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FRENANDO ALONSO DE CERA:



Aquí el hilo de Forocoches donde han recopilado estas joyas de la oncología.
Juan Abreu: Y su agujero oscuro como el sol
En Cuba, hace muchos años, me encontré con una mujer magnífica que no se corría si no te la follabas por el culo. Fue un gran momento. Uno de esos momentos en que sabes que te está sucediendo algo fundamental. Por supuesto, a esta mujer formidable también le complacía follar por el coño y comer polla y que se lo comieran y todas las demás actividades suculentas que nos depara el sexo; pero no se corría hasta que no se la metías en el culo. El sexo anal era su cumbre, lo aprendí enseguida porque me lo dejó muy claro desde el primer día.
Ahora, mientras escribo, la recuerdo nítidamente: su piel color caramelo, su carita resplandeciente, su boca gorda, sus tetas de pezones casi negros y yo encima de ella extasiado y jadeante. Me acababa de correr (pero eso no importaba porque entonces tenía 20 años y se me ponía dura en dos segundos, y así se quedaba cuatro o cinco horas seguidas pasara lo que pasara) y estaba en el paraíso; pero ella no me dejaba quedarme en el paraíso. Ella quería llevarme a otro paraíso aún mejor.
Y decía: cógeme el culo. Estábamos en la isla pavorosa, recuerden. Cógeme el culo. Y se ponía a cuatro patas. Tenías que follártela a cuatro patas. Así era como le gustaba. Y cuando se la metías se corría dando unos berridos de una hermosura inabarcable, y se corría a chorros ¡sin tocarse! de una manera que no he vuelto a ver (salvo en La Giganta, que es un caso especial). Yo prefiero el sexo anal de frente, cara a cara, pero a ella le gustaba ponerse a cuatro patas y yo la complacía de mil amores.
Pero antes de continuar, debo dejar claro esto: un buen culo de mujer es para mí algo precioso, una de las cosas más bellas que uno se puede encontrar en la vida. Otros hombres preferirán mirar un espectacular ocaso o un valle florido, de acuerdo, pero yo prefiero mirar un culo. Para mí un buen culo es más hermoso que un espectacular ocaso o un valle florido.
Y ahora diré algunas cosas del sexo anal.
Comencemos por lo fundamental: con el culo hay que ser muy delicado. Muy delicado. Sobre todo al principio. Ya cuando esté la polla dentro las cosas puede que cambien, pero al principio: delicadeza. Esa es la clave. La otra clave es la mirada. Y es además preciso abstenerse de cualquier tipo de dominación. Ya sé que puede sonar raro, en un momento como ese, pero usted no está ahí para conquistar, un culo no es un nido de ametralladoras. Gentileza extrema. No hay nada más amoroso que metérsela en el culo a ella y nada más amoroso que ella lo permita y se abra y lo desee.
Vayamos por pasos. El agujero bien ensalivado. No hay nada como la saliva para lubricar. No le haga ascos a unos besos muy ensalivados en el santo conducto. El culo sabe muy bien, contra lo que dicen los que hablan de estas cosas de oídas. Hay culos que saben a pistacho, a higo, a albahaca, a nueces de macadamia y a dulce de leche, con eso se lo digo todo. Yo he encontrado sabores en algunos culos superiores a los sabores que he encontrado en platos muy sofisticados de restaurantes muy sofisticados de Barcelona y hasta de Andalucía. Pero no quiero meterme ahora en temas culinarios. Concretando: no le hagan ascos al culo. No hay nada sucio en el sexo, ni siquiera el culo. Nada. Todo es limpio y sano e inocente en el sexo y lleno de excelsos sabores, si se sabe encontrarlos.
Una vez resuelta la lubricación, el sitio a punto, coloque la cabeza de la polla en la entrada. Y nada de brusquedades, delicadeza, recuerde. Que ella sienta que usted está en la entrada, firme, presionando, pero sin vulgaridades, sin prisas, sin groserías, cariñosamente. No hay nada más cariñoso que su glande apoyado tierno pero firme en los pliegues de su culo. Ella tiene que sentirlo así.
