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The Global Politics Expert: The Real Global Danger is What Comes Next!
Ian Bremmer is a political scientist and founder of Eurasia Group, a leading political risk research and consulting firm, and GZERO Media, a global affairs media company. He is also a Professor at Columbia University’s School of International and Public Affairs, and the author of several books, including, “The Power of Crisis: How Three Threats - and Our Response - Will Change the World”.
He explains:
◼️Why the US has become the biggest driver of global instability
◼️How China is quietly winning the long-term power and resources game
◼️The AI threat that could hack banks, infrastructure, and entire economies
◼️Why millions of jobs could disappear and trigger political backlash
◼️How collapsing global leadership is creating a dangerous “G-Zero” world
00:00 Intro
02:04 The Report Warning of 2026’s Biggest Global Threats
07:04 Are We Watching International Cooperation Collapse in Real Time?
10:25 The Real Motive Behind Trump’s Most Controversial Moves
12:54 The Hidden Forces Driving the Iran War
19:12 The Critical Mistake That Escalated the Iran Conflict
20:38 Who Really Holds Power Inside Iran?
22:42 Why the U.S. Blocked the Strait of Hormuz—and What It Triggered
27:42 How the Lebanon–Iran War Spiral Began
29:36 What Could Have Prevented This Crisis From Unfolding?
32:00 The Unexpected Shifts in the Middle East
35:27 The Real Impact of Trump’s Impulse-Driven Decisions
41:01 The Path That Could Change Everything
45:21 Russia and China’s Calculated Response to the Iran War
48:19 What Europe Got Wrong - and Why It Matters Now
52:08 China’s Long-Term Strategy: Where Does It Leave America?
58:08 A Brief Break—But What Comes Next Matters More
01:00:14 I Predicted 2025—Here’s What’s Coming Next
01:04:31 Why AI Could Trigger a Global Economic Shock
01:06:28 The Unseen Workforce Powering AI’s Rise
01:10:13 Rising Public Anger: Why Elites and AI Leaders Are Under Fire
01:14:57 Is Universal Basic Income Becoming Inevitable?
01:16:22 The Growing Problems Big Tech Can’t Solve
01:22:42 Can the Tech Oligarchy Actually Be Stopped?
01:28:14 Is a True “Utopia” Possible?
01:34:55 Why Public Service Matters More Than Ever Today
01:38:07 At the End of Life: What Will Your Choices Really Mean?
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Médicas Advierten: La Sanidad en España Colapsará. La Dura Situación de los Trabajadores Sanitarios
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Cómo Perder el MIEDO a la MUERTE y Aprender a VIVIR | Vidas Contadas con Albert Espinosa
Hablamos de su infancia en el hospital, de los niños con los que convivió durante años, de la muerte, del miedo a perder, de cómo se transforma el dolor en fuerza y cómo conseguir que las personas que se van nunca desaparezcan del todo de nuestra vida.
Albert comparte cómo vivió el cáncer siendo un niño, qué aprendió de las pérdidas, qué le enseñó aquella madre hospitalaria que marcó su vida y por qué hoy cree que aprender a morir es una de las claves para aprender a vivir.
Un podcast producido por 729. Conoce más en nuestra web 729.es
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FISIÓLOGO desmonta el MITO de la HIPERTROFIA | Roger Pérez
Si no respiras bien, no te quieres: así de directo lo plantea Roger Pérez, fisiólogo por la Duke University. En este episodio desmonta el mito de que más músculo equivale a más salud, explica por qué el cuerpo acumula grasa cuando percibe falta de energía aunque comas menos, y demuestra con un caso real cómo cambiar el autodiálogo interno hizo que un ex-militar perdiera seis kilos sin modificar su dieta.
MOMENTOS MÁS INTERESANTES DE LA ENTREVISTA
0:00:00 Si no respiras bien, no te quieres: el fisiólogo que rompe todos los dogmas
0:06:22 Por qué demasiado músculo puede destruir tu salud
0:10:29 "No creo en la longevidad": por qué cuidarte no garantiza vivir más
0:18:37 Lo que importa no es cómo entrenas, sino cómo te recuperas
0:22:29 El biohacking más potente del mundo es gratis y lo ignoras
0:26:01 Si no respiras bien, no te quieres: la verdad que nadie quiere escuchar
0:29:17 La razón real por la que tu cuerpo acumula grasa aunque comas poco
0:33:24 El ex-militar que perdió 6 kilos cambiando cómo se hablaba a sí mismo
0:47:46 A los 47: por qué mantenerme como estoy es el reto más grande de mi vida
0:56:53 Séneca tenía razón: "No hay peor pena que no conocer tu propia potencialidad"
1:15:27 ¿Cuántos abuelos de 90 años hipertrofiados has visto en tu vida?
1:57:03 Si el silencio te incomoda, ¿con quién no estás bien?
1:59:57 No eres tú quien elige tu pareja tóxica: son tus bacteria
LIBROS MENCIONADOS
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Puedes seguir a Roger Pérez en:
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Cada vez más “influencers” ofrecen su propia línea de suplementos porque cada vez más empresas les ofrecen este negocio
La burbuja de los suplementos promete soluciones ineficaces en un entorno marcado por el negocio
Si Super-Ratón levantara la cabeza, no podría estar más orgulloso al comprobar cómo ha calado su recomendación después de ochenta años y en el mejor entorno alimentario jamás soñado. Sus palabras, “… y no olviden supervitaminarse y mineralizarse” resuenan hoy en día, mientras disfrutamos de una accesibilidad y seguridad alimentaria inaudita. Sin embargo, actuamos como si este hábitat de sobreabundancia no fuera suficiente. Cada vez más gente recurre a la suplementación, al tiempo que un creciente número de profesionales sanitarios se adhiere al anacrónico, innecesario y lucrativo consejo de Super-Ratón.

Las publicaciones científicas son claras: el uso de suplementos suele ser innecesario en nuestro entorno, resulta caro y no está exento de peligros. Además, los embajadores que los promocionan suelen incurrir en diversos ilícitos.
Distintas son las situaciones concretas en las que la suplementación sí está indicada de forma protocolizada (déficits secundarios, vegetarianismo, embarazo, y poco más), y que aquí no se cuestionan.
Así ha cambiado el contexto
Me deja perplejo ver en qué se ha convertido el negocio de los suplementos. Lo que antes podía parecer un nicho más o menos limitado, principalmente a las farmacias, es hoy una romería comercial: marcas nuevas cada semana, promesas en cápsulas y una procesión de influencers, falsos divulgadores y coaches, en donde no faltan perfiles con titulación sanitaria estrenando su propia línea de suplementos. Como quien saca una colonia o una sudadera con su logo, lo mismo, pero con declaraciones y promesas de salud.
Si yo hubiera pensado en montar algo así hace años, lo habría dado por imposible. Habría imaginado un camino empinado, lleno de exigencias técnicas, controles, complicaciones regulatorias, fabricación, logística y distribución. En resumen: un negocio serio.
Pero no. Resulta que han aparecido infinidad de empresas dispuestas a servir el chiringuito entero en bandeja. Te ofrecen un negocio llave en mano: marca personal, fórmulas supuestamente exclusivas, diseño, fabricación, empaquetado, almacenaje y reparto. Solo hace falta elegir el color del bote y decidir si quieres prometer energía, descanso, fertilidad, memoria o paz interior.
El influencer pone la cara, los followers y el relato. Estas empresas ponen el catálogo. Y entre unos y otros convierten la credulidad en modelo de negocio.
El marco legal
Popularmente conocidos como “suplementos” y legalmente como “complementos alimenticios”, los complementos alimenticios están sujetos a la normativa alimentaria. En sentido contrario a lo que opinan muchas personas y profesionales sanitarios, de los suplementos no se pueden decir más cosas que aquellas que se pueden atribuir a los alimentos. Más allá de la popular –pero errónea– perspectiva hipocrática, los alimentos, legalmente, no son medicamentos y, por tanto, los suplementos, tampoco. Pero los suplementos cuentan con una baza ganadora: se comercializan en forma de cápsulas, pastillas, sobres de polvos, ampollas, botellas con cuentagotas, etcétera, lo que recuerda terriblemente a un fármaco. La clave está en unir esta característica a ciertos mensajes publicitarios para que los consumidores rellenen los huecos con lo que les gustaría que fuese verdad. De esta forma se cree adquirir el remedio para la astenia, alopecia, debilidad, impotencia, obesidad, dolores articulares, etcétera, entre tantos otros problemas.
No obstante, los suplementos, a diferencia de los fármacos, no tienen que demostrar una eficacia clínica para su comercialización. Basta cumplir con la legislación alimentaria, la misma que aplica a una mermelada de albaricoque. Así lo dice el artículo 8 del RD 1487/2009: “Las empresas responsables de la producción, transformación, envasado, almacenamiento, distribución, importación y comercialización de complementos alimenticios, estarán sujetas a lo dispuesto por el Real Decreto 1712/1991 sobre el Registro General Sanitario de Alimentos”.
El negocio
En esta “tormenta perfecta” han aparecido empresas cuyo negocio consiste en ofrecer a los influencers una marca personal para comercializar “sus propios” suplementos. El proceso es extremadamente sencillo:
1º Escoger un nombre comercial potente;
2º Decidir qué se va a vender (colágeno, proteína whey, creatina y bisglicinato de magnesio están ahora arrasando en el mercado);
3º Anunciar en redes sociales que tu formulación es fruto de un intenso trabajo de revisión de la literatura científica para ofrecer las mejores soluciones y seleccionar las mejores materias primas; y
4º Sentarse y vender.
