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19 Mar 22:13

Making More Money Won’t Help You Like Your Job Any More

by Simon Oxenham
1950s SMILING SENIOR MAN...

Executive pay has risen astronomically over recent years: America’s top CEOs currently earn ten times what they did 30 years ago, according to a 2015 brief by the Economic Policy Institute, and around 300 times more than the average worker. And if that fact on...More »

13 Mar 03:18

Purita Campos: «Estar en Bruguera era extenuante, te pagaban muy poco y te hacían trabajar mucho»

by Fran G. Matute

Fotografía: Javier Nadales

Ya lo dijo Javier Pérez Andújar en su célebre pregón de la Mercè: Purita Campos (Barcelona, 1937) ha dibujado «las historias más leídas en todo nuestro mundo», aquellas que narraban la vida de una adolescente llamada Patty en el Londres de principios de los setenta, y que pronto se convirtieron en un éxito internacional.

Patty’s World comenzó a publicarse en España en 1974 con el nombre de Esther y su mundo, una serie que sigue hoy vigente gracias a las numerosas reediciones y a una inteligente actualización del personaje, ya en su cuarentena. En sus años de esplendor, la serie llegó a vender cuatrocientos mil ejemplares semanales, una cifra impensable para cualquier publicación de hoy día.

Al margen de su labor como dibujante de cómic, Purita Campos fue también una pionera del diseño de moda en la Barcelona de la gauche divine. Creadora incansable, con su trabajo ha hecho feliz a muchas lectoras (y lectores) en todo el mundo, que aún hoy la siguen recordando desde el cariño. El mismo que desde aquí le profesamos, agradeciéndole el tiempo (y, nos consta también, el esfuerzo) dedicado para la realización de esta entrevista. Sirva la misma como sincero homenaje a su figura.

¿Escuchaste el último pregón de la Mercè, a cargo del escritor Javier Pérez Andújar?

No, porque hace ya dos años que vivo en Madrid y estoy un tanto desapegada de la vida de allí, pero sí que lo leí al día siguiente en el periódico. Y me hizo mucha ilusión que me nombrara.

Pérez Andújar hizo de paso una reivindicación de las mujeres que trabajaron en el mundo de la historieta.

Me pareció muy pertinente esa reivindicación porque nosotras trabajamos mucho entonces, y me da la sensación de que hoy día le importamos un pito a la gente [risas].

¿Cuándo empiezas a interesarte por el dibujo?

El dibujo es algo que me atraía desde pequeña. De todos modos, yo siempre me he sentido muy atraída por el mundo del arte, de la farándula, eso de cantar y bailar… Cuando venía gente a casa mis padres siempre me decían: «Canta aquello, canta lo otro». Al principio me daba mucha vergüenza, aunque fueran amigos o familiares, pero después ya me ponía y cantaba y bailaba, y todos: «¡Oh, qué bien lo hace!» [risas].

Lo primero que estudié fue en la Lonja, la Escuela de Artes y Oficios de Barcelona, donde hice todos los cursos. Después hice Bellas Artes. También quise ser actriz y fui al Instituto del Teatro. Me salió un papel, ¿eh? Uno pequeñito, nada del otro mundo. Pero lo de ser actriz lo tuve que dejar porque, claro, si trabajabas en el teatro solías volver muy tarde a casa y mis padres no me dejaron continuar con aquello.

¿Te gustaban los cómics de pequeña?

Claro. Me gustaba mucho Hugo Pratt, era un favorito mío. ¿Sabes que lo conocí en un salón del cómic? Era muy bueno, un clásico. Estaba allí firmando, yo también, y… ¿puedo decir la verdad? Fue un estúpido conmigo [risas]. Me acerqué toda ilusionada, y le dije: «¡Hugo Pratt!». Y me respondió: «Io non sono Hugo Pratt», y se largó. Se ve que se pensaba que yo era una fan, que lo era, pero también era una autora que estaba allí firmando con él. Yo eso no lo hubiera hecho nunca, que me venga una chica o un chico todo ilusionado… Fue un imbécil. Eso no se hace.

¿En qué momento entras en contacto con el mundo de la historieta?

Yo nunca quise ser dibujante de cómics, no lo había pensado nunca. Quería hacer otras cosas, tenía otras ideas, quería dedicarme a la moda. Mi madre era modista y gracias a ella aprendí el oficio. Hacía unos modelos muy bonitos, tenía mucha imaginación para hacer modelos y lo mío era la moda. Pero mi hermano conocía a Manolo Vázquez —vamos, lo conoció en un bar—, y este se enteró de que yo dibujaba, y le dijo: «Dile a tu hermana que se pase mañana por la editorial y que pregunte por mí. Le atenderemos». Entonces me fui al día siguiente con mis modelitos de moda, con lo que yo tenía hecho, me presenté en la editorial Bruguera y les dije que venía en nombre de Manolo Vázquez, que había quedado con él. Y Víctor Mora, que fue quien me recibió, me dijo: «¡Pero si Manolo Vázquez no viene por aquí nunca!» [risas].

Vázquez siempre tuvo fama de vago.

Mucho, mucho. Era una cosa increíble. Yo me presenté allí sin saber nada. Entonces Víctor Mora, cuando vio los dibujos, que ya digo eran de moda, me dijo: «Si quieres puedes pasar mañana mismo y vas haciendo cosas». Y al día siguiente ya empecé a hacer allí dibujitos, poca cosa, nada importante.

Empezaste a trabajar en Bruguera a finales de los años cincuenta, siendo muy joven. ¿Cómo era trabajar allí? 

Estar en Bruguera era extenuante, te pagaban muy poco y te hacían trabajar mucho. Lo que pasa es que los dibujantes somos muy buenas personas y nos conformamos con poco [risas]. Todos nos quejábamos de lo mal que pagaban, pero es lo que había.

En tus comienzos participaste en revistas femeninas como Dalia, Sissi, Blanca o Celia.

Sí, revistas que eran una chorrada, la verdad [risas]. Ahora que las recuerdo… Pero es lo que había entonces. Era otra época, y la diferencia con ahora es enorme. En ese aspecto hemos mejorado mucho.

También colaboraste en la revista Can Can, donde coincidieron todos los grandes de la historieta: Peñarroya, Conti, Cifré, Escobar… ¿Los llegaste a conocer?

Sí, claro, los conocí a todos. Ahora no sé qué ha sido de ellos, me imagino que habrán muerto, ¿no? Han pasado tantos años… Escobar era muy serio. Me acuerdo también de Víctor Mora, claro, y de Armonía Rodríguez, que era su mujer. Allí trabajaba mucha gente, y había gente muy buena.

Y luego estaba Vázquez. Te cuento una anécdota suya: a Vázquez lo metieron en la cárcel, no me acuerdo por qué pero sería seguramente por no pagar a alguien, así que seguro que lo encerraron con razón. Entonces en la editorial le llevaban el trabajo a la celda, para que lo hiciera allí, para que terminara allí las viñetas [risas]. Ibáñez también estaba. Él es muy bueno, y su fama es merecida, pero Vázquez era mejor. Vázquez era el mejor de todos. Ibáñez era muy formal, una persona estupenda a quien le tengo mucho cariño. Era muy trabajador, siempre estaba trabajando.

