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19 Nov 22:35

Aquellos «indeseables» que quisieron destruir Occidente

by Eureka

La llegada de los primeros hippies a Ibiza fue calificada por la prensa de «invasión» que convertiría la isla en un «pudridero» de suicidios, drogas y locura

Ibiza, a los ojos del reportero, se había convertido en un «perfecto pudridero  de juventud». Alfredo Semprún, autor del artículo convertido en manifiesto antihippie que publicó ABC en agosto de 1969, describía el efecto creado en la isla como de «invasión» y hasta advertía de la formación de una especie de patrullas ciudadanas antihippies: «Seis años atrás,  aproximadamente, arribaron los primeros “hippies”. Y con ellos la suciedad, el abandono y la amoralidad más absoluta... Ya no era lo mismo. Hasta el punto de que tanto en Formentera como en Ibiza se han formado grupos   de   jóvenes   y viejos   isleños que tratan de contrarrestar los efectos del “pacífico”  e impasible “modus vivendi”  de quienes atentan continuamente contra aquella moral que fue siempre patrimonio de la mujer y la familia isleña. No exageramos. Sobre la existencia de estos grupos de represión que actúan en la clandestinidad de la noche hemos tenido confirmación,  sino oficial,  sí  oficiosa... [...]. Proceden de los más diversos rincones del mundo,  aunque en su mayoría,  y según se nos afirma, se trata de jóvenes desertores norteamericanos, hijos de familias   adinerada,   que huyen   del   Vietnam».

Titulares del periódico Pueblo sobre la llegada de hippies a Ibiza

Los medios del franquismo, escandalizados, no escatimaron en adjetivos: invasión, perversión, suciedad... en una isla que ya era conocida en los ambientes hippies y psicodélicos de toda Europa y Estados Unidos como un territorio aún sin masificar, libre y asequible, hasta el punto de que el mismo año en que se publicó el reportaje el director Barbet Schroder la inmortalizó como El Dorado hippie en la película More con banda sonora de Pink Floyd. El argumento es sencillo, casi un clásico en la producción cultural hip: un joven alemán, al acabar la carrera de matemáticas, conoce a una chica hippie con la que se marcha a Ibiza, probando toda clase de drogas y viviendo numerosos viajes.

 

«¿Es acaso una nueva forma de destrucción en masa del mundo occidental?»

El año en que comenzaron a verse los primeros hippies en Estados Unidos, alrededor de 1963, aparecieron los primeros de ellos en Baleares, concretamente en Ibiza y Formentera, donde crearon varias comunas que disgustaron a los redactores del Diario de Ibiza: Así les recibió este periódico en 1963: «Esta grey desgalichada y amoral llega con demasiada frecuencia a la isla. Puro deshecho social, pura escoria de inadaptados, que la más indispensable higiene moral de la isla no tiene por qué tolerar... Sucia grey, deshonesta grey, ruin grey... A esta isla europea no le interesa esta suerte de vómito y de detritus que, con demasiada facilidad, coge pasaje para Ibiza». Al año siguiente, será Triunfo la que publicará un reportaje sobre Ibiza titulado «Ibiza, Babel del Mediterráneo», que ya predispone al lector: «Melenas, barbas, tipos ambiguos e indefinibles... Todo un sector de la población flotante de Ibiza está compuesto por ejemplares humanos que hasta hace muy poco debían resultar tremendamente insólitos para los habitantes de la isla, acostumbrados a la modorra de la vida cotidiana...», aunque en la imagen que servía a este pie de foto aparecían dos chicos con pinta más de beatniks que de hippies, entonces casi en formación.

Ibiza y los hippies segín Triunfo

Pero la reacción antihippie desatada por periódicos como el Diario de Ibiza, el siempre reaccionario Pueblo (que levantó una bandera contra los primeros ye-yés españoles) o ABC alcanzó magnitudes insospechadas, puro deliro que casi parecía traer a la isla las peores visiones de horror y muerte del Valle de la Muerte de Charles Manson y los suyos. Se hablaba de multitudinarias orgías, suicidios por malos viajes, desmesurada tráfico de drogas y violencia. El final del artículo de Semprún así lo demuestra. Ya no se estaba ante un fenómeno contracultural, sino ante algo mucho mayor, tanto como lo que encerrada esta pregunta: «¿Es acaso una nueva forma de destrucción en masa del mundo occidental?». Casi nada.

 

15 Nov 00:46

https://stopalaculturadelporno.wordpress.com/2024/11/14/3005/

by ANA G. AGUILAR
01 Nov 23:11

¿Cómo se usa la arena? – El gran desafío político de la urbanización costera

by admin
Por Pierre Magontier, Albert Solé-Ollé y Elisabet Viladecans-Marsal Las regiones costeras son centros vitales de actividad económica y belleza natural, atrayendo a las personas tanto para residencia permanente como para el turismo. En España, esto es particularmente evidente, con un 44% de la población – aproximadamente 20 millones de personas – viviendo a menos de 5 [leer más ...]
09 Oct 07:42

Que se cuece en el laboratorio…

by Patri
Qué se cuece en el Seedlab (literal)
Estamos ajustando uno de los protocolos de medir el peso seco que tienen las semillas. Para ello utilizamos un horno modificado para lograr una temperatura constante de 103º durante 17h, para que la humedad se vaya, y así pesar la diferencia.
Esto es muy importante para el priming, y el almacenamiento.
La dificultad viene de la exactitud, ya que el protocolo habitual está diseñado para laboratorios donde la lentitud del proceso no es tan problemática como en nuestro caso, que debe ser más práctico.
Al sacar la semilla del horno, aun caliente, y emplear la báscula de precisión… entre la humedad del ambiente y la pequeña corriente de convección creada entre la semilla y la báscula, teníamos unas mediciones imprecisas que ajustar.
La solución actual es meterlas en frascos abiertos en el horno, y justo antes de sacarlas, aun calientes, se les pone la tapa y dejamos enfriar. De esta forma, pese a que la medición toma algo de tiempo, eliminamos las dos desventajas antes citadas.

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29 Sep 11:46

Preveyendo la cosecha de bellotas

by Patri
Sergioski02

Mis zapatos

Ha pasado la montanera, como ya explicamos en publicaciones anteriores, y a finales de agosto las bellotas dan el estirón.
Si para estas fechas siguen casi sin salir de la cúpula como en la primera imagen, esos frutos tienen pocas posibilidades de prosperar, lo que indica un estrés hídrico y vulnerabilidad para el árbol. Lo habitual en estos casos es que los gorgojos (Curculio sp.), piquen las bellotas, luego echarán resina, vendrán más avispas, caerán, etc.
Sin embargo, las que se desarrollan bien, pese a ser picadas por el curculio no son afectadas en la misma proporción.
De este modo, cuando observamos encinas, podemos anticipar y organizar las cosechas, ir eligiendo ejemplares para recolección, etc.
El otro año por ejemplo, dadas las malas previsiones, pudimos anticiparnos e hicimos una llamada para saber dónde había encinas de las que poder cosechar buenas bellotas.

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20 Sep 19:45

Images of Impossible Bridges: III A Letter

by Administrador
Images of Impossible Bridges: III A Letter. August 2024. Actually, the letter is very short. It arrived from Cauca, in […]
11 May 19:09

Gulliver en el país de los enanos toreros

by David Bizarro

Concebido como «una sátira contra la marginación», el tercer largometraje de Alfonso Ungría ha permanecido oculto en un cajón durante casi medio siglo. Su reciente recuperación nos permite reconciliarnos con el pasado atroz de un país gobernado durante demasiado tiempo por mentes estrechas.


«Un día, los enanos se rebelarán contra Gulliver —nos advirtió el cantautor Joaquín Sabina— Todos los hombres de corazón diminuto, armados con palos y con hoces, asaltarán al único gigante con sus pequeños rencores, con su bilis, con su rabia de enanos afeitados y miopes». Aquella canción, incluida en su segundo álbum Malas compañías (1980), parecía retomar la acción allá donde terminaba la irreverente película de Alfonso Ungría, estrenada casi de tapadillo en un par de cines de arte y ensayo de Madrid, tras soliviantar a los censores a su paso por la Seminci de Valladolid en 1977. En la pantalla, una troupe de enanos persigue al protagonista en su desesperada huida hacia un monte cercano, ataviados con ropajes de ángeles, demonios, nobles engolados, eclesiásticos y militares. Durante una pausa del accidentado rodaje, bajo el sol abrasador de Extremadura, Fernando Fernán Gómez paseó la mirada por aquella comitiva estrafalaria y enjugándose el sudor del rostro exclamó: «¡Jesús, qué vida más rara llevamos!».

A sus pies, la pequeña aldea de Granadilla (Cáceres), cuyos campos inundados por la construcción de una presa habían dejado vacía y rodeada de agua, lucía como una isla -real y metafórica- habitada por liliputienses. «Treinta grandes enanos», para ser más precisos, pertenecientes a las cuadrillas de los empresarios cómico-taurinos más importantes de la época. Aunque los orígenes de aquellos espectáculos se remontan al siglo XIX, fue durante la década de los cincuenta cuando vivieron su etapa de máximo esplendor. Primero, de la mano del asturiano Pablo Celis Cuevas, anunciándose como El Bombero Torero y sus Enanitos Toreros, reclutados entre la farándula del madrileño Circo Price como reclamo para el público infantil. Y al poco tiempo, gracias al granadino Manuel Pérez Luque «El Chino Torero», recorriendo toda España y gran parte de América, visitando, entre otros lugares, Venezuela, Ecuador, Colombia y México.

entrevista a alfonso ungría en Pueblo, 23 junio de 1976.

«A mí siempre me habían asombrado aquellas corridas bufas —reconocía el propio Ungría en una entrevista concedida a El País, con motivo del tardío estreno de la película— Cuanto más empitonaba el becerro a los pequeños hombrecillos, cuantas más volteretas y golpes les propinaba, más crecían las risas, el jolgorio, del respetable público. ¿Fiesta bárbara? ¿Sadismo colectivo? No; más bien, descubrí que la desfiguración de una imagen (trágica, en este caso: la cogida) libera de la crueldad de su absurdo, y este descubrimiento gratificante se desborda en risa».

Cuadrilla del Bombero Torero y sus enanitos, junto a 'Charlot', otra figura del toreo bufo que encarnó Paco Arévalo, padre del popular artista cómico del cine y la televisión quien, por cierto, también intervino en sus principios en este tipo de espectáculos.

A ojos del cineasta, la tradición cervantina y el esperpento valleinclanesco condicionaron el retrato de aquel país que iniciaba los trámites para subirse al carro de la Transición democrática. Con dos largometrajes vanguardistas a sus espaldas —El hombre oculto (1971), premiado en la Mostra de Venecia y condenado por la censura, y Tirarse al monte, que todavía permanece inédito— Ungría se embarcaba así en otra empresa suicida: una adaptación sui generis del Gulliver de Jonathan Swift, escrita a cuatro manos con Fernán Gómez, en la que un fugitivo es acogido por una cooperativa de enanos que se ganan la vida con las charlotadas con las que salen de gira cada verano. Esto es, la fiesta (y el espíritu) nacional al estilo de Carmelo Tusquellas y Eduardo Pagés, otra pareja de novilleros que después de muchos revolcones y cornadas pasearon su hazmerreír por todas las plazas de España disfrazados de Charles Chaplin.

Cartel de charlotada en Madrid (1933).

otro ejemplo del estrecho vínvulo existente entre los espectáculos cómico-taurinos y las estrellas del cine cómico de Hollywood (granada, 1940).

«Un día, los enanos se rebelarán contra Gulliver»

El peculiar casting lo completaron integrantes de la Compañía de Variedades de Eduardini, que ya habían participado en la película El silencio (1963) del sueco Ingmar Bergman. Su fundador, Eduardo Gutiérrez Almela, publicó anuncios en la prensa nacional hasta reunir a su elenco principal en 1950, con ánimo de emular el éxito de Blancanieves y los siete enanitos, el primer largometraje de animación de Walt Disney. El negocio resultó ser lo suficientemente lucrativo como para inaugurar su propio circo, que terminó arrasado por un viento huracanado en 1958. «¡Soplaré, soplaré, y tu casa derribaré», que canturreaba el villano de otro cuento infantil. Al fin y al cabo, desde su primera edición española en 1841, titulada El Gulliver de los niños, la obra de Jonathan Swift permanecía cómodamente instalada en el imaginario infantil, y ninguna de sus adaptaciones cinematográficas previas parecían dispuestas a corregir esa percepción, ajena a la amarga crítica social del original literario.

una pausa del rodaje de El silencio (1963) de Ingmar Bergman.

Tampoco la zarzuela en tres actos, a cargo de Antonio Paso y Joaquín Abatí, con música de los maestros Jerónimo Jiménez y Amadeo Vives para Loreto y Chicote, y que se estrenó en el Teatro Cómico de Madrid en 1911, supuso un cambio sustancial al respecto. Al menos hasta que, una vez muerto el Ogro en el Hospital de La Paz, el 20 de noviembre de 1975, Ungría asumió dicha responsabilidad: «Creo que al transformar la fábula en una historia realista, ganará. Como lo primordial era lo satírico, el trabajo se centraba en crear una gran variedad de “situaciones”. El argumento conductor era lo de menos. Cuanto más sencillo, costumbrista y popular, mejor. Yo propuse uno: una comunidad de enanos, a la que llega el hombre “normal”, y en la que se obedece a un jefecillo autoritario».

El encargado de interpretarlo fue Enrique Fernández, con quien el director ya había trabajado en un par de adaptaciones literarias para Televisión Española: El regreso de Edelmiro (1974), basada en el relato de Ramón J. Sender y Don Yllán, el mágico de Toledo (1975), a partir de uno de los relatos de El conde Lucanor del infante don Juan Manuel. Su presencia en la película adquiere dimensiones icónicas, ya sea vestido como un golfillo de las comedias de Mack Sennett, con su gorrilla, pantalón corto y camiseta de rayas, o convertido en Ángel Exterminador a la altura del tercer acto; parapetado siempre tras unas lentes oscuras de reminiscencias franquistas. Como antagonista suyo, Juan José Espinosa, showman liliputiense, casado con la famosa cantante flamenca Perlita de Huelva, «diminuto pero proporcionado», en contraste con el resto del elenco dominado por acondroplásicos. «Curiosamente, para una parte de ellos, los “no artistas”, los que “sacamos” de sus casas para hacer la película, su participación en ella supuso una liberación —reflexiona Ungría— Tras su experiencia en el rodaje, algunos de estos perdieron sus miedos y complejos y buscaron su independencia más allá de la “protección” familiar».

LUIS CIGES TOREANDO A ENRIQUE FERNÁNDEZ EN EL REGRESO DE EDELMIRO (1974)

«¡Jesús, qué vida más rara llevamos!»

Sin embargo, a Fernán Gómez, el Gulliver de la función, lo que más le impresionó fue «el haber visto que todos estos actores componían una especie de sociedad distinta dentro de nuestra sociedad. Y que se comportaban de otra manera. Vivían así». Había algo profundamente anárquico en su conducta, dispuestos a sacar provecho de cualquier rechazo, siempre que conservaran a cambio intacta su libertad. Como cuando la dirección del Hotel Alfonso VIII de Plasencia les negó hospedarse junto al resto del equipo, alegando que darían mala imagen a su clientela. Les reubicaron en un hotel de carretera, junto a una estación de servicio, lejos de las miradas vergonzantes. Una noche, sobre las tres de la madrugada, un camionero fatigado detuvo su trailer para tomarse un café doble en el bar de la gasolinera. Según relata el propio Ungría, «cuando abrió la puerta del local, tuvo que restregarse los ojos, dudando de si lo que veía era real o una alucinación. Allí, en su interior, había un tropel de enanos bailando, borrachos perdidos, al son del Dancing Queen de ABBA a todo volumen. Tarareaban a voz en grito la canción, en inglés macarrónico, gesticulando, bamboleando algunos su culo desnudo, otro vomitando en una esquina, una pareja morreándose en la contraria, mientras un camarero iba de un lado a otro intentando que bajaran al suelo y apaciguar la jarana». La estampa no difiere demasiado de las legendarias bacanales atribuidas al centenar de munchkins y winkies que se alojaron en el Hotel Culver durante las nueve semanas que duró el rodaje de El mago de Oz en 1939, y entre los que se encontraban los madrileños hermanos Del Río, de apenas cincuenta centímetros de estatura.

el liliputiense Juan José Espinosa lidera la asamble de los enanos.

Percibimos el eco de ambas anécdotas en una de las secuencias más sarcásticas de Gulliver, cuando los oprimidos se rebelan contra el pequeño dictador, dejándose embaucar por las promesas del libre mercado para abrazar en su lugar las timbas, el alcohol y el humo del tabaco, en nombre del progreso y la socialdemocracia. Inevitablemente aflora el recuerdo de También los enanos empezaron pequeños (1970), otra cinta de culto filmada en la isla de Lanzarote por el alemán Werner Herzog, y en la que los sublevados emprenden una cruzada nihilista y autodestructiva bajo la consigna de «Fester, fester!» (¡Más fuerte, más fuerte!) de Alfred, el personaje interpretado por Helmut Döring, que tan solo un año antes había encarnado al diminuto mayordomo nazi en La caída de los dioses de Luchino Visconti.

fotograma de también los enanos empezaron pequeños (1970) de werner herzog.

«Un tropel de enanos bailando, borrachos perdidos, al son del Dancing Queen de ABBA a todo volumen, mientras un camarero iba de un lado a otro intentando que bajaran al suelo y apaciguar la jarana»

«Pobre de ti, Gulliver —vaticinó Sabina— Pobre de ti el día que todos los enanos unan sus herramientas y su odio; sus costumbres, sus vicios, sus carteras, sus horarios. No podrán perdonarte que seas alto». Cumpliendo a rajatabla con los requisitos necesarios para firmar otra “película maldita”, Ungría renunció a la distribución con la Warner Bros. para poder estrenarla sin cortes en los cines Pompeya y el Palace de Madrid, con dos años de retraso y sin repercusión comercial alguna. Tanto fue así que la cinta ha pasado cerca de medio siglo embargada por sus acreedores, impidiendo cualquier intento de distribución o exhibición posterior. «Fue una de las primeras películas que quise programar, consciente de su malditismo y su rareza —añade Álex Mendíbil, responsable de la Sala:B de la Filmoteca Española— Mi gozo en un pozo: el 35mm de los archivos de Filmoteca Española estaba demasiado virado a rojo, algo habitual en las copias de esa época».

De hecho, la única copia a la que tuvimos acceso durante décadas provenía de una edición pirata en DVD de la compañía estadounidense Miracle Pictures y se caracterizaba por una pésima calidad de imagen y sonido. Hasta que inesperadamente el propio Ungría y TVE llegaron a un acuerdo con Enrique Cerezo para que la rescatara como parte del catálogo de Mercury Films. «Esta labor, que podría haber sido asumida por un Estado protector, la ha realizado un particular —concluye el cineasta madrileño en sus Memorias. Del Cine en la Transición, publicado por Cátedra— Y, si no es la mejor noticia, al menos es un consuelo. Y un alivio, aunque sea provisional (…) ya que, con esa acción empresarial, egoísta en cuanto a negociadora, Cerezo ha sustituido al Estado en su deber de proteger un patrimonio colectivo (…) puesto que se ha preocupado por restaurar y digitalizar, cuidadosamente, todos y cada uno de sus títulos. De esta insólita manera, casi todas las películas del cine español están a salvo de las inclemencias químicas, en un limbo indefinido».

El grupo “Diversiones en el ruedo y sus enanitos torero” al completo durante un acto de protesta en agosto de 2021.

El 24 de abril de 2024 se aprobaba definitivamente en el Congreso la ley que prohíbe «los espectáculos o actividades recreativas en que se use a personas con discapacidad o esta circunstancia para suscitar la burla, la mofa o la irrisión del público de modo contrario al respeto debido a la dignidad humana». Para el director general de Discapacidad del Ministerio de Derechos Sociales, Jesús Martín Blanco, aquejado de displasia ósea, «el enanismo no es ninguna profesión; en España no hay bufones, sino personas». Un año después, el pasado día 26, Gulliver se emitía en Historia de nuestro cine en La2 de TVE. En una nota a pie de página de su libro, Alfonso Ungría todavía se pregunta si mereció la pena defensa tan numantina para salvaguardar la integridad de aquella película, ahora que el mercado y la corrección política han eliminado la capacidad transformadora del arte, y los artistas apenas generan algún impacto moral o social con sus obras. «Te acusarán de estar vivo en el país de los muertos. De ser gigante en el país de los enanos. De ser la voz que clama en el desierto».

08 May 11:01

La fiesta eterna: un aniversario en el templo del rock and roll

by Lady X

Rossy de Palma y una compañera del grupo Peor Impossible dentro de la barra del bar

Te mostramos las hermosas imágenes que retrataron un momento irrepetible: el II Aniversario del mítico y malasañero King Creole, con Almodóvar, Ana Curra, Jaime Urrutia, Poch, Alberto García Alix, Rossy de Palma y un sinfín más de personajes de la noche madrileña


En 1986, Ely Agramunt fotografió el II Aniversario del King Creole, el mítico local rockabilly de Malasaña situado en el cruce de las calles San Vicente Ferrer y la Corredera de San Pablo, y a un paso del Penta o La Vía Láctea, dos de los garitos también más históricos de aquel irremediablemente perdido Madrid. Actuaron Gabinete Caligari, Malevaje o Derribos Arias, entre otros, y Agramunt retrató a parte del público: Almodóvar, Ana Curra, Jaime Urrutia, Poch, Alberto García Alix, Rossy de Palma y un sinfín más de personajes de la noche madrileña.

El King Creole también tenía su leyenda «negra» como epicentro de peleas y broncas, sobre todo a sus puertas con mods o choques entre bandas, pero sobre todo supuso una especie de cruce de caminos entre muchas luminarias de aquellos años, muchos de ellos provenientes de mundos distintos, como Rossy de Palma, que trabajaba de camarera y había publicado un single llamado Susurrando con su grupo musical Peor Impossible. Almodóvar, en 1985, la conoció allí una noche durante una de sus incursiones en el King Creole. Inmediatamente la reclutó para La ley del deseo, que estaba rodando en esos momentos. O Joe Strummer, que vivió durante un tiempo junto a Santiago Auserón y solía ser también cliente habitual.

La serie de fotografías de Agramunt se encuentran en el Archivo de la Comunidad de Madrid.

Actuación de Malevaje durante la fiesta. Ana Curra junto al pie de micro

Alberto García Alix, el guitarrista de Derribos Arias y otro individuo

Actuación de Gabinete Caligari

Varios individuos, entre ellos el hermano de Eduardo Benavente

Jaime Urrutia de Gabinete Caligari y su novia fotografiados en el baño

Jam Session con músicos de Los Pistones y otros

Derribos Arias en concierto

Ambite de Los Pistones y su novia

El hermano de Eduardo Benavente y otros. Al fondo, tras la barra, Rossy de Palma

Poch de Derribos Arias y su clon durante una performance. También Iñaki, de Glutamato Ye-Yé

Pedro Almodóvar y varios amigos suyos

Edi Clavo de Gabinete Caligari durante un concierto

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22 Mar 20:42

Miel solar de Endesa y ecopostureo en el nuevo informe del Observatorio de Corporaciones Alimentarias

by irina
Sergioski02

Mmmm, como se nota el sabor a sol.

  • El nuevo informe del Observatorio de Corporaciones Alimentarias (OCA) de Justicia Alimentaria pone el foco sobre la MIEL SOLAR DE ENDESA y el fenómeno creciente del ECOPOSTUREO
  • La Ley de Consumo Sostenible combatirá el «greenwashing» de las corporaciones en Europa y España
  • Justicia Alimentaria tiene 5 peticiones dirigidas al Gobierno del Estado español, a las corporaciones energéticas y a la persona consumidora

Tras denunciar los cultivos de mango en la Axarquía malagueña, la venta de dátiles de Israel en los supermercados españoles y la presencia de derivados del petróleo en alimentos infantiles, llega el cuarto informe del Observatorio de Corporaciones Alimentarias (OCA) de Justicia Alimentaria focalizado en la comercialización de la miel solar de Endesa.

