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14 Jun 17:42

¿Cuál es el mejor vídeo electoral?

by Javier Bilbao

La respuesta es obvia: Daisy Girl. Se emitió solo una vez, el 7 de septiembre de 1964, y según dicen ayudó de forma apreciable a que el demócrata Lyndon B. Johnson lograra la presidencia. Es una auténtica preciosidad y creemos que todos los anuncios electorales deberían concluir con un hongo nuclear. Por desgracia los artífices de las campañas contemporáneas no lo piensan así y el resultado a la vista está. En cualquier caso este formato propagandístico parecen despertar últimamente un gran interés; está dando mucho que hablar aunque sea a menudo como objeto de burla, de manera que nos gustaría centrar la encuesta de hoy en ellos.

Aun a riesgo de pecar de ingenuos, les proponemos que intenten fijar su atención no en el partido o en la ideología sino en el anuncio, y voten el que consideren mejor de los que se presentarán el 26 de junio. Algunos partidos no han publicado uno, así que no los incluimos. Por otra parte, las campañas electorales son para los politólogos como la época de celo en los gatos, y con un éxito reproductivo a medio camino entre ellos y un gremlin en una piscina olímpica, pero descuiden que aunque sea por una vez y para variar NO los hemos traído aquí a analizar cada cuña publicitaria. Disfruten de este ELP («Espacio Libre de Politólogos») sin comentarios que incluyan expresiones como «D’Hondt», «gerrymandering», «frame», «controlo mis sesgos» y «me gusta mucho Borgen». Solo ustedes, los vídeos y abajo del todo la caja de voto. También si lo desean pueden comentar cualquiera de ellos, procurando insultar solo al que se lo merezca.

(La caja de voto se encuentra al final del artículo)

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Su voz, tu voto

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#ImagínateloSinRajoy

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Los héroes anónimos

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#VolverASonreír

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Un nuevo comienzo

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Gatos

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L’únic canvi possible

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Nuestro pacto es contigo

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Aukerak zabaltzera goaz

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Note: There is a poll embedded within this post, please visit the site to participate in this post's poll.

La entrada ¿Cuál es el mejor vídeo electoral? aparece primero en Jot Down Cultural Magazine.

13 Jun 11:56

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Sergioski02

ya va con el incipiente peinado de jugador de futbol negro en equipo europeo



10 Jun 21:19

Hermanos Assange

by Venga Monjas
Sergioski02

joder que grande, lo comparto porque lo merece

Julian Assanje, el hombre que conocía todos los secretos de estado, ahora debe averiguar cómo tratar con su propio hermano.

Mírate el capítulo entero aquí: https://youtu.be/2A7ufMlzn68
Y en @flooxer: http://tinyurl.com/j3pxg4z

¡Y SUSCRÍBETE al canal! http://goo.gl/vfSt1k
07 Jun 14:03

Science Kombat: científicos a hostia limpia

by Eduardo Bravo
Sergioski02

joder

A pesar de la evolución experimentada por los videojuegos en los últimos años, una buena parte de la sociedad sigue considerándolos una forma de diversión estéril que no aporta nada útil.

Da igual que las historias sean cada vez más complejas, que los gráficos sean cada vez más sorprendentes, que la dirección de arte sea más imaginativa. Para muchos solo son una forma de alienación ajena a cualquier forma de pedagogía.

Para todos esos descreídos ha llegado Science Kombat Game. Un juego inspirado en el clásico de los recreativos Street Fighter pero que, en lugar de luchadores mazados, cuenta entre sus protagonistas a algunos de los científicos más importantes de la historia de la humanidad.

Albert Einstein, Charles Darwin, Nikola Tesla, Marie Curie, Isaac Newton, Pitágoras, Turing y Stephen Hawking son los personajes elegidos para enfrentarse entre sí (bien en modalidad combate individual o modalidad campeonato), utilizando para ello sus instrumentos característicos o sus descubrimientos más conocidos, como el telescopio en el caso de Newton, los rayos en el caso de Tesla o la silla robotizada de Hawking.

Sin embargo, como sucede en el Street Fighter original, estas desigualdades en el poder de combate de cada personaje están ponderadas con una serie de golpes y trucos añadidos que pueden ir desde la caída de manzanas o el uso del prisma en el caso de Newton, a la evolución de simio a hombre en el caso de Darwin, sin olvidar el golpe hipotenúsico de Pitágoras, el agujero de gusano de Hawking, el viaje en el tiempo y el espacio de Einstein, o el ataque con radio de Marie Curie que, si no te aturde directamente, seguro que te provoca un tumor maligno antes de acabar la partida.

La idea surgió de Super Interessante, que según explica Diego Sanches –responsable del diseño de personajes, escenarios y animación–, es una «revista mensual brasileña que trata de asuntos variados, principalmente científicos y sociales».

No era la primera vez que la gente de Super Interessante abordaba el mundo de los videojuegos como medio para la divulgación científica.

«Habían producido un juego con un concepto semejante hace algunos años. Se llamaba Filosofighters y ponía a filósofos a luchar unos contra otros. Fue un juego que tuvo bastante éxito en su momento, de manera que podemos decir que Science Kombat es una especie de secuela de Filosofighters».

La idea inicial surgió de Fred DiGiacomo, director del área online de la revista, quien propuso a Sanches colaborar en el diseño del juego aunque, finalmente, acabó encargándose de toda la parte visual bajo las directrices del equipo de Super Interessante.

«Los que seleccionaron los personajes fueron los editores de la revista, Fred DiGiacomo, Otavio Cohen y Karin Hueck. Fue una selección pensada principalmente según el campo de actuación de cada científico, por ejemplo, las matemáticas, la astrofísica, la química, etcétera. Esto también determinó el diseño de los escenarios y, de esa manera, cada personaje tiene su propio escenario creado a partir de las referencias de sus estudios, sus laboratorios o los lugares que fueron emblemáticos para sus descubrimientos».

Como sucede con el juego que sirve de inspiración, en el que la monstruosa Blanka luchaba en las selvas brasileñas, Dhalsim en un escenario de inspiración hindú y Guile en una pista de aterrizaje de las fuerzas aéreas norteamericanas, cada uno de los científicos luchan en escenarios que tienen que ver con sus vidas. Desde la Grecia clásica de Pitágoras, hasta las islas paradisiacas de Darwin, los laboratorios de Tesla, Turing o Curie y las aulas de universidad de Einstein.

Además del atractivo de ver cómo estos científicos se lían a puñetazos, el juego incluye a lo largo de las diferentes fases, frases de esos personajes con intención de que los jugadores se familiaricen con ellos y se interesen por saber más sobre su trabajo.

Sentencias como «Un hombre armado de un papel, un lápiz, una goma de borrar y sujeto a disciplina es una máquina universal», de Turing, «Sea menos curioso sobre las personas y más sobre las ideas», de Marie Curie o «La vida es como montar en bicicleta. Para mantener el equilibrio debes estar en movimiento», de Einstein.

«La idea era hacer un juego divertido, bienhumorado e informativo», explica Sanches. «Un juego que, al final, ha acabado gustando a personas de todas las franjas de edad, lo que es algo increíble. Mi hermano, que es profesor en un museo, me contó que se encontró a algunos de sus alumnos contándoles a sus madres quién era Tesla, Einstein y otros científicos porque les había encantado el juego».

A pesar del éxito, Diego Sanches reconoce que no sabe si la gente de Super Interssante se animará a retomar la experiencia desarrollando un nuevo proyecto de estas características. Incluso, y como sucedió con Street Fighter, podría hacerse un Science Kombat II incluyendo aquellos científicos que se han quedado fuera de esta primera versión.

«Teníamos una lista mucho más larga de personajes, pero tuvimos que reducirla por cuestiones de tiempo. Nos hubiera gustado incluir alguna otra científica además de Marie Curie o, por ejemplo, poner a Neil deGrasse Tyson, que era otro de los favoritos de todo el equipo».

Aquellos que hayan jugado alguna vez a estos juegos de combate saben que, tras superar los diferentes contrincantes, suele haber una lucha final contra un personaje que en muchos casos es una incógnita y que acostumbra a ser el más poderoso de todos con diferencia. Este juego no iba a ser una excepción.

El último luchador al que hay que enfrentarse utilizando el talento y los superpoderes de estos científicos es nada más y nada menos que el propio Dios, encarnado en diferentes formas según las diferentes religiones, para mostrar la importancia de la ciencia para luchar contra la superstición y el miedo.

Este post Science Kombat: científicos a hostia limpia, escrito por Eduardo Bravo, se publicó originalmente en Yorokobu.

07 Jun 12:36

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Sergioski02

YES BICHES!!! Esta noches me meto eight black inches a vuestra salud!!!



06 Jun 13:40

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Sergioski02

pero este no se pone ni el nombre!!!



06 Jun 13:38

El gran pecado de la política española: usar el ‘framing’ como arma

by Borja Ventura

Hace cinco años nos empezamos a acostumbrar a ver multitudinarias manifestaciones por la calle reivindicando cambios estructurales en el Estado. Era un heterogéneo grupo de gente con demandas variopintas al que se le empezó a llamar por su exiguo denominador común: los ‘indignados’. Eran los días del 15M, del movimiento de ‘ocupa el Congreso’ (luego rebautizado como ‘rodea el Congreso’) y las mareas de colores diversos, uno para cada objeto de protesta.

La crisis económica y el desencanto político azuzaron las ascuas de aquellos movimientos que condicionaron la vida política del país durante un par de años hasta que, de una u otra forma, cristalizaron en movimientos políticos más convencionales y acabaron saliendo de las calles para empezar a entrar en las instituciones.

En aquellos agitados días se vivieron no sólo manifestaciones enormes, sino también algunas de las actuaciones policiales más controvertidas. Coincidieron, además, con nuevas condenas europeas por no investigar supuestas torturas en comisarías denunciadas por detenidos en operaciones antiterroristas y con varias actuaciones controvertidas de los Mossos d’Esquadra en Cataluña. De hecho, acaba de conocerse la sentencia absolutoria para dos agentes responsables de que una mujer perdiera un ojo por el impacto de una pelota de goma. Peor suerte había corrido unos meses antes Íñigo Cabacas, un aficionado de fútbol que falleció por el mismo motivo tras una carga de la Ertzaintza.

En las calles aledañas al Congreso se vivieron tremendas cargas policiales como respuesta a algaradas y agresiones en el lado de los manifestantes que, según denunciaron, eran promovidas por agentes infiltrados para justificar la carga y disolución de las protestas.

