Padre Fabián Castro
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Articulo : TV PARA PERROS
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La ovulación, la píldora y los estudios de la Ciencia de la Atracción*
La sociedad, la economía y la política según Francisco

Dos discursos medulares del Papa Francisco en Brasil
En el marco de la Jornada Mundial de la Juventud, el Papa tuvo dos intervenciones de gran impacto por su contenido, ambas el sábado 27 de julio. Me refiero, por un lado, al discurso pronunciado ante representantes del mundo de la política, la cultura y la universidad del Brasil, donde enteró al mundo laico de su visión de la sociedad, la economía y la política. Por el otro, la alocución a los obispos brasileros, en la que compartió con el episcopado su visión cultural y pastoral como Papa.
I.- “O se apuesta por el diálogo, o todos perdemos”: fuerte llamamiento a los dirigentes. En uno de los discursos más medulares de la JMJ, el Santo Padre recalcó que veía en Brasil una Patria “abierta a la luz que emana del Evangelio” y le auguró que pueda seguir “desarrollándose en el pleno respeto de los principios éticos basados en la dignidad trascendente de la persona”. En este sentido, llamó a quienes tienen un papel de responsabilidad a “afrontar el futuro con la mirada tranquila de quien sabe ver la verdad”. El Papa reconoce aquí el estrato cristiano de Brasil, y de alguna manera de todos los países latinoamericanos, y el rol fundamental que este sustrato adopta en la promoción de la dignidad de las personas. Al mismo tiempo, instó a los dirigentes a hacer un esfuerzo para adecuar sus acciones al imperio de la verdad.
En este sentido, valoró Francisco especialmente “la originalidad dinámica que caracteriza a la cultura brasileña, con su extraordinaria capacidad para integrar elementos diversos”. De esta manera, el Papa destacó el hecho de que en Brasil “el común sentir de un pueblo, las bases de su pensamiento y de su creatividad, los principios básicos de su vida, los criterios de juicio sobre las prioridades, las normas de actuación, se fundan, se fusionan y crecen en una visión integral de la persona humana”. Sin embargo, no se puede negar que “esta visión del hombre y de la vida característica del pueblo brasileño ha recibido también la savia del Evangelio, la fe en Jesucristo, el amor de Dios y la fraternidad con el prójimo”.
Un proceso cultural fiel a la identidad brasileña, según el Papa, tendrá como objetivo el de “hacer crecer la humanización integral y la cultura del encuentro y de la relación”. El Santo Padre observó que precisamente en esto “convergen la fe y la razón, la dimensión religiosa con los diferentes aspectos de la cultura humana”. Porque “el cristianismo combina trascendencia y encarnación; por la capacidad de revitalizar siempre el pensamiento y la vida ante la amenaza de frustración y desencanto que pueden invadir el corazón y propagarse por las calles”.
Al referirse a la responsabilidad social, aclaró que ésta no puede vivirse sin “un cierto tipo de paradigma cultural y, en consecuencia, de la política”. Es clave formar “a las nuevas generaciones, ayudarlas a ser capaces en la economía y la política, y firmes en los valores éticos. El futuro exige hoy la tarea de rehabilitar la política (…), que es una de las formas más altas de la caridad. El futuro nos exige también una visión humanista de la economía y una política que logre cada vez más y mejor la participación de las personas, evite el elitismo y erradique la pobreza”. A todos debe asegurarse la “dignidad, fraternidad y solidaridad”, enfatizó el Papa.
Francisco previno especialmente a los máximos dirigentes contra “el peligro de la desilusión, la amargura, la indiferencia, cuando las expectativas no se cumplen”. Cuando eso ocurra, los invitó a recurrir a “la dinámica de la esperanza que nos impulsa a ir siempre más allá, a emplear todas las energías y capacidades en favor de las personas para las que se trabaja, aceptando los resultados y creando condiciones para descubrir nuevos caminos, entregándose incluso sin ver los resultados, pero manteniendo viva la esperanza, con esa constancia y coraje que nacen de la aceptación de la propia vocación de guía y de dirigente”.
La dirigencia debe siempre ir “al centro de los males de la sociedad para superarlos con la audacia de acciones valientes y libres”, poniendo “la propia actividad ante los derechos de los demás y ante el juicio de Dios”. Éste es el sentido profundamente ético de la dirigencia, el cual “aparece hoy como un desafío histórico sin precedentes (…): la vinculación moral con una responsabilidad social y profundamente solidaria”.
Finalmente, abordó el modo de llevar adelante este programa dirigencial, social y político, que no es otro que el diálogo constructivo capaz de no caer en “la indiferencia egoísta y la protesta violenta: el diálogo (…) entre las generaciones, el diálogo en el pueblo (…), la capacidad de dar y recibir, permaneciendo abiertos a la verdad”. Y, remarcó, “el único modo de que una persona, una familia, una sociedad, crezca; la única manera de que la vida de los pueblos avance, es la cultura del encuentro”.
La democracia debe superar el mero estado de “equilibrio de la representación de intereses establecidos”, sino que debe ser consciente de lo imprescindible de la contribución de las energías morales propias de las grandes tradiciones religiosas, que desempeñan así “un papel fecundo de fermento en la vida social y de animación de la democracia”.
Un presupuesto para la convivencia pacífica entre las diferentes religiones es “la laicidad del Estado, que, sin asumir como propia ninguna posición confesional, respeta y valora la presencia de la dimensión religiosa en la sociedad, favoreciendo sus expresiones más concretas”. Así podrá prosperar “un buen entendimiento entre las culturas y las religiones, la estima de unas por las otras sin opiniones previas gratuitas y en clima de respeto de los derechos de cada una”. Ya que “hoy, o se apuesta por el diálogo y la cultura del encuentro, o todos perdemos”.
II.- “El resultado del trabajo pastoral se basa en la creatividad del amor”: el desafío de los obispos. En su discurso a los Obispos de Brasil, el Papa volvió a referirse –lo hizo al menos tres veces en todo el viaje- a los jóvenes y los ancianos como el signo de la esperanza de una nación: “los jóvenes, porque llevan la fuerza, la ilusión, la esperanza del futuro; los ancianos, porque son la memoria, la sabiduría de un pueblo”.
Ya va siendo una figura común en Francisco promover la virtud de la paciencia. No fue ésta la excepción. Ante la ansiedad de la Iglesia por comprender plenamente el sentido de lo que pasa, el Papa previno contra “queremos ver el todo con demasiada prisa, mientras que Dios se hace ver poco a poco”. La realidad es un misterio, y vamos encontrando piezas de ese misterio, pero debemos, como Iglesia, aprender a esperar para ver el todo. Y en ese aprendizaje también hay un lugar para saber “albergar el misterio”. Es decir, para no reducirlo meramente a una explicación racional, sino aprender a “arroparlo”, “agasajarlo” en el corazón, como hicieron los pescadores con la imagen de la Aparecida: “Dios pide que se le resguarde en la parte más cálida de nosotros mismos: el corazón. Después será Dios quien irradie el calor que necesitamos, pero primero entra con la astucia de quien mendiga (…). Dios va desplegando gradualmente la humildad misteriosa de su fuerza”.
Así, Francisco apela a “una iglesia que da espacio al misterio de Dios; una iglesia que alberga en sí misma este misterio, de manera que pueda maravillar a la gente, atraerla”, ya que sólo la belleza de Dios puede atraer, “el camino de Dios es el de la atracción, la fascinación”.
Y “a Dios, uno se lo lleva a casa. Él despierta en el hombre el deseo de tenerlo en su propia vida, en su propio hogar, en el propio corazón. Él despierta en nosotros el deseo de llamar a los vecinos para dar a conocer su belleza”. Sin este “hechizo divino”, este “estupor del encuentro”, no tiene nunca lugar la misión: “sin la sencillez de la actitud de los pescadores, nuestra misión está condenada al fracaso”. Muchas veces, nos insiste el Papa, hemos perdido “a quienes no nos entienden porque hemos olvidado la sencillez, importando de fuera también una racionalidad ajena a nuestra gente. Sin la gramática de la simplicidad, la Iglesia se ve privada de las condiciones que hacen posible ‘pescar’ a Dios en las aguas profundas de su misterio”.
Ante la fragilidad de la Iglesia, sobre todo en la actualidad, la historia de Aparecida nos ayuda una vez más. Ya que, a pesar de que “las redes de la Iglesia son frágiles, quizás remendadas” y de que “la barca de la Iglesia no tiene la potencia de los grandes transatlánticos que surcan los océanos (…), Dios quiere manifestarse precisamente a través de nuestros medios, medios pobres, porque es siempre Él quien actúa”. A través de la pobreza de medios, el Señor nos recuerda que “el resultado del trabajo pastoral no se basa en la riqueza de los recursos, sino en la creatividad del amor. Ciertamente, es necesaria la tenacidad, el esfuerzo, el trabajo, la planificación, la organización, pero hay que saber ante todo que la fuerza de la Iglesia no reside en sí misma, sino que está escondida en las aguas profundas de Dios, en las que ella está llamada a echar las redes”.
