Seguramente ya hayas oído hablar de Apollo Robbins - hemos hablado e él alguna vez en Naukas - y su capacidad para robar carteras sin que el propietario se dé cuenta de nada. En esta charla TED del año 2013 añade un pequeño detalle muy impactante, pero para disfrutarlo hay que ver la charla entera y esperar al final. Es impresionante lo fácil que es engañarnos a todos delante de nuestra cara ;)
Sergioski02
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Apollo Robbins: El arte de distraer la atención [TED]
Seguramente ya hayas oído hablar de Apollo Robbins - hemos hablado e él alguna vez en Naukas - y su capacidad para robar carteras sin que el propietario se dé cuenta de nada. En esta charla TED del año 2013 añade un pequeño detalle muy impactante, pero para disfrutarlo hay que ver la charla entera y esperar al final. Es impresionante lo fácil que es engañarnos a todos delante de nuestra cara ;)
Cuando el ayuntamiento lo manejan los vecinos: el fenómeno de los partidos locales
Sergioski02ostia ostia, mas alcaldes como el de cartagena. Pido unas migajas de vuestro tiempo para el cartel promocional de la campaña de lucha contra la avispa.
La política municipal es otra cosa. Los más de ocho mil ayuntamientos que pueblan nuestro país suelen vivir un poco al margen de la actualidad política. Allí importa más quién es el candidato que el partido que le respalda, y el efecto se agranda cuanto menor es la población del lugar: la alcaldesa es la farmacéutica, el profesor del instituto o, como sucedía en el lugar del que procede mi familia, el servicial camarero que atiende en uno de los restaurantes de un pueblo de menos de dos mil habitantes. ¿De qué partido es? Posiblemente de ninguno. Es, sin más, el alcalde.
En ese campo de batalla, en general, ganan los de siempre. La capilaridad que socialistas y populares han logrado a lo largo de las décadas es una especie de bastión inexpugnable, salpicado con algunas formaciones autonómicas también clásicas. En Podemos, conscientes de que no tenían estructura suficiente para meterse en tamaño combate, lanzaron la idea de las confluencias y les funcionó muy bien en los grandes núcleos. Madrid, Barcelona, A Coruña o Cádiz cambiaron las tornas, incluso algunos enclaves de tamaño medio al estilo de Santiago de Compostela. Pero en los pueblos pequeños, que representan la gran mayoría de los ayuntamientos, es mucho más difícil entrar.
Formaciones como Ciudadanos o Izquierda Unida, por ejemplo, lo saben bien: los de Albert Rivera tienen como principal plaza conquistada el ayuntamiento de Mijas, la 95º ciudad más poblada del país, con 77.521 habitantes. Los de Alberto Garzón se tienen que conformar con algo menor, aunque eso sí, al menos es capital de provincia: Zamora y sus 64.423 habitantes.
Hay, sin embargo, algunas excepciones honrosas. Y una de ellas es, precisamente, el mejor exponente de ese componente diferencial de la política municipal. Hay no pocos ayuntamientos que se resisten a la dupla del bipartidismo, que no se han dejado seducir por los nuevos partidos o que tampoco apuestan por las formaciones regionales de toda la vida. Son los consistorios gobernados por candidaturas vecinales.
El mayor caso de éxito actualmente es el Movimiento Ciudadano de Cartagena, que gobierna la localidad murciana (algo más de 200.000 habitantes, la 21ª del país) tras quedar como tercera fuerza en las últimas elecciones autonómicas.
El alcalde, José López, es la cara visible de una formación ‘cartagenera’ hasta sus últimas consecuencias, en una versión regional y reducida del nacionalismo clásico. En sus vídeos (ojo al zoom con cambio de corbata y pañuelo) lanza propuestas sobre trazados del AVE o los corredores europeos pasando por Cartagena de forma directa
En la localidad gaditana de La Línea de la Concepción (con unos 63.000 habitantes) gobierna José Juan Franco, representante de La Línea 100×100, una formación que consiguió colarse en el ayuntamiento tras ser la segunda fuerza con más apoyos. Con una humilde presentación y un bajo como sede electoral empezaron su camino hacia el consistorio.
Nuestra sede. Próximamente abierta al público para atender vuestras quejas y sugerencias #lalinea100x100 pic.twitter.com/PcAMa00aul
— LaLinea100x100 (@LaLinea_100x100) 10 de octubre de 2014
En la localidad gallega de Oleiros, con casi 35.000 habitantes, gobierna desde 1985 y con abrumadora mayoría absoluta uno de los más veteranos entre los candidatos independientes. Ángel García Seoane lidera la Alternativa dos Veciños, una formación de izquierda nacionalista cuyos mensajes se centran en cuestiones locales (los focos de avispa detectados en la zona) e ideológicas (una protesta oficial contra unas pintadas aparecidas en una escultura del Ché en la localidad)
Berros de “Cuba Vencerá”.Fálase de Oleiros e do seu pobo coma “exemplo” de solidaridariedade e xustiza #Che #Oleiros pic.twitter.com/Nz0IuTCLrD
— Alternativa Veciños (@AVVOleiros) 25 de octubre de 2015
Posted by Alternativa Dos Veciños on Friday, January 8, 2016
De vuelta hacia el sur, otro ejemplo de gestión municipalista es Torre Pacheco, cuyos 33.000 habitantes tienen como alcalde a Antonio León Garre después de que prosperara una reciente moción de censura contra la alcaldesa del PP en la que el Partido Independiente de Torre Pacheco contó con el apoyo de PSOE y Podemos
Programa 2015: Festejos. #unidosparaelcambiohttp://t.co/5Hwtwq7zoO pic.twitter.com/2nW9tr4hBY
— Independientes_TP (@independienteTP) 18 de mayo de 2015
Castroverde es la organización política que actualmente gobierna en Castro-Urdiales, localidad cántabra de algo más de 32.000 habitantes. Ángel Díaz-Munío representa como alcalde a esta formación, local, ecologista y progresista, que hizo campaña llamando a la participación vecinal.
En la localidad barcelonesa de Barberà del Vallés, con una población muy similar, Sílvia Fuster logró ser la alcaldesa tras encabezar la candidatura de la Plataforma Ciudadana por Barberà del Vallés, que sería la segunda más votada en las últimas municipales tras trece años de historia municipalista a sus espaldas
Us deixem una imatge on expresem gràficament algunes idees generals envers el nostre partit. Bona tarda de diumenge! pic.twitter.com/B41fkroR
— Plataforma BDV (@PCPB_Barbera) 30 de septiembre de 2012
Este post Cuando el ayuntamiento lo manejan los vecinos: el fenómeno de los partidos locales, escrito por Borja Ventura, se publicó originalmente en Yorokobu.
Todos somos vulnerables al publicar nuestra foto
El indio de película que no quiere fotos y yo somos el mismo. El indio dice: «Las fotos roban el alma». Yo pienso: «Tengo que ponerme de perfil o escorzo en cada foto: así no se verán las orejas despegadas». Realmente no lo pienso: es una pose automática.
Quien toma la foto dice: «Mira a cámara, no hagas teatro». Por querer ocultarme, me hago el visto. Ahí queda la pose idéntica similar a la anterior y esta, a su vez, a la anterior, desde que el momento de la primera burla recibida por una foto: «Jajaja, ¡mira las orejas!». Una foto que no roba el alma, pero la araña un poco.
En las redes sociales uno descubre a otras personas temerosas de recibir daño a través de la imagen.
Personas con avatares en blanco y negro para enmascarar arrugas. Personas con bocas feas que la tapan con la mano simulando sorpresa o pensamientos profundos. Muchachas obesas que tan solo muestran los ojos. Calvos que en las fotografías aparecen de cejas para abajo.
El Photoshop y otros sucedáneos igualan a todos los avatares como la muerte iguala a las personas: a los tontos y los listos; a los jóvenes y los viejos; a los jóvenes y las mujeres. Todos planchaditos: todos muñecos de cera. El bótox de las redes sociales para los menos pudientes. El Photoshop y otros sucedáneos son el ejemplo más apreciable de la vulnerabilidad.
Los que conocen a las personas autoemborronadas no pueden evitar reaccionar: «Al natural estás más guapa (guiño)», dicen algunos. «Pareces tu hija», dicen otros con ambigua intención (si tras «hija» hay puntos suspensivos, mala). «Prima, ¿qué te has hecho en la cara?», dicen primas lejanas.
«Se me ha ido la mano un poco, jeje», responde quien se ha retocado a lo Ecce Homo de Borja, aquel Cristo centrifugado. Hay en esto cierto dramatismo: quien deforma la imagen por no aceptar los surcos de la edad acaba sirviendo de burla a algunos.
Avatares emborronados, retocados y recortados que comparten reivindicaciones contra los cánones estéticos con lemas propios de camisetas: «No estoy gorda: los cánones de la moda se me quedan pequeños»; «No soy cuarentona, soy cuarentañera»; «No soy calvo: es mi homenaje a Iniesta».
Y todo porque vivimos de puertas para afuera. Cosas de la extimidad (dicen los sociólogos): «La parte de la intimidad que se expone a los demás». Por el qué dirán tememos el control de la policía de las emociones y por las arrugas, la papada o la calva tememos las burlas de los desconocidos (aunque tengan la etiqueta de amigos) y de los amigos que hacen chiste de esto y aquello.
Parece tonto, incluso infantil, pero el insulto por unas arrugas, unas orejas o unos kilos de más produce daño. Hay unos cánones estéticos que sin estar cincelados en piedra sirven como guía para hacer daño a quienes no entran en las cajas. Y todos queremos encajar (incluso quienes presumen de no encajar). La fama y la fortuna no sirven como escudo.
«Por favor, dejad de debatir sobre si he envejecido bien o no» escribe Carrie Fisher, la princesa Leia, en su cuenta de Twitter. «Por desgracia eso me afecta».
Críticas de seguidores de la saga galáctica que no son unos niños. Críticas desde avatares emborronados, recortados. Adultos que se comportan como en la etapa de escuela: el niño raro, el gordo, el gafitas, el feo… se une a la masa para ir contra otro raro, otro gordinflas, a un cuatro-ojos, a otro feo. Avatares emborronados contra la princesa pixelada, nuestra Leia, tan frágil.
Supone cierto alivio cuando alguien da un puñetazo en la mesa (virtual), sube una foto y elimina la emborronada y escribe: «Yo, al natural, sin filtros ni nada».
Es otra forma de resistencia a la anodina estética.
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Imagen de portada: José Ferrer como Cyrano de Bergerac, el hombre al que podías insultar todo lo que quisieras mientras no mencionaras su nariz. Sin duda, Cyrano no estaría en redes sociales: demasiados duelos por concretar.
Este post Todos somos vulnerables al publicar nuestra foto, escrito por Javier Melendez Martin, se publicó originalmente en Yorokobu.
casa en el muro – house on the wall
Sergioski02Estas cosas chiquitas me chiflan

