30 % de los pacientes que tuvieron coronavirus padecen afecciones al cerebro. Sus redes neuronales estaban ‘gravemente’ dañadas, explican científicos.
Corren ya tres años de que estalló la emergencia sanitaria por COVID-19. Después de encierros obligatorios, el colapso de la infraestructura hospitalaria global y graves estragos económicos, parece que el virus sigue teniendo noticias para la humanidad. Parece ser que el coronavirus tiene afecciones en el cerebro, que pueden ser graves y vitalicias.
Un estudio publicado en mayo de 2021 ya arrojaba luz sobre las posibles consecuencias en el corazón y el cerebro del coronavirus. En lugar de ser una enfermedad respiratoria, explicaban los científicos en Circulation Research, la COVID-19 podría ser un padecimiento cardiovascular. Esto es lo que sabemos.
Niebla mental. Fatiga. Pérdida de memoria. Afecciones graves al gusto y al olfato. Éstas han sido algunas de las consecuencias más graves del coronavirus al cerebro. A lo largo de 3 años, los esfuerzos de la comunidad científica global se han enfocado a resolver las consecuencias cognitivas que la COVID-19 ha tenido a nivel nervioso en los sobrevivientes.
Por ello, los investigadores de la Universidad de California y la Universidad Xi’an Jiaotong consideró ‘recatalogar’ al virus. Los hallazgos dieron evidencia suficiente para saber que la infección provoca una amplia variedad de afecciones al cerebro, que previamente parecían inconexas. En aquel entonces, no se tenían tratamientos para atender a los afectados.
Uri Manor, coautor principal del estudio, sus descubrimientos podrían prevenir los accidentes cardiovasculares en pacientes positivos:
“Mucha gente piensa que es una enfermedad respiratoria, pero en realidad es una enfermedad vascular”, señala el experto. “Eso podría explicar por qué algunas personas tienen accidentes cerebrovasculares y por qué algunas tienen problemas en otras partes del cuerpo. Lo que tienen en común es que todos tienen bases vasculares”.
Más de un año más tarde, Proceedings of the National Academy of Sciences publicó una investigación que confirma que 30 % de los pacientes que tuvieron coronavirus padecen afecciones al cerebro. Principalmente, porque invade a los astrocitos, células nerviosas fundamentales para la estructura cognitiva de las personas.
Los investigadores de la Universidad Estatal de Campinas, en Brasil, mostraron las consecuencias que la infección había tenido en los pacientes positivos. 5 de los 26 casos tenían daños severos en los tejidos cerebrales, con un «grosor cortical reducido». Esto pudo afectar su producción de neurotransmisores, que están directamente relacionados con los procesos cognitivos y de memoria en los seres humanos.
A China le van los grandes proyectos. Cuando de meterse en faena se trata al Gigante Asiático le gusta la hipérbole y el parque forestal de Saihanba es un buen ejemplo.
Hace apenas 60 años era casi un desierto. Hoy, Saihanba luce un paisaje forestal de alrededor de 76.700 hectáreas y se presenta a menudo como el mayor bosque artificial impulsado por el hombre. Su desarrollo ha sido tan espectacular que el Gobierno chino habla directamente de modelo histórico,
Un equipo de investigadores acaba de desenterrar en Hagios Charalambos, una remota cueva de Creta usada en su día como cementerio, la que quizás sea la gran clave que nos faltaba para entender el declive de varias civilizaciones en el Mediterráneo oriental hace miles de años. Mientras excavaban en la isla griega los expertos —liderados por el arqueogenetista Gunnar Neumann, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Alemania— desenterraron huesos y dientes de los que pudieron rescatar restos de ADN de 32 personas fallecidas entre...
Another one bites the dust fue revolucionaria. No sonaba a nada de lo que Queen hubiera hecho anteriormente y en América dio lugar a malentendidos: pensaban que era un grupo afromericano. Inicialmente, Queen ni siquiera la consideraba "bastante buena" para que fuera uno de los singles de The game (1980). La intervención de Michael Jackson fue providencial: "Freddie, necesitas una canción que haga bailar a los gatos… es una canción fantástica… tíos estáis locos si no la publicáis”.
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Camino por un precioso jardín. El cielo es profundamente azul y hay un sol radiante en lo alto, pero no hace nada de calor. La temperatura es perfecta. De fondo suena una deliciosa melodía de Bach. Camino sin cansarme, como si viajara en patinete o levitara.
Me cruzo con gente. Todos son muy hermosos. Llevan vestidos muy coloridos y variopintos. Veo a un samurái junto a una dama del siglo XVII. Un enano disfrazado de Spiderman pasea charlando con un centauro.
Me cruzo con una chica gigantesca que mide más de tres metros. Me mira. Tiene el rostro más bonito que yo jamás haya visto. Sus ojos son violetas y tiene la cara llena de pecas iridiscentes. Me sonríe y siento hacia ella una atracción irresistible. Sus dientes blancos como perlas me hacen sentir igual que si una ola de mar fresca y brillante como el oro me golpeara en la cara. Se marcha y yo me quedo en shock. ¿De dónde habrá sacado un filtro tan potente?
Vuelo. Subo lentamente como un helicóptero silencioso. Veo el mundo desde muy arriba y es maravilloso. Al este veo la Roma imperial en su máximo esplendor. Hoy a lucha de gladiadores en el Coliseo. Al norte está el Abismo de Helm en plena batalla de Cuernavilla. Las huestes de Saruman están asediando duramente la fortaleza. Un terrible nâzgul pasa a mi lado volando en su horrenda bestia alada.
Para mi sorpresa, varios cazas imperiales de Star Wars se unen a la batalla. Parece que al emperador Palpatine también le interesa conquistar el Abismo de Helm. ¡Qué diablos! ¡Voy a unirme! Me transformo en un Cylon de Battlestar Galáctica pilotando un Raider Mark 1. Disparo y la ráfaga hace estragos entre los guerreros de Rohan.
Pero ¡cuidado! ¡Dos spitfires británicos de la Segunda Guerra Mundial se ponen a mi cola! ¿Ha declarado la guerra Churchill al imperio? Sus disparos atraviesan el fuselaje y derriban mi nave. Pero moriré matando: me estrello contra una de las principales torres del castillo en una formidable explosión.
No, no estoy soñando. Es el Metaverso.
Me quito las gafas VR y vuelvo a la realidad. Mi nombre es Paco García y tengo treinta y seis años. Vivo con mi anciana madre en un minúsculo apartamento a las afueras de Madrid. Peso ciento cuarenta kilos y trabajo de jornada partida seis días a la semana en una conocida cadena de hamburgueserías. Mi madre me llama. Dice que le ayude a buscar su dentadura postiza…
Vuelvo a ponerme las gafas.
Ese filete es tan real como la vida
Mi escena favorita de Matrix (1999) es la de la traición de Cifra. En un lujoso restaurante, uno de los miembros de la resistencia humana en la guerra contra las máquinas, Cifra (interpretado por Joe Pantoliano), conversa con el agente Smith (Hugo Weaving), un programa diseñado, precisamente, para ejecutar inmisericordemente a todo miembro de la resistencia.
— ¿Sabes? Sé que este filete no existe, sé que cuando me lo meto en la boca es Matrix la que le está diciendo a mi cerebro: es bueno y jugoso. Después de nueve años, ¿sabes de qué me doy cuenta? — Cifra saborea gustosamente el trozo de filete — La ignorancia es la felicidad.
— Entonces, tenemos un trato.
— No quiero acordarme de nada. DE NADA ¿Entendido? Y quiero ser rico… No sé… Alguien importante, como un actor.
— Lo que usted quiera, señor Reagan.
— Está bien, devuelve mi cuerpo a una central eléctrica, reinsértame en Matrix y conseguiré lo que quieras.
— Los códigos de acceso al ordenador de Sión.
— No, te lo dije, yo no los conozco. Te entregaré al que los conoce.
— Morfeo.
Cifra está negociando el precio de una terrible felonía: va a entregar al líder de la resistencia a sus enemigos, y lo hace de una forma muy inteligente. Subraya que no quiere acordarse de nada. Él volverá a Matrix sin recordar su malvado acto, regalándonos un bonito juego filosófico: ¿tendría el nuevo Cifra que cree que es un rico actor la culpa de lo que hizo el antiguo Cifra?
A bote pronto, diríamos que sí, pero veámoslo de la siguiente manera: supongamos que ahora aparece Neo en el salón de nuestra casa muy enfadado con nosotros. Le preguntamos que por qué está así y nos dice que nosotros somos Cifra, que nuestra traición tuvo éxito y que Morfeo es ahora rehén de las máquinas. Le respondemos que no sabemos nada de eso, que no recordamos haber hecho algo así, que somos buenas personas que siempre hemos llevado vidas normales…
¿Seríamos responsables entonces de la traición? A lo mejor somos verdaderamente Cifra.
El caso es que Cifra fue muy listo subrayando la petición de no querer recordar nada. Si su maquiavélico plan hubiera tenido éxito, él nunca se hubiese sentido culpable por nada, incluso podría haber muerto feliz pensando que fue una buena persona durante toda su vida de actor famoso ¿Habríamos hecho nosotros lo mismo? ¡No! ¡Por Dios que no! No traicionaríamos a nuestros amigos. Rebajemos entonces un poco el asunto. Supongamos que no tenemos que traicionar a nadie.
El agente Smith nos ofrece gratuitamente el mismo premio. Piensa que no es un mal trato porque al reintegrarnos en Matrix, al menos, se está quitando a un miembro de la resistencia del medio.
Cifra no se cree el rollo del elegido, no cree que se vaya a ganar la guerra contra las máquinas. Además, está enamorado de Trinity pero ésta no le corresponde. ¿Qué sentido tiene su vida en el mundo real? ¿Por qué entonces no elegir una segunda oportunidad en el mundo virtual? Podríamos seguir negándonos: ¡No! ¡Por Dios que no! La vida en Matrix no sería una vida real, sería un simulacro, un engaño… ¡Queremos vivir una vida auténtica!
¿Pero por qué la vida en Matrix no es auténtica?
Pensemos en el filete que Cifra degusta con gran deleite ¿Qué diferencia existe entre comerse un filete real y un filete digital? Si la simulación del sabor está perfectamente conseguida por el programa de realidad virtual, la única diferencia es la causa del efecto. Al comerme el filete real, es ese filete el que causa el sabor, mientras que cuando nos comemos el virtual, no es el filete real, sino un conjunto de bits digitales. La cuestión crucial es: si el sabor, que es lo que realmente nos importa cuando comemos un filete, es el mismo, ¿qué más da cual sea la causa?
El filósofo norteamericano Robert Nozick propuso en 1974 una interesante versión de este dilema: la máquina de experiencias. Nozick nos invita a que imaginemos que existe una máquina de realidad virtual tipo Matrix que nos otorga todos los placeres que deseemos. La máquina puede simular con realismo absoluto cualquier situación que podamos imaginar. Y entonces se nos pregunta: ¿elegiríamos una vida dentro de la máquina o una vida en el mundo real?
Et tu, Brute?
El propósito de Nozick era mostrar que el hedonismo, que la finalidad de nuestra vida sea únicamente la búsqueda del placer, es insuficiente. No solo queremos tener una vida placentera, también queremos que sea real. Así, aunque el filete que saborea gustosamente Cifra sabe exactamente igual que uno real, en el fondo, no nos satisface de la misma forma. Hay en nosotros un deseo de realidad, un deseo de autenticidad, de verdad.
Pensemos en alguien cuya meta es subir al Everest. ¿Le satisfaría igual hacerlo en una simulación informática, por muy indistinguible que fuera ésta de la real? De ninguna manera. El que quiere subir al Everest quiere subir al monte Everest, situado en la cordillera del Himalaya, entre China y Nepal, y no en un servidor en la nube. No Cifra, no queremos tu vida porque sabemos que, en el fondo, es de mentira.
Supongamos que el proyecto del vilipendiado señor del mal, Mark Zuckerberg, llega a buen puerto, y en pocos años tenemos algo tan fabuloso como el Oasis de la Ready Player One de Spielberg. Pensemos que muchas personas pasarían la mayor parte del tiempo en esa fastuosa realidad virtual, descuidando su vida real, llegando incluso a menospreciar su vida auténtica, prefiriendo la digital. Muchos desaprobarían esa conducta: ¡Prefiere una vida falsa a la vida real! ¡Paco, quítate ya esas falsas gafas, deshazte de ese traje háptico de una vez y vuelve a la auténtica realidad! ¡Adelgaza y busca un empleo de verdad! ¡Toma ya las riendas de tu vida!
