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Guisantes e calabacíns
Aínda que teño unha nula habilidade para calquera traballo manual, coma todos os torpes, teño curiosidade e fascinación por todas as artes que requiren da destreza tanto coma da cabeza. Desde hai anos, a admiración polos labregos foi en aumento. Por suposto que participei en vendimas, incluso na colleita da pataca ou en tarefas ben ingratas como empillar vides, librar cortes de esterco, dar sulfato ou ir buscar leña pero a miña sempiterna alerxia ao pole e esa incapacidade manifesta para enrestrar máis de dúas cebolas libroume de facer eses labores decontino. Pero si sigo o calendario da sementeira e dáme moita ledicia papar das leitugas, amorodos ou tomates que a miña muller Eva cultiva no seu metro cadrado de abundancia, ao pé da casa.
A semana pasada uninme a un grupo no facebook que espalla e coordina as experiencias da agricultura ecolóxica en Galicia. Hai moita xente nova retornando á terra. Hai moita xente cun vocabulario deturpado para eses produtos da terra. Hoxe imos falar de horta, dos nomes galegos da horta.
Un castelanismo que está gañando moito terreo (nunca mellor dito) ultimamente é o de guisante. En galego temos varias opcións propias para definir esta leguminosa. A máis común é chícharo pero hai outras. Podemos empregar perico, ervello, ervella ou ervilla. “O puré de ervillas é deses pratos que só se aprecian cando tes máis de quince anos”.
Na horta óese moito falar de calabacín. Loxicamente, tamén é un castelanismo. Construído a partir do tamén castelanismo calabaza, en galego denomínase cabaciña, a partir de cabazo ou cabaza.
É difícil tamén que non oiades dicir puerro (ás veces pronunciado poerro). A forma galega obvia é porro ou allo porro. O castelán ajete denominámolo allo tenro e as cebolletas son en galego cebolas tenras.
Xa falamos no seu día dos feixóns verdes. Outras variedades desta leguminosa son os tirabeques. Sen saírmos dos legumes, diremos lentellas, non lenteghas nin lentexas e garavanzos.
Os boniatos coñécense en galego como batatas e a palabra verza escríbese en galego con v. Dos canónigos tamén xa fixemos un artigo. Tamén da rúcula. Outra herba que lle presta ás ensaladas é a alfábega, que tamén se pode dicir albaca ou alfabaca.
Aínda que ás veces escoitei dicir maís, en galego debemos dicir millo, milleiro ou maínzo cando falemos do cereal das mazarocas ou espigas amarelas (non mazorcas nin mazurcas).
En galego, a figueira dá figos e béveras, non brevas. A árbore que dá cereixas non é un cereixo senón unha cerdeira (tamén se pode empregar cereixeira). As ciruelas castelás son ameixas en galego aínda que segundo a variedade poidan levar algún apelido: cirola, fatón, claudia…
Agora pousade o punteiro cabo do ordenador e saíde á fresca que están os xardíns perfumados de aroma de glicinia, a flor máis efémera da primavera galega.
Why is Your Millennial Crying? A Guide for Parents

Gemma Correll wants to ease the minds of parents with weepy millenials by helping them try to understand their angst. While it could be a number of minor things as in the images shown here, the source of their pain may also be something more significant. There are only four of nine panels shown here;see the web comic in its entirety at The Nib. 


How did pink become a girly color?
"For most of history, pink was just another color. It was worn equally by men and women," Jennifer Wright states in a recent article about the history of the color published by our sister site Racked. The history of pink is well-documented and involves quite a lot of interesting twists and turns.
In 1927, Time magazine surveyed 10 major departments stores across the country. The publication wanted to how each store associated the colors pink and blue with boys and girls — and the answers were surprisingly mixed.
Up to this point, most children dressed in gender-neutral clothing and typically wore white because it was easy to bleach and keep clean. It wasn't until the 1950s that the color pink became a "girly" color.
Mamie Eisenhower, 1953. (National Archives)
Many historians point to Dwight Eisenhower's presidential inauguration as a pivotal moment in the history of pink. Mamie Eisenhower, the new first lady, arrived at the inaugural ball in a stunning pink ball gown studded with 2,000 rhinestones. Mrs. Eisenhower's favorite color was pink, and newspapers and fashion designers across the country quickly latched on to her colorful style and charming domesticity. It was a welcome reprieve from the last decade of war, when women typically wore much simpler styles and were hard at work in factories.
As you'll see in the video above, the color pink has evolved beyond a hue associated with traditional women. In fact, many women since Mrs. Eisenhower have used pink in more calculated ways, including current presidential hopeful Hillary Clinton.
Junji Ito, el señor del manga extraño
Por qué Galicia es la comunidad más querida en Internet
Rebatimos (o no) los estereotipos que los franceses tienen de nosotros
Conocer un país a través de un montón de estereotipos seguramente es la peor manera de hacerlo. Posiblemente todo lo que piensas de los rusos es falso. O de los chinos. Pero seamos sinceros, todos practicamos ese deporte.
Los franceses son unos guarros, los ingleses tienen los dientes fatal, los argentinos no pueden parar de follar y los panameños... Bueno, no tengo muy claro nada sobre los panameños pero prometo informarme mejor para un próximo artículo.
En fin, que para intentar demostrar lo que acabo de decir les pedimos a nuestros compañeros de Vice Francia que nos hicieran una lista de los estereotipos más comunes que tienen allí de los españoles, también pedimos a una ilustradora que nos hiciera unos dibujos bien guapos para que nos ayudaran a visualizarlos y desde nuestra redacción nos dedicamos a revisar la veracidad de toda esa mierda que dicen de nosotros.
DORMÍS LA SIESTA TODOS LOS DÍAS
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Sí, la verdad es que no sé cómo lo conseguís, tíos, pero aquí en Francia todos pensamos que dormís unas tres horas o más después de comer. Así que os pasáis en total un mínimo de cuatro horas al día haciendo dos de las mejores cosas del mundo: comer y dormir. Además fijo que aprovecháis para echar un polvo con vuestra pareja. O igual os leéis un libro entero... O quizá simplemente miráis al techo esperando que os invadan los catalanes.
Veracidad del estereotipo - 16%. Según un estudio de la Fundación de Educación para la Salud del Hospital Clínica San Carlos (Fundadeps) y la Asociación Española de la Cama (Asocama), publicado por una fuente muy fidedigna, solo un 16% de los españoles tienen el enorme privilegio de dormir la siesta después de comer todos los días. Los demás tenemos que jodernos y seguir haciendo como que trabajamos durante esas horas que dios creó para dormir y como bien decís, follar. Lo de leer tampoco va mucho con nosotros.
OS ENCANTA MATAR TOROS
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Las corridas de toros son muy vistosas por el color de los trajes de los toreros, la arena amarilla y el hecho de que Hemingway escribiera sobre ellas, pero en serio, ¿qué hay de bueno en ver a un tío ridículo con un sombrero absurdo matar a un precioso animal solo para que unos cuantos se rían y beban sangría y griten "Olé"? Joder, tíos. Ya no estamos en el siglo XVI y no tenéis que mantener a raya a los protestantes. Y, por cierto, matar a un toro no tiene tanto mérito. Lo que pasa es que os complicáis demasiado.
Veracidad del estereotipo - 29%. En abril de 2013, la Humane Society encargó una encuesta a la empresa Ipsos MORI para dar algo de luz a esta eterna duda y esta dio como resultado que solo un tercio de los encuestados apoyan las corridas. "Apoyar" no quiere decir que realmente asistan a ninguna ni que realmente les gusten. Aparte de que en algunas comunidades como Cataluña ya ni siquiera se celebran corridas, en el resto de España cada vez va menos gente a los toros. Será por lo que sea, perocada año hay menos festejos taurinos y el público es cada vez más escaso a pesar de las subvenciones y todas las facilidades que algunos partidos políticos se siguen empeñando en darle a esta absurda forma de pasar el tiempo.
ESTÁIS MUY ORGULLOSOS DE VUESTRO REY
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Vale, de acuerdo, entonces resulta que a este tío lleva trajes caros, tiene una casa de puta madre y puede irse a jugar al golf siempre que quiere porque habéis decidido darle todos los años una pasta similar al Producto Interior Bruto de Turkmenistán solo por haber nacido el primero en una determinada familia. Pero, en serio, ¿un rey? Es como si vivierais en la Edad Media y fuerais a levantar castillos y fortalezas para evitar que los países de alrededor os invadieran. Quizá es que os gusta ver la cara de este tío en vuestros euros. Nosotros le cortamos la cabeza al nuestro hace 200 años. Quizá deberíais plantearos algo parecido. ¿Qué haría él? ¿Presentar una demanda?
Veracidad del estereotipo - 47%. Casi uno de cada dos españoles se declara monárquico, es cierto. ¿Por qué ocurre esto? La verdad es que quizá yo no soy la persona más adecuada para responder a esto. Podría llamar a un sociólogo o a algún experto en historia de España, pero como soy Español y uno de los estereotipos que no habéis dicho, franceses, es que aquí todos tenemos una opinión de todo, voy a enunciar mi teoría. Yo creo que tanta gente apoya al rey porque no tienen confianza en que ninguna otra persona pudiera sustituirlo. Prefieren quedarse con lo que ya tenemos. Con sus palacios y sus vacaciones en Palma de Mallorca, pagados por todos, con sus niñas rubias y con sus portadas en la revista ¡Hola!
LOS CATALANES QUIEREN ENTRAR EN GUERRA CON LOS CASTELLANOS
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Para nosotros aquí en Francia, ya nos parece una locura el que algunas personas dentro de un mismo país hablen un idioma diferente simplemente porque viven en regiones diferentes. ¿Por qué se incluyó a esa peña en el país al principio? Da una sensación de follón importante. Será porque aquí en Francia tenemos la absurda creencia de que todos los habitantes del país somos como hermanos simplemente porque hablamos el mismo idioma. De todos modos, según vemos en las noticias, los catalanes quieren separarse del resto de españoles, con lo que igual tenemos hasta un poco de razón.
Veracidad del estereotipo - 35%. Bueeeeno. No me quiero meter en arenas movedizas aquí, pero creo que va a ser difícil no hacerlo. Es realmente imposible decir exactamente cuántos catalanes quieren la independencia de Cataluña o no, pero me he sacado ese porcentaje un poco a ojo mirando los resultados de la consulta que se celebró el 9 de noviembre del año pasado. Votó el 37% de la población y de esos, un 90% dijo que quería que Cataluña fuera un estado (solo un 80% que fuera independiente). Pero claro, eso es demasiado fácil de rebatir porque muchísima gente no votó. No se puede suponer que toda esa gente hubiera votado "No". De todos modos, nada de guerras.
SOLO COMÉIS PAELLA
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La paella es como mezclar todo lo que tienes en la nevera y lo que ha estado en tu despensa durante los últimos tres años y ponerle arroz. Es increíble lo bien que sabe, joder. El problema es que no tenéis mucho más que ofrecer, excepto el chorizo que es como coger un buen embutido francés y ponerle un montón de especias. Y está buenísimo también, ¿eh? Pero la verdad es que culinariamente sois los ingleses del sur de Europa.
Veracidad del estereotipo - 5% (por decir algo). Supongo que de este estereotipo los principales culpables somos nosotros mismos. Recuerdo que la primera vez que vine a Barcelona me quedé flipado viendo que las Ramblas estaban llenas de sombreros mexicanos, toros, flamencas y carteles en los bares ofreciendo paella y sangría. Ahora quizá la cosa ha bajado un poco, pero la industria turística se ha pasado años promocionando esas cosas. Pero si nos remitimos a la realidad, la gastronomía española es una de las más impresionantes del mundo y cada día más. ¿Os suena el nombre de Ferrán Adrià? Hay algunas personas que dicen que lo que hacía este tipo en El Bulli más que comida era un happening, pero miles de ricachones de todo el mundo hacían cola en su restaurante rogando que les diera una mesa.
OS GUSTA TRABAJAR TODAVÍA MENOS QUE A LOS FRANCESES
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Tíos, ya sé que nosotros los católicos estamos en contra de toda esa concepción luterana del trabajo que tienen los alemanes y los ingleses. No necesitamos trabajar 75 horas a la semana para que se nos abran las puertas del cielo y no sentirnos acomplejados como hombres. Trabajar es una mierda, pero a ver, es que vosotros pasáis de la fiesta a la siesta y luego a la movida... ¿Cuándo trabajáis? Desde aquí vemos a España como 47 millones de franceses con una temperatura de 30 grados entre marzo y octubre. Nadie puede trabajar en esas condiciones. Incluso hacer una llamada es como subir una puta montaña. Así que os entendemos. Lo cojonudo es que a veces he escuchado a algunos españoles quejándose de que aquí en Francia no curramos. Por favor, tíos.
Veracidad del estereotipo - 100%.
Todas las ilustraciones de Sophia Pega
"Yes, but..."
How Many Game of Thrones Readers Have Died?

(Image: HBO)
No, we're not talking about how many characters George R.R. Martin has killed off, but how many readers of his multivolume series A Song of Ice and Fire. He published the first volume, A Game of Thrones, in 1996. It was a huge publishing success. Many people read it. Not all of those readers are still alive.