Pareciera que, así como Juan Pablo II insistía con el “no tengan miedo”, el Papa Francisco ha hecho suya la exhortación a no desanimarse. Ciertamente tendremos la sensación de fracaso, porque muchos nos han abandonado “o ya no nos consideran creíbles, relevantes”. Recordando el pasaje de los discípulos de Emaús, el Santo Padre nos exhorta, en esas situaciones, a no tener miedo de entrar en la noche de los hombres, y para ello “necesitamos una Iglesia capaz de encontrarse en su camino (…), de entrar en su conversación. Necesitamos una Iglesia que sepa dialogar con aquellos discípulos que, huyendo de Jerusalén, vagan sin una meta, solos, con su propio desencanto, con la decepción de un cristianismo considerado ya estéril, infecundo, impotente para generar sentido”.
Hoy hay muchos que “quieren olvidarse de Jerusalén, donde están sus fuentes, pero terminan por sentirse sedientos. Hace falta una Iglesia capaz de acompañar también hoy el retorno a Jerusalén. Una Iglesia que pueda hacer redescubrir las cosas gloriosas y gozosas que se dicen en Jerusalén (…). Se necesita una Iglesia que también hoy pueda devolver la ciudadanía a tantos de sus hijos que caminan como en un éxodo”.
Entre estos hermanos alejados, hay muchos que han sucumbido a la tentación de la globalización que tantas promesas hacía. “Se les ha prometido algo más alto, algo más fuerte, algo más veloz”. Y ahora viven el desencanto de su lado oscuro: “la confusión del sentido de la vida, la desintegración personal, la pérdida de la experiencia de pertenecer a un cualquier ‘nido’, la violencia sutil pero implacable, la ruptura interior y las fracturas en las familias, la soledad y el abandono, las divisiones y la incapacidad de amar, de perdonar, de comprender, el veneno interior que hace de la vida un infierno, la necesidad de ternura por sentirse tan inadecuados e infelices, los intentos fallidos de encontrar respuestas en la droga, el alcohol, el sexo, convertidos en otras tantas prisiones”. “Nada es más alto que el abajamiento de la cruz, porque allí se alcanza verdaderamente la altura del amor. ¿Somos aún capaces de mostrar esta verdad a quienes piensan que la verdadera altura de la vida esté en otra parte?”
Afirma el Papa que hoy “se nota una necesidad desesperada de calma, diría de lentitud”. Y se pregunta: “la Iglesia, ¿sabe todavía ser lenta: en el tiempo, para escuchar, en la paciencia, para reparar y reconstruir? ¿O acaso también la Iglesia se ve arrastrada por el frenesí de la eficiencia? Recuperemos, queridos hermanos, la calma de saber ajustar el paso a las posibilidades de los peregrinos, al ritmo de su caminar, la capacidad de estar siempre cerca para que puedan abrir un resquicio en el desencanto que hay en su corazón, y así poder entrar en él”.
Otros hermanos alejados se han ido desalentados y “buscando atajos” porque el ideal de la gran Iglesia parece demasiado alto, fuera de las posibilidades de la mayoría, inalcanzable. “Sin embargo (…) no puedo vivir sin tener al menos algo, aunque sea una caricatura, de eso que es demasiado alto para mí, de lo que no me puedo permitir. Con la desilusión en el corazón, han ido en busca de alguien que les ilusione de nuevo”. Y en el fondo no lo han encontrado. Y ni siquiera han aprendido a asumir y reconocer su dolor, sino que siguen buscando anestesiarlo.
Por todo esto, afirma Francisco, “hoy hace falta una Iglesia capaz de acompañar, de ir más allá del mero escuchar; una Iglesia que acompañe en el camino poniéndose en marcha con la gente; una Iglesia que pueda descifrar esa noche que entraña la fuga de Jerusalén de tantos hermanos y hermanas; una Iglesia que se dé cuenta de que las razones por las que hay quien se aleja, contienen ya en sí mismas también los motivos para un posible retorno, pero es necesario saber leer el todo con valentía”. Porque, para transmitir el legado de la Iglesia, recuerda el Papa, “hay que entregarlo personalmente, tocar a quien se le quiere dar, transmitir este patrimonio”.
La prioridad de la formación. No es fácil ser una Iglesia como nos pide el Papa. Nada fácil. Por eso exhorta Francisco a los obispos a “promover y cuidar una formación de calidad, que cree personas capaces de bajar en la noche sin verse dominadas por la oscuridad y perderse; de escuchar la ilusión de tantos, sin dejarse seducir; de acoger las desilusiones, sin desesperarse y caer en la amargura; de tocar la desintegración del otro, sin dejarse diluir y descomponerse en su propia identidad. Se necesita una solidez humana, cultural, afectiva, espiritual y doctrinal”. En esta misión, el Papa recalcó fuertemente que “sin la misericordia, poco se puede hacer hoy para insertarse en un mundo de ‘heridos’, que necesitan comprensión, perdón y amor”.
Para esto el Santo Padre pide a los obispos el valor de realizar “una revisión profunda de las estructuras de formación y preparación del clero y del laicado (…). No es suficiente una vaga prioridad de formación, ni los documentos o las reuniones. Hace falta la sabiduría práctica de establecer estructuras duraderas de preparación en el ámbito local, regional, nacional, y que sean el verdadero corazón para el episcopado, sin escatimar esfuerzos, atenciones y acompañamiento. La situación actual exige una formación de calidad a todos los niveles. Los obispos no pueden delegar este cometido. Ustedes no pueden delegar esta tarea, sino asumirla como algo fundamental para el camino de sus Iglesias”.
La exigencia de libertad religiosa y el papel de la Iglesia en la sociedad. Con especial firmeza recalcó el Papa que “en el ámbito social, sólo hay una cosa que la Iglesia pide con particular claridad: la libertad de anunciar el Evangelio de modo integral, aun cuando esté en contraste con el mundo, cuando vaya contracorriente, defendiendo el tesoro del cual es solamente guardiana, y los valores de los que no dispone, pero que ha recibido y a los cuales debe ser fiel”. Ya que “la Iglesia sostiene el derecho de servir al hombre en su totalidad, diciéndole lo que Dios ha revelado sobre el hombre y su realización. La Iglesia quiere hacer presente ese patrimonio inmaterial sin el cual la sociedad se desmorona, las ciudades se verían arrasadas por sus propios muros, barrancos, barreras. La Iglesia tiene el derecho y el deber de mantener encendida la llama de la libertad y de la unidad del hombre”, ya que para responder a los desafíos sociales, “no bastan soluciones meramente técnicas, sino que hay que tener una visión subyacente del hombre, de su libertad, de su valor, de su apertura a la trascendencia. Y ustedes, queridos hermanos, no tengan miedo de ofrecer esta contribución de la Iglesia, que es por el bien de toda la sociedad”.
III.- Dos discursos medulares. Poco a poco, el Papa Francisco va elaborando su visión pastoral y social. Estos dos discursos, en mi opinión, nos dan algunas pautas para entender y acompañar las inquietudes del Santo Padre. Al mundo secular, el recordatorio de la importancia fundamental (no sólo histórica o cultural) de la religión en el entramado social, político e incluso económico de una nación, y su contribución insoslayable a la generación de instituciones a la medida del hombre. Junto con el reconocimiento de la necesidad de una laicidad que mantenga al Estado al margen de las cuestiones religiosas.
A los obispos, un fuerte llamado a reforzar la misión, a saber leer los síntomas de angustia y desilusión de muchos cristianos, a acompañar con entrega la formación de los fieles para que puedan tender una mano al hermano alejado y atraerlo nuevamente y con calidez al misterio fascinante de la Salvación. Y a cuidar del rebaño, protegiendo las garantías y límites necesarios para que puedan libremente buscar a Dios y proclamarlo a todos los hombres.
9 frases que muestran que el Papa «es progre», no como otros ;-)

Cuatro meses de papado, culminados por la JMJ, arrojan cierta luz de los motivos por los que la proguez está embelesada con el Papa. No falla, tema polémico que toca, titular al canto:
1.- Sobre el Islam:
Es verdad que el mundo islámico no está del todo equivocado cuando reprocha a Occidente de tradición cristiana la decadencia moral y la manipulación de la vida humana.
2.- Sobre las personas con tendencias homosexuales:
Es de deplorar con firmeza que las personas homosexuales hayan sido y sean todavía objeto de expresiones malévolas y de acciones violentas. Tales comportamientos merecen la condena de los pastores de la Iglesia, dondequiera que se verifiquen.
3.- Sobre la opción por los pobres:
Muchos jóvenes «perplejos ante las preguntas que se les presentan apremiantemente, en un mundo que los confunde»; porque «ven la pobreza y la injusticia y que anhelan encontrar soluciones. Que se sienten desafiados por los argumentos de aquellos que niegan la existencia de Dios y se preguntan cómo responder. Que ven los graves daños causados al ambiente natural por la avidez humana y luchan para encontrar modos para vivir en mayor armonía con la naturaleza y con los demás».
Pero, si somos codiciosos, si nos negamos a compartir lo que tenemos con los hambrientos y los pobres, convertimos nuestros bienes en una falsa divinidad. En nuestra sociedad materialista, muchas voces nos dicen que la felicidad se consigue poseyendo el mayor número de bienes posible y objetos de lujo. Sin embargo, esto significa transformar los bienes en una falsa divinidad. En vez de dar la vida, traen la muerte.