Después usted presiona, pero muy poco a poco, como si su propósito no fuera entrar sino solo saludar desde la puerta. Y no deje de mirarla, y de besarla y de ser el hombre más considerado del mundo. Que ella sienta que usted es todo cariño, pero ¡ojo!, que ese cariño segregue una fuerza. Porque no hay que olvidar que ella es una hembra que está abierta esperando que se la metan y usted es el hombre que ella ha elegido para que la haga gozar. No hay que olvidar eso. Que usted tiene ese privilegio. Que ella es la diosa que lo concede.
En el sexo la mujer siempre está en control, pero, de alguna manera, llegados a este punto, debe parecer que usted está en control de la situación y en control de su culo naturalmente; allá en el fondo de toda esa delicadeza instalada entre los dos cuerpos debe nacer (e ir creciendo) la certeza de que usted es dueño de su culo. El señor de su culo. Eso es parte del juego. Porque el sexo siempre es un juego, un juego inocente y placentero, no hay que olvidarlo nunca.
Lo más probable es que ella se ponga tensa cuando sienta su polla abocada en su agujero (el mundo, desgraciadamente, está lleno de mujeres que han tenido malas experiencias con el sexo anal por culpa de algún macho tosco y maleducado), un agujero, hay que decirlo, que parece pequeño, que parece que no puede abrirse lo suficiente. Parece que la polla no cabe, esa es la verdad. Pero todos sabemos que cabe perfectamente. A mí nunca deja de asombrarme lo que cabe en un culo.
Y háblele de las maravillas de su culo. De cuánto usted adora y desea estar dentro de ese culo. Cosa que por otra parte no es más que la pura verdad. Las palabras son muy importantes en el sexo.
No olvide que ella es una diosa que está ahí tumbada y abierta, y es una diosa que quiere que se la follen por el culo. ¡Y lo ha elegido a usted para esa suprema tarea!
Después de que el glande entre, ya lo principal está hecho. Después de que el glande está dentro todo se va precipitando más y más hacia las delicias de la posesión y el empalamiento. ¿Quién empala a quién? Eso no está tan claro como pudiera parecer. Pero carece de importancia.
Ahora bien, una vez usted esté dentro. Bien dentro. ¡No antes! Quizá llegue el momento de emplear cierta rudeza. A eso no hay que renunciar. Ella lo quiere y usted también. Y es el contrapeso perfecto para la delicadeza previa que les ha permitido llegar hasta allí. Hay que ir midiendo su abandono a la fuerza, a la presencia suya dentro de su culo. Ella le irá diciendo cuánta rudeza necesita. Algunas quieren delicadeza hasta el final, pero otras necesitan que usted se adueñe de su culo con cierta fiereza viril. Es cuestión de estar atento a lo que ella solicita. No olvide que usted no está ahí para disfrutar sino para hacerla disfrutar a ella. Ella siempre primero. Así es como he visto yo toda mi vida el sexo, y no me ha ido mal.
Escúchela, y esté atento a lo que quiere. Si trasmite candor y ternura, usted ajústese a eso. Si se pone en plan hembra orgullosa de su hembracidad y dice: párteme el culo, así, métemela hasta el fondo, es tu culo, pártemelo…. Usted proceda con firmeza, porque a veces el sexo precisa de cierta violencia y hay que proporcionarla. Es natural y es parte natural del asunto. Y si usted hace las cosas tal y como he ido indicando, todo irá bien.
Bertha, se llamaba la mujer de la que les hablaba al principio. Hoy miro hacia atrás y vuelvo a verme joven y duro en aquella habitación y en aquella cama junto a la ventana, y hasta siento el olor del mar cercano y vuelvo a verla bellísima esperándome turbia y líquida en la luz fulminante del mediodía. Vuelvo a verme y vuelvo a verla. Y recuerdo sus nalgas color chocolate, y recuerdo su agujero oscuro como el sol.