Con un clima de tensión semejante las declaraciones también subieron de tono. Se hablaba mucho en aquellos días por parte de los manifestantes y su entorno de que España se estaba convirtiendo en un “Estado policial”. Aunque es cierto que no hay una definición concreta para el término -la politología en esto no tiene una RAE a la que abrazarse-, por “Estado policial” se suele entender a un país con un régimen autocrático que utiliza las fuerzas de seguridad para reprimir con violencia cualquier acto de disidencia, no condicionando sino directamente impidiendo que se manifieste opinión contraria al régimen oficial.

Y por más que muchos clamaran por definir así la situación del país, definitivamente España no es eso desde hace muchos años. Puede haber épocas de mayor avance o retroceso en lo que a libertades se refiere, pero de ninguna manera puede definirse de forma veraz como un “Estado policial”.

¿Por qué entonces esa terminología? En sociología aplicada a la comunicación hay una teoría llamada ‘framing’, que vendría a explicar que una de las grandes batallas de las ideas es la de cómo se definen las cosas, el marco (‘frame’) en el que se debate, los términos que se usan, que al final acaban condicionando el significado. Es, por ejemplo, lo que sucede cuando se habla de ‘Ley mordaza‘ o, por usar expresiones de párrafos anteriores, “régimen” o “torturas”. Hay muchos más ejemplos: no es lo mismo hablar de “terrorista”, “insurgente” o “rebelde” para hablar de quienes luchan en Siria, por ejemplo.

Esa batalla por los términos, en la que la ideología (o la construcción de ideologías) juega un papel esencial, tiene mucho que ver con la política, con los medios de comunicación y con cómo se hace ver a la ciudadanía las cosas de una u otra forma… aunque no siempre sea así.

La distorsión que se crea es tan grande que, en ocasiones, se consigue que hasta quien está en contra de ese ‘marco’ discursivo artificial lo adopte en un descuido. Le sucedió, por ejemplo, a Rajoy en un debate antes de las elecciones cuando llamó “Ley mordaza” a una reforma de su Gobierno, nombre que usan los críticos con ella y que -evidentemente- no es el nombre de la ley. Al darse cuenta del error salió del paso con un “bueno, usted la llama así, yo no”.

El uso de términos grandilocuentes en política, además de intencionado, es en ocasiones peligroso. Llamar las cosas por un nombre que no tienen hace que se desvirtúe la realidad que representa. Llamar “Estado policial” a un Estado democrático y con garantías -aunque, claro, con sombras- hace que se pierda la noción de lo que realmente fue un Estado policial.

Venezuela y Brasil

Sucede lo mismo, por ejemplo, cuando se habla de Venezuela como una dictadura, cosa que no es. Porque se podría definir una dictadura, de nuevo, como un régimen autoritario que elige a sus líderes políticos sin que medie la voluntad de los ciudadanos, y tal cosa no sucede en el país latinoamericano. De hecho, la mayoría del Parlamento actual está en manos de la oposición, hecho que motivó que el presidente Maduro reconociera su derrota, cuando años atrás fue Capriles, líder de la oposición, quien también reconoció la suya con total normalidad.

Cierto es que la situación dista de ser normal: hay opositores encarcelados, hay violencia en las calles con indisimulado apoyo gubernamental y una dialéctica de violencia en ambos bandos. Hay acusaciones de autoritarismo a un lado y de golpismo en el otro. Pero no hay una dictadura, hay falta de libertades, de conciliación y de cultura democrática. Pero una dictadura es otra cosa.

Una dialéctica similar se ha adoptado más recientemente en Brasil, donde la presidenta Dilma Rousseff ha sido apartada del cargo por la revocación del Parlamento bajo acusaciones de corrupción. La mandataria se apresuró a calificar lo sucedido de un “golpe blando”, e incluso han salido a la luz grabaciones que apuntan hacia una conspiración organizada para derrocarla. Pero, aun así, eso no es un golpe de Estado.

Un golpe de Estado es, por definición, una maniobra de corte más violento que político para desalojar por la fuerza a un gobierno legítimo. Es, por ejemplo, lo que dio inicio a la Guerra Civil en España, un golpe de Estado fallido (y no un “alzamiento militar”, o “sublevación”, como lo han dado en llamar algunos que han comprado ese ‘marco’ revisionista). Lo de Rousseff podría ser una maniobra intencionada, construida e intencional, pero que usa los resortes de un Estado democrático porque el ‘impeachment’ se activa mediante un proceso complejo con varias votaciones. Puede ser una artimaña, pero no es un golpe de Estado.

El caso del terrorismo español

En la política española abundan este tipo de prácticas de ‘framing’. Sucedió con el terrorismo de ETA, por ejemplo, por ambas partes. Unos, de hecho, nunca hablarán de “banda”, o de “terrorismo”, sino de “militancia” y “acción”. Hay términos aceptados de forma más general, como “violencia”, y otros mucho más controvertidos, como “preso político”. Porque -volviendo a Venezuela, o añadiendo Cuba- se habla de “presos políticos”, pero se rechaza cuando se usa esa terminología en España.

El ‘framing’ ahí comienza mucho antes. Causaron mucho revuelo unas declaraciones de Iglesias reconociendo fondo político a la violencia de ETA. Y efectivamente ETA actuaba por causas políticas, que buscaba conseguir usando la violencia. La otra parte no podía aceptar el razonamiento porque lo ven una forma de “legitimar” o “intentar explicar” lo que, de entrada, no quieren explicar: es -en su razonamiento- un crimen sin más. En cualquier caso, eso no es un preso político, es un preso por un crimen.

El debate se vuelve más delicado cuando el delito ya no es de sangre, sino de colaboración. Porque colaborar, según la legislación vigente, puede ser incluso dejar entrar en casa a alguien que huye de la Policía -aún siendo familia-. O, especialmente en los últimos quince años, intentar montar un partido político que apoyara determinada ideología, o escribir en un medio de comunicación con determinada ideología -aun sin mediar apoyo a la violencia, sino todo lo contrario-. ¿Es eso un preso político? No es un preso de conciencia -como había en el Franquismo-, pero ¿no es un preso por motivos políticos?

El caso del terrorismo en España es especialmente sensible y difícil de tratar en términos objetivos, fundamentalmente por ese brutal trabajo de ‘framing’ que se ha hecho durante tanto tiempo. Quizá, quién sabe, en unos años sea más fácil tratar el tema sin levantar ampollas… o quizá entonces el ‘framing’ actual haya hecho su trabajo y sea complicado hablar de “populismo”, “centro” o “nacionalismo”, términos que actualmente se usan con significados, contextos y connotaciones muy separados de lo que en origen significaron.

Este post El gran pecado de la política española: usar el ‘framing’ como arma, escrito por Borja Ventura, se publicó originalmente en Yorokobu.

02 Jun 19:43

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Sergioski02

Me esta sorprendiendo la cantidad de mujeres, pensaria que estos argumentos son mas usados y utlines de hombres hacia mujeres



01 Jun 09:48

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Sergioski02

Desde La Moraleja con amor



29 May 21:40

¿Pero qué hacen estos bebés colgando como Tarzán?

by noreply@blogger.com (Antonio Martínez Ron)


No se alarmen, las dos criaturitas, Jimmy y Johnny, no sufrieron ningún daño y suponemos que tuvieron una vida feliz. El vídeo muestra una serie de demostraciones que se hicieron en la década de 1930 para comprobar distintas habilidades innatas de los bebés. Lo que veis es el llamado reflejo de prensión, algo que tienen todos los niños en sus primeros meses de edad y el motivo por el cual cuando notan un contacto en la mano se aferran a lo que pillan para no caerse.

El caso de los bebés es uno de los muchos ejemplos que ponen en Vox para mostrar algunas huellas que ha dejado la evolución en nuestros propios cuerpos. En el vídeo se mencionan algunos vestigios conocidos, como el hueso cóccix (que son los restos de nuestra antigua cola) y otros no tanto, como el músculo Palmaris longus, que está ausente en un 14% de la población. Este músculo a nosotros ya no nos sirve para nada (es lo primero que quitan los cirujanos para reconstruir otras zonas del cuerpo) y para nuestros hermanos primates sigue siendo importante. Haz la prueba: si al juntar pulgar y meñique, ves un tendón, eres de los poseedores del músculo vestigial.



Entre las curiosidades que se mencionan está el de la capacidad de mover las orejas (yo la conservo, un día subo un vídeo). En pruebas con electrodos se ha detectado actividad eléctrica en los músculos de las orejas ante un estímulo acústico, como si nuestro organismo aún tuviera parte de los mecanismos que otros mamíferos utilizan para dirigir su atención como si fueran un radar. Estos y otros ejemplos podéis disfrutarlos en el vídeo "Proof of evolution that you can find on your body" (pruebas de la evolución que puedes encontrar en tu cuerpo). Una pena que no esté subtitulado en español, pero en el resumen que os he hecho están algunos de los detalles más chulos.



Entrada publicada en Fogonazos http://www.fogonazos.es/
29 May 21:27

Lo que empezó como ‘comunidad del nunca jamás’ y se convirtió en distopía de sexo y drogas

by Valeria Saccone
Sergioski02

ya va surgiendo sola la ruta del viaje hacia el salvaje sur

El sueño tentador de ser un mochilero libre por el mundo. O la pesadilla que puede llegar a ser la vida de un mochilero. O el sueño que se convierte en pesadilla. O el paraíso perdido que adquiere tintes infernales. O la sutil tortura de un deja-vu que transforma el día a día en una farsa.

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De todo eso trata Never–Never Land, el libro de la alemana Rebecca Rütten (que encontramos en Feature Shoot). En enero de 2014, esta joven fotógrafa de 24 años conoció la vida loca de un hostal en una isla de Nicaragua. Situado en una tierra encantada, rodeada de una rica vegetación a los pies de un volcán, emanaba un seductor olor a libertad. Allí huéspedes procedentes de varios países del mundo intentaban «romper sus lazos con la sociedad tradicional y vivir intensamente, como salvajes».

Traducido al cristiano, significa que pasaban sus días y sus noches de fiesta, bebiendo, usando drogas como Ritalin o ketamina y practicando sexo sin ningún tipo de rémora. «Me habían contado que existía un lugar muy loco. Cuando llegué, me encontré un fiestón. Todos parecían ser muy libres. Medio desnudos, bebían y danzaban con la música a tope. Había animales correteando e incluso un puerco durmiendo debajo de un billar», cuenta Rütten, que hoy vive Australia. «Me recordó a una fiesta sin fin en el país de Nunca Jamás de Peter Pan», añade. Era la concretización de la utopía jipi, versión 2.0.

A finales de 2014, esta joven de Hamburgo decidió volver al hostal para hacer un proyecto fotográfico de fin de carrera: un fotolibro. «Para mí era una buena opción: salir de la sociedad alemana, ir a una isla con playa y tocar la guitarra para siempre», bromea Rütten. Pasó tres meses en este lugar, retratando a sus nuevos amigos en su imparable rutina de excesos y evasión.

