Se dice que lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas ¿Pero qué pasa con Eurovegas? Porque durante un tiempo España se miró al espejo y se vio con neones, se vio con ruletas, se vio con góndolas en un secarral, se vio con un mini Las Vegas plantado en Europa como si esto fuera un power point y la realidad fuera opcional
Israel ha iniciado el derribo de estructuras pertenecientes a la sede de la UNRWA en Jerusalén este.Un contingente de soldados y policías irrumpieron el martes, 20 de enero de 2026, en la sede de la UNRWA en el barrio de Sheij Jarrah, en el ocupado Jerusalén este. Tras expulsar a los guardias de seguridad, dieron paso a una excavadora, que comenzó a demoler las instalaciones.
That’s not a conspiracy theory, It’s something today’s guest says from experience…
John Kiriakou is a former CIA officer who spent 15 years inside the agency, including as Chief of Counter-Terrorism Operations in Pakistan after 9/11.
He later became the first CIA officer to publicly confirm the existence of the CIA’s torture program - a decision that cost him his freedom.
John didn’t hold back when he described a world he lived inside, how intelligence agencies recruit, surveil, manipulate, and protect power - and what really happens when someone breaks the rules to tell the truth!
I wanted to understand what actually happens behind the scenes in systems we’re told that are there to protect us, and how different that reality can be from what most people assume.
John explained to me why nothing you do on your phone is truly private and how metadata is bought and sold which had me mind-blown.
I wanted to find out:
- What really makes someone betray secrets? - Why do money, fear, love, and resentment drive decisions more than ideology? - How do intelligence agencies shape media narratives and public perception? - What does whistleblowing cost when you challenge powerful institutions? - Has modern technology quietly erased the idea of personal privacy?
As the conversation unfolded it was clear this wasn’t just a discussion about the CIA - it was a wider reflection on how fragile our assumptions about safety and control really are.
The systems most people trust to protect them are far more complex than we’re often led to believe.
There’s also a moment where John explains how agencies think about ordinary people, not as individuals, but as data points. That part of the conversation will rewire how you look at your phone and even your everyday online behaviour.
I thanked John for coming on and for being willing to speak so openly about experiences that most people never get to hear about.
One of the relatively few AI-native products I use is
Cora.computer which summarizes my personal inbox.
It’s not perfect, but it’s done a much better job than my collection of
filters at managing the ever-growing onslaught of spam and unsolicited email
that flows in.
I’ve run into a few issues with Cora, which ended up in me following folks
at Every to report the issues, and more recently this
led me to see their work on compound engineering and specifically the compound-engineering-plugin.
Compound Engineering is two extremely well-known patterns, one moderately well-known pattern,
and one pattern that I think many practitioners have intuited but have not found a consistent
mechanism to implement. Those patterns are:
Plan is decoupling implementation from research. This is well understood, e.g. Claude’s plan mode,
although it can certainly be done better or worse by being more specific about which resources to
consult (specs, PRDs, RFCS, issues, etc)
Work is implementing a plan. This is well understood, and the core of agentic coding.
Again, this can be done better or worse, but much of that depends more on the quality of
your codebase, tests, and continuous integration harness than the agent itself
Review is asking the agent to review the changes against your best-practices,
and identify ways it could be improved. I think most practitioners have some version
of this, but standardization is low, even within a given company.
Compound is asking the agent to summarize its learnings from a given task into
a well-defined, structured format (basically a wiki) which is consulted by future iterations
of the plan pattern. This interplay between the compound and plan steps creates
the compounding mechanism.
Many practitioners are implicitly compounding, but it’s often done manually through their own
work. For example, I’d often ask the agent to update our AGENTS.md or skills based on a specific
problem encountered in a task, but it required my active attention to notice the issue and
suggest incorporation.
Taken together, these four steps are not shocking but are an extremely effective way to
convert these intuited best-practices into something specific, concrete, and largely automatic
within a company by adding a few commands (e.g. workflow:plan, workflow:review, …) and updating
your AGENTS.md to instruct the agent when and how to use those commands.
Implementing within Imprint’s frontend and backend monorepos was straightforward, taking about an hour.
Most of this was iterating on the last mile of details, for example we want our plans in .claude/plan-*.md
format to match our existing .gitignore pattern, and none of it was complex.
Most importantly, this frees up a topic that many of our engineers (including me) were trying to
find a standard approach. Now we have one, and can move on to the next problem.
If recent history is our guide, it’s a solid guess that many of the practices in compound engineering
will get absorbed into the Claude Code and Cursor harnesses over the next couple of months,
at which point using these techniques explicitly will be indistinguishable from folks who
are entirely unaware they’re using them. But we’ll see. Until then, this is a cheap, useful experiment
that you can implement in an hour.
En este episodio hablamos con Alba Tubilla, quien nació y creció dentro de una de las sectas más peligrosas de España. Un grupo extremadamente cerrado que creía en la existencia de extraterrestres y que controlaba por completo la vida de sus miembros, incluida la suya, desde la infancia. Durante años, esa fue su única realidad. Finalmente, relata cómo diseñó y ejecutó su plan de huida, una decisión que lo cambió todo.
No te vas a creer lo que ha hecho Trump a la una y media de la madrugada mientras todo el mundo dormía. Se ha puesto a filtrar conversaciones privadas suyas con Emmanuel Macron y con el secretario general de la OTAN en Truth Social, compartiendo además imágenes de inteligencia artificial donde aparece la bandera estadounidense sobre Canadá y Groenlandia.
En este video te cuento todo el escándalo: cómo Macron ha reaccionado con furia al enterarse de que Trump ha publicado sus conversaciones privadas, las declaraciones del portavoz del Elíseo pidiendo que se aclare si esas conversaciones son reales o manipuladas, la opinión de Mark Rutte (secretario de la OTAN) sobre el asunto, y cómo todo esto demuestra que Estados Unidos ha perdido completamente la credibilidad internacional bajo el mandato de Trump.
También analizo las reacciones en Europa, la preocupación de los aliados occidentales por tener a un presidente que no respeta la confidencialidad diplomática, y lo que esto significa para el futuro de las relaciones entre EEUU y Europa.
Puedes ver este coloquio completo entre Carmen Truyols y Tamara Contreras sobre la precariedad del sistema sanitario en Podimo http://podimo.es/elsentidodelabirra
No es solo vocación, es una presión colectiva brutal sobre las guardias médicas, donde priorizar tu dolor, te hace sentir "lo peor del hospital".
¿Tienes un compañero que siempre parece ocupado… pero nunca hace nada? Hoy hablamos del arte de escaquearse y de cómo ponerle límites. #Trabajo #Responsabilidad #Productividad #Liderazgo #CulturaLaboral
Esta noche, el mercado japonés de bonos a largo plazo se ha hundido.
Observen el gráfico del bono a 30 años. Ayer cotizaba por debajo del 3,50% de rentabilidad y hoy está en el 3,915%. Este movimiento es similar al crash de 1987 de la bolsa de Nueva York, pero aplicado a los bonos japoneses a largo plazo. Es una auténtica salvajada.
No es que fuera el elemento fundamental para la supervivencia humana, es que ha sido el activo más controlado (más que el oro) durante los últimos 45 años. En ese periodo no han dejado de manipularlo, impidiendo alcanzar el precio que le corresponde por el mercado de la oferta y la demanda. Incluso cinco años de déficit permanente fueron aniquilados en la formación del precio.
La importancia del nivel 50$ no era una referencia más. Su superación implicaba que por primera vez, el sistema perdía el control y si ya no podían sostenerlo, el valor del dinero tendería en una rápida sucesión de movimientos, a su valor intrínseco, cero.
Claro, dicho así parece una barbaridad, pero el sistema tenía límites. El exceso de emisiones no puede ser infinito y cuando se llega a un punto crítico, el sistema empieza a fallar. Nadie se da cuenta, pero la pérdida de poder adquisitivo es continua y solo traspasar una referencia, puede poner en claro que el sistema está colapsando. Durante mucho tiempo hemos estado con la rana hirviendo, pero la rana acaba de morir ...
Si el gobierno y el BC japonés, intentan comprar deuda, el yen se viene abajo.
Y si piden ayuda al resto de los BC para estabilizar todo el sistema, el precio del oro y la plata no los van a encontrar, siendo esta referencia, el verdadero valor del dinero.
Ahora ya no se pueden esconder, porque nadie quiere oro-papel, existiendo el mercado de oro físico en China. Occidente está atado de pies y manos y todavía no se ha dado cuenta, porque sus mercados están en máximos históricos y los bonos no llaman la atención ... todavía.
Vamos a ver como se desarrollan los ataques y defensas del sistema. Todavía no debemos matar a los BC, porque son la pieza fundamental que defiende el sistema y tienen una lista casi infinita de recursos para evitar el desastre.
Rojas Marcos expone en esta obra su análisis de las causas de la agresión maligna y su búsqueda de soluciones.
Convencido de que no es girando el rostro como hallaremos el remedio, pone ante el lector un espeluznante catálogo de crueldades.
Sin embargo, la evidencia de que no existe atrocidad que no se haya ejecutado a lo largo de la historia, no debe hacer perder la esperanza.
Su paseo infernal le lleva a una conclusión optimista: la violencia se aprende, la epidemia de odio no es incontenible.
Con un modelo de salud pública que estimule valores como la compasión, la tolerancia, la autocrítica o la empatía, es posible arrancar las raíces del mal y malograr su crecimiento.
¿Qué incita a unos adolescentes a atacar con extrema brutalidad a una joven, violarla y despeñarla por un barranco? ¿Por qué oscuro motivo un pasajero de tren extrae un arma de su bolsillo y, disparando con calma, culmina su espeluznante orgía sangrienta? ¿Cuáles son los diabólicos móviles que empujan a dos jóvenes a apuñalar metódicamente a su víctima en una atroz escenificación de un juego de rol?
¿Hay alguna explicación para tanta crueldad, odio y violencia desatada? ¿Hay algún antídoto?
Luis Roja Marcos, enfrentado como psiquiatra a las múltiples caras de la agresión maligna, ha explorado durante largo tiempo las cavernas del ser humano para intentar comprender las conductas de los agresores y hallar la manera de evitarlas.
Estas páginas dan cuenta de su descenso a los infiernos; en ellas analiza desde la violencia cometida en el seno del hogar familiar hasta la perpetrada en la silla eléctrica por el Estado, sin olvidar la que acecha en las relaciones de pareja, la que late en el repudio a la sociedad del suicida o la aterradora violencia de la crueldad sin sentido.
Con un estilo claro y directo, Rojas Marcos despliega ante nosotros un tremendo panorama de atrocidades humanas. Su descripción sin concesiones, con escenas de gran crueldad, queda compensada por un mensaje de optimismo: la agresión maligna no es instintiva sino que se adquiere, se aprende en sociedad, y las tendencias altruistas naturales de las personas son una perpetua invitación a la esperanza.
Luis Rojas Marcos. Sevillano de nacimiento, reside en Nueva York desde 1968, ciudad en la que ha desarrollado la mayor parte de su actividad profesional. Cursó estudios de medicina, especializándose en psiquiatría, disciplina de la que es profesor en la Universidad de Nueva York. Es miembro de la Academia de Medicina de esta ciudad y de la Asociación American de Salud Pública. En 1995 fue nombrado presidente del Sistema Hospitalario Público de Nueva York. Ha publicado numerosos trabajos en revistas especializadas y es habitual colaborador del periódico El País. Durante los años que estuvo al frente del Departamento de Salud Mental, recibió el encargo de realizar un estudio sobre las causas de la violencia juvenil y desarrollar un programa de prevención. Las Semillas de la violencia, galardonada con el premio Espasa de Ensayo de 1995, es el resultado de tres años de reflexión sobre el tema.