Jerzy Wieczorek, a doctoral student in statistics at Carnegie Mellon University, speculates that about 40,000 readers who began the series did not live to see the publication of the fifth novel, A Dance with Dragons. We can reasonably conclude that George R.R. Martin is responsible for their deaths, most of which were gruesome and cruel.
-via Flowing Data
En el debate sobre el feísmo en Galicia, ¿cuánto hay de clasismo y auto-odio encubiertos y cuánto de auténtico sinsentido arquitectónico? ¿Se aceptará algún día la omnipresente "casa nova" unifamiliar como parte de nuestra imagen?
Me ha costado muchísimo entender el feísmo y al final he acabado dejando la conclusión en que en Galicia no somos mucho más descuidados con la estética que en otros sitios, pero es que lo ponemos todo mucho más junto y además, al ser nuestro terreno menos plano, vemos más a menor distancia. No sé hasta qué punto puede ser válida esta teoría cubista de lo hortera pero no he llegado a nada mucho mejor.
A eso se suma además el problema que parece que tenemos del entendimiento de la iconografía tradicional y la imposibilidad para traducirla directamente a un material contemporáneo. Al final tienes que tu vecino se monta contiguo al límite que divide vuestras parcelas su hórreo con ventanas de aluminio imitando carpinterías de madera porque no tiene espacio (ni tampoco mucha vergüenza) para hacerlo al fondo, y ahí estás tú con tu cerramiento de bloques de hormigón y tu caseta de chapa metálica. Ya tienes la imagen que, sin ninguna cualidad de las que pueden tener otras menos abundantes, es al fin y al cabo la más característica del paisaje construido gallego.
El feísmo, en principio, no es algo que esté bien, pero tampoco es que sea moralmente malo. La falta de aceptación supongo que viene, como tú dices, del auto-odio que siempre ha impedido que aceptemos cualquier cosa intrínsecamente nuestra. Y lo empeora sin duda lo fuerte que es su presencia y su imagen.
Cuántas cosas se habrán aceptado y hasta ensalzado siendo estéticamente atroces. Hay países, no lo dudo, muchísimo más feos. Yo creo de todas formas que su reivindicación no está lejos, sólo hace falta que alguien lo comente y llegará la glorificación del feísmo. Es el momento más adecuado, nunca la frontera entre lo bello y lo feo había sido tan débil. Además, los ánimos están dispuestos. Si en Galicia hasta se ha llegado en los últimos años a aceptar que viajar a Portugal te da más nivel cultural que te quita, de qué no puede convencerse a un pueblo. Ya no existe moral, todo es tendencia.
House France writes to the Seven Kingdoms
Still, House France would be happy to sell Rafale fighter jets to whoever could buy them in Westeros.
Haunting Photos of Abandoned Boarding Schools
Image: prolite669
These eerie pictures of abandoned boarding schools look like something straight out of a horror movie flashback. It's easy to imagine a modern day movie scene shifting to sets that look like these dilapidated buildings full of scholastic scraps. Perfect to flesh out a plot in which an evil headmaster terrorizes youngsters whose disappearances are still a mystery.
See more images from this photo collection at Urban Ghosts.
Image: fish95th
Image: True British Metal
Image: True British Metal
Una Publicidad del Diablo
En serio, es echadle un ojo a los medios online y no dejar de encontrarse uno con cosas como...
Vamos, casi casi que lamento que los medios españoles perdieran el pulso con Google y ahora los suyos estén desaparecidos.
Y eso por hablar de los titulares en español, que en cuanto te pones con los medios ingleses y americanos ya no sabes lo que vas a ver. Empiezas por lo medio-esperable y según van saltando dejas de saber por dónde puede ir yendo la cosa...
Nos movemos así, por estímulos globales y fijándonos cada vez más en los diferentes detalles, grandes y pequeños, porque de ahí puede salir la siguiente historia que nos traiga visitas y, oye, o mismo hasta algo de publicidad más o menos patrocinada, que aquí lo que es sacar unos duros de un produce placement seguro que también están dispuestos, que hay que tener mucha vista.
Total, a estas alturas no es tan sencillo saber qué es una noticia y qué no lo es y lo importante es lograr el contenido fácilmente viralizable para que el SEO te diga que el networking de tu branding está OK.
Que sí, que en serio. Mirad, mirad:
(etagap sanu sadnor!)
¿Qué? ¿La serie? No, ni idea. Esto lo han sacado en USA. Para verla tendríamos que descargarla de alguna manera ilegal, o verla en streaming como cómplices de gente que no tiene los derechos o, incluso, fingir que somos de otro país para pagar por verla. No sé si eso es peor que fingir que eres suizo para bajarla de un sitio de piratabahía. Y nosotros no haríamos eso. Si nos estáis leyendo comentarlo es para fingir que sabemos de lo que hablamos, como del resto de cosas. Primero opinas y luego ya lo ves. Pero nosotros ni idea, eh, que nosotros las leyes las respetamos que no veas y no hacemos cosas moralmente reprobables. Ni que fuéramos el gobierno.
Can science fiction change the world?
Lo bueno (y lo malo) de estar en familia
Suena a tópico, pero no haber pasado el tiempo suficiente con los amigos y la familia es uno de los principales arrepentimientos que expresa la gente antes de morir. Además, hay quintales de evidencia científica que sugiere que interactuar con aquellos que nos aprecian y a los que apreciamos revierte positivamente en nuestro estado de ánimo.
Así lo explica Daniel Gilbert, profesor de psicología de Harvard:
Somos felices cuando tenemos familia y somos felices cuando tenemos amigos, y casi todas las otras cosas que creemos que nos hacen felices son, en realidad, vías para tener más amigos y más familia.
Estas palabras resumen a la perfección las conclusiones de los últimos hallazgos en psicología social, y echan por tierra el tópico filosófico antediluviano de que el ser humano tiene que ser autosuficiente, no dependiente de los demás.
De igual modo, el estudio Terman, recogido en The Longevity Project, sugiere que las relaciones con los demás son fundamentales para vivir una vida feliz:
El beneficio más claro de las relaciones sociales viene de ayudar a los demás. Aquellos que ayudaban a sus amigos y sus vecinos, aconsejando y cuidando de los demás, tendían a vivir más que el resto.
Odio a mi familia
Ahora mismo podéis estar enarcando una ceja escéptica porque no os lleváis bien con los miembros de vuestra familia y preferís la soledad a la compañía vacua de vuestras amistades. Pero, a no ser que sufráis Asperger, la mayoría de la gente está diseñada para ser social. De hecho, nuestras emociones, incluso las emociones negativas que nos suscitan determinados miembros de nuestra familia, si bien no resultan buenas para nuestra supervivencia inmediata (ira, culpa, envidia), sí son emociones estratégicas para vivir en sociedad más armónicamente.
Es lo que expone Robert Frank, un economista de la Universidad de Cornell, en su libro de 1988 Passions Whithout Reason. Son emociones estratégicas que han sido forjadas para crear vínculos con los demás.
Por ejemplo, en el caso del sentimiento de culpa, resulta difícil fingir que sentimos culpa cuando no es así, pero si experimentamos culpa y los demás se dan cuenta de ello, entonces pueden comprendernos, disculparnos y hasta ayudarnos. A la larga, si los demás advierten que somos capaces de sentir culpa cuando toca sentirla, recibiremos mayor cuota de confianza social.
El sentimiento obra como una especie de garantía social para detectar estafadores, egoístas o asociales. No es un método perfecto, pero sí lo suficiente como para que nuestros ancestros establecieran vínculos de colaboración y se reprodujeran más que los homínidos que iban por libre.
Naturalmente, eso no quita que en el seno de las familias se produzcan tiranteces, fricciones y chispas. Incluso, en la actualidad, de una forma en general más intensa que en muchas interacciones sociales. La violencia entre personas parece estar descendiendo cada vez más, pero la violencia familiar no lo hace en el mismo grado. Ello podría ser fruto de la llamada Ley de Verkko. Tal y como explica el psicólogo cognitivo Steven Pinker en su libro Los ángeles que llevamos dentro analizando esta ley bajo el foco de un estudio de los biólogos canadienses Martin Daly y Margo Wilson:
La explicación de Martin Daly y Margo Wilson es que los miembros de la familia se sacan de quicio unos a otros en grado similar en cualquier tiempo y lugar, debido a conflictos de interés muy arraigados que son intrínsecos a los patrones de coincidencia genética entre personas emparentadas. La violencia viril entre conocidos masculinos, en cambio, la fomentan las luchas de dominio que varían más según las circunstancias.
¿Trabajo o familia?
Una de las actividades que más tiempo nos roba a la hora de estar con nuestra familia es el trabajo. Muchos de los estadounidenses encuestados en la reciente encuesta Allstate/National Journal Heartland Monitor sugieren que resulta una gran desafío equilibrar el trabajo con la familia.
Lo que también pone de manifiesto la encuesta es que la gran mayoría de los encuestados estuvo de acuerdo en que, si se gestiona adecuadamente el tiempo, se puede tener éxito en el trabajo y mantener una vida familiar saludable. Un factor al que debe contribuir decisivamente la política de conciliación familiar en los contratos de trabajo.
En la encuesta también se advierte que son más los hombres que las mujeres los que sostienen que se puede compaginar una vida laboral con una familiar. En cuanto a nivel de estudios, quienes carecían de títulos universitarios se mostraban más escépticos ante la posibilidad de conciliar vida laboral y familiar.
Lo relevante, en todo caso, es que debemos encaminar nuestros pasos a mejorar esa conciliación, pues los estudios científicos al respecto no dejan lugar a dudas: si se descuida la familia, todo lo demás puede fallar. Y las familias, sobre todo en época de crisis financiera, constituyen un importante colchón emocional y hasta económico.
Así pues, si bien resulta cada vez más preocupante la necesidad de compaginar trabajo y vida social, sobre todo en una época en la que los sueldos medios se han estacando, deben establecerse prioridades que inclinen la balanza hacia las conexiones sociales antes que el éxito laboral.
De ello no se deduce que debamos renunciar al éxito laboral, porque es una forma de realización y de hacernos sentir orgullosos de nosotros mismos, así como a ser aceptados socialmente por los demás. Lo que se determina es que, en igualdad de condiciones, debería prevalecer siempre cultivar las amistades y las relaciones familiares antes que un ascenso en nuestro trabajo. Ley de Verkko mediante.
Imagen de portada: Shutterstock.
Este post Lo bueno (y lo malo) de estar en familia, escrito por Sergio Parra, se publicó originalmente en Yorokobu.
El fascismo ferrolano, y su padrino Suevos... el otro, Romay Becaría... el narco Dorado... con Feijoó y los arsenios
En la centuria de los cadeneros también militaba Arsenio Fernández de Mesa, actual director de la Guardia Civil. En aquella época, la complicidad del benemérito cuerpo con los guerrilleros de Cristo Rey era vox populi.
Ánxela Loureiro fue una de las víctimas de la centuria falangista capitaneada por Fernández de Mesa y Cruz Gamada. Y la primera en denunciar formalmente a Manuel Cruz y a los cadeneros a los que pudo reconocer.
“El 20 de febrero de 1975 –Franco aún vivo– convocamos una reunión en el instituto masculino. Nuestros compañeros querían que nosotras, las rapazas, fuéramos a hablarles a la hora del recreo para que se iniciara, también allí, un movimiento estudiantil. Nuestra consigna partía de la universidad: las fuerzas de la cultura con las fuerzas del trabajo.
Suevos era el alma de la joven centuria ferrolana, su creador. Había sido amigo de José Antonio Primo de Rivera, fundó Falange Española en Galicia en 1935 y había capitaneado la centuria falangista de la Sierra de Guadarrama durante la Guerra Civil. En el franquismo hizo carrera como corresponsal de la prensa del Movimiento en París, primer director de TVE y presidente del Atlético de Madrid.
El prestigio de Suevos entre el fascio ferrolano, el Ejército, la Guardia Civil y la Policía era una de las cartas de impunidad más valiosas de los Cristo Rey. Por eso sentó como una patada en la patria que una adolescente osara denunciar y llevar a juicio a Manuel Cruz, Castro Couto y unos tales Matías, Boado y Araguas de borrosa memoria. “Durante mucho tiempo recibí llamadas telefónicas con amenazas de muerte, pero a pesar de todo se realizó el juicio y salieron condenados”, recuerda Ánxela Loureiro.
El asunto Loureiro era casus belli en Ferrol. Un grupo de compañeras de instituto de la joven dejaron de asistir a clase y protagonizaron sentadas cotidianas a las puertas del instituto Camilo Alonso Vega, bautizado así en honor al militar y ministro de Gobernación franquista. Con otro estilo, también los obreros y sindicalistas ferrolanos quisieron demostrar su solidaridad con las agredidas: un grupo armado de palos y puños propinó una paliza a los guerrilleros fascistas en la cafetería Sakuska, su habitual centro de reunión.
“A Fernández de Mesa lo recuerdo como palmero [de los agresores] durante el juicio, y oportunamente en el WC cuando fueron a por él en el café Sakuska de la Calle Real. Era ya un lechuguino y un cobarde, siempre con ellos [los de Cristo Rey] pero siempre detrás”, relata el historiador Bernardo Máiz, entonces joven profesor del instituto de Loureiro. “La permisividad policial con ellos era absoluta”.
El día de la vista el juzgado estaba abarrotado. “Fue muy emocionante para mí ver a tantas personas apoyándome en el juzgado. Había tanta gente que algunos se tuvieron que quedar fuera. Se decía que muchos trabajadores de Bazán habían pedido el día de permiso para asistir”, recuerda Ánxela Loureiro.
Pero los Guerrilleros de Cristo Rey no limitaban su actividad al apalizamiento de niñas. “Comenzaron a actuar, en aquellas fechas, contra algunos curas rojos (Vicente Couce, Bernardo Cendán, Cuco Ruñís). Se les presentaban enseñando las pistolas y hacían pintadas: Curas rojos, no. Intentaron quemar la iglesia de Santa Mariña y la del Socorro”.
De aquel grupo de Guerrilleros, al menos Fernández de Mesa y Manuel Cruz se afiliaron al franquisno sociológico de Manuel Fraga y su Alianza Popular en 1977. Ambos, además, se casaron jóvenes con dos chicas de la alta genealogía castrense de la ciudad ferrolana.
El actual presidente gallego, Alberto Núñez Feijoó, también apadrinado por Romay Beccaría, del que fue número dos en las consellerías de Agricultura y Sanidade, conoció entonces a Manuel Cruz y lo adoptó como chófer. El propio Feijóo reconoció a Elisa Lois, periodista de El País, que fue Cruz quien le presentó al narcotraficante en 1994. “Aquí en Vilagarcía dejó de ser el ferrolano para convertirse en el chófer de Feijóo. Se les veía habitualmente”, recuerda el periodista arosano.
Resulta difícil de creer que Feijóo, como asegura, desconociera las actividades de Marcial Dorado. El contrabandista había sido detenido por primera vez en 1983, y todo el mundo en Galicia sabía a qué se dedicaba.
Manuel Cruz, entre tanto, era un activo testaferro de Marcial Dorado. Se implicó directamente en empresas del narco como Petrogalicia y Xatevín, dirigiendo las gasolineras que aquel poseía en Caldas de Reis y en el puerto deportivo de A Illa. Pero Cruz Gamada nunca se llegaría a sentar en el banquillo junto a su otro jefe, aparte de Feijóo. Moriría en un accidente en 1999, dos años antes de que el juez José Antonio Vázquez Taín empezara a investigar el entramado financiero de Dorado.
La relación del PP gallego con el contrabando y el narco es histórica. Dos de sus alcaldes más populares en los 80 y los 90, Vicente Otero Terito y José Manuel Nené Barral fueron procesados por contrabando. Barral ni siquiera disimulaba ante los periodistas.
La conexión Cruz Gamada/De Mesa/Feijóo/Dorado es solo un capítulo más de este oscuro maridaje entre políticos gallegos y mafias organizadas." (Aníbal Malvar, 12/04/2015)
Los capos macarras del caballo
Una cosa es un funeral a la irlandesa… y otra bien diferente lo que ocurre en las primeras páginas de Los reyes del jaco.
¿No les queda claro? Pues ahí va otro intento: una cosa es convertir un funeral en una fiestecilla etílica con congas alrededor del finado… y otra bien diferente lo que ocurre en el funeral del camello afroamericano Bennie Lee:
“Lennie Jack se acercó al ataúd. Junto a él servida en bandeja de plata, había cocaína. Lennie Jack hundió los dedos en ella y empolvó la cara de Bennie Lee. Joe Rojo vino detrás y buscó alguna zona de la cara donde espolvorear más cocaína. Eligió los labios y esparció una buena pinza de polvo blanco y cristalino por la boca y barbilla de Bennie Lee… Entre las cejas del muerto, pese a la abundante cocaína con que le habían empolvado la cara, se distinguían dos agujeros de bala”.
Leído esto, la pregunta cae por su propio peso: Si el muerto se puso hasta arriba de nieve, ¡cómo se debieron poner los demás!
“Lennie Jack cogió la cucharita de oro de la cadena de oro que llevaba al cuello y recogió una pizca de la cocaína que Joe Rojo le ofrecía en una bandeja. Se llevó la cucharita a la aleta derecha de la nariz y esnifó profundamente”.
Lennie Jack, por cierto, es el protagonista de esta novela coral. Un veterano de Vietnam de 26 años dispuesto a saltar en el escalafón del tráfico de drogas: de camello medio a rey negro de la heroína. A tiro limpio, claro.
¿Licencias poéticas y exageraciones disparatadas? Pues les advertimos que Los reyes del jaco, escrita por el periodista afroamericano Vern E. Smith en 1974, empezó siendo una investigación periodística de Newskeek sobre el underground heroinómano del Detroit. Tras publicar el artículo y reunir nuevas fuentes en los bajos fondos, Vern Smith, periodista de profesión, volcó todo aquello en una ficción. La editorial Sajalín publica ahora Los reyes del jaco en España por primera vez.
Dejen paso al afrolumpen
El resultado de las investigaciones de Smith fue una novela de culto que bebía de la tradición del hardboilded (novela negra callejera, social y que no se pliega a los artificios detectivescos) para contar las andanzas de un tipo de personajes –lumpen negro urbano- que hasta entonces habían tenido poco o ningún sitio en la literatura estadounidense, al margen de la titánica tarea de pioneros del policiaco afroamericano como Chester Himes.
El lumpen negro que retrató Smith entraba crecido en los años setenta tras la explosión cultural de los sesenta: de los derechos civiles a los Panteras Negras. De James Brown a Jimi Hendrix.
Crecidos hasta el punto de a) luchar por hacerse con el control del tráfico de drogas en las calles de Detroit y b) presumir de ello. En efecto, anticipándose dos décadas a la chulería estética del gangsta rap, los camellos de Los reyes del jaco pasean el palmito vestidos para matar: Cadillacs despampanantes, visones blancos, botines rojos, abrigos de ante color crema, anillacos de diamante, peinados afros que desafían la ley de la gravedad, cadenas de oro a tutiplén… En tres palabras: pa chulo yo.
No obstante, por debajo del macarreo glamuroso y de los subidones de cocaína, anida la crudísima realidad: la de los adictos, la del dar tumbos hasta el siguiente chute y la de los pisos de la droga. Por no hablar del peligro de ser abatido en cualquier momento, poco riesgo para el que no tiene mucho que perder. Diálogo:
-¿Y qué pasó luego?
-¡Mierda! ¿Tú que crees? Joe y los suyos se los cargaron a todos.
-¡No me jodas!
Lennie Jack se encogió de hombres y sonrió:
-Allí fuera hace frío, hermano.

