
Amarna Miller (Madrid, 1990) es una licenciada en Bellas Artes que empezó a los 19 años en el mundo del porno. Tiene 24 años y mide 1,63 (el resto de medidas pueden encontrarlas fácilmente en internet). Es una actriz inusual, en el sentido de que suele hablar de literatura o manga o ciencia ficción en sus entrevistas (se bautizó Miller por Henry Miller, sin ir más lejos), y además es famosa en su medio y trabaja para decenas de compañías internacionales. Incluso llegó a fundar su propia productora, Omnia-X (hoy desaparecida).
Esta es la primera vez que entrevisto a alguien como ella, así que no sé muy bien qué esperar. A lo largo de mi vasto y azaroso currículo he entrevistado a muchísima gente, pero casi siempre se trataba de rocanroleros o literatos, con el ocasional cineasta de vez en cuando y algún freak para alegrar el cotarro. Pero, ¿pornstars? He ahí una disciplina a la que nunca me he asomado (más allá de como usuario irregular). Tras unos días documentándome sobre el tema (estaba de verdad documentándome sobre el tema), decidí charlar con Amarna Miller. Más allá de sus atributos físico-artísticos en el campo que domina, me parecía una persona articulada, con la cabeza amueblada dignamente e intereses variados más allá del fornicio en todas sus variantes.
Cuando Amarna Miller me proporciona su teléfono personal (no se lo da a cualquiera, sépanlo) paso un día entero orbitando alrededor de su programa fílmico. Hoy graba en unos estudios de La Pau, a las afueras de Barcelona. Un rápido vistazo a Google Maps me arroja a la cara el clásico conjunto de depósitos de alquiler donde los psychokillers de las series descuartizan a sus víctimas. En La Pau nadie escuchará tus gritos. Tras perderme un par de veces, al fin la veo, bajo la farola de una calle desértica. Es mucho más bajita de lo que imaginaba, lleva una mochila nerdy gigantesca colgada a la espalda, botas reforzadas de caña alta estilo Martens, parka y un gorro de lana del que emerge su célebre cabellera cobriza. Parece de todo (una fan de Limp Bizkit, por ejemplo) menos una actriz X. Cuando nos presentamos, ella me responde con una voz muy aguda (ella misma dice que tiene «voz de pito») y la llevo (en metro, nada de excentricidades) al respetable y muy civilizado café del Ateneu Barcelonès. Me figuro que es el sitio más incongruente posible para alguien con su historial. Destrozando mi primer cliché porno de la tarde, Amarna no pide cocaína y champán, sino un Cacaolat bien caliente. Las cosas se ponen más y más interesantes desde ese punto.
Siempre intento empezar todas las entrevistas preguntando por la infancia y la familia, porque creo que es la base de todo.
Pues soy madrileña, hija única en una familia de clase media-baja. Mi madre estudió Magisterio pero nunca se dedicó a ello. Son personas muy cultas, y han trabajado mucho su desarrollo intelectual. Desde muy pequeña me han metido mucha caña con que desarrollara mi mente. Me incitaron mucho a la lectura, y desde muy pequeña me encanta pintar, fui una niña muy artística; acabé haciendo Bellas Artes. Pero al contrario de la mayoría de los padres no querían que hiciera Derecho o Ingeniería, sino que me apoyaron mucho en mi pasión artística. Desde muy pequeñita estuve como en una burbuja: hija única, una casa muy grande en Vallecas, que es un barrio obrero de Madrid. Era una casa familiar que construyó mi bisabuelo, y en la puerta ponía «Villa Lolita», porque Lola era el nombre de mi abuela. Es de finales del siglo XIX, con muchas reconstrucciones posteriores. Al principio tenía una planta, en los años 20 le añadieron otra, luego una terraza… Era un montoncito de casas una encima de otra, como los Pin y Pon. Tenía mucho carácter.
¿Vivíais allí solo tus padres y tú, no había abuelos?
Sí, los tres solos en un chalé de tres plantas con un jardín delante y una verja, esa fue mi infancia.
¿Eras díscola?
Me encanta la palabra «díscola» [sonríe]. No, siempre he sido muy estudiosa, desde siempre me encantó leer. Era una niña muy tímida, muy recluida. En realidad me pasaba el tiempo descubriendo esa casa. Esa casa fue mi infancia, por eso he puesto tanto empeño en describirla. Nunca fui a la guardería porque mis padres entonces no trabajaban, vivían de unas rentas antiguas. Así que fue una infancia en la que pasé mucho tiempo con ellos, sin prácticamente ningún otro niño con el que socializar, y muy encerrada en mi propio mundo, mi imaginación, mis libros y mis juguetes. A mis padres les gustaba mucho la historia, así que me metieron siempre mucha caña con las cosas antiguas, y como esa casa era el paraíso de las cosas antiguas… Yo vivía en otro siglo.
Pero en el colegio tendrías algunos amigos.
Como ya te he dicho no fui a la guardería, así que me metieron en el colegio ya en primaria. Y mi casa era un chalé con una verja, no tenía relación casi con nadie. La única interacción que recuerdo con gente de más o menos mi edad era con mi prima, que tenía como cinco años más que yo, y se portaba muy mal conmigo. Era una niña mala. Luego había personas mayores, que eran mis padres y amigos de mis padres. Y poco más.
Uno de mis autores favoritos, Harry Crews, que creció en Alma (Georgia), un pueblo de mierda, decía que tenía que suplir la falta de colegas con amigos imaginarios. Y aquellas imaginaciones eran casi más reales que el mundo real.
Yo tenía mis mundos paralelos, sí. Como me gustaba mucho leer me perdía en la literatura, desde muy pequeña. Incluso intentaba escribir mis cosas. Imagínate lo que podía escribir una niña de seis años, pero creaba mis mundos imaginarios. Tenía unas agendas de los años sesenta que nadie había rellenado, y yo simplemente tachaba los números y me ponía a escribir en ellas. Básicamente aquella «novelita» [ríe] contaba la historia de un mundo imaginario en el que yo era una bruja buena. Además en aquella época apareció la novela de Harry Potter, y se fueron entrelazando.

