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22 Aug 10:00

Localizan un manuscrito en galego de 1452

by Redacción

Na biblioteca familiar da familia Agra de Baio entre un cartapacio de documentos centenarios foi localizado un pergamiño datado en 1452 escrito en galego,...

Por Redacción

22 Aug 09:56

Las raíces psicológicas del cuñadismo: gente que opina de todo sin tener ni idea

by Sergio Parra

People 1209916 960 720 El término "cuñadismo" es una de las palabras de moda, aunque solo es un sinónimo de la palabra sabelotodo, es decir, alguien que opina de todo creyendo saber más que los demás, cuando en realidad sabe bastante menos que los demás.

Es alguien que acostumbra a dar lecciones cuando opina. No se limita a sugerir, sino a imponer, a hablar con ese deje que se estila en la barra de un bar. Hablan a los otros como si nadie tuviera idea de nada y ellos fueran los únicos lo suficientemente perspicaces como para descubrir las verdades del barquero. Y tiene raíces psicológicas muy profundas.

Efecto Dunning Kruger

El cuñadismo es un mal endémico, y además todos podemos ser víctimas de él, porque estriba en un efecto secundario del funcionamiento de nuestro cerebro. Y no necesariamente afecta las personas ignorantes.

De hecho, el efecto puede ser mucho más poderoso en personas formadas y cultas, porque disponen de mejores argumentos para defender sus posturas. Además, se da la circunstancia de que si alguien es muy competente en un campo del concimiento, acostumbra a pensar que es también relativamente competente en otros.

Es lo que se denomina ultracrepidarianismo: el hábito de dar opiniones o consejos sobre cuestiones ajenas al conocimiento o competencia de uno.

Decir "no lo sé" parece un tema baladí, pero fingir que se sabe algo que no se sabe en realidad acarrea unos costes sociales enormes. Sobre todo si tienes un puesto de relevancia social. Tal y como escribe Dean Burnett en su libro El cerebro idiota:

El debate público moderno está desastrosamente sesgado por culpa de ello. Hay áreas temáticas importantes, como la vacunación o el cambio climático, que se ven acaparadas por las diatribas apasionadas de individuos con opiniones personales infundadas, en vez de por las explicaciones más calmadas de los expertos bien informados, y todo ello por culpa de unas cuantas rarezas del funcionamiento cerebral.

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Pero la gente ignorante no está a salvo de creerse una sabelotodo aunque no dispongan de herramientas intelectuales para argumentar correctamente (lo cual no importa mucho, porque debatir un tema objeto de glosa con alguien que lo ignora pero que cree que no lo ignora suele menoscabar los argumentos del que sabe).

Es lo que se llama efecto o síndrome Dunning-Kruger, un sesgo cognitivo que se define como el hecho de que individuos con escasa habilidad o conocimientos sufren de un sentimiento de superioridad ilusorio, considerándose más inteligentes que otras personas más preparadas, midiendo incorrectamente su habilidad por encima de lo real.

Todos somos víctimas, en mayor o menor medida, de estos sesgos. Absolutamente todos. Ser conscientes de ello quizá nos ayude a no meter tanto la pata creyendo que hemos sido seleccionados con un dedo divino.

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La noticia Las raíces psicológicas del cuñadismo: gente que opina de todo sin tener ni idea fue publicada originalmente en Xataka Ciencia por Sergio Parra .

22 Aug 09:50

A colaboración duns bañistas permitiu salvar un golfiño varado en Ares

by Redacción

CEMMA conseguiu devolver ao océano o animal, de dous metros de longo e cen quilos de peso, que aparecera nunha zona de cantís entre as praias da Miranda e a Barrosa. Unha familia socorreuno e chamou o 112, que se puxo en contacto coa Coordinadora para o Estudo dos Mamíferos Mariños.

22 Aug 09:49

Lavacolla, un aeroporto construído coa man de obra dun campo de concentración

by Alba Suevos
Na Galiza instaláronse nove campos de concentración durante o franquismo. No da Lavacolla, en Santiago de Compostela, traballaron entre 2.000 e 3.000 presos republicanos na construción do aeroporto e da escola de...
22 Aug 09:35

Carlos Pacheco: «El cómic de superhéroes tradicionalmente se ha dirigido hacia el lector onanista masculino, y eso está cambiando»

by Fran G. Matute

Fotografía: Begoña Rivas

La míticas Marvel y DC se lo rifan. Ha sido nuestro primer superhéroe del cómic. Un pionero que ha abierto camino como ningún otro, ayudando a situar el talento patrio para la historieta en el mapa internacional. La trayectoria profesional de Carlos Pacheco (San Roque, 1962) se antoja impecable: ha participado en prácticamente todas las grandes series clásicas. Ha dibujado a Superman y al Capitán América, a los X-Men y a Los Vengadores, y lo ha hecho siempre con enorme éxito, con un estilo propio, cercano y muy humano, como él mismo se presenta.

Amante impenitente del cómic como vehículo narrativo, inteligentemente reflexivo con el medio y entusiasta convencido, Pacheco nos demuestra en esta entrevista tener un conocimiento arrollador de la cultura pop, puesta siempre al servicio de su imaginario estético en el que el cine y la música popular tienen un lugar de honor. Repasamos con él su periplo vital poblado de anécdotas imborrables con algunos de los más grandes creadores de viñetas del siglo XX.

¿Cuándo desembarcaron los superhéroes en San Roque?

Los superhéroes tardaron un poco en llegar. Mi primer contacto con ellos fue a los once años, lo que pasa es que para entonces ya era un gran aficionado al cómic. En realidad, nunca me han interesado los superhéroes, me refiero a los personajes en sí. Lo que a mí me ha atraído siempre es el medio. A esa edad estaba absolutamente involucrado y deslumbrado por el medio, así que sabía perfectamente dónde me metía cuando aterrizaron los superhéroes en mi vida. Antes de eso ya había sido abducido por la revista Pilote, que publicaba aquí Bruguera. Era un gran seguidor del Michel Tanguy de Uderzo y del Blueberry de Jean Giraud, de Asterix por supuesto, y luego de toda la escuela Bruguera en sí misma. Leía de todo. Desde El príncipe valiente a Flash Gordon. Carlos Giménez, por ejemplo, es uno de mis referentes absolutos. Siempre he sido un devorador de viñetas impenitente, además omnívoro, pero mi relación era con el medio.

¿Te acuerdas de tu primer contacto con un cómic de Marvel?

Perfectamente. Fue además un enamoramiento a primera vista. Ocurrió en una peluquería. Estaría yo moviéndome demasiado, así que el señor peluquero cogió y me lanzó un cómic para que me quedara quietecito. Y lo consiguió: me quedé allí quieto para el resto de mi vida. No me volví a mover de aquella silla [risas]. Él no sabía que estaba ejerciendo de Merlín y que me estaba ayudando a sacar a Excalibur de la piedra. Recuerdo que fue un número de la Patrulla X en el que se contaba la historia del Mímico. En realidad era un número muy malo, pero es que los números malos de aquel tiempo eran muy buenos.

Asumo que los primeros cómics de Marvel que leíste fueron aquellas ediciones desastrosas de Vértice.

En efecto. Pero con independencia de que las ediciones de Vértice, como bien dices, fueran un desastre, la llegada de Marvel a España fue toda una revolución, al menos para mí. Los cómics de DC se habían prohibido en los tiempos del tío Paco. Aun así, cuando caía alguno en mis manos, incluso algún número firmado por Wayne Boring, reivindicado hoy día por algunas escuelas, aquello no significaba nada para mí en comparación con lo que traía Marvel. Marvel era el rock and roll. No tenía nada que ver con aquellos crooners de los años cincuenta, representados por DC.

Luego, es cierto que el contenido de las ediciones de Vértice era terrible. Estaba todo mutilado, y además se notaba mucho. Todos nos dábamos cuenta de que a partir de tal rayita acababa el dibujo real y empezaba el dibujo malo [risas]. Las portadas también estaban alteradas, pero creo que eran lo menos horroroso de esas ediciones. Por lo menos las que hacía al principio López Espí, que siempre ha sido un gran artista. De hecho, López Espí se convirtió en una de mis influencias. Su trabajo siempre me ha parecido espectacular. También destacaría las primeras portadas de Enrich, que luego se convirtió en un ilustrador de categoría. Al final, aquellas portadas de Vértice terminaron formando parte del atractivo que tenían los cómics en aquella época.

Al hilo de esto, mi amigo Rafa Marín siempre resalta, con asombro, la fuerza que tenían estos cómics para crear legiones de fans incluso habiendo sido mutilados de aquella manera. Si eso hubiera ocurrido con los cómics de cualquier otra editorial, ese trabajo de destrozo habría influido seguro muy negativamente.

David Byrne establece un paralelismo similar con la música que hemos escuchado todos de jóvenes, normalmente mal grabada en cintas de casete. Aquello sonaba fatal, pero la fuerza de lo que estaba ahí grabado trascendía la calidad del sonido.

Totalmente. Yo tenía muchas cintas grabadas de Radio Gibraltar, y las tenía con la voz del locutor metida ahí en medio. Luego te llegaba el típico sibarita de las cintas de audio con un: «Yo es que solo compro cintas de ferrocromo» [risas]… Es la misma idea, en efecto.

¿En qué momento te empiezas a interesar por el dibujo?

Desde antes de aprender a caminar. Tengo una fotografía, donde difícilmente me sostengo en pie, en la que salgo con un cómic en la mano. Lo curioso es que a la vuelta de la fotografía hay garabatos míos. Tengo dibujos de cuando tenía cuatro o cinco años. Todavía los conservo. No me recuerdo sin dibujar, por más que, en realidad, a mí nunca me haya interesado dibujar, sino contar historias. Yo veía una película por la noche en televisión y al día siguiente, después de comer, me sentaba a desarrollar aquello haciendo dibujos, en un compendio de elementos más cercano a Brueghel el Viejo que a cualquier otra cosa [risas]. Lo metía todo ahí, a lo bestia, hasta que comprendí que la historieta era un lenguaje y que servía para contar cosas. Esa fue una gran revelación para mí.

Porque formación técnica como dibujante no tienes.

No, no. Ninguna. Lo que pasa es que yo he aprendido de los mejores. De Rafael, de Leonardo… Ellos me han dado clases particulares [risas].

En esto de dibujar soy autodidacta total. De hecho, soy biólogo, que es algo que no tiene nada que ver con el dibujo. Con todo, te reconozco que de pequeño me atreví un día a llamar a los de CEAC para hacer un curso de aquellos [risas].

Se quedarían flipados contigo.

Algo de eso pasó, sí, porque le escribieron a mi padre diciéndole que yo era un niño muy bueno, que tenía mucho nivel y tal. Como yo ya había recibido todos los libros, todo el material, leí esa carta y dejé el curso inmediatamente.

¿La carrera de Biología no te ha servido para nada a la hora de dibujar? Pienso en el estudio de la anatomía humana, por ejemplo.

No. No me ha servido absolutamente para nada en ese sentido. Sí que me sirvió para otra cosa casi más importante que aprender a dibujar: para salir del Campo de Gibraltar, que era mi «zona de confort», como se dice ahora. Poder moverme en un territorio inexplorado, como era entonces Sevilla, y conocer gente nueva supuso muchísimo para mí como dibujante. Cuando tú enseñas tus dibujos a alguien de tu entorno, todo el mundo te dice: «¡Oh, qué maravilla!». Pero cuando se los enseñas a gente que no te conoce de nada, ahí es cuando te la juegas, porque no tiene ningún tipo de reparo en decirte si le gusta o no lo que haces. Cuando las cosas que yo hacía provocaban ciertas reacciones positivas en gente que no me conocía absolutamente de nada empecé a creerme que podía haber algo sólido en mis aspiraciones.  

Como dibujante te empezaste a curtir en fanzines, en revistas de aficionados.

Así es. En 1982 colaboré con una revista llamada Tuboescape, que se hacía en La Línea de la Concepción. Allí fue donde conocí a Rafa Marín, entre otros muchos. Aquella revista sirvió para articular un poco el fandom de la zona, que hasta entonces había estado muy invertebrado. Colaborar en Tuboescape me sirvió para descubrir que había más gente no demasiado lejos que no solo hacía lo mismo que yo, sino que además compartía conmigo una misma sensibilidad hacia el medio.

Yo he sido siempre muy de pescar. En mis viñetas siempre, incluso ahora en las redes sociales, me gusta soltar pequeños detalles para ver quién los capta y así ser consciente de cuál es la imbricación que tienes con determinadas personas. En aquella historieta que hice para Tuboescape, porque solo hice una, para el primer número, metí en el fondo, así por el suelo, como quien no quiere la cosa, un detalle de uno de los últimos cómics norteamericanos que habían salido y que ni siquiera tenía todavía físicamente, aunque lo había visto en fotos. Rafa se dio cuenta de aquel detalle y me llamó. Así pesqué yo a Rafa [risas].

¿En qué momento das el salto a la profesionalización?

Mis primeros pasos editoriales no implicaron una profesionalización como tal, porque en aquel entonces no había mucho que hacer. Te estoy hablando de una época en la que los cómics de Marvel se publicaban en España por la editorial Planeta y todo venía hecho desde Estados Unidos, que quedaba entonces muy lejos, más que ahora [risas]. Yo tuve la suerte de aparecer justo en el momento en el que se empezaron a publicar los famosos y denostados, con toda la razón, crossovers, que unían colecciones. Planeta empezó a publicar Secret Wars y se encontraron con el problema de que esos mismos números volvían luego a aparecer en la colección propia de cada personaje. ¿Qué hacían entonces? ¿Repetían las portadas del crossover o hacían unas nuevas adaptadas a cada colección? Así empecé yo. También tuve la oportunidad de trabajar en una colección llamada Clásicos Marvel, donde se rescataron mis tebeos favoritos de cuando yo era chaval: La guerra Kree-Skull, La saga de la Contratierra, El caballero Luna… El poder colocar un dibujo mío en esos trabajos, que formaban parte de mi poso personal, que me habían construido como aficionado, fue para mí una cosa muy grande.

El cómo dieron conmigo en Planeta es muy curioso. Un amigo mío de Sevilla, Antonio Moreno, fue contratado por la editorial para trabajar de traductor. Se fue a vivir a Barcelona y, sin yo saberlo, se llevó unos dibujos míos. Se los enseñó a Antonio Martín y le gustaron mucho. Un día recibí una carta suya diciéndome que me quería conocer. Evidentemente me planté allí en Barcelona y para mi sorpresa me ofreció trabajo. El que podía, claro. Pero, ya te digo, aquello no fue nunca una profesionalización. Con lo que me daban sacaba para una hamburguesa, poco más.

De todos modos, antes de que me llamara Planeta, no quiero olvidar la importancia que tuvo para mí una exposición promovida por Elías García y José Antonio Maíllo a mediados de los años ochenta, a través de su programa Rock, cómics y otros rollos, que emitía Radio 3 los domingos por la noche después de El correcaminos, de Fernando Argenta y Carlos Finaly. Un día se pidió a los oyentes que enviaran sus dibujos a la redacción, con la idea de organizar una exposición colectiva para el Salón del Cómic de Barcelona. Yo fui uno de los seleccionados, pero lo curioso es que de aquella exposición surgieron luego un montón de profesionales. Ana Miralles, Joaquín López Cruces, José Antonio Calvo Téllez, Joan Mundet, Ana Juan… todos ellos fueron seleccionados, todos gente increíble, artistas además muy diferentes entre sí. Elías ha estado viviendo fuera de España unos treinta años. El otro día estuve comiendo con él, y ha sido ahora, al volver, que se ha encontrado con la sorpresa de que todos sus niños están colocados [risas]. Gracias a aquella exposición descubrí que mi trabajo despertaba cierto interés en gente que no conocía de nada. Esto, como te dije antes, ayuda a un artista más que cualquier otra cosa.

Por aquel entonces, ¿solo dibujabas superhéroes?

Siendo aficionado a todo tipo de historietas, en la práctica me interesaba sobre todo el escorzo. Probablemente por aquello que te comentaba antes, medio en broma y medio en serio, de que mis maestros habían sido Rafael y Leonardo. Mi pasión era el dibujo de la anatomía, la figura humana, y en ese sentido el cómic de superhéroes era el que mejor me permitía adentrarme en esa vía de dibujo que tanto me apasionaba. Por eso tiré por ahí, no por otra cosa.