Entre las marcas españolas que se dedican a este negocio, destacan, entre otras, Vitabrandia con más de 190 opciones de suplementos, Martínez Nieto S.A., Ynsadiet, Factory Diet, Laboratorios Best Medical, Barosa Labs, Laboratorios Natysal y la empresa denominada Fabricantes de Suplementos. Su servicio “llave en mano” ofrece encargarse de todos los pasos para crear una marca desde cero y entregar el proyecto listo para su comercialización. En realidad, todas ofrecen lo mismo: asesoramiento legal, diseño del logo, logística y creación de una narrativa.
La imagen superior es una infografía real de un laboratorio promocionando sus ventajas a influencers (puedes ampliarla pinchando en ella)
¿Qué hace falta para comercializar suplementos alimentarios?
Solo hace falta dinero para llegar a un acuerdo con las empresas que proveen el suplemento.
Pero, ¿hace falta estar constituido como empresa? No.
–
Y, ¿se necesita ser un profesional sanitario? No.
–
Entonces, ¿se requiere algún tipo de titulación académica? Ninguna.
–
¿Hay que darse de alta en algún sitio? Cumplir con las obligaciones fiscales.
–
¿Hay que hacer análisis o controles de calidad a los productos que van con “mi marca”? No.
Dadas las facilidades para la comercialización de los complementos alimenticios, el escaso control que se ejerce sobre ellos y conocidas las esperanzas de una población, deseosa de creer en cualquier atajo que solucione sus problemas de salud, no es de extrañar el auge de este mercado. Solo hace falta publicidad. Y tampoco demasiado, porque los milagros se venden solos. La ausencia de ciencia detrás del aval de tantos suplementos se compensa con una importante dosis de márquetin.

Los riesgos
Un estudio reciente con más de 20.000 usuarios de suplementos durante un año no encontró ningún dato objetivo que justificara tomarlos. Eso sí, los usuarios informaron que se encontraban mejor al tomarlos, aunque ninguna variable analítica lo confirmó. Pero hay algo peor que la ineficacia.
Dado el escaso control sobre su composición (a diferencia de los medicamentos), no es raro que algunos complementos contengan sustancias no declaradas, dosis erróneas o incluso fármacos, dando lugar a productos adulterados. Es solo la punta del iceberg. Algunos estudios han cuantificado en más de un 80% la adulteración intencionada con inhibidores de la fosfodiesterasa 5 en suplementos “naturales” para el aumento del rendimiento sexual; o en más de un 20 % en suplementos para la pérdida de peso (de nuevo “naturales”) con sibutramina. Y en el caso de productos para la mejora del rendimiento deportivo, una revisión encontró casos de adulteración con sustancias dopantes entre el 14 y el 50 % de las muestras. Estos ejemplos ponen de relieve el riesgo que, sobre la salud pública, implica el escaso control que se ejerce sobre los suplementos en general.
El problema
El 90 % de las afirmaciones de salud de influencers y vinculadas a la promoción de suplementos en Instagram fueron inadmisibles. Este fue uno de los hallazgos de una evaluación llevada a cabo por un centro oficial alemán de control de alimentos. Además de “inadmisibles”, esos contenidos pueden catalogarse de falsos e ilegales en el marco regulatorio de la UE, empezando por el Reglamento (CE) n.º 1924/2006. Esta normativa, relativa a las declaraciones nutricionales y de propiedades saludables en los alimentos, prohíbe de forma explícita (artículo 12) las recomendaciones de salud comerciales provenientes de cualquier profesional de la salud.
En España, cerca de la mitad de las resoluciones y dictámenes de Autocontrol de la Publicidad del último año estuvieron relacionados con los ilícitos en los que estaba implicado un influencer. En el último, una farmacéutica quedó señalada al publicar y publicitar un suplemento “para las defensas” incumpliendo tres normas: el mencionado Reglamento 1924/2006, el Real Decreto 1907/1996, sobre publicidad y promoción comercial de productos, actividades o servicios con pretendida finalidad sanitaria y la Ley 17/2011, de seguridad alimentaria y nutrición.
En cualquier caso, la capacidad real de vigilancia queda muy por detrás del volumen de mensajes en redes y medios, de modo que la mayoría de estos ilícitos nunca llega a tramitarse.
Nota: Hay una versión de texto publicada de manera original en The Conversation (puedes acceder a él en este enlace). No son artículos idénticos pero sí relativamente parecidos. Esta versión contiene una mayor carga de opinión.
La entrada Cada vez más “influencers” ofrecen su propia línea de suplementos porque cada vez más empresas les ofrecen este negocio se publicó primero en El nutricionista de la General.
Por qué el «gratis» es el precio más caro de todos: la trampa económica que no ves
Dolo Medina: “La Renta Básica ya no es sólo una idea, sino una medida que cada vez más gente ve factible”
Este artículo ha sido publicado originalmente en Catalunya Plural por Siscu Baiges. Puedes leerlo en catalán aquí.
¿Qué pretendía el Plan Piloto de Renta Básica que puso en marcha el Gobierno de la Generalitat y por qué está detenido ahora?
La Oficina se creó con la intención de desarrollar un Plan Piloto sobre la Renta Básica Universal en Cataluña, con el objetivo de medir sus efectos sobre la población catalana y obtener evidencias de su impacto para poder ajustar la política y conseguir los resultados deseados. Trabajamos en él durante unos tres años. El primero sirvió para diseñar la propuesta del Plan Piloto. Pero no pudo implementarse porque no obtuvo el apoyo parlamentario necesario. El PSC encabezó la moción contra el Pla, con el apoyo de Junts, PP y Vox. Había que aprobar la partida presupuestaria para poder ejecutarlo, y no se hizo.
¿Cómo ha quedado el Plan? La Oficina todavía existe.
Después de que no se pudiera llevar a cabo, dedicamos la última etapa de la Oficina a acabar de trabajar la propuesta de procedimiento de implementación del piloto junto con otros departamentos de la Generalitat con competencias como Derechos Sociales y Economía, y a realizar tareas de difusión y a explicar cuál era el diseño del Plan Piloto y qué objetivos perseguía, tanto en Cataluña y otras comunidades autónomas como a nivel internacional. En el acuerdo de investidura del presidente Illa, Esquerra incluyó el mantenimiento de la Oficina y el compromiso de que el Plan Piloto se ejecutara durante la legislatura. Nosotros dejamos el programa porque había que crear uno nuevo; cambiaron el responsable y todo el equipo técnico. La Oficina todavía existe, pero no se conocen detalles sobre el diseño actual del Piloto. Lo que sabemos es que, al inicio de la presidencia del PSC, la consejera de Derechos Sociales e Inclusión, manifestó públicamente que querían revisar el diseño porque había aspectos que no les encajaban. Les preocupaba especialmente el impacto que podría tener sobre las personas perceptoras de prestaciones asistenciales como la Renta Garantizada, el Ingreso Mínimo Vital o los subsidios por desempleo, pero también, el coste del proyecto.
La Renta Básica sería universal porque la recibiríamos todos, desde los más pobres hasta los más ricos«
¿Cómo se desarrolló ese debate?
Por lo que respecta al impacto sobre las personas receptoras de prestaciones asistenciales, cabe destacar que ya había sido una de las principales preocupaciones del equipo durante la fase de diseño del Piloto. Por ello, se trabajó de forma intensa y coordinada con la Dirección de Prestaciones Sociales del Departamento de Derechos Sociales para facilitar la participación de personas perceptoras de prestaciones, asegurando que esta participación no afectara a sus derechos ni a su situación económica. En el marco del Piloto, este colectivo representaba una muestra de entre 150 y 200 personas, un volumen de expedientes asumible que podía gestionarse sin generar ningún perjuicio para las personas implicadas. Por otro lado, desde el PSC siempre se había criticado el coste del Plan, argumentando que esos recursos podrían destinarse a otras necesidades, como residencias para personas mayores u otros servicios, cuando en realidad el piloto representaba el 0,1% del presupuesto de la Generalitat. En el fondo, es cuestión de interés político. Nos sorprende que ni siquiera quiera probarse, porque es legítimo tener diferencias ideológicas, pero testarla permitiría tener datos reales y no basar el debate en opiniones o percepciones.
¿Qué características tiene su modelo de Renta Básica?
Es individual, suficiente, incondicional y universal. Es individual porque llegaría a todas las personas a título personal. Es suficiente porque debería tener una cuantía cercana al umbral de la pobreza y así permitir a todo el mundo salir de ella, dar autonomía y capacidad para decidir sobre la propia vida. Es incondicional porque no estaría sujeta a contraprestación alguna: no habría que firmar itinerarios de inserción sociolaboral ni cumplir requisitos económicos, de edad o de composición familiar. Y es universal porque la recibiríamos todos, desde los más pobres a los más ricos. Ahora bien, esta universalidad debe entenderse en el marco de una reforma fiscal realmente progresiva: las rentas más altas contribuirían más de lo que recibirían a través de la renta básica. Asimismo, el modelo de renta básica que defendemos debe ir acompañado del mantenimiento y refuerzo de los servicios públicos, especialmente en ámbitos como la educación, la salud y los servicios sociales, como pilares fundamentales del estado del bienestar.