¿Qué leías con ocho o nueve años?
Me flipaban los libros de «Escoge tu propia aventura». Eran mis libros de cabecera. Después cayó en mis manos Julio Verne, que devoré, más tarde la ciencia-ficción y leí mucho a Asimov…
¿No pasaste por una etapa Enid Blyton? Las mellizas en Santa Clara, Torres de Mallory, y todo eso.
Uy no, lo odiaba con todo mi ser. Igual que los animes y mangas de niñas, tipo Candy Candy. Me parecían muy edulcorados. En algún momento cayeron en mis manos las Rimas y leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer, y se me abrió un mundo. Empecé a leer mucho a Allan Poe… De hecho, mi libro de cabecera de pequeña era El escarabajo dorado.
Yo creo firmemente que lo que te gusta a los diecisiete es lo que te gusta de verdad, y para siempre; que es lo que llevas en el corazón. No sé qué parte de amor conservas aún por esto, pero leí que habías pasado una etapa de escuchar a Blink 182 y grupos así.
Eso fue más tarde, ya en la adolescencia. De niña me gustaban mucho los libros antiguos, los que hablaban de otras épocas. Cayó en mis manos Philip Pullman. Es un escritor del que me leí una trilogía llamada Luces del norte y me marcó mucho. A los doce años llegó Harry Potter, como te decía, y me abrió otro mundo.
Claro, ojalá hubiera sido yo un niño cuando salió. Es una locura, la perfección absoluta: tiene la parte de Los cinco de Blyton pero sin lo cursi, y luego tiene toda la parte de brujería y monstruos.
¡Claro! Y ya hacia los catorce descubrí la fantasía y me volví loca. Empecé con cosas más clasicorras, y cuando descubrí a Terry Pratchett se me abrió otro nuevo universo.
En Inglaterra es una superestrella.
Pratchett es maravilloso. Empecé con las crónicas de la Dragonlance, pensando que era la leche, y cuando iba por el tomo dieciocho vi que era un poco rancio. Entonces descubrí a Pratchett, que lo que hace es precisamente es meterse con las crónicas de la Dragonlance… Y me flipó.
¿Odiabas el cole?
No, me gustaba. Siempre fui una chica muy aplicada. No fui muy estudiosa porque nunca me habitué a tener que estudiar todos los días, pero sin embargo las clases me resultaban muy sencillas. Como en mi casa me estaban siempre culturizando sobre muchos temas, lo de la escuela me parecía un poco aburrido. Había concursos de literatura y dibujo y yo me presentaba, y gané algún premio de pequeñita. Mis padres intentaron meterme a danza, pero fue un gran error. Quería hacer karate, pero no me dejaron porque karate era para niños y danza para niñas. Para ponerte en antecedentes, yo era una niña muy esmirriada, con unas gafas gigantescas, llevaba parche en un ojo y el pelo cortado como un niño. Comparada con el resto de compañeros era muy poca cosa, era la de las gafas y el parche que lee libros todo el día [suspira].
No sé si ocultas tu nombre real…
No, me llamo Marina.
Mucha gente que tiene un personaje es esclava de su imagen pública. Yo veo a Robert Smith de The Cure, con aquel peinado forestal, y tiendo a imaginarle en pijama, antes de acicalarse. O Slash, por ejemplo, asumo que no va por casa con su sombrero de copa. ¿Hay diferencia entre Marina y Amarna?
[Risas] Me estoy imaginando a Slash con el sombrero, friendo los huevos en bata. No hay demasiada, básicamente porque soy una persona muy abierta y me gusta mostrarme. Las diferencias son las que implican mi privacidad. Por ejemplo, en las entrevistas no digo mi apellido porque implicaría exponer a otras personas. Soy un personaje público y he elegido exponerme, pero exponer a mi novio, mi familia o mis padres me parecería mal. La única diferencia entre Marina y Amarna es la privacidad y lo que puedo guardar para mí.
No has desarrollado un álter ego más agresivo que no se parezca a como eres en realidad.
No, para nada. Soy muy pancha, muy directa: si me gusta algo lo digo y si no me gusta, también. Para mí son la misma persona, odio hacer esta distinción. Me parece hasta peligroso, emocionalmente hablando, el hecho de tener dos personalidades. A raíz de esto vienen los problemas de gente que es devorada por su personaje o que al final acaba viviendo una vida que no es la que quieren vivir, simplemente porque están demasiado metidos en una mentira, una fachada.
Kurt Vonnegut decía: «Ten cuidado con lo que aparentas ser porque es lo que serás». ¿Pasaste una adolescencia rebelde?
No especialmente, me pilló bastante tarde. En general era una niña bastante buena. A los dieciséis, ya en bachillerato, decidí quitarme las gafas porque no me veía bien con ellas; pero no era una rebeldía de niña mala, sino de empezar a tomar decisiones por mí misma.
Empezabas a construir la persona en la que te ibas a convertir. How To Build a Girl, que diría Caitlin Moran.
Exacto, pero más que rebeldía lo veo como empezar a ser una persona adulta. Nunca tuve una época de enfadarme, vestirme de negro y pintarme la A de anarquía en la frente.
¿No tuviste una etapa medio gótica?
Bueno, a los dieciséis años me gustaba mucho el hardcore. Empecé con los típicos grupos de happy-punk como Blink 182 o Sum 41 y fui desarrollándolo hacia un hardcore más extremo, por decirlo de alguna manera, como Iwrestledabearonce o In Fear And Faith. Pero lo que me gustaba era la música y el estilo de vestir. Vestía muy hardcoreta, con muchos piercings, el pelo verde, iba en skate…
¿Patinabas?
Sí, pero llegó un momento en el que vi mis limitaciones, que tenía que ponerme más en forma para hacer según qué cosas, y vi ahí mi techo. Así que lo dejé.