A Planeta le gustó mucho lo que hacías, pero te pidieron no firmar con tu nombre tus primeros trabajos.

Cierto. Planeta le tenía un poco de miedo al aficionado español, quizás por lo que hablábamos antes acerca de las ediciones de Vértice y del mal recuerdo que habían dejado entre muchos lectores. Pienso sobre todo en las portadas que hizo López Espí durante su segunda etapa, que fueron muchísimo más deficientes que las de la primera por razones personales del autor que necesitaba incrementar sus ingresos y, como no le ofrecieron más dinero, a cambio le dieron más trabajo, por lo que el hombre tuvo que tirar como pudo, cosa que se comprende desde la profesionalidad pero no desde la posición del lector. Debido a aquello, y al hecho de que el aficionado al cómic podía ya comprarlo directamente en Estados Unidos a través de los distintos servicios de venta por correo, Planeta temía de algún modo que una portada firmada por un español no fuera bien recibida. Me pidieron entonces que pusiese un seudónimo anglosajón, pero me negué. Les propuse a cambio firmar con mis iniciales, y así salieron. Se publicaron un par de números, y la editorial empezó a recibir cartas muy entusiastas preguntando por ese tal C.P., así que ya me dejaron poner mi nombre completo.

De hecho, en uno de los números, pusieron un anuncio sacando pecho por tu fichaje.

Correcto. Fue en un especial que sacaron por Navidad. Recuerdo que era un número de los X-Men firmado por Barry Smith, así que me hizo mucha ilusión ver mi nombre completo en ese cómic. El anuncio decía algo así como: «Estamos ante un nuevo talento, así que disfrutemos de él antes de que se lo lleven los americanos» [risas].

Tenían razón en eso.

Pues sí [risas].

Con Planeta publicas también American Soldier, con guion de Antonio Moreno. ¿Cómo surge este proyecto?

Yo había ido a Estados Unidos a dar una conferencia sobre flamenco a la Universidad de Maryland. La charla formaba parte de un programa de intercambio cultural con la Universidad de Cádiz. En realidad, yo fui de asistente de conferenciante. Pensamos que, por poco que supiéramos de flamenco, sabríamos seguro más que el resto de los asistentes, pero nuestra sorpresa fue encontrarnos allí con un montón de españoles. El caso es que aproveché aquella visita para pasarme por la sede de Marvel en Nueva York. Antonio Martín me había concertado una cita ni más ni menos que con Tom DeFalco. Le enseñé mis dibujos, le gustaron, me pidió mis datos y me dijo que me iba a buscar trabajo allí. Yo me volví más feliz que una lombriz, pero pasó un día y otro día, y la llamada no llegaba. Para mí fue muy frustrante, la verdad, porque tenía la sensación de haberme quedado a las puertas de cumplir mi sueño. Eso es lo peor que te puede pasar. Mientras que estás luchando por llegar, te queda la esperanza de conseguirlo algún día, pero si ya has tenido la oportunidad, si ya has llegado y la cosa no cuaja, poco más se puede hacer. Realmente pensé en dejarlo, pero Antonio Martín me seguía animando y para que no me deprimiera me ofreció hacer una historieta propia. Así surgió American Soldier. No te lo puedo vender de otra manera [risas].

De todas formas, ese fue un proyecto que apenas trascendió. Tuvimos desde el principio muchas discrepancias en el enfoque. Yo estaba entonces excesivamente influido por Neil Gaiman y Alan Moore, con aquella deconstrucción de personajes, y me hubiera gustado hacer otra cosa.

En esos primeros años noventa participaste también en la creación de Iberia Inc, con Rafael Marín, una extraña saga con superhéroes españoles.

Ese cómic también nace al albur de la situación de desánimo que te comentaba antes, pero tenía otra dimensión. Antonio Martín quería que siguiera haciendo cosas, y como Rafa Marín y yo siempre habíamos querido trabajar en algo juntos, se nos ocurrió la idea de crear una especie de Capitán América español. «¿Es posible?», nos preguntamos. Y así, tirando del hilo, a medio camino entre la parodia y el cariño, se nos ocurrieron aquellos personajes. El cómic se acaba de reeditar. Es un trabajo que el público recuerda todavía. Me encantaría retomar el proyecto algún día.

A pesar de aquella frustrante reunión en Nueva York con Tom DeFalco, lo cierto es que al final te fichó la Marvel en 1993.

Sí, pero fue una cosa absolutamente inesperada. Me llamaron primero de la Marvel británica, porque un chico que trabajaba allí había visto mis trabajos en Planeta. Tardó un poco, pero, sí, aquel viaje a Estados Unidos por fin dio sus frutos.

¿En qué se diferenciaba la Marvel británica de la Marvel norteamericana?

No tenían nada que ver. Eran líneas editoriales diferentes. Por aquella época comenzaron a surgir muchas editoriales independientes en Estados Unidos, así que la estrategia de Marvel fue como la de la Coca-Cola: se dedicaron a copar los estantes de los quioscos y librerías para impedir que el resto tuviera sitio. No podían impedir que la competencia sacara sus productos, pero sí que pudieran promocionarlos debidamente. Necesitaron entonces muchas manos. De esta manera, muchos artistas británicos tuvieron su oportunidad. Gente como John Bolton o Alan Davis, esa generación, surge de la Marvel británica. Más tarde empezarían a crear sus propios personajes, dando lugar a una nueva serie de autores como Bryan Hitch o Gary Frank. El caso es que ni yo ni ninguno de los dibujantes españoles que contrataron entonces, como Salvador Larroca o Pascual Ferry, fuimos escogidos porque dibujáramos mejor o peor, sino simple y llanamente porque necesitaban mano de obra. No buscaban ningún talento en particular. Una vez logrado su objetivo, cerraron las puertas de la Marvel británica y la mayoría se vio en la calle, fuera del mercado.

La Marvel británica cerró en diciembre de 1995. Lo recuerdo perfectamente porque coincidió con una visita que Salva y yo hicimos a las oficinas de Londres, donde habíamos quedado con Paul Neary para pedirle un aumento de sueldo. Nos dijeron que esperásemos, que Paul estaba reunido. Estuvimos esperando un rato, pero cuando terminó nos recibió al instante. «¿Qué queréis?», nos dijo. «Mira, Paul, llevamos ya un tiempo trabajando contigo y consideramos que necesitamos más dinero y tal…». Coge el hombre un lápiz, apunta un número en un papel y nos lo enseña: «¿Os parece bien esta cifra?». No recuerdo la cantidad, pero nos pareció desorbitada. Se nos puso una sonrisa de oreja a oreja. Salimos por la puerta y el hi five! que hicimos sonó en todo el edificio. Nos pegamos un fin de semana en Londres a todo trapo, y cuando llegamos a España nos enteramos de que la Marvel británica cerraba [risas]. La persona con la que se había reunido Paul Neary antes que con nosotros era Tom DeFalco, que le había dado órdenes de cerrar la editorial.

En cualquier caso, es innegable que el trabajo en la Marvel británica te dio a conocer internacionalmente.

Sin duda. Yo me lo planteé de hecho así desde el primer momento. Era plenamente consciente de que trabajar en la Marvel británica era como estar haciendo una maqueta. Cuando hice Darkguard, que era una especie de copia de Los Vengadores en la que todos los personajes tenían una cosa en el ojo [risas] —la moda de aquel tiempo era el cíborg, y todos los personajes tenían que tener algo en un ojo—, sabía que aquello no iba a ningún lado. Las ventas de esos cómics nunca dieron royalties. En realidad ni siquiera nos dieron dinero, porque alguien de allí se presentó un día ante Paul Neary diciendo que era nuestro agente y fue él quien cobró todo. El tío se pulió nuestro dinero y nosotros no vimos ni un duro. Después Marvel le puso una denuncia al tipo… fue una historia un tanto complicada. En todo caso, lo importante de aquello era que estábamos trabajando para Marvel, lo que sin duda era un primer paso muy importante.

Tras haber pasado por la Marvel británica me llamaron de DC. Estaba yo en la Escuela de Idiomas de San Roque, en el último año, y me avisó mi mujer de que me habían llamado de Estados Unidos. No me lo creía. Me volví a casa corriendo y estuve todo el día allí esperando a que me llamaran, cosa que hicieron al día siguiente. Hablé con Rubén Díaz, el asistente de Brian Augustyn, el editor de DC, y me propuso hacer Flash, a lo que lógicamente dije que sí. Pero a las dos o tres horas me llamó Suzanne Gaffney, de Marvel, para proponerme también trabajar con ellos. En ese momento me dije: «Vale, ya está. De aquí no me echan ni con agua caliente» [risas]. Como me acababa de comprometer con DC le tuve que decir a Suzanne que en ese momento no podía trabajar con ellos. En aquella conversación apalabramos ya, de hecho, colaborar en la serie de Bishop cuando estuviera yo disponible. En DC, Brian luego me pidió que prolongara mi colaboración en Flash, pero yo entonces tenía claro que el sitio donde quería estar era en Marvel.  

A lo largo de tu carrera has ido dando saltos entre una editorial y otra. ¿No te ha resultado perjudicial todo ese vaivén profesional?

Eso allí no está ni bien ni mal visto. Son solo opciones, formas de trabajar. O bien trabajas como freelance para las dos editoriales, de forma alterna, o bien firmas un contrato largo con una de ellas. Allí se trabaja de cualquier forma. Yo habitualmente firmo por tiempo y por números, lo cual obliga a la editorial a darte una serie de trabajos mínimos por año. Luego también los honorarios se establecen de mil formas. Se puede establecer un page rate, lo que sería una tarifa por página, o un flat rate, a tebeo completo. En caso de incumplimiento por tu parte, porque te hayas retrasado o lo que sea, el contrato se prorroga automáticamente hasta que se termine el compromiso. En realidad no hay ninguna norma. El gran negocio del capitalismo es hacerte creer que hay normas pero en verdad no hay ninguna. Cada uno se las apaña como puede. Cuando tienes el poder, tú estableces las condiciones. Cuando el poder lo tienen otros, las asumes.

De todos modos, debido a la distancia, mi gran preocupación siempre ha sido el quedarme fuera de la comunidad creativa. En Estados Unidos hay una iniciativa que se llama Hero Initiative, que es un plan de protección para los autores, hecho por los propios autores, para casos de jubilación, enfermedad, etc. Ya sabes que en Estados Unidos ante esas contingencias estás completamente desprotegido. Me pidieron que me uniera a la causa y yo encantado. Pero, claro, les decía: «¿Y para los dibujantes que vivimos fuera, qué puede hacer la iniciativa?». El no poder participar de los problemas directos de la profesión ha sido siempre mi mayor miedo. Por este motivo me he preocupado de estar siempre trabajando, ya sea para Marvel o DC.

¿Y a quién quieres más, a mamá DC o papá Marvel?

¡Uf! Durante un tiempo me fue muy difícil establecer una diferenciación. Trabajar en Marvel es como independizarte, como irte a vivir solo. Pero de vez en cuando echas de menos volver a casa, y en ese sentido DC es el sabor de la comida de verdad. Hoy ya da igual una que otra. Está todo uniformizado.

De todos modos, como yo nunca he trabajado en Estados Unidos, siempre lo he hecho desde casa, mi relación profesional con ellos es la que es. Aun así, cada vez que he trabajado con un editor he hecho el esfuerzo por conocerlo en persona. Siempre me ha parecido negativo que el editor piense en ti como un nombre. Sobre todo ahora que ni siquiera eres una voz al otro lado del teléfono. Un editor hoy día te puede despachar rápidamente: basta con no contestarte un e-mail. Ojos que no ven, corazón que no siente. Por eso siempre digo a la gente que empieza, y este es uno de los pocos consejos que yo me atrevo a dar, que hay que procurar que te conozcan personalmente, para que cuando piensen en ti piensen no solo en una firma. Hay que tratar de humanizar este trabajo un poco.

Los norteamericanos sí que tienen una mayor conexión entre ellos, lógicamente, a pesar de que cada uno trabaja en un sitio diferente, en su casa o en su estudio, porque en las sedes de Marvel o DC no hay ningún artista. Allí lo más que hay es el equipo de producción, toda la parte técnica. Estados Unidos es tan grande que cada semana hay una convención, así que ellos se ven de manera habitual. Yo trato de ir a un par de convenciones al año. Ahora, gracias a las redes sociales, tenemos más ventanas para estar en contacto entre nosotros. Tenemos nuestro particular grupito de Facebook en el que nos metemos con los editores y tal, y rajamos de nuestras cosas [risas].

Tanto en Marvel como en DC has podido participar en prácticamente todas las grandes series de superhéroes: Superman, Linterna Verde, Patrulla-X, Capitán América, Cuatro Fantásticos, Flash, Vengadores, Thor… ¿Cuál te queda?

Spiderman. Me ofrecieron participar en la serie pero coincidió en una de estas que ya me había comprometido con DC. Nunca he trabajado con Spiderman y me gustaría. Bueno, no sé si me gustaría. Esto me pasa mucho, porque normalmente tú estás pensando en una serie de conceptos que se mezclan en tu mente, asociados a tal o cual personaje, pero tienes que tener claro que ninguno de esos conceptos está presente en las historietas hoy día. Para bien o para mal, los superhéroes son ahora exclusivamente una imagen, y el parecido que puedan tener con lo que tú tienes en mente es ninguno.

¿Por qué superhéroe sientes predilección?

Nunca me han interesado los superhéroes republicanos del tipo Capitán América o Superman. Los grandes nombres no me interesan. Yo siempre he sentido debilidad por los personajes de segunda fila, los que salen detrás en el chorus line. Sobre todo aquellos que han sido ciertamente ambiguos, aunque ahora no se les recuerde como tales. Ojo de Halcón ha sido mi favorito de siempre. Me gusta además porque inicialmente fue un villano.

Yo soy un niño del wéstern, así que la estética del arco en mano siempre me ha fascinado. Tengo especial predilección por los arqueros. Flecha Verde también es un personaje que me encanta. ¡Era un hippie absoluto! Aquellas aventuras que hicieron Denny O’Neal y Neal Adams con Flecha Verde y Linterna Verde, aquel viaje por América, a finales de los sesenta…

Hablando de arqueros, uno de tus trabajos más recordados es Arrowsmith, con guion del gran Kurt Busiek, que quizás sea lo más alejado al mundo de los superhéroes que has dibujado.

El periodo que más me gusta de Marvel coincide con el final de los años sesenta y los primeros años setenta, justo cuando irrumpen como artistas la primera generación de aficionados al cómic. Jim Starlin, Howard Chaykin, Barry Smith, Mike Kaluta… artistas que han crecido con el cómic Marvel, pero también con el cómic underground de los años sesenta, con autores como Robert Crumb o Gilbert Shelton. Se crea así en ellos una mezcla estética y conceptual un tanto particular. A su vez, son una generación con la que es fácil compartir muchas influencias. Estos artistas, a la vez que hacían sus trabajos para Marvel, tenían otros proyectos colaterales en los que desarrollaban ideas distintas. Arrowsmith responde bastante a esa línea. Se trata de un proyecto que tiene mucho que ver con mi interés por los cómics de Pilote, pues tiene mucho de ese componente de historieta franco-belga de los años cincuenta y sesenta.

A mí la Primera Guerra Mundial siempre me ha interesado mucho. Fue una guerra a caballo entre dos mundos, uno que se acababa, otro que nacía. Los que participaron en ella tienen ese halo de generación perdida. Kurt Busiek y yo empezamos a darle vueltas a esta idea, y desde un principio tuvimos claro que queríamos hacer una historieta bélica. En aquel momento, en Estados Unidos, hacer un cómic bélico era suicidarse. Había que meterle elementos mágicos que disimularan un poco el componente bélico. Date cuenta de que el cómic salió en 2003, con el 11S todavía en carne viva. Recuerdo que cuando aquello ocurrió, hubo muchas voces que proclamaron la muerte de los superhéroes, argumentando que ya no tenían cabida en la actual posmodernidad, pues de algún modo habían fracasado como concepto. Fíjate lo acertado de sus vaticinios: nunca los superhéroes han tenido más presencia que ahora. Estos profetas olvidaban que los superhéroes son hijos de los momentos más turbulentos de la historia.