Una amplia mayoría de los simpatizantes de los partidos que después rechazaron el Plan Piloto, la apoyaban«
En la introducción, que firmas con Sergi Raventós, explicáis que un 65% de la población catalana es partidaria de la Renta Básica. ¿Eso no debería animar a los partidos políticos a aprobarla?
Durante el trabajo en la Oficina, a través de encuestas de opinión, comprobamos que existía un apoyo muy amplio y transversal: por edad, situación económica, género, nivel educativo, simpatía política, entre otras variables. Un dato muy revelador es que una amplia mayoría de los simpatizantes de los partidos que después rechazaron el Plan Piloto, lo apoyaban. Hay un gran gap, una distancia importante, entre lo que la ciudadanía considera positivo para el país y lo que después los partidos defienden en el Parlamento o en el Gobierno.

Decís que la Renta Básica no es tanto una medida de protección social como una forma de reconfigurar la sociedad
Exacto. La Renta Básica es una medida redistributiva que impacta directamente en la desigualdad. Es necesario redistribuir los recursos de otra manera para que lleguen a las personas que tienen más dificultades para cubrir sus necesidades y vivir dignamente. Cada vez existen más sectores y estratos sociales afectados por la precariedad laboral y social. La Renta Básica haría que quien más tiene aporte más; redistribuye no sólo riqueza, sino también tiempo y poder de decisión sobre la propia vida. Facilitaría, por ejemplo, que las personas puedan decidir si quieren ampliar o reducir la jornada laboral para dedicarse a otros proyectos vitales, como estudiar, cuidar a hijos o familiares, o implicarse en actividades comunitarias. Esto también abriría la puerta a una redistribución más equitativa del trabajo doméstico y de cuidados. Esta autonomía económica tendría un impacto especialmente relevante en el ámbito del hogar, puesto que contribuiría a reducir relaciones de dependencia y podría favorecer el empoderamiento de las mujeres. Precisamente, éste era uno de los aspectos que se querían analizar en el proyecto piloto: no sólo el impacto a nivel individual, sino también dentro de los hogares.
Los niños también serían sujetos de derecho y recibirían la Renta Básica»
La Renda Básica sería unipersonal
A diferencia de las prestaciones condicionadas, que habitualmente recibe una sola persona en función de la composición familiar, la Renta Básica se otorga de forma individual a todos los miembros del hogar, tanto adultos como menores, lo que puede transformar las dinámicas intrafamiliares. También a nivel comunitario transformaría las relaciones sociales y comunitarias, el Piloto preveía implementarse en dos municipios pequeños, de unos 1.200 habitantes, para analizar sus efectos en las relaciones sociales, la participación comunitaria y política, o el consumo de proximidad. Además, el diseño del Piloto era casi universal, lo que habría permitido entender no sólo qué harían las personas con menos recursos, sino también cómo la utilizarían las clases medias. Hay que tener en cuenta que existe una amplia base de estudios e investigaciones sobre la Renta Básica. Varias simulaciones indican que alrededor del 70%-80% de la población saldría ganando. En este sentido, se trata de una medida con un potencial transformador amplio. Al mismo tiempo, cuestiona también cómo entendemos el trabajo. Se tiende a considerar como trabajo sólo la actividad asalariada, pero el trabajo reproductivo —como los cuidados— es también esencial y tiene una función y un valor económico dentro de la sociedad. Por último, la posibilidad de dedicar más tiempo a actividades voluntarias o comunitarias también podría transformar las relaciones sociales, favoreciendo una sociedad más cohesionada, en la que las personas se relacionen desde condiciones más igualitarias.
Se ha demostrado que las prestaciones actuales no son una medida real de salida de la pobreza»
En el libro hay capítulos sectoriales que explican cómo afectaría la Renta Básica a muchos ámbitos sociales diferentes
Sí. Es uno de los puntos fuertes del libro. Cada capítulo está escrito por dos autores o autoras y puede leerse de forma independiente. Puedes elegir lo que te interese: desde la filosofía política hasta el feminismo pasando por la financiación, infancia y juventud, derechos humanos y el sistema de protección social, mercado de trabajo, cultura, mundo rural, ecologismo, inmigración y antirracismo, renta máxima, salud mental, comunicación de la renta básica y los planes piloto de renta básica. La obra ofrece una visión muy completa sobre cómo la Renta Básica impactaría en muchos ámbitos de la vida.
El libro se titula ‘Quan convé seguem cadenes’. ¿Qué cadenas segaría la Renta Básica?
Las cadenas que nos impiden decidir sobre nuestras vidas y hacerlo en condiciones de dignidad: como la inseguridad económica y todas aquellas relaciones de dependencia y dominación. La Renta Básica, rompería con las limitaciones derivadas de unas condiciones materiales de vida insuficientes y precarias, recuperando la libertad de elegir.
¿La Renta Básica reduciría la pobreza infantil?
Efectivamente. Los niños también serían sujetos de derecho y recibirían la Renta Básica —gestionada por los tutores hasta la mayoría de edad, por supuesto—, y formarían parte de unidades familiares donde los padres también serían perceptores. Con una cuantía cercana al umbral de la pobreza, saldrían estadísticamente de esta situación. El problema de las prestaciones asistenciales actuales es que están pensadas para personas muy pobres, sin embargo, aproximadamente, el 60% de las personas en pobreza severa, no las perciben. Además, las cuantías son muy bajas: el Indicador de Renta de Suficiencia, durante casi veinte años, rondó los 400€ por una persona sola, y aunque ahora es de 700€, es claramente insuficiente. ¿Quién puede vivir con 700 € al mes? En este contexto, propuestas como la prestación universal por hijo a cargo de 200€ mensuales también representan un avance, pero resultan insuficientes para abordar de forma efectiva la pobreza infantil. Aunque pueden aliviar parcialmente la situación de muchas familias, estas cuantías no permiten garantizar unas condiciones materiales de vida dignas ni situar a los niños por encima del umbral de la pobreza. La Renta Básica, sin embargo, plantea un enfoque estructural: asegura ingresos suficientes para todos los miembros del hogar y evita los vacíos de cobertura propios de las prestaciones condicionadas. Esto la convierte en una herramienta mucho más efectiva para reducir –y potencialmente erradicar– la pobreza infantil.

En el capítulo que escribes con Judit Font decís que las prestaciones sociales, más que revertir la pobreza, la cronifican
Sí, por la conocida «trampa de la pobreza». Las prestaciones asistenciales actuales están condicionadas a no superar cierto nivel de ingresos y son incompatibles con el trabajo. Esto genera un efecto perverso: muchas personas prefieren mantener la prestación antes que aceptar un trabajo precario. No se trata de una falta de voluntad de trabajar, sino de una decisión racional frente a un sistema que penaliza cualquier mejora parcial de ingresos. Si un trabajo es inestable, mal remunerado o de corta duración, el riesgo de perder la prestación y quedarse sin ningún ingreso es demasiado elevado. Este comportamiento se ve reforzado por otro factor clave: la complejidad y dificultad de acceso a estas prestaciones. Los procesos de solicitud son a menudo largos e inciertos. Para muchas personas conseguir que se les reconozca el derecho a la prestación ha supuesto un esfuerzo considerable, con meses de espera y múltiples trabas administrativas. Una vez se ha conseguido, es comprensible que no se quiera renunciar fácilmente a ella por una oportunidad laboral precaria, con riesgo de tener que volver a iniciar todo el proceso en caso de perder el trabajo. En este contexto, se consolida una situación en la que se prefiere mantener un ingreso insuficiente pero seguro, antes que afrontar la incertidumbre del mercado laboral y las dificultades del sistema de prestaciones para volver a acceder a ellas o reactivarlas. Esto contribuye a cronificar la pobreza en lugar de facilitar la salida de ella.
Vais un paso más allá y decís que la existencia de prestaciones como la Renta Garantizada de Ciudadanía demuestran el fracaso de la lucha contra la pobreza
En el contexto en el que se diseñaron las rentas mínimas de inserción (la antigua PIRMI), actualmente la Renta Garantizada de Ciudadanía, su lógica podía tener cierto sentido: se trataba de un modelo pensado para intervenir sobre situaciones de pobreza severa y cronificada, a menudo vinculadas a colectivos con dificultades de inserción muy específicas (problemas de salud mental, drogodependencias, exclusión social profunda). En aquel escenario, una política focalizada y condicionada podía parecer adecuada. Ese contexto ha cambiado. Desde la crisis de 2008 y con las transformaciones del mercado de trabajo, la precariedad ya no es una realidad marginal sino estructural, que afecta a amplios segmentos de la población, incluyendo a personas con trayectorias laborales aparentemente “normalizadas”. En este contexto, este modelo de políticas de lucha contra la pobreza presenta importantes limitaciones: el riesgo de pobreza se mantiene desde hace veinte años alrededor del 20%. Sólo sirven para mantenerte en el umbral de la supervivencia, en definitiva, para que no te mueras de hambre. Se ha demostrado que no es una medida de salida real de la pobreza. La Renta Básica, en cambio, va más allá: dotaría de mayor seguridad, tranquilidad emocional para tomar decisiones así como de la posibilidad de complementar el ingreso con trabajos más o menos estables o incluso emprender, cosa que ahora mucha gente ni se plantea hacer por falta de seguridad económica.