House on the wall, Pombal – Portugal (2015). Arquitectura, Deux Architects. Fotografías, Fernando Guerra FG+SG.
En él limite, trepar hasta lo alto del muro y recorrerlo manteniendo el equilibrio, el estrecho camino que conduce y atraviesa la casa, nido o refugio de juegos y de la imaginación.
Las dos caras del muro, desdobladas, se inclinan y abren, construyen una fisura espacial, cueva, cabaña o bote que al atardecer, con las últimas luces del día, navega mecido entre las hierbas …
Más información:
+ House on the wall – Ultimas Reportagens (reportaje de fotografías)
Gentrificación no es un nombre de mujer
Sergioski02venga ahi, unas de mis obligaciones ante la HR, hablar de mierdas de arquitectura y progresia.
Hace dos años, el colectivo Left Hand Rotation comenzó a trabajar en un documental llamado Ficción inmobiliaria. Su idea era componer una sola obra con materiales de películas de ficción donde las cuestiones asociadas a vivienda, como la especulación, la gentrificación, las consecuencias de la globalización en las áreas urbanas fueran parte integral de la trama o tuvieran relevancia en la historia. Pero cuando empezaron a tirar de memoria y búsqueda, se dieron cuenta de que había demasiado metraje como para comprimirlo en una sola película. En febrero, por fin, concluyeron su trilogía.
«El proyecto, una vez publicado, se divide en dos partes: la audiovisual, que es el documental en sí, y un artículo que contextualiza las ficciones haciendo una analogía con la realidad», explican desde el colectivo por correo electrónico. «Muchas de las películas se han rodado en barrios que han sufrido estos procesos de gentrificación y despojo». Ponen el extraño caso de Nueva York, donde aseguran que hay zonas que se han transformado por el hecho de convertirse en lugares emblemáticos tras la publicidad que les dio el rodaje de películas en sus calles.
En sus entregas, cuya primera publicación es en el ya lejano diciembre de 2013, aparecen títulos tan variados como Who framed Roger Rabbit?, en el que un malvado juez quiere arrasar el barrio de Toontown para construir una autopista; Chuecatown, sobre el proceso de gentrificación del antiguamente castigado barrio de Madrid; Cockneys vs Zombies, en la que los muertos vivientes, en vez de cerebros, consumen el espacio urbano del East End londinense; Astérix: Le domaine des dieux, donde Julio César usa la especulación inmobiliaria para tratar de dominar a la aldea gala; y hasta el A-Team, ya que en un capítulo Anibal y los suyos defienden a una comunidad amenazada por un grupo de mafiosos especuladores.
En total, más de 70 películas y series de 20 países que van desde 1920 hasta 2015. Un esfuerzo memorístico que solo parece ser posible mediante el uso de la inteligencia colectiva. «Somos aficionados enfermizos al cine y es en la memoria donde comienza todo, al tratar de recordar películas con secuencias que nos sirvan para explicar esos procesos especulativos», cuentan. «Muchas veces están ocultas en las tramas y tenemos que localizar el momento en el que aparecen, ya que no son el principal nudo de la narrativa». Una vez seleccionadas, se las apropian y guionizan un total donde vayan todas las secuencias.
Sin ser necesario ver todas las piezas ni hacerlo en un orden específico, cada una de las entregas tiene un núcleo central. La primera parte es una explicación del concepto de gentrificación. La segunda se centra más en el papel que cumplen los artistas y la cultura en los barrios que se transforman por este proceso; y la tercera busca la visión más hispanohablante, cogiendo ejemplos españoles, como la urbanización salvaje del Levante, y del cine latinoamericano. Al final de cada metraje, muestran qué estrategias de resistencia ciudadana hay frente a estas problemáticas. En la última, al más puro estilo Marvel, se atreven con una secuencia tras los créditos.
«Sin duda, hoy estamos viendo cómo muchas personas sufren las nuevas corrientes del urbanismo neoliberal que impera en las ciudades; personas que parece que ya no pueden pagarse su derecho a la ciudad, en palabras de Lefevre», cuentan para explicar la importancia de los temas a tratar y de haberle dedicado una trilogía. «Se desplaza a poblaciones de barrios y áreas urbanas en favor del capital privado, la inversión extranjera o el turismo».
En su análisis han dado con un dato muy curioso. Antes, cuando una película en inglés usaba el término ‘gentrification’, solía traducirse en la esfera hispanohablante como ‘manipulación’, pero en los últimos años ya se usa la adaptación hispana de la palabra. Un reflejo de lo que ocurre en la realidad, donde desde hace un tiempo gran parte de la población ya sabe que, como dicen Left Hand Rotation en una publicación, gentrificación no es un nombre de mujer.
Imagen de portada: Philip Mowbray / Shutterstock.com
Este post Gentrificación no es un nombre de mujer, escrito por Carlos Carabaña, se publicó originalmente en Yorokobu.
¿Es posible innovar en un sector como el de las autoescuelas?
Sergioski02Otro Fever?
Carlos Durán llegó al sector de las autoescuelas, percibido normalmente como tradicional e inflexible, después de que se fuera a pique su empresa de diseño y programación de páginas web Imaginaria. Tenía empleadas a ocho personas y no quería que acabaran en la calle. Los buenos equipos no abundan, ese lo era y él quería por encima de todo que siguieran juntos. «La crisis nos dio fuerte», recordó en una mesa redonda perteneciente a la campaña #ImpactoPositivo de Ron Ritual. «De la noche a la mañana se empezaron a caer los clientes. Estábamos condenados a cerrar y hacer un ERE».
En ese escenario, resultó que una amiga que no tenía carnet de conducir le compró a Durán el coche de segunda mano que este vendía. Para convencerla de la compra, Durán hizo con ella la siguiente apuesta: «si en tres meses no te has sacado el carnet, te lo recompro». Ella se puso las pilas y consiguió sacarlo a tiempo porque tuvo suerte con el profesor de autoescuela que le tocó.
Carlos Durán se dio cuenta de que la mayoría de la gente recuerda mal su paso por la autoescuela y vio que ahí había un margen de mejora importante. Pensó: «Qué raro que nadie le haya puesto a esto un poco de ilusión».
Y se puso manos a la obra. «Yo no sería capaz de enseñar a nadie a hacer una glorieta ni lo pretendo», dice Durán, pero supo en ese instante que ahí había un nicho de negocio. «Tuvimos una idea que no existía en un mercado que no nos quería».
La pusieron en marcha y, según sus propias palabras, «los arrolló». Su principal diferencia fue su deseo de convertir la experiencia de sacarse el carnet de conducir en algo positivo e inolvidable, al contrario de lo que es para muchos.
La imagen de Hoy Voy es muy distinta a la de las autoescuelas tradicionales. Una estética divertida se percibe en todo lo que hacen, desde el nombre de la empresa hasta la recepción de la autoescuela, con asientos reales de vehículos en su sala de espera, pasando por su flota compuesta exclusivamente por vehículos Mini Cooper.

Su ventaja competitiva empezó siendo el precio: en Barcelona, sacarse el carnet pasó de costar unos 2.000€ a costar 900€. Su fórmula para reducir los precios consistió en ofrecer prácticas a horas diferentes por distintos precios, cosa que el sector antes no hacía. Si das una clase temprano por la mañana, vale 19€ la hora con el IVA incluido.
Cuando las demás autoescuelas comenzaron a rebajar sus precios, su principal fortaleza pasó a ser su equipo. «Usamos un método que funciona con un equipo que ama el proyecto».
Para tener felices a sus profesores y que esto se refleje en los alumnos, mejoraron los sueldos y establecieron horarios intensivos de mañana o de tarde, más cómodos para ellos. «Muchos profesores de autoescuela no tienen alegría, y no es culpa suya, es que el sector no les ha ayudado. El sector de los profesores de autoescuela está muy mal tratado en España. Nosotros hemos llevado a cabo un cambio de paradigma. Intentamos que el equipo sea feliz, porque si el equipo es feliz, lo demás brilla».
El proyecto empezó en 2012. En la actualidad poseen una de las flotas de coches más grandes del mundo (sin contar las cadenas de autoescuelas). El proceso para llegar a ello no ha sido un camino de rosas. Carlos Durán ha recibido incluso amenazas por parte de algunos representantes del sector tradicional. «Habéis llegado en el peor momento, vais de listos pero no tenéis ni idea de lo que se cuece aquí. Os vais a quedar sin alumnos. Estáis avisados, por las buenas o por las malas. Firmado: mucha gente que no os quiere», reza una de ellas.
A Carlos, ese tipo de reacciones le hacen reflexionar. «Esto lo escribe alguien que lo está pasando mal. A mí me conmueve. Echa la culpa a otro en lugar de pensar en qué estará haciendo mal o cómo puede mejorar».
Carlos Durán cree que el secreto del éxito radica en «comprometerte con lo que haces de una forma humilde y humana». Sobre todo porque trabajan con los sentimientos más humanos de las personas. «Es su esfuerzo, su tiempo y su emoción. Suspender jode».
En un plano más práctico, recomienda a los emprendedores que tengan una idea de negocio «poner las cosas en un Excel; probar, medir y decidir». Si los resultados de ese ejercicio salen positivos, y solo entonces, «que tiren millas».
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Este artículo te lo trae Ron Ritual. Si quieres conocer más historias con impacto positivo haz clic aquí.
Este post ¿Es posible innovar en un sector como el de las autoescuelas?, escrito por Isabel Garzo, se publicó originalmente en Yorokobu.
Reliquias de la era espacial [FOTOS]
Sergioski02vamos ahi una de Diego Maillo

El fotógrafo Roland Miller se ha pasado los últimos años visitando algunas de las instalaciones de la era espacial que hoy están en desuso. Túneles de viento, hangares y lanzaderas se corroen lentamente por el óxido, como testigos de una época lejana en que los hombres querían viajar a las estrellas. En The New York Times enseñan algunas de las fotografías e historias de su libro Abandoned in place, muy recomendable.
Tenéis algunas fotos e historias en: Relics of the Space Age (The New York Times) | Vía @edocet | Archivado en Abandonos
¿Van 'ganando'' los microscopios o los telescopios?
Sergioski02esto se pone interesante, apuesten.