Tiempo estimado de lectura: 40 minutos.
Objetivos de este libro:
Mi objetivo en este libro ha sido explorar la violencia entre las personas. Me refiero al uso intencionado de la fuerza física en contra de un semejante con el propósito de herir, abusar, robar, humillar, dominar, ultrajar, torturar, destruir o causar la muerte.
Trato sobre conductas despiadadas, antisociales o destructivas.
Analizo concretamente la agresión maligna o la violencia que no tiene una función vital o de supervivencia.
Examino los aspectos del carácter, de la sociedad y de la cultura que, a mi juicio, contribuyen al desarrollo del talante violento, así como el papel que juegan los medios de comunicación.
Sugiero estrategias preventivas basadas en el modelo de salud pública.
Ideas principales:
La inmensa mayoría de las personas son compasivas, tolerantes y abnegadas.
En el fondo, la humanidad es esencialmente bondadosa.
«La única forma de aprender a amar es siendo amado. La única forma de aprender a odiar es siendo odiado».
Las semillas de la violencia se siembran en los primeros años de la vida, se cultivan y desarrollan durante la infancia y comienzan a dar sus frutos malignos en la adolescencia.
Dentro del seno familiar, las mujeres y los niños han sido las víctimas tradicionales de la agresión maligna.
La experiencia que más nos predispone a recurrir a la fuerza despiadada para aliviar nuestras frustraciones es haber sido objeto o testigo de actos de agresión maligna repetidamente durante la niñez.
La prueba de que la gran mayoría de los hombres y las mujeres no somos destructivos es que perduramos.
Los seres humanos tenemos mayor probabilidad de ser asaltados, maltratados o torturados en nuestro propio hogar, a manos de alguien supuestamente querido, que en ningún otro lugar.
En casi todas las sociedades, la mujer ha soportado indefensa y en silencio los abusos de su compañero.
En el momento en que la persona maltratada participa a la fuerza en el sacrificio de otros se puede decir que su voluntad está verdaderamente rota.
Elie Wiesel: «Ante las atrocidades tenemos que tomar partido. La posición neutral ayuda siempre al opresor, nunca a la víctima. El silencio estimula al verdugo, nunca al que sufre».
El crimen florece allí donde reina el desequilibrio entre aspiraciones y oportunidades o existen marcadas desigualdades económicas.
Los estudios al respecto señalan que los hijos varones que crecen sin un modelo cercano de padre tienen más dificultad para controlar su agresividad y para adaptarse socialmente.
La realidad es que los enfermos mentales suelen ser con más frecuencia víctimas de la violencia que autores de ella.
Es un hecho indiscutible que la crueldad, tanto física como emocional, el abandono y la explotación, mutilan psicológicamente al niño y le pueden transformar en un ser sádico y destructor.
Por lo general, los asesinos no reflexionan sobre las consecuencias legales de su comportamiento o son sencillamente indiferentes.
El atractivo de la violencia como espectáculo no ha desaparecido con los frutos de la evolución y del progreso.
Es de sentido común que, en términos generales, los niños aprenden de lo que ven.
Los grupos discriminados juegan a menudo el papel de chivo expiatorio del momento histórico, viéndose obligados a aceptar la culpa de los problemas sociales del momento, ya sea el crimen.
Cada cultura construye sus propias justificaciones de las conductas violentas de sus miembros y provee las normas de la licencia que les va a permitir desatar impunemente sus impulsos agresivos.
La cultura posee un carácter ambivalente: combina el más alto grado de protección y de control social con los mayores incentivos y disculpas para la agresión.
El carácter es nuestro destino.
Algunas de las cosillas que aprendí leyendo este libro que no tienen por qué ser ni ciertas ni falsas ni todo lo contrario:
Mi objetivo en este libro ha sido explorar la violencia entre las personas. Me refiero al uso intencionado de la fuerza física en contra de un semejante con el propósito de herir, abusar, robar, humillar, dominar, ultrajar, torturar, destruir o causar la muerte. He incluido también el suicidio porque es una acción violenta que a menudo está motivada por el deseo de venganza.
Trato sobre conductas despiadadas, antisociales o destructivas.
Analizo concretamente la agresión maligna o la violencia que no tiene una función vital o de supervivencia, no busca la exploración ni la autodefensa, no persigue el avance de una causa o ideología, ni posee utilidad alguna para el proceso evolutivo natural de selección o adaptación del ser humano.
Me he centrado deliberadamente en los comportamientos crueles más comunes en nuestro tiempo: los abusos en el hogar, la agresión por celos, la violación sexual, el sadismo, el odio que brota del desamor, la venganza, el asesinato y la autodestrucción.
Examino los aspectos del carácter, de la sociedad y de la cultura que, a mi juicio, contribuyen al desarrollo del talante violento, así como el papel que juegan los medios de comunicación.
Sugiero estrategias preventivas basadas en el modelo de salud pública y describo brevemente las tendencias altruistas naturales de las personas o los antídotos universales de la violencia.
Mi concepto de violencia ha sido influido por las ideas humanistas de Erich Fromm y Ashley Montagu, por las reflexiones sobre la victimización de Susan Brownmiller y Judith L. Herman y por las perspectivas sociales y culturales de Peter Gay y Deborah Prothow-Sith.
Creo que una forma frecuente de evadir la sobria y desoladora realidad de la violencia es tratarla a través de formulaciones simbólicas o literarias. Demasiados pensadores intentan darles un sentido abstracto a las atrocidades humanas o exploran formas de destilar interpretaciones filosóficas del enorme mar de desesperación que ahoga a tantas personas que han sido víctimas de la agresión despiadada. Pienso que estos esfuerzos dialécticos hacen que a menudo perdamos de vista lo que verdaderamente ocurrió, cómo se vivió el sufrimiento y quién lo causó.
Un grupo reducido de la población lo forman hombres y mujeres envidiosos, vengativos, psicópatas, tiranos, violadores y asesinos. La inmensa mayoría de las personas son compasivas, tolerantes y abnegadas. La prueba es que perduramos. Nuestra especie no hubiese sobrevivido si no estuviéramos continuamente sacrificándonos los unos por los otros.
Durante más de veinte años he trabajado en el campo de la salud pública de la ciudad neoyorquina en uno de esos cargos que, con el tiempo (según asegura la gente convencida), llena a todos de indiferencia y cinismo. Sin embargo, de alguna manera, el trato con los grandes males de la mente y de la cultura de este pueblo me ha hecho más idealista. La lección más importante que he aprendido en este tiempo es que nuestra ineludible y normal tarea diaria consiste en convivir unos y otros.
Hoy, más que nunca, estoy convencido de que entre todos continuaremos reduciendo el sufrimiento que la crueldad humana causa a los más desvalidos e indefensos entre nosotros, porque, en el fondo, la humanidad es esencialmente bondadosa.
Ashley Montagu, La agresión humana, 1976: «La única forma de aprender a amar es siendo amado. La única forma de aprender a odiar es siendo odiado. Esto ni es fantasía ni teoría, simplemente es un hecho comprobable».
La agresión maligna no es instintiva sino que se adquiere, se aprende.
Las semillas de la violencia se siembran en los primeros años de la vida, se cultivan y desarrollan durante la infancia y comienzan a dar sus frutos malignos en la adolescencia. Estas simientes se nutren y crecen estimuladas por los ingredientes crueles del medio hasta llegar a formar una parte inseparable del carácter del adulto.
Nuestros complejos comportamientos, desde el sadismo al altruismo, son el producto de un largo proceso evolutivo condicionado por las fuerzas sociales y la cultura.
La violencia constituye una de las tres fuentes principales del poder humano; las otras dos son el conocimiento y el dinero.
La violencia cruel es la forma más inferior y primitiva de poder, porque sólo se puede usar para castigar, para destruir, para hacer daño. El conocimiento y el dinero son fuerzas mucho más versátiles.
No existe acto de brutalidad ideado por la más diabólica imaginación humana que no se haya llevado a cabo en algún momento y en algún lugar a lo largo de nuestra existencia.
La crueldad ha marcado la faz de la humanidad con cicatrices indelebles, ha impregnado nuestra identidad y ha configurado gran parte de nuestra historia.
La agresión sádica se produce sobre todo en situaciones de cautiverio, cuando la víctima, incapaz de escapar de su verdugo, es dominada por fuerzas físicas o psicológicas superiores. Esta condición se da con especial frecuencia dentro del recinto impalpable de la familia.
Dentro del seno familiar, las mujeres y los niños han sido las víctimas tradicionales de la agresión maligna.
El sometimiento sexual forzoso de la mujer por el hombre ha impregnado en abundancia la historia de la humanidad y constituye otro enorme problema de violencia en muchas sociedades modernas.
La violación de la mujer se ha practicado asiduamente durante épocas de esclavitud, de servidumbre, de guerra y de paz.
Cuando un inocente cae víctima de la violencia casual, todas las premisas establecidas sobre el orden social se desmoronan.
Hasta finales del siglo XIX las ejecuciones eran intencionalmente crueles y planeadas con el fin de prolongar la agonía del reo lo más posible. Estos espectáculos públicos suponían un reflejo aterrador del revanchismo colectivo.
La venganza es otro sentimiento eminentemente humano que posee la fuerza irresistible de un instinto, el ímpetu de una pasión irracional y primitiva que mina la convivencia.
En todas las épocas de la civilización la gente se ha deleitado con relatos de atrocidades. Por lo general, estas narraciones incluyen una víctima y la descarga de la agresión despiadada sobre ella. A veces, para satisfacer al espectador, la escena concluye con el ultrajado saldando cuentas con el verdugo. Este atractivo de la crueldad como espectáculo no ha desaparecido a pesar de la evolución y el progreso.
El sustituto moderno del circo o del patíbulo son las escenas del cine y la televisión que representan toda la variedad existente de agresión maligna entre las personas. Hoy en día vivimos en una cultura de fascinación por la violencia, pero en el fondo es una cultura de identificación con las víctimas.
La agresión entre las personas ha sido justificada con todo tipo de razonamientos: biológicos, psicológicos, militares y religiosos. Y, según la ideología predominante, ha sido interpretada como una necesidad irremediable, un pecado, un crimen, una enfermedad o un problema social.
Muchos son los expertos que coinciden en describir la violencia como una cualidad humana omnipresente e inevitable. Esta particular creencia, bastante antigua, suele ir unida a la tesis de que la agresión cruel constituye una fuerza instintiva e intrínsecamente biológica.
Según Freud y bastantes de sus discípulos, el hombre está dominado pro un impulso de aniquilarse a sí mismo y de exterminar a otros. Como la gran mayoría de los pensadores de esta época, Freud mantenía la creencia profética de que la humanidad estaba avanzando hacia un cataclismo inexorable, hacia su autodestrucción apocalíptica.
La agresión más implacable en los animales está impulsada por el miedo a ser eliminados en una situación de la que no pueden huir. En estas condiciones de encierro, la presa lucha con el coraje proverbial que da la desesperación.
