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Yo tenía una granja… Agricola para iPad. Reseña
Si hablamos de Agricola estoy seguro que muchos ya lo conocéis, ese gran juego de colocación de trabajadores y gestión de recursos que Uwe Rosenberg creó ya hace unos años y que ha estado rondando las primeras posiciones del ranking de la BGG hasta ahora mismo que se encuentra en el segundo puesto. Pues hoy vengo a analizaros la adaptación que el gran estudio Playdek ha realizado del mismo para nuestros dispositivos móviles (aunque sólo para la manzana) y que podréis conseguir por un precio bastante bueno para poder practicar para cuando juguéis con vuestros amigos y poder machacarles.
El juego como he podido comprobar esta muy bien adaptado (era de esperar ya que Playdek para mi son de los estudios mejores que adaptan juegos para el iPad), y como siempre nos permite jugar en modo local; ya sea contra otros amigos o el modo solitario (ya no tendré que desplegar todo el tablero para cuando quiera conseguir este reto), y también nos permite jugar por internet contra rivales aleatorios o contra nuestros amigos; para ello, Playdek ha realizado un sistema de registro para poder llevar nuestras estadísticas y ser más fácil poder conectarnos (esto también lo han llevado ahora al Ascension y seguro que no tardará mucho en llegar al Nightfall y los demás juegos de su catálogo).
Como en todo juego, lo primero que nos dice el juego antes de empezar a jugar es que revisemos el tutorial, para que los que no conozcan el juego puedan jugar, y para los que ya lo conocen, sepan exactamente la mecánica de funcionamiento de la aplicación, ya que aunque sepamos jugar a Agricola, la aplicación de entrada puede parecernos un poco diferente y compleja.
Podemos ver como el juego muestra completamente toda la información necesaria en la pantalla en todo momento. En la parte de arriba y de izquierda a derecha podemos ver el botón de ayuda (para solucionar nuestras dudas y para que nos cambie las casas por las cartas que podemos ver en las imágenes de abajo); cambiar a la granja; lo siguiente es el Periodo, ronda que nos encontramos. Después aparecen los iconos de los jugadores y representados en puntos blancos los trabajadores disponibles que tenemos. Las dos últimas opciones son para volver al menú y demás. En el centro de la pantalla aparecen los tableros de juegos (pueblo o granja dependiendo de donde nos encontremos) y por último en la parte de abajo tenemos dos botones para ver las adquisiciones menores / oficios (botón de arriba representado con un molino) y adquisiciones mayores (representado por el pozo); después el número de vallas y de graneros usados y el total de los que disponemos; lo siguiente el almacén, donde nos dice la cantidad de cada material y ya casi por último la cantidad de comida que necesitamos esta ronda para alimentar a nuestra familia y para acabar los trabajadores que nos quedan por jugar.
Cuando entramos ya en el juego (o en el tutorial) podemos ver como el equipo de Playdek ha cambiado el tablero de siempre, al que estamos acostumbrado a jugar en mesa, y ha realizado un pueblo donde hay muchas casas, las cuales serán las cartas de acciones que podremos realizar. La verdad que al principio esto confunde un poco, pero al estar siempre las casas en el mismo lugar de una partida a otra, como que también podemos poner la ayuda; la cual nos dejará las casas como si fueran las cartas, podemos ya jugar normalmente y sin ningún problema. En cambio, el tablero de nuestra granja es prácticamente igual al que disponemos en el juego de mesa, con lo que este no se nos atragantará al verlo pro primera vez.
Sobre el juego la verdad que poco que decir que no conozcáis, el juego está perfectamente adaptado, dispondremos de todas las adquisiciones y oficios que hay en el juego básico, y encima, en breve pondrán a disposición de los jugadores las demás ampliaciones del juego (eso si, a un módico precio) para que lo podáis tener completo. La inteligencia artificial del mismo es correcta, donde los jugones quizás la encuentren un poco sencilla (pero en que juego no ocurre eso) pero que está bien para poder practicar para cuando nos vayamos a reunir con nuestros amigos para jugar.
El modo solitario la verdad que está genial, nos irá marcando los puntos a conseguir en cada ronda y nos presentarán estadísticas para que podamos ver los fallos que hemos tenido y demás. Es una comodidad poder jugar una partida en 10-15 minutos, mientras que en tablero, con la cantidad de veces que tenemos que colocar los recursos nos llevará mucho más de ese tiempo para poder jugar una partida, además, de que si queremos conseguir superar el reto, o disponemos de mucho tiempo o de una mesa para dejar la partida montada, mientras que de esta forma podemos dejarlo para otro momento sin ningún tipo de preocupación.
La verdad que este era otro de los juegos que andaba tiempo esperando que saliera para el iPad (y del que hemos tenido que esperar ya que han habido retrasos por su compañía) pero que por fin ya está disponible y que todos los fans de este juego ya pueden disfrutar por un precio de $6.99 (5.99€) y que está completamente traducido al castellano, con lo que no tendremos problemas por el idioma a la hora de jugar.
Aquí os dejo el enlace para acceder a la App Store por si queréis haceros con el juego, y en la última imagen, podéis ver mi perfil online por si queréis agregarme y jugar alguna partida.
The Periodic Table of McDonald's

Last week, my husband and I got sandwiches from McDonalds. I ordered the Bacon Cheese Quarter Pounder, and he ordered the Bacon Habanero Ranch Quarter Pounder. They were exactly the same price, but his had lettuce and tomato in addition to the habanero ranch sauce (they also mislabeled them, so I ate his). He was a little put out that two sandwiches of the same price had such different compositions, meaning he wanted the lettuce and tomato. But now we have a handy chart that explains exactly what is on (or in) every item on the McDonalds menu. No more surprises! The full size chart is at Bloomberg Businessweek. Link -via Digg
The Clash -Londres esta ardiendo -Discoexpres Julio de 1977
Compostela es la capital de la queja

La vida sexual en la Unión Soviética
En la época de Stalin la frigidez femenina era un fenómeno masivo. Conviene recordar a tal fin que la mejor manifestación de feminidad quedaba inmediatamente catalogada como decadente y burguesa. Si una mujer usaba lápiz de labios o se atrevía a lucir prendas abigarradas, ya podía estar segura de sufrir las agresiones verbales de los transeúntes y de tener que presentarse en una reunión de las juventudes comunistas o del sindicato, donde la censuraban. Si a este factor ideológico le añadimos la tradicional docilidad y el aplastamiento de la mujer, comprenderemos cómo ha podido ocurrir que una actitud indiferente con respecto al sexo haya llegado a ser un modelo de comportamiento femenino.
En enero de 1977, Simone de Beauvoir inició una campaña para exigir la liberad del médico endocrinólogo Mijail Stern, miembro del Partido Comunista, condenado a trabajos forzados en un campo de concentración soviético. Estaba acusado de recibir sobornos y envenenar niños (sic), además de no disuadir a su hijo de que emigrara a Israel, como le había pedido el KGB que hiciera. En marzo de ese año fue puesto en libertad y obtuvo permiso para salir de la URSS con su familia. En París, en 1979, publicó este libro.
La vida sexual en la Unión Soviética no es un análisis como La tragedia sexual americana de Albert Ellis, un trabajo que era el resultado de un estudio metódico de la cultura popular, estadísticas fiables y encuestas a grupos de pacientes. La obra de Stern es un compendio de recuerdos y deducciones sin más rigor científico que el de la propia experiencia de este médico en la URSS. Está, además, escrito desde las tripas. Su autor, que ya soportó la represión estalinista, estaba recién salido de un campo de concentración en los 70, por lo que no le tenía mucha simpatía precisamente al comunismo en ese momento.
Muchos de los casos que reunió no pueden considerarse como exclusivos de la URSS, pero hay cuestiones de fondo que sí que pueden servir para formarse una idea de lo que era aquello desde el punto de vista sexual. Solo hay que separar el grano de la paja, con perdón de la expresión en este contexto.
Eso sí, antes, hay que tener en cuenta lo que supuso la Revolución rusa. Con los bolcheviques, el país pasó en gran parte de su territorio del feudalismo al desarrollo industrial en un plazo muy breve de tiempo. La mentalidad campesina seguía presente en una población que tenía que demostrar al mundo que estaba formada por hombres de una nueva sociedad. Este proceso, el cambio que se llevó a cabo, se hizo a base de propaganda, adoctrinamiento y represión.
Además, a las penurias que arrastraba el país cuando estaba subdesarrollado, hubo que añadir una guerra civil, la peor parte de una guerra mundial, el estalinismo en toda su crudeza y, en muchas regiones, las consecuencias de las políticas de colectivización del campo. Se sacrificaron varias generaciones para llegar a la sociedad soviética de los 60 y 70, que gozaba de estándares de vida que, por duros que fueran, nunca se habían dado en el país, y que tenía cierta estabilidad económica y servicios básicos de Educación y Sanidad aceptables. Para todo eso, coinciden los historiadores, murieron millones, fueron encarcelados miles y los supervivientes, viene a explicar Stern, pues no eran prodigios de equilibrio mental y estabilidad emocional. Todo esto tuvo su reflejo en el sexo.
No obstante, sin que hubiera mediado una revolución sexual, las diferencias culturales en torno al sexo que presentaban los adolescentes de los 60 y 70 con respecto a sus padres y abuelos eran abismales. De algún modo, hubo una evolución silenciosa. Comenta Stern que era la propia de los países industrializados, aunque le añade un fenómeno característico: al joven ciudadano soviético no le quedaba más espacio para la rebeldía que su parcela sexual. No podemos comprobarlo.
En realidad, el destape propiamente dicho, no se produjo hasta la llegada de Glasnost de Gorbachov, cuando empezó a circular pornografía libremente, aparecían desnudos en televisión y se intentó difundir cierta educación sexual. Pero esto ocurrió a finales de los 80. Antes, telita. Veámoslo.
Los rusos ancestrales
Había una mujer tan borracha que se cayó al salir de la tienda, y destapada quedó dormida en plena calle a la luz del día, cosa que aprovechó un moscovita tan borracho como ella para acostarse a su lado y, tras haberla utilizado, durmióse igualmente a la vista de todos. Los transeúntes no dieron más que en reír hasta que un anciano, afligido por el espectáculo, los cubrió con su chaqueta. (Adam Olearius, Viajes de un bibliotecario alemán por la Rusia del siglo XVII)
El sexo no era considerado como una actividad culpable entre los campesinos rusos. Existían múltiples canciones populares de carácter sexual e incluso fiestas aldeanas donde se llegaba a relaciones libres entre ambos sexos. Tampoco estaban mal vistas en algunos casos las relaciones preconyugales. Pero todo en el contexto de una sociedad patriarcal y machista hasta el extremo.
El domostroi, una especie de regla de vida doméstica del siglo XVI, recomienda que el marido azote a la mujer evitando que los golpes dañen la cabeza o las partes sensibles (…) Pegar a una mujer era algo más que una realidad corriente, era un acto arquetípico, una especie de modelo ideal, digno incluso de ser cantado por el folklore.
La revolución roja… y rosa
Cuando llegó la ruptura, durante los primeros meses de la revolución leninista, en los años 20, hubo un periodo de locura colectiva. La subversión política y económica, con el hundimiento de las instituciones tradicionales, llegaba también de la mano de un deseo de liberación sexual. Hubo manifestaciones de nudistas. Se crearon ligas del amor libre. La juventud estaba exaltada.