Aunque Arrowsmith tiene ya un tiempo, el personaje sigue estando vigente en la mente de muchos aficionados. Nos lo siguen pidiendo allá donde vamos, y de hecho tenemos planes para retomarlo. A no ser que nos pase algo drástico a Kurt o a mí, el personaje pervivirá. Tenemos un guion. Solo necesitamos el hueco correspondiente para poder hacerlo.

Kurt Busiek tiene un cómic que me encanta: Marvels.

Ese cómic es el culpable de que Kurt y yo trabajemos juntos. Rafa fue quien me dejó Marvels, y recuerdo estar en la playa de Conil, en un día de viento de esos, leyendo aquello flipado. Yo pensaba: «Tengo que trabajar un día con el pavo este. No sé de dónde ha salido, pero tengo que trabajar con él». Quién me iba a decir a mí que terminaría durmiendo en su casa y él en la mía, varias veces además [risas].

Me imagino que habrás conocido a muchos de tus ídolos.

Sí, pero lo que más te satisface no es tanto conocerlos como darte cuenta de que ellos te conocen a ti [risas]. Ese es el punto. Desde que vivo en Madrid me he convertido en una especie de cónsul del cómic Marvel en España. Cada vez que viene uno de estos por aquí me da el toque, vamos juntos a ver el Templo de Debod y acabamos de gin-tonics. Así he estado con Steve Englehart, el gran guionista de Los Vengadores, Capitán América o Batman, que es un tipo maravilloso, un hippie que ha vivido en Ibiza y que ha hecho siempre su obra al margen de todo el mundo. En Capitán América lo mismo juega con el Watergate que hace que el personaje renuncie a su identidad para convertirlo en un nómada. Aquel cómic nos explotó la cabeza a todos, era totalmente hippie. Entonces, que este hombre venga por aquí, me llame y nos vayamos por ahí a cenar juntos me sigue pareciendo algo asombroso. El último con el que estuve fue George Pérez, que es también un tío maravilloso, entrañable.

Con Chris Claremont estuve en Sevilla, y me lo llevé por el centro a tomar bacalao con tomate [risas]. Por la noche pasamos por una calle y nos encontramos con una pequeña procesión, el pobre se volvió y me dijo asustado: «¿Esto qué es?». «Esto es normal aquí, Chris, por muy anormal que te parezca», le dije [risas]. Chris es genial, tengo con él mucha amistad. Cuando voy a Estados Unidos quedamos siempre. Un día el tío se hizo un montón de kilómetros solo para ir a Nueva York y tomarse un café conmigo. Yo iba con mi hijo. Recuerdo que estábamos charlando no sé de qué, creo que de La máquina del tiempo. Chris diciendo: «¿Cómo se llamaba el tipo que escribió ese libro? ¿Orson Welles?» [risas]. No nos salía. Entonces coge mi hijo, que no ha leído a H. G. Wells en su puñetera vida, y le suelta: «H. G. Wells». Nos dejó a los dos flipados [risas].

De todos modos, con quien yo más me identifico es con los autores de la generación de los setenta que te decía antes. Recuerdo estar hablando con Howard Chaykin y él recomendándome que viera Mad Men, cuando acababa de salir. Al volver a verlo, en otra convención, me preguntó: «¿Has visto ya Mad Men? ¿Qué te ha parecido?». Y le dije: «Es como Ultimate Bewitched», como la Embrujada definitiva [risas]. Cheykin se partía de risa: «¡Es verdad!», me decía. Poder hablar a este nivel con esa gente es muy especial. Otro día, hablando con él de música, me preguntó si conocía a los Quicksilver Messenger Service, creo que estábamos hablando de John Cipollina, no sé, y yo le dije: «Claro que los conozco». Y el tío no se lo creía. Se quedó así como muy desconfiado, pensando que lo mismo se lo estaba diciendo para quedar bien [risas]. Claro, ellos han vivido toda esa época, la han mamado, y que ahora venga uno de España y no solo conozca a esos grupos sino que se haya criado también con ellos los deja a cuadros. Por eso te digo que me siento muy identificado con esa generación.

Sueles citar como influencias de tu dibujo a Jack Kirby, Neal Adams y John Buscema. ¿Qué destacarías de cada uno de ellos?

A ver, Jack Kirby no lo es tanto. Kirby me gusta mucho, sobre todo cuando está entintado por Joe Sinnott, es decir, en una época muy concreta de Cuatro Fantásticos, después del número 50 y hasta el 75, o así. A Kirby le empecé a coger más el gusto con Kamandi, o con obras más personales como Los nuevos dioses. Pero en aquel entonces, cuando Neal Adams y Jack Kirby coexistían, y teniendo en cuenta que Kirby aún no gozaba de la mitología que tiene ahora, lo que hacía Adams era inigualable. Además, es que en él veías el componente de modernidad. Los tebeos de Kirby eran tebeos hechos por un «señor mayor». Eso lo percibías claramente si participabas del medio.

Luego John Buscema resumía a ambos autores: tenía lo mejor de cada uno de ellos, y para mí, y para Marvel, durante varias décadas, fue el epítome de lo que debía ser un dibujante de superhéroes. Me llama la atención que hoy esté no ya denostado pero sí un tanto olvidado. Kirby está mitificado con todo el derecho del mundo, pero parece que haya que recordar que cualquier número uno de Marvel, durante un tiempo, lo tenía que hacer Buscema, sí o sí, porque era él quien marcaba la pauta. Buscema fue además el autor que escogió Marvel para hacer aquel libro mítico que cualquier aspirante a autor tenía que leer: Cómo dibujar cómics al estilo Marvel. Ese libro explicaba muy bien la diferencia entre un tebeo de la Marvel y otro de cualquier lugar del mundo.

Cuando yo entré en Marvel, Buscema ya había muerto, y Kirby lo hizo al poco. A Neal Adams sí lo he conocido, hemos charlado mucho. Hemos estado cenando, y me ha contado su teoría de la tierra hueca. Se enteró de que yo era biólogo y me cogió un día por banda en Toronto y me estuvo contando toda aquella historia de por qué la teoría de las placas tectónicas es falsa, porque lo que ocurre en verdad, según él, es que la Tierra va creciendo, y eso es lo que hizo que los continentes se separaran. Es normal que alguien que ha sido tan grande tenga esas historias metidas en la cabeza [risas].

Con Neal Adams tengo también la anécdota definitiva musical-comiquera, cuando me enteré de que en su trabajo en Los Vengadores le había puesto a las hormigas del Hombre Hormiga los nombres de Crosby, Stills y Nash, que son mis favoritos de toda la vida. En España no se llamaron de ninguna forma, porque en la edición de Vértice les quitaron los nombres, así que yo me enteré de esto mucho después, décadas después, en un libro sobre cómics, y me pareció genial.

¿Qué es más gratificante, dibujar un personaje mítico, ya consolidado, o un personaje propio?

Dibujar un personaje mítico. Todavía tengo ese punto fanboy. Alimentar al fanboy que hay en mí me resulta muy gratificante. Entiendo que hoy día los autores que llegan no tengan ese vínculo con los cómics, pero yo sí lo tengo, no me ha desaparecido. De hecho, soy muy fetichista con las ediciones aquellas de Vértice, por malas que fueran, porque son mis ediciones, con las que yo comprendí este mundo. Con los personajes mantengo todavía un vínculo muy especial, y por eso me resulta tan satisfactorio dibujarlos. No te puedo negar que me pasa justo lo contrario cuando trabajo con personajes que nunca me han gustado. Eso me supone un reto. A mí nunca me interesó Superman y Superman es uno de mis trabajos favoritos, sencillamente porque he intentado hacer un Superman para mí, no como autor, sino para el niño que fui.

Has confesado utilizar el método Stanislavski para hacer tus cómics. Explícanos esto.

Sí, eso lo suelo decir, pero en tono de broma, evidentemente, con ironía, aunque algo tiene de verdad. Yo intento ser los personajes que dibujo. Dado que tenemos un tiempo concreto para hacer una historieta, me gusta dedicar gran parte de ese tiempo a estudiar a los personajes, su comportamiento, su manera de ser, su forma de interrelacionarse con otros personajes. Me gusta trabajar el cómo serían sin el traje puesto. Más que buscar un grafismo con el traje me gusta investigar quién hay debajo del traje. Intento que cada uno tenga su propia personalidad y su propia manera de desenvolverse dentro de la historia. Para el Capitán América siempre tengo en mente que debe ser alguien que emane autoridad. Dibujar al Capitán América dando puñetazos creo que es una manera errónea de enfocar al personaje. Él debe ser el superpolicía perfecto. Tengo un amigo que estuvo embarcado en el Juan Sebastián Elcano, y un día atracaron en Nueva York. Mi amigo se bajó del barco, cogió una botella de whisky y se fue, vestido de marinero, a bebérsela por las calles de Nueva York. Al doblar la esquina se encontró con un policía, que tan solo lo miró, no le dijo ni mu. Mi amigo cogió la botella, la vació en el suelo y la tiró luego a la papelera. Ese es el Capitán América. Si el Capitán América te da una hostia para que no bebas, no es el Capitán América.

Hablando de hostias, el uso de las clásicas onomatopeyas del cómic, tipo «boom, «crash», «kaboom», «flash», ¿no se ha quedado ya un poco obsoleto?

Yo las uso, porque creo que todo lo que pertenece a una tradición narrativa propia está para usarse. Luego, es cierto que elimino muchas cosas que no me gustan de esa tradición. Por ejemplo, huyo de las líneas cinéticas. No me gusta usarlas. Ya hemos aprendido otras técnicas para demostrar el movimiento de los personajes sin tener que dibujar esas clásicas líneas cinéticas. Pero después hay otros elementos que son esencialmente pop y que pertenecen a la tradición propia de la historieta y creo que está bien que sigan existiendo.

Hemos hablado de tus influencias como dibujante, pero ¿de dónde nace tu imaginario?

Mi imaginario historietístico es muy cinematográfico. Yo creo haber visto tanto cine como cómics he leído. Soy un hijo de los cines de verano, de ir al cine a ver qué película ponen, una vez allí sentado. Así te podías tragar Kárate a muerte en Bangkok o Las colinas tienen ojos, El diablo sobre ruedas o Taxi Driver. Daba igual. Cualquier cosa. Yo iba al cine todos los días en verano y en invierno una vez por semana. La similitud entre el cine y la historieta es evidente. Tienen técnicas narrativas distintas, pero al fin y al cabo ambas utilizan un lenguaje visual. Mucha gente dice que mi estilo es muy cinematográfico y tiene que serlo.

Has citado películas que pertenecen a una generación equivalente a la generación de los setenta con la que tanto conectas en el cómic. Me refiero a directores surgidos de escuelas de cine, estudiosos del cine clásico y con una estética claramente posmoderna.

Es cierto. John Milius, Oliver Stone, Francis Ford Coppola, Wes Craven, David Cronenberg, Roman Polanski… Yo crezco con los ciclos televisivos de Alfred Hitchcock, Marilyn Monroe, Humphrey Bogart o Cary Grant, pero cuando empiezo a conformar mi mundo estético es cuando la obra de esos directores empieza a estar presente en las carteleras.

Ahí se produce una generación absolutamente transversal. Scorsese dirige la segunda unidad en Woodstock, y al poco te está haciendo Taxi Driver, una película que, de alguna manera, podría ser la primera película moderna de superhéroes. Hace poco leía un artículo sobre la presencia del cómic en la obra de Scorsese, que no es que sea una cosa muy evidente o constante, pero sí que está presente. En El cabo del miedo, De Niro sale haciendo flexiones en una celda y en la pared, junto a las imágenes de Stalin y tal, hay una portada del Capitán Marvel firmada por Gil Kane. En Infiltrados sale el famoso cómic de Wolverine, que le da al niño, por no decir que, aunque sea un remake de una película de Hong-Kong, la historia que ahí se cuenta es la misma que la de Los nuevos dioses de Jack Kirby: el hijo del malo criado por los buenos y el hijo de los buenos criado por los malos. Por otro lado, Scorsese siempre ha contado que, de niño, cuando llegaba a su casa de ver una película en el cine, se sentaba a contar esa historia lápiz en mano, como si estuviera haciendo el storyboard, así que entiendo perfectamente esa similitud que existe entre mi mundo estético y el cinematográfico. Eso no quita para que también pueda participar de otras propuestas. Me gustan las películas de Bertolucci, Truffaut, Bergman o Rohmer, pero la percepción que tengo de ellas es puramente intelectual, de ahí que no logre incorporar elementos suyos a mi estética, cosa que sí me pasa, por ejemplo, con Taxi Driver. De hecho, años después, a Lobezno le di en un cómic la imagen de Harvey Keitel en esa película. Le puse la misma camiseta blanca de tirantes, y le dibujé un cinturón de los Grateful Dead, con el disco American Beauty, haciendo ya ahí un chiste.

Eres un gran entusiasta del rock and roll. ¿De qué manera se ha filtrado en tus dibujos ese amor por la música?

No creo que haya mucho espacio para que se pueda filtrar, la verdad. Con todo, más allá del hecho de meter en las viñetas algún que otro guiño como el que te acabo de contar, sí que creo que el rock marca una forma de involucrarse con el medio. Esto se ve claro en la obra de Howard Chaykin o Jim Starlin. La generación Image, por ejemplo, la de Jim Lee o Rob Liefeld, es una generación eminentemente pop. Pop en las formas, y pop a la hora de convertir al autor de cómic en una estrella. Jim Lee podría ser el Michael Jackson del cómic. La gente considera que si te pones el guante de Michael Jackson ya eres Michael Jackson. La gente ya no quiere dibujar como Jim Lee sino que quiere ser Jim Lee. Rob Liefeld sale anunciando Levi’s en la MTV. Se ha producido en esa generación un punto de inflexión que la aleja de mí. En cambio, cuando el autor no es pop sino que ha bebido del pop, del rock and roll, consigue que yo me vincule con su obra de una forma muy intensa.

Dave Gibbons es el autor de la portada de un puto clásico del rock, el disco Too Old To Rock ‘n’ Roll: To Young To Die!, de Jethro Tull. Yo me enteré de esto por él, me lo contó en persona, y no me lo podía creer. Después Dave te hace The Originals, que es una especie de Quadrophenia futurista. Me contó que había sido mod y que Alan Moore había sido rocker, esos conflictos de la vieja escuela, pero luego los dos juntos te hacen una obra como Watchmen. En ese momento te das cuenta de que estás con gente que bebe de la misma fuente que tú, que comprende las claves de la generación Woodstock. Cuando se anuncia en los cómics el compromiso de boda entre La Visión y la Bruja Escarlata, una periodista le pregunta a una chica: «¿Qué te parece este compromiso?». La respuesta de la chica es: «Esto es lo más grande que ha pasado desde que James y Carly anunciaron su matrimonio». Sé a lo que se está refiriendo porque pertenezco a esa misma cultura.

Hoy me encuentro con que esa cultura ya ha pasado, así que intento vincularme con el presente siendo a la vez consciente de que no puedo beber del mundo de hoy, pues no pertenezco a él. Todo ha cambiado. Marvel funciona a otros niveles. Incluso la gente que hoy día es rock and roll, lo es en otro sentido. Me puede gustar lo que hacen, pero no lo puedo asumir de manera orgánica.