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A los políticos les importan los sueños
Unos días atrás el P. Jorge González se preguntaba ¿A quién le importan los sueños de Arias, Boff y Vidal?, todos ellos teólogos de la más rancia progresía, que pasaban sus tardes en el asilo pensando que el Papa Francisco “podría rehabilitar a los quinientos teólogos condenados por la Iglesia durante los años en que en ella mandaban Ratzinger y Wojtyla”.
Y la respuesta es clara, y totalmente cierta: los católicos no están ni de lejos interesados en estas rehabilitaciones, habiendo tantos otros ámbitos de la vida de la Iglesia en urgente necesidad de renovación, como los confesionarios, la vida religiosa y la fe de los jóvenes.
Creo eso sí que el P. Jorge no ha dado toda la respuesta, pues ha dejado afuera a un grupo que sí está muy interesado en la rehabilitación de estos sujetos: los políticos que se dicen católicos.
Verán, el ser humano, por ser hijo de Dios, no puede tolerar la idea de ser malos, pero hay muchos que a pesar de eso ven como deseable el mal, así que buscan por todos lados alguna religión, escuela o doctrina filosófica que justifique sus actos como moralmente aceptables.
Cuando este tipo de personas han crecido en un ambiente católico (como suele ocurrir en nuestros países hispanos), y luego se encuentran en una actividad cada vez más corrupta como la política, las figuras de estos curas, monjas o teólogos progres se vuelven muy valiosas, porque le proporcionan al político católico un paraguas para justifica todo tipo de traiciones a la doctrina católica a la que dice adherir.
No creo que ellos “usen” la etiqueta de católicos para ganar elecciones o engañar a los votantes, pues a estas alturas está visto que al pueblo no le interesa en lo más mínimo la religión de sus gobernantes. El problema es psicológico, porque son ellos mismos los que no tienen el coraje de apostatar, y en cambio prefieren imaginar que algún día la Iglesia se ajustará a sus opiniones.
Y para esta psicología, las figuras de teólogos como Boff y Vidal, que también expresan un disenso dentro de la Iglesia, son un signo de esperanza, de la “otra Iglesia”, que les dirá que todo lo que hicieron en su carrera por conservar el poder, contra la vida y la familia, estuvo bien.
Si la cosa se quedara ahí, no pasaría de ser un problema privado, pero resulta que los políticos tienen cuentan con el poder del Estado, para promover y dar visibilidad a sus curas y teólogos favoritos. Son ellos los que obtienen fondos del gobierno para ayudar a los más pobres, o las figuraciones en los canales de TV, o los cargos de capellanes en instituciones estatales, que a su vez les dan a estos clérigos la posibilidad de acceder a otros políticos, en un círculo vicioso.
Un caso plenamente documentado de este fenómeno lo encontramos en la familia Kennedy, que logró poner al primer católico en la Casa Blanca, pero no sin antes haber participado en reuniones con sacerdotes disidentes, que los convencieron que era posible ser católico y no objetar a las leyes que permitían el aborto.
En todo caso, esto no es nuevo. Es el mismo fenómeno que se ha producido en etapas como la reforma protestante, cuando las diatribas de Lutero le vinieron de perillas a los príncipes alemanes para quitar a la Iglesia las extensas tierras que controlaba, o cuando Enrique VIII fundó la Iglesia Anglicana, porque las doctrinas católicas tradicionales no convenían a los intereses de su reino.
La única diferencia es que ahora, con una separación entre Iglesia y Estado más clara, los políticos ya no pueden (o no necesitan) apoyar públicamente a sus clérigos predilectos, sino que lo hacen privadamente.
Habiendo tantos sacerdotes ortodoxos que trabajan incansablemente por los pobres, la paz y la justicia, son siempre los mismos disidentes quienes atraen la atención de los medios de comunicación. Ahora ya saben por qué.
Articulo : EL MITO DE LA SOBREPOBLACIÓN
¿Está sobrepoblada la Tierra? Seguramente piensas que sí. Eso es lo que nos han enseñado en las clases de ecología, lo que repite Discovery Channel y hasta la ONU (Organización de las Naciones Unidas) tiene una comisión dedicada al control poblacional…
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El presidente de Sudán quiere una población 100 por 100 islámica. Comienza la «Caza al converso»

Los orígenes del mate, el te de los Jesuitas
El universo, el «multiverso», y la existencia de Dios
por Teófilo de Jesús
Hermanos y Hermanas: Paz y bien a todos Uds. en Cristo Jesús nuestro Señor, el Verbo de Dios por quien todo fue hecho.
Mi experiencia religiosa con la ciencia
Sigo los descubrimientos de la ciencia, particularmente los sucedidos en la astrofísica y cosmología desde pequeño. Siempre me han fascinado. Contemplar la grandeza y hermosura del universo constituye desde que tengo memoria una experiencia religiosa para mí.
Una de las últimas hipótesis populares en libros y en documentales en el Canal de la Ciencia se refiere a la existencia del “multiverso” o “multiuniverso.” Esta hipótesis, propuesta por numerosos estudiosos, propone que nuestro universo, es decir, el conjunto de todo lo creado y sustanciado en distintos grados mediante observaciones directas o indirectas, o por rigurosas formulaciones matemáticas, no es mas que un universo en un “mar” eterno en donde flotan una infinidad de universos. Cada uno de estos universos responde a un conjunto de leyes físicas potencialmente distintas al del nuestro – nos dicen. Añaden otros eruditos que es factible que en estos otros universos pueden ser duplicados del nuestro pero con distintas líneas de causas y efecto. Por ejemplo, en un universo mi duplicado puede haber nacido en un hogar de multimillonarios mientras que en otros, pudo haber nacido en pobreza abyecta mientras que en otro pudo haber sido abortado por su mamá.
El «multiverso»
La idea que esto postula es que todo lo que puede suceder razonablemente sucede, aunque no lo veamos porque sucede en otro universo. En fin, que en su más grande definición y relación, el multiverso es fijo y eterno: siempre ha existido y siempre existirá. Se regenera a sí mismo mientras sus universos constituyentes nacen y mueren en un ritmo infinito. La conclusión filosófica es que Dios no existe porque el multiverso así definido no necesita de un Creador. Científicos de la talla de Stephen Hawkings pronuncian estas conclusiones sin pestañear, achacando a la fuerza de gravedad y al movimiento y colisiones de campos energéticos en distintas dimensiones el acto creador necesario para crear un universo en particular.
Teorías de la creación
Allá por los años 70 cuando yo comenzaba a estudiar estas cosas, predominaban tres teorías que explicaban el origen de nuestro universo. Una se llamaba la teoría del “estado continuo”, la cual aseveraba que el universo – en aquellos tiempos, uno solo – existía en un estado de eterna existencia. Decían sus defensores que nueva materia y nueva energía entraban en el universo para mantenerlo en un estado constante.
Había otra teoría que se le denominaba “el estado cíclico” y sus defensores aseveraban que el universo alcanzaría un estado máximo de expansión, frenaría, para colapsar nuevamente en una singularidad, la que podría estallar nuevamente en otro universo y así repetidamente hasta que la entropía – la propiedad de “desgaste” inherente en todas las cosas – hiciese imposible un nuevo colapso o una nueva explosión.
La tercera teoría es la que hoy conocemos como la del “Bing Bang” o “la gran explosión”, cuyos proponentes aseveran que el universo se originó tras la “inflación” de un punto de densidad infinita desde el cual toda la materia y energía de nuestro universo se expandió explosivamente y condensó en la multitud de galaxias, estrellas y planetas que vemos hoy día, junto con cierta materia y energías “oscuras” que aun exploran y tratan de explicar.
La teoría del “Big Bang” predomina hoy día. Nadie niega que el universo se esté expandiendo y que su expansión tuviera un punto inicial y tal vez esa expansión nunca termine. Los cosmólogos han acumulado tanta evidencia de esta explosión primitiva que los postuladores de la teoría del multiverso no niegan la teoría de la gran explosión, sino que la han hecho una consecuencia local dentro de el multiverso. Es decir, en el multiverso ocurren muchos “Big Bangs” o grandes explosiones que originan universos propios como burbujas de jabón sopladas a través de un arito en un espacio de dimensiones infinitas y de tiempo eterno, relativo en cada “burbujita” o universo individual. Es una concepción majestuosa pero, como veremos, de bases cuestionables.
Se impone la teoría de “la Gran Explosión” (Big Bang): muere la teoría del estado continuo
Aunque nos parezca casi medieval, fue la teoría del estado continuo la que predominaba al fin del siglo XIX y el primer cuarto del XX. La mayoría de los científicos hasta el mismo Einstein creían en ella. La evidencia a favor de ella era negativa, es decir, no había evidencia contraria ya que en aquellos tiempos, la noción de nuestro universo era contérmina con nuestra galaxia. No fue hasta la década de los años 20 que el astrónomo norteamericano Edwin Hubble descubrió que esas nebulosas que antes creían eran objetos dentro nuestra galaxia, eran “universos-islas” fuera de nuestra galaxia, es decir, galaxias en derecho propio y en números inconcebibles.
