El cambio climático, las altas temperaturas y la sequía alteran el comportamiento de los fuegos y dan lugar a los grandes incendios forestales o incendios de sexta generación, que arrasan extensiones mucho más amplias que los de décadas precedentes y son prácticamente imposibles de extinguir con los medios técnicos disponibles. Este verano está siendo prueba de ello con los megaincendios que asolan varios puntos de España. Además, en torno a ellos ha surgido un amplio movimiento de desinformación y mensajes simplificados que favorecen la creación de bulos y la evasión de responsabilidades. Hablamos sobre ello con Elvira Santiago y Carmen Rodríguez, profesoras de la Universidad de A Coruña, que forman parte del equipo multidisciplinar del Centro de Investigación Interuniversitario de los Paisajes Atlánticos Culturales (CISPAC) y del proyecto MITIGACT de prevención, gestión y recuperación de desastres ambientales.
¿Cómo influyen los bulos en la percepción pública de la gestión de incendios y la confianza en las instituciones?
E.S. Los bulos se difunden muy rápido en contextos de alta sensibilidad social como lo son las situaciones de catástrofe ambiental. Parten de elementos reales o verosímiles, que se descontextualizan, se exageran o se combinan con afirmaciones falsas confundiendo a la población.
C.R. Polarizan el debate y afectan a la percepción pública al generar desconfianza hacia las instituciones encargadas, en este caso, de la gestión forestal y de emergencias.
¿Y en concreto en este contexto de megaincendios en España?
E.S. En esta crisis de los incendios forestales de 2025 sucede que la confianza en las instituciones políticas se encuentra mermada. La situación de crispación política e intereses dispares, en un contexto en el que los medios de comunicación tienen un amplio alcance, hace que las noticias en ocasiones surjan de la opinión y no de los datos.
¿De qué forma se pueden neutralizar?
C.R. Se ha producido un bucle de falsedades: el clima de desconfianza previo facilita la propagación de bulos, y estos incrementan dicha desconfianza y la desafección preexistente. Para romperlo resulta esencial una comunicación transparente, fiable, empática, basada en hechos reales y probados.
«En esta crisis de los incendios forestales de 2025 sucede que la confianza en las instituciones políticas se encuentra mermada»
¿Qué consecuencias tiene divulgar estas falsedades en la toma de decisiones tras el desastre?
E.S. Estos discursos simplistas desvían la atención de la base real del problema y dificultan su resolución. Se desatienden las otras dimensiones del conflicto, como las carencias en la inversión en prevención, la fragmentación de la propiedad forestal o las debilidades de las políticas de gestión del territorio.
¿Se relacionan con estigmas hacia las comunidades rurales o con discursos que responsabilizan erróneamente a ciertos grupos?
E.S. Se refuerzan los prejuicios sociales. Es común que en la búsqueda de responsabilidades se culpe a los propietarios rurales de no limpiar apropiadamente sus fincas, o a profesionales de la ganadería y la agricultura por hacer un mal uso del fuego como herramienta de trabajo. También a las personas mayores por sus reticencias a adaptarse a las nuevas normativas.
Precisamente uno de los bulos más extendidos es la supuesta prohibición de desbrozar los montes. ¿Cómo explican que se difundan incluso entre la población que está obligada a ello?
C.R. En Galicia, la limpieza de parcelas forestales es obligatoria, especialmente en las franjas a 50 metros alrededor de viviendas, urbanizaciones o instalaciones industriales. El plazo para realizar estos desbroces termina cada año el 31 de mayo y en caso de incumplimiento se procedería a la ejecución subsidiaria y a la aplicación de multas.
E.S. El problema no está en sí en la normativa, sino en las dificultades para su cumplimiento en un doble sentido: la ley no tiene en cuenta para su desarrollo las características de la propiedad en Galicia, ni proporciona o facilita los medios para cumplirla.
¿Cuál es el trasfondo de esta problemática de mantener las fincas ‘limpias’?
E.S. Esta norma desatiende las dificultades que enfrenta la población rural, envejecida y dispersa, que no siempre cuenta con los medios físicos ni económicos para cumplir dichas obligaciones. Esto se suma a la escasez de servicios de limpieza accesibles y a los trámites burocráticos.
C.R. La situación abre una brecha entre la normativa y la capacidad real de actuación que genera frustración y facilita la propagación de bulos. Se afirma que ‘no se puede limpiar’ en lugar de debatir sobre las condiciones sociales del territorio.
Otro bucle, son víctimas de los incendios y una población envejecida sobre la que se vuelca la responsabilidad…
C.R. Los discursos en torno a este tema simplifican una realidad que es muy compleja, culpabilizando a sectores y grupos especialmente vulnerables que enfrentan grandes dificultades estructurales como el envejecimiento, la despoblación o el acceso a los servicios públicos.
«Las estadísticas oficiales muestran que del conjunto de incendios que tienen su origen en la actividad humana»
También ha vuelto a salir a la palestra el ‘terrorismo incendiario’, un bulo ampliamente difundido en los grandes incendios de Galicia en 2006. ¿Por qué creen que se ha retomado?
E.S. Es un concepto que tiene una fuerte carga emocional que busca sensibilizar a la población ante la gravedad del problema y a través del que se evade o se diluye la causalidad estructural detrás de los incendios forestales. Es un discurso ampliamente aceptado al vincular los incendios a una acción deliberada y organizada. Una amenaza externa que en nuestro imaginario nos resulta sencillo dar forma como un enemigo común, un ‘villano’ con malas intenciones, un ‘otro’ responsable de la catástrofe.
C.R. Al vincular los incendios a conspiraciones o intereses ocultos se desvía la atención de los retos que supone la prevención, gestión forestal o la adaptación al cambio climático.
¿Qué dicen las estadísticas sobre las causas de los incendios?
E.S. Las estadísticas oficiales muestran que del conjunto de incendios que tienen su origen en la actividad humana, bien sea por accidente, malos usos o causas intencionadas, solo una pequeña proporción se puede atribuir a una intención incendiaria. Este discurso del terrorismo incendiario desatiende los problemas de la falta de medidas de prevención eficaces, o de revisión de las políticas de desarrollo territorial.