Desde la crisis de 2008 y con las transformaciones del mercado de trabajo, la precariedad ya no es una realidad marginal sino estructural«
Por motivos contrarios a los suyos, la extrema derecha critica las prestaciones sociales. Las llama “paguitas”
Detrás de este discurso está la idea de que sólo merece ayuda quien trabaja y es productivo. Es una visión muy centrada en que debes ganarte la vida trabajando, y que el Estado no debería garantizar necesidades básicas. Entienden el trabajo como la única vía legítima para acceder a derechos, por lo que rechazan este tipo de prestaciones. Ante esta visión, la Renta Básica parte de un principio distinto: los derechos materiales para una vida digna no pueden depender exclusivamente del mercado de trabajo. Garantizar una base económica incondicional a toda la población implica reconocer que todas las personas tienen derecho a vivir con dignidad, trabajen o no, y en qué condiciones lo hagan. En este sentido, la Renta Básica no sólo protege frente a la pobreza, sino que refuerza la libertad real de las personas para decidir sobre su vida y sus formas de participación social.
Las políticas actuales sólo sirven para mantenerte en el umbral de la supervivencia, en definitiva, para que no te mueras de hambre»
En cambio, decís que la Renta Básica contribuiría a combatir a la extrema derecha
Exactamente. Las prestaciones condicionadas, tal y como están diseñadas, tienden a crear divisiones sociales. Cuando estableces requisitos estrictos de ingresos, acabas dibujando una frontera artificial entre quien “merece” la ayuda y quien no. Esto hace que situaciones muy parecidas reciban tratos diferentes: dos familias con ingresos casi iguales pueden encontrarse con que una accede a la prestación y la otra queda fuera por una diferencia mínima. Esta percepción de injusticia genera frustración y resentimiento, y es un terreno muy fértil para que discursos simplistas y excluyentes, como los de la extrema derecha, arraiguen. Además, este modelo facilita la construcción de relatos falsos. A menudo se dice que la mayoría de las personas que reciben ayudas son inmigrantes, cuando en realidad la mayor parte son ciudadanos del país. Pero dado que las prestaciones son selectivas, es más fácil alimentar este tipo de narrativas. La Renta Básica rompe con esa lógica. Al ser universal, desaparece la distinción entre “beneficiarios” y “no beneficiarios”, “merecedores” y “no merecedores” y con ella buena parte de los agravios comparativos. Todo el mundo tiene derecho a ella, y esto reduce el margen para generar conflicto social y para instrumentalizar la pobreza con fines políticos. En este sentido, es también una herramienta para reforzar la cohesión social y desactivar discursos que dividen a la sociedad.
La percepción de injusticia genera frustración y resentimiento y es un terreno muy fértil para que discursos simplistas y excluyentes, como los de la extrema derecha, arraiguen»
Ahora se está debatiendo una mejora de la Renta Garantizada de Ciudadanía. ¿Tiene sentido desde su perspectiva?
La Renta Garantizada de Ciudadanía, tal y como está planteada actualmente no está resolviendo el problema de la pobreza, aunque cualquier mejora técnica que suponga un alivio para las personas que la reciben es positiva. Sin embargo, también hay que ser claros: estas reformas tienen un recorrido limitado. A pesar de introducir mejoras, seguimos hablando de una prestación condicionada, con cuantías insuficientes y problemas de acceso y cobertura. Esto hace que, en la práctica, no sea una herramienta capaz de reducir significativamente la pobreza estructural. De hecho, con el planteamiento actual, es muy difícil que esta reforma pueda sacar de la pobreza a la población que se encuentra en esta situación de forma persistente desde hace años. Por tanto, puede ayudar a mitigar algunos efectos, pero no aborda la raíz del problema.

Acabáis la introducción diciendo que esperáis que el libro sea una herramienta útil para avanzar hacia un mundo más justo y libre de opresiones. ¿Lo veremos?
Espero que sí. Personalmente, tengo esa esperanza, y es precisamente por eso que trabajamos defendiendo y promoviendo la Renta Básica. Llegará un momento en que la clase política entenderá que no es tanto una cuestión de estar o no de acuerdo, sino que es una necesidad. La situación actual, especialmente en ámbitos como la vivienda, la pobreza en general y la pobreza infantil en particular, hace difícil seguir mirando hacia otro lado. Las políticas que hemos aplicado hasta ahora han demostrado que no son suficientes para resolver estos problemas de fondo. Si realmente aspiramos a una sociedad más justa y más libre, debemos empezar a plantear alternativas más ambiciosas, y la Renta Básica es una de ellas. La forma concreta de implementarla es un segundo paso, y justamente el Plan Piloto pretendía aportar evidencia sobre cómo hacerlo de manera efectiva. También es importante entender que la Renta Básica no puede ir sola. Debe ir acompañada de una transformación más amplia de las políticas públicas como, por ejemplo, una política de vivienda más garantista, una reforma fiscal profundamente progresiva, políticas feministas que favorezcan una distribución más justa de los cuidados, políticas educativas que consolide la idea de que éste es un derecho de toda la ciudadanía, una reforma del mercado de trabajo, entre otros. Y, sobre todo, debe ser una apuesta sostenida en el tiempo. No tiene sentido como medida puntual o limitada a una legislatura. Debe entenderse como un mecanismo a través del cual se garantiza, efectivamente, el derecho a la protección social conjunto de la ciudadanía y de las generaciones futuras.
La reforma de la ley de la Renta Garantizada de Ciudadanía puede ayudar a mitigar algunos efectos pero no aborda la raíz del problema»
En el epílogo, Sarah Babiker hace un llamamiento a la resistencia realista en un mundo que ha vivido grandes transformaciones. Dice que «la última palabra todavía no está dicha». ¿Quién la dirá?
Espero que la diga la sociedad, la ciudadanía. Sabemos que existe un amplio apoyo a la Renta Básica. Por otra parte, en el contexto actual vemos movilizaciones de los sectores educativos, sanitarios y de servicios sociales que denuncian las tensiones del estado de bienestar. Las bases del actual estado del bienestar están mostrando claros signos de desgaste. En este contexto, la Renta Básica tiene mucho que aportar. No es una solución mágica ni lo va a resolver todo, pero sí puede ser una herramienta clave para aliviar muchas de las tensiones sociales y económicas que estamos viviendo. Cuando Sarah dice que “la última palabra todavía no está dicha”, se refiere a la ciudadanía reclamando de forma más contundente un cambio de rumbo en las políticas. En definitiva, tal y como ella escribe, esta palabra todavía no dicha, la dirá la inteligencia y resistencia colectiva.
Si realmente aspiramos a una sociedad más justa y más libre, debemos empezar a plantear alternativas más ambiciosas, y la Renta Básica es una de ellas»
Supongo que está acostumbrada a que le digan a menudo que hable de una utopía, que pida cosas imposibles en un mundo que parece que cada día premia más el egoísmo, la insolidaridad y la meritocracia
Es cierto que existe una tendencia fuerte al individualismo, a pensar cada uno en lo suyo, pero también existe toda una corriente de gente que no pensamos así, aunque nuestra voz cuesta más de oír. Si miramos la historia de las luchas sociales, vemos cómo muchas cosas que parecían imposibles se han hecho realidad: hace un tiempo parecía impensable que las mujeres pudiéramos votar, la jornada laboral de 40 horas, los derechos laborales, la educación y la salud pública universal. Hoy, estos derechos están reconocidos, aunque en su día eran vistos como utopías. Esto nos muestra que lo que hoy parece imposible, mañana puede convertirse en realidad si existe movilización social y voluntad política. En la medida en que la Renta Básica se convierta en una reivindicación política y ciudadana, también puede conseguirse. La Oficina del Plan Piloto fue posible gracias a partidos que recogieron esta demanda social, especialmente después de la pandemia, cuando muchas personas se preguntaban «¿y ahora qué?» y la Renta Básica actuó como revulsivo. Hubo manifiestos, debates públicos y partidos que, en las elecciones, asumieron esa demanda como compromiso. Es cierto que movilizarse es difícil, sobre todo por las personas que más se beneficiarían de la Renta Básica. Vivimos atrapados en la rueda del trabajo y las responsabilidades familiares, de la supervivencia, del día a día y esto limita mucho la participación política. Aquellos que están en peores condiciones económicas y sociales son precisamente quienes tienen menos capacidad de manifestarse o reclamar derechos, porque están más atados de pies y manos, precisamente, atados por las cadenas que comentaba antes, las que segaría una Renta Básica.
¿Imagina el día que pueda decir que la Renta Básica ha sido posible a las personas que siempre lo han negado?
Estaría bien, pero me gusta más imaginar su implementación. En Cataluña, hace 25 años la Renta Básica se conocía y defendía en círculos universitarios, profesores y estudiantes de economía, sociología, filosofía o políticas por decir algunas carreras, y dentro de algunas organizaciones sociales y sindicales. Hoy, en cambio, existe una amplia red de profesionales, movimientos sociales y actores políticos que la reclaman y debaten su aplicación. De hecho, este libro es un reflejo de ese apoyo creciente: la idea se ha ido permeabilizando en la sociedad y cada vez más personas dejan de verla como un concepto abstracto o utópico para empezar a considerarla una medida factible y real.