Cuando le quitan la vida a un semejante, los animales lo hacen para sobrevivir y de la forma más rápida, indolora y efectiva posible. Las bestias atacan para comer, para defenderse, para proteger a los suyos o su territorio.
Los animales también compiten para procrear. El vencedor, sin embargo, se suele contentar con demostrar su superioridad (a menudo a través de simples gestos) y rara vez mutila o inflige daños serios al contrincante, a quien por lo general permite que se retire sin perseguirlo.
Los comportamientos más violentos y crueles en los seres humanos son primordialmente ofensivos y no responden a la necesidad de autodefensa.
El goce con el sufrimiento ajeno es un rasgo exclusivo de nuestra especie. Los hombres y las mujeres que albergan odio o hastío en sus corazones disfrutan prolongando la agonía de sus víctimas indefensas y muestran un sorprendente ingenio a la hora de inventar torturas que causen el máximo dolor y eviten un final rápido.
La crueldad de los animales es un mito.
La creencia en el origen innato de la agresión maligna con frecuencia se transforma en ideologías que ayudan a racionalizar el desasosiego, la confusión y la impotencia que nos produce la destructividad humana.
Todos nacemos con el potencial para ser violentos. Pero también nacemos con la capacidad para la compasión, la generosidad, la abnegación y la empatía.
La violencia se aprende y se aprende a fondo.
Nuestra cultura ha construido una serie de tradiciones para justificar la agresión humana. Por ejemplo, el culto al «macho», la glorificación de la competitividad o el principio diferenciador de «los otros» que justifica la marginación de grupos considerados «diferentes».
Las pasiones juegan un papel determinante en nuestro comportamiento y representan fuerzas más impetuosas y vehementes que los propios instintos. Las pasiones instigan la envidia y la destrucción, pero también impulsan la autonomía y el amor. Son el combustible de las tragedias humanas, pero también de los ideales. Las pasiones, por lo tanto, pueden transformar a los seres humanos tanto en malvados como en héroes.
La experiencia que más nos predispone a recurrir a la fuerza despiadada para aliviar nuestras frustraciones es haber sido objeto o testigo de actos de agresión maligna repetidamente durante la niñez.
Son casi incontables los estudios que han demostrado que las criaturas que crecen entre abusos, humillaciones y crueldades, tienden a volverse emocionalmente insensibles a estos horrores. Con el tiempo optan por el camino de la agresión para solventar conflictos y, una vez alcanzada la madurez, reproducen el ciclo de la violencia maltratando a sus propios hijos. Esta epidemia de odio no es incontenible, se puede detener porque muchas de sus causas están bajo nuestro control.
Los programas preventivos más efectivos son aquellos que van dirigidos a los pequeños durante los primeros doce años de edad, mientras existe la oportunidad de estimular el desarrollo de la compasión, la tolerancia, el sentido de autocrítica y la empatía. Si conseguimos que un menor incorpore estos atributos naturales a su carácter, tendremos muchas probabilidades de evitar que recurra a la violencia de mayor.
Los antídotos de la violencia más poderosos y universales son las tendencias altruistas naturales de los seres humanos. De hecho, el rechazo de la violencia es uno de los atributos de la humanidad.
La prueba de que la gran mayoría de los hombres y las mujeres no somos destructivos es que perduramos.
Ninguna sociedad puede existir sin solidaridad, sin que sus miembros estén continuamente ayudándose los unos a los otros.
La indisputable realidad es que, desde un punto de vista global, la agresión maligna entre las personas está hoy en día menos extendida que nunca.
Judith Lewis Herman, Trauma y recuperación, 1992: «La reacción normal ante las atrocidades es exiliarlas de nuestra conciencia. Hay violaciones del contrato social que son demasiado horripilantes como para mencionarlas en alto. Este es precisamente el significado de la palabra inconfesable …».
La familia constituye el compromiso social más firme de confianza, el pacto más resistente de protección y de apoyo mutuo, el acuerdo más singular de convivencia y de amor que existe entre un grupo de personas. Sin embargo, el hogar familiar es también un ambiente pródigo en contrastes y contradicciones.
La familia nos ofrece el refugio donde cobijarnos y socorrernos de las agresiones del mundo circundante y, simultáneamente, nos confronta con las más intensas y violentas pasiones humanas.
La casa es el terreno de cultivo donde se desarrollan las relaciones más generosas, seguras y duraderas y, al mismo tiempo, el escenario donde más vivamente se manifiestan las hostilidades, las rivalidades y los más amargos conflictos entre hombres y mujeres, y entre adultos y pequeños.
La agresión sádica, repetida y prolongada, se produce sobre todo en situaciones de cautiverio. Sucede especialmente cuando la víctima es prisionero o incapaz de escapar de la tiranía de su verdugo y es subyugada por la fuerza física o por imposiciones económicas, legales, sociales o psicológicas. Esta condición se da en las cárceles, en los campos de concentración, en ciertos cultos religiosos, en burdeles y, con muchas frecuencia, en la intimidad familiar.
Los seres humanos tenemos mayor probabilidad de ser asaltados, maltratados o torturados en nuestro propio hogar, a manos de alguien supuestamente querido, que en ningún otro lugar.
La violencia familiar suele estar escondida celosamente de la luz pública, rodeada de una coraza protectora de tabú y de silencio. La razón es que, en la mayoría de las culturas, el hogar constituye la esfera más privada y oculta de la existencia humana.
A lo largo de la historia, dentro del seno de la familia, las mujeres y los niños han sido las víctimas más frecuentes de la agresión maligna, generalmente por parte de los hombres. En los hogares donde hay mujeres maltratadas también suele haber niños maltratados.
En casi todas las sociedades, la mujer ha soportado indefensa y en silencio los abusos de su compañero.
Para la mayoría de las mujeres la violencia empieza en el hogar, a manos de los padres, de los hermanos o de la pareja.
Al contrario de lo que sucede con los hombres, más de las dos terceras partes de los actos violentos perpetrados contra mujeres son cometidos por alguien cercano a ellas. De hecho, los daños físicos que sufren estas mujeres son mucho más graves cuando el agresor es un miembro del hogar familiar que cuando se trata de un extraño. Igualmente, las mujeres tienen más probabilidades de ser violadas por alguien conocido que por un desconocido.
Las vicisitudes de la convivencia en el hogar están sumergidas en un mundo de tabú, de secreto y de misterio.
Tradicionalmente, la mujer objeto de tratos crueles o de abusos raramente se defendía y, mucho menos, devolvía al agresor golpe por golpe en estos asaltos. La esposa que se vengaba iba contra la norma cultural o legal y era severamente castigada.
Esta ansia irracional de dominio, de control y de poder sobre la otra persona es la fuerza principal que alimenta la violencia doméstica entre las parejas.
Por lo general, el último objetivo en el control psicológico de la víctima se logra cuando se la obliga a quebrantar sus propios principios y a traicionar sus relaciones humanas más básicas.
En el momento en que la persona maltratada participa a la fuerza en el sacrificio de otros se puede decir que su voluntad está verdaderamente rota.
Además de serios daños físicos, la violencia familiar causa en las víctimas trastornos emocionales profundos y duraderos, en particular depresión crónica, baja autoestima, embotamiento afectivo y aislamiento social.
El masoquismo, en mi opinión, más que un tipo de trastorno psíquico, representa una forma grotesca en el catálogo de la agresividad humana dislocada. Constituye la paradoja suprema de la vida: mantener una relación en la que el dolor supuestamente produce placer.
Desde principios de la civilización, los menores han sido objeto de abandono, de abuso y de violencia indiscriminada por parte de sus mayores y especialmente de sus progenitores.
Desde muy temprano, en nuestra civilización ha existido la creencia de que el abuso y la explotación del cuerpo o del espíritu de un niño a manos de los adultos constituían actos perfectamente aceptables.
La Biblia está repleta de matanzas y de vejaciones de criaturas, de destrucción de primogénitos, de entierros de niños vivos en los cimientos de los nuevos edificios para infundirles de mayor durabilidad, o del uso de los pequeños como ofrendas a un dios caprichoso.
Durante siglos, las necesidades emocionales y afectivas de los pequeños fueron tan desconocidas como ignoradas. Los niños eran posesiones, objetos de utilidad.
La envergadura real del problema de los niños maltratados no se empezó a reconocer colectivamente en las sociedades occidentales hasta los años sesenta. El punto de partida fue la intervención del doctor Henry Kempe, un médico pediatra del Hospital General de Colorado, en Estados Unidos, quien en 1961 denunció públicamente esta trágica costumbre después de haber observado en la sala de urgencias del hospital, en un solo día, cuatro niños brutalmente golpeados. Tres de ellos murieron de daños cerebrales producidos por contusiones en la cabeza.
La particularidad más común entre los adultos abusadores es el hecho de que ellos mismos fueron víctimas de abuso o de abandono durante su infancia.
La explotación sexual de menores ha ocurrido con regularidad en todas las culturas.
Cuando la persona es maltratada repetidamente durante un largo periodo de tiempo, y se encuentra en un estado crónico de aprensión o de miedo, la secreción de adrenalina disminuye y la capacidad de almacenar la información en la memoria se altera. Bajo estas condiciones, la represión o el olvido de la experiencia traumática es más fácil.
Cuando a los pequeños les resulta imposible eludir la realidad del abuso, no tienen más remedio que fabricar un sistema de explicaciones que les ayuden a justificarlo. Inevitablemente, la mayoría de estas criaturas concluyen culpándose a sí mismas, convencidas de que la causa de su situación es su maldad innata, lo que les permite pensar que sus padres explotadores son los buenos.
Cuando nos encontramos indefensos ante la violencia o sufrimos las amenazas a la integridad física o a la vida, nos invaden sentimientos de angustia y de impotencia, el miedo a la pérdida de control y el terror a la aniquilación. Estos síntomas forman parte de un estado emocional abrumador que en la psiquiatría oficial se ha denominado trastorno por estrés postraumático. Mucho después de pasado el peligro, volvemos a vivir la experiencia como si estuviera ocurriendo en el presente.
Elie Wiesel: «Ante las atrocidades tenemos que tomar partido. La posición neutral ayuda siempre al opresor, nunca a la víctima. El silencio estimula al verdugo, nunca al que sufre».
Los nuevos modelos de relación se prestan menos a la violencia porque se basan en expectativas de igualdad.
Los seres humanos vivimos por amor y destruimos por amor, porque esta pasión universal está llena de emociones contrapuestas.
La emoción antitética del amor es el odio.
El odio puede llegar a ser una gran fijación que absorbe y consume toda la atención y energía psíquica de la persona que lo siente.
No hay evidencia alguna de que exista una sociedad alguna que haya estado libre de celosos.
Las personas profundamente celosas se caracterizan especialmente por su inseguridad, baja autoestima, su incapacidad para confiar en los demás, sus rasgos paranoides y una fuerte tendencia a exteriorizar y racionalizar las causas de sus conflictos o a proyectar sus dificultades y problemas culpando a otros o a fuerzas externas.
Los accesos de celos son la causa más frecuente de homicidios conyugales y la fuente principal de violencia por parte de la mujer hacia su marido o su amante.