A la izquierda Anton van Leeuwenhoek y a la derecha Galileo Galilei, los dos pioneros en el uso de instrumentos para mirar lo más pequeño y lo más lejano. Han pasado cuatro siglos y el microscopio y telescopio siguen siendo esenciales para descubrir el mundo, aunque las técnicas han variado. Los microscopios más precisos ya no se basan en la luz, sino que utilizan electrones - con una longitud de onda mucho más pequeña - para escudriñar la realidad. Los telescopios tampoco se basan únicamente en la luz visible, sino que son capaces de captar todas las bandas del espectro y pronto - como vimos recientemente - detectarán ondas gravitacionales.
Con todo esto, en Popular Science se han planteado una cuestión muy interesante: ¿son más potentes nuestros mejores microscopios o nuestros mayores telescopios? Comparativamente, ¿con qué aparato podemos ir más lejos respecto a la vista humana a la hora de descubrir la realidad? Como explica Jason Schneider, la referencia que toman astrónomos y biólogos para medir la capacidad de sus instrumentos de observación es diferente; los primeros miden la resolución angular, digamos que la capacidad del telescopio para separar dos objetos lejanos en una imagen. Y estos e mide en segundos de arco. El telescopio Hubble, por ejemplo, puede tomar imágenes de 0,1 segundos de arco y el telescopio EELT, que se está construyendo en Chile, podrá tomar imágenes de 0,01 segundos de arco.
Una vez sabemos esto, podemos comparar hasta dónde llegan telescopios y microscopios comparándolo con el alcance del ojo humano. En condiciones normales, nuestros ojos son capaces de detectar un objeto de hasta 25.000 nanómetros (0.025 mm) y tienen una resolución angular de 60 segundos de arco, aseguran en Popular Science. Los mejores microscopios son capaces de llevarnos desde esos 25.000 nm hasta 0,035 nm, lo que equivale a una mejora de 714.000 veces sobre la capacidad inicial. Por otro lado, los telescopios son capaces de llevar nuestros 60 segundos de arco hasta 0,01 arcosegundos, una mejora de 6.000 veces sobre nuestra capacidad inicial, muy lejos de los 714.000 que produce el microscopio, al que podemos proclamar, de momento, claro vencedor.
Referencia: Which is more powerful: a giant microscope or a giant telescope? (Popular Science)
Te puede interesar: Si las bacterias nos miraran con telescopios (Fogonazos)
La España ‘manola’ a escala milimétrica
Estaban detrás de un cristal. Había una monja, un torero y un guardia civil. La España de los tópicos aguardaba en la vitrina de una tienda de juguetes y miniaturas. Un día, hace años, Coke Riobóo entró al local. Buscaba otros objetos, pero al pasar junto a una repisa, vio a aquella panda de curas y manolas de apenas un centímetro de estatura. El músico y animador volvió más veces a la tienda donde vendían trenes eléctricos y personajes ajustados a ese mundo a escala H0.
Las folclóricas seguían con las castañuelas en alto y los toros con sus astas en guardia. Parecían llamar a Riobóo desde su pequeñez, y ahí, el animador descubrió su grandeza. En esa insignificancia de tamaño y de identidad. Los muñecos eran tan mínimos que ni siquiera tenían rostro. No les cabían. Además, eran rígidos. No podían moverse. Y lo mejor y lo peor de todo es que estaban condenados a representar los estereotipos más rancios de este país. Entonces el compositor entendió todo. Estaban destinados a ser los personajes de su próxima película: Made in Spain.
«Me atraía la escala de las figuras. Me gusta que no estén terminadas y no haya espacio para los detalles», explica el madrileño. «El acabado en cine tiene que ser muy bueno. Eso hace que trabajar en una escala tan pequeña resulte muy difícil. Cualquier fallito se ve mucho. Pero el reto me gusta».
Riobóo pudo comprar la tradición. La tenía a mano. Las monjas, los curas, los toreros y los guardias civiles metálicos residen en las tiendas donde van a comprar los aficionados a los trenes eléctricos de juguete. Pero faltaban algunos personajes de la España de hoy, como el presidente del Gobierno con cabeza de plasma o los inmigrantes que intentan saltar la valla de Melilla.
El animador compró algunas figuras con apariencia de paisano y las «tuneó» para darles esa nueva identidad. «En internet puedes comprar muñecos de este tipo. En Alemania, hay un mercado muy grande de maquetas y figuras a esta escala. Es una afición antigua. Tiene más de cien años».
El ganador de un premio Goya por el corto de animación El viaje de Said utilizó una lupa para pintar los muñecos. La pintura les ponía la ropa pero eso es lo más lejos a lo que pueden llegar los dedos humanos. La expresión del rostro, en cambio, es inabarcable. Está allá, lejos, en el mundo de los átomos vetado a los artesanos. «Los personajes no tienen cara. Por eso no acerco mucho la cámara. No hay primeros planos». Y eso hace que este corto hable más por las posturas corporales de sus protagonistas que por sus gestos faciales.
Esta es la primera vez que el animador trabaja con esta pequeñez. «Nunca antes utilicé esta técnica. Suelo trabajar con muñecos de unos 15 centímetros, pero en esta ocasión todo es mucho más pequeño», comenta. «Además, así, la producción es más barata y necesito menos tiempo para hacerlo».
En su corto de animación anterior, El ruido del mundo, trabajaba toda una jornada para construir un segundo de película. Esta vez, en un día (o, más bien, una noche, en el caso de este músico noctámbulo), crea unos 30 segundos. «Esto es impensable en animación. Voy a una velocidad increíble».
En una pared de la casa a las afueras de Madrid donde ha rodado el cortometraje, hay un story board que indica la sucesión de escenas del relato. El plan hace de capataz de la obra, pero aquí, el jefe invisible, quien de verdad manda, es la improvisación. La trama, asegura Roibóo, se la dan los personajes. «Hay un guardia civil con los brazos en jarras. Es su actitud ante el mundo. Esas posturas te marcan ya el guion de la historia. Además, no se pueden cambiar, porque las figuras son metálicas. Todo es muy estático. Es una historia limitada por los propios muñecos».
En esa habitación, situada en el sótano de la casa, montó el estudio de rodaje hace medio año. «El decorado es tan pequeño que, en vez de las cámaras, tengo que mover el set. Unos amigos me hicieron una rueda de madera para poder moverlo», explica. Este relato en miniatura exige que Riobóo use sus manos como lo haría un gemólogo. «Muevo a los personajes con el dedo, unas pinzas, unos palillos y un pincel. Es un trabajo muy meticuloso. Tienes que estar relajado, porque si estás nervioso, desplazas siete muñecos en vez de uno».
Parece que los protagonistas pisan un suelo de arena y de estepa donde, según el guion, plantarán una gran rotonda, como en los buenos tiempos de la construcción. Pero, en realidad, es plastilina. Es la estrategia de Riobóo para que los personajes queden sujetos a la Tierra. Después, empieza el rodaje. «Voy moviendo el decorado y cuando veo que tengo la escena, hago la foto. Es animación por sustitución. Es muy artesano», explica en la habitación subterránea. La unión de todas esas imágenes fijas componen la película. En cada segundo pasan 12 fotos y, en total, en los diez minutos que dura Made in Spain, hay unas 9.000.
En este corto, que se estrena el 14 de abril en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, hay muchas horas de «paciencia y minuciosidad». Pero hasta un límite. El animador no intentó llevar su habilidad hasta la perfección. «Me gusta que se vea el churrete del pegamento en los muñecos. Que se note lo chapuzas que somos». Roibóo intenta reflejar así esa España con caspa en la chaqueta tan habitual en los chascarrillos. «Es una gamberrada. Made in Spain cuenta chistes fáciles de ese humor zafio que nos gusta en este país. No es humor inteligente. Es un pequeño homenaje a las gracias ramplonas».
Este post La España ‘manola’ a escala milimétrica, escrito por Mar Abad, se publicó originalmente en Yorokobu.
Rotonda de las fresas (Palos de la Frontera) En febrero de 2014...

Rotonda de las fresas (Palos de la Frontera)
En febrero de 2014 se inauguró en esta rotonda que enlaza la localidad onubense de Palos de la Frontera con el Polígono Industrial San Jorge, concretamente en el acceso a la Cooperativa Santa María de la Rábida (CORA), un conjunto escultórico dedicado a una de sus principales fuentes de riqueza: la fresa. Compuesto por un llamativo centro con una fresa completa y otra partida por la mitad sobre un pedestal cónico donde se rotula el nombre de la ciudad, está decorado mediante la técnica del trencadís y fue realizado por la empresa Decotrenc.
Más info: PCS Tres Carabelas, Google Maps
Matemáticas y código para hacer videoclips
Sergioski02Esto tambien gustara a: Luis Gomez
Vamos a intentar escribir el post más corto de Yorokobu. ¿Qué ocurre cuando le encargas los videoclips a un tipo amante de las matemáticas y las formas generadas a partir de código de programación? Pues esto que hace el artista chino Raven Kwok para Karma Fields. Pues esto.
Y esto.
Y esto.
Chim pún.
Este post Matemáticas y código para hacer videoclips, escrito por David Garcia, se publicó originalmente en Yorokobu.
Aprende cómo hacer tus propios paneles solares térmicos
Sergioski02el maillo de broma
La bioconstrucción o arquitectura sostenible y las soluciones de energía limpia se están volviendo cada vez más importantes cuando imagina cómo quiere hacer su casa. Sin embargo, muchas de las soluciones inteligentes en esta área no son accesibles para la mayoría de la gente. A menudo son muy caras, difíciles de encontrar o muy difíciles de instalar en espacios pequeños.

Pensando en ello, la organización Gósol nace con el objetivo de democratizar los paneles solares en todo el mundo. Con este fin, desarrollaron y compartieron manuales de construcción de paneles solares térmicos que sean hechos sólo con materias primas locales.
“Nuestra misión es erradicar la pobreza energética y reducir al mínimo los daños del cambio climático a través de la tecnología de hágalo usted mismo, rompiendo las barreras de acceso a la energía solar”, dice el sitio web de la iniciativa.
Para dar continuidad al proyecto, crearon una compaña de crowfounding para poder llevar la iniciativa a un mayor número de usuarios, difundir información técnica y distribuir materiales para la construcción de paneles fotovoltaicos.
Existen distintas aplicaciones para estos paneles y pueden surgir nuevas en el futuro, las cuales desarrolladas por la empresa o la comunidad de usuarios se comparten en linea para poder mejorar continuamente el sistema.
En este pequeño vídeo se explica en detalle y si quieren ver los planos y aplicaciones no dejen de pasarse por gosol.org
Ruta Estatal 375, el camino de los ovnis
Sergioski02y esto pencho? es como la 66 pero para los believers?
El camino al más allá es recto y largo, muy largo. Casi tan largo como solitario. Por no haber, no hay ni gasolineras en esta Ruta Estatal 375. La más cercana, a 80 kilómetros. Nadie dijo que llegar a la otra dimensión fuera sencillo. Ni que había que ir en coche. Lo de la levitación y el abandono del cuerpo aquí no es posible. Si uno quiere llegar a Rachel, en pleno desierto de Nevada, tiene que hacerlo en alma, pero también de cuerpo presente, y, a ser posible, conduciendo.
Sí, el más allá no es algo etéreo. Está a dos horas y media al norte de Las Vegas. Pura frivolidad. Para llegar hay que estar descansado. La carretera es tan monótona que, a poco que te descuides, corres el riesgo de quedarte dormido al volante y llegar al más allá, pero al otro. Hasta hace unos años, Rachel se llamaba Sandy (arenoso, en inglés). Sobran los motivos.

Este pequeño pueblo de poco más de cinco casas fijas y algunas más móviles está en el corazón de la llamada Área 51, un campo de entrenamiento de la Fuerza Aérea de EEUU que durante muchos años fue uno de los lugares más misteriosos de la tierra. El sitio, terreno abonado para la ficción, está inexorablemente unido a los ovnis en este campo y al nombre de Bob Lazar en el de la realidad.
A pesar de sus escasas cinco casas fijas y de una población que probablemente no supera los 40 habitantes en sus días más populares, Rachel tiene página web. Sí. También una iglesia Baptista, una tienda de souvenirs y cafetería que solo cierra el día de navidad y un museo alienígena con imágenes y reproducciones de criaturas en las que seguramente a Spielberg le habría venido fenomenal inspirarse para hacer su ET aún más perfecto.