Fue también Edwin Hubble quien comprobó también que estas galaxias estaban alejándose unas de otras a grandes velocidades. Es decir, las observaciones de Hubble comprobaron lo que hasta entonces era nada más que una consecuencia matemática de la Teoría General de la Relatividad, concebida por Albert Einstein en el 1915, consecuencia que dictaba un universo en expansión.
Pero fue un sacerdote belga, de nombre Georges Lemaître, quien trabajó la matemática necesaria para concebir un universo con un origen discreto. Él fue quien postuló por primera vez la teoría de que el universo surgió de un punto infinitesimal, al cual P. Lemaître llamó “el átomo primitivo” o “el huevo cósmico que explotó al momento de la creación.”
La clase científica del momento recibió la teoría del P. Lemaître con frialdad. Fred Hoyle, otro físico famoso de la época fue quien llamó a dicha teoría el “Big Bang” como un peyorativo, y ese fue el nombre que se hizo popular por cuenta propia.
Como dije, la comunidad científica recibió la idea con frialdad. El mismo Albert Einstein era un defensor del estado contínuo y le dijo al P. Lemaître “me gusta tu matemática, pero odio sus consecuencias.” Y es que todavía los cosmólogos no habían asimilado completamente los descubrimientos de Hubble y de otros.
Aparte de que, filosóficamente, la idea de un universo en estado continuo era cómoda, ya que eximía a la comunidad científica pensar en un momento particular de la creación. La teoría del estado continuo permite al positivista y al empirista ignorar las molestosas preguntas de si existe o no un Creador, o qué sucedía antes de la creación. En fin, que la teoría del estado continuo permitía a los científicos ser ateos, ya que un universo que siempre ha existido no necesita de un Creador o “Primer Móvil” que lo cree y sostiene.
Regresa el estado continuo detrás del multiverso – pero enfrenta problemas
Y aquí viene la teoría del multiverso que discutimos al principio al rescate. Basados en resultados de ecuaciones rarificadas y harto complicadas, el multiverso representa el retorno del estado continuo. Nuevamente los científicos han logrado transferir la teoría de la gran explosión a un lienzo matemático más abarcador el cual les permite mantener simultáneamente la teoría del Big Bang (en universos individuales) y la del estado continuo (en el multiverso). Ya los cosmólogos tienen permiso de ser ateos – o agnósticos – otra vez.
La lista de científicos que aboga por la teoría del multiverso es impresionante. Incluye al ya mencionado Stephen Hawking, Neil deGrasse Tyson y Michio Kaku entre muchos otros.
Sin embargo, la teoría del multiverso enfrenta varios problemas o cuestiones. La primera y principal es que carece de prueba experimental lo cual nos plantea el curioso hecho que quienes dan por hecho esta teoría la aceptan mediante un acto de fe.
Repito, no hay prueba mensurable de que el multiverso sea real. Claro, han habido propuestas para probarlo pero las pocas que conozco – muchas presentadas en el fascinante programa Through the Wormhole, narrado y presentado por el destacado actor norteamericano Morgan Freeman – son defectuosas, en mi opinión personal.
La cuestión es que es difícil probar la existencia de universos distintos al nuestro cuando habría que salir del nuestro para probarlo directamente. Nuestra compresión actual de las leyes de la física nos indica que estamos atrapados en nuestro universo, así que la prueba directa trasciende nuestra habilidad de experimentar directamente, o de recibir información directamente de estos universos hipotéticos.
Debido a esa limitación, la mayoría de las pruebas propuestas para validar el multiverso son indirectas, es decir, consisten de efectos hipotéticos que otros universos puedan tener sobre el nuestro. El problema que yo ve con este tipo de pruebas es que siempre habrán hipótesis alternativas que expliquen esos efectos en términos de fenómenos que ocurren en nuestro universo. Las explicaciones locales siempre disfrutarán de la ventaja de la observación directa, o de la observación directa de un hecho indirecto, pero localizado en este universo.
Otros, asumiendo una actitud platónica, afirman que la fuerza inherente de las matemáticas, la consistencia y coherencia lógicas entre las distintas ecuaciones, y su belleza estética son argumentos suficientes para establecer la realidad del multiverso. Para mí eso es análogo a la existencia del número i, el misterioso número que multiplicado por sí mismo resulta en -1. A ese número se le llama imaginario porque no existe en el conjunto de números “reales.” Por ejemplo, el número 2 es un número real porque se le puede visualizar en objetos. Siempre podemos contar dos de cualquier cosa pero nadie puede contar i. Sin embargo, podemos manipular a i en ecuaciones cuyos resultados son válidos (p. ej., i2+1=0). De modo análogo, la hipótesis del multiverso puede ser el resultado de cálculos dificilísimos y manipulables en las altas matemáticas, pero esto no significa necesariamente que exista un multiverso, por más bellas que sean las ecuaciones. Por el momento, lo único que podemos afirmar es “multiverso ∈ i”, o sea, que el universo pertenece al conjunto de lo imaginario.
¿Pero, y si el multiverso existiese, no anularía la idea de Dios?
Confieso que soy persona de un solo universo. Creo que no hay que añadir más universos a nuestra mezcla e incrementar complicaciones artificialmente. Tampoco creo que hay que multiplicar causas para explicar un fenómeno, cuando la más simple es probablemente la más correcta. El multiverso es una idea fascinante pero por el momento mera hipótesis para mí.
Sin embargo, yo también puedo jugar el jueguito especulativo. Vamos a decir de modo ilustrativo que la existencia del multiverso es un hecho. En su expresión más básica la pregunta sería ¿Requiere el multiverso un “Creador” o “Primer Móvil” para justificar el origen del multiverso? Por el momento no estamos hablando siquiera del Dios de nosotros los católicos, sino del Dios de los deístas. En mi opinión todo dependería de la observación directa de diseño, propósito y finalidad en el conjunto del multiverso, o en un subconjunto representativo. Sin embargo, este tipo de observación, como vimos, nos trasciende.
Aun así algunos deducirán que ya que no existen orden o propósito alguno en el universo, podremos esperar que el multiverso demostrará ese mismo desorden y que por lo tanto, podríamos esperar que el multiverso no nos mostrará rastro alguno de la existencia de Dios. O sea que, según ellos ven las cosas, no hay Dios aquí pues tampoco allá.
Detrás de esa postura se esconden una miríada de errores y prejuicios filosóficos los cuales no quiero abordar aquí. Esto se debe a las redefiniciones, casi siempre toscas y malas, de conceptos fundamentales como lo son “Dios, existencia” y “diseño”, que hacen imposible dialogar inteligentemente con los que niegan la existencia de Dios a como dé lugar, con aquellos que se agarran de cualquier cosa para negarle.
Sin embargo, dentro de los confines de nuestra discusión, podemos concebir otra alternativa al ateísmo y es esta: no es necesariamente cierto que aquellos que fallan en ver el diseño de las cosas creadas en este universo fallen en verlo desde el multiverso, si de algún modo llegasen allí. Es más, tal vez desde esa perspectiva el diseño, propósito y fin del universo sean aún más convincentes que las discernibles aquí.
Sería cuestión de trascender este universo y verlo desde la perspectiva del multiverso. Cuando lleguemos los creyentes al multiuniverso veremos lo que ya sabíamos; los increyentes verán lo que antes negaban. Y aquí termino.
Una lectura anacrónica de San Pablo
Una de las conversaciones más interesantes que he tenido en este blog, ocurrió con ocasión de una serie de artículos
sobre San Pablo y las mujeres, sobre todo porque somos los propios cristianos los que nos escandalizamos por frases como “El varón es la cabeza de la mujer”. Se nos hace muy difícil decir “Palabra de Dios”, si en la Escrituras encontramos ideas que simplemente no podemos aceptar, como la de que la mujer sea inferior al hombre.
Pero antes de desesperar, le debemos a Dios al menos saber si esa es efectivamente la idea que nos quiere entregar, es decir, preguntarnos si nuestra comprensión de Efesios 5,23 (repetida en 1Cor 11 3 “la cabeza de la mujer es el hombre”) no sería esencialmente anacrónica.
Me refiero a que todos sabemos, a nivel cultural, que la cabeza alberga al cerebro y que las diferentes partes de este órgano controlan todas nuestras funciones corporales, de modo que la relación básica es que el cuerpo obedece las órdenes del cerebro. Y esto se refiere no sólo las funciones autónomas (respirar, dormir, etc), también “sabemos” que las capacidades humanas superiores, como las emociones, los sentimientos y los pensamientos también se producen en el cerebro, aunque el proceso exacto sea más misterioso.
Luego, cuando leemos que “la cabeza de la mujer es el hombre” –bajo nuestro paradigma cultural–, tendemos naturalmente a imaginarnos que mediante esta analogía, San Pablo nos quiere decir que en la relación matrimonial, el hombre toma el lugar del cerebro, y por lo tanto le correspondería el sentir, reflexionar y mandar en todo; mientras que a la mujer sólo le quedaría obedecer, sin derecho a cuestionar o a pensar por sí misma.
Esta sería nuestra primera reacción, y naturalmente esa es una conclusión que rechazamos.
Sin embargo, nos damos cuenta que esta interpretación es anacrónica, cuando recordamos que la idea de que el cerebro es un órgano controlador y pensante es extremadamente reciente. Sin ir más lejos, hasta el S. XVII todavía se creía sinceramente que el asiento de las emociones era el corazón, idea que ha pervivido hasta nuestros días bajo una forma simbólica.