Los reyes del jaco narra un microcosmos, y lo hace sin perder de vista el contexto sociológico. ¿Quién dijo The Wire antes de The Wire? En EEUU, mucha gente.
Los creadores de The Wire, de hecho, no sólo no lo niegan, sino que rinden pleitesía al libro: Richard Price, guionista de la serie y novelista, lo suele citar entre sus novelas negras favoritas de todos los tiempos. George Pellecanos, otro escritor de policiacos que trabajó en The Wire, también reivindica el poderío del libro de Smith: “Una mirada auténtica y sin artificios a las calles de los setenta”.
Price, de hecho, tiene más de un motivo para homenajear a Vern E. Smith: en 1992 escribió la gran novela contemporánea sobre los trapicheos de drogas: Clockers, que Spike Lee llevaría al cine en 1995. De ese mismo hilo tiraría David Simon para escribir, junto al ex policía David Burns, el monumental ensayo periodístico La esquina (1997), convertido más tarde en la serie (La esquina, 2000) que serviría de banco de pruebas a The Wire. Otra vez del periodismo de calle a la ficción.
Todos ellos beben directa o indirectamente de Los reyes del jaco. Respeto máximo pues.
La vida de Lemmy Motorhead: ‘rock and roll’ y sangre tóxica
Lemmy Motorhead (nacido Ian Fraser Kilmister) lleva dando guerra desde la Nochebuena de 1945, el día que nació. Casi 70 años consagrados al rock: cargó trastos en giras de Jimi Hendrix (para el que también fue camello ocasional) y fue miembro de grupos como The Rocking Vicars o Hawkwind antes de fundar una de los más aceleradas y ruidosas apisonadoras del rock con Motörhead, que lidera desde 1975.
Todos esos años en la carretera han dado para mucho y ahora son detallados por él mismo -sin pelos en la lengua, con un estilo que parece que te lo está contando en un bar con unas cuantas cervezas en el buche y sin guardarse ni un detalle escabroso- en Lemmy, La autobiografía, que acaba de editar en España la editorial Es Pop. Hemos extraído algunos de los momentos más jugosos de una vida tan espídica y demencial como sus propias canciones.
- El lector se percata de hasta qué punto Lemmy es viejo. Cuando él era niño... ¡aún no existía el rock! (menciona, por ejemplo, la prehistórica How much is the doggie in the window como paradigmático ejemplo de éxito en la radio cuando tenía 10 años). Los bailes juveniles estaban en los albores del descubrimiento de los sinuosos y pegajosos ritmos del blues y su inevitabe expropiación por parte de los músicos blancos: el rock'n roll. Lemmy entremezcla aquellos primeros recuerdos con el descubrimiento de la sexualidad, que él mismo afirma que le llegó “a una edad muy temprana”. “En aquella época estaban de moda las faldas con dos enaguas, que se hinchaban al bailar el swing, así que solía bailar a menudo. Renuncié al baile cuando se impuso el twist, pues me sentí personalmente ofendido. ¡Qué era eso de no poder tocar a la mujer! ¿Quién quiere mantener las distancias cuando acabas de descubrir el rijo adolescente?”
- De tal palo tal astilla: Lemmy tiene varios hijos repartidos por el mundo. A uno de ellos lo conoció cuando el niño “tenía seis años, mientras estaba comprando coca”. Esperamos que fuera él y no el niño el que estaba comprándola. En todo caso, del chaval cuenta que “una vez vino a verme, cuando tenía más o menos 23 años”. El chico le dijo a Lemmy que necesitaban dinero para el alquiler o el casero les pondría de patitas en la calle: 200 libras de atrasos. Lemmy le dio el dinero. “Al día siguiente, el cabroncete apareció al volante de un Lincoln Continental de segunda mano. (…) Fue una tomadura de pelo excelente. Y después me levantó una churri. Pero esa se la devolví; le levanté yo una a él”. Puro amor paterno-filial.
- Lemmy tiene una actitud, digamos, laxa con el consumo de drogas. Odia la cocaína y la heroína, adora las anfetaminas y ha probado prácticamente todo. Un día (“en torno a 1969 o 1979”, ¡decada arriba, década abajo!), un enfermero al que sobornó “apareció con un tarro de lo que parecía ser sulfato de anfetamina. Como los cabrones ansiosos que éramos, le metimos mano de inmediato. Pero no era anfetamina, era sulfato de atropina: belladona. Veneno. Cada uno se metió el equivalente a una cucharilla de té, lo que viene a ser unas doscientas veces la cantidad necesaria para una sobredosis, y nos volvimos todos como locos”. Lemmy y los suyos pasaron por el hospital, de donde los médicos creían que no saldrían, más dos semanas de intensas alucinaciones: “Estaba sentado leyendo un libro, giraba la página 42 y... no había libro”. Conclusión: “Extraño... pero interesante. ¡Aunque no tan interesante como para repetirlo!”.
- La afición de Lemmy por el ruido extremo ya la tenía antes de Motörhead, cuando estaba en Hawkwind, gracias a un instrumento llamado modulador en anillo, “un generador de audio que iba más allá del alcance del oído humano (…). Si activaba los agudos, perdías el equilibrio, te caías y vomitabas; si activaba los graves te cagabas en los pantalones. Podías provocarle ataques epilépticos a la gente con aquel artilugio”. El músico que lo tocaba, Dikmik, escogía de entre el público a gente susceptible a que le afectaran las ondas del cacharro, “giraba el dial -brummmmm- y el tipo empezaba a pegar brincos como un pez fuera del agua. (…) Nunca estuvimos del todo seguros de si la culpa era del generador de audio o si se debía a que habíamos echado LSD a la comida antes del concierto”.
- Los músicos no son los únicos personajes estrafalarios que se podía encontrar uno sobre un escenario a principios de los setenta: “También actuaba con nosotros un tipo llamado Bob Calvert, sudafricano, nuestro poeta residente (…). Quería salir al escenario con una máquina de escribir colgando del cuello con una correa de guitarra, escribir cosas y lanzárselas al público. 'No funcionará, Bob', le decía yo. Pero él no me creía”. En otra ocasión, "Bob estaba jugando con un alambre y me dio en la cara con él, así que le pegué un puñetazo. Cayó redondo al suelo y cuando se volvió a levantar fue mejor persona”. Así se hace, Lemmy.
- La experiencia más chiflada de consumo de drogas que cuenta Lemmy la comparte con otro miembro de Hawkwind, Dikmik Davies: “Llevábamos tres días despiertos, engullendo Dexedrina. Después nos entró un poco de paranoia y nos tomamos unos tranquilizantes -Mandrax- pero nos resultaron un poco aburridos porque nos calmaron demasiado, así que nos metimos un poco de LSD y luego rematamos con algo de mescalina para darle color. La cosa empezó a salirse un poco de madre, así que nos tomamos otro par de Mandrax... y luego volvimos al speed, porque otra vez nos había entrado el muermo”. De esta guisa se fueron a grabar un concierto para editarlo poco después: “Todo el mundo estaba fumando marihuana. (…) Apareció alguien con un poco de cocaína, que no dejamos de catar, y después llegaron unos cuantos Bombarderos Negros (…) (anfetas), de modo que nos tomamos ocho cada uno. Ah, sí, también compartimos un poco de ácido. ¡Para cuando llegó el momento de salir al escenario, Dikmik y yo parecíamos tablas!”. Los roadies los pusieron de pie en el escenario y le ajustaron el bajo. “¿A qué distancia está el público?' - 'Unos diez metros.' Así que empecé a dar pasos: 'Uno, dos, tres, cuatro, cinco, vale. Vamos allá'. Y aquel fue uno de los mejores conciertos que grabamos jamás”. Conclusión de Lemmy de todo aquello: “El verano del 71 fue genial. ¡No me acuerdo de nada, pero nunca lo olvidaré!”.
- Teniendo todo esto en cuenta, ¿cómo es que Lemmy no tuvo problemas con la policía? Bueno, tuvo algún encuentro. Y mucha suerte: salía de un club con medio gramo de speed en una papelina, cuando le detuvo un policía. “Abrí la mano y me cogió la papelina, volcando todo el polvo blanco por encima de su negro uniforme de policía. ¡Parecía como si le acabaran de bañar en talco, como a un bebé. Le dio un par de vueltas a la papelina, observándola atentamente, y dijo 'Aquí no hay nada' – '¡Pero qué zorra!', dije, '¡Al final resulta que no me ha apuntado su número!' (…) ¿Se puede ser más cenutrio?”
- Hawkwind y Lemmy acabaron mal, y este decidió vengarse robando del almacén de la banda su equipo: “Acabábamos de meter mis trastos en la furgoneta cuando nos sorprendió Alan Powell [miembro de Hawkwind]. ¡Fue una bonita coincidencia, ya que precisamente acababa de acostarme con su mujer! Se pudo a gritar: '¡Hijo de la gran puta! ¡Te has creído que podrías robarnos los instrumentos!' (…) Yo le gritaba: '¡Sí, ve y pregúntale a tu mujer!' Aunque no creo que lo hiciera, porque volví a quedar con ella una semana más tarde y nunca mencionó nada al respecto”. Un auténtico galán.
- La anécdota más famosa relacionada con Lemmy y el consumo de drogas se produjo, irónicamente, en la consulta del médico: “Allá por 1980 decidí hacerme una transfusión completa de sangre”, tal y como se rumoreaba que le habían hecho a Keith Richards. El médico que le hizo los análisis le dio la mala noticia: una transfusión de sangre pura podría matar a Lemmy. Le dijo que había dejado de tener sangre humana. "Y tampoco puede ser donante. Que ni se le ocurra. Su sangre es tan tóxica que mataría a una persona normal”.
- La gira de Motorhead por Finlandia fue tan accidentada... ¡¡ que los acabaron deportando!! Tras unos cuantos días en una cárcel finlandesa, los metieron en un avión desde Punkahaarju a Copenhague y desde allí a Londres. Ya en el avión recibieron un toque de atención por parte del capitán, que les amenazó con que si montaban follón se aseguraría de que los detuvieran al bajar de la nave. “Cuando aterrizamos la pista estaba igualmente llena de policías. '¡Ay, joder!', pensamos. ¡Y entonces arrestaron al capitán! Resultó que estaba pilotando el avión borracho, para que veas”.
- No todo han sido drogas en la carrera de Lemmy. De hecho, el epítome “sexo, drogas y rock'n'roll” tiene, cómo mínimo, otros dos elementos más. Lemmy, por ejemplo, define el backstage de una gira de Motörhead que dieron por Finlandia en los noventa como algo que “parecía el Satiricón de Fellini”. Por ejemplo: “Un técnico de iluminación finlandés acabó metido en un armario con una chavala; no podía ir a ningún otro lugar porque teníamos tomada la sala del equipo y, por supuesto, no le íbamos a permitir que entrase en el camerino de la banda”. Los joviales chicos del grupo le dieron la vuelta al mueble de modo que las puertas quedaran pegadas a la pared. Mientras practicaba sexo oral con el técnico, “la chavala empezó a tener arcadas y vomitó en los pantalones del técnico. Acabó reventando la parte trasera del armario para poder salir. Aquellos bolos fueron divertidísimos”. Podemos apostar a que sí: Lemmy ha tenido una vida ciertamente digna de ser contada.
Albert Monteys y Marcos Martín: «No nos conformamos con vivir de la publicidad o donaciones. Queremos vivir del cómic»