Lo veo muy cabal: si ves que no puedes llegar a más, lo dejas. No te vas a partir la crisma con un Double Fakie Ollie…
Sí, eso es algo muy mío. Soy muy ambiciosa. Si veo que he tocado techo en algo, ¿para qué voy a seguir con ello? Me pasó lo mismo con el modelaje artístico. Antes del porno trabajaba como modelo fotográfica y me gustaba mucho la moda, quería llegar a ser modelo de moda. Hice mis trabajitos, pero llegó un momento en el que vi un techo, que aquello no daba para más. Así que era elegir o salirme de España e ir a América, o dedicarme a otra cosa. Y hay que ser consecuente.

Es inusual estar hablando de The Offspring o Julio Verne con alguien que se dedica a lo que tú te dedicas. ¿Han cambiado los tiempos, o quizá es que antes eso estaba menos documentado? Estoy seguro de que las primeras actrices porno o las primeras modelos eróticas de los años veinte también llevaban vidas que no respondían al cliché horrible de alguien desestructurado y medio analfabeto.
[Ríe] Estoy de acuerdo contigo, pero es que la visión que se vende siempre de la industria está muy estandarizada, y es lo que decías tú antes: Boogie Nights, o «chica con problemas familiares de una familia desestructurada».
O la stripper con veinte mil abortos a sus espaldas, trailer park…
Sí, la stripper a quien alguien le promete el oro y el moro si hace porno, la chica accede y le gusta pero se ha casado y tiene un hijo… ¡Dios mío! Esto es un tanto por ciento de la industria y existe, pero no es lo normal. Y no es lo que se da en la industria actual.
Quizá esto sucede porque una gran cantidad del porno se produce en Estados Unidos y no creo que allí tanta gente venga de un entorno cosmopolita y de clase media como tú. Creo que allí los actores y actrices vienen de lugares más rudos.
Antes has dicho algo muy interesante, y es que lo que te marca como persona es tu infancia. Si has tenido una infancia o adolescencia donde te han apoyado en ciertos aspectos más intelectuales, cuando llegas a cierta etapa de tu vida adulta sigues cultivando esos aspectos; porque es lo que te han enseñado, has aprendido y con lo que estás de acuerdo.
¿Tus padres fueron un modelo para ti?
En parte sí y en parte no. He aprendido muchas cosas de mi padre que sigo aplicando en mi día a día, como luchar por la libertad y por tus sueños. Mis padres vienen de unas familias bastante locas…
¿Locas psiquiátricamente o locas de bohemia?
No, no. La posguerra española, qué quieres que te diga. Seguro que no son las únicas. Pero mi padre toda su vida ha luchado por hacer lo que realmente quería, y con eso me siento totalmente identificada. Ahora un cambio de registro pero que tiene que ver con lo que estoy diciendo: ¿Has leído o visto Into the wild?
La del fulano aquel que se echa al monte, ¿no?
Sí. Está basada en una historia real. Aunque al final le salió mal (porque murió), Christopher McCandless fue un chico que luchó por lo que quería hasta el final. Y ojalá eso fuera algo que la gente pusiera en práctica más a menudo. En ese sentido sí veo a mis padres como cierto modelo. En otras cosas absolutamente no, sobre todo porque hay mucha diferencia generacional. No quiero llevar la vida que han llevado ellos, ni los tengo como modelo a seguir, pero hay algunas cosas que he chupado de ellos y de las que me siento muy orgullosa.
Creo que mis hijos se parecerán más a mí de lo que yo me parezco a mis padres, aunque el amor sea el mismo. Los míos eran más convencionales, no habían roto con cierto legado cultural de sus propios progenitores, como muchos chicos de los setenta hicimos. Supongo que a tus padres les debió de resultar un shock tu trayectoria.
Mis padres me tuvieron de bastante mayores, pero más que por ser convencionales, lo que les chocó fue que, siendo una persona con inquietudes intelectuales como yo, viviese de mi imagen y mi cuerpo. No es un «¡Oh, dios mío, es porno!», sino un «Con la cabeza que tienes, ¿qué narices haces en eso?». Para ellos es una especie de desperdicio el hecho de que alguien con una carrera, que ha estudiado y tiene intereses, no viva de su inteligencia. Pero mi máxima vital es que tienes que hacer lo que te hace feliz, y si me hace feliz estar en el porno, estoy en el porno.
Para llegar a lo que te hace feliz tienes que pasar un montón de dolores y desaguisados y decepciones, y vas a tener que luchar por ello.
Claro. Pero luchar para ser feliz ya es un motivo de felicidad.
Cierto. Pero suele ser un camino arduo.
Depende de cómo te lo plantees. Las cosas son tan fáciles como tú te las hagas. Es otra de mis máximas vitales. Lo de complicarse la existencia no me va para nada. Si realmente quieres hacer algo lo haces, y si hay dificultades por el camino las sorteas. O te enfrentas a ellas. Y punto pelota. En realidad la vida es eso.
Me cuesta creer que no tuvieras momentos de tremenda inquietud existencial.
He tenido preocupaciones, como por ejemplo el enfrentamiento con mi familia. Pero soy una persona de ideales firmes y creencias muy establecidas. Si realmente quiero hacer algo sé que lo voy a hacer. Y lo que haya por medio se soluciona, se vadea, se sortea o uno se enfrenta a ello. Todo tiene solución en esta vida, y de lo que no tiene solución no merece la pena preocuparse.
Estás en un lugar extraño. El porno es algo mayoritario pero no mainstream, los actores y actrices sois famosos pero no salís en el telediario… ¿Cómo se accede a ese mundo semisumergido?
Mi caso no es el normal, pero es del que te puedo hablar. Si alguien está leyendo la entrevista debe saber que lo que yo hice no es lo que se tiene que hacer para entrar en el porno, no es el camino más fácil… [Ríe] Pero es lo que yo hice. Siempre he sido una persona muy exhibicionista, con la libido muy alta e interesada en explorar las fronteras de mi sexualidad. Cuando cumplí los dieciocho años me planteé qué tal la industria del porno, como hobby o para ver qué me ofrecía.
¿Así, tal cual?
No, hombre. Reflexionándolo durante un tiempo.
Quiero decir que fue un pensamiento temprano, que era algo que ya te planteabas desde el principio, no el fruto de una evolución.