¿Existe también el peligro de centrar las causas en el ‘abandono’ de lo rural?
C.R. El discurso de la despoblación y el abandono, que destaca las causas indirectas de los incendios forestales, desvía igualmente la atención. Lo enfoca únicamente como un problema demográfico sin cuestionar el modelo forestal, los intereses económicos o el impacto de las condiciones meteorológicas y climáticas.
E.S. Ambos discursos se han retomado de forma enfrentada, polarizan el discurso y nos dotan de cierta orientación política, al dificultar nuevamente el entendimiento necesario para la búsqueda de soluciones condensadas y eficaces.
Las imágenes de personas que lo han perdido todo, con pueblos desaparecidos bajo las llamas y de miles de hectáreas quemadas, nos han sobrecogido. ¿Qué papel tienen los mensajes emotivos en una tragedia como esta?
E.S. Aquellos en los que se entrevista a la población que ha perdido sus casas, o a personas que llevan días o incluso semanas luchando contra el fuego se busca sensibilizar al conjunto de la población sobre la gravedad del problema. Sin embargo en ocasiones, la ‘espectacularización’ de la catástrofe, si es exagerada, acaba por obstaculizar la reflexión e incluso la cooperación, al alimentar la crispación y desviar la atención nuevamente de las causas estructurales del problema.
¿Se vuelve a simplificar el problema?
E.S. Los mensajes simplificados colaboran a la creación de bulos y a la evasión de responsabilidades. No consiguen favorecer el diálogo y el entendimiento entre actores implicados (población, brigadas, personal técnico, administraciones), sino que se fragmenta el tejido social para aumentar la desconfianza entre ellos.
C.R. Este razonamiento ignora que la intencionalidad y las condiciones climáticas interactúan y no son excluyentes. Las condiciones climáticas extremas no encienden por sí solas el fuego, pero crean las condiciones ideales que facilitan su propagación y aumentan su virulencia, con independencia de que se trate de un accidente o de que exista una mala intención.
Este artículo fue publicado originalmente en SINC. Lea el original en este enlace.
¿Podríamos estar a las puertas de una crisis económica similar a la Gran Depresión? Cada vez más analistas suscriben esta idea pero, ¿tiene alguna base?
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Siempre he creído que la vida nos envía pistas. También lo pensaba Jung, que las llamó sincronicidades. A veces esas señales son muy evidentes, como cuando 100 editoriales te rechazan una novela. Otras veces son más sutiles, como cuando acabas atrapado en el mismo tipo de relación una y otra vez.
“¿Por qué me pasa siempre lo mismo?”, “¿por qué no logro avanzar?” o “¿por qué no logro lo que quiero?”, te repites, como si fuera un misterio insondable. Pero no es misterio. Es que quizá no estés viendo las señales de la vida. O tal vez no quieras verlas.
Sincronicidades: cuando el Universo te guiña el ojo
Carl Gustav Jung propuso el concepto de sincronicidad para explicar esas coincidencias que no son tan casuales. Es decir, eventos que ocurren al mismo tiempo y que, aunque aparentemente no guardan ninguna relación, están conectados a nivel simbólico o emocional.
Jung las definió como “la coincidencia en el tiempo de dos o más sucesos no relacionados causalmente, que tienen el mismo significado o valor para el sujeto que los experimenta”. Por ejemplo, le estás dando vueltas a un nuevo proyecto que te ilusiona, pero no acabas de decidirte cuando, de repente, encuentras una frase que parece hecha a tu medida o un podcast que habla precisamente de eso.
Jung pensaba que la vida no sigue un patrón lineal de causa y efecto. A veces, las cosas se alinean simbólicamente para darnos un empujoncito o avisarnos de que por ahí no es. El problema es que la sincronicidad junguiana no sirve de nada si estamos aferrados a la barandilla de la negación como si fuera un flotador en el que nos va la vida.
En realidad, no es que el universo conspire a tu favor o en tu contra. Esas pistas son más bien una invitación a mirar hacia adentro. Son una incitación a la pausa cuando hay demasiado ruido mental, para comprender qué queremos o qué estamos haciendo mal.
A veces la intuición toca a tu puerta, pero no abres
Todos también tenemos una especie de radar interno: la intuición. Ese presentimiento que aparece sin que puedas explicar por qué. O la sensación de que debes ir en una dirección y no en otra.
Pero claro la intuición no usa un altavoz. No manda correos certificados. No es un semáforo en rojo que se ve a kilómetros de distancia. Más bien susurra y propone en voz baja, por lo que si tienes demasiado ruido mental, ni siguiera la escucharás.
De hecho, muchas veces intuimos que algo no va bien desde el principio, ya sea por una sensación de incomodidad física cuando estamos con alguien, esa vocecita que nos dice “mejor no lo hagas” o esa punzada en el estómago cuando aceptamos algo solo porque se supone que es lo que debemos hacer.
Como estamos entrenados para tomar la decisión más racional, muchas veces desoímos la intuición, los detalles del mundo a nuestro alrededor e incluso las propias señales que envía nuestro cuerpo. Hasta que la vida deja de susurrar y empieza a gritar. O sea, cuando sobreviene una crisis, una ruptura, un despido, un burnout, una enfermedad psicosomática… Porque, sí, lo que no se escucha a tiempo, acaba encontrando su camino y generalmente se somatiza.
Empecinamiento, aferrarse a lo que más daño hace
Otra razón por la que no vemos las pistas es mucho más simple y devastadora: nos empecinamos. Queremos que algo sea cierto, aunque todo nos indique que no es así. Queremos que esa relación funcione, aunque nos destruya. Queremos que ese camino profesional sea el correcto, aunque nos esté dejando vacíos.