Siglos discutiendo sobre lo que es real
Esperad un momento.
¿Es todo falso en el Metaverso? ¿Solo lo auténtico está en el mundo real? No. Supongamos que Cifra comienza su nueva vida de actor en Matrix, y allí conoce a una mujer, se enamora, tiene hijos, etc. Es cierto que todo lo que pasa por sus sentidos es falso. El edificio que tiene delante no está verdaderamente delante y la cara que ve de su esposa no es igual a la cara real, conectada a multitud de tubos y sumergida en un líquido transparente; pero el amor que siente por ella sí es absolutamente real.
Nos hemos olvidado de lo más importante: mi mundo subjetivo, mis estados mentales siguen siendo completamente auténticos aunque viva en un mundo completamente falso. Este era el mensaje de Descartes: cogito ergo sum. Puedo estar durmiendo y que lo que veo con mis ojos sean puras apariencias, pero el hecho de que existo, vivo, siento, pienso… es completamente indudable. Es más, eso constituye lo más importante de mi ser.
Yo seguiría siendo yo si me cercenasen mis brazos y mis piernas, pero no seguiría siendo yo si me quitasen mi forma de pensar, de sentir, si me extirpan mi consciencia de la realidad.
A Descartes no le hace gracia tu negación del filete.
De hecho, gran parte de la filosofía griega y de la oriental, piensan que toda la realidad que observamos mediante los sentidos es falsa. En el hinduismo existe el concepto de Mayapara representar esta ilusión que nos envuelve. Detrás de Maya, si conseguimos apartar su velo, está la auténtica verdad. Los griegos definían verdad como aletheia (αλήθεια), que significa "hacer evidente" o "desocultar", con una clara referencia a que la verdad no es lo que tienes ante tus ojos, sino algo que hay que descubrir, el resultado de un proceso de sacar a la luz.
Incluso tenemos una versión actualizada de estas nociones ancestrales: la hipótesis de la simulación del filósofo sueco Nick Bostrom. De forma resumida, dice que si en el futuro nuestra civilización es capaz de tener la suficiente tecnología para realizar una simulación total del mundo al estilo Matrix, lo más probable es que realice muchas. Entonces, por estadística, si hay un mundo simulado y uno real, tenemos un 50% de estar en el simulado. Si hay dos simulados, tenemos un 66,6%, y así sucesivamente.
En un mundo con cincuenta mundos simulados, la probabilidad de vivir en uno de ellos superaría el 98%. Entonces, si aceptamos la tesis de que en un futuro se ensayarán muchas simulaciones, lo más probable es que vivamos en una de ellas.
Esto cambia por completo las reglas del juego. Si aceptamos que lo importante es el interior y que lo demás son siempre burdas apariencias, no hay ninguna diferencia de peso entre estar en el mundo real o en el Metaverso. ¡Nuestra realidad también es Matrix! Estar en el Metaverso no es más que estar en una ilusión dentro de otra ilusión como en un juego de muñecas rusas.
Hay un relato de Stanislaw Lem (escritor de ciencia-ficción que os recomiendo encarecidamente) titulado Congreso de Futurología (del cual se hizo una película no muy conocida de 2013, El Congreso, dirigida por Ari Forman, que también recomiendo ver), en el que el protagonista es llevado a un futuro dominado por la psicoquímica. Allí no solo los estados emocionales pueden ser controlados mediante fármacos, sino todos los estados mentales incluidas las creencias. Puedes usar una sustancia llamada dantina y creer que has sido el escritor de la Divina Comedia u otra llamada credibilina que te hace un fanático defensor de cualquier tema que se tercie.
Si no vivimos en una simulación se le parece bastante. (Tony Avelar/AP)
En este caso sí que estaríamos ante estados de inautenticidad claros. No solo mi mundo exterior sería falso, sino que mediante sustancias psicoactivas estaría modificando mis propias creencias, mi propia forma de ser: estaría dejando de ser yo.
En otro relato, Razones para ser feliz de Greg Egan (otro escritor que os recomiendo muchísimo), un chico es operado de un tumor cerebral y las neuronas encargadas de generar neurotransmisores relacionados con los estados de ánimo positivos son dañadas. Así, el pobre niño entra en un estado de absoluta e infernal depresión hasta llegar a los treinta años. Entonces, un nuevo tratamiento le permite recomponer sus neuronas dañadas, pero esas neuronas no serán idénticas a las suyas perdidas, sino una especie de promedio entre los miles de cerebros que se utilizaron como modelos para diseñarlas.
Cuando el protagonista intenta reconstruir su vida después de la operación, se da cuenta de que todo le produce el mismo placer con la misma intensidad, de que todo le gusta por igual. Entonces los médicos le ofrecen una de las posibilidades más fascinantes de la historia de la humanidad: la de diseñarse a sí mismo. Podrá graduar la intensidad con la que disfruta de las cosas. Por ejemplo, si esta escuchando una sinfonía de Beethoven, puede ajustar si le produce un placer orgásmico, si le resulta levemente agradable, si le aburre soberanamente o si le crea una insoportable repugnancia.
¡Imaginad las posibilidades! Puedes diseñarte para que te encanten las frutas y las verduras y odiar la comida basura, para que disfrutes mucho haciendo deporte y estudiando mientras que te resulte odioso perder el tiempo tirado en el sofá.
Desgraciadamente, eso todavía es cosa de la ciencia-ficción y los mortales del primer tercio del siglo XXI tenemos que conformarnos con ser nosotros mismos. Y eso, si lo pensamos de cierta manera, puede ser una muy pesada carga. Desde la autoayuda y demás cuentos editoriales, nos dicen siempre que seamos nosotros mismos, que no intentemos nunca fingir lo que no somos. Pero ¿y si somos lo peor? ¿Si soy un vago, un egoísta, un orgulloso, un idiota...? ¿Debo profundizar en ello para serlo más? ¿Y si soy un psicópata?
Yo, al contrario, recomiendo, no intentes ser tu mismo, intenta, sencillamente, ser mejor.
¿Si tuvieras que diseñarte por completo, cómo te harías?
Y aquí es donde el Metaverso ofrece su principal versión: puede ser una nueva oportunidad de ser. Cifra ha fracasado como miembro de la resistencia y como amante de Trinity. ¿Por qué no puede tener una segunda oportunidad insertado en Matrix? Si soy gordo y feo, ¿por qué no puedo ser guapo y atlético en mi versión digital? ¿Por qué no puedo ensayar otras personalidades, otras formas de aparentar y de ser?
El Metaverso podría convertirse en un grandioso laboratorio del yo. Si entendemos que una loable aspiración del ser humano es aumentar el rango de posibilidades vitales de elección, el Metaverso es casi una utopía. Podría entenderse, como en el caso de Paco, en una segunda oportunidad pero también, sencillamente, como extensiones, como exploraciones de mí mismo ¿Quién soy jugando al quidditch? ¿Cómo me comportaría con un género diferente? ¿Y con otra edad? ¿Y si fuera un oficial de las SS en Auschwitz? ¿Sería un psicópata o sería incapaz de matar?
Esta perspectiva se explora de forma muy interesante en la malograda Westworld. Allí, el hombre de negro (interpretado por Ed Harris) se dedica a matar y a violar salvajemente, explotando en el mundo virtual la parte de su personalidad que no puede desarrollar en su vida real. Si lo pensamos, ¿no sería algo bastante terapéutico? ¿No te encantaría acuchillar a tu jefe sin ninguna consecuencia legal? ¿No sería francamente interesante explorar hasta donde puede llegar tu yo malvado sin hacer daño a nadie? Y, ¿quién sabe? A lo mejor se reducen los índices de criminalidad y todo.
Cuando llegó la imprenta de Gutenberg, era común la crítica a la gente que se pasaba todo el día leyendo libros ¡Deja ya de leer y ponte a hacer algo productivo con tu vida! Las hojas de papel se veían como ahora nosotros vemos las pantallas de los smartphones. Y el mismo rechazo natural ante la llegada de una nueva tecnología disruptiva es la que llena hoy nuestros discursos críticos.
Es cierto que hay que tener cuidado y que la tecnología no es buena per se, pero creo que la actitud correcta es entenderla como una apertura de nuestro abanico de posibilidades y, en vez de sacar los manidos argumentos apocalípticos de siempre, apoyar su desarrollo estando alerta de sus posibles malos usos.
Volviendo al metaverso
Definitivamente haré dieta y me apuntaré al gimnasio. Mi vida en el mundo real no es, desde luego, un sueño, pero tiene sus cosas buenas. Mi madre es un sol y me gusta ir a jugar al rol con mis amigos de la tienda de comics. Además, en el Metaverso todavía no puedes comer, y a mí las croquetas que hace mi madre me chiflan.
La vida digital y la real no tienen por qué ser contradictorias, las podemos complementar. Ya voy mamá, es la hora de su pastilla… ¿Elegirá la roja o la azul?
Los cuadernos de Leonardo da Vinci recopilan el grueso de su trabajo científico y artístico. También, dan pistas sobre sus enigmáticas obras inconclusas.
Leonardo da Vinci cargaba consigo siempre un cuaderno con hojas blancas, con texturas y acabados diferentes. En sus caminatas diarias o desde su estudio, dedicaba largas horas a hacer apuntes sobre el asunto que le interesara ese día. Ya fuera en materia de mecánica, anatomía o sencillamente para ver a los pájaros volar, el maestro renacentista dejó múltiples bocetos en sus libretas de trabajo.
Algunos de ellos estaban destinados, en principio, para ser proyectos más grandes. Muchas veces, a manera de encomiendas de la familia Sforza: «para la que trabajó como pintor, organizador de fiestas e ingeniero», documenta National Geographic Historia. Sin embargo, la mente de Leonardo da Vinci era un espacio tumultuoso.
Con el tiempo, se ganó la fama de que le era prácticamente imposible terminar los trabajos que empezaba. Entre dibujos, diseños mecánicos y estudios del cuerpo humano, gran parte de las obras de Leonardo da Vinci quedaron inconclusas. La mayoría de ellas, según escribe la historiadora del harte Maya M. Tola para Daily Art Magazine, son «desconocidas, imposibles de rastrear y olvidadas«.
¿Cuáles son las obras inconclusas de Leonardo da Vinci?
Bocetos para la ‘Batalla de Anghiari’ de Leonardo Da Vinci (1452-1519), erudito italiano cuyas áreas de interés incluían la invención, la pintura, la escultura, la arquitectura, la ciencia, la música y las matemáticas. Fecha del siglo XVI. / Crédito: Ann Ronan Picture Library / Ann Ronan Picture Library / Photo12 via AFP
Oficialmente, sólo existen 21 obras de Leonardo da Vinci que el artista terminó en vida. La más reciente de ellas —que ha generado amplia polémica entre historiadores y restauradores especializados en el maestro italiano— es Salvator Mundi (ca. 1500), que la casa de subastas Christie’s vendió en 450 millones de euros a un príncipe árabe.
Más allá de este par de decenas de pinturas terminadas, Leonardo da Vinci dejó un sinnúmero de obras inconclusas. Dibujos, bocetos, apuntes escritos en técnica de espejo protagonizan la amplia mayoría de trabajos que el maestro renacentista produjo durante décadas, antes de abandonar para siempre el oficio artístico en 1516.
Como historiadores, Bulent Atalay y Andkieth Wamsley saben que muchos de estos trabajos sin terminar representan el grueso de la producción artística y científica de Leonardo:
«Sus cuadernos están llenos de observaciones científicas originales, especulaciones e hipótesis, la mayoría de las cuales nacerían y serían respaldadas por investigadores independientes en los siglos venideros», escriben los autores.
Con respecto a los proyectos que el maestro italiano empezó, pero dejó a medias, destacan tres pinturas. Las explicamos una por una, y la posible razón de que Leonardo da Vinci haya dejado estas obras inconclusas:
San Jerónimo (ca. 1480), de Leonardo da Vinci. / Detalle recuperado de Wikimedia Commons
En la iconografía católica, San Jerónimo se muestra usualmente como un erudito. Tras dedicar su vida al estudio de la liturgia, pasó a los anales del cristianismo como uno de los traductores más importantes de la Biblia. Sin embargo, también se le recuerda como un ermitaño, por los años que pasó dedicado exclusivamente a traducir el Evangelio.
San Jerónimo (ca. 1480) es una de las pocas pinturas que lo representan en este estado. Avejentado, y con la mirada en las alturas, lo único que Da Vinci logró concretar del santo fue el rostro y parte de las clavículas, como se muestra en el detalle anterior. El resto del cuadro permanece sin terminar.