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Rütten tomó parte de estos bacanales al mismo tiempo que registraba todo lo que acontecía. «En la isla tomé por primera vez drogas desconocidas para mí. Fotografiaba todo, pero siempre respetando la dignidad de las personas, preguntando si estaban de acuerdo», asegura desde Australia.

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En su página web, la alemana habla en primera persona de lo que vivió en Nicaragua. «En el primer mes estaba positiva y motivada. Nos dejábamos llevar, andábamos sin rumbo fijo, dejando que la aventura nos encontrase. En todos lados poníamos nuestra música y viajábamos por la isla subidos al techo de los taxis. Bebíamos y bailábamos toda la noche, hasta el amanecer. Nuestra comunidad se convirtió en nuestra nueva familia. En casa no nos esperaba nada. Habíamos dejado atrás la sociedad cuando partimos de nuestras ciudades de origen. Habíamos entrado en un mundo diferente».

Bambule

La sensación era de haber encontrado una familia muy peculiar en tierra de nadie. «Al principio estaba muy fascinada por esta sociedad que vivía en su paraíso particular», reconoce. Sin embargo, al cabo de un tiempo, acabó decepcionada.

«Después de unas exitosas semanas de integración y pasado el entusiasmo inicial, este viaje-utopía se transformó en una distopía», relata. «Las personas que vivían en el albergue entendían su libertad como hedonismo. Los excesos los unían y les daban una identidad. Los que tenían éxito en los juegos relacionados con la bebida, eran aceptados como amigos y ensalzados. Cuanto más lejos estaba dispuesta a ir una persona, más era reconocida y alabada. Beber se convirtió en un ritual, que rápidamente se volvió una competición. El sexo era cada vez más importante. Nuestra comunidad estaba definida por el exceso y se mantenía a través de normas estrictas. Lo que comenzó como un proyecto basado en el pensamiento libre, a la larga se convirtió en una alegoría del primitivismo de la humanidad cuando es dejada a su suerte. Mi vida en la isla fue marcada por excesos repetidos, colapsos emocionales y físicos, conversaciones superficiales con los huéspedes, que llegaban a diario, y una sensación de un deja-vu permanente».

Bambule

Pronto, la autora de Never–Never Land se dio cuenta de que todos los que estaban allí, hacía meses o incluso años, tenían algún problema y estaban huyendo de algo. «Estaban solos y perdidos. No sabían qué hacer con sus vidas. Se habían refugiado en el albergue y se pasaban el día de fiesta, fingiendo que todo estaba bien, que no había problemas», explica. «En realidad, muchos sufrían colapsos nerviosos, lloraban, había mucho drama. Todos hacían sexo con todos. La atmósfera era muy pesada».

Bambule

El coctel explosivo de ritalin, ketamina, LSD, alcohol y Valium llevaba irremediablemente al descontrol, como muestra este vídeo. Jóvenes enajenados hacían sexo en el suelo delante de todo el mundo. «La peña incluso cocinaba su propia ketamina», revela. Poco importaba lo que pensasen los habitantes de esta pequeña isla nicaragüense. «Creo que para ellos era como ver una peli. Alucinaban», afirma la fotógrafa, que se está preparando para hacer un trabajo sobre los rituales con ayahuasca en la Amazonia.

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Para Rütten este libro, del que solo hay 50 copias, es una metáfora de un no-lugar. «Las fotos están hechas en Nicaragua, pero podría ser un albergue en cualquier parte del mundo. Es algo que repite bastante entre los mochileros», concluye.

Bambule

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Bambule

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Bambule

(Fotos: Rebecca Rütten)

Este post Lo que empezó como ‘comunidad del nunca jamás’ y se convirtió en distopía de sexo y drogas, escrito por Valeria Saccone, se publicó originalmente en Yorokobu.

28 May 07:06

Midiendo polvos. ¿Necesitamos saber nuestra velocidad de penetración?

by Esteban Ordóñez Chillarón
Sergioski02

el endomondo del fornicio

Si antes querías saber, por ejemplo, el número de embestidas que acometías en cada polvo, tenías que contratar a un tío, a ser posible silencioso y corto de estatura, que se acuclillara bajo la cama con una libreta y apuntara la cantidad fijándose en el traqueteo del somier. Un método tan engorroso nos hacía desistir, y entonces nos tocaba aguantarnos sin conocer la cifra exacta de empujones pélvicos que éramos capaces de propinar. Por suerte, el mundo de los gadgets y las app allana el camino para que esto sea posible.

Empiezan a proliferar dispositivos para medir tus virtudes amatorias. O tus torpezas. Servicios web como Nipple, podómetros genitales como Lovely o relojes como Geeks!me expanden el fenómeno del quantified self al terreno del fornicio. Estos inventos combinan la necesidad ancestral de buscar un refuerzo positivo a la faena y la nueva obsesión por vigilarnos hasta el extremo.

Nipple es la más primitiva. Se trata de un diario online que recopila información de todos los usuarios y lanza estadísticas globales. Los participantes pueden detallar su cópula hasta el extremo (posturas, orgasmos, prácticas, duración, lugar) y poner nota a su acompañante.

midiendo polvos lovely

El sexólogo y autor de Sexo Sabio Antoni Bolinches contempla estos servicios con escepticismo: «Estamos generando una sexualidad atlética. Una de las máximas del sexo sabio es que no está hecho para competir, sino para compartir». De alguna forma, Nipple se suma a nuestro consumismo casi genético para empujarnos a hacer acopio de prácticas sexuales por el simple hecho de tachar su nombre de una lista de cosas pendientes. «Hay una regla de oro: no hagas nada que no quieras, haz todo lo que quieras, siempre desde el deseo previo y de acuerdo con tu escala de valores sexual», explica Bolinches a Yorokobu.

La empresa británica de juguetes sexuales Bondara ideó Lovely, un artefacto con forma de zapato de Geisha que se cuelga del pene durante el coito. Gracias al Bluetooth, tus genitales se conectan al móvil. El cacharro emite una vibración para tenerte contento a la vez que registra la grasa quemada, la intensidad del acto, la velocidad de taladramiento y la fuerza G (aceleración).

Además, Lovely da consejos posturales y personaliza las sugerencias en función de las prácticas favoritas de la pareja. Bondara lanzará el producto al mercado durante este año. Por supuesto, los resultados podrán compartirse en redes sociales. De ahí a organizar sorteos que premien al martillo neumático más tajante, hay un paso muy corto.

Midiendo polvos geeksme

Cada vez somos copuladores más autoexigentes, y no precisamente en la onda de practicar un sexo más enriquecedor. «En una sociedad como esta, inmadura y neurótica, predomina la necesidad de autoafirmación. Estamos en una época de sexualidad frívola y fácil, y hay riesgo de que caigamos en unos parámetros de valoración que, curiosamente, son perjudiciales para el disfrute sexual», anota el autor de El secreto del autoestima.

El mercado español también se ha incorporado a esta gama de dispositivos. El reloj geeks!me cumple cuatro funciones: medición del ejercicio físico, control del sueño, determinación de la huella ecológica, e incluye el modo g!love, que realiza las mismas mediciones que Lovely y, además, aporta estadísticas detalladas de tu actividad y te otorga una medalla con la imagen del animal al que te pareces en la cama.

«El modo amor es el único que se activa de forma manual para mantener la privacidad, porque todos los datos de los usuarios son privados. Una vez activado, el reloj empieza a registrar la actividad. Al final, la app arroja unas estadísticas. Dispone de un sensor que calcula los movimientos con respecto a distintos ejes. Estos datos se mezclan con el nivel de intensidad y ofrecen estadísticas como quema de grasa, duración de los preliminares y del coito, calorías consumidas, una gráfica de rendimiento… Dice si eres más pasivo o más activo», detalla Ángel Sánchez, cofundador de geeks!me.

Tal vez ciertos aspectos de estos dispositivos promuevan más autovigilancia de la necesaria. Dice Bolinches que «estos medidores pueden llevarnos a desempeñar el ‘papel del espectador’», es decir, no entregarnos al éxtasis por preferir auscultarnos a nosotros mismos. Sin embargo, admite que el enfoque y la actitud con que se utilicen definirá en gran parte la influencia de estos gadgets. «Es como un vibrador: si lo usas como un colaborador que te descarga de responsabilidad ‘coital’ te ayuda, pero si lo ves como un rival, generará animadversión», puntualiza.

Ángel Sánchez matiza que  geeks!me en ningún caso promete «mejorar la vida sexual, y el hecho de que se conecte voluntariamente, permite que no tengas que vivir obsesionado con eso». Uno de los atributos más curiosos e innovadores del reloj es la invención de medallas sexuales. Existen un total de 16 y cada una representa a un animal: león, conejo, leopardo, tortuga, koala o chimpancé y, un sólo ser mitológico, el unicornio, «para poner un reto». No se trata de algo superficial o meramente humorístico, cada especie cuenta con una ficha técnica en la que se especifican sus facultades reproductivas.

Midiendo polvos

«Cada animal tiene su gráfica. Por ejemplo, el conejo es duración corta, de intensidad media alta. También te aporta datos, por ejemplo, si sabías que antes de mantener relaciones los conejos se abrazan, se persiguen y saltan juntos, o que los koalas si no tienen satisfechas sus necesidades como el hambre o el sueño, no se reproducen… Son cosas divertidas de cada animal», cuenta el cofundador de geeks!me.

Las medallas se coleccionan y pueden difundirse en tus redes sociales: «Puedes compartir, por ejemplo, he sido un león en modo amor». El resto de datos más desagregados pertenecen al dominio íntimo. Ninguna de las estadísticas de geeks!me se almacena en la nube, permanecen únicamente en el dispositivo del usuario, protegidas con contraseña.

La propuesta es conocerse mejor en un aspecto en el que no contamos con información fidedigna, más que nada, porque el sexo es todo bruma. El catre es terreno abonado para la subjetividad y la imaginación, tanto si se sueña como si se suda. «Algún usuario me ha dicho: yo pensaba que duraba media hora y resulta que, ahora que lo miro, aguanto 11 minutos», recuerda Sánchez. Dependerá de cada uno decidir si prefiere quedarse con sus sensaciones o buscar una verdad impredecible.

Este post Midiendo polvos. ¿Necesitamos saber nuestra velocidad de penetración?, escrito por Esteban Ordóñez Chillarón, se publicó originalmente en Yorokobu.

26 May 12:49

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Sergioski02

que tiernooooo xoxo



26 May 12:46

prostheticknowledge: 3DMetrica Designer Angel Quintana uses...









prostheticknowledge:

3DMetrica

Designer Angel Quintana uses computational design tools Rinoceros and Grasshopper 3D to create algorithmic tattoos:

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20 May 13:32

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MAMIII, HAN VENIDO A POR MI PARA LLEVARME AL CIELO.