Moscú. 1922. Un tropel de hombres y mujeres desnudos se manifiesta por las calles. Hay mujeres que sostienen una pancarta confeccionada a toda prisa, mientras que algunos hombres llevan flores. Varias mujeres andan cogidas de la mano y cantan, con el rostro cubierto de júbilo:
—¡Amor, amor!
—¡Abajo la vergüenza, abajo la vergüenza!
Los transeúntes observan petrificados, presa de una indignación virtuosa o de un éxtasis gozoso. A ratos, hay alguna mujer que se despoja de sus ropas y que se une a la manifestación. Un chequista, con torva expresión, duda si no convendrá disparar al bulto.
En las juventudes comunistas comienza a gestarse la opinión de que el sexo es una necesidad más que hay que satisfacer como el hambre o el sueño, sin santificarlo, sin mitos. El sexo tiene que ser como compartir un pedazo de pan, sostuvo un miembro del Komsomol citado por el autor. Hasta llegó a haber bodas a tres. El poeta Vladímir Mayakovski, cita, protagonizó una de ellas y se casó con una pareja, los Brik.
Los celos pertenecen al pasado. Desterramos de nuestra vida sentimental el sentimiento de propiedad. Quien aspire a la libertad por sí misma, debe admitirla también en un compañero. (Alejandra Kollontai, dirigente del Partido Comunista)
Aunque la liberación no estuvo exenta de pinceladas dramáticas. En algunas regiones se pretendió que las mujeres solteras se inscribieran en oficinas del “amor libre” donde tenían derecho a elegir esposo entre todos los hombres de 19 a 50 años. O viceversa, ser elegida. “A partir de los 18 años de edad, toda muchacha queda declarada de propiedad estatal”, decía un decreto del soviet de las ciudades de Vladimir y Saratov.
A los campesinos, con estos cambios, les daba taquicardia. Pero su lucha tampoco pretendía combatir las conductas liberales, sino algo mucho más simple: el pérfido divorcio. Eso de que una mujer se pudiera separar del marido era, ante todo, un golpe a la explotación común de las granjas. Aunque se dieron casos de campesinos que se adaptaron. Se casaban cuando se iniciaba la temporada de recolección, la primavera, ganaban dos manos para las faenas, y se divorciaban antes de que llegase el invierno, cuando tocaba repartir lo cosechado. Living like the CEOE en plena Rusia soviética.
El malestar entre los dueños del cotarro tampoco tardó en notarse. Había un problema que superaba incluso el disgusto de los campesinos y sus formas de vida tradicionales: el dominio de la población y el mencionado cambio al “hombre nuevo”. Desde el poder, empezaron a llegar señales conservadoras con, por ejemplo, la definición de la sexualidad desde una óptica ideológica:
Sentir atracción sexual por un ser que pertenezca a una clase diferente, hostil y moralmente ajena, es una perversión de índole similar a la atracción sexual que se pudiera sentir por un cocodrilo o un orangután. (Zalkind, Revolución y juventud, 1925)
No obstante, el proceso de creación del “nuevo hombre” siguió adelante. Y para ello, los comunistas se propusieron cepillarse la institución familiar, que hacía de paraguas ideológico. Esto lo cuentan varios historiadores, como el británico Robert Service. El objetivo era que el individuo recibiera la doctrina del Estado sin que su padre, su tío o su madre pudieran ponérsela en duda. La familia era un nexo con el “viejo mundo”. El problema es que cargársela tuvo consecuencias nefastas: se cuadriplicó el número de abortos y aparecieron nueve millones de niños huérfanos, vagabundos y jóvenes delincuentes. Un problemón en el caos de la Rusia revolucionaria. Entonces sí, empezaron a recular:
La misma enfermedad aqueja por igual a la juventud comunista y a los miembros mayores del partido. Entablan relaciones amorosas a la ligera, sin ganas de que duren. La constancia es algo aburrido a su juicio, y los términos de marido y mujer son invenciones burguesas. (Pravda, 7 de mayo de 1925)
“La ausencia de control en la vida sexual es un fenómeno burgués. La revolución necesita una concentración de fuerzas. Los excesos salvajes en la vida sexual son síntomas reaccionarios. Necesitamos mentalidades sanas. (Klara Zetkin)
Así se llegó a la llamada “virtud estalinista”. La familia vuelve, pero no en su formato burgués, sino en una modalidad soviética como para ponerle un marco. Según el ideólogo del régimen, Makarenko, la sociedad delegaba en la familia sus poderes. Era su responsabilidad formar nuevos comunistas. Aparecía el concepto de familia como “unidad de producción humana” para adoctrinar y, entre otras cosas, poner a las madres a parir valiosos hijos para la castigada demografía de la URSS.
La medicina oficial soviética lleva diez años repitiendo con obstinación que el despertar sexual se manifiesta casi siempre en la mujer después de nacer el primer hijo (…) esta incongruente afirmación no pretende remediar la frigidez, sino más bien estimular la natalidad decreciente.
Los hijos tenían que ser pioneros, prestarle juramento al régimen, y el padre un dechado de virtudes “hiperproletarias” que “no hace apenas el amor y suele relegar incluso el amor platónico a un mañana mejor”. Amar a tu media naranja era egoísmo propio del pasado reaccionario. La pareja, la familia, se asentaba en el amor al radiante porvenir.
Los roles, por ridículos que pudieran parecer, se mantenían con la intervención del Estado en todos los órdenes de la vida mediante la delación. Había cónyuges que se denunciaban entre sí. A un niño que denunció a su padre durante la colectivización, Pavlik Morozov, se le levantaron estatuas por todo el país. Los vínculos familiares y el occidental amor romántico pasaron a ser un engendro de relaciones ideológicas y “amor de clase” bastante poco realista con las pulsiones humanas.
Una conocida locutora de la televisión de Moscú, Anna Chilova, engañaba a su marido, que decidió divorciarse. Se desataron las pasiones. Chilova recordó entonces que durante la guerra Chilov había sido evacuado al este del país con el teatro en donde trabajaba, y le espetó: ¡ni siquiera fuiste al frente! ¡no defendiste ni a tu patria!
Para dignificar estas bodas rojas pasaron a celebrarse en palacios del pueblo, que eran preferidos por la población antes que organizar su matrimonio en la frialdad de una oficina del juzgado, después de hacer cola. Las imágenes que hay de estos casamientos parecen llegadas del planeta Krypton.
Los ritos en cuestión copian con gran fidelidad las ceremonias que puedan celebrarse en un país como Francia, pero al mismo tiempo denotan un carácter ficticio, montado, e impregnado de ideología comunista.
Llegan los locos 60
En 1966, una película de Marlen Khutsiyev dejó boquiabiertos a los espectadores soviéticos. Por primera vez desde hacía muchas décadas, una obra de arte mostraba el amor como algo desvinculado de la ideología:
Una de las películas más populares que se hayan proyectado en la Unión Soviética durante los años sesenta fue La lluvia de julio. Vemos que un hombre traba amistad con una chica mientras ambos esperan que pare un chaparrón. Largas conversaciones siguen a este encuentro durante los cuales los dos jóvenes se van enamorando mutuamente sin más unión que el cable de teléfono. La película alcanzó gran popularidad por su carácter insólito y por demostrar que un hombre y una mujer, aun separados, pueden establecer contactos simples y sinceros en los que el amor adquiere tintes de ternura, de delicadeza y de humor.
A lo Gran Hermano, el programa de TV
Pese a todo, lo más insoportable para la vida sexual de los soviéticos fue el problema de la vivienda. Durante muchos años la mayoría de la población de las ciudades compartía apartamentos donde, en cada habitación, residía una familia entera. Los problemas de intimidad no hace falta explicarlos. Las parejas tenían que buscar el momento en el que los abuelos se iban de paseo con los nietos para poder acostarse. Si no, esperar a medianoche y hacerlo en el suelo, para que no crujiera el colchón, mientras los demás dormían. Pero por lo general era complicado librarse de lo ojos y oídos de los vecinos, con los que compartían también el baño.
Los cementerios, los parques y los taxis, a cambio de una botella de vodka para el conductor, se convirtieron en los picaderos habituales de las parejas menos doblegadas por la propaganda y el adoctrinamiento sexual.
Al mismo tiempo, muchos ciudadanos tenían miedo de las apariciones nocturnas de la policía en los domicilios. Un pánico que, si les había tocado alguna vez, no olvidaban jamás. Stern detectó que este estado de ansiedad había llevado a la impotencia a muchos hombres. Y en las mujeres, frigidez. Incluso un síntoma curioso, que los músculos vaginales experimentaran una contracción súbita al más mínimo sobresalto durante el acto y la pareja se quedaba “pegada”.
Además, con este panorama, los manuales médicos soviéticos más acreditados recomendaban sexo no más de una vez al día y con una duración tampoco superior a un minuto. Gustarse haciendo el amor podía causar problemas mentales, advertía la medicina de aquel tiempo. Por no haber, no existía ni traducción para la palabra “orgasmo”, se decía un triste y proletario “terminar”.
Besarse en la calle equivale a cometer una porquería. Permitirse fantasías eróticas en las técnicas sexuales supone convertirse en adepto del marques de Sade. Prolongar la duración del acto sexual es jugar con fuego y arriesgarse a los más graves trastornos neuróticos.
De este modo, varias generaciones de soviéticos viviendo sin intimidad, con la tensión propia de un estado policial y martilleados por la propaganda, desconocían prácticamente todo sobre su cuerpo y la salud sexual.
En general la técnica sexual es muy pobre. La mujer apenas posee experiencia y es muy pasiva. El hombre carece de tacto. Suele ser brutal y expeditivo. Casi siempre se figura que basta con que la verga penetre en la vagina para que la mujer sienta instantáneamente arrebatos de felicidad. Si tal no es el caso, o si al menos no se transparenta esa felicidad, el hombre se enfurece o se deprime. Como ignora que la mujer posee otra zonas erógenas aparte de la vagina, practica muy pocas caricias sexuales. Después de eyacular, se apresura a descabalgar, le da la espalda a la mujer y se duerme.
El mensaje penetró en la sociedad. El “nuevo hombre” de la “nueva sociedad” iba a estar asexuado. Tenía el pudor como una de las grandes virtudes socialistas. Lo cierto es que, efectivamente, existían motivos demográficos para que el poder quisiera convertir a la mujer en una máquina de parir, pero con su modelo familiar negó la naturaleza biológica del sexo. Y de ahí, coger la senda de lo que se han llamado “desviaciones”, por un lado, y del recalcitrante puritanismo, por otro, fue dicho y hecho.
—No se fijen en mí —les dice el fotógrafo— hagan como si yo no estuviera, pueden besarse, no se preocupen.
La joven saltó de indignación.
—¡Cómo se atreve! ¡que tampoco somos amantes! ¿Besarnos? ¿Olvida usted acaso que tenemos hijos?