Muchos le han criticado que trabajara tanto, porque ponía en evidencia a los demás.

Sí, sí. Era increíble. Además era muy rápido, iba a cien por hora. No sé si ahora será millonario, puede que sí. Su mujer creo que le lleva la comida a la mesa de dibujo. Pues mira, me parece muy bien, porque yo creo que para él eso no es trabajar. A mí también me gusta mucho estar aquí sentada dibujando, pero bueno, de vez en cuando hay que hacer otras cosas, ver la tele, salir, ir al cine…

Ibáñez también se ha quejado mucho del trato en Bruguera. Por ejemplo, que nunca recibió royalties por sus creaciones.

Ni yo, yo nunca vi un duro por ese concepto. Y luego además se quedaban con los originales, no los devolvían. Y es una pena, porque entonces no se le daba ningún valor a los dibujos, pero ahora, con el tiempo, digo yo que una cosa que se hizo hace cuarenta años algo valdrá, ¿no?

En 1971 te cambia la vida: te contratan para dibujar una historieta británica llamada Patty’s World. ¿Cómo es que se fijaron en ti?

Todo fue por mediación de la editorial Bruguera. Me contactaron a través de una agencia llamada Creaciones Editoriales, que estaba en Inglaterra y la dirigía Luis Llorente. Me dijeron que iba a empezar a dibujar para una historieta británica y, la verdad, aquello me hizo mucha ilusión. Pensé que a lo mejor así iba a tener trabajo fijo para por lo menos un año o así, y me duró la cosa veinte [risas]. Veinte años haciendo Patty’s World. De hecho, cuando Bruguera quebró, yo seguí haciendo el personaje a través de la agencia de Luis Llorente.

¿Trabajabas desde España o desde Reino Unido?

Estuve en Londres una temporada, sí. Pero la mayoría del tiempo lo pasé en España.

¿Te mandaban los guiones traducidos?

No, los mandaban sin traducir. Y aquí los traducían en la agencia. Mi hijo Paco también tradujo muchos, y así se ganaba unas pesetillas.

Me imagino que conociste a Philip Douglas, el guionista de la serie.

Sí, claro que lo conocí. Era muy majo. Tengo por ahí algunas fotos con él, en Londres, que nos hicimos en casa de Luis Llorente. Era muy tímido. Pero las personas cuando saben mucho a veces son tímidas, y luego hay otras que no saben nada y van por ahí… Eso suele pasar, y Philip Douglas era así, un sabio tímido.

¿Te sorprendía que un hombre pudiera captar con tanta sutileza el mundo de una adolescente?

Claro que me sorprendía, y se lo pregunté. Y él me confesó que todas las ideas se las daba su mujer [risas]. Es verdad, ¿eh? Todas. Él imaginaba las situaciones y tal, pero todas las ideas eran de su mujer, de cuando era pequeña, de las cosas que le habían pasado y tal. Y fíjate.

¿Tuvo la serie éxito desde sus inicios?

Sí, tuvo bastante éxito desde el comienzo. Si no, no se habrían planteado traducirlo a otras lenguas. El guion es que tenía mucha gracia, a mí me gustaba mucho.

Tengo entendido que en Reino Unido se publicó al principio en blanco y negro.

Sí, es verdad, pero es que entonces se publicaba poco en color. En Reino Unido se publicaba dentro de una revista que se llamaba Princess Tina. Yo los mandaba sin colorear, y cuando ya se empezó a publicar en color en Reino Unido lo coloreaban ellos allí. Yo los estuve coloreando una temporada, y se notaba, quedaban más bonitos, pero no era lo habitual.

No sé si me queda por ahí algún dibujo original… [se pone a buscar en su archivador]. He trabajado tanto, he hecho tantos originales que no podría guardarlos todos. De todas formas, la mayoría están destruidos. Yo he podido recuperar muy pocos. Menudos desgraciados… Mira [nos enseña un retrato original de Esther fechado en 1978]: ese gorrito no se lo he podido poner yo porque es horroroso [risas]. Se lo pondrían allí en Londres.

Patty’s World llega a España en 1974, publicado dentro de la revista Lily, con el nombre de Esther y su mundo. ¿No era una historieta demasiado moderna para lo que se estaba cociendo por aquí?

Sí, y precisamente por eso tuvo éxito. A ver, en Inglaterra también era un personaje moderno, pero es que aquí, al pensarse que era una revista para niñas, la censura no se dio cuenta de que la historieta llevaba dentro más cosas.

¿No tuviste ningún problema con la censura?

Sí, bueno, alguna cosa tuve que retocar. Me decían que Esther iba muy escotada, que si la faldita era muy corta… Tonterías.

Es que dibujabas a Esther muy sexy.

Sí, claro, pero era también muy recatada. Juanito, su novio, también era muy guapo, y salían juntos y tal y cual, y pasaban cosas, lógicamente. Rita, su amiga, también era muy guapa.

Doreen, en cambio, no era muy guapa.

No. Doreen era envidiosa, gorda y mala [risas].

Te cebaste un poco con ese personaje, ¿no crees?

¡Fue muy divertido! Como era muy envidiosa pensé: «La haré gorda». Y le puse gafas [risas]. Oye, yo también llevo gafas, ¿eh? Pero bueno, era otra cosa.

Esther y su mundo era una historieta que leían muchos hombres a escondidas.

A mí eso me lo han confesado muchos hombres, que la leían a escondidas, en el baño. Le cogían la revista a sus hermanas, y se escondían porque no querían que se supiese que la estaban leyendo. Esto me lo han dicho en los salones del cómic, cuando he estado allí firmando. Es que el guión de Esther tenía mucho interés. No era un guion de nenas, no. Había interés de verdad en las historias. El mundo adolescente estaba enmarcado dentro de ciertos dramas familiares, tenía mucha enjundia.

Por el éxito tan brutal que tuvo, ¿crees que de alguna forma ese personaje supuso un patrón de comportamiento para las jóvenes españolas?

Tanto como un patrón de comportamiento no sé, pero sí que se produjo una gran identificación con los personajes. Me escribían muchas cartas a la editorial, cartas de lectoras que me contaban que tenían una amiga que era como Doreen, que le había hecho lo mismo que salía en tal historieta… La verdad es que fue una época muy bonita.

El otro día me contaron una anécdota terrible: la de una amiga a la que su madre le recortaba aquellas viñetas que consideraba inapropiadas para su edad.

Madre mía, cómo vivíamos entonces. Pero si Esther era de lo más… [risas].

¿Por qué aquí se llamó Esther y no Patty?

Porque al señor director de Bruguera le gustaba el nombre de Esther y no hubo más que hacer. En aquella época mandaba todo el mundo menos el que tenía que mandar. Patty era un nombre estupendo. Era un nombre inglés, vale, pero se podría haber llamado «Pati», por ejemplo. Pues no: «Esther».

¿Tenías en cuenta a la hora de realizar el dibujo que el personaje era británico?