Adoración de los Magos (ca. 1482)
Adoración de los Reyes Magos (ca. 1482), de Leonardo da Vinci. / Wikimedia Commons
La adoración de los Reyes Magos es uno de los pasajes bíblicos más citados en la Historia. Representa el momento en el que 3 eruditos de Oriente visitaron a Jesús en Belén, pocos días después de su nacimiento.
Mientras Leonardo vivió en Florencia, al norte de Italia, los monjes agustinos le encomendaron esta escena. La idea era que fuera la pieza central en el altar de la iglesia de San Donato in Scopeto, a las afueras de la ciudad. La obra obedece un arreglo piramidal, como se ve en otras comisiones que el artista llevó a cabo.
Originalmente, la idea era que el cuadro se terminara en 30 meses. Sin embargo, Leonardo se mudó a Milán en medio de su ejecución y, así como en otras ocasiones, dejó el cuadro sin terminar. Hoy, el cuadro forma parte de la colección permanente de la Galería Uffizi.
La Virgen y el Niño con Santa Ana (ca. 1503)
La Virgen y el Niño con Santa Ana (ca. 1503), de Leonardo da Vinci. / Wikimedia Commons
En sus años de producción artística más madura, Leonardo da Vinci siguió su vieja costumbre de dejar obras inconclusas. Una de ellas corresponde a una escena alegre, en la que Jesús juega con su madre y con su abuela. Se piensa que fue un encargo del rey francés Luis XII, alrededor de 1499, tras el nacimiento de alguna de sus hijas.
Esto coincide con el hecho de que la reina se llamaba ‘Ana’, nombre de la madre de María. Aunque el encargo venía de una corte extranjera, se quedó por años sin terminar en el taller del maestro italiano. Hoy, forma parte de la colección del Museo del Louvre, en París.
Quién iba a decirlo hace tan solo unos meses. Las cifras no dejan lugar a dudas: la coyuntura actual ha cogido a los fabricantes de circuitos integrados con el pie cambiado. Venimos de dos años y medio durante los que la demanda de chips se ha disparado como consecuencia, entre otros factores, del crecimiento del mercado del ordenador personal propiciado por el teletrabajo y del cada vez mayor apetito de la industria del automóvil.
A los grandes fabricantes de semiconductores les ha ido de maravilla. De hecho, como os hemos contado durante meses, la demanda sostenida de circuitos integrados ha sido tan alta que durante más de dos años han sido incapaces de darle una respuesta. Y este panorama ha provocado que muchos de ellos opten por afrontar grandes inversiones para poner a punto en el mínimo tiempo posible nuevas plantas de fabricación de chips.
Intel, TSMC, Samsung o SMIC son algunos de los grandes fabricantes de semiconductores que ya están construyendo nuevas instalaciones, y, aunque siguen siendo necesarias, cabe la posibilidad, contra todo pronóstico, de que a corto y medio plazo no lo sean tanto como vaticinaban hasta ahora las previsiones de los analistas de este mercado. Este inesperado volantazo solo puede tener un detonante: la demanda de chips está cayendo en picado en algunos sectores.
Las cifras no mienten: la demanda ya va (inesperadamente) cuesta abajo
Han pasado casi cuatro décadas desde la última vez que la distribución de microprocesadores experimentó un descenso tan brusco en dos años consecutivos. Según Dean McCarron, un analista de la consultora Mercury Research, desde 1984 la distribución de microprocesadores no caía tanto como lo ha hecho durante el segundo trimestre de 2022.
No nos engañemos. A los fabricantes de procesadores les sigue yendo bien porque este mercado desde un punto de vista global mantiene una cierta inercia favorable, pero este cambio de tendencia les preocupa. De hecho, Intel y NVIDIA han reconocido haber identificado ya con claridad un descenso de la demanda de los chips que entregan a los integradores de ordenadores personales y servidores.
Intel y NVIDIA han reconocido haber identificado ya con claridad un descenso de la demanda de los chips que entregan a los integradores de ordenadores personales y servidores
Micron Technology, que es uno de los mayores fabricantes de memorias y unidades SSD, también ha confirmado que está recibiendo menos pedidos de los centros de datos, que, al parecer, representan una de sus mayores fuentes de ingresos. Y el fabricante chino de circuitos integrados SMIC prevé que sus ventas de algunos chips se desplomen como resultado de la importante contracción que está experimentando el mercado de los smartphones.
Algunos medios de comunicación no se andan con minucias a la hora de describir cómo están los ánimos en la industria de los semiconductores. Unos aseguran que el pánico está empezando a extenderse en este sector, y otros optan por moderar el tono asegurando que los fabricantes de chips están en alerta y han decidido recortar de una forma severa sus expectativas de ventas para los próximos meses.
La incertidumbre en el ámbito económico y la contracción cíclica parecen estar detrás del cambio de tendencia del mercado de los chips
En cualquier caso, dos de las causas que posiblemente explican el origen del bandazo que ya ha empezado a dar esta industria son la incertidumbre en el ámbito económico desencadenada por la delicada coyuntura geoestratégica actual, y, por otro lado, la contracción cíclica del mercado que suele suceder a un periodo de crecimiento muy marcado. Dadas las circunstancias no es fácil prever qué sucederá durante los próximos meses, pero podemos estar seguros de que en este contexto no van a ser apacibles.
Surgida hace 4.000 años, fue la primera sociedad dividida en clases de la península Ibérica y la que creó el primer Parlamento del mundo, pero se desvaneció en el 1550 antes de Cristo. Es uno de los grandes enigmas de la arqueología española y mundial. Una cultura, la de El Argar, que aparece en el 2200 antes de nuestra era y que desaparece en el año 1550 a. C. ¿Las causas? Los expertos se debaten entre un agotamiento de los recursos naturales que la sustentaban o una gigantesca revolución popular que arrasó todas sus ciudades...
etiquetas: arqueología, península ibérica, el argar, 2200 a.c-1550 a.c, desaparición
Predator es un clásico videojuego de acción y plataformas de desplazamiento lateral, basado en la exitosa película de los 80 protagonizada por Arnold Schwarzenegger, y publicado originalmente por la compañía Activision en 1987. Se trata del primer videojuego de la popular franquicia Predator y, de forma similar a la saga cinematográfica en la que se basa, al que posteriormente le seguirían muchos otros títulos.
En las inmediaciones de St. Louis, en el estado vecino de Illinois se encuentran los restos de una de las ciudades más importantes de la Norteamérica precolombina: Cahokia. Y a pesar de ello, una gran desconocida.
Una pirámide verde.
Quien visite hoy este sitio arqueológico no se encontrará ruinas sino prados verdes y varias colinas, entre ellas una con forma de pirámide con una planicie en la parte superior que destaca sobre el terreno. Al margen de lo singular del terreno nada haría pensar que el lugar albergó la que pudo ser la mayor ciudad precolombina al norte del Río Grande.
Una historia sin contar.
La ciudad estaba habitada por la que hoy se conoce como cultura del Mississippi, la que se considera la principal civilización precolombina en lo que hoy son los Estados Unidos. Los orígenes de esta civilización estarían entorno al siglo VIII. Los restos arqueológicos más antiguos encontrados en las inmediaciones de Cahokia datan de esta época.
Los habitantes de la región comenzaron a cultivar el maíz durante los siguientes siglos y hacia mediados del siglo XI se comenzó a construir el asentamiento de Cahokia. Esta fue una época de expansión en la que muchos habitantes se desplazaron de asentamientos circundantes a la ciudad.
El siglo XII fue la época dorada de Cahokia. La principal de las colinas que aún se conservan data de esta época, en la que la ciudad contaba también con un recinto amurallado con una empalizada. En el interior de este castro se encontrarían los principales edificios de la ciudad.
El declive.
Entre los años 1200 y 1400 el asentamiento fue perdiendo población hasta acabar abandonado, aunque durante el siglo XIII Cahokia se mantuvo como un importante asentamiento y centro de comercio de la región, para continuar después con su declive durante el siglo XIV.
Durante los siglos posteriores la zona fue habitada esporádicamente, primero por la cultura Oneota y después por la Confederación Illinois. El nombre Cahokia procede precisamente del grupo de esta confederación que habitaba la zona.
Significado comercial o espiritual.
Significado comercial o espiritual.
Los restos arqueológicos no se limitan a colinas y pirámides de tierra. Estatuillas de ídolos y restos animales cuentan la historia de la ciudad.
Las primeras, por ejemplo, nos dan pistas sobre la religión de sus habitantes (o al menos nos hacen intuir que contaban con una). Los segundos, que incluyen un yacimiento con cerca de 2000 cadáveres de ciervo permiten a los arqueólogos especular con eventos multitudinarios.
Patrimonio de la humanidad.
El sitio arqueológico está incluido en la lista del patrimonio de la humanidad creada por la UNESCO y por tanto protegido. Un pequeño centro de interpretación permite a los visitantes conocer mejor la vida urbana en la que los arqueólogos han podido indagar. Pese a ello la ciudad es una auténtica desconocida.
(...) serie de casos que llevó de cabeza a la policía de Alemania, Francia y Austria entre los años 1993 y 2009, invirtiendo miles de horas y millones de euros en investigaciones en el que una cuarentena de crímenes de todo tipo (desde sangrientos asesinatos a simple robos callejeros o de gran precisión) teniendo todos ellos en común que había aparecido el mismo rastro genético recogido en las diferentes escenas del crimen. Todo comenzó en mayo de 1993. En la población germana de Idar-Oberstein fue asesinada, mediante estrangulamiento (...)
Philip Jose Farmer, revulsivo de los héroes pulp, jocoso, irreverente, satírico e inteligente, fue el primero de la nueva generación de escritores de CF norteamericanos que revitalizaron el género en los años 50 y 60 del pasado siglo, interesándose más por las personas y la sociología que por la tecnología y la ingeniería. Fue un escritor de ideas y de eso nunca anduvo corto. Imaginó conceptos, premisas y situaciones tan imposibles como originales, atrevidas y brillantes, presentándolas de acuerdo a los parámetros del género.
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Los directos de los Ramones eran los mejores. Tenían una energía increíble y tocaban muchas canciones. Este vídeo, que no se ve desde hace 40 años, fue grabado subrepticiamente con una cámara de sonido Super-8 por Mark Gilman. Consiguió captar algunas canciones en una actuación de 1978 en Kansas, y puedes ver por ti mismo por qué The Ramones fueron una de las mejores bandas de la historia.
Seis años antes de que apareciera Aquelarre (1990) el club Maquetismo y Simulación publicaba Mundo Fantástico, el primer juego de rol publicado en España. Estamos en 1984, en los orígenes del rol en nuestro país. Para que nos hagamos una idea, todavía queda un año para que Dalmau saque la caja roja de Dungeons & Dragons... (...) es parte de nuestra historia rolera (de la más temprana, además) (...) la semana pasada le pedí permiso a Xavier Rotllán para escanearlo y compartirlo y este me lo dio. Podéis descargar el primer volumen aquí.
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En esta serie de Gente Excéntrica hemos conocidos a algunos personajes excéntricos, raros, extraños y curiosos. Anteriormente hablamos de Milón de Crotona. Campeón olímpico del siglo VI a. C., y según un leyenda, ... Leer más...
La caída en desgracia de Netflix puede parecer exagerada. Después de todo sólo perdió 200.000 suscriptores en un trimestre, el mismo en el que ha dejado de funcionar en Rusia, lo que supuso la pérdida de 700.000 cuentas activas. Cuando se rasca un poco más en su informe a los inversores podemos explicar mejor la caída en bolsa: prevén perder unos dos millones de usuarios en el próximo trimestre (nota: finalmente fue un millón).
Netflix ya no es el cohete siempre creciente cuyo techo era la de sustituir el mercado de la televisión en abierto. De pronto todos los analistas tecnológicos mutamos en netflixólogos capaces de explicar a posteriori el auge y desaceleración de la gran estrella del vídeo bajo demanda. De la suma de estos análisis cabe concluir que hay un reconocimiento que la prensa y los comentaristas de negocios digitales deberíamos hacer: nos hemos equivocado metiendo a Netflix en el cajón de las empresas tecnológicas.
Y es que la empresa fundada y dirigida por Reed Hastings tiene ese relato y el halo de gran historia de la tecnología, esa superación de la distribución de deuvedés por correo y la visión de que el futuro estaba en internet y el streaming. Sólo con ese punto de inflexión, de lo bien que queda en un powerpoint la “disrupción” del sector que se queda anticuado, caímos en el autoengaño de colocar a Netflix como una empresa tecnológica.