A la población, analfabeta sexualmente, le podían ocurrir “anécdotas” como Esta:
Descubro que desde hace diez años la mujer recurre a una masturbación involuntaria, perfectamente inconsciente, cuando trabajaba con el taladro. Puede llegar a tener hasta diez orgasmos en un solo día, apoyando su bajo vientre contra la herramienta. A partir del día en que le encomendaron otra tarea, que consistía en descargar ladrillos, cayó en un estado depresivo.
Cruisin, voyeurs y exhibicionistas
Por otro lado, se inició un fenómeno que Stern consideró lo bastante extendido por todas las urbes de la URSS como para entenderlo genuino de este país y su sexualidad: el exhibicionismo. Los típicos hombres desnudos bajo una gabardina eran muy frecuentes. Las jóvenes llevaban la cuenta de cuántos veían cada día.
Pero la cosa no quedaba ahí. Stern también cita el caso de, por ejemplo, una adolescente que se masturbaba delante de la ventana mientras se suponía que estudiaba. En el edificio de enfrente, varios vecinos la miraban cada día. Algo así como el No amarás de Krzysztof Kieślowski, pero en plan línea dura. Y no era algo exclusivo de una chica con picores. Podía ser el caso de ancianas, profesores de universidad, hasta la propia milicia. De hecho, la situación más chocante que trae Stern a colación la protagoniza un policía:
Hace unos años, regresaba con mi familia tras pasar las vacaciones del verano en el Cáucaso. De pronto, el coche que nos precedía empezó a hacer eses. Extrañado, aminoré la velocidad y toque del claxon, pero el conductor del coche no me hizo el menor caso. Observé entonces que tanto él como los que le acompañaban parecían fascinados por algo que aún estaba fuera de mi alcance. Divisé al fin a un miliciano que dirigía la circulación en el cruce ya cercano. No se puede negar que tenía un aspecto singular. Se había sacado el miembro de la bragueta y lo asía por la base con su mano derecha. A la izquierda, a la derecha, stop. El agente dirigía la circulación con la verga, roja como un pimiento.
En algunos casos, hasta se cerraba el círculo de excitación entre mirones y exhibicionistas:
La joven observaba a los exhibicionistas dedicados a masturbarse. Provista de su bloc de dibujo, permanecía sola mucho rato en el parque de la ciudad hasta poder presenciar la escena que esperaba. Tras una vivísima excitación, mucho antes que el exhibicionista hubiese acabado de manosearse el miembro, la mirona llegaba al orgasmo.
Pero el verdadero problema se encontraba en el transporte público. De mirar furtivamente, la gente pasaba ya a manosearse en autobuses y trenes infestados de gente. Si una joven a la que varios hombres intentaban meter mano se quejaba, se ponían a insultarla por fantasiosa y paranoica y nadie decía nada. A otras, sin embargo, les iba el mambo y disfrutaban masturbando el miembro de sus acosadores. Mujeres que ya habían perdido el interés sexual, por la impotencia del marido, por su alcoholismo, por no haber tenido nunca un orgasmo, disfrutaban en estas situaciones con curiosidad morbosa irresistible.
Había un militar en Vinnitsa que iba en tranvía con su mujer: un bache particularmente violento le descubrió que su mujer empuñaba la verga de un sujeto pegadizo.
La gracia estaba en el anonimato. Ahí encontraban la excitación sexual miles de soviéticos, sostuvo Stern.
Uno de mis pacientes de Vinnitsa intentó trabar amistad con una chica que un minuto antes le tenía cogido el pene en el autobús. No obtuvo más respuesta que una sarta de insultos groseros y, para colmo, una acusación de… inmoralidad. En efecto, lo que más importa es el anonimato, el desconocimiento deliberado de la pareja.
Para Stern, existía cierta relación entre el régimen y el hombre bloqueado, con complejo de inferioridad, impotente, que no puede afirmarse sexualmente si no era de esta manera. Las escenas y casos de exhibicionismo y tocamientos furtivos son numerosas en todo el libro. A veces, hasta dan ternura, penita:
Una de mis pacientes efectuaba el trayecto nocturno Vinnitsa-Moscú. Estaba a punto de amanecer, cerca de Moscú ya, cuando mi paciente despertó sobresaltada a causa de unos extraños empellones en la pierna. Entreabrió los ojos y distinguió a su vecino de compartimento completamente desnudo, erguido, en plena erección y zarandeándose el miembro con mirada vivaz. Horrorizada, la buena señora cerró de nuevo los ojos.
—Por favor, no cierre los ojos —gimió el hombre en tono quejumbroso.
—¡Pare enseguida! ¿No le da vergüenza?
La mujer se dirigió a la puerta de un salto.
—Por favor, no se vaya —dijo el exhibicionista casi llorando.
Otro problema, sensiblemente más grave, fue el de las violaciones. Durante la guerra el ejército soviético se caracterizó por violar a diestro y siniestro. Era una actividad consentida por las autoridades militares y una prueba de ello fue la protesta que el dirigente yugoslavo Milovan Djilas le trasladó a Stalin con escaso éxito. Casi se rieron en la cara del montenegrino. Pero luego, todos estos veteranos, de vuelta en la sociedad en su país, siguieron en muchos casos con sus aficiones. En tiempo de paz, exmilitares llenaban las cárceles y los campos de concentración por delitos de violación.
Para muchos de estos hombres, si no era por la violencia, la única forma de excitarse sexualmente era desinhibiéndose con el vodka. En caso contrario eran absolutamente impotentes.
Estos dos pacientes formaban parte de mi labor cotidiana como médico. Eran tan típicos que podría citar a varios cientos como ellos. Erecciones débiles, insuficientes, muy breves o inexistentes.
Stern dice que se encontró con demasiados casos de maridos que violaban y daban palizas a sus propias mujeres como única forma de vida sexual. En otros casos, había cónyuges que solo podían tener relaciones si estaban ambos borrachos. Ese es el retrato que describe de la sociedad que vivió los años duros.
La nueva juventud
Mas todo pasa en la vida y estas generaciones con una vida sexual trastornada por las guerras, las penurias y la violencia psíquica y física del Estado, dio paso a una juventud que había perdido los tabúes y empezaba a comportarse con, digamos, más armonía con la naturaleza humana. Valga este caso como muestra del nivel de ridiculez y machismo que habían alcanzado los tabúes sexuales en la URSS:
Uno de mis pacientes solicitó el divorcio cuando se enteró de que su mujer se había masturbado… durante su infancia. No parece que lo patológico sea lo que él acusaba, sino más bien su reacción. Cuando le pregunté si él no se había masturbado nunca, terminó confesando: Bueno, sí, pero yo puedo. Yo soy hombre.
Casi coincidiendo con mayo del 68, la llegada de Yuri Andropov a la dirección de Seguridad del Estado, el KGB, hizo mucho por los hippies. Sus sistemas represivos pasaron a ser mucho más selectos y sutiles. La policía dejó de actuar con métodos de la edad de piedra, a basarse más en la información, y eso lo notaron las nuevas generaciones, que sin estar atenazados por un miedo atroz como sus padres, pudieron pensar con un poco más de claridad. No en vano, lo primero que empezó a extenderse fue un sentimiento generalizado de tomarse a chufla las consignas del Partido. Algo así como la religión en España, que uno involuntariamente sigue todos sus ritos pero ni los entiende, ni los conoce ni le importan y ni mucho menos se los cree.
El modelo soviético, según Stalin, el del hombre y la mujer asexuados, totalmente faltos de vida privada y entregados de lleno a la causa del comunismo, es hoy un modelo vacío que solo suscita ironías.
En contraposición, empezaron las manifestaciones carcas de los guardianes de la ortodoxia.
Llevar minifaldas es algo muy lícito, pero no por eso hay que condenarse a minisentimientos reducidos, que en seguida delatan necesidades primitivas. (Komsomolskaia Pravda, 1969)
Sin el intrusismo del Estado en la vida privada de los ciudadanos, estas soflamas caían en saco roto. Lo cual no quiere decir que la liberación fuese un jardín californiano. Tuvo sus matices propiamente soviéticos:
La precocidad en la vida sexual de las chicas va unida en parte al consumo del alcohol, compañero indispensable de Eros. Muchas de ellas tienen sus primeras experiencias cuando se hallan sumidas en la embriaguez. Durante los últimos veinte años ha aumentado considerablemente en colegios y universidades el consumo de bebidas alcohólicas y también el de drogas. Si antaño las muchachas tenían tendencia a beber solamente acompañadas de hombres, hoy en día, igual que los hombres, han aprendido a beber entre mujeres, y hasta entre chicas (…) Hay en todo ello un igualamiento de sexos al más tosco de los niveles.
Las pacientes de Stern empezaron a tener una vida sexual relativamente normal, la mayoría de las veces al margen de la educación que les habían dado sus padres. Dice que muchos adolescentes a edades muy tempranas ya se mostraban más maduros que sus progenitores. Los problemas que llenaban su consulta pasaron a ser por palizas a hijos que se masturbaban, por ejemplo, o que ya tenían relaciones. Pero, claramente, la sociedad ya iba por otro camino:
Existe asimismo un juego entre los adolescentes al que llaman “dar por dar”. Se desarrolla de la siguiente manera: dos o tres niñas de doce o trece años, que se pasean por la calle Lenin de Vinnitsa o la calle Gorki de Moscú, se cruzan con un grupo de niños de parecida edad, se para y les dicen de “dar por dar”. No hace falta más explicación, encuentran un lugar apartado y se masturban colectivamente.
Claro que otra revolución pendiente, como la de la aceptación de la homosexualidad, todavía quedaba muy lejos. De hecho, aún no ha llegado a los países eslavos un clima de respeto y tolerancia con la población LGBT. En pleno siglo XXI, tanto en Moscú, como Kiev o Minsk, hasta en la siempre festiva Belgrado, te pueden dar una paliza un grupo de hooligans por llevar una camiseta de flores o algún detalle que cuestione su se conoce que frágil virilidad. Entonces, en la URSS, era mucho peor. Primero, porque la homosexualidad estaba considerada un delito. Después, por la culpabilidad:
Los homosexuales viven en un perpetuo estado de terror, de quebranto y acoso. A veces, llegan a sufrir incluso graves trastornos psíquicos.
Muchos, cuando veían que se sentían atraídos por otros hombres, acudían a la consulta de Stern considerándose ellos mismos enfermos. Su vida, su día a día, por otra parte, no difiere sin embargo de lo que podía haber en Madrid o en otras capitales. Encuentros fugaces en urinarios, etcétera. Hay un libro, por cierto, del polaco Michal Witkowski, que se llama Lovetown y cuenta cómo eran estos submundos en la RDA, Polonia y la Checoslovaquia comunista. Es una maravilla.
Pero lo que sí que marcaba la diferencia con respecto al resto del mundo era la percepción que tenían los propios soviéticos de la homosexualidad. No ya que si uno recibía señales de su cuerpo cuando viese a alguien de su mismo sexo se sintiera enfermo, sino un esquema de valores mucho más distorsionado.