A la entrada del pueblo —por llamar de alguna manera a estas casas que levantaron aquí un grupo de granjeros en los años 60— un cartel advierte al visitante: «Bienvenidos a Rachel, Nevada. Población humana: Sí. Aliens: ???».
Joe y Pat Travis, los dueños del restaurante Little A’Le’Inn, le deben mucho a su visión para los negocios, pero, sobre todo, a Bob Lazar, el hombre que convirtió este lugar en el centro de peregrinación mundial para todo el que quiera avistar ovnis.
Todo comenzó en la década de los 50. Fue entonces cuando se supo por primera vez de la existencia de una base del ejército de EEUU en el desierto de Nevada donde, supuestamente, se hacían pruebas militares. Su espacio aéreo era (y es aún) inviolable, y pobre del que se atreviera a flanquear los accesos porque sería tiroteado al instante.
Quienes trabajaban dentro tenían que hacer un juramento de confidencialidad para el resto de su vida. El lugar era tan secretísimo que hasta casi estaba prohibido pensar siquiera en él después de dejar el recinto. Solo los más discretos, los que preferían la tortura antes que soltar prenda sobre aquel sitio, podían entrar a trabajar en él.
Pero, como pasa siempre en estos casos, un día se coló un incontinente verbal. Y lo soltó todo. Podías creértelo o no, pero soltó una retahíla de datos tan impactantes para el mundo de la ufología que muchos decidieron que había que creérselos.

Era Lazar, un ingeniero que juró hasta en arameo que nunca hablaría de nada de lo que viera o hiciera allí. Trabajó durante unos meses en el área 51 hasta que le echaron por irse por las noches con sus amigos a los alrededores de la zona restringida a ver ovnis. Un día lo descubrieron y, cómo no, le dijeron que allí no entraba más.

Bob decidió convertirse en la primera persona de la historia que iba a hablar en público de lo que había vivido allí dentro y concedió una entrevista a una televisión a la que dio su testimonio con la cara distorsionada. Pero lo dijo todo. Contó que allí dentro había tocado un ovni con sus propias manos antes de que su jefe le diera un manotazo, que estaba hecho de un material nunca visto antes, que no tenía ensamblaje, ni tornillos ni soldaduras. Dijo que había una pista de nueve kilómetros y que allí se hacían experimentos con aeronaves avanzadas.
El Pentágono ni confirmó ni desmintió, pero amplió las lindes del área 51 para que se viera menos desde fuera. Y entonces llegó el folclore.
La voz se corrió por todo el mundo, que se apresuró a viajar a la zona para ver a los seres del más allá cara a cara. Y se abrió el museo. Joe y Pat Travis inauguraron un restaurante-bar-motel donde hay que estar realmente muy cansado para querer pasar una noche, a menos que seas de corazón fuerte.
El restaurante está repleto de fotos de avistamientos, de platillos volantes (todos de formas semejantes sobrevolando los cielos del planeta), fotos de extraterrestres de ojos negros tamaño XXL, reproducciones de seres de otros mundos tamaño natural —entendiendo por tamaño natural la altura de un niño de seis o siete años— y las fotos de Bob Lazar, el hombre que lo confesó todo, pero de quien ninguna universidad conocida tiene referencias. ¿No fue nunca a alguna o la CIA borró todas sus huellas? Ahí queda la incógnita.
No importa. Del techo del Little A’Le’Inn cuelgan miles de billetes de un dólar que van dejando los visitantes, lo que da una idea del número de turistas que llegan a la zona. En el parking del pueblo, junto a la gran maqueta de una nave espacial que cuelga de un camión grúa, las autocaravanas se acumulan al caer la noche a la espera de que aparezca alguna luz en el horizonte.

Cuando se desclasificaron algunos documentos sobre los modelos de aviones espía que se habían probado y desarrollado en el área 51 y se supo que el avión furtivo de ataque estadounidense F-117 fue probado allí, más de uno se quedó pensando si aquello no sería lo que aparecía en el cielo al caer la tarde. No en vano, uno de los modelos, el Nighthawk, era nocturno. Es negro, de aspecto siniestro, de forma triangular y muy brillante. Lo más parecido en la Tierra a un ovni.
Hay teorías que indican que el gobierno de EEUU está permitiendo explícitamente tratos con extraterrestres a cambio de tecnología. De momento, Joe y Pat siguen sirviendo hamburguesas a los turistas y las casas móviles de Rachel continúan siendo eso, móviles, porque lo cierto es que, por muchos ovnis que se avisten, a muy pocos les apetece quedarse en el más allá (antes de tiempo).
Este post Ruta Estatal 375, el camino de los ovnis, escrito por Lola Delgado, se publicó originalmente en Yorokobu.
Las mujeres y los hombres sin amigos
Sergioski02joder, que mal esta europa
Hay personas que no tienen suerte ni iniciativa para hacer amigos. Personas que no son antipáticas ni tienen gustos raritos. En las películas de Hollywood sobre bodas, no tener amigos es un problema para encontrar padrino.
Era inevitable que aparecieran los argumentos sobre padrinos. Se agotaron las tramas de películas de boda protagonizadas por el padre/la madre/el hermano/la hermana de… la prometida/el novio/la hija… Luego vinieron las historias sobre las damas de honor y ahora tocan los padrinos, los best men, como se les conoce en inglés.
Sobre padrinos hay por ahora un puñado de películas con dos argumentos tipo. En uno, el padrino es un tipo que carga cuentas de hoteles y prostitutas de lujo al novio y expresa en más de una ocasión su deseo de tirarse a las damas de honor bajo la mesa, «como marca la tradición».
El otro argumento trata de un novio que no tiene amigos y debe hacerse con padrino antes de la boda. Esto es una pequeña tragedia para el novio: ¿quién portará el anillo y que sea digno de ello? ¿Quién dirá un gran discurso en la cena de ensayo que luego repetirá en la cena con trescientos invitados, incluido el gobernador de Iowa?
Para evitar una boda catastrófica el novio recurre a una vieja agenda, a los compañeros de oficina e incluso a una agencia que alquila padrinos. Lo último sucede en la película El gurú de las bodas, una ficción que muestra un negocio real.
Padrinos y damas de honor de alquiler

En Reino Unido, la página Hire a Best Man (Alquila un padrino) permite hacerse con el perfecto portador del anillo y el perfecto orador que cautivará a los suegros y encandilará a las casaderas y emocionaría a Spielberg de aparecer por allí. En Estados Unidos, a través de Bridesmaid for hire es posible contratar los servicios de una dama de honor atractiva, divertida y discreta por 2.000 dólares el convite (el equivalente a un menú-tipo para 30 personas en un hotel de cinco estrellas).

Los menos pudientes pueden recurrir a Rent a Friend (Alquila un amigo), que ofrece falsos amigos para bodas, asistir a espectáculos y hacer running y retro-running («como no gano corriendo pa’lante, gano pa’trás»). El precio: de 15 a 55 dólares la hora. En España, de momento, los amigos de alquiler de Rent a Friend solo acompañan a espectáculos y comidas y clases de yoga.
Si para muchos una boda es una forma de teatro, la posibilidad de alquilar un padrino o madrina ahonda en el concepto de ficción. Los irreales amigos como padrinos y damas de honor (aquí serían simples recogedoras de velo y lanzadoras de jazmines y arroces) son como el traje de la prometida: nuevecitos y vistosos.
«Quiero dos damas de honor de las que sentirme orgullosa en mi gran día», dice el blog de Rent a Friend que dice una prometida. «Quizá alquile padrino para mi prometido», dice Rent a Friend que dice la prometida, como en los anuncios culo-veo-culo-quiero. Tom y Kate no pueden permitir que los amigos de siempre estropeen la boda.
El drama de no tener amigos
Estas películas y negocios de alquiler de padrinos son ajenos a nuestras costumbres españolas. Aquí, cualquiera puede ser padrino: no se necesita estudios ni experiencia para colocarse la corbata como pañuelo en la frente. Sin embargo, exponen una realidad en las grandes urbes tanto de Europa, de América como de Asia: hay personas que no tienen amigos. Ni de los de barbacoa ni de los otros, los amigos de verdad, los confidentes, los que ofrecen su tiempo y esfuerzo y atención sin aspirar a contraprestaciones (ni dinero ni sexo ni la colaboración en un delito). Este es el verdadero drama y se habla poco de él.
Salimos de nuestros barrios y atrás dejamos amigos de la infancia. Vivir en pareja aleja a los amigotes de «yo pago ahora y tú, luego». En los trabajos no hay amigos (salvo excepciones): hay compañeros. Por el camino llegan nuevas personas que adoptamos como nuevos amigos, nuevos confidentes o quizá los primeros confidentes. Pero no todas las personas lo tienen fácil a la hora de hacer amigos.
Aplicaciones para hacer amigos
Hay hombres y mujeres jóvenes y adultos que no tienen suerte ni iniciativa para hacer amigos. Personas que no son antipáticas ni tienen gustos raritos. Incluso hay mujeres atractivas y trato agradable que no tienen amigas, pero sí amigos (al menos, eso dicen ellos). Personas que en ocasiones acaban tolerando amigos igual que otros toleran malas relaciones de pareja.
Solitarios que tontean en webs con desconocidos (¡envía flores!, ¡envía un beso! ¡mira más fotos por 9.99 € al mes). Solitarios que puntúan bares, cafeterías y restaurantes a través de aplicaciones móviles y se reúnen para comer y conocerse en uno de los locales criticados.
Solitarios que recurren a aplicaciones como Ameego, conocido como el «Uber de la amistad» o Skout o WhatsFriends para hacer nuevos amigos a través de Whatsapp, entre otras. Aplicaciones recién nacidas para un mundo conectado a aparatos, pero no a quienes se tiene alrededor.
No deja uno de pensar que hay en estas aplicaciones de encontrar nuevos amigos cierta infidelidad a los quinientos y pico de amigos por conocer agregados al Facebook. Una forma de amistad sin compromiso como otros tienen sexo de una noche. No tener con quién ir a conciertos o al cine puede abrumar.
No tener amigos o cómo parecer un criminal
Por otro lado, la soledad está mal vista. Los vecinos miran mal, los conocidos —que no amigos— miran mal, incluso la familia. A los hombres que no tienen amigos se les tiene por raros, locos u homosexuales —como si lo último fuera una anomalía—. Aquí lo importante para unos es etiquetar a los solitarios. Un hombre adulto sin amigos solo es comprendido en dos casos: si está entregado a la familia y al trabajo o, «pobrecito» si es «el soltero del grupo» (y no tiene hijos) y claro, «¿a dónde va un soltero solo?» Si este hombre es joven, la madre lo mira raro y le dice «sal a la calle a tomar el aire».
Los comentarios sobre las mujeres sin amigas varían según su edad. Si adulta, es «una mujer de su casa»; si joven, «una niña que no le gusta la calle». Para justificar esto, sus madres y abuelas dicen «para lo que hay…»
Un hombre sin amigos —sin amigotes, seamos claros— incluso despierta recelos. Es por esto que Dexter Morgan, el asesino forense, forma parte del equipo de bolos de la comisaría y toma cervezas; necesita pasar desapercibido, fingir ante Rita y ante el mundo que tiene amigos y que hace con ellos «cosas que hace la gente normal». Aunque estas cosas le parecen aburridas y carentes de sentido a Dexter.
Dexter es un cazador solitario y los grupos de amigotes funcionan como manadas aunque los objetivos cambian. No es cazar al mamut, sino ganar el partido de futbito del jueves por la noche (aunque sea una pachanguita); no es buscar agua, sino un vamos a tomar la última donde la rubia aquella. Los amigos también están para esto, por supuesto. La diferencia está en el después: los amigotes desaparecen en cuanto se acaba la barbacoa, ¡hasta otra! O no asoman la calva o el poco-pelo cuando se echan novia o se casan (se quejan los solteros, los singles para los modernos y cobardes).
Los amigos son necesarios (no como objetos), pero esto no significa tener un millón, como la canción para más fuerte poder cantar. Deberían contarse con los dedos de la mano y estar disponibles no solo para las tonterías. Pero al parecer, en estos tiempos modernos también hay falta de amigos para ir a tomar un café o ir a esto o lo otro o tan solo 15 minutos al teléfono. Y ante la escasez, el negocio de las aplicaciones que ofrecen amigos buenos, bonitos y baratos por una tarde. ¡Oh tiempos, oh costumbres!
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Imagen de portada: Jason Segel y Paul Rudd en Te quiero, tío: el drama de un hombre sin amigos que necesita un padrino de boda.
Este post Las mujeres y los hombres sin amigos, escrito por Javier Melendez Martin, se publicó originalmente en Yorokobu.
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Fuente: http://sierradezarzuela.blogspot.com.es/2014/10/los-cuatro-torreznos.html