Yo ya estaba haciendo mis pinitos como modelo artística, y delante del objetivo me veía cómoda. Viendo que soy una persona que disfruto exhibiéndome y me gusta mostrarme, y sabiendo que tenía una libido muy alta, me pareció una profesión que podía integrar diferentes puntos de mi vida que me gustaban y me llenaban. Pero fue simplemente un planteamiento, no me lo imaginaba como un trabajo, sino como un «a ver qué tal y si me gusta me meto». Y no me gustó [ríe]. Mandé muchos mensajes a todos los productores que encontré en España, haciendo una labor de investigación bastante amplia.

Y mientras hacías todo esto no habías trabajado en nada ni remotamente parecido al porno. No habías actuado en directo ni nada.
Bueno, hacía de modelo, que se le parece, porque es estar delante de las cámaras y sentirte cómoda ante el objetivo. Pero no, no era show.
Ni siquiera burlesque.
No. Lo que más se parecía era el mundo de la fotografía. ¡Y antes del porno estuve trabajando como fotógrafa en el Santiago Bernabéu! Bueno, a lo que íbamos: pues las respuestas que recibí a los mensajes que mandé a los productores de porno me parecieron horribles. No me gustaba ni el trato ni las historias que me planteaban.
¿Cómo era el trato?
Sucio, en el peor sentido de la palabra. Como lo que tu madre se imagina cuando le hablas sobre porno. Turbio. Malo.
Como Jackie Treehorn, el asqueroso aquel que hace porno en El gran Lebowski.
[Ríe] Sí, sí, mal, no me gustaba nada. No me gustaban las prácticas, no me gustaba cómo se me estaba planteando… Había muchos vacíos, sentía que no me acababan de contar las cosas. Si me voy a meter en una industria que se supone que me va a suponer tantos quebraderos de cabeza en un futuro y va a marcar mi vida quiero tenerlo todo 100% claro. Quiero que me pasen toda la información de qué y cómo tengo que hacer, pero aquello no existía. Por eso, habiendo vivido eso, lo que hago ahora es intentar dejar todo muy claro para la gente que se quiera meter en la industria. Si alguien necesita ayuda yo puedo hacer de guía, porque ya estoy dentro y sé lo que hay. Lo que me faltó en mi momento fue una guía, alguien que me dijera qué hacer. Y no había. Y como lo vi tan poco claro deseché la idea de meterme en el porno. Paralelamente yo seguía con la carrera de Bellas Artes y, en aquel momento, que era en el segundo año de la universidad, empecé a comprender el funcionamiento de las cámaras. Hasta ese momento yo solo restauraba y pintaba, que eran mis grandes pasiones. Restauraba muñecas antiguas y pintaba cosas muy locas. En aquel momento descubro la cámara fotográfica y el vídeo y me intereso muchísimo. Además, como estoy trabajando como modelo y estoy siempre delante de la cámara, es algo que me vuelve loca. Me meto de lleno en el mundo de la fotografía y, hacia los diecinueve años, como un proyecto totalmente artístico y sin ningún tipo de interés a largo plazo, intentando aunar mi interés por el mundo fotográfico y el de la fotografía, empiezo a hacer fotos a amigas y a gente que se ofrecía. Y así, como un hobby, empecé mi compañía, que luego tomó forma, nombre y acciones legales: Omnia-X. La cosa fue creciendo, y con diecinueve años no tenía las cosas tan claras como ahora, quizá porque no había vivido tanto, así que me planteé legalizarlo y dedicarme a ello con el fin de ganar dinero. Así, empezamos a buscar actrices y actores, encuentro un socio, que era el fotógrafo de Omnia-X, y yo me quedó detrás como CEO, como organizadora de producción.
Aquí aún no habías hecho de actriz.
No, estaba como productora. Pero llegó un momento en que yo estaba posando como modelo artística y produciendo el porno que a mí me dio la gana, así que me pareció de lo más natural empezar a estar como actriz en mi propia productora. Primero, porque era la fundadora y la que sabía lo que quería ver en los vídeos, así que lo iba a hacer mejor que cualquier actriz a quien se lo tuviese que explicar de palabra; y segundo, porque era un mundo que me interesaba, yo tenía el control y decía esto sí, esto no, esto se hace así y esto se hace asá. Empecé a rodar para Omnia-X, solamente solos, masturbación. Al cabo de cierto tiempo pasé a lésbicos. Tenía diecinueve años. Entonces una productora australiana con base en Ámsterdam, que se acababa de instalar en Europa, vio cosas mías y me propuso trabajar como modelo. La productora era Abbywinters.com. Al principio estaba dudosa porque me tenía que ir a Ámsterdam, y compaginarlo con la carrera era un rollo. Pero me daban muchísima información, me pagaban como correspondía, yo ponía los límites y controlaba las escenas… Y dije que sí.
El porno, a diferencia de otras disciplinas, es completamente autodidacta, no hay un sitio donde se enseñe. Todo lo aprendes por el camino, no hay quien te explique cómo van las cosas. ¿Cómo se aprende a hacer delante de una cámara lo que se practica en la alcoba? Porque no es lo mismo, imagino.
Es una lectura y un lenguaje diferente; no es como lo haces en tu casa, desde luego. Por una parte te enseña la experiencia, pero luego también hay gente que tiene un mentor o alguien dentro de la industria que le enseña. Pero ese no fue mi caso, sobre todo porque no conocía a nadie cuando me metí en esto. Lo bueno es que tuve las cosas bastante claras y fui muy inteligente en algunas decisiones que tomé, porque desde el principio quería construir mi carrera muy poquito a poquito, ir paso a paso para sentirme cómoda. Estas chicas que empiezan y en la primera escena hacen una doble penetración anal… ¡Madre del amor hermoso! Yo fui lo contrario. Fui tan despacio que llevo cinco años en la industria y sigo aquí.
Lo de hacerlo como trabajo, con todas las incomodidades y obligaciones que eso conlleva, ¿no jode un poco la percepción personal —íntima— del sexo? Yo solo visualizo el frío de los estudios, la espera interminable que toda filmación implica, yo que sé, el mal aliento de algún actor, la flacidez ocasional de aquel otro, etc.