La entrada Dolo Medina: “La Renta Básica ya no es sólo una idea, sino una medida que cada vez más gente ve factible” se publicó primero en lamarea.com.
WeWork y el mito del nómada digital
Hace unos meses estaba en Buenos Aires, en la planta 38 de la Torre Odeón, un rascacielos estilo Manhattan en plena avenida Corrientes, con vistas al Río de la Plata por un lado y al Obelisco por el otro. Alrededor, una zona intensa, con teatros, microcentro, actividad financiera y Puerto Madero a un paso. Me había inscrito un mes en WeWork para hacer etnografía del coworking corporativo por excelencia.
El primer día subí al ascensor. Tras el control de seguridad, en la planta 20 aparecía una recepción con personal joven, tatuajes, pendientes, la estética esperada. En la 38, lo que llaman la planta preferente, el mobiliario recordaba más a un hotel de cuatro estrellas que a un lugar de trabajo, con mesas largas que hacían que el trabajo pareciera compartido y rincones donde podía seguir siendo íntimo si uno quería. El café de filtro, tipo hotel de carretera, era gratuito, mientras que el café bueno (y caro) se vendía en la cafetería. A mediodía abrían una chopera de cerveza, como si la posibilidad de parar también estuviera programada. En la pared convivían un «Punk is not dead» y una mesa de billar que nadie usaba.
La cafetería se llamaba Lovely Che. La primera vez que lo leí pensé que era una broma. Después se volvía evidente que era algo más incómodo, la estetización de lo subversivo convertida en decorado inofensivo, una rebeldía domesticada, infantilizada, descafeinada. Como el cartel del punk. Como los libros de Planeta en las zonas comunes, ahí puestos para que «busques tu desconexión». Como el evento de la semana, que se llamaba «Dar para recibir». Todo el entorno estaba, en una palabra, infantilizado.
Coincidí con unas 22 personas. Una mezcla que al principio costaba descifrar, argentinos con pinta progre, algunos con patinete; gente muy joven, ninguno superaba los treinta; cuatro ciudadanos chinos; un ruso con su colega, ropa informal pero muy cara, un «Born to be» en el portátil. A la hora de comer aparecieron los que llamé los tecnochetos, blancos, jóvenes, apuestos, con ropa de gimnasio y tápers pequeños, vinculados a empresas y startups que alquilaban espacios allí. También mucha gente sola, con portátiles y auriculares grandes. Alguien con libros de arte. Alguien viendo tutoriales de IA y código. Poco glamour real en el contenido del trabajo, aunque la escenografía lo sugería todo.
Las vistas seguían siendo poderosísimas. Esa sensación de poder desde las alturas no cambiaba. Pero bastaba salir de aquella planta para que el decorado se deshiciera. Desde la planta 21 hacia arriba aparecían cascarones, plantas vacías, oficinas desmanteladas, el esqueleto del edificio. WeWork había pasado en 2020 de 30 a 10plantas en ese mismo inmueble, y de seis a cuatro sedes en Buenos Aires. Lo que desde la planta 38 parecía solidez y éxito, desde arriba mostraba otra cosa, su fragilidad estructural. La burbuja tenía fisuras, y eran visibles, de hormigón.
Al tercer día el espacio empezó a verse distinto. El mobiliario más cutre, el cemento más presente detrás de los paneles, la música más cercana a una sala de espera. La sensación inicial de privilegio se había vuelto rutina y lo que quedaba era una escenografía eficaz para sostener una promesa. ¿Y qué promete exactamente WeWork? Trabajar sin jefes, sin horarios, sin disciplina visible, pertenecer a algo sin que ese algo te ate. Una oficina que se presenta como club, un club que se presenta como comunidad, y al que se accede con tarjeta de crédito.
Pero más allá de su relato corporativo, que se retrata de algún modo en la serie WeCrashed, centrada en la figura de su gurú y CEO Adam Neumann y en el ascenso y caída de la empresa, WeWork condensa algo más profundo, la reprivatización de las infraestructuras del trabajo. El trabajador ya no recibe un espacio, unos compañeros, una red, un café. Los adquiere como servicio. Lo que antes venía dado con el empleo pasa a ser una suscripción. Es lo que hoy llamamos, en la ciudad de las plataformas, el «ciudadano-suscriptor».
Ese modelo tiene un reverso muy claro. Mientras yo subía en ese ascensor, en la planta baja del mismo edificio paraban los repartidores de Glovo, con sus bicis, sus mochilas térmicas, su aplicación y su algoritmo, sin cafetería, sin vistas, sin membresía, sin Lovely Che. Esas dos figuras, el usuario de WeWork y el repartidor de Glovo o la trabajadora de limpieza de la plataforma Zolvers, rara vez comparten pasaporte. Su posición en la ciudad plataformizada está atravesada por movilidades radicalmente desiguales, porque mientras el primero dispone de un visado internacional que le permite instalarse temporalmente, elegir barrio y consumir la ciudad como experiencia, los otros dos están atravesados por lógicas de amenaza de expulsión, disponibilidad permanente y dependencia directa de la plataforma como organizadora de su tiempo y su ingreso.
Dos figuras que en el discurso público aparecen como realidades inconexas, incluso contrapuestas, el nómada digital, autónomo, cosmopolita, libre, frente al trabajador de plataforma, precario, dependiente, subordinado. Sin embargo, conviene leer ambas de forma relacional, porque son los polos de una misma reorganización del trabajo y de la ciudad bajo el capitalismo de plataformas, y la ciudad que hace posible una figura es exactamente la misma que produce la otra.
A partir de ahí aparece la pregunta de fondo, qué es exactamente el nómada digital, si una realidad sociológica o más bien pura retórica, branding urbano. No hace falta reconstruir aquí toda su genealogía, basta con observar su función actual. El nómada digital es el último producto de marketing urbano en una larga serie. Antes fue la clase creativa de Richard Florida, ese concepto que durante años hipnotizó a gestores urbanos con la promesa de que atraer talento creativo haría prosperar a las ciudades, y que en la práctica funcionó como una legitimación académica de la gentrificación, al construir una conexión entre economía neoliberal y cultura cool que luego se vendía como modelo.
Cuando ese marco se agota, aparece otro. El nómada digital ocupa hoy ese lugar, acompañado de visados específicos, campañas de atracción de talento, ecosistemas de coworking, hubs tecnológicos y la promesa recurrente del «Silicon Valley mediterráneo». Cambia el lenguaje, pero la lógica se mantiene, y lo que el concepto oculta sigue siendo más relevante que lo que muestra. Eso se ve con claridad en Lisboa. En la investigación que realicé allí junto a Víctor Riesgo, Pedro Cortez y Javier Gil encontramos un contraste muy marcado entre la imagen idealizada del trabajo digital y la realidad cotidiana de quienes lo desempeñan. Entrevistamos a trabajadores que habían llegado convencidos de que entrarían en un sector innovador, pero pronto descubrieron que su trabajo se parecía mucho más al de un call center.
Trabajaban en empresas como Teleperformance, Accenture o Concentrix, grandes compañías de externalización que prestan servicios para Meta, Google, Uber o Netflix y que han encontrado en Lisboa un enclave especialmente funcional. En ese contexto, la movilidad no responde tanto a un ideal cosmopolita como a una estrategia de supervivencia frente a trayectorias laborales bloqueadas, y esa misma lógica atraviesa también la vivienda, ya que Teleperformance ofrece habitaciones en pisos compartidos cuyo coste se descuenta directamente del salario, de modo que lo que inicialmente aparece como una solución práctica termina funcionando como un mecanismo de control, en el que las fronteras entre rentista y empleador se diluyen hasta el punto de que la pérdida del trabajo implica también la pérdida del alojamiento, reactivando formas de dependencia que remiten a los barracones obreros de la primera revolución industrial. En ese sentido, la vivienda deja de ser un derecho o un mercado separado y pasa a integrarse en una lógica de gobernanza corporativa que organiza simultáneamente el trabajo y la vida.
Así, el mito se desmorona. Más que nómadas, trabajadores móviles, pero con una movilidad que no surge de la elección sino de la ausencia de alternativas, insertos en circuitos que se presentan como innovadores y que reproducen formas muy clásicas de subordinación, donde el control del tiempo, la dependencia del empleador y la escasa capacidad de negociación se combinan con una ciudad que funciona como señuelo y como amortiguador, a través del clima, la diversidad, el cosmopolitismo, la vida nocturna o el coste de vida relativo, que terminan operando como parte del salario.

Eso no invalida que existan trabajadores digitales con condiciones realmente favorables, que los hay, pero sí obliga a situarlos como el extremo visible de un espectro mucho más amplio que el concepto de nómada digital aplana y homogeneiza, con consecuencias evidentes a la hora de pensar la desigualdad urbana.
Es en ese marco donde se sitúa Nómadas digitales y precarización algorítmica, libro que acabamos de publicar con Catarata y coordinado junto Ana Santamarina y Francisco Fernández-Trujillo. Es un trabajo que recorre estas dinámicas en distintas ciudades y desde distintos ángulos, desde la plataformización de la vivienda hasta las plataformas logísticas y de última milla o el trabajo doméstico y reproductivo, gracias al trabajo colectivo de un grupo nutrido de grandes investigadoras. El libro no propone soluciones cerradas, pero sí obliga a formular preguntas que resultan difíciles de evitar. Qué tipo de ciudad estamos construyendo, quién gana y quién pierde, y sobre todo, qué queda fuera de ese proyecto.