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Jonny en latinoamerica creyoóque el chavo necesitaba una segunda proteccion contra el sol y le puso su gorra.



18 May 14:00

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Que el mundo no te cambie Eric, eres especial



18 May 12:28

¿No tienes pareja? A Facebook le gusta esto

by Virginia Mendoza

Todo comienza con canciones de Iván Ferreiro o de Nacho Vegas en el timeline. Abres Facebook y ahí está: alguien ha compartido Extrema pobreza, Turnedo o Va a empezar a llover. Puede ser casual. ¿A quién no le gusta torturarse de vez en cuando con canciones tristes? Pero hay una diferencia entre estos y los que acaban de quedarse solteros: los segundos, por si el mensaje no es claro, copian la parte más dolorosa y/o rencorosa de la letra. Todavía puede tratarse de una indirecta muy directa o de mera casualidad.

Después llega una fase de frenética fiesta traducida en fotos con cubata en mano, exaltación de la amistad y selfis en la playa. Ni siquiera hay tiempo para la resaca porque la vida es maravillosa. Sabes que hace una semana esa persona no llevaba una vida de fiesta desenfrenada. Algo está pasando. Está a punto de compartir Pesadilla en el parque de atracciones y eso sí que no es fortuito.

Cuando llegan las fotos en el gimnasio y los artículos compartidos con títulos tan sutiles como: «Nunca salgas con una persona libre» o «Las bondades de la soledad», ya sabes lo que significa: «Mira lo que has dejado escapar».

A esas alturas ya lo tienes clarísimo: le han dejado. Si comparte Me amo, de Love of lesbian, y has sido tú quien ha roto, ya puedes empezar a arrepentirte toda la vida. Si se queda con Rata de dos patas, no todo está perdido. 

Nuestro comportamiento en Facebook permite a cualquier usuario advertir cuándo una pareja ha terminado o cuándo alguien está estirando las plumas. La red social, que cuenta con analistas que se dedican a estudiar estas actitudes, no ha dejado escapar la oportunidad de averiguar qué pasa con sus solteros.

Dejando a un lado a los usuarios que parecen haber descubierto el amor como si del Santo Grial se tratara o su predecible simpatía por las embarazadas con sus fotos de ecografías y barrigas que tantos likes atraen, Facebook ha llegado a una conclusión previsible: le conviene los solteros.

No pudieron elegir mejor fecha para hacer público su estudio ‘The formation of love’, que apareció en la red social en San Valentín, justo cuando la exaltación de la soledad y del amor aumentan en la misma medida. Se trataba de una serie de posts que resumían estudios que habían realizado en los últimos años sobre el amor y que los analistas compartieron a lo largo de esa semana. Por mucho que ese día casi todas las fotos que se comparten parezcan la misma (sí, esa con pétalos sobre la cama de un hotel), son los solteros los que alimentan al monstruo con sus interacciones.

Los analistas de Facebook descubrieron que las personas solteras están entre las que más contenido comparten en la red social, por pasar más tiempo solas o porque a menudo el contenido que comparten sirve como reclamo. ¿Quién no conoce a alguien que incluye el nombre de su mejor amiga en el apartado del estado sentimental?

Los analistas de Facebook descubrieron que después de que una persona cambie su estatus a soltero, las interacciones aumentan exponencialmente, especialmente los mensajes privados, pero también las muestras de apoyo públicas. Para llegar a esta conclusión, como suele ocurrir en Facebook, los usuarios trabajaron gratis y sin saberlo.

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El Día de San Valentín, el analista Carlos Greg Diuk anunció en su perfil de Facebook el estudio The formation of love que Facebook Data Science acababa de llevar a cabo. Para ese día se habían guardado varios estudios y este era el quinto de una serie de seis posts en los que estarían «enviando amor» a lo largo del día de la semana.

Cuando la pareja lleva 85 días disfrutando del principio de la relación, es cuando Facebook ya los da por perdidos. Aunque no todo es malo para Facebook al principio de una relación sentimental. En el mismo post, Duik explicaba que, puesto que «el contenido de las interacciones se vuelve más dulce y positivo», así lo hacen las emociones de los usuarios. Para ello, a la proporción de palabras positivas como «amor» o «felicidad», les restaron las negativas como «odio» o «dolor». Y el resultado fue el esperado.

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Pero lo que de verdad conviene a Facebook es el tonteo previo a la relación. «Se intercambian mensajes, se visitan perfiles, uno comparte contenido en el muro del otro», escribió Diuk para describir el cortejo en la red social. Cien días antes de que la relación comience o, mejor dicho, antes de que los usuarios la hagan pública con un cambio de estado sentimental en su perfil, el número de interacciones va en aumento, una tendencia que se invierte desde el mismo día en el que anuncian el inicio de la relación.

En el momento en el que un usuario cambiaba su estado a «En una relación», Facebook detectó que las interacciones descendían alarmantemente. Lo que ocurre es que los usuarios, cuando empiezan una relación, se adentran en el mundo real más de lo que a la red social le gustaría. Aunque todos hemos visto parejas que no se dirigen la palabra durante una cena en la que comparten fotos del plato, eso es lo que concluye el analista que se ha encargado de trabajar con esta data; que «las interacciones en línea ceden su lugar a un mayor número de interacciones en el mundo físico».

Después del amor

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Facebook tampoco dejó escapar lo que ocurre cuando una relación se acaba. Al día siguiente, otro analista de la red social, Adrien Friggeri, compartió When love goes awry, el último estudio de la serie sobre el amor. Para ello analizaron a los usuarios que cambiaron su estatus de «En una relación», «Casado» o «Comprometido» a «Soltero». Como era de esperar, el gráfico se rompe al llegar el día de la ruptura y las interacciones aumentan un 225% a lo largo de ese funesto día.

Estos estudios se basan en datos que cedemos gratuita y, a menudo, inconscientemente. Si te agobia pensar que Facebook se esté aprovechando de tu información, no es preciso cerrar tu cuenta para evitarlo: basta con abrir tu corazón (al mundo real).

Este post ¿No tienes pareja? A Facebook le gusta esto, escrito por Virginia Mendoza, se publicó originalmente en Yorokobu.

18 May 03:11

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Sergioski02

aqui yo con un negrito y medio



18 May 01:24

Tuerka News - CEOE on fire

by LaTuerka
Sergioski02

jajaja este es bueno

17 May 18:40

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Sergioski02

aqui con mis niggas



17 May 17:37

Stalker, Chernóbil y la Zona

by Raúl Cazorla
Sergioski02

venga me voy a animar a ver la peli de una vez.

Imagen: Mosfilm Studios.

Imagen: Mosfilm Studios.

Hay visiones que viajan al futuro, como las de los augures romanos, que buscaban presagios en las tripas de los animales, las que arrebatan a los médiums, rígidos, con los ojos en blanco y las manos inmóviles sobre un tablero, o las inventadas por algunos escritores de ciencia ficción. Una de esas imágenes premonitorias es la Zona. Desconozco si se había usado ya en la ficción antes de la novela Picnic extraterrestre (1972) de los hermanos Strugatski; ahí, desde luego, tiene un uso muy original y profético. Lo que parecía solo una imagen elocuente para describir un lugar prohibido se convertiría con el tiempo en el más usado para aludir al inmenso territorio contaminado tras la catástrofe de Chernóbil. La Zona se volvería real. Dirán que es solo una palabra, que sirve para un roto y un descosido, que «zona» tiende a la hiperonimia. Sí, es verdad: lo extraño de todo este asunto es que la Zona descrita en Picnic extraterrestre se parece mucho a la zona prohibida de Chernóbil.

En el invierno de 1970 los hermanos Strugatski se encerraron en el pequeño pueblo de Komarovo, a unos cuarenta kilómetros de San Petesburgo, para escribir su novela Ciudad maldita. Mientras charlaban en uno de sus paseos vespertinos por el pueblo, tal como cuenta el propio Borís Strugatski en el epílogo de la edición de la novela, se les ocurrieron varios argumentos, entre ellos el de Picnic. Lo primero que bosquejaron es una breve nota, donde aún no se vislumbra la trama:

Un mono y un tarro de conserva. Treinta años después de la visita de unos extraterrestres, solo queda la basura que dejaron, que es objeto de caza y de búsqueda, de investigaciones y de calamidades. Crecen las supersticiones, hay un departamento que quiere poseer la basura para adquirir poder y una organización que quiere destruirla (el conocimiento caído del cielo es inútil y perjudicial; lo único que pueden conllevar los descubrimientos es el mal uso). Los buscadores de oro se consideran magos. La decadencia de la autoridad científica. Biosistemas abandonados (como si fueran pilas gastados), muertos resucitados de distintas épocas…

Aún no aparecía por ningún lado la palabra Stalker (que acuñaron a partir de un cuento de Kipling), pero tenían el título definitivo de Picnic exstraterrestre y la idea fundamental: un lugar de la Tierra había recibido una visita extraterrestre, que había dejado tras su paso, además de gran basura tecnológica, que los humanos no sabían cómo funcionaba, un lugar inservible para la vida, contaminado, lleno de extraños fenómenos contrarios a nuestras leyes de la termodinámica, y en el que si uno se aventuraba lo más probable que encontrara es la muerte. Las autoridades (en la novela, especialistas de la ONU) han acotado el territorio, que todo el mundo conoce como la Zona. Nadie puede entrar sin permiso, aunque hay ladrones especializados en robar restos de esa chatarra tecnológica, los llamados stalkers.

¡Un mono y un tarro de conserva! Aunque la asociación recuerda al monolito del arranque de 2001, lanzada en 1968, y no es descabellado pensar que algún vínculo puede tener el germen inicial de Picnic extraterrestre con el argumento de Arthur C. Clarke, la novela de los hermanos Strugatski se centra más en los efectos de esa visita extraterrestre: cómo manejaríamos esa tecnología; el control y vigilancia que se ejerce sobre los residentes de la prezona, a los que se les prohibe con el tiempo emigrar; el uso militar de los hallazgos… La acción de la novela recae sobre Redrick Schuhart, un stalker, pero no pierde de vista en ningún momento el poder de la Zona, la verdadera protagonista de la historia, que se ha tragado, igual que un vórtice, toda vida humana anterior a la visitación. Hay pasajes que parecen escritos anticipando Chernóbil:

De día parece un barrio como cualquier otro, con casas normales y corrientes que piden reparaciones a gritos, con casas normales y corrientes que deberían repararse, como todas, pero nada en particular, excepto que no se ve a nadie (…). Cuando cundió el pánico, todos los vecinos del barrio salieron de casa en ropa interior y corrieron hasta el puente, seis kilómetros sin descansar. Después el Coma estuvo mucho tiempo enfermo de peste y se le cayeron la piel y las uñas. Casi todos los vecinos de aquel barrio cogieron la peste; por eso el barrio se llama así. (…). Y luego están los barrios donde la gente se quedó ciega. (…) Entre otras cosas, cuentan que no se quedaron ciegos por un fogonazo (aunque dicen que también fue un fogonazo), sino por un ruido tremendo. Dicen que fue tan fuerte que se quedaron todos ciegos de golpe.