Antes te contaba el guiño a los Grateful Dead, pero el caso más impactante que he tenido en este sentido fue con la portada del número uno de Avengers Forever, que hice con Kurt Busiek. Intentando retomar la tradición del personaje, dibujé a Rick Jones rodeado de las cabezas flotantes de todos los superhéroes. Rick Jones era ahí el fan metido en el Universo Marvel. Un miembro honorífico de Los Vengadores. Casi nadie se acordaba de que Rick había sido cantante de rock en los años setenta, así que se me ocurrió dibujarlo con una camiseta de Hot Tuna, el grupo que montaron Jorma Kaukonen y Jack Casady tras Jefferson Airplane. Kurt y yo le enviamos a Marvel la portada y nos dijeron que se la tenían que enviar antes a los abogados del grupo para que aprobasen su inclusión. Los abogados contestaron diciendo que no, que no nos daban permiso. Aquella negativa me pareció una tontería, básicamente porque hoy no se acuerda nadie de Hot Tuna. Más que intentar aprovecharnos de su nombre para atraer a más lectores, yo creo que le estábamos dando un scope al grupo que no tenían. Entonces a Kurt Busiek se le ocurrió contestarles diciendo que ya que no nos daban permiso íbamos a poner en la camiseta Not Tuna. Nos llamaron al día siguiente diciendo que sí, que al final nos daban permiso, pero es que más tarde recibimos un paquete de Casady y Kaukonen, con un montón de ejemplares comprados, pidiéndonos que, por favor, se los devolviéramos dedicados [risas]. Para mí es un regalo tener esta conexión con gente con la que has crecido. Pienso en cuando yo escuchaba en San Roque, de chaval, el «Hesitation Blues» de Hot Tuna y me parece todo muy emocionante.  

El llamado Universo Marvel hace tiempo que se les fue de las manos. ¿Hay alguien en la editorial que sepa lo que está pasando en los cómics?

Tom Brevoort, uno de los vicepresidentes de la compañía. Es el único. Es una enciclopedia viviente. Sigue siendo el referente de lo que hay que saber en el Universo Marvel. Actualmente es el editor de la línea de Los Vengadores.

Stan Lee no tiene ya ni idea, ¿no?

Stan Lee hace décadas que dejó de leer cómics. Es todo un personaje. Es el gran relaciones públicas de Marvel, el mejor que podían tener. Marvel no sería Marvel sin Jack Kirby, pero tampoco lo sería sin Stan Lee. Los dos eran absolutamente capitales, cada uno en su faceta. Kirby creativamente y Lee creativamente también, pero sobre todo como relaciones públicas. Estamos hablando de un señor que apareció desnudo en un sofá, imitando a Burt Reynolds, tapándose las partes con un tebeo de Hulk. Hay que tenerla muy dura para hacer eso [risas].

También hay que tenerla muy dura para colar en un cómic de Marvel una camiseta del Betis. ¿No te han llamado nunca la atención por tus famosas morcillas «ibéricas»?

[Risas] No, nunca. Eso forma parte del montón de horas que me tengo que pegar sentado trabajando. Tras doce horas haciendo una página en la que salen dos policías, no te queda otra que ponerle a uno «Jander» y al otro «Gromenauer», esperando en verdad que nadie se dé cuenta. Esas cosas las hago para mí, para echarme yo unas risas y pagar de paso tributo a mis propios dioses: Lopera, Chiquito de la Calzada, la Virgen del Rocío… [risas].

Sí creo que te han llamado la atención con las escenas de sexo.

Sí. Además soy muy beligerante con este tema. No podemos estar haciendo cómics con los patrones morales de hace cincuenta años. En Juego de tronos salen escenas que son impensables en el mundo de los cómics. No tiene sentido seguir excluyendo el sexo de la historieta. No estoy hablando de mostrar desnudos o gente follando. Hablo de que hoy día el sexo tiene que formar parte de los motores de la historia. Nos estamos moviendo en un mundo donde un chaval de trece años ha visto más sexo que el que ha visto mi padre en toda su vida, en cantidad y en calidad, en todo. No podemos estar dándole la espalda a la realidad. El target de los cómics es el mismo que el de Juego de tronos. Sin embargo, en el mundo de los superhéroes estamos todavía con el amor, el amor, el amor…

¿La compra de Marvel por Disney se ha notado en este sentido?

No es que se haya notado, es que yo lo he vivido en mis carnes. A ver, no sé si tiene que ver con la entrada de Disney o tiene que ver con esa deriva hacia la desexualización de los personajes que estamos viviendo hoy día. Por un lado estamos viviendo una desexualización icónica, que me parece necesaria. Es decir, no podemos trabajar con unos personajes femeninos que se exhiben como objetos sexuales, porque esa es una sexualidad dirigida exclusivamente hacia el lector. Tormenta iba enseñando las tetas, pero se las enseñaba al lector, no a los compañeros de grupo. Ese es uno de los grandes problemas que ha tenido siempre el cómic de superhéroes, que tradicionalmente se ha dirigido hacia el lector onanista masculino, y esto está cambiando hoy día. Y no tiene nada que ver con Disney sino con otras circunstancias externas que me parecen, en este sentido, positivas. Lo malo es que esta desexualización icónica no se ve «compensada» por una naturalización del sexo dentro de la narración. En Capitán América dibujé una escena con Ojo de Halcón y una chica. Los dos se despiertan por la mañana después de haber pasado una noche de farra y sexo salvaje, y Marvel me pidió que dibujara a los personajes con ropa interior. Yo en esa escena no muestro nada. Intento utilizar planos donde no se pueda ver nada sexual, sobre todo porque conozco los límites de la censura, que sigue existiendo. Marvel y DC están censurados. Hay cosas que no se pueden contar. Los dos rombos no han desaparecido de nuestra sociedad. Me piden entonces que los dibuje con ropa interior. ¡Pero si han estado toda la noche follando! No sé si es Disney o no, la verdad, pero lo único cierto es que todo esto sucede bajo su control.

Contrasta mucho ese lado naíf, casi infantil, con las lecturas filosóficas que han hecho muchos estudiosos del mundo de los superhéroes, desde Umberto Eco a Tom Morris.

Sí, pero yo nunca he tenido la necesidad de justificarme. No digo que ellos lo hagan, pero para mí nunca ha sido necesario explicar por qué quiero a mi padre y a mi madre. Con los superhéroes me ocurre igual. Nunca me he visto en la necesidad ni siquiera de explicármelo a mí mismo. Siempre ha sido algo que ha formado parte de mi manera de relacionarme con la realidad. Todo proceso de psicoanálisis del medio me parece interesante, pero yo no he necesitado hacerlo.

Pero, por ejemplo, tú mismo sueles calificar a los superhéroes de «dioses laicos».

Sí, sí, lo son, pero es que el medio se justifica solo, no hay que darle más vueltas. El medio ha dado obras lo suficientemente potentes e influyentes dentro de la cultura no ya popular, que es un concepto un tanto relativo, sino del siglo XX como para tener que andarnos con justificaciones innecesarias. Hablábamos antes de Jack Kirby: se trata de una figura que está presente en el mundo. Watchmen es por otro lado el punto álgido en la creación de superhéroes. Después de ese tebeo no hay nada más.

Las películas de Marvel han cambiado la fisonomía de los superhéroes clásicos, y no me refiero solo a nivel estético, hasta el punto de que el cómic está copiando ahora al cine.

El cómic está viviendo una gran injusticia con todo esto de las adaptaciones cinematográficas. Cierto es que las películas nacen de la estética que se deriva de dos cómics: The Authority, de Warren Ellis; y The Ultimates, de Mark Millar. Ambas historias están dibujadas por Bryan Hitch. Bryan desarrolla ahí muy inteligentemente un estilo cinematográfico no ya en la narración sino en el layout, en lo que sería el desarrollo de las viñetas. Trabaja con los personajes desde el realismo, no desde el naturalismo. De esas dos obras se toman las claves para hacer las películas. Una de estas claves es la desaparición del alter ego. Salvo en los casos de Batman, Superman y Spiderman, hoy día ese componente ha desaparecido. Ya no existe esa dualidad mundo privado-mundo público. En las películas de Iron Man todo el mundo sabe quién es Tony Stark. Esto, que aparentemente puede parecer anecdótico, atenta contra la línea de flotación de la concepción clásica del superhéroe. El alter ego es lo que ha definido durante décadas al superhéroe. Ahora han dejado de ser vigilantes que ocultan su identidad privada para ser fuerzas al servicio de una organización paramilitar: SHIELD. Ya no tienen vida privada, o si la tienen la han abandonado. Casi todos van desenmascarados por la sencilla razón de que los actores necesitan mostrar su cara. ¿Por qué se está siendo injusto con el cómic? Se ha convertido en un cliché eso de decir que el cine es un medio distinto al cómic y que por tanto necesita adaptar a los personajes, pero cuando la adaptación se produce al revés, cuando el cómic es quien adapta al cine, esa adaptación de los personajes no se da. Cuando se estrenaron las primeras películas de X-Men, en los cómics de Grant Morrison y Frank Quitely se decidió quitarles los trajes clásicos para ponerles chaquetas de cuero. Esa decisión fue totalmente errónea. Funcionaba con Lobezno, pero nada más, así que hubo que volver a los trajes de licra o de moléculas inestables, o de lo que sea que estén hechos. Date cuenta de lo maravilloso del asunto: cómo se han buscado una explicación absurda para justificar un traje [risas].  

Por ir cerrando: ¿tu dibujante favorito?

Depende de la semana. En esta tengo a Gaby Walta. Es un artista fantástico, que se merece todo lo que le está pasando y muchísimo más. Las cosas que están haciendo en Estados Unidos los nuevos autores españoles, gente como David Aja o Emma Ríos, toda esta generación joven me parece excepcional. Que sean ellos los que estén marcando la pauta de cómo se tiene que hacer el cómic norteamericano me parece maravilloso. Algo bien estaremos haciendo desde aquí para que eso esté ocurriendo.

¿Tú cómic preferido?

¡Uf! Yo qué sé. Curiosamente, no sería uno de superhéroes. Yo, sin un cómic de Carlos Giménez no podría vivir. Puedes quemar todos los cómics de superhéroes que hay en mi casa, pero ni se te ocurra tocar mis Giménez. Su Miserere fue para mí como una aparición mariana, porque hasta entonces las historietas que yo había leído eran cuadrículas más o menos perfectas, y aquello fue una explosión de creatividad, otra dimensión. Para mí supuso un cambio drástico en la manera que tenía de relacionarme con el medio.

Por último, una curiosidad: ¿Qué se siente dibujando a Galactus, «el engullidor de mundos»? ¿No te han entrado nunca ganas de dibujarlo y acabar con todo de una vez?

[Risas] Dibujando a Galactus tuve un problema con ciertos aficionados norteamericanos. En aquel tiempo estaba yo haciendo los guiones de Cuatro Fantásticos y me tocó dibujarlo tras haber estado desaparecido durante mucho tiempo. A su regreso, le di una línea de diálogo en la que decía: «Yo soy el que soy». Y eso me supuso un problema serio con el fandom integrista religioso, porque me dijeron que no podía utilizar una frase de Dios en un cómic. Pero claro, yo ahí argumenté que Galactus es más que Dios. ¿Cómo no va a poder decir esa frase? [risas]. Fue un personaje muy divertido de dibujar. Esos personajes que se extralimitan, que van más allá de la propia concepción mental, me parecen geniales.

22 Aug 09:24

¿Por qué seguimos practicando sexo?

by So Sad Today

¿Te acuerdas de la primera vez que llegaste al orgasmo masturbándote? Empiezas explorando por ahí abajo y, de golpe, un paraíso extraordinario de sensaciones eclipsa tu percepción sensorial y libera explosiones de un placer que antes desconocías. Un nuevo paradigma mágico, una dimensión que no sabías ni que existía. Dicen que los milagros son un cambio en la percepción de las cosas. El primer orgasmo al que llegas masturbándote es un milagro, y los que siguen son la resurrección del primero.

Para mí, la masturbación es la manera en que el cosmos te dice, "tienes un dios dentro de ti, tienes misterio, y también la habilidad de hacer algo maravilloso de la nada". Muchas veces, después de haber tenido una experiencia sexual mediocre con alguna pareja, he pensado, "¿por qué he hecho esto en vez de quedarme en casa, masturbarme y comer algo?". Incluso cuando echo los mejores polvos, a menudo necesito masturbarme para llegar al orgasmo. Quizás la persona con la que estoy pueda sentirse un poco excluida.

¿Por qué con todo el porno que tenemos (...), con los juguetes que simulan el cunnilingus, y un buen par de manos, nos seguimos preocupando de buscar otros agujeros?

Uno de mis colegas me preguntó si prefería que él se fuera de la habitación, y otro me dijo que parecía Houdini intentando escapar de la tortura de la gota de agua. Un tercero me confesó que cuando yo me masturbaba y él intentaba metérmela al mismo tiempo, notaba como que mi vagina intentaba expulsar su pene.

Sé que no todo el mundo es tan introvertido, ni se siente tan desligado —y, a la vez, encerrado— en una vida tan fantástica y épica como me siento yo. Pero la duda sigue ahí, ¿por qué con todo el porno que tenemos, con los robots sexuales que ya se están haciendo hueco en el mercado, con los juguetes que simulan el cunnilingus, y un buen par de manos, nos seguimos preocupando de buscar otros agujeros, aparte de los nuestros? Decidí hacer la pregunta a varias personas creativas que conozco.

"Creo que todavía hay muchas razones: la necesidad biológica que siempre ha habido; el miedo a la soledad; la idea de que el 'buen' sexo es siempre mejor que tocarte tú solo; los mimos; el miedo a la inteligencia artificial, es decir, a los robots; el pensamiento de que los robots sexuales son seguramente aburridos y poco creativos; los robots no han conseguido hablar de manera natural, así que seguramente no pueden decir guarradas; aunque la gente se odie, en el fondo todo el mundo tiene sentimientos y necesita a otras personas, pues no puede estar sin ellas", decía el músico, escritor, artista y, a veces, contribuidor con VICE , Kool A.D.

"El sexo es algo que estabiliza y desestabiliza a la vez", explica el cómico Jaboukie Young-White. "La página Pornhub nunca me ha hecho sentir como que necesitaba limpiar mi habitación a fondo en veinte minutos, antes de ponerme a verlo. Tampoco dependía de las fotos que necesitaba hace tres años. Hasta que los robots, la realidad virtual o lo que sea que se invente no consiga imitar perfectamente las sensaciones que se tienen con las relaciones sexuales, el follar va a seguir siendo la opción preferida.

Ya lo sé, por mucho que nos empeñemos en pensar lo contrario, todos necesitamos estar con alguien

"Es como la música", dice el escritor Christopher Zeischegg, también conocido como el antiguo actor porno Danny Wylde. "Puedo ver a mi banda favorita cantando mi canción preferida en un local pequeño, pero con un escenario increíble. Eso era muy emocionante, sobre todo, a los quince años, pero ahora, tengo la canción metida en la cabeza y lo único que puedo hacer es meterme en YouTube o usar el iPhone. Todavía disfruto más o menos cuando escucho esas canciones con videoclip online, es como masturbarse durante dos minutos con un vídeo de PornHub, ¿no? Cuanto más mayor me hago, más motivación me hace falta para saciar mis necesidades. Si no tengo esa motivación, paso, me hago una paja y sigo trabajando, o duermo, o yo qué sé. Pasa lo mismo con ir a ver a un grupo de música en directo, el hecho de tener que vestirte, ir hasta el concierto, y esperar en algún bar de mierda antes de entrar, me da tanto palo ahora mismo que tengo que encontrar una gran motivación".

Es una pena que la masturbación no sea lo que era cuando me estrené en el mundillo hace ya algunos años, pero recuerdo la confusión que tenía de adolescente sobre el tema. A los trece, perdí a mi mejor amiga cuando ella, de repente, empezó a decir que la masturbación era asquerosa y que no lo iba a hacer nunca más (ambas habíamos admitido previamente que nos masturbábamos y que mirábamos la revista Playboy de nuestros padres). Unos años más tarde, conocí a una chica muy guay, sexy, que hacía hípica. Ella decía abiertamente que se masturbaba y, cuando lo decía, nadie quería follar con ella. Ella me motivó para empezar el instituto con una actitud distinta y estando orgullosa de mi hábito.