Porque desde WeWork en Buenos Aires hasta los robotaxis que empiezan a asomar en nuestras ciudades, esa es la ciudad que conviene intentar entender.
Jorge Sequera es director del Grupo de Estudios Críticos Urbanos (GECU) e investigador principal de ONDEMANDCITY: Capitalismo de plataforma, trabajadores digitales y tecnificación de la vida cotidiana en la ciudad contemporánea y del Proyecto Horizon Europe Marie Curie Staff Exchange – NOMADIC: Nomad Movements and Digital Impacts in Cities
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“¿Quién le ha dado permiso a esta gente?”: el relato de una superviviente de Adamuz que despierta con una ‘visita’ de la alcaldesa de Huelva (PP)
Amalia Montealegre denuncia una situación “denigrante” tras el accidente y señala la falta de intimidad mientras permanecía en estado crítico.
etiquetas: alcaldesa, huelva, pp, adamuz
» noticia original (www.elplural.com)
🔴 Lo que va a pasar en CUBA
Desde La Habana hasta Santiago, atravesando carreteras vacías, ingenios abandonados y pueblos detenidos en el tiempo, fui entendiendo algo incómodo: hay sistemas que sobreviven precisamente porque fallan. Y hay relatos que se sostienen aunque la realidad los desmienta a cada paso.
Hablo de las jineteras del Malecón, de los hoteles para turistas que funcionan como una burbuja artificial, de la pobreza que aparece en cuanto das unos pasos fuera del decorado… y de ese momento imposible de olvidar en un ingenio, rodeado de personas que pedían lo esencial para sobrevivir.
También hay una reflexión incómoda sobre cómo se percibe Cuba desde Occidente. Sobre esa defensa ideológica que ignora lo que ocurre dentro de la isla. Sobre la distancia entre el relato y la vida real.
Cuando un país vive demasiado tiempo de una mentira, la realidad siempre acaba pasando factura.
Larry Johnson: Trump's Naval Blockade & Ceasefire Collapse
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Trump vuelve a publicar otra foto con Jesús
“Puede que a los lunáticos de izquierda radical no les guste esto, pero creo que es bastante agradable!!! Presidente DJT.”
etiquetas: trump, jesús
» noticia original (newrepublic.com)
La imagen de Israel se hunde al punto más bajo de su historia
Nunca antes la imagen del Estado judío había estado en un punto más bajo en Europa y EEUU. El genocidio de Gaza y la participación en la guerra de Donald Trump contra Irán han hundido su reputación. Se ha extendido la idea de que Israel es un agente del caos en la región y que entiende que sus intereses sólo se pueden defender a través de la guerra. No cree en la diplomacia y no está dispuesta a permitir que los palestinos tengan su propio Estado. Israel es uno de los dos aliados esenciales de EEUU en Oriente Medio –el otro es Arabia Saudí ...
etiquetas: imagen, israel, netanyahu, trump, gaza
» noticia original (www.eldiario.es)
El BOE desmiente a Feijóo, Ayuso y Vox: la regularización de migrantes exige pruebas, arraigo y ausencia de antecedentes penales
El decreto aprobado por el Gobierno no da papeles “a granel” ni regulariza delincuentes: exige residencia previa, cinco meses en España, ausencia de antecedentes penales y controles policiales y europeos. Feijóo ha llegado a afirmar que el Gobierno regularizará a inmigrantes “que han delinquido”, que “han abusado de una mujer” o que “han robado”. También ha hablado de una regularización “a granel” y ha sembrado la idea de que personas con perfiles peligrosos podrán obtener residencia. Pero el BOE dice otra cosa
etiquetas: boe, bulos, feijóo, ayuso, vox, regularización, migrantes
» noticia original (diariosabemos.com)
El vicepresidente JD Vance fue recibido por miles de asientos vacíos en un evento de Turning Point USA donde todas las entradas eran gratuitas [ENG]
Un vídeo que muestra asientos vacíos en un evento de Turning Point USA con el vicepresidente JD Vance se ha hecho viral. Las imágenes, en las que se ven varias filas de asientos vacíos en el evento celebrado en el Akins Ford Arena de Athens, Georgia, el martes, han sido vistas más de 4,3 millones de veces hasta la mañana del miércoles. El periodista Jake Traylor, que publicó el vídeo en X, escribió: "Turning Point USA parece haber sobreestimado la asistencia para Vance. El Akins Ford Arena estaba ocupado a menos del 25 %"
etiquetas: turning, point, asientos, vacíos, vance
» noticia original (www.newsweek.com)
Una encuesta revela que el canciller alemán Merz es el jefe de Gobierno más impopular del mundo [ENG]
El presidente francés, Emmanuel Macron, ocupó el penúltimo puesto, con un 18 % de aprobación y un 75 % de desaprobación, en la encuesta, que analiza la popularidad de los líderes en las principales democracias. Sin embargo, Merz registró el índice de desaprobación más alto, con un 76 %, mientras que el 19 % de los encuestados se mostró satisfecho con su labor. Una encuesta reciente realizada por Forsa para RTL arrojó resultados similares, con un 78 % de los encuestados insatisfechos con la labor de Merz y un 20 % satisfechos.
etiquetas: canciller, alemán, impopular, por los suelos
» noticia original (www.euronews.com)
El orgullo en Múnich no evita una derrota que aboca al Madrid a un año en blanco
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Over 80% of women face menopause symptoms – so why are workplaces still ignoring it?

Menopause has long been treated as something private, but the silence surrounding it is increasingly at odds with demographic reality. Women over 50 are the fastest-growing group in the workforce in many countries, and most will experience menopause during their working lives.
Despite this, workplaces, policies and research continue to treat menopause as a personal matter rather than a structural one. The result is a profound mismatch between women’s lived experiences and the environments in which they work.
Medically, menopause is a natural stage of life marking the end of menstruation due to the loss of ovarian function. The transitional period that comes before – known as perimenopause – can last from two to eight years. Symptoms vary widely. Some women feel little change, while others face hot flushes, night sweats, insomnia, joint pain, mood swings, irritability, anxiety, cognitive difficulties and fatigue.
More than 80% of women experience symptoms, and for about one third they are severe. These symptoms can last years and significantly affect daily functioning, including work performance, concentration and emotional well‑being.
Leer más: What are the most common symptoms of menopause? And which can hormone therapy treat?
The ‘second glass ceiling’
The scale of the issue is enormous. Globally, 657 million women are aged 45–59, and nearly half of them are in the labour force. In the G7 alone, women of menopausal age represent 11% of all workers. The European Commission has openly acknowledged that “there is no EU‑wide data collection on this issue”, and that research remains fragmented.
The facts we do have are troubling. In Europe, the gender employment gap widens with age, and studies suggest that menopausal symptoms contribute to women reducing their hours, changing roles or leaving the workforce entirely.
The workplace impact is well documented. A 2021 study, for instance, found that nearly one million women in the UK had left their jobs because of menopausal symptoms. This often coincides with the peak of women’s careers, when they are poised for senior leadership roles. This has led some researchers to dub their widespread departure the “second glass ceiling”.
Working conditions
Across sectors, women report that their work environments often make symptoms worse. Poor ventilation, high temperatures, synthetic uniforms, lack of access to cold water, rigid schedules, shift work and limited autonomy all intensify discomfort.
The result is a cycle in which symptoms worsen, work becomes harder, stress increases and symptoms intensify further. These factors lead many women to work less, change jobs or take early retirement. This is not a personal failure; it is a structural one.
Yet research also shows that support makes a significant difference. Women cope better when they have understanding managers, supportive colleagues, flexible schedules and access to adjustments such as temperature control or uniform changes.
International institutions are beginning to take notice. The European Menopause and Andropause Society has issued workplace recommendations, while the International Labor Organization also highlights menopause as a global labour issue.
Leer más: The menopause gap: why some women suffer more and get less care
Some national governments have taken similar steps. The UK Parliament, for instance, has launched multiple inquiries into menopause discrimination, one in 2019 and another in 2021.
In Iceland, the Association on Women’s Menopause was established back in 2013 and features on the national government’s website. Awareness is also growing in the Nordic countries.
In Ireland, the topic features in policy recommendations, while in France it has recently received national media attention.
Meaningful worker protections
While recommendations and media attention are positive, they are not the same as legally enshrined protections for all workers. So what would effective measures actually look like for menopausal workers?
First and foremost, workplaces should include menopause in occupational risk assessments. In practical terms, this means ensuring proper temperature control and ventilation, providing breathable uniforms, and allowing flexible working arrangements. It also means training management staff and creating open, stigma-free working cultures.
These changes are simple and inexpensive, but they require awareness and commitment.
Ultimately, addressing menopause at work is not just a health issue. It is a matter of equality, dignity and justice. Women should not have to choose between their health and their careers. Properly addressing this issue is also a win-win for businesses – any workplace that supports menopausal women will retain experience, leadership and talent.
As populations age and working lives extend, ignoring menopause is no longer an option. The silence must end, and the workplace must evolve to reflect the realities of half the population.