Nos autoengañamos porque no soportamos la disonancia cognitiva, ese malestar interno que experimentamos cuando lo que creemos entra en conflicto con lo que vemos. Y como eso duele, lo más fácil es ignorar la evidencia. Adaptamos la realidad a lo que queremos creer. Nos contamos historias fantasiosas con más giros de guion que una serie de Netflix.
Y lo peor de todo es que, cuanto más invertimos en esa narrativa, más nos cuesta soltarla. Y claro, cuanto más nos aferramos, más ciegos nos volvemos a las señales de la vida, que comenzamos a catalogar como obstáculos molestos que no deberían estar ahí.
En lugar de asumir que una relación ya no funciona, preferimos pensar que es una mala “racha”. En vez de aceptar que ese trabajo nos está consumiendo por dentro, nos repetimos que es solo una fase. Y así seguimos ignorando las señales, alimentando el pensamiento: “no me digas que no es para mí. Ya he invertido demasiado en esto. Tiene que salir bien”.
Spoiler: las cosas no salen bien por decreto. Las cosas salen bien cuando hay coherencia entre lo que vives, lo que sientes y lo que eliges.
¿Cómo empezar a notar y seguir las señales de la vida?
Podrías esperar a que la vida te mande una señal con luces de neón, un megáfono y una banda sonora dramática de fondo. Pero lo más probable es que siga hablándote como siempre: con pequeños detalles, incomodidades sutiles y repeticiones incómodas. Si no entrenas tu radar interno, seguirás tropezando con la mismas piedra, aunque te parezca que es nueva cada vez.
Haz silencio. En medio del ruido y el caos, las señales de la vida se pierden. A veces hay que frenar. Dejar de correr. Dejar de hacer. Dejar de planificar… Solo entonces, podrás mirar a tu alrededor y ver lo que ocurre con claridad. Quizá descubras que la vida siempre te estuvo diciendo lo mismo, pero tú estabas demasiado ocupado corriendo de un sitio a otro como para escucharlo.
Presta atención a los patrones. Si siempre acabas con parejas que te abandonan, si siempre terminas quemado en los trabajos o si siempre terminas cediendo ante los demás… no es mala suerte, es un patrón. Y los patrones son señales de la vida. Mira dentro de ti para descubrir qué estás repitiendo y por qué. Solo así podrás romper ese bucle tóxico en el que te has metido.
Escucha más allá de lo racional. No todo tiene una lógica inmediata. No siempre entendemos las cosas cuando ocurren, pero la incomodidad es una señal lo suficientemente fuerte de que algo está pasando. Si algo hace ruido, aunque parezca perfecto en teoría, préstale atención. La intuición no necesita justificarse, solo necesita que la escuches.
Revisa tus creencias más acérrimas. ¿Qué narrativa estás repitiendo que ya no encaja con la realidad? Tal vez sigues creyendo que si aguantas lo suficiente, todo cambiará. Que si te esfuerzas más, te querrán. Que si te tragas tus emociones, evitarás el conflicto. Por desgracia, eso no suele acabar bien. Por tanto, bucea en tu interior en busca de esas creencias que te mantienen atado a viejos patrones.
Acepta las señales incómodas sin buscar culpables. No se trata de flagelarse, ni de culpar al universo o buscarle un sentido místico a cada evento. Se trata sencillamente de aprender a reconocer cuándo algo ya no está alineado contigo y tener el coraje de actuar en consecuencia. Toma nota de la realidad sin culpar y, a partir de ahí, decide qué hacer.
La vida te habla, tú decides si la escuchas o no
La clave radica en desarrollar una mirada más sintonizada con tu experiencia, de manera que lo que quiere tu “yo” interior coincida con tu mundo exterior. Se trata de dejar de justificar lo injustificable, dejar de buscar confirmaciones donde solo hay contradicciones y entender que lo que se repite no es casual: es un mensaje.
Así que la próxima vez que sientas que algo no cuadra, que una persona te chirría o que la realidad te da bofetadas simbólicas, no ignores esas señales de la vida. No mires hacia otra parte esperando a que todo se solucione como por arte de magia o que los planetas se alineen. Quizá sea la vida susurrándote al oído: “por ahí no es”.
Tú decides si sigues empecinado en ese camino… o prefieres explorar otros.
Para muchos, La Casa del Dragón estaba destinada a ser uno de los mayores fenómenos televisivos de los últimos años. El hecho de ser una historia que se desarrolla en el universo de Juego de Tronos ya le daba cierta ventaja que le ha permitido consolidarse como un pilar del género fantástico. Sin embargo, la sensación general es que no está alcanzando los picos de calidad de su predecesora y el descontento ha crecido con el final de la segunda temporada, que dejó sentimientos encontrados a los espectadores.
Ahora, en su tercera temporada, la serie está obligada a convencer, un reto que todavía será mayor si tenemos en cuenta que la producción solo contará con ocho episodios, en los que se espera cubrir varios de los enfrentamientos más trascendentales de la guerra civil Targaryen. En este contexto no parece el mejor momento para arriesgarse, pero una reciente información apunta a que ese es el camino que han decidido seguir los guionistas.
Se anuncia un capítulo "experimental" para la temporada 3 de La Casa del Dragón
Han sido los propios creadores de la ficción los que han adelantado que esta tercera temporada incluirá un episodio conceptual y experimental, una decisión que apunta a marcar un antes y un después en la serie. Para este capítulo el guion estará a cargo de Sara Hess, responsable de otros episodios tan comentados como El príncipe canalla y el propio final de la segunda temporada.
Este enfoque innovador ha sembrado división de opiniones entre los seguidores de la serie. Mientras algunos espectadores ven en esta decisión la oportunidad de ofrecer una perspectiva única dentro del universo de Poniente, otros temen que pueda afectar negativamente al ritmo de la temporada, más aún al tratarse de una entrega con menos capítulos.
Aun así, es justo destacar que si nos fijamos en el antecedente literario de George R. R. Martin, sus novelas incluyen momentos enigmáticos y místicos que rara vez llegaron a la pantalla. Siguiendo esta línea, los seguidores especulan con que el episodio podría narrarse desde el punto de vista de los pequeños habitantes de Poniente o incluso desde la mirada de un dragón.
