Dormir es uno de los hábitos más importantes de nuestro día a día para poder tener una vida saludable, y diversos estudios avalan que las personas debemos estar al menos 6 horas al día durmiendo, ya que sin ello no podremos gozar de buena salud. Sin embargo, en muchos casos nuestro ensueño se ve interrumpido en mitad de la noche, puesto que nos despertamos sin motivo aparente, especialmente en el intervalo entre las 2 y las 4 de la madrugada. La ciencia y la medicina coinciden en una explicación y solución, y tiene que ver con los ciclos del sueño.
El proceso activo de dormir se divide en varias fases, que se pueden dividir en adormecimiento, sueño ligero, transición o profunda y la conocida como fase REM, en la que se producen los sueños puesto que la actividad cerebral es muy alta pero nuestros músculos se encuentran bloqueados. Todas estas fases se dividen en ciclos de unos noventa minutos, que se repiten varias veces durante la noche.
Sin embargo, las fases de los sueños no duran lo mismo, sino que varían a lo largo de la coche. Por ejemplo, al principio de la noche el cuerpo pasa con periodos más cortos de sueño REM y largos de profundo, y a medida que avanza la noche, se hacen más largos los periodos de sueño REM a medida que se acortan los de sueño profundo. Asimismo, es posible despertarse entre un ciclo y otro, coincidiendo con los de etapa más ligera.
Es así por lo que durante la segunda mitad de la noche, sobre todo entre las 2 y las 4 de la madrugada, el sueño se vuelve más superficial, y por ende, somos más propensos a despertarnos sin motivo aparente. En este momento de la noche, el cerebro está más cerca de la vigila, y cualquier estímulo interno o externo puede provocar un despertar.
Esto se refiere, por ejemplo, a sentimientos o emociones que guardamos, estrés, ansiedad o picos de cortisol, además de la necesidad de orinar o dolor físico, entre otros casos, mientras que la luz ambiente, el ruido o la temperatura de la habitación también pueden interrumpir el descanso. Son factores tanto internos como externos que cambian constantemente y así, influencian nuestro sueño.
Por su parte, la medicina coincide en que son varios los procesos internos los que repercuten en la calidad y ciclos del sueños, y esto tiene que ver con procesos hormonales que se activan en esa franja horaria donde el sueño está más superficial y además, juega un papel importante el cortisol, la hormona del estrés.
Esta comienza a elevarse gradualmente durante la madrugada para preparar al cuerpo para el despertar, y en personas con suficiente estrés o ansiedad, este aumento puede ser suficiente para provocar un despertar completo y prematuro, que además, puede durar minutos o incluso horas, lo que provoca que la calidad de nuestro sueño se vea disminuida.
Así son las fases del ciclo del sueño
En la primera etapa del sueño, es decir, los primeros diez o quince minutos en los que nos vamos a la cama y queremos dormir, se produce la fase conocida como adormecimiento, cuando nuestro cuerpo llega a un periodo de vigilia hasta que nos adormecemos. Es la etapa en la que somos más propensos a despertarnos, y como el resto, está presente en todos los ciclos del sueño.
La segunda fase es la del sueño ligero, que concentra aproximadamente la mitad de nuestros ciclos. El cuerpo se va desconectando lentamente de aquello que hay en nuestro entorno, y se suceden etapas de gran actividad cerebral con otras de menor intensidad. En esta fase tiene lugar periodos en los que sentimos que nuestro cuerpo está totalmente desconectado, similar a cuando pensamos que nos estamos cayendo de un precipicio y nos despertamos de forma súbita.
En la tercera etapa, de apenas dos o tres minutos, entramos en un estado de relajación profunda para entrar en la cuarta etapa, de sueño profundo y que determina la calidad de nuestro descanso. Por último, la fase REM, en la que soñamos y captamos información del exterior.