"Creo que la ausencia de opinión es algo positivo del porno", dice Alissa Nutting, autora de la magnífica novela Made for Love, en la cual la protagonista abandona a su marido, un magnate de la tecnología —quien utiliza una máquina de orgasmos y quiere tener un chip en el cerebro— para irse con su padre —el cual mantiene una relación íntima con una muñeca—. "A veces, es difícil dar explicaciones a la pareja, como, por ejemplo, 'en verdad nunca he querido hacer esto, pero me pone mucho', o 'solo haría eso en el hipotético caso de que tuviera a una morena como las de Myers-Briggs —fundación dedicada a hacer los test psicológicos más comprensibles y útiles para los pacientes—', o 'esto me pone si pienso en que me lo hace ese detective de Ley y orden: acción criminal'. Puede ser bueno tener tus propios gustos y experiencias extravagantes, y a lo mejor hay puntos en común entre esas experiencias extravagantes tuyas y las de otra persona, también de gustos extraños, pero no creo que siempre los haya. Lo que realmente te pone cuando estás solo suele ser muy diferente".

He tenido masturbaciones en que he sentido más intimidad y cariño que en relaciones sexuales con alguien

La escritora, artista, y diseñadora de juegos Porpentine Charity Heartscape respondió a mi cuestión con toda una serie de preguntas.

"1) ¿Alguna vez ha practicado alguien sexo con otro ser humano?

2) La gente quiere algo fuera de lo común, desconocido para ellos, para así no saber lo que pasa después.

3) El sexo es como una parte de una convalecencia galáctica y eterna, que sigue en curso. Me gusta practicar sexo conmigo misma y con otras personas, sosteniendo su mano, para no entrar sola en ese túnel oscuro. No hay solución cuando te has convertido en una roca, pero sí que hay remedios para mejorar la situación.

4) Como los robots sexuales actuales, estoy rota pero contenta, y follarme es un crimen en contra de la naturaleza".

Yo también siento que practicar sexo con una pareja es como practicarlo contigo misma, pero en compañía. Sin embargo, he tenido masturbaciones en que he sentido más intimidad y cariño que en relaciones sexuales con alguien. Echando la vista atrás, me acuerdo de los esfuerzos que tenía que hacer para masturbarme, pues, por ejemplo, cuando me iba de colonias, tenía que fingir estar enferma para que me mandaran a la enfermería toda la noche y así tener un lugar privado para masturbarme. Pero, aunque la masturbación pueda suponer un esfuerzo, las relaciones pueden llegar a ser mucho más difíciles.

"Como mujer cisgénero, he tenido suficientes experiencias sexuales como para saber que la masturbación no solamente es más segura emocional y físicamente, sino que es mucho más rápida, y el nivel de satisfacción que se consigue con ella es más alto", dice la artista Addie Wagenknecht. "El sexo siempre ha sido lo más importante para los hombres cisgénero, motivo por el cual numerosas mujeres cisgénero tienen tantas experiencias sexuales horribles, polvos un tanto embarazosos, o relaciones complicadas, que los robots sexuales, simplemente, eliminan a los hombres del mapa. Conseguimos lo que necesitamos sin tener que pensar en las ETS, o en si él es un acosador. Pero, ¿por qué follo con hombres? Porque donde va mi vagina, va mi corazón, por eso no tengo relaciones sexuales con alguien con quien no tengo una relación. Vamos, que, en mi caso, el sexo y la intimidad emocional están relacionados, no me resulta fácil separarlos.

Las sensaciones de vacío más intensas con personas las he sentido después de tener una relación sexual de mierda con alguien

Me pregunto si es mi corazón el que todavía me hace practicar sexo con otra gente. Es cierto que la masturbación puede ser triste y solitaria a veces, pero yo lo que hago a veces ver algún vídeo porno en el cual los actores son atractivos, y así me olvido de que es porno, y entonces me acordaré otra vez y me sentiré melancólica. También me siento un poco sola después de tener un orgasmo masturbándome. Bueno, mejor dicho, me asalta una terrible duda existencial. Eso me suele pasar, sobre todo, si me he sumergido en una fantasía romántica que quiero que siga ahí después de haberme corrido.

Entonces, está claro que ese sentimiento de tristeza y de aislamiento cósmico no queda relegado de ninguna manera a la masturbación. Las sensaciones de vacío más intensas con personas las he sentido después de tener una relación sexual de mierda con alguien.

Creo que hemos llegado a un punto en que necesitamos tener la aprobación de los demás respecto a nuestra vida sexual

"Creo firmemente que nuestra mente nos hace creer que el sexo solo es divertido o especial cuando lo practicas con alguien. Pero, sinceramente, la mayoría de las veces, follar con alguien es una mierda porque la gente no sabe cómo comunicarse sexualmente ni satisfacer al otro (SOBRE TODO cuando conoces poco a tu pareja)", dice la artista Molly Soda. "Es decir, pienso que el tener relaciones sexuales con una pareja no siempre implica ponerse muy cachondo, sino estar con esa persona.

Creo que hemos llegado a un punto en que necesitamos tener la aprobación de los demás respecto a nuestra vida sexual. Con esto me refiero a que escuchas a gente quejándose porque están 'a dos velas' desde hace mucho tiempo, o por cosas así. Considero que sentimos esa presión de tener que ser muy activos sexualmente, quizás más de lo que nos gustaría.

22 Aug 08:53

Bubble Porn Titillates For A Decade

Screen_shot_2017-08-18_at_4.01.52_pm

For over ten years, the technique of “bubbling” has made people look naked, letting your imagination take over.

22 Aug 08:48

New Mom 'Sliced in Half' in Horrific Hospital Elevator Accident

by Sirin Kale

A 25-year-old mother of three has died in a gruesome and unusual accident in Seville, Spain while being moved between floors in a hospital lift.

The Sun reports that Rocio Cortes Nunez was "sliced in half" while en route to a maternity ward on a stretcher after giving birth via cesarian section on August 20.

Her family said that a hospital porter had wheeled Nunez into a lift that didn't move even though its doors were able to open and close. As the staff member began transporting the stretcher out to swap lifts, the original lift began to operate and move upwards, trapping Nunez. Her exact injuries have not been officially confirmed, but initial reports claimed that she was decapitated by the moving lift.

Mercifully, Nunez's newborn daughter was not in the lift at the time, having been transported to a different hospital to receive treatment for a heart condition.

Read more: Woman Gang Raped, Murdered, and Eaten By Dogs In Horrific Indian Kidnapping Case

"We heard a loud blow in the elevator," Nunez's husband Jose Gaspar told Spanish publication El Correro. "I'm a total wreck."

"It's incredible," Nunez's brother-in-law David Gaspar said. "We still can't believe what's happened. Something has to happen. This cannot go unpunished."

Authorities are now investigating the incident, which took place at Virgen de Valme Hospital in the southern Spanish city of Seville, and a hospital manager has met with the firm responsible for the lift as well as Nunez's family and the porter who witnessed the accident.

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Marina Alvarez, the health minister for the region, said at a press conference that the accident was "quick, unusual and tragic," and that the lift had undergone a recent maintenance check on August 12. Broadly reached out to the Andalucían health care authorities for further clarification, but they have not returned our request for comment.

Meanwhile, Nunez's mother is understandably shocked and distraught. "[Nunez] had given birth at 11 in the morning so I went to the [hospital] information desk," she told local publication Diario de Sevilla. "They told me there a young girl had died and then confirmed it was my daughter.

What a cruel death she's suffered."

22 Aug 08:39

Las diferencias entre chorizo español y chorizo mexicano

by Mary Soco

Chorizo

Ya sea presentado en unos tacos, cocinado con huevos o con papas, con nopales o dándole sabor a los frijoles, el chorizo es un ingrediente popular en nuestra comida mexicana. Un embutido cuyo origen remonta a la Península Ibérica y que hemos hecho nuestro, a tal grado, que hoy en día no es lo mismo el chorizo español que el chorizo mexicano.

Las bases de su elaboración siguen siendo las mismas: carne de puerco sazonada de una forma intensa y con un característico color rojo. En todo el mundo, podremos encontrar diferentes variedades, pero usualmente se categorizan entre español y mexicano gracias a sus bien definidas diferencias.

Historia del chorizo

Chorizo

El chorizo como hoy lo conocemos, es resultado de la unión de dos mundos tras la llegada de los europeos al continente americano en 1492. La carne de cerdo era uno de los productos alimenticios básicos en la Península Ibérica (lo que hoy en día es España y Portugal) y lo había sido durante siglos, y la curación de la carne era elemental para conservarla y cubrir las necesidades de los habitantes.

Por otro lado, uno de los ingredientes más comunes para la elaboración del chorizo es el pimentón, una mezcla de diversas variedades de chiles en polvo, encontrados en el Nuevo Mundo. Este ingrediente, es fundamental para darle sabor y color al chorizo que hoy conocemos, y fue llevado a España por los primeros conquistadores de América.

Chorizo Seco

No hay que olvidarnos que el puerco, y por tanto, el chorizo, no existía en México antes de la conquista, siendo Hernán Cortés el primero en iniciar la operación de una granja de cerdos en el Valle de México. Allí, fue donde la capacidad de la población de mezclar diferentes tipos de chiles para sazonar la comida junto con el uso del vinagre en lugar de vino blanco, lo que logró darle forma a lo que hoy conocemos como chorizo mexicano.

Chorizo español

chorizo español

Las diferencias entre el chorizo mexicano y el chorizo español son muy claras. En primer lugar, el chorizo español es un embutido curado y firme, elaborado con carne de cerdo picada. Su color lo debe al uso de grandes cantidades de pimentón o paprika en la mezcla de especias que son utilizadas en su preparación.

Dependiendo del tipo de pimentón que se use, el chorizo español puede ser picoso o dulce. Además, la paprika usada usualmente es ahumada, lo que da como resultado un sabor profundo y ahumado. Entre otros ingredientes que se usan para prepararlo destacan hierbas aromáticas, ajo y vino blanco.

Al ser una carne curada y añejada por varias semanas, el chorizo español puede comerse sin cocinar, por lo que frecuentemente se sirve rebanado como parte de una bandeja de carnes frías o como parte de las tradicionales tapas españolas. Sin embargo, también es usado para darle sabor algunos platillos cocinados, como son caldos o paellas.

Chorizo mexicano

Chorizo mexicano

Las características del chorizo mexicano son diferentes. En primer lugar, en lugar de carne picada se utiliza carne molida y usualmente se le agrega grasa de cerdo, y se trata de un embutido fresco, no curado. Su color, procede del uso de chiles rojos picantes en lugar de pimentón ahumado, junto con vinagre y otras especias.

Además, el chorizo mexicano se vende crudo, por lo tanto, debe ser cocinado antes de consumirse y aunque no es necesario, comúnmente se desenvuelve de la tripa que lo cubre antes de cocinarlo como si de carne molida se tratara, aunque también suele cocerse entero como parte de un asado y lo utilizamos principalmente para preparar tacos, papas, huevo, frijoles y quesadillas.

Imágenes | Óscar, jules, Carlos Alberto Correa, Rodojuju, Pixabay En Directo al Paladar México | Flautas de papa con chorizo. Receta para las Fiestas Patrias

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La noticia Las diferencias entre chorizo español y chorizo mexicano fue publicada originalmente en Directo al Paladar México por Mary Soco .

22 Aug 08:36

Map of the European inland waterway network

by Alex E
Detailed map of navigable inland waterways of Europe.

Map of the European inland waterway network

22 Aug 08:23

Nos deja Sonny Burgess, leyenda del rockabilly

by Magic Pop
Sonny Burgess 
Albert Austin “Sonny” Burgess nació el 28 de mayo de 1929 en Newport, Arkansas, y falleció el 18 de agosto de 2017 en Little Rock, Arkansas. Cantante, compositor y guitarrista es toda una leyenda del rockabilly.  Formó parte de los Rocky Road Ramblers, creó los Pacers como banda de acompañamiento y debutaría en 1956 con el sencillo “We Wanna Boogie” editado por Sun records. En 2002 entró a formar parte del salón de la fama del rockabilly.


Burgess nació en una granja cerca de Newport, Arkansas. Se graduó de en el instituto de secundaria de Newport en 1948. En los primeros cincuenta actuó en salones de baile y bares de Newport.  Burgess acompañado por Kern Kennedy, Johnny Ray Hubbard y Gerald Jackson formaron una banda de boogie-woogie llamada Rocky Road Ramblers. 

En 1954, tras su periodo militar, Burgess reformó la banda llamándolos Moonlighters tocando con regularidad en el Silver Moon Club en Newport. Aconsejado por el productor Sam Phillips, el grupo creció convirtiéndose en los Pacers con Kennedy al piano, Hubbard al contrabajo, Russ Smith a la batería, Joe Lewis a la guitarra y Jack Nance a la trompeta, siendo uno de los pocos grupos de rockabilly en llevar este instrumento de viento.  


Sonny Burgess 
El primer disco de la banda fue "We Wanna Boogie" editado por Sun Records, en Memphis en 1956, a unos 80 kilómetros al sureste de su lugar de nacimiento. La otra cara era "Red Headed Woman". Ambos fueron escritos por Burgess. Durante el resto de los sesenta siguió grabando sin excesivo éxito y disolvió el grupo en 1971 aunque volvería con el auge del revival. En 1969 salió el Lp “Country Rock” con Bobby Crafford al que siguieron otros “The Old Gang” (1976), “Spellbound” (1992), “Gijon Stomp” (2009), “Everybody´s Rocking Again” (2011), “Live At Sun Studios” (2011) más “Ain't Got No Home” (2017).



Burgess fue incluido en el Rock and Roll Hall of Fame de Europa en 1999. Su banda, llamada ahora The Legendary Pacers, ofreció varios conciertos y sacó un nuevo álbum  “Still Rockin 'and Rollin” en 2000. El grupo fue instalado en 2002 en el Salón de la Fama del Rockabilly. Burgess dirigió también un programa de radio semanal llamado “We Wanna Boogie” con el presentador June Taylor. 


Documento sonoro: 

Sonny Burgess y su "We wanna boogie". 

22 Aug 08:15

Photos from Transnistria, the Country That Doesn't Exist

by Adina Florea

This article originally appeared on VICE Romania.

The self-declared Republic of Transnistria, which sits between Moldova and Ukraine, has fought for recognition for the past 27 years. In 1990, the small state—which is approximately 124 miles long—declared independence from Moldova, after that country broke away from the collapsing Soviet Union. Transnistria, which had a large Russian population, hoped to form a country that could remain a part of the USSR. After a two-year war, the Moldovan government granted the country limited recognition as an "autonomous territorial unit," with some control over its economy.

Today, although it has its own government, currency, and military, Transnistria survives off loans from Russia and isn't formally recognized by the United Nations. The state seems stuck in a bygone Soviet-era; a statue of Vladimir Lenin overlooks the main parliament building, Transnistrian currency has images of Soviet generals printed on it, and there's a framed portrait of Joseph Stalin hanging in basically every home and official government building.

Transnistrian photographer Anton Polyakov wants the world to get to know his homeland a little better. His photo series Transnistria Conglomerate recently won the British Journal of Photography's Bob Books Photobook Award for the way it "gives a voice to the citizens of Transnistria and brings them into our consciousness." I spoke with Polyakov to find out what it's like to live in a country that doesn't exist, and about how he hopes his work will change the way people look at a state that is often referred to as "the black hole of Europe."

VICE: How do Transnistrians cope with the idea of living in a country that technically doesn't exist?
Polyakov: Establishing a national identity is very difficult. Historically, various ethnic groups—Russians, Moldavians, Ukrainians, and Bulgarians—have called Transnistria home. Nearly every young person there is faced with a tough choice. If you stay, what is there to do in a country that lacks its own established traditions, industry, arts, and culture, and has very little hope of developing those in the future? If you leave, where do you go? Most people choose between Russia and Moldova.

For outsiders, the country looks somewhat like an open-air Soviet museum.
In terms of Soviet symbols and architecture, I don't think there's more here than in any other former Soviet republic. I appreciate the aesthetics of Soviet architecture—it should be preserved rather than replaced. It's part of our cultural history, and it's shameful to see people trying to get rid of it. I was born after Transnistria declared independence, so I don't really know what life was like under Soviet rule. But I don't feel it should be surprising that there's a Soviet mentality. For many people, that might well have been the happiest period in Transnistrian history.

From your photos, there seems to be a love of the military and bodybuilding among young Transnistrian people. Why do you think that is?
Transnistria has yet to develop its own culture and traditions. The focus on our military and on physical education is an attempt to instill certain patriotic values in children—to imbue them with a love for their country.

