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Ver post completo: Tras su etapa de rebeldía juvenil, los hijos de la burguesía van asentando la cabeza y ocupando el lugar que les corresponde dentro del sistema productivo
Pastores influyentes y figuras de la derecha defienden abiertamente que las mujeres no deberían votar. Un artículo reciente del New York Times analiza un movimiento pequeño pero en auge de cristianos ultraconservadores que sueñan con derogar la 19.ª Enmienda y obligar a las mujeres a llevar velo (mientras, irónicamente, critican con vehemencia los peligros de la «ley sharia»). Uno de los hombres que lidera este movimiento es TheoBro Dale Partridge, que dirige la Iglesia Reformada King’s Way en Prescott, Arizona
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Cuatro opciones y solo una correcta. ¿Eres capaz de identificarla y escribirla correctamente? Pon a prueba tus conocimientos sobre ortografía y gramática con estas diez oraciones.
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Puede parecer una broma, pero en 1975, el gobierno de España liderado por Arias Navarro sopesó la posibilidad de entrar en guerra con Portugal. La noticia salió a la luz en el 2008 de la mano del diario "El País" y se basaba en unos documentos desclasificados de los Archivos Nacionales de Washington que narran las relaciones entre ambos países en los años 70.
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Más que describir en detalle las implicaciones que tiene la crisis epistemológica; me remitiré a resumir el concepto para tratar la instrumentalización cínica del mismo. Dicho de otro modo; pretendo que, tras terminar de leer este artículo, entiendas los motivos y los incentivos que existen detrás de uno de los mayores peligros informativos que han existido jamás en la historia.
La crisis epistemológica es un concepto que pretende describir una dinámica muy particular con respecto al conocimiento (como su propio nombre indica); una que tiene que ver con la imposibilidad sistemática de saber, de tener certezas sobre los hechos. La crisis epistemológica por tanto no es más que la cristalización conceptual de la absoluta incertidumbre con respecto a la información. Incertidumbre que a todos nos afecta; pues el avance de las herramientas de inteligencia artificial y la rentabilidad del sensacionalismo (así como intereses particulares derivados de ello) nos proyectan en un absoluto e incierto caos en que todo parece verdad pero sabes que un gran porcentaje de lo que ves es falso, con el problema añadido de no saber identificar exactamente el qué.
Ahora bien, la crisis epistemológica no es un mero accidente tecnológico, un subproducto indeseado del progreso o un avance orgánico de la civilización; pues tal es, ante todo, un espacio de oportunidad para ciertos actores. Describir la confusión general es necesario pero agotarse en ella es limitarse a la superficialidad, alejándonos de lo esencial; aquello que hace terriblemente problemática y preocupante a la situación que nos atañe.
Lo crucial por tanto es entender quién o quiénes se benefician de ella y con qué propósito la han financiado. Y sí; me refiero a la financiación deliberada de herramientas tecnológicas de inteligencia artificial con el único propósito de aumentar la eficacia del estado al ejercer el poder, sea a través de la vigilancia y coerción explícita (como es el caso de Palantir), o a través del control institucional del relato a través de la propaganda y el control de la verdad (a esta segunda parte es a lo que me referiré). Que existe un incentivo perverso para que el poder político instrumentalice todo medio a su alcance para mantener y legitimar su hegemonía es algo tan obvio que creo que no merece explicación; por lo que la pregunta que debemos hacernos no es solo el “¿cómo podemos distinguir lo real de lo falso?”, sino más bien algo como: “¿a quién le interesa que ya no podamos distinguirlos?”.
La respuesta, como veremos, es tan antigua como la guerra misma: al que quiere hacer de sus crímenes una acción loable por la seguridad nacional. La novedad reside en las herramientas, en la magnitud, en la forma; no en lo sustantivo. Lo que antes requería el control total de la comunicación o la eliminación física de los testigos, hoy puede lograrse mediante la saturación y la confusión. Si no puedes evitar que se grabe la atrocidad (como, de hecho, se ha prohibido en Tel Aviv, literalmente), se inunda el espacio público con un millón de atrocidades o parafernalias cuya pretensión es la de causar asombro al ser verosímiles. Si no puedes negar el hecho, siembra la duda sobre la autoría, sobre las imágenes, sobre todo. El objetivo final ya no es solo la mentira, sino la deslegitimación del concepto mismo de verdad.