En diciembre del año 2023, la compañía Endesa presentó oficialmente su nueva marca “miel solar de Endesa”. Registrada en la Oficina Española de Patentes y Marcas, se trata de una miel producida en 3 apiarios situados en plantas solares de la filial renovable de Endesa, Enel Green Power España (EGPE). No es una acción a pequeña escala, ya que el plan de desarrollo afectará a 22 plantas a finales del año 2025, aprovechando la expansión de la energía solar en territorio del Estado español en lo que ya se conoce como “el boom de las renovables”.

Endesa apuesta por la miel y uno pude preguntarse, ¿por qué? Su objetivo es «certificar la compatibilidad real de la tecnología solar con la elaboración de miel ecológica, al mismo tiempo que se desarrolla un programa de formación y emprendimiento en este sector clave para la preservación de la biodiversidad«, como dicen en su página web. A este espejismo de simbiosis única se le conoce como agrovoltaísmo, que consiste en combinar la producción de energía solar y las prácticas agrícolas.

Esta iniciativa aparece justo cuando hay un intenso debate sobre la compatibilidad de los llamados monocultivos solares y la actividad agrícola, cuando los dos usos compiten por el mismo suelo agrario. Como la tierra fértil es un recurso escaso, y la sustitución del uso de las tierras fértiles está sujeto a un intenso debate social, las principales corporaciones energéticas nos ofrecen su respuesta: escoger entre producir alimentos o energía es un falso debate, se pueden hacer las dos cosas.

LA MIEL DEL ECOPOSTUREO

Pero, ¿qué es esto de la miel solar? Es más, ¿existen conceptos como ‘miel solar’, “colmena fotovoltaica” o ‘apiario solar’ o se trata de lo que una reciente normativa europea califica como ecopostureo? Lo cierto es que “miel solar”, “colmena fotovoltaica” o ‘apiario solar’ son conceptos bastante peculiares. Y lo son incluso desde un punto de vista metafórico.

La normativa europea que pretende combatir el postureo ecológico se puso en marcha en enero de 2024. Desde Justicia Alimentaria creemos que la nomenclatura “miel solar” o “apiario solar” podría perfectamente entrar en esta categoría al ser será considerada una “práctica comercial engañosa que no ayuda a elegir mejor la compra”, tal y como reza el texto europeo y que se deberá incorporar al ordenamiento jurídico español antes de 24 meses. 

La futura ley que prepara el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, y que se denominará Ley de Consumo Sostenible, pretende luchar contra el ‘greenwashing’ con multas de 100.000 euros o hasta seis veces el beneficio ilícito obtenido a las empresas que hagan ecopostureo. 

Consecuentemente, en el caso de que se considerara que la “miel solar de Endesa” forma parte de la categoría de ecopostureo tal y como la define la Directiva europea, la empresa debería ser multada y/o la marca retirada del mercado hasta que no disponga de una nueva etiqueta, o una nueva nomenclatura, acorde con el nuevo escenario legal. La nueva directiva pretende que el etiquetado de los productos sea más claro y fiable mediante la prohibición del uso de alegaciones medioambientales genéricas. Desde Justicia Alimentaria creemos que “miel solar”, “apiario solar” y “colmena fotovoltaica” entran de lleno en este epígrafe de prácticas comerciales de blanqueo ecológico potencialmente prohibidas por la Unión Europea cuando entre en vigor el nuevo reglamento.

Si la marca miel solar ya puede generar confusión, la segunda parte del proyecto de Endesa añade aún más ruido de fondo. La marca viene acompañada de la frase “denominación de origen certificada”, que suena muy parecido a Denominación de Origen Protegida. Esta última es una categoría con aval público, con unos requisitos claros y transparentes, y sometidos a inspección y validación pública. Se trata de una figura que ampara a unos alimentos de calidad diferenciada que, al tener unas características diferenciadas y deseables para la sociedad, se les otorga una visibilidad diferenciada. Es decir, una denominación de origen certificada realmente no puede certificar NADA a NADIE.

La duda razonable es si esta nomenclatura de “denominación de origen certificada” debería ser legal para un producto alimentario, ya que induce a pensar que algún organismo oficial, o el propio Ministerio de Agricultura y Pesca del Estado español, ha otorgado el sello de calidad correspondiente cuando se trata de un mero registro empresarial en la Oficina Española de Patentes y Marcas. Desde Justicia Alimentaria creemos que etiquetar con “denominación de origen certificada” lleva a la confusión absoluta de la persona consumidora.

PETICIONES DE JUSTICIA ALIMENTARIA

Justicia Alimentaria presenta cinco peticiones al Estado español, a las corporaciones energéticas y a la persona consumidora:

  • Prohibir la nomenclatura “miel solar”. No existe la miel solar. Hablar de miel solar”, “colmena fotovoltaica” o ‘apiario solar’ es ya, bajo la normativa europea una nomenclatura sospechosa de caer en el postureo ecológico, a la espera de que se concrete bajo el redactado de la nueva Ley de Consumo Sostenible del Estado español. Endesa busca transmitir una serie de atributos vinculados con la ecología y/o el medio ambiente que son, cuando menos, altamente discutibles según todo lo que denunciamos en Las mentiras que comemos, la primera gran campaña sobre greenwashing alimentario del Estado Español de Justicia Alimentaria.
  • Justicia Alimentaria recomienda a la persona consumidora comprar miel auténtica de calidad directamente a apicultores y apicultoras locales, huir de las mezclas y buscar miel de origen España sin la participación del oligopolio energético. El uso de jarabes de azúcar, el enmascaramiento del origen de la miel, la falsificación de la trazabilidad o la miel con sellos y marcas sospechosas han provocado una de las peores crisis del sector de la apicultura en el Estado español. La Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) tiene un listado actualizado de apicultoras y apicultores de venta directa y/o de proximidad de miel para comprar miel con nombre propio y apellidos, y la miel solar de Endesa no consta en dicho listado.
  • No es la mismo la denominación de origen certificada que la denominación de origen protegida. Estas últimas se conceden por las autoridades públicas siguiendo unas especificaciones que hay que cumplir al pie de la letra si se quiere lucir el sello correspondiente. Lo de Endesa es una certificación privada que genera confusión a la persona consumidora. En el marco de la nueva normativa europea y bajo el paraguas de la nueva Ley de Consumo Sostenible del Estado español sería denunciable y habrá que actuar, pero mientras tanto exigimos que se actúe igualmente por posible caso de publicidad engañosa dentro del marco de la Ley General de Publicidad.
  • El Estado español debe regular con más firmeza las concesiones de nuevos megaparques solares descartando todos aquellos que no priorizan la tierra fértil. Además, se debe mapear el verdadero impacto alimentario en las zonas donde se concentra el agrovoltaísmo. Existe un grave conflicto de compatibilidad entre el agrovoltaísmo y la preservación de la vocación agraria por parte de las grandes corporaciones.
  • A favor de las renovables, no de los megaproyectos. A favor de la transición a la energía limpia por y para todos. La energía renovable será popular o no será. La mal llamada España vacíada se pretende llenar con todo lo nuevo del agrovoltaísmo salvaje. Hay que descentralizar el modelo o caeremos en el mismo error de bulto que con el modelo anterior y el declive de la energía fósil. Las nuevas megaplantas de las grandes corporaciones del oligopolio energético despiertan la voracidad inversora con la expropiación de tierras. Las empresas energéticas se han apoderado del relato de la descarbonización a través de la transición energética. Usando técnicas de greenwashing y ecopostureo se han erigido como portavoces y garantes de su viabilidad en el presente y el futuro, sin diferenciar entre las empresas de renovables que ansían el beneficio privado de las que proponen un beneficio sustancioso de la población local.

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21 Mar 05:46

Cuando los punks destruyeron la Semana Santa

by Pete «Black Thunder»

     Salve (Ohiuka, 1984) de La Polla Records

Se hablaba de un «Congreso internacional de punkies». El año en que penitentes y punks, cirios en mano, se enfrentaron y provocaron el caos en Pamplona y Cuenca


Hubo empujones, insultos y cánticos entre decenas de personas que se apretujaban por las estrechas calles del casco viejo de Pamplona. Caía la madrugada y la imagen regresaba desde la iglesia de San Agustín hasta la de San Lorenzo. Un sector de ellos eran penitentes de la Hermandad de la Pasión que acompañaban a la Virgen de la Soledad por las calles, acompañados por decenas de fieles que marchaban en silencio y con la mirada llena de miedo ante la presencia de cientos de punks que salían de los bares o estaban sentados a un metro de ellos. En el otro lado, una amalgama de punks que a esas horas ya había comenzado la fiesta desde hacía tiempo y que coreaba un improvisado himno punk, el «Salve» de La Polla Records: «A cuenta de prometer; el reino de los cielos / Algunos vivillos lo que están haciendo / Es su propio cielo particular en la Tierra / Compre un pedazo de cielo / Pagando su cuota mensual / ¡Salve Regina! Mater Misericordia».

«En la calle Calderería, las botellas volaban junto a gritos de “¡Hay que quemar a la Dolorosa!”».

Había habido conatos de choques en años anteriores, sobre todo en ese punto del recorrido, un lugar habitual de bares punks. Los devotos no pusieron la otra mejilla. Parece ser que la violencia se desató cuando uno de los penitentes perdió los estribos y, cirio en mano, le atizó con este a un joven punk, que provocó una pelea multitudinaria mientras la imagen de la Virgen iba de un lado a otro y algunos temían que cayera derribada. «Decenas de penitentes se abalanzaron en ese momento sobre los grupos de jóvenes arrojando velas y cirios de mayor tamaño, mientras los provocadores lanzaban contra la Virgen y los asistentes a la procesión numerosas botellas de cerveza, sin que se produjeran heridos de consideración», describió El País, que publicó la noticia en su portada. En la calle Calderería, las botellas volaban junto a gritos de «¡Hay que quemar a la Dolorosa!». En lo sucesivo muchos recordarían los incidentes como la «batalla de Calderería».

El año era 1988, el año en que el punk en España se hizo casi masivo y grupos como La Polla Records y muchos otros eran capaces de movilizar a cientos de jóvenes.

«Jóvenes "punks" provocan disturbios en las procesiones de Cuenca y Pamplona». Portada de El País (abril de 1988)

Txarli y Evaristo, de La Polla Records, tras un concierto en la Escuela de Caminos de Madrid. 1983. Fotografía de Marivi Ibarrola

«Algunos concejales socialistas llegaron a afirmar que se debería restaurar el destierro como medida ejemplar contra los alborotadores»

Lo cierto es que en Pamplona los punks junto a activistas gays y antimilitaristas llevaban años fomentando el anticlericalismo y las procesiones ateas. En 1986 se creó un grupo anticlerical llamado KKKK (Komité Kristo Krucificado Kopón), creado alrededor del colectivo pro okupación Katakrak y la radio libre Eguzki, que organizó una procesión atea en la que se quemaron libros simulando un tribunal inquisitorial. A la contraprocesión asistieron un centenar de personas y, al paso de la imagen, se produjeron incidentes y choques con la policía. En un momento dado, varias botellas impactaron contra el Cristo Crucificado mientras se sucedían los porrazos. En 1988, el año de los incidentes más graves, se había creado otro grupo llamado RATA (Roedores Anticlericales Totalmente Ateos), formados por una mayoría de punks. Algunos concejales socialistas llegaron a afirmar que se debería restaurar el destierro como medida ejemplar contra los alborotadores, algo que ya llevaba haciendo la policía por iniciativa propia y con el respaldo del ayuntamiento, deteniendo arbitrariamente a los punks días antes de las fiestas y llevándolos a varias decenas de kilómetros de la ciudad, donde los dejaba en «libertad».

Flyer de Katakrak y KKKKK convocado una marcha atea para Semana Santa

Disturbios protagonizados por punks durante la Semana Santa de 1992 en Cuenca (ABC)

Aquella Semana Santa llegó con amenazas de disturbios a lo largo y ancho de España. En Cuenca, el año anterior, se habían producido enfrentamientos físicos cuando la imagen intentó atravesar una calle frecuentada por punks, que no dudaron en lanzar piedras contra los penitentes y los agentes de policía que acudieron a calmar los ánimos. También en Madrid y Valencia se produjeron incidentes y ese año de 1988, durante las procesiones, existía el temor de que se repitiese algo similar. Al parecer, se decía (aunque nadie vio anuncio alguno) que existían convocatorias que iban de mano en mano de los punks para pasar «una noche sin control». Incluso se hablaba de un «Congreso internacional de punkies».  

Lo de Cuenca, en las inmediaciones de la plaza Mayor, acabó con cinco detenidos. La policía aseguró que había incautado casi un centenar de navajas, varios juegos de cadenas, un hacha y un bate de béisbol. También allí la turba coreó el ya famoso «Salve» punk, lo mismo que sucedería en 1992. 

28 Jan 09:06

Jiménez del Oso: ayahuasca, música experimental y Neuronium

by Pete «Black Thunder»

En 1989, ante millones de espectadores, apareció tomando ayahuasca en una serie con música de Michel Huygen, del grupo Neuronium, pionero en los sonidos espectrales e hipnóticos. El famoso psiquiatra fue amante de esta música y grabó varios discos junto a Huygen.


Resulta imposible olvidar su rostro y, sobre todo, su voz, abisal y grave. Ningún presentador, ni antes ni después, ha podido alcanzar el carisma y estilo del psiquiatra y periodista Fernando Jiménez del Oso, que popularizó en nuestro país el mundo paranormal y lo oculto como nunca antes se había hecho. Sus medios eran precarios, y sus programas, vistos hoy en día, resultan casi hilarantes, absolutamente de serie B, pero igual de fascinantes.

«Jiménez del Oso, aquella jornada, no viajó, pero sí lo hizo un visiblemente afectado Benítez, que sufrió espasmos y aseguró haber tenido una experiencia extrasensorial»

En 1989, con su popularidad ya por las nubes, se embarcó en un programa, En busca del misterio, que comenzó polémico e impactante. En compañía del investigador, escritor y amante del mundo paranormal J. J. Benítez, millones de españoles vieron cómo en la televisión pública se sometía a una sesión psicotrópica. El doctor ingirió repetidas dosis de ayahuasca en medio de canticos y palmas, en una sesión de viajes astrales y delirio de la mano de una secta brasileña de protectores de la naturaleza y algo más. Jiménez del Oso, aquella jornada, no viajó, pero sí lo hizo un visiblemente afectado Benítez, que sufrió espasmos y aseguró haber tenido una experiencia extrasensorial.

Años después, este último lo recordó de esta forma: «¿Cómo olvidar aquel martes, 28 de noviembre de 1989? Pocas veces he sentido tan cercana, tan mía, lo que, en un alarde, podría definir como la posesión de la verdad. Aquel 28 de noviembre, en Brasil, una parte de mí mismo, puede que la más noble, vivió una singular experiencia: el desafío de la ayahuasca o “soga del muerto”. Por aquellas fechas, según consta en uno de mis cuadernos de campo, nada más aterrizar en Río de Janeiro, mi compañero de aventuras y desventuras, el doctor Jiménez del Oso, me lanzó una malévola insinuación: en el caso de trabar contacto con los míticos ayahuascaros de la selva amazónica, ¿estaría dispuesto a compartir con él la toma de este poderoso alucinógeno?». Y lo hicieron.

Jiménez del Oso junto a un afectado J. J. Benítez en pleno viaje

Sin embargo, en la entradilla del programa una música espectral y extraña hacía su aparición, acompañando con sonidos el reportaje. En los créditos, un nombre, Michel Huygen, compositor de música experimental y miembro de los legendarios Neuronium, pioneros en la música espacial y atmosférica en nuestro país.

La relación entre Jiménez del Oso y Huygen venía de mucho atrás. El parapsicólogo, profundamente interesado en los estados alterados de la percepción, se había acercado al estudio de muzak, una música inicialmente creada para que funcionase en hilos musicales de ascensores, aeropuertos y supermercados como música subliminal capaz de provocar emociones o de aplacarlas, manipulando la mente del oyente. Su interés por el trabajo de Huygen vino por el uso de ciertos sonidos y frecuencias, utilizados en terapias, y que eran ricos en Ones Alpha (8-13Hz), las frecuencias que resultan ideales para alcanzar estados de relajación casi hipnóticos.

«Ambos se hicieron amigos y trabajaron juntos. Incluso grabaron discos, como el clásico Astralia, presentado como “una invitación al viaje astral. Un viaje con la mente desde el misterioso Egipto hasta los confines del Cosmos”»

En 1976, el belga Huygen se instaló en Barcelona y fundó el grupo experimental Neuronium, cuyo primer disco fue publicado por el sello Harvest, de EMI. Investigando en los usos y posibilidades de los sintetizadores e influenciados por la música especialmente alemana, pronto se hicieron con un nombre en la por entonces reducida escena musical experimental española, hasta el punto de colaborar con artistas internacionales como Vangelis o Nico.

Primera formación de Neuronium con Huygen en el centro

Neuronium en directo, finales de los setenta

Ambos se hicieron amigos y trabajaron juntos. Incluso grabaron discos, como el clásico Astralia, presentado como «una invitación al viaje astral. Un viaje con la mente desde el misterioso Egipto hasta los confines del Cosmos». La voz de Jiménez del Oso se superpone a la música de Huygen en temas como «Regresión temporal», «El faraón triste», «Aster illuminatus» o «Madrid oculto». Ya el inicio del disco, con su voz diciendo: «Pocos lugares hay tan fascinantes como el desierto», nos aproxima a lo que nos encontraremos. Seguidamente, nos invita a cerrar los ojos, a comenzar un viaje por las profundidades de la mente, mientras el músico produce espectrales sonidos con sus modulares. Hemos llegado a una gran pirámide. «Vamos, nada nos impide volar como halcones sobre ella», añade. El resultado es perturbador, más aún por la intensidad y profundidad de aquella voz.

Las colaboraciones entre ambos se completan con otros dos discos, Olim (en realidad, la banda sonora para otro de los programas de Jiménez del Oso, una serie de documentales sobre antiguas civilizaciones desaparecidas en Perú y México. Huygen compone la banda sonora completa de los 26 capítulos de media hora cada uno) y las músicas que aparecieron en En busca del misterio.

09 Jan 22:07

El surrealista banquete de Nochevieja de Salvador Dalí

by David Bizarro

En 1941, el pintor organizó una fiesta surrealista de Nochevieja en un lujoso hotel californiano cuyos beneficios irían destinados a los artistas europeos exiliados durante la Segunda Guerra Mundial. Sus menús eran legendarios por su opulencia y extravagancia, hasta el punto de inmortalizarlos en un libro de recetas.


La anfitriona de la fiesta recibe a sus invitados disfrazada de unicornio y reclinada sobre un lecho de terciopelo rojo. Entre los asistentes reconocemos a celebridades de la talla de Bob Hope, Alfred Hitchcock, Bing Crosby y Ginger Rogers, ataviados para la ocasión con indumentarias surrealistas que representan sus sueños. Todos ellos acuden, entre divertidos y desconcertados, al banquete de fin de año que Salvador Dalí y su esposa Gala han organizado con el fin de recaudar fondos para los artistas europeos en el exilio tras el recrudecimiento de la Segunda Guerra Mundial. Cumpliendo con su promesa, el excéntrico matrimonio español agasaja a sus comensales con Una noche surrealista en un bosque encantado. Y a la vista está cuánto se han esmerado: Gala posa ante la cámara del noticiario con un cachorro de león en los brazos al que alimenta con un biberón, mientras un grupo de monos corretean por el lujoso comedor del Hotel Del Monte en Monterey (California). De primero, lenguado servido en una pantufla de satén y como plato principal una bandeja de ranas vivas cuyos saltos siembran el caos entre la cubertería.

En 1973, Dalí inmortalizará su menú favorito en un libro titulado Les Diners de Gala, y que consta de 136 recetas repartidas en 12 capítulos temáticos, con epígrafes como “Primeros males liliputienses” (en alusión a la carne) o “Atavismo desoxirribonucleico” (refiriéndose a las verduras), y entre los que no podía faltar un apartado dedicado expresamente a los afrodisíacos. «Nos gustaría dejar claro que, a partir de las primeras recetas —nos advierten desde el prólogo— sus preceptos e ilustraciones se dedican únicamente a los placeres del gusto. No busquen productos dietéticos. Aquí tenemos la intención de hacer caso omiso de esos gráficos y tablas en las que la química ocupa el lugar de la gastronomía. Si usted es un discípulo de los contadores de calorías que cumplen los placeres de comer en una forma de castigo, cierre este libro de una vez, es demasiado vivo, demasiado agresivo, y demasiado impertinente para usted». Entre sus páginas encontraremos arbustos de mariscos a las hierbas vikingas que maridan a la perfección con las cortesanas protagonistas de Las meninas de Velázquez; chuleteros gigantescos al punto de fuga y metafóricos faisanes aliñados con pintura flamenca.

La comida siempre ocupó un lugar destacado en la producción artística de Dalí, aunque no siempre asumiera las formas más apetecibles

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En cuanto a sus preferencias culinarias, el genio de Cadaqués declara abiertamente su odio hacia «esa verdura detestable y degradante llamada espinaca» porque no tiene forma. «Sólo me gusta comer lo que tiene una forma clara e inteligible —añade— Lo opuesto a las espinacas informes es la armadura. Me encanta comer corazas y cotas de malla y, por lo tanto, me encanta el marisco... Un alimento al que sólo una batalla para pelarlo lo hace vulnerable a la conquista de nuestro paladar». Desde su famoso Teléfono langosta (1936) hasta su Autorretrato blando con bacón frito (1941) y pasando por Retrato de Gala llevando dos costillas en equilibrio sobre su hombro (1934), la comida siempre ocupó un lugar destacado en la producción artística de Dalí, aunque no siempre asumiera las formas más apetecibles. Para algunos críticos e historiadores, la performance gastronómica de aquella Nochevieja de 1941 constataba el rumbo que tomaría su carrera posterior, progresivamente desviada del surrealismo y que desembocaría en su rendición ante la estética kitsch y la autopromoción más lucrativa, llegando a vincular su imagen con marcas comerciales como, por ejemplo, las tabletas de chocolate Lanvin. A fin de cuentas, a nadie le amarga un dulce. Y más aún teniendo en cuenta que la delirante y ostentosa puesta en escena de aquel acto benéfico resultó un enorme fiasco en términos económicos.

Su afán provocador le llevó a declarar que «los órganos más filosóficos que posee el hombre son sus mandíbulas» porque «es en el momento supremo de llegar a la médula de cualquier cosa cuando se descubre el sabor mismo de la verdad». Un simple aperitivo de caracoles provocaba en él una arrebato casi freudiano: «¡El cerebro también tiene forma de espiral para ser extraído con una aguja!». Del mismo modo, un par de huevos fritos le recordaban a los ojos, la fuente de los placeres más entusiastas de la vida, equiparables a los senos y los testículos, y el sabor del tuétano se le antojaba «espermatozoico». También le gustaban las habas, ese «vegetal extraordinario que tanto se parece a un prepucio».

En su receta de “Alondras al vapor y hervidas”, Dalí sugiere al cocinero que deje «hervir alegremente» la olla rebosante de corazones de alcachofa, huesos de tuétano y pájaros cantores. Para elaborar su tostada de aguacate favorita, añade sesos de cordero, almendras picadas y generosos chorretones de tequila, todo ello sobre pan de centeno. Y en otros casos, ni tan siquiera se molesta en incluir una lista de ingredientes, señalando que «después de darnos esta receta, el chef decidió que quería mantenerlos en secreto. Presentamos la receta de todos modos para el disfrute su lectura». Y que sean los propios lectores quienes la adivinen por sí mismos.

23 Sep 07:14

Socioporosis. Sobrevivir a la distopía digital

by César Rendueles

 En agosto de 2011 el Papa Benedicto XVI visitó Madrid con motivo de la XXVI Jornada Mundial de la Juventud, un encuentro católico que se celebra cada tres años. Varios cientos de miles de jóvenes procedentes de todo el mundo convivieron varios días bajo un sol abrasador. Un amigo médico que trabaja en el servicio de urgencias de un hospital madrileño me contó que esa semana se agotaron las pastillas anticonceptivas postcoitales en toda la ciudad y fue necesario pedir suministros extra a Barcelona. En realidad, era una situación completamente previsible. ¿Qué pensaban los organizadores de la Jornada Mundial de la Juventud que iba a ocurrir si reunían a una muchedumbre de adolescentes ociosos, ligeros de ropa y reticentes al uso de preservativos?

