Título original: Tuesdays with Morrie.
© 1968, 1991 by the Trustees for the E.E. Cummings Trust
Traducción: Alejandro Pareja
Editorial: Maeva Ediciones.
Quizá haya sido un abuelo, un maestro, un amigo … Todos hemos tenido en algún momento un «consejero» de más edad, una persona paciente y sabia que nos ha entendido cuando estábamos inquietos, confusos, en busca de un camino, ayudándonos a encontrarnos a nosotros mismos.
Para Mitch Albom, como él mismo nos cuenta en este emocionado testimonio, esa persona fue Morrie Schwartz, uno de sus profesores.
Mitch, recuerda con su viejo profesor de la universidad, después de 15 años, y tiene la oportunidad de hacerle las grandes preguntas que siguen inquietándole, encontrar consejo y aliento y sacar energías para empezar de nuevo.
A Morrie Schwartz, viejo profesor gravemente enfermo de ELA, le queda poco tiempo de vida. Mas a pesar de que la enfermedad le impone un doloroso calvario, no ha perdido la vivacidad y la pasión, su talante irónico, las ganas y la capacidad de enseñar, de escuchar y de comprender.
Hasta tal punto, que cuando Mitch va a visitarle por primera vez, se encuentra con que, a pesar de los años transcurridos, nada ha cambiado en su maravillosa relación: como si no hubiera pasado todo aquel tiempo.
Esa es la razón de que, aun cuando en cada ocasión tiene que hacer un recorrido de más de mil kilómetros, decida visitarlo cada martes mientras sea posible.
Juntos en un clima de mágica conexión espiritual, de afecto y complicidad intercambian ideas, reflexionan sobre temas diversos: el dinero y los valores, la familia y el perdón, la vejez, la muerte y el amor.
Mitch sale tranquilizado, regenerado, de aquellas clarificaciones y reveladoras conversaciones.
Un libro sencillo e intenso que hace reflexionar debido a las profundas verdades que encierra, un extraordinario testamento espiritual y una formidable lección de la vida para todos.
Mitch Albom es un periodista, columnista del Detroit Free Press y del New York Times y de las revistas GQ y Sports Illustrated. Ha ganado numerosos premios por sus reportajes y artículos, ha sido nombrado mejor columnista de deportes del país por los redactores jefes de deportes de América (APSE). Albom presenta dos programas de radio nacionales desde la emisora WJR-AM en Detroit. En la cadena de televisión ESPN-TV presenta una tertulia semanal en el programa «Prime Monday». Sus comentarios para la cadena WJBK-TV de Detroit han sido galardonados con un Emmy. Licenciado en Sociología, es también master de periodismo y administración de empresas por la Universidad de Columbia. En la actualidad, vive con su esposa Janine en Detroit.
Tiempo estimado de lectura: 18 minutos.
Ideas principales:
- La cultura que tenemos no hace que las personas se sientan contentas consigo mismas.
- El amor gana siempre.
- ¡Qué útil sería establecer un límite diario a la autocompasión!
- Estamos muy absortos en asuntos egocéntricos, de modo que no adquirimos la costumbre de contemplar nuestras vidas desde fuera y decirnos: ¿esto es todo?
- Todo el mundo sabe que se va a morir, pero nadie se lo cree.
- ¿Es éste el día? ¿Estoy preparado? ¿Estoy haciendo todo lo que tengo que hacer? ¿Estoy siendo la persona que quiero ser?
- Cuando aprendes a morir, aprendes a vivir.
- Estamos demasiado comprometidos con las cosas materiales y éstas no nos satisfacen.
- Aprende a desligarte. ¿Sabes lo que dicen los budistas? «No te aferres a las cosas, porque todo es impermanente».
- Si estás luchando siempre contra el envejecimiento, vas a ser siempre infeliz.
- Tengo todas las edades hasta la mía.
- ¿Sabes qué es lo que te da satisfacción de verdad? Ofrecer a los demás lo que puedes dar.
- Cuando uno se siente amenazado, empieza a preocuparse únicamente de sí mismo.
- El problema es que no creemos que somos tan semejantes como somos en realidad.