El conflicto en Gaza (por llamarlo de algún modo, pues desconozco qué tan explícito puedo ser aquí con el lenguaje) y las tensiones entre Israel e Irán se han convertido en el laboratorio perfecto para observar esta estrategia en tiempo real. Desde octubre de 2023, hemos asistido a un despliegue sin precedentes de desinformación generada por inteligencia artificial, un bombardeo de imágenes y vídeos sintéticos que corren paralelo (y a menudo como competencia directa) con el bombardeo real. El propósito no es únicamente movilizar a las propias bases, crear cohesión de grupo o deshumanizar al enemigo, sino algo más sutil y más siniestro: secuestrar la atención global y neutralizar la capacidad de respuesta ética del mundo. La anulación estructural del juicio crítico a través de la sobresaturación de lo verosímil.
Tomemos un ejemplo que ilustra a la perfección el uso de herramientas generativas para la justificación a priori de la violencia. Una investigación periodística (de la que se han hecho eco muchísimos medios; lo encontraréis si buscáis por palabras clave) reveló que el gobierno de Netanyahu presentó, en conferencias de prensa e informes militares, recreaciones digitales en 3D de túneles de Hamas. Estas animaciones, algunas adquiridas en internet (una de ellas procedente de un museo escocés que mostraba un taller de reparación de barcos), se hicieron pasar por pruebas elaboradas por los servicios de inteligencia israelíes. ¿Pero por qué? - Bueno, el objetivo era claro: justificar bombardeos sobre infraestructura civil en Gaza, argumentando que bajo hospitales y escuelas se ocultaban centros de comando.
Cuando el portavoz del ejército israelí presentó estas imágenes, realizó una declaración cínicamente reveladora: “Esto es solo una ilustración, repito, no vamos a compartir las imágenes reales que tenemos en nuestras manos”. Esta frase es, a mi juicio, la quintaesencia del cinismo ilustrado. Se admite la ficción, pero se exige que se acepte como sustituto de la prueba, se nos pide que creamos no en lo que vemos, sino en lo que se nos dice que deberíamos ver; o mejor dicho, que veamos en la representación evidencia suficiente. La imagen real, la evidencia, queda relegada a un espacio inaccesible, privado, clasificado; mientras que la fabricación digital ocupa el espacio público y mediático, preparando el terreno para la legitimación; sea mediática o legal, de la acción militar.
Pero si el primer uso es el de la justificación (cosa que, repito, ya se veía en 2023), el segundo, bastante más peligroso (que ya es decir), es el de la distracción y la deshumanización invertida. Durante el conflicto con Irán, la red se inundó de vídeos ultrarrealistas generados por inteligencia artificial que mostraban escenarios casi apocalípticos: el aeropuerto Ben Gurion de Tel Aviv presuntamente destruido por misiles iraníes, impactos directos en la ciudad, aviones cayendo, etc. y estos contenidos, a menudo con las marcas de agua de generadores como el Veo 3 de Google, eran difundidos masivamente. Decenas de millones de visitas e interacciones de civiles de todo el mundo preocupados por un conflicto del que no disponían información alguna, contribuyendo sin saberlo y a causa de su legítima preocupación a un fenómeno que nos disuelve.
El efecto inmediato, como ya se ha dicho; es el caos informativo. Pero el efecto estratégico es más profundo: cuando todo es falso, la tragedia real deja de conmover, el umbral de la empatía se eleva dada nuestra des-sensibilización y escepticismo; y el espectador se cansa, se desconecta, y deja de intentar discernir.
Esta fatiga cognitiva es el caldo de cultivo perfecto para el negacionismo de nuevas generaciones. El artículo “Gaza e os neonegacionistas da barbárie” (un artículo de Público en portugués que tengo el recuerdo de leer durante mi breve estancia en Francia el pasado Agosto; traducido por supuesto) documenta el cómo, ante la evidencia diaria de la hambruna en Gaza (con niños muriendo de inanición transmitidos en directo); surge una contra-narrativa que utiliza la sospecha de manipulación por IA para negar la realidad. Por supuesto su equivalente siempre ha existido como acusaciones de montaje; pero siempre hubo un umbral de lo que era posible montar. Ahora no, el límite es el cielo. El embajador de Israel en Portugal llegó a afirmar cínicamente que “no hay hambre en Gaza, incluso hay gente gorda allí” (como recoge el artículo), y que los niños con cuerpos esqueléticos padecían “enfermedades genéticas previas a la guerra”. La acusación de que las imágenes podrían ser deepfakes (un temor que por otro lado está racionalmente fundado por la saturación de contenido sintético), se convierte en el escudo perfecto para desestimar las imágenes reales de la catástrofe. La crisis epistemológica, hábilmente instrumentalizada, permite que la barbarie sea “teórica”, discutible y opinable; y mientras debatimos sobre la autenticidad de una fotografía, los niños siguen muriendo.