Sí, lo tenía muy en cuenta. Por eso gustaba tanto en Inglaterra, porque el dibujo captaba muy bien sus modas. Antes de empezar fuimos allí, hicimos fotos de todo. Mi marido se trajo un montón de regalos para el niño: coches de bombero, taxis, cabinas telefónicas, que luego utilizaba yo para hacer los dibujos. Estaba todo muy bien ambientado. En Inglaterra nunca se dieron cuenta que el dibujo lo hacía una española.

He visto que tienes ahí un cuadro enorme con Esther y sus amigas cruzando el paso de cebra de Abbey Road.

Ese es un dibujo especial que no salió en ninguna historieta. Se hicieron algunos pósteres con él. De hecho tengo uno hecho en tela puesto encima del cabecero de mi cama. Ese que ves ahí es el original. Yo he sido muy fan de los Beatles. A mí la música me ha gustado siempre muchísimo. Mi favorito era Ray Charles. A Ray Charles lo he visto en directo dos veces. En Barcelona. Estaba en primera fila. ¡Qué bueno! Era genial. Iba mucho al Jamboree a ver los conciertos, porque para mí el jazz ha sido una cosa muy importante. Allí vi a Quincy Jones. Charlie Parker me encantaba. También Miles Davis, al que he visto en directo. Me llevaba a mi hijo a ver esos conciertos, fíjate. A veces me pongo música para dibujar, a veces. Elvis también me gusta mucho. ¿A quién no le gusta Elvis? Es que pones a Elvis y vuelas.

¿Cuáles dirías que han sido tus principales influencias?

Yo he admirado a muchos dibujantes, como Badía Camps o Jesús Blasco, pero no creo que hayan sido una influencia en mi obra. Antes había unos dibujantes muy buenos. Yo les copiaba cuando era más joven, me encantaba imitar sus dibujos.

¿Te inspiraste en algún rostro famoso para crear a Esther?

No, realmente no. Los dibujantes nos hacemos un poco a nosotros mismos, pero lo hacemos sin querer. No es que yo me mirase y dijese: «Me voy a dibujar». También tenía a mi hermana por ahí, que tiene diez años menos que yo, y seguro que cogí algo de ella, y cosas de mi familia. Pero de una forma inconsciente. Ibáñez, por ejemplo, se hace mucho él. El Rompetechos es él. Lo ha dicho muchas veces.

El éxito de la serie en todo el mundo fue tremendo. He leído que en España hubo tiradas semanales de entre trescientos y cuatrocientos mil ejemplares.

Se vendió como rosquillas, y yo no vi ni un duro. ¡Qué cara tenían esos señores!

Vendías más que Ibáñez.

Sí, es verdad, pero Ibáñez ahora sigue vendiendo, él se ha mantenido mejor. ¿Sabes lo que pasa? Que los tebeos a los niños se los compraban sus padres. En concreto, el padre. El padre era quien decidía al final lo que se leía en casa y, claro, el padre no compraba Esther y su mundo a las niñas. Las niñas se lo tenían que comprar luego con su dinero, con su paga, o se lo tenía que comprar la madre, que no era una cosa tan habitual. Entonces es lógico que a la larga Ibáñez vendiera más de Mortadelo que yo de Esther.

En 1988 la serie de Esther se cancela. ¿Por qué?

Bruguera quebró en 1986, pero yo seguí publicando la serie un año más, por lo menos, en la revista Pecosa, de la editorial MC. Pero también quebró esta editorial, y ya pensé que tras casi veinte años lo mismo había que dedicarse a otra cosa.

¿Y a qué te dedicaste?

Cuando acabó la serie monté un estudio en el paseo de San Gervasio de Barcelona, donde estuve dando clases de dibujo y pintura. Y fíjate qué cosas, Juan Bruguera vivía al lado, pero yo no lo sabía. Y al final me hice muy amiga de él, porque, claro, venía, me explicaba sus cosas, sus batallitas de lo que había pasado con la editorial y todo esto. Entonces ya no era mi jefe, éramos solo dos conocidos.

También te dedicaste al diseño de ropa.

Sí, pero eso fue al principio, antes de hacer Patty’s World. Yo empecé en el mundo de la moda muy joven, haciendo figurines, editados en papel y tal. Mi madre era modista y yo de pequeña, cuando salía del colegio, me iba a trabajar a su taller. Allí planchaba o hacía cualquier cosa. Así aprendí el oficio, a cortar patrones y cosas así.

Y lo que hice con el tiempo fue abrir una tienda en el paseo de Gracia donde vendía mis propios diseños. Te hablo del año 1967 o 1968, y tuve entonces muchos clientes de la gauche divine: Margit Kocsis, por ejemplo, la modelo que iba desnuda a caballo en el anuncio aquél; Leopoldo Pomés, el fotógrafo de Barcelona, que era vecino del paseo de San Gervasio, venía también mucho. Yo hacía entonces unos diseños muy parecidos a los que luego haría Paco Rabanne, con cueros unidos por diferentes arandelas de hierro, y cosas así. Se me ocurrió, por ejemplo, hacer un conjunto que no estuviera cosido, que estuviera todo unido con tachuelas. Tenía unas maquinas que me lo hacían, me hacían agujeritos en la tela como los que llevan los cinturones, y luego lo unía todo con anillas, por aquí por los laterales del traje. Era una cosa muy punky antes de que lo llamáramos así. Me encantaba inventarme aquellas cosas. Tita Cervera, que entonces era la mujer de Lex Barker, el que hizo de Tarzán, venía mucho a comprar a la tienda.

Siempre quise vender por toda España lo que yo hacía, porque tenía mucho éxito, y además lo hacía a un precio muy rebajado, con telas que no eran muy caras. Al final esta idea que siempre tuve la llevó a la práctica Amancio Ortega. Él ha hecho lo que yo quería hacer. Mi madre, me acuerdo, me decía entonces: «No, no. La moda hay que hacerla para sitios muy elegantes, que es donde está el dinero». Y yo le decía: «No, mamá. Hay que hacerla para todo el mundo, para que vaya todo el mundo elegante, pero que no sea caro. Hay que utilizar un material bueno pero que sea más barato». ¡Tenía la misma idea que Amancio Ortega! Y cuando vi que él la llevaba a la práctica me dio una rabia… [risas].

Toda esta pasión por la moda se refleja mucho en tus dibujos.

Claro, claro. Lo que no me dejaron hacer en la realidad lo metí ya en la historieta.

Por ejemplo, en Jana, otro de tus personajes más recordados, se notaba mucho la influencia de la moda.

Es que era una modelo. Era un personaje con mucho glamur. Jana era pelirroja, muy seductora. El guion de esa historieta era de un holandés llamado Andres Brandt. Yo iba entonces de vez en cuando a Holanda para hablar con él. Antes viajaba mucho: iba a Londres, a Bélgica… Ahora no, ahora estoy siempre aquí metida.

Tras el éxito de Esther y su mundo llegaron otras creaciones tuyas, como la citada Jana o Gina. ¿No eran todas un poco un intento por replicar el éxito de Patty’s World?

Sí, es verdad. Se llamaban además todas muy parecidas, porque Jana en Holanda se llamaba Tina. Yo misma las confundo ya. Tina, Gina… luego recuerdo que hice a la Dulce Carolina, que era una niña, una tira cómica. Creo que tengo por ahí los originales. La llamé así, Sweet Caroline, como la canción de Neil Diamond [la canta].