El autor de La vida sexual en la Unión Soviética pasó varios años en la cárcel y un campo de concentración, como hemos dicho. El capítulo dedicado a esta experiencia no ofrece realmente nada nuevo o diferente. Burdeles homosexuales dentro de las cárceles han existido también en España. Igual hasta siguen existiendo. Así como la homosexualidad como única opción posible en el mundo carcelario. Lo singular, decimos, es la forma de entenderlo. En el campo de concentración, relata, una serie de presos bien situados elegían con cuáles de los otros presos se iban a acostar. Prendían a la víctima y la violaban. Si les gustaba, hasta se la quedaban para ellos, para su uso exclusivo. Bastaba un rostro bonito o unos glúteos redondeados para ser elegido. El asunto es que cuando se violaba a alguien, se convertía inmediatamente en “intocable” y el resto de los presos los repudiaba. Tenían que vivir apartados y donde tocaban nadie más volvía a poner las manos. Les llamaban “los pederastas”.
Stern en una ocasión habló con unos violadores y les explicó que no tenía sentido que los violados se llamasen “pederastas”, que en todo caso lo serían los sodomitas, no los sodomizados. Casi le dan una paliza. El que recibía era el indigno. Y todos lo asumían, incluso ellos.
El resto de cuadros que pinta de la sociedad soviética son menos exclusivos. Por ejemplo, habla de que existía prostitución a todos los niveles. Sobre todo en los recintos vacacionales del Cáucaso. Pero también en el trabajo, en la designación de secretarias y otro tipo de puestos muchas veces había intercambios sexuales de por medio. Sobre todo en las ciudades pequeñas, que ya tú sabe cómo suelen funcionar las cosas en los pueblos de todo el globo terráqueo. Pero nada que podamos citar como genuino de aquellas latitudes.
Mención aparte merecen, eso sí, los cuerpos represivos. Stern también ofrece una muestra importante de policías y militares tocados del ala en cuestiones sexuales. Querer entrar en estos cuerpos solía responder al perfil de acomplejados, sádicos o impotentes, pero no hay datos globales que puedan sostener aseveraciones de este calado. Es la pena, como en otros tantos aspectos de la URSS, la sociología exenta de propaganda dura brillaba por su ausencia. De hecho, esa misma falta de conocimiento estadístico fiable del propio país fue una de las causas que, entre otras, estancaron su economía. Lo que es un hecho es que, a la vista de este y otros testimonios, la URSS no logró liberar al ser humano de la esclavitud de los prejuicios y tabúes sexuales.
Uno de mis pacientes, un policía, me habló excitado de un nacionalista ucraniano al que había matado en Ucrania occidental una vez terminada la guerra:
—¿Entiende? Lo coloco al borde del hoyo que yo mismo le hice cavar, me dispongo a dispararle y entonces veo que se le empalma la verga, una verga enorme. ¡Cómo me gustaría tener un aparato como el suyo!
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Para más información:
Lo que usted siempre quiso saber sobre el sexo en la URSS en Rusia Hoy
19: EL NÚMERO DE LA MUERTE
Por sí sólo ya lo convertía en una macabra anécdota, pero intuía algo más, esa extraña sensación de que no podía ser casualidad, o de que la casualidad podía ser mayor, así que tras una intensa investigación de cinco minutos en Google comienzo a descubrir cosas extrañas, como que cada año, en septiembre, se estrella un aereoplano en el Nepal dejando 19 muertos.
Al descubrirlo, un escalofrío recorrió mi cuerpo, pero seguí investigando.
Ni siquiera las temperaturas escapan a la macabra regla: haga frío o calor, los muertos serán 19. También da igual si llueve mucho o hace mucho viento.
Ni siquiera en nuestro país podemos estar tranquilos. Ya sea e vacaciones de verano o en Navidad, los muertos en carretera serán 19.
Da igual el medio de transporte.
Incluso en medios de locomoción tan poco habituales como el transporte en globo.
Si las cosas explotan o se derrumban
Si la situación del país es de violencia
O si se trata de una fiesta.
Sea por lo que sea, el 19 es el número de la muerte. Quizá sea una cifra mediática, que lleva ese "Casi una veintena" como coletilla tácita. Quizá haga la noticia suficientemente grande pero no nos cause intranquilidad ni alarma o se trate de un protocolo secreto de la ONU para la cuantificación estimativa de toda tragedia. Tal vez se esconda detrás la mano negra de los científicos israelíes. O quizá sólo sea una funesta casualidad. No lo sé. Pero parece claro que cuando hay 20 personas, sólo puede quedar una.
Actualización: Ni siquiera los elefantes escapan a la maldición del 19
Shy Fennec Fox Kits Emerge at Artis Zoo
Caretakers at Artis Zoo in Amsterdam are keeping an eye out for kits in their Fennec Fox exhibit. The mother has quietly given birth to at least two male kits since July 2nd, but it still isn't clear exactly how many have been born. Every now and then, caretakers have caught a glimpse of some kits and heard little squeaks coming from behind stumps and other hiding places.
Photo credits: Ronald van Weeren / Artis Zoo
Fennec Foxes live in the deserts and semi-arid lands of northern Africa. Also called the Desert Fox, their most notable feature are their ears, which are enormous in proportion to their body size. An adult Fennec Fox measures about 16 inches (40 cm) in body length and has ears six inches (15 cm) long. These huge ears are used for cooling the body of excess heat and for locating prey, such as lizards, insects, and eggs, buried deep under the desert sand. Fennec Foxes are a species of Least Concern on the International Union for Conservation's Red List of Threatened Species.
Kid bands covering The Ramones’ ‘Blitzkrieg Bop’

Illustration: John Pound
Hearing The Ramones’ debut album for the first time ranks right up their with getting my cherry popped, my first acid trip and watching my daughter’s birth. There are certain touchstones in one’s life that mark the point at which something switches on in your body chemistry that alters you forever. For me, these changes are generally induced by sex, drugs and/or rock and roll.
In the mid-70s I was living in the heart of John Denver country. The rock and roll scene in the Boulder/Denver area was dire. Hippie shit still ruled the airwaves and Deadheads in tye-dyed t-shirts and Jesus spats shuffled through the streets and parks on a perpetual Rocky Mountain high. I read Bukowski, listened to Lenny Kaye’s Nuggets compilation and leered through my window at the freaks contentedly loping along like those dumb multi-colored bears you see on Grateful Dead beer cozies. What were they so fucking happy about? Rock and roll was dead and I wasn’t feeling so good myself. Something had to change.
The change came with the arrival of The Ramones. The boys from Queens returned rock to its roots: short catchy tunes played fast with maximum energy. In 35 minutes they distilled the music I loved to its essence. I pulled out my dust-covered Telecaster with its rusting strings and started writing songs again. I was inspired and reminded that two or three chords is all it took to change the world or to at least make it a bit more inhabitable.
Close to four later and the band that many considered a joke when they came on the scene are finally recognized as rock and roll legends. Their music has only gotten better with age. The first three Ramones’ albums are indisputable classics and those of us who defended them and supported them have gotten the last laugh.
In 1976 had you told me that in 2011 The Ramones would be heroes to kids all across America, I would have loved the notion but thought it improbable. But that’s exactly where things are at. The Ramones rule America’s suburbs now more than ever. And it’s a beautiful thing.
One evening while doing Youtube research on The Ramones I came across several videos of kid bands covering “Blitzkrieg Bop.” As I continued to scroll through Youtube, the several became dozens and it was then I realized that the kid band/‘Blitzkrieg Bop” thing was a bona-fide phenomenon. In the time it takes to listen to a Ramones’ album, I discovered more than a hundred videos of teenybopper combos covering “Blitzkrieg.” The song is an anthem for children who are no bigger than the instruments they’re playing. And some of these pre-teen punks are as good as many of the bands I saw at CBGB on audition night.
I gathered some of the videos together for your listening pleasure. The only stipulations I made regarding which bands qualified for this little overview of Blitzkrieg mania are the groups had to appear to be under 16 years of age and had to actually be playing instruments. There are a couple of videos where the bands are augmented by a backing track or, in one case, an adult (Sami Yaffa from Hanoi Rocks). I made an exception for those because the kids performing are so damned good or so damned charming. There is a particularly sweet acoustic performance in the mix. And I threw in one band covering “I Wanna Be Sedated” because I liked their style.
‘Blitzkrieg Bop’ is pure, simple, infectious rock and roll with a chorus that won’t quit. It appeals to the kid in all of us and “the kids are losing their minds.”
So here they are: the future Ramones of America. And some of the brothers are sisters! “Hey, ho, let’s go!”
It’s been over two years since I originally posted this piece on Dangerous Minds. Since then, there have been dozens (perhaps hundreds) of new videos of kids playing “Blitzkrieg Bop” uploaded to YouTube It’s unstoppable!
El fantasma de Anya: mucho más que un cuento de miedo para jovencitas
Snob<3
A primera vista, y no es una aproximación engañosa, El fantasma de Anya de Vera Brosgol, aquí editado por Norma, se antoja como un agradable cuento de miedo para jovencitas y adolescentes. El delicioso estilo gráfico de Vera Brosgol remite al cartoon moderno y puede emparejarse al Scott Pilgrim del canadiense Bryan Lee O’Malley, por poner un ejemplo que aunque injusto deja las cosas claras. Y como éste, toma los problemas de la adolescencia de una forma festiva pero nunca gratuita. Es por eso que esta historia sobre una adolescente tímida, un poco regordeta y temerosa de ser un bicho raro que mejorará su existencia a partir de su encuentro con un fantasma, con su toque siniestro pero sin pasarse y sus problemas de instituto, relación familiar y amores imposibles encuentre en el lector joven, especialmente femenino, su público idóneo; pero es mucho más, como prueba el hecho de que me haya gustado mucho siendo yo un lector cercano ya a la cincuentena, curado de espantos y versado en las historias de fantasmas.
Como digo, El fantasma de Anya gira alrededor de la adolescencia como conflicto, y lo hace de manera suave, sin apretar las tuercas y desde el momento, pero luego se va revelando como algo más, empieza a apuntar aristas y acaba convirtiéndose en una eficaz historia de fantasmas que encima es eficaz. No puedo desarrollar mucho más esta reseña porque sería desvelar demasiado, pero me encanta el dibujo y su impulso alegre y agil, el desarrollo tan bien medido de la historia o los detalles que la hacen ir más allá de su aparente sencillez. Leo que Vera Brosgol se ha forjado trabajando para la industria de la animación, y eso se nota para bien, y que esta es su primera novela gráfica. Como debut es brillante porque atiende a la historia y por ser una lectura fresca, agradable y con sus dosis de sorpresa. Es posible que en realidad no aspire a más que ser una buena historia de fantasmas para adolescentes, pero resulta tan digna y honesta que merece mi aplauso.
El artículo El fantasma de Anya: mucho más que un cuento de miedo para jovencitas apareció primero en GenComics.
El azul es un color cálido: el día que Cannes se rindió a la novela gráfica
Lo leí casi de refilón cuando Dibbuks, responsable de la edición española, lo puso en Twitter: la película ganadora del Festival de Cannes, ante la que se rindió crítica y público, adapta una novela gráfica. No es que leyera todas las crónicas sobre La vie d’Adèle de Abdellatif Kechiche tras ganar la Palma de Oro, pero ninguna de ellas mencionaba su condición de obra adaptada de una novela gráfica: El azul es un color cálido de Julie Maroh. Es el tipo de cosa que despierta mi interés, claro, y que me deja muy claro, en lo personal, que por mucho que me esfuerce es imposible conocer todo lo que se publica en nuestro país.
