseas es algo muy positivo que tenéis en Europa. Lo siento, sé que no es una grandísima respuesta, pero es que de veras es algo sobre lo que no me preocupo. Y la cosa es que aquí estoy, es mi país y estoy acostumbrado a él. Qué puedo decir.

Fotografía de portada: Cordon Press.

 Con la colaboración en la traducción de Nicholas Elliott.

18 Oct 19:49

Cuando desperté, el carsharing ya estaba en Madrid

by jorge
Imagen por motorblog.com

Imagen por motorblog.com – clic para ver original

Sé de primera mano lo que es tener coche propio. Durante años fui dueño de un muy querido Seat Ibiza que me llevó fielmente —y también me dejó tirado— en las situaciones más variadas, desde compras casuales hasta mudanzas, desde cortos recorridos de casa al trabajo hasta improvisados surf trips de miles de kilómetros… todo ello pidiendo a cambio solamente un poco de gasolina por kilómetro. Y bueno, a veces, algo de aceite. Y agua. O dinero para el seguro. O un par de ruedas nuevas. Pensándolo mejor, bastante gasolina. Y una buena —y efímera— limpieza. O un retoque de chapa y un faro de repuesto. Y algo más de dinero para el seguro. Y luego el impuesto de turno, y… todo eso junto comenzó a resultarme menos idílico de lo que imaginaba que sería.

Mi salvación, especialmente con mi limitada economía de estudiante, fue compartir coche. Eso también sé lo que es. Sé lo que es tener la mitad de gastos, la mitad de viajes al taller, la mitad de gestiones y casi las mismas preocupaciones. La mitad de orgullo de propietario, y la mitad de tiempo y de flexibilidad para usarlo. Compartiendo coche, he visto cómo se deterioraba la chapa al doble de mi propia capacidad para rayarla. He notado cómo las marchas iban entrando de forma diferente con el tiempo. He bajado al garaje, llave en mano y mochila a la espalda, para encontrarme un enorme espacio vacío donde debería haber un coche azul.

Con el tiempo, beneficios y cargas se fueron equilibrando y lo que empezó como un romance se convirtió en un matrimonio por conveniencia… y cada vez menos conveniente. Me volví despiadadamente práctico. Con casi todas mis necesidades de movilidad cubiertas por mi frugal bicicleta y otros medios de transporte, comencé a soñar con otros coches para cubrir algunas ocasiones excepcionales, pero todos me iban a suponer lo mismo. ¿El los albores del siglo XXI, no había ninguna solución mejor?

Spoiler: resultó que sí la había. Una solución que me permitiría disfrutar de lo mejor de ambos escenarios —coche propio y compartido— sin sus inconvenientes. La reconocí en cuanto oí hablar del carsharing.

Car… ¿qué?

El concepto de carsharing —”compartir coche” en inglés— es sencillo: la idea consiste en poner una flota de coches, distribuida por la ciudad, a disposición de una comunidad de usuarios, que pueden usarlos en un régimen de alquiler asequible y muy flexible. Esta flota puede ser mantenida y gestionada directamente entre personas —P2P carsharing—, puede ser de propiedad y gestión comunitaria —co-op carsharing— o pertenecer a una empresa —B2C carsharing—, siendo este último el modelo más extendido y hasta ahora el único presente en Madrid. En él, la empresa se encarga de la adquisición y renovación de vehículos, del mantenimiento, de los seguros, del aparcamiento, de las reparaciones, de la gasolina, de garantizar la disponibilidad, etc. —es decir, de todos los problemas que supone tener un coche propio— y el usuario sólo tiene que acceder al sistema, reservar un vehículo del tipo que más le convenga y usarlo por el tiempo que lo necesite, sabiendo que el importe correspondiente a ese tiempo de uso se le cargará automáticamente en su cuenta, sin más trámites.

Esquema conceptual del carsharing - Ilustración por Jorge Toledo

Esquema conceptual del carsharing – Ilustración por Jorge Toledo

Esto, combinado con el uso regular de la bicicleta y el uso esporádico del transporte público urbano y otros medios —incluido el coche de alquiler tradicional— para larga distancia, en mi caso me ha permitido olvidarme indefinidamente del coche en propiedad. Cada vez que necesito un coche, puedo usar el que quiera —pequeño, familiar, de carga o eléctrico— y además encontrarlo siempre limpio, nuevo y a pocas calles de mi casa.