En cualquier caso, esta apuesta parece que será ambiciosa y arriesgada a partes iguales, veremos de qué lado cae la moneda.
El primer ataque israelí sacudió el hospital Nasser, en el sur de Gaza, a la hora del desayuno. Y entonces, cuando los servicios de emergencia palestinos se afanaban en rescatar a los heridos entre los escombros, llegó el segundo. Murieron más de 20 personas, cinco de ellas periodistas que trabajaban para medios internacionales atacados en el punto donde solían hacer directos.
"Ha sido monstruoso", relata el doctor Mahmoud Kullab, testigo del ataque israelí. "El edificio fue [primero] impactado en la zona de las escaleras de emergencia, había mucha gente allí. Y mientras los servicios médicos de emergencia y los paramédicos llegaban al lugar, fueron atacados de nuevo delante de mis ojos. ¡Yo estaba viendo cómo los médicos intentaban rescatar a los heridos [cuando se produjo el segundo ataque]! Es una imagen tan monstruosa y cruel que me fue imposible seguir mirando", continúa.
La técnica, muy criticada a otros países como Rusia cuando la utiliza ampliamente en Ucrania, es conocida como 'double tap'. Tras un primer ataque, el segundo tiene como objetivo específico a los trabajadores de emergencias y periodistas que se acercan a la zona a ayudar con los heridos o informar.
En este caso, el ataque se habría cobrado la vida de un grupo de periodistas entre los que estaban Hossam Al Masri, que trabajaba como independiente para la agencia de noticias Reuters; Mohamed Salama, camarógrafo de la cadena catarí Al Jazeera, Mariam Abu Daqqa, de la agencia AP, y Moaz Abu Taha, de la cadena estadounidense NBC.
Un quinto periodista falleció horas después. Ha sido identificado como el periodista Ahmed Abu Aziz, quien trabajaba como periodista para la Red Quds Feed y otros medios de comunicación, detalló en un comunicado la oficina de comunicación del Gobierno de Hamás. Además, según informó Reuters, además de su camarógrafo muerto, otro fotógrafo, Hatem Khaled, resultó herido.
El ataque de esta mañana consistió en dos impactos aéreos y el primero de ellos mató al camarógrafo de Reuters, que se encontraba en la escalera trabajando. Ante el impacto, colegas periodistas y también rescatistas acudieron a atenderle; fue entonces cuando recibieron un segundo impacto. Los cuatro periodistas asesinados vivían dentro de su complejo en tiendas de campaña, y solían mantenerse juntos para trabajar con más seguridad.
En las imágenes del segundo ataque difundidas por la televisión egipcia Al Ghad se puede ver a cinco personas subidas al último piso de una escalera de incendios, entre ellas al menos un periodista y dos trabajadores de rescate, que fueron impactados de lleno.
"El primer ataque tuvo como objetivo el cuarto piso del Complejo Médico Nasser, seguido de un segundo ataque a la llegada de las ambulancias para rescatar a los heridos y muertos", informó el Ministerio de Sanidad gazatí en un comunicado, que reportó "numerosos heridos". Las fuentes del Nasser indicaron que de los 20 fallecidos, cuatro de ellos aún no han sido identificados. Entre los muertos, además de los periodistas, hay un estudiante de Medicina en prácticas y el empleado de seguridad del complejo médico llamado Muhammad Mansour Al-Ajili, según las fuentes sanitarias.
Al menos un rescatista de Defensa Civil, el bombero Imad Abdul Hakim Al-Shaer, falleció también en la segunda fase del ataque. La organización de Defensa Civil gazatí reportó siete heridos más entre sus trabajadores "mientras intentaban rescatar a los heridos y recuperar a los muertos".
El cámara Hussam al-Masri, uno de los fallecidos en el ataque. (Reuters/Stringer)
El punto atacado por un dron israelí era usado habitualmente por periodistas de medios internacionales para hacer retransmisiones en vivo, informaron a EFE colegas periodistas. Los periodistas acudían a ese lugar para poder tener una buena vista hacia el este de la localidad de Jan Yunis y porque la conexión eléctrica y de internet era buena.
Un sexto periodista asesinado
El Ejército israelí dijo que lamenta "cualquier daño a individuos no involucrados" tras su ataque contra el hospital Nasser de Jan Yunis, en el sur de la Franja de Gaza, en el que ha muerto una veintena de personas, entre ellas cuatro periodistas. "Las FDI (Fuerzas de Defensa de Israel) lamentan cualquier daño a individuos no involucrados y no atacan a periodistas como tales. Las FDI tratan de mitigar el daño a los individuos no involucrados lo máximo posible", detalla un comunicado castrense, añadiendo que se lanzará una investigación sobre lo sucedido.
Sin embargo, pocas horas después, un sexto periodista fue asesinado de un disparo en el sur de Gaza. "El periodista asesinado es Hasan Douhan, quien trabajaba para el periódico Al Hayat, detalló en un comunicado la Oficina de Medios del Gobierno gazatí. Al Hayat es un periódico diario palestino, publicado por primera vez en los años 30 en Jerusalén, según datos de la Biblioteca Nacional de Israel.
Desde octubre de 2023, 245 periodistas, informadores e 'influencers' han sido asesinados por Israel, según las autoridades gazatíes. El Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, en inglés) ha registrado la muerte de al menos 192 reporteros.De acuerdo con el Ministerio de Sanidad gazatí, más de 62.700 personas han muerto en toda la Franja desde el inicio de la ofensiva israelí, alrededor de un tercio de ellos niños.
Solidarizarse con un asesino en serie nos es muy habitual, pero si este mata a otros como él y además tiene un código que evita que haga lo propio con gente inocente, entonces la cosa cambia. Dexter, la serie original así como el personaje que da nombre al show, llegaron a nuestra vida hace casi 20 años, en 2006, y desde entonces, aunque por rachas, no le hemos perdido la pista.