Conversamos con los dibujantes Marcos Martín (Barcelona, 1972) y Albert Monteys (Barcelona, 1971). El primero viene de los superhéroes. De la industria americana. De la ciencia ficción. El segundo, de los personajes cotidianos. Del mercado español. De la realidad más absoluta, la actualidad. Albert tiene más de veintiocho mil seguidores en Twitter. Marcos no tiene ni presencia en redes sociales, ni teléfono móvil. Dos estilos dispares y dos orígenes muy diferentes, la Marvel y El Jueves, las casas donde se han forjado como artistas. Marcos salió de la Marvel para desarrollar sus propias ideas. Albert dejó El Jueves para fundar junto a otros compañeros Orgullo y Satisfacción. Ahora se han encontrado en Panel Syndicate, el proyecto de Marcos desde donde explora los devenires del cómic digital y para el que ha contado con una historia creada por Albert.
Empecemos por la génesis de todo: ¿cómo surge Panel Syndicate?
Marcos Martín: Me suelen preguntar si fue primero The Private Eye o Panel Syndicate. ¿El huevo o la gallina? La verdad es que surgieron de manera separada y convergieron en una sola cosa.
La idea de Panel Syndicate es anterior, la tuve hace muchos años buscando una manera de distribuir los cómics de una forma más económica, más universal y que fuese más asequible para el público, ahí es donde entra la tecnología. Es el momento en que aparece Internet y una manera fácil de pagar, de llegar y de presentar contenidos. Pensé que ahí había una posibilidad de conseguir que el cómic llegase a más gente y así nació la idea de lo que luego sería Panel Syndicate.
Cuando yo tuve esta idea todavía estaba trabajando en Marvel y siempre me pareció que para que un proyecto como este funcionase se necesitaba el nombre de un autor muy potente detrás, porque la clave es la presencia, que la gente sepa que existes. Yo solo no tengo el peso para arrastrar a la cantidad de gente que se necesita pero si George Lucas monta algo, ya sabes que va a atraer a muchísimas personas tan solo con ver su nombre.
En esta época, debía ser 2009 más o menos, siempre pensaba que la persona ideal para hacer esto que no fuese Steven Spielberg sino alguien factible, alguien que conociera y que realmente tuviese ese peso, era Brian K. Vaughan.
Brian en ese momento estaba muy metido en el mundo de Hollywood, yo diría que estaba todavía con Lost, y yo me planteaba que si algún día él volvía al mundo del cómic estaría bien proponérselo. Era muy extraño que sucediera pero mientras le daba vueltas iba dibujando Spiderman y Daredevil hasta que se dio la casualidad. Un día me escribió y me dijo: «Oye que vuelvo otra vez a hacer cómics, si tú quieres en algún momento hacer algo…» y dije que sí porque justo se acababa mi contrato con Marvel.
La idea que me sugirió era The Private Eye y esto es una putada porque la otra idea que tenía era Saga pero se la quedó.
¿De qué os conocíais tú y Brian?
Éramos amigos desde hace años. Nos conocimos viviendo en Nueva York cuando los dos estábamos empezando. Casi coincidimos en el mismo apartamento, éramos vecinos, él estaba en el bloque de al lado.
Brian ha alabado alguna vez The Private Eye porque hacéis lo que queréis y precisamente con Saga había tenido problemas de censura.
M. M.: De hecho la apuesta del formato es para evitar la censura que se da en el papel. Creo que Brian tuvo problemas de censura con Apple en digital, ¿no?
Tuvo una historia muy rara. En un principio se dijo que la censura venía de Apple pero luego se descubrió que comicXology, que era la distribuidora, no se lo llegó a presentar a Apple porque pensaban que se lo censurarían. Básicamente comicXology no quería problemas. Entonces ahí la cuestión es si comiXology mintió o no mintió. Al final no pasó nada más allá de la polémica.
Albert Monteys: En todo caso, tanto en Panel Syndicate como en Orgullo y Satisfacción, somos responsables primeros y últimos de lo que hay y si hay censura será nuestra.
M. M.: Sí, yo te censuro.
A. M.: Constantemente.
Albert, tú vienes del humor y Marcos de los superhéroes, tengo entendido que entráis en contacto por medio del también dibujante Javi Rodríguez.
A. M.: Nos conocíamos de antes pero de situaciones más casuales, de los conciertos de Divine Comedy.
M. M.: De amigos comunes…
A. M.: Y sí, sobre todo de Javi Rodríguez que es muy amigo de los dos y cuando Marcos se estaba planteando añadir algún autor fue una sugerencia de Javi seguramente, ¿no?
M. M.: Si te digo la verdad yo pensaba que se me había ocurrido a mí pero ahora ya dudo.
A. M.: No sé, pero en todo caso quedamos un día a tomar un café con Javi, aunque incluso cuando nos conocíamos poco había buena sintonía.
M. M.: Es muy difícil que no te caiga bien Albert. Alguna vez me han preguntado cómo pensé en él pero a mí me pareció algo muy natural.
A. M.: A mí también me sorprendió cuando me llamaste. Yo estoy acostumbrado a hacer un teatrillo. En las páginas de El Jueves hacía un solo plano de un señor hablando todo el rato y ahí la narración que hay es la más básica; en cambio, lo que admiro de Marcos y la gente que trabaja con él es que están acostumbrados a hacer auténticas piruetas, cambiar de plano, hacer picados, una página con una buena composición… Eso lo estoy aprendiendo yo ahora en Panel Syndicate.
¿Os habéis inspirado desde Orgullo y Satisfacción en el modelo de Panel Syndicate?
A. M.: Totalmente.
Nosotros llegamos a esto por accidente, por lo que nos pasa en El Jueves. Decidimos que el editor de El Jueves no es alguien con el que queramos trabajar en esos momentos y cuando nos planteamos hacer otra cosa vemos que nuestra única posibilidad real es hacer un tebeo digital y el único modelo que hay por entonces, y que además nos gusta mucho, es The Private Eye. Le cogimos el formato, le cogimos el sistema de pago y aunque nosotros somos unos cobardes y le ponemos un mínimo de 1,50 €, hay que decir que la gente apuesta y pone más.
¿En cuánto os sale la media?
A. M.: Hay de todo pero la media pone 2 € y pico, claro que esto es entre los que ponen 1,50 €, 5 €, los que ponen 10 €… al final nos sale a céntimos de propina.
M. M.: A nosotros, incluyendo a quienes se lo descargan gratis, la media más o menos nos sale como si todo el mundo pagase un dólar.

¿Cuál es el porcentaje de personas que pagan y el de personas que se lo descargan gratis?
M. M.: Yo diría que el porcentaje es 60% gratis y 40% pagando.
A. M.: Pero bueno, ya se ha puesto así para eso. Ahí te encuentras muchas historias distintas. Hay gente que se baja el primero gratis y nos escribe diciendo: «no te lo puedo pagar, estoy mal, para el segundo te pagaré el doble» o «no tengo PayPal», etc. Como no les sigues no sabes si luego lo hacen, estaría bien ver la evolución.
Hablando de esa evolución, ¿en el nueve se está pagando más, por ejemplo, que en el tres?
M. M.: No, yo diría que la media se mantiene.
A. M.: En los números uno la gente intenta ser más generosa.
Además en el caso de Orgullo y Satisfacción era una cuestión casi social, de defensa del periodismo libre.
A. M.: Sí. Nosotros pensábamos que la media iba a bajar con el tiempo pero no ha sido así. La media del número uno era más o menos la misma que la del siete, que es el último número que tenemos a la venta. La diferencia es que el primer ejemplar se lo bajaron treinta y cinco mil personas y hasta hubo alguien muy majo que puso mil euros. Ahí hubo una apuesta y se pagó el valor que habíamos tenido de abandonar la empresa.
M. M.: Bueno, yo tengo a mi madre que también me sube un poco la media. [Risas]
Albert dice en una entrevista que los amantes del cómic están cada vez más concienciados de que si quieren un buen contenido, tienen que pagar para que pueda seguir existiendo. Marcos señalaba hace un momento que la idea de Panel Syndicate es hacer llegar el cómic a un público masivo. ¿Hacer este producto más universal no trae consigo que se meta en el público gente que, en contraposición al «amante del cómic» que citaba Albert, no valora el trabajo?
M. M.: Ahí entramos un poco en el tema de la educación. ¿Qué actitud tomas respecto a ese 60% que no paga? ¿Te cabreas mucho y piensas en poner una barrera? Digamos que lo que no puedes es ver a ese 60% como enemigos porque es ridículo e inútil. Tú lo que tienes que intentar es conseguir convencerles de que vale la pena pagar por tu producto. Y no lo vas a conseguir nunca con todos, es un problema de comunicación.
A. M.: Pero hay un mensaje en la web de Panel Syndicate que también hemos dado mucho por las redes sociales, y es que puedes descargártelo gratis pero que sepas que si te gusta el proyecto solo pagando garantizas su futuro.
M. M.: Hay una razón muy pensada por la que nosotros nunca pusimos el botón de donar. Generalmente cuando vas a estas páginas lo que te encuentras es un botón de donate que yo no lo quería ni ver porque aunque la acción sea la misma, el mensaje que tú estás dando es muy diferente. Estás diciendo «dame algo» y desde el otro lado se tiene la sensación de que no eres serio: «Si lo está poniendo así es porque los ingresos le vienen por otro lado o lo hace porque quiere».
Lo nuestro no es así. Se trata de que la gente entienda la corresponsabilidad entre el lector y el autor. Nosotros nos comprometemos a hacer un producto de calidad y el lector se compromete a pagar por ese producto en la medida que él considere que lo vale. Por eso siempre hay respeto hacia las características propias de cada uno. ¿Si tú estás en paro por qué tienes que pagar 10 € por un tebeo? pues paga uno, y si no tienes nada pues no pagas y ya pagarás algún día. La cuestión es que yo quiero que lo leas y claro que quiero vivir de ello pero que cada uno sea responsable de sus actos.
A. M.: Es lo que dice Marcos, es una cuestión de responsabilidad. Al final la gente hace muchas cábalas mentales para bajarse cosas gratis de internet que simplemente te las bajas porque puedes, porque están ahí y tienes los medios. Hay gente que se justifica diciendo que Alejandro Sanz tiene una piscina en Miami, pero en todo caso la diferencia entre bajarte mi tebeo y bajarte el disco de Alejandro Sanz es la misma que entre robar en El Corte Inglés y robar en una tienda de una señora mayor de tu barrio a la que le hace falta el dinero. El señor que paga o no, sabe que yo le estoy vendiendo el cómic directamente y cada euro que dé, y además es verdad, me hace falta porque al final los números me saldrán justos. Es otro tipo de relación con el cliente
M. M.: Pero incluso aunque nos hiciésemos millonarios la posición del lector tiene que ser siempre la misma, a ti eso te tiene que dar igual y tú pagas si te gusta.
A. M.: ¿Cuando decidiste poner 0 € de mínimo cuál era tu idea?
M. M.: Mi idea era que no tiene sentido poner un precio en internet porque no está pensado para eso. Es un dato objetivo. Si hubiéramos puesto un precio mínimo hubiésemos cerrado al tercer número seguro.
«Paga lo que tú quieras» me parece un buen reclamo.
M. M.: Claro, y además yo no veo otra manera, me parece la más justa para todos.
A. M.: Hay que decir que a la gente también le inquieta mucho no saber qué precio poner y preguntan mucho qué precio es el justo. Creo que al final Marcos puso en la web que el precio de un cómic online en el mercado es de tres euros ahora mismo.
M. M.: Nosotros no ofrecemos ningún precio recomendado pero sí que informamos porque puede haber mucha gente que no tiene ni idea de lo que cuesta un cómic hoy en día, que son tres o cuatro dólares.
A. M.: El Orgullo lo teníamos a un euro y medio y al principio había gente que decía que era carísimo y flipábamos. Pero la que normalmente lo compra cada mes pone más.
¿Creéis que este método de que sea el consumidor el que pone el precio podría desarrollarse como un sistema generalizado que redujese la piratería?
M. M.: Bueno, en nuestro caso digamos que la piratería no tiene ningún sentido. Yo obviamente creo en el sistema, en el modelo, por eso lo aplico. Si es extrapolable a todos los ámbitos no lo sé porque no soy experto ni lo he estudiado tanto como para saberlo, pero me da la sensación de que ciertos productos —hablando siempre en el ámbito de la cultura y del entretenimiento—, como una película, que tiene un coste tan grande, yo entiendo que igual ahí tendrías que poner siempre un mínimo que ellos tendrán que saber cuál es.
Aquí lo que pasa es toda la industria española del cómic está basada en que el autor no va a vivir de eso y en que la mayoría de los autores españoles trabajan porque les apetece hacer un cómic.
A. M.: El mundo de la literatura funciona tal cual. La mayoría de escritores son profesores de instituto, señores que trabajan en la diputación, en correos… hay mucho funcionario entre los escritores.
M. M.: Yo desde la experiencia del mundo del cómic, que es de donde vengo, lo que quiero es que Albert haga un cómic y cobre por él un precio con el que se pueda ganar la vida con un número de ¡Universo!, no que gane mil euros por un álbum al año. Porque eso quiere decir que tú no eres dibujante de cómics, eres profesor o funcionario de lo que sea y en tus ratos libres eres dibujante. Entonces eso no es viable para ti, es viable para la editorial que tiene varios de estos y juntan el dinero que ganan con unos y con otros. Aunque nadie se hace rico, tampoco es que los editores estén ahí viviendo en mansiones con piscina. Al final es todo un poco cutre porque no estás hablando de dinero real.
¿Dónde se vende más Private Eye, en Estados Unidos o aquí?
M. M.: En EE. UU. Yo diría que España es el segundo país.
A. M.: ¡Universo! se vende más aquí, por ejemplo, porque en EE. UU. no me conoce nadie y la gente que apuesta por mí pone menos dinero que los españoles que obviamente son los que me conocen.
¿En EE. UU. sí se gana dinero haciendo cómic si trabajas para Marvel o DC?
M. M.: Sí.
A. M.: Ya no es lo que era pese a todo, porque ahora mismo Marvel y DC son más think tanks para hacer películas que editoriales en sí mismas.
M. M.: Sí pero son una industria, ahora mismo voy a Marvel y me pongo a hacer un cómic de yo qué sé, El Capitán Ruto, y me puedo ganar la vida.
Se suele decir que en España tendemos a la cultura del todo gratis mientras que en EE. UU. se respeta más el trabajo ajeno y se paga por él.
M. M.: Yo nunca lo he llegado a mirar pero es bastante impepinable que la gente de aquí tiende más a no pagar. Hay un poco esa sensación de que si lo ponen gratis será que no les hace falta ganar dinero. Los americanos no tienen esa percepción.
A. M.: Yo siempre he oído comentar esto pero por ejemplo en mi caso en Panel Syndicate, es al revés.