Uno de los ingredientes más constantes de las rupturas traumáticas de hoy es la firme creencia en la relación perfecta. Este ideal, tenazmente arraigado en la imaginación tanto de hombres y mujeres, alimenta enormes y, casi por definición, inalcanzables expectativas. Esta imagen idealizada e irreal de la relación amorosa es el caldo de cultivo de la desilusión, del resentimiento y, en definitiva, de la transfiguración del amor en odio.
Sigmund Freud opinaba que cuando una relación amorosa se rompe, no es extraño ver surgir la aversión, el rencor y el sadismo en el espacio que ocupaba el amor.
Máxima de Goethe: «En cada separación importante yace una semilla de locura … debemos evitar por todos los medios su germinación y su cultivo».
Cualquier contrato que imponga una pureza total de sentimientos, exija una consistencia absoluta de deseos o imponga una visión inamovible de la vida, es la antítesis de nuestra naturaleza y no puede por menos que acarrear consecuencias desastrosas.
Durante siglos, la violación fue considerada, más que un crimen contra la mujer, un delito contra la propiedad privada del hombre, un agravio de un hombre contra otro hombre. Si la mujer estaba casada se la consideraba un objeto o posesión de su esposo, y si estaba soltera, la pertenencia del padre.
La invasión del cuerpo femenino constituye una de las satisfacciones de la conquista militar. Muchos expertos reconocen que la violación sistemática de las mujeres en los conflictos armados busca intimidar y desmoralizar al enemigo, por lo que tiene un cierto valor estratégico. El objetivo final es la total subyugación y destrucción del contrincante.
Una vez se han escrito las historias militares y las batallas se convierten en leyendas, las violaciones se suelen pasar por alto o se descartan como exageraciones.
La agresión sexual es uno de los crímenes menos denunciados.
Cada día, especialmente en los ambientes urbanos de los países industrializados, más gente joven resuelve sus diferencias y conflictos triviales empuñando navajas o recurriendo a pistolas y matándose unos a otros a tiro limpio.
Aunque el crimen no respeta fronteras, los delitos violentos son endémicos en Norteamérica.
Para estas pandillas de criminales, los miembros de menor edad ofrecen varias ventajas. Por un lado, debido a su inmadurez, sienten menos aprensión a la hora de apretar el gatillo. Por otro, como delincuentes pasan más desapercibidos y, en la eventualidad de ser capturados, las leyes vigentes no permiten que se les juzgue como a los mayores.
Desde el punto de vista de la personalidad, los individuos con rasgos paranoides, antisociales y narcisistas forman el grupo de riesgo más importante.
Los caracteres antisociales poseen una fuerte propensión hacia el engaño, la irresponsabilidad, la manipulación y el crimen. Violan los derechos de los demás sin escrúpulos ni remordimiento y hacen caso omiso de sus sentimientos y deseos.
En cuanto a las personalidades narcisistas, sus rasgos típicos son la necesidad de admiración, la prepotencia, la envidia, la arrogancia, una exquisita sensibilidad hacia cualquier tipo de rechazo o de desprecio y la incapacidad de reconocer los sentimientos ajenos. Estar condenado a la irrelevancia o a pasar por la vida desapercibido es una de las experiencias más intolerables y peligrosas del psicópata narcisistas.
El crimen florece allí donde reina el desequilibrio entre aspiraciones y oportunidades o existen marcadas desigualdades económicas.
Especialmente fecundas para el cultivo de la delincuencia son las subculturas abrumadas por la pobreza, el desempleo, la discriminación, el alcoholismo, el fácil acceso a las armas, un sistema escolar ineficaz y una política penal deshumanizada y revanchista que ignora las medidas más básicas de rehabilitación.
Las drogas ilegales son otro fertilizante ideal para el desarrollo del crimen, aunque no debemos olvidar que la sustancia que se asocia con mayor frecuencia a la violencia humana es el alcohol.
Yo pienso que la despenalización de las drogas comunicaría un mensaje erróneo a las jóvenes. Les sugeriría, directa o indirectamente, que pueden usarlas, que no hay nada malo en ausentarse mentalmente, en escaparse, «colocarse», o alterar el estado de conciencia mediante el uso de sustancias. Por otra parte, la legalización de las drogas desataría enormes problemas sanitarios y de seguridad pública. Es evidente que la liberalización de la oferta y el consumo facilitaría el acceso a más drogas, más puras y más baratas.
La violencia en la familia es, sin duda, la más dañina.
No todos los niños maltratados terminan de mayores siendo criminales violentos.
Otro medio familiar problemático es aquel donde se da una carencia total de adultos que sirvan de modelos positivos no violentos con quienes los pequeños se puedan identificar.
Los estudios al respecto señalan que los hijos varones que crecen sin un modelo cercano de padre tienen más dificultad para controlar su agresividad y para adaptarse socialmente.
El crimen siempre ha estado y siempre estará entre nosotros.
El número de criminales que un país se permite aceptar a través del tiempo suele mantenerse estable. En parte, esto es debido a que la capacidad de la sociedad y de sus infraestructuras establecidas para detectar o asimilar crímenes es relativamente fija.
Se ha dicho que en todas las sociedades existe una cierta «demanda» o cuota de criminalidad. De forma que, si imaginamos una comunidad compuesta exclusivamente de individuos ejemplares, en la cual los comportamientos criminales, tal y como los conocemos ahora, no existieran, nos encontraríamos con que los delitos que hoy consideramos leves provocarían la misma preocupación e inseguridad que producen actualmente en nosotros las ofensas graves. Esta sociedad imaginaria penaría las faltas menores con la misma dureza que hoy se castigan los actos criminales.
Quizá nuestro objetivo más inmediato deba ser lograr la convicción social, profunda y bien informada, de que las más costosas y fatídicas simientes del crimen son la mutilación del espíritu de un niño y la deformación de su carácter por medio de la violencia.
La violencia sin sentido forma parte de la existencia humana.
Desde un punto de vista psicológico, la agresión sádica casual es especialmente chocante y nos produce un profundo sentimiento de horror, desconcierto, confusión, náusea y dolor.
No hay criatura más temible que el criminal cuya conducta no tiene método ni explicación, no sigue una cierta lógica o tendencia establecida.
La idea de que algunas personas que sufren trastornos mentales graves pueden volverse agresivas de repente ha estado siempre muy extendida.
Los medios de comunicación propagan muchas veces esta misma idea o figura del enfermo mental impredecible y violento.
No cabe duda de que la percepción de peligrosidad es el factor que con mayor determinación contribuye al estigma y rechazo social de la enfermedad mental.
Las investigaciones más recientes sobre la relación entre la enfermedad mental y la violencia casual demuestran que la gran mayoría de los hombres y mujeres que sufren trastornos mentales graves no son personas agresivas.
Los factores que con más seguridad vaticinan comportamientos violentos futuros entre los enfermos mentales incluyen: una historia previa de agresiones, la negación de la enfermedad y el consiguiente rechazo al tratamiento, y los trastornos del pensamiento con pérdida del sentido de la realidad.
La realidad es que los enfermos mentales suelen ser con más frecuencia víctimas de la violencia que autores de ella.
La personalidad antisocial firmemente desarrollada es tan resistente al cambio que no pocos expertos se hacen la pregunta de si realmente produce algún beneficio tratar de entender las motivaciones y la dinámica psicológica de estos «degenerados incorregibles», en lugar de considerarlos aberraciones irreparables de la naturaleza humana o simples «mutantes del infierno».
Es un hecho indiscutible que la crueldad, tanto física como emocional, el abandono y la explotación, mutilan psicológicamente al niño y le pueden transformar en un ser sádico y destructor.
Las raíces de la crueldad sin sentido, sobre todo entre los jóvenes, están a menudo alimentadas por el vacío emocional que causa el aburrimiento, la repugnancia hacia la vida y el hastío. El tedio psicológico crónico se da en personas incapaces de reaccionar con afecto, de emocionarse o entusiasmarse con ningún tipo normal de estímulos o actividades. Estos individuos frecuentemente albergan las tendencias más extremas hacia la destructividad. Rabiosamente insatisfechos, resentidos, desmoralizados, crónicamente aburridos, persiguen sin descanso vivencias malignas que les distraigan momentáneamente del vacío y la banalidad de sus existencias.
El sadismo no tiene ninguna finalidad práctica, es un intento patológico de transformar el vacío emocional, la desesperanza y la impotencia en un estado de poder absoluto mediante la subyugación por la fuerza de un ser indefenso.
No son pocos los que persiguen obsesionados cualquier sensación que termine, aunque sea temporalmente, con la monotonía diaria de sus vidas, aunque el precio sea la tortura salvaje o incluso el fin de la vida de un semejante.
La violencia sin sentido no es una fuerza instintiva o innata en el ser humano.
Jalil Gibran, El Profeta: «A menudo escucho que os referís al hombre que comete un delito como si él no fuera uno de vosotros, como un extraño y un intruso en vuestro mundo. Mas yo os digo que de igual forma que el más santo y el más justo no puede elevarse por encima de lo más sublime que existe en cada uno de vosotros, tampoco el débil y el malvado puede caer más bajo de lo más bajo que existe en cada uno de vosotros».
La interrupción del embarazo no es una cuestión de elegir entre los absolutos de la vida y la no vida, sino de nuestra capacidad de sentir empatía hacia la mujer, de vivenciar genuinamente la realidad femenina de nuestro tiempo y, concretamente, de ubicarnos con afecto y comprensión en la difícil encrucijada de las embarazadas de hoy.
Aunque la amenaza de muerte puede que frene a una persona normal antes de cometer un delito grave, no necesariamente tiene el mismo efecto en un criminal. El asesinato es a menudo un acto impulsivo, improbable y casi siempre imprevisible. Resulta difícil incluso imaginar un experimento que pudiera probar que por cada homicida ajusticiado se salvan vidas.
Por lo general, los asesinos no reflexionan sobre las consecuencias legales de su comportamiento o son sencillamente indiferentes. Las entrevistas con los condenados a muerte indican que son contados los que pensaron, incluso fugazmente, en la posible ejecución mientras cometían el crimen.
El atractivo de las ejecuciones como función lúdica ha disminuido pero no ha desaparecido.
Creo que, más que la idea de justicia, la supervivencia de la pena de muerte a través de los siglos ha estado alimentada, sobre todo, por la necesidad ancestral de revancha, por el deseo colectivo de tomar represalias, por el ansia de que el criminal se lleve su merecido y, en definitiva, por el impulso incontenible de vengarnos.
A pesar de su universalidad, la venganza es una reliquia primitiva e irracional, que mina la convivencia social.
James B. Twitcheli, La violencia absurda, 1989: «La televisión es el primer medio de comunicación de masas verdaderamente democrático. Es el primer medio accesible a todo el mundo y gobernado por lo que quiere el pueblo. Lo más aterrador es lo que quiere el pueblo».
Los testigos de actos brutales casi siempre sufren traumas psicológico. Las imágenes de atrocidades causan en el observador un impacto nocivo que, a menudo, es duradero e incapacitador.
El atractivo de la violencia como espectáculo no ha desaparecido con los frutos de la evolución y del progreso.
Gracias a la omnipresencia del ojo televisual, el acceso a la violencia gráfica en la vida diaria es constante y su exhibición pública se realiza con escasas cortapisas. La pequeña pantalla, más que ningún otro escenario, alimenta la necesidad natural de estímulo y de excitación, y satisface el instinto humano de voyeur, de mirar, de vivenciar fantasías de poder y de dominio.