Desde el punto de vista de 2023, los proyectos ciberutópicos de principios de siglo suenan tan insensatos como la esperanza de que miles de jóvenes al borde de una sobredosis hormonal se comporten como monjes zen. Hoy vemos Internet, las redes sociales y todo el ecosistema digital con un profundo desencanto. Nos parece poco menos que una distopía nihilista de ira, vacuidad, resentimiento, agresividad, y falsedad. Pero, ¿qué pensábamos exactamente que iba a pasar al poner en contacto en un espacio digital anónimo a individuos sin un proyecto de vida en común ni herramientas deliberativas y entregábamos el control de sus interacciones a algoritmos diseñados para pelear por su atención y monetarizarla?

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Hace diez años publiqué un libro titulado Sociofobia. El cambio político en la era de la utopía digital. En ese momento, Syriza hacía temblar a la Europa financiera con la posibilidad de un proyecto de democratización económica a escala continental, las calles de España continuaban llenas de manifestantes, el mundo entero seguía al minuto lo que ocurría en las plazas de Túnez, Egipto y Siria; incluso desde Wall Street se oían los gritos de protesta de los activistas anticapitalistas. Probablemente los historiadores del futuro se preguntarán por qué en un contexto político tan turbulento, que hizo saltar por los aires una hegemonía neoliberal sedimentada durante tres décadas, se discutía tanto sobre computadoras, redes digitales y software.

Es difícil hacerse una idea hoy de la centralidad discursiva que tenían entonces los debates tecnológicos entre la izquierda política. Los movimientos sociales antagonistas querían ver en la cultura libre una vía de colaboración no mercantil innovadora y más sexy que el cooperativismo tradicional. Echando la vista atrás resulta un poco sonrojante, pero no era raro que se idealizara la figura del hacker como una especie de aggiornamento del revolucionario profesional leninista. La razón es que el tecnoutopismo ofrecía a la izquierda radical una salida a un dilema desgarrador. Por un lado, la apuesta central de los proyectos emancipadores siempre ha sido la libertad: universalizar la oportunidad de desarrollar los mejores talentos de cada uno, una posibilidad que en el capitalismo monopolizan las clases altas. Pero, por otro lado, un proyecto colectivo como ese sólo puede ponerse en marcha en un entorno de solidaridades compartidas que garantice su carácter igualitario. Máxima libertad individual pero en el contexto de comunidades sólidas, valores pluralistas y exaltación de la diferencia en sociedades muy cohesionadas… Parecía un puzle imposible de encajar cuando, de pronto, Internet se nos presentó fugazmente como una puerta trasera oculta en el laberinto capitalista.

Hoy parece evidente que la apuesta por la digitalización era un callejón político sin salida pero la verdad es que resultaba difícil resistirse a la tentación de un deus ex machina tecnológico que resolviera nuestras antinomias políticas. Y, de hecho, la izquierda tecnoutópica también tenía su versión socialdemócrata y conciliadora. En un acto electoral de 2009, con la Gran Recesión ya arreciando, el entonces presidente español José Luis Rodríguez Zapatero aseguró que lo que necesitaba nuestro país eran “menos ladrillos y más ordenadores”. Hoy, con millones de personas atrapadas en el timo piramidal de la criptoburbuja, cuesta entender que sea una sustitución tan evidentemente ventajosa de la dictadura inmobiliaria que padece España desde hace décadas.

Sería injusto achacar a las fuerzas progresistas alguna clase de ingenuidad tecnológica endémica de ese entorno ideológico. El tecnoutopismo formaba parte de las inercias heredadas de la época salvaje de la globalización neoliberal. Y la alternativa tampoco resultaba muy apetecible: un puñado de intelectuales europeos melancólicos, si se me permite el pleonasmo, que creían que el destino de la civilización estaba inextricablemente ligado a sus polvorientas Olivetti. La realidad es que el capitalismo desregulado postkeynesiano estableció desde el minuto cero una profunda afinidad con el modelo hegemónico de comunicación digital. La contrarrevolución neoliberal y el proyecto de un sistema digital de comunicaciones desinstitucionalizado, privado y mercantilizable se retroalimentaron mutuamente. Las tecnologías emergentes ayudaron a justificar el desmantelamiento de los sistemas de control financiero de la postguerra y, en general, los neoliberales consideraron que la construcción de una red de comunicación global era una base material importante para su proyecto político. Pero, además, entendieron que la tecnología digital proporcionaba algo de lo que el capitalismo había carecido hasta entonces: un modelo de sociedad y una cultura propia, una proyección cordial y no monetarizada de los mercados globales sobre los vínculos sociales cotidianos.

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En la época de la utopía digital, la tecnología de la comunicación se percibía como un campo de batalla político que, si bien no estaba exento de aspectos negativos –el control corporativo, la vigilancia del estado…–, era también un vector crucial de procesos de democratización incrementados. La hipótesis tecnopolítica proponía la posibilidad de una experiencia política aumentada –por analogía con la noción de “realidad aumentada”– o, al menos, una alternativa vigorizante al proceso de desafección política característico de las sociedades de masas ultraconsumistas.

El digital turn no se limitaría a enriquecer el bagaje político precedente sino que induciría un cambio sustancial en las condiciones de posibilidad y las formas de legitimación de la intervención política democrática. Existiría, desde esta perspectiva, una copertenencia entre nuevas dinámicas de representación, participación y deliberación democrática en las sociedades contemporáneas y la arquitectura distribuida y colaborativa de Internet y los social media. La razón de fondo era la tesis de que se estaba produciendo una cesura histórica profunda asociada a la tecnología de la comunicación que afectaba a nuestras relaciones sociales, a la estructura económica, a las manifestaciones culturales y, finalmente, a nuestra propia autocomprensión política y antropológica.

Esa fractura histórica se expresaría, en primer lugar, a través de la hipótesis de una discontinuidad generacional. Es verdad que la noción de “nativos digitales”, propuesta a principios de siglo por Mark Prensky, fue rápidamente refutada por una amplia serie de investigaciones empíricas. Como señaló con ironía Siva Vaidhyanathan, si nuestros hijos de cuatro años manejan con tanta soltura los smartphones no es porque tengan habilidades fáusticas desconocidas en el pasado sino porque son dispositivos diseñados para ser utilizados por niños de cuatro años. No obstante, a pesar de su debilidad empírica, la teoría de Prensky logró captar muy bien el Zeitgeist digital. En el fondo, era una traducción en términos cotidianos e intuitivos –la relación entre padres e hijos– de la idea de que las tecnologías de la comunicación están induciendo un cambio de época, una ruptura histórica profunda y duradera.

Por eso la idea de la discontinuidad tecnológica generacional tenía una relación íntima con la hipótesis de una transformación digital de las bases geopolíticas de la modernidad. Desde este punto de vista, el digital turn estaba produciendo la desconexión con sus entornos locales inmediatos de una gran cantidad de personas que, en cambio, estaban asumiendo una nueva identidad global en la que la distancia geográfica o las tradiciones vernáculas carecían de peso, todo ello en el contexto del declive del estado-nación como actor significativo y generador de hegemonía política. Por ejemplo, en un texto de 1992 considerado fundacional, Michael Hauben escribía: “Bienvenido al siglo XXI. Eres un netizen (un ciudadano de la red) y existes como un ciudadano del mundo gracias a la conectividad global que la Red hace posible. Consideras a cualquiera como tu compatriota. Vives físicamente en un país, pero estás en contacto con todo el mundo a través de la red global digital. Virtualmente, vives en la puerta de al lado de cualquier netizen del mundo. La separación geográfica es sustituida por la existencia en el mismo espacio virtual”.

Como en el caso de la noción de “nativo digital”, las críticas a la idea de aldea digital han sido abundantes. Los teóricos de la identidad global han sido acusados, con razón, de subestimar los efectos de la implementación específica de la tecnología digital en distintas condiciones políticas, culturales o económicas. Aunque tengamos acceso a través de dispositivos similares a contenidos procedentes de todo el mundo, Internet sigue siendo muy local en sus usos y se adapta a las realidades de cada territorio. Desde esta perspectiva crítica, las ilusiones ciberfetichistas habrían alentado un cosmopolitismo banal que apenas guarda relación con el espacio digital real, que más bien reproduce y amplifica los conflictos analógicos vernáculos.

Pero, de nuevo, aunque la noción de ciudadanía digital global tenía escaso respaldo empírico era una reformulación imaginaria de transformaciones reales. La ideología de la identidad global ha sido profundamente congruente con el proceso de desregulación económica que se produjo en todo el mundo desde la desaparición del bloque soviético. El neoliberalismo ha tenido expresiones locales muy distintas – en Chile, en Inglaterra, en España o en Turquía– que se solapa, no sin conflictos, con un proyecto global de reducción de la soberanía popular de los estados-nación. De hecho, las nociones básicas del discurso en torno a la ciudadanía global no surgieron en el contexto de la teoría de la comunicación sino del management. Constituye, al menos en parte, un reciclaje de conceptos elaborados para describir las transformaciones organizativas que, en opinión de los expertos neoliberales en recursos humanos, debían afrontar las empresas en un entorno desterritorializado de creciente competencia económica.

La hipótesis tecnopolítica, al fin y al cabo, siempre ha sido una herramienta de sobrecompensación para mitigar nuestros traumas sociales colectivos. A lo largo de las últimas décadas las tecnologías digitales han prometido la repolitización emancipadora de democracias de audiencias crecientemente desinteresadas por la gestión deliberativa de los asuntos públicos, formas de subjetividad fluida y múltiple –y, así, aumentada– en sociedades que padecen una oleada devastadora de malestares psicológicos paralizantes, nuevas estrategias de vínculo social en red en una época de vertiginosa fragilización comunitaria. Por encima de todo, el vértigo de la precariedad vital asociado a la financiarización y la flexibilidad laboral neoliberales quedó contenido no solo por las promesas de crecimiento económico y las expectativas postmaterialistas de ampliación de la subjetividad expresiva sino, cada vez más, por el avance de las tecnologías digitales.La globalización era un mundo nuevo lleno de peligros materiales, sí, pero también de oportunidades emocionantes de desarrollo y reinvención individual y conectividad global gracias al desarrollo tecnológico.

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Hoy estamos viviendo el doble siniestro de aquella utopía digital. Cuando el proyecto neoliberal comenzó a implosionar arrastró consigo, en primer lugar, la fantasía de una precariedad de rostro humano. Las falsas promesas de una ruptura positiva de las cadenas fordistas que aumentaría exponencialmente las posibilidades de autorrealización personal a través de la búsqueda creativa de estilos de vida excitantes se fueron al traste a toda velocidad. Al menos durante algunos años, las tecnologías digitales se convirtieron en el último bote salvavidas de un régimen social en descomposición, acumulando altísimas expectativas de protección y reconciliación. Esa fue la razón de que la tecnología digital llegara a ser imaginada por todo el espectro político, no sólo la izquierda, como la solución a la Gran Recesión, los problemas laborales, la crisis ecológica, los dilemas educativos, los retos culturales, la intolerancia, el autoritarismo y todo lo demás. Literalmente resulta complicado pensar en un solo ámbito de la vida colectiva o personal en el que alguien no haya considerado que unos cuantos gadgets de aspecto futurista y una conexión de banda ancha iban a impulsar un salto cualitativo positivo.

Desde entonces, la apuesta por el solucionismo tecnológico se ha ido primero deshilachando para luego invertirse y dar pie a un estado de ánimo tecnopolítico crecientemente fúnebre e incluso distópico. Nadie duda de la centralidad de las empresas tecnológicas en el capitalismo global pero esa posición de privilegio no parece estar dulcificando el proyecto neoliberal ni ofreciendo una alternativa a su degradación. Más bien al contrario, tiende a exacerbar las prácticas de precarización laboral, concentración monopolista y financiarización. La “sociedad red”, la gran esperanza de democratización e igualdad durante las décadas pasadas, se ha revelado finalmente como el medioambiente idóneo para que prosperen algunos de los mayores oligopolios de la historia, megacorporaciones digitales que ningún gobierno está en condiciones de controlar. De igual modo, cada vez está más generalizada la imagen de las redes sociales no como un terreno promisorio de inteligencia incrementada y participación sino como una selva de agresividad, extremismo neonazi, vigilancia panóptica y fake news.

En nuestros parlamentos y medios de comunicación, las figuras políticas fuertes y neoconservadoras se legitiman como una alternativa al fracaso de la sociabilidad cosmopolita en un mundo percibido como conflictivo y amenazante. Las renuncias en términos de libertad o tolerancia son el precio a pagar a cambio de la promesa de protección frente a un cúmulo indeterminado pero aterrador de peligros globales. Las tecnologías postutópicas –los social media dominantes, la IA y el Big Data corporativos– son la versión digital de ese autoritarismo postneoliberal. La plataforma o la IA nos exige, como la derecha radical, renuncias a nuestros derechos civiles y laborales, al control de nuestra privacidad o a la soberanía democrática. Nos ofrece, a cambio, una contención de los riesgos que ellas mismas generan: una especie de protección mafiosa en un mundo de incertidumbres aterradoras. Una promesa, con toda certeza, tan falsa como la de los políticos de extrema derecha que apelan al narcisismo herido de sus votantes, pero depurada de atavismos y adherencias neofascistas mediante el lenguaje del ciberfetichismo.

La crisis del Covid-19 aceleró está relación de subordinación resignada con los sistemas de comunicación digitales postutópicos. En apenas unas semanas, se exigió a las administraciones públicas y a toda clase de empresas que desarrollaran buena parte de sus actividades en la red. Facebook, Instagram y Whatsapp (todas dependientes de la misma compañía) reemplazaron muchos de los espacios de socialización tradicionales. Netflix y Spotify sustituyeron a nuestras salas de cine y de conciertos. Las oficinas y reuniones se distribuyeron por cientos de miles de hogares conectados por una tupida red de apps privadas. Fue un experimento social oscuro y ambiguo que, en cierto sentido, mostró las limitaciones del proyecto de digitalización generalizada. Hace falta algo tan brutal y violento como una pandemia para que se hagan realidad las fantasías internetcentristas y se produzca una colonización tecnológica profunda de nuestra vida cotidiana.

A menudo, las versiones digitales de la educación o de distintas expresiones artísticas, por no hablar de las relaciones familiares, se mostraron como simulacros pobres, a años luz de las promesas de realidad virtual aumentada. En cualquier caso, la pandemia nos enseñó con una lente de aumento y de forma generalizada la realidad tecnológica en la que ya vivíamos: descubrimos que para continuar con nuestra vida social y nuestra actividad profesional, para acceder al ocio, a la cultura o a la educación era imprescindible aceptar las condiciones impuestas por grandes corporaciones tecnológicas. El núcleo de la sociedad digital realmente existente se nos mostró sin tapujos: un entramado monopolista que permite a inmensas empresas privadas controlar infraestructuras fundamentales tanto de la actividad productiva como de nuestra vida en común y que nos ofrecen a cambio una sucesión interminable de tenebrosas videoconferencias y relaciones tóxicas en las redes sociales.

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Tal vez lo más llamativo es lo poco sorprendente que ha sido este proceso de transformación de la utopía en distopía tecnológica. Lo familiar y coherente que nos ha resultado esta situación de indefensión colectiva y dependencia digital extrema. La razón, al menos en parte, es la casi completa desaparición del movimiento de cultura libre, que ha naturalizado nuestra percepción de la tecnología como una demoniaca caja negra económica y política. Comparado con los impenetrables dispositivos actuales –las tablets y los smartphones– o las plataformas y redes sociales –de Amazon a TikTok pasando por Youtube–, Microsoft o los DRM de principios de siglo parece casi expresiones amables de un capitalismo corporativo de rostro humano. El movimiento pendular desde el tecnoutopismo eufórico al catastrofismo digital hobbesiano se llevó por delante el copyleft, la colaboración digital, el antagonismo mediático, la guerrilla de la comunicación…

Por supuesto sigue habiendo muchísimas personas en todo el mundo que colaboran en las redes, que liberan su trabajo, organizan hacklabs y luchan contra los cercamientos digitales pero, lamentablemente, su presencia programática en el espacio público es anecdótica. No es exactamente una victoria de las fuerzas que buscaban la privatización de los comunes digitales sino algo peor. Una derrota, al menos, es comprensible; puede ser dolorosa pero tiene sentido. Más bien es como si hubiéramos aceptado la necesidad de una planificación centralizada como alternativa a los fallos del mercado y, a continuación, hubiéramos encargado a BlackRock esa tarea.

La agonía de la cultura libre no se muestra solo en el declive de las iniciativas colectivas más articuladas y políticamente ambiciosas. Se han desmoronado incluso la formas básicas y desideologizadas de colaboración digital, como los repositorios culturales colaborativos. A día de hoy, cada vez es más complicado encontrar en el P2P una enorme cantidad de libros, películas, discos, imágenes o subtítulos de películas, algunos auténticos clásicos, que antes era accesibles. En realidad, cada vez es más difícil encontrar usuarios de Internet que sepan usar un gestor de torrents o incluso lo que significa peer-to-peer. La biblioteca de Alejandría digital ya ha ardido y a nadie le ha importado.

La sustitución de los repositorios libres por plataformas privadas no es una anécdota. Tiene efectos espeluznantes sobre la conservación cultural y es un ejemplo paradigmático de las limitaciones de la cultura libre desinstitucionalizada. Cuando comenzó el proceso de digitalización de las publicaciones científicas y, poco a poco, las revistas fueron dejando de publicar versiones impresas, algunos bibliotecarios alertaron de que la ganancia en accesibilidad suponía un riesgo para la preservación documental. Los ejemplares en papel se repartían por muchas bibliotecas alejadas geográficamente, por lo que era poco probable que todos acabaran destruidos accidental o deliberadamente. El préstamo interbibliotecario de publicaciones impresas es una forma de compartir el conocimiento lenta y engorrosa pero robusta. La digitalización permite el acceso desde cualquier lugar del mundo pero si una revista digital cierra su dominio todos sus contenidos pueden llegar a desaparecer. El origen de esta fragilidad no es material sino institucional: las publicaciones digitales no cuentan con el respaldo de una red de seguridad equivalente al sistema de bibliotecas públicas cuya misión es conservar el conocimiento. En realidad, esto no es del todo exacto en el caso de las publicaciones científicas, pues muchas dependen de universidades y centros de investigación públicos que les proporcionan protección y estabilidad. Más allá del zoológico científico, en la jungla de Internet esa labor fue abandonada a las redes colaborativas informales peer-to-peer.

Lo paradójico es que los orígenes de Internet están muy vinculados a la institucionalidad pública. No sólo por las enormes inversiones en ciencia básica que sentaron las bases de la tecnología digital actual. El propio modelo de una red descentralizada fue promovido por organizaciones públicas heterogéneas con misiones y formas de gobernanza muy diferentes que, por eso, apostaron por un sistema de comunicación digital centrípeto. Las grandes empresas de telefonía, en cambio, rechazaron durante mucho tiempo esa opción y apostaron por redes de comunicación centralizadas, como el Minitel francés. La historia política de Internet es una crónica de cómo ese modelo distribuido impulsado inicialmente desde organizaciones públicas a espaldas de los grandes monopolios comunicativos se fue transformando paulatinamente en un ecosistema radicalmente privatizado, adecuado para que prosperen algunos de los mayores monopolios de la historia del capitalismo y, al mismo tiempo, una vivencia individual digital fragmentada y episódica.

El problema de la desinstitucionalización digital se agrava exponencialmente en otros ámbitos –mucho más conflictivos y complejos que la biblioteconomía– como el trabajo, las finanzas, la vivienda, el transporte, la innovación científica y, por supuesto, la comunicación política. En su momento, ni siquiera llegamos a plantearnos este problema porque el activismo digital reprodujo y amplificó una ilusión catastrófica muy habitual entre la izquierda política que consiste en interpretar las derrotas como oportunidades. Nos engañamos releyendo la destrucción del sindicalismo como una liberación del lastre de un obrerismo nostálgico, la degradación de los partidos políticos como una liberación de la jaula de hierro de las organizaciones burocráticas y, finalmente, la desintegración de las instituciones de mediación cultural –periódicos, editoriales, discográficas, bibliotecas– como una democratización del acceso a la cultura gracias a la generalización de un modelo digital descentralizado y basado en el trabajo voluntario.

A partir de 2013, cuando en España algunas organizaciones políticas novedosas intentaron transformar la indignación popular del 15M en una fuerza electoral ganadora, tuvimos ocasión de comprobar los efectos nihilistas de la desinstitucionalización digital. En ausencia de una organización articulada con normas claras, los debates online en foros públicos o grupos de Telegram generaron una burbuja comunicativa descomunal basada en la esperanza de que la inmediatez y el carácter masivo de la discusión sustituyeran con ventaja las normas deliberativas tradicionales.

El resultado fue catastrófico: una especie de performance democrática disfuncional. La mejor prueba es la hipertrofia de votaciones digitales abiertas que se produjo. Tras un sencillo trámite online y sin ningún debate previo, miles de individuos anónimos podían participar en votaciones que decidían las listas y los programas electorales, la composición de las direcciones de los partidos pero también temas tan bizarros como la pertinencia de que el líder de Podemos trasladara su residencia a un chalet en las afueras de Madrid. Creo que puedo contar con los dedos de una mano las ocasiones en las que en las organizaciones políticas en las que he participado a lo largo de mi vida ha sido necesario recurrir a la votación para resolver un debate. La votación siempre se consideraba un fracaso de la deliberación pues implica la imposición de las mayorías sobre las minorías. Las plataformas políticas digitales, en cambio, estaban en estado de votación permanente precisamente porque no había organización. Las votaciones eran espejismos democráticos que impulsaban dinámicas plebiscitarias en las que sistemáticamente se imponía la opinión de los líderes con mayor presencia en los medios de comunicación y en las redes sociales.

La izquierda siempre ha tenido una gran fe tanto en la organización como en la formación de sus bases. En el nuevo entorno político digital sacrificamos ambas. Podíamos sustituir la organicidad tradicional de partidos y sindicatos por chats en Telegram. Podíamos suplir la falta de experiencia y de argumentarios complejos con habilidades tecnológicas pragmáticas. Creímos que –por motivos generacionales o vocacionales– teníamos un acceso privilegiado a los medios digitales, inalcanzable para nuestros oponentes políticos, viejos dinosaurios analógicos. Desde la perspectiva de 2023 parece una ingenuidad tan tierna como culpable. En 2015 una campaña combinada de bulos virales en Internet y portadas de periódicos tradicionales tardó menos de una semana en provocar una profundísima crisis en el gobierno municipal de Manuela Carmena.

La cuestión no es sólo que la derecha y, sobre todo, la extrema derecha, haya ejercido un monopolio implacable –con algunas excepciones muy importantes, como la oleada feminista de 2017– sobre la capacidad de las redes para marcar la agenda política. El problema es que las redes sociales realmente existentes se adaptan mucho mejor al programa neoautoritaio que a un proyecto emancipador. Cuanto más disparatada sea la campaña, cuanto menos dependa de la construcción de lazos políticos sólidos, mejor es la relación entre el esfuerzo invertido y los resultados. Dedicando una hora al día a Twitter puedes convencer a millones de personas de que la tierra es plana y de que Hillary Clinton participa en una red de pedofilia satánica en una pizzería de Washington. Hacen falta vidas enteras de huelgas, asambleas para convencer a la gente de que el jefe que les explota es un explotador.