Otro caso paradigmático es el de la desinformación emocional; aquella que emana de de quienes pretenden sacar rédito de algún tipo aprovechándose de desgracias en el mundo (en este caso del sufrimiento de gazatíes) generando imágenes o vídeos falsos que luego quitan credibilidad a la tragedia. Recuerdo un vídeo que mostraba a cuatro niños palestinos aterrorizados, chapoteando en aguas de inundación provocadas por las tormentas invernales; y tan grotesca era la situación presentada que se volvió viral en muchos idiomas distintos (quiero decir, que fue un fenómeno global). Sin embargo, a poco que uno investigase y tuviera el ojo atento; se daría cuente de que abundaban inconsistencias visuales propias de alucinaciones del contenido generado por IA: una bandera palestina ondeaba sin estar sujeta a nada, los niños no se mojaban con la lluvia, sus cuerpos permanecían rígidos mientras hablaban etc. Herramientas varias determinaron que era falso pues. El punto es que el peligro aquí es doble: por un lado, se explota el sufrimiento real de la población gazatí (que sí sufre inundaciones y frío extremo) para crear propaganda, y por otro, cada vez que un vídeo tan potentemente emocional resulta ser falso, se erosiona la credibilidad de todos los testimonios reales que emergen de la más absoluta desesperación. La duda se convierte en un arma, que aumenta su calibre conforme aumenta la gravedad de la situación.
El elefante en la habitación, quizá mucho más difícil y menos gratificante de tratar; es la de la responsabilidad individual. Por muy mal que esté el mundo y tengamos la mejor voluntad de ayudar; compartir noticias o imágenes que no sabemos a ciencia cierta si son o no reales (como las anteriormente mencionadas de los 4 niños en Gaza) puede actuar en detrimento de lo que pretendemos; volvérsenos en contra. Aquellos que perpetran la masacre están deseando que se viralicen y que gente ingenua o inocente comparta y viralice noticias o imágenes falsas para poder instrumentalizar esa viralidad en contra de la causa que defendemos. Por tanto el problema empieza en nosotros; cosa que pese a ser desagradable, puede también verse como un punto de partida esperanzador, pues realmente hay cosas que podemos hacer mejor, y el cambio empieza en nosotros.
Esto me lleva a la siguiente figura: la del investigador que dedica su tiempo a desarrollar detectores de deepfakes y a analizar campañas de desinformación para hacerlas visibles. Tal cosa puede verse representada en la periodista que, en lugar de limitarse a amplificar el ruido, investiga el origen de los vídeos falsos y publica sus hallazgos, en el del fact-checker que, incansablemente, desmonta una a una las mentiras, sabiendo que su trabajo incomodará a todos los bandos y que es un grano de arena en un desierto, pero que sin esos granos no hay playa. En la posición de quien, en lugar de utilizar el conocimiento para manipular, lo utiliza para dotar de herramientas de autodefensa intelectual al ciudadano común. Y nosotros no solo debemos apoyar a esas figuras, sino además acercarnos a ser como ellas; o por lo menos aspirar a serlo.
Para identificar de quienes podemos y de quienes no podemos fiarnos debemos fijarnos en cuestiones como el tono del medio, su historial, su reputación, la pluralidad de noticias tratadas (para evitar sesgos) y la carga moral con la que se habla (no hace falta que sean neutrales, pero sí que no alimenten una moral ideológica dogmática). Ubicar fuentes rigurosas es el primer paso para acercarnos a ser ese tipo de figura que todos debemos aspirar a ser: una preocupada pero responsable.