- Te diré lo que haremos. Cuando yo esté muerto, tú hablarás. Y yo te escucharé.
Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen por qué ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:
- Dijo a sus amigos que si querían ayudarle de verdad, no debían ofrecerle su comprensión sino visitarle, llamarle por teléfono, compartir con él sus problemas, como los habían compartido siempre, pues Morrie había sabido siempre escuchar maravillosamente.
- Me sumergí en los éxitos, porque creía que los éxitos me permitirían controlar las cosas, me permitirían apurar al máximo hasta el último fragmento de felicidad antes de ponerme enfermo y morirme como había muerto mi tío, lo que yo suponía que era mi sino natural.
- Su filosofía decía que la muerte no debía ser una vergüenza; no estaba dispuesto a maquillarla.
- Ahora que me estoy muriendo me he vuelto mucho más interesante para la gente. Me ve como si fuera un puente. No estoy tan vivo como antes, pero todavía no estoy muerto. Estoy algo así como … en medio. Estoy haciendo el último gran viaje, y la gente quiere que les diga qué equipaje deben preparar.
- Morirse no es más que una de las cosas que nos entristecen. Vivir infelices es otra cosa. Muchos de los que vienen a visitarme son infelices.
- La cultura que tenemos no hace que las personas se sientan contentas consigo mismas. Estamos enseñando cosas equivocadas. Y uno ha de tener la fuerza suficiente para decir que si la cultura no funciona, no hay que tragársela. Uno tiene que crear la suya. La mayoría de las personas no son capaces de hacerlo. Son más infelices que yo, aun en la situación en que me encuentro ahora.
- Me asombro de su falta absoluta de autocompasión.
- La vida es una serie de tirones hacia atrás y hacia adelante. Quieres hacer una cosa pero estás obligado a hacer otra diferente. Algo te hace daño, pero tú sabes que no debería hacértelo. Das por supuestas ciertas cosas, aunque sabes que no deberías dar nada por supuesto.
- El amor gana siempre.
- Es el síntoma definitivo de la dependencia. Que alguien te limpie el trasero.
- Ahora que estoy sufriendo, me siento más cerca que nunca de la gente que sufre. Siento su angustia como si fuera la mía propia.
- Es posible que la muerte sea la gran niveladora, la única cosa grande que es capaz de conseguir, por fin, que las personas que no se conocen derramen una lágrima las unas por las otras.
- ¿Quieres que te diga lo que más estoy aprendiendo con esta enfermedad? Que lo más importante de la vida es aprender a dar amor y a dejarlo entrar.
- Levine: «El amor es el único acto racional».
- A veces, por la mañana. Es entonces cuando me lamento. Me palpo el cuerpo. Muevo los dedos y las manos, en la medida en que todavía puedo moverlos, y deploro lo que he perdido. Deploro el modo lento e insidioso en que me estoy muriendo. Pero, a continuación, dejo de lamentarme. Me permito un buen llanto si lo necesito. Pero después me concentro en todas las cosas buenas que me quedan en la vida. En las personas que vienen a verme. En las anécdotas que voy a oír. Ésta es toda la autocompasión que me concedo. Una poca cada mañana, algunas lágrimas, y eso es todo.
- Pensé en todas las personas que yo conocía que se pasaban muchas horas del día sintiendo lástima de sí mismas. ¡Qué útil sería establecer un límite diario a la autocompasión! Unos pocos minutos lacrimosos, y después a seguir adelante con la jornada.
- Es horrible ver que mi cuerpo se va consumiendo lentamente hasta quedarse en nada. Pero también es maravilloso, por todo el tiempo de que dispongo para despedirme. No todos tienen tanta suerte.
- A veces no eres capaz de creerte lo que ves, tienes que creer lo que sientes. Y si quieres que los demás lleguen a confiar en ti, también tu debes sentir que puedes confiar en ellos, aunque estés a oscuras. Aunque te estés cayendo.