Gina fue un personaje creado a medias con tu marido, Paco Ortega. ¿Cómo se lleva eso de trabajar codo a codo con tu pareja?

Bien, porque él es muy bueno. Yo no tanto [risas]. Trabajábamos aquí en casa, cada uno con su mesa. Paco hacía el guion, en un folio. Lo que nosotros llamábamos el guionet, que era un poco la distribución de la historieta en forma de sketches, por así decirlo. Cuando ya tenía eso listo cogía las páginas, hacía la distribución de las viñetas y pasaba a lápiz todas las figuras, los fondos, las cosas más técnicas como los coches y tal. Eso lo hacía Paco, y yo luego pasaba todo a tinta, con pincel, y hacía también las caras y los vestidos de los personajes. Si luego yo quería hacer una viñeta más grande, pues borraba lo que había dibujado mi marido a lápiz, o lo ampliaba. Se trabajaba así muy bien.

En aquella época era muy común que los dibujantes o guionistas utilizaran un seudónimo anglosajón. Tu marido, de hecho, firmó Gina como Frank Elliott. Tú sin embargo siempre has firmado con tu nombre.

Sí, yo he firmado siempre con mi nombre, bien como Purita Campos o como P.C. Pero no era ninguna reivindicación de ningún tipo. Es que empecé a firmar así y ya no me lo iba a quitar. Los que firmaban con esos seudónimos lo hacían para quedar un poco en el anonimato, y así poder luego enterarse de lo que decían sobre ti, porque poca gente sabía quién estaba detrás de esos nombres [risas].

Hiciste una de las primeras versiones ilustradas de Heidi.

Mira, ahí la tengo [nos enseña un ejemplar antiguo]. La hice en 1973, para la colección Historias de Color. Mi versión es anterior a la del cómic manga, ¿eh? Además, yo nunca entendí que ellos la hicieran pequeña, morena y con el pelo corto. Si era suiza, la niña tendría que ser alta, rubia y con el pelo largo, ¿no? Como la dibujé yo. El manga es horroroso. No me gusta nada. Algunos están bien, los ves y dices: «Este sabía dibujar». Pero normalmente el manga está muy mal dibujado [risas].

¿Qué nos puedes contar de ese trabajo de restauración que has estado haciendo de las viñetas originales de Esther y su mundo?

Cuando Glénat decidió rescatar la serie de Esther y su mundo se dieron cuenta de que no había material original, no había tampoco fotolitos. El material se supone que lo tenía que tener la editorial inglesa, pero no se sabe bien si lo destruyeron o lo vendieron en un mercado secundario. Entonces para reeditar la obra lo que hubo que hacer es encontrar toda la publicación en papel y fotocopiarla en color. No sé ahora muy bien cómo fue la técnica, pero el caso es que pasaron el papel del cómic original a una hoja de cartón, como de cartulina, y sobre esas versiones yo hice el trabajo de restauración, por así llamarlo, porque había viñetas que no tenían la calidad suficiente.

Tengo que decir que Glénat se portó muy bien conmigo. Me pagó ese trabajo y a parte los derechos, cosa que Bruguera no había hecho nunca. Glénat apostó mucho por esa reedición, hasta el punto de que fueron los únicos que reconocieron el derecho moral que yo tenía sobre Esther y su mundo. Contrato no tenía, porque nunca firmé nada, así que registramos el personaje a mi nombre, como si fuera una marca, y cuando firmamos con Glénat tuvimos que contactar con los herederos de la editorial inglesa que publicó en su día Patty’s World, cuyos derechos los tiene ahora Time Warner. Ellos nos dijeron que no podíamos publicar nada sin su consentimiento, que ni se nos ocurriera. Nosotros, claro, tan pequeños, no nos planteamos litigar contra Time Warner, pero Glénat dijo que sí, que ellos querían publicar la serie en cualquier caso. Así que en el contrato que firmamos con ellos hay una cláusula en la que asumen el riesgo en caso de que Time Warner demande la edición.

Eso fue en 2006, cuando vuelve Esther al cómic, de la mano de Carlos Portela, con una tirada de doscientos mil ejemplares, una cifra de locura para los tiempos que corren.

Sí, sí. Glénat apostó muy fuerte por esta recuperación. Eso hay que agradecérselo a Joan Navarro, su director.

¿Cómo aparece Portela en tu vida?

Carlos Portela era uno de esos chiquillos que te decía antes que leían Esther y su mundo a escondidas. Lo conocí en el Salón del Cómic de A Coruña. Él era el subdirector, y me invitó. Allí me reencontré con las fans de Esther que ya habían crecido. Me sorprendió mucho ver las colas que tenía. Yo había perdido el contacto con mis lectoras porque tras el cierre de Bruguera, como te he contado, me dediqué a otras cosas. E incluso durante la época de mayor fama de Esther tampoco había tantas ferias del libros, ni salones del cómic, como ahora, ni se hacía el marketing así, organizando firmas. Se vendían trescientos mil ejemplares de la revista Lily, pero no existía luego ese fenómeno del contacto con el autor. Y ya digo, en aquel salón del cómic me reencontré con mis fans de toda la vida, que ya eran mayores, y al ver el éxito de mi convocatoria surgió la idea de recuperar al personaje. Y buscando al guionista perfecto, a través de Antonio Martín, dieron con Carlos Portela. Desde el primer momento hubo mucho feeling entre nosotros, y así es como Carlos se ha convertido en el guionista de las nuevas aventuras de Esther.

De nuevo un hombre narrando la vida de Esther.

Pues es verdad, no lo había pensado, pero ahora sí te puedo decir que es Carlos quien ha escrito las historias, no su mujer [risas].

De todos modos, Carlos ya no está por Esther, porque lo han contratado en la tele y ahora escribe los guiones de Velvet, la serie. Cuando lo conocí tenía una ilusión tremenda por recuperar a Esther, pero ahora lo llamo y no me coge el teléfono [risas]. Lo digo de broma, ¿eh? Carlos sigue muy metido, ha escrito luego dos novelas sobre el personaje: Esther cumple cuarenta y La elección de Esther, que salió el año pasado.

¿Por qué se opta por la novela como formato para seguir narrando las historias de Esther?

Eso fue una idea que tuvo Belén Bermejo, la editora de Espasa. Ella vio ahí un mercado y se aproximó a Carlos y a mí, y nos lo propuso. Entonces Carlos, dentro de la planificación que tiene de Esther, porque él ya lo tiene todo en la cabeza, el desarrollo de los personajes y tal, el cómo van a acabar las historias en el cómic, vio que había como una especie de huecos en los que se podían desarrollar otro tipo de historias, y de ahí surgen las dos novelas que se han escrito. Digamos que son complementarias a los nuevos cómics.

Tras haber vendido millones de historietas, ver como tu principal creación sigue vigente y haber recibido la Medalla de Oro de las Bellas Artes, ¿te sientes reconocida?