Dice el director que como adaptación es muy libre. No he visto la película pero supongo que así será, sobre eso no puedo decir nada. De entrada, confieso cierto recelo ante el premio. Se trata de una historia de amor protagonizada por lesbianas premiada en un momento en que Francia vive sorprendentemente alterada por la legalización del matrimonio gay, algo que pensaba que nuestro vecinos tenían ya muy superado. Como enemigo declarado que soy de la corrección política es el tipo de cosa que me pone en alerta, aunque es cierto que todas las crónicas hablan de una película emocionante que llenó de lágrimas la platea de Cannes.
Vale, resulta que El azul es un color cálido de Julie Maroh es una novela gráfica editada en España por Dibbuks cuya adaptación cinematográfica recibe todos los parabienes. Pues habrá que leerla, me dije. Y ahí llega mi primera sorpresa: resulta que pese a ser un título que me pasó totalmente inadvertido, la primera edición (junio de 2011) estaba totalmente agotada (aunque ya hay una segunda en marcha). Que conste que tiene una explicación: como historia de amor homosexual tiene un público muy concreto, obvio y al que sin querer ignoramos. Afortunadamente, el servicio de bibliotecas públicas de Barcelona funciona muy bien y me puede hacer con un ejemplar para leerlo.
Lo de afortunadamente no es gratuito porque se trata de una muy buena novela gráfica. Todo apuntaba a ello, claro. Julie Maroh, con un agradable estilo realista con rastros de manga (especialmente en los ojos) narra una historia de amor entre mujeres que se alimenta de sentimientos muy poderosos y desborda honestidad, cuestión muy importante porque a veces este tipo de obras (y no me refiero sólo a las de temática gay) pueden estar hechas, sin querer, desde la exclusión de quien no pertenece al colectivo. El azul es un color cálido es una historia de lesbianas, sí, pero sobre todo es una enorme historia de amor protagonizada por una adolescente que duda de su sexualidad y que se enamora de una mujer adulta, que irrumpe en su vida y la absorbe mientras sale del armario y vive en el caos propio del fin de la adolescencia.
Es una historia hermosa, trágica y real, muy humana y que se mantiene firme ante las tentaciones (la lágrima fácil) de un género, el romántico, que no me es afín. De ahí que me parezca una novela gráfica destacable que además permite empatizar con un colectivo, al que no pertenezco, precisamente porque no hace bandera de ello y sí del amor y la pasión, sentimientos tan poderosos como universales.
El artículo El azul es un color cálido: el día que Cannes se rindió a la novela gráfica apareció primero en GenComics.
EPÍSTOLAS LIBRESCAS (III): ¡VERANO!
Buenos días, Absence:
Parece mentira que ya hayan pasado otros dos meses. Casi tanto como lo parece todo lo que ha sucedido librescamente por medio, desde el Día del Libro a la Feria del Libro de Madrid que terminó, para bien, hace a penas dos semanas.Lo que ha significado, como siempre, un enorme número de apuestas, propuestas, ideas y lanzamientos a bulto. Más de cuatro mil entre unas cosas y otras, pero tranquilo, no voy a hablarte de todos esos. Ni siquiera de cien, esta vez he logrado moderarme... Un poquito.
Escoger media docena de destacados para los menos pacientes siempre ofrece una imagen algo lunática de la industria editorial y, por tanto, bastante fiel. Algo así debería pensar el que encuentre en las estanterías de su librería de confianza Cómo hacer bien el mal, del gran Harry Houdini, ed. Capitán Swing. Escritos sobre lo que podríamos considerar los rudimentos de la psicología criminal, desde reflexiones y sugerencias para cometer crímenes a entrevistas con los dos lados de la justicia. Todo eso y, además, una serie de escritos sobre su profesión con explicaciones sobre trucos y reflexiones sobre la misma. Un libro magnífico, como ves.
Otro libro de no ficción que seguro que te interesa -si es que no lo tienes ya- es Crónicas quinquis, ed. Libros del K.O., la recopilación de los artículos que Javier Valenzuela publicaba en El País durante los años ochenta sobre los jovenes de los entornos marginales, sus choques con la justicia, la brutalidad de alguna de sus acciones... Un recuerdo de dónde venimos, qué hemos visto y cómo podemos acabar de nuevo.
Pero pasémonos a la novela, y hagámoslo con el que va a ser uno de los libros del verano: La verdad sobre el caso Harry Quebert de Joel Dicker, ed. Alfaguara, en la que este suizo que escribe en francés monta una novela ambientada en New Hampshire que es todo un triunfo. Cuatro capas diferentes se van uniendo y separando; el encendido lo da una muerte -lo que debería convertir esto en una novela negra- el contrapunto refrescante lo da una sátira del sistema editorial actual pero lo importante, donde mejor se muestra el autor, es en las historias alrededor de esto, la que narra la amistad entre el narrador y su mentor y la que cuenta la vida del pueblecito en el que sucede la acción, Aurora, en el pasado y el presente. Es una muy buena novela, imperfecta y quizá algo inmadura aún, pero que da gusto más aún que habérsela leído el leérsela.
Sigamos con otro crimen que importa más bien poco al autor, Stephen King, que en Joyland, ed. Random, se marca uno de sus relatos de paso a la edad adulta con un parque de atracciones de fondo y una trama de género negro por detrás para justificar su publicación original en la pequeña editorial Hard Case Crime. Como suele pasar con sus libros de tránsito adolescente es una pieza magnífica. Lástima, eso sí, que la editorial no haya respetado la fantástica portada original. -Y si tienes un momento te recomiendo que te pases por la web de la editorial americana, podrás practicar tu inglés con alguno de los mejores autores encerrados en libros bellos.-
Mucho más fantástico es lo que Manel Loureiro trae en su nuevo libro, El último pasajero, en Planeta, aunque ya no toquen zombies. En su lugar tira hacia una mezcla de aventuras con toques fantásticos y pulp, una gran mezcla como puedes imaginar, algo así como usar a Preston & Child para guionizar una película de Amando de Ossorio. A un tiempo perfectamente internacional y completamente español.
Hablando de sobrenatural, no te puedes hacer a la idea del pedazo de trabajo que acaban de sacar en Satori, se llama Japón sobrenatural. Susurros de la otra orilla y lo escribe Daniel Aguilar que se ha molestado en repasar y recopilar la historia de Lo Sobrenatural en Japón, desde las viejas leyendas hasta las últimas películas, con puntos de vista que van de lo sociológico a la crítica cultural, y todo ello bien ilustrado. Merece la pena el precio y el peso.
No está sólo en su acercamiento al país nipón porque la llegada del Año Dual España-Japón 2013/2014 se va notando un poco en todas partes.Por ejemplo, con el lanzamiento también en Satori de Héroes de la gran pacificación, un repaso bellamente ilustrado con multitud de ejemplos de ukiyo-e de los samuráis de la historia del país. Y también del género fantástico. Quaterni saca Mitos populares de Japón, una colección de historias de Yunios Kaganita y también la recopilación de cuentos fantásticos del gran Okamoto Kido: Fantasmas y Samurais.
Hay que reconocer que el fantástico está tirando muy bien últimamente, cada vez más editoriales se unen a la fiesta, la última de las cuales es Fantascy del grupo Random House. La creación de ese sello les permite englobar autores que ya tenían, como Pratchett, con otros que se traen nuevos. De entrada han fichado a China Mieville, que siempre es un acierto, y nos traen su Embassytown que es de lo mejor que ha sacado últimamente, y dentro de esos autores que cambian de sello publican La bomba número seis, un recopilatorio de cuentos de Paolo Bacigalupi -sí, el de La chica mecánica- así que bienvenido sea.
Lo que me recuerda que en la colección de Literatura Fantástica de RBA han publicado el siguiente de Alera de Jim Butcher, La furia del aprendiz, y también un Tad Williams que se adentra en eso que han llamado urban fantasy con Las sucias calles del cielo. En cuanto a Ediciones B, sacan un nuevo Caleb Carr, La leyenda de Broken, que sigue los estilos de la fantasía épica. Y es que aquí hay para todos.
Volviendo a Japón, en Planeta, dentro de su sello Booket de bolsillo, han publicado la novela que originó todas las evoluciones posteriores de Battle Royale, obra de Koushun Takami, y a al vez recuperan, Minotauro mediante, Laberinto de muerte de Philip K. Dick y lo último de Christopher Moore, en esa misma editorial, Un lío de mil demonios. Además de eso puedes echarle un ojo a El ladrón cuántico de Hannu Rajaniemi en Alamut, una novela de lo que llaman ciencia ficción dura con un toque de locura y atracos perfectos, perfecta para expandir la consciencia.
También puedes echarle un ojo a los clásicos porque Valdemar ha decidido recuperar a Vernon Lee con El principe Alberico y la Dama Serpiente que reúne 13 relatos góticos de la errante autora británica; otra mujer interesante, Thea von Harbou, ve recuperada la novela Metrópolis gracias a Gallo Nero, permitiéndonos ver los parecidos y diferencias con la magnífica película que sacaría de ella su entonces marido Fritz Lang; y para tener un poco de todo en la Biblioteca del Laberinto Wonder Stories (1929-1936) nos trae la selección de Francisco Arellano de la revista con la que Hugo Gesnback sustituyó su querida Amazing Stories. ¡Pulp del bueno!
Ya que estamos con el fantástico vamos a usarlo de puente para que te hable de una recuperación ampliada que seguro que te suena, la Historia natural de los cuentos de miedo de Rafael Llopis, todo un clásico que Fuentetaja trae desde los años setenta y que, todo sea dicho, quizá hubiera agradecido algún repasito editorial. En cuanto a los nuevos apéndices de Jose Luis Fernández Arellano... bueno, es algo nuevo. Seguimos en ensayo aunque ya no es un asunto fantástico, pero podría serlo, (h)Adas, el libro de Remedios Zafra para Páginas de Espuma, en la que analiza, a medio camino del ensayo más riguroso y la ficción, la historia de Ada Bryon y otras mujeres que han unido la informática, la tecnología, con la creación. Tan interesante como El gran Mónico, de Manuel Lozano Leyva en Debate, una historia casi biográfica de uno de los primeros y más desconocidos inventores españoles de la era eléctrica.
Pero si lo que te ha interesado de (h)Adas es su feminismo, ahora que está ganando más relevancia todo lo que concierne a las mujeres. En Anagrama se han apuntado publicando Cómo ser mujer de Caitlin Moran, un nombre bien conocido en Reino Unido, periodista cultural y satírica, con bastante sentido del humor. En este trabajo repasa lo que ha significado ser mujer durante toda su vida y más especialmente lo que significa a día de hoy. Pero volvamos a la difusión científica porque RBA ha rescatado un texto inédito de David Foster Wallace, Todo y más: Una breve historia del infinito, un repaso al concepto del infinito en sus múltiples posibilidades matemáticas y filosóficas.