Supongo que dependerá muchísimo de la persona y cómo enfoque este trabajo en relación con su sexualidad detrás de las cámaras. Personalmente, cuando la situación de la escena es extraña (hace frío, la localización es incómoda, es muy pronto…) me da más reparo ponerme en escena, pero una vez caliento motores el sexo va fluido. Tengo la libido muy alta así que no me cuesta demasiado sentirme excitada en poco (poquísimo) tiempo. De todas maneras y con relación a cómo planteas la pregunta, nunca me he tomado la pornografía como un trabajo, o por lo menos no bajo el significado estándar de «trabajo», como un sitio al que tienes que acudir todos los días, te guste o no y te apetezca o no, para poder llegar a fin de mes. Para eso estaría en una oficina. Me planteo el porno como un hobby, algo que disfruto y me llena, ¡y además me pagan por ello! Por supuesto, soy profesional, llego a la hora indicada, y soy seria y responsable. Una cosa no quita la otra. Creo que el momento en el que te tomas como una obligación algo relacionado con tu sexualidad puede ser bastante peligroso, y corres el riesgo de romper partes de tu vida tras las cámaras. Además pienso que en el fondo cualquier situación puede ser divertida si sabes cómo enfocarla. Te echas unas risas con el actor, haces bromas con el equipo de rodaje, te maquillan como a una diosa mesopotámica y llevas puestos modelitos que jamás te atreverías a probar en tu día a día. Sí, también puedes pensar en las esperas interminables y los pies cansados de llevar tacones, pero oye, sarna con gusto no pica.
Has dicho alguna vez que se debería meter en esto alguien a quien realmente le guste y posea una inclinación innata, porque te puedes encontrar un día haciendo un bukkake con veinte fulanos, y eso no es lo que más apetece a primera hora de la mañana.
Claro, tienes que hacerlo porque te guste. Este es uno de los discursos que más hago a través de mi web y en las entrevistas: tienes que hacer porno porque te guste, no por necesidad. Si te dedicas a algo que tiene que ver con tu sexualidad por hacer dinero fácil vas a joder partes de ti mismo que son mucho más importantes e íntimas. Vender tu sexualidad a cambio de ser rica me parece la peor decisión que puedes tomar en tu vida.

Hay quien podría pensar que si una actriz porno dice que está en esto por gusto no es más que una estrategia comercial, para hacerlo más creíble. Más reality.
Sí, eso es algo que me critican mucho. Pero en mi experiencia, los actores suelen estar en esta profesión porque les gusta y les interesa, y las actrices suelen estar por el dinero. A un 90% de las chicas que están en esto no les gusta lo que hacen. Un caso muy típico es estar rodando lésbicos y que no les gusten las chicas. Básicamente lo hacen porque necesitan dinero rápido o porque creen que han encontrado la gallina de los huevos de oro y ganan bastante dinero trabajando relativamente poco. Pero no se han parado a pensar qué va a pasar con su vida dentro de treinta años.
Define «bastante dinero». Nunca tengo los números claros, cuando se trata de porno.
Es que no hay unos números claros. Esta es otra cosa que me preguntan muchísimo: «¿Cuánto se gana haciendo porno?». Es como si me preguntas cuánto se gana siendo pintor. Pues depende. Si eres Antonio López o Santiago Sierra estás forrado, pero si eres yo, que te hago un dibujito y te lo vendo, probablemente me podré comprar una Coca-Cola. Pues en el porno lo mismo, depende de muchas cosas. Los principales factores son: cuánto tiempo llevas en la industria, cuán famosa eres y cuáles son tus límites. Cuantas más cosas hagas más vas a ganar, lógicamente, un anal está mejor pagado. Si haces un bukkake al día vas a ser millonaria, pero a cambio de qué. Una chica que haga muchas cosas —gangbangs, anales y estas locuras— puede ganarse un muy buen dinero.
Una cosa que siempre me he preguntado es cómo funcionan los metabuscadores. Alguien se gasta un dinero en hacer una peli. Busca unas actrices, les paga razonablemente bien… Y luego todo esto aparece gratis. No lo entiendo. Sé cómo funciona en la música y en los libros, pero no entiendo cómo funciona en el porno. ¿Alguien gana pasta con todo esto?
Esto es el gran secreto del porno, y alguien debería escribir sobre ello. Y ese alguien debería ser yo, no tú. [Risas] Es broma. Básicamente lo gestiona una compañía americana muy grande que anteriormente se llamaba Manwin y ahora ha cambiado su nombre a MindGeek. Esta empresa posee el 90% de las productoras de porno del mundo. Todo el dinero de las productoras va a Manwin.
¡Qué dices! Esto es como descubrir la conspiración mundial más grande de la historia. ¡Es el Pulitzer!
Casi todas las productoras mainstream que puedas tener en la cabeza: Reality Kings, Brazzers…
¿Las antiguas como Private también?
No, Private va por libre. Pero de las grandes, casi todas están dentro de esta misma compañía, que además es la poseedora de casi todos los tubes: Youporn, Twistys… Esta gran compañía tiene sus diferentes líneas de producción —Brazzers es diferente a Reality Kings, por ejemplo—, y lo que hacen es coger vídeos de sus diferentes compañías y, este es el punto clave, los ponen en baja calidad, en Xvideos, Youporn, Pornotube, etc. Lo que están haciendo es que el consumidor vea esos vídeos y, si tiene dinero y le interesan, clicará en la esquinita donde hay un enlace a Reality Kings para hacerse miembro y verlos a mejor calidad o ver más vídeos de la misma actriz. Se mete en la web y se hace miembro. Esa es la gran estrategia de mercado.
Creía que pesaría mucho más la gratuidad que el interés. No imaginaba que existiese el gourmet del porno.
Con los torrents la gente va a encontrar estas cosas gratis sí o sí. Entonces, mejor ofrecerlo gratis desde tu propia plataforma y que alguna gente pague, que no que otras personas que no conoces lo consigan gratis sí o sí. Lo que sucede es que en estas plataformas el usuario puede subir sus vídeos, y los usuarios suben vídeos de webs que no están en esta gran compañía, haciendo una competencia desleal a los otros. Porque si yo tengo Reality Kings me mola que mi vídeo esté en Youporn porque la gente va a ir a Reality Kings, pero si soy X-Art, que no tengo nada que ver con Reality Kings, que mi vídeo esté ahí me jode la vida, porque la gente no va a ir a mi web. Es muy interesante.