Y yendo aún más atrás, nos encontramos con que Aristóteles, el gran científico y lógico de la antigüedad, pensaba que el cerebro sólo servía para refrigerar la sangre, mientras que le adjudicaba al corazón el origen de la función mental. [Ver Breve Historia del Cerebro de Julio González]. Sin dudas que esta era también la idea dominante en la época de NSJC, porque cuando le preguntaron acerca de la pureza ritual, respondió:
Mt 15, 19 Del corazón proceden las malas intenciones, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios, las difamaciones.
20 Estas son las cosas que hacen impuro al hombre, no el comer sin haberse lavado las manos».
Donde esta traducción (tomada de vatican.va) pone “intenciones” la Nueva Vulgata lleva cogitationes, es decir, pensamientos y así lo traducen muchas otras versiones, de lo que podemos deducir es que en el contexto cultural en que escribía San Pablo, se creía que la gente pensaba con el corazón. Otro ejemplo lo encontramos en el evangelio según San Marcos, donde dice (aquí la versión directa en latín, porque en español se omite la referencia al corazón):
Mc 2, 8 Quo statim cognito Iesus spiritu suo quia sic cogitarent intra se, dicit illis: ” Quid ista cogitatis in cordibus vestris?
Que traducido dice, “¿Por qué estas cosas pensáis en vuestros corazones?”. La misma idea (pensamientos del corazón) encontramos en las cartas del propio San Pablo, cuando escribe:
Heb 4,12 Porque la Palabra de Dios […] penetra hasta la raíz del alma y del espíritu, de las articulaciones y de la médula, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.
Con todo esto, queda claro que la idea común en la antigüedad en general, y en la Palestina del S. I en particular, era entender que el asiento de la función intelectual era el corazón y no el cerebro o la cabeza.
Luego, si San Pablo ha querido expresa alguna diferencia entre el hombre y la mujer, empleando la imagen de la cabeza y el cuerpo, de ninguna forma podría decirse que estuviera pensando en algo relacionado con la capacidad intelectual que supuestamente se encontraría en la cabeza, pues en su concepto, los pensamientos e intenciones nunca ahí, sino en el corazón (es decir en el cuerpo), o en el alma y el espíritu.
Desde luego, todo esto no apunta más que a descartar una opinión común, y no nos hace avanzar ni un ápice en cuanto a lo que realmente quiso decir San Pablo sobre la relación entre los esposos. Ahí no puedo ayudar mucho, al menos por ahora, y mis pálidos aportes sobre el tema ya están esbozados en la anterior serie de artículos que les enlazaba.
Una cosa sí creo que San Pablo quería decir: que en el matrimonio, así como ocurre en el ser humano, la unión es vital, en el sentido que si se separan, ninguno de los dos puede sobrevivir. Es irónico que algunos años después, él mismo haya muerto decapitado.
Así hablaba CFK de Bergoglio antes de ser Papa
En este video se puede ver la dureza con que CFK trata la posición de Bergoglio sobre la ley del matrimonio igualiatario. !Cómo cambian de opinión cuando de votos se trata!
“Tengan el valor de ir contracorriente” El Papa a los obispos y sacerdotes

En la Catedral de San Sebastián en Río de Janeiro, el Papa se dirigió a los sacerdotes y les habló sobre algunos aspectos de la vocación sacerdotal. En primer lugar, la conciencia de ser llamados por Dios. Sobre este punto, a quienes tienen la tarea de formar a los jóvenes para la misión les señaló que lo esencial “no es la creatividad pastoral, no son los encuentros o las planificaciones que aseguran frutos, sino el ser fiel a Jesús, que nos dice con insistencia: ‘Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes’ (Jn 15, 4)”. Pero este ‘permanecer’ con Cristo no significa aislarse, sino un permanecer para ir al encuentro de los otros. En este sentido, Francisco lamentó que “tantos hoy esperan el Evangelio, pero no hay nada que se lo ofrezca”, y por ello instó a los pastores de la Iglesia a formar discípulos, que no se queden “enclaustrados en la parroquia, en nuestra comunidad, cuando tantas personas están esperando el Evangelio (…). Pensemos con decisión en la pastoral desde la periferia, comenzando por los que están más alejados, los que no suelen frecuentar la parroquia. También ellos están invitados a la mesa del Señor”.
El llamado sacerdotal, en segundo lugar, implica la misión de anunciar el Evangelio. Para el Santo Padre, con los jóvenes esto se lleva a cabo sobre todo escuchándolos en cuanto a sus ilusiones, sus logros, sus dificultades: “estar sentado, escuchando quizá el mismo libreto pero con música diferente, con identidades diferentes. La paciencia de escuchar (…) en el confesionario, en la dirección espiritual, en el acompañamiento”. Llamó a saber “perder el tiempo con ellos” y a “no escatimar esfuerzos en la formación de los jóvenes”. Reconoció que “sembrar cuesta y cansa, cansa muchísimo y es mucho más gratificante gozar de la cosecha (…). Ayudar a nuestros jóvenes a redescubrir el valor y la alegría de la fe, la alegría de ser amados personalmente por Dios, es muy difícil, pero cuando un joven lo entiende, un joven lo siente con la unción que le da el Espíritu Santo, este ser amado personalmente por Dios, lo acompaña toda la vida después”.
Por último, la vocación sacerdotal implica un llamado a promover la cultura del encuentro. Arremetió el Papa aquí –y no es la primera vez que lo hace- contra la “cultura de la exclusión, una «cultura del descarte». No hay lugar para el anciano ni para el hijo no deseado; no hay tiempo para detenerse con aquel pobre en la calle. A veces parece que, para algunos, las relaciones humanas están reguladas por dos «dogmas»: eficiencia y el pragmatismo (…).
Sorprendentemente, no sólo a los jóvenes el Papa ha pedido el valor de ir contracorriente, también ha insistido en este punto a los obispos, sacerdotes, religiosos y seminaristas. Puntualmente con estas palabras: “Queridos obispos, sacerdotes, religiosos y también ustedes seminaristas que os preparáis al ministerio, ¡tened el coraje de ir contracorriente de esta cultura eficientista, de esta cultura del descarte. (…) La solidaridad y la fraternidad, son los elementos que harán a nuestra civilización verdaderamente humana (…). Debemos estar casi obsesionados en este sentido. No queremos ser presuntuosos imponiendo ‘nuestra verdad’. Lo que nos guía es la certeza humilde y feliz de quien ha sido encontrado, alcanzado y transformado por la Verdad que es Cristo, y no puede dejar de proclamarla”.
Copyright, un agujero de 90 años en nuestras memorias
Copyright, un agujero de 90 años en nuestras memorias de Denken Über

Este gráfico representa los libros impresos en venta en Amazon segmentados por década; si uno mira con detalle el gráfico va a ver que hay a la venta el doble de títulos publicados en 1850 que en 1950 y la misma cantidad de títulos de 1870 que de 1990 ¿que explica este gráfico extraño y sin sentido? las constantes extensiones al copyright que lo llevan actualmente a unos 90 años promedio creando un agujero en nuestra “memoria” que solo empobrece nuestra cultura porque no se alínea a la escala comercial de los grupos editoriales.
Para ponerlo simple; cualquier libro impreso antes de 1923 está hoy en el dominio público y por eso se puede encontrar en un promedio de 4 editoriales diferentes y con varias ediciones, anotadas, analizadas o simplemente ilustradas… creando variedad y riqueza en nuestra cultura escrita.
Los libros impresos luego de esa fecha tienen un “propietario de derechos de autor” lo que implica buscarlo, negociar un pago, definir la tirada, publicación y detalles que las editoriales chica NO PUEDEN afrontar y que las editoriales grandes NO QUIEREN afrontar porque su escala de costos necesita de grandes ventas para generar ganancias.
La ironía del copyright:
“El Copyright se correlaciona significativamente con la desaparición de las obras en lugar de con su disponibilidad,” … “Los editores no parecen dispuestos a vender sus libros en Amazon por más de unos pocos años después de su publicación inicial. El derecho de autor impide su reimpresión [aunque nadie los publique efectivamente], siempre que tengan un propietario”.
Creando de esta manera un hueco en nuestra memoria y dejando en “circulación” únicamente los libros que son best-sellers o clásicos y relegando aquellos que no son rentables en grandes cantidades; lo cual es una lástima.
Imaginen la posibilidad de una ley de Copyright que permita la reimpresión de títulos que nadie imprime en tiradas normales por un plazo de digamos ¿1 año? estoy seguro que siempre hay un mercado para algunos libros que con las décadas son redescubiertos por autores que los usan para construir obras nuevas sobre esa base de conocimiento.
El paper de Paul Heald publicado por The Atlantic es una muestra del agujero en la construcción de cultura que creó el copyright que, al nacer, tenía sentido (y apenas 14 años de extensión) antes de convertirse en algo qeu sobrevive a los autores aún 70 años luego de su muerte física.