Fuente: http://sierradezarzuela.blogspot.com.es/2014/10/los-cuatro-torreznos.html
Los Cuatro Torreznos (Zarzuela del Monte)
Cuenta la leyenda popular que circula por la localidad segoviana de Zarzuela del Monte que un día un mendigo se acercó a un pastor que estaba en la sierra con el ganado y que se disponía a tomar la merienda, consistente en cuatro pequeños torreznos. El mendigo le rogó que los compartiera con él, a lo que el pastor se negó por estar hambriento tras todo el día de trabajo. El mendigo maldijo al pastor y los cuatro torreznos se convirtieron en piedra.
Estos cuatro torreznos localizados en el Camino de los Toriles no son más que cuatro bloques hendidos que derivan de uno mayor, como resultado de la meteorización mecánica. Otra singularidad es el piso en el que se encuentran: un bello plato granítico en forma de lancha, que forma además una cavidad lo suficientemente grande como para usarse de refugio en caso de necesidad.
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Vaso de Vicarello (Montmeló) Los Vasos Apolinares o de...

Fuente: http://www.ciclopatas.com/2012/05/de-paseo-por-el-valles-occidental.html

Fuente: http://www.panoramio.com/photo/86255463
Vaso de Vicarello (Montmeló)
Los Vasos Apolinares o de Vicarello son cuatro vasos de plata descubiertos en las termas de Vicarello junto al lago de Bracciano (Acquae Apollinares), cerca de Roma, en 1852. Con forma de miliario, se cree que son exvotos de algún gaditano que buscaba la salud en las aguas del lago. En sus paredes están grabados los nombres y las distancias entre las distintas estaciones de la vía que llevaba de Gades a Roma, con una longitud de unas 1841 millas romanas. Actualmente se conservan en el Museo Nacional Romano.
En la rotonda a la salida de la localidad barcelonesa de Montmeló que da al puente sobre el río Besós se encuentra esta copia gigante de uno de los vasos realizada por la empresa Ceacsa, incluyendo sus incripciones en latín, instalada probablemente para asentar la idea de que Montmeló es la antigua Semproniana situada junto al camino romano. Los historiadores, sin embargo, sitúan el trazado de la Vía Augusta más al norte, dirigiéndose desde Granollers (que sería la mansio Semproniana) por las tierras de Parets hacia Arragone (Sabadell), Martorell, etc.
Más info: Google Maps
La idea más peligrosa del siglo XX

Isaiah Berlin. Foto cortesía de Isaiah Berlin Archive.
En 2006, Edge.org preguntó a cien intelectuales por sus ideas más peligrosas. Harm Harari temía que la democracia pueda desaparecer, Steven Pinker que haya grupos con distintos talentos genéticos y John Horgan que no existan las almas. Pero ninguna de esas ideas peligrosas supera a la que denunció Isaiah Berlin en su célebre «Mensaje al siglo XXI» (Letras Libres).
Para Berlin, los horrores del siglo pasado no fueron producto de la maldad, el miedo ni el odio tribal. Fueron el resultado de una idea: creer que existe una sociedad perfecta a la vuelta de la esquina.
Si uno está verdaderamente convencido de que existe una solución para todos los problemas humanos, de que uno es capaz de concebir una sociedad ideal a la cual el hombre puede acceder si tan solo hace lo necesario para alcanzarla, entonces mis seguidores y yo debemos creer que ningún precio es demasiado alto para abrir las puertas de semejante paraíso.
Esta lógica permite que se cometan crímenes terribles en nombre del orden, el paraíso, la igualdad o la justicia.
Una vez que se expongan las verdades esenciales, solo los estúpidos y los malevolentes ofrecerán resistencia. Quienes se oponen deben ser persuadidos; si no es posible, es necesario aprobar leyes para contenerlos. Si eso tampoco funciona, se ejerce la coacción, tendrá que emplearse la violencia de forma inevitable. De ser necesario, el terror, la carnicería.
Es una idea peligrosa porque es falsa (ya dijo Mark Twain que no es lo que no sabes lo que te causa problemas, sino lo que sabes seguro pero resulta que es mentira).
Lo cierto es que no existe una sociedad ideal única y al alcance de la mano. No existe una utopía de esa clase, aunque pensarlo sea sorprendente e inquietante. No existe, primero, porque no todos queremos lo mismo. Las personas tenemos intereses y temperamentos diferentes. Hay quien necesita la seguridad para sentirse feliz, y quien necesita emociones para sentirse vivo.
Esa sociedad ideal no existiría ni aunque fuésemos todos clones. No puede existir por una razón más profunda: resulta que es imposible tener todo lo que se desea plenamente y al mismo tiempo. Hay valores universales —como la libertad, la igualdad o la justicia— que chocan los unos con los otros. La libertad absoluta no es compatible con la seguridad absoluta. La justicia choca con la piedad, y la autonomía individual con la cohesión del grupo. No podemos ser espontáneos y organizados al mismo tiempo, aunque las dos cosas nos parezcan una virtud.
Berlin resumió esta maldición con una frase: «No se puede tener todo lo que se desea, no solo en la práctica, sino también en teoría». Esa idea es muy importante.
* * *
Pero si no existen utopías únicas y evidentes, ¿cuál es la alternativa? La respuesta de Berlin no es dramática. Propone ser tolerantes, buscar compromisos y acuerdos. Te doy tanto orden a cambio de tanta libertad, tanta seguridad a cambio de tanta emoción. La democracia es un malabarismo, parece decirnos, una forma de vivir que no deja a nadie del todo satisfecho. Por eso es que funciona.
Decía Berlin que los fines que perseguimos las personas emanan de nuestra naturaleza común, pero que para alcanzarlos hay que atemperar, controlar, templar esa naturaleza. Por eso Berlin suena flojo, aburrido, burgués y blando. Lo explicó bien Pablo Suanzes hace apenas unos días, conectando a Berlin con una idea del último libro de Victor Lapuente. Si queremos construir una sociedad más igualitaria, justa y sostenible necesitamos una actitud hoy rara: la templanza.
Yo no sabría definir qué es la templanza, pero me hace pensar en un buen amigo. Una tarde de 1996, este amigo me vino a buscar para pasarnos la tarde haciendo lo de siempre: comer pipas en una parada de autobús. Hablamos media hora y agotamos los temas habituales. Estuvimos callados un rato, mascando pipas en silencio, aburridos como solo pueden aburrirse los chavales de quince años. Entonces él se giró y me dijo tranquilo: «Oye, qué fuerte lo de los marcianos, ¿no?». Tardé un rato en entenderle. Mi amigo había visto el tráiler de Independence Day, un falso noticiero que mostraba naves espaciales sobre París, Londres y Madrid. Y se lo había creído. Mi amigo creía que nos habían invadido alienígenas, pero no por eso dejó de hacer su vida y echar la tarde comiendo pipas.
Sé que Lapuente no piensa exactamente en esa forma de templanza, sino en otra cosa —en «abrazar el lenguaje humilde del consenso y el pacto»—. Pero me parece que hay algo de lo uno en lo otro. Creo que mi amigo es una de esas personas que están salvando el mundo, aunque ignoro por completo cuáles son sus grandes ideas.
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Da Suisa: Especial Árbol del Temor
Sergioski02este lo comparto yo. Estan llegando a un nivel de homoasquerosidad bastante alto. Y el del 3d mola, la mierda con blat de moro. Habeis comido alguna vez much maiz asi, luego lo cagas entero es verdad, es real, real 3D
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La ‘máquina inútil’ que aterrorizaba a Arthur C. Clarke
«En los años ochenta, Minsky y Good habían mostrado cómo podían ser generadas automáticamente redes neuronales autorreplicadas, de acuerdo con un programa arbitrario de enseñanza. Podían construirse cerebros artificiales mediante un proceso asombrosamente análogo al desarrollo de un cerebro humano». (2001: una odisea del espacio, Arthur C. Clarke).
Se abre la tapa a petición de un interruptor. Aparece una misteriosa mano que vuelve a presionar el pulsador. Se cierra la tapa. Esta sencilla obra de teatro representada en una pequeña caja se convirtió para muchos en «la máquina más inútil del mundo». Así lo aseguraba, entre sonrisas, el creador de este absurdo dispositivo y uno de los padres de la inteligencia artificial.

Marvin Minsky poseía a partes iguales una profunda inteligencia y un gran sentido del humor. El fundador del MIT Media Lab, Nicholas Negroponte, destacó esas dos cualidades en el correo electrónico que mandó para informar del fallecimiento de «una de las mentes más brillantes de la ciencia». Físico, matemático y fisiólogo, el genio se despedía convencido de que la inteligencia humana podía replicarse en un ordenador, un sueño al que dedicó buena parte de su carrera.
En 1952, siete años antes de cofundar el Laboratorio de Inteligencia Artificial del MIT junto a John McCarthy, el joven Minsky pasó el verano en los Laboratorios Bell de Nueva Jersey. Aquel estudiante de posgrado, que por entonces ya había creado el primer simulador de redes neuronales, trabajó allí con otro pionero. Claude Shannon, el padre de la teoría de la información, que había desempeñado una importante labor como criptógrafo en esas instalaciones durante la II Guerra Mundial, acabaría siendo su mentor.