¿Siendo punta de lanza del cómic por qué ya no traducís para los franceses? ¿No pagaban?
M. M.: Los franceses no nos salían muy a cuenta, no. El problema que tuvimos con las traducciones es que nos envalentonamos mucho y hubo una cosa que no acabé de calcular bien, y es que la rotulación la hago yo. Entonces claro, rotulo cada número tres veces como mínimo y de repente lo aumenté a cinco y a tener que hacer el dibujo, la tinta, la rotulación, la traducción al castellano… Empezamos a mirar cuánta gente se lo descargaba en Francia y vimos que si realmente ganábamos algo era muy simbólico.
Se nos ha ofrecido gente a traducirlo gratis a todos los idiomas posibles, incluso hubo una persona que se ofreció a traducirlo al malayo, que no dudo que en el mercado malayo haya gente pero que nos compre a nosotros… poca. Y esto está muy bien pero claro, nosotros aunque lo ofrezcamos gratis —aunque en teoría no, pero bueno, pagas lo que quieres y te lo puedes descargar gratis—, siempre ganamos algo. Si la gente paga ganamos dinero y tener un beneficio con el trabajo de otra persona sin remunerarle no nos parece que sea de recibo. Así que todas las traducciones que hemos encargado las hemos hecho pagando y cuando pagas ya ves si te sale a cuenta o no. Por eso el francés fue el primero que cayó.
Los portugueses también cayeron pero eran muy insistentes y querían hacerlo como fuera. Yo al final cedí y les dije que lo que sí podíamos hacer era una mínima promoción a los traductores personalmente y si realmente estaban tan interesados en hacerlo, pues adelante.
¿Sacaréis versión en comic book de ¡Universo! y The Private Eye cuando los tengáis acabados?
M. M.: No hay planes de momento pero todo puede ser.
A. M.: Yo tampoco lo había pensado de momento. Ofertas hemos tenido todos.
M. M.: Por ejemplo, con nosotros ya han contactado editoriales americanas para sacar el Universe! en papel.
A. M.: Y españolas que después te contaré.
M. M.: Pero hay una cosa que la gente no acaba de ver, que es lógico también, y es que Panel Syndicate no es una editorial. El hecho de que yo decida que The Private Eye no salga en papel no es política de empresa, no es que Panel Syndicate no acepte eso. Panel Syndicate en realidad es una plataforma donde los autores cada uno por separado hacen lo que quieren. Entonces esta editorial americana lo que debería hacer es hablar con Albert directamente, yo lo que sí puedo es pasarles el contacto y Albert libremente decide si lo quiere sacar en papel o no, con esta editorial, con otra… pero no hay normas.
A. M.: A ver, yo no me he planteado nada de entrada pero sí creo que como el papel e internet cumplen dos funciones distintas, internet está destinada a sustituir a lo que sería la prensa y el kiosko en el ámbito de los tebeos.
Es obvio que el papel desaparece, se muere. No sabemos si tardará cinco, tres o diez años pero está así la cosa. Pese a todo, igual que los comic books son el producto «económico», el producto de consumo que siempre tiene el trade paperback detrás; el libro es para quien quiera guardarlo o quiera leerlo en mejores condiciones. Yo en este caso sí que creo que una cosa no va en contra de la otra. En todo caso, hacer un tebeo digital a precios populares para el lector más casual y después sacar un tomo en papel cuando tengas quinientas páginas,¿por qué no? Es otro público. La razón por la que te compras el digital es para leerlo, por el ansia, por decirlo de alguna manera, y para pasar un rato. Lo otro forma parte del coleccionismo, de un consumo más pausado si quieres. De hecho hay un montón de webcomics que cuando sacan el libro funciona de forma individual y no invalida al otro modelo.
M. M.: Parece bastante probado que el público del digital y del impreso siguen caminos diferentes.
A. M.: También los cómics tienen una particularidad muy concreta respecto a por ejemplo, la literatura, lo que es el libro o la novela. Es obvio que el paso al digital ha sido mucho más fácil y con ello la piratería, pero el cómic sigue teniendo ese carácter de objeto y como tiene un componente gráfico y de placer visual sigue gustando tenerlo. Se puede hacer el zoom natural, que yo siempre digo que el zoom de máquina es una mierda, no funciona bien. Tienes que acercarte con los ojos.
El lector fan de cómics, ¿no debería darle más valor a la calidad y pureza del color que ofrece el digital antes que a la importancia de tener el volumen en una estantería?
A. M.: No es más pura ni menos pura, en realidad una es RGB y la otra es CMYK. Pero sí que es verdad que cuando lo pintas en pantalla…
M. M.: Está más cercano, yo opino igual.
A. M.: Puede ser. Sí que hay colores que he puesto en ¡Universo! que son imposibles de sacar en cuatricomía: naranjas, rojos, verdes, etc. son otro espectro pero pese a todo lo que estás viendo en pantalla cuando son colores muy potentes…
M. M.: Sí, nunca va a salir igual. ¿No coloreas en RGB, no?
A. M.: No, no.
M. M.: Nosotros tampoco.
A. M.: Pero bueno, es una cosa a la que estoy acostumbrado de toda la vida, los colores de pantalla siempre te salen un poco distintos, no le doy ninguna importancia. Al fin y al cabo, si la página funciona como conjunto, funciona también impresa.
En Panel Syndicate os sometéis a un formato y a unas leyes narrativas un poco distintas, ya no jugáis a pasar página, sino que hay un salto de página. En ¡Universo! #2 Albert hacía un juego con una escena que aparecía de lejos y luego un primer plano que asiste al lector. Luego Marcos en The Private Eye hacía unas viñetas larguísimas que quedarían prácticamente destrozadas en un cómic a doble página. ¿Hay un cambio de mentalidad muy grande respecto a trabajar en papel?
A. M.: Yo particularmente lo llevo todo un poco por intuición. No es que me haya parado a analizarlo pero sí que es verdad que es un formato distinto, empezando por el hecho de que sea horizontal que es un invento de Marcos, bueno, y de Hazañas Bélicas, que estaba antes.
La única norma que me he autoimpuesto es que se pueda leer sin tener que ampliar nada, quizás en un móvil no se pueda, pero sí en una tablet, y que la única interacción sea pasar página. Porque además yo entiendo que el cómic digital no tiene que pasar ni por efectos de sonido, ni por estas programaciones que van de viñeta en viñeta. Si una página está bien planteada ya sabes a dónde tienes que ir primero y a dónde tienes que ir después. La única norma es esta, que no haya que hacer zoom en ningún momento.
M. M.: Esta es una de las pocas condiciones que ponemos en Panel Syndicate en el caso de que hubiese más artistas interesados. Aparte de que el modelo tiene que ser el de paga lo que quieras, otro criterio es que lo que se presenta tiene que ser siempre un PDF normal, sin historias de ningún tipo, tiene que ser un tebeo, básicamente.
¿Entonces no os planteáis un cómic digital que explore todas las posibilidades que da ese soporte?
M. M.: No.
A. M.: Siempre me ha parecido que cuando lees un tebeo no echas de menos un sonido porque cuando está bien hecho ya oyes —o entiendes— la lluvia o el motor de un coche. Es como si la novela al ser digital tuviera que llevar la música de fondo en una escena. Son formatos que ya funcionan como son y de hecho creo que la gran virtud de los tebeos es que son baratos y pueden ser todo lo grandes que quieras, solo están limitados por tu talento y tu imaginación. Si empezamos a añadir multimedia los estamos convirtiendo en otra cosa que además es más difícil de producir, con lo cual estamos saliendo del mundo del cómic y entrando ya en el videojuego o en el cine que son productos caros. Creo que la gran ventaja del tebeo como producto popular es esa.
M. M.: Además tampoco vas a poder competir nunca con otros medios, el cómic es lo que es y estos intentos de añadir voz, zumbidos y no sé qué más, al final se aproximan más a storyboards animados, una cosa que además ya es vieja y que están sacando ahora como «¡Uy, el gran invento!”» cuando al final te queda una cosa cutre porque no estás haciendo ni animación ni cómic, está a medio camino.
A. M.: Yo recuerdo un tebeo que no sé cómo llegó a mis manos, era un DVD de Los Vengadores de Millar, anicómic se llamaba, que es un cómic que a mí además me gusta. Me lo leí y lo disfrute pero el cómic era animado y los fondos se movían un poco, era directamente insoportable porque no era ni una cosa ni la otra. De repente se convertía en un cómic raro y con una animación muy barata.
M. M.: El cómic es un lenguaje y tiene sus normas, su gramática, y eso ya te sirve para transmitir todo lo que necesitas. El movimiento viene dado por el espacio entre viñetas y todo tiene lugar dentro de la cabeza de la persona, tanto en lo que le muestras como en lo que no.
Si hay un dibujante interesado, ¿qué tiene que hacer para formar parte del proyecto?
M. M.: Lo que nos iría bien es que artistas con mucho nombre, con un nombre igual al de Brian por ejemplo, quisiesen sacar cosas con nosotros porque esa gente viene con su público al que añadiríamos el nuestro. Al final la idea sería que con muy poca gente muy potente se pudiese crear suficiente público para que los más pequeños puedan luego beneficiarse. Quizás empezar con mucha gente muy pequeña funcionaría, la verdad es que no lo sé.
Estamos abiertos a propuestas pero somos muy poca gente. Aunque la página web es muy básica y con una estructura muy sencilla, supone un esfuerzo para nuestro informático, pobre, que es el pilar de Panel Syndicate y que lo hace todo por amor al arte. Es mi mejor amigo de la infancia, que es informático, y si Apple nació en un garaje Panel Syndicate nació en la cocina de mi casa hablando con él. Realmente él se ofreció desde el primer momento porque le gustaba mucho la idea y cuando surgió la posibilidad de hacerlo fue quien lo montó todo. Pero claro, cualquier cambio sobre esa estructura tan básica inicial es trabajo para él y yo ahora cualquier cosa que me llegue tengo que evaluar si es un esfuerzo que va a valer la pena tanto para ese dibujante como para nosotros.
Panel Syndicate se hizo para publicar The Private Eye y no teníamos ni idea de qué iba a pasar. El primer objetivo era que aguantaríamos un mínimo de tres números y que si no nos leía ni Ruto no haríamos más. El segundo objetivo era acabarlo si se podía. Y había un tercer objetivo: el sueño de algún día abrirlo a otra gente y convertirlo en una especie de Bandcamp. Lo que pasa es que convertirse en una plataforma de este tipo son palabras mayores. Ahora mismo estamos operando como una editorial enana con lo nuestro y lo de Albert. Hay gente que contacta con nosotros para publicar cosas y seleccionamos, por una cuestión de capacidad de gestión y de que todo lo que sea añadir a alguien, como decía, supone un trabajo.
A. M.: Yo desde fuera creo que la gente va a visitar una plataforma como Panel Syndicate si sabe que los tebeos que hay ahí le gustan, por lo cual a la fuerza tiene que haber un cierto criterio de selección.

Últimamente ha habido colaboraciones de otros autores como Natacha Bustos y David Aja y me daba la impresión de que a lo mejor estaban metiendo un pie.
M. M.: No, no. Si quisieran serían bienvenidos pero eso es una cosa que pedí yo como un favor personal a algunos artistas, unos lo han hecho y otros no. Además me costó mucho porque realmente tenía que pedir a profesionales que me hiciesen un dibujo por la jeta. Pero era una cosa puntual, no significa que ninguno de ellos esté preparando nada. Simplemente era una celebración con los amigos de que llegábamos al final de The Private Eye.
Albert, hablabas de Panel Syndicate pero, ¿habéis pensado en seguir su modelo y vender otros cómics a través de Orgullo y Satisfacción?
A. M.: Se podría hacer. De momento no se ha planteado porque publicar una revista mensual ya es un trabajazo y nuestro objetivo es consolidarnos y seguir funcionando. Tenemos el canal y a los clientes y si en algún momento se quisiera se podría hacer pero de momento el objetivo es seguir con la revista mensual e ir tirando.
Es cuestión de seguir un criterio en cada plataforma. Si de repente nosotros en Orgullo y Satisfacción publicamos cosas de un autor de tebeos de aventuras, entraríamos en cierta confusión porque somos una revista, una editorial incluso, que ha nacido del mundo del humor gráfico y de la sátira.
Ambos coincidís en la temática de ciencia ficción, ¿es un requisito para publicar en Panel Syndicate?
A. M.: La ciencia ficción la hice porque quise, tampoco tuve un encargo muy concreto pero bueno, me gusta el género y decidí hacerlo de eso.
M. M.: No, no. La ciencia ficción es un género que dentro del cómic es muy habitual. Realmente entre superhéroes y sci-fi, aunque se puede decir que los superhéroes son un subgénero, hay un 80% de producto que cabría dentro de esta temática. Es bastante fácil que se dé la casualidad como se ha dado aquí. Los intereses de Albert tiraban por ahí y digamos que el mundo de los guionistas americanos también suele girar en torno al pulp.
De hecho Brian estaba interesado en sacar otro cómic que no tiene nada que ver, no nuestro sino de otro autor, que no está ni dentro del género de ciencia ficción ni dentro del estilo artístico en el que nos movemos nosotros. Yo también he pensado que esto está tan, tan, fuera de lo que hemos presentado hasta ahora que igual supone un poco de desconcierto para el público que tenemos.
El único concepto de Panel Syndicate es que sea una salida para los autores, que puedan controlar el producto y que puedan tener beneficios inmediatos y mayores de los que tienen ahora, pues no hay limitaciones de ningún tipo de géneros o contenidos, se mide la calidad.
Vosotros sois dibujantes y desde esta nueva plataforma estáis haciendo labores que no son propiamente de vuestra disciplina, ¿cómo lo estáis llevando?
M. M.: Yo de hecho me encuentro con que ahora acabamos The Private Eye y la gran pregunta para mí, por decirlo claramente, es: ¿cierro Panel Syndicate o no? No lo chapo porque tengo a Albert dentro.
A. M.: Estaba pensando por qué en España es la gente de nuestra generación la que está haciendo cosas en el mundo digital para poder vivir de esto de los tebeos. Creo que es porque los dibujantes más jóvenes que están haciendo webcomic se lo plantean en plan youtuber, vivir de la publicidad. Y creo que nosotros como sí hemos vivido de los cómics alguna vez, yo por lo menos llevo veinte años, no nos conformamos con tener que vivir de la publicidad, de las donaciones, de la inseguridad… no nos conformamos. Nosotros queremos vivir de los cómics tal cual. Yo tengo cuarenta y tres años ya, Marcos cuarenta y dos, le tocaría a la gente de veintipico hacer este tipo de apuesta.
M. M.: Ahora que dices esto de vivir del cómic, yo como siempre he trabajado para el mercado americano y eso sí que es una industria, sufrí un pequeño aneurisma el día que me explicaron un poco cómo funcionaba el tema de los pagos editoriales aquí en España. Claro, yo dije: «¿¡Cómo que los royalties se pagan a un 10% o un 8%!?» Para ganar mil euros tienes que vender mil ejemplares, que es lo que vendes normalmente, de un tebeo que valga diez euros, que es mucho para un tebeo.
A. M.: Pongamos que en este momento de tu vida estás haciendo un tebeo o una novela gráfica de ciento cincuenta páginas que se venda a diez euros, vas a vender alrededor de mil euros, a no ser que seas uno de los tres autores que venden más. Hay tebeos y libros que se quedan en los quinientos ejemplares y hay algunos que superan ampliamente los diez mil, hay de todo, pero la media yo creo que sale por ahí. Al final si te han pagado algo más de royalties por adelantado acabarás cobrando mil quinientos euros con lo cual los tebeos si los haces a la hora no te sale a cuenta, los haces porque quieres, porque te ilusiona.
Yo, aunque no estaba en la industria americana, estaba en El Jueves que es una revista que vende cada semana —ahora no lo sé porque ya no estoy— unos cuarenta o cincuenta mil ejemplares y sí que daba para tener un buen sueldo cada mes solo cobrando la colaboración de ahí.
Albert, ¿cómo varía la responsabilidad de sacar un medio en papel a uno digital?
A. M.: Mi esencia es la misma, la diferencia es que yo en el medio digital como soy en parte dueño, asumo toda la responsabilidad. En el papel había un señor que ponía el dinero, en este caso un señor muy rico de RBA, que tenía una parte de responsabilidad y las cosas que él hacía me afectaban a mí. Aquí en cambio las decido yo, esta es la gran diferencia. En el cómic digital al ser mucho más barato puedo ser yo el empresario.
¿Al llevar toda la responsabilidad te autocensuras?
A. M.: No, en este caso no. En el momento en que eliges lo que vas a contar y lo que no, ¿ya estás ejerciendo autocensura? Habrá cosas que sí lo sean y cosas que no. Yo nunca he dejado de dibujar un chiste porque haya pensado que alguien no lo vaya a entender o le vaya a sentar mal, si lo pienso y me parece bien lo publico. En RBA podía pasar que un señor me censurara, en Orgullo yo puedo decidir lo que pongo y lo que no. La autocensura no es un problema, todos la ejercemos constantemente pero ese tipo de criterios solo tienen que venir de ti mismo o de tu entorno. Hablando de censura entendida como un criterio.