En el siguiente vídeo se cuenta detalladamente, casi a nivel de manual de instrucciones, cómo es el proceso de alta y el uso rutinario de uno de estos servicios:

Las diferencias con un coche en propiedad son inmediatas. La más evidente es la cantidad de preocupaciones y gestiones que uno se quita de encima y, en cierto rango de uso, el coste mucho menor que supone anualmente: de una detallada comparativa —y bastantes cálculos— que hice hace unos meses deduje que podría hacer entre 150 y 200 salidas de unas 4h al año antes de llegar a un gasto similar al que me supondría tener un coche propio, lo cual es muchísimo más de lo que esperaba… y estaba calculando a la baja el coste de este último.

Si tenéis curiosidad por comparar los costes para vuestro nivel de uso del coche, hay un par de calculadoras disponibles online, tanto para el coche privado como para el carsharing, que podéis usar para obtener datos orientativos. Desde Respiro compartían hace tiempo una estimación hecha para un caso particular, y seguramente podréis encontrar otras por la red.

Y hay que pensar no sólo en términos de dinero, sino también de tiempo. No he visto ningún estudio al respecto pero sería igualmente interesante: ¿cuánto tiempo podríamos ahorrar al año, al usar un servicio de carsharing, en gestiones y mantenimiento?

La otra diferencia es de tipo colectivo y global: teniendo en cuenta que un coche, en Madrid, pasa aparcado de media el 97% de su vida útil, compartirlo tiene mucho sentido también en términos de eficiencia energética… y de calidad medioambiental del entorno urbano, pero estos aspectos los comentaré con más detalle en el próximo post de esta serie.

¿Las diferencias con un servicio de alquiler tradicional? Por un lado, el coste es mucho más ajustado, incluso aunque acabes alquilando un día entero; por otro, la flexibilidad de uso es mucho, muchísimo mayor, pudiendo reservar o cancelar la reserva de un vehículo minutos antes de usarlo, seleccionar un rango de tiempo con una precisión de un cuarto de hora o modificar la duración de la reserva sobre la marcha, ya en el vehículo.

Un caso imparable de economía colaborativa

El carsharing se puede encuadrar en la llamada sharing economy o economía colaborativa, basada en el acceso compartido a productos y servicios frente a la propiedad de éstos, y generalmente apoyada en plataformas digitales que facilitan la interacción y la gestión de las actividades.

En una de las varias charlas que hemos tenido sobre el tema, Agustín de Saralegui, de la empresa Respiro, mencionaba un extenso estudio de Frost&Sullivan —del que habla también Sarwant Singh en Forbes— y me daba, bien despiezados, los datos más significativos. Y son ciertamente significativos.

Pese a ser todavía una actividad emergente —habiendo comenzado a funcionar apenas en 2008— el crecimiento que se prevé es enorme, del orden de diez veces en 5-10 años: de los 90.000 coches en régimen de carsharing que hay hoy en el mundo, se espera que para 2025 ronden el millón, pasando de los 3,3 millones de usuarios a alrededor de 40 millones ya en 2020. Una perspectiva prometedora incluso en una sociedad como la española, donde la propiedad tiene aún un fuerte arraigo cultural. Todo ello en 2014, año histórico en el que, por primera vez, en España se están vendiendo más bicicletas que coches. Algo está cambiando, y muy rápido.

www.thefutureofcarsharing.com - clic para ir a la página

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¿Cómo se están tomando esto los fabricantes de coches? Los más espabilados se están dando cuenta que el futuro del coche está, al menos, tanto en el acceso como en la propiedad, así que están cambiando sus modelos de gestión y marketing para funcionar más en leasing, ofreciendo servicios añadidos —como los superchargers, las estaciones de recarga gratuita de Tesla Motors—, o con flotas enteramente dedicadas al alquiler o al carsharing.

Según el estudio mencionado, el carsharing está atrayendo sobre todo a jóvenes entre 25 y 34, con menos recursos, sin familia propia, acostumbrados a usar un coche ajeno, más próximos a la economía colaborativa gracias a su estrecho contacto con Internet, y para los que, aparentemente, tener coche ya no mola tanto. Mi experiencia, al menos, coincide con el estudio: tenerlo presenta cada vez menos atractivo. Poder usar un coche nuevo del tipo que necesito y sólo cuando lo necesito, eso sí que mola.