En conclusión, la crisis epistemológica no es un fenómeno meteorológico que nos azota sin remedio. Es, en gran medida, un fenómeno inducido. Es el humo que ciertos actores generan para cubrir sus movimientos, y la proliferación de deepfakes, la viralización de bulos generados por IA y la sobrecarga de estímulos falsos tienen un propósito estratégico: inmunizar a la opinión pública contra el horror real. Mientras discutimos acaloradamente si un vídeo es auténtico o falso, si Netanyahu ha muerto o no, si un misil cayó o fue un renderizado 3D, lo que ocurre entre bambalinas (los bombardeos sobre Cisjordania, las muertes por hambre en Gaza, la expansión de asentamientos, la tensión regional) continúa su curso imparable. La atención es el recurso más escaso y más valioso de nuestra era; y la estrategia del cínico es sencilla: si no puedes evitar que miren lo que haces, haz que miren mil cosas distintas a la vez, y si empiezan a no saber qué es cierto y que no; mejor, y todo para que al final, agotados, dejen de mirar y de creer en lo poco que miran. Frente a esto, la responsabilidad del que sabe no es solo denunciar la mentira, sino explicar sus mecanismos, desnudar sus incentivos y recordarnos, una y otra vez, que aunque sea difícil distinguir la verdad, la obligación de intentarlo es lo único que nos separa de la barbarie justificada.
Hay algo profundamente tentador en una respuesta bien escrita, inmediata y aparentemente razonable. Algo que invita a asentir, copiar, pegar… y seguir adelante. Durante años hemos delegado tareas en máquinas sin mayor problema, pero lo que empieza a emerger con la inteligencia artificial generativa no es una simple delegación: es otra cosa mucho más inquietante. Es lo que algunos investigadores ya llaman cognitive surrender, rendición cognitiva. Y el término no es exagerado.
La idea es sencilla, pero incómoda: no estamos usando la IA para pensar mejor, sino cada vez más para no tener que pensar. Y no porque no sepamos hacerlo, sino porque resulta más rápido, más cómodo y, sobre todo, más convincente aceptar lo que la máquina nos devuelve que someterlo al escrutinio que exigiría cualquier respuesta humana.
Un estudio reciente con más de mil participantes, publicado como working paper en SSRN y titulado «Thinking—fast, slow, and artificial: how AI is reshaping human reasoning and the rise of cognitive surrender«, lo deja claro: cuando una inteligencia artificial proporciona respuestas incorrectas, los usuarios siguen aceptándolas en más de un 70% de los casos. No es solo un problema de error, es un problema de sumisión. Lo verdaderamente preocupante es que muchos participantes no solo fallaban, sino que lo hacían con más confianza. Se equivocaban… pero convencidos de que no lo hacían.
Esto no va de ignorancia, sino de comportamiento: de cómo reaccionamos ante una fuente que parece fiable, articulada y segura de sí misma. La inteligencia artificial no duda, no titubea, no muestra inseguridad. Y en un entorno saturado de incertidumbre, eso la convierte en una especie de oráculo moderno. Uno que no siempre acierta, pero que siempre suena como si lo hiciera.
La psicología lleva décadas estudiando algo parecido bajo otros nombres: automatización, sesgo de autoridad, dependencia cognitiva. Pero hay una diferencia clave. Antes, las máquinas eran torpes, rígidas, claramente artificiales. Ahora, el interfaz conversacional disfraza sus limitaciones bajo una capa de lenguaje natural impecable. Y eso cambia radicalmente nuestra relación con ellas.
Porque no evaluamos una respuesta solo por su contenido, sino por su forma. Y una frase bien construida, fluida, coherente, tiene muchas más probabilidades de ser aceptada que una torpe, incluso aunque ambas sean igual de correctas… o de incorrectas. Lo anticipé hace ya tiempo aquí: el resultado es una externalización progresiva del razonamiento. No sólo buscamos información fuera de nuestra cabeza, algo perfectamente lógico, sino que empezamos a delegar el proceso mismo de pensar: estructurar un argumento, ponderar alternativas, detectar inconsistencias. Es decir, justo aquello que define el pensamiento crítico.
No todos caen igual. Quienes tienen mayor capacidad de razonamiento abstracto, lo que en psicología se denomina fluid reasoning, parecen resistir mejor esa tentación. Detectan mejor cuándo algo no encaja y mantienen (o tratan de mantener, según su nivel de conocimineto de la materia) una cierta distancia crítica. Pero el diseño actual de estos sistemas no ayuda precisamente a fomentar ese comportamiento. Al contrario: todo está optimizado para reducir fricción, no para generar duda.