A weekly e-mail in English featuring expertise from scholars and researchers. It provides an introduction to the diversity of research coming out of the continent and considers some of the key issues facing European countries. Get the newsletter!
Lidia de la Iglesia Aza receives funding from the European Trade Union Institute (ETUI).
La vida después del cáncer colorrectal: el desafío de vivir con una bolsa de ostomía

Cuando a una persona le dicen que ha superado un cáncer todo parece indicar un final feliz. Sin embargo, para muchos pacientes con cáncer colorrectal ese momento no marca un cierre, sino un punto de inflexión. La enfermedad queda atrás, pero comienza otra etapa: aprender a vivir con una ostomía. Este procedimiento quirúrgico consiste en crear una abertura en el abdomen para eliminar las heces a través de una bolsa externa.
La ostomía es en muchos casos imprescindible para salvar la vida, pero también implica un cambio profundo. Transforma la rutina diaria, la percepción del propio cuerpo y, en ocasiones, la forma de relacionarse con los demás.
Pese a todo esto, sigue siendo un tema del que apenas se habla.
Lo que no se ve tras el alta médica
Tras el tratamiento, el seguimiento clínico suele centrarse en la evolución de la enfermedad: revisiones, pruebas, control de posibles recaídas. Pero la vida cotidiana plantea otros retos menos visibles.
Quienes viven con una ostomía tienen que adaptarse a nuevas rutinas de autocuidado, gestionar posibles fugas o molestias y anticipar situaciones que antes eran automáticas. Nos referimos a actividades tan rutinarias como salir de casa, hacer ejercicio e incluso mantener relaciones íntimas.
A esto se suma el impacto emocional. La imagen corporal cambia y pueden aparecer sentimientos de vergüenza, inseguridad y miedo al rechazo.
No es solo una cuestión médica. Es, sobre todo, una cuestión de calidad de vida.
La calidad de vida disminuye
En los últimos años la investigación ha empezado a cuantificar estas experiencias. En un trabajo reciente analizamos conjuntamente los resultados de múltiples estudios sobre supervivientes de cáncer colorrectal.
La conclusión es clara: las personas con ostomía presentan, en promedio, una calidad de vida inferior a la de quienes no la tienen. Esta diferencia, aunque de magnitud moderada, es consistente en distintos contextos y momentos de seguimiento, lo que refuerza la solidez del hallazgo.
Más allá del impacto generalizado que supone la ostomía hay un mensaje importante. Las áreas más afectadas no son únicamente físicas. Además de disminuir la salud física, otros aspectos como la participación social, el desempeño en la vida diaria, la imagen corporal y el bienestar emocional concentran buena parte del impacto.
Además, algunos pacientes parecen especialmente vulnerables. Por ejemplo, los más jóvenes o quienes sufren complicaciones relacionadas con la apertura (estoma). Para ellos, la adaptación puede ser todavía más compleja.
Un problema invisible
Una de las paradojas de la ostomía es que, siendo un cambio tan significativo, suele permanecer oculta. Esta invisibilidad puede dar una falsa sensación de normalidad desde fuera, pero también contribuye a que las dificultades pasen desapercibidas.
A diferencia de otros efectos del cáncer más visibles o socialmente reconocidos, la ostomía rara vez forma parte de la conversación pública. Esto limita la comprensión social y puede aumentar la sensación de aislamiento en quienes la viven.
El resultado es que muchos pacientes tienen que reconstruir su día a día sin referentes claros y, a menudo, sin el apoyo necesario.
Necesitamos un enfoque más amplio
Los datos apuntan a una idea clave: curar no es suficiente. La atención a los supervivientes de cáncer debe ir más allá del control de la enfermedad.
Esto implica integrar apoyo psicológico y programas de rehabilitación y educación en el manejo de la ostomía dentro de la atención sanitaria. También significa prestar atención a la reintegración social, ayudando a las personas a recuperar su autonomía y confianza.
No se trata solo de añadir recursos, sino de cambiar el enfoque. El objetivo es poner en el centro la experiencia del paciente.
Al mismo tiempo, la investigación futura deberá centrarse en identificar qué intervenciones funcionan mejor para mejorar la adaptación y la calidad de vida a largo plazo. Entender el problema es solo el primer paso que nos permite darle importancia a las iniciativas de salud pública.
Hablar para avanzar
El aumento de la supervivencia al cáncer colorrectal es una buena noticia. Pero plantea un reto que no podemos ignorar: cómo garantizar que esa supervivencia vaya acompañada de una buena calidad de vida.
Para quienes viven con una ostomía, la recuperación no termina al salir del hospital. Continúa en cada pequeño gesto cotidiano, en cada interacción social, en la forma de mirarse al espejo. Y afecta a múltiples dimensiones: fisiológica, psicológica, social y funcional. Es por ello que la educación en salud debe impartirse por un equipo completo.
En este contexto, el papel de la enfermería es esencial, tanto en la atención como en la formación del paciente con ostomía. Sobre todo en lo relacionado con el aprendizaje de los cuidados propios. Incluso puede ser necesario un psicólogo para evitar complicaciones psicosociales.
En definitiva, el objetivo terapéutico no debe limitarse a la supervivencia o al control de la patología de base, sino que debe incluir la optimización de la calidad de vida. Para ello, resulta esencial promover que el paciente retome sus actividades habituales, mantenga sus relaciones interpersonales y conserve su independencia funcional. Y aunque hablar de ostomía sigue siendo incómodo para muchas personas, visibilizar estas experiencias no solo ayuda a reducir el estigma, sino que también puede facilitar que quienes pasan por ello se sientan comprendidos y acompañados.
Porque sobrevivir es solo el principio. Aprender a vivir después es, muchas veces, la parte más difícil.
Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.
Así Funcionan Los Matrimonios Forzados en Afganistán - Khadija Amin Explica su Infierno
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La prohibición como coartada tecnológica
Mi columna de esta semana en Invertia se titula «Prohibir a los menores o prohibir el negocio que vive de engancharlos» (pdf), y trata sobre esa tentación política, cada vez más extendida, de abordar la relación entre adolescentes y redes sociales como si el problema pudiera resolverse simplemente levantando una barrera de edad, fijando una cifra redonda y anunciando una prohibición con tono solemne. Es una idea atractiva porque suena contundente, porque permite a los gobiernos presentarse como protectores de la infancia y porque convierte un problema complejo en una consigna fácilmente comunicable. Pero precisamente por eso conviene mirarla con cautela: cuando una cuestión profundamente estructural se traduce demasiado deprisa en un titular simple, lo normal es que estemos ante una solución aparente, no ante una solución real.
La Comisión Europea lleva tiempo trabajando esta cuestión con un enfoque bastante más sofisticado que el del simple veto generacional. En julio de 2025 publicó sus directrices para la protección de menores bajo el Digital Services Act, en las que habla no solo de contenidos nocivos, sino también de comportamientos problemáticos y adictivos, ciberacoso y prácticas comerciales perjudiciales. A la vez, presentó un prototipo de aplicación de verificación de edad, pensado como solución transitoria hasta la llegada de la identidad digital europea. España, además, no ha sido una mera espectadora: participa en ese despliegue y lleva tiempo intentando combinar protección de menores con garantías de privacidad, un equilibrio mucho más difícil y mucho más interesante que el habitual recurso a la prohibición retórica.
Ese es, en realidad, el punto central: el problema existe, pero no es exactamente el que muchos responsables políticos parecen querer describir. No estamos simplemente ante «menores usando redes», como si el daño proviniese de la mera exposición a una tecnología neutral. Estamos ante entornos diseñados deliberadamente para capturar atención, prolongar permanencia, fomentar comparación social, explotar impulsos y maximizar recurrencia. El foco, por tanto, no debería ponerse solo en la edad del usuario, sino en la arquitectura del servicio. Si el negocio depende de enganchar, de generar hábito, de convertir vulnerabilidad en tiempo de pantalla monetizable, entonces el verdadero objeto regulatorio no son únicamente los menores, sino el modelo económico que los convierte en materia prima conductual.
Además, la evidencia disponible dista mucho de justificar los atajos intelectuales con los que suele legislarse este asunto. Las autoridades sanitarias estadounidenses advirtieron ya de que no puede afirmarse que las redes sociales sean suficientemente seguras para niños y adolescentes, y pidió precisamente más transparencia, más responsabilidad y más datos. La OCDE, por su parte, plantea explícitamente una aproximación de «toda la sociedad», en la que administraciones, familias, escuelas, profesionales y plataformas compartan responsabilidad. Es decir, ni complacencia tecnológica ni histeria moral. Quien lea esos documentos con un mínimo de honestidad verá que ninguno avala la idea de que prohibir por edad, por sí solo, vaya a resolver el problema.
La investigación académica más seria tampoco encaja bien con el simplismo prohibicionista. Un estudio publicado en Nature Human Behaviour subraya que la relación entre redes sociales y salud mental adolescente no puede reducirse a una causalidad lineal y uniforme, y muestra que los efectos dependen mucho del perfil previo del menor, de su situación emocional y del tipo de uso. Y un estudio reciente en JAMA introduce un matiz decisivo: el problema más claramente asociado a ideación suicida, conductas suicidas y peores resultados de salud mental no era simplemente el tiempo total de pantalla, sino las trayectorias de uso adictivo. Dicho de otro modo: no basta con contar horas: hay que entender dinámicas de dependencia, compulsión, deterioro del sueño, afectación del rendimiento y pérdida de control. Eso obliga a pensar la regulación desde el diseño de los sistemas, no solo desde la puerta de entrada.