Sí, en cierto modo, sí. Es normal, el tiempo pasa, salen nuevas historias, pero es lógico que algo que ha tenido mucho éxito se valore ahora de otra forma. Creo que las historias de Esther no han envejecido, creo que se pueden leer ahora y no se ven anticuadas. Y por eso creo que han aguantado el paso del tiempo.

Mira, tengo por ahí un retrato con la reina de España. Cuando me vio Letizia, salió corriendo y me abrazó, porque ella había sido una de mis lectoras de pequeña. Fue muy cariñosa. Y el rey también, ¿eh? Bueno, entonces era el príncipe. Él es muy amable también. Muy majos los dos. Y hace poco me llamó el exalcalde de A Coruña, Paco Vázquez, para pedirme un dibujo de Esther para su hija, que ya es mayor, ¿eh? Debe ser de tu edad, pero bueno. Se ve que todavía gusta, sí.

Si hasta te han puesto una calle en Getafe.

Es verdad. Pero la crisis acabó con la calle. Al alcalde de Getafe le gustaba mucho Esther y su mundo e hizo una feria del cómic y me invitó. Y como había que ampliar una zona urbana a las nuevas calles les puso el nombre de dibujantes de cómic: Jan, Carlos Giménez… no recuerdo de quién más. Pero con la crisis aquella zona creo que no se ha terminado. Es una calle inexistente en la que solo existe la placa [risas].

Tengo entendido que Vázquez te dijo una vez que no te tendrías que haber metido a dibujante, que te hubiera ido mejor en un burdel.

Es cierto. En aquella época yo era muy mona, la verdad, no estaba mal, y Vázquez pretendía así lanzarme un piropo, fíjate. Siempre he sido muy tímida, y en aquel momento no supe qué decirle, pero ahora le podría decir que se equivocaba. Que claramente se equivocó [risas].

La entrada Purita Campos: «Estar en Bruguera era extenuante, te pagaban muy poco y te hacían trabajar mucho» aparece primero en Jot Down Cultural Magazine.

13 Mar 03:07

Ignatius Farray: «La comedia es lo más similar que hay al amor»

by Bárbara Ayuso

Fotografía: Javier Nadales

Aún no ha tocado la cerveza cuando un tipo se arroja sobre él con la intención de abrazarlo. «Eh, tío, tú eres este, sí. Este, el de… Este. ¡Qué grande eres! Venga campeón, una selfi», le dice mientras le golpea la espalda con entusiasmo. «Este» es Ignatius Farray (Tenerife, 1973) que accede solícito y desquicia el gesto para que el fan le inmortalice. En la foto sale también «el loco de las coles», el señor del «grito sordo» que chupa los pezones del público, el cómico loco con fachas de hipster desaseado.

Regresa a la mesa Juan Ignacio Delgado Alemany, un cómico desconcertado por la comedia: el tipo que desencaja la mandíbula de pura ansiedad, el hombre preocupado por no ofender. Repite a cada rato «te lo juro», como si sospechara que no nos lo terminamos de creer; «es en serio» cuando habla de poesía, de política o sus referentes; «es coña» cuando teme que acaba de decir algo que se pueda malinterpretar. La ironía es una cosa muy complicada, ya se sabe.

Pero a veces se olvida aclarar previamente en qué tono se desenvuelve y «este» es Ignatius de veras. El dueño de un ingenio feroz, que succiona las pechugas del espectador en sus shows y mantiene el tono underground incluso desde la radio más escuchada, en el programa La vida moderna. Lo más parecido a un Louis CK que ha parido el humor patrio, que se humilla a sí mismo en la serie El fin de la comedia. Charlamos con «este», que iba para jardinero loco.

En todas las entrevistas hablas de tu etapa en Londres, pero cuentas poco de tu estancia allí.

Igual siempre cuento lo mismo. Estuve casi dos años. No fui con la intención de convertirme en cómico, pero fue revelador. Fui a la aventura, trabajaba en un hotel haciendo turno de noche. Tuve la suerte de que me cogieron en el último sitio donde pensaba que me iban a coger, que era un hotel que pertenece a los terrenos de Buckingham Palace. Era una cosa muy aristocrática: la reina madre iba a comer allí por las mañanas, la boda del hijo de Lady Di con su prometida… la chica, la noche antes, la pasó allí. Me cogieron, por supuesto, sin preparación ninguna. En mi turno eran todos eran africanos, así que realmente alguien de las Islas Canarias les pegaba. Aquello era un mundo. Había un compañero que acababa de llegar de Nigeria que creía en las brujas, y me decía todas las noches que él creía que en Londres había muchas brujas. Era todo muy exótico.

Normal que cayeras en la comedia, casi por sobrevivir.

Así fue. La suerte fue que este edificio quedaba al lado de otro donde se quedaba todo el personal. Era un lujo poder ir a Londres a la aventura y no vivir en un barrio del extrarradio, sino estar en todo el centro. A lo mejor yo empezaba a trabajar a las doce de la noche, pero antes de esa hora me daba tiempo a ir caminando hasta el centro, hasta el Soho. Había varios comedy clubs por esa zona, pero había uno en concreto al que me aficioné a ir, el Amused Moose. Todavía sigue funcionando. Ahora tienen otro local más guay, en aquella época era bastante sórdido, no porque fuesen gais [risas], pero no tenían local propio todavía, sino que en un local de ambiente gay ellos reservaban sus horas y lo montaban en plan comedy club.

¿Y te enterabas de algo al principio?

No me enteraba realmente. Por eso llegó la dueña, que vio que siempre estaba allí pero que nunca me reía, y me preguntó que qué pasaba conmigo. Y yo le dije que realmente no entendía los chistes; que me encantaba estar allí pero que no entendía lo que decían los cómicos. Y le di tanta ternura a la mujer que me empezó a hacer mitad de precio. Que tampoco era mucha entrada, pero fue un detalle.

Hay clubs allí muy guays. Imagínate: está el Comedy Store que es un sitio histórico, de actuar allí Robin Williams y tanta gente. Alguna vez me pasé. Hay que pagar una entrada bastante cara, pero me di el lujo. Antes era muy underground pero habían montado un ambiente superguapo de gente joven. De hecho, ese año que yo estuve la revista Time Out les dio el premio de mejor comedy club pequeño de la ciudad. John Oliver actuaba ahí todas las noches. Tenía un dúo con un tipo que se llamaba Andy Zaltzman, y John Oliver para mí no era el gracioso: el gracioso era el otro. Y ahora le veo a Oliver petándolo en Estados Unidos. Y más gente que ahora son cómicos de referencia en Reino Unido (nadie lo ha petado tanto como Oliver) y que en aquella época los veías ahí todas las noches. A fuerza de verlos no te diré que éramos amigos, pero sí colegas de saludarnos, invitarnos a una pinta, charlar un rato. Yo me fui ilusionando y cada vez que salía una conversación con ellos les decía «pues cuando vuelva a España lo voy a intentar».

¿Pensaste que podía funcionar ese formato (o ese modelo) en España?

Bueno, de hecho, ya estaba empezando. Estamos hablando entre 2001 y 2002. Fue la época del boom inicial d El Club de la Comedia y de Paramount Comedy, hay una diferencia de unos meses solo. Pero Paramount surgió de una manera más genuina, pienso, contando con cómicos jóvenes que querían hacer esto, y El Club de una manera más bastarda.