Por supuesto que su web y sus aplicaciones fueran las mejores del sector ayudó también. Muchos años después la calidad de la imagen, la velocidad con la que responde tras pulsar play y la sincronización y consistencia entre plataformas siguen siendo un diferencial respecto a los competidores.
El caso es que en la propia carta a los inversores, en Netflix empiezan a mostrar los síntomas de su verdadera naturaleza. Su mensaje es que podemos confiar en su futuro porque van a mejorar la calidad del contenido (ya, dicen, hay muestras de eso como reflejan “Los Bridgerton” y “No mires arriba”) y su sistema de recomendación.
Y es que la prueba del algodón de que Netflix no es una empresa tecnológica es que el debate estas semanas gira en torno a la calidad del contenido, a si deberían crear menos pero con más presupuesto y ambición por producción. Si lo fuese, estaríamos discutiendo de funcionalidades, los aspectos técnicos y de diseño de la experiencia de usuario.
Netflix carece de efecto red, al menos en sentido estricto. Es cierto que el que muchos vean una serie y la comentan ejerce un efecto llamada, suscita un deseo en otros de involucrarse en esa conversación y formar parte de una comunidad bajo la lógica de la escasez de memes globales de los que queremos formar parte. Pero esto es consustancial a todas las empresas de contenidos. El rasgo que es propio de muchas empresas digitales globales como pretende ser Netflix es que cada usuario nuevo añade valor al resto, que seamos más mejora la plataforma. Es lo que sucede con Twitter, Instagram o Tik-tok, cada usuario añade nuevo contenido y diversidad, pero no es lo que pasa con Netflix.
A eso sumemos la escalabilidad. Netflix se ha metido en una vorágine de producciones no por capricho - va en contra de su rentabilidad - sino porque tiene una vocación global que atiende a los gustos locales y porque sabe que para que toque la lotería de un gran éxito en todo el mundo hay que comprar muchos boletos. Es por eso que no escala “a lo Google” en el que el crecimiento de usuarios se atiende añadiendo servidores porque han logrado una solución simple - de cara al usuario, no internamente, claro - para un gran problema global.
Netflix está lejos de ese nirvana tecnológico, no ya para crecer sino para atender a los usuarios actuales. Necesita formar equipos, fichar, producir, promocionar… tiene que montar cientos de proyectos nuevos cada año. Con suerte alguno se convertirá en una de esas series que se ven durante décadas como Seinfeld o Aquí no hay quien viva, pero esencialmente Netflix sigue la lógica de una empresa de contenidos.
La suma de las anteriores razones consigue que no haya barreras de entrada a competidores. Y es lo que está pasando, HBO, Filmin, Disney… el mercado se fragmenta y lo más inteligente parece suscribirse por meses a una plataforma, aprovecharla y luego migrar a otra. Que Netflix tras subir precios amenace con vigilar más lo de compartir cuentas es una muestra de debilidad, como si hubieran tocado techo y no queda sino exprimir mejor la base que tienen
Podríamos trazar un paralelismo con WeWork, la compañía de espacios compartidos para trabajar que ahora protagoniza la serie “WeCrashed” en Apple TV. El mayor logro de Adam Neumann fue conseguir vestir una empresa inmobiliaria como un gran proyecto tecnológico merecedor de la inversión propia de una startup que fuese a colonizar un mercado entero.
En el caso de WeWork podemos anotar la complicidad de un actor necesario para la operación como son los fondos de capital riesgo, cuyo esquema de incentivos puede derivar en operaciones de una oportunidad más que discutible. Es algo que combinado con la máquina del hype o sobre expectativas genera monstruos, como explicó muy bien Eduardo Manchón .
El caso Netflix desde luego es más interesante. Tienen una tecnología de un nivel extraordinario, gastan mucho dinero en hacerla y mejorarla, pero no son una empresa de tecnología. Para entender un poco sus razones y lo que sería una plataforma tecnológica debemos mirar lo sucedido con CNN+ en streaming que es un aviso a navegantes: la cosa se ha puesto dura para que los usuarios contraten nuevos servicios de vídeo bajo demanda, por mucha marca que tengas. Hay una fatiga de la suscripciónin crescendo.
Ante la noticia de CNN, el jefe de streaming de Discovery dijo que “En un mercado de streaming complejo, los consumidores quieren simplicidad y un servicio integral que proporcione una mejor experiencia y más valor que las ofertas independientes, y, para la empresa, un modelo de negocio más sostenible para impulsar nuestras futuras inversiones en gran periodismo y narración de historias” .
Dicho en otras palabras, un modelo de empresa de tecnología en el vídeo bajo demanda sería más un agregador que un creador. Incluso con el modelo de varias suscripciones diferentes bajo un mismo servicio o aplicación. Simplificamos, claro, “ser una empresa de tecnología” no es binario sino un espectro. Desde esta perspectiva, Amazon Prime o, sorprendentemente, Movistar son más plataformas tecnológicas que Netflix. Quién lo iba a decir.
Cuando hablamos de naturaleza solemos imaginar escenarios agradables: puestas de sol, jardines llenos de flores, animales llenos de color, paisajes que le pueden quitar el aliento a quien sea, etcétera. Sin embargo, la naturaleza tiene también su lado extraño y oscuro. Un lado que no todo mundo espera ver.
«Si crees que entiendes la física cuántica, en realidad no entiendes la física cuántica». No lo decimos nosotros. Lo dice Richard Feynman, Premio Nobel de Física por sus contribuciones a la electrodinámica cuántica y uno de los científicos más admirados del siglo XX. La mecánica cuántica estudia las leyes que gobiernan el mundo de lo muy pequeño, de las partículas, y las interacciones a las que están expuestas las estructuras atómicas y subatómicas. Y la mayor parte de esas reglas son radicalmente diferentes a las leyes con las que nos hemos familiarizado en el mundo en el que vivimos. En el mundo macroscópico.
Tanto Feynman como otros científicos que también han hecho aportaciones importantes a la mecánica cuántica han defendido con vehemencia que intentar entender esta rama de la física es un esfuerzo vano. Sus leyes son tan distintas a las que estamos acostumbrados a observar en el mundo macroscópico que escapan a nuestra comprensión. Por esta razón, lo razonable es aceptarlas una vez que han sido confirmadas experimentalmente. Sin más. Tomarlas como las leyes que describen el comportamiento del Universo, y que quizá no tengan un propósito. O quizá sí.
Las leyes de la mecánica cuántica son tan distintas a las que estamos acostumbrados a observar en el mundo macroscópico que escapan a nuestra comprensión. Lo razonable es aceptarlas una vez que han sido confirmadas experimentalmente. Sin darles más vueltas
Aceptar la complejidad y la capacidad de impregnar todo nuestro mundo que tiene la física cuántica es posiblemente la mejor forma de reconciliarse con esta disciplina científica. Los tres experimentos de los que os vamos a hablar en este artículo ilustran a la perfección lo antintuitivo que es este campo. Y también lo apasionante que puede llegar a ser si lo abrazas aceptando tu incapacidad para comprender sus leyes. Posiblemente en el futuro tendremos que seguir conformándonos con describirlas tal y como, de alguna manera, nos sugiere Richard Feynman con otra frase suya que merecidamente ha pasado a la posteridad: «Hay que tener la mente abierta, pero no tanto como para que se te caiga el cerebro al suelo».
El experimento de Stern y Gerlach
El espín es una magnitud cuántica. Lo sabemos gracias al experimento que los físicos alemanes Otto Stern y Walther Gerlach llevaron a cabo en 1922. Aquella investigación resultó crucial a la hora de afianzar las bases experimentales de la mecánica cuántica y nos ayudó a entender que las partículas tienen propiedades cuánticas. Y que, lo que es aún más sorprendente, cuando medimos esas propiedades las estamos alterando por el mero hecho de observarlas. Pero mejor empecemos por el principio.
El experimento de Otto Stern y Walther Gerlach resultó crucial a la hora de afianzar las bases experimentales de la mecánica cuántica y nos ayudó a entender que las partículas tienen propiedades cuánticas
Lo que hicieron Stern y Gerlach en su experimento fue lanzar un haz de átomos de plata para hacerlos chocar contra una pantalla después de que hubiesen atravesado un campo magnético no homogéneo generado por un imán. Los átomos de plata tienen un momento magnético que provoca que interaccionen con el campo magnético, y al observar la pantalla estos físicos se dieron cuenta de que unos átomos se habían desviado hacia arriba, y otros hacia abajo. Pero lo realmente sorprendente era que la huella que dejaban los átomos al impactar sobre la pantalla no cubría todos los posibles valores del espín.
Solo había dos grandes zonas de impacto claramente localizadas, de manera que una de ellas correspondía al espín positivo, y la otra al espín negativo, lo que refleja con meridiana claridad que se trata de una magnitud cuántica que no tiene una correspondencia en el mundo macroscópico que observamos en nuestro día a día. En ese caso ¿qué es el espín? No es sencillo definirlo de una manera que sea fácilmente comprensible, pero podemos imaginarlo como un giro característico de las partículas elementales sobre sí mismas que tiene un valor fijo y que, junto a la carga eléctrica, es una de las propiedades intrínsecas de estas partículas.
El electrón, que tiene espín 1/2, tiene que dar dos vueltas sobre sí mismo para recuperar su posición original. Esta característica es muy poco intuitiva, pero aún lo es menos el hecho de que al medir el espín de una partícula en un eje se destruye automáticamente la información de la medida en cualquier otro eje. ¿Por qué? Sencillamente porque así lo dictan las leyes de los sistemas atómicos y subatómicos. Como nos recuerda Feynman, lo mejor es asumir que la naturaleza se comporta de esta forma y no hacer esfuerzos vanos para intentar entender a qué obedece esta conducta.
El efecto Zenón cuántico
El nombre de este fenómeno se debe a Zenón de Elea, un filósofo griego del siglo V a. C. discípulo de Parménides, y fue descrito por primera vez por Alan Turing, el matemático inglés que afianzó las bases de la algoritmia y la inteligencia artificial, entre otros logros por los que ha pasado muy merecidamente a la historia. Turing se dio cuenta de que si observas un estado cuántico retrasas su evolución en el tiempo, de manera que si lo observas un número de veces infinito permanecerá en ese mismo estado indefinidamente. De nuevo estamos ante un fenómeno absolutamente contraintuitivo, que, a pesar de lo extraño que resulta, ha sido probado experimentalmente muchas veces.
Alan Turing estableció que si observas un estado cuántico un número de veces infinito permanecerá en ese mismo estado indefinidamente
Curiosamente, este fenómeno desempeña un papel esencial en el funcionamiento de los ordenadores cuánticos. Para entender por qué necesitamos repasar el principio de superposición de estados, que defiende que en un procesador cuántico de n cúbits un estado concreto de la máquina es una combinación de todas las posibles colecciones de n unos y ceros. Cada una de esas posibles colecciones tiene una probabilidad que nos indica, de alguna forma, cuánto de esa colección en particular hay en el estado interno de la máquina, que está determinado por la combinación de todas las posibles colecciones en una proporción concreta indicada por la probabilidad de cada una de ellas.
Como veis, es un tema complejo, pero aún no hemos llegado a la parte más interesante: el efecto de superposición cuántica solo se mantiene hasta el instante en el que medimos el valor de un cúbit. Cuando llevamos a cabo esta operación la superposición colapsa y el cúbit adopta un único valor, que será 0 o 1. Así funcionan, sin entrar en detalles aún más complicados, los ordenadores cuánticos. El colapso del estado de los cúbits fue descrito por Alan Turing mucho antes de la invención de estas máquinas, lo que refleja el inmenso legado que nos ha dejado este colosal científico. Si queréis indagar y conocer con más detalle cómo funcionan los ordenadores cuánticos os sugiero que echéis un vistazo al artículo que enlazo aquí mismo.
La doble rendija de Thomas Young
El experimento de la doble rendija fue diseñado por el científico inglés Thomas Young en 1801 con el propósito de averiguar si la luz tenía naturaleza ondulatoria, o si, por el contrario, estaba constituida por partículas. El resultado que obtuvo en aquel momento le llevó a pensar que, tal y como habían pronosticado mucho antes Hooke y Huygens, la luz estaba constituida por ondas. Lo que Young no pudo imaginar es que muchos años más tarde, a principios del siglo XX, su experimento sería repetido en multitud de ocasiones para demostrar la dualidad onda-partícula, que es uno de los principios fundamentales de la mecánica cuántica.