****

La catástrofe tecnopolítica de nuestro tiempo, en suma, nos resulta tan familiar porque es el Doppelgänger del ciberfetichismo utópico. Durante la primera década del siglo XXI, el problema tecnopolítico por antonomasia era cómo aprovechar la potencia emancipadora del tipo de identidades débiles y fluidas que parecían consustanciales a Internet. El neoautoritarismo contemporáneo ha cambiado las reglas del juego. Nos ha mostrado que Internet es perfectamente compatible con identidades políticas excesivamente fuertes, capaces de proliferar, como organismos extremófilos, en entornos sociales frágiles. Este narcisismo digital ha crecido en el caldo primigenio de la derecha radical pero rápidamente se ha expandido a los ecosistemas políticos progresistas. En cualquiera de sus versiones –neoestalinista, transfoba, conspiranoica, ecocolapsista…–, el trumpismo de izquierdas es un virus político muy agresivo que se caracteriza por un marcado sentido de agravio, una búsqueda casi patológica de liderazgos fuertes y una participación política intensa pero muy individualizada en la que, necesariamente, las redes digitales desempeñan un papel fundamental.

Es muy tentador tratar la tecnopolítica digital como si fuera un espejismo de época destinado al olvido, una más de las innumerables quimeras tecnológicas de la modernidad. De hecho, tenemos que agradecer a la distopía digital contemporánea que haya terminado de un plumazo con la concepción angélica del ecosistema tecnológico como un espacio postmaterial, prácticamente espiritual. La grosería machista de los criptobros ha mostrado sin tapujos la realidad que el ciberfetichismo más urbanizado siempre ha intentado ocultar: nuestros smartphones echan humo, nuestros vídeos de gatitos impulsan la defaunización. El pavoroso consumo energético del minado de bitcoins es la punta del iceberg del impacto medioambiental del digital turn: extractivismo minero con un enorme impacto ambiental, una huella de carbono superior a la del transporte aéreo, penosas tasas de reciclaje… La utopía digital no va a tener lugar, antes de nada, por motivos estrictamente materiales: harían falta varios mundos como el nuestro para universalizar el consumo tecnológico actual de Occidente, no digamos para ampliarlo a la escala que soñó el ciberfetichismo.

Paradójicamente, los mismos motivos que bloquean la posibilidad material de la utopía digital hacen que sea más importante que nunca un proyecto tecnopolítico poderoso y realista. Estamos atrapados en una contradicción performativa. Los usos actuales de la tecnología digital no sólo no van a solucionar la crisis ecosocial sino que la agravan. Al mismo tiempo, para evitar la catástrofe medioambiental necesitamos desesperadamente un uso intensivo pero radicalmente diferente de la tecnología. La auténtica tragedia tecnopolítica es el desperdicio, lo sistemáticamente que infrautilizamos nuestras redes y dispositivos hasta el punto de que ni siquiera somos capaces de desarrollar sus usos políticos alternativos más poderosos. El equivalente de mover un vehículo diésel de más de una tonelada para llevar a una persona de 80 kilos a comprar una cajetilla de tabaco es usar un procesador miles de veces más potente que los del Apolo 11 para compartir memes sin gracia.

Necesitaremos tecnología para racionar, planificar, supervisar y, en general, organizar nuestra transición a sociedades postopulentas y ecológicamente viables. Una tecnología –o, más exactamente, unos usos sociales de la tecnología– que hoy ni siquiera somos capaces de imaginar. Para ello tenemos que refundar la cultura libre desde presupuestos al mismo tiempo más modestos y más ambiciosos. Más modestos porque la tecnología digital no es una fuerza exógena que va a cambiar nuestras sociedades de arriba abajo, como soñó el ciberfetichismo. Más ambiciosos, porque el futuro de la cultura libre está ligado a su capacidad para participar en un movimiento histórico de transformación política emancipadora y postcrecentista. Y sin duda en ese camino compartido saldrán a la luz posibilidades tecnopolíticas que hoy ni siquiera alcanzamos a vislumbrar.

15 Sep 07:25

Conversaciones difíciles entre la tierra y el agua

by evetacm@gmail.com (Violeta Cabello)

El caso del Campo de Cartagena y el Mar Menor

Violeta Cabello

La mirada ecofeminista sobre los conflictos socioecológicos ofrece perspectivas clave a la hora de aproximarse a las narrativas confrontadas. En este caso, la investigación participativa ayudó a comprender las dimensiones sociales del problema de la contaminación del Mar Menor y a llegar a imaginar un futuro que reconectara laguna y agricultura.

 

Escucho la lluvia caer, me dejo sentir el alivio en el cuerpo. La sequía está golpeando fuerte y esta agua de mayo quizás venga a calmar los ánimos. Pocas cosas generan tanta confrontación en España como el recurso del agua, especialmente cuando su uso intenso combina con disponibilidad reducida y con campaña electoral. Vemos reabrirse los viejos debates de siempre sobre quién puede usarla, dónde y para qué. Viejos en argumentos, que si el agua de los ríos se pierde en el mar, que si no hay suficientes presas, aunque ahora con nuevos agentes que movilizan fuertes pasiones. Me refiero a los ecosistemas emblemáticos afectados por la escasez o por la contaminación del agua, como el Mar Menor, Doñana o las Tablas de Daimiel. Siempre han estado ahí, pero ahora parece que nos afectan más, tienen más voz.

Comparto con muchas personas la preocupación por la aparente fractura social que vive el medio rural. Digo aparente porque estoy convencida de que no es algo tan generalizado como los medios nos quieren hacer creer, pues en la mayoría de los pueblos se sigue conviviendo cada día y festejando cuando toca. Sin embargo, hay zonas donde la fractura es más visible y profunda, y a veces tiene que ver con las interdependencias entre producción agraria intensiva, mano de obra migrante, degradación de ecosistemas y flujos de agua. La tormenta perfecta del capitaloceno en un país donde el regadío como base de la producción agraria sigue siendo apuesta local y nacional.

 
Cuenca Violeta Cabello

Campo de Cartagena con el Mar Menor al fondo, desde el mirador de Altaona, en la sierra Escalona. Foto: Violeta Cabello

Tormenta Violeta Cabello

Mar Menor. Foto: Violeta Cabello

 

Hace dos años aterricé por primera vez en el Mar Menor. Llegué de la mano de la Fundación Nueva Cultura del Agua y conocí a Paula Zuluaga, con la que uní fuerzas y sueños para tratar de plantear una investigación participativa con mirada feminista sobre el conflicto socioecológico que vive este territorio. Nunca había visto la laguna que tristemente se hizo famosa por las toneladas de peces muertos que se acumulaban en sus orillas el 12 de octubre de 2019. Cuál fue mi sorpresa al sumergirme en esas cálidas y en ese momento transparentes aguas, rodeada de antiguos balnearios de madera. «Qué bella eres», le decía mientras hacía un pacto de cuidados con ella. En ese momento no podía apreciar a simple vista el extremo grado de eutrofización en el que se encontraba su cuerpo acuático. Ese mismo verano de 2021, hubo otro evento de muerte acuática mientras la gente se organizaba en una cadena humana para abrazar la laguna, acompañándola en su duelo, y recogía firmas por todo el Estado para entregar la luego aprobada Iniciativa Legislativa Popular para la personalidad jurídica del Mar Menor. La laguna y su cuenca se convertían así en el primer ecosistema europeo con derechos, derecho a existir y a ser protegidas. La paradoja me tiene aún fascinada.

Reconstruyendo la historia, comprendiendo el conflicto

 
   Bajo las posiciones divergentes existe un profundo conflicto de valores respecto a lo que significa la intensificación agraria.   
 

Viniendo de fuera, lo primero que hicimos al llegar fue tratar de comprender las dimensiones sociales del problema. Para ello, hubo un primer esfuerzo de reconstrucción de la historia de las profundas transformaciones que se han dado, tanto en la laguna del Mar Menor como en su cuenca agrícola, el Campo de Cartagena. Nos dimos cuenta de que la crisis ecológica había propulsado una fractura entre la tierra y la laguna, entre las poblaciones de interior agrarias y las costeras, tanto en el tejido social como en los sentires y en las percepciones de lo que estaba pasando. O quizás simplemente la había visibilizado, pues lo que ocurre ahora tiene un recorrido histórico que empezó, por un lado, con la llegada del trasvase Tajo-Segura y la rápida transformación hacia la agricultura intensiva en el campo; y, por el otro, con la urbanización de la Manga, la construcción del puerto Tomás Maestre y el dragado del canal del Estacio en la laguna. Grandes infraestructuras y poderes asociados que cambiaron la socioecología local en apenas unas décadas.

Para entender mejor cómo se manifestaba en el debate público, llevamos a cabo una amplia revisión de literatura científico-técnica, medios de comunicación y redes sociales. A partir de este análisis pudimos identificar dos grandes narrativas en confrontación, ambas apoyadas fuertemente en conocimiento académico. Nos llamó la atención la cientificidad de los discursos, que luego constatamos durante el trabajo de campo entrevistando a personas de todo el territorio. Paradójicamente, también hay incertidumbres importantes derivadas de no haber medido el problema, por ejemplo, controlando las cantidades de agua y nutrientes que emite cada actividad de la cuenca. Esa incertidumbre permite crear un campo de batalla en el que disputar el argumento central de la confrontación: si es o no la agricultura del Campo de Cartagena la principal responsable de la emisión de nutrientes y, por tanto, de la eutrofización de la laguna. Detrás de las posiciones divergentes en esta disputa se encuentra un profundo conflicto de valores respecto a lo que significa la intensificación agraria. Para unos, superar la pobreza y la posibilidad de una vida digna; para otros, explotación, contaminación y muerte ecológica.

 

 
Cuenca Violeta Cabello

Historias de migrantes. Foto: Arkaitz Sainz

Tormenta Violeta Cabello

Pescadores en el Mar Menor. Foto: Arkaitz Sainz

 

Abrir conversaciones difíciles

Partiendo de este diagnóstico, nos propusimos algo muy complicado: crear un grupo donde esas posiciones confrontadas pudieran encontrarse y dialogar sobre los puntos más conflictivos del debate social en torno al Mar Menor. El cómo hacer esto ha sido un intenso proceso de aprendizaje que aún continúa. Entre otros referentes, nos sirvió de inspiración el trabajo de mediación del Grupo Campogrande en el conflicto sobre el lobo ibérico.

Invitamos a 18 personas a un proceso de diálogo de un año que incluía entrevistas individuales y encuentros colectivos. Doce aceptaron participar, aunque el proceso completo lo han seguido ocho: tres agricultores, un pescador, tres biólogas que trabajan o investigan sobre la laguna y un profesor de filosofía. Para nosotras era un éxito considerando el contexto, quizás debido a una necesidad real de este tipo de espacios en el Mar Menor. Tres claves respecto a la conformación del grupo: en primer lugar, intencionalmente invitamos a personas de distintos sectores y con distintas miradas y experiencias sobre la laguna, pero no a representantes sociales o políticos cuya voz es ya visible. En segundo lugar, escogimos perfiles que estaban posicionados, pero a la vez abiertos al diálogo. En tercer lugar, tratamos de aumentar la diversidad más allá de las posiciones polarizadas invitando a perfiles relacionados con las artes y las humanidades que pudieran aportar otros puntos de vista. También intentamos —pero lamentablemente no conseguimos— involucrar a trabajadores y trabajadoras migrantes del campo y a personas jóvenes.

Una vez creado el grupo, comenzamos por acercarnos a cada persona y establecer una relación, interesándonos por su vivencia, además de por su opinión, por cómo le afecta la crisis de la laguna, cómo se vincula con ella, cómo trastoca su vida y sus actividades. Esto nos permitió comprender en profundidad la complejidad emocional de este conflicto y que va mucho más allá de la polaridad agricultura-laguna. La mayoría de las personas participantes tienen un vínculo fuerte con la laguna desde la niñez cuando aprendían a nadar en sus cálidas aguas. A la vez, son conscientes de las múltiples presiones que recibe la laguna por parte de las actividades humanas de la cuenca, que incluyen la agricultura, la ganadería, la minería abandonada, el urbanismo, el turismo o la navegación, entre otras. Actividades de las que ella mismas depende de una u otra forma.

Comprender esta miríada afectiva fue fundamental para luego crear espacios cercanos en los que abrir conversaciones difíciles sobre las causas y soluciones al problema del Mar Menor y su relación con la agricultura del Campo de Cartagena. Fueron cuatro encuentros, que claramente se quedaron cortos, pero que al menos sirvieron para navegar a través de las diferencias, que no para reducirlas, y para llegar a imaginar un futuro que reconectara laguna y agricultura. Clave aquí fueron nuestros conocimientos de facilitación de procesos participativos: implicar al cuerpo y los sentidos en los diálogos, más allá de la argumentación racional e ir tejiendo relaciones entre las personas a través de dinámicas de cohesión grupal. Un trabajo de artesanía moldeado entre todes, investigadoras y participantes.

Contando historias invisibles

 
   No forzar consensos fue importante para encontrar pequeños puntos de acercamiento.   
 

Cerrando el proceso tuvimos la suerte de conseguir financiación gracias a Paula Novo, de la Universidad de Leeds, para expandir nuestra investigación explorando el lenguaje visual para contar las historias que habíamos ido recogiendo. Fue así como nace el grupo Diálogos Compartidos, con cinco investigadoras y la ilustradora Josune Urrutia, para dar vida gráfica a una diversidad de relatos que dan cuenta de lo que hemos vivido en el Mar Menor: dolor por la degradación de la laguna, esfuerzos por cuidarla y protegerla, agravio por sentirse culpabilizado, enfado por las soluciones que se están poniendo en marcha, encuentros entre personas que conviven en medio de esa tensión social. Hay que destacar aquí los esfuerzos adicionales de Paula Zuluaga por recoger historias de personas migrantes trabajadoras de los campos, las más invisibles en este problema. Queríamos contar muchas más historias, pero lamentablemente nuestros tiempos eran limitados, aunque concebimos este proceso creativo como inacabado y abierto al futuro.

Las historias las cocinamos entre artista e investigadoras a partir de todo el material recopilado y una serie de diálogos conceptuales sobre lo no humano, los conflictos, la interseccionalidad o la idea de traducción. Después las llevamos al territorio. Primero, en la exposición Boria y otros relatos sobre el Mar Menor, en Murcia, en colaboración con los artistas Raquel Meyers y Arkaitz Sainz (arkameyers), abierta al público durante dos semanas. Después, en un taller con un grupo de ceinte personas en el Mar Menor. Cuál fue nuestra sorpresa al comprobar su poder para remover sentires y hablar de lo que es difícil entre el agua y la tierra.

A modo de conclusión, aún muy preliminar, creo que este proceso, aunque pequeñito, demuestra que el diálogo entre posturas divergentes es posible si hay voluntad de las partes y conocimiento de cómo hacerlo. Requiere tiempo y cuidados, ir tejiendo poco a poco, ir hacia delante y volver atrás. Un aprendizaje importante es que nuestra investigación no tenía un objetivo previo o resultado esperado, ni tampoco una necesidad de que las personas tuvieran que ponerse de acuerdo. No forzar consensos fue importante para encontrar pequeños puntos de acercamiento. Si de mí dependiera, habría durado al menos un año más para poder anclar cambios y terminar de crear un grupo con ganas de seguir encontrándose ya sin nuestra presencia. Al cierre del proceso, la mayoría de quienes participaron nos hicieron comentarios muy emotivos respecto a lo que esto había significado para elles: encontrarse con otras diferentes, aprender de sus experiencias y conocimientos, quitarse prejuicios que impedían el acercamiento, comprender que el problema es aún más complejo de lo que antes pensaban, pues hay muchas miradas y vidas en juego. Coincidieron en que un proceso similar sería deseable a mayor escala, con otros objetivos, con más gente y legitimidad. Algo como una asamblea permanente para el Mar Menor, añado yo.

Violeta Cabello

Investigadora sobre coproducción de conocimiento y conflictos ambientales en el Basque Centre for Climate Change

  PARA SABER MÁS

Para ampliar la información sobre esta investigación puedes consultar el relato colectivo del Mar Menor; las reflexiones surgidas de los encuentros; las reflexiones de las investigadoras sobre cómo fomentar la participación en el Mar Menor y las historias visuales.

 
14 Sep 16:39

Bebotear derechos de autor // Diego Valeriano

by lobosuel
Se escribe para ser leído, se lee para ser escrito. A veces se lee, otras escribimos, casi siempre nos ponemos manija, exageramos, compartimos, nos conmovemos con giladas que nos llegan por wasap. Los libros son hermosos, los pdf no están mal, las fotocopias son un fantasma que recorre el conurbano. Queremos un mundo donde quepan…
14 Sep 16:35

«Fuera rojos, viva Beethoven»: el asalto a la casa de Massiel

by Eureka

Casi fue nuestra particular Sharon Tate, pero tras el ataque no estaban los seguidores de Charles Manson, sino un grupo fascista bastante cutre e igual de alucinado

Cuando los encapuchados abandonaron su casa, la escena que dejaron era tremenda. En su piano habían pintado «Beethoven, sí». Sobre un cuadro, un retrato de la cantante, le añadieron flequillo y bigote hitleriano. También aparecieron esvásticas y, sobre su nevera, las siglas P. E. N. S., del ultraderechista Partido Español Nacional-Socialista, el equivalente español al Frente Nacional de Le Pen. Irrumpieron violentamente, con el rostro oculto y amenazadores. Lo primero que hicieron fue amordazar a la jovencísima asistenta Adelina. Luego, una vez allí, esperaron pacientemente a que Massiel llegase a casa. Cuando lo hizo, estaba acompañada de la portera y un técnico de televisión. Ambos le ayudaban a llevar unos paquetes. Al entrar se quedaron aterrorizados. Eran dos los asaltantes e iban armados con una pistola y un cuchillo.

«Me querían hacer la hija de España, pero los mandé a la mierda»

Massiel se había convertido en una estrella de la canción, un personaje polémico que no dudaba a la hora de admitir sus ideas izquierdistas e incluso publicar un trabajo homenaje a Bertolt Brecht que, sin embargo, pasó bastante desapercibido. El disco fue el resultado del espectáculo A los hombres futuros: Yo, Bertolt Brecht, estrenado el 4 de noviembre de 1970 en el Teatro Bellas Artes de Madrid, donde trabajó junto a Fernando Fernán Gómez. Ambos interpretaban canciones y poemas del célebre dramaturgo y escritor alemán. Dos años más tarde, bajo el sello Ariola, salió publicado su disco Baladas y canciones de Bertolt Brecht. Un sector del país perseguía contar con un símbolo patrio. Massiel, no. Tras su éxito en Eurovisión, el régimen le concedió el Lazo de Isabel la Católica, reconocimiento que ella rechazó. «Me querían hacer la hija de España, pero los mandé a la mierda», comentó años después.

«Massiel perdía la paciencia: “Oye, mira, lo que sea pero que sea pronto...”, les dijo. Y, entonces, se fueron»

El ataque fue furibundo, torpe, cutre. «Cumplimos órdenes», se justificó uno de los asaltantes, en unas declaraciones que aparecieron en un reportaje publicado en la edición del 2 de agosto de 1975 de la revista Triunfo. Massiel, inicialmente, desconocía lo que querían, pero cuando vio las pintadas comprendió de inmediato: «Ya sé de qué vais», dijo. Uno de los ultraderechistas, que parecía muy joven (Massiel aseguró que no debía tener más de diecinueve años) y nervioso siguió mostrándose dubitativo: «Es que queremos hablar contigo [...] Seguro que nos vas a denunciar». La respuesta de Massiel fue negarlo: «Os prometo que si dejáis salir a estas tres personas yo esto lo olvido y me voy con vosotros adónde queráis». Casi parecía un diálogo cinematográfico: «Por favor, lo que sí os pedimos, ya que tenemos abajo a tres compañeros esperando, es que no pidáis auxilio antes de quince minutos», añadió uno de ellos instantes antes de salir, aunque posteriormente se comprobó que habían actuado solos y nadie les esperaba. Massiel perdía la paciencia: «Oye, mira, lo que sea pero que sea pronto...», les dijo. Y, entonces, se fueron.

Aunque la cantante pareció tomárselo con calma, no sucedió lo mismo con la asistenta Adelina, una leonesa con la mayoría de edad recién cumplida que tuvo que ser atendida en el hospital por una crisis nerviosa. Tras darle el alta, durante días, Adelina vivió obsesionada: «La pobre Adelina quedó en una situación nerviosa alucinante —cuenta el periódico—, fácilmente comprobable por la cinta magnetofónica que Massiel grabó durante el interrogatorio de la Policía, que llegó avisada por el abogado de la cantante. Si la chica oye un timbre, ve a alguien vestido de verde (color del traje del pasamontañas) o ve una cruz —incluso la ambulancia que la transportó al hospital— grita desesperada. "Pintaban una cruz con patas, señorita, una cruz con patas"».

El susto fue tremendo, pero quizás lo más doloroso para Massiel fue ver su famoso traje, aquel con el que cantó «La, la, la» en Eurovisión, cubierto por una cruz gamada.





13 Sep 15:09

Agua: desmontar los mitos y entender las claves

by evetacm@gmail.com (Ricardo Aliod)
Sergioski02

Venga, que retomamos el año escolar de debates en comentarios de Old Reader

Ricardo Aliod

Uso, consumo, sequía, escasez de agua, huella hídrica, agua azul, agua verde… Hay diferentes conceptos que son clave para entender la relación entre el agua y la agricultura en un contexto de cambio climático. Su confusión ha dado lugar a malentendidos que, a menudo, se utilizan interesadamente para ocultar la raíz de los problemas.

 

La humanidad ha extraído para su provecho madera de los bosques y agua de los ríos en todas las civilizaciones a costa de un cierto nivel de degradación de estos. Cuando el ritmo de extracción y el impacto de los residuos vertidos es superior a lo que pueden soportar, su salud se deteriora y también la propia salud de la civilización que los explota, e incluso pueden originarse procesos de extinción mutua.

 
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Pescador en la Albufera de València, en el curso bajo del río Xúquer. Foto: Francesc La Roca

Agua usada y agua consumida

En las zonas áridas, aquellas en que la precipitación es reducida y las temperaturas altas, la principal presión cuantitativa que reciben las masas de agua proviene de la agricultura de regadío. En el Estado español, el regadío supone el 80 % de las extracciones o usos de agua y más del 95 % del consumo de agua asociado a la actividad humana. Es fundamental no confundir el uso con el consumo de agua, especialmente en el ámbito del cambio climático. El agua usada es el volumen recibido a través de alguna toma para un cierto propósito. El agua consumida es la parte del agua recibida que no se devuelve a la cuenca, esencialmente por usos que evaporan el agua, que hacen que pase a la atmósfera y deje de estar disponible para la cuenca, de tal manera que el río y los acuíferos pierden definitivamente estos volúmenes.

En los usos doméstico e hidroeléctrico se emplea agua, pero se devuelve en su práctica totalidad a la cuenca (es decir, no se pierde) y puede reutilizarse aguas abajo. Sin embargo, el regadío no solo usa agua en gran cantidad, sino que la que usa, la consume en gran proporción. Los cultivos son auténticas máquinas de consumir agua debido a la evaporación y transpiración vegetal (evapotranspiración, que crece fuertemente con el calor), que controla la temperatura y genera el flujo para los procesos metabólicos y el crecimiento comunes a todas las plantas.

El peso de las presiones extractivas con consumo de agua queda de manifiesto mediante el Índice de Explotación de Agua plus (WEI+, por sus siglas en inglés), adoptado como indicador por las instituciones de la Comunidad Europea y definido como el porcentaje del total de agua dulce consumida en comparación con los recursos renovables de agua dulce disponibles. Un WEI+ por encima del 20 % indica presiones apreciables que no conviene sobrepasar. Si es superior al 40 %, el recurso hídrico está sometido a un grave estrés que compromete la disponibilidad y calidad de agua. Estas cifras no deben rebasarse, especialmente en zonas áridas, donde durante las sequías periódicas pueden reducirse las aportaciones en un 40 o 50 %. Esta circunstancia agota las masas de agua, incapaces de satisfacer otras demandas consuntivas y no consuntivas, así como los servicios medioambientales y la calidad del agua.

Según los datos oficiales de las confederaciones hidrográficas —seguramente sesgados a la baja— y las estimaciones propias (Tabla I), superan este umbral límite del WEI 40 % las demarcaciones principales del Guadiana, Guadalquivir, Segura, Júcar, Tinto Odiel y Piedras, Ebro y Canarias, sin que ello sea obstáculo para que todavía se sigan planificando nuevos regadíos.