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Cama Redonda Electoral
El mayor de los horrores de las internas abiertas y simultáneas son los pases de factura mediáticos de los precandidatos de las distintas fuerzas, y entre ellos en el mismo espacio. Si existe un producto con buen copyright de la Década Ganada es el pase de factura por el pasado reciente de cualquiera que se muestre como amenaza de pérdida de votantes. Lógicamente, el extremo ridículo del revisionismo histórico con beneficio de inventario lo levanta como bandera el kirchnerismo, con ejemplos tan hermosos como el de putear a Sergio Massa, a quien pusieron de Jefe de Gabinete, pero no por ello debemos menospreciar a los demás candidatos y la garra que le meten a la hora de recordar con quién estaban los demás.
Nadie se salva si seguimos aplicando la lógica de con quién se estuvo, sin importar desde cuándo ni los motivos del acercamiento y posterior alejamiento. Si tan sólo basta una foto, un apoyo o un gesto, no queda nadie.
Corría el año 1999 cuando el entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires, Eduardo Duhalde, recorría el país en plena campaña electoral por una presidencia que perdió en manos de la Alianza entre el FrePaSo y la Unión Cívica Radical. Su equipo de ideas y proyectos estaba integrado por Carlos Tomada, Jorge Todesca, su tocayo Remes Lenicov, Julio Bárbaro, Alberto Iribarne, Horacio Rodríguez Larreta, Néstor y Cristina, todos coordinados por Alberto Fernández. Por aquel entonces, la muchachada que le hacía la campaña en las calles también era integrada por Sergio Massa y Diego Santilli. Sin embargo, el cabezón se quedaría con las ganas de ganar en las urnas, aunque la Asamblea Legislativa le hizo la gauchada y le entregó la banda presidencial el primer día del año 2002.
Unos meses más tarde, y a tres semanas del asesinato de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, se presentó en sociedad una alianza que procuraba la renovación de todos los mandatos políticos, como una salida factible a la crisis. Sus integrantes fueron Aníbal Ibarra, Néstor Kirchner y Elisa Carrió. Durante el encuentro dejaron asomar la posibilidad de un frente electoral conjunto. Tiempo después, con Néstor elegido como candidato del duhaldismo para las presidenciales, Carrió aseguró que Kirchner podría manejar al país como un territorio feudal, cosa que no notó en el mes de julio previo y que dejó de notar un poquito en mayo de 2003, cuando quedó afuera del ballotage y, en vez de dar libertad de sufragio, llamó a sus electores a votar por Néstor Kirchner, pero eso sí, con reserva moral. A mediados de 2003 y con la década kirchnerista ya iniciada, Lilita volvió a coincidir con el entonces Presidente en el apoyo conjunto a la reelección de Aníbal Ibarra como Jefe de Gobierno porteño. En el medio, también se hizo un hueco para participar de la jura del segundo mandato de Martín Sabbatella como Intendente de Morón. La intención de la caducidad de mandatos ya era cosa del olvido.
Si bien Lilita ya tenía experiencia en eso de juntarse con travestis progresistas y peronistas extraterrestres -en 2001 se alió con Dante Gullo para llevar al Senado al socialista Alfredo Bravo- muchos de quienes la acompañaron no se quedan atrás. El actual Canciller Héctor Timerman fue integrante de la lista del ARI en 2003 -no entró, estaba sexto- y Graciela Ocaña, que venía del FrePaSo, se sumó a las filas de Carrió para ser reelecta diputada, también en 2003. A los pocos meses pegó el salto al Ejecutivo Nacional y se sumó como funcionaria en el área de salud, donde tardó unos módicos cinco años en darse cuenta que había cosas que no eran muy lindas y pegó el portazo en 2009, unos días después de la renuncia de Sergio Massa a la jefatura de gabinete, quien había reemplazado un año antes a Alberto Fernández, quien a su vez había renunciado luego del conflicto del campo por las retenciones móviles, instauradas por una resolución -la 125- firmada por el ministro de Economía, o sea Martín Lousteau.
Convengamos en que fue fácil oponerse a la 125. Lo que no cualquiera puede es oponerse a la 125, tildar a sus ejecutores de anti progresistas, y luego ser compañero de fórmula del funcionario que la aplicó. Pero Rodolfo Terragno sí puede. Es más, incluso tiene la capacidad de recordar su postura contra las retenciones en su página personal, donde también aparece sonriente y abrazado a Lousteau.
Lousteau y Terragno cayeron en la volteada de Lilita, junto con Ricardo Gil Lavedra, porque para Carrió nunca denunciaron nada. Lilita, en cambio, cerró filas con Pino Solanas, que habrá tirado alguna denuncia en los últimos años, pero que votó a favor de cuestiones tan centrales como la estatización de las AFJP y la nacionalización de Aerolíneas Argentinas. No es muy incoherente lo de Pino, más si tenemos en cuenta que en 2003 se le caían los orgasmos mientras opinaba de la gestión de Kirchner, por tratarse de un gobierno que “combatía la impunidad”, y que no dudó en sostener que Hugo Chávez fue el presidente más democrático de todo Occidente.
Otro gran valor que integra la lista de quienes dicen llevar a la ética tatuada en las nalgas es Gustavo Vera, el rubio simpaticón de Floresta que se ha convertido en el cruzado contra la trata de personas desde su fundación La Alameda, llamada así en honor a la pizzería que funcionaba en el local que usurparon mientras se encontraba en sucesión. El inmueble tuvo un intento de desalojo en 2004 y hasta fue clausurado por las condiciones de insalubridad de su comedor. En su terraza, dentro de una construcción precaria, había varias máquinas de coser, con ciudadanos bolivianos como parte del mobiliario, donde confeccionaban prendas que luego eran vendidas en La Salada, sin habilitación, sin ART, sin aportes ni obra social, pero amparados en ese agujero negro llamado Cooperativa. Tiempo después, agotado el verso del combate contra los talleres clandestinos, Vera encontró que la renovación de la indignación pasaba por el negocio más antiguo del mundo y se convirtió en héroe del progre porteño, logrando dos veces la expropiación del local usurpado, una vetada por Ibarra, y la otra obtenida en 2007.
De todos modos, Carrió, Solanas, Lousteau y Terragno no dejan de integrar un mismo frente en el cual se enfrentan con la dupla conformada por Alfonso Prat Gay y Victoria Donda. O sea, quien fuera presidente del Banco Central durante el gobierno de Duhalde y los primeros dos años de Néstor -y que fuera reemplazado por Martín Redrado luego de no coincidir en las políticas económicas- va de la mano de la militante del movimiento Libres del Sur, quien fuera electa diputada en 2007 por el Frente Para la Victoria. En el caso de Donda, el espíritu opositor le surgió al año, cuando argumentó que Néstor aún representaba a la vieja política, de lo que se dio cuenta recién cuando Kirchner buscó asumir la presidencia del Partido Justicialista.
Nombre por nombre, no se salva nadie: luego de romper su matrimonio de casi nueve años con los Kirchner, Moyano apoya a De Narváez, que en 2003 hizo la campaña de Menem, mientras Moyano hacía la de Adolfo Rodríguez Saá y el Momo Venegas -también candidato- apoyaba la candidatura de Néstor, lo que el kirchnerismo agradecería encanándolo unos años después.
Desde un punto de vista políticamente objetivo, nada de lo relatado es siquiera grave. Es tan solo el producto de un sistema de partidos políticos desdibujados y simbólicos, que sólo sirven como camiseta de pertenencia, con lo que es necesaria la aparición de líderes de masas. Ante la notoria ausencia de los mismos, es lógico que todos estén o hayan estado con todos, dado que la política argentina ha demostrado que el poder de reciclaje es su mayor virtud. A lo largo de los cincuenta años de carrera política de Carlos Menem, hubo momentos ideológicos para todos los gustos, desde militantes de los derechos humanos en la resistencia al Proceso, hasta simpatizantes del partido militar luego de los indultos de los tempranos noventas, pasando por peronistas ortodoxos, liberales y hasta representantes de la izquierda como el colorado Ramos. Y sin embargo, creo que a nadie se le ocurriría vincular a Pérez Esquivel con el indulto a Videla por tener fotos junto a Menem al encabezar las marchas contra la dictadura.
No está mal haber cambiado por motus propio, o seguir en la misma y que otros cambien. A lo largo de esta joda que llamamos vida nos acercamos a las personas cuando nuestros puntos de vista coinciden y nos alejamos cuando ya no va más. Si no fuera así, el divorcio no tendría razón de ser. Todos hicimos lo mismo en algún momento con nuestros trabajos, con nuestras amistades y con nuestras eventuales parejas. No veo porqué en la política no debería suceder. Quizá el problema radica en una suerte de intolerancia ante el desengaño, algo así como cuando te separás y notás que tu ex tenía una goma más caída que la otra, o que la zapan del gordo que antes te parecía el tanque de combustible de su virilidad, ahora quedó en el altar de los recuerdos grasientos y peludos.
El 100% del kirchnerismo -si, su totalidad- está compuesto por su historia en el poder, la cual fue conformada por personajes que laburaron con Menem, Cavallo, Chacho Álvarez, De La Rúa, Alfonsín, Duhalde, o con todos ellos en algún momento. Fuera del kirchnerismo, con la clara excepción de los troskos, el porcentaje es similar. Y es que todos, en alguna medida, se sintieron representados alguna vez por al menos un hecho de alguno de esos personajes, aunque muchas veces esos hechos fueran presupuestos para contratos o algún cargo con linda caja y un poco de exposición. Para quien se haya olvidado, les recuerdo el transversalismo de las elecciones de 2007.