En este sentido, estos últimos meses han sido especialmente prolíficos, con Dexter: Pecado original, que narra las "hazañas" de un joven Dexter durante sus primeros años en la policía de Miami, estrenándose en Paramount+ en diciembre de 2025 (SkyShowtime en España en enero del 26) y Dexter: Resurrection, una secuela en toda regla, pudiéndose ver desde julio de este 2025 (septiembre aquí); pero quizás nos haya producido empacho.
Y es que no da tiempo a verlo todo y, si hay que elegir, nos quedamos con Michael C. Hall, el actor que interpreta al mayor de los Morgan, lo que ha propiciado, entre otras cosas, que la precuela titulada Dexter: Pecado original haya sido cancelada, incluso después de que se anunciara una segunda temporada que ya sabemos nunca llegará a ocurrir.
Hay un porqué
Showtime y Paramount confirmaron en abril la renovación de la serie, apenas seis semanas después de que finalizara su primera temporada de 10 episodios ambientada en 1991, con Patrick Gibson en la piel del joven Dexter y con Hall prestando su voz a la habitual voz en off del personaje. Sin embargo, fuentes cercanas a la producción reconocen que la ficción había permanecido en pausa desde el final del rodaje y que nunca se llegó a programar el inicio de las grabaciones de esa supuesta segunda tanda.
El panorama cambió de forma definitiva tras la fusión entre Skydance y Paramount. Con Matt Thunell al frente del renacido Paramount Television Studios, se tomó la decisión de redirigir los esfuerzos hacia Resurrection, la serie que continúa la historia del Dexter adulto después de la serie original (2006-2013) y de la secuela Dexter: New Blood (2021-2022).
Las buenas noticias
Las cifras respaldan la apuesta: el estreno de Resurrection reunió a 3,1 millones de espectadores en su primer fin de semana en Estados Unidos, que ascendieron a 4,4 millones tras una semana. Además, el episodio emitido el 15 de agosto registró la audiencia más alta de la temporada. Paramount prepara ya la sala de guionistas de una posible segunda temporada, aunque todavía no hay luz verde oficial, con la intención de seguir explorando el presente del personaje interpretado por Hall.
La de ratones, pájaros, insectos y demás fauna que habrá atropellado este sujeto mientras hace viajes superfluos e innecesarios con su folloneta. Pero él se sensibiliza con los cencerros…
Hoy analizamos a la psiquiatra Marián Rojas Estapé, la psiquiatra de moda que habla de las personas vitamina y que hace afirmaciones supuestamente basadas en la ciencia, pero que son sospechosamente parecidas a lo que propone la Ley de la atracción. Tras ese discurso de positividad, puede que haya un lado oscuro. Te contamos de qué se trata.
A one million feet view. Photo by NASA on Unsplash
According to prevailing economic theory we live, in the West at least, in a “post-industrial”, knowledge-based, high income economy where industrial output matters very little. Watching financial metrics alone, one could easily agree with that: GDP per capita just keeps on rising, despite polluting low value-added businesses (metallurgy, raw material extraction and processing etc.) being moved into “developing” nations. While the recent ‘rare earth’ craze — and the realization that without certain raw materials and components high-tech post-industrial products can no longer be made — has thrown some sand into the gears of this theory, so far it has failed to shake the West’s entrenched belief in financial capitalism. However, and as usual, the rabbit hole goes much deeper than what the absence of a few magnets and special components might indicate.
This week my interview with Nandita and Alan from Population Balance went live on YouTube. Be sure to check out their website, too, for show notes, links and updates.
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Blindspots everywhere
In their recent study PricewaterhouseCoopers shed some light on the role of commodities in growth — stating that ‘Minerals will catalyse value creation in the new domains of growth.’ And what minerals have they placed on the top of the chart? Neodymium? Silicon? Nah, good old coal, iron and copper. You see, while the availability of small magnets can and do disturb supply chains, the vast majority of industrial materials still come from “low value-add”, polluting businesses. In other words: the coal and iron age has never ended. Just take a look for yourself:
The world, in both of its Eastern and Western hemispheres, is still built and moved by these old materials. And we haven’t even mentioned the master resource — sorely missing from the PwC chart above — crude oil… Without these material and energy inputs even the most advanced economy of the world would cease to function in a matter of weeks or at best months, depending on their stock levels. Controlling the flow of these key inputs thus always was and always will be of strategic importance — at least as long as industrial civilization lasts. And while neoliberal economic theory suggests that these raw materials could always be imported at low cost from somewhere else, that presupposes that people “somewhere else” will always agree to sell them at a low enough price. The question thus poses itself: if these materials are so crucial then why are they so cheap? You see, as Nate Hagens pointed out so vividly, there is a fundamental mismatch between the cost, the real value and of course the price of these commodities. Put more bluntly:
price does not equal value and has very little to do with cost.
Let’s take crude oil for example. Without this substance we would not be able to move our cars, trucks, dumpers, cranes, combined harvesters, excavators, ships, locomotives, planes etc. — nor produce essential lubricants, paint, plastic, asphalt and a thousand other products. Yet, at the time of this writing, one barrel (42 gallons) of crude sells for a mere $63, while providing society with 1.7 megawatt-hours of energy — equivalent to four and a half years of human labor. It’s more than just a question of equivalency, though. Due to its incredible energy density, portability and versatility oil can easily power container ships the size of a skyscraper, while no amount of people could peddle such a boat across the Pacific ocean, let alone launch a SpaceX rocket into space (1). Should the flow of oil stop for just a month, the entire world economy would grind to a screeching halt, and societies would collapse soon thereafter. (This is why even a moderate depletion scenario calculating with a modest 4–5% production loss a year is a very big deal.) In this sense, oil is priceless.
The real value of commodities
The entire world economy was built on the price of energy and raw materials being ultra-low compared to the value they provide to society. Every economic activity, from making a car to legal and financial services involves the burning of vast quantities of energy and consuming enormous amounts of minerals and food. What we call value-added activity is, in fact, owed largely to the vast difference between the value of commodities and the price we pay for those. Just think of the yawning gap between the price of a barrel of oil ($63) and the price of the 4.5 years of physical labor (worth $225,000) it replaces. Almost every cent we earn in society is financed from that gap.