- Estamos muy absortos en asuntos egocéntricos, en nuestra carrera profesional, en la familia, en tener dinero suficiente, en pagar la hipoteca; estamos muy ocupados con billones de actos pequeños que sólo sirven para salir adelante. De modo que no adquirimos la costumbre de contemplar nuestras vidas desde fuera y decirnos: ¿esto es todo? ¿esto es todo lo que quiero? ¿me falta algo?
- Una parte de mí tiene miedo de dejar la universidad. Otra parte de mí quiere desesperadamente marcharse. La tensión de los opuestos.
- La educación es el único antídoto para la pobreza.
- Hizo otro voto que mantuvo hasta el final de su vida: que no trabajaría nunca explotando a otra persona y que no consentiría nunca ganar dinero a costa del sudor de otros.
- Henry Adams: «Un maestro afecta a la eternidad; nunca sabe dónde termina su influencia».
- Todo el mundo sabe que se va a morir, pero nadie se lo cree. Si nos lo creyéramos, haríamos las cosas de otra manera.
- Existe un planteamiento mejor. El de saber que te vas a morir y estar preparado en cualquier momento. Eso es mejor. Así, puedes llegar a estar verdaderamente más comprometido en tu vida mientras vives. Haz lo que hacen los budistas. Haz que todos los días se te pose en el hombro un pajarito que te pregunta:
- ¿Es éste el día?
- ¿Estoy preparado?
- ¿Estoy haciendo todo lo que tengo que hacer?
- ¿Estoy siendo la persona que quiero ser?
- Cuando aprendes a morir, aprendes a vivir.
- La mayoría de nosotros vamos por ahí como sonámbulos. En realidad, no conocemos el mundo plenamente, porque estamos medio dormidos, haciendo las cosas que automáticamente creemos que debemos hacer.
- Te quitas de encima todas esas tonterías y te centras en lo esencial. Cuando te das cuenta de que te vas a morir, lo ves todo de una manera muy diferente.
- Estamos demasiado comprometidos con las cosas materiales y éstas no nos satisfacen. Las relaciones de amor que mantenemos, el universo que nos rodea, son cosas que damos por supuestas.
- Me ha quedado muy claro desde que estoy enfermo. Si no tienes el apoyo, el amor, el cariño y la dedicación que te ofrece una familia, no tienes gran cosa. El amor tiene una importancia suprema.
- Sin amor, somos pájaros con las alas rotas.
- Es lo que yo echaba tanto en falta cuando murió mi madre, lo que yo llamo «la seguridad espiritual» de uno: saber que tu familia estará allí, velando por ti. Nada en el mundo te dará eso. Ni el dinero. Ni la fama.
- Cuando alguien me pregunta si debe tener hijos o no, yo no digo nunca lo que debe hacer. Le digo, sencillamente: «No hay experiencia igual a tener hijos». Eso es todo. No se puede sustituir por nada. Si quieres tener la experiencia de ser completamente responsable de otro ser humano y de aprender a amar y a estrechar lazos de la manera más profunda, entonces debes tener hijos.
- Aprende a desligarte. ¿Sabes lo que dicen los budistas? «No te aferres a las cosas, porque todo es impermanente».
- El desapego no significa que no dejes que la vivencia penetre en ti. Al contrario: dejas que penetre en ti plenamente. Así es como eres capaz de dejarla.
- Si contienes las emociones, si no te permites a ti mismo llevarlas hasta el final, nunca podrás llegar a estar desligado; estarás demasiado ocupado con tu miedo. Tienes miedo al dolor, tienes miedo a la pérdida de un ser querido. Tienes miedo a la vulnerabilidad que trae aparejado el amor.
- Abre el grifo. Lávate con la emoción. No te hará daño. Sólo puede ayudarte. Si dejas entrar el miedo, si te lo pones como una camisa habitual, entonces podrás decirte a ti mismo: «Bueno, no es más que miedo, no tengo que dejar que me controle. Lo veo por lo que es». Lo mismo pasa con la soledad: te dejas llevar, dejas salir las lágrimas, la sientes por completo, pero al final eres capaz de decir: «Bueno, éste ha sido mi momento con la soledad. No tengo miedo a sentirme solo, pero ahora voy a dejar de lado esa soledad y sé que hay otras emociones en el mundo y voy a vivirlas también».