De un modo pelotudo y romántico, soy de los que creen que no se puede juzgar a una persona por su pasado, si no por el todo. Probablemente, si los kirchneristas no se hubieran ensañado en reescribir la historia reciente para poder justificar sus propias biografías, serían solo considerados como los actores de una concatenación de fracasos, delirios fundacionalistas y choreo sistematizado, obligatorio y abundante. Porque, en definitiva, no está mal que hayan sido menemistas o duhaldistas, después de todo, más de la mitad de la sociedad lo fue. El problema es acusar a los demás de lo que ellos fueron. Así y todo les salió bien. Basta con mirar las acusaciones de los opositores entre sí para notar que les salió muy bien.
Desde mi humilde opinión, propongo que en las elecciones votes por lo que creas correcto, por quien te enamore. ¿Acaso rechazarías al hombre de tus sueños o a la reina del baile sólo porque tuvieron una historia con tu enemigo?
Jueves. En definitiva, todos tuvimos un laburo que nos enamoró en su momento y al que hoy ocultamos del currículum.
“Francisco va en serio”, por Rafael Navarro-Valls
Recibo de Rafael Navarro-Valls el texto que hoy publica en el diario El Mundo, con la idea de que lo reproduzca en este lugar, en el que no pocas cosas de la comunicación pública pueden y deben ser repensadas a partir de lo que tenemos a la vista.
Comparto plenamente la idea y el titular de Rafael Navarro-Valls, “Francisco va en serio”. También, sobre todo, en lo que mira a su relación con la gente a través de los profesionales de la comunicación y con éstos mismos, que no resultan ser “santos de su devoción”, como él mismo dice. Sinceridad mezclada con algo de indudable ironía.
Lo hemos visto en la entrevista concedida a TV Globo (Entrevista De Media Hora Con Papa Francisco En TV Globo (+ Actualización)) y en la rueda de prensa en el avión de vuelta de Río a Roma (Magnífica Síntesis Video (6 Minutos) De La Rueda De Prensa De Papa Francisco En Al Avión De Vuelta A Roma).
El texto me parece ejemplar en el análisis de lo que bien puede suponer, más allá del inicio de una época de cambios, un auténtico cambio de época:
“El viaje a Brasil del Papa Francisco ha colmado todas las expectativas”. Esta frase sería sospechosa de triunfalismo en labios del séquito papal o del Ejecutivo brasileño. No lo es, si la escribe el periodista y rabino judío Gustavo Guershon. Tiene razón. Nunca un viaje papal -salvo el primero del Papa Wojtyla a Polonia- había levantado tantas esperanzas, dentro y fuera de Brasil.
Cuando el Papa Francisco se adentró en la Franja de Gaza brasileña -la favela que visitó en el viaje que acaba de concluir-, no sólo estaban pendientes de su mensaje social las autoridades brasileñas y los fieles de todo el mundo, sino la diplomacia y hasta la inteligencia de USA, China, UE y Cuba, entre otras. También en los ambientes “entre sombras” se esperaba, con curiosidad contenida, la visión que Francisco daría -en el epicentro de la pobreza”- de la doctrina social de la Iglesia, tal y como quiere impulsarla en el segundo decenio del siglo XXI. Alguno dio más de un respingo cuando oyeron decir al risueño papa argentino: “La fe es revolucionaria. Y os pregunto (a los jóvenes): ¿Estáis dispuestos a entrar en la ola de la revolución, de la fe? Sólo entrando en ella tu vida joven tendrá sentido y será fecunda”.Y una cierta tensión se notó en las cúpulas de los ejecutivos mundiales cuando pidió una acción contundente para defender “a los pobres ante intolerables desigualdades sociales y económicas que claman al cielo”.
Y es que una de las expectativas del viaje al Brasil era cómo afrontaría el Papa argentino el dilema de articular unas estructuras económicas equidistantes del turbo-capitalismo, ajeno a la solidaridad, y de un nuevo marxismo vergonzante, alérgico a la libertad. Es decir, qué versión daría el Papa de su “Iglesia de los pobres”. ¿Existía una liaison del mensaje del Papa Francisco con la teología de la liberación, una de cuyas cunas fue Brasil? Con todos mis respetos a los teólogos, después de un atento análisis de las intervenciones del Papa Bergoglio, me temo que esta hipótesis olvida algo importante en el pensamiento y en la acción del Papa argentino: su fuerte conexión con la doctrina social de la Iglesia, anterior en el tiempo a la teología de la liberación.
Las diversas formas de esta última sacaron precisamente de la doctrina social de la Iglesia la gran mayoría de sus afirmaciones, pero olvidando normalmente su espíritu: la trascendencia. Desde siempre la doctrina social de la Iglesia condenó los abusos, las injusticias y los ataques a la libertad. Es más, anima a luchar “por la defensa y promoción de los derechos del hombre”, de modo que la “opción preferencial por los pobres” es un postulado fundamental -con ese u otro nombre- que recorre las encíclicas sociales de estos dos últimos siglos. Pero el Papa Francisco -basta ver su bagaje teológico- es consciente de que abandonando el ángulo propio del mensaje eclesiástico, el de la teología moral, algunas formas de teología de la liberación “conducen inevitablemente a traicionar la causa de los pobres”, a pesar de su inicial impulso. De algún modo podría decirse que hoy son un “bello cadáver”, porque extrajeron de los mensajes sociales de la Iglesia su cuerpo de doctrina, pero olvidaron el alma que las anima. Sacralizaron la política, intentando captar la religiosidad del pueblo en beneficio de la revolución.
Existe, sin embargo, un problema: que la doctrina social de la Iglesia no solo es un conjunto de principios de reflexión, sino también de directrices de actuación. Lo primero se había acentuado más que lo segundo en los ambientes eclesiásticos de los siglos XIX y XX. El Papa Francisco ha puesto en este viaje el acento en la acción, recordando que los principios, en sí mismos, pueden quedar estériles si no inspiran directrices prácticas. Tal vez por eso el Papa animó a algo que puede parecer sorprendente: “Quiero -decía a los jóvenes- que salgan a la calle a armar lío, quiero lío en las diócesis, quiero que se salga fuera, quiero que la Iglesia salga a la calle, quiero que la Iglesia abandone la mundanidad, la comodidad y el clericalismo, que dejemos de estar encerrados en nosotros mismos”. Si a eso se une el optimismo de Francisco, se entiende enseguida la rápida aceptación que su figura tiene. Repárese, que siempre que lanzó un desafío, lo acompañó de una invitación a la esperanza: “A ustedes y a todos les repito: nunca se desanimen, no pierdan la confianza, no dejen que la esperanza se apague. La realidad puede cambiar, el hombre puede cambiar. No se habitúen al mal, sino a vencerlo”.
La segunda cuestión que este viaje ha despejado es la pregunta latente que sobrevolaba su primera salida fuera del Vaticano: pero este Francisco, ¿va en serio? La duda era si los gestos de austeridad dentro del Vaticano -y lo que significan- se verían reflejados en sus viajes al extranjero, trasladando al ámbito internacional lo que comenzó a vivir en el pequeño hábitat romano. La respuesta ha sido afirmativa. Un ejemplo. El pequeño Fiat gris no blindado con el que recorrió largos trayectos, puso los pelos de punta a las fuerzas de seguridad. Sobre todo cuando el Papa Bergoglio bajó la ventanilla del pequeño vehículo y comenzó a saludar a la multitud. Era todo un espectáculo contemplar la cara risueña del Papa en contraste con la profunda gravedad de los rostros de la escolta. Al parecer, el Papa se tomó en serio lo que el ministro brasileño Gilberto Carvalho dijo cuando, resignado, le trasladaron el mensaje de que el Papa no quería coches blindados ni soldados con fusiles a su alrededor: “Será entonces el pueblo brasileño quien protegerá la vida del Papa Francisco”. Naturalmente, no es una invitación a los líderes mundiales a que bajen la guardia, pero sí un ejemplo de que, a veces, se alejan demasiado de las gentes con sus interminables escoltas de coches y despliegues. La proximidad de Francisco ha sido todo un desafío. Como decía con sentido común una mujer de las favelas: “Si no tiene miedo en El Vaticano, ¿por qué lo va a tener aquí?”.
El viaje a Brasil, desde luego, trasciende sus límites geográficos. En realidad, desde el gigante sudamericano, el Papa argentino ha lanzado a todo el mundo una teología de la inclusión, que evite abandonar a algunos como náufragos en la periferia social. Pero esto no puede dejar en claroscuro un fenómeno estrictamente brasileño del que el Papa Bergoglio era consciente. La proporción de los católicos en Brasil ha bajado en picado del 99,7% en 1872 al 64.4% en 2010. La presión del protestantismo es fuerte. A lo que hay que añadir la fuerte difusión de los cultos sincréticos afrobrasileños en las clases bajas, y de la masonería y el kardecismo -una forma de espiritismo con especial desarrollo en Brasil- en las clases medio altas.