¿Y en Madrid?

Todo esto, que hace unos años sonaba prometedor pero algo remoto, en Madrid es ya una realidad que ha venido para quedarse.  Actualmente hay dos empresas consolidadas que ofrecen servicios de carsharing: Respiro y Bluemove. Cuando, hace unos meses, hice la comparativa de servicios y precios mencionada más arriba, había una tercera, HelloByeCars, que a día de hoy parece haber desaparecido del mapa.

La implantación del carsharing en la ciudad está bastante avanzada, cubriendo de forma uniforme todo el centro con más de 80 aparcamientos  —unos 150 vehículos— de Respiro y alrededor de 50 —más unos 30 coches aparcados en la calle— de Bluemove, cifras que están en constante aumento dado el rápido crecimiento que están experimentando ambas empresas.

Extensión cubierta por Respiro (izquierda) y Bluemove (derecha + aeropuerto).

Extensión cubierta por Respiro (izquierda) y Bluemove (derecha + aeropuerto).

En ambos casos el funcionamiento es parecido: la reserva se puede hacer por teléfono y a través de Internet usando ordenador o móvil, y el acceso al coche se realiza pasando la tarjeta personal por un detector situado en el exterior del coche. Una vez abierto, en el interior encontraremos la llave de arranque y una tarjeta para el caso en que hiciera falta repostar. Además encontraremos el historial de incidencias del coche por si notáramos alguna anomalía, y un breve manual de uso, muy útil para esos primeros y algo desconcertantes encuentros con el carsharing.

En cuanto a la flota, cada empresa ha adoptado un enfoque distinto: mientras que en Bluemove es bastante homogénea y marcada por su reciente acuerdo con Kia, en Respiro la flota se diversifica mucho en cuanto a marcas, modelos y tipos de vehículo, con lo que, si estás dispuesto a moverte a un parking más lejano, puedes acceder a una variedad mayor. Respiro es además la única que tiene varios modelos de carga, fundamentales si, como en mi caso, una de las pocas cosas para las que realmente necesitas un coche es para hacer la mudanza o llevar algún objeto grande de forma ocasional. Ambas incluyen algún modelo eléctrico, cuyo número y variedad es previsible que aumente en los próximos años.

Ejemplos de vehículos en la flota de Respiro

Ejemplos de vehículos en la flota de Respiro

Ambas empresas coinciden en referirse al carsharing como “coche de barrio”. La idea, en palabras de Agustín de Saralegui, de Respiro, “es que el vecino, sin renunciar a la flexibilidad de tener toda una flota a su disposición, acabe desarrollando una relación de familiaridad con el coche que usa habitualmente, generalmente situado en el parking más cercano a su casa o trabajo”. El uso compartido puede ser también una excusa para generar comunidad a nivel de vecindario, favoreciendo el contacto entre los vecinos y abriendo las puertas a compartir y colaborar para viajes, recados, etc. Hacia esto apunta Bluemove Community, una plataforma que propone la adquisición a través de un contrato de renting, por parte de un “vecino conector”, de un vehículo con la tecnología de carsharing preinstalada, con la condición de que el “conector” comparta un porcentaje del tiempo de uso del coche y promueva su uso entre sus amigos y vecinos. Sin llegar a ser un modelo de carsharing P2P puro, esto permite crecer de manera más descentralizada, bajo demanda, y dando cierta preferencia de uso a los usuarios que necesiten el coche con regularidad.

Hasta aquí, una instantánea de lo que es el carsharing ahora mismo en Madrid. Dentro de unos meses el panorama puede haber cambiado bastante. Como comentaba más arriba, las expectativas de expansión son enormes. En palabras de Saralegui sobre el futuro de Respiro: “Ahora estamos en 154 coches, y mañana entran 5 más. Están entrando nuevas unidades continuamente en función del aumento del número de usuarios y antes de que acabe el año serán 200 coches de Respiro en Madrid. Para 2015 doblaremos —como mínimo— hasta los 400 coches de carsharing en la ciudad.”