Let’s take legal services for example. That surely doesn’t take much oil to provide right? Still, how do lawyers earn so much by burning so little? They must be super-productive, at least economically speaking, right? Well, no. Imagine for a moment that you are a partner at a law-firm in America. You drive to work, burning a few gallons of fuel every day and think: well, that’s about it. But then you arrive at a building built mostly from steel and glass — taking enormous amounts of coal, diesel fuel, natural gas, iron ore, silica-sand, plastics, copper etc. to build. Still remember the chart I shared above? (I guess I don’t have to emphasize the fact that should your company be headquartered in a plywood shack at the edge of town no one would take you seriously.)
Later that day you decide to organize a business lunch with an important client in a fancy restaurant, where the food — grown and harvested by diesel guzzling tractors and combined harvesters — was delivered on trucks and prepared by burning natural gas and using kilowatts of electricity. Not your business, right? Well, next time organize that lunch on a bench in the park, eating home made sandwiches. I’m sure, your client would be thrilled! In the evening, after a productive day, you drive by a supermarket and decide to do some shopping. Again, the food there wasn’t produced by farmers pulling their plows with oxen, nor that beef patty was kept cool by ladies with fans… Instead, gallons of diesel fuel and untold amounts of natural gas was burned in every step of their production and transportation. (Just close your eyes and replace that meat-stand with the tanks of fuel it took to produce and deliver those products to the store.)
In the evening you arrive home and park your car in front of the garage… I guess I don’t have to repeat at this point how that house and vehicle was made and from what. Sure, you could be living in a homeless encampment built from the refuse of this techno-industrial society, but that’s highly unlikely. At the end of the day, you, as a partner at a law firm, have just consumed a ton of fossil fuels and hundreds of pounds of raw materials — mostly made “somewhere else”. How is your activity less material and energy intensive than smelting iron or making glass in a low value added factory then? I bet you know the answer…
Law firms, banks and a gazillion other materially non-productive economic entities are in fact free-riders on this system built entirely on the availability of cheap fossil fuels and minerals. These businesses represent an enormous “high value added” overhead on top of a crumbling base of loads of “low value added” work. This so called “low value added work,” such as that of a steel worker, is just terribly under-payed work, compared to the real value provided to the economy. Should corporations compensate these workers more fairly, or pay a higher price for these inputs, though, the whole inverted pyramid of value would come crumbling down — and therefore its unlikely to happen.
So while the gap between the price of a barrel of oil and the price of 4.5 years of physical labor seems to be huge, almost every single economic activity on this planet draws its profits from this immense difference. Since we still need oil, natural gas and other essential inputs to almost every single economic activity, any substantial price increase sends waves across the economy, ruining businesses and greatly reducing the purchasing power of money. The chart, depicting commodity price indices below tells it all: after the stability of the 1990’s prices started to rise steadily leading up to the 2008 financial crisis. It is a roller coaster ride ever since with the commodity price index climbing higher and higher, pushing Western economies into stagnation, then (since 2020) into decline.
The third and final element in this picture, after understanding the gap between price and value, is the cost of extraction. In the early to middle 20th century, returns on oil and gas investment, mines, factories and infrastructure (such as dams) were enormous. Thanks to the abundant, high quality, easy-to-get resources — such as crude oil found in Texas, or copper from the Bringham Canyon mine — the economy could experience explosive growth. The relatively low investment costs needed to access these vast treasure troves of resources meant that a lot less money was needed to be paid for extracting them, leaving enormous profits in the pockets of mining and oil companies, even as the economy enjoyed low commodity prices. This also meant that very little energy and raw materials had to be reinvested into their continued production, leaving more materials and energy to build infrastructure and products from. A win-win, right?
As years passed by, though, and as these once prodigious sites became slowly depleted, new modes of resource production had to be found. Fracking shale formations to find more hydrocarbons or opening mines in less favorable locations, on the other hand, meant a much higher energy and material investment for a lot lower return — in other words: higher costs for the entire society. (And we haven’t even mentioned the environmental harm caused by these operations and the use of these resources, conveniently called externalities.) The resulting cost increases began to erode the profitability of the extraction business, though. Since the economy have a limited tolerance towards price increases (due to its need for a large enough gap between prices paid and value provided by these commodities), mining and drilling companies have increasingly came under pressure. As the Pwc report found, their EBITs are falling even as they would need more money than ever to open new mines and drill more wells to keep up with the depletion of their more productive assets. The following image courtesy of BHP, one of the world’s largest mining companies, tells us so:
Major copper discoveries show a downward trend: both in size and resource depth. Source: Visual Capitalist
Opening new ever deeper mines, or having to remove an ever larger rock overburden increases costs disproportionally. Again, not only in monetary but also in energy and material terms. And if this increased investment yields less and less copper per mine (as indicated by the size of the circles on the chart above) this means that we are facing an exponential increase in material and energy investment needed per ton of metal retrieved. Not a winning combination, if you ask me… Resource depletion is thus not a purely geological phenomenon — even though it’s clearly driven by it — but a complex interplay between price, value and cost. And while extractive businesses are constantly trying to reduce their costs, they are ultimately waging a losing battle. Throwing more technology at the “problem” does not solve it either. Newer methods add complexity and usually come with an increased energy demand. In a world, where energy from fossil fuels have started to become increasingly limited, another “solution” had to be found to this predicament.
The geopolitical context
The ever increasing energy and material cost of resource extraction has slowly begun to cannibalize the rest of the economy. As more and more diesel, electricity, and natural gas got re-invested into mining and drilling, less and less energy and metals were left for the rest of the economy to build houses, factories, products and infrastructure from. The economy, as a result, began to adapt by sending the most energy and resource hungry parts of it abroad where labor costs, environmental standards and energy was cheaper… Up to a point where essentially everything was produced elsewhere, leaving post-industrial nations totally dependent on imports. The original idea behind this policy was that “third world” nations would never develop an industry of their own, never reach an income level where internal consumption becomes a factor, never demand higher wages, clean air and water for their workers, and of course never run out of stuff. In other words: the assumption behind offshoring was that the “third world” would never manage to shake off their colonial status.