La ‘Reorganización’ de esta especie de mercado de la fe, con una Iglesia católica con baja cotización y unos movimientos no católicos en alza, requería una brusca sacudida. La persona del Papa Francisco, su mensaje sencillo y socialmente exigente, su desprecio de lo políticamente correcto y su cercanía, ha despertado una atención inusitada por la Iglesia católica. Lo cual no quiere decir que el Papa haya pedido un trato especial. Al contrario, ha insistido en una laicidad positiva del Estado, “que, sin asumir como propia ninguna posición confesional, respeta y valora la presencia del factor religioso en la sociedad, favoreciendo sus expresiones concretas”.
El Wall Street Journal acaba de definir a Bergoglio como “un verdadero animal político”, ayudado por un formidable “púlpito mundial”. La revista Time, al dedicar su portada al Papa argentino, lo califica como “El Papa del pueblo”, y Vanity Fair lo ha proclamado el “hombre del año”. Por otra parte, medios italianos vaticinan una suerte de Vatican sunset, una especie de atardecer para algunos de los viejos esquemas, con una Iglesia de los pobres y una teología del trabajo en el centro de la escena. Los jóvenes se entusiasman con él. Incluso los italianos lo prefieren -¡nada menos!- a sus dos monstruos sagrados Valentino Rossi y Mario Balotelli. El fervor de los tres millones de jóvenes situados a lo largo y ancho de la playa Copacabana no dejaba lugar a dudas.
Ajeno a estos calificativos, el Papa Francisco es evidente que ha vuelto rejuvenecido de este baño de multitudes. En el viaje de ida hacia Río manifestó que no concedía entrevistas a la prensa: “Para mí es algo difícil. Los periodistas no sois santos de mi devoción”, dijo con su habitual franqueza. A la vuelta, se ha ofrecido con una inédita desenvoltura a someterse a todo tipo de preguntas durante hora y media. Sobre Vatileaks es interesante su declaración de que ni Benedicto XVI ni él se asustaron especialmente por los resultados de las investigaciones. Y es natural, nadie desconoce que en la Iglesia hay de todo. Es como la Humanidad misma, que recuerda los dramas de Shakespeare: un tropel de gentes en los que se mezclan buenos y malos, santos y pecadores, avaros y menesterosos. Basta pensar en que la sociedad más civilizada, la europea, produjo en cuatro décadas dos guerras mundiales, tres sistemas totalitarios y montañas de cadáveres. Nadie puede asustarse de que también en la Iglesia se den contrastes que puedan escandalizar a algunos. Como dijo el propio Francisco: “Hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece”. En efecto, hacer crecer el bosque es el gran desafío que le espera en Roma.
El verdadero rostro de la curia romana

Ya se sabe. Son esas cosas que no necesitan demostración. Hartitos estamos de leer y escuchar eso de que la curia vaticana es un antro de perdición donde los curiales son gente que vive en la opulencia mientras se apuñalan por la espalda en siniestros manejos de lujuria y poder. Se sabe. No hay que demostrar nada.
El papa Francisco acaba casi de llegar a Roma procedente de Rio de Janeiro. Pues durante el vuelo ha ofrecido una rueda de prensa de las de verdad, atendiendo cada pregunta y respondiendo a cada cuestión sin ningún tipo de problema. Mucho más timoratos los periodistas que el papa. Solo por esa rueda de prensa hubiera merecido la pena el viaje. Yo invito a leer preguntas y respuestas porque no tienen desperdicio.
El papa habla de todo lo que se le pone por delante sin temor ni temblor. Los medios, como es natural, arrimando el ascua a su sardina dependiendo de la sardina que vendan. Yo quería comentar especialmente lo que dice el papa de la curia, porque echa por tierra algunos mitos. Vamos a ello.
El Vaticano es el paraíso del lujo y el buen vivir. Francisco no parece sospechoso de justificar lujos y excesos. Pues bien, el papa afirma tajantemente sobre los apartamentos pontificios: “El apartamento pontificio no es tan lujoso, es amplio y grande, pero no lujoso”. Y sobre el supuesto lujo de los cardenales: “Los cardenales que trabajan en la Curia no viven como ricos o fastuosos. Viven en apartamentitos, son austeros los que conozco”. Vaya, pues parece que según el papa Francisco, lo de los lujos asiáticos es, nunca mejor dicho, un cuento chino. Pues venga, escriban cincuenta veces: “en el Vaticano se vive con austeridad”. Con buena letra.
La curia vaticana es un nido de corrupción e inmoralidad. Pues sigue diciendo Francisco: “hay santos en la curia. Cardenales, sacerdotes, obispos, monjas, laicos… Es gente que reza, que trabaja mucho y que también va al encuentro de los pobres. A escondidas. Yo sé de algunos que dan de comer a los pobres o que en su tiempo libre acuden a hacer ministerio en una iglesia o en otra. Hay santos en la curia. Aunque también hay alguno que no es tan santo”. Vamos, que en su mayoría son gente más que respetable, que reza, ayuda, colabora. Lo dice el papa Francisco. Pues me alegro, ya está bien de dar por bueno el principio según el cual todo es podredumbre y miseria humana. En la curia hay mucha santidad. Pues era hora de que alguien lo dijera. Otras cincuenta veces: “en el Vaticano hay mucha santidad”.
Hay que modernizar la curia. Pues parece que el problema es justo lo contrario: “la curia ha caído de nivel respecto al que tenía en los tiempos de los viejos curiales, fiel, que hacía su trabajo. Necesitamos esas personas. Creo que hay, pero no tantas como en una época. El perfil del viejo curial, yo lo llamo así; tenemos que tener más de esos”. Vaya, vaya… así que resulta que la curia lo que necesita es de alguna manera “profesionalizarse”, apoyarse en el viejo estilo. Lo dice el papa Francisco, el primaveral papa Francisco. Por favor, cincuenta veces más: “necesitamos curiales como los de antes”.
Es inútil porque no hay más ciego que el que no quiere ver, y seguiremos escuchando por los siglos de los siglos las historias de lujo, inmoralidad y desenfreno de la curia romana. Cuidado papa Francisco, que mucho papa primaveral pero seguirán diciendo estos disparates por mucho que vuestra santidad afirme lo contrario. Maquiavelo no ha muerto.
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Jornada Mundial de la Juventud, edición 2013: el día después
El evento le reportó, sin lugar a dudas, una extraordinaria publicidad a Rio de Janeiro. Durante toda la semana, prácticamente todos los medios del globo se vieron desbordados de imágenes que ilustraron sobre la infinita belleza de la Cidade maravilhosa. El centro neurálgico de la Jornada fue la mítica playa de
La agonía del ateísmo. ¿Es la religión el opio del pueblo?
Esta es la última entrada del blog hasta Septiembre, si Dios quiere.
Santos con prospecto

Me preguntaban hace poco por la forma en que se debe rezar a san Pancracio para que te conceda lo que le pides. Por lo visto a esta persona le habían regalado una imagen de san Pancracio diciendo que era muy milagroso, pero pasaban los días y nada de nada. Yo le comenté que rezara la oración propia del santo. Pero el problema era otro. Porque había llegado a sus oídos que además de rezar era imprescindible colocar una moneda en una de sus manos y ponerle perejil. La duda era si el perejil hay que cambiarlo cada día o dejarlo como está hasta que se seque… Al final lo que me decía era que los santos deberían venderse con prospecto, como las medicinas.
No es fácil responder a algo así. Porque la devoción a los santos, reconocida y recomendada por la iglesia, demasiadas veces ha terminado en un culto medio mágico, medio supersticioso que a un servidor no le gusta nada. Tenemos santos “especializados” para empezar: San Antonio para objetos perdidos, santa Apolonia para muelas, santa Lucía para la vista, san Blas garganta, santa Bárbara abogada contra tormentas. Podemos seguir casi hasta el infinito… No me parece mal. Siempre han existido santos patronos, protectores, abogados para mil causas…
Lo malo es cuando te llega el prospecto con el manual de uso. Ya sabemos que San Pancracio precisa de moneda y perejil, aunque con la duda de si hay que cambiárselo todos los días como si fuera un canario. San Antonio, cobra, al menos eso dicen: que es avaro para los pobres y que si no ofreces algo a los pobres no funciona. No acabo de explicarme la necesidad de hacer no sé cuantas copias de la oración a San Judas Tadeo y repartirlas por siete iglesias para conseguir lo que se le pide. Por no hablar del pobre san Cucufato al que le ha tocado penar de la forma más ignominiosa y tan de moda últimamente.
La auténtica oración, al Padre, a María, a los santos, es una oración que hace sus peticiones dentro de un contexto: la santificación de Dios, la venida del Reino, conseguir el pan de cada día, pedir perdón por los pecados y suplicar poder vivir como cristianos si caer en la tentación.
Pedir cosas al Padre por intercesión de María o de los santos está dentro de la más pura tradición cristiana. Lo peligroso es añadir esa magia según la cual cada santo necesitaría una especie de manual de uso y un ritual propio sin el cual no concede la gracia pedida. Y eso es entrar ya en caminos muy próximos a la superstición.
El Papa se confiesa con los periodistas en amplia entrevista en el vuelo de regreso a Roma: del lobby gay a la reforma de la curia pasando por su relación con Benedicto XVI
[La fuga de fieles de la Iglesia y los carismáticos católicos]

