Haciendo un paralelismo con la música, no tiene la misma mentalidad el que escucha punk-rock obtuso, como es mi caso, que quien escucha a Leonard Cohen. ¿Cómo ves tú a tu público?
[Risas] Es una buena pregunta, porque existen diferentes frentes. Por una parte está el consumidor de porno estándar, que lo que quiere es hacerse una paja y le gustas porque estás buena, porque eres pelirroja o porque eres joven, y luego tengo una cantidad de público relativamente grande que no ve o ve muy poco mis películas, y lo que son es seguidores de mi blog, de mi Twitter, de mi web… Del discurso político que estoy planteando.
Discurso político sobre la sexualidad, sobre cómo tomarla…
Exacto. Obviamente ambos círculos interseccionan y en el medio está la gente a quien, además de gustarles físicamente y mirar mis películas, se interesan por lo que digo.
La intersección entre, ejem, pajeros y los que escuchan, vaya.
[Risas] Sí. Todo es bienvenido porque me parece increíble que haya gente siguiendo mi trabajo por el motivo que sea, pero es interesante porque en el mundo del porno la gente sigue a las actrices por la primera opción, no por la segunda, y el hecho de que esta segunda opción exista y ambas interseccionen es fascinante.

Marilyn Monroe no dejaba de leer teatro y andar por ahí con literatos, pero la gente la seguía viendo como un mero objeto sexual. Es una queja recurrente entre la gente que se hace famosa por su cuerpo, como es tu caso. Vale que es a lo que te dedicas, ¿pero no hay una parte de resquemor? ¿De querer que vean tu «yo real»?
No, para nada, estoy agradecida de que exista la segunda opción, pero dedicándome a algo tan básico como la pornografía, que tiene que ver con tu cuerpo, con tu cara y con cómo folles, me parece obvio que la gente me conozca por ese aspecto y maravilloso que además se interesen por el otro.
La lógica del camino que has escogido es que la gente se interese por tu cuerpo.
Claro, lo otro viene de bonus-track, y es maravilloso. Me parece un sueño que alguien me pueda pagar por escribir, por ejemplo, porque es una cosa que me encanta y que llevo haciendo desde siempre. El hecho de que una cosa sirva para visibilizar a la otra, bienvenido sea.
Te he leído alguna vez hablando de la volatilidad de la belleza física, y nunca había visto esto en una pornstar. Porque en el porno no puedes envejecer, es anatema. Bueno, ahora sí, con tantas disciplinas como hay…
Es lo primero que tienes que pensar cuando te dedicas a algo en lo que tu cuerpo y tu cara tienen que ver, sobre todo porque hay una fecha de caducidad. Y esa fecha no es solo el envejecimiento, también puede ser que te pase algo. Si ahora tengo un accidente y me rompo una pierna nadie me va a contratar. Y esto tienes que tenerlo en mente.
Ya, ese fetiche no existe aún. Que yo sepa. Veinteañeras escayoladas…
Pues sí existe, pero no conseguiría tanto trabajo como ahora. [Risas] Obviamente, cuando te dedicas a algo que tiene que ver con tu imagen, desde el primer momento tienes que pensar que se puede acabar. Puedes tener un accidente, puedes envejecer, te puede pasar algo… Hay muchos factores.
Una entrada de tu blog se titula «Pequeño acercamiento a la percepción de las relaciones emocionales». Pensé: ¿Es esta chica la listilla del porno? ¿La llaman empollona en los sets?
[Carcajada] La lista de la clase. Hay muchas personas que tienen mucho que decir, pero nadie les da el medio o no saben cómo encontrarlo. Hay mucha gente que tendría unos discursos muy interesantes si se les diese la forma de llevarlos al gran público. Empecé el blog sin ninguna expectativa de que pudiera llegar a este alcance. Lo empecé porque hace tres años me iba a vivir a América y estaba muy nerviosa y necesitaba escribir lo que me pasaba. Y la cosa fue desarrollándose.
En el pasado ha habido alguna actriz a la que se le conocían veleidades rocanroleras, pero ahora es un sueño geek hecho realidad: estrellas porno con aficiones tolkienianas.
Eso es interesante. Porque cuando te haces fan de una persona te haces fan también de su universo personal, y eso es lo más interesante. Visibilizar eso me parece delicioso, me parece una apertura mental y un descubrimiento increíble. Ves a alguien que te gusta y entonces descubres que lee lo mismo que tú. ¡Gracias internet! [ríe]
En esto sí que te debes sentir más acompañada. Porque hoy en día existe como una crew de actrices con veleidades literarias, afición al tatuaje rocanrolero… Sasha Grey, Stoya, en España está Silvia Rubí, que viene del rollo hardcore, Irina Vega…
Hay mucha más gente, pero ellas en concreto lo han visibilizado.
¿Tú sientes alguna afinidad particular con ellas? ¿Os sentís parte de algún tipo de escena? (los periodistas siempre intentamos descubrir escenas).
No dentro del porno. De hecho, dentro del porno me siento una rara avis. Fui al Salón Erótico de Barcelona en octubre y decidí no ir como actriz invitada, porque no me gusta hacer shows en público, no me gusta mucho el ambiente, así que fui como espectadora. Hay muy buen rollo, es muy divertido, pero no me siento en el rol de actriz cuando estoy en un show erótico. Me apunté a las charlas para especialistas del sector. Fui a la de bloggers y periodistas de la industria. Y cuando llegué allí vi que tampoco pertenecía a ese mundo. Era un rollo sórdido, pero sórdido al estilo Salsa Rosa. Del tipo «tú dijiste en tu blog que yo dije que aquella se había operado…». Nadie hablaba de porno, nadie hablaba de filosofía de la imagen, lo que antes te contaba que yo hablé en una mesa redonda con Andrés Barba. Por eso no me veo dentro del mundo de las actrices, no me veo dentro del Salón Erótico, no me veo dentro del mundo de los periodistas… ¿Dónde estoy? Bueno, yo me decidí a ir por libre.