Parece obvio que los Strugatski tenían en la cabeza un escenario posnuclear, un lugar sacudido por una bomba o un estallido y con un enemigo invisible que emite algo similar a radiaciones (aunque un personaje dice que la Zona no las produce) y muta a los que viven allí. Además, ¿seríamos capaces de manejar de forma inteligente esa tecnología?, se pregunta el profesor Valentine Pillman en unas páginas hiperlúcidas sobre el significado de la inteligencia. Y la respuesta es que no. Nuestra torpeza podría poner en peligro a la humanidad entera, tal como escribiría Antonio Escohotado en el revelador artículo de junio de 1986 titulado «Una grieta en los cofres de Pandora»:

La conducta de nuestros Epimeteos con el cofre nuevamente ofrecido no ha sido abrirlo (salvo para hacer estallar algunos centenares de bombas), sino tratar de ponerle un enchufe con adaptador para electrodomésticos. Pero precisamente ahora comenzamos a enterarnos de lo que ya sabía a su manera el mitógrafo griego: el cofre tiende a resquebrajarse en todo instante.

Otra vez, en fin, el mito para hablar de desastres anunciados. Volvemos atrás para decir lo que ya sabemos qu sucederá. O como dice un personaje de Picnic extraterrestre como si estuviera hablando de una central nuclear: «Tener la Zona aquí al lado es como vivir junto a un volcán. En cualquier momento puede estallar una epidemia o algo peor…».

Luego llegó la famosa versión cinematográfica de Andréi Tarkovski, que se acercó a la ciencia ficción por accidente y necesidad. Después de Andrei Rublev (1966), Tarkovsky entró en un periodo de inactividad, nadie quería financiar el guion de lo que sería luego El espejo, y harto de llamar a las puertas por un proyecto propio, decidió embarcarse en la adaptación de una novela de Stanislaw Lem, un autor respetado y admirado en los círculos culturales soviéticos. Solaris se rodó en 1972 y su éxito impulsó que Tarkovsky rodara por fin El espejo (1974). Años después dio con la novela de los hermanos Strugatski y aunque se dio cuenta rápido de su potencial, al principio pensó que era un proyecto para otro cineasta. Además, a él le interesaba sobre todo su parte final, en la que el stalker busca la bola dorada, un objeto extraterrestre capaz de cumplir los deseos más íntimos, una idea ya presente en Solaris, en la que el océano de Solaris, similar a un organismo vivo, con cerebro y sistema nervioso, ocasiona que los sueños humanos se hagan carne.

Como explicó tiempo después en su libro Esculpir en el tiempo, «si en Stalker y Solaris algo no me interesa era la ciencia ficción (…) En Stalker la ciencia ficción era un punto de partido táctico, útil para destacar el conflicto moral, que era lo esencial para nosotros». No se puede decir más claro: Stalker (1979) es la historia de tres tipos que deben cruzar la Zona en busca de una habitación, en la que supuestamente se cumplen los deseos más profundos, y donde la parafernalia de la ciencia ficción es apenas visible: no hay chatarra tecnológica por ningún lado, no hay indicios de que la historia esté ambientada en el futuro. Stalker sucede en el puro presente. Ese texto del inicio de la película, de hecho, en el que se explica que un meteorito o una visitación extraterrestre ha provocado la Zona, fue un requisito de la productora.

Imagen: Mosfilm Studios.

Imagen: Mosfilm Studios.

A diferencia de la novela, la Zona en la película de Tarkovksy es un cuerpo vivo, sensible, que muta a cada instante, y donde el camino de ida nunca podrá ser el mismo que el de vuelta. El personaje que ejerce de stalker en la película no deja de decirlo: la Zona, llena de trampas mortales, solo deja pasar a los desesperados, a los que lo han perdido todo (el eco de Pandora, como en el texto de Escohotado). Así, lo que consigue la película, mediante sus largos planos-secuencia, es convertir a la naturaleza en la verdadera protagonista, que se vuelve ominosa a la vez que sagrada. Como en ese túnel alargado que deben cruzar los personajes, al que llaman «la picadora» y en el que la muerte acecha: de pronto todo adquiere un extraño aire de revelación inminente, igual que la atmósfera que envuelve la habitación perseguida.

Para los hermanos Strugatski, la Zona es un recipiente apocalíptico, con chatarra tecnológica extraterrestre que, mal empleada, puede conducir al desastre; para Tarkovsky, un organismo hostil en cuyo centro habita la esperanza.

Por eso cuando se incendió el reactor cuatro de la central nuclear de Chernóbil el 26 de abril de 1986, y los isótopos radiactivos escaparon al aire y contaminaron los campos, los animales, el agua, a los hombres y mujeres que vivían en Prípiat y también, por el viento, a las poblaciones a cientos de kilómetros, más allá de las actuales Bielorrusia y Ucrania, aún no había palabras para contar aquella catástrofe, pero sí que se extendió con rapidez el nombre de «zona prohibida» para denominar el perímetro de seguridad de treinta kilómetros en torno a la central, y que todo el mundo comenzó a denominar como la zona a secas. Y allí, de la Zona, mucho tiempo después de las evacuaciones masivas de la población, después de que los llamados «liquidadores» entraran a echar paladas de cemento al reactor, con la certeza de que les esperaba una muerte segura, llegaron imágenes de helicópteros que sobrevolaban el área, tanques, soldados con máscaras antigas que luchaban contra un enemigo desconocido y más horrible que cualquier ejército humano. Gorbachov no hizo una declaración oficial hasta el 14 de mayo: negó los hechos, dijo que solo había habido un incendio, que la propaganda de las potencias extranjeras lo había exagerado todo. Luego, al cabo de los años, se fue conociendo la magnitud del desastre, las mutaciones genéticas, la negligencia de las autoridades en gestionar la crisis, la tardanza en poner en alerta a la población, los escasos recursos con los que los soldados habían trabajado para apagar el reactor… Prevaleció, sin embargo, el secreto y el silencio. El desastre de Chernóbil no tuvo el seguimiento periodístico de otros conflictos, aquí no hubo despachos de guerra ni corresponsales avezados: ¿quién quería entrar en la Zona? Con el tiempo ha dominado el relato fotográfico del desastre: esas imágenes de la desolación y el vacío de Prípiat y otras ciudades evacuadas del área, edificios enteros abandonados, llenos de escombros, saqueados por los que llaman «merodeadores» (una suerte de stalkers), ladrones que se exponían a la radiación por unos rublos.

Imagen: Mosfilm Studios.

Imagen: Mosfilm Studios.

Hace poco salió un reportaje fotográfico sobre cómo la naturaleza y los animales se habían adueñado de la Zona. El relato de que la vida renace y el infierno ya ha pasado…

Ha hecho falta el libro de Svetlana Alexiévich, Voces de Chernóbil, y seguramente también la concesión del Premio Nobel de Literatura, para que recuperemos la memoria de la Zona, para que las imágenes no nos roben las palabras y tengamos, al fin, un relato de los efectos del desastre. Como se dice de la guerra, que solo se puede contar por los que la vivieron, así es el libro de Alexievich, una sucesión de testimonios de primera mano sin un hilo cronólogico, con una periodista que desaparece (aparentemente) para escuchar, para que hablen los otros. No los poderosos, ni los teletipos, sino los supervivientes y los protagonistas involuntarios de Chernóbil, de los que jamás nadie se ocupó. Perdonen el sermón: hay que leer el libro de Alexiévich para que no perdamos el recuerdo de la última metamorfosis de la Zona. Como dice la autora: «En más de una ocasión me ha parecido estar anotando el futuro», y aquí están todas esas imágenes venidas del futuro: el relato de la mujer que no quiso abandonar a su marido enfermo de radiación, aún a riesgo de contagiarse ella y su bebé; los cazadores contratados para matar a todos los animales de la zona; aquel fuego hermoso que se veía desde los balcones el día de la explosión; las cantidades ingentes de vodka contra el miedo y la radioactividad; los soldados reclutados para talar árboles, que habían adquirido un color anaranjado, y aquellos que enterraban tierra con tierra, sin más herramientas que unas palas; las voces de los liquidadores; las madres que han perdido a sus hijos; las familias que lo perdieron todo… Al final, el lector asiste tanto a la Zona descrita en la novela de los hermanos Strugatski como a la de la película Stalker, porque Chernóbil fue el apocalipsis de una tecnología mal empleada, pero también, como aparece en a menudo en el libro de Alexiévich, la historia de todos aquellos jóvenes que sacrificaron sus vidas por los otros… Si el sarcófago no se hubiera completado o si el reactor hubiera vuelto a estallar, la Zona hubiera sido inmensa, y seguramente se hubiera tragado buena parte de Rusia y Europa oriental.

En junio de 1986, pocos meses después de la catástrofe de Chernóbil, Andrei Tarkovsky presentó en el Festival de Cannes su última película, Sacrificio, sobre un hombre que se sacrifica con el fin de que una guerra nuclear no comience. Otra vez la premonición. Había escrito en Esculpir en el tiempo que «la idea del sacrificio no es muy popular hoy en día», pero, como sabía Tarkovksy, la Zona saca lo peor y lo mejor de los hombres.

Como en esos libros de «Busca tu propia aventura», hay dos finales posibles para este artículo. El primero es cultural; el segundo, político. Escojan:

1) En el año 2007, una compañía ucraniana lanzó un videojuego titulado S.T.A.L.K.E.R, The shadow of Chernobyl, donde se mezclan elementos de la historia de los hermanos Strutsgaski, como la Zona y los stalkers, junto con hechos de Chernóbil. El videojuego ha tenido un gran éxito y le han seguido varias secuelas. Alguno pensará que el hecho de que se trivialice con la catástrofe nuclear (un videojuego en el que básicamente hay que exterminar animales mutantes y evitar las trampas) es un síntoma de una sociedad infantiloide, que no toma en serio la magnitud de una tragedia; otra teoría, mucho más integrada, es que todas las sociedades tienen estrategias para superar el dolor, y una de ellas es el juego. Por otra parte, el escritor inglés Geoff Dyer publicó en el año 2012 un libro titulado Zona: un libro sobre una película sobre un viaje a una habitación, un ensayo narrativo que cuenta, plano a plano, la película de Stalker mezclando recuerdos, análisis y documentación. El planteamiento me parece muy interesante, acorde con una literatura reciente que conjuga géneros y metaficción, todo muy posmoderno y pensado. Un libro escrito seguramente desde una habitación bien ventilada y no en un viaje al terror como es el de Alexievich.