 

DEMARCACIÓN RECURSOS
DISPONIBLES
USOS AGRARIOS
(hm3)
ESTIMACIÓN
DE CONSUMOS
AGRARIOS
(hm3)
ESTIMACIÓN
DE CONSUMOS
NO AGRARIOS
(hm3)
ESTIMACIÓN
DE CONSUMOS
TOTALES (hm3)
WEI + (%)
Duero 11470 3485 3049 48 3097 27
Tajo 8373 1973 1727 145 1871 22
Guadiana 3835 2019 1767 38 1805 47
Guadalquivir 6921 3273 2864 75 2938 42
Cuenca Mediterránea Andaluza 2817 926 810 65 875 31
Guadalete y Barbate 1096 288 252 21 273 25
Tinto, Odiel y Piedras 786 359 314 16 331 42
Segura 811 1487 1301 37 1338 165
Júcar 3073 2385 2087 97 2184 71
Ebro 15525 8379 7332 90 7422 48
Cuenca fluvial de Cataluña 2601 377 330 95 425 16
Baleares 585 103 90 22 113 19
Canarias 159 226 198 36 234 147
Ceuta 14 0 0 1 1 10
Melilla 22 0 0 2 2 8

Fuente: Informe 2021 de seguimiento de los Planes Hidrológicos de Demarcación, Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITERD). Elaboración de Joan Corominas, Fundación Nueva Cultura del Agua (FNCA).

Por otra parte, los grandes procesos de modernizaciones de regadío que se vienen desarrollando desde hace más de 20 años, se han orientado a la intensificación de la producción y al aumento de la superficie de regadío y, lejos de suponer ahorro de agua —pretexto para justificar las cuantiosas subvenciones públicas que reciben—, han incrementado su consumo fruto de la paradoja hidrológica y el efecto rebote. A consecuencia del cambio climático, con menos precipitaciones y mayor evapotranspiración, las cuencas que actualmente tienen un WEI+ del 40 % verán incrementarse su índice hasta el 51 % o el 82 %, según la gravedad de la situación, lo que supondrá el colapso del sistema, como ya sucede, por ejemplo, en la cuenca del Guadalquivir o el Segura.

Por último, la contaminación difusa proveniente de abonos inorgánicos, pesticidas, arrastre de salinidad y vertido de purines procedentes de macrogranjas es, junto a los vertidos urbanos e industriales, la principal fuente de degradación de la calidad del agua. Por ejemplo, con los nuevos criterios para la declaración de Zona Vunerables a Nitratos (aquellas que vierten a aguas superficiales o subterráneas con concentraciones de nitratos por encima de 25 mg/l y 37,5 mg/l respectivamente), aproximadamente la mitad del territorio español peninsular estará afectado.

Regadíos y seguridad alimentaria

Los portavoces de la política, la administración, la agroindustria y las poderosas asociaciones de comunidades de regantes, no solo justifican los impactos anteriores, sino que alientan una mayor intensificación y la ampliación del regadío, bajo el argumento de la necesidad de producir alimentos para la seguridad alimentaria, colocándonos en una falsa disyuntiva chantajista entre aceptar la degradación y desaparición de los ecosistemas acuáticos o perecer de hambre.

Sin embargo, nuestra actividad agropecuaria hace tiempo que sobrepasó el umbral de la seguridad alimentaria, con unas exportaciones de más de 60.000 millones de euros anuales y un balance exportador neto de 19.000 millones de euros en 2021. En algunos sectores y regiones, la producción se dedica a la exportación en más de un 75 %, entre los que destacan los casos de hortícolas bajo plástico, aceite de oliva, alfalfa o ganado porcino.

Por otra parte, una importante proporción de los cultivos, tanto en secano como en regadío, no se destinan a la alimentación humana directa, sino a piensos para ganadería intensiva. Mientras que la ganadería extensiva aprovecha pastos y rastrojos que no entran en competencia con la alimentación humana, la sobredimensionada ganadería industrial consume enormes cantidades de piensos elaborados con valiosos cultivos, agua y tierras que podrían ser empleadas en la alimentación humana directamente, con mejor rendimiento. Según la FAO, el 68 % de la producción de cereales en la Unión Europea tiene por objeto la alimentación animal, el 78 % en el caso de España, principalmente para porcino y avicultura industrial.

Pretender justificar el agotamiento de los recursos de agua y tierra en función de necesidades alimentarias no es admisible habida cuenta de la ineficiencia de la producción de calorías y proteínas de los modelos agroalimentarios de los países ricos, con enormes huellas energéticas e hídricas. La huella energética de la producción de un alimento es la cantidad de energía que se ha invertido en su generación: combustible en el laboreo agrícola, abonos, pesticidas, piensos, transporte, electricidad, instalaciones de producción… La huella hídrica es la cantidad de agua consumida en la generación del alimento, que puede provenir de la precipitación natural (agua verde) o del aporte artificial del regadío (agua azul).

Por último, el enorme desperdicio alimentario aún hace más injustificable cualquier intento de aumento de las presiones extractivas. En el informe de WWF Driven to Waste se estima que se pierden 1.200 millones de toneladas de alimentos en las granjas, durante y después de la cosecha, así como en su transporte y almacenamiento. Esto equivale al 15,3 % del total de los alimentos producidos a nivel mundial. En el mismo informe, también se estima que la pérdida y el desperdicio total de alimentos, al incluir otras fases como la transformación y el consumo, supone un 40 % de todos los alimentos producidos.

Queda claro, entonces, que resulta insostenible, e innecesario, que territorios con climas áridos —es decir, con bajos niveles de precipitación y altas temperaturas—, muchas veces con suelos degradados y poco contenido orgánico, pretendan ser potencias agrícolas «que alimentan al mundo» a base de suministrar artificialmente costosos insumos energéticos y consumiendo ingentes cantidades de agua artificialmente aportada y secuestrada de una frágil biosfera que depende críticamente de ella. La escasez de agua se ha querido superar a gran escala mediante la financiación pública de enormes infraestructuras y gastos de explotación para sistemas de riego; pero eso no cambia el hecho de que la disponibilidad de agua sea finita. Así que las propuestas habituales de aportación de reserva de agua mediante embalses o transvases, y las modernas técnicas de desalación y tecnificación han agotado su recorrido.

Aridez, sequía y escasez de agua

La característica que suele acompañar a la climatología árida es la existencia de sequías en periodos que abarcan varios años, durante los cuales la precipitación se reduce un 30 % respecto a los valores medios o incluso a veces más. Esta característica natural y consustancial a muchas áreas geográficas, a la que el medio natural se encontraba adaptado, está creciendo en intensidad, duración y frecuencia por el cambio climático.

Pero no debemos confundir la sequía con la escasez de agua. La escasez de agua es una situación coyuntural en la que la demanda de agua supera la disponibilidad. La escasez, sin embargo, puede cronificarse incluso cuando no hay sequía debido a la sobreexplotación de los recursos.

En el territorio del Estado español, con una capacidad de embalse de 56.000 millones de m3, incluso con los embalses al 50 % de su capacidad —como sucede este año meteorológicamente muy seco— teóricamente se podría abastecer el consumo doméstico de toda la población, a un ritmo de 100 litros por persona y día durante 16 años, incluso si no lloviera una sola gota de agua en este periodo. Por tanto, si bien hay notables diferencias entre cuencas, no puede decirse que en condiciones de sequía grave exista escasez de agua para el abastecimiento humano.

Sin embargo, al analizar los enormes volúmenes de agua usada y consumida en el regadío, reflejados en la Tabla 1, comprobamos que es este sector el que provoca la escasez, que se agrava, además, a causa de las menguantes disponibilidades provocadas por el cambio climático.

Ricardo Aliod

Profesor en la Universidad de Zaragoza y miembro de la FNCA

 


¿Qué agua consume la producción ganadera?

A menudo escuchamos afirmaciones como estas: «producir 1 kg de carne de ternera consume 15.000 litros de agua» o «para producir una hamburguesa hacen falta 2500 litros de agua». En general, sabemos que la producción de carne requiere mayor cantidad de agua que la producción de vegetales, es decir, tiene mayor huella hídrica. Y estos datos son así, objetivos y científicamente impecables. Pero, como para todo en la vida, hay que ir más allá de los titulares y rascar para entender de qué estamos hablando y, para ello, hace falta abordar los modelos de producción. Respecto al agua, no es lo mismo producir 1 kg de aceitunas en secano que en regadío, ni tampoco producir 1 kg de carne de cerdo en extensivo que en intensivo. La diferencia no viene por la cantidad de agua que necesita el animal o el cultivo (siempre y cuando sean las mismas variedades o razas), sino por el tipo de agua utilizada y si esta supone una presión excesiva sobre los ecosistemas acuáticos.

Existen tres tipos de agua: el agua verde, que es el agua de lluvia que cae en los campos y permite que crezcan los cultivos o el pasto que luego consumen los animales y que no compite con otros usos; el agua azul, en cambio, es el agua de los ríos, la que usamos para beber y, en el caso de la agricultura y la ganadería, para regar o para que los animales beban; y, por último, está el agua gris, el agua sucia que sale de nuestras casas, de las granjas o la que percola en los suelos agrícolas, si se emplean fertilizantes de síntesis en los cultivos, y que acaba en los ríos. Los diferentes modelos de producción usan diferentes proporciones de estos tres tipos de agua, de manera que, aunque el agua absoluta utilizada sea la misma, su impacto es muy diferente.

Para la producción de alimentos lo que nos interesa es que se utilice el máximo de agua verde, el mínimo de agua azul y se genere el mínimo de agua gris. Pablo Manzano y Agustín del Prado (2021) han hecho un ejercicio de análisis de los diferentes tipos de agua asociados a la producción típica de cordero en España (extensivo con algo de consumo de pienso) y a la de trigo en secano y regadío (ambos en cultivo convencional, no ecológico, lo cual afectaría sobre todo a la producción de agua gris). En su análisis respecto al agua verde (lluvia), encuentran que 1 kg de carne de cordero usa 8248 l; el trigo de secano, 1629 l/kg; y el de regadío, 679 l/kg. En relación con el agua azul, el trigo en regadío consume más del doble que el cordero (926 l/kg vs. 422 l/kg), mientras que el cordero produce mucha menos agua gris que el trigo, ya sea en secano o regadío (35 vs. 175 y 263 l).

El trabajo de Mesfin Mekonnen y Arjen Hoekstra, publicado en 2012 en la revista Ecosystems y referente en los estudios de huella hídrica de los diferentes productos de origen animal, muestra como, efectivamente, la ganadería extensiva depende fundamentalmente del agua verde, mientras en la ganadería intensiva el consumo de agua azul se incrementa con respecto a los sistemas mixtos que combinan agricultura y ganadería o a los sistemas de pastoreo (a igual edad al sacrificio).

Un análisis especial sería necesario para el porcino en España. Ángel de Miguel y col. (2015) hicieron este ejercicio y encontraron que la huella hídrica de la industria porcina en España está relacionada, como cabía esperar, con la producción industrial, que, en su mayoría, como ya sabemos, se exporta: 15.550 Mm3/año para la producción intensiva de cerdo blanco y 2308 Mm3/año para el cebo de ibérico, de los cuales el 82 % es agua verde, el 7 % azul y el 11 % gris, en ambos casos. En la producción extensiva de cerdo en España, el recebo de cerdo ibérico tiene una huella hídrica anual de 159 Mm3; el 88 % es agua verde, el 5 % azul y el 7 % gris. El cerdo de montanera consume 500 Mm3/año, de los cuales, el 90 % es agua verde, 4 % azul y 6 % gris, respectivamente.

En definitiva, aunque desde el punto de vista de la eficiencia del agua los cultivos utilicen menos cantidad que la producción ganadera, es muy importante diferenciar los tipos de cultivo (secano-regadío) y el modelo de producción ganadera (intensivo-extensivo). Si, además del modo de manejo del agua, tenemos en cuenta el del cultivo (convencional frente a agroecológico, que implica incrementar la materia orgánica del suelo, conservando el agua en él, reduciendo la evapotranspiración y, por tanto, mejorando la eficiencia en el uso del agua verde), o si incorporamos una variable apenas estudiada como las variedades de cultivo o razas mejoradas (más dependientes del agua) en comparación con las variedades y razas autóctonas, que están adaptadas a un menor consumo de agua, los datos también cambiarían, obviamente beneficiando a la producción agroecológica.

Marta G. Rivera

 
09 Sep 06:49

«Los 600 retratos más extraños del mundo»: el doctor Lafora y nuestro art brut

by Doctor Peligro

El doctor Lafora, aficionado al cubismo y expresionismo, fotografió y coleccionó lo que denominaba «arte de los locos», creando una de las mayores colecciones de art brut de nuestro país. En 1935 se publicó un reportaje sobre una gran exposición en el que los pacientes se retrataron disfrazados de obispos o cargando pesadas cruces

 

La revista Mundo Gráfico, el 11 de diciembre de 1935, dedicó su portada y un extenso reportaje titulado «Los 600 retratos más extraños del mundo», que incluía una entrevista con los doctores Lafora o Camino Galicia, con motivo de una exposición de art brut durante la VI Asamblea de la Liga Española de Higiene Mental y VII Reunión de la Asociación Española de Neuropsiquiatras. La exposición tuvo lugar en el Instituto Cajal de Madrid. Se exhibieron las colecciones privadas de psiquiatras como el propio Lafora junto a Vallejo-Nájera o Camino Galicia, o de diversas instituciones privadas.

Portada de Mundo Gráfico (11 de diciembre de 1935)

Lafora, años antes, en 1932, ya había realizado una exposición de pintura en el Ateneo de Madrid, donde era su vicepresidente, con obras de sus pacientes. Como amante de la pintura, en su Estudio psicológico sobre el cubismo y el expresionismo (publicado en Archivos en 1922), confesó que desde 1915, año en que se celebró en Madrid la primera exposición cubista, observó que aquellos cuadros se parecían a pinturas de ciertos «enajenados». Incluso se centró durante años en alguno de sus pacientes, exponiendo sus obras y realizando investigaciones sobre estos, como un hombre que estuvo ingresado durante un cuarto de siglo años en la Casa de locos o del Nuncio de Toledo. Lafora siguió al paciente en varias visitas, presentando algunas de sus obras en la Primera Exposición de Arte Psicopatológico de París (1950) durante el Primer Congreso Mundial de Psiquiatría en la capital francesa. Las imágenes de la exposición de 1935 son todas coherentes con el intento que, desde mediados del siglo anterior, distintos psiquiatras daban a las supuestas manifestaciones religiosas o apariciones sobrenaturales, como Charcot y Richer, entre otros, para los que el fenómeno místico eran «manifestaciones maníacas, ilusiones o ideas delirantes resultantes de desórdenes neurológicos. La Iglesia se hará eco de los diagnósticos médicos para cuestionar los prodigios que minaban su autoridad», como ha señalado Julia Montilla

Fotografiados por Lafora (Mundo Gráfico, diciembre de 1935)

 EL DOCTOR QUE EXHIBÍA OBRAS DE ARTE DE SUS PACIENTES

Gonzalo Rodríguez Lafora (1886 - 1971) fue un neurólogo y psiquiatra español, discípulo de Santiago Ramón y Cajal y de Luis Simarro, descubridor de la enfermedad que lleva su nombre. En 1911 describió la llamada enfermedad de Lafora, una afección genética de inicio en la adolescencia que provoca epilepsia, demencia progresiva, ceguera cortical y la muerte en 5 a 10 años.

Sanatorio de Ciempozuelos, uno de los lugares de estudio de Lafora

En 1912 empezó a trabajar en el Laboratorio de Fisiología Experimental del Sistema Nervioso con Santiago Ramón y Cajal. Difundió el psicoanálisis a través de conferencias, aunque reprochaba a la teoría freudiana su pansexualismo y su dogmatismo y la consideraba sólo como una psicoterapia más entre otras. En 1925 cofundó la revista Archivos de Neurobiología, Psicología, Fisiología, Histología, Neurología y Psiquiatría, que sigue publicándose ahora con el título más corto de Archivos de Neurobiología. Ese mismo año fundó también el Instituto Médico-Pedagógico y el Sanatorio Neuropático de Carabanchel. En 1931 fue nombrado presidente del Consejo Superior Psiquiátrico y dos años más tarde dirigió el departamento de Psiquiatría del Hospital Provincial de Madrid. Hizo amistad con José Ortega y Gasset y colaboró en sus proyectos culturales. Durante la guerra civil, su pasado republicano le obligó a emigrar, exiliándose en 1938 a México. Valenciano Gayá, amigo personal del doctor, con motivo de su muerte escribió que «Lafora, sin patrioterismo, amaba a España entrañablemente. Él, como los hombres del 98, la recorrió palmo a palmo, y en muchas ocasiones supo plasmarla en rápidos apuntes. En excursiones por Castilla le debo muchas enseñanzas; cada castillo, cada plaza, cada monasterio, cada iglesia, era magníficamente descrita en su arquitectura y en su historia. Durante la guerra, cuando tantos problemas le acuciaban, me escribe: “Estoy muy decaído con esta guerra civil que tiene cariz de durar mucho tiempo y destrozar toda la riqueza artística, la economía y segar las vidas de una generación... cada bombardeo en una y otra ciudad me duele como si fuera en propia carne...”». Durante su exilio participó en la fundación del Instituto de Estudios Médicos y Biológicos de la UNAM. Volvió a España y fue profesor de neuropatología y director del Laboratorio de Fisiología de Cajal y del Hospital Provincial. Sus últimos trabajos investigaron el sueño experimentalmente.


LOS 600 RETRATOS MÁS EXTRAÑOS DEL MUNDO

«El que en ellas aparece retratado fue reuniendo, con los ahorros que su modesto sueldo le permitía, hasta tres mil pesetas, que invirtió luego, totalmente, en hacerse seiscientos retratos, en las posturas más distintas y arbitrarias, como puede verse en las fotografías reproducidas en esta información»

Entre los interesantes documentos de la reciente Exposición de obras de enfermos mentales, en el Instituto Cajal, figuraron, presentadas por el doctor Lafora, estas curiosísimas fotografías, pertenecientes al archivo del ilustre médico. El que en ellas aparece retratado fue reuniendo, con los ahorros que su modesto sueldo le permitía, hasta tres mil pesetas, que invirtió luego, totalmente, en hacerse seiscientos retratos, en las posturas más distintas y arbitrarias, como puede verse en las fotografías reproducidas en esta información. Los dibujos actuales de un demente que quizá fue seminarista enfermo, pasiblemente, tuvo una educación religiosa, se formó en un medio cristiano y hasta quizá fue seminarista. Vea, en cambio, sus dibujos. Son una persecución obsesionante de sacerdotes y religiosas. El recurre a todos los medios imaginables para perseguir y matar a los curas. Encarcelamientos, trabajos forzados, ejecuciones, hogueras. Habla el doctor Camino Galicia ante unos cuantos cartones debidos a un enfermo que él tuvo en sus clínicas hace diez años. En esos dibujos, de un gran interés por cómo revelan un estado de ánimo y una sensibilidad torturada por el afán de exterminio de una determinada actividad, curas y monjas son muertos por numerosos procedimientos distintos. Entre éstos está el de un avión que sube con una gran jaula llena de sacerdotes, y después, cuando ya vuela a una altura considerable, abre la jaula para que aquéllos caigan y se estrellen. En otro cartón, curas y obispos son ejecutados con gran aparato, mientras sobre un tablado toca una orquesta, al lado de la cual está un esqueleto.

Varias imágenes incluidas en el reportaje y Exposición (Mundo Gráfico, diciembre de 1935)

«Sabido es que en la vida de los manicomios lo místico y lo erótico se unen muchas veces en un mismo enfermo»

—Es frecuente, como le digo —habla el doctor Camino Galicia otra vez—, en los enfermos mentales, el hecho de unas manifestaciones artísticas totalmente contrarias a su espíritu y su vida anteriores. Yo recuerdo, por ejemplo, haber tratado a uno que durante su enfermedad hizo un busto de la Virgen con una unción y una expresión verdaderamente admirables y fervorosas. Y el hombre, una vez curado, me decía: «Pero, doctor, ¿cómo he podido yo hacer esto? Soy ateo, no he tenido una formación religiosa, mis padres no fueron creyentes. En mi vida he ido a una iglesia.» Inexplicable; pero cierto, y hasta frecuente.

La campaña oficial psiquiátrica está ahora en un momento de gran interés, certeramente orientada por la capacidad y el esfuerzo del doctor Germain. Cuadros, dibujos, esculturas, trabajos y versos de enfermos mentales han sido expuestos en varias salas. Especialistas ilustres —Lafora, Vallejo Nájera, Camino Galicia...— han aportado algunos interesantes objetos de sus colecciones privadas. Otros trabajos expuestos proceden de los establecimientos oficiales dedicados al tratamiento de estas enfermedades. Esta Exposición tiene un gran interés. Pasa por ella la emoción profunda de ese estado de nieblas en que cae el hombre cuando la razón falta, desviada de su ruta normal. Unas veces, ante esos dibujos y esos objetos, es una sensación ligera, irónica, de juego y de burla; pero otras es una sacudida áspera, un hondo tirón sobre la sensibilidad, ante aquella presencia de la locura en toda su tremenda y sombría verdad. Como, por ejemplo, en esos dibujos, tomados del natural, de unos cuantos rostros de locos: la expresión mística, la expresión indiferente, la expresión colérica, la expresión dolorida, la expresión alucinada... Los rostros tienen una profunda expresión. Es frecuente también en este tipo de enfermos la expresión de un estado espiritual ambivalente; es decir, dos manifestaciones que se contradicen, que son enemigas y que, sin embargo, aparecen juntas. Por ejemplo, misticismo y erotismo. Sabido es que en la vida de los manicomios lo místico y lo erótico se unen muchas veces en un mismo enfermo. Así, también, como un reflejo de ella, en sus manifestaciones artísticas: símbolos de amor carnal junto a símbolos y atributos de la fe religiosa. En esta Exposición hay algunos ejemplos de ello. En un cartón, dibujado por un demente precoz, se ve a un sacerdote que reza el Rosario, y cerca, una muchacha de bata cortísima fuma y deja ver su cuerpo semidesnudo.

Cuadros y dibujos realizados por pacientes y expuestos por Lafora (Mundo Gráfico, diciembre de 1935)

 

LOS TEMAS FRECUENTES: LA MANÍA CLOWNESCA. LA SIMULACIÓN

«Ese enfermo adopta constantemente gestos y actitudes de clowns; le gusta vestirse con prendas que recuerden los trajes de los payasos»

Otras veces se desprende de los objetos aquí expuestos una emoción de fe y de religiosidad. Hay un monumento en madera a San Juan de Dios, Apóstol de la Caridad: el Santo aparece rodeado por representantes de las cinco partes del mundo. La muerte, lo religioso, lo sexual, son temas frecuentes de este arte de los locos. «La pureza y los pecados capitales» es un interesante dibujo de experta coloración. «Cómo empieza la hermosura», «Cómo acaba la hermosura», son dos cartones que renuevan el tema eterno de la juventud y de la muerte: un fino rostro de muchacha y una calavera bajo un manto negro. Junto a algunos de los dibujos expuestos —de la colección presentada por uno de los médicos especialistas—están las reproducciones de dos dibujos vanguardistas, debidos a artistas normales. Y, efectivamente, no sólo no hay diferencia, sino que hay identidad entre lo hecho por el artista y lo hecho por el enfermo. Otro de los dibujos curiosos es un clown, con el rostro recortado de una fotografía del propio enfermo. Responde este dibujo a la manía clownesca o bufonesca. Ese enfermo, efectivamente, adopta constantemente gestos y actitudes de clowns; le gusta vestirse con prendas que recuerden los trajes de los payasos; se deja el pelo una punta que recuerde a la que los clowns llevan en su cabeza. Y ha expresado todo oso dibujando un clown, al que ha puesto, recortándolo de una fotografía, su propio rostro. Un hecho también frecuente en este arte de los enfermos mentales es el de la simulación, del disfraz. Dibujos, por ejemplo, que tienen un determinado sentido y que parecen responder a una determinada concepción, ocultan —se advierte fijándose detenidamente— un detalle que contradice aquel sentido. Es decir: hay un afán de engaño y de simulación. Hay un gran óleo —Salón de estancia del Sanatorio— debido a un paranoico recluido en Ciempozuelos. A pesar de su factura ingenua, del lienzo se desprende una cierta emoción. Aquellas expresiones, aquellas actitudes, son todo el dolor de la locura.