El experimento de la doble rendija se usa para demostrar la naturaleza ondulatoria de la luz y la dualidad onda-partícula de la materia
Este fenómeno cuántico ha sido demostrado empíricamente en infinidad de ocasiones, y revela que no hay una diferencia fundamental entre las partículas y las ondas; las partículas pueden exhibir el mismo comportamiento de las ondas en unos experimentos, y preservar su naturaleza discreta en otros. A lo largo del siglo XX el experimento de Young se ha ido refinando poco a poco, y ya hace décadas que los científicos están convencidos tanto de la naturaleza ondulatoria de la luz como de la dualidad onda-partícula de la materia.
En su forma más sofisticada el experimento de la doble rendija consiste en lanzar una sucesión de electrones (aunque también pueden utilizarse protones o neutrones) hacia una pantalla, pero de manera que entre la fuente de electrones y la pantalla se interponga una lámina en la que previamente se han practicado dos rendijas muy finas. Al lanzar uno a uno los electrones hacia las rendijas y analizar posteriormente en qué zona de la pantalla han impactado, los científicos han comprobado que cada electrón pasaba por ambas rendijas simultáneamente, lo que demuestra, efectivamente, que se están comportando como si se tratase de ondas. En su experimento original Thomas Young utilizó un haz de luz en vez de electrones, pero el patrón de interferencia que obtuvo en la pantalla fue esencialmente el mismo que los científicos actuales obtienen al utilizar electrones u otras partículas.
Lo mejor llega justo al final. Si os ha parecido sorprendente lo que hemos visto hasta ahora a lo largo de este artículo, preparaos. Si colocamos detrás de la doble rendija un instrumento que nos permite medir por cuál de ellas pasa cada electrón, el patrón de interferencia desaparece. Esto significa que en el momento en el que decidimos medir por qué rendija pasa un electrón deja de comportarse como una onda, y pasa a comportarse como una partícula. En ese momento comprobamos que pasa únicamente por una rendija, y no por las dos. De alguna manera hemos eliminado el efecto cuántico.
No obstante, lo más inverosímil es que no importa en qué momento decidimos llevar a cabo la medida. Si utilizamos el instrumento para comprobar por qué rendija ha pasado una partícula mucho tiempo después de que lo haya hecho y haya impactado sobre la pantalla, también se elimina el efecto cuántico, por lo que estamos alterando algo que ha sucedido con anterioridad, y que describe la forma en que la partícula se ha desplazado hacia la pantalla. Como veis, Richard Feynman tenía razón. Es preferible que aceptemos que la mecánica cuántica funciona así porque es lo que nos dicen los experimentos. No sirve de nada dar más vueltas a este asunto.
En 90 minutos puedes ver una película, leerte unos cuantos capítulos de esa novela que empezaste el fin de semana, darte un buen paseo para desconectar o, si eres Douglas Engelbart, impartir una conferencia que anticipe los derroteros que seguirá la computación en lo que resta de siglo, un charla tan brutal, tan preclara, visionaria o directamente profética —¡La etiqueta es lo de menos!— que más de medio siglo después se recuerda aún como “La madre de todas las demos”.
90 minutos, eso es. Lo que lleva hacer un plum cake de chocolate.
En 1968 Engelbart, ingeniero del Stanford Research Institute (SRI), afrontaba un dilema. Si su carrera pudiese compararse con una partida de póquer podríamos decir que le había llegado el momento de marcarse un “all-in” de manual, jugársela e ir a por el todo o nada.
Junto a su equipo del Augmentation Research Center (ARC), en el SRI, llevaba ya unos cuantos años desarrollando el oN-Line System, un sistema que facilitaba el manejo de las computadoras e incluso el trabajo colaborativo. Entre otras herramientas, incorporaba recursos como los enlaces de hipertextos, interfaces gráfica de usuario o un hardware que simplificaba su uso.
Con la imagen de los mainframes mostrencos y las tarjetas perforadas aún en la pituitaria, el equipo de Engelbart se había consagrado a una meta ambiciosa: lograr una computación más asequible, sencilla y práctica que, en cierto modo, ayudase a expandir las capacidades humanas.
Jugársela al todo o nada
Y no les iba mal en el empeño. "En lugar de tarjetas perforadas, el On-Line System presentaba una pantalla similar a un radar con una interfaz gráfica de usuario (GUI) en la que el usuario manipulaba texto, símbolos y video en una serie de "ventanas" superpuestas. Por ejemplo, los usuarios pueden insertar, eliminar y mover texto dentro de un documento", señala el Smithsonian. La herramienta permitía incluso que varias personas trabajasen en un documento de forma simultánea.
Como parte de aquella peculiar cruzada a favor de la simplicidad informática, en Staford experimentaron también con hardware que le pusiese las cosas más fáciles a los usuarios.
En ARC tomaron forma, por ejemplo, un “teclado de acordes” que completaba el QWERTY, un lápiz óptico y varios prototipos de "mandos" para manejar el equipo, incluido uno que se controlaba con la rodilla y un bloque de madera provisto de cable y rueda que, dado su peculiar aspecto de roedor, acabó recibiendo el apodo de “mouse”. Sí, más o menos el Cromañón de los ratones que poco después incorporaban a sus computadoras Xerox y Apple y aún hoy utilizas con tu PC.
Todo aquello estaba genial, pero de fondo Engelbart y los suyos afrontaban un problema casi tan peliagudo como el desarrollo de nuevo hardware: ¿Cómo visibilizar semejante trabajo?
Al ingeniero del SRI y Bob Taylor, director de la Agencia para Proyectos de Investigación Avanzada (ARPA), uno de sus grandes apoyos financieros, se les ocurrió una solución. No era rompedora, ni siquiera medianamente original, pero podía funcionar: desplegar todo aquel bagaje en uno de los grandes escaparates del sector, la Fall Joint Computer Conference de finales de 1968.
Si salía bien podía suponer un campanazo. Si iba mal… Bueno, si la cosa se complicaba protagonizarían un sonoro batacazo profesional que desmerecería el trabajo que llevaban años realizando y, lo realmente peligroso, comprometerían cualquier financiación futura.
Dispuestos a poner toda la carne en el asador, en marzo de 1968 solicitaron una sesión especial durante el congreso de San Francisco y la suerte quedó echada: su intervención se celebraría el 9 de diciembre de aquel mismo año en el Brooks Hall, un recinto con 2.000 asientos. El título de la charla avanzaba por dónde irían los tiros: "A Research Center for Augmenting Human Intellect".
Hoy puede parecernos raro, pero para Engelbart y los suyos el desafío no consistía solo en jugársela a todo o nada, templar los nervios y pulir bien el mensaje. La propia conferencia representaba un reto tecnológico en sí misma. Si querían demostrar su capacidad y hasta qué punto resulta revolucionaria, no podían andarse con remilgos presupuestarios: era el momento de tirar la casa por la ventana.
De entrada el equipo necesitaba conectar el auditorio en el que intervendría Engelbart en diciembre, en San Francisco, con las propias oficinas del SRI en las que trabajaba su equipo y estaba el mainframe, una instalación situada en Menlo Park, a unos 48 kilómetros de allí.
Durante meses el equipo de ARC se dedicó a ensamblar la infraestructura, instalar cámaras en el SRI y el auditorio, antenas receptoras, transmisores, un enlace de microondas y un módem casero para que los comandos de la consola de Engelbart se transmitiesen a Menlo Park.
La factura que acabó desembolsando ARPA ascendió a 175.000 dólares, suma más que respetable para la época. Un despliegue de “virguerías” —entiéndase, era 1968— para que el ingeniero pudiese demostrar con apoyo de 17 compañeros del ARC qué era capaz de hacer el On-Line System.
Para el 9 de diciembre de 1968 el sistema estaba perfectamente calibrado. Y los nervios, claro, a flor de piel. A sus casi 44 años Engelbart se había curtido ya en empresas, la universidad, había dirigido su propio equipo e incluso participado en la Segunda Guerra Mundial; pero aquel día en San Francisco se sentía —lo reconocía él mismo— como si le llevaran los demonios.
“All-in”.
Hoy la grabación de la conferencia puede parecernos anticuada, antediluviana, igual que las que muestran a Neil Armstrong dando zancadas sobre la granulosa superficie de la Luna, pero lo que los coetáneos de Engelbart vieron con un asombro creciente fue un auténtico despliegue de genio.
A lo largo de 90 minutos en los que en la sala no se escuchaba otra cosa que sus explicaciones, el ingeniero habló de hiperenlaces, videoconferencias, documentos compartidos y trabajo colaborativo, interfaces gráficos basados en ventanas, procesador de textos o gráficos.
A modo de colofón incluso explicó —recuerdan en el National Museum of American History— que el SRI estaba a punto de convertirse en el segundo nodo de ARPANet, la precursora del Internet que conocemos hoy en día. En 90 minutos, vamos, lo que lleva una siesta decente, el ingeniero de Stanford había trazado algunas de las claves de la computación del resto del siglo.
Y todo aderezado con demostraciones que hoy forman parte del pan diario de la informática pero que por entonces parecían casi casi atrezo de ciencia ficción, como los ratones de computadora.
Siguiendo con el símil de póquer, cuando acabó Engelbart comprobó que su apuesta había sido buena: cuando dejó de hablar en el auditorio empezaron a tronar los aplausos de sus colegas. “La gente estaba asombrada”, explicaría décadas más tarde uno de sus compañeros del SRI, William English, al New York Times: “En una hora, definió la era de la informática moderna”.
Cosas de la vida, que Engelbart y el resto de sus colaboradores del SRI fuesen capaces de ver e incluso señalar el camino no significa que estuviesen llamados a abanderar su desarrollo.
Poco después de aquel despliegue de talento de 1968 el equipo empezó a flojear en su empuje. Parte del personal cuestionó la deriva del laboratorio, se perdió financiación, surgieron otros centros de talento, como el de Xerox en Palo Alto (PARC)... Y, sencillamente, parte de la gente que trabajaba con Engelbart acabó buscando nuevos destinos, llevándose con ella lo aprendido.
Durante cierto tiempo mucha gente creyó de hecho que el mouse había sido un invento de Xerox. Que no fueran ellos los encargados de dar el siguiente paso no les quita mérito.
El veterano ingeniero no solo dibujó buena parte de la computación del siglo XX con puntería de profeta bíblico; ayudó también, y quizás eso resulte igual de relevante, a que mucha gente cambiase su imagen de la informática: dejase de verla como un mundo inaccesible, plagado de descomunales máquinas, complejas, corporativas y pensadas solo para laboratorios y firmas punteras, y pasase a entenderla como una herramienta útil para el día a día de los trabajadores.
No un arma. Ni un engranaje complicado. Tampoco como una forma de sustituir el esfuerzo humano. No. Un complemento, una forma de llevar las capacidades un poco más allá, de ampliar los límites. Como avanzaba ya en el título de su charla: "A Research Center for Augmenting Human Intellect".
“Si en su oficina usted dispusiera de una pantalla respaldada por una computadora que estuviera activa para usted todo el día y respondiera instantáneamente a todas sus acciones, ¿Cuánto valor podría obtener de eso?”, lanzó a modo de gancho Engelbart a su audiencia aquel otoño del 68.
Con más 30 mil habitantes, la antigua ciudad de Cahokia pudo ser la capital más gran de de América del Norte en la era prehispánica.
Después de milenios de abandono, lo único que queda de una de las capitales más ricas de América del Norte es un campo amplio, verde, en donde crecen árboles que parecen seguir la sana distancia. En su momento de auge, Cahokia fue una de las megaciudades más acaudaladas y de mayor oferta cultural en la época prehispánica.
Ubicada antiguamente cerca de Collinsville, al norte de Estados Unidos, se caracterizó por ser un centro espiritual para la cultura misisipiana. Así como fue un espacio de culto, Cahokia también fue escenario de múltiples festines tumultuosos, según los restos encontrados en el sitio. Toda aquella bonanza quedó sepultada por debajo de la Tierra. Ésta es su historia.
Una capital con una vida cultural nutrida
Vista aérea del sitio arqueológico de Cahokia / Getty Images
Entre los pobladores, las bebidas con cafeína y las fiestas con banquetes masivos no eran poco comunes. Por el contrario, según la evidencia arqueológica, podría haber sido cosa de todos los días.