2) El 11 de marzo de 2011, provocado por un terremoto y un tsunami, la central nuclear de Fukushima sufrió varias explosiones en los reactores, y se filtraron a la atmósfera y al mar cantidades inmensas de radioactividad. Las poblaciones circundantes fueron evacuadas. El pánico informativo duró unas semanas. Luego los datos llegaron a cuentagotas. Esta vez las autoridades procuraron no usar el término Zona para referirse al área contaminada.

Imagen: Mosfilm Studios.

Imagen: Mosfilm Studios.

Para leer más:

Strutgaski, Borís y Arkadi: Picnic Extraterrestre, Editorial Gigamesh, Barcelona, 2015.

Tarkovsky, Andréi: Esculpir en el tiempo, Rialp Ediciones, Madrid, 2008.

Alexiévich, Svetlana: Voces de Chernóbil, Editorial Debate, Barcelona, 2015

Dyer, Geoff: Zona: un libro sobre una película sobre un viaje a una habitación, Random House Mondadori, 2013.

La entrada Stalker, Chernóbil y la Zona aparece primero en Jot Down Cultural Magazine.

17 May 04:46

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Sergioski02

julien, el amigo de los niños



16 May 15:32

El fotógrafo que preguntó al paisaje todo lo que su abuelo no le contó

by Virginia Mendoza

Ser nieto es aprender a preguntar tarde. El error es siempre el mismo, pero es el esfuerzo por recuperar las historias que ya no pueden contar los abuelos lo que a menudo les exime de la desidia de la que a la larga se culpan. Al fotógrafo Michal Iwanowski, su abuela le reprochaba esa falta de interés en la historia familiar.

El abuelo estaba ocupado enseñando a los niños habilidades para ser buenos exploradores y cómo usar el torno. Era demasiado humilde para hablar de sí mismo. Por eso nunca le contó que una noche él y su hermano huyeron del Gulag en el que eran prisioneros en Kaluga (Rusia); que nadie pudo verles a la luz del día porque llevaban una vida nocturna, durmiendo por turnos y evitando el contacto humano. Nunca le contó que aquel otoño de 1945, él y su hermano sobrevivieron a base de bayas y hongos. Y también gracias a las coles que robaban. Después de tres meses y tras haber caminado 2.200 kilómetros llegaron a Polonia, pero eso tampoco se lo dijo.

¿Para qué, si el nieto nunca preguntaba?

«Cuando murió mi abuelo, a la muy respetable edad de 90 años, entré en shock y fue ahí cuando me di cuenta de que me estaba despidiendo de toda una generación», explica a Yorokobu. Aquello fue para el fotógrafo como la canción de Laurie Anderson que evoca uno de los más célebres proverbios africanos sobre la sabiduría de los mayores: «when my father died, it was like a whole library had burnt down». Vivió arrepentido desde entonces y cree que esa es la razón por la que decidió rehacer la huida de su abuelo. «En ese momento me vi preparado para prestar atención a aquello a lo que no supe prestársela cuando él aún vivía», relata.

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No todo estaba perdido. El tío de Michal estaba ahí para contarle, de primera mano, la historia que compartió con su hermano: los dos huyeron juntos y llegaron hasta Polonia. Él mismo, de hecho, había publicado un libro con sus memorias gracias a cuyos mapas el fotógrafo pudo seguir el recorrido que los hermanos hicieron juntos.

Iwanowski visitó a su tío, le contó su proyecto y fue él quien le dio todos los detalles de la huída. «Hablamos de los recuerdos, compartimos fotos y nos reímos. Grabé una conversación que tuve con él. Tristemente, fue nuestra última oportunidad de estar juntos», lamenta. Nadie, de entre los vivos, podría relatar mejor que él aquella historia que ya no pertenecía a su dueño.

Al fotógrafo le anima saber que, aunque su tío murió un año después, lo hizo sabiendo que aquella historia no se iba con él a la tumba. La última vez que se vieron, Michal pudo percibir cómo el anciano había empezado a despedirse. En aquella reunión sintió que estaba recibiendo la antorcha del relevo, mientras recordaba a la juventud «cuán horrible es un bautismo de fuego como la guerra y lo frágil y épica que puede ser la vida de cualquier individuo».

En 2012 Michal Iwanowski consiguió una residencia artística en Kaunas (Lituania). Aunque el fotógrafo llegó desde Gales, sus abuelos habían vivido en Vilna hasta casi el final de la guerra, así que llegó al lugar idóneo para recuperar lo que andaba buscando. «De forma instintiva, me puse las botas y empecé a caminar desde Kaunas hasta Vilna, en busca de lugares, gente y olores; recuerdos que no me pertenecían pero que conocía bien a través de las historias que había escuchado».

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El fotógrafo se propuso, a modo de peregrinación, llegar caminando hasta el lugar en el que sus abuelos habían crecido. «Necesitaba investigar esas curiosas sensaciones que estaba experimentando allí, como el sentido de pertenencia, de estar en casa, a pesar de que no conocía ese lugar», recuerda. Aquel propósito se convirtió en un proyecto fotográfico que ha tomado la forma de libro y que se publicará este verano: Clear of people.

Está bien ser lento y está bien ser silencioso
Michal Iwanowski.Fotógrafo

«Me obsesioné con descubrir que algunos elementos del paisaje no hubiesen cambiado en 70 años. Mi tío describió un puente y una vía de tren de camino hacia Kozielsk (Rusia) donde les tendieron una emboscada y dispararon a mi abuelo. Me quedé en ese puente y pude ver exactamente donde eso había ocurrido. Aquel fue un momento de conexión muy interesante. Me quedé un par de días por la zona y regresaba al puente de vez en cuando, rememorando aquella sensación. Este proyecto me ha permitido tener una nueva perspectiva del tiempo. No sé si es algo que viene con la edad o si ha surgido a raíz de este trabajo pero, de repente, tengo la sensación de que setenta años ya no significan lo mismo para mí que antes, que ya no duran tanto», cuenta.

Gracias a la lentitud con la que cambia el paisaje, Iwanowski pudo descubrir aquellos lugares casi idénticos a los que vio su abuelo a su paso y, mientras caminaba, llegó a sentirse «dentro de una cápsula de tiempo». «Los árboles, las carreteras, las piedras y las colinas eran igual ante mí que ante mi abuelo. Estoy seguro», se reconforta.

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Por momentos, Iwanowski casi podía sentir que estaba junto a su abuelo, ocupando el mismo paisaje, «cruzando el río Oka a la vez, siguiendo el mismo camino, escuchando los serruchos de los mismos guardabosques a lo lejos». Al pensar que las ciudades cambian a distinta velocidad, más rápido que el paisaje, cuando llegaba a una de ellas se daba cuenta de que aquello no era sino producto de aquella cápsula del tiempo que había creado una «imaginación predispuesta» cuando caminaba solo por el campo.

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Iwanowski tiene claro cuál es su medio de transporte favorito: sus pies. En Kaunas descubrió que era capaz de utilizarlos durante 30 kilómetros diarios sin dificultad y que caminar es su mejor forma de hacer fotos porque le permite «el ritmo adecuado para que los ojos puedan escanear lo que los rodea sin cansarse». Cree que nació precondicionado para trabajar de esta manera y lo disfruta. Por eso no le resultó difícil cubrir la distancia que recorrió su abuelo. Iwanowski es consciente de cómo el propio cerebro altera los momentos vividos al rememorarlos. «Fue bastante satisfactorio. O al menos así es como lo recuerdo ahora», dice.

Iwanowski es precavido y metódico. No hizo aquel viaje a lo loco y lo preparó cuidando todos los detalles y posibles imprevistos. Por eso, dice, no encontró sorpresas en el camino y la experiencia fue mucho más grata de lo que su entorno esperaba o de lo que el resto de la gente suele creer cuando imagina a un hombre caminando sobre la nieve. Sólo el tiempo estuvo en su contra y un temporal le obligó a caminar colina arriba durante ocho horas con el viento en contra y la ropa empapada. «Mis mayores enemigos fueron las garrapatas y los mosquitos, el barro y ramas afiladas, pero cada noche tenía un techo y ducha caliente, así que no me puedo quejar».

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Para él, aquella situación no era nada si la comparaba con lo que habían soportado su abuelo y su tío. «No dejaba de recordar lo difícil que sería para los verdaderos fugitivos. Yo no estaba en peligro. Yo no pasé hambre. Tenía un smartphone con el que podría haber llamado si hubiese necesitado ayuda. Así que no hay forma de justificar que me autocompadezca, aunque me hubiese sentido tentado en algunas ocasiones», relata.

A pesar de que el fotógrafo estuvo solo durante todo el trayecto en la inmensidad de los bosques, descubrió algo paradójico: fue entonces cuando logró conectar mejor con las personas y lo hizo a otro nivel, «especialmente con el hombre en general, los fugitivos, toda esa gente que huye de conflictos tanto en botes como por tierra, tanto ahora como antes».

Solo y en silencio, Iwanowski logró no sólo cambiar su forma de entender el tiempo. También, y quizá como consecuencia de ello, ha aprendido a ser más paciente y ha aprendido a llevar una vida más tranquila. «El proyecto me ha ralentizado. Está bien ser lento y está bien ser silencioso», concluye.

Si Iwanowski se puso en marcha, aunque diga que lo hizo de forma instintiva, fue para que aquella historia que dio por perdida cuando murieron sus abuelos, no muriese en él porque sabía que vidas como la de sus abuelos, a pesar de ser inusuales o excepcionales, «no tienen cabida en los libros de historia».

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Este post El fotógrafo que preguntó al paisaje todo lo que su abuelo no le contó, escrito por Virginia Mendoza, se publicó originalmente en Yorokobu.

15 May 09:28

Gran Reservorio: Soy el Burto

by Venga Monjas
Sergioski02

wow, y esto? un protodasuisa? una verison 0.1?

¡CUMPLIMOS 10 AÑOS DE VENGA MONJAS! Y para rememorarlo vamos a recuperar escenas míticas de distintas épocas, reunidas en este GRAN RESERVORIO. Hoy un documento histórico: el nacimiento de DA SUISA. Más concretamente del joven Grasse, cuando todavía era el Burto.
Mira aquí el vídeo original: https://youtu.be/us8UrHgd8ZE

Para celebrar este despropósito estamos preparando un ESPECTÁCULO GROTESCO con dos funciones ÚNICAS el 17 y 18 de Junio en el Teatro Club Capitol (Barcelona). El mega show de la época. Para pillar entradas entrad en www.grupbalana.com
¡MMMMM... HOLA!
15 May 09:27

Respeta el brutalismo (II): porque ha vuelto para quedarse, y nos alegramos de ello

by Pedro Torrijos
La juventud es feliz porque tiene la capacidad de ver la belleza. Quien mantiene esa capacidad nunca envejece
Franz Kafka.