Y si quieres seguir por esa mezcla de ciencia y filosofía no te puedes perder el alucinante y alucinado La insurrección invisible de un millón de mentes de Alexander Trocchi en Capitán Swing, autor situacionista que se nos presenta aquí en una rara mezcla de pequeños ensayos y relatos. Aunque si quieres un ejemplo de escritura centrada en los trastornos de la mente échale un ojo a "Escritos sobre genio y locura" de Fernando Pessoa en Acantilado, antología de textos sobre lo que determina que una persona sea un genio, un perturbado o ambas a la vez. Si prefieres otro tipo de perturbados en Ilarion han reunido a diversos autores -escritores, dibujantes, críticos...- nacionales para reflexionar y crear a través de los clásicos de la literatura, y el primer elegido es Moby Dick.
De un clásico a otro porque a Guy Talese le han recuperado sus crónicas deportivas en Alfaguara con el título de El silencio del héroe, demostrando que también el periodismo deportivo se puede hacer bien. Igual que Democracia en venta de Loretta Napoleoni, en Paidós, nos enseña que se pueden sacar libros interesantes sobre la crisis. Y 1688 de Stece Pincus, de nuevo en Acantilado, nos permite sumergirnos en un año, en los sucesos que en él tuvieron lugar y los cambios que se sucedieron. Igual que en 1913. Un año hace cien años, ed. Salamandra, Florian Illies nos muestra con humor y una mezcla de historia y anécdotas lo que han cambiado -o no- los tiempos. Volviendo a Acantilado Nuestro pan de cada día de Predrag Matvejevic es un recorrido histórico y sociopolítico siguiendo el rastro de el pan. Para que te sientas Pulgarcito. Aunque reconozco que mi libro favorito de no ficción de este bimestre es Los sofistas, en Alianza, un recopilatorio de textos y pequeñas semblanzas de los más importantes sofistas y de un par de sus imitadores y trucos favoritos.
Aunque creo que encontrarás más de tu agrado el apartado de biografías, quizá no tanto el bombazo que está siendo la de John Maynard Keynes de Robert Skidelsky en RBA, extenso análisis del conocido economista, como la autobiografía de Assata Shakur, llamada simplemente Una autobiografía, ed. Capitán Swing, en el que la revolucionaria y Pantera Negra cuenta sus luchas, problemas y vivencias.
Pero me he liado con el ensayo y me he olvidado de hablar de la narrativa, ¡y mira que hay un punto de unión! Porque Tusquets le ha editado a Jon Bilbao que en Shakespeare y la ballena blanca se pregunta qué hubiera ocurrido si El Bardo hubiera tenido la idea de escribir sobre el monstruo Leviatán mucho antes que Melville. Y no es la única novedad con elementos meta porque la siempre activa tribu Malaussène regresa de la mano de Daniel Pennac en Entre moros y cristianos, ed. Debolsillo, y aunque esté lejos de sus primeras incursiones siempre es de agradecer el regreso de esta particular y dinamitera familia. Siguiendo con los libros tenemos a un autor al que conocer es amar, Jorge Ibargüengoitia que en su primera novela, Los relámpagos de agosto, nos traía una construcción y reconstrucción no sólo de las memorias, también de los procesos revolucionarios y el uso de la historia -creíble o creada- como herramienta en mitad de una gozosa sátira. Más amarga pero no menos satírica es Karoo, de Steve Tesich, ed. Seix Barral, la historia de un guionista cínico y hastiado, ocupado arreglando guiones y despreciando a la humanidad, como si hubieran decidido fusionar Mejor... imposible con La conjura de los necios. Otro maestro de la literatura con personajes torturados y un extraño humor es Joseph Heller que en Algo ha pasado, ed. El Aleph, nos ofrece el anverso luminoso y el oscuro reverso del triunfador. Tampoco es más luminosa la Mujer de barro de Joyce Carol Oates en Alfaguara, más cercano a sus obras más humanas, escabrosa como siempre en la historia de una mujer que habiendo sido abandonada de niña parece haberse construido una nueva vida exitosa sólo para ver cómo todo se tambalea.
Por suerte también hay resquicios para la esperanza, como en la turbulenta El señor Fox de Helen Oyeyemi, ed. Acantilado, que mezcla metaliteratura y reconstrucción de los cuentos de hadas con una reflexión sobre el amor. Una distinta a la que realiza Junot Díaz en Así es como la pierdes, ed. Mondadori, en una serie de cuentos sobre el amor y sus problemáticas desde una amplia variedad de premisas, casi como si se quisiera ilustrar las distintas facetas. Algo parecido a lo que Casarse sirve para el sueco August Strindberg, ed. Nórdica, que en esta treintena de cuentos y sus añadidos ofrece una mirada con un especial sentido del humor, o al menos del desparpajo pues de tan cínicos y amargos puede llegar a dudarse que haya una risa más que helada entre las páginas.
Hablando de sentidos del humor especiales, Impedimenta ha traído por fin a España el Enterrado en vida de Arnold Bennett, una comedia a la inglesa que habla del arte, los dobles y la crítica, también del amor, pero ese ya es un tema secundario pudiendo seguir la historia de un hombre que un día es dado por muerto. Algo que quizá parecería más propio de los Cuentos inéditos de Bram Stoker, ed. del Viento, siete relatos de distintos tipos y materiales, serios y humorísticos, que permiten aumentar la imagen del escritor irlandés. Y de ahí a un falso inglés como es John Lanchester que ha logrado en su novela Capital, ed. Anagrama, darle una vuelta a la narración sobre vidas cruzadas usando un barrio como dentro de la acción y a la tan traída crisis como ominosa presencia amenazadora que transformará a los distintos personajes. -Aprovecho para tomarme una libertad, sé que no es este el lugar de hablar de cómics, y que debería regresar a GenCómics para eso, pero si hay alguien interesado en la historia de las teorías económicas e incluso de la propia economía, que no se pierda Económix de Michael Goodwin con ilustraciones de Dan Burr, en Lunwerg, porque es un trabajo de síntesis y resumen absolutamente magnífico-. Terminaré esta etapa con algo que te gustará sin duda, Motorman de David Ohle, en Periférica, un clásico de la subcultura setentera americana creador de esta mezcla de distopía y paisaje absolutamente actual que camina por el filo de la navaja de la fantasía y la revolución.
Algo parecido a lo que logran dos de las grandes recuperaciones de este bimestre, me refiero a la enormísima Lanark, ed. Marbot, que sin duda decora ya tus estanterías, y al libro de relatos Historias inverosímiles, en general, ed. Rayo Verde, ambos surgidos de la prodigiosa cabeza de Alasdair Gray y con un componente de extrañeza y fantasía alusiva indudable. Igual que son indudables los méritos de El plantador de tabaco de John Barth (Sexto Piso), una obra entre Stern y Voltaire, con una extensión e intención de resonancias cervantinas y, pese a todo, plenamente original.Y siempre hay que citar cuando un traductor se esmera, en este caso Eduardo Lago que se pasó cinco años componiéndola.
Otra recuperación deliciosa, aunque esta haya conocido más ediciones, es la siempre divertida Tres hombres en una barca, por no mencionar que lo edita Blackie Books, de manera que la obra fundamental de Jerome K. Jerome puede llegar una vez más a un público que no espera todos los problemas que una tranquila travesía fluvial puede traer a nuestros tres protagonistas... y su perro. Por cierto, no es la única recuperación notable de Blackie porque también ofrecen la posibilidad de hacerse con Los millones, la primera novela de Santiago Lorenzo. Un libro muy divertido que supongo conoces de sobra. Así que pasemos de español a español con Francisco García Pavón, porque veo menos probable que conocieras La guerra de los dos mil años, ed. Salto de Página, de nuevo una parábola distópica -a la fuerza, y crítica con su tiempo, más extraña aún por ser de un autor tan directo habitualmente. Con Bohumil Hrabal, sin embargo, era más de esperar algo como La pequeña ciudad donde se detuvo el tiempo, ed. Galaxia Gutenberg, una historia sobre cómo las circunstancias pueden cambiar pero eso no significa que las personas tengan que hacerlo. Un pueblecito en el que pasa de todo, desde los nazis a los soviéticos, algo que podría contraponerse a otro de los rescates, El octavo día de Thorton Wilder (Automática), una obra que podría haber sido de género negro pero no lo fue, prefirió centrarse en las familias a las que se le había negado la tranquilidad, la paz, por el crimen que hay detrás.
Si buscas recuperaciones de género negro también las hay, Navona Negra trae una nueva versión de La promesa de Friedrich Durrematt, ese libro imprescindible que se escindió de lo que sería el guión de El cebo tras un montón de historias que no vienen al caso y que muestran un ritmo magnífico y una inesperada penetración psicológica. Toda una clase de novela negra condensada. Y otro maestro del género de regreso con nosotros es Lawrence Block que en Los pecados de nuestros padres, ed. RBA, ve rescatada la primera aventura de Matthew Scudder, igual que la segunda aventura de Parker El hombre que cambió de cara, que Donald Westlake firmó como Richard Stark. Por cierto, no te pierdas a los de RBA que han sacado diez títulos en edición limitada de verano por 12 € entre los que se encuentran títulos tan magníficos como Petirrojo de Jo Nesbo o el clásico entre clásicos, 1280 almas de Jim Thompson.
Pero no todos los títulos de negra han sido rescates aunque pueda parecerlo, En la misma RBA siguen con el Spenser de Robert B. Parker y hoy le toca turno a Dios salve al muchacho. En Navona Negra han sacado el breve texto lleno de criminales El viento y la sangre de M.A. West, y parece que un par de editoriales más han decidido mancharse las manos porque en el grupo Random House tenemos cuatro novedades bien distintas: El misterio de Pont-Aven de Jean-Luc Bannalec, ed. Grijalbo, nos ofrece un escenario clásico con un hostel razonablemente retirado y un turista muerto. Niceville de Carsten Stroud, ed. Plaza & Janés, que une la novela policíaca con las historias de fantasmas al tratar de una extraña desaparición en apariencia inexplicable. Finalmente en Roja & Criminal tenemos dos obras de autores conocidos aunque diferentes, en The Wanderers el responsable de The Wire Richard Price hablaba de las pandillas que a mediados de los años '70 se movían por Nueva York, por contra Tokio, año cero del creador del Red Riding Quartet, David Peace, se centra en el Japón de postguerra -la 2ª Mundial, concretamente- para ofrecer una intriga criminal oscura.
Aún quedan más novelas negras porque El Aleph se ha decidido a sacar un nuevo George Pelecanos, Lo que fue, una historia también con los bajos fondos de los setenta, aunque aquí usados como teatrillo para un grupo de gansters e investigadores que se cruzan y se separan. Pero la otra editorial que parece haber tomado consciencia del género es Anagrama que recupera a Josh Bazell, el de Burlando a la parca, en Wild thing, una novela difícil de catalogar por la cantidad de elementos que mezcla... Imaginad que Preston & Child hubieran decidido que había que mezclar Scooby Doo con Mandíbulas y llenarlo de digresiones suficientes como para llenar a tope unos anexos, esa locura resultante -no se me ocurre otro nombre- es esta novela. Y si loca parece esa Los hermanos Sisters, de Patrick de Witt, no se queda detrás. Centrada en dos matones, con un jefe misterioso detrás, con un camino lleno de encuentros cada uno más extraño que el anterior, como si a fuerza de hacer aparecer personajes singulares se pudiera tratar de canalizar esa idea de versión negra y retorcida de historia del antiguo oeste.