Bastarda lo digo en el sentido en que es ilegítimo. Porque este tipo de comedia de una manera muy alternativa. En Estados Unidos, en los años setenta, surgen unos cómicos muy contestatarios, gente como Eddie Murphy, Steve Martin, Robin Williams… nacen de la calle, y luego se convirtieron en estrellas de cine. Pero el nacimiento fue así. En Reino Unido igual, en los años ochenta, en la época muy dura de thatcherismo, los cómicos que salieron eran muy de izquierdas, muy contestatarios, muy antisistema; una alternativa a la comedia más estándar, más vodevil de cómicos que siempre ha habido, aquí también. «Cuentachistes».

En España surge justo al revés: nace como un producto prefabricado. Nace pervertido en el sentido en que era un producto artificial. Con toda la buena intención del mundo. Aquí, por ejemplo, Felipe Mellizo era colega de José Manuel Contreras. Felipe se fue al Paramount Comedy y Contreras al Club de la Comedia. Era gente que había vivido en Estados Unidos, que vivía esto con pasión. Fans de Seinfeld a los que de repente les apeteció montar algo así en España. Con toda la buena intención del mundo decidieron montar un producto que triunfara y entonces, quizás, como no había tantos cómicos con los que contar, decidieron contar con actores famosos a los que un grupo de guionistas les escribiera su rutina. Por eso es artificial, porque nace de una manera prefabricada: premeditadamente.

Pero luego lo reconducimos y acabó tomando el mismo camino que hubo en Reino Unido o en Estados Unidos. De repente pasan los años, mucha gente ya ha visto a muchos cómicos, y empiezan a gustarle cómicos que ven distintos, o más alternativos. Y de una manera como que la vida se abre camino, surge esa vía de comedia como alternativa a algo más estándar o más convencional.

¿Te parece que una comedia alternativa puede aguantar en medios de masas?

En todos sitios es igual. Los cómicos mejores ahora en el Reino Unido no son los más famosos, y tampoco en Estados Unidos. Eso pasa en cualquier lado, por eso es alternativa. Habrá mucha gente que la pueda apreciar, pero no son las superestrellas mediáticas que le gustan a todo el mundo, en plan familiar. A lo mejor hay un cómico que de repente sí. En el Reino Unido hay un caso, Steward Lee, un cómico alternativo que se ha convertido en estrella. Es un poco el más veterano, surgió en los noventa y venía del thatcherismo. Ahora mismo es como el gurú de la comedia alternativa. Claro, ¡es tan bueno! Ahora hace programas propios y mucha gente le sigue. No todos tienen esa suerte. Hay peña muy guay sin tanta fama, como una chica que se llama Josie Long y otro chico que se llama Daniel Kitson, los más geniales que hay. Ni son los más famosos ni pretenden serlo. Por eso el rollo alternativo tiene otra historia. No por hacerse el guay, sino porque cada uno tiene sus prioridades. Kitson, probablemente el mejor del país, es un tío que ni siquiera quiere que le hagan entrevistas, y en YouTube hay a lo mejor tres vídeos de él. ¿Sabes? Eso por otro lado le ha dado como una dimensión de culto muy grande.

En Estados Unidos hay un tío como Doug Stanhope, que el mismo Louis CK admite que es el mejor cómico del país. Incluso sale en un episodio de su serie, claramente un homenaje. Es tan marginal que hace unos años pedía dinero entre sus fans porque necesitaba una operación dental. También Louis CK empieza como cómico alternativo, aunque luego llega HBO y le dice: haz lo que quieras. Llega al mainstream y sí hay encaje, pero no es un cómico tan al límite como Stanhope.

Pero fíjate otro tema interesante: lo que Louis CK es actualmente, que puede ser lo que Seinfeld era en su época, y date cuenta del distinto perfil que tiene cada uno. Seinfeld es un tío que lo petó… Hay un libro superguay —para mí es el mejor libro que hay sobre stand-up comedy—, Comedia al límite. Igual que existe este libro de moteros salvajes de la generación de cineastas de los setenta, este libro podría ser el paralelo de los cómicos de los setenta y cómo la cosa evolucionó hasta encausarse en el mainstream. El libro termina precisamente con Seinfeld, en cómo recoge la tradición de toda esta gente y lo convierte en algo que a mucho público le podría gustar. No es que Seinfeld sea un traidor ni mucho menos. El tío hizo una serie de culto, con Larry David al lado. Pero la actitud que tiene, que es a lo que iba, es una actitud de estrella. De mira qué guay soy… Eran los noventa también, la gente lo flipaba más. Había mucho dinero y el público no tenía, a lo mejor, otra manera de pensar. Ahora compáralo con Louis CK. Es otra historia. El tío es el cómico de referencia en Estados Unidos y en el mundo actualmente, y en vez de ir de estrellita de repente te hace una serie como Horace and Pete.

Que se ha arruinado con ella, por cierto.

Sí, porque él no lo hacía tampoco para ganar dinero. ¡Es una cosa tan bonita! Alguien a quien de repente no le importe perder dinero por hacer una cosa así de bonita, experimental incluso, al mismo tiempo que clásica. Y un tío como Seinfeld tiene unas piecitas en internet que se titulan Comedians In Cars Getting Coffee que van en grandes coches, tomando café con estrellas, con Obama. Ahí ves un poco la evolución de los tiempos. Siempre hay comedia alternativa y siempre hay comedia convencional. Pero hay casos en los que alguien que sale un poco de lo alternativo tiene una dimensión popular realmente grande.

¿Qué tal la transición entre actuar en bares a salir en la SER? Porque entiendo que te tienes que adaptar: el público no es el mismo.

Mi sensación, de verdad, nunca es de que he tenido que adaptarme. Siempre he hecho lo que he podido. Realmente nunca estoy especialmente contento de lo que hago. De verdad, no te creas que estoy orgulloso de lo que he hecho. Intento hacerlo lo mejor que puedo, pero no estoy contento de lo que sale. Ojalá un día pasen los años y lo vea así. Te lo juro, no te lo digo por ir de guay. Ojalá algún día me salga bien y diga: «joder, estoy orgulloso, esto salió guay». De momento la sensación es que lo voy haciendo como puedo y manteniéndome a flote. Por eso te digo que nunca he sido tan guay de decir: «es que tengo tanto volumen aquí de talento que puedo dosificarlo según la situación o adaptarme al mundo». He ido pegándome golpe tras golpe.

Muchos días sales decepcionado pensando que esto podría haber salido mucho mejor. Y de repente notas que a la gente le ha gustado, y eso es un apoyo. Piensas: al menos hubo algo que a la gente le llamó la atención o le pudo gustar. Pero la sensación día tras día (no te hablo de un momento puntual) es que no me sale bien.

Me acuerdo de Richard Pryor, que decía que él no encontró su auténtica voz hasta quince años después de estar actuando. Yo lo nombro mucho, para mí es una especie de héroe. Es que no es tan fácil. Con el tiempo acabas siendo más tú mismo, siendo más natural, pero no es tan fácil que te salga, al principio, ni siquiera después de varios años. No sé si este año en concreto o el año anterior se cumplen quince del fenómeno stand-up comedy en España… Yo siempre hablo de stand-up, la palabra «monólogo» me resulta un poquito repelente.

