La desinformación sobre Irán debería haber sido evidente ya en 2006, igual que ahora, si los periodistas occidentales hicieran su trabajo en lugar de actuar como taquígrafos de Israel y la Casa Blanca
¿Podría ser que el discurso que Israel ha mantenido durante treinta años sobre Irán —el mismo que convenció a Trump para que emprendiera una guerra de agresión criminal y desastrosa— fuera siempre una ficción, una invención urdida en Tel Aviv?
Lejos de que Teherán represente un peligro existencial para Israel, como ha afirmado durante décadas el primer ministro del régimen Benjamin Netanyahu, ¿podría ser que el verdadero temor de Israel sea que un Irán más fuerte socavara su influencia única sobre Washington, amenazando su estatus como única potencia nuclear de la región —potencia sin supervisión alguna—?
¿Podría ser que gran parte del mundo se enfrentara a un colapso económico simplemente para que Israel pudiera seguir siendo el líder indiscutible de Oriente Medio, un régimen de apartheid que no rinde cuentas y que comete genocidio contra el pueblo palestino y lleva a cabo una limpieza étnica en el sur del Líbano?
La semana pasada obtuvimos una respuesta definitiva, cortesía del New York Times. Es un sí rotundo a todas estas preguntas.
El periódico informó de que Netanyahu no sólo vendió mal a Trump la idea de un rápido cambio de régimen en Irán tras una breve campaña de bombardeos de «conmoción y pavor». También identificó ante la Casa Blanca quién iba a sustituir al ayatolá Alí Jamenei, líder religioso supremo de Irán.
Sorprendentemente, según el Times, Netanyahu designó para el puesto al expresidente iraní Mahmud Ahmadineyad. El objetivo al inicio de la campaña aérea era que Israel eliminara a Jamenei y, a continuación, liberara a Ahmadineyad del arresto domiciliario atacando a los guardias que lo tenían recluido.
Se suponía, al parecer, que Ahmadineyad debía asaltar la ciudadela y hacerse con las llaves del palacio. Pero sólo el asesinato de Jamenei salió según lo previsto.
Se cree que Ahmadineyad, a quien, según se informa de manera poco creíble, se le había consultado previamente sobre el plan, resultó herido en el ataque israelí cerca de su domicilio. Se echó atrás, posiblemente sospechando que también le estaban tendiendo una trampa para asesinarlo, y pasó a la clandestinidad. Se desconoce su paradero actual y su estado de salud.