Ya estamos terminando, tranquilo, pero hablar de todo esto me ha hecho recordar dos novedades separadas en juvenil e infantil pero que merecen la pena ser recordadas, una La casa de al lado, obra de tres autores distintos y publicada por Bruño, se mueve entre el suspense y el terror que habita detrás de ese desconocimiento, con una chica que conoce a un chico, su vecino, pero que a la vez sospecha que en esa casa se ocultan cosas muy turbias. La otra es una recuperación, todo un clásico, Ana de las tejas verdes, de Lucy Maud Montgomery, ed. Toromítico, y no creo que necesite presentación tras tantas versiones y adaptaciones como ha tenido.
Pasemos a las artes, primero a la poesía donde tenemos dos novedades curiosas, siendo la primera una encantadora edición del poema de John Keats Lamia (Reino de Cordelia), en edición bilingüe y profusamente ilustrada, un auténtico capricho para consumo propio o regalo; la otra es propiamente dicho una curiosidad, las poesías de Ray Bradbury recopiladas por Salto de Página en Vivo en lo invisible pueden resultar toda una sorpresa por su autor pero dejan bastante claro que no es el género por el que será recordado. Cambiamos de arte porque Nevsky Prospects ha recopilado los Escritos sobre cine del poeta futurista -entre otras cosas- Vladimir Maiakovski, y estos ofrecen interesantes visiones y reflexiones sobre el séptimo arte. En cuanto a la fotografía, tendríamos que hablar de Consigue la foto de John Morris en La Fábrica, una mezcla de memorias y consejos en el que el editor gráfico recuerda, da consejos y anima a todos los fotógrafos. Y en cuanto a la música...
He guardado lo mejor para el final, y este mes creo que estarás conmigo en que ese gran final se lo merece la querida Grace Morales y su libro Mecano 82, ed. Lengua de Trapo, que estudia desde puntos de vista sociológicos en cuanto a su propio impacto y su relación con el entorno -en este caso la llamada Movida como principal microcosmos de cuchilladas- logrando no sólo ofrecer una imagen sobre el grupo que saldría a partir de este álbum sino de toda la escena musical y su proyección recíproca con el país en el que todo esto va pasando.
Al final han salido unos cuantos títulos más de los que yo esperaba, aunque seguimos lejos de esos tres mil. Espero que no te haya aburrido demasiado y sí te haya ayudado a escoger algunas lecturas para estos días. Ya ves que con todo esto de publicar mucho acaba cumpliéndose la revelación de Sturgeon y queda aún algo de crema por encima de esa masa de papel impresa que lo puebla todo. Así que aprovecha y lee todo lo que puedas este verano.
¡Un abrazo!,
Jónatan.
Jónatan Sark es lector compulsivo y librero vocacional. No se me ocurre mejor persona en cuestión de recomendaciones literarias y conocimiento de la actualidad editorial afín a mis gustos. Si no has tenido suficiente (cosa que dudo) con estas recomendaciones, prueba en las entregas anteriores. A continuación, un mosaico Amazon con los libros recomendados. Si te apetece comprarlos desde aquí, me llevo una pequeña comisión que se invierte íntegramente en mi adicción a la lectura. Gracias.
Entregas anteriores:
Epistolas librescas I
Epístolas librescas II (Especial Dïa del libro 2013)
Sark de Oro 2012
Around 70 percent died to the first Goomba
"Many (gamers) did not understand simple concepts like bottomless pits. Around 70 percent died to the first Goomba. Another 50 percent died twice. Many thought the coins were enemies and tried to avoid them. Also, most of them did not use the run button. There were many other depressing things we noted but I can not remember them at the moment.
So, as a stockholder, you should be relieved to know that our games are easier in order to attract a wider audience. As a gamer, you might feel a little sad, and you should be. It is quite sad." [via]
Hunx and His Punx – Street Punk (2013)
Moving on from his 2012 solo set Hairdresser Blues, Hunx (aka Seth Bogart) has re-teamed with his backup band the Punx to deliver their next LP, Street Punk via Hardly Art.
A press release notes that the LP steers clear of the lo-fi, ’60s girl group approach to pop that the act presented on their 2011 set Too Young to Be in Love to instead showcase the “most hateful punk songs heard in eons.”
The 12-song set was recorded Facundo Bermudez (Mika Miko, No Age) and finds the Punx dabbling in early ’80s hardcore and “’90s grrl sounds.”
Songwriting and singing duties are split between Bogart and collaborator Shannon Shaw (of Shannon & the Clams), with the song cycle apparently homing on themes like “bad skin, teen…
320 kbps | 51 MB | UL | CL | MC ** FLAC
…angst, social wimpery, trash, isolation, schizophrenia, peroxided delusion, rat parties and vengeance.”
The set also includes a cover of early Beastie Boys punk rage-out “Egg Raid on Mojo.”
Polo con mollo de soia e noces
SnobVouna probar! :3
Esta receita é orixinaria de Corea, seica alí se toma como primeiro prato, ou para
→ Seguir lendoHot Dogs Gone Wild! Top 10 Fixin’s for Your Hot Dog
SnobA moda que ven. :D
With the Fourth of July ahead, and at least one package of hot dogs sitting in your freezer or fridge, it’s time to start thinking about your cook-out. Whether it’s you alone or at your jam-packed amazing and mega-impressive/amazeballs party, it’s time to think about spicing up your wieners. For you (and only you), I’ve done my research on the craziest and tastiest varieties of fixin’s for your dog. Choose on and serve, or create a twisted hot dog bar. Then impress. Here we go…
10. Bacon Wrapped (and Stuffed)
Bacon is one of the few foods that I believe goes well with everything. Bacon makes all things better. Now, combine it with one of America’s favorite foods, by topping it and stuffing it with bacon. Add cheese and sauerkraut with your typical condiments. Bacon inspires all.
Recipe: Simply Recipes
9. Columbian
I’ve put potato chips on sandwiches, burgers, but never thought to put them on a hot dog already topped with slaw and sauces. Some believe that there is such a thing as too many condiments, or strictly using mustard and only that. It looks like the Columbian may change their minds.
Recipe: My Columbian Recipes
8. Mexican
Pineapple is one thing I never thought of topping my wiener with. But along with chipotle sauce, sweet and spicy sounds good. A couple of jalapenos add a nice kick.
Recipe: Homesick Texan
7. Soprano
This dog actually has an unfair advantage. Maui’s Dog Shack is located in Wildwood, New Jersey and I’ve ate at the shack a couple of times now. The dogs are made by hand. Only the best meats and casing make for a hot dog that snaps for every bite you take. But there’s more. You can have a dog that isn’t soaked in condiments that tastes just as good, if not, better. All that is on this dog is baby spinach, garlic, white wine, and extra sharp provolone. Simple, yet tasty.
Recipe: Jersey Bites
6. Pineapple-Mango Salsa
This would make for a good addition to the hot dog bar. Simple pineapple-mango salsa. For those people that really don’t like to get soggy buns – this is the answer.
Recipe: Inside Bru Crew Life
5. Spiral Cut
If you are going to offer a crazy hot dog fixin to your guests (or yourself), you may as well cook it the right way. Spiral cut the dog for maximum caramelization and space for fixin’s. Chili, slaw, buffalo sauce – you name it. I put french dressing and diced oninons on these weinies.
Recipe: Endless Simmer
4. Cincinnati Cheese Coney:
Cheese. Coney Chili. Can’t really describe this until you try it yourself – but it is one of a kind.
Recipe: Amazing Ribs
3. Mac & Cheese, Truffle Oil, and Bacon
Again – a great addition to your Fourth of July hot dog bar. Use a stronger bun, a homemade creamy mac and cheese and crispy bacon. Also known as the straight-up heart attack.
Recipe: Eating WDW
2. West Virginia Slaw Dog
More slaw, and more chili. Creamy slaw, savory chili, and then a tasty hot dog all held in a sturdy bun. Chili dogs are great, but after looking at all of these weiners, turns out that plain old chili dogs are just plain boring.
Recipe: Fat Back and Foiegras
1. Buffalo

Last but not least – the buffalo dog. Hot sauce and blue cheese apparently are no longer exclusive with the chicken wing. Add in a special, gourmet mayo, and you are sent. I think I’d still like the cup of blue cheese dressing to dip the hot dog into. Spicy weinies.
Recipe: Noble Pig
Especias: manual de instrucciones (I)

Pavo en escabeche, festival de las especias / AINHOA GOMÀ
Hoy toca una de esas entradas teóricas en las que os doy la tabarra con los fundamentos de la cocina. Como ya hice en su momento con las hierbas aromáticas (por si alguien no se acuerda, los post están aquí y aquí), propongo un pequeño manual de instrucciones con información teórica y práctica sobre algunas de las especias que más se utilizan en la cocina. Evidentemente no están todas –tendría que abrir un blog paralelo solo para esto, y entonces ya me volvería tarumba del todo y me ingresarían en la López-Ibor–, pero sí es una buena guía para empezar a ver de qué va la cosa, además de daros algunas sugerencias de recetas y combinaciones que ayuden a potenciar las virtudes aromáticas de cada una.
Como la otra vez, y por el bien de vuestros dedos y vuestros ojos, divido la entrada en dos partes (la segunda se publicará la semana que viene) porque si no se puede hacer más larga que la versión del director de Lo que el viento se llevó seguida de la trilogía de Kieślowski. De nada.
PIMIENTAS
Empezamos con una explicación que no todo el mundo conoce: la pimienta verde, la negra y la blanca son la misma cosa –el fruto del Piper Nigrum– en diferentes momentos de su maduración. La verde es el fruto cuando está más tierno –por eso es blanda y tiene un punto más herbáceo–, la negra (con esta se prepararon estos boquerones en escabeche suave y este escabeche de pavo) a medio madurar y la blanca ya completamente madura y sin cáscara, por eso es un poco más suave. Aunque hay muchos tipos de pimienta, y cada una posee matices y cualidades especiales, todas son más o menos picantes y muy aromáticas, por lo que pueden potenciar el sabor de prácticamente cualquier alimento o plato.
La pimienta rosa, originaria de las zonas tropicales y subtropicales de Sudamérica, tiene un sabor más suave y menos picante, y no es recomendable usarla sola porque si se consume en gran cantidad puede ser tóxica. En cambio, mezclada con pimienta negra o blanca aporta unos matices muy interesantes, que hacen que combine muy bien en platos con chocolate: unas simples fresas bañadas en un buen chocolate amargo con pimienta rosa y negra recién molidas se convierten en un plato de gala.
La pimienta de Jamaica se distingue fácilmente de las demás pimientas por ser de mayor tamaño, y picar menos. Tal vez eso tenga algo que ver con que no es exactamente de la familia de las pimientas, de hecho en inglés se llama allspice por su aroma que recuerda al del clavo, la nuez moscada, la canela y la pimienta negra. Se usa para dar sabor a estofados de ternera, pollo o cerdo, además de para condimentar embutidos –especialmente en Alemania– y repostería.
La pimienta de Sichuan tiene una particularidad: además de picar, duerme ligeramente la parte de la lengua con la que entra en contacto, por lo que hay que usarla con extrema moderación (o como parte del acompañamiento, como en este helado que puede servir para acompañar una sopa de frutas rojas). Su sabor ligeramente cítrico se debe a que es el fruto de un pariente lejano del limonero.