In your Mahala project, you explore rural life in Transnistria by visiting the secluded village Hristovaia. Why were you so interested in this community?
Fewer and fewer people today still live in secluded, rural areas, so I wanted to see how Hristovaians live on a day-to-day basis and how their closeness to nature influences their lives and their worldview. I wanted to learn what challenges they face—people personally and as a community.

How do young people spend their free time in villages like that?
As you can imagine, there is very little to do in a small village in a tiny country. Still, most people have access to technology, so they're up to speed with what's happening elsewhere. Obviously, Transnistrian teenagers are like most teenagers around the world—they like pop music, video games, and gossip.

What keeps you in Transnistria?
I feel like this is home. No matter where I go, I feel drawn to this place. I think it's important for me to do whatever I can to help our republic.

Scroll down for more photos from Anton Polyakov's Transnistria Conglomerate.


22 Aug 08:13

We Asked People to Sum Up Their Most Petty Opinion in Six Words

by Anna Goldfarb

Which foods should be banished from the planet? Which bands should we stop idolizing? Which social norms need to die? Which TV shows are overrated (particularly ones with bastards, dragons, and incest)?

We asked friends and co-workers to tell us what petty, controversial opinion they secretly hold—the kinds that would would cause a full-on ruckus if aired at the family dinner table, at the corner bar, or in the break room at work. Here's what they said.

"Dogs are more fulfilling than children." - Brianna, 32

"Game of Thrones is fucking stupid." - Jenn, 38

"Breakfast food is not good at all." - Michael, 33

"Most 1970s punk is fucking terrible." - Larry, 29

"Most nuns are really complete assholes." - Matt, 26

"Hot dogs should be considered sandwiches." - Mike, 38

"Two step authentication needs to die." - Shani, 37

"Rosé tastes like cold, tart piss." - Kelly, 34

"Reclining on airplanes should be illegal." - Emily, 34

"Staying home beats traveling every time." - Cait, 38

"Genuinely enjoyed the movie Jupiter Ascending." - Adam, 30

"Astrology sucks and is not real." - Peter, 23

"Potatoes are just bland mush balls." - Dory, 30

"The machines have already destroyed us." - Eve, 23

"Ramona Singer is the best housewife." - Stephanie, 36

"Pizza sucks. It's shitty garbage food." - Allie, 24

"Didn't enjoy Bojack Horseman. Too depressing." - Marco, 31

"Radiohead is overrated. Whiny bleep bloops." - Marelis, 39

"Us Weekly is a good magazine." - Nicole, 25

"Saturday Night Live is the funniest." - Kwame, 32

"All movies are boring af." - Tara, 23

"Russia is a giant Nothing Burger." - Ruby, 25

"A good man? No such thing." - Sophie, 24

"Sex is overrated. Would rather nap." - Reese, 23

"Raisins do not need to exist." - Courtney, 38

"Beaches are the worst. Really bad!" - Jonathan, 33

"Most underrated soap opera ever: 90210." - Rachael, 33

"Dogs don't belong in any restaurant." - Samantha, 25

"Harry Potter books are for children" - Shawn, 33

"Can't stand when people text haha." - Laura, 32

"Grilled cheese sandwiches are pretty gross." - Brian, 34

"Pomegranates aren't worth all the effort." - Lauren, 36

"Avocados are utter bullshit. Full stop." - Leah, 33

"Almost every Star Wars film sucks." - Harry, 31

"I do not respect the troops." - Alex, 26

"Car alarms serve no practical purpose." - Artie, 43

"Babies do not belong in bars." - Sam, 33

"Beatles are just a boy band." - Francis, 46

Follow Anna Goldfarb on Twitter.

22 Aug 07:55

Asmodee’s plans for total App Store domination nearly complete

by David Neumann

iOS, Android, PC/Mac •

The biggest player in both the cardboard and digital board game realm right now is the French company, Asmodee. If there’s a board game publisher you like, there’s a good chance they fall under Asmodee’s umbrella, and not just the cardboard version. Starting with Colt Express last November, they’ve published a ton of digital board games like Mysterium, Potion Explosion, Onirim, Pathfinder Adventures, and more. They’re only beginning, too, with upcoming titles both from their own cardboard catalog as well as tabletop titles that Asmodee has nothing to do with. It’s kind of crazy.

Before we get to the new, wild stuff, let’s take a look at what Asmodee already has on the books.

All of these range from “decent” to “outstanding”, with no real duds in the mix. Asmodee is committed to continued support for these titles in the future, with new content for Pathfinder Adventures already being released and new content for other games in the works.

That’s all good and exciting, but we really want to focus on the new stuff. The biggest news from Gen Con was the announcement of Terraforming Mars, a Kennerspiel des Jahres nominee this year and published by Stronghold Games. Since its release, TM has become my kids favorite game of all time and has been their go-to title whenever we have time to throw cardboard on the table. It’s a pretty great game, only hampered by some physical component decisions which won’t be a problem on our iPads. This one is just getting underway, so we won’t be seeing in on the App Store until 2018.

Another big game that we’ve already talked about is digital Scythe. Still being developed by Knights of Unity, but Asmodee has taken over the publishing duties. Check here for our previous coverage of the digital version of Scythe, with this caveat: our original posts indicate that Scythe would be coming to iOS/Android as well as PC/Mac. Asmodee has told us that Scythe will only be coming to Steam, with mobile versions not being listed on their press release. Will they be coming at a later date? We can hope, but right now it looks like Scythe will be a Steam-only release.

Other titles in development with a 2018 release date include the following:

  • Zombicide by Cool Mini or Not for iOS/Android/Steam
  • Bananagrams by Bananagrams for iOS/Android
  • Gloom by Atlas Games for iOS/Android

All those are titles are in Asmodee’s far future, but in the near future they have a ton going on as well. In 2017 we can expect no less than six new releases. First off is Ticket to Ride: First Journey, which is a family version of TtR that’s appropriate for everyone, even the little ones. They’re also releasing a new version of Carcassonne for Android/Steam which will make the other platforms finally have a version of Carcassonne as shiny as the iOS one, which is developed by Coding Monkeys. Cross-platform play between the Asmodee and Coding Monkeys’ version is currently not available, but Asmodee told us that it’s not impossible and is something we could see down the road.

Classic racing card game, Mille Bornes, is also on the way for iOS/Android/Steam as is the classic abstract title, Abalone. They announced that AEG’s card-mixing battler, Smash Up!, is still coming from our friends at Nomad Games, but will now be under Asmodee’s watchful eye and should be available for iOS/Android/Steam in Q4 of this year. Lastly is Catan Stories which is something a little different. Instead of another board game in the Catan line, this is a gamebook-like text adventure set in the Catan universe. I know it won’t, but I’m really hoping it takes place in this Catan universe.

That’s all they would talk to us about at Gen Con, but they hinted that it’s only the tip of the iceberg. What other secret awesomeness is Asmodee hiding? We honestly don’t have a clue, but were told that we should have some indication in September or October at the latest. As usual, we’ll let you know.

21 Aug 10:10

Qué te puede pasar si okupas un piso en España

by David Rojo

Para poder hablar de lo que comúnmente se conoce como movimiento okupa (con K) hay que tener en cuenta la acepción del término. Surgido en España durante la década de 1970, este movimiento ha tomado mayor visibilidad en estos últimos años como consecuencia de la profunda crisis económica e inmobiliaria que ha azotado a nuestro país y que en las últimas semanas ha gozado de una especial atención mediática.

Siempre envuelta en controversia, la okupación de inmuebles puede entenderse como la usurpación de un edificio o vivienda por necesidad o como una acción de lucha contra elementos tradicionales de la sociedad occidental, con la propiedad privada como objetivo a desvirtuar.

Los Blokes Fantasma, una de las okupas más conocidas de Barcelona. Imagen vía Wikimedia Commons

Según los últimos datos facilitados por el sector financiero e inmobiliario de nuestro país, en España existen entre 85.000 y 90.000 viviendas okupadas de manera ilegal. Los datos apuntan que el 80% de esas okupaciones ilegales se han perpetrado en viviendas que pertenecen a entidades financieras, aunque existe un número significativo de viviendas de particulares que también son irrumpidas, aprovechando la ausencia de sus propietarios durante las vacaciones de veranos o pequeñas escapadas de fin de semana.

Pero ¿qué se entiende realmente por okupación? ¿Qué es eso de okupar? Tomando mano del diccionario de la Real Academia Española, éste lo define como aquella acción de "tomar una vivienda o un local deshabitados e instalarse en ellos sin el consentimiento de su propietario". Sin embargo, hablar en términos jurídicos es otro cantar.

Para los casos de usurpación, el Código Penal señala la pena de uno a dos años de prisión, además de las posibles penas que puedan derivarse por el uso de la violencia o intimidación ejercida

Nuestro ordenamiento jurídico siempre ha considerado como medio para adquirir una propiedad la ocupación de la misma, siempre que se realice de forma pacífica y la ocupación sea prolongada en el tiempo (lo que se conoce como "prescripción adquisitiva" o "usucapión"). Entonces, si mediante la ocupación de un inmueble puede adquirir la propiedad (cumpliendo con ciertos requisitos legales, claro), ¿Cuándo hay delito?

Actualmente, nuestro código criminal entiende que existe un delito (leve) de usurpación cuando una persona "con violencia o intimidación en las personas ocupare una cosa inmueble o usurpare un derecho real inmobiliario de pertenencia ajena" (artículo 245.1 CP) y también " el que ocupare, sin autorización debida, un inmueble, vivienda o edificio ajenos que no constituyan morada, o se mantuviere en ellos contra la voluntad de su titular" (artículo 245.2 CP).

Quedarían fuera de la protección penal la ocupación de locales comerciales, cines o teatros abandonados y antiguas entidades bancarias

Es decir, si se okupa un inmueble deshabitado o que, por lo menos, no lo esté de forma habitual, se podría incurrir en un delito de usurpación de propiedad, se haga con o sin violencia (lo que comúnmente se denomina como okupación pacífica), sin autorización de su propietario y con intención de permanecer en él.

Las penas varían entre 1 a 2 años de prisión, además de las posibles penas que puedan derivarse si ha usado la violencia o intimidación, o bien multa de 3 a 6 meses si la ocupación se ha realizado sin autorización. La cuota diaria de la multa se suele determinar en función de las circunstancias personales del autor y puede llegar a rondar los 20 euros diarios.

Edificio ocupado en Sevilla en 2012. Foto vía REUTERS/ Marcelo Del Pozo

Sin embargo, la ocupación de locales comerciales, cines o teatros abandonados, antiguas entidades bancarias, así como un sin fin de bienes inmuebles que estén deshabitados, no está perseguida como delito criminal, y solo en el caso de que el titular del inmueble (si existiera) quisiera ejercer acciones contra los ocupantes éstas deberían realizarse mediante la jurisdicción civil, debiéndose indemnizar al titular del inmueble ocupado por los daños que se hubieran causado.

Así, cuando hablamos de okupar nos estamos refiriendo a un tipo de conducta concreta basada en el hecho de que lo que se está ocupando es un bien inmueble que no constituye la morada de nadie, es decir, que no está habitada, ya que de lo contrario podría ser el temido allanamiento de morada. Y es que es en este punto donde radica la gran diferencia entre ocupar una casa habitada por alguien y ocupar una casa habitable, en la que no vive nadie.

Si el dueño del inmueble consigue probar que los okupas llevan dentro del mismo menos de 48 horas la policía puede proceder a su desalojo sin ninguna orden judicial

Nuestro código criminal entiende que existe un delito de allanamiento de morada cuando una persona "sin habitar en ella, entrare en morada ajena o se mantuviere en la misma contra la voluntad de su morador" (artículo 202.1 CP) y también si lo hace " con violencia o intimidación" (artículo 202.2 CP), con posibilidad de pena de prisión de 6 meses a 2 años, y de 1 a 4 años y multa de 6 a 12 meses si se comete con violencia o intimidación.

Foto vía REUTERS/Susana Vera

Con ello, la ocupación de inmuebles puede tener consecuencias penales muy distintas en función del tipo de inmueble que se ocupe o si se está irrumpiendo en uno habitado o en desuso, o si se realiza de manera pacífica o con violencia. En este último caso, se podría incurrir en la comisión de otros delitos como el robo, el daño o el llamado delito de defraudación del fluido eléctrico, agua o gas ajeno (que lo comete quien entrando en el inmueble los utiliza de manera fraudulenta).

Navegando por internet se pueden encontrar un sinfín de manuales de okupación

El tiempo que transcurre desde la ocupación también es una cuestión de vital importancia, ya que si el dueño del inmueble consigue probar que los okupas llevan dentro del mismo menos de 48 horas, la policía puede proceder a su desalojo sin necesidad de ninguna orden judicial. Eso sí, deben poder entrar en la vivienda, ya que si se ha cambiado la cerradura las dificultades para el propietario aumentan, y si, además, han pasado más de dos días desde la ocupación, la única intervención de la policía posible es mediante una orden judicial, lo que significa que debe abrirse un proceso judicial que podría durar incluso más de un año.

Por ello, el cómo se realiza la okupación es otro elemento crucial porque si no se detectan daños en la puerta u otras vías de acceso al inmueble, si no hay testigos (como algún vecino que pueda denunciar dentro de esas primeras 48 horas que ha visto como se metían los okupas en la casa de enfrente), si los okupantes no pueden ser identificados en ese momento y si se ha cambiado la cerradura para impedir el acceso, el desalojo no se producirá hasta que una sentencia penal o civil lo permita, llegando en algunos casos a transcurrir periodos de tiempo de hasta 3 años desde la entrada hasta el desalojo.

Navegando por internet se pueden encontrar un sinfín de manuales de okupación. Estas guías han sido fruto de un intenso trabajo realizado por particulares, asociaciones o plataformas sociales, como un medio para conocer los entresijos de la Ley, donde se pueden encontrar consejos a tener en cuenta a la hora de practicar una ocupación, las diferentes estrategias legales a utilizar ante los tribunales o cómo asegurarse de que el inmueble que se quiere okupar esté deshabitado.

21 Aug 10:05

Los vecinos de Ramón Cabanillas intentarán frenar la apertura del Stilo

by alexandra cordero Santiago


20 Aug 21:47

Que fai unha nena apelidada Borbón de Wattenberg nunha aldea de Rianxo en 1918?

by Xoán Xosé Vicente Franco

Fai uns días nunha conversa co investigador e historiador de Rianxo D. Xesús Santos deume a coñecer que no transcurso dunha investigación, fai vinte...

Por Xoán Xosé Vicente Franco

20 Aug 21:44

R.I.P. Daddy Blues!!!

by Uncle Gil


01 - We Wanna Boogie
02 - Red Headed Woman
03 - Ain't Got A Thing
04 - My Bucket's Got A Hole In It
05 - Sadie's Back In Town
06 - A Kiss Goodnite
07 - Ain't Gonna Do It
08 - Mama Loochie
09 - Daddy Blues
10 - Tomorrow Never Comes
11 - Little Town Baby
12 - Gone
13 - Fanny Brown

Found on the net.


20 Aug 21:44

R.I.P. Sonny !!!

by Uncle Gil

01 - If I Could I Would
02 - Tiger Rose
03 - Big Black Cadillac
04 - Six Nights A Week
05 - Hang Up The Moon
06 - Bigger Than Elvis
07 - Didn't Know Love At All
08 - Leave Your Lovin' At Home
09 - Fast Train
10 - You Tear Me Up
11 - Lookin' Out For Number One
12 - Hell, Yes I Cheated
13 - Catbird Seat
14 - Fly Right On By

Found on the clouds. Posted by Stampede


20 Aug 21:41

Low Cut Connie – “Dirty Pictures” (Part 1) (2017)

by exy

Low Cut ConnieLow Cut Connie earned some high-profile fans after the 2015 release of Hi Honey — notably, President Barack Obama added their tune “Boozophilia” to a summertime playlist that summer — but the group’s core changed in its wake. Drummer Dan Finnemore departed in 2016, leaving pianist Adam Weiner as the band’s undisputed leader, and the shift is apparent on Dirty Pictures, Part 1.
A good chunk of the album is still devoted to the greasy, sleazy rock & roll that’s been Low Cut Connie’s specialty since the outset — “Love Life” is a dirty nocturnal grind, the bright hooks of “Angela” hide its snide jokes — but there’s a darkness running through Dirty Pictures, Part 1, one that’s evident from the moment “Revolution Rock N Roll” starts the album on a minor key.