¿Dirías que en Orgullo y Satisfacción os limitáis a hacer crítica social o se muestra también un posicionamiento ideológico y político?
A. M.: Esto es todo un tema con los humoristas. Estamos muy informados y viendo cosas constantemente con lo cual estamos muy posicionados. ¿Eso tiene que notarse cuando trabajas? Yo creo que debería notarse un poco y pese a todo no debería frenarte la mano, al fin y al cabo nosotros estamos obligados a hablar del poder y a hablar de la gente que manda.
Por ponerte un ejemplo, cuando mandaba Aznar era muy fácil hacer chistes, la mitad te venían hechos y además como la mayoría de los humoristas cojeamos por la izquierda, le teníamos más rabia y nos resultaba fácil. Cuando ganó Zapatero estuvimos todos unos cuantos meses que no sabíamos exactamente cómo hacer chistes. Nos pasa también un poco con Podemos, por un lado como humorista les puedes buscar las vueltas y tienen un montón de contradicciones y cosas que no funcionan; pero por otro lado, como hay gente que está muy ilusionada —y por otra parte, en abstracto es un proyecto que a mí no me disgusta—, te sabe mucho peor atacar a un señor de Podemos. Aunque tienen un punto que da rabia también, que a mí hay muchas cosas de Pablo Iglesias especialmente que no me gustan nada, pero en todo caso tienes que hacer un esfuerzo de profesionalidad para meterte con él, porque meterte con Rajoy te sale solo. Nuestro trabajo es procurar ser tan ácidos con unos como con otros.
Los temas políticamente incorrectos no los tocáis; no hacéis chistes de feminismo o de discapacitados, ¿os habéis centrado en política?
A. M.: Yo he hecho algún chiste también de minusválidos pero ha tenido que ser o un chiste tan bueno que no te lo puedan discutir o un chiste que esté muy justificado. Y de feminismo no me entran ganas porque yo en esto sí que siento un respeto que no me lo permite. El humor machista a mí me parece mal de entrada y además creo que es una guerra que está por ganar y tampoco ayudas. Y sí, mucho «¿pero qué pasa? hay que tener sentido del humor» y todo esto que te dicen pero yo particularmente hay chistes que prefiero no hacerlos.
También me cuesta mucho meterme con los chistes que hace la otra gente, con lo cual si alguien quiere hacer un chiste de lo que quiera me parecerá bien o mal, lo leeré o no pero creo que justamente la libertad de expresión no vale para las cosas con las que estás de acuerdo, tiene que valer para las cosas que te parecen despreciables y que puedas aceptar que existan. Si no te gustan no las leas y ya está.
Si hablamos de política, ¿qué crees? ¿Que la política es demasiado amargada o más bien poco inteligente?
A. M.: Superpregunta. Yo tengo una crisis particular con la actualidad y la política y es que ahora mismo me horroriza. Me informo por mi profesión y porque tengo que hacerlo pero me aburre absolutamente y me indigna de una manera tan tremenda que cuando estoy de vacaciones no abro un periódico ni me informo de nada porque no puedo más, me parece todo un absurdo, con lo cual seguramente me parece más bien aburrida aunque realmente sea una mezcla de ambas cosas.
No me lo había planteado pero es que incluso lo que os decía antes respecto a Podemos, a mí la escena de Pablo Iglesias llamándole Pantuflo a Eduardo Inda me pareció para no votar a Podemos directamente. Yo que soy público potencial o te montas un discurso un poco más elaborado o no me trates como un idiota, no vayas a las tertulias a hacer el ridículo, no toca. Dime algo que esté a la altura de lo que se espera de ti. Creo que la política es aburrida por lo poco inteligente.
¿Alguna vez un político te ha dado la enhorabuena por alguna de tus sátiras?
A. M.: Estoy pensando pero no lo sé. Si alguno lo hiciera sería por una sátira hacia otro. A mí lo que me llega siempre es que les sienta mucho peor de lo que pensamos. Nosotros creemos que esta gente ya lo tiene muy asumido y parece que no.
¿Llegan a ejercer algún tipo de presión o censura?
A. M.: La única censura directa que hay es la de la Corona. Ahí sí que hay un departamento o alguien sabedor de que esto es muy frágil.
Esta gente vive con la ilusión de que la estabilidad del país depende de el rey y sí que van con mucho cuidado. Cuando vas rascando un poco sobre lo que nos pasó en junio, ves que hay una orden directa no solo a nuestro grupo editorial sino a todos los grupos y medios de que si se trata el tema, se haga con un guante de seda absoluto.
Pero los políticos en general yo creo que no lo hacen precisamente porque la lección que nos da la historia esta con la Corona es que no sirve de nada. Al contrario, lo amplifica mucho más y se sabe mucho más que se ha intentado censurar. Asumen que hay una guerra y que nadie convence a nadie, que ese es el problema de este país. Al final si tú eres de izquierdas vas a mirar al Wyoming y los medios que te dicen lo que te parece bien y si eres de derechas pues verás tus tertulias de El gato al agua y todo eso. En realidad lo que hacemos los humoristas no vale para cambiar conciencias, vale como terapia.

Sin embargo Marcos, en la previsión futurista de The Private Eye nos encontramos con que son los periodistas los que acaban haciendo de policía, por así decirlo.
M. M.: Sí, los que acaban siendo un poco los law enforcement.
A. M.: ¿Quizás es un punto de vista más americano, no? Allí la prensa es más independiente seguramente.
M. M.: Yo la verdad es que ese punto de los periodistas convirtiéndose en policías nunca lo llegué a entender y mira que Brian me lo explicó. [Risas].
Como la información pasa a ser el tema de mayor importancia, los que tienen el control sobre la información, que son los periodistas, se convierten digamos que en la policía porque lo más importante es proteger la privacidad. Pero claro, los paparazzis son esos que están dispuestos a saltarse la ley para hacer una foto, se convierten en detectives y descubren las verdades que no interesan al periodismo oficial.
Me pareció alucinante que The Private Eye, que salió antes del Frappening, anticipase el problema del alojamiento en la nube y la privacidad.
M. M.: Todo esto es mérito de Brian que tenía la idea clarísima. La casualidad es que Brian y yo compartimos el mismo punto de vista en este sentido hasta el punto de que ninguno de los dos tenemos presencia, digamos social, en internet. Y no es que no la tengamos, es que la aborrecemos.
A. M.: Marcos no tiene ni móvil.
M. M.: No, pero no es que no lo tenga por una cuestión ideológica, simplemente es que no lo necesito. Un dibujante de cómics está todo el día en casa, si me quieres llamar normalmente me vas a encontrar y si no estoy en casa ¡coño, no te voy a coger el teléfono! , estaré por la calle andando, como se hacía antes. Voy a estar fuera una hora o media hora y voy a volver a casa, me puedes localizar perfectamente.
Bien pensado, Brian y yo somos las peores personas para estar haciendo esto, no tenemos ni idea de internet, no tenemos Twitter, yo no tengo móvil, ni Facebook… nada.
¿Hay alguna ocasión en la que pueda establecerse un lenguaje común entre políticos y dibujantes?
A. M.: El único lenguaje en común que tenemos los dibujantes con los políticos es que se lo cogemos prestado para devolvérselo torcido. Otro aspecto que tenemos en común es que somos demagogos. Los dibujantes usamos la demagogia porque al final tienes que maximizar y simplificar un poco la realidad pero la ventaja es que somos honestos en eso, de entrada se sabe que somos demagogos. Todo el mundo debería entender que un chiste es pura demagogia, básicamente se trata de pulir la realidad y expresarla de una manera muy simple que no es 100% cierta. Los políticos en cambio, nos sirven la demagogia como verdad, que es la gran diferencia.
Últimamente la política da titulares que parecen una viñeta humorística, Manel Fontdevila ha dicho en alguna ocasión que prácticamente os hacen el trabajo.
A. M.: Eso es un problema del chiste de actualidad y es que cuando el chiste ya viene hecho con la noticia, tienes que pensar un poco más porque sabes que todo el mundo va a hacer lo mismo. Hay una serie de lugares comunes, cuando Charlie Hebdo, sale la noticia de que matan a los pobres dibujantes, se llena la red de dibujos de lápices y a los diez minutos empieza la gente a hacer los chistes de lápices, y pasados diez minutos de eso ya hay gente haciendo chistes sobre los chistes de lápices. La velocidad a la que internet se come los temas y les da la vuelta es pasmosa y el trabajo humorístico ahora mismo pasa por ir un paso más allá de las redes sociales. En la mitad de noticias de actualidad el chiste parece que ya te viene mascado y si algo debería distinguir a un buen humorista de uno no tan bueno es precisamente que te hace un chiste que no es tan obvio como el titular.
Al segundo de suceder algo la red se llena de chistes y ocurrencias, cuando publicáis vosotros esos chistes pueden estar ya obsoletos. ¿La inmediatez del digital os supone ser mucho mejores humoristas?
A. M.: Claro. Es que hay una mente colmena en Twitter, imagínate un millón de mentes pensando al mismo tiempo. Hay una máxima de toda la vida en el humor gráfico que dice que la primera idea no vale, pero ahora no te vale ni la primera ni la segunda. Incluso yo ahora mismo pienso un chiste y cuando ya lo tengo entro en Twitter y miro, si ya está hecho lo cojo y lo tiro.
M. M.: Yo no hago chistes pero a mí lo que me parece más fascinante de las redes sociales y que tiene mucho que ver con nuestro cómic, es cómo la noticia ya hace tiempo que ha dejado de ser importante. No importa lo que haya pasado, lo que le importa es lo que yo tenga que decir sobre eso. Y andamos todos en búsqueda del comentario que podemos hacer al respecto. La noticia no es que se haya muerto Steve Jobs, no, la noticia es cómo eso me ha afectado a mí. «Estoy muy triste porque se ha muerto Steve Jobs».
A. M.: Incluso hay otro factor en internet que afecta mucho en humor gráfico, ¿qué opinión tengo que sea popular? A mí me pasa que si hago un chiste y tiene treinta retuits digo, mira hay gente a la que le ha gustado pero si de repente tienes uno que tiene mil quinientos y no sabes por qué , coges el chiste y te lo miras y te lo remiras.
A internet le gusta mucho internet y tú en Twitter haces un chiste sobre el propio Twitter y lo petas, con lo cual al final te das cuenta de que inconscientemente empiezas a repetir patrones que te den likes. Yo voy a la panadería y digo que tengo un mogollón de likes y no me dan pan, por lo tanto no valen nada, son basura. Pero en cambio tienen ese punto de alimento para el ego que te das cuenta de que poco a poco vas reproduciendo patrones que te van a llevar a tener más likes. Eso en el fondo no vale para nada porque además la gente tampoco actúa a partir de Twitter. Tú puedes hacer un chiste muy bueno y debajo poner «compra Orgullo y Satisfacción» y venderás tres aunque hayas tenido ocho mil likes porque la gente no sale de ahí. Las redes sociales empiezan y terminan en sí mismas, tú pones un link para afuera y nadie lo visita y si pones una imagen ahí dentro todo el mundo la ve.

Cambiando de tema, ¿cuáles son los dibujantes españoles que te gustan y en los que tú te has inspirado, Albert?
Siempre me dejo a alguien pero toda la factoría Bruguera, especialmente Jan, el de Superlópez, que era el que me tocaba por generación.
Y toda la cuadrilla de El Víbora; Gallardo, Max… todos estos dibujantes también me entusiasman. La verdad es que a mí me gusta mucho el tebeo de consumo, el tebeo pulp, el pop y tal pero me gusta mucho más el americano que el reproducido aquí. No hay tebeos de aventuras en español, la verdad es que cuando yo empecé a leer ya no había y no tengo referentes.
Además los primeros de Jan como El señor de los chupetes, según decías en una entrevista.
Sí, de los primeros hasta ese en el que hay unos aliens que se convierten en una estufa. [Los Alienígenas, 1980].
¿Cuál es tu favorito de Superlópez?
Mi favorito de Superlópez creo que es el de Los cabecicubos, además es el primer tebeo que leí que vi que tenía una lectura política. Ahí, no sé si os acordáis, crean un producto que le da forma cuadrada a los huevos para apilarlos, pero lo aspira no sé quién y luego hay parte de la población que tiene la cabeza cuadrada.
¿A quién lo asocias políticamente?
Yo de pequeño no lo sabía, ahora pienso conociendo a Jan que los cabecicubos son gente muy de derechas, pero vete tú a saber. Es la primera vez que dije «¡Ostras, pero esto y el telediario se relacionan de algún modo!». Además Jan, en comparación con el resto de historietistas de Bruguera, que venían de la posguerra y reproducían unos modelos muy antiguos, resultaba muy moderno, en los setenta claro, ahora igual ya se le ha pasado.
Tu dibujo en ¡Universo! a mí me ha recordado mucho al dibujo de Carlos Giménez…
A. M.: ¡Es curioso! Yo he leído mucho a Carlos Giménez y me gusta. Igual lo que tienen en común es que yo, que siempre he dibujado humorístico, aquí he empezado a dibujar más naturalista y me ha quedado esta mezcla de un dibujo naturalista pero con un punto en la caricatura… Igual sí, la verdad es que no lo había pensado. Yo era muy fan de Los Profesionales de Carlos Giménez, de Barrio, de Paracuellos y de todo esto. Qué curioso, pues no se me había ocurrido.
M. M.: ¡Ostras! Yo tampoco lo había pensado.
Fuera de los españoles Robert Crumb es uno de tus referentes.
A. M.: Sí claro, lo chulo de Robert Crumb es que es un señor que nunca ha dibujado nada que no le apeteciera. Creo que es un tío con un talento tan demencial y tan desbordante que cada vez que leo alguna cosa de Crumb, tanto por dibujo como por lo que cuenta, me parece inalcanzable para mí. Es de estos fenómenos que ni siquiera aspiro a imitar, simplemente intento sacar alguna cosilla de ahí, para mí Crumb es fundamental.
De hecho tengo una historia, una vez estaba hablando con un editor francés y Crumb estaba como en la mesa de al lado. Él está siempre dibujando porque está loco y no socializa, solo dibuja. En las películas que hay sobre su vida está todo el rato dibujando. Pues estaba dibujando hacia mí, como mirándome, y claro, a lo mejor estaba dibujando a la chica de atrás, que sería lo más lógico, pero yo estaba todo el rato con la idea de que igual me estaba dibujando a mí y no podía ni hablar pensando en eso, y además mi francés es muy malo. Toda mi obsesión era pensar en cómo hacer la ruta para pasar por detrás de Crumb y ver lo que estaba dibujando, y ahí ya se me jodió la tarde entera. [Risas]
Para mí Crumb es lo más, es Dios.