- Descubrió que lo que más quería ella era lo mismo que quieren muchas personas: que alguien advirtiera su presencia.
- Muchos de aquellos pacientes eran gente acomodada, de familias ricas, pero su riqueza no les servía para conseguir la felicidad ni la satisfacción. Él no olvidó nunca aquella lección.
- Morrie conocía la realidad. Sabía cuál era el meollo del problema: que unos seres humanos querían sentir que tenían importancia.
- Empecé a disfrutar de mi dependencia. Ahora me gusta que me vuelvan de costado y me pongan pomada en el trasero para que no me salgan llagas. Cierro los ojos y me deleito con ello. Y me parece muy familiar. Es como volver a ser niño. Que una persona te bañe. Que una persona te tome en brazos. Que una persona te limpie. Todos sabemos ser niños. Lo llevamos dentro. Todos anhelamos de algún modo volver a aquellos días en que nos cuidaban por completo, con amor incondicional, con atención incondicional. La mayoría no nos cansábamos nunca.
- Si estás luchando siempre contra el envejecimiento, vas a ser siempre infeliz, porque te va a llegar en todo caso.
- Es imposible que los viejos no envidiemos a los jóvenes. Pero la cuestión es acepta quién eres y gozar de ello. Tienes que encontrar lo que hay de bueno, de verdadero y de hermoso en tu vida tal como es ahora. La edad no es una cuestión de competitividad.
- La verdad es que una parte de mí tiene todas las edades. Tengo tres años, tengo cinco años, tengo treinta y siete años, tengo cincuenta años. He pasado por todas estas edades y sé cómo son. Me encanta ser un niño cuando es adecuado ser un niño. Me encanta ser un viejo sabio cuando es adecuado ser un viejo sabio. Tengo todas las edades hasta la mía.
- Todo forma parte de un mismo problema. Depositamos nuestros valores en cosas equivocadas.
- Las cosas materiales no pueden servir de sucedáneo del amor, ni de la delicadeza, ni de la ternura, ni del sentimiento de camaradería. Ni el dinero ni el poder te darán el sentimiento que buscas, por mucho que tengas de las dos cosas.
- En este país hay una gran confusión entre lo que queremos y lo que necesitamos. Necesitas comida; quieres un helado de chocolate. No necesitas el último coche deportivo, no necesitas la casa más grande.
- ¿Sabes qué es lo que te da satisfacción de verdad? Ofrecer a los demás lo que puedes dar. No me refiero al dinero. Me refiero a tu tiempo. A tu interés. A tu capacidad de contar cuentos.
- Si lo que quieres es presumir ante los que están en la cumbre, olvídalo. Te despreciarán de todos modos. Y si lo que quieres es presumir ante los que están por debajo, olvídalo. No harán más que envidiarte. Un alto nivel social no te llevará a ninguna parte. Sólo un corazón abierto te permitirá flotar equitativamente entre todos.
- Haz las cosas que te salen del corazón. Cuando las hagas, no estarás insatisfecho, no tendrás envidia, no desearás las cosas de otra persona. Por el contrario, lo que recibirás a cambio te abrumará.
- Mahatma Gandhi: «Cada noche, cuando me duermo, me muero. Y a la mañana siguiente, cuando me despierto, renazco».
- Creo en estar plenamente presente. Esto significa que debes estar con la persona con la que estás. No pienso en algo que dijéramos la semana pasada. No pienso en lo que voy a hacer este viernes. Estoy hablando contigo. Estoy pensando en ti.
- ¿Aprender a prestar atención? ¿Qué importancia podía tener aquello? Ahora sé que es más importante que casi todo lo que nos enseñaron en la universidad.
- Una parte del problema es la prisa que tiene todo el mundo. Las personas no han encontrado sentido en sus vidas, por eso corren constantemente buscándolo. Piensan en el próximo coche, en la próxima casa, en el próximo trabajo. Y después descubren que esas cosas también están vacías, y sigue corriendo.