En la actualidad, un vasto campo verde recubre lo que pudo haber sido la totalidad de la ciudad. La única evidencia que se aprecia a simple vista es un monte elevado con forma de pirámide. Investigaciones recientes demuestran que, efectivamente, debajo del manto de pasto se esconde una estructura con al menos mil años de antigüedad.
De acuerdo con el Museo de Illinois, este asentamiento pudo haber sido poblado por nativos americanos dedicados a la agricultura. Diversas piezas y estatuillas de ídolos se han encontrado en las cercanías, lo que indica una inspiración de trascendencia en su concepción del universo. Como otros pueblos originarios, rendían sus cultivos a fuerzas superiores a sí mismos.
¿Dónde se encontraba la antigua ciudad de Cahokia?
Si algo es seguro, es que los pobladores de Cahokia eran grandes estrategas logísticos. De acuerdo con la BBC, una investigación arqueológica reciente encontró cerca de 2 mil cadáveres de ciervos, que pudieron haber sido el plato principal de algún evento multitudinario.
Por esta razón, los arqueólogos determinaron que Cahokia pudo haber sido el asentamiento humano más populoso del norte del continente americano. Con esto, el lenguaje, los habitantes y las expresiones artísticas podrían compararse al de las metrópolis contemporáneas, por su amplia diversidad.
Se estima que Cahokia alcanzó su auge hacia el 1050 d.C., con aproximadamente 30 mil habitantes. En comparación, era una ciudad más grande demográficamente que París en el momento. Por esta razón, pudo haber sido un centro cultural y comercial poderoso. Sin embargo, el factor económico no fue el que consolidó a la ciudad como un punto de interés para los antiguos nativos americanos.
Un destino espiritual en la antigua Norteamérica
El sitio histórico estatal Cahokia Mounds conserva los túmulos funerarios de una civilización india que habitó el área desde el 900 hasta el 1500 d.C. | Ubicación: Collinsville, Illinois, Estados Unidos. / Getty Images
De acuerdo con el arqueólogo Timothy Pauketat, que ha estudiado Cahokia durante décadas, podría ser que la ciudad haya atraído grandes masas de personas por ser considerada como un centro ceremonial. Es decir, por ser un destino espiritual: como un punto de comunión entre el mundo de los vivos y los muertos.
Su teoría concuerda con la evidencia encontrada en el sitio arqueológico. Particularmente, con la presencia de una pirámide ante la cual había una plaza de cerca de 20 hectáreas. Según el equipo de Pauketat, este espacio pudo haber albergado a más de 10 mil personas.
“Es difícil capturar la intensidad, la grandeza, la multidimensionalidad de un evento como ese“, dijo Pauketat. Por esta razón, durante jornadas completas se organizaban recepciones de comida y diversos tipos de bebidas. La evidencia de caza y recolección masivas para las ceremonias religiosas quedan así justificadas.
Podría ser, además, que en torno a estos eventos hubiera deporte, danza y arte. Esta combinación cosmopolita de manifestaciones de actividad humana ha maravillado a los investigadores del sitio arqueológico. A pesar de que ya se tienen indicios importantes para saber los orígenes de Cahokia, todavía hay mucho trabajo por hacer.
"Todavía no entendemos el lenguaje matemático que está hablando": un nuevo programa de IA, a la que se le mostraron vídeos de fenómenos físicos, identificó variables diferentes a las nuestras.
Uno de los descubrimientos más impresionantes fue una cabeza de pez conservada en tres dimensiones, perteneciente a un tipo de pez jurásico llamado Pachycormus...Contenidos dentro de concreciones de piedra caliza conservadas tridimensionalmente, los restos de peces, antiguos reptiles marinos, calamares, insectos raros y más han sido revelados por primera vez por un equipo de paleontólogos.
'Las meninas' es uno de los mejores cuadros de la historia. Es un referente dentro de la cultura occidental. Es un compendio del arte de la pintura, la luz y el color. Hay que verlo al menos una vez en la vida porque tiene todas las claves para los pintores y, aunque parezca mentira, para los fotógrafos.
En 'Las meninas', Diego Velázquez demostró todo lo que sabía. Lo pintó para el rey, para sus estancias privadas de palacio. Se salvó del incendio que destruyó el alcázar de los Austrias, sirvió de inspiración a todos los grandes pintores que nacieron después de él. Y todavía hoy no sabemos con certeza qué estamos viendo.
En mis clases de fotografía siempre recomiendo ver y mirar este cuadro para entender cómo organizar la realidad en un plano bidimensional, cómo aprender a dominar la luz para dar profundidad y para entender la importancia de las sombras. Además, según los últimos estudios, está más relacionado con la fotografía de lo que se puede pensar.
Según el estudio del profesor e investigador de la Universidad Politécnica de Cataluña Miguel Usandizaga, es muy probable que 'Las meninas' se pintaran con la ayuda de una gran cámara oscura. Y nos descubre a un autor adelantado a su época.
La biografía de Diego Velázquez
Velázquez está considerado como uno de los mejores pintores de la historia. Fue pintor de cámara de la corte de Felipe IV desde el principio de su reinado, apenas dos años después de ser coronado. Su mirada nos permite entender este importante periodo en la historia de España.
No es el momento de contar con detalle la vida y obra de uno de los artistas fundamentales de la historia del arte. Tocaremos lo relacionado con el mítico cuadro y lo que podemos aprovechar los fotógrafos. Pero es valioso situarnos en el contexto.
No salió de la corte desde que le llamó el Conde Duque de Olivares para servir al rey. Pudo y ver y estudiar los cuadros de los palacios, sobre todo a Tiziano. Nació en Sevilla con un don, Sevilla. Pero no dejó de formarse a lo largo de su vida. Tal fue su fama que hasta el mismo Rubens le visitó en España (de aquel encuentro queda el recuerdo de la cruz de Rubens en el monte Abantos de San Lorenzo de El Escorial.
Animado por el insigne pintor, fue a Italia para comprar arte para decorar los palacios y pudo conocer el trabajo de los maestros del Renacimiento, como Tintoretto, Miguel Ángel y Rafael. Y su influencia se puede percibir en dos grandes cuadros del final de su vida: 'Las hilanderas' y el cuadro del que vamos a hablar ahora, 'Las meninas'.
'Las meninas' y la cámara oscura
En 2020 se publicó el estudio del profesor e investigador Miguel Usandizaga, en el que demostraba que Velázquez utilizó una cámara oscura para reproducir fielmente los espacios y dar esa sensación barroca de la realidad. No es un estudio aislado, ya que en 2018 Fernando Zaparaín Hernández, en la revista 'Goya' (número 362), dice que la composición que ofrece el cuadro es muy parecida a la visión de una cámara.
La cámara oscura permite reproducir el fenómeno físico de la luz. Solo necesitas un espacio estanco a la luz, un pequeño agujero o estenotopo y la luz entrará por él y proyectará todo lo que suceda en el exterior en la pared contraria al revés y boca abajo. Cualquier cámara, hasta la de un móvil, tiene una cámara oscura en su interior.
Una de las pruebas más llamativas, para demostrar el uso de la cámara oscura, es que colocaron una cámara en el puesto del observador, donde se supone que estaba el pintor, y las líneas de fuga coincidían con lo que vemos en el inmenso lienzo.
En todos los estudios que hemos consultado, describen el salón del alcázar en el que se pintó el cuadro. Y justo al lado estaba la habitación del príncipe Baltasar Carlos, el que pintó Velázquez a caballo y que moriría en 1646 con 17 años. En los tiempos de nuestro cuadro, era el estudio del pintor, al lado de la Torre Dorada.
El alcázar de Madrid
Los estudios dicen que ahí colocó Velázquez una gran cámara oscura, lejos de los curiosos que podían hablar de brujería, y con ella trazó con precisión las líneas de fuga, al igual que otros maestros de la pintura. ¿Y de dónde viene esta teoría? Simple y llanamente de la observación detenida de otro cuadro.
'Las meninas' de Kingston Lacy
En el condado de Dorset, en el Kingston Lacy de Reino Unido, se conserva la única copia conocida de 'Las meninas'. Lo que llamó la atención fue una línea vertical que no está en el cuadro del Prado, detrás del personaje que pega una patada al perro.
La famosa línea que despertó las sospechas
Las perspectivas de ambos cuadros son idénticas, a pesar de la diferencia de tamaño. Es un boceto, un cuadro preparatorio, o si queremos un negativo del gran cuadro en el que se corrigieron ciertas cosas para disimular el uso de la cámara:
El cuadro de Kingston Lacy no es una copia, ni tampoco un boceto del grande. Ni es solamente de Velázquez, ni solamente de Mazo: es de los dos. Y es, concretamente, lo que podríamos llamar, por analogía con el lenguaje de la fotografía, el “negativo pictórico” del cuadro grande.
Ambos cuadros superpuestos
El proceso es llamativo. En primer lugar, Velázquez se sirvió de la cámara oscura para trazar en el lienzo de Kingston Lacy las líneas de la perspectiva, luego metió el cuadro dentro de la cámara, la iluminó por dentro (como un cañón de luz) y proyectó el apunte en el lienzo definitivo para conseguir las líneas finales.
Todo esto nos lleva a pensar que un cuadro tiene mucho más que decir a los fotógrafos que lo que pensábamos. No solo por la luz o la composición, sino porque podría haberse hecho con la misma herramienta que utilizamos todos los fotógrafos, una cámara oscura.
Y por este motivo debemos mirarlo todavía con más respeto si cabe. Hay que ir, siempre que podamos, al museo del Prado y colocarse en frente del cuadro para descubrir sus secretos. Ya lo hicieron Antonio Palomino en los tiempos del pintor, Michael Foucault en su famoso texto o el pintor Antonio López en 'El sol del membrillo'. Tenemos que encontrar nuestra inspiración.
'Las meninas' y la fotografía
Leí hace tiempo que Velázquez fue capaz de pintar por primera vez el aire. Como dicen en la página del museo del Prado:
Los personajes habitan un espacio modelado no sólo mediante las leyes de la perspectiva científica sino también de la perspectiva aérea, en cuya definición representa un papel importante la multiplicación de las fuentes de luz.
... Los detalles de extraordinaria belleza se reparten por toda la superficie pictórica; y el pintor ha dado un paso decisivo en el camino hacia el ilusionismo, que fue una de las metas de la pintura europea de la Edad Moderna, pues ha ido más allá de la transmisión del parecido y ha buscado con éxito la representación de la vida o la animación.
Preparó todo para guiar la vista de los espectadores reales. La infanta Margarita es el punto central, vestida de colores claros. La vista después baila por el cuadro con pasos acompasados gracias a las luces y las sombras que separan a los personajes que habitan el cuadro. Y al fondo tenemos ese punto de luz que es la puerta abierta, fundamental para la composición. Podemos pasear por él sin perdernos nunca.
Todo tiene sentido. No hay nada casual. Los personajes no están posando, ni siquiera parecen conscientes de estar posando para el pintor. Es la recreación perfecta de la realidad. Por primera vez tenemos la sensación de poder pasear dentro de un cuadro junto a la dama de honor doña Marcela de Ulloa, un guardadamas del que no se conoce el nombre, y, al fondo, tras la puerta, asoma José Nieto, el aposentador de la reina (Velázquez era el del rey).
Podría decirse que estamos ante una fotografía callejera. Él pintaba alla prima, sin boceto ni dibujo previo. La pincelada es viva y nerviosa, como si fuera una imagen trepidada o con un ISO alto. Y la luz siempre presente con la compañía ineludible de la sombra.
Según el citado estudio de Fernando Zaparaín Hernández, todo se sustenta en la luz de la puerta abierta del fondo, como ya hemos comentado. La vista termina allí, la perspectiva tiene sentido por ese punto luminoso. Los fotógrafos podemos aprender lo siguiente al mirarlo:
Buscar que la luz acompañe al momento. La sombra también forma parte del conjunto. Así representamos el volumen.
Los objetos y las personas deben estar limpios, es decir, sin nada que interrumpa su visibilidad.
Todo debe estar colocado para dirigir la mirada del espectador.
Siempre se dice que Goya fue el pre-fotógrafo de los pintores. Pero nos olvidamos de Velázquez. Se adelantó en el tiempo con esta obra. Y a partir de aquí podemos aprender una valiosa lección, más importante que la cámara o el móvil que utilizamos. Una cosa es la técnica y otra, mucho más relevante, es aprender a mirar.
Cientos de círculos prehistóricos de piedras gigantes dominan el sur de Gran Bretaña. Stonehenge es sólo uno de ellos, construidos durante el Neolítico.