¿Y tus influencias, Marcos?
M. M.: Yo vengo de la tradición del cómic americano y siempre digo Mazzucchelli —que era el dibujante de Daredevil en la época, luego hizo Batman: Año Uno y después tiró por su propio camino—, que es el que me marcó a una cierta edad en la que entendí qué era el cómic en sí mismo como medio y como lenguaje. Es un hombre cuya trayectoria además me parece muy interesante por todo lo que hizo, empezar en el cómic comercial americano y a medida que fue evolucionando e iba teniendo otro tipo de inquietudes, encontró la manera de hacer otro tipo de historias.
A. M.: ¿Te interesa todavía Mazzucchelli, el Asterios Polyp y todo esto que ha hecho últimamente?
M. M.: Sí, lo que pasa es que últimamente es Asterios Polyp y ahí se ha quedado. Pero sí, a mí siempre me parece interesante. Yo lo veo siempre como la persona que me marcó, la referencia de ese momento en el que tienes quince años y de repente dices «hostia, ahora entiendo lo que es», ves como una luz. Antes te gustaba dibujar John Barry y superhéroes y de repente ves que hay algo más allá del tipo y el estilo del dibujo; es el cómic, lo que está contando, cómo lo cuenta…
Aparte de que tienes a uno de los mejores guionistas como es Brian K. Vaughan, ¿quién te gustaría que te hiciera un guion si tuvieras que elegir?
No pienso nunca en eso. Es un poco como cuando me llamaron de Jot Down y me dijeron que a quién quería dibujar en el Off the record, pues yo qué sé, dependerá de la historia. Igual te digo a Ana Pastor pero, ¿y si la historia que me manda no va conmigo? Pasada la ilusión de que me llame Jot Down, al final tú la tienes que dibujar y es trabajo, luego me voy a tener que sentar y dibujar las páginas, yo ya sé lo que es. Más que escoger yo, prefiero que sea alguien que quiera trabajar conmigo, que tenga interés por lo que hago, que le guste, porque así ya sé que nos podemos entender.
¿Un personaje que te haya influenciado? Creo que te gustaba sobre todo Superman.
Superman me gusta mucho, sí, pero me gusta por la película, me enganchó en esa tierna edad y me fundió el cerebro ya para siempre. La película de Superman es bastante responsable de toda una serie de decisiones posteriores que he ido tomando en mi vida. Probablemente me afectó negativamente, yo podría haber sido abogado, coño. [Risas]
También he leído que tú creías que no sabías dibujar, y de repente haces arte.
M. M.: Yo creía, no; yo creo que no sé dibujar. Quería ser guionista pero parece que se me da mejor el dibujo que escribir. Y ahora el tema es dejar de dibujar…
A. M.: Y ser editor. [Risas]
M. M.: O ni eso y vivir de ti.
A. M.: Si te llega… para mí la fórmula de futuro es que fuera el editor el que cobrase el 10% de royalties, ¿qué te parece?
M. M.: Me parece mucho, ya lo hablamos después.
M. M.: Hay que aclarar, no vaya a ser que me venga Hacienda luego, que en estos momentos no se paga nada o sea que el autor obtiene todo el dinero. Albert no nos paga a nosotros, entre otras cosas, porque en realidad el modelo está creado para ser una cooperativa de autores y digamos que uno ayuda al otro.
A. M.: El hecho de entrar yo a Panel Syndicate me sirve porque tengo todo el público de Brian y de Marcos y a ellos les beneficia que entre un público que no leía este tipo de cómics y descubra The Private Eye.
M. M.: En el momento en que Albert saca Universe! a nosotros nos supone unos ingresos extra que superan con creces el 10%.
A. M.: Y además yo, por la vida, que es así, la mayoría de mi carrera la he pasado haciendo cómic de actualidad y humorístico pero hay una parte que también me gusta mucho que es la de hacer tebeo de consumo, de aventuras, de historieta más narrativa y aquí tengo la oportunidad.
¿Por qué tiene que llegarte de un tercero la oportunidad de hacer lo que te gusta, si tú en Orgullo y Satisfacción eres tu propio jefe?, ¿por qué no haces ciencia ficción, o ciencia ficción de humor en tu medio?
A. M.: Igual porque yo soy una persona demasiado práctica. Mi medio natural es el humor sea en el formato que sea y ¡Universo! aunque sea un poco más melancólico a veces, también es un cómic de humor.
M. M.: De hecho es mucho más melancólico de lo que yo me imaginaba.
A. M.: Sí, todo el mundo me lo dice.
M. M.: Las ideas que él tenía por separado yo me las imaginaba como historias de humor. Cuando vi el primer ¡Universo!, dije: ¡Ostras!
A. M.: Pero Universe! es un chiste alargado.
M. M.: Ya, pero el tono no es de tebeo humorístico.
A. M.: Bueno, para el caso lo que te decía es que al final llego a El Jueves porque siempre he hecho tebeos de humor. A mí la actualidad me interesa más por oficio, la descubro y es una cosa que se me da bien ahora, pero cuando llego a la revista a mí me interesa más hacer un humor surrealista, más loco y cuando entro aprendo a leer periódicos y a sacarle punta, a tener opinión, que es una cosa que tiene su truco. Pero al final en la variedad está el gusto y seguramente si llevara veinte años haciendo tebeos de ciencia ficción ahora mismo me apetecería hacer cualquier otra cosa.
Te ha gustado Her por lo que se deduce de ¡Universo! #2, aunque tú llevas la relación entre humanos y máquinas a un punto más divertido.
A. M.: A mí me parece que si Her hubiera durado media hora sería mucho mejor. Lo que yo planteo es distinto a Her, no he visto Ex Machina pero entiendo que también irá por ahí la cosa y tendrá puntos en común. Hay cinco temas en la ciencia ficción: robots, viajes en el tiempo, extraterrestres… y con esto tienes que ir recombinando todo lo que puedas.
¡Universo! #2 es el cómic más largo que has hecho.
A. M.: Sí y tiene solo cuarenta páginas, yo el tebeo más largo que había hecho tenía veinticuatro.
M. M.: Estuvimos a punto de cortárselo por la mitad. Tuvimos una lucha ahí de editor y de autor.
A. M.: Y al final ganó el autor.
También se intuye de este segundo volúmen que todo es parte de un mismo universo.
A. M.: La idea es que todas las historias pasan en el mismo sitio. Y a veces se va a notar y a veces no, pero es una continuidad. Por eso pasan cosas como que los robots amantes o pareja de la primera historia, en la segunda son centrales, pero en la tercera no sale nada que tenga que ver con los primeros números. Aunque igual pongo algún guiño para que la gente lo vea.
No va a haber ningún personaje principal de referencia como en Carlitos Fax.
A. M.: No, en este caso había pensado, puramente por el tipo de formato, que entiendo que si la gente lo compra va a ser más por impulso. Por eso pensaba en hacer historias completas autoconclusivas y que no tuvieran que ver la una con la otra. Aun así, el otro día estaba pensando: «igual me he equivocado y tendría que hacer un personaje», y eso puede tener mucho tirón. Pero de entrada la idea es historias de ciencia ficción cortas.
Mucha gente me hablaba estos días de Black Mirror, que tiene la misma estructura: historias que no tienen que ver una con otra, pero con una temática común. Aunque yo solo he visto un capítulo: el del cerdo y el político. Todo el mundo cree que es el mejor, por lo cual ya me da palo seguir.

¿Qué proyectos tenéis para el futuro cercano? Supongo que ¡Universo! #3, el 10 de Private Eye, ¿y luego?
M. M.: Si cierro Panel Syndicate, esperaré a que salga Albert.
A. M.: Ojalá cerrarlo con el número 100 pero ya veremos.
M. M.: Es que para mí, asumir otras responsabilidades que exceden a mi trabajo de dibujante es demasiado. Hay una parte que me agobia mucho que es precisamente hacerme cargo de toda la parte de redes sociales. En definitiva a mí lo que me carga es eso, tener que estar pendiente de toda una serie de cosas que a mí no me interesan.
Lo que quiero es contratar al community manager de Jot Down. Ese Twitter es brillante, eso es una mina.
Pero alguna ventaja tendrá.
M. M.: La ventaja es que eres tu propio jefe. Si yo ahora mismo me planteo volver a Marvel se me haría muy cuesta arriba. Y eso que en Marvel siempre he tenido mucha libertad, siempre me han tratado muy bien y me han dado rienda suelta para hacer lo que quisiera y con unos márgenes de tiempo muy grandes para lo que es la industria americana.
Hay muchos autores que empiezan en Marvel, hacen nombre pero llega un momento en que les pasa algo parecido a lo que comentas, salen cargados.
M. M.: Claro, porque es una industria y no te están encima hasta que va a imprenta pero cuando llega ese momento están demasiado encima. Tienen unas fechas de entrega que queman a la gente.
¿Qué fechas de entrega son?
M. M.: En teoría un dibujante de cómic americano tiene que hacer un tebeo de veintidós páginas al mes. Ahora han bajado a veinte pero eran veintidós. Y claro, la gente no se da cuenta pero están aumentando el precio del cómic porque cada vez te dan menos páginas por el mismo precio, es menos producto y a nosotros nos pagan menos porque son dos páginas menos.
Francisco, de la librería Freaks, dice que para publicar en EE. UU. hay tres condiciones que hay que cumplir: ser el mejor dibujante del mundo, ser el mejor amigo del editor y cumplir con las fechas de entrega y no necesariamente en ese orden.
M. M.: Las tres reglas reales son: ser muy bueno, ser muy rápido o ser muy agradable. Y tienes que cumplir dos como mínimo. No vale solo una. Si eres muy bueno pero eres un capullo y no entregas a tiempo da igual, puedes ser el mejor del mundo que no tendrás trabajo.
¿En España cuál sería?
A. M.: No ser español ni ser bueno, que es condición sine qua non para vivir de los tebeos. La verdad es que no lo sé muy bien, hacer señores con corbata en la portada de tu libro… La verdad, no lo sé.
Lo que se dice es que en España hay muy pocas posibilidades de publicar un trabajo.
A. M.: Sí que es cierto que en España los editores actúan menos como editores. No solo los editores de Marvel sino cualquier editor literario de EE. UU. interactúa más sobre la narración y participa más sobre el proceso creativo. En España a veces se limitan a seleccionar. Yo sé que ahora mismo podría ir con cualquier tebeo y encontraría un editor y no tendría ninguna injerencia ni ningún problema para llevarlo a cabo; el problema es poder llegar a vivir de esto. Por otro lado, yo creo que casi nadie publica por ser amigo de un editor. Aquí hay un cierto tipo de autor amateur que no publica y que dice: «No, claro, es que siempre publican los mismos». Yo creo que si haces un tebeo que está bien te lo publican.
M. M.: Sí, eso es leyenda, un mito.
Con el anuncio de la incorporación de Spiderman a las películas de Marvel han surgido rumores de que podrían usar a Miles Morales en vez de a Peter Parker para darle vida, ¿qué te parece este nuevo giro?
A. M.: Últimamente hay una tendencia en el cómic norteamericano de diversificar mucho los personajes, ¿no?
M. M.: Sí, Miss Marvel es una chica musulmana, la Capitán Marvel es también una mujer, Thor también es una chica… ¿Qué pasa? Que la mayoría de estos personajes se crearon en una época concreta muy Mad Men, en la que todos son hombres blancos y han quedado un poco desfasados. Pero esos personajes son los iconos y han quedado marcados.
Lo ideal sería que fuesen capaces de crear nuevos iconos originales, negros, latinos, mujeres… El problema real es que ahora mismo les cuesta conseguir esas creaciones icónicas. En parte porque los autores ya no están dispuestos a dar sus mejores ideas a una editorial que se queda con todos los derechos.
Todos somos profesionales y haces tu trabajo lo mejor posible dentro de tus capacidades, pero ya no te planteas con mucha ilusión el diseño de un personaje nuevo para ellos sabiendo que tú de eso no vas a tener royalties. Lo peor es que ya viene escrito así y tú estás cediendo tus derechos a perpetuidad para el universo conocido y por conocer, y esto está en el contrato.
A. M.: Esta cláusula de los medios conocidos y los que se inventen es cierta, esto sí que está en los contratos.
M. M.: Sí, sí, ya se cubren las espaldas. Contestando a tu pregunta, a mí personalmente me da un poco igual, no me parece mal. Igual hacen a este personaje que es Miles Morales o igual hacen que Peter Parker sea negro. De entrada te choca porque tú lo relacionas con el icono pero luego realmente da igual; si lo haces bien resulta más natural de lo que pueda parecer en un principio.

Fotografía: Jorge Quiñoa
Documentación: Loreto Igrexas
Prácticas: Alicia Arévalo y Paula Gil
El Peso Ideológico del Tiempo
Escribir este artículo ha sido un asco. Y lo ha sido porque, lo pinte como lo pinte, nada me va a librar de que algunos vean en él la imagen de un dedo acusatorio, una especie de desahogo inmaduro que dejé atrás hace tiempo. Peor aún, seguro que habrá también quien caiga en lecturas filomarxistas o alguna tontería por el estilo. Voy a prometer que no es nada de eso, pero será en vano. En realidad, todo empezó con la llamada de un amigo diciéndome que había una serie nueva sobre viajes en el tiempo en TVE y que se podía ver por internet. Decía que le echase un ojo para ver si podía escribir algo en Cactus.
Yo consumo casi cualquier cosa si hay viajes en el tiempo de por medio, así que en la revista sabían que no iban a tener que insistir mucho. Además, esto de que una cadena española produzca un proyecto de género con aspiraciones y lo distribuya acorde a los usos del siglo XXI es tal que insólito, visto lo cual, al llegar a casa me puse a ello y vi de una sentada todos los episodios que llevaban emitidos hasta entonces.
De entrada se nota que los autores de El Ministerio del Tiempo son hijos de los ochenta, como todos los que nacimos en algún momento entre los estrenos de Tiburón y Parque Jurásico. Su serie sigue los mismos principios que Las Aventuras del Joven Indiana Jones, en el sentido de que utiliza un gancho pop para impartir lecciones de historia. En el lado positivo, El Ministerio no es un tostón insoportable, porque al menos sabe equilibrar los datos fríos con la aventura mejor que George Lucas. En el lado negativo, sus diálogos son artificiales con ensañamiento y tras ocho episodios las preguntas sobre lógica interna empiezan a devolver el fantasma de Lost a la memoria.
Pero todo eso es lo de menos, porque no he venido aquí a escribir una crítica. El Ministerio del Tiempo es fresca y ambiciosa. Sobre todo en su contexto geográfico. Ya que si por algo destaca es por ser una serie sobre viajes temporales por la historia remota y reciente de… España. Y esto es a la vez su cruz y su bendición.