- Los pobres chicos de hoy son demasiado egoístas para participar de una verdadera relación de amor. No saben lo que quieren de un compañero. No saben quienes son ellos mismos, y así ¿cómo van a sabe con quién se casan?
- Existen algunas reglas acerca del amor y del matrimonio que sé que son verdaderas.
- Si no respetáis a la otra persona, vais a tener muchos problemas. Si no sabéis transigir, vais a tener muchos problemas.
- Si no sabéis hablar abiertamente de lo que pasa entre vosotros, vais a tener muchos problemas.
- Y si no tenéis un catálogo común de valores en la vida, vais a tener muchos problemas.
- Vuestros valores deben ser semejantes.
- Las personas sólo son malas cuando se ven amenazadas y eso es lo que hace nuestra cultura. Eso es lo que hace nuestra economía. Hasta las personas que tienen puestos de trabajo en nuestra economía se sienten amenazadas porque temen perderlos. Y cuando uno se siente amenazado, empieza a preocuparse únicamente de sí mismo. Empieza a hacer del dinero un dios. Todo forma parte de esta cultura.
- He aquí lo que quiero decir cuando hablo de construir tu propia subcultura. Puedo desobedecer las cosas pequeñas. Pero las cosas grandes, cómo pensamos, lo que valoramos, ésas debes elegirlas tú mismo. No puedes dejar que nadie, ni que ninguna sociedad, las determine por ti.
- Vivas donde vivas, el defecto mayor que tenemos los seres humanos es que somos cortos de vista. No vemos lo que podríamos ser. Deberíamos estar viendo nuestras posibilidades, dando de nosotros al máximo hasta llegar a ser todo lo que podemos.
- El problema es que no creemos que somos tan semejantes como somos en realidad. Si nos viésemos más semejantes, podríamos estar muy deseosos de unirnos a una gran familia humana de este mundo, y de ocuparnos de esa familia del mismo modo que nos ocupamos de la nuestra.
- Invierte en la familia humana. Invierte en las personas. Construye una pequeña comunidad con los que amas y con los que te aman.
- Sed compasivos. Sed responsable los unos de los otros. El mundo sería un lugar mucho mejor con sólo que aprendiésemos estas lecciones. Amos los unos a los otros, o moriréis.
- Antes de morir, perdónate a tí mismo. A continuación, perdona a los demás.
- No tiene sentido guardarse la venganza ni la terquedad.
- Tenemos que perdonarnos a nosotros mismos. Todas las cosas que no hicimos. Todas las cosas que deberíamos haber hecho. No te puedes quedar atascado en el arrepentimiento por lo que debería haber pasado. Eso no te sirve de nada cuando llegas al punto donde estoy yo.
- Debes hacer las paces. Debes hacer las paces contigo mismo y con todos los que te rodean.
- Te diré lo que haremos. Cuando yo esté muerto, tú hablarás. Y yo te escucharé.
- En un momento dado empecé a marearme … y entonces sentí una cierta paz, sentí que estaba preparado para irme. Fue una sensación increíble. La sensación de aceptar lo que pasaba, de estar en paz.
- Eso es lo que buscamos todos. Una cierta paz con la idea de morir. Si al final sabemos que podemos tener, en último extremo, esa paz al morir, entonces podemos hacer por fin lo que es verdaderamente difícil. Que es … hacer las paces con la vida.
- No nos vemos a nosotros mismos como parte de la naturaleza. Pensamos que, por ser humanos, estamos por encima de la naturaleza.
- Mientras podamos amarnos los unos a los otros y recordar el sentimiento de amor que hemos tenido, podemos morirnos sin marcharnos del todo nunca. Todo el amor que has creado sigue allí. Todos los recuerdos siguen allí. Sigues viviendo en los corazones
- ¿Cuáles son las preguntas importantes? Tal como lo veo yo, están relacionadas con el amor, la responsabilidad, la espiritualidad, la conciencia. Y si estuviera sano hoy, éstas serían todavía las cuestiones que me importarían. Deberían haberlo sido siempre.
- Yo digo a toda la gente que conozco que sigan haciendo la vida que conocen, que no la echen a perder porque yo me esté muriendo.
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