Y ahí aparece otro problema, más sutil pero igual de grave: la inteligencia artificial no solo puede equivocarse, sino que puede reforzar nuestros propios errores. Hay evidencias claras de que algunos modelos tienden a comportarse de forma complaciente, a dar la razón al usuario incluso cuando no debería, un modelo muy preocupante de convergencia con el usuario que algunos, infantilmente, creen que pueden contrarrestar simplemente copiando y pegando un prompt con variaciones de «no me des la razón». No, los LLM no corrigen, no confrontan, no incomodan. Y eso tiene consecuencias. Porque una herramienta que confirma tus sesgos es mucho más peligrosa que una que los cuestiona.
En el ámbito educativo, los síntomas empiezan a ser visibles. Menos esfuerzo cognitivo, sí. Pero también argumentos más superficiales, menos elaborados, menos originales. Investigaciones recientes apuntan precisamente en esa dirección: el uso de modelos generativos reduce la carga cognitiva, pero también la calidad del razonamiento.
Pensar es lento, incómodo y, en muchas ocasiones, frustrante. Requiere tiempo, atención y una cierta tolerancia al error. La inteligencia artificial elimina gran parte de ese coste. Pero al hacerlo, también elimina una parte esencial del aprendizaje. Porque no es lo mismo llegar a una conclusión que recibirla.
El problema no es que la inteligencia artificial sea mala. El problema es que es demasiado buena en algo muy concreto: en parecer convincente. Y eso, en un contexto en el que tendemos a premiar la velocidad sobre la profundidad, crea el caldo de cultivo perfecto para la rendición cognitiva. Tendemos a sobreestimar la capacidad de razonamiento de estos sistemas, especialmente cuando nos movemos fuera de los contextos que nos son más familiares, y en los que nuestra capacidad de contrastar es más débil. Simplemente, aceptamos lo que nos dicen como verdad absoluta, sin rechistar.
No se trata de dejar de usar estas herramientas. Sería absurdo. Se trata de entender qué hacen con nosotros cuando las usamos mal. Porque la frontera no está en la tecnología, sino en la actitud. Podemos utilizarlas para pensar mejor… o para dejar de pensar. Y esa elección, aunque no lo parezca, no es técnica. Es profundamente cultural.
La gran paradoja de este momento es que, cuanto más accesible se vuelve la inteligencia, más valor adquiere algo mucho más escaso: el criterio. Y el criterio no se delega. O al menos, no se delega sin pagar un precio.
This article is openly available in English on Medium, «Thinking hurts, so why not surrender to AI?»
Un aviador estadounidense que había desaparecido después de que Irán derribara un caza F-15 ha sido rescatado tras un “intenso tiroteo”, según informó un funcionario del gobierno de Estados Unidos a Al Jazeera. El aviador ha sido recuperado, pero la operación de rescate sigue en curso, añadió el funcionario. Esto se produce después de que se informara de ataques durante la noche en Dehdasht, cerca de donde fue derribada la aeronave.
etiquetas: iran, rescatado, tiroteo, piloto
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El 14 de agosto de 1415 en Ceuta, una tropa portuguesa al mando del rey Juan I desembarcó en la ciudad del Norte de África y la conquistó en menos de un día. Esta aventura ultramarina marcaría el pistoletazo de salida de una agresiva política que determinaría la geografía mundial de los siglos venideros: la de potencias europeas tomando posesión de forma permanente de un territorio fuera del viejo continente con voluntad clara de okuparlo, quedárselo y explotarlo. El colonialismo.
La Agencia Tributaria pagó en 2023 unos 326.000 por este programa que, en opinión de fiscalistas, “no está comprobando una base imponible; podría estar auditando el círculo social, familiar y profesional del ciudadano”
Nuestro sistema económico está generando tres “síndromes capitalistas”. En todo el mundo, la gente está sufriendo. Los índices de ansiedad, depresión, soledad y agotamiento van en aumento. Si bien estos fenómenos pueden parecer inconexos, un estudio reciente sostiene que tienen el mismo origen: el capitalismo. ¿Cómo podría el capitalismo estar dando lugar a los numerosos problemas psicológicos de nuestra época? Karim Bettache, de la Universidad China de Hong Kong, argumenta que el capitalismo, como estructura sistémica, va más allá de ...