Algunos de los dibujos de la exposición (Mundo Gráfico, diciembre de 1935)

MÁS DE VEINTE MIL PRENDAS HECHAS POR LOS LOCOS EN UN AÑO

«Ganaba mensualmente ciento veinticinco pesetas que, ahorrando dinero hasta reunir tres mil pesetas, que empleó íntegramente en hacerse aquella colección de fotografías»

A la colección del doctor Lafora pertenece una serie de fotografías de un mismo paranoico, en posturas pintorescas y absurdas, con un hábito nazareno, con una cruz algunas veces. Este hombre ganaba mensualmente ciento veinticinco pesetas que, ahorrando dinero hasta reunir tres mil pesetas, que empleó íntegramente en hacerse aquella colección de fotografías, en que lo grotesco determina, por contraste, una reacción de dolor. Hay, además, objetos numerosísimos —juguetes, barcos, muñecos, muebles, bastones, mascarillas, coronas, jarrones—hechos en papel, o en cartón, o en madera, o con pan mascado. Finas labores de encajes castellanos hechos por las mujeres recluidas en el Sanatorio Psiquiátrico de Palencia. Prendas de vestir debidas a las enfermas recluidas en Valladolid. Estas mujeres, en el último año, han hecho en los talleres de confección de su establecimiento las prendas siguientes: 1.700 camisas, 1.500 calzoncillos, 700 chaquetas, 300 pellizas, 1.500 pantalones, 800 chalecos, 500 blusas, 600 colchones, 1.900 sábanas, 1.900 fundas, 1.500 calcetines, 2.000 pañuelos, 300 blusas para los médicos, practicantes, enfermeros y resto del personal: 900 camisas de mujer, 900 enaguas, 1.000 delantales, 900 pares de medias, 300 abrigos, 300 vestidos, 900 batas...

El Hospital de Ciempozuelos en un cuadro expuesto en la Exposición (Mundo Gráfico, diciembre de 1935)

LOS VERSOS DE LOS DEMENTES

Se exponen, además, versos. He aquí unas estrofas, hechas por un ex militar —loco moral y toxicómano— en el Hospital Psiquiátrico de Nuestra Señora de la Visitación, en Toledo:

Que estamos entre locos,

¡Qué disparate!

No piensen mis lectores que desvarío;

Si antes eran dementes,

hoy son orates todos estos queridos amigos míos.

Es una palabrita digna de encomio,

y como aquí se come,

les recomiendo destierren la palabra de manicomio

y se llame a esta casa manicomiendo.

Si son los que practican los practicantes,

y los de la cocina, los cocineros, ¿no debiera decirse los cocinantes

y llamarse a los otros los practiqueros?

Si los que nos vigilan son vigilantes

y los que tienen casas son los caseros,

¿Por qué los de las casas no son casantes

y no son enfermantes» los enfermeros?...

 

He aquí otros versos, hechos por un enfermo del Sanatorio de Ciempozuelos:

¡Qué viaje ¡ Qué desvarío!

En llegando a la estación,

uno se mete en un lio

de los de marca mayor.

¡Qué miradas terroríficas de algunos viajeros!

Sus ojos son reverberos de corrientes radiográficas.

«¡Yo soy Dios!», el uno grita.

«¡Soy el káiser!», otro exclama.

«¡Yo el rey!», dice en la ventana uno que manos agita.

«¡Abajo todo lo existente!», grita un viejo acalorado,

«¡No quede un sólo tinglado!», dice otro chico demente.

Elevo mi vista al cielo

en demanda de piedad.

Una voz en la rotunda

dice a gritos: «Ciempozuelos,

dos minutos.

Parada y fonda

para toda la eternidad»

08 Sep 10:51

Asfaltar el monte para evitar incendios forestales

by alvizlo
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De verdad hay tertulias en la TV que exponen la tesis de que nos sobran bosques porque nos roban agua?

Hace ya más años de los que me gustaría reconocer tuve un jefe que decía que para terminar con todos los problemas ambientales lo mejor era asfaltar el monte. Era una de esas personas provocadoras que, de vez en cuando, sueltan por la boca una burrada para ver la reacción de las personas que les rodean. Nunca supe si lo decía en serio o si simplemente era una provocación, pero me llamaba la atención que lo dijese una persona con su trayectoria y que en aquel momento era responsable de una empresa de consultoría ambiental referente en el sector.

El caso es que, de un tiempo a esta parte, parece que varios medios de comunicación y tertulianos se alinean cada vez más con esa línea de pensamiento. En verano, cuando la actualidad se relaja (y el periodismo también), aparecen titulares y se rellenan programas de radio y televisión hablando sobre incendios forestales. Y la tendencia es a culpar al árbol. Porque, como de todos es sabido, si no hubiese árboles no se quemarían. Solución: asfaltar el monte.

Es un discurso perverso. En primer lugar, porque ignora la realidad. Algunos tertulianos afirman rotundamente que nos sobra bosque. Que tenemos más bosque que nunca. Y cuando alguien hace esta aseveración está confundiendo varios términos que habría que manejar adecuadamente para poder participar en el debate. No es lo mismo bosque que monte. No es lo mismo terreno forestal que superficie arbolada.

Así, la Ley 43/2003, de 21 de noviembre, de Montes define como especie forestal “especie arbórea, arbustiva, de matorral o herbácea que no es característica de forma exclusiva del cultivo agrícola”. Igualmente define “forestal” como todo aquello relativo a los montes.

La misma norma incluye el concepto de monte como: todo terreno en el que vegetan especies forestales arbóreas, arbustivas, de matorral o herbáceas, sea espontáneamente o procedan de siembra o plantación, que cumplan o puedan cumplir funciones ambientales, protectoras, productoras, culturales, paisajísticas o recreativas. Tienen también la consideración de monte:

  • Los terrenos yermos, roquedos y arenales.
  • Las construcciones e infraestructuras destinadas al servicio del monte en el que se ubican.
  • Los terrenos agrícolas abandonados que cumplan las condiciones y plazos que determine la comunidad autónoma, y siempre que hayan adquirido signos inequívocos de su estado forestal.
  • Todo terreno que, sin reunir las características descritas anteriormente, se adscriba a la finalidad de ser repoblado o transformado al uso forestal, de conformidad con la normativa aplicable.
  • Los enclaves forestales en terrenos agrícolas con la superficie mínima determinada.

Y sí, la superficie forestal, el monte, ha aumentado considerablemente. Pero no lo han hecho tanto los bosques. Basta con apagar la televisión y salir a pasear para comprobar que la mayor parte de la superficie abandonada para el cultivo está desprovista de arbolado. Y también para comprobar que una parte importante del arbolado no son bosques, son plantaciones forestales.

¿Qué es un bosque? Esa sería la primera pregunta a responder antes de ponerse a decir que es necesario talarlos para evitar los incendios forestales o, como se va poniendo de moda, para reducir la sequía ¿Tenemos demasiados bosques en España? ¿Realmente los árboles de los bosques son responsables de la sequía que vivimos? ¿Qué pasa con los bosques y el clima?

Un bosque es un ecosistema natural en el que hay una infinidad de relaciones complejas y equilibrios dinámicos entre los distintos elementos que lo componen: suelo, plantas, animales, hongos, bacterias… y que no necesita de intervención humana para mantenerse y evolucionar en el tiempo.

En España no hay muchos de estos. Según el Anuario de Estadística Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación el 40% de la superficie es forestal arbolada, arbustiva y de matorral. Este apartado incluye distintos tipos de plantaciones y explotaciones forestales. Un poco más optimista es el Informe 2021 sobre el estado del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad en España: indica que el 56 % de la superficie nacional forestal, con un 38 % forestal arbolado (bosques, dehesas), y el 18 % forestal desarbolado (matorrales, eriales, canchales, arenales, etc.). En cualquier caso, la superficie de bosque, propiamente dicho, es considerablemente menor.

Sobre la relación entre los bosques y la sequía habría mucho que hablar. Un bosque ofrece muchos servicios que deberíamos evaluar en su conjunto antes de hablar de sequía. Sí, es cierto que un parámetro a considerar es la transpiración: las plantas consumen agua, parte se queda en sus estructuras vivas y parte va a la atmósfera a través de los estomas. La cuestión es si evaporan más agua de la que ayudan a retener en el ecosistema. La sombra, las raíces, la acumulación de materia orgánica en el suelo… son elementos que aportan los árboles del bosque y que contribuyen a la retención de humedad y a la infiltración del agua a los acuíferos.

¿Acuíferos? Como no lo vemos y resulta difícil de entender, se nos olvida con frecuencia que hay un reservorio imprescindible de agua bajo el suelo: los acuíferos. Y están conectados con las aguas superficiales. Cuando se seca una fuente suele ser por falta de agua en el acuífero que la alimentaba. Si el caudal de los ríos depende de las lluvias ¿por qué sigue fluyendo cuando no llueve? Por el agua que le aportan los acuíferos. Lagos, lagunas, sondeos, pozos… la inmensa mayoría de ellos están conectados de alguna manera con el agua subterránea.

Si eliminamos la vegetación y sus raíces se pierde la estructura del suelo que permite la infiltración del agua hasta esos acuíferos. Quizá resulte contra intuitivo, pero si queremos luchar contra la sequía necesitamos más árboles y más bosques: favorecen que el agua llegue a los acuíferos.

Si llueve en un suelo desnudo la mayor parte del agua escurrirá por la superficie. Las gotas golpeando directamente la tierra la compactan y sellan los poros por los que podría haber circulado hasta el acuífero. La radiación directa del sol evaporará rápidamente el agua que hubiese quedado en la superficie.

En un espacio arbolado las hojas frenan el impacto de las gotas de lluvia y las retienen para que escurran más despacio hacia el suelo. La materia orgánica acumulada actúa como una esponja que empapa esa agua y se filtra a través de una estructura favorecida por las raíces de la vegetación y otros seres vivos que pueblan el suelo del bosque. La sombra mantiene la humedad durante más tiempo. Así el bosque favorece la recarga de los acuíferos y la disponibilidad de agua cuando deje de llover.

Sí, claro que las plantas y los árboles consumen parte de esa agua y la evaporan a la atmósfera ¿en conjunto evaporan más que retienen? Esa es la pregunta que hay que abordar antes de proponer talar el monte. Sin perder de vista que sin esa evaporación aumenta la humedad ambiental, influye en la temperatura y en el equilibrio de los ecosistemas.

El cambio climático aumenta el riesgo de incendios forestales. Un clima más cálido y una mayor frecuencia de episodios de temperaturas extremas tensiona los ecosistemas y, en el periodo cálido, favorece la aparición y extensión del fuego.

Por cierto, si el problema es el cambio climático no está de más recordar que los bosques, con sus plantas, sus animales y sus suelos, son un instrumento natural y barato para retener carbono y evitar que se acumule en forma de CO2 en la atmósfera.

En cualquier caso, si queremos agua necesitamos más bosques, no menos. La lluvia tiene una importante componente local que depende, en gran medida, de la transpiración de agua por parte de la vegetación.

Pero necesitamos bosques autóctonos, no plantaciones forestales de especies que tienen grandes requerimientos hídricos y esquilman el agua del suelo. Quizá, de sobrar algo que pueda producir sequía sobrarían plantaciones de aguacates.

Bosques, no plantaciones de pinos que nadie gestiona adecuadamente. Porque, a pesar de la legislación vigente, únicamente el 22,2 % de la superficie forestal está sujeta a Instrumentos de Ordenación según el Avance del anuario de estadística forestal para 2021. En el caso de superficie de titularidad privada el dato cae al 14,1 %

Y aquí, seguramente, es donde esté gran parte del problema. En explotaciones forestales y plantaciones protectoras que no se han gestionado adecuadamente y donde, quizá, sí sería interesante apear algunos ejemplares. Porque, como decía mi profesor de Ciencias Naturales, allá por la década de 1990, “ICONA planta pinos”. Y los pinos del ICONA, y otros planes anteriores, plantados hace décadas con vocación de sujetar suelos, evitar evaporación de agua en pantanos y otras funciones prácticas, deberían haber sido gestionados para ayudar a esas plantaciones a evolucionar a bosques. Y no se ha hecho a tiempo.

En este repaso no se podría dejar de hablar de la suciedad en los montes. Porque están muy sucios. No me refiero a la vegetación espontánea, propia de la sucesión ecológica. Ni a la madera muerta de forma natural. Me refiero a los restos no maderables de las talas que se acumulan porque al gestor de la explotación no le resulta rentable procesar.

Madera residual que ni se tritura para favorecer su incorporación al suelo ni se saca del monte, acumulada estratégicamente en lugares, más o menos fuera de la vista del forestal o el SEPRONA de turno, en los que se convierte en pilas de combustible listas para favorecer el incendio forestal.

Y cómo no, a las basuras dispersas que, abandonadas por usuarios del monte, llevadas hasta allí por quienes hacen negocio con las basuras de otros o arrastradas por el viento desde cualquier sistema ineficiente de recogida de residuos generan problemas y riesgos innecesarios.

Por último, recordar que asfaltar el monte no es una buena idea. Sí, se necesitan carreteras para permitir a las personas que habitan el medio rural desplazarse adecuadamente y recibir los servicios necesarios. Y pistas forestales acondicionadas y mantenidas correctamente para favorecer las intervenciones necesarias para conservar y mantener los montes. Pero más allá de eso conviene no olvidar que una gran parte de los incendios forestales se originan en los caminos y sus inmediaciones.

Sugerir que tenemos demasiados árboles o que nos sobran bosques no es de mucha ayuda para concienciar a los usuarios de esas carreteras y caminos sobre los riesgos y los hábitos que deberían seguir para prevenir incendios forestales.

Origen

29 Jul 09:27

Punk, tecnología y ¡muchos dólares!: Cuando Ramones tocaron para el confundador de Apple

by Doctor Peligro

Podías ver en directo a Ramones o Gang of Four, entre otros, mientras probabas los nuevos modelos de Atari. En 1982 el gigantesco US Festival se rindió ante Ramones en un evento que unió punk con tecnología y muchos dólares

«Woodstock fue sobre paz y amor; el US fue todo tecnología y dólares», confesó Marky Ramone en su autobiografía Punk Rock Blitzkrieg. My Life As A Ramone. El sol era abrasador, pero a ellos no les importó. Las más de cien mil personas que en esos momentos asistían al US Festival en San Bernardino, California, uno de los más masivos y gigantescos de la historia de Estados Unidos (se comparó por tamaño a Woodstock y llegó a congregar a medio millón de personas), jamás olvidarían el intenso y rápido show de Ramones, con Joey Ramone y su omnipresente chaqueta negra de cuero al frente.

«Su apodo era “Woz” o “Mago de Woz”: convertía en oro todo lo que tocaba»
 

Para la banda, aquel año de 1982 había sido el primero desde 1976 en que no habían publicado ningún trabajo. Además, estallaron más aún las disputas entre Johnny y Joe, lo mismo que la locura de las drogas y el alcohol, que empezaban a hacer mella en alguno de sus miembros. Fue el concierto en que tuvieron una mayor audiencia gracias a su organizador, nada más y nada menos que Steve Wozniak, cofundador junto a Steve Jobs de Apple, convertido ya en multimillonario, el rostro de una nueva generación de jóvenes audaces, empresarios astutos, pioneros de tecnologías que parecían ciencia ficción. Su apodo era «Woz» o «Mago de Woz»: convertía en oro todo lo que tocaba.

Wozniak con su ordenador Apple. Fotografía: Steven Ringman (1982)

Wozniak junto a Bill Graham durante la rueda de prensa del US Festival de 1982

Tiempo antes, Wozniak había perdido la memoria a corto plazo tras un accidente de avión que casi le costó la vida. Abandonó Apple, en plena era de los ordenadores y la informática entonces transformada en un mercado en expansión, se casó y regresó a la Universidad de California, Berkeley. Allí usó el nombre de «Rocky “Raccoon” Clark» («Rocky “Mapache” Clark») y obtuvo su licenciatura en 1987. Llevaba años siendo miembro de la masonería californiana (Charity Lodge No. 362 en Campbell), amante del rock and roll y empresario ávido de nuevos retos.

Anuncios de Atari a comienzos de los años ochenta

El US Festival, en su edición de aquel año, duraría tres días y, para ello, Wozniak contrató a Bill Graham, el gran Rey Midas del rock and roll, alguien muy vinculado a la contracultura, a MC5 y los Motherfuckers, que lo amenazaron de muerte dos décadas antes. Graham, a su vez, contrató a Ramones, junto a otras bandas como The Police, Gang of Four o Talking Heads. Además de las actuaciones musicales, se instaló una gran feria tecnológica, que parecía casi un decorado de ciencia ficción. Atari y numerosas marcas en tecnología punta mostraron sus últimos modelos, además de sintetizadores e instrumentos electrónicos, los más avanzados de aquellos años. Wozniak, sin embargo, perdió millones de dólares. Hubo una segunda edición, la última y también un fracaso comercial, tras lo cual decidió volver al desarrollo de productos de Apple, pero no quería ser más que un simple ingeniero, aunque se embarcó en numerosos proyectos e inventos tecnológicos.

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Mientras Ramones actuaban, se produjeron desmayos por el calor, algunas sobredosis, varios robos y decenas de personas probaron las «delicias» de Atari. Y no solo eso. El festival contó con carpas de comida rápida y cervezas, baños, teléfonos públicos, un hospital de campaña, un camping e incluso un helipuerto. Finalmente el terreno que fue empleado para el festival fue de 500 hectáreas. The Police, iniciales líderes del evento, fueron oscurecidos por la apisonadora de Ramones, que abrieron con «Do you remember rock and roll radio?» y cerraron con «Pinhead» en un repertorio de 24 temas en menos de 22 minutos. Los Ramones salieron tras la actuación de Gang of Four. No probaron prácticamente sonido, salvo un par de minutos en el escenario probando volúmenes. Al terminar, extenuados por la actuación y el horroroso calor, fueron directos al camerino, donde el «Mago de Woz» y sus chicos les tenían preparada una sorpresa: unos tanques y mascarillas de oxígeno para repararse. El mundo futuro.

25 May 13:50

Mandarines y bandoleros: la insólita historia del flan chino

by David Bizarro

El descubrimiento del flan en polvo revolucionó los postres de la España de los años 50; fue uno de los primeros inventos españoles que rompió fronteras y alimentó a la industria publicitaria más disparatada durante décadas.


Corrían los años 50 cuando el empresario lucense José Ferro Rodeiro tuvo conocimiento de los estudios sobre las propiedades del agar-agar que había llevado a cabo otro español, el químico Alfredo Valdés García. Aquel extracto de algas gelatinoso que comenzaba a utilizarse en los Estados Unidos como agente solidificante para el cultivo de microorganismos con fines farmacéuticos, se utilizaba desde hacía siglos como aditivo alimentario en el sudeste asiático. Permitía elaborar postres que resistían las altas temperaturas sin derretirse y funcionaba como sustituto del huevo en una época en la que las cartillas de racionamiento estaban a la orden del día y en la que la materia prima escaseaba, abaratando así los costes y permitiendo su producción a gran escala. Entusiasmado con la receta mágica del “flan sin huevo”, Ferro Rodeiro lanzó al mercado un preparado instantáneo al que solo había que añadir el azúcar fundido y la leche (a menudo rebajada con agua) para obtener un producto que se asemejaba bastante, en forma, sabor y textura, a un flan casero.

Pero aún más novedosa resultó su estrategia de marketing al bautizar aquella «especialidad exótica y económica» como Flan Chino Mandarín, y lo revistió de estereotipos racistas que los consumidores asociaban tanto a China como a sus habitantes. Se vendía en cajas de cartón presididas por la caricatura de un asiático de aspecto goloso, con la tez amarilla como la yema de huevo y tocado con un gorro negro manchú similar a la cima de caramelo oscuro del propio flan. Una imagen de marca fácilmente reconocible que arraigó en el imaginario popular como antes hiciera «aquel negrito del África Tropical» del Colacao, y que también contó con su propio jingle publicitario: «Soy el chino, soy el chino mandarín que he venido del país de la ilusión, mi coleta es de un tamaño colosal, que con ella me divierto sin cesar».

En vista de tan lucrativo negocio, la competencia no se hizo esperar y, para aumentar las ventas del producto estrella de la antigua confitería que acababa de adquirir, el avispado de Manuel del Mármol Gil renombró los tradicionales dulces de yema como Flan Chino El Ecijano. Quienes le trataron en vida destacan su desparpajo para adaptarse al mercado y aprovechar cualquier ocasión, como la presencia del Cardenal Bueno Monreal en la primera Feria de Muestras Iberoamericana celebrada en la capital sevillana, para hacer un poco de product placement. A espalda de los asistentes, se despliega una pancarta donde puede leerse: «Definitivo. El mejor dulce Flan Chino El Ecijano», tal y como certifica la siguiente fotografía.

Manolo del Mármol Gil (con su característico bigote) posando en la confitería la inmaculada donde se despachaban los famosos dulces de yemas en 1959.

«Soy el chino, soy el chino mandarín que he venido del país de la ilusión, mi coleta es de un tamaño colosal, que con ella me divierto sin cesar»

Con lo que no contaba era que, para entonces, Ferro Rodeiro ya habría amasado una fortuna suficiente para comprar una central hidroeléctrica en su Muras natal, y que destinaba parte de su suministro a la fabricación de unos muñecos de caucho que se incluyeron como reclamo promocional en las cajas de Mandarín. Una vez más, el merchandising se diseñó de manera estereotipada, recordando a las «estampitas de chinitos» y las huchas de la cuestación anual del DOMUND. Por alguna extraña razón que nadie se explica, una de aquellas figuras pintadas a mano por las mujeres murenses enseñaba las nalgas con la desvergüenza de un caganer.

A principios de los sesenta, el negocio se diversifica y la familia Ferro amplía su mercado a Portugal, donde las amas de casa compraban El Mandarín que cruzaba la frontera de contrabando en los puestos ambulantes. Tras formar una sociedad limitada con sus socios lusos, el flan chino empezó a fabricarse en el país vecino generando a su alrededor una nueva gama de productos derivados de la receta original, entre las que destacan las natillas y la leite creme. Conscientes de que nada podían hacer contra el músculo empresarial de los gallegos, en Écija aparecieron las primeras vallas publicitarias que anunciaban el cambio de tercio: «No se droguen con Yemas El Ecijano, casi todos palman», «No compre Yemas El Ecijano. Están malísimas», «Compre Yemas El Ecijano y regáleselas a su suegra».

Que hablen mal de ti, razonó Manuel del Mármol, pero que hablen. Con tal dar a conocer sus dulces, estaba dispuesto incluso a reclutar a un ejército; pero como el presupuesto era ajustado, prefirió echarse al monte y sacar rédito de los mitos de la tierra. Y ninguno más popular en la región que los Siete Niños de Écija, unos bandoleros que ni eran siete, ni eran niños, ni eran de Écija, y cuyas hazañas contra las tropas napoleónicas les convirtieron en héroes nacionales. Manolo buscó al octavo y lo encontró en Pepe El Yema. En realidad, se llamaba José Rivera Alaya, y le decían El Pulga. Durante años encarnó la nueva imagen de marca, ataviado para la ocasión y armado con el mismo trabuco de imitación con el que acudía a las ferias de muestras. Hizo sus pinitos taurinos en algunas becerradas nocturnas, sin salirse nunca del personaje, apuntando al astado en actitud de disparo para solaz del respetable. Bromista incansable, siempre posaba para la foto con una caja de yemas. A menudo, en compañía de toreros, deportistas y celebridades a quienes solía asaltar al grito de «¡el postre o la vida!».