Además de demostrar que el álgebra de Boole podía aplicarse a los circuitos electrónicos, Shannon también era un apasionado de los inventos aparentemente disparatados. Llegó a desarrollar una calculadora que realizaba operaciones en números romanos, un robot de malabarismos o un ratón mecánico que se movía por un laberinto.
Esa pasión común por las ideas absurdas provocó que Minsky y Shannon desarrollaran juntos unos cuantos dispositivos delirantes aquel verano, entre ellos una máquina que haría sonar una campana cuando la fuerza de la gravedad cambiara. Como es una constante, el timbre jamás desempeñó su labor, de ahí la gracia del asunto.
Entre todos aquellos inventos inservibles, la máquina inútil se llevó la palma. Era la más estúpida de todas, a juicio del pionero de la inteligencia artificial que la ideó. Shannon se encargó de construir aquel automatismo, que también se apodó «la última máquina», y la colocó con orgullo en su escritorio de los Laboratorios Bell.
Minsky siempre admiró el entusiasmo que el matemático ponía en todo. «Cualquier cosa que se le ocurriera, se involucraba en ella con alegría y la atacaba con algún recurso sorprendente», señalaría años después recordando a Shannon, fallecido hace más de quince años.
Un aparato «indescriptiblemente siniestro»
Marvin Minsky falleció hace unos días, aunque pudo haber ocurrido en los 60. El científico estuvo a pocos centímetros de ser aplastado por una pesada pieza en el set de rodaje de 2001: una odisea del espacio, la película en la que colaboraba como asesor.
El suceso dejó lívido a Stanley Kubrick. El cineasta había visitado el MIT cuando comenzaba a trabajar en esta obra de culto de la ciencia ficción para preguntar al investigador si creía que los ordenadores podrían hablar fluidamente en 2001.
Arthur C. Clarke, coguionista de la cinta, llegó incluso a mencionar explicítame al investigador en la novela homónima que escribió. Con ello convirtió a su amigo Minsky, que le acogió durante algunas semanas en su casa de Massachusetts, en el padre indirecto de HAL 9000.

Sin embargo, un aparato real del investigador aterrorizó a Clarke mucho antes de idear el ordenador malvado más famoso de la ficción. Pese a su inofensiva sencillez, la máquina inútil causó un profundo impacto en el escritor.
Se la encontró en el escritorio de Shannon y, tras observarla, afirmó que había algo «indescriptiblemente siniestro» en aquella caja «del tamaño y la forma de un paquete de cigarros». «Con la rotundidad de un ataúd, la tapa se cierra de golpe, el zumbido cesa y la paz reina una vez más. El efecto psicológico, si no te lo esperas, es devastador», escribió Clarke en 1958.
Pese a que al célebre novelista aquel extraño artilugio le disgustó profundamente, Shannon había construido algunos ejemplares más y los había repartido por los Laboratorios Bell. En los 60, la empresa Captain Company fabricó una versión de aquella máquina, a la que llamó el Monstruo dentro de la Caja Negra.
Las revistas de terror Creepy, Eerie y Famous Monsters of Filmand incluyeron aquel dispositivo como merchandising. La Familia Addams comenzaba a emitirse por aquel entonces en la televisión estadounidense y Cosa, la inquieta mano que recorría la tétrica mansión, recordaba a la extremidad que salía de una caja con el único fin de cerrarla.

El delirante invento que se convirtió en «meme»
Medio siglo después de que Minsky y Shannon se divirtieran imaginando el botón de un dispositivo que no estaba dispuesto a abrirse, la máquina más inútil del mundo revivió inesperadamente.
Michael Seedman descubrió aquella caja leyendo un artículo sobre Shannon. Decidió construirse una y compartir con el mundo el funcionamiento de su leave me alone box (algo así como la caja déjame en paz). El vídeo ha llegado a tener un millón y medio de visitas.
Al año siguiente, Brett Coulthard subió un completo tutorial para fabricar la máquina a Instructables e incluso comenzó a vender las piezas necesarias para construirla.
Desde entonces, miles de vídeos en Youtube demuestran el fervor de los makers por el aparato. Se han construido máquinas con Lego, cajas con gatitos e incluso artilugios rivales protagonizando un particular duelo.
La máquina inútil ha quedado inmortalizada en la historia de internet como meme, un honor que sus inventores no esperaban. Tras el fallecimiento del científico, Brett Coulthard ha anunciado que donará parte de las ventas de sus kits a la Fundación Marvin Minsky.
Incluso el MIT ha recordado en Twitter aquel invento del cofundador del Laboratorio de Inteligencia Artificial. Una manera apropiada de rendir tributo al investigador que estaba convencido de que, en poco tiempo (o al menos antes de que pasen cuatrocientos años), tendremos una máquina similar a HAL. Un autómata mucho más inteligente que aquel delirante mecanismo que tanta gracia le hacía.
VIDEO: #MarvinMinsky was also a virtuoso pianist & proud inventor of “the useless machine” https://t.co/mK4DRNlvmn pic.twitter.com/kTgLXg1ME3
— CSAIL at MIT (@MIT_CSAIL) enero 26, 2016
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Las imágenes de este artículo son propiedad, por orden de aparición, de Solarbotics, thierry ehrmann y cykocurt
Este post La ‘máquina inútil’ que aterrorizaba a Arthur C. Clarke, escrito por Cristina Sánchez, se publicó originalmente en Yorokobu.
El talent show y el capitalismo

MasterChef. Imagen: RTVE.
La última edición de MasterChef la ganó un vendedor ambulante; la anterior, una carnicera. Bisbal, antes de todos sus últimos discos más personales, y antes de Operación Triunfo, trabajaba en un vivero. En todas partes espera el talento a ser descubierto, porque el talento es la verdadera igualdad: no hace distingos sociales, ni raciales, ni de ninguna clase. Como es la cosa mejor repartida del mundo, la industria del espectáculo ha tenido que apresurarse a engendrar formatos que permitan a los genios que subsisten en el ostracismo alcanzar la fama que merecen.
El talent show es un programa de televisión, normalmente un concurso, en el que una serie de participantes procuran demostrar sus cualidades para según qué disciplina. Está dirigido por un jurado que se ocupa de discernir quién tiene el don y quién no. El programa insiste machaconamente a su audiencia que una persona normal (¡como usted!) puede cumplir sus sueños, y abandonar su vida adocenada para dar rienda suelta a su pasión, conquistar fama y prestigio y vivir la vida que tienen reservada las grandes estrellas. La vida mejor, que sabemos que existe porque la vemos en las revistas y en los programas de variedades, está también a su alcance. Usted no es mediocre: usted aún no ha sido descubierto.
«La industria cultural defrauda continuamente a sus consumidores respecto a aquello que continuamente les promete», escribieron Adorno y Horkheimer en La dialéctica de la Ilustración. Justo antes de esta sentencia, han hablado de cómo las continuas tundas que recibe el Pato Donald sirven a los espectadores para acostumbrarse a las que les toca recibir a ellos. La tesis general que se sostiene es que «la diversión es la prolongación del trabajo bajo el capitalismo tardío», esto es, que la industria cultural se ocupa de mantener el esquema de dominación que se ejerce en la fábrica durante el tiempo de ocio. En los años cuarenta se habla ya de algo llamado «religión del éxito», que había metido prisa a esa necesidad tan común de ser alguien en la vida. El cine de Hollywood empezó a cultivar esas esperanzas de medrar apresuradamente. «En lugar del camino ad astra per aspera, que implica dificultad y esfuerzo, se impone más y más el premio». El premio es, por supuesto, donación: no depende de quien lo recibe, sino de quien lo da; esto es, el éxito no es mérito del sujeto que lo experimenta, sino de otro, o del azar. Todos pueden ser el joven vendedor de periódicos al que le cae la lotería; todas pueden ser la preciosa dependienta de unos grandes almacenes ante la que cae rendido un joven millonario: el Hollywood de los años treinta sabe lo que deseas. Pero el mecanismo de dominación no solo se ejerce quitando de las manos del sujeto la oportunidad de su propia prosperidad, sino que esa adecuación de todos al premio es, en sí misma, alienante. Usted vale tanto como otro cualquiera, por lo que usted puede ser sustituido por cualquier otro.
Chicote mira a cámara con agresividad y gravedad e informa: «Esto es Top Chef. La competición de cocina más exigente del mundo busca al mejor cocinero profesional de este país». Luego se habla sobre el respeto a la profesión, la competitividad, el cuidado con los platos mientras se exhiben imágenes de los concursantes corriendo, peleándose, cayendo al suelo. Top Chef, como los otros concursos de cocineros, dice ir de cocina. Para reforzar esta idea, los miembros del jurado practican un código de honor que se sustancia en rasgarse las vestiduras cuando un participante no trata a una caballa con la dignidad que esta requiere. «Si destrozan una ostra me van a encontrar». El amor por el oficio, dicen, y toda esa parafernalia que circunda a la vindicación contemporánea de la cocina como una de las bellas artes. Lo cierto es que cualquiera que vea alguno de estos concursos sabrá quién ha recalado en la cocina tras una vida de penurias, o quién es una vieja gloria venida a menos; quién está peleado con su madre y quién con su novio, pero jamás cómo se asa una pata de cordero. Exactamente lo mismo pasa en el primo amateur del concurso, pero de una manera más burda: los concursantes de MasterChef tienen en este formato televisivo una oportunidad de salvación. «Mi sueño siempre ha sido ser un gran cocinero, pero…». Pero jamás pisé una escuela de cocina. El concurso crea la ficción de haber recuperado para la gloria de los fogones a talentos desperdigados por la aspereza de la vida; y finge enseñarles a cocinar, cuando simplemente se trata de una yincana sazonada con mensajes aleccionadores: «Te falta pasión». «Quiero oírte gritar “sí, chef”». Cuando a alguien se le abren las puertas del éxito, una respuesta templada es un grave insulto.
He preferido dos ejemplos groseros antes de mostrar el despliegue de los encantos de la industria cultural: se levanta el telón y aparece un señor tripón, con los ojos juntos y hundidos, y los dientes como un piano. Antes, en unas imágenes del individuo caminando azorado, la voz de un locutor nos ha contado que es un vendedor de teléfonos móviles. En una entrevista de campaña, entre cajas, él mira a cámara y dice que trabaja en una tienda, pero que su «sueño es pasarse la vida haciendo aquello que siente, que es para lo que ha nacido». El señor camina al centro del escenario. Frente a él, una chica del jurado, compuesto por dos tipos más, le pregunta que qué ha venido a hacer allí. «Cantar ópera», dice él. La cámara se vuelve a los miembros del jurado, que se sonríen. Se oyen risitas desde el público. El realizador vuelve a la entrevista de campaña, donde el señor, que aún no ha empezado a cantar, dice que su principal problema es que le falta confianza. Las imágenes vuelven al escenario, donde nuestro protagonista sonríe bobaliconamente, con una americana que le queda larga y una camisa mal remetida por debajo de la tripa y por encima del pantalón. Otro miembro del jurado, con una estudiada cara de escepticismo, le dice que comience. Le dan al play y empiezan a sonar las cuerdas del «Nessun dorma», la conocida aria de la Turandot. El tipo se arranca. La cámara rápidamente conecta con el jurado, que deja ver un tímido entusiasmo. «Ma il mio mistero è chiuso in me». El público aplaude y silba con júbilo. El jurado, atónito; en el patio de butacas una anciana se enjuga una lágrima. «All’alba vinceró». La chica del jurado también llora. El auditorio estalla en aplausos. Ha acontecido un milagro. El jurado comienza la valoración: «no me esperaba que un vendedor de teléfonos hiciera esto. Ha sido un respiro de aire fresco. Te lo digo sinceramente: absolutamente fantástico». «Tienes una voz increíble, si sigues cantando así puedes ser uno de los favoritos para ganar el concurso». «Creo que tenemos aquí el caso de un pequeño pedazo de carbón que se va a convertir en un diamante». Todo ha ocurrido de golpe: el auditorio no necesita el contexto de la ópera completa para enterarse de por qué ese señor canta lo que canta; siquiera necesita terminar de oírlo cantar. Las emociones se despiertan con una celeridad industrial. El aria ni está interpretada entera, solo unos versos, pero el respetable se ha puesto de pie en el tercero. Es un aria famosa, y los espectadores, porque la conocen, responden con fruición porque se sienten interpelados e iguales. Si apareciese alguien en el escenario y se arrancase con el «Verdi prati», un aria de la Alcina de Häendel, el resultado sería muy distinto.
Ustedes conocerán esta historia, porque el vídeo circuló viralmente por internet. El protagonista se llama Paul Potts y ganó la edición de Britain’s Got Talent de 2007. Cuando se mete el nombre en Google aparece una miniatura vestido con frac y pajarita blanca, como si viniese de dar un recital en el Metropolitan.
Este episodio lo tiene todo: un pobre hombre con una pasión, un aspecto físico risible, un jurado y un público incrédulo, casi jactancioso, que se dan de bruces con la repugnancia de sus prejuicios y que, en la misma metamorfosis del patito feo, quedan redimidos por la beatitud y la belleza. Y por añadidura, hay moralina: no juzgues a nadie por su apariencia. Lo cierto es que Paul Potts cantó para matarlo: una voz sin profundidad, estridente, descontrolada y con toques de balido de cabra. Sin entrar a juzgar las potencias vocales del aspirante a tenor, lo cierto es que no se puede cantar ópera sin pasar por un conservatorio. Como no se suele ser buen cocinero, quede entre nosotros, sin haber recibido la formación que corresponda. La industria cultural oculta las herramientas reales para llegar a aquello que ella finge dar acceso.
«La estrella no solo representa para el espectador la posibilidad de que también pueda aparecer un día en pantalla, sino también, y de forma más palmaria, la distancia que las separa. Solo a uno le puede tocar en suerte, solo uno es famoso […], bien podría ser él mismo y, sin embargo, nunca lo es». Sin embargo, la esperanza bobalicona sigue haciendo girar la rueda; como se justifican los veinte euros de un décimo de la lotería de Navidad: mi número también está en el bombo.
El mecanismo necesita, por supuesto, de una distorsión de los objetivos que dice conseguir: es evidente que si el bueno de Paul Potts tuviese los más mínimos conocimientos sobre música sabría que una formación desde el plato de ducha de su casa no faculta para dar recitales líricos, por mucho que sea tu sueño. Aun así, cada año, cientos de formatos similares expulsan a niñas rubias con vestidos pomposos que cantan el aria de la reina de la noche, o a críos prepúberes que se afanan en el «Lascia ch’io pianga». Siempre hay alguien destrozando el «Ave María» de Schubert y siempre el público llora y se conmueve, porque ha asistido a un acto de redención. Una redención repetida a cada rato, porque en cada nueva edición de cada nuevo talent show son descubiertos hombres y mujeres que suplen, a la perfección, a los que hicieron las delicias de la audiencia en la edición anterior. A Paul Potts le dio el relevo una señora llamada Susan Boyle, que cantaba una canción del musical de Los Miserables. Y supongo que tras de ella han venido otros tantos, porque lo propio de la industria cultural es la estandarización y la reproducción seriada: «la eterna reproducción de lo mismo».
Lo que sorprende es que funciona. La ficción de que lo que ocurre detrás de la pantalla es real es tan consistente que la audiencia se involucra de la manera más decidida que puede: con dinero. Si usted tiene un sueño puede lograrlo, cómo no, y además, puede ayudar a que otros lo logren. Esta debe ser la comunión de las almas. Sorprende, digo, porque el análisis que hemos remedado está desarrollado en un libro cuyo primer prólogo está fechado en 1944. Tenían razón: «la violencia de la sociedad industrial actúa en los hombres de una vez para siempre».
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miau5estrellas: mrhangover: sanitydecays: This is my favorite...