etiquetas: síndromes, capitalismo, salud mental, ansiedad, depresión, soledad
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El último incidente relacionado con los bloqueos a petición de LaLiga ha afectado a una aplicación que se usa para la localización de personas. Un usuario ha denunciado el problema debido a que no podía encontrar a su padre con demencia. El caso pone de manifiesto la rocambolesca situación alrededor de los bloqueos del fútbol.
etiquetas: laliga, bloqueos, app rastreo de personas
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A pesar de las negaciones de los países árabes de la región del Golfo Pérsico, hay cada vez más pruebas de que su territorio está siendo utilizado en ataques contra el régimen iraní durante la guerra entre Estados Unidos e Israel.
etiquetas: irán, kuwait, golfo, israel, eeuu, sionismo
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El presidente Donald Trump tenía muchas buenas razones para despedir a la fiscala general Pam Bondi; eligió la única mala. Cuando el presidente anunció el jueves la salida de Bondi de su gabinete, ofreció los falsos elogios de rigor y el frío consuelo que acompañan a tales defenestraciones. Pero el verdadero motivo del descontento de Trump con la fiscal general era, al parecer, la incapacidad de esta para satisfacer la necesidad de venganza de Trump contra sus enemigos.
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En un nuevo estudio científicos de Fiyi y Australia analizaron lo que creen que es un "basurero de conchas" de 1.200 años de antigüedad, un elegante término arqueológico para referirse a un montón de basura con restos de mariscos. "La primera explicación posible […] es la de un islote de desechos, formado in situ cuando un grupo de primitivos pobladores (posteriores a la cultura Lapita) vivieron en el lugar o cerca de él alrededor del año 760 d. C. y procesaron enormes cantidades de mariscos comestibles durante un período de varios siglos".
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Le pregunté a mis amigos alemanes que me explicasen todos eso (las condiciones el contrato de trabajo), y me preguntaban que dónde veía el problema... Claro que podía investigar estas cosas, pero por qué iba a pensar en que estas cosas existen? ... Hay cosas en las que los estadounidenses ni siquiera pensamos. [entre sollozos] // // Qué??? Treinta y qué??? En EEUU como mucho tienes 2 semanas de vacaciones! Y te las tienes que ganar!
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Las autoridades de Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Kuwait han denunciado que los ataques iraníes de las últimas horas han alcanzado respectivamente una instalación petroquímica, un almacén de la compañía nacional de petróleo bahreiní y plantas desalinizadoras kuwaitíes, sin que por ahora haya constancia de víctimas. En Emiratos, restos de varios proyectiles iraníes derribados, según las autoridades, han provocado varios incendios en la planta petroquímica de Borouge. Nuevos ataques han provocado la suspensión provisional de las tareas de extinción.
Alrededor de las 05:00 UTC del 2 de abril el comandante Reid Wiseman tomó una serie de fotos de la Tierra mientras se alejaban. La que ya se ha denominado «cánica azul» de Artemisa II comparte similitudes con la mítica imagen que tomó Harrison Schmitt en 1972: es una fotografía del disco entero de nuestro planeta tomada por un astronauta a través de la ventana de una nave que se aleja de la Tierra. Sin embargo, la imagen de Wiseman presenta dos diferencias importantes. Primero, la hemos podido ver mientras la misión está en desarrollo.
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Asimismo, en otra publicación --escrita esta vez en inglés--, el exresponsable del OIEA cuestionó la falta de respuesta internacional ante la escalada de violencia en Oriente Próximo y ha interpelado directamente a la ONU, al Consejo Europeo y a Francia, China y Rusia. "¿¡No se puede hacer nada para detener esta locura!?", ha cuestionado.
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Según Teherán, el Ejército habría desplegado una operación que habría alcanzado y derribado diversas aeronaves estadounidenses.
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El panorama del gaming en PC está experimentando una transformación poco a poco, donde Linux va ganando terreno.
Todavía nadie sabe por qué aquel 5 de enero de 1939 decidió inscribirse en el Registro Civil con el nombre de Juan Carlos Beese Rodríguez. Esa es la gran incógnita que aún sobrevuela a la hora de hablar de la que siempre se dio a conocer, firmó y se refirió a ella misma con el nombre de Margarita Juana. La periodista Andrea Momoitio, convertida durante tres años en buscadora de la respuesta que nunca llegó y biógrafa accidental de una historia que estaba por contar, publica Farsante. Una historia queer en la Falange (Libros del KO, 2026).