«No se droguen con Yemas El Ecijano, casi todos palman»

Mientras Manolo y El Pulga se retrataban con Bahamontes y Jaime Ostos, la fábrica del Flan Chino El Mandarín viró hacia los productos plásticos destinados a la construcción, esencialmente tuberías y accesorios de PVC para abastecimientos y evacuación de aguas. En 2021, el Grupo Plásticos Ferro / Ferroplast facturó 230 millones de euros en tuberías. Por su parte, Yemas El Ecijano han perseverado en el negocio familiar con vocación de artesanos, y Pepe El Yema, con el tiempo, cambió de seudónimo artístico por “Caracolillo de Écija”, haciendo una breve carrera en el cine de la mano de Manuel Summer, como gancho de cámaras ocultas en ¡Tó er mundo e güeno! y Tó er mundo e… mejor.

En 2010, los Ferro vendieron la patente de Mandarín en 2010 al conglomerado Dr. Oetker, quienes desecharon parte del nombre para seguir comercializándolo hasta nuestros días como Mandarín Flan Clásico. Desde entonces, el emporio del “flan chino” ha perdido el fuste de antaño: Flan Japan, una marca de flanes fabricada en Marruecos, presenta su producto en pequeña cajas, cada una con un sobre individual, en la que se representa, al fondo, un paisaje japonés y nocturno, pagoda incluida, y ya en primer plano se muestra a una simpática y radiante japonesa, luciendo el traje tradicional mientras muestra llena de satisfacción otro suculento postre en polvo. Su consistencia es similar a la del pudding y cada vez más alejada del tocinillo de cielo.

23 May 06:48

1,6 millones de toneladas de envases domésticos

by alvizlo

¿Cuánto se recicla en España? ¿Has visto ya los resultados de Ecoembes? ¿Qué te parecen? ¿Por qué no gustan a los ecologistas? ¿Lo analizamos? Si acudimos, por ejemplo, en la web de El País encontraremos bien grande la pregunta ¿Qué, cómo y cuánto reciclamos en 2022? Un poco más abajo leemos la respuesta «El año pasado se reciclaron 1627313 toneladas de envases domésticos» ¿Todo bien?

Origen

22 May 08:47

18 días llamando cada media hora para que alguien responda al teléfono de ayuda del Ingreso Mínimo Vital

Sergioski02

QUE QUIERES!? no ves que es la hora de la siesta?

Tras 150 llamadas, la número 151 consiguió hablar con un ser humano. Desde el Ministerio aseguran que, para paliar este problema, incorporarán en las próximas semanas a 195 personas extra para la atención telefónica de la Seguridad Social.
24 Apr 18:03

¡Barcelona bajo el terror del monstruo!

by David Bizarro

En verano de 1990, una extraña criatura alada sobrevoló la Barcelona preolímpica. Gracias a la prensa, el bulo se extendió por toda la provincia y se convirtió en leyenda. Revisemos algunas de las claves del caso y pongámosle nombre y apellidos al mito.


La mañana del día 10 de junio de 1990, el diario barcelonés La Vanguardia publicó una carta al director, remitida por un tal Pere Carbó, relatando el primer avistamiento: «No puedo más que mostrar mi extrañeza ante este inusual hecho: la noche del 28 de mayo, algunos vecinos del barrio de Les Corts nos despertamos ante los insoportables graznidos de un ave; no un ave cualquiera; nuestro estupor fue inmenso al salir al balcón y ver una silueta negra de un ave de grandes dimensiones. Quizá debería medir entre 3 ó 5 metros, y no exagero. Numerosos fueron los vecinos que lo vieron y numerosos también los comentarios al día siguiente. Suponemos que en otros barrios, otras personas debieron verlo. ¿Qué era? Y lo que es más extraño: ¿por qué no ha aparecido ninguna noticia en la prensa?».

«¿Por qué va a extrañar el silencio de la prensa? Sólo nos cuentan lo que quieren —se pronunció unos días más tarde José García García— ¿Y el de las autoridades? ¿No se mantiene parecido silencio oficial en el tema de los ovnis? ¿Acaso nos informan de mucho más que de los plazos de tributación?». El tono de indignación inicial, no exento de ironía al vincular el vuelo de un ave rapaz gigante con la reciente campaña de la Renta, cedió paso a las primeras hipótesis sobre la verdadera naturaleza de la amenaza. «Personalmente no me extrañaría que esta horrible ave fuera una mutación que estuvieran experimentando las palomas de Barcelona. Otro punto por investigar es la misteriosa desaparición de algunos gatos que se observó antes de la aparición del ave gigante, como si hubieran caído de los balcones, pero sin que se hallara el cadáver en las calles».

A medio camino entre Juan Perucho y Álvaro Cunqueiro, la gigantesca ave que sobrevoló Barcelona pudo ser un fetiche mitológico o el fruto de una broma pesada, pero seguía envuelta en un halo de misterio.

Ante la ausencia de pruebas físicas o evidencia material que avalaran su existencia, la imaginación tomó las riendas y se sucedieron las teorías disparatadas en torno al misterioso pajarraco. Otro lector, Xavier Tutusaus, a la postre «estudioso botánico y faunista», acreditó que se trataba «con toda seguridad, del Avis Cervus o Peritio, especie que más de un eminente zoólogo reputa como desaparecida, prima hermana del Ave Roc y otros ilustres pájaros mitológicos. Fue descrita ya en el siglo XVI por el rabino Aaron Ben Chaim en un opúsculo consagrado a bestias fantásticas, del que disponíamos de algún fragmento depositado en la universidad de Munich hasta la Segunda Guerra Mundial, tras la cual desapareció misteriosamente». Para certificar su pertenencia a tan ilustre linaje, señaló que «Aaron Ben Chaim, basándose en la obra de un autor árabe desconocido, mencionaba un tratado sobre el Avis Cervus, lamentablemente perdido en el incendio de la Biblioteca de Alejandría, donde se describía al curioso animal como mitad ciervo mitad ave, concluyéndose que, dada la sombra humana que proyectaban sobre la tierra, podían ser espíritus de individuos que murieron bajo el enojo de los dioses». En la misma línea, Daniel Gallart, aunque de un modo más escéptico, apuntó la posibilidad de que el culpable de tanto revuelo fuera «un pteranodón (…) pero ya no sería un ave, sino un reptil volador prehistórico que desapareció hace muchos miles de años». De haber existido en la vida real, el Profesor Challenger lo hubiera suscrito de primera mano. En 1912, el protagonista de El mundo perdido de Sir Arthur Conan Doyle exhibió un pterodáctilo en Londres y fue acusado de fraude por el público asistente. Aprovechando un descuido, la criatura consiguió escapar de su jaula y sembró el pánico en la ciudad antes de precipitarse en el Támesis y desaparecer para siempre.

«Se trata de un pterodáctilo que ha sobrevivido a períodos glaciares. Hace quince días que no veo a un amigo mío de Les Corts. Estoy seguro que este animal lo ha capturado»

«Con el ánimo de tranquilizar a la población», el «erudito» Tutusaus consideró útil añadir que «tal especie es completamente inofensiva para el hombre y en modo alguno agresiva, limitándose en su triste peregrinaje hacia Madagascar —o tal vez la Atlántida— a provocar los sustos consiguientes por su terrible y pavoroso aspecto». Mientras tanto, el Cuerpo Superior de Policía reconocía a El Periódico de Cataluña haber recibido centenares de llamadas alertando sobre el gigantesco ser, al tiempo que el teléfono de atención ciudadana se colapsaba por el suceso. Pero ninguno de los testigos parecía ponerse de acuerdo a la hora de describirlo. «Estaba un servidor tomando la fresca en el terrado de mi casa en Consell de Cent - Rocafort allá por las 11.30 de la noche cuando de repente apareció sobre el cielo un supuesto colom. Venía del lado de Sants y, al llegar a la calle Rocafort, viró en redondo y enfiló en dirección al Tibidabo. Iba bastante alta y llevaba mucha velocidad, pero no graznaba ni chillaba. Tenía como digo la forma de una paloma o colom y mis apreciaciones sobre su envergadura superan lo establecido por otros que también lo han visto —atestiguó Armando Montany Brochas— Ahora bien, tuve tiempo de analizar sus movimientos y debido a ello llegué a la conclusión de que podía ser muy bien un ave mecánica, pues seguí su evolución en un recorrido de varios cientos de metros y nunca le vi batir una sola de sus alas, siempre fue planeando. Además, en el momento de efectuar el viraje, encima de mi propia cabeza, pude observar que éste se producía a empellones, como el que realiza un coche de juguete teledirigido». ¿Y si fuera un caza Mirage F1 o los Phantom procedentes de las bases norteamericanas que sobrevolaban nuestro país en los años 70, y que demasiado a menudo confundimos con ovnis o criaturas monstruosas?

A medida que pasaban los meses, el desconcierto entre la comunidad científica y la Generalitat resultaba más evidente. Desde la Facultad de Biología de la Universidad de Barcelona añadieron que podría ser un albatros, una especie originaria del hemisferio sur capaz de medir más de tres metros de envergadura, pero desconocida en el litoral catalán. Y el departamento de Medio Ambiente de la Generalitat concluyó que era un buitre. Sin embargo, fue otro lector perspicaz de La Vanguardia quien nos puso tras la pista de «una nueva generación de gaviotas. Se trata de un ave inofensiva para todos aquellos que creen en la libertad, en la igualdad y en el diálogo, pero temible e implacable con aquellos que hacen de Barcelona una ciudad abandonada, sucia, completamente desorganizada y carente de ideas de futuro. Para aquellos que deseen verla personalmente, debo comunicar que hemos descubierto su nido en pleno Eixample barcelonés. Se encuentra en un balcón del segundo piso del número 347 de la calle Consell de Cent». La carta venía firmada por Daniel Sirera Bellés, futuro presidente del Partido Popular de Cataluña tras la dimisión de Josep Piqué en julio de 2007 y diputado en el Parlament por la circunscripción de Barcelona. Ambos cargos le duraron más bien poco y hubiera sido mejor recordarle en la piel del personaje que interpretó Michael Moriarty en La serpiente voladora (Larry Cohen, 1982), chantajeando a una ciudad entera para dar a conocer la guarida secreta del monstruo.

«El pasado sábado cuando volvíamos de una discoteca con unos compañeros, nos ocurrió un desagradable suceso —reportó Juan Girgas desde Figueres— Circulábamos por los aiguamolls del Empordá, cerca de las alamedas que circundan El Cortalet cuando, inesperadamente, un ave negra y gigantesca apareció surcando los aires. El gran pajarraco, similar a un pteranodonte, después de revolotear varias veces por encima de nuestro coche nos lanzó una andanada de excrementos. El parabrisas quedó absolutamente taponado por las heces. Debido a la pérdida de visibilidad nos salimos de la carretera estrellándonos contra un ciprés. El pájaro misterioso se dio a la fuga emitiendo graznidos. Agradecería cualquier testimonio visual del ave, con el fin de ratificar este extraño suceso ante los tribunales en un litigio contra la compañía aseguradora del vehículo».

el articulísta humorístico Suso y el humorista gráfico ferreres se basaron en el ave gigante de barcelona para hablar sobre juan guerra y la polémica sobre los peajes de las autopistas catalanas. (La Vanguardia, 4 de julio de 1990)

«Personalmente no me extrañaría que esta horrible ave fuera una mutación que estuvieran experimentando las palomas de Barcelona»

Consciente de que el asunto empezaba a cobrar unos tintes casi surrealistas, y «descartadas otras posibilidades, como el ave María o el ave César», el marbellí Enrique Blanque Bel abogó por una tercera vía: la del humor. «Se trata, en efecto, del Ave Roe. Esta ave fue vista por primera vez por el célebre marino Simbad Aiguamoll i Mentider (sic), que la clasificó como una pasenforme odontornite orientalis, que se alimenta de trozos de carne cruda incrustada de diamantes. Ha permanecido durante siglos agazapada en un país del Este europeo y al demolerse el muro de Berlín ha volado en libertad hasta Barcelona, atraída por el bullicio inusitado de las obras olímpicas. Ha pensado, según parece, que el Estadi es un nido que le están construyendo, pues de todos es sabido que, cuando nidifica, pone huevos tan grandes como la cúpula de la catedral de San Pablo. No grazna, sino trina de forma gutural y a pesar de su aspecto feroz es tímida y dulce; que yo sepa, jamás atacó a un ser humano ni tuvo altercados con miembros de las fuerzas de Orden Público. Se ha comentado que el 10 de julio de 1789 se la vio surcar el cielo de París, lo que fue tomado como mal presagio para el cogote de la reina María Antonieta. Otros han pensado que se trata de un emisario camuflado de don Juan Guerra, enviado para vigilar de cerca las contratas de los JJ.00. y de la Expo’92 a ver si puede sacar tajada. Pero nada de esto es cierto».

«El gran pajarraco, similar a un pteranodonte, después de revolotear varias veces por encima de nuestro coche nos lanzó una andanada de excrementos»

Así, a medio camino entre Juan Perucho y Álvaro Cunqueiro, la gigantesca ave que sobrevoló Barcelona pudo ser un fetiche mitológico o el fruto de una broma pesada, pero seguía envuelta en un halo de misterio. El mismísimo Profesor D’Arbó le dedicó un bloque entero en su programa esotérico El Gran Sabat, emitido por TV2, y hordas de curiosos se reunieron con sus prismáticos en la cima del Tibidabo, el punto más alto de la ciudad, situado a 512 metros de altura, y que en la época medieval era conocido como Puig de l’Àliga (Cerro del Águila). En el siglo XVI, al pie de la montaña, se encontraba el Monasterio de San Jeroni y fueron sus monjes quienes lo bautizaron como «Tibi dabo», que en latín significa «te daré» y es lo que el diablo le dijo a Jesús, según la Biblia, mostrándole los reinos de la Tierra desde una gran altura. En una de las vidrieras de la iglesia se puede contemplar la escena: «…Et dixit illi haec tibi omnia dabo si cadens adoraveris me». «Y le dijo: Todo esto te daré si te postras y me adoras» (Mateo 4:9).

Fue otro ciudadano ejemplar, Antonio Ros Forner, quien evocó las raíces latinas del topónimo para concluir que el Demonio «quedó convertido en un feo pájaro negro y fue condenado a vivir en las entrañas de aquella montaña que, desde entonces, se llama Tibidabo. Hace un tiempo, al ser abierto el túnel de Vallvidrera ha podido salir al aire libre y se come a los gatos y a los niños que duermen poco, tal como hacía el coco. No es la primera vez que en Barcelona ocurren casos de esa clase, pues a primeros de siglo, por las noches, aparecían en el paseo de Sant Joan unos fantasmas que se aprovechaban de la sorpresa que causaban y desvalijaban a los transeúntes. La cosa duró hasta que pudo ser apresado uno y se vio que era una persona normal, envuelta en una sábana blanca pero todo se ha ido olvidando con el tiempo. Espero que esto mismo pasará con este pajarito».

los redactores de La Vanguardia intentaron reavivar el interés sobre la «extraña y gigantesca ave sobre barcelona» retitulando la noticia del hallazgo de un buitre leonado en pleno centro de Madrid. (8 de agosto de 1990).

«¿Por qué va a extrañar el silencio de la prensa? Sólo nos cuentan lo que quieren. ¿Y el de las autoridades? ¿No se mantiene parecido silencio oficial en el tema de los ovnis? ¿Acaso nos informan de mucho más que de los plazos de tributación?»

En 1972, una pareja de martín pescadores pasó varios meses en el hogar de acogida del Zoo de Barcelona. No podían volar porque tenían las alas heridas, y en cuanto se recuperaron fueron puestas en libertad. Ocho crías y dos años después, regresaron para instalarse en los árboles del parque. Desde entonces, sus descendentes repoblaron la zona de manera autónoma y libre entre dos ríos, el Llobregat y el Besòs. Alzan el vuelo cada mañana y remontan el cauce del río buscando comida, sobrevolando los rompeolas del puerto, las playas, y algunos jardines privados de la ciudad, como los estanques del parque de la Ciutadella, el parque de Diagonal Mar y en el Turó Park. Se alimentan de peces, ranas y cangrejos de río, y pueden llegar a medir un metro de altura y casi dos de anchura, con un peso que ronda los 2 kilos. Tiene las patas y el cuello largo, el pico recto y alargado en forma de puñal. Su plumaje va del color blanco hasta el negro y predominan diferentes tonalidades grises, y sus alas son grises y negras. Emiten un sonido áspero, de chirimía, y sonoro. Una realidad muy diferente de aquel monstruo que relataban los lectores, que llegaron a decir que medía entre 3 y 15 metros, con adjetivos como «paloma mutante», «cuervo gigante» o «pterodáctilo prehistórico».

09 Mar 07:48

Los alfileres que aterrorizaron a los agresores

by Eureka
Sergioski02

Asi no

Hace un siglo las feministas usaron como armas alfileres escondidos en sus sombreros. Algunos pidieron que fuesen prohibidos. Mantuvieron a raya a los acosadores.


En Agente Provocador ya hemos publicado artículos sobre autodefensa feminista a finales del siglo XIX e inicios del XX. En numerosos países, pero sobre todo en Francia, Inglaterra, Alemania y Estados Unidos, se crearon grupos formados por mujeres que, además de instrucción militante, impartían clases de artes marciales. Las famosas y también temidas sufragistas no dudaban en romper escaparates, incendiar o sabotear, llegando a intentar asesinar a varios políticos. Usaban palos, fustas o paraguas. Exigían derechos y acabar con la opresión patriarcal. Una de sus acciones más célebres sucedió en 1913, cuando quemaron el Pabellón de las Orquídeas del Real Jardín Botánico de Kew de Londres, pero también destrozaron los buzones de correos y las vidrieras de comercios y establecimientos colaboracionistas, asaltaron iglesias, apedrearon la misma casa del Primer Ministro en Downing Street, vertieron ácido en los campos de golf, incendiaron estaciones o se enfrentaron cuerpo a cuerpo con la policía, poniendo en práctica técnicas de autodefensa personal que aprendían y practicaban en grupos. Las piedras que lanzaban llevaban inscritos lemas reivindicativos. Pronto, decenas de sufragistas entraron en prisión, engrosando las filas de las prisioneras políticas. La prensa las retrató en plena lucha, como expertas algunas de ellas en artes marciales como el jiu-jitsu. Una de las más célebres fue Edith Garrund, una profesora feminista en artes marciales que dedicó muchos años a la preparación personal de sus compañeras.

Alfileres fabricados en Nueva York a comienzos del siglo XX

Alfileres fabricados en Nueva York a comienzos del siglo XX

La otra historia que no cuenta la «Gran Historia»


«En la vida cotidiana, al pasear o viajar en tranvía, las mujeres debían enfrentarse continuamente al acoso masculino. Y entonces echaron mano de su imaginación»

Esta es la parte más conocida, la Gran Historia. Sin embargo, en la vida cotidiana, al pasear o viajar en tranvía, las mujeres debían enfrentarse continuamente al acoso masculino. Y entonces echaron mano de su imaginación. Al igual que en Francia y también en España hubo casos de estiletes que escondían celosamente en ligueros bien ocultos; se las ingeniaron para usar como arma todo lo que tuvieran a su alcance. Los espectaculares sombreros de comienzos de siglo, convertidos en una gran moda, servían, por su gran volumen, para esconder punzones y armas cortantes. Uno de los complementos más usados, capaces de causar un gran corte o incluso la muerte, fueron los alfileres de sombrero. En la cultura occidental, un alfiler de sombrero es casi exclusivamente un elemento femenino y con frecuencia se suele usar un par. Su tamaño es de unos 20 centímetros y la cabeza del alfiler está decorada. Pero fue entonces cuando se convirtió en el arma que simbolizaba el ingenio y la determinación de las feministas.

El agresor atravesado por el alfiler

El agresor atravesado por el alfiler

Viñetas que muestran la autodefensa con alfileres (San Francisco Sunday Call, 1904)

Viñetas que muestran la autodefensa con alfileres (San Francisco Sunday Call, 1904)

«En el imaginario popular, se hizo célebre la ilustración del hombre atravesado por el alfiler»

La prensa, sobre todo la de Nueva York o Chicago, registró numerosos casos de mujeres que, al ser atacadas por extraños, usaban los alfileres como defensa personal, llegando a editarse panfletos y pequeños manuales. Pero no solamente en Estados Unidos. En Sydney, Australia, varias mujeres fueron condenadas a prisión por llevar alfileres susceptibles de causar la muerte, equiparando el alfiler a un arma mortal. Algunos acosadores salieron muy mal parados y pronto se hicieron muy populares. En el imaginario popular, se hizo célebre la ilustración del hombre atravesado por el alfiler.

Una mujer blande su alfiler (The New York Evening World, 1903)

Una mujer blande su alfiler (The New York Evening World, 1903)

Hombres unidos por la prohibición


Algunos hombres reaccionaron pidiendo la prohibición de usar alfileres en los sombreros. Nan Davis, una representante de un club de mujeres, a comienzos de siglo se manifestaba de este modo ante la solicitud de prohibición: «Si los hombres de Chicago quieren que no llevemos alfileres, primero tendrán que hacer las calles más seguras. Ningún hombre tiene derecho a decirme cómo debo vestir o qué debo llevar encima».

Ilustración ridiculizando el uso de alfileres por las mujeres (Indianapolis Star, mayo de 1901)

Ilustración ridiculizando el uso de alfileres por las mujeres (Indianapolis Star, mayo de 1901)

Mujeres que usaron los alfileres enfrentándose a prisión

Mujeres que usaron los alfileres enfrentándose a prisión

Curiosamente, el final de los alfileres en la autodefensa feminista llegaría unos pocos años más tarde, cuando surgieron las valientes y divertidas flappers, la subcultura feminista amante del baile, la noche y la libertad, tanto que dejaron olvidados los enormes sombreros y lucieron melenas que igualmente causaron una gran polémica.

03 Mar 06:53

¡Píntalo de negro, Malévich!

by David Bizarro

kazimir malévich posando junto a Miembros de los forjadores del arte nuevo, un grupo de artistas inspirados en el suprematismo, en la estación Vitebsk de Petrogrado en 1920.

Descrito en 1915 como «el primer paso de la creación pura en el arte», el Cuadrado negro de Kazimir Malévich supuso una ruptura total con todo lo que vino antes. Sin embargo, siglos atrás, ya existían presagios de la abstracción radical del suprematismo soviético relacionados con el duelo, el humor, la política y la filosofía.


En su eterna búsqueda de la supremacía de la nada y la representación del universo sin objetos, Kazimir Malévich alumbró una de las pinturas más extraordinarias de la Historia del Arte. Por un lado, pretendía ser la obra definitiva que alcanzase los límites expresivos de la pintura bañándola en una luz negra y opaca, casi incognoscible, como una extensión inabarcable del color más oscuro que ofrecía la máxima experiencia visual posible. No había obra de arte que no estuviera implícitamente presente en su Cuadrado Negro (1915), devorada y anulada por el abismo definitivo. Amparándose en su Manifiesto suprematista (1924), el pintor de origen ucraniano-polaco consumó el proceso iniciado por los impresionistas hacia 1870: el desmantelamiento visual de la pintura. Tras siglos de representación naturalista, los artistas comenzaron a interesarse por el lenguaje del arte en sí mismo, y lo redujeron a sus elementos esenciales: colores y formas.

Cuadrado negro (1915) de kazimir malévich. La textura del negro se debe a que la superficie pintada se agrieta con el paso del tiempo.

La irrupción del arte abstracto inspiró a Malévich a dar un paso más allá y afirmar que el «arte puro» no solo debería estar exento de ataduras figurativas para alcanzar su efecto expresivo, sino que la creatividad ya no necesitaba el arte para manifestarse: la conciencia del artista volaría por fin libre. En ese sentido, su Cuadrado negro adquiere las dimensiones de un objeto icónico y mágico, destinado a impulsar a los espectadores más allá de sí mismos.