El negocio de la televisión es vender la audiencia a los patrocinadores. Por esta razón, los programadores de televisión seleccionan lo que exige el espectador, lo que está de moda, lo que la gente mira, lo que la mayoría quiere ver. Los mensajes, las representaciones y los argumentos que se transmiten por el tubo mágico dependen, sencillamente, del gusto del espectador.
El 25 de por ciento de los criminales entrevistados recientemente en una prisión norteamericana indicaron que en la ejecución de sus crímenes habían utilizado métodos que habían copiado a propósito de programas de televisión.
Bastantes estudios muestran algún tipo de asociación entre observar violencia con regularidad y los comportamientos agresivos en ciertos jóvenes, aunque no es fácil de cuantificar la conexión exacta, ni es posible hablar de relación causa-efecto. Es de sentido común que, en términos generales, los niños aprenden de lo que ven.
Pienso que la televisión no provoca necesariamente comportamientos violentos, sino que los hace menos alarmantes, más aceptables.
Hoy la evidencia indica que, por un lado, programas de televisión que contienen altos niveles de violencia pueden causar agresividad a corto plazo en ciertos individuos impulsivos, ya predispuestos a reaccionar con hostilidad. Por otro lado, también hay estudios que demuestran que observar imágenes cargadas de dureza tiene un efecto de catarsis o de purga psicológica contra la violencia reprimida y, como consecuencia, disminuye la conducta agresiva entre algunas personas que tienen dificultad para vivenciar o enfrentarse abiertamente a sus sentimientos de agresividad.
Mi opinión es que la televisión no es ni tan poderosa como unos creen ni tan apocalíptica como otros advierten. Los medios no implantan mecánicamente actitudes en la cabeza del público ni mucho menos inducen comportamientos específicos. Creo que el daño que causa la televisión no se debe tanto a las imágenes que alimenta como al valioso tiempo que roba a otras actividades vitales, socializadoras y creativas.
Los impulsos y deseos agresivos son humanos y comunes, pero tienen la característica especial de ser tabú, de estar prohibidos, de producirnos vergüenza, culpa y miedo de nosotros mismos.
Las semillas de la violencia se siembran en los primeros años de la vida, se desarrollan durante la infancia y comienzan a dar sus frutos perversos en la adolescencia. Estas simientes malignas se nutren de los aspectos crueles del entorno y crecen estimuladas por las condiciones sociales y los valores culturales del momento, hasta llegar a formar una parte inseparable del carácter, de la personalidad o de «la manera de ser» del adulto.
La cultura se refleja en lo que decimos y hacemos, en las explicaciones que damos a los sucesos que vivimos y a las cosas que nos rodean, en los símbolos que usamos, en los estereotipos que creamos y los prejuicios que albergamos, en los modelos de relaciones, en nuestros intereses y prioridades. En definitiva, la cultura, con su entramado de creencias, normas, modelos y expectativas, nos guía, nos explica y nos regula. Al mismo tiempo, configura y determina el carácter de la comunidad que alberga.
No es un secreto que desde el principio de la civilización los varones han cometido y sigue cometiendo la mayoría de los actos violentos.
Yo pienso que la idea de que los hombres son, por naturaleza, más violentos que las mujeres no es correcta.
Los valores culturales promotores de la violencia se transmiten generación en generación a través del proceso de educación y socialización de los niños y las niñas.
Peter Gay, historiador de la Universidad de Yale: «Nada parece más natural que la facilidad con la que los humanos reclaman su superioridad sobre otro colectivo».
El principio, casi siempre sobreentendido, de «los otros», ofrece una disculpa inmensamente cómoda y aprovechable para la agresión maligna, pues además de solidificar el sentimiento fortificante de orgullo de las propias virtudes, también mitiga el miedo secreto a nuestras propias debilidades o imperfecciones.
Los grupos discriminados juegan a menudo el papel de chivo expiatorio del momento histórico, viéndose obligados a aceptar la culpa de los problemas sociales del momento, ya sea el crimen. La violencia, la droga o el déficit de fondos públicos.
La violencia también florece cuando, debido a circunstancias patológicas de desorganización social, los principios culturales se desintegran y pierden su función reguladora de la sociedad. Los síntomas de desorganización social son mucho más visibles en las ciudades que en las zonas rurales.
El sociólogo alemán Georg Simmel señaló que los problemas más agudos de la vida moderna se derivan del intento de la persona por preservar su autonomía e individualidad frente al impacto y la influencia constantes de las abrumadoras fuerzas sociales y culturales del medio.
Cada cultura construye sus propias justificaciones de las conductas violentas de sus miembros y provee las normas de la licencia que les va a permitir desatar impunemente sus impulsos agresivos. Estas excusas culturales de la violencia no sólo facilitan la subyugación y el sufrimiento de las víctimas, sino que también deshumanizan a los agresores, al racionalizar la prepotencia, la explotación y el fanatismo.
La cultura posee un carácter ambivalente: combina el más alto grado de protección y de control social con los mayores incentivos y disculpas para la agresión.
El carácter es nuestro destino. Lo mostramos en nuestra forma de sentir y de pensar, en nuestros gustos y preferencias, aversiones y antipatías. También lo reflejamos en nuestras defensas psicológicas, actitudes, inclinaciones y conductas. Pero, sobre todo, el carácter lo manifestamos a través de las pasiones.
El amor satisfecho conduce a la autoestima, a la generosidad y a la capacidad de amar. El amor frustrado produce inadaptación, rencor y odio.
Los programas más efectivos son aquellos que van dirigidos a los pequeños entre cuatro y doce años de edad, antes de que los hábitos se hayan consolidado, mientras las criaturas son altamente influenciables y cuando todavía existe la oportunidad de reforzar el desarrollo de la compasión, el desinterés, la tolerancia, el sentido de autocrítica y la empatía.
El ambiente del hogar debe ser el foco principal de cualquier estrategia antiviolencia, en particular los malos tratos, la crueldad mental, la explotación sexual y el abuso del alcohol o de drogas.
La capacidad de reconocer la semejanza entre el sufrimiento de otros y el de uno mismo no se adquiere a no ser que hayamos desarrollado el sentido de unidad con otros seres humanos a través de relaciones entrañables durante la infancia.
Es un hecho que una proporción de la población está formada por sádicos y asesinos, pero no es menos evidente que la mayoría de las personas son pacíficas y bondadosas.
La bondad, la compasión, la generosidad y la empatía brotan en el sr humano con una extraordinaria facilidad y con un mínimo de estímulo.
Ana Frank: «A pesar de todo, creo que la gente es realmente buena en su corazón».
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Max Otte discusses how Germany began to ignore and undermine its own national interests after the Cold War. Max Otte is an entrepreneur, political economist, investment manager, philanthropist and political activist. With 141 votes, he was the runner-up for the election of the President of the Federal Republic of Germany on 13 February 2022.
Hablamos de como están los coeficientes y la iniciativa de movilización fantasma de lis sindicatos. También de la huelga de viajeros en Coruña.Opino sobre una iniciativa de UCAS y comunicado a los socios de la Oficina del Conductor
🤔 ¿Te suena que alguien te provoca justo lo suficiente para que explotes… y luego te pinten como “la loca”, “el agresivo” o “el problema”?
Eso tiene nombre: abuso reactivo.
La jugada es simple y perversa: 1. te atacan / te empujan / te humillan, 2. reaccionas como reaccionaría cualquier persona, 3. y entonces cambian el foco: ya no importa lo que te hicieron, importa “cómo reaccionaste”.
Y cuando hay público… peor. Porque ahí el objetivo es desacreditarte y manipular la percepción de los demás.
📌 Clave: cuando detectes este patrón, piensa antes de responder. No les des la escena que están buscando. Respóndeles de una forma que neutralice la trampa y deje claro lo que está pasando
« ¿Y si renunciamos a la esclavitud voluntaria? Quizás allí, en ese acto de desobediencia ontológica, resida la última posibilidad de recuperar nuestra humanidad en un tiempo que nos prefiere autómatas».
Lisandro Prieto Femenía, marzo de 2025.
El año 2025 se extingue para mí no como un simple segmento cronológico, sino como el testimonio de una fractura ontológica en la estructura de nuestra civilización. A lo largo de este ciclo, mi labor de escudriñar la realidad ha dejado de ser un ejercicio académico para transformarse en una urgencia de vigilia: lo que he sentido en juego es la supervivencia de la facultad de juzgar en un mundo asediado por el estupor. Los sucesos analizados —desde el silenciamiento de periodistas en Gaza hasta la orfandad judicial en Argentina— nos sitúan en un escenario donde la razón ha dejado de ser brújula para convertirse en un susurro frente al estruendo de la intolerancia. Esta orfandad de sentido me ha obligado a interrogar a un tiempo que ha renunciado a la profundidad en favor de una superficie mediática donde el horror se consume con la indiferencia de quien ha perdido su centro de gravedad moral.
La crisis educativa que he denunciado no es una falla técnica, sino un proyecto de desarticulación del sujeto. Al preguntarme “¿Por qué destrozaron la calidad educativa?”, identifiqué una miopía deliberada que busca convertir el aula en un centro de instrucción funcional. Como sostiene Hannah Arendt en Entre el pasado y el futuro (1993), «la educación es el punto en el que decidimos si amamos al mundo lo bastante como para asumir una responsabilidad por él» (p. 201). Sin embargo, lo que observo es un desamor por el mundo: una pedagogía del descarte que ensaña con la sensibilidad de los niños e invisibiliza la discapacidad, tratando la vulnerabilidad como una anomalía del sistema. Esta “miopía educativa” que he criticado en los ministros de turno no es otra cosa que el abandono de la formación del carácter en favor de una tecnocracia vacía.
Como planteé en “¿Y si no todo es una construcción del lenguaje?”, el intento de disolver la realidad biológica en relatos ideológicos ha dejado a las nuevas generaciones en una esclavitud voluntaria. Esta deshumanización técnica encuentra su eco en la perversión de la justicia argentina. Al abordar el caso de Alejandro Otero y las falsas denuncias, expuse cómo la justicia, al abandonar la presunción de inocencia por el relato, incurre en una tecnología de poder que ya no busca la verdad, sino la gestión de la culpabilidad social. En este contexto, la orfandad judicial que sufren los inocentes es el síntoma de una sociedad que ha reemplazado el derecho por la ideología, convirtiendo el dolor humano en una estadística funcional para el aparato estatal.
En el terreno de lo público, el 2025 ha revelado el rostro más sombrío de la política: la legitimación de la violencia como herramienta de control. Mi análisis sobre el “ataque a periodistas en Gaza” no fue una crónica de guerra, sino una denuncia sobre el asesinato de la mirada. Al silenciar a periodistas de Al Jazeera, se busca aniquilar la ética de la guerra, esa que separa la defensa legítima de la masacre indiscriminada. Esta violencia se conecta con el “asesinato de Charlie Kirk”, donde la desaparición del espacio de diálogo precede a la eliminación física. Como advirtió Arendt, la violencia aparece precisamente allí donde el poder —entendido como la capacidad de actuar en concierto— se desvanece, dejando en su lugar solo la fuerza bruta del exterminio.