También en El gran Lebowski se ríen de un viejo cliché del porno, eso de «el porno no está aquí abajo, sino aquí, en la cabeza». Y en Boogie Nights aparece el típico director que anhela hacer filmes «de calidad», con trama y guion… ¿El porno con trama funciona, o la gente sigue pulsando el fast forward clásico hacia las escenas sucias?
Es peligroso generalizar. Es como preguntar si al público general le gusta la comedia o el drama. Pues dependerá. Pero hay mucha gente a la que le gusta que haya guion. Y te voy a poner dos ejemplos. El primero es una producción que ha hecho Bobby Perú en Alicante y se llama Outland. El otro día estaba viendo el tráiler en mi casa y mi chico me preguntó si eso era porno o era una película. El nivel de grabación, de cinematografía, es increíble, es delicioso… Y además hay sexo. En el porno actual hemos olvidado el de los años ochenta y noventa, el de la época dorada, cuando venía Tinto Brass con Los burdeles de Paprika y la gente alucinaba. No solo era pornográfico, sino también cinematográfico. Y no solamente llamaba al consumidor de porno, sino también el de cine, porque son pelis que da gusto ver por la imagen, por la calidad de la fotografía… Con la aparición de internet y la producción de escenas en masa todo esto se perdió, pero sigo apoyando a los que intentan tirar por allí, porque me parece igual de interesante. De hecho, mi proyecto de fin de carrera eran las mezclas entre el lenguaje artístico, el pornográfico y el cinematográfico, y cómo se pueden mezclar los tres y que, aun así, sea excitante. Y es que no hay que olvidar que la finalidad del porno es la excitación.
Estoy de acuerdo contigo en que se pueden mezclar, pero por ejemplo en narrativa yo compartimentalizo. A mí el sexo en novelas me molesta más de lo que me interesa. En una trama me estorba el folleteo, quizá porque ya sé lo que va a ocurrir. Estoy siguiendo una trama y un desarrollo de unos personajes y de pronto me encuentro con algo que me es familiar en exceso.
Depende de cómo se cuente y cómo se planteen los personajes. Igual que en una película normal el sexo gratuito estorba y no tiene que ver con la trama, pero si se va construyendo una situación en la cual los personajes lo están buscando y al final sucede a mí sí me parece que puede aumentar la calidad literaria. Me parece hipócrita que se omita el sexo en todas las obras supuestamente artísticas, como si el sexo perteneciera a otra área del conocimiento y fuera sucio, turbio y moralmente reprobable.
Yo no lo decía por lo turbio, sino por lo familiar. Porque ya sé qué va a suceder, básicamente, y eso me aburre.
Imagina que pudieses leer una historia en la que los personajes por el motivo que sea acaban practicando sexo y, durante la acción sexual, acabas descubriendo algo de un personaje. Depende de cómo esté construido.
¿Qué opinas del extraño fenómeno Cincuenta sombras de Grey? Es un superventas tremendo en una época en que las novelas se venden muy mal.
Odio Cincuenta sombras de Grey. Aún no sé cuál es tu pregunta, pero quiero dejar constancia de ello [ríe].
La pregunta es por qué la gente lo compra. Es basura mainstream que funciona.
¿Me estás preguntando por qué funciona la basura mainstream? [Carcajadas]
Tienes razón, es la pregunta más autocontestada que he hecho en la vida. Me interesaba conocer el punto de vista de alguien que trabaja con sexualidad. ¿Por qué ha triunfado tanto esa porquería de libro? Porque siempre ha habido literatura pulp y literatura erótica…
Mira, yo creo que aprovecha el tirón de Crepúsculo y de literatura adolescente barata.
Con pollas en medio. El viejo truco.
Exacto. Es literatura para adolescentes enfocada a no adolescentes. Agarra un ideal de amor romántico y lo mezcla con toques «picantes». Es como leerte la sección de sexo de la Super Pop.
Jazmín con tetas.
Sí. Es como cuando en la Vogue te dicen que para endulzar tus aventuras sexuales tienes que practicar sexo en el suelo de la cocina. ¿Pero qué coño me estás contando? ¡Habla con tu novio y mira qué podéis hacer!
Mi sensación es que el porno siempre había estado dirigido a machos hirsutos y ahora esto está cambiando.
Esto también es interesante. Uno de los problemas de la pornografía actual es que no hay diversidad de miradas. El porno actual está hecho por y para un público masculino, occidental, heterosexual, heteropatriarcal, heteronormativo… Una serie de adjetivos….
Que empiezan con hetero, ya lo veo.
Sí. Se dirige a un porcentaje de la población relativamente pequeño. Hay mucho hueco de mercado. Lo que sucede es que en el mundo del porno actual un 90% de las producciones que se hacen están dirigidas por antiguos actores. Se dedican a representar y repetir un modelo manido, casposo y anticuado que se hacía en los años ochenta. Llevamos veinte años haciendo el mismo porno. Si coges una escena de hace diez años y una escena actual puedes intercambiar a las actrices y a los actores y es exactamente lo mismo. Hace falta diversidad de miradas. Que las chicas hagan porno. Pero no por lo feminista o transexual o no-heteropatriarcal, abajo las etiquetas, lo que quiero es que haya diferentes miradas, diferentes personas con diferentes estratos sociales, culturales, diferentes condiciones sexuales… Más gente haciendo porno. Que no haya solo antiguos actores masculinos, occidentales, blancos y heteropatriarcales, porque [simula pegarse un tiro en la sien], puaf, estamos todos cansados de ver el mismo tipo de pornografía. Ahora mismo están apareciendo otros modelos de representación, como Erika Lust, algunas chicas en América, otras en Europa… Van haciendo otras cosas. Más o menos interesantes, pero diferentes.
Y más destinados a chicas.