¿Por qué?

Sí, porque «monólogo» ya te refiere mucho al mundo teatral. Y aunque estamos todos juntos, pienso que no es para nada lo mismo. El rollo teatral es muy distinto. De hecho, se notan las dificultades que tiene la gente del teatro cuando intenta hacer stand-up comedy. Se supone que el stand-up debe tener algo de espontaneidad, o crear la ilusión, que es muy distinto al mundo del teatro, donde está todo muy medido. Mucha gente del teatro que viene con su texto muy bien preparado se descoloca cuando alguien del público les dice cualquier cosa y claro…

¿Y ser cada vez más conocido no te quita espontaneidad? Empezaste chupando pezones para descolocar a la gente y llega un momento en que el público va a tu espectáculo queriendo que le chupes el pezón. O, como poco, sabiendo que puede pasar.

Realmente me ayuda. Siempre bromeo con la idea de que a mí me molaba que al principio fuese una puta locura. De repente proponerlo y crearse una tensión en la sala… Pero no es que yo haya renunciado a eso. De hecho, en la cadena SER, en el programa de La vida moderna, es una cosa habitual, y notas que las personas se quedan encantadísimas. Realmente eso mola mucho. Yo bromeo con que en realidad esa gente no me ayuda, que lo que quiero es crear una provocación y una tensión, pero es falso. Te lo juro. Tengo esa fama, pero lo que más remordimientos me causa y lo que menos me gusta es notar cuando alguien se siente incómodo. Eso lo odio, y no sabes las veces que al terminar el show, y durante el día siguiente y el siguiente, tengo remordimientos de pensar: «hostias, esta persona no se lo pasó bien por algo que yo pretendía hacer». Eso, te lo juro, a mí me quita la vida, lo paso muy mal. Bromeas con que eso es lo que quieres, ser provocativo y tal, pero realmente lo paso muy mal. Lo guay es que la gente te dé esa complicidad como para poder hacer esas cosas digamos, entre comillas, locas, de una manera natural.

Sí que has llegado al punto en que una madre y una hija pusieron una hoja de reclamaciones en uno de tus shows, ¿no?

Eso sucedió en el Beer Station, donde suelo actuar. Allí las primeras actuaciones eran más al límite, en el sentido de que yo era, por supuesto, peor cómico todavía y menos conocido también. La gente no venía con esa actitud, sino que era algo que les pillaba fuera de juego y había algunos que se sentían incómodos. A mí me disgustaba mucho cuando pasaba. Por eso te digo que con el tiempo mola que la gente venga con confianza. Ese caso puntual fueron dos chicas que se levantaron y pidieron la hoja de reclamaciones, y luego, cuando tuvieron que rellenarla…

¿Qué pusieron? ¿Que se habían sentido ofendidas?

Claro. Está el hecho chulo en que te levantas y pides la hoja de reclamaciones, pero luego tienes el momento en frío en que debes rellenar esa hoja y eso es muy gracioso. Estas chicas pusieron que la actuación estaba anunciada como comedia y ellas consideraban que lo que yo hago no se puede considerar comedia, y por tanto el local había incurrido en publicidad engañosa.

Casi una discusión ontológica.

La última vez que alguien me pasó una hoja de reclamaciones fue hace poco. Uno espera que esta época ya ha pasado, pero siempre aparece alguien. Esta vez fue muy curiosa, porque muchas veces el problema surge entre las parejas del público sobre las que bromeas. De repente, imagínate, veo que hay mucha confianza por parte de ella, se ríe, se descojona y sin problema. Así que me veo diciéndole un par de cosas más. Y la tía responde de manera estupenda. Pero claro, el papel del tío no es el mismo. Ahí se nota muchas veces la diferencia entre parejas. Hay tíos que de puta madre, disfrutan del momento, se abrazan a ella, lo ven como algo guay. Y hay tíos que quieren hacerse el machito y de repente actúan como que la tienen que proteger.

La última vez pasó algo muy gracioso. Le digo algo a la tía y el chico se levanta, mirándola a ella en plan «vámonos». Me dice: «No tienes derecho a hablarme de esta manera, nos vamos. Hasta este punto te hemos aguantado». Cuando tú te levantas, supones que tu pareja se tiene que levantar. La tía se quedó sentada y le dijo a su novio «no, no, yo me lo estoy pasando bien». Claro, él no se va a sentar otra vez. Pues claro, sale a la barra fuera, monta el pollo, pide la hoja de reclamaciones. La novia, viendo el panorama, se tuvo que levantar y salir también.

Y el caso de la mujer de los pezones, la única a la que se los he chupado en un escenario, fue una cosa muy especial.

¿Los pezones eran especiales?

Es verdad que tenía dos buenas tetas [risas], pero no por eso. Fue en el Hebe, en Vallecas, tuve la suerte de que me llamaron para actuar en el aniversario. Donde yo actuaba había una tarta gigante para repartir entre toda la gente. Ese día no solo iban los heavies habituales, sino era una cosa de barrio, de apoyar al garito.

Entre ellos había una señora que veías que no era habitual, pero era la persona más graciosa que me he encontrado nunca en mi show. Cualquier cosa que yo decía ella me respondía supergraciosa. Una crack. Estaba todo el mundo a tope con ella. Y aquella noche estaban sus hijas entre el público también. De repente, algún espabilado, desde el fondo, desde las sombras, la compromete, y dice «que suba ella y que Ignatius le ponga nata de la tarta en los pechos y que le coma las tetas…». No sé qué. Bueno, pues esta mujer no se corta dos pelos, sube al escenario, nos abrazamos, y yo le digo al oído: «Muchas gracias por ayudarme con el show y ser tan guay todo el tiempo». Todo esto, la gente aplaudiendo y ella y yo hablando como abrazados. Y ella me dice: «No te preocupes, ponme un poco de nata por encima del vestido y hacemos el paripé». Digo: «Ah, muchas gracias, qué guay».

Me doy la vuelta a coger nata de la tarta y según estoy de espaldas escucho la ovación más grande que he escuchado en mi puta vida. Me vuelvo a dar la vuelta y la mujer se había sacado las tetas… Y claro, dime tú, ahí, ¿qué haces? Claro, si ella da ese paso yo le tengo que comer las tetas. La madre mirando a las hijas como diciendo: «OLRAIT». Las hijas mirando a la madre como diciendo: «No, mamá, esto no es lo que hace la juventud». La madre con cara de: «Mira, para que veáis que yo también sé vacilar». Pues le estuve comiendo las tetas treinta segundos y fue el momento culminante. Si yo hubiera tenido dos dedos de frente ahí me hubiera retirado de los escenarios, porque lo que me ha quedado después de esa noche son bueno, pues jovencitos confusos, gigolós con piercings… Me tenía que haber retirado de la comedia [risas].

¿Habías pensado que algo así podría pasar? ¿Estaba dentro del horizonte?