La Liga de los Caballeros Extraordinarios
Estamos acostumbrados a ver ciencia ficción estadounidense, donde como mucho uno puede remontarse doscientos años y pico hacia atrás en lo que respecta al gobierno soberano. Washington está bien lejos de poder considerarse libre de pecado, pero al menos se las ha apañado para mantener un sistema político estable a flote durante más de dos siglos. A efectos prácticos y por simplificar, si un gobierno americano tuviese en su poder la máquina del tiempo, tendrían pocos incentivos de cara a realizar grandes cambios en la historia pasada. De hecho, si uno lo piensa, ni siquiera les convendría matar a Adolf Hitler.
No sucede así en España.
España ha sido un cristo de campeonato desde tiempos del Cid. Esto sería irrelevante si sus viajes en el tiempo sólo afectasen a tres personajes anónimos en las inmediaciones de un chalet en Cantabria, como en Los Cronocrímenes. Pero El Ministerio del Tiempo parte de la idea de que el gobierno español cuenta con un brazo secreto que administra la historia nacional mediante portales temporales. Y que encima, lo lleva haciendo desde antes del reinado de Isabel la Católica.
Esta premisa es similar a la que usó Isaac Asimov en su novela El Fin de la Eternidad, donde una organización ubicada en un lugar ajeno al espacio-tiempo velaba por la continuidad histórica minimizando el sufrimiento de la raza humana. El problema era que asegurar el bien común tenía el efecto secundario de estancar el progreso, manteniendo la civilización inerte durante siglos. Concretamente, abortaba el comienzo de la carrera espacial. Asimov proponía así una alegoría familiar para muchos astrofísicos: la trágica correlación entre desarrollo tecnológico y deriva belicista. Como si el ser humano estuviese condenado a morir en la Tierra por una cuestión de terquedad ideológica.
Nótese que en lo poco que he descrito de la novela de Asimov ya se advierten dos cosas: un objetivo para los protagonistas y un comentario social. Lo primero es un concepto de construcción dramática, y lo segundo, una convención de género. El Ministerio del Tiempo carece de ambas cosas. Sus protagonistas son reclutados en el episodio piloto y enviados rutinariamente al pasado para salvaguardar el presente sin apenas opción a réplica. Por otro lado, por qué se producen cambios en el pasado sin que esto afecte de manera fulminante al presente es una observación mecánica por la que la serie pasa de puntillas. En general, el Ministerio del Tiempo parece más preocupado por preservar el legado cultural español que otra cosa, probablemente porque la importancia de preservar ese legado es lo único en lo que todos los españoles estarán de acuerdo.
Pero el Ministerio del Tiempo no es un museo de arte renacentista ni una biblioteca pública; es una rama del gobierno español. Y no sólo del actual, sino de todos los gobiernos españoles que han existido, capaz además de comunicarse con sus encarnaciones pasadas en tiempo real. Es decir, que entre sus superiores directos están en todo momento Mariano Rajoy, Felipe González, Fernando VII, Felipe II y Francisco Franco sin seguir ningún orden en particular.
Y esto, me temo, es un sinsentido.
Antes de nada, he de decir que es la propia serie la que avala esta interpretación, ya que en un episodio María Cristina de Borbón trata de cerrar el ministerio, pero su hija Isabel se lo impide. La escena es de las más astutas de la primera temporada, porque encapsula en un instante lo que significó la regencia de María Cristina desde la muerte de Fernando VII hasta que Isabel II cumplió la mayoría de edad. Da la sensación de que El Ministerio del Tiempo debería estar repleta de momentos como este, pero los evita a toda costa, especialmente cuanto más recientes quedan.
En su tercer episodio, los nuevos héroes de TVE viajan a 1940 para intermediar en la famosa cita entre Franco y Hitler en Hendaya. Debido a un chivatazo, los nazis han descubierto que existe el viaje en el tiempo, y el acceso a los portales dimensionales se convierte en una moneda de cambio determinante a la hora de decidir la participación de España en la Segunda Guerra Mundial. Evitar esa participación es el objetivo de la misión, y a partir de aquí nos sumergimos en un lodazal moral de lo más interesante que los creadores de El Ministerio del Tiempo optan por ignorar por completo.
Por supuesto, hablo del valor estratégico de evitar la entrada de España en la guerra. De haber sucedido eso, los Aliados habrían lanzado la operación Goldeneye para invadir la península, fulminado sin esfuerzo a unas fuerzas franquistas bajo mínimos e instaurado una democracia en España, que además luego habría tenido derecho a las ayudas del Plan Marshall y se habría desarrollado a la par que el resto de economías del primer mundo en la Europa moderna. Nos habríamos librado de casi cuarenta años de dictadura, del germen del terrorismo de ETA, de una monarquía estéril y del destape en la Transición.

Joaquín Reyes haciendo el Celebrities de Velázquez.
Naturalmente, es posible que el Ministerio no contemple esta clase de cambios porque causarían una paradoja. Los propios agentes se arriesgarían a no nacer nunca y todo eso. A lo mejor, incluso si en un capítulo decidiesen cargarse a Franco, quizá luego España siguiese dividida igualmente y el caos fuese morrocotudo. Lo mismo da. No es tanto la acción como la ausencia de mención.
España es un país en constante lucha con su pasado, y caracterizado por un miedo irracional a enfrentarse a él. Eso lo convierte, al mismo tiempo, en el mejor y peor lugar donde ambientar una historia sobre viajes en el tiempo institucionalizados. Si el Ministerio del Tiempo es una organización que ha sobrevivido a lo largo de multitud de sistemas de gobierno, lo razonable sería pensar que cada uno de esos sistemas ha intentado usarlo en su beneficio. Los simpatizantes republicanos habrían tratado de borrar todo rastro de herencia absolutista en la historia, y los fascistas probablemente habrían tratado de resucitar el maltrecho Imperio Español. Los autores de El Ministerio del Tiempo parecen poco interesados en esta clase de posicionamiento político, manteniendo el estatus ideológico de sus patrulleros temporales sobre un cómodo fondo gris.
Es una opción como cualquier otra. Pero también es la opción más insípida a la que podrían recurrir. La ciencia-ficción sirve de vehículo para explorar temas como la condición humana o la realidad social. Un Ministerio del Tiempo que se responsabilizase de las turbulencias en la historia política española no sólo daría validez al uso de los viajes en el tiempo como subgénero, sino que dotaría al proyecto de las dobles lecturas que enriquecen la ciencia-ficción como tal.
Esto sería particularmente útil porque TVE está vendiendo El Ministerio del Tiempo como la respuesta española a la televisión extranjera. Y esa televisión ahora mismo la dominan un presidente estadounidense asesino y un publicista alcohólico de tendencias adúlteras. Que El Ministerio del Tiempo no comparte el tono de House of Cards o Mad Men es obvio. Pero que al margen de eso, la tele moderna desafía al público y enfoca sus mensajes con valentía también lo es.
Cuando Steven Spielberg decidió adaptar a Philip K. Dick en Minority Report, ahora en proceso de convertirse en serie televisión, su crítica a las políticas preventivas post 11-S no limitó el carácter escapista de la narración. Minority Report es una película que habla sobre la pérdida de la privacidad, pero también es una película en la que un tipo quema unas hamburguesas al pasarles volando por encima con su jetpack.
Ahora mismo, El Ministerio del Tiempo está logrando que un montón de gente descubra quién fue Lope de Vega o quién pudo haber sido el Lazarillo de Tormes. En ese sentido, hay poco que reprocharle. Pero para una serie dedicada a la convulsa historia de España, llama la atención su falta de conflicto. Durante ocho episodios, sus autores se han dedicado a quemar hamburguesas con bastante desparpajo. Para la próxima temporada, espero que en el menú haya algo más.
What Game of Thrones changed from the books: Season 5, Episode 1
A supercut of George RR Martin pointing out every time HBO's Game of Thrones changed something from his books.
With the dawn of Game of Thrones' fifth season, there's been more attention paid to how the show is departing from George R. R. Martin's books than ever before.
HBO "throws out" the books "and saves the show," says Salon. The show "explores uncharted territory," says Time. It "gracefully side-steps the novels' confused fourth and fifth installments," says the Atlantic.
As a fan of the books myself, I find this to be somewhat overstated. All of the major plot elements in the season premiere are drawn from the beginnings of books four and five, A Feast for Crows and A Dance with Dragons.
Cersei and Jaime Lannister have to deal with the fallout from their father's murder — while the culprit, their brother Tyrion, heads to the eastern continent, drunk and depressed. Daenerys Targaryen grapples with a growing insurgency in the city she rules, but fears that using her dragons would cost innocent life. And Jon Snow attempts to navigate the demands of his new guest Stannis Baratheon, as the two discuss what to do with the captured wildlings. The broad strokes are the same in both versions.
There are changes, though, and there will be more in the weeks to come. Some plotlines and events have been condensed or cut entirely, and some motivations and character bits have been modified.
So here's a roundup of the biggest differences from the books in this week's episode.
1) Cersei’s fortune-teller says one more thing in the books, and it's important
Ain't no prophecy like a self-fulfilling prophecy. (HBO)
Season five opens with Game of Thrones’ first proper flashback, as a young Cersei Lannister hears a Weird Sisters-style prophecy that tragedy lies in her future. (In the book, Cersei has this memory as part of a dream, rather than a straight-up flashback.)
Yet the book version of "Maggy" the witch makes one more ominous remark — that someone called the "valonqar," or little brother, would one day "choke the life" from Cersei. So it looks like a key driver of Cersei’s actions in the books — her intense and increasing paranoia that her brother Tyrion is fated to murder her — has been omitted from the show.
2) Tensions rise between Cersei and Jaime for different reasons
So good-looking. So messed up. (HBO)
In the premiere, Cersei pretty quickly sniffs out that Jaime released Tyrion from his cell last season. (Tyrion was sentenced to death after being wrongfully convicted of King Joffrey's murder.) As the siblings stand over their father's corpse — which is not horrifically rotting and stinking, as in the books — she lays a guilt trip on him for his role in it and makes him feel like a disappointment.
But in the books, the possibility of Jaime being involved doesn't even cross her mind. Rather, it's Jaime who ends up pushing Cersei away — because he'd heard, from Tyrion, that she'd been cheating on him with several men, including his cousin Lancel Lannister (who reappears this episode as a religious convert). Remember, Jaime has never slept with anyone but his sister. That's Game of Thrones for you.
3) Show Varys goes east with Tyrion, unlike his book counterpart
Together again. (HBO)
In the books, after the eunuch Varys helps Jaime free Tyrion from his cell, he vanishes. His whereabouts are a mystery throughout most of the fourth and fifth books, with his eventual reappearance serving as a surprising twist. Instead, Tyrion spends the beginning of book five with Varys' friend and ally Illyrio Mopatis — the man who arranged the wedding between Dany and Khal Drogo all the way back at the beginning of the story.
The show, however, seems to have wanted to keep the tremendously entertaining Conleth Hill onscreen as Varys and to maximize the number of scenes he has with Peter Dinklage. So it's Varys and Tyrion who make plans to go east and meet the mother of dragons. Illyrio is name-dropped as the owner of the eastern mansion they arrive at, but the character has been MIA from the show since season one, and remains so.
4) Book Sansa Stark is still hanging out in the Vale
Sure, go off on a mysterious journey with this man. What could go wrong? (HBO)
In the premiere, Sansa Stark and her creepy sorta-mentor Littlefinger leave her spoiled, unweaned cousin Robin Arryn, the Lord of the Vale, behind, and head off... somewhere. Wherever they're going is "so far from here, even Cersei Lannister can't get her hands on you," Littlefinger says.
In the books, however, Sansa remains in the Vale, learning the political game from Littlefinger as he consolidates support from the kingdom's recalcitrant lords. Indeed, in a new sample chapter released just last week from The Winds of Winter, the unfinished sixth book in the series, Sansa is still there and going by the name "Alayne," with her Stark heritage remaining a secret. Her journey in the show, then, is something entirely new to book readers.
5) In the books, there's more to Mance Rayder's burning than meets the eye
Bad way to go. (HBO)
The premiere concludes with a dramatic set piece, as the captive Mance Rayder, the King-Beyond-the-Wall, refuses to swear fealty to King Stannis Baratheon, and is sentenced to die by burning. Jon Snow brings the execution to a premature conclusion by shooting him with an arrow.
There's an important twist to this event in the books, however, that looks like it has been dropped from the show. (Don't read ahead if you don't want to know it.)
In the books, the man being burned screams in protest and denies that he's the king, rather than giving a dignified speech, as Mance does in the show.
That's because, on the page, it isn't Mance who burns at all. Instead, the sorceress Melisandre uses her magic to make another wildling captive appear to be Mance. She reveals his secret survival to Jon Snow later on, and Mance goes on to take a prominent role in another plotline. The change in Mance's behavior at the burning strongly suggests, though, that the show has decided to turn this fake-out death into a real one, to simplify events.
Additionally, the show has never really known what to do with the wildling king. In the books, Mance is just a whole lot cooler. He sings, he goes on secret trips south of the Wall, and he's crafty and resourceful. Though Ciarán Hinds is a formidable actor, the show went for a more remote and regal take on the character, and as a result he's far less memorable — and less worth keeping around.
VA – Hello Everyone: Popsike Sparks from Denmark Street 1968-70 (2014)
Between 1968 and 1970, some of the finest, most obscure British psychedelic pop singles of the era escaped on the Spark label, the newly-inaugurated recording arm of long-established publishers Southern Music. Recorded in the basement studio of the company’s Denmark Street premises, these tracks often featured the same cabal of musicians and songwriters, leading to a homogenous in-house style that perfectly encapsulates the late 1960s British pop-psych studio sound.
The best of Spark’s impressive roster is now collected on CD for the first time on Hello Everyone: Popsike Sparks from Denmark Street 1968-70, which assembles highly-prized, highly-priced 45s from pre-Rare Bird band Fruit Machine, Gene Latter, post-Sorrows outfit the Eggy,…
320 kbps | 171 MB UL | HF | MC
…the New Generation (subsequently to become the Sutherland Brothers), the Dennis Wheatley-inspired Icarus and both sides of the magnificent and astonishingly rare single by Sir Ching I (only one stock copy known to exist). Also included are exquisite Brit popsike singles from Timothy Blue, Just William, both sides of the superb John Carter/Russ Alquist collaboration ‘The Laughing Man’/‘Midsummer Dreaming’ and two sensational offerings from Eartha Kitt during her brief and unlikely immersion in late Sixties hippy chick chic.
1. Sir Ching I – Hello Everyone [03:57]
2. Timothy Blue – Room at the Top of the Stairs [03:06]
3. A New Generation – Smokey Blues Away [03:16]
4. John Carter & Russ Alquist – The Laughing Man [03:22]
5. Simon de Lacy – Baby Come Back to Me [03:02]
6. Fruit Machine – The Wall [02:41]
7. The Baby – Heartbreaker [03:37]
8. Just William – Cherrywood Green [02:29]
9. Eggy – You’re Still Mine [02:54]
10. A New Generation – Police Is Here [02:50]
11. Fruit Machine – Follow Me [02:53]
12. Timothy Blue – She Won’t See the Light [02:58]
13. Val McKenna – House for Sale [01:59]
14. A New Generation – Sadie and Her Magic Mr. Galahad [02:52]
15. John Carter & Russ Alquist – Midsummer Dreaming [02:44]
16. Eggy – Hookey [02:42]
17. Eartha Kitt – Wear Your Love Like Heaven [03:06]
18. The Baby – Michael Blues [02:10]
19. Sir Ching I – Hiawatha Mini Ha Ha Love [03:00]
20. Gene Latter – The Old Iron Bell [02:55]
21. Fruit Machine – Cuddly Toy [02:29]
22. A New Generation – Mr C [02:55]
23. Icarus – The Devil Rides Out [02:30]
24. Carlew Choir – Give a Hand to the Clown [02:28]
25. A New Generation – Digger [04:03]
26. Fruit Machine – I’m Alone Today [03:08]
27. Eartha Kitt – Hurdy Gurdy Man [02:35]

























































































































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