He denunciado la resurrección del “macartismo y la persecución a la disidencia”, donde el anticomunismo rancio opera como mordaza. En mi análisis sobre “poder y ciudadanía”, señalé el divorcio abismal entre la élite y el pueblo: los gobernantes ya no escuchan la angustia de los gobernados, sino que administran su hambre e inseguridad mediante operativos policiales que muchas veces terminan en matanzas injustificadas. Geopolíticamente, el drama de “Venezuela” y la “sumisión europea” confirman la fatiga de Occidente. Como advierte Michel Houellebecq en su obra, la sumisión es el síntoma de una cultura que se avergüenza de su pasado y claudica ante ideologías teocráticas por pura inercia existencial. Esta “fatiga de ser” europea es el espejo donde debemos mirarnos antes de que nuestro propio desprecio por las raíces nos deje a merced de la barbarie.
Este panorama se agrava con el declive intelectual de la razón eclesiástica. He denunciado una tibieza institucional que abdica de la Verdad en favor de una corrección política funcional al sistema, dejando a los fieles en un desierto de sentido. Aquí cobra vigencia mi pregunta: “¿Y si leemos bien a Nietzsche?”. El nihilismo pasivo es lo que permite que el “bodrio” cultural sustituya al arte y que la masa elogie a los imbéciles. Friedrich Nietzsche advertía que el nihilismo es la desvalorización de los valores supremos; cuando el templo se corrompe y el logos se retira de la jerarquía, el hombre queda a la intemperie, vulnerable a cualquier forma de fanatismo que prometa un orden ficticio.
Ante esta vacuidad, he reivindicado la “filosofía y la literatura” como las únicas revoluciones de paz capaces de sostener la libertad frente al autoritarismo. La palabra literaria, cuando es honesta, actúa como un disolvente de las mentiras ideológicas, permitiéndonos recuperar la capacidad de asombro y la autonomía de pensamiento. La verdadera libertad no se encuentra en las urnas que administran la miseria, sino en la profundidad de un texto que nos obliga a confrontar nuestra propia finitud. Esta resistencia desde la palabra es lo que he intentado sembrar en cada artículo, entendiendo que la cultura es el último campo de batalla donde todavía es posible defender la dignidad de lo humano frente al avance de lo autómata.
Frente al abismo de la razón posmoderna, propuse una “interrupción de la carne”. En mis reflexiones sobre la Natividad y el Pesebre, planteo que la Navidad es un acto de resistencia ontológica. La Encarnación es el recordatorio de que no somos construcciones del lenguaje ni peones geopolíticos; somos carne que sufre y ama. El Pesebre es la antítesis de la “intolerancia salvaje”: allí, la fragilidad de un recién nacido desafía la omnipotencia de los imperios modernos. La Navidad, leída desde esta profundidad, nos exige un cuidado del otro que va más allá de la filantropía liberal; es un compromiso absoluto con la vida en su estado más puro y desprotegido.
En este sentido, rescaté la “rebeldía en Nepal”: una juventud inspirada en Albert Camus, quien en El hombre rebelde (1951) afirmaba que la rebeldía es el movimiento que afirma la solidaridad humana. « ¿Qué es un hombre rebelde? Un hombre que dice no. Pero si se niega, no renuncia: es también un hombre que dice sí, desde su primer movimiento». Esta juventud nepalí, al igual que los que resisten la impunidad en Argentina o el genocidio en Gaza, representa la afirmación de que existe un límite que el poder no puede traspasar sin destruir su propia legitimidad. La rebeldía es la respuesta vital ante el absurdo de un sistema que pretende legislar sobre nuestra propia esencia carnal.
Finalmente, mi propuesta de una “brújula sin cielo” se nutre de este misterio: es la conciencia de nuestra finitud, el “ser-para-la-muerte” de Heidegger, lo que otorga peso a nuestra exigencia de justicia. La recuperación de la “Madre” como matriz biológica y espiritual es la defensa de la realidad frente a la quimera técnica que pretende rediseñarnos. Si el 2025 ha sido el año del naufragio de la palabra pública, debe ser también el año en que aprendamos a hablar de nuevo desde el silencio del Pesebre, desde la verdad de la carne que no miente y desde la rebeldía que se niega a aceptar la nada como destino.
Al cerrar este anuario, las preguntas son un imperativo existencial: ¿Es mi denuncia de la impunidad judicial y del asesinato de periodistas en Gaza un grito que puede horadar la sordera de un sistema que se ha vuelto verdugo? Si la justicia ha abandonado la presunción de inocencia y la política ha abrazado el exterminio bajo operativos militares en barriadas, ¿qué espacio nos queda para la libertad más allá de la rebeldía camusiana?
¿Es posible que la “esclavitud voluntaria” denunciada en marzo se haya vuelto el tejido mismo de nuestra cotidianeidad bajo el peso de la desinformación sistémica? ¿Podemos hablar de una brújula moral mientras el desamparo del alma es administrado por gobernantes que nos prefieren armados los unos contra los otros o sumidos en el macartismo? No obstante, persiste una luz. Mi esperanza para el 2026 no reside en salvadores externos, sino en la capacidad de reconstruir la comunidad desde la verdad de la carne y el coraje de nombrar al mal por su nombre.
¿Tendremos el valor de habitar la desolación con la dignidad de quien sabe que la defensa de lo humano es la única tarea que justifica el aliento? Quizás el mayor impacto emotivo de mi labor sea descubrir que, a pesar de la claudicación de las instituciones y la violencia de los poderes globales, aún somos capaces de indignarnos ante la impunidad y de arrodillarnos ante el misterio del Pesebre. Esa es nuestra última frontera: la negativa a ser nada en un mundo que nos invita, cada día, a desaparecer.
Referencias bibliográficas
· Arendt, H. (1993). Entre el pasado y el futuro: Ocho ejercicios sobre la reflexión política. Península.
· Camus, A. (1951). El hombre rebelde. Losada.
· Hegel, G. W. F. (2010). Fenomenología del espíritu. Abada Editores.
· Nietzsche, F. (2011). Así habló Zarathustra. Alianza.
· Prieto Femenía, L. (2025). Macartismo y anticomunismo: la persecución a la disidencia. El Litoral.
· Prieto Femenía, L. (2025). Ética de la guerra: el ataque a periodistas en Gaza. El Litoral.
· Prieto Femenía, L. (2025). Nepal y la generación de rebeldía: una lectura desde Camus. El Litoral.
· Prieto Femenía, L. (2025). Impunidad judicial en Argentina: el caso Alejandro Otero y las falsas denuncias. El Litoral.
· Prieto Femenía, L. (2025). ¿Por qué destrozaron la calidad educativa? La Voz de Rosario.
· Prieto Femenía, L. (2025). Analizando el declive intelectual de la razón eclesiástica. La Voz de Rosario.
· Prieto Femenía, L. (2025). El Pesebre ante la sombra de la intolerancia salvaje. Diario Siglo XXI.
· Prieto Femenía, L. (2025). La brújula sin cielo: moral, finitud y sentido desde el agnosticismo. La Voz de Rosario.
I have been studying the silver market for more than 15 years, day after day. The text below blends established facts with hypotheses that today appear increasingly credible.
After the Nixon–Mao meeting in 1972, China reopened its economy and began its modernization. Among the major transformations, it built ultramodern ore ports and refineries equipped with the most advanced technologies. Thanks to a unique combination of extremely low labor costs and cutting-edge facilities, China very quickly offered unbeatable prices for processing ore from world mines into metal. By the late 1990s, Chinese refineries were producing nearly 80% of the world’s silver. Even today, they are believed to account for between 65% and 70% of that production.
In 1950, the U.S. Treasury still held nearly 2,000 million ounces (Moz) of silver. Over the decades, much of this stock was released onto the markets in an attempt to contain the price of a metal that had served for centuries as the glo...
by José Ygnacio Pastor Caño, Catedrático de Universidad en Ciencia e Ingeniería de los Materiales, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)
Los bomberos trabajan en la cabecera del tren Iryo siniestrado en Adamuz. Guardia Civil.
La primera vez que entendí de verdad la palabra fatiga no fue en un laboratorio, sino en el salón de casa: una silla aparentemente nueva decidió, sin aviso previo, convertirse en cuatro patas y en un argumento filosófico sobre la gravedad. Nadie la había maltratado. Nadie la había sobrecargado. Simplemente, tras miles de ciclos de carga, una microscópica grieta creció hasta alcanzar su tamaño crítico y se propagó, fracturando el material. Y ahí estaba yo: indignado, tentado de buscar culpables… y, al mismo tiempo, obligado a admitir lo obvio: los fallos complejos rara vez se explican con un dedo acusador.
Con el siniestro de tren en Adamuz ocurre algo parecido, solo que la silla pesa cientos de toneladas, se movía a 200 km/h y transportaba vidas. En este caso, lo mínimo exigible es no convertir la tragedia en una tertulia especulativa de barra de bar.
En busca de un culpable
Lo demás –la causa raíz– es, por definición, una investigación en curso. Aun así, el ser humano necesita cerrar historias rápido: “fue el maquinista”, “fue la vía”, “fue el tren”, “fue algo con nombre propio”.
La información disponible apunta, precisamente, a que no estamos ante el relato fácil del culpable único: fuentes oficiales señalan que se exploran fallos de infraestructura o mecanismos como indicios de una posible anomalía (¿grieta?) en el carril o en elementos del tren. En cualquier caso, no hay que pensar en un sabotaje, ya que, en ese caso, hubiera descarrilado todo el tren.
Esquema simplificado de cómo se investiga un accidente ferroviario.
José Ygnacio Pastor, Universidad Politécnica de Madrid, CC BY-NC
Investigar lleva tiempo
Las investigaciones serias tienen un defecto insoportable: tardan lo que tardan y no entienden de prisas. La normativa europea exige publicar el informe final antes de doce meses; si no se llega a ese plazo, debe emitirse un avance intermedio. Es decir, incluso con presión pública, el sistema está diseñado para que la prisa no sea la autora intelectual del informe.
Accidente ferroviario en Angrois cerca de Santiago de Compostela, el 24 de julio de 2023.
Wikimedia Commons., CC BY
Para hacernos una idea, el accidente de Santiago de Compostela (24 de julio de 2013) obtuvo el informe final en mayo de 2014. En Hatfield (Reino Unido, 2000), la combinación de análisis técnico, responsabilidades y reformas operativas duró años, porque un fallo material puede ser solo el primer dominó de una cadena organizativa.
La seguridad se aprende a partir de los errores del pasado: análisis de las enseñanzas de tres accidentes europeos recientes.
José Ygnacio Pastor, Universidad Politécnica de Madrid, CC BY-NC
Tres lecciones del pasado (sin necesidad de adivinar el futuro)
–A veces, el material es el tren, no la vía.
El accidente de Eschede (Alemania, 1998) es el recordatorio más cruel de que una fisura por fatiga en un componente puede desencadenar una catástrofe, aunque el resto del sistema “parezca” correcto. El detalle relevante es la idea de iniciación y propagación de grietas bajo cargas no críticas repetidas y la importancia de su detección antes del umbral crítico.
–A veces el material es la vía, y el problema es invisible… hasta que deja de serlo.
La fatiga por contacto rodante es una especialidad de la física con mala educación: trabaja en silencio, en la interfaz rueda–carril, con tensiones que pueden alcanzar magnitudes enormes en la zona superficial, y va sembrando grietas. Es lo que pasó en Hatfield, en 2000.
–A veces la causa dominante no es materiales, sino operación y barreras.