75 MB  320 ** FLAC

It’s not hard to read this as a reaction to the tumultuous state of the union in the back-half of the 2010s — as Weiner sings here, “there’s death and destruction in the country” — but this melancholy streak deepens Low Cut Connie’s music, providing moments of questioning next to the nonstop boogie. “Death & Destruction” slides into “Montreal,” a haunted late-night saloon song recalling Big Star by way of the Replacements, while a frenzied salute to the late Prince via a cover of “Controversy” gets paired with the aching “Forever.” What makes these moody moments striking is that Weiner hasn’t renounced the power of rock & roll, nor his penchant for mischief; he isn’t trumpeting a new direction, he’s adding dimension to a band that already offers more than its fair share of surprise and pleasure.

20 Aug 21:36

30 years ago, Dirty Dancing was expected to flop. But nobody puts Baby in a corner.

by Alissa Wilkinson

The smash hit was an instant classic and a coming-of-age story for America.

Every weekend, we pick a movie you can stream that dovetails with current events. Old, new, blockbuster, arthouse: They’re all fair game. What you can count on is a weekend watch that sheds new light on the week that was. The movie of the week for August 20 through 26 is Dirty Dancing (1987), which is available to digitally rent on Amazon, YouTube, Vudu, iTunes, and Google Play.

When Dirty Dancing hit theaters on August 21, 1987, it was widely expected to be a flop. The film hadn’t tested well with audiences — at one screening of a rough cut, 39 percent of viewers didn’t even realize it had an abortion subplot — and the distributors planned to let it run for a weekend, then release it to home video.

But nobody was going to put Baby in a corner. The film was a sensation. Based on the youthful experiences of Eleanor Bergstein, who wrote the screenplay, the film clearly resonated with audiences; their repeated viewings and enthusiastic response made it one of the highest-grossing films of 1987, and made Patrick Swayze and Jennifer Grey into bona fide stars.

The story on its surface is simple: a girl on the cusp of womanhood (Grey) goes with her wealthy family to a summer camp in the Catskills, where she learns to dance, but also falls in forbidden love with the dance instructor (Swayze). It’s a classic princess-and-stable-boy situation: class, experience, and a stern father separate them.

But Dirty Dancing looks unique, especially from 2017, 30 years after its release. For one, its princess — who’s nicknamed Baby, but actually named Frances, for Bergstein’s older sister — is both doe-eyed and socially conscious, in tune with world events and planning to join the Peace Corps after she finishes a degree in “economics in underdeveloped countries” at Mt. Holyoke.

She and the other young women at camp are surrounded by college boys, recruited from Harvard and Yale to wait tables and show “the daughters” a good time. The obvious subtext: Bring your well-bred daughters to camp, and we’ll serve up some well-heeled young men for them to marry alongside the tennis and golf and mambo lessons. The “help,” on the other hand, are the working-class kids brought in to do the dirtier work, including entertaining. Hanging with them is “going slumming.”

Jennifer Grey and Patrick Swayze in Dirty Dancing
Jennifer Grey and Patrick Swayze in Dirty Dancing

Dirty Dancing is set in 1963 but released in the 1980s, and its interest in class politics through the lens of the Reagan administration is what makes the story move. The well-bred Ivy League boys could be straight out of a comic piece on clueless men from 2017: “Sometimes, in this world, you see things you don’t want to see,” one young man says to Baby in all seriousness, doing what can only be described as “mansplaining.” Another tells her that “some people count, and some people don’t,” then straightfacedly hands her a copy of The Fountainhead, instructing her to “be sure you return it, I have notes in the margin.”

Johnny Castle, Swayze’s dance instructor, is different. He’s not swaggering or proud of his background. You get the sense that he’s been made aware of his “place” too many times to count: “The reason people treat me like I’m nothin’s because I’m nothin,” he tells Baby. Dirty Dancing feels like a predecessor to movies like Magic Mike, which cast cash-strapped young men, many from blue-collar backgrounds, in the position of entertaining well-off women and trying to figure out if they’re supposed to like it.

Johnny doesn’t expect much from people, especially not the “rich and mean” people at the camp, who treat him cordially and then get mad if he gets too close. But despite Baby being much younger than him (something the movie never really addresses), she makes him think there might be some people in the world who still have principles, and even, he claims, makes him want to be a better person. Baby has the same effect on her father, when she angrily tells him that he disappointed her for not holding to his own principles. In a herd of morally limp camp-goers, those transformations stand out.

Dirty Dancing is often described as a coming-of-age story, probably because the girl at its center is 17. But of all the main characters, Baby goes through the fewest changes in the film. By the end she’s more confident and wiser about the world, but Grey’s performance from the start projects a confident young woman who’s not afraid to dance with a stranger, take on a wild and difficult project, or dump a pitcher of water on the crotch of a young man who’s gotten way too drunk on his own privilege. Johnny, and even Baby’s father, go through bigger transformations than she does.

A lift!

If you read between the lines, it’s a subtle coming-of-age story for America, seen from the distance of 24 years. Grey’s voiceover in the opening moments reminds us that the summer of 1963 was before Kennedy was assassinated, before the Beatles brought rock ’n’ roll to America. The movie contrasts the more staid and “innocent” entertainments of the wealthy classes in a post-war country with the coming heated revolutions in politics and in culture.

Near the end, camp owner Max Kellerman reminisces with the band leader about the past — the wars, the Depression — before saying that “it all seems to be ending.” The kids don’t want to come to camp with their parents anymore — “trips to Europe, that’s what kids want!”

“It feels like it’s all slipping away,” he says, before taking the microphone to join the group singing the camp song. And then he’s interrupted by Johnny and Baby, who dance to “(I’ve Had) The Time of My Life,” and the whole crowd joins in.

From 2017, the film feels dated; for one, it’s hard to imagine a dance film about social divisions being almost entirely cast with white people today (though it’s worth remembering that’s exactly what Magic Mike did). But then again, Dirty Dancing was already a throwback when it came out. It’s wildly entertaining, but it runs on the rails of conflicts and movements that have marked the last half-century. And just like its heroine, it’s not going to apologize for that one bit.

Watch the trailer for Dirty Dancing:

20 Aug 21:07

Un ataque a lo más sagrado empaña las fiestas de Bilbao

by Gabriel Ariza

El obispado vizcaino ha reaccionado con contundencia a la grave ofensa de una de las txosnas contra Jesucristo crucificado.

Una de las Txosnas de las fiestas de Bilbao ha decidido recurrir a la burla de Jesucristo crucificado (también para salvarles a ellos) como reclamo.

La txosna Hontzak ha utilizado el Cristo de Velázquez como imagen de una supuesta ‘carnicería vaticana’ en la que se vende despiezada la carne del propio Cristo Nuestro Señor.

El obispado ha reaccionado con contundencia haciendo pública una nota de prensa y exigiendo la retirada de la imagen.

A continuación, el comunicado del obispado de Bilbao.

Ante la exposición pública de una composición de imágenes blasfemas de Jesús Crucificado titulada `CARNICERÍAS VATICANAS´ en una txosna del recinto festivo de Bilbao, este Obispado desea:

1. Denunciar y rechazar con firmeza esta agresión que ofende sentimientos profundos y creencias religiosas arraigadas en buena parte de los habitantes de Bilbao y Bizkaia.
2. Pedir a los responsables de la txosna la retirada de las citadas imágenes.
3. Solicitar el amparo y la intervención de las instituciones públicas responsables de velar por el respeto al derecho fundamental a las propias creencias religiosas, en aras de la promoción del valor básico de la convivencia social en paz y en armonía.
4. Comunicar que, los servicios jurídicos del Obispado estudiarán las acciones legales que puedan derivarse por la exposición de estas imágenes, que atentan contra la libertad religiosa y el respeto a las personas que profesan la fe cristiana.
5. Invitar a participar en la Aste Nagusia en un clima de respeto y cordialidad.

Bilbao 19-08-2017

La entrada Un ataque a lo más sagrado empaña las fiestas de Bilbao aparece primero en Infovaticana.

20 Aug 20:50

8 tipos de sexo que practicas cuando estás en una relación larga

by Becky Barnicoat

Lo mejor: el combo folleque+siesta del sábado por la tarde.

Sexo de sofá.

Sexo de sofá.

Estáis haciendo una maratón de televisión en pijama. Te entra el calentón. Descanso rápido para un polvo y vuelta al episodio 8 de Twin Peaks.

Becky Barnicoat / BuzzFeed

El combo sexo+siesta de los sábados por la tarde.

El combo sexo+siesta de los sábados por la tarde.

Tirados en la cama en plan vago: caliqueño rápido y después una maravillosa siesta. Perfecto.

Becky Barnicoat / BuzzFeed

El ultrarrápido.

El ultrarrápido.

Cuando ya se sabe qué botones hay que apretar, todo es más fácil.

Becky Barnicoat / BuzzFeed

El sexo vago.

El sexo vago.

Con unos sencillos ajustes, toda pareja vaga puede follar a gusto sin preocuparse de aburridas tareas de limpieza y colada posteriores.

Becky Barnicoat / BuzzFeed


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20 Aug 20:04

I'm A Young Person Who Has A Colostomy Bag: This Is My Life

By Amanda Mannen  Published: August 19th, 2017 
19 Aug 23:30

Disculpen que no me levante: 40 años de la muerte de Groucho Marx

by Efe

El mundo del cine y la comedia cumplen 40 años llorando la muerte de Groucho Marx, que con su humor agudo y su afán por denunciar la hipocresía de la sociedad se convirtió en una de las figuras más prominentes del siglo XX. El 19 de agosto de 1977, a los 86 años de edad, Groucho fallecía en una clínica de Los Angeles a causa de una neumonía, pero dejó tras de sí un sinfín de actuaciones y frases satíricas que le convirtieron en una leyenda del mundo del espectáculo.

Una de sus citas más conocidas, precisamente, fue la que él mismo afirmó que quería que inscribieran en su lápida, "disculpen que no me levante", que sugirió durante una de sus últimas entrevistas, aunque este deseo nunca se cumplió.

Pese a su fallecimiento hace cuatro décadas, la figura de Groucho ha seguido estando muy presente en la cultura popular, y sus características gafas, nariz, puro y bigote se han convertido en un icono de la comedia. En los últimos días, miles de personas han rendido homenaje al actor en la red social Twitter, donde se repiten una y otra vez decenas de sus frases más conocidas, como "Disculpen si les llamo caballeros, pero no les conozco muy bien" o "¿A quién va a creer usted? ¿A mí o a sus propios ojos?".

Una vida sobre las tablas

Nacido el 2 de octubre de 1890 en Manhattan, Julius Marx fue el cuarto de los seis hijos de Sam Marx y Minnie Schonberg, inmigrantes judíos, y el más joven del trío cómico "Los Hermanos Marx", que formó con Leonard, que adoptó el nombre de "Chico", y Arthur, que se hacía llamar "Harpo".

Aunque las ambiciones de Minnie Schonberg le llevaron a los escenarios desde la adolescencia joven, no fue hasta la formación de "Los Hermanos Marx" cuando Groucho se hizo conocido, inicialmente en los teatros de Broadway, donde se convirtieron en grandes estrellas de la comedia. Para cuando rodaron la primera de las 13 películas de "Los Hermanos Marx", "Cocoanuts", en 1929, el trío ya era de sobra conocido.

En sus 86 años de vida, Groucho no solo participó en 26 películas, sino que también cultivó su gusto por la literatura y escribió media decena de libros y creó amistades con novelistas de la talla de T.S Elliot o Carl Sandburg. Notable también fue su simpatía por el cineasta Woody Allen, de quien llegó a decir que era "el mejor". "Dicen que Allen cogió cosas de 'Los Hermanos Marx'. No cogió nada. Quizá hace 20 años se inspiró, pero hoy es original. El mejor, el más gracioso", dijo en una entrevista con el crítico de cine Roger Ebert.

La posición que alcanzó y su carácter indomable le llevaron a permitirse rechazar trabajos con grandes iconos del cine como Federico Fellini, considerado uno de los mejores directores de la historia. Muy conocida también fue su reacción a la invitación a formar parte del exclusivo club de cómicos "Friars Club of Beverly Hills", a quien contestó con un tajante "no quiero pertenecer a ningún club que acepte a gente como yo como miembro".

Otro atrevimiento que reflejó perfectamente su carácter irreverente fue el de bailar sobre el búnker en el que Adolf Hitler se suicidó en el verano de 1958, cuando Groucho viajó a Alemania para visitar el país natal de su madre, de familia judía.

El cómico insistió en visitar el lugar del fallecimiento del dictador nazi, trepó los seis metros de altura de escombros en los que se había transformado el refugio y procedió a marcarse un jovial charlestón como gesto de desafío, tras lo que abandonó el país germano un día después.

Pese a sus logros, Groucho Marx, que además se casó y divorció tres veces, siempre conservó un humor ácido que le hizo ver la vida con un realismo extremo.

"¿Éxito? El secreto del éxito se encuentra en la sinceridad y la honestidad. Si eres capaz de simular eso, lo tienes hecho", reflexionó en una de sus frases más célebres.

19 Aug 23:28

Zora Hurston, escritora feminista negra, según Peter Bagge

by Álvaro Corazón Rural

Zora Neale Hurston. Foto: Carl Van Vechten / United States Library of Congress (DP)

Peter Bagge no solo es interesante por sus dibujos, por sus personajes y por sus guiones. También lo es por sí mismo. En Todo el mundo es imbécil menos yo, su libro de reportajes en viñetas sobre fenómenos contemporáneos dispares como puedan serlo la libre circulación de armas, los swingers o la especulación y latrocinio de las franquicias deportivas, su forma de pensar despertaba, cuando menos, curiosidad.

Se define como libertario, una ideología que en Estados Unidos defiende la mínima intervención del Estado en la vida del ciudadano, pero en todas las facetas. Lo mismo que es partidario de que se lleven armas libremente, también lo es de que se legalice definitivamente la droga.

Cuando tuvimos ocasión de hablar con él en el Miami Book Fair de 2013, le preguntamos precisamente por aquellas ideas suyas que a los europeos, especialmente a los encuadrados en una cultura política de izquierda, nos resultan más inconcebibles. Su respuesta, bien argumentada, decía que entendía nuestra mentalidad de que «sin ninguna arma no habrá ningún asesinato», pero que para él una pistola era un «igualador» por el que una persona débil podía defenderse de otra más fuerte si le ataca.

En su país, explicó, los asesinatos con armas de fuego se debían al tráfico de drogas, por lo que proponía su legalización para acabar también con las muertes que ocasionan las disputas mafiosas que, según decía, se daban abrumadoramente en las comunidades afroamericanas. Al tiempo, señalaba que por cada policía muerto en Estados Unidos por arma de fuego morían diez ciudadanos a manos de policías, de modo que para él ahí había un peligro y quería tener derecho a portar armas para defenderse de ellos, de las fuerzas de seguridad del Estado, que se corrompen con facilidad, advertía.

Si lo que quisiéramos es insultarle en Twitter, por ejemplo, tendríamos un buen surtido. Podría decirse que es un psicópata —por su concepto «igualador» de las armas—, un racista —por descargar sobre los negros la mayor responsabilidad de los homicidios—, un hippy trasnochado —por proponer la legalización de las drogas— y un terrorista —por su opinión sobre la policía y reclamar su derecho a armarse para defenderse de ellos—.

Si lo que quisiéramos es pensar, también podríamos darle vueltas a todo lo que dice. Sin tener gran idea de lo que ocurre en la sociedad estadounidense y, por tanto, sin poder matizar o censurar o no sus comentarios políticos o sociales, sí que me parece que Bagge, durante toda su trayectoria, ha sido un pensador, como mínimo, estimulante.