Para entenderlo mejor, debemos remontarnos a Utriusque Cosmi (1617), el cuadrado negro con el que el astrólogo y médico Robert Fludd representó el universo antes de que se creara el mundo. O a la página “de luto” que Laurence Sterne dedicó a la muerte de uno de los personajes de Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy (1759). De hecho, la veta subversiva que alienta la narración de Sterne rebasa los límites de cualquier experiencia previa y supone un precedente directo al vanguardista gesto de Malévich. Las "páginas de luto” afloraron en los libros desde el siglo XV en señal de duelo místico y exacerbado como, por ejemplo, el Devocionario que alberga la Biblioteca Británica y que incluye varias páginas negras pintadas a mano, conmemorando la crucifixión y muerte de Cristo. Para completar el efecto, una red de cuentas rojas, que representan las gotas de sangre que cayeron de sus heridas, se distribuye de manera uniforme sobre cada página. La misma negrura, que concentra la angustia piadosa del pintor ante el sufrimiento de Cristo, se perpetuaría en un contexto secular en el siglo XVII: los libros de elegías, que compadecían la muerte de los nobles y personalidades eminentes, disponían de varias páginas, una frente a cada página de texto, en las que no se imprimía nada más que un rectángulo negro.

Cuadrado negro de Robert Fludd que representa la nada anterior al universo, de su Utriusque Cosmi (1617). en los márgenes puede leerse «Et sic in infinitum…» («Y así sucesivamente hasta el infinito»).

Páginas de luto con gotas rojas de sangre, representando el martirio de Cristo, en un devocionario de 1500.

Regale lectum miseriae o A kingly bed of miserie In which is contained, a dreame with an elegie upon the martyrdome of Charls, late King of England (1649), libro de epifANÍAS de John Quarles SOBRE EL DIFUNTO REY DE INGLATERRA.

La página de luto de Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy de laurence sterne, tal como aparece en la primera edición, impresa entre 1759 y 1767.

El Cuadrado negro de Malévich adquiere las dimensiones de un objeto icónico y mágico, destinado a impulsar a los espectadores más allá de sí mismos

Si Malevich anunció la «muerte del arte» con su pintura, otro cuadrado negro acabaría presidiendo su propio lecho de muerte en 1935. La ironía parece un préstamo de la sátira de Sterne, y no parece descabellado que así sea: a principios de los años 20, el crítico literario Viktor Shklovsky la consideró como un precedente para parte de la poesía fonética que se estaba escribiendo en Rusia cuando Malévich trabajaba en su Cuadrado Negro. Los poetas futuristas Velimir Khlebnikov y Aleksei Kruchenykh la bautizaron como Zaum, formada por el prefijo ruso за «más allá, detrás» y el sustantivo ум «mente», y que puede traducirse como «transrazón».

un inglés en moscú (1914) de kazimir malévich.

A imagen y semejanza de los innovaciones tipográficas de la novela de Sterne, la obra primeriza de Malévich  incorporaba fragmentos de imágenes y palabras recortadas. De hecho, los análisis con rayos X del lienzo revelaron los vestigios parcialmente descifrables de una inscripción en el borde de Cuadrado Negro, que parece vincularlo con otra página negra. La expresión «batalla de negros» podría inspirarse en un panfleto satírico de Alphonse Allais publicado en París en 1897, bajo el título Album Primo-Avrilesque, coincidiendo con el Día de los Inocentes. Constaba de siete páginas monocromáticas, en siete colores diferentes, cuyos títulos permitían dilucidar que los objetos representados en primer plano son (supuestamente) del mismo color que el fondo y, por lo tanto, no pueden distinguirse. Un brochazo carmesí bastaría para retratar a Cardenales apopléjicos cosechando tomates en la orilla del Mar Rojo (Un efecto de la aurora boreal) y otro negro para Negros peleando en una sótano, de noche. El chiste de Allais provenía en realidad de otra pintura completamente negra de Paul Bilhaud de 1882 para el Salon des Incohérents, y que tenía un título similar. 

Combat de Nègres dans une cave, pendant la nuit de Alphonse Allais en album Primo-Avrilesque (1897).

Combat de Nègres pendant la nuit (1882) de Paul Bilhaud. perdida durante décadas, esta pintura fue redescubierta en 2021, junto a otras obras de los Incoherentes, en el baúl de un ático.

En 1911, el colega de Malévich, Mikhail Larionov, organizó una exposición en torno a un cartel de tinta negra con manchas blancas titulado Una batalla de negros en la noche. En cualquier caso, el tratamiento racial socava el tono lúdico de Bilhaud y Allais: sin iluminación, los cuerpos negros resultan indistinguibles de la oscuridad y la violencia. Aunque no está claro cómo llegó la inscripción al cuadro de Malévich, ni si él fue el responsable de su escritura o borrado, refleja hasta qué punto su obra estaba impregnada de provocación y complejidad.

Al año siguiente, en 1912, el arquitecto y escritor estadounidense Claude Bragdon comparó la consciencia humana con la forma en que un plano bidimensional registraría un cubo tridimensional que lo atraviesa: una secuencia de formas, en lugar de algo sólido. En su naturaleza esencial, conjeturó Bragdon, los seres humanos somos como los cubos, pero en el plano existencial, solo llegamos a experimentarnos a nosotros mismos como una serie de secciones transversales. Si transitáramos por el plano existencial de manera perpendicular, con consistencia y rectitud, seríamos percibidos como simples cuadrados; pero al recorrerlo de forma semialeatoria y oblicua, somos la suma de una secuencia errática de formas irregulares.

Dos diagramas de Claude Bragdon para Man the Square: a Higher Space Parable (1912)

Exposición de cuadrado negro y otras obras de Kasimir Malevich en la exposición de Petrogrado en 1915.

Kasimir Malevich en su lecho de muerte, rodeado de sus obras (1935).

Si Malévich anunció la «muerte del arte» con su pintura, otro cuadrado negro acabaría presidiendo su propio lecho de muerte

Desde esa perspectiva geométrica y metafísica, el Cuadrado Negro Black Square no se conforma con ser un superficie bidimensional, paralela a una sola pared, sino que se proyecta hacia afuera y en todas direcciones. A juzgar por la forma en que se exhibió por primera vez en 1915, en la esquina de la habitación (como un icono ruso) y lo más alto posible, el cuadro adquiría tres dimensiones, abrazando la habitación como un espacio cúbico. Pero, aunque se tratara ante todo una pintura metafísica, Malevich esperaba que tuviera resonancia política. Su asociación del signo con el anarquismo a través del grupo La Bandera Negra y que el propio Malévich lo usara como un estandarte para su causa, así lo confirman.

Ilustración titulada Effectmalerei (Pintura con efectos), ATRIBUIDA AL ILUSTRADOR Friedrich Weigand, para una edición de 1867 del semanario de Múnich Fliegende Blätter. «Público: '¿Qué está haciendo ese tipo con esa pica?». «Alabardero: ¡atrás! No SE acerQUEN a una imagen así. está pintada con efecto. todo EL MUNDO atrás, incluso más atrás, ¡cuanto más lejos, mejor!'».

Página de L'Histoire pittoresque, dramatique et caricaturale de la sainte Russie (1854) de Gustave Doré.

Malevich esperaba que tuviera resonancia política. Su asociación del signo con el anarquismo a través del grupo La Bandera Negra y que el propio Malévich lo usara como un estandarte para su causa, así lo confirman.

En L'Histoire de la Sainte Russie (1854) de Gustave Doré, «los orígenes de Rusia se pierden en la oscuridad de la antigüedad» que se confunde con una mancha negra. El pintor puedo haber estado de acuerdo con estas palabras, pero no con la interpretación que Doré hizo de ellas. Para Malévich, los oscuros orígenes de Rusia fueron naturales, puros y enérgicos, ajenos a las pretensiones occidentales de civilización; para Doré, en cambio, representaban la barbarie y la falta de cultura del país. Al fin y al cabo, conviene recordar que el libro fue escrito por un francés durante la Guerra de Crimea (1853-1856), que enfrentó a Rusia contra Francia, Gran Bretaña y el Imperio Otomano, por lo que el tono condescendiente y burlón no debería sorprendernos.

Si bien todos estos contextos pueden arrojar luz sobre una gran pintura, siguen sin explicar el verdadero fin para el que esta fue concebida. Porque su significado puede ser trágico y absurdo; también desconcertante o divertido y, sin duda, metafísico. Pero, ante todo, visionario y perturbador, como corresponde a quienes se aventuran en territorios inexplorados y desafiantes. Como el futuro.

Un mapa, grabado por Sidney Hall, del conocimiento geográfico durante el Diluvio (2348 a. C.), INCLUIDO EN El Atlas histórico de Edward Quin: COLECCIÓN de mapas del mundo conocido en diferentes períodos (1830).

20 Feb 07:12

Iguales ante las armas: la guerra de sexos en la Edad Media

by David Bizarro

Ilustración de un “libro de lucha” de Hans Talhoffer (1467).

A mediados del siglo XV, los Fechtbücher o “libros de lucha” alemanes aplicaron la disciplina de un maestro de esgrima a los pleitos conyugales, aconsejando sobre el correcto uso de armas blancas y las maniobras de distracción para burlar al enemigo.


La ilustración representa a un hombre hundido hasta la cintura en un hoyo, intentando defenderse de la llave de una mujer blandiendo inútilmente una maza de madera. En otros grabados similares, en lugar de inmovilizarle, su oponente le agrede con una piedra envuelta en un velo o arrojada a modo de honda con la manga de su camisola. Aunque la diferencia de altura entre ambos pretende nivelar cualquier ventaja física del sexo biológico, el manual publicado en 1467 por Hans Talhoffer muestra cómo voltear a su rival, empujándola hacia la zanja. La sumisión del sexo opuesto parece ser la meta, a diferencia de los códices legales del siglo XIII que sugerían que los derrotados fueran enterrados vivos como castigo por contravenir las leyes de convivencia. En caso de mediar la infidelidad como atenuante, la mujer podía perder una mano como precio a su osadía y el hombre ser decapitado para evitar la ignominia.

Este tipo de manuales ilustrados fueron muy populares en la Alemania del siglo XV y reproducidos con notable entusiasmo en países como Italia, España y Francia, donde los duelos de honor gozaban de especial predicamento. Sin embargo, la interpretación que los historiadores hacen de ellos aún resulta desconcertante hoy en día. Hay quien los interpreta como descripciones ajustadas a derecho de una práctica medieval similar al divorcio pero, si bien es cierto que en el Sacro Imperio Romano Germánico se contemplaban este tipo de duelos judiciales como un medio adecuado para resolver las disputas matrimoniales, no se han encontrado registros posteriores al año 1200. En cambio, las ordalías o juicio de Dios continuaron vigentes hasta finales de la Edad Media en toda Europa y consistían en invocar e interpretar el juicio de la divinidad a través de mecanismos ritualizados y sensibles, de cuyo resultado se infería la inocencia o la culpabilidad del acusado. De aquellos juicios imbuidos en el pensamiento mágico deriva la costumbre de “poner la mano en el fuego” para manifestar el respaldo incondicional a algo o alguien, y la expresión "prueba de fuego”.

Ilustración de un “libro de lucha” de Hans Talhoffer (1459).

La sumisión del sexo opuesto parece ser la meta, a diferencia de los códices legales del siglo XIII que sugerían que los derrotados fueran enterrados vivos como castigo por contravenir las leyes de convivencia.

¿Podrían tratarse, entonces, de una variante unisex de los duelos de honor? Parece poco probable, teniendo en cuenta que la ley contemplaba un reglamente bastante estricto para su celebración. A los amputados, los ancianos, los enfermos crónicos y las mujeres se les animaba o les ordenaba buscar un campeón que luchara en su nombre. Naturalmente, esto no quiere decir que las mujeres medievales no recurrieran a las armas: uno de los primeros tratados europeos de esgrima presenta a mujeres espadachinas luchando junto a sus homólogos masculinos. Aunque la lucha generalmente se consideraba un asunto masculino, las mujeres de Baviera eran temidas por su destreza con la espada. En cuanto a los grabados que nos ocupan, ¿reflejaban una práctica real en el siglo XV o de un divertimento público, a medio camino entre la lucha libre y los espectáculos de títeres, que zanjaba con cachiporrazos y estocadas la lucha de sexos? Los entretenimientos populares de la época introdujeron el cambio de roles con fines metafóricos o humorísticos, pero el lenguaje utilizado por Talhoffer para describir los combates no es condescendiente con ninguna de las partes, ni lo exotiza. Su condición de maestro de esgrima le llevó a levantar acta de prácticas de duelo obsoletas, a partir de tradiciones orales y fuentes apócrifas, para que sus manuales resultaran lo más completos posible.

Ilustración de un “libro de lucha” de Jörg Wilhalm Huter (1523) que muestra una variante a los duelos del hombre en el hoyo que figuraron en varios manuscritos del siglo XV.

En el siglo XIV, Flordelîse, heroína de la epopeya Apollonius von Tyrland de Heinrich von Neustadt, exigió batirse duelo contra Silvia de Nazaret para vengar a su hermana casada, a quien el villano intentó violar y posteriormente calumniar. El obispo de la ciudad se mostró perplejo, debido a que «ella es una mujer y él un hombre» pero, afortunadamente, su afición por los libros le permitió dar con el precedente similar que se resolvió poniendo al hombre en un hoyo. Posiblemente se tratara de un caso ampliamente difundido en la época en el que una mujer derrotó en combate a un hombre, ocurrido en la ciudad de Berna en 1288, y que la historiadora Ariella Elema definió como «el único ejemplo en la historia europea de un duelo entre un hombre y una mujer en el que ambos litigantes exigieron poder pelear en persona».

Ilustración de Apollonius von Tyrland de Heinrich von Neustadt (1465).

Más de un siglo antes de que aparecieran retratados en los Fechtbücher de Talhoffer, este tipo de enfrentamientos se consideraban infrecuentes; recuerdos de un pasado lejano basados en testimonios poco fiables e invenciones literarias. A continuación, reproducimos una galería de imágenes que confirman el calado que tuvieron en la sociedad de la época y cuya simbología aún nos sigue fascinando.

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18 Feb 07:46

Érase una vez en Murcia: la película que Tarantino no quiere que veas

by David Bizarro

En 1974, un español recreó la soleada California en la costa murciana para rodar una película que se inspiró libremente en los crímenes de la Familia Manson. Denostada por crítica y público en el momento de su estreno, hoy nos permite especular sobre las perturbadoras conexiones entre realidad y ficción.


«Robo mis ideas de otras películas que me hayan gustado», reconoce un Quentin Tarantino que apela a la intertextualidad como principal rasgo estilístico, aún a sabiendas de que el único horizonte al que aspira su filmografía es el punto de fuga. Podría decirse que su cine adolece de la clase de indulgencia que, parafraseando a David Foster Wallace, hace de la ironía posmoderna y el cinismo un fin en sí mismo. Su obsesión cinéfila a menudo confluye con una gula devoradora de imágenes ajenas que le impulsa a homenajear sin necesidad de citar las fuentes, contagiando su entusiasmo al espectador y apropiándose del material original con una impunidad asombrosa. Pocos cineastas han sido más promiscuos con sus afectos, coqueteando con el cine de explotación, las artes marciales, el western y las aventuras de la Segunda Guerra Mundial con vocación desmitificadora y, en última instancia, nostálgica.

En su última película hasta la fecha, Érase una vez en Hollywood (2019), un actor de capa caída, Rick Dalton (Leonardo DiCaprio), intenta amoldarse al cambio de paradigma social y cultural de finales de los sesenta, escondiéndose tras las gafas de sol de su confidente Cliff Booth (Brad Pitt), «un amigo que es más que un hermano y poco menos que una esposa». También es un ex marine cuya carrera como doble de acción se ha estancado debido a las acusaciones de violencia de género, en lo que interpretamos como una provocación dirigida al movimiento #MeToo y una industria que empieza a rendir cuentas con su legado de abusos y excesos. Al asomarse a la trastienda, Tarantino dedica la mayor parte del metraje en desestabilizar la fantasía masculina en la que ambos personajes viven inmersos, para reflejar la deriva que ha tomado su vida y que cada vez se parece más al argumento de una novela de bolsillo.

«Todo se hizo con sumo cuidado para conseguir un ambiente lo más parecido a California, incluso se contrató a un instructor de diálogos americano para corregir los textos y controlar el doblaje»

A lo tonto, Alexander Trant, el personaje interpretado por Glenn Lee en La noche de la furia (1974), podría haberse llamado Cliff Booth. Un fantoche que rivaliza con las apariciones televisivas de Rick Dalton; eso sí, doblado para la ocasión por José Guardiola, la voz habitual de Humphrey Bogart, otro anacronismo viviente. Según reconoció su director, Carlos Aured, la película se rodó a matacaballo en exteriores de Madrid, Mazarrón y Cabo de Gata, en inglés, con un reparto internacional y pretensiones de abrirse paso en el mercado extranjero: «Todo se hizo con sumo cuidado para conseguir un ambiente lo más parecido a California, incluso se contrató a un instructor de diálogos americano para corregir los textos y controlar el doblaje». Al parecer, los productores contaban con un inversor norteamericano a quien le gustó la historia, la ambientación y las actuaciones. Pero los diálogos le parecieron espantosos.

El guion, escrito a cuatro manos por Víctor Lafarque y Rafael Marina, adaptaba un bolsilibro de Cliff Bradley (pseudónimo del prolífico Jesús Navarro Carrión) publicado en la popular colección de Bruguera. Y si debemos juzgarlo por la cubierta, aspiraba a emular el éxito de las películas protagonizadas por Peter Fonda, todo un icono contracultural de la época gracias a Easy rider (1970) y, sobre todo, Dirty Mary Crazy Larry (1974), una de las películas favoritas de Quentin Tarantino. El azar quiso que su director, el británico John Hough, coincidiera años más tarde con Aured en El triunfo de un hombre llamado caballo (1984), una coproducción entre Estados Unidos, Canadá y España en la que el murciano participó como guionista. Y a partir de aquí, la trama se complica.

Al inversor norteamericano le gustó la historia, la ambientación y las actuaciones. Pero los diálogos le parecieron espantosos.

Requerido por el gobierno para infiltrarse en una banda de falsificadores, Trant aprovecha la antigua amistad que le une a su líder Parry (Julián Ugarte), al que salvó la vida en la guerra de Vietnam. Una vez instalado en su centro de operaciones, situada en un mansión de la costa californiana propiedad de Jill (Maria Perschy) una decadente y olvidada diva del cine, los acontecimientos se precipitan cuando una pandilla de sádicos hippies entran en escena sembrando el terror. Al otro lado del espejo, Roman Polanski y su mujer embarazada, Sharon Tate (Margot Robbie), son vecinos de Dalton. Y la casualidad quiere que el camino de Booth se cruce con el de la Familia, la secta comandada por Charles Manson.

A su paso por Hollywood, la actriz austríaca Maria Perschy había trabajado a las órdenes de Howard Hawks y John Huston, y compartido plano con Montgomery Clift, Rock Hudson y Dirk Bogarde antes de instalarse en España. En agosto de 1971, sufrió graves quemaduras tras una sesión de fotos promocionales en el campo petrolífero burgalés del páramo de La Lora. A petición del retratista, Perschy se había embadurnado el crudo por toda su anatomía y, concluida la sesión, la actriz se dispuso a asearse empapando una toalla en gasolina que, al contacto con un hornillo cercano que utilizaba para calentar el agua del baño, se prendió súbitamente. Estuvo a punto de morir y, aunque fue sometida a diferentes operaciones de cirugía con resultados óptimos, durante mucho tiempo fue incapaz de mirarse en un espejo. «El operador se empeñaba en fotografiarme del lado malo», se queja en una escena de la película, consciente de que su deslumbrante belleza no volvería a ser la misma, lo que condicionaría su regreso en papeles secundarios que la convirtieron en una de las musas del fantaterror español.

«El operador se empeñaba en fotografiarme del lado malo»

Perschy había colaborado previamente con Aured en Los ojos azules de la muñeca rota (1973) y Los fríos senderos del crimen (1973), y ambos fueron conscientes de que el papel le sentaría como un guante. Tampoco es casual que la casa asaltada en La noche de la furia sea la de una actriz que añora su gloria pasada revisando sus antiguas películas en un proyector casero, en contraposición a la estrella en ciernes que era Sharon Tate en el momento de su cruel asesinato. Del mismo modo que el turbulento escándalo de Fatty Arbuckle inspiró a Ramón Gómez de la Serna el capítulo de final de Cinelandia, donde la malograda Virginia Rappe se transformaba en la actriz Carlota Bray y resucitaba en forma de proyección cinematográfica, en su película Tarantino imbuye a Margot Robbie de un hechizo similar; cuando asiste sonriente al pase de La mansión de los siete placeres (1968) en un cine de Los Angeles, es a Sharon Tate a quien vemos en la pantalla. Su nombre volvería a las marquesinas apenas un mes después de su muerte, en septiembre de 1969, con motivo del oportunista reestreno de El valle de las muñecas y El baile de los vampiros (ambas de 1967), que desataría un lucrativo ciclo de películas de serie B y docudramas que asociaron la imagen póstuma de Tate a los rincones más oscuros del cine grindhouse.

LA ACTRIZ MARIA PERSCHY POSANDO EN EL CAMPO PETROLÍFERO UNAS HORAS ANTES DEL DESGRACIADO ACCIDENTE.

Si obviamos la subtrama de espionaje y las pinceladas de humor (intencionado o no) que jalonan la película de Aured, los guiños al clan Manson la emparentan directamente con títulos como Satan's Sadists (1969), La última casa a la izquierda (1972) o la miniserie para televisión Helter Skelter (1976). Lo que comienza casi como una travesura, acaba desembocando en una serie de torturas, humillaciones y, finalmente, asesinatos de los rehenes a manos de sus captores. En su afán por imitar los referentes foráneos, el director de El espanto surge de la tumba (1972) y El fontanero, su mujer y otras cosas de meter (1981) aborda el relato criminal con una vehemencia inaudita, incluyendo citas explícitas a La naranja mecánica (1971) y un amago de película snuff. Pese a todo, el resultado palidecía en comparación con los sucesos reales que le sirvieron de base y se estrenó casi de tapadillo en España, Alemania y los Estados Unidos.

Tampoco es casual que la casa asaltada en ‘La noche de la furia’ sea la de una actriz que añora su gloria pasada revisando sus antiguas películas en un proyector casero.

En cambio, el deleite que siente Tarantino por los detalles que anclan su historia a un tiempo y un lugar hace que algunas indulgencias resulten menos fáciles de perdonar. A mediados de los años ochenta y tras abandonar el instituto para estudiar arte dramático y escribir sus propios guiones, trabajó despachando cintas de VHS en Manhattan Beach (California), y no resulta descabellado aventurar que una copia de cierta película española pasara por sus manos. En una escena, una hippie armada con un cuchillo amenaza con cortarle la oreja al protagonista, atado a una silla. Cuando Reservoir dogs se estrenó en el Festival de Sundance de 1992, la canción que sonaba de fondo era Stuck in the middle with you.

Más de veinte años después y convertido en el cineasta más icónico de la actualidad, Tarantino anunció que había comprado la práctica totalidad del catálogo de aquel videoclub donde se fraguaron sus inicios. Allí fue donde conoció a su gran amigo y colaborador Roger Avary, con quien estuvo años sin hablarse por menoscabar su contribución al Oscar al mejor guion original por Pulp Fiction (1994). En julio del año pasado emprendieron juntos The Video Archives, un podcast estupendo en el que se reúnen para ver viejas cintas en VHS y hablar de los viejos tiempos. Según sus cálculos, el botín en formato físico asciende a unos 100.000 títulos, y su valor en términos sentimentales es incalculable. «¿Todos están bien?». «Sí, Sharon. Todos están bien».

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23 Jan 08:34

Del Gran Rechazo a la Gran Dimisión // Amador Fernadez-Savater

by lobosuel
En los años 60, el extraño fenómeno se denominó “Gran Rechazo”: una revuelta contra la sociedad represiva a todos los niveles, desde la familia a la política, pasando por el trabajo y la cultura. Es decir, no ya sólo la demanda de mayor y mejor integración en lo existente, sino el rechazo mismo del principio…
04 Jan 09:11

El niño ecologista de Ecovidrio

by alvizlo

Siguiendo la estrategia de su hermano mayor, Ecovidrio lleva tiempo invirtiendo en imagen corporativa y comprando el favor de medios y agencias de comunicación. La estrategia es la misma que la de la Sociedad Anónima que opera a través del contenedor amarillo: controlar el discurso ambiental en su ámbito de actividad. El despliegue es muy similar: patrocinios, financiación de medios especializados...

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