AZAFRÁN
La especia más cara del mundo, y con motivo: para conseguir un kilo de azafrán listo para el consumo hacen falta unas 250.000 flores de la planta, además de una buena cantidad de horas de trabajo manual bastante virguero (lo que se conoce como "el desbrín"). Tiene un sabor ligeramente amargo y es muy aromático, lo que le ha hecho ganarse un lugar importante en la cocina nacional. Tampoco sufráis mucho por el precio, ya que con un pistilo por ración es más que suficiente, o eclipsará al instante cualquier otro sabor y dotará al plato de un regustillo a zapatilla vieja sudada. Aunque en la India y hasta en Suecia se usa como ingrediente en recetas dulces, por estos lares se consume más con arroces o estofados de patata. Con la coliflor se lleva muy bien –aquí hay una sencilla receta de Yotam Ottolenghi que lo demuestra– y aromatizando un escabeche de merluza a la portuguesa es simplemente espectacular.

Fotos que no hay que poner poco antes de la hora de la comida / EL COMIDISTA
CANELA
A diferencia de muchas otras especias, en las que la parte que se utiliza es el fruto, la canela es la corteza interna del Cinnamomum zeylanicum o el Cinnamomum verum. Se usa tanto en platos dulces –los tradicionales arroz con leche y natillas no tendrían sentido sin ellas, lo mismo que estas sencillas naranjas caramelizadas– como salados, especialmente en la cocina de Oriente. Se comercializa tanto en rama –para infusionar– como en polvo. Va bien con carnes rojas y aves (estos picantones con limón y mandarinas lo confirman) y potencia mucho el sabor de los escabeches y estofados de proteínas animales o vegetarianos, como esta calabaza con lombarda. Eso sí, hay que poner muy poca cantidad para que no parezca que estás chupando una napolitana salada.

Lomonaranjas / EL COMIDISTA
CAYENA
Antes de nada, una advertencia: aunque hay quien llama a esta especia "pimienta de Cayena", en realidad no tiene que ver con las bolitas de las que hablábamos al principio, porque viene de una guindilla o chile. El erróneo nombre viene de un despiste de Colón, que cuando le hablaron de los "frutos picantes" que se usaban en América para dar sabor a la comida creyó que se trataba de la pimienta que, entre otras cosas, había ido a buscar a las Indias.
Se comercializa entera (quien no se haya comido una por error en una pasta con ajo y aceite o unos callos, que levante la mano), en rodajitas, en polvo o en copos. En general es recomendable ser prudente con esta especia, porque su potencia puede ser fotónica y convertir cualquier plato en algo más tóxico que el espray de pimienta, pero en su justa medida puede convertir un estofado de conejo con pimientos y aceitunas o unas sencillas chips de boniato o de patata al horno en un manjar. Añadir un par de frutos a un caldo corto de pescado o marisco también le da un matiz interesante.

Cayena: me mata, pero me gusta / EL COMIDISTA
MEZCLAS DE ESPECIAS
Aunque en anteriores entradas ya hemos hablado del Ras el hanout, el Garam Masala y las cinco especias chinas (y sus familiares francesas, las quatre épices, a saber: pimienta negra, nuez moscada, clavo y canela), aún queda una mezcla de especias por diseccionar; el curry. Una de las mezclas más utilizadas en la cocina internacional, cuyo orígen está en la India y entre cuyos ingredientes se puede encontrar azafrán, albahaca, cardamomo, cebolla seca, alcaravea, apio, cilantro, comino, nuez moscada, cayena, pimienta negra, tamarindo, jengibre, mostaza y más. Existe en polvo o en pasta, y de este último hay tres versiones: el verde, el amarillo y el rojo, todos ellos muy usados en la cocina tailandesa. Los paladares menos gastroaventureros (o los desgraciaditos a los que los platos muy especiados no nos sientan bien), si prescinden del rojo y usan los otros dos en pequeñas cantidades, pueden disfrutar de recetas como este pseudocurry de berenjenas y albóndigas. Y para los más atrevidos, este curry rápido de pollo con manzana. Una última advertencia: cuidado, que engancha. Literalmente.

Curry Valenzuela con berenjenas. / AINHOA GOMÀ
Producción: Mònica Escudero.
Especias: Manual de instrucciones (2ª parte).
O C.S. O Pichel precisa de ti!!
O CENTRO SOCIAL O PICHEL É MUITO MAIS QUE O LOCAL DA GENTALHA.
É um espaço de convívio, de reuniom, de festa, de debate, de aprendizagem. É o espaço de qualquer colectivo que queira que seja seu.
Há anos que todos e todas nós, activistas de diferentes pontos da Galiza, utilizamos O Pichel como ponto de encontro e reuniom.
O Pichel existe para que todo o tecido associativo galego poda desfrutar dele. Por isso cremos que entre todas e todos podemos ajudar a que, depois de quase umha década de serviço, seja mais confortável, mais útil.
Hoje da Gentalha lançamos um pedido de ajuda a todas aquelas que sintades o centro social como a vossa casa ou que simplesmente achedes que é necessário, para sufragar os custos de diversas obras de manutençom que consideramos imprescindíveis. Obras iminentes para a Gentalha, mas também para todas vós.
CONHECE MAIS OPROJETO DE APOIO AQUI
The Best of 'Inside Amy Schumer's First Season
The reason why Inside Amy Schumer seemed to work since the show premiered, and the reason why the entire first season ended up being a success, is because it felt like all of the sketches clearly represented the vision of the star of the show, no matter which writer or writers were responsible. Schumer's established artistic scope is a very appealing one — Amy engages her audience with a ribald vocabulary, yet after you hear two or more setups and punchlines it's clear that she is more than vulnerable. She constantly doubts herself, using one eye to wink at the fun she's having through being single while using the other to look for a more loving future. She makes a comic's living on speaking in frank, licentious language about sex and relationships, while coming off as a sensitive hopeless romantic, not completely unlike Woody Allen. When that strong of a working comedic persona influences everything about a program, it's hard to fail.
Not surprisingly, the few sketches that didn't work were the ones most out of Schumer's range, e.g. the segment where Amy was a meth cooker. But it worked when Schumer, co-executive producers Daniel Powell and Jessi Klein, and writers Kurt Metzger, Gabe Liedman, Kyle Dunnigan and Tig Notaro focused on what would be an extension of an Amy Schumer bit until all of the comedic meat was sucked dry from the bones. There was a patient, assured timing to all of the sketches that lent even the dumbest of bits some respectability.
Here are the ten best Inside Amy Schumer sketches from the first season, starting with the perfect segment juxtaposing the old fashioned way of courtship with the new.
Sexting
A Porn Star Is Born
The strange bit of an homage to The Artist with its black and white usage to put the pornographic industry in a cliched historical context.
Psychic with Dave Attell
Ambien For Elephants
This is a scene not currently available to YouTube or Comedy Central. After a nightmare full of disgusting men, Amy takes the pills and ends up as a princess in a supermarket. "Amy is the prettiest person we've ever had in here, and Hilary Duff is someone we've had in here," blared the supermarket speaker.
2 Girls 1 Cup
The sketch that started it all. A perfect example of crass mixed with humanity.
Clown Panties
"They let us out of work early because there was a shooting..."
Abusive Couple
What can best be described as the silliest segment (yes more so than "Clown Panties.")
Cancer Excuse
Schumer's selfishness taken to the biggest of extremes.
Compliments
According to Schumer's Reddit AMA: "Jessi Klein the head writer and executive producer and I noticed that we were deflecting any kind words coming our way, and we thought that was problematic. So we wrote a funny little scene where everybody kills themselves at the end."
How Will This Relationship End?
From the season finale. A game most of us would be good at playing.
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See more posts by Roger Cormier
AgroLance. Un bebedor de Ribeiro... inesperado.
Sham Rock: Protex’s earnest Northern Irish power pop punk
Snob<3!!!

Protex formed in 1977 after the future band-members witnessed The Clash’s first show in Belfast. They originally called themselves “Protex Blue,” after The Clash song title. Perhaps to avoid comparisons with the very different band (or perhaps because they realized that song was about condoms?), they shortened it to “Protex” a little later.
Protex were one of those bands that just sort of hovered between obscurity and real commercial success, possibly because labels had no idea what to do with them. Dirtier, sexier punk like The Undertones had already emerged in Northern Ireland, and while Protex’s live shows were as had shambolic as any punk band’s, there was a pop sensibility to their songs that was much closer to The Nerves than to The Clash.
After a few successful singles on the Good Vibrations label (which also boasted The Undertones), they were reissued on Rough Trade Records to meet demand, and eventually signed to Polydor in 1979. From there Protex recorded an album, “Strange Obsessions,” that was shelved until a 2010 pressing on Sing Sing Records, well after they disbanded in 1981. Protex was among the front-runners of the Northern Irish punk sound, and I strongly suggest you give “Strange Obsessions” a listen. They were a really great, unique band, and their album was almost lost to history!
Recently the group reformed (with some new members). Last month, they played two gigs in Japan.
Below, the studio version of “Don’t Ring Me Up.” More sweetheart than snot, it could be an Everly Brothers tune:
A live performance of “Don’t Ring Me Up” in New York’s Hurrah nightclub in 1980:
A Few Impressions: Are You a Nerd?
Image by Courtney Nicholas
Noam Chomsky thinks Slavoj Žižek is full of shit

Noam Chomsky, the father of modern linguistics, doesn’t have much respect for the sesquipedalian bad boy of postmodernist philosophers, Slavoj Žižek, and he doesn’t mince words expressing his disdain, either.
In an excerpt from an interview with Veterans Unplugged in December of 2012, Chomsky was asked about Žižek, Jacques Lacan and Jacques Derrida. Here’s what he said:
What you’re referring to is what’s called “theory.” And when I said I’m not interested in theory, what I meant is, I’m not interested in posturing–using fancy terms like polysyllables and pretending you have a theory when you have no theory whatsoever. So there’s no theory in any of this stuff, not in the sense of theory that anyone is familiar with in the sciences or any other serious field. Try to find in all of the work you mentioned some principles from which you can deduce conclusions, empirically testable propositions where it all goes beyond the level of something you can explain in five minutes to a twelve-year-old. See if you can find that when the fancy words are decoded. I can’t. So I’m not interested in that kind of posturing. Žižek is an extreme example of it. I don’t see anything to what he’s saying. Jacques Lacan I actually knew. I kind of liked him. We had meetings every once in awhile. But quite frankly I thought he was a total charlatan. He was just posturing for the television cameras in the way many Paris intellectuals do. Why this is influential, I haven’t the slightest idea. I don’t see anything there that should be influential.
Elsewhere the famed MIT professor and tireless political activist has called followers of postmodernist philosophers like Žižek “cults.”
I got to shake Noam Chomsky’s hand at a fund raiser in Los Angeles in the early 90s and he had a very “saintly” sort of aura to him then. The older Chomsky gets, though, the crankier he gets. I kind of like that. I sincerely hope he writes a book for posthumous publication called Fuck You Assholes: You All Suck or something like that. You just know he’s got it in him.
Via Open Culture



























































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