En los próximos artículos de esta mini-serie entraré en más detalles sobre el impacto del carsharing en la vida urbana y sobre la experiencia que, como usuario de Respiro, he tenido con el “coche de barrio” durante estos meses.

Más información: Respiro + Bluemove

18 Oct 19:30

BARCELONA Y MÁLAGA

by Miguel Noguera

CUIDADO, BARCELONA Y MÁLAGA. Este fin de semana dejaré dos camisetas sudadas. El viernes en el teatro Goya de Barcelona y el sábado en la Cochera Cabaret de Málaga. Serán espectáculos de perfil absolutamente tactical-analytical, con abundante tangencia y potentes fugados de rango X-8. En fin, espectáculos escarpados, muy esquinados, NO APTOS PARA CARDIACOS (terminó con el cliché más lamentable). ¡Eh! Y ahora escuchadme bien: BARCELONA Y MÁLAGA, dos Ultrashows, viernes y sábado (al final era la misma información), dos Ultrashows, dos plazas, un individuo y diversión INFINITAAAAA (uf). No, no, esperad: Dos Ultrashows, dos escenarios, dos públicos, un individuo, el gerente, dos proyectores, un... ¡no, un momento, por favor, ya casi lo tengo! Dos Ultrashows, una promesa... Va, por favor, sabéis que mi único objetivo es manteneros informados y llegar a los mil caracteres que me exige Facebook para poder publicar la entrada. Si no tuviera que rellenar esta jodida pastilla de texto escribiría lo imprescindible... hala, se acabó, hace un rato que he superado los mil caracteres, el icono ya se ha puesto verde. Pero ¿qué icono? ¿Qué mil caracteres? ¡¿Quién te ha engañado, Miguel?! Me ha engañado Facebook, me ha engañado la gente, mis amigos, el mundo... tantos sueños por cumplir... Adiós amigos, adiós (siento la deriva, pero es que ahora me pone que tengo que alcanzar los mil quinientos caracteres... lo pongo en letras, que así ocupa más, y esta explicación también contribuye clarísimamente, de hecho estas mismas palabras lo han hecho posible). Llegué. Facebook se ha vuelto loco... ¡mil seiscientos, piden ahora! ¡Ya está! ¡Dicho y hecho! Entradas para Barcelona aquí: http://www.atrapalo.com/entradas/miguel-noguera_a217/, para Málaga aquí:http://www.todaslasentradas.com/miguelnoguera
18 Oct 15:51

1 HOUR PORC MAKINETIS

by Venga Monjas
Lo que pedía el pueblo: nuestro cerdo discotequero bailando durante una hora. Aquí puedes ver el vídeo original: http://youtu.be/RLx3sITWD1g Y si te ha gustado la animación, métete en...
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Time: 01:00:00 More in Comedy
18 Oct 15:35

Cuidados Del Ajo : Atar Los Ajos

by La Huertina De Toni
El cultivo del ajo, esta llegando a su fin , a finales de primavera, después de tantos meses en el huerto, estamos casi a punto de recoger nuestros ajos y poder disfrutar de sus...
18 Oct 15:26

Pescado…¿No tan sano?.2013 (Documental) (La 2) (DOTV) (13-10-14) (Español-Inglés)

by bizzentte
Sergioski02

seguimos con la moda de la alimentacion? cuando se pase de moda avisarme, por favor

Pescado, ¿no tan sano? reflexiona sobre estos controvertidos métodos de producción intensiva y cómo amenazan a una industria pesquera que podría verse afectada por un problema de seguridad sanitaria..
15 Oct 07:15

En realidad todos lo sabíamos...


14 Oct 20:31

Fed up (Documental)

by Raul Mannise

Fed Up poster ingles Fed up (Documental)

Fed Up nos enseña los sucios secretos de la industria alimentaria.

La gente enferma mas por lo que comemos que por cualquier otra cosa, muere mas gente en el mundo por grasas y azúcares que por el ebola, el sida y el cáncer juntos. Y no estamos hablando solo de la comida rápida, sino de la que venden como saludable también los productos ligth, los supuestamente naturales y la mayor parte de lo que sale de la industria alimentaria no es mas que basura con buen aspecto.