El siniestro de 2013 en Santiago de Compostela muestra otra familia: velocidad, factores humanos, transición entre sistemas de protección… y, sobre todo, el debate sobre cuántas capas debe tener un sistema para que un solo error no sea fatal. No es el mismo patrón que el de un descarrilamiento en recta tras una renovación reciente, pero sí enseña el mismo método: no buscar una bala de plata, sino una cadena de eventos.
Árbol de familias causales del accidente y diferentes tipos de pruebas de peritaje científico que pueden usarse para discriminar entre ellas.
José Ygnacio Pastor, Universiad Politécncia de Madrid, CC BY-NC-ND
¿Y Adamuz? Hipótesis razonables
Si el foco mediático insiste en que la vía era moderna y renovada y el tren era reciente, lo técnico debe responder con humildad: precisamente, por eso, el abanico plausible incluye fallos súbitos o defectos que escaparon a las inspecciones rutinarias. Algunas hipótesis, o todas ellas, podrían responder a nuestra curiosidad:
Posible problema de unión-soldadura-fatiga de carril: las pruebas habría que buscarlas desde la fractografía (análisis de las superficies de fractura): marcas de avance por fatiga frente a rotura bruca. También, en el historial de ensayos no destructivos en el punto y soldaduras cercanas, en la geometría de vía y asentamientos (registros de auscultación) y en evidencias de campo (fragmentos, deformaciones, “marca de inicio” del descarrilamiento…).
Si fuera material rodante (rueda-eje-rodamiento/bogie), lo que suele delatarlo son señales previas en los registradores (vibraciones, alarmas, temperatura de los rodamientos), daño característico en la rueda o el eje y en su superficie de fractura y correlación con el mantenimiento real.
Si no se tratara de un problema de materiales, seguirían siendo hipótesis plausibles —hasta ahora no descartables— la colisión con un obstáculo en la vía, una anomalía local de geometría, el fallo de sujeciones o de un aparato de vía cercano, así como efectos del viento o tensiones térmicas locales, menos habituales en enero, pero relevantes porque la vía responde a la variación cíclica de la temperatura del carril.
En la interacción constante entre las ruedas del ferrocarril, pueden formarse grietas debido al desgaste continuo, al incremento cíclico de las temperaturas y a las cargas repetitivas que provocan la fatiga de los materiales implicados.
José Ygnacio Pastor, Universidad Politécnica de Madrid, CC BY-NC
La seguridad del futuro: más velocidad, más sensores, más humildad
China ha presentado prototipos como el CR450, que operarán hasta 450 km/h. La promesa de seguridad no está en la magia del récord, sino en el ecosistema: instrumentación, mantenimiento predictivo, inspección automatizada, gemelos digitales y una cultura donde un aviso pequeño no se archiva como molestia.
Al final, vuelvo a mi silla rota. Si me hubiera fiado de la intuición, habría culpado a la carpintería, al destino o a esa pata coja. Pero cuando uno analiza, aparece la cadena: un diseño con sus compromisos, una unión que concentra tensiones, un microdefecto, miles de cargas repetidas… y, por fin, un último ciclo que no fue el más fuerte, sino el primero que alcanzó al umbral de rotura.
Comprender antes de juzgar
El análisis forense obliga a leer las huellas del fallo como si fueran un texto, desde la fractografía submicrométrica hasta el macrocosmos del sistema, donde cada decisión humana y técnica deja también su firma.
Con Adamuz, la única postura seria es comprender antes de juzgar. Porque si algo nos enseñan las grandes catástrofes ferroviarias del pasado es que el progreso en seguridad no nace del análisis más rápido, sino de las evidencias más pacientes. Y esas evidencias, como las grietas, no se aprecian fácilmente… pero inevitablemente existen.
Comprobación de raíles con un equipo de ultrasonidos manual (Túnel de Base del Gotardo, Suiza).
Wikimedia Commons., CC BY
José Ygnacio Pastor Caño recibe fondos del proyecto PID2022-137274NB-C33, financiado por el Plan Estatal 2021–2023 de la
Agencia Española de Investigación del Gobierno de España.
At the end of 2025 I was happy to take a long break to enjoy the incredible summers that the southern hemisphere provides. I’m back and writing my first post in 2026 which also happens to be my last post for the AWS News Blog (more on this later).
The AWS community is starting the year strong with various AWS re:invent re:Caps being hosted around the globe, with some communities already hosting their AWS Community Day events, the AWS Community Day Tel Aviv 2026 was hosted last week.
Last week’s launches Here are last week’s launches that caught my attention:
Kiro CLI latest features – Kiro CLI now has granular controls for web fetch URLs, keyboard shortcuts for your custom agents, enhanced diff views, and much more. With these enhancements, you can now use allowlists or blocklists to restrict which URLs the agent can access, ensure a frictionless experience when working with multiple specialized agents in a single session, to name a few.
Amazon EC2 X8i instances – Previously launched in preview at AWS re:Invent 2025, last week we announced the general availability of new memory-optimized Amazon Elastic Compute Cloud (Amazon EC2) X8i instances. These instances are powered by custom Intel Xeon 6 processors with a sustained all-core turbo frequency of 3.9 GHz, available only on AWS. These SAP certified instances deliver the highest performance and fastest memory bandwidth among comparable Intel processors in the cloud.
For a full list of AWS announcements, be sure to keep an eye on the What’s New with AWS? page.
Additional updates These projects, blog posts, and news articles also caught my attention:
5 core features in Amazon Quick Suite – AWS VP Agentic AI Swami Sivasubramanian talks about how he uses Amazon Quick Suite for just about everything. In October 2025 we announced Amazon Quick Suite, a new agentic teammate that quickly answers your questions at work and turns insights into actions for you. Amazon Quick Suite has become one of my favorite productivity tools, helping me with my research on various topics in addition to providing me with multiple perspectives on a topic.
Deploy AI agents on Amazon Bedrock AgentCore using GitHub Actions – Last year we announced Amazon Bedrock AgentCore, a flexible service that helps you seamlessly create and manage AI agents across different frameworks and models, whether hosted on Amazon Bedrock or other environments. Learn how to use a GitHub Actions workflow to automate the deployment of AI agents on AgentCore Runtime. This approach delivers a scalable solution with enterprise-level security controls, providing complete continuous integration and delivery (CI/CD) automation.
Upcoming AWS events Join us January 28 or 29 (depending on your time zone) for Best of AWS re:Invent, a free virtual event where we bring you the most impactful announcements and top sessions from AWS re:Invent. Jeff Barr, AWS VP and Chief Evangelist, will share his highlights during the opening session.
There is still time until January 21 to compete for $250,000 in prizes and AWS credits in the Global 10,000 AIdeas Competition (yes, the second letter is an I as in Idea, not an L as in like). No code required yet: simply submit your idea, and if you’re selected as a semifinalist, you’ll build your app using Kiro within AWS Free Tier limits. Beyond the cash prizes and potential featured placement at AWS re:Invent 2026, you’ll gain hands-on experience with next-generation AI tools and connect with innovators globally.
If you’re interested in these opportunities, join the AWS Builder Center to learn with builders in the AWS community.
With that, I close one of my most meaningful chapters here at AWS. It’s been an absolute pleasure to write for you and I thank you for taking the time to read the work that my team and I pour our absolute hearts into. I’ve grown from the close collaborations with the launch teams and the feedback from all of you. The Sub-Sahara Africa (SSA) community has grown significantly, and I want to dedicate more time focused on this community, I’m still at AWS and I look forward to meeting at an event near you!
El presidente de EEUU, en la víspera de viajar a Davos, asegura que los líderes europeos no podrán rechazar sus ambiciones sobre Groenlandia: "Tenemos que hacerlo, no pueden protegerla".
La UE busca disuadir a Trump con aranceles de miles de millones para que abandone su obsesión por Groenlandia
Trump reconoce que ha invitado al presidente ruso, Vladímir Putin, a formar parte de su plan para Gaza
“No pueden rechazarlo”, ha dicho Donald Trump. “No pueden protegerla”, insiste el presidente de EEUU sobre Groenlandia. El pulso por el territorio dependiente de Dinamarca, miembro de la OTAN como EEUU, se recrudece a escasas horas de que el presidente de EEUU coja un avión para viajar a Europa, al foro de Davos, donde se encontrará con otros líderes europeos que se oponen a sus ambiciones imperialistas sobre Groenlandia.
Pero Donald Trump le quita importancia a esa oposición:“No creo que lo vayan a rechazar. Tenemos que hacerlo. Tienen que hacerlo. No pueden protegerlo”.
El presidente de EEUU, además, ha publicado en Truth Social que ha acordado con el secretario general de la OTAN reunirse en Davos con los países europeos más movilizados contra sus ansias imperialistas sobre Groenlandia: “He tenido una conversación telefónica muy positiva con Mark Rutte, secretario general de la OTAN, sobre Groenlandia. Acordé celebrar una reunión con las distintas partes en Davos, Suiza. Como expresé a todos con toda claridad, Groenlandia es fundamental para la seguridad nacional y mundial. No hay vuelta atrás, ¡en eso todos estamos de acuerdo! Los Estados Unidos de América son, con diferencia, el país más poderoso del mundo. Gran parte de ello se debe a la reconstrucción de nuestras fuerzas armadas durante mi primer mandato, que continúa a un ritmo aún más acelerado. Somos la única potencia que puede garantizar la paz en todo el mundo, y esto se consigue, sencillamente, a través de la fuerza”.
Truth Social de Trump sobre Rutte y Groenlandia.
Trump ha ido un paso más allá en su red social, ya que ha publicado también un post en el que ha hecho público un mensaje de Rutte. “Querido Donald, lo que has conseguido hoy en Siria es increíble. Usaré mis contactos con medios en Davos para ensalzar tu trabajo allí, e Gaza y en Ucrania. Me comprometo a encontrar una manera para avanzar en Groenlandia. No puedo esperar para verte”, asegura el mensaje compartido por Trump.
El presidente de EEUU también ha hablado sobre la relación entre el premio Nobel que no le ha sido concedido y las ambiciones sobre Groenlandia. “No me importa el Premio Nobel”, ha dicho este lunes por la noche, después de que trascendiera una carta al primer ministro noruego en la que se mostraba dolido por no tener el premio hasta el punto de ser un elemento decisivo para cambiar su política exterior.
En su misiva al primer ministro Jonas Gahr Støre, el presidente de EEUU le dice: “Teniendo en cuenta que su país decidió no concederme el Premio Nobel de la Paz por haber detenido 8 guerras, ya no siento la obligación de pensar únicamente en la paz, aunque siempre será predominante, sino que ahora puedo pensar en lo que es bueno y adecuado para los Estados Unidos de América”.
Este lunes por la noche, de vuelta a Washington desde Florida, ha explicado: “Una mujer muy buena [María Corina Machado] pensó que me lo merecía y realmente quería que lo obtuviera. Si alguien cree que Noruega no controla el Premio Nobel, se equivoca: tienen una junta, pero está controlada por Noruega”.
Imagen difundida por Trump con los líderes europeos y un mapa con Canadá, Groenlandia y Venezuela bajo la bandera estadounidense.
Respuesta europea
La UE tiene en la recámara aranceles por 93.000 millones de euros sobre productos estadounidenses, hasta ahora suspendidos, tras el acuerdo comercial entre ambos bloques que se firmó en julio de 2025. Además, cuenta con el instrumento anticoerción como último recurso, una herramienta que permite castigos comerciales muy duros contra un país, aunque se ha puesto sobre la mesa para que sirva “no tanto como una represalia, sino como una disuasión”.