La última vez que hablamos del brutalismo ya vimos que el mundo lo había relegado a una suerte de condición de escenario casi distópico. Este repudie al hormigón y al fenómeno arquitectónico que había desencadenado nació en los 80, pero se ha ido manteniendo de manera más o menos intermitente hasta la actualidad. Hace tan solo 7 años, en octubre de 2009, Anthony Daniels escribía en City Journal que «Le Corbusier fue a la arquitectura lo que Pol Pot a las reformas sociales», relacionando directamente el brutalismo con el totalitarismo y calificando a sus obras e ideas como «una deformidad moral, espiritual e intelectual». En este punto cabría señalar que el señor Daniels (escribiendo bajo el seudónimo de Theodore Dalrymple), aparte de decididamente conservador en materia política, es escritor y psiquiatra de prisiones jubilado; ni arquitecto ni urbanista ni especialmente experto en el asunto sobre el cual pontifica tan alegremente.

No obstante, leyendo su pieza, da la sensación de que el brutalismo no fuese un movimiento extinto, sino que el autor estuviese defendiéndose contra horrores presentes. Efectivamente, tenía razón porque, como también dijimos en la primera parte de este artículo, el hormigón estaba esperando a que lo redescubriésemos. Y lo hemos hecho.

Reivindicación

Fotografía: Hayward Gallery.

Fotografía: Hayward Gallery.

Seguramente se debe a la perspectiva que el paso del tiempo ofrece, pero en los últimos años han surgido varios movimientos de reivindicación y recuperación de la arquitectura brutalista. Desde mediados de los 90, la británica Twentieth Century Society ha llevado a cabo campañas contra la demolición de edificios emblemáticos del movimiento. Algunas veces no ha tenido éxito, pero en otras ocasiones ha logrado no solo parar el derribo, sino impulsar la rehabilitación e incluso presionar para cambiar el grado de protección patrimonial de alguna de estas construcciones. Es el caso de la Hayward Gallery de Londres, que tras su renovación llegó a ser candidata al premio Museum of the Year en 2014; o el del parking de la Preston Bus Station en Lancashire, edificio levantado en 1969 por Ove Arup y que estuvo a punto de desaparecer hasta que en 2013 le fue concedido el Grado II de protección, el segundo más importante del Reino Unido y que clasifica los «edificios de particular interés en más de un aspecto».

Longwayround

Parking de la Preston Bus Station. Fotografía: Longwayround (CC).

La cosa no se queda en Inglaterra; las Unités d’Habitation —el principio de todo— han experimentado intensas renovaciones en los últimos años. De hecho, la de Marsella, que una vez fue foco de marginalidad, es ahora uno de los lugares preferidos por los bobós, los bohemian bourgeois. O sea, los hipsters franceses. Por otro lado, la de Berlín nunca estuvo tan guetificada, pero es que ahora es lugar de peregrinaje turístico y hasta puede alquilarse uno de los apartamentos, que ha sido rehabilitado tal y como lo concibió Le Corbusier en su momento.

Jean-Pierre Dalbéra

Unité d’Habitation de Berlín en la actualidad. Fotografía: Jean-Pierre Dalbéra (CC).

Esta nueva mirada a la arquitectura de hormigón no solo viene de sociedades directamente implicadas en la conservación de edificios, sino desde críticos y publicaciones de toda índole. En febrero de 2014, el escritor y cineasta Jonathan Meades (que tampoco tiene relación directa con la arquitectura) publicó en The Guardian un extenso abecedario del brutalismo con el sugerente título de «The incredible hulks: Jonathan Meades’ A-Z of brutalism». El artículo viajaba por todo el mundo redescubriendo edificios tanto famosos como olvidados. La pieza tuvo un enorme éxito con casi 300 comentarios entre los elogiosos y los enfurecidos; pero, sobre todo, sirvió como preparación para el doble documental que estrenaría ese mismo febrero en la BBC 4.

Llamado «Bunkers, Brutalism, Bloodymindedness: Concrete Poetry», el programa, de unas dos horas de duración, es una explicación histórica pero también un canto a la belleza áspera e imponente del hormigón. Por cierto, los que no vivimos en U.K., podemos ver el documental al completo en vimeo: Parte 1 y Parte 2.

BBC4

Iglesia de la Peregrinación de Gottfried Böhm en Nevige, Alemania. Imagen: BBC.

Renacimiento

Sin embargo, quizá lo más interesante de este movimiento reivindicativo se está produciendo entre el público general a través de las redes sociales. Bajo el hashtag múltiple #SOSBrutalism, se comparten a diario decenas de imágenes de edificios brutalistas en Tumblr, Facebook, Twitter e Instagram. Una de las cuentas más activas la lleva el fotógrafo Peter Chadwick bajo el nombre This Brutal House. La experiencia sirvió a Chadwick para agrupar sus fotografías en el formidable catálogo This Brutal World, publicado por Phaidon el pasado mes de abril. El volumen de Chadwick no es un caso aislado; solo en el último mes se han publicado hasta cuatro libros dedicados al brutalismo, tal y como reseñaba el Financial Times la semana pasada en un artículo titulado «The revival of Brutalism».

PHAIDON

Imagen: Phaidon.

Pero el revival no se limita solo al ámbito académico, también lo hace desde la propia arquitectura. En realidad, el hormigón visto no se fue nunca. Incluso en los años más oscuros se construyeron edificios basados en la belleza del material crudo, como el estadio de la Peineta de Antonio Cruz y Antonio Ortiz, inaugurado en 1994; o la formidable Caja de Granada de Alberto Campo Baeza, que levanta la silueta de su cubo de hormigón perforado por la luz desde el año 2001.

Seguramente no se incluirían nunca dentro de la etiqueta brutalista, pero incluso los arquitectos de mayor capacidad y prestigio han trabajado con hormigón visto en la última década. El holandés Rem Koolhaas inauguró la Casa da Música de Oporto en 2005, regalando a la ciudad del Duero un diamante de hormigón facetado y un icono de la arquitectura contemporánea. El Centro de innovación de la Universidad Católica de Chile, uno de los edificios más conocidos del último premio Pritzker, Alejandro Aravena, basa su potente imagen en las formas rotundas y las superficies tersas y cambiantes del hormigón.

CAJA GRANADA

Caja de Granada. Fotografías: Hisao Suzuki/Estudio Campo Baeza (CC).

Marinhopaiva

Casa da Música. Fotografía: Marinhopaiva (CC).

Botanika Films

Centro de Innovación de la UC. Fotografía: Botanika Films (CC).

Para encontrar la prueba más palpable de que el humilde material es en realidad el más resistente, quizá tendríamos que ir al Parque de la Arquitectura de Jinhua, en el este de China. Planificado a principios de siglo por el artista disidente Ai Wei Wei y terminado en 2006, el parque se concibió como una suerte de paseo arquitectónico en el que varias figuras de relumbrón del oficio construirían un pabellón de vocación más o menos experimental. El problema principal es que, si bien los pabellones no eran efímeros, sí necesitarían un cierto mantenimiento. Mantenimiento que no se ha producido, dejando al parque en un estado de semiabandono, o como dice Evan Chakroff, «Ruinas de un futuro alternativo». Paseando por el parque, parece que caminásemos por un escenario posapocalíptico en el que las construcciones languidecen a merced del tiempo. Pero no todas: la Reading Room de Herzog & De Meuron es la única que permanece inalterable y prácticamente idéntica a cómo se inauguró hace diez años. Porque el hormigón visto también cambia, envejece, le salen churretes y no es fácil de limpiar, pero nunca pierde su porte.

Patricia Moericke

La Reading Room en Jinhua. Fotografía: Patricia Moericke

Tal vez no sea necesario limpiarlo ni mejorarlo. Tal vez tengamos que comprender que el paso de los años forma parte intrínseca de un material tan antiguo, tan maleable y tan duradero. Curvo, facetado, alabeado, plano, recto, terso o rugoso, tal vez en el siglo XXI ya estemos preparados para mirar al hormigón con los ojos del tiempo.

 

Este post Respeta el brutalismo (II): porque ha vuelto para quedarse, y nos alegramos de ello, escrito por Pedro Torrijos, se publicó originalmente en Yorokobu.

15 May 09:17

Harrodsburg, la Disneylandia consumista de los millonarios árabes

by Valeria Saccone
Sergioski02

genial

Cochazos descapotables de más de un millón de euros, joyas suntuosas, relojes de oro, ropa de lujo, tacones juntos al hiyab y botox por un tubo. La mirada irreverente del fotógrafo escocés Dougie Wallace retrata con maestría un microbarrio londinense, que él mismo bautiza como Harrodsburg. Es un neologismo que rezuma consumismo desenfrenado, ostentación y magnificencia.

17h

Dougie Wallace/INSTITUTE.

Originario de un barrio de Glasgow en la que la vida media de los varones apenas llega a los 54 años, Wallace capta a golpe de flashazo el estridente contraste que representa este barrio de Londres donde la media de vida es 82 años, localizado en los alrededores de la tienda Harrods. Es una meca del consumo de lujo, y no solo porque atrae a miles de árabes multimillonarios que en verano huyen del calor asfixiante de su tierra para celebrar un Ramadán 100% consumista.

Harrods está íntimamente ligado el mundo árabe y musulmán. La histórica tienda, fundada en 1834 por un marchante de té, fue vendida en 2010 por el multimillonario de origen egipcio Mohamed Al Fayed a la familia real qatarí por la friolera de 1.500 millones de libras (1.886 millones de euros). Hoy este exclusivo centro comercial es el reducto de aquel 1% de ricos que consumen masivamente bienes de lujo prohibitivos para el 99% de la población mundial.

21h

Dougie Wallace/INSTITUTE.

«La diferencia de poder adquisitivo no solo es evidente en la tasa de mortalidad sino también en el corte de sus trajes y abrigos, en los accesorios que llevan, en la forma en que las mujeres aplican su maquillaje. Incluso la expresión de sus rostros dice mucho sobre ellos», señala Wallace, al comparar los residentes de Mayfair con los de su Glasgow natal.

El fotógrafo se sirve de dos flashes que utiliza como arma de destrucción masiva. Dispara sin piedad ráfagas insolentes en la cara de sus ingenuas víctimas, con tamaña habilidad que consigue inmortalizar detalles tan inconvenientes como un resto de pintalabios en los dientes o un mapa de arrugas ahogadas en un mar de base de color. «Es como un safari. Puedo detectar los liftings faciales y los labios hinchados desde el otro lado de la calle. Y consigo pillar por lo menos a una persona por día que tiene cirugía estética mal resuelta», afirma Wallace.

19h

Dougie Wallace/INSTITUTE.

Su trabajo va más allá de la mera escenificación teatral de la opulencia. Con sus imágenes, Wallace intenta denunciar la gentrificación, un fenómeno que se ha disparado desde que la capital del Reino Unido fue elegida sede olímpica. Kensington y Chelsea, los barrios adyacentes a Harrods, son las únicas áreas del sudeste con un 40% de edificios vacíos. Es una paradoja en un país que en el último año ha experimentado un aumento del 400% en la demanda de los bancos de alimentos.

4h

Dougie Wallace/INSTITUTE.

12h

Dougie Wallace/INSTITUTE.

Es el viejo truco de los especuladores para inflar artificialmente los precios de un concurridísimo mercado inmobiliario, sin contribuir en lo más mínimo al desarrollo de la economía local. Otros millonarios foráneos mantienen propiedades sin ocupar como refugio seguro para su dinero. Su lógica consecuencia es la gentrificación, un fenómeno global que el propio Wallace se encargó de retratar en Banglatown, centrado en los barrios de Shoreditch y Brick Lane.

6h

Dougie Wallace/INSTITUTE.

Sus fotografías han enfurecido a decenas de millares de personas en Catar, después de que un periódico de Doha hablase de su trabajo documental. Le acusan de haber enojado a los árabes multimillonarios, pero Wallace está lejos de mostrar arrepentimiento. «Ellos vienen aquí porque la regla es que pueden hacer lo que quieren. Bueno, el estado de derecho [en el Reino Unido] dice que yo puedo fotografiarlos», declara.

Sus orígenes Glaswegian marcan inevitablemente su obra. En el barrio donde nació, Calton, más del 40% de los 17.982 habitantes en edad de trabajar están desempleados. «Solo estoy mostrando a los ricos. Estoy tomando fotos de este colectivo para resaltar cosas como los bancos de alimentos en Glasgow», asegura Wallace, que ha escogido meter el dedo en la herida de la desigualdad social a golpe de flashazos impertinentes.

16h

Dougie Wallace/INSTITUTE.

10h

Dougie Wallace/INSTITUTE.

13h

Dougie Wallace/INSTITUTE.

20h

Dougie Wallace/INSTITUTE.

2h

Dougie Wallace/INSTITUTE.

11h

Dougie Wallace/INSTITUTE.

1H

23h

Dougie Wallace/INSTITUTE.

8h

Reportaje de FullBleed sobre Dougie Wallace:

Fotos: Dougie Wallace/INSTITUTE.

 

 

Este post Harrodsburg, la Disneylandia consumista de los millonarios árabes, escrito por Valeria Saccone, se publicó originalmente en Yorokobu.

15 May 09:13

En torno a la crianza cooperativa

by César Rendueles

1. Los seres humanos somos una especie de crianza cooperativa. Esto no es una opinión política o una opción cultural sino un hecho biológico. De hecho, se trata de un rasgo muy característico de nuestra especie. La crianza cooperativa es poco habitual en los mamíferos y entre la mayor parte de los primates no humanos las madres se encargan en exclusiva de cuidar de las crías. La crianza cooperativa significa que miembros del grupo que no son sus padres genéticos colaboran en el cuidado de las crías. Se suele llamar alomadres y alopadres a estos cooperadores. Muy posiblemente la crianza cooperativa entre los humanos esté relacionada con características evolutivas básicas, como la larguísima duración de nuestra infancia.

2. La crianza cooperativa ha tenido numerosas expresiones históricas y culturales: desde los distintos tipos de familias extensas hasta modelos familiares en los que los padres biológicos pierden su centralidad y otros miembros de la colectividad actúan como alopadres. Si la crianza cooperativa es un hecho biológico, la diversidad familiar es un hecho histórico. A día de hoy se suelen distinguir al menos siete grandes sistemas familiares en el mundo, cada uno de ellos con subsistemas, que se están transformando e hibridando dando lugar a nuevas formas de cooperación familiar. De hecho, la familia nuclear típica de nuestras sociedades es una creación histórica reciente y no necesariamente óptima o definitiva, al menos a juzgar por la cantidad de conflictos y malestares que genera. Científicos sociales poco sospechosos de perroflautismo han señalado que entre el amplio catálogo de formas de crianza arcaicas hay algunas que parecen amigables y razonables. Pensar que es imposible aprender nada de esas experiencias porque pertenecen al pasado, es como decir que no se puede correr una maratón porque eso significaría volver al esclavismo y a la religión olímpica.

3. La crianza cooperativa no es una opción. Tampoco en nuestra sociedad. Las guarderías y los colegios, los cuidados compartidos entre los cónyuges, la participación de las abuelas (más de la mitad de los abuelos españoles cuida de sus nietos a diario), el cuidado entre hermanos… Todo ello es crianza cooperativa. Lo característico de las sociedades postmodernas es que fingimos que esa dimensión cooperativa de la crianza no existe y le ponemos toda clase de obstáculos. Hacemos como si criar un hijo fuera un asunto privado que negocian y solventan dos adultos en el interior de su hogar que, además, deben respetar la centralidad del trabajo asalariado en sus vidas. Cualquier colaboración externa es concebida como un complemento bienvenido pero que no forma parte del núcleo de los dispositivos de crianza. El resultado ha sido catastrófico. La familia nuclear moderna es una red colaborativa demasiado exigua para algo tan complejo y agotador como cuidar de una cría humana (no digamos ya de dos, tres o cuatro). De hecho, en ciencias sociales se habla habitualmente de “crisis de los cuidados” para designar los problemas estructurales que afrontan las personas dependientes y sus cuidadores en nuestras sociedades y cómo estos conflictos están atravesados por la desigualdad económica y de género.

4. Las soluciones a los problemas de las sociedades complejas suelen ser complejos. Y lo mismo ocurre con la crianza cooperativa. Solucionar o paliar la crisis de los cuidados de un modo aceptable en sociedades ilustradas y deseosas de preservar altos estándares de libertad individual no es en absoluto sencillo. Algo así requiere cambios en la relación entre el trabajo reproductivo y el trabajo asalariado, la concepción de los servicios públicos de ayuda a la crianza, las extensión de las redes informales de apoyo mutuo, la normalización de la presencia de los niños en el espacio público y, por supuesto, un radical igualitarismo de género. Algunas personas, como Anna Gabriel, quieren ir más allá y se cuestionan el modelo de familia nuclear convencional. No es mi opción –soy muy conservador y me aterra la contracultura– pero me parece respetable y, desde luego, infinitamente más digna que el adultocentrismo ambiente que celebra las imposiciones del mercado de trabajo como si fueran elecciones de espíritus libres emancipados de todo sometimiento.

13 May 13:16

La cinética de los movimientos del kung fu

by Pedro Jorge Romero
Sergioski02

In memorian, chexpi

Obra del artista digital Tobias Gremmler, muestra distintas “visiones” del kung fu empleando captura de movimiento. El proceso de abstraer y aislar los movimientos permite generar estas fascinantes animaciones.

(vía The Physics of Kung Fu Brought to Life Through Motion Capture Visualizations | Colossal)

La entrada La cinética de los movimientos del kung fu se publicó originalmente en pjorge.com.

11 May 13:40

frikiskrew: Plantas venenosas: El árbol del dolor El primer...

Sergioski02

en comunion con la naturaleza



frikiskrew:

Plantas venenosas: El árbol del dolor

El primer humano que sintió la necesidad de pasar el dedo por las gotitas de esta hoja supo, al instante, que había cometido un grave error.

El primer humano que la rozó sin darse cuenta supo, casi al instante, que había sido maldito por los dioses.

Esta planta, de la familia de las ortigas, es capaz de proporcionarte uno de los picotazos más dolorosos y gratuitos de la naturaleza.

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De gratis, al contacto con sus tricomas, o al contacto del viento que transporta sus tricomas.

Tan grave no será, pensareis. 

Bien lo del Gimpi gimpi, sting-tree o Dendrocnide morides es Lovecraftiano. 

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Para empezar porque las ortigas lo petan bastante y se desenvuelven bastante bien sin necesidad de hacer una inversión del 700% en hijoputismo. ¿A que vienen las agujas hipodérmicas con cabezal de sílice?

Resulta que son la vía para inyectar una potente neurotoxina! 

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Este planta del averno se cree un maldito depredador! O lo tiene muy claro y está en guerra con la mayoría de los mamíferos.

Pero, ¿cómo de potente?

Pregúntale a Ernie Rider

“For two or three days the pain was almost unbearable; I couldn’t work or sleep, then it was pretty bad pain for another fortnight or so… There’s nothing to rival it; it’s ten times worse than anything else

O al militar Cyril Bromley que durante los entrenamientos para la WWII se cayó sobre uno.

“Me ataron a una cama de hospital durante tres semanas y me administraron todo tipo de tratamientos sin éxito. Tan enloquecido por el dolor como una serpiente cortada. Ya he contado que alguien se disparó cuando usó esta planta como papel higiénico.”

Y además si no te quitas bien los pelos te pueden estar inyectando neurotoxina durante años

De hecho el remedio, EL RE-ME-DIO hasta hace nada era aplicar ÁCIDO CLORHÍDRICO (1:10).

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Un iluminado decidió que no quería sentir el frescor del ácido y tuvo la brillante idea de usar tiras de depilar. Y parece que van rebien como alternativa a la corrosión de los tejidos. Que vamos, igual duele menos rebanarse el trozo de piel.

Aquí un escéptico aweonao valiente en acción. Juzgad si es teatro.

https://www.youtube.com/watch?v=8HOIQjILUBg&nohtml5=False#t=02m31s

Esta mierda es tan jodida que el hombre y otros animales domésticos son capaces de quitarse la vida ¿Y lo de gratuito? El dolor no está directamente relacionado con el daño de los tejidos. Es decir, no se te derrite la piel ni se te va a formar un chancro gangrenoso. Solo dolor. Because fuck you that’s why.

Por si lo dudabais esta joyita de la naturaleza se encuentra distribuída por Oceanía (hay varias especies de Dendrocnide pero se lleva el premio D. moroides). En Vanuatu utilizan otra de las especies a modo de castigo público en la que tiene que ser la versión más jarta de los 100 latigazos. Acordaros de no romper tabúes allí porque podeis estar arrepentidos unos meses. 

Todavía leo en la versión en inglés que a pesar de que el árbol del infierno esta completamente cubierto de las agujas del dolor, el fruto, si lo limpias bien, es comestible.

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Que para que vas a morir de hambre mañana si puedes suicidarte hoy con unas cuantas agujas inyectándote neurotoxina en la garganta.

Be aware

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