Algo trascendental flotaba al sur de Gran Bretaña hace unos 4 mil 500 años, durante los últimos días del Neolítico, el capítulo final de la Edad de Piedra. Sea lo que fuere –celo religioso, valentía, la sensación de un cambio inminente– hechizó a los habitantes y los llevó a un frenesí de construcción de monumentos.
En un periodo sorprendentemente breve –quizá apenas un siglo–, los habitantes, que carecían de herramientas metálicas, caballos y rueda, erigieron muchos de los enormes círculos de piedra, empalizadas colosales y grandes avenidas de rocas erguidas de Gran Bretaña. En el proceso, despojaron a los bosques de sus árboles más grandes y movieron millones de toneladas de tierra.
“Fue como una manía que arrasó el campo, una obsesión que los llevó a construir cada vez más y más grande, mejor y más complejo”, comenta Susan Greaney, arqueóloga de la organización sin fines de lucro English Heritage.
Imagen panorámica de Stonehenge, realizada con 11 exposiciones en capas. / Fotografía: Reuben Wu
La reliquia más famosa de aquel auge de construcción es Stonehenge, el conjunto de piedras erguidas que atrae a millones de visitantes a la llanura de Salisbury, en Inglaterra. Durante siglos, el megalito antiguo ha intrigado y desconcertado a todos los que lo han visto, como al historiador medieval Henry de Huntingdon. En un escrito que data de alrededor de 1130 –la primera referencia impresa conocida a este sitio– declaró que era una de las maravillas de Inglaterra y que nadie sabía cómo se había construido ni por qué.
En los 900 años que han pasado desde entonces, el anillo de piedra alineado con el Sol ha sido atribuido a romanos, druidas, vikingos, sajones e incluso a Merlín, el mago de la corte del rey Arturo. Sin embargo, la verdad es la más inescrutable de todas, ya que fue construido por un pueblo desaparecido que no dejó ningún lenguaje escrito, cuentos o leyendas, solo algunos huesos dispersos, tiestos, herramientas hechas con piedra y astas, y un conjunto de monumentos igual de misteriosos de los cuales algunos parecen haber eclipsado a Stonehenge en escala y grandeza.
Una de las estructuras más impresionantes, conocida hoy día como el megahenge de Mount Pleasant, se construyó en un terreno herboso elevado con vista a los ríos Frome y Winterborne. Un ejército de trabajadores utilizó picos de asta de venado y palas de hueso de vaca para cavar un enorme foso y terraplén en forma de anillo o henge de 1.2 kilómetros de circunferencia, tres veces más grande que el foso y el banco de Stonehenge.
Círculos colosales de piedra o de madera
En el interior de la enorme excavación, los constructores erigieron un círculo de postes altísimos de madera de roble de casi dos metros de grosor y con un peso de más de 15 toneladas.
“Todos conocemos Stonehenge”, afirma Greaney. “Está construido en piedra y sobrevivió; pero ¿cómo eran estas enormes estructuras de madera? Con seguridad, enormes, y habían dominado el paisaje durante siglos”.
Los anticuarios y los arqueólogos han escudriñado desde el siglo XVII los antiguos henges, montículos y círculos de piedra de Inglaterra. Sin embargo, no fue hasta hace unos años cuando se dieron cuenta de que muchos de estos megamonumentos se habían edificado más o menos al mismo tiempo, en una carrera desenfrenada. “Siempre se asumió que estos monolitos enormes habían evolucionado por separado y con el paso de muchos siglos”, comenta Greaney.
Ahora, una avalancha de tecnologías de vanguardia abre nuevas ventanas al pasado, lo que permite a los arqueólogos reconstruir el mundo de los grandes monumentos de la Edad de Piedra en el sur de Gran Bretaña –y a las personas que los erigieron– con una viveza que habría sido inconcebible hace apenas unas décadas.
“Es casi como empezar de cero”, expone Jim Leary, profesor de Arqueología de Campo en la Universidad de York. “Ahora sabemos que muchas de las cosas que nos enseñaron como estudiantes en los noventa no son ciertas”.
Después de travesías largas y peligrosas
Fotografía: Alice Zoo
Una de las sacudidas más sorprendentes es el descubrimiento, a través de evidencias de ADN, de una migración masiva desde el continente europeo que tuvo lugar alrededor de 4000 a. C. La oleada de recién llegados, cuya ascendencia se remontaba miles de años hasta Anatolia (la actual Turquía), sustituyó a los cazadores-recolectores nativos de Gran Bretaña por un pueblo genéticamente distinto que cultivaba cereales y criaba ganado.
“Nadie creía que ocurriera así,” explica Leary. “La idea de que la revolución agrícola llegó a Gran Bretaña debido a una migración masiva de personas parecía demasiado simple. Todo el mundo buscaba un relato con más matices: difusión de ideas, no sólo masas de gente que viajaban en barcos, pero resulta que en verdad fue así de simple”.
Algunos de los migrantes dieron un salto corto en la parte más estrecha del canal de la Mancha, al cruzar lo que ahora es el estrecho de Dover. Otros, procedentes de Bretaña, en el oeste de Francia, hicieron travesías más largas y peligrosas en aguas abiertas hasta el oeste de Gran Bretaña e Irlanda. Algunos de estos primeros bretones se establecieron en la escarpada costa de Pembrokeshire, en Gales. Es posible que sus descendientes, unas 40 generaciones después, construyeran la primera edición de Stonehenge.
El misterio de las piedras azules
Los arqueólogos saben buscar en Gales el inicio de la historia gracias, en principio, a un agudo geólogo llamado Herbert Thomas. Si piensas en Stonehenge es casi seguro que imaginarás sus enormes trilitos de sarsen, pero dentro de la herradura de estos se esconde otro tipo de monolito mucho más pequeño: las piedras azules. A diferencia de los sarsenes, que están hechos de roca local rica en sílice, las piedras azules son por completo ajenas al paisaje. No hay ningún tipo de roca como ellas cerca de Stonehenge.
Los monolitos de piedra azul pesan en promedio 1.8 toneladas cada uno. Su procedencia y disposición en forma de anillo en el centro de la llanura de Salisbury ya eran un misterio secular cuando Thomas recibió una muestra de ellos en 1923. Entre las piezas había un tipo de piedra azul llamada dolerita manchada; él recordaba haber visto peñascos de esa misma roca muchos años antes mientras hacía senderismo en las colinas de Preseli, un páramo agreste en Pembrokeshire, a unos 280 kilómetros de Stonehenge. Tras un examen más detallado, Thomas redujo el origen de la piedra azul a los salientes rocosos llamados Carn Meini.
En años recientes, los geólogos Richard Bevins y Rob Ixer, –del Museo Nacional de Gales y el Instituto de Arqueología del University College de Londres, respectivamente–, han revisado el trabajo de Thomas con el uso de tecnologías del siglo XXI, con nombres tan rimbombantes como espectrometría de fluorescencia de rayos X y ablación láser ICP-MS. El equipo ha identificado cuatro salientes en las colinas de Preseli que proporcionaron la piedra azul para los monolitos de Stonehenge (resulta que Thomas se equivocó por solo un kilómetro o dos). Para los arqueólogos que buscan pistas respecto a la historia del monumento, es un nuevo comienzo, aún más tentador gracias a un descubrimiento en bioquímica.
Rastreando los últimos isótopos de los primeros pobladores en Stonehenge
Fotografía: Alice Zoo
El investigador belga Christophe Snoeck fue pionero en la aplicación de una técnica para extraer isótopos de los restos incinerados que revelan dónde vivió un individuo durante la última década de su vida. Analizó los huesos de 25 personas cuyos restos incinerados fueron enterrados en Stonehenge en los primeros tiempos, cuando se erigieron las piedras azules, y descubrió que casi la mitad de ellos había vivido a muchos kilómetros del anillo de piedra. Cuando se combina con la evidencia arqueológica, el norte de Devon y el suroeste de Gales son opciones muy probables.
Incluso, por increíble que parezca, fue capaz de captar las firmas isotópicas de carbono y oxígeno del humo de las piras funerarias que consumieron los cuerpos. Esto abrió otra ventana al pasado, que indica que en algunas de las cremaciones los árboles que suministraron la madera para el fuego pudieron haber crecido en bosques densos y con copas altas, y no en el paisaje poco arbolado que rodea al monumento.
“No podemos asegurar que las personas enterradas en Stonehenge procedieran del suroeste de Gales”, comenta el profesor de Arqueología de la Universidad de Oxford, Rick Schulting, “pero la arqueología es como preparar un caso judicial: se observa la preponderancia de las pruebas. El hecho de que sepamos que las piedras azules vienen en definitiva de las colinas de Preseli, en Gales, significa que ese es un buen lugar para empezar a buscar”.
Piedras venidas de una tierra lejana
Es un amanecer frío a mediados de septiembre y una niebla densa se cierra alrededor de Waun Mawn, el lugar donde se hallan las cuatro piedras antiguas restantes en las colinas de Preseli. La dramática costa de este lugar se encuentra a muchos kilómetros y a un mundo de distancia de la llanura barrida por el viento en la que hoy se emplaza Stonehenge. La niebla ha convertido al arqueólogo y explorador de National Geographic Mike Parker Pearson y a su equipo en siluetas fantasmales con picos, palas y carretillas.
Fotografía: Alice Zoo
Parker Pearson, experto en prehistoria británica del Instituto de Arqueología del University College de Londres, acudió a este sitio desolado para investigar la posibilidad, sugerida por primera vez en una leyenda del siglo XII, de que las piedras erguidas de Stonehenge puedan proceder de un círculo anterior en una tierra lejana.
“Las piedras sí fueron transportadas. De los cientos de círculos de piedra que hay en Gran Bretaña, Stonehenge es el único cuyas piezas fueron traídas desde una gran distancia. Todos los demás están hechos de roca local. Es algo que no podía saberse en la época de Geoffrey”.
Además, señala, esta región de Gales se consideraba territorio irlandés en la época en que Geoffrey escribía. De hecho, desde la cima de esta colina, en un día claro, se puede vislumbrar la costa irlandesa. Y luego está Waun Mawn, los restos de uno de los primeros círculos de piedra de Gran Bretaña, que data de alrededor de 3300 a. C. y está situado a pocos kilómetros de los salientes donde se sabe que se originaron las piedras de Stonehenge.
“Por alguna razón, empezaron a construirlo y lo abandonaron después de llegar a un tercio del camino,” aclara Parker Pearson sobre Waun Mawn. “Podemos ver dónde cavaron agujeros para piedras adicionales, pero nunca las colocaron”. De las casi 15 piedras que se instalaron, solo una queda en pie. Otras tres están tiradas en la hierba. El resto desapareció.
El año pasado, Parker Pearson y sus colegas publicaron una teoría según la cual, el Stonehenge que conocemos hoy se construyó, en su totalidad o en parte, a partir de piedras procedentes de monumentos anteriores de Gales que fueron desmontados y llevados al este por una comunidad migratoria alrededor de 3000 a. C. Una piedra en particular –la número 62 en la nomenclatura de los arqueólogos del monumento– podría rastrearse hasta Waun Mawn.
La afirmación, que se emitió en un especial de la televisión británica, provocó un gran revuelo en la prensa y dividió a los arqueólogos. Algunos se mostraron escépticos de que este sitio fuera siquiera un círculo de piedras, sino solo unas cuantas rocas aisladas. Así que Parker Pearson regresó a Waun Mawn para afianzar su teoría.
La evidencia es en verdad tentadora. La 62 es una de las tres únicas piedras azules de Stonehenge hechas de dolerita sin manchas, el tipo de material utilizado para construir Waun Mawn. Es más, la 62 tiene una peculiar sección transversal pentagonal que parece coincidir con la huella dejada por una de las piedras que fueron retiradas del antiguo círculo galés. Además, una astilla de piedra que se encontró en el antiguo hoyo de colocación sugirió que la pieza desaparecida era también una dolerita sin manchas.
Durante su excavación de seguimiento, Parker Pearson y su equipo pudieron basarse en la evidencia de que Waun Mawn era, en efecto, un círculo de piedras, y uno de dimensiones bastante similares al primer foso que rodeaba Stonehenge. Y al igual que el monumento de Salisbury, este parece haber estado alineado con el solsticio. Sin embargo, no pudieron establecer una coincidencia geoquímica definitiva entre lo que había en Waun Mawn y las piedras azules de Stonehenge, lo que podría haber probado su caso.
Sin embargo, encontrar una coincidencia exacta con cualquier piedra siempre sería una posibilidad remota, dice Parker Pearson al señalar que, de las 80 azules que los arqueólogos creen que estuvieron en Stonehenge, solo hay 43 hoy día.