This is my favorite thing that I have ever seen on the Internet.
Cada vez que veo esta imagen me parece mas y mas triste
Mi postal sería algo así “Solía vivir en tu casa, estoy borracha y solo recuerdo esta dirección ¿has sentido fenómenos paranormales en el piso? Lo de las canicas son las tuberías, no es eso. Slaudos, Lou”
:-)
¿Por qué Batman y Superman son héroes reaccionarios?
Superman y Batman son hoy más reconocibles que cantantes o poetas. Si los niños eligen disfrazarse de ellos y no de Amancio Ortega o Florentino Pérez es porque proyectan una idea de poder noble, ejemplarizante. Pero ¿qué se esconde bajo esta capa de pulcritud? A continuación expondremos los claroscuros morales e ideológicos que definen a Superman y Batman, superhéroes a los que la posmodernidad les ha obligado a desprenderse de la careta.
Uno de los más importantes escritos sobre el subtexto que bucea en las tramas de superhéroes se titula El Mito de Superman y lleva la firma de Umberto Eco. El escritor italiano aborda la hipotética existencia de un ente como Superman en el mundo real, provocando la alteración necesaria de todos los aspectos de nuestra sociedad desde la organización institucional a la concepción que tenemos de las leyes físicas. No es así, los cómics del kryptoniano retratan una Metrópolis que tiene mucho de Nueva York y una civilización que tiene todo de nosotros. ¿Cómo es posible?
Eco introduce el concepto de ‘antinarrativa’ y explica que un superhéroe resulta atractivo a largo plazo en la medida que logra permanecer inmutable, él y el marco en el que se inscribe, siendo este, normalmente, un capitalismo de consumo. Advertimos que ni siquiera el advenimiento del superhombre nietzscheano puede cambiar los principios básicos del sistema. No hay alternativa, el mundo que tenemos, como lo tenemos, es el único posible.
Observa el filósofo de Alessandria un impulso reaccionario en el mito de Superman, extrapolable a la mayoría de superhéroes norteamericanos. Poco ha cambiado el Hombre de Acero a lo largo de su trayectoria vital: mantiene los mismos poderes, enemigos y relaciones que cuando nació en 1938. Tiene incluso la misma edad. Sus aventuras ofrecen una ilusión de amenaza que avanza hasta el punto de retorno desde el que siempre se vuelve al statu quo inicial. Si Batman y Superman han desarrollado empatía con el oprimido en alguna viñeta, la escena, aunque prometedora, no pasará de espejismo.
La lógica de Eco nos dice que estos héroes deben preservar la inmutabilidad del sistema para dar continuidad a su propia narrativa; que cuando no lo hacen, como en el caso de Watchmen, el relato alcanza un punto final que agota su razón de ser. Las historietas de DC Comics sobreviven por tanto aplicando la paradoja gatopardiana de que algo debe cambiar para que todo siga igual. Hollywood entendió el mensaje, no ha vacilado al imprimir en el subgénero el mencionado estilo antinarrativo.
Las últimas cintas de Batman, Superman o los Vengadores sirven para articular las contradicciones, fantasías y ansiedades del neoliberalismoDan Hassler-Forest.
Así lo deja escrito Dan Hassler-Forest en el ensayo Capitalist Superheroes: Caped Crusaders in the Neoliberal Age (Zero Books, 2012), donde afirma que las últimas cintas de Batman, Superman o los Vengadores sirven para articular las «contradicciones, fantasías y ansiedades» del neoliberalismo. Nuestros superhéroes son hoy más reaccionarios y ejemplifican el poder que justifica la violencia capitalista imponiendo el siguiente silogismo: si ellos utilizan su fuerza para alcanzar la paz y lo hacen como una encarnación de los Estados Unidos, EEUU emplea su hegemonía en aras de la concordia.
Alien’s American Dream Action Comics publicó, en los albores de la II Guerra Mundial, la historia de un kryptoniano enviado a la Tierra por su padre para salvarle del colapso que estaba a punto de sufrir su planeta natal. Los granjeros Jonathan y Martha Kent adoptan al pequeño Clark y le dan una infancia en Smallville, pueblo ficticio de Kansas, entre campos de trigo y los valores conservadores de la Norteamérica más auténtica.
Gran mérito el de Joe Schuster y Jerry Siegel apuntalar el sueño americano inventando el primer mito de la cultura popular moderna. Kal-El, el extraterrestre con superpoderes, el joven granjero, termina emigrando a Metrópolis para cumplir su sueño de ser periodista. Si un kryptoniano puede triunfar en el país de las oportunidades, debemos pensar que la puerta sigue abierta para cualquiera de nosotros. Superman arranca su andadura contra el mal combatiendo a ladrones de cuello blanco, sin embargo, con la explosión de la guerra, deja de perseguir a banqueros y jueces para entregarse a un destino mucho más ‘glorioso’.
El 27 de febrero de 1940 la revista Look publicó una historieta titulada Cómo terminaría Supermán la guerra en la que el superhéroe acaba capturando a Hitler y a Stalin y entregándolos para que sean juzgados en la Sociedad de Naciones. Las SS, ofendidas, contratacaron con un artículo en el que tildaban a su creador de judío «intelectual y físicamente circundado», criticando además que Supermán se salte las normas de protocolo de una institución que «seguramente prohíba la participación de personas en traje de baño en sus deliberaciones». «Superman ignora esto, igual que ignora las más sencillas leyes de la física, la lógica y la vida en general», culmina el artículo.
Goebbels y sus fieles estuvieron poco persuasivos. Enfundado en un traje de licra con los colores de la bandera norteamericana, el denominado ‘Hombre del mañana’ representa los ideales de libertad, democracia y justicia que le han ayudado a convertirse en orgulloso embajador de su patria adoptiva, y lo hace desde una tibieza ideológica que solo resulta descifrable para quien parece proyectar sus fobias sobre él. Durante más de 70 años se ha impuesto la concepción de que el Hombre de Acero protege la hegemonía cultural estadounidense, siendo un instrumento de propaganda por y para las instituciones de su país.
Esta afiliación en ocasiones llega a tener implicaciones afectivas explícitas, como el cariño que demuestra al presidente Reagan. Vemos al poderoso superhombre crecer en absoluta consonancia con los preceptos morales de la ‘primera democracia del mundo’ y nos preguntamos ¿cuál es el mensaje? Parece claro, lo que Superman ha validado, que no lo cuestione el hombre.
Aquellos que observan en el altruismo del hijo de Jor-El un esfuerzo ulterior por garantizar el poder de quienes ocupan el despacho oval encontrarán, además, motivos para cuestionar su administración de la justicia, puesto que Supermán combate el crimen desde una alegalidad parapolicial que cuenta con la aquiescencia política.
Frank Miller fue el primero en prestar atención a la condición moral de esta actitud con Batman, The Dark Knight Returns, donde inaugura un revisionismo dramático para sus protagonistas: los justicieros pierden el crédito social y la gente se pregunta por qué ha de confiar su seguridad a un puñado de frikis con mallas de colores. Batman y Supermán encaran la presión de diferente forma, mientras el Hombre Murciélago sigue actuando por libre, su compañero decide trabajar para el Gobierno. Así lo justifica: «Les he dado mi obediencia y mi invisibilidad. Ellos me dieron una licencia y el dejarme en paz. No, no me gusta. Pero puedo salvar vidas… y la prensa no se mete».
¿Por qué se legitima a un extraterrestre para que aplique SU justicia sobre los humanos? La cuestión da pie a reinterpretar el mito. Superman salvaguarda la autoridad de EEUU, sí, pero se renuncia a la eficacia de un Estado que cede parte de sus atribuciones. En todo caso, el alien (en inglés significa extraterrestre y también extranjero) ha terminado peleando en el cine contra enemigos que anhelan el fin del mundo. Los males que amenazan a la humanidad ya no tienen que ver con el político corrupto o negligente, ni siquiera con el delincuente común; el riesgo adquiere ahora dimensiones planetarias y solo Superman puede restablecer el orden (o impartir justicia).
De aquí se desprenden dos ideas: necesitamos que nos salven y cualquier iniciativa fuera del orden actual nos aboca al apocalipsis. De ahí al eterno retorno hay un paso. Decíamos que el personaje de Schuster y Siegel palpita en función de quién lo analiza. La derecha norteamericana se ha sentido tradicionalmente cómoda con las representaciones que se han venido haciendo de él, pero Action Comics sacó un número en 2011 que irritó a la familia republicana: Superman vuela a Teherán a manifestarse contra los ayatolás y Washington le critica por provocar un conflicto con Irán. El Hombre de Acero aparece amargado confesándole al asesor de seguridad nacional del presidente que está harto de que sus acciones se entiendan como instrumentos de la política de Estados Unidos, y decide entonces ir a la ONU para renunciar a su pasaporte. Tremendo sacrilegio.
Para Batman la presencia de una insignia o una bandera no resulta ni necesaria ni suficiente para la justicia
Es cierto que defiende una mayor contundencia en conflictos internacionales, similar a la que le piden los republicanos a Obama en Libia, pero el gesto de renunciar a su patria adoptiva resulta imperdonable. «¿Por qué no te mudas a Francia, cobarde?», llegó a exigirle el conservador New York Post en un editorial. Alabado sea el filántropo Bob Kane y Bill Finger que dieron vida al Hombre Murciélago con una primera historieta publicada en 1939 titulada El caso del sindicato químico. Si Superman representa al superhombre, Batman es su perfecto contrario. De niño presenció el asesinato de sus padres y desde entonces arrastra un trauma que le ha movido a embarcarse en la lucha contra el crimen. Su causa se llama venganza, el ojo por ojo como única solución a la putrefacción que corroe las entrañas de Gotham.
Tras una serie kitch y varias películas art decó, Miller baja del pedestal al Caballero Oscuro y lo sitúa en una posición de amenaza para la ciudadanía. Este reacciona enfrentándose a Superman: «Tú siempre dices que sí a quien veas con una insignia o con una bandera. Nos has vendido, Clark. Les has dado el poder que debería haber sido nuestro. Justo lo que te habían enseñado tus padres. Mis padres me enseñaron otra lección: tirados en esta calle, agitados por la brutal conmoción… muriendo por nada… me enseñaron que el mundo solo tiene sentido cuando lo obligas».