La cineasta Stephanie Soechtig y la periodista de televisión Katie Couric nos muestran por qué, a pesar del interes de los medios y el público en general y las políticas del gubernamentales para combatir la obesidad en los niños estadounidenses, estos niños al día de hoy tienen una esperanza de vida más corta que la de sus padres.

 

 

14 Oct 16:24

Y tú más: ¡Meapilas!

by Ángeles García

Dice la sabia voz del DRAE que un meapilas es un santurrón. Pero no nos cuenta que además de eso, que dicho así, a palo seco, puede parecer hasta entrañable, tiene unas connotaciones negativas bastante más fuertes.

Porque un meapilas es una persona de esas que se pasa la vida rezando u ordenando la vida de los demás según su dignísima y perfectísima moral religiosa, pero que luego, por detrás, hace todo lo contrario de lo que predica. Es decir, un hipócrita de tomo y lomo, lo que le hace aún más asqueroso.

El término en cuestión es una palabra compuesta por el verbo mear y el sustantivo pila.

La pila de la que habla se refiere a la cubeta de agua que se coloca en la entrada de las iglesias, donde los feligreses meten los dedos en agua bendita para santiguarse cuando acceden a ellas. Aunque según otras opiniones puede ser la pila bautismal.

Y mear está usado en sentido figurado, tal y como nos explica Pancracio Celdrán en El gran libro de los insultos: «lo que mea el santurrón es agua bendita de tanto tomarla», nos dice.

Así pues, meapilas es un término hiperbólico y, si seguimos la reflexión de José Antonio Peñas en su blog Episcohagus, una blasfemia que llama la atención en un pueblo tan tradicionalmente religioso como el español.

«Su significado», comenta, «contrasta con la imagen que recoge, ya que el acto de orinar sobre el agua bendita resulta clara y agresivamente blasfemo. También resulta extraño (en apariencia) que el más católico de los pueblos haga objeto de chirigota a los que manifiestan públicamente su piedad». Y no le falta razón.

Pero, qué queréis, España es asín.

 

Foto de portada: Elzbieta Sekowska / Shutterstock.com

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14 Oct 01:11

No te Puedes Perder Esto!

by vilque

Encontré un ejemplar de la revista S Moda.

maria_y_goya

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Me fijé en la portada. Reparé en la pose vaporosa de María León y Goya Toledo. Analicé sus palabras recogidas en la parte superior derecha: “las mujeres tenemos una fuerza sobrenatural” y no tardé en verlo claro:

maria_y_goia

 

Tampoco tuve que esperar un mayor razonamiento cuando, en búsqueda de cursos de formación online con los que completar mi dilatado perfil, tropecé con un producto dirigido a la gestión de entrevistas de trabajo. Un producto de aspecto veterano, cinco o seis años por lo menos, de la época en que Viva la Vida de Coldplay interrumpía la calma en tu oficina sonando en el móvil de Julio el de Administración. El nivel bajísimo de interactividad que ofrece este curso permite sin embargo dar nombre y apellidos a tu yo virtual, algo que aproveché para utilizar dos sustantivos puerilmente ordinarios y burlar así la pretendida seriedad de la situación planteada. ¿Para qué, si el único que iba a verlo era yo? No lo sé. Miradme, ahí estoy con ese traje gris de mi padre que me queda ligeramente grande y sólo me pongo en Fin de Año o para la esporádica oportunidad laboral. Ahí estoy, licenciado en Sociología porque en casa insistieron en que hiciese una carrera de todas formas cuando la nota de corte no me dio para entrar en Periodismo. Y Ms. Lee, ¿qué extraño mensaje desea transmitir disponiendo las manos en forma cónica sobre sus ingles?

mr_pedo

Recordad las palabras del directivo de la corbata naranja: Let’s get the ball rolling. No dejéis que el protocolo os distraiga del objetivo. Let’s get the ball rolling. Vamos a poner este proceso en marcha, vamos a vestir el muñeco, somos jugadores de equipo. Mirad a la mujer qué desconfiada. Me acaba de conocer y ya teme una reacción informal por mi parte. Y el joven de prometedor futuro de la derecha, ¿me evalúa con aséptico interés profesional o contiene a duras penas una salvaje pulsión homosexual?

 

Y ahora… una urbanización guardada por vigilantes que comen peras!

pear_police


13 Oct 13:47

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