Un portavoz de la Comisión Europea ha comentado este lunes que “el principal objetivo es evitar una escalada, encontrar una solución que funcione y evitar la imposición de aranceles, que no sirven para nada y que, en última instancia, solo afectarán a los consumidores, en particular, a los estadounidenses”.
Si los aranceles no consiguen que Trump adopte una respuesta razonable, la UE tendría que utilizar el instrumento anticoerción. Esta herramienta permite aprobar nuevas tarifas sobre las importaciones de productos, imponer cargos por los servicios que prestan empresas extranjeras en territorio europeo, restringir las inversiones en Europa o prohibir a las empresas extranjeras que se puedan presentar a licitaciones de contratos públicos.
Ahora bien, este instrumento, diseñado realmente para disuadir, no para ser utilizado, tiene dos obstáculos fundamentales para su puesta en marcha: necesita tiempo para que las medidas sean aprobadas y es asumido como la última palanca en una guerra comercial y no todos los países europeos están a favor de ponerlo en marcha.
At the core of a serverless container runtime like Cloud Run stands, of course, the container itself. But how do we create a container for Cloud Run, and what are the differences between these approaches? We will dive deeper into these questions in this blog post. Cloud Run supports various managed and self-managed ways to build container images and has just recently added a new approach that lets you create container images even without the build step. But let’s take one step at a time.
Different Deployment Paths (generated with Nano Banana Pro)
Demo Setup
If you want to follow the instructions in this blog, you can fetch a copy of the basic Python “hello world” example from Google Cloud.
git clone --no-checkout --depth=1 --filter=tree:0 \ https://github.com/GoogleCloudPlatform/python-docs-samples.git cd python-docs-samples git sparse-checkout set --no-cone /run/helloworld git checkout cd run/helloworld
The following examples will assume the PROJECT_ID and REGION are configured to point to your project and a supported Cloud Run region:
export PROJECT_ID=<MY_PROJECT_ID> export REGION=europe-west1 # or any other Cloud Run Region
Let’s begin our journey with the method most of us learned when we started using Docker over a decade ago. Here the build and deploy steps are explicitly and intentionally split into separate stages. First, you build and push an OCI container image to an artifact registry using your preferred tooling. In a basic scenario you could run the following command on your workstation:
Of course, the industry has developed a lot of smart tooling around container image builds. Today, a number of mature CI/CD tools like Cloud Build were developed around this need and help you create a scalable, reproducible, and especially secure build pipeline.
Regardless of the build tool, once the image is pushed to either Artifact Registry or Docker hub you can turn to Cloud Run and deploy your workload by referencing it with the --image flag.
Even though the extra build step looks cumbersome at first glance this approach is still very popular, especially in an enterprise environment, because it decouples the container build from the Cloud Run service and allows for a consistent developer platform experience. This also means that the build pipeline can be reused across Serverless, Kubernetes, and any other place you want to use containers and you have the option to perform your own validations, scans, and attestations during the container build.
If you want to keep that high level of control or if you work in an environment that prescribes a certain build tooling suite, then sticking to separate build and deploy steps makes perfect sense. But if you’re just curious about how to get your application to production as quickly as possible and don’t care about the specific mechanics of the build, then the next few options could be interesting for you.
When the Cloud Run deployment has completed, we can use a simple smoke test to see if the container was successfully built and works as expected by greeting us with the name that we provided in the NAME environment variable:
The first modification is a straightforward evolution of the manual build and deploy steps from before. It lets us build the container image directly from the application source code with a single command. Under the hood, running the gcloud run deploy command below creates a Cloud Build that uses the managed build environment and pushes the image to Artifact Registry before deploying it as a Cloud Run service.
So, what did we gain and what did we lose? On the positive side we skipped the local container build. Our developer environment didn’t need any build environments and also didn’t cause any potentially network heavy operations like pulling base pulling and pushing images artifact registries. Because we switched to Cloud Build we also get a reproducible build environment and a mature pipeline with things like out of the box SLSA attestations. On the other hand, as a developer I still have to maintain a Dockerfile that describes the container build.
Skip the Dockerfile using Buildpacks
But what if the build system could just figure out how to build a container image for a given stack? For some popular stacks Cloud Native Buildpacks allow for just that. To try a buildpack-based build we first need to remove or hide our Dockerfile.
mv Dockerfile donotuse.Dockerfile
Now we run essentially the same source-based build command as before:
But this time the pipeline uses the buildpack build together with its pre and post steps as you can see in the Cloud Build output.
Cloud Build summary for a Buildpack build
Because our repository follows a standard Python structure, the buildpack process was able to identify the correct builder that can transform the application code into an OCI container image. Just like before, that image is then deployed to Cloud Run and we can validate it again with our smoke test:
Not having to write and maintain a Dockerfile is a convenient solution, but it also adds new limitations. The application you build needs to use a supported builder and give up the control of the non-standard components of your container image like installing additional OS packages or optimizing the image by applying sophisticated multi-step builds. On the other hand, a benefit of standardizing the application image on a base image is that it allows for automatic updates of the included OS and runtime without any user intervention and without application downtimes. To enable automatic base image updates in Cloud Run we need to augment our command with the --automatic-updates and the --base-image flag that points to a supported base-image version.
The Cloud build now includes an extra step to fetch the base image and then continues with the same steps as before.
Cloud Build summary a Buildpack build with base image updates
[NEW] Deploy without a container build
The fourth and last option we want to explore is one that doesn’t even include a traditional build step. Instead of building a container the Cloud Run deploy command takes the source code and dependencies, adds them to a cloud storage bucket and then deploys the application directly onto a base image. This obviously speeds up the deployment time and can be handy for example in situations where you want to use Cloud Run to quickly try out a new version of a piece of code in a sandboxed runtime environment. To run the command below, make sure you have a relatively recent gcloud CLI version (i.e. >= 548.0.0) that includes the --no-build Cloud Run flag.
For our Python application we’ll need to pull the dependencies of our application and place them into a local folder.
With the dependencies in the local folder we can run our build again but this time around specify -no-build to skip the build step and set the PYTHONPATH variable to tell the runtime to include our folder with the dependencies that we uploaded.
In the Cloud Run Service view the Source tab now shows the application source code together with the vendors folder that we’ve included.
Dependencies bundled into the Cloud Run Source
Comparison
As we have seen, Cloud Run offers a spectrum of deployment options ranging from high-control, manual processes to high-speed, automated workflows. Choosing the right one often comes down to the classic trade-off between Simplicity and Flexibility.
Simplicity / Flexibility Tradeoff
Classic Image Build: This approach offers the maximum flexibility. You have total control over the build context, the tooling, and the security scanning pipeline. However, it scores lowest on simplicity and requires you to maintain the entire toolchain and a multi-step deployment process.
Source-based (Dockerfile): This strikes a balanced middle ground. You retain the flexibility of defining your exact dependencies and configuration via the Dockerfile, but you offload the heavy lifting of the build execution to the cloud.
Source-based (Buildpacks): This optimizes for operational simplicity for standard applications. You lose the ability to easily tweak low-level OS configurations, but you gain a zero-maintenance build system that can also also be used to automatically patch your runtime without your intervention.
No Build: This doesn’t build any images that you can manage or scan, but it offers the highest simplicity and is purpose built for rapid iteration. By skipping the container build entirely, you eliminate the “wait time” associated with compiling layers. However, flexibility is limited to what the pre-defined base image supports, and you must manage dependencies manually.
Image Sizes in Artifact Registry
Another important factor to consider is the resulting artifact size. This impacts both your storage costs in Artifact Registry and the “cold start” pull time (though Cloud Run’s image streaming optimizations mitigate this significantly). As the No-Build option does not built a container image obviously the size also doesn’t apply.
Container image sizes in Artifact Registry in MB
Conclusions and Next Steps
To build, or not to build? The answer, as always in engineering, is “it depends.”
As we saw in the different examples, the different modes in Cloud Run’s deployment options open up different paths for different stakeholders. They allow for absolute control down to every layer of the container image or, on the other hand, they can meet developers where they are, letting them focus just on their code.
Stick to the self-managed Build if you are an enterprise with specific compliance requirements, existing CI/CD pipelines, or complex application dependencies that require fine-grained control over the OS layer.
Use Source-based (Dockerfile) if you want the customization of Docker but don’t want to manage a build infrastructure.
Embrace Buildpacks if you want to adopt a “Serverless Ops” mindset and if your application fits standard Buildpack patterns. The ability to receive automatic security patches for your runtime without rebuilding your app is a massive operational win on top.
Try “No Build” for internal tools, prototypes, and development environments. The feedback loop is incredibly fast, making it perfect for verifying changes quickly before moving them to a more formal build pipeline.
Next Steps
Now that you understand the basic building blocks, try these approaches in your own Google Cloud project:
Check your current pipelines: Are you maintaining a Dockerfile that you don’t actually need? Try deleting it and running a Buildpack deploy to see if it works out of the box.
Experiment with speed: Try the no-build flag on a small application to feel the difference in deployment time.
Secure your supply chain: If you stick with a self-manged build, explore Software Supply Chain Security in Cloud Build to see how you can generate SBOMs and attestations automatically.
Matt Damon and Ben Affleck are Academy Award-winning actors, writers, producers, and creative partners who have collaborated on over a dozen films. Their latest film, “The Rip,” premieres January 16 on Netflix.
En un muro desnudo y aparentemente agotado, excavado hace doscientos treinta años en el corazón del distrito de los teatros, donde cada año transitan millones de visitantes sin sospechar el secreto que albergaba la piedra, la tecnología fotográfica computacional ha extraído, literalmente, del olvido casi ochenta inscripciones pompeyanas completamente desconocidas.
Ahora, la Real Federación Marroquí de Fútbol (FRMF) quiere ganar el torneo en los despachos, según anunció este lunes. Para ello, activará los procedimientos legales correspondientes ante la FIFA y la CAF para denunciar la retirada del equipo senegalés durante el partido. La FRMF añadió en el comunicado publicado en su página web que esa retirada fue "acompañada de incidentes" tras la señalización de un penalti a favor de los marroquíes, y que "alteró el normal desarrollo del encuentro y el rendimiento de los jugadores".
Los aranceles impuestos por el presidente Donald Trump a los bienes importados son pagados casi en su totalidad por los importadores estadounidenses, sus clientes internos y, en última instancia, por los consumidores de EE.UU. "Los exportadores extranjeros no redujeron de manera significativa sus precios en respuesta a los aumentos de aranceles". “El arancel no funciona como un impuesto a los productores extranjeros, sino como un impuesto al consumo de los estadounidenses”.
etiquetas: estados unidos, aranceles, estadounidenses
Después de expresar su descontento en multitud de ocasiones a través de redes sociales, Arantxa Tirado, politóloga y experta en relaciones internacionales, deja Espejo Público tras ser censurada y no respetada. Recientemente, la ya excolaboradora tenía un enfrentamiento con Elisa Beni y advertía de sus faltas de respeto, así como de que ciertas voces solo son invitadas para ser ridiculizadas. Tirado compartía su decisión este lunes a través de su perfil de X: "Paso a compartiros que he decidido poner punto final a mis colaboraciones con Espej