Destilemos el pensamiento de Bruce Wayne/Batman. Como explica el profesor Aeon J. Skobl en el ensayo Los superhéroes y la filosofía (Blackie Books, 2010), para Batman la presencia de una insignia o una bandera no resulta ni necesaria ni suficiente para la justicia. «Las leyes pueden ser injustas, los políticos pueden ser corruptos y el sistema legal podría estar protegiendo a los malvados, pero nada de esto le impedirá cumplir con su misión», puntualiza. ¿Cabría entonces colgarle la etiqueta de libertario? No parece el caso. La lectura politizada que hace Nolan en su trilogía de Batman nos devuelve a un héroe comprometido con la defensa del mal menor: la oligarquía.
El director de Origen recrea un Estado violento con una visión autoritaria del mundo. Tres villanos amenazan la estructura social en sendas películas: Ra’s al Ghul representando a los extremistas extranjeros; el Joker, al anarquismo más descabellado; y Bane, al sindicalismo revolucionario. Tres bombas contra el sistema sobre las que se yergue la dualidad Wayne/Batman. El aristócrata de nuevo cuño y el señor de la guerra urbana. Así, en esta escenificación, el ciudadano ejemplar, atractivo, elegante y con rasgos neoliberales castiga al desviado que se sale de la vereda.
Al final, de nuevo, todo queda en su lugar. La referencia constante al eteno retorno nos remite a la nostalgia burguesa de un pasado que fue mejor, que por idealizado se revela como un entorno de igualdad y riqueza. Añadamos una capa más.
El filósofo Slavoj Žižek diseccionó las tres cintas de Nolan en un artículo titulado Dictatorship of the Proletariat in Gotham City, donde compara la trilogía del Caballero Oscuro con la literatura de Charles Dickens, trazando paralelismos entre las turbas enloquecidas por la Revolución Francesa que protagonizan Historia de dos ciudades y la caótica masa social que destroza su ciudad como consecuencia de un empoderamiento sobrevenido en The Dark Knight Rises.
El cineasta recurre al imponente Bane para cerrar su trilogía con algunos planteamientos político-morales interesantes. Cuando el villano cede el 99% del poder a la ciudadanía para que hagan con él lo que quieran, esta se lanza a una orgía crematoria de saqueo y violencia sumiendo a Gotham en el absoluto caos. La ciudad arde en manos de un pueblo que aspira a su autogobierno y Žižek afea la evidente metáfora: «Occupy Wall Street no fue violento, su meta no era un nuevo reinado del terror; en la medida en que, como se supone, la revuelta de Bane extrapola la tendencia inmanente del movimiento OWS, la película ridículamente tergiversa sus objetivos y estrategias». El pueblo se alza en arma contra los ricos dejando de lado cualquier atisbo de raciocinio. Sin lucha de clases se impone una voluntad de venganza fácilmente manipulable.
En el proceso asistimos a la caricaturización de un tribunal popular revolucionario habilitado para que un personaje psicótico juzgue, mediante el poder que le concede «el pueblo de Gotham», a los ricos y sus más cercanos colaboradores. Finalmente, en un tramposo viraje de guion, la ‘revolución de Bane’ quedará enterrada bajo las sórdidas intenciones de nuestro villano.
¿Qué nos está contando el célebre blockbuster? Cuando la gente logra autogobernarse no sabe cómo hacerlo, pero tampoco puede confiar en la política corrupta. El orden y la estabilización social han de recaer, según se desprende, en un filántropo con emporios. Justo a la manera del arquetípico buen capitalista de Dickens que se dedica a financiar orfanatos (Wayne), frente al codicioso neoliberal (Stryver, como en Dickens). Independientemente de las intenciones del director, la trilogía encierra dos posicionamientos políticos en virtud de la dualidad que ofrece su protagonista.
Por un lado se apoya en la figura de Wayne para premiar la iniciativa privada del buen capitalista y su capacidad de liderazgo frente a la clase política o la ciudadanía, ambas absolutamente ineptas. Por otro lado se reproduce al villano ya no como la entidad supranatural que veíamos en Superman, sino como un agente del caos que, desde fuera del sistema, pretende reventarlo. Dejamos que Batman aplique su justicia porque nos da miedo el caos, porque el orden siempre es bueno hasta que cruza la línea del fascismo y porque, una vez más, necesitamos que alguien se mate para salvarnos.
Este post ¿Por qué Batman y Superman son héroes reaccionarios?, escrito por Claudio Moreno, se publicó originalmente en Yorokobu.
Ley del Chiste
Sergioski02jajajaajaj que divertidos sois en el primer mundo.
Ante los desagradables sucesos vividos por cómicos, actores, titiriteros, concejales y demás profesionales del esparajismo en los últimos meses, el Gobierno comunica la inmediata puesta en marcha de una Ley del Chiste.
Lejos de poner límites a la libertad de expresión, este paquete legislativo busca crear un marco de garantías jurídicas para este colectivo al tiempo que protege los derechos constitucionales del resto de la ciudadanía. Aunque el desarrollo normativo será publicado en el BOE, adelantamos aquí sus principales puntos.
Quedará expresamente prohibido hacer burla de cualquier colectivo desfavorecido, lo cual incluye a víctimas de ETA, víctimas de Al Qaeda, pobres, obesos, enanos, albinos, ciclotímicos, gente con vitíligo y/o heterocromía, niños con enfermedades raras, padres de niños con enfermedades raras, zurdos, disléxicos y periodistas deportivos. Dichos colectivos están particularmente expuestos a los negros horrores de la existencia, por lo que es obligación del Estado impedir que se conviertan en objetivo de los humoristas.
Además, todos los chistes deberán ser inclusivos, garantizando no solo paridad de género sino una presencia equilibrada de colectivos LGBT. Esto afectará fundamentalmente a aquellos chistes sexistas (prohibidos desde este momento) y también a aquellos que, por sus particulares necesidades estructurales, requieran de un número limitado de personajes. Es obvio que “van dos y se cae el de en medio” perpetúa esquemas heteropatriarcales. Si bien esta broma podrá seguir haciéndose, ya no podrán ser solo dos. En su lugar, el humorista deberá incluir un mayor número de personajes (cuatro, por ejemplo) donde se haga explícito que la mitad son mujeres y, como mínimo, un gay, lesbiana o transexual. Si bien esto alargará el chiste y lo hará, quizás, un poco farragoso, ofrecerá una representación mucho más fiel de una sociedad moderna e integradora como la española.
Con el fin de implementar estas medidas, se pondrá en marcha un nuevo departamento de la Guardia Civil llamado Brigada Chanza. Esta, que será integrada por un total de dos mil señores con bigote y sin sentido del humor, vigilará todos aquellos escenarios de riesgo tales como obras de teatro, programas de televisión y cumpleaños infantiles. Además, la División Chanza tendrá una subdivisión informática (Grupo Tecnochanza), encargada de controlar el correcto ejercicio humorístico en las redes sociales.
Desde el Gobierno, confiamos en que estas medidas acaben, de una vez por todas, con ese estéril debate sobre los límites del humor.
Este post Ley del Chiste, escrito por José A. Pérez Ledo, se publicó originalmente en Yorokobu.