Por eso me parece tan problemática la facilidad con la que el debate público se desplaza hacia la verificación de edad y se olvida del resto. Verificar edad puede tener sentido en algunos contextos, sobre todo cuando se trata de acceso a contenidos manifiestamente inadecuados. La propia AEPD ha desarrollado principios razonables para hacerlo minimizando la identificación y protegiendo datos personales. Pero convertir esa herramienta en el centro absoluto de la política pública es otra cosa. Porque entonces dejamos intacto lo esencial: los sistemas de recomendación, el diseño persuasivo, la opacidad algorítmica, las notificaciones invasivas, el scroll infinito y la ingeniería conductual que define hoy a buena parte de las plataformas. Nos quedamos, como tantas veces, regulando la superficie y dejando intacto el subsuelo.
En España, además, este debate tiene una dimensión política especialmente significativa. Aquí existe una gran facilidad para convertir la protección de los menores en terreno de consenso simbólico, precisamente porque casi nadie se atreve a cuestionar públicamente una medida presentada como escudo generacional. Pero una democracia madura debería distinguir entre protección efectiva y pánico moral administrativamente elegante. La primera exige incomodar a las plataformas, auditar sus prácticas, imponer obligaciones técnicas, exigir interoperabilidad regulatoria y asumir conflictos jurídicos y económicos. El segundo consiste en anunciar límites de edad, multiplicar declaraciones solemnes y confiar en que la tecnología de verificación haga el resto. Una estrategia transforma el entorno, la otra simplemente desplaza la conversación.
En el fondo, la pregunta no es si hay que proteger a los menores. Eso, afortunadamente, no admite discusión. La pregunta es de qué queremos protegerlos exactamente. Si la respuesta es «de internet», estamos perdidos antes de empezar, porque internet no va a desaparecer de sus vidas. Si la respuesta es «de modelos de negocio que convierten la vulnerabilidad en beneficio y que se están haciendo cada vez peores«, entonces la conversación cambia por completo. Ya no se trata de vigilar al menor, sino de limitar al depredador. Ya no se trata solo de impedir el acceso, sino de rediseñar las condiciones del acceso. Y ya no se trata de una política de control de usuarios, sino de una política de control de plataformas. Lo lógico: en un entorno, Europa, que protege la privacidad como derecho fundamental, prohibir que haya empresas que nos espían a todas horas y venden nuestros intereses y patrones de comportamiento al mejor postor. Ahí es donde de verdad empieza el debate serio. Lo otro, por desgracia, se parece demasiado a legislar contra el síntoma… para no tener que tocar la enfermedad.
ACTUALIZACIÓN (16/04/2026): para sorpresa de absolutamente nadie, la prohibición australiana de uso de redes sociales a menores no funciona. No, la idea de «proteger a los menores» es absurda: hay que proteger a toda la sociedad por igual eliminando el pernicioso modelo de negocio que hace que las redes sociales se comporten como se comportan.
This article is openly available in English on Medium, «Why are we still regulating teens instead of social media?»
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3 señales insospechadas de que tu cansancio no es físico, sino agotamiento mental
La entrada 3 señales insospechadas de que tu cansancio no es físico, sino agotamiento mental se publicó primero en Rincón de la Psicología por Jennifer Delgado.

El cansancio no siempre se gesta en el cuerpo, aunque a menudo se refleje en este. A veces dormimos, descansamos o incluso reducimos la carga física, pero a pesar de ello seguimos sintiéndonos agotados. Tenemos la sensación de que no somos capaces de recuperar la energía y funcionamos en mínimos. Sin embargo, en muchos casos el problema no es el agotamiento físico sino la fatiga mental.
¿Cansancio físico o mental?
El agotamiento psicológico se produce cuando los recursos de atención, autocontrol y regulación emocional se mantienen funcionando a máxima capacidad durante demasiado tiempo. No es un trastorno propiamente dicho, pero puede afectar al estado de ánimo, la concentración, la motivación y, por supuesto, el rendimiento físico.
Lo curioso es que la fatiga mental no se produce solo por estar inmersos en proyectos intelectuales muy exigentes, también puede deberse a la tendencia a darle vueltas a las cosas sin parar o cuando vivimos con las emociones a flor de piel durante mucho tiempo. ¿Cómo se manifiesta?
1. Descansas, pero no recargas
Una de las señales más claras de que tu cansancio es mental, no físico, es esta paradoja: duermes, haces pausas en el trabajo, comes de manera saludable e incluso desconectas, pero sigues igual de agotado, como si todo eso no sirviera para nada.
El descanso suele tener un efecto directo en el cansancio físico ya que el cuerpo recupera la energía. En cambio, cuando estás agotado mentalmente, el problema es la saturación del sistema cognitivo porque tu cerebro ha trabajado demasiado, aunque sea en tareas cotidianas e «invisibles».
De hecho, no siempre hace falta un gran evento estresante para agotarnos mentalmente, a veces basta con apagar los pequeños fuegos cotidianos, intentar anticiparnos a los problemas, tener que tomar muchas decisiones, vivir instalados en la multitarea o sentirnos sobrecargados emocionalmente.
En la práctica, lo notarás porque te despertarás agotado sin una razón clara, con falta de energía. El descanso del fin de semana no te ayuda a recargar las pilas y vuelves al lunes al trabajo como si nunca te hubieses ido. Eso significa que no es un problema físico o de cantidad de sueño, sino de carga mental acumulada que no logras aligerar.
2. Todo te cuesta más de lo que debería
Otra señal muy característica de la fatiga mental es la sensación de esfuerzo desproporcionado, desde responder un correo hasta elegir el menú o limpiar la casa, todo parece tan difícil como escalar el Everest. Tareas que antes realizabas de manera casi automática, ahora requieren una dosis excesiva de concentración, voluntad o incluso una pequeña lucha interna antes de ponerte manos a la obra.
Lo que ocurre es que tu cerebro empieza a percibir cualquier actividad como demasiado complicada. Por eso aparece la tendencia a procrastinar sin un motivo claro, te cuesta terminar tareas simples, tienes una sensación de bloqueo permanente o percibes que necesitas un empujón extra para hacer cualquier cosa que no sea tirarte en el sofá a descansar.
Es importante entender que el agotamiento psicológico no es simple pereza. De hecho, un estudio realizado en la Universidad de Bangor demostró que la fatiga mental prolongada aumenta nuestra percepción del esfuerzo en tareas físicas y nos empuja a abandonarlas antes. Es decir, no es que no podamos hacerlas físicamente, es que nuestro cerebro piensa que le costarán el doble y se resiste.
3. Estás irritable o con las emociones a flor de piel
El tercer signo de agotamiento mental suele ser el más confuso porque muchas personas no lo asocian al cansancio: la irritabilidad. Sin embargo, cuando la mente está saturada, la capacidad de regulación emocional cae a mínimos. A nuestro cerebro le cuesta más frenar reacciones como el enfado, la frustración o la tristeza.
En condiciones normales, la corteza prefrontal actúa como un “filtro” que regula esas respuestas emocionales, pero cuando estamos cansados ese filtro se debilita o simplemente se “desconecta”. De hecho, una investigación llevada a cabo en la Universidad de Birmingham constató que “las tareas exigentes mentalmente conducen a una acumulación de glutamato en el cerebro, haciendo que perdamos la paciencia más rápido”.
Esto se traduce en comportamientos cotidianos que probablemente te resulten familiares, como el hecho de que te moleste más el ruido, pierdas la paciencia fácilmente con los demás, reacciones de manera desproporcionada ante los pequeños problemas o tengas las emociones a flor de piel, de manera que lloras o te enfadas por nimiedades a las que antes no habrías prestado tanta atención.
Curiosamente, después de esas reacciones, suele aparecer un sentimiento de culpa y cierto desconcierto, porque al final reconoces que no era para tanto. Sin embargo, sí lo era para un sistema mental saturado.
En resumen, si te reconoces en estas tres señales, es muy probable que no se trate de mero cansancio físico, sino de agotamiento mental acumulado. Y eso significa que debes descansar de otra manera, ya sea reduciendo la carga de decisiones, bajando el nivel de autoexigencia o creando espacios de desconexión cognitiva reales. Porque a veces el problema no es que tu cuerpo esté agotado, sino que llevas demasiado tiempo sin dejar que tu mente descanse.
Referencias:
Scholey, E. & Apps, M. (2022) Fatigue: Tough days at work change your prefrontal metabolites. Current Biology; 32(16): 876-879.
Marcora, S. M. et. Al. (1985) Mental fatigue impairs physical performance in humans. J Appl Physiol; 106(3): 857-864.
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Lecciones que aprendí dirigiendo a 10.000 personas en China
Hoy tengo el placer de conversar con Enrique Nogueroles, presidente para Asia Pacífico de una multinacional estadounidense del sector automotriz.
Con más de 7 años viviendo en el continente (India y China) y liderando a más de 10.000 empleados en 20 fábricas, Enrique tiene una perspectiva privilegiada que pocos occidentales alcanzan.