[Dubitativa]. Mmm. Sí, ese discurso existe en algunos casos. El discurso que ha tenido Erika, por ejemplo, es el del porno por y para mujeres, pero después de haber trabajado con ella yo lo llamaría pornografía ética, y quiero que esta palabra se acuñe: Pornografía Ética. Esto es lo que hace falta en el porno: que haya igualdad en todos los sentidos, sobre todo en la representación de la sexualidad. Las historias del porno actual giran en torno a la niñera cachonda, el fontanero supermusculoso, me cansa.
El profesor con la alumna… La clase docente tiene que estar masturbándose con furia bíblica, porque veo mucha oferta dirigida a ese nicho de mercado concreto.
[Carcajeándose] ¿Y qué me dices del pizzero con la polla dentro de una pizza? Eso me aburre…

¿Hay más machismo en tu industria que en otras? Porque ya te digo que el rocanrol, por desgracia, sigue siendo cosa de hombres. Como el coñac.
«Como el coñac» [ríe]. Pues mira, hay muchos matices que hacer. Empezaré diciendo que sí, hay machismo en el porno. Pero sobre todo, y este es el matiz clave, lo que hay son relaciones de poder. Y este es el verdadero problema. Mira, Pamela Palenciano habla básicamente de eso, y ahora utilizaré varias de sus frases, porque su discurso es increíble. Ella habla en general, pero es totalmente aplicable al porno. Como actriz estás en una situación de inferioridad respecto a las productoras, los agentes, los directores… Respecto a todo el mundo. Al final eres la pieza principal de la producción y la que es ninguneada por todo el mundo.
Sé de lo que me hablas. A los novelistas nos sucede a menudo.
En realidad sí. Es lo mismo. Eres la persona que está haciendo el trabajo y de la que se está riendo todo el mundo y de quien todo el mundo se intenta aprovechar. Siendo este un mundo hecho por y para hombres e inmerso en un círculo vicioso de heteropatriarcado y normatividad se siguen unos modelos de conducta degradantes hacia la mujer. Y con esto no me refiero a las prácticas, porque hay quien se queja de que a las chicas se les corren en la cara o les hacen hacer una felación. Porque eso, si es consentido, me parece maravilloso. El problema no son las prácticas, son los argumentos, donde se plantea a la chica como la puta a la que puedes comprar por dinero. Y hay productoras que presentan esto como la historia principal de sus producciones. Sin ir más lejos, el otro día en Budapest rodaba una escena para Mofos, que es una compañía americana, también del grupo de Manwin, y en la historia yo soy una mendiga que está pidiendo por la calle, y de repente viene un tío con la cámara en mano y me ofrece dinero para que le haga una mamada. Lo hago, y me acaba pagando más dinero para que vayamos a su casa para que me acueste con él. ¿Cuántas historias como esta hemos visto en el porno? Estoy cansadísima. Si fuese un tanto por ciento mínimo o normal vale, pero es que un tanto por ciento muy alto de las producciones pornográficas se basan en este modelo: la chica es una puta a la que se compra por dinero, la actriz porno es una mujer fácil, es una mujer accesible e insaciable que lo haría todo por dinero. Y he aquí el concepto: «lo haría todo por dinero». Por Dios. ¿No podemos presentarnos como personas normales? Con la libido alta y con apetencia por mostrar nuestra sexualidad, pero no diosas insaciables. Al final es un modelo que no es cierto en ningún caso.
Quizá por cosas como estas, si dices que eres usuario porno en un entorno de izquierdas se te etiqueta como bruto pajeador loco y machista. Cuando esto es cierto solo si te atienes a ese tipo de guiones, que sí son de dominación bárbara.
Yo me considero feminista, y recibo cientos de mensajes diciéndome que no puedo ser feminista y estar en el porno, porque estoy apoyando una sociedad patriarcal. Primero, no todo el porno es así. Y segundo, no hay discurso más feminista que ser tú misma la que decide qué hacer con tu propio cuerpo.
¿Hasta qué punto la gente te reconoce por la calle?
En Madrid y Barcelona me pasa bastante. En los últimos tres AVE que he cogido me han reconocido, lo que me resultaba muy gracioso. Incluso la última vez recibí un tweet diciendo «Qué guay, estoy en el AVE y a mi lado está Amarna Miller». Y acabamos hablando. Por la calle sí me reconocen. Tampoco una cosa loca, pero también a la gente le da un poco de vergüenza decírtelo cara a cara, porque implicaría un «Te he visto en bolas, te he visto follando». Pero luego sí recibo mensajes por Facebook o Twitter diciéndome que me habían visto corriendo por Sol con una camiseta de Pikachu [ríe]. Pues sí, en efecto; esa era yo. Este mismo verano en Kyoto estaba entrando en una residencia de artistas donde me quedaba a dormir y tropecé en la puerta con alguien, y me salió la disculpa en español. Y el chico también era español y me dijo: «¡Tú eres Amarna Miller!». ¡En Kyoto! Era una banda de músicos de Barcelona que estaban de gira por Japón, y me hizo mucha gracia que alguien me reconociera allí.
Terminamos: ¿qué es lo más negativo de tu trabajo? En el caso del novelista es el aislamiento y la soledad, por ejemplo (según lo veo yo).
Ya. En mi caso, llega un punto en que cansa que la gente te confunda con una prostituta. Estoy a favor de la prostitución, pero el hecho de que me confundan con una prostituta me hastía. Otra de las cosas que no me gustan no tiene que ver con la pornografía, sino con ser un personaje público, y es que la gente asume que te conoce solo por haber visto cierta parte de tu personalidad. Leen tu blog y ya creen que te conocen, y entonces me abordan por la calle diciendo: «Hola, Marina, ¿qué tal?». Me siento un poco violada, porque lo que está viendo de mí es el tanto por ciento que yo quiero mostrar. Si se tratara de un amigo me encantaría que me abordase así, pero siendo un completo desconocido me resulta agresivo que alguien presuma de conocerme. El hecho de ser un personaje público dificulta el conocer a personas, porque esas personas ya saben cosas sobre ti y sobre tu personalidad, y tú nada sobre ellas. La barrera de la confianza queda traspuesta, porque esa persona sabe cosas de ti que a lo mejor no le has contado. Y eso es raro.
Fotografía: Alberto Gamazo