Yo por lo menos nunca tengo un horizonte de a ver hasta dónde esto puede llegar. Simplemente se te ocurre esa locura. Qué sé yo. Lo de los pezones surgió en La escalera de Jacob, en Lavapiés, donde solía llegar bastante tocado ya. Actuaba ahí los domingos, después de haberme pegado la semana viajando, con unas cuantas noches encima. Llegaba hecho una mierda y en una de esas debió ocurrírseme «pues le chupo los pezones a uno». Nace como una locura y luego se termina convirtiendo en una especie de bandera de tu comedia. Muchas veces tuve que perseguir a gente para chuparle los pezones. Aquello era muy denunciable [risas].

De hecho, ahora lo que me flipa es que la gente a la que le chupo los pezones me pide cosas. «Oye, ¿me puedes poner esta música?» o escogen un lado, «mejor este, que el otro no…». Yo lo flipo, como si fuera un momento guay para ellos, de disfrutarlo. Ha llegado hasta tal punto en que me encuentro a gente que me dice «eh, tú me chupaste el pezón». Claro, yo no me acuerdo de ellos y quedo mal por no acordarme de gente con la que he tenido ese grado de intimidad.

Por salir de la complicidad, hablábamos antes de comenzar la entrevista de que en algunas de tus intervenciones en Late Motiv, con Buenafuente, se percibía un momento incómodo en que el público no estaba entendiendo absolutamente nada.

De las veces que he ido a recitar poesía a Buenafuente algunas ha salido mejor, otras no tanto. Pero es verdad que yo también lo he notado, que de repente no había conexión y la gente no me seguía. Y yo, bueno, terminé de hacerlo… El equipo que tienen ahí en el programa es muy guay y me siento apoyado. Pero es verdad que yo también he notado que a veces llega un momento en que la gente no te sigue. Sí, he hecho varias poesías. Alguna quizás quedó como que sí la gente se reía más. Claro, la risa es siempre el momento de enganche base. Y de repente notas que la gente ya no te sigue con la risa y ya no sabes si es que…

¿Y qué haces ahí? Cuando notas que no hay conexión

En el fondo es una cosa bastante arriesgada: hacer poesía hoy en día, en televisión, y soltarte tres minutos de poesía en un programa así es bastante arriesgado. Solo por eso Late Motiv y Andreu Buenafuente, haber apostado por eso…

Realmente no lo piensas demasiado. Tú, si has hecho eso, y si has escrito esa poesía, es porque de alguna manera tienes confianza, porque es eso lo que te gusta. Y en el fondo es eso a lo que te abrazas. Esto es lo que yo quería contar, no porque yo vea que no está funcionando exactamente bien me tiene por qué dejar de convencer, y esto es lo que yo quiero contar. Y hay mucha gente que a lo mejor no está en el plató esa noche y no está dando feedback, pero que cuando lo vean grabado en la tele a lo mejor les mola y lo aprecian. Te abrazas a eso. Por eso la televisión siempre tiene ese puntito de artificialidad.

Te hemos leído en ese blog que tienes abandonado que no solo eres muy lector de poesía sino que habías escrito mucha poesía antes de empezar con la comedia.

Bueno, eso fue un farol. Yo escribía en plan de sentirme superimportante, muy pedante y muy guay. Pero claro, si ahora alguien lo lee, lo natural es que piense que lo escribí con todo el corazón del mundo. Todas las entradas que puse en ese blog son cosas muy grandilocuentes.

Con muchas mayúsculas.

Ahí se ve lo puto loco que estoy. Y el texto ese ya está rebajado. El texto original son siempre tres signos de exclamación, todo con mayúscula, barras. Realmente era algo de esquizofrénico. El tono del blog era ese: como un extraterrestre que viene de otro planeta donde ya ha hecho stand-up comedy. Un poco lo que David Bowie (ahora estoy siendo pedante también) con el Ziggy Stardust. De repente viene un extraterrestre flipado y empieza como a molar mucho. Yo había inventado para ese blog el término «Stand Up Comicón». «Nuestro oficio tenía que ser el de standapcomicones». «El standapcomicón tiene que ser de esta manera o de la otra». Una guía moral. Algo bíblico, como un monolito.

O sea, que lo de hacer poesía no venía de ahí.

A mí siempre me ha gustado la poesía. Soy aficionado y sí que me hacía ilusión escribir textos de esta manera. Reconozco que es algo muy pedante. De repente me hizo ilusión, pero que de una puta locura como esa a que alguien me hiciera caso, como los de Late Motiv… Es verdad que fue a pie de lo de Donald Trump, de ahí surgió. Tuvo mucha repercusión por el personaje. Pero de verdad es una cosa que me mola. Me mola mucho la generación beat. Y bromear con que la gente me confunde con Allen Ginsberg.

Con él o con Mocito Feliz, ¿no?

[Risas] Sí, tengo esos dos referentes. También tengo una convicción: pienso que el stand-up comedy nace de un momento americano muy especial. Para mí es un género estadounidense, igual que el cine. Tiene sus precursores, igual que Mark Twain. Pero la generación beat para mí es la precursora de generaciones contestatarias que, de la manera que tuvieran de expresarse, ya sea con música, con poesía o haciendo comedia tenían esa referencia. Lenny Bruce históricamente es el pionero del stand-up comedy, porque aunque había más cómicos en su época, nadie tiene el carisma que él tenía. George Carlin lo tuvo, pero es posterior.

Si ves vídeos de ambos, te das cuenta de que Carlin incluso siendo más joven y posterior a Bruce tenía esa teatralidad, ese acting. Tenía su manera de actuar, de hacer una inflexión en esta palabra. Es más teatral. Bruce es un tío que de repente sale ahí desnudo. Hasta el punto de que sus actuaciones eran salir ahí y leer sentencias que los jueces le habían puesto. A lo mejor no era muy profesional, también te lo digo, porque ya llega a un punto en que no estás entreteniendo a la gente, sino que ya estás con tu paranoia personal de contar tu movida. Quizás en ese sentido no era el mejor profesional, ni el más gracioso, pero era el más carismático. Era un tío que se había criado en ese ambiente de jazz, si quieres llamarlo bohemio, alternativo, como sea; que viene de la literatura beat y de la música del bebop. Y gracias a esas influencias de gente como Charlie Parker o John Coltrane, coge las fuerzas para dejar la tradición del vodevil (su madre era una actriz de vodevil) y decir «pues ahora voy yo a dejar todo esto a parte y voy a salir a hablar ahí y lo que pase». Es un tío que da ese paso de gigante, alocado y fuera de sí. Y resulta el punto de partida para el stand-up comedy.

Quería volver al asunto de Trump. ¿Cómo de responsable te sientes del triunfo de Donald Trump?

Me siento responsable en el sentido de que lo he apoyado, pensaba que eso iba a ser irónico, que la gente iba a coger la ironía. Yo pensaba que si un tío como yo apoyaba a Donald Trump, eso le quitaría votos. Pero se ve que le tuve que apoyar más. Faltó que lo apoyara más para destruirle: no le apoyé lo suficiente. Ese fue el fallo.

Hay un momento en el que tú dices algo así como: Donald Trump es el tipo de personaje que hay que fagocitar desde la izquierda para hacernos