A caballo entre su Santa Cruz de Tenerife natal y Madrid, capital de su educación y desmanes, Margarita deja tras de sí una juventud repleta de mentiras que transitó entre la Residencia de Señoritas, su adhesión y predicamento a favor de la Falange, la cárcel y una muerte que llegó en Alemania bajo las bombas aliadas.
La investigadora Yanira Hermida Martín fue la primera que indagó en la vida de Margarita. Momoitio tomó su testigo y todavía ahora fantasea con que aparezca una tercera persona que pueda reconstruir un hilo desvencijado por el paso del tiempo, el silencio y el estigma. “Todo lo que nos queda por saber tiene que ver con su intimidad, y de eso no queda rastro. A mí ya se me acabó la imaginación”, acepta la periodista.
La más que entendible resignación que se apodera de Momoitio ante la falta de respuestas no impide vislumbrar toda una obra repleta de información. Sí sabemos que Margarita nació el 24 de junio de 1896, en el número 27 de la calle Duggi, en la finca de don Bruno, su padre, alemán. “Si no fuera porque no puede ser, creeríamos que no tuvo infancia”, escribe en su libro sobre Margarita la también autora de Lunática (Libros del KO, 2022). A los 19 años, en octubre de 1915, la tinerfeña ya firmaba en la prensa.
Sus ansias de formación la llevaron a recalar en Madrid por primera vez a finales de abril de 1920. Al año siguiente, ya formaba parte de la Residencia de Señoritas bajo la tutela de la pedagoga y humanista María de Maeztu. “Procedía de una familia de nuevos burgueses. No venía de una familia rica de cuna. Lo que querían era tenerla controlada”, explica Momoitio. Fue en esos años donde comenzó a mentir, farsear su vida, para conseguir saborear la capital un tiempo más allá del que quería su familia. Allí coincidió con compañeras como Victoria Kent, la misma que diseñaría la cárcel en la que llegaría a estar presa casi tres meses en 1940.
Pero para eso todavía quedaban numerosas vicisitudes que experimentar en su biografía incompleta. Por ejemplo, formar parte de un movimiento feminista que entonces también se encontraba dividido. “Ella defendió la corriente que apostaba por promover el acceso de las mujeres a algunos derechos, pero enmarcados en la educación. El objetivo era estar más formadas para ser mejores esposas y madres, no para desarrollar sus propias vidas, intereses y carreras profesionales”, explica Momoitio. Vinculada a la fe católica, se opuso al sufragio femenino.
Margarita ingresó en el cuerpo de Correos en 1922 y la guerra civil estalló cuando se encontraba destinada en Málaga. Mientras tanto, se había convertido en la directora de la revista Héroes, cargo que ocupó apenas unos meses. Materializó su adhesión a la Falange en mayo de 1934, seis meses después de que José Antonio Primo de Rivera la fundara en el Teatro de la Comedia de Madrid.
Momoitio no tuvo nada fácil cerciorarse de que esto era cierto. Solo lo hizo cuando en el archivo de Correos encontró una carta de la mismísima Pilar Primo de Rivera en la que pedía al jefe de Margarita que le otorgara un mes de permiso sin empleo y sueldo. “Dijo que era una camarada y que quería que trabajara para ella en Salamanca”, añade la periodista. Sucedió en diciembre de 1937.
Su militancia en la Falange la llevó a ser la delegada femenina del Sindicato Vertical en Málaga. Su objetivo era promover la sindicación de otras mujeres. Para conseguirlo, Margarita y otras como ella daban mítines en los que dejaban claro el papel secundario que deberían tener las mujeres, en el sindicato y en la sociedad en general.
Para entonces ya había superado el expediente de depuración iniciado por los sublevados contra ella. Se percataron de que, durante un tiempo, engrosó las filas del anarcosindicalismo con el carné de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). Se defendió. Temerosa de que Málaga cayera bajo el “dominio rojo”, lo hizo para no tener represalias, testimonió en su momento.
La documentación analizada por Momoitio indica que Margarita hizo todo lo posible por escapar de su trabajo en Correos. Con una baja médica, recaló de nuevo en Santa Cruz de Tenerife a finales de 1938. La víspera de Reyes del año siguiente, decidió ir al Registro Civil para remendar el error cometido por sus progenitores al nacer: no haberla inscrito. Sin embargo, decidió hacerlo bajo el nombre de Juan Carlos Beese Rodríguez. La detención llegó el 10 de mayo. Durante seis días, el tiempo que su padre necesitó para conseguir la fianza, durmió en la prisión santacruceña de mujeres.