Los cómics de Odio no solo eran una hilarante comedia sobre un joven de los noventa, también tenían cargas de profundidad a todo lo «guay» que trajo esa década con epicentro en Seattle, la capital del grunge y donde transcurrieron los primeros capítulos de la vida de su protagonista. Y no lo hacía porque le gustase más algo anterior, los años ochenta también los trituró en su Mundo idiota y en alguna ocasión se dibujó comentando que era la década más repugnante, basada en la artificiosidad y ambición desbocadas, que había podido jamás concebirse. Por no mencionar esta, nuestra época, en la que con Other Lives, aunque se inspirara en Second Life, la red social que solo se recuerda que empleara Gaspar Llamazares, ya anticipaba los delirios que nos iban a producir dichas redes y lo idiotas que nos íbamos a volver todos enfrascados en ellas.

Ahora, junto con su anterior obra, La mujer rebelde: la historia de Margaret Sanger, Peter Bagge ha cambiado el registro. Se ha inclinado por la línea marcada en Todo el mundo es imbécil menos yo, la no ficción, y sus dos últimos trabajos son biografías de personajes históricos. En estos dos primeros casos ha elegido a dos mujeres. La mencionada feminista y activista a favor de la planificación familiar y a Zora Neale Hurston, escritora negra nacida en Alabama en 1891 y fallecida en 1960 en la soledad y la pobreza tras haber brillado como escritora. Fire!!, que así se llama el cómic, cuenta la vida de esta mujer según una investigación profusamente documentada por Bagge mientras se va imaginando en las viñetas cómo serían esas vivencias en la distancia corta.

Imagen: Ediciones La Cúpula.

Los abuelos de Zora nacieron en la esclavitud, pero ella creció en Eatonville, en Florida, un pueblo para negros; un modelo de ciudad poco común entonces pero que existía, explica Bagge. Su padre fue alcalde de la localidad y un predicador de éxito, de modo que ella fue madurando en un ambiente cómodo, sin carestías y sin conflictos raciales. En el pueblo no había ni comisaría ni cárcel.

Pero esta plácida existencia se vio truncada por la muerte de la madre, que supuso la desintegración familiar. A partir de ahí, Zora tuvo que servir de criada por su cuenta y riesgo lejos de su pueblo, pero siempre mantuvo un objetivo: obtener una educación. Esa disparatada idea la diferenciaba de todos los que la rodeaban. Persiguió ese fin con determinación y al final logró, mintiendo sobre su edad —era mucho más mayor—, acabar el instituto y llegar a la universidad.

Gracias a su talento, consiguió publicar libros y obras de teatro y, además, estudios antropológicos sobre diversos pueblos negros americanos y su folclore. Algo complicado para su época, pero una sociedad adversa a la mujer independiente no le impidió desarrollar su carrera ni llevar una vida sexual liberada. Tuvo un marido al que poco vio, pero nunca le convenció el matrimonio ni el compromiso, ni tener hijos —aunque Bagge no está seguro de si empleaba métodos anticonceptivos que nunca mencionó o si no podía biológicamente—. El caso es que empezó mintiendo sobre su edad para poder ir a la escuela pública siendo mayor y continuó haciéndolo toda su vida a su antojo, según la situación, y sobre todo si lo que quería era llevarse a un hombre joven a la cama. Todo ello antes de la década de los cincuenta.

La pena para nosotros es que no parece que haya ninguna traducción al español de los libros que escribió Zora, pero aun así hay un pequeño detalle que singulariza este tebeo. Es la parte relativa a las dificultades que se encontró la autora para retratar el mundo al que pertenecía. Si escribía sobre negros que hablaban con su jerga, expresiones y giros sobre los dilemas e inquietudes que les eran propios, recibía el rechazo de la prensa negra y los prebostes culturales de la liberación y demás líderes de estos movimientos.

Imagen: Ediciones La Cúpula.

La crítica que recibía era que mostraba a su gente con arquetipos que se parecían a las caricaturas que hacían los blancos o los racistas. Sin embargo, ella no tenía ningún prejuicio contra sí misma por ser como era, ni contra la gente de su pueblo por el mismo motivo. Los negros que ella conocía eran así, no tenía sentido hacer ficción sobre ellos presentándolos como ilustrados franceses. Eso sí era negarlos, entendía.

Franz Boas era partidario de la teoría del relativismo cultural, basada en que no tiene sentido proclamar que una cultura es «mejor» o «superior» a otra, puesto que cada cultura existe con un propósito explícito: la supervivencia de un pueblo. Esta teoría contribuyó a confirmar la creciente consciencia de Hurston de que no había nada «de segunda categoría» en la cultura afroamericana, y fue infundiendo en ella una férrea determinación tanto a estudiarla como también a celebrarla.

Una persona que pensaba por sí misma, que sufrió las limitaciones propias de su raza y de su género en aquella época, llegado cierto punto, se vio entre dos frentes, pues también se opusieron a ella los suyos. Es ahí donde hay que saber ver al Bagge más auténtico. El que supo criticar toda la cultura popular juvenil de los noventa a través de un joven que formaba parte de ella. El creador en Other Lives de aquel periodista medio alcohólico que admitía suplir sus carencias formativas y de talento con un exceso de documentación en cada cosa que hacía, y cuyo trabajo, paradójicamente para él, era apreciado. O aquellos dos amigos, un informático y un parado, que salían de camping en Apocalipsis Friki porque estaban alienados en la gran ciudad y se encontraron sumidos en una lucha por la supervivencia tras un ataque nuclear norcoreano.

Tanto la contradicción como los que nadan a contracorriente han estado siempre presentes en sus cómics. Desde que creara en Mundo idiota a Junior y a Stud Kirby a imagen y semejanza de sus propios defectos, la timidez y el miedo patológico por un lado y la agresividad e intolerancia por otro, dos desgraciados, pero que terminaban siendo adorables. O en su obra magna, el aludido Odio, donde Buddy Bradley y los que le rodeaban no eran más que el vivo reflejo de las dificultades que conlleva en esta época que la gente se siga sintiendo y comportando como un adolescente incluso pasados los cuarenta.

En Fire!! sigue con lo mismo, enfrentando conceptos contrapuestos. Trabajando personajes, esta vez reales y rescatados del olvido, que son difíciles de reivindicar desde una sola de las trincheras establecidas en las diferentes posiciones políticas y morales que se encuentran en disputa en Occidente hoy en día.

Quizá esa sea la óptica prototípica de un militante de un movimiento libertario que exalta la libertad individual por encima de casi todo, pero es innegable que el resultado sirve para pensar y para matizar las ideas preconcebidas que todos tenemos, sean del signo que sean. Para empezar, por esa viñeta traumática en la que Hurston echa a un gato a una olla y lo cuece hasta que solo quedan los huesos porque se lo ha exigido un curandero si quiere ser su aprendiza. A ella no le quedó más remedio que hacerlo para adentrarse en la cultura de los brujos vudús de Nueva Orleans y a Bagge no le queda más remedio que dibujarlo, eso sí, pidiéndonos disculpas a los amantes de los felinos, como ese dibujante y escritor cercano y colega que siempre ha sido.

Imagen: Ediciones La Cúpula.

19 Aug 22:35

Review: Bärenpark

by SU&SD

It was bound to happen sooner or later. Even if we’d tried, if we’d deployed all the forces at our command, we’d never have been able to keep Paul away from reviewing Bärenpark. It’s a tile-laying game and it features bears. The best we can do is hope he doesn’t overdose on pure pleasure. That said, Paul is a consummate professional and it’ll take more than a...

Source

19 Aug 21:52

Chefs Use These 7 Tools to Fine-Tune Their Dishes & Hide Their Mistakes

by Sarah Jampel

Inspired by The Art of Flavor, we're explaining (a few of) the major principles you need to be a creative, more confident cook. Today, your toolkit for tweaking dishes so that they're jussssst right.

You've studied up on the four rules of flavor, you've carefully selected your ingredients and your cooking method, and you've thought about how you'll balance similar ingredients with contrasting ingredients and heavy ingredients with light ones. And—what a coincidence—you came up with this Tomato Salad with Grilled Corn, Feta, and Hazelnuts.

Only the tomatoes weren't quite as ripe or fruity as you imagined... and the corn is on the verge of being burnt (whoopsy-daisy)... and you ran out of vinegar partway through making your vinaigrette.

(Does this sound like a brain teaser or what?)

Not to worry! To fine-tune your dish—and take into account the temperature at which its served, and what other players are on the table—you have 7 taste dials at your disposal. (In this case, consider adding lime to your vinaigrette in place of the vinegar, then rounding it out with honey!)

Can you tell which of the tastes is represented in each column? (Answers below!)
Can you tell which of the tastes is represented in each column? (Answers below!) Photo by Julia Gartland

While we may think of these 7 dials—salt, sweet, sour, bitter, umami, fat, heat—as "flavors" (and speak of them as such—this apple tastes sweet, this radicchio bitter, this miso salty), it's important to note that they're not flavors in and of themselves: "they are qualities of ingredients that have their own distinctive flavors, any of which may be key components of the dish you are making."

Two sources of fat (like bacon or egg yolks) will have different flavors, as will two sources of salt (like olives and kosher salt), and two sources of sweetness (like roasted beets or maple syrup). "Those qualities are useful when it comes time to shaping and balancing—adjusting—the overall experience (flavor) of a dish."

These taste dials—which Patterson and Aftel liken to the knobs on a stereo—will help you compensate for a less-than-ideal ingredient (a bland tomato, a tart pint of raspberries, particularly bitter broccoli rabe), or fix a cooking mistake, or pair one dish with the meal at large. These taste dials are your security blanket (and your secret superpower!). To honor these powers, you must be willing to taste (A.B.T., always be tasting!) and to smell—that's the best way to know what move to make next.

Below, we'll give you a rundown of each dial, with key points to keep in mind as you incoporate that taste into your cooking.

Photo by Julia Gartland

1. Salt = The MVP

Fine salt (like sea salt or kosher salt), flaky finishing salt, coarse salts like fleur de sel and sel gris, anchovies, olives, salty cheeses

  • Salt is, according to Patterson and Aftel, "the most important seasoning of all. It enlivens, it draws out flavor, it balances sweetness and acidity, and it boosts aroma.
  • One way to judge whether you've added the"right" amount (a subjective assessment!) is to focus on the fullness of flavor in the dish: If the flavor disappears too quickly on your tongue after you've had a taste, the dish probably needs more salt.
  • Over-salting is far worse than under-salting—so start slowly.
  • Salt counteracts sweet: A pinch of salt makes a dessert less sweet while sharpening the flavor. The addition of salt to caramel, for example, brings out the complex, bitter components.
  • Salt amplifies sour: When you add salt to an acidic dish, the acidity will be more prominent (so be judicious when you're salting a vinaigrette, for example).
  • Salt tames bitter: When sprinkled on bitter vegetables like eggplant and late-season cucumbers, salt draws out moisture, and with it, residual bitterness. And, in conjunction acid, salt makes bitter ingredients, like radicchio or broccoli rabe, more mellow.

2. Sweet = The Good Cop

Molasses, brown sugar, white sugar, Demerara, turbinado, honey, agave, maple syrup, fruits and vegetables like onions, beets, and carrots

  • Sweet mellows salt, sour, and bitter: As the foil to the salty, sour, and bitter dials, sweet is the tool that can tame any member of that aggressive trio.
  • Still, adding too much sweetness will make a dish heavy and dense.
  • Sweetness can create the perception of richness in a broth, soup, or sauce (this might come from steeping slow-cooked vegetables or simply adding a pinch of sugar).
  • And sweetness can add fullness to round out sharp flavors (like when honey or maple syrup is added to a vinaigrette).
  • Added sugar can make the flavors of naturally-sweet ingredients more prominent (think about the effect of just teaspoon or two of sugar on sliced strawberries).

3. Sour = The Bad Cop

Vinegar, yogurt, buttermilk, sour cream, citrus, sorrel, sour cherries, pickle-based condiments

  • "Sour" is used to describe any acidic ingredient, be that something fermented (like vinegar or beer), made from a culture (like yogurt or sour cream), or acidic by nature (like sorrel or watercress).
  • Sour cleans up fatty or murky flavors, brightens vegetables and soups (lemon zest does wonders for tomato sauce!), and creates complexity among otherwise flat flavors.
  • Vinegar is the strongest, most direct kind of sour, while citrus has "tempered acidity," offset by sweetness (citrus—and most fruits—will change in acidity during the growing season; the crop will be sweeter and less acidic as the season progresses).
  • Sour pushes down salt, sweet, and bitter, and it relieves richness, giving your dish new energy.

4. Bitter = The Frenemy

Radicchio, broccoli rabe, grapefruit, endive, beer, tea, coffee

  • Bitterness is more commonly found in vegetables than in fruits and spices
  • Bitterness contributes complexity to dishes that might otherwise be too plain or boring—but a little goes a long way, so use it conservatively.
  • The bitterness that comes from charring fish, meat, and vegetables will cut richness and add depth (but too many burnt bits will make that same food unbearable).
  • Bitter balances sweet and gives it dimension.
  • Bitter can be reined in with sour, salt, and fat to make it more palatable.

5. Umami = The Dark Horse

Ketchup, Worcestershire sauce, seaweed, tomatoes, mushrooms, walnuts, sourdough, miso, soy sauce, broccoli, aged cheese and meat

  • Umami adds intensity (or, as the authors put it, "it's the volume dial"). Adding ingredients high in umami will give your finished dish more depth and power (and give a light, flyaway dish more substance).
  • Salt intensifies umami.
  • Acid diminishes umami.
  • Umami can also be achieved through cooking method—as in the Maillard reaction—rather than the addition of ingredients.
  • Too much umami might lead to an overly dense or overwhelming flavor.
Understanding Umami
Understanding Umami by Sodium Girl
The Unsung Ingredients of the Sea
The Unsung Ingredients of the Sea by Sodium Girl

6. Fat = The Team-Player

Animal fat and animal products, like eggs, milk, cream, and butter, oils processed from olives and nuts

  • Fat carries the team on its back, distributes, and cements flavor—a flavor that is bound in an emulsion with fat has more staying power and intensity than it otherwise would.
  • Yet fat is like "a blanket that lies on top of highly flavored ingredients, keeping them down." Incorporating more fat will necessitate additional salt and acid.
  • Fat balances sour.
  • Fat tempers salt and bitter.
  • Fat turns down heat.
  • It's important to remember that fats have distinct flavors and qualities: Animal fats are heavy and rich; dairy fats are on the sweeter side; and vegetable and nut oils have a leaner profile.

7. Heat = The Wildcard

Pepper, mustard, chiles, ginger, horseradish, hot sauce

  • Heat creates dynamic, complex flavors, bringing liveliness to dishes that might otherwise be bland.
  • Heat intensifies spices, like in the way a dash of cayenne can make cardamom or cinnamon more pronounced.
  • Heat alleviates richness (which is what makes hot sauce plus mayonnaise such a beautiful combination).
  • Heat can work with every other dial.
All About Chiles
All About Chiles by Leslie Stephens
How to Save an Overly Salty or Spicy Dish
How to Save an Overly Salty or Spicy Dish by Catherine Lamb

Now that you've mastered the four rules of flavor and have seven tools in your tool-belt for fine-tuning any mistakes (and seasoning on the fly), you're more than ready to get into the kitchen.

But if you need a little review before you get cooking...

Is there one particular adjustment—besides adding more salt—that you find yourself making over and over again to fix what you've cooked? Tell us in the comments below.

19 Aug 12:03

Fair Slice Now

by Artw
Socialism: As American As Apple Pie (Single link The Nib webcomic history essay)
18 Aug 13:53

Devir vuelve a reeditar Puerto Rico

by El club del dado

Devir sacará de nuevo en tiendas Puerto Rico. Después de un tiempo que el juego estaba sin stock, es una suerte poder disfrutar de nuevo de uno de los juegos que cuenta con el privilegio de haber estado mayor tiempo como número 1 en el ranking de Boardgamegeek, nada más y nada menos que tres años.

Sin duda se trata de una gran oportunidad para disponer de un auténtico juegazo, que no podría faltar en ninguna ludoteca y ahora de nuevo tenemos la posibilidad de conseguirlo. Puerto Rico es uno de los juegos que yo disfruto desde hace más tiempo y os voy a dejar aquí la vídeo reseña que le dediqué en su día, para que le conozcáis un poco mejor.