“Faltan piedras allí y acá”, asegura. “Pero lo que tenemos ahora es una buena prueba de que la gente que construía el círculo en Waun Mawn se detuvo a media obra. Cavaron un agujero para la siguiente piedra y luego no lo llenaron. ¿Qué pasó? ¿Adónde fueron? ¿Dónde están las piedras?”.
‘La ausencia de pruebas no es una prueba de ausencia’
Las pruebas arqueológicas –o la falta de ellas– sugieren que en Waun Mawn vivía poca gente después de 3000 a. C., una fecha que encaja a la perfección con la idea de una migración desde Gales. “Pero la ausencia de pruebas no es una prueba de ausencia”, explica Parker Pearson, quien espera volver a las colinas de Preseli para estudiar los pólenes antiguos que podrían revelar si las tierras de pastoreo se convirtieron en campos silvestres en esa época. De ser así, el hallazgo añadiría peso a su teoría de que la zona fue abandonada más o menos cuando se construyó Stonehenge.
Y si la piedra 62 del monumento de Salisbury y su curiosa forma no puede relacionarse de manera concluyente con el círculo de las colinas de Preseli, las investigaciones de los geólogos Bevins e Ixer localizaron el saliente del que procede, un poco al este de Waun Mawn. “Es un saliente que ningún arqueólogo ha observado todavía”, revela Bevins. “Como geólogos, no podemos contar el lado humano de la historia, pero sí darles un sitio nuevo para seguir el rastro”.
En unas cuatro horas de viajes desde Waun Mawn hasta Stonehenge, cuyos últimos kilómetros transcurren por la A303. Esta carretera estrecha, llena de baches y congestionada está tan cerca del famoso anillo de piedras que es casi una atracción de paso.
Si la intención de los constructores originales de Stonehenge era crear un hito que capturara la imaginación de las generaciones venideras, lo consiguieron más allá de sus sueños. Este ícono mundial es una de las mayores atracciones turísticas de Gran Bretaña, que recibía a más de un millón de visitantes al año antes de la pandemia de COVID-19. Prácticamente todos llegan por la A303, que es también una importante arteria para camiones y la carretera que toman millones de veraneantes para llegar a las populares ciudades balnearias.
En décadas recientes, la A303 se ha convertido en una autopista de cuatro carriles en gran parte de su recorrido, pero no en los pocos kilómetros a ambos lados de Stonehenge. Los embotellamientos constantes provocan que los residentes tarden una hora en ir de un pueblo a otro, en tanto que el interminable paso y ruido de los camiones desvirtúa la experiencia de visitar el monumento.
“Todo el mundo concuerda con que hay que hacer algo con la A303», afirma Vince Gaffney, profesor de Arqueología del Paisaje en la Universidad de Bradford. “La pregunta es: ¿qué?”.
Stonehenge es la pieza central de un sitio de 50 kilómetros cuadrados declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, que a su vez colinda con zonas de terreno sensible en términos de medio ambiente, una base militar y un campo de entrenamiento, y muchas comunidades pequeñas, por lo que hay pocas opciones inobjetables para el desvío de la autopista.
El rey Arturo Pendragon, un druida, se para detrás de una pancarta de protesta frente a los Tribunales Reales de Justicia el primer día de la audiencia durante la cual el Tribunal Superior deliberará sobre si el túnel, propuesto para construirse a través del sitio de Stonehenge y cuestionado por los diversos los grupos, incluida la Alianza de Stonehenge, seguirán adelante. Londres, Reino Unido, 23 de junio de 2021. Fotografía: Alice Zoo
Una propuesta polémica de construir un túnel de tres kilómetros de longitud y cuatro carriles para sortear el sitio desató las críticas de los arqueólogos y provocó las protestas de una coalición de ecologistas y druidas. El año pasado, el Tribunal Supremo de Gran Bretaña dio la razón a los manifestantes y suspendió el proyecto de 2200 millones de dólares.
Dejó ver docenas de monumentos inesperados
Irónicamente, el sorprendente descubrimiento de un anillo de 1.6 kilómetros de ancho formado por enormes fosas alrededor del cercano henge de Durrington Walls, realizado por excavadores neolíticos hace unos 4 mil 400 años –cerca del punto álgido del auge de construcción–, contribuyó a detener a los excavadores de túneles del siglo XXI. Las fosas fueron reveladas en 2015 por un estudio de teledetección de alta tecnología de 1,200 hectáreas del paisaje de Stonehenge que dejó ver docenas de monumentos inesperados.
“Nos dimos cuenta de estas anomalías en ese momento, pero estábamos demasiado ocupados con todo lo demás para darle seguimiento”, narra Gaffney, quien codirigió la investigación. “Más tarde, cuando volvimos, vimos que teníamos estos enormes pozos que formaban un arco gigante alrededor del henge. Poseía una escala que nadie había visto antes”.
Era tan colosal e inesperado que, cuando el equipo anunció su hallazgo en 2020, sus afirmaciones fueron recibidas con un escepticismo generalizado, y los pozos del tamaño de una casa fueron descartados como socavones de origen natural. Sin embargo, investigaciones adicionales demostraron que el anillo de pozos había sido excavado por personas hacia el final del gran auge de la construcción neolítica, lo que añadió otra capa de misterio a la época.
La propuesta del túnel ha dividido a los arqueólogos: algunos la ven como un arreglo factible para resolver el embotellamiento del tránsito.
“Tarde o temprano habrá que hacer algo”, confirma Mike Pitts, arqueólogo y editor de British Archaeology. “El temor es que tomen el camino fácil y amplíen la autopista existente a cuatro carriles, y eso es algo que nadie quiere”.
En cuanto a los creadores de Stonehenge, las fosas de Durrington y otros incontables monumentos, uno no puede evitar pensar que les habría encantado la idea del túnel, debido a los estragos que ellos mismos causaron en su entorno con su avidez de construcción. Los antiguos bosques de Gran Bretaña se llevaron la peor parte, no solo por los miles de enormes robles talados para construir esas colosales empalizadas, sino también por los miles más necesarios para erigir Stonehenge y otros megalitos. “La gente no se da cuenta de la gran cantidad de madera que se necesitaba”, apunta Pitts.
En el caso del monumento de Salisbury, el transporte de docenas de enormes bloques de sarsen –en promedio de 18 toneladas cada uno– durante 24 kilómetros para luego erigirlos en el lugar habría requerido grandes trineos de madera, una enorme cantidad de andamiaje y quizá kilómetros de vías de madera sobre las cuales arrastrar los trineos cargados.
«supera en grandeza al tan renombrado Stonehenge, como una catedral a una parroquia”
Fotografía: Alice Zoo
A pesar de lo impresionante que es Stonehenge, hay que conducir otros 30 kilómetros hacia el norte, hasta el megahenge de Avebury, para captar la verdadera escala y diversidad del auge de construcción. En tanto que el primero tiene reconocimiento mundial y sus famosos trilitos de sarsen, el segundo, como dijo el anticuario del siglo XVII John Aubrey, “supera en grandeza al tan renombrado Stonehenge [sic], como una catedral a una parroquia”.
El henge de Avebury tiene cerca de un kilómetro y medio de circunferencia, tan grande que casi todo su pueblo homónimo –que incluye un pub, cabañas con techo de paja y pastizales salpicados con ovejas– cabe con comodidad en su seno. El círculo de piedras en su interior, de más de 300 metros de diámetro, es el más grande del mundo. Hay dos círculos más dentro y una gran avenida de piedras erguidas que se aleja de él y se extiende unos dos kilómetros y medio por el campo hasta un círculo de piedra y madera más alejado.
Y, por si fuera poco, la inquietante masa de Silbury Hill, compuesta por 450 mil toneladas de tierra –el mayor montículo hecho por el hombre en la Europa prehistórica–, está solo a 20 minutos a pie.
Escondido en este apacible tramo de terreno a lo largo del río Kennet, a solo un kilómetro más o menos corriente abajo, se encuentra lo que Josh Pollard, profesor de Arqueología de la Universidad de Southampton, denomina los “gigantes dormidos” del paisaje de Avebury: una serie de empalizadas construidas con los troncos de más de 4 mil robles antiguos.
Durante las excavaciones del verano pasado, Pollard y su equipo descubrieron otro enclave de madera, de unos 90 metros de diámetro, y dentro de él los cimientos de una enorme casa rectangular de más de 30 metros de largo, con paredes gigantescas hechas de madera que se elevaban hasta 12 metros sobre el suelo. “Esto debe haber sido un espectáculo realmente asombroso”, cavila Pollard.
Fotografía: Alice Zoo
Sin embargo, a pesar de toda la grandeza de Avebury y de los demás monumentos cercanos, es el río Kennet, que fluye por la tranquila campiña de Wiltshire a unos cientos de metros de distancia, lo que Pollard considera la clave para entender la mentalidad de los neolíticos que construyeron todo esto.
“Creo que el río era más importante para ellos que los monumentos que construyeron junto a él”, afirma. “Se puede ver en la creación de Silbury y en la relación del río con las empalizadas. Desempeña un papel de enlace con los monumentos de aquí, tal como el río Avon con el paisaje de Stonehenge”.
En los albores del siglo XXV a. C., los británicos debieron estar al tanto de los cambios tecnológicos trascendentales que se producían en el continente con el desarrollo en el trabajo del metal. De hecho, es posible que ya utilizaran herramientas de cobre adquiridas mediante el comercio.
“Es difícil imaginar que algo como las palizadas de Avebury se hiciera sin herramientas de cobre”, comparte Pollard y añade que es casi seguro que esas herramientas se reutilizaran y reciclaran muchas veces durante los siglos siguientes, por lo que es poco probable que se desentierre alguna en los sitios de construcción neolíticos.
Un misterio sin resolver
Lo que provocó el extraordinario auge de la construcción, y cómo y por qué llegó a su fin, permanece como un misterio sin resolver. Sin embargo, los arqueólogos observan una conexión inquietante con el apogeo de la Edad de Bronce, que llegó a Gran Bretaña a través de otra migración masiva desde el continente.
Gary pone a tierra a su hijita Vivienne colocando sus pies descalzos en el suelo dentro de Stonehenge durante la Experiencia del Círculo de Piedra, durante la cual los visitantes tienen acceso guiado al círculo interior del monumento. Durante el horario normal de visita, los turistas deben permanecer detrás de una valla y ver Stonehenge desde el exterior a una distancia de unos pocos metros. Wiltshire, Reino Unido, 21 de septiembre de 2021. Fotografía: Alice Zoo
“Las fechas son en extremo cercanas”, comparte Susan Greaney, de English Heritage. “¿Este auge en la construcción de monumentos fue una reacción frente a los cambios que sabían que se avecinaban? ¿Sintieron que una época llegaba a su fin? ¿O pudo ser que la misma construcción de monumentos fue la que provocó un colapso en la sociedad o en su sistema de creencias que dejó un vacío que otros vinieron a llenar? ¿Hubo algún tipo de rebelión contra una autoridad que ordenaba toda esta construcción insostenible?”.
De uno u otro modo, un siglo después de la finalización de Stonehenge, oleadas de colonos genéticamente distintos llegaron desde el continente. La historia se repetía 100 generaciones después, salvo que esta vez los ancestros de los recién llegados se remontaban miles de años a las estepas euroasiáticas en lugar de a Anatolia.
El llamado pueblo de los vasos campaniformes trajo nuevas creencias, nuevas ideas, su distintiva cerámica en forma de campana y las habilidades metalúrgicas que definirían la era venidera.
Los agricultores neolíticos que construyeron Stonehenge y otros monumentos se desvanecieron en la historia, y su ADN prácticamente desapareció del acervo genético de Gran Bretaña. El paisaje alrededor de Stonehenge siguió siendo un lugar importante de sepultura, pero la era de los megamonumentos había terminado.
Este artículo es de la autoría del residente en la costa sur de Inglaterra, Roff Smith. Está ilustrado con fotografías de Reuben Wu, un artista multidisciplinario que utiliza la tecnología para conceptualizar el tiempo y el espacio en la narración de historias. Alice Zoo, una fotógrafa documental cuyo trabajo explora las ideas de ritual y significado, también acompañó con sus fotografías al proyecto.
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Un poco de humor nunca viene mal para dejar en evidencia a ese conjunto de analfabetos que, sin saber nada de Epidemiología, Inmunología o Virología, se empeñan en poner en riesgo sus vidas, las de la gente que les rodea, así como a toda la Salud Pública de la población.