Ella aseguró en un primer momento que el cambio de nombre respondía a su afán de ir al frente de guerra en Alemania. Es decir, dar hasta su vida por los nazis. El fiscal lo advirtió desde el principio de la causa judicial: “Porque ser hombre o mujer da lugar a distintos derechos y obligaciones y distinto trato en las relaciones sociales”.
Las exploraciones médicas atestiguaron que no estaba claro que los caracteres sexuales secundarios y terciarios pertenecieran a un individuo de sexo femenino. “La voz, piel y el vello manifiestan una tendencia intermedia y algunos, francamente varoniles”, dejaron por escrito los médicos. Lo mismo sucedía con su aspecto psíquico. Clasificaron a Margarita como pseudohermafrodita o intersexual. Al mismo tiempo, cuestionada la propia Falange sobre si Margarita aparecía en sus listas, el partido joseantoniano renegó de su vástago.
Nada evitó su condena, que llegó en abril de 1940. La Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife determinó una pena de dos años, cuatro meses y un día de prisión por un delito de falsedad en documento público. También tuvo que pagar 2.500 pesetas de multa y parte de las costas del juicio. Pero el viaje no había terminado. En el tiempo que transcurrió hasta que la condena se hizo firme, Margarita marchó a la península sin autorización judicial para ello. “Dijo que nunca quiso eludir a la justicia y que lo hizo para cambiar de abogado”, explica Momoitio. Su padre, don Bruno, lo denunció.
La orden de búsqueda y captura pronto llegó a la capital. El 19 de octubre superó la puerta de la cárcel de Ventas, ideada por su antigua compañera de la Residencia de Señoritas Victoria Kent, para estar en ella 82 días. El 9 de enero de 1941, dos años después del intento fraudulento a ojos de la justicia de su inscripción en el Registro Civil, Margarita ya estaba de vuelta en Tenerife.
La escritora y periodista desconoce si Margarita realmente sentía cierta pulsión a socializar como un varón o su movimiento respondió a otros intereses. Nadie sabe ahora qué versión creerse: si realmente quería ir a luchar con la División Azul del lado de los nazis o se sentía un hombre y las personas se burlaban de ella, como también argumentó durante el procedimiento judicial. “Las mujeres falangistas de alguna manera se sentían por encima de la categoría general de mujeres. Yo creo que pretendía acceder a derechos o posibilidades que no tenía”, comenta Momoitio. A pesar de los recovecos que quedan en blanco en esta historia, la biógrafa se inclina por pensar que estamos ante una mujer cis, lesbiana, falangista y muy ambiciosa.
En abril de 1943 cumplió la pena. Al final, consiguió marchar hacia Alemania. Recaló en un hospital psiquiátrico fundado en 1877 en la ciudad de Ahrweiler y en posesión del doctor Ehrenwall. Trabajó como enfermera. El 29 de enero de 1945, unas 200 bombas arrasaron la zona. Más de dos docenas de ellas fueron a parar a la clínica. Margarita murió, y con ella todo rastro a la respuesta todavía por descubrir: por qué decidió inscribirse en el registro como Juan Carlos.
En abril de ese año, don Bruno publicó la esquela de su hija en la prensa local de Santa Cruz de Tenerife. Su cuerpo reposa en el cementerio de esta ciudad alemana. Una placa con su nombre y el de las demás enfermeras fallecidas durante el bombardeo sirve de homenaje.
Momoitio asegura en su libro que nunca va a cansarse de conocer a esta farsante, a pesar de las contradicciones. “Ella pertenecía a ese grupo de personas que ganó la guerra e invadió el Estado español de represión y miseria”, apunta más adelante. Juan Carlos o Margarita inscriben así su nombre en los anales de las pequeñas historias, aquellas que nos construyen como sociedad, incluso alrededor de un círculo que, por el momento, no se ha cerrado. Preguntada una vez más Momoitio sobre el por qué de la decisión de la tinerfeña, concluye: “Vete tú a saber”.
La entrada La mujer falangista que estudió en la Residencia de Señoritas y quiso llamarse Juan Carlos: nadie sabe por qué lo hizo se publicó primero en lamarea.com.