As the global south slowly began to decolonize itself by looking for alternatives to Western financial systems designed around their exploitation, and as global energy and raw material extraction approached planetary limits, the post-industrial, high value added model of the West began to crumble. Emerging economies have realized that once the basic industries are secured — providing these nations with the iron, coal, copper etc. needed for their development — they can start training the engineers and scientists of their own, turning these resources into bridges, railways, dams, factories and the like. The industrialization of many global south countries have naturally created a competition for resources between these rapidly developing and the already developed nations. (Unfortunately, meanwhile the size of this planets natural reserves didn’t grow in line with the ambitions of its inhabitants.) So far the global race for energy and raw materials was held back by IMF and World Bank policies demanding wages to be suppressed and austerity measures introduced in targeted nations, and thereby preventing competing markets from being built up. With the weakening of the dollar’s status and the development of an alternative system (BRICS) the picture has started to change substantially.
Europe’s sanctioning of Russian energy has acted as a release valve, though. Thanks to the deeply depleted status of the continent’s own fossil fuel and mineral resources, many companies left the EU in search for cheaper energy inputs after the 2022 price shock, lowering competition for resources on the long run by de-industrializing the economic bloc and creating a permanent cost-of-living crisis in what used to be one of the world’s wealthiest regions. The EU’s plummeting energy demand in the wake of natural gas, diesel and coal price hikes has thus not only prevented a global squeeze on energy but also ensured that the problem of high prices for the rest of the world will be avoided for some time to come. (As for the EU: falling wholesale energy prices invited a substantial increase in taxes on energy, keeping prices high for businesses no matter what.) Germany, as a result, is forecast to experience a 0.3% recession in 2025, but adjusting for state spending, the real decline could be closer to 4-5%:
Daily surveys confirm the same message: Germany is being deindustrialized, losing hundreds of thousands of core-sector jobs. The social security deficits already emerging are just the beginning. Yet both politics and business refuse to conduct an honest diagnosis. […] Large corporations can adjust or relocate production to sidestep regulation, but small and medium-sized enterprises – the Mittelstand – are being crushed.
German per capita energy consumption has fallen by 24% in the past ten years (with a 10% drop in single year between 2022 and 2023). Chemical and metallurgical businesses have fled the country in droves, leaving Germany with an ever weaker industrial base. As Thomas Kolbe writes:
The worn-out German economy will not breathe new life into an equally exhausted state through some unexpected economic miracle. If current trends continue – and all signs suggest they will – German public debt will surpass the 100%-of-GDP mark within the next decade.
A debt-to-GDP ratio exceeding 100% indicates that the total government debt is larger than the country’s annual economic output. And since we are talking about an economy which is shrinking 4–5% a year without government spending (i.e. without taking on even more debt) this also means that these loans can no longer be repaid, just re-financed. Skyrocketing debt levels, with ever higher interests paid on them, act as an additional drag on economic growth, funneling money away from productive investments and towards paying an ever higher interest to investors. In addition to that, large government borrowing tends to absorb capital that might otherwise finance private sector investment, further exacerbating Germany’s (and other highly indebted nations’) economic woes.
American tariffs, intentionally or not, pushed the brake pedal even deeper, further slowing down not just the European but the entire world economy. As part of his tariff policy US secretary of the treasury Scott Bessent outlined a new strategy, treating allied nations’ wealth as an American “sovereign wealth fund” (his words). In this scheme European, Korean and Japanese companies are encouraged to make investments, building American factories and reshoring industries at their own cost in exchange for some tariff relief.
“We have agreements in place where the Japanese, the Koreans, and to some extent the Europeans will invest in companies and industries that we direct — largely at the President’s discretion,” Bessent said. “Other countries, in essence, are providing us with a sovereign wealth fund.”
What American economic policy experts failed to realize is that you cannot profitably re-industrialize a nation which has already depleted its natural resources below the point of offshoring, whose people no longer want to work in factories (or have the skills needed to do so), whose average citizens are buying groceries on credit and whose economy is kept alive by borrowing more money the US taxpayer could ever repay. You see, de-industrialization happens for a multitude of reasons and cannot be reversed by making “clever” policy decisions.
What Bessent’s “sovereign wealth fund” can, and in fact most likely will achieve, is an acceleration of Europe’s de-industrialization, reducing global demand for energy and resources even further (and thereby keeping energy prices at a manageable level). Since Europe is the world’s largest importer of oil, this makes a lot of sense: if we cannot squeeze more juice out of this planet, we might as well start reducing consumption… Elsewhere, of course. The price of oil, as a result, has plummeted and stayed at a price level not seen since 2018 (2). As the rest of the world accelerates its transition towards a multi-polar system and away from western financial institutions and currencies, though, the pressure of resource scarcity building up under the lid can only be expected to grow again.
Until next time,
B
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Notes:
(1) The same goes to renewables and batteries: their energy density, power-to-weight ratio, availability etc. are orders of magnitude worse than that of petroleum products. This is why there are no solar powered passenger flights from New York to London, or mines and agricultural businesses powered and operated by renewables alone. Wind and solar was never designed to act like a replacement to fossil fuels. These alternative sources of electricity — together with nuclear — are just a better, more efficient way of burning fossil fuels by turning them into energy harnessing devices, instead of converting them into heat in a power plant.
(2) The price of steel pipe and other drilling equipment (not to mention the cost of energy needed to drill and maintain those wells) has exploded ever since oil prices were this low (in 2018). Meanwhile the best spots have been already used up, leaving drilling companies with ever lower quality, ever faster depleting wells. So while oil markets might seem to be oversupplied at the moment, causing prices to fall, the cost of drilling has silently caught up with the selling price, making oil too cheap for producers to keep drilling and pumping at this rate.
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Juan Lobato advierte que la pirámide de población actual presenta un "problemón muy gordo" para los próximos 30-40 años y que muchos menores de 40 años dudan de poder cobrar una pensión digna.
Regresar no es un gesto menor, es un acto de memoria y reconciliación. Volver a un lugar, a una persona o incluso a una versión antigua de ti mismo, permite medir la distancia recorrida y el peso real del tiempo. El regreso ordena, pone en perspectiva, recuerda lo que todavía late y lo que ya pertenece al polvo. Al volver, uno se reconoce en la mirada del pasado y entiende mejor hacia dónde quiere seguir caminando.
El verano resiste pero se acaban estos vídeos sumer edition. En este, por lo que sea, parece que volvemos a la actualidad pero ha sido potra. Gracias a la Rivers y a Rickyedit por el capote. Ah, ni en vacaciones he ido a Andorra.
El amor de pareja es como una mesa que necesita de buenas bases para sostenerse. Estos pilares abarcan la pasión, la similitud de caracteres, la alineación de valores y la necesidad de planes juntos a largo plazo. Antoni Bolinches, psicólogo clínico, sexólogo y terapeuta de pareja, los describe como las 4 patas para construir una relación estable y mirando hacia el futuro.
El especialista destaca dichos cimientos como indispensables para que la convivencia no se tambalee, y enfatiza que no se trata de dejarle toda la responsabilidad al sexo; las otras columnas del vínculo son igual de importantes. Te las explicamos.
Esta es la primera de las 4 patas para construir una relación estable. De acuerdo con Bolinches, “la pareja no puede funcionar solo con sexo, pero tampoco convivir sin él”. Lo que quiere decir es que confiar la plenitud de una relación al deseo sexual no es suficiente, sobre todo cuando se trata de parejas que tienen años juntas.
Partiendo de ello, durante la convivencia, las expectativas sexuales podrían bajar, si disminuyen las oportunidades de novedad y emoción que alimentan el deseo, según publica Society for Personality and Social Psychology. Por tanto, es tan necesario el buen acoplamiento sexual como una conexión que trascienda lo íntimo, que se nutra de disfrutar la compañía del otro y de lo nuevo en el vínculo.
Bolinches plantea que los caracteres de ambos tienen que ser lo suficientemente compatibles, para hacer más manejables las diferencias. Cuando chocan en personalidad, son constantes las confrontaciones, desacuerdos y fricciones. Por el contrario, las semejanzas entre las dos personas facilitan el entendimiento y minimizan los conflictos.
3. Valores similares
Es imprescindible una escala de valores similar en la pareja, porque estos difícilmente se negocian. Y si se hace, a veces, cuesta llegar a un acuerdo. Por ejemplo, aunque la modernidad nos arropa, incluso en las relaciones sentimentales, la fidelidad suele ser un valor inquebrantable para muchas personas. Entonces, si tu pareja no está dispuesta a respetarlo ni alinearse con él, el vínculo comenzará a fracturarse.
Siempre y cuando se den las primeras tres patas, tiene sentido la cuarta. Acoplados en lo sexual y con caracteres y valores similares, es posible que la pareja se proyecte a futuro y que pueda sostenerse en el trayecto. Un plan de vida convergente, sin abandonar las metas individuales, sería el objetivo en equipo. El propósito es complementarse y encaminarse a la materialización de los sueños que se fijan en el presente.
En conclusión, es fundamental que las 4 patas se sostengan para construir una relación estable; si alguna falla se forzará la convivencia, habrá insatisfacción y es probable que el lazo se rompa. Para no llegar a ello, es necesario prestar atención a cada pilar descrito por Bolinches; si se cuidan desde el principio, hay más probabilidades de cultivar un vínculo próspero.
Jerome Powell’s Jackson Hole speech marks a major pivot at the Federal Reserve. Peter Schiff explains how political pressure from the Trump administration has forced Powell’s hand, why stagflation is now undeniable, and what this means for gold, the dollar, and the future of the U.S. economy.
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In this Sunday Night Live edition of The Peter Schiff Show, Peter compares Powell’s capitulation to the “mind right” scene in Cool Hand Luke, warns about the Fed’s coming return to QE, and exposes the dangerous precedent of the U.S. government seizing a 10% stake in Intel. Schiff lays out why gold, silver, and foreign stocks are outperforming, and why the next phase of the crisis will be even more severe.
00:00 Introduction and Opening Remarks 02:15 Powell’s Jackson Hole Speech: A Sober Assessment 06:48 Trump’s Pressure and Powell’s “Mind Right” Moment 12:02 Comparing Trump and Biden Economies 18:37 Stagflation Confirmed: Weak Growth, Stronger Inflation 24:10 Fed Policy, Employment Risks, and Inflation Mandate 29:44 The End of Inflation Averaging at 2% 36:50 Rate Cuts, Quantitative Tightening, and QE Ahead 44:15 Market Reactions: Stocks, Bonds, and the Dollar 51:28 Gold and Silver Surge vs. Bitcoin’s Underperformance 58:44 Mining Stocks: GDX and GDXJ Leading 2025 Returns 01:05:37 Foreign Stocks and the Great Rotation Out of U.S. Equities 01:12:52 Intel’s 10% Government Stake and Rising Corporatism 01:20:46 Investment Strategy: Gold, Mining, and Foreign Markets 01:28:14 Conclusion and Schiff Sovereign Update
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1968, Vietnam. Ese fue el año de la ofensiva del Tet, una de las campañas militares más grandes de la guerra de Vietnam que marcó el principio del fin del conflicto bélico librado entre la comunista Vietnam del Norte (apoyada por China y Rusia) y la anticomunista Vietnam del Sur (respaldada mayormente por EE.UU.). Soldados estadounidenses comenzaron a llegar a Vietnam en enormes números, pese a las crecientes protestas en contra de la guerra en el país norteamericano. La agitación y el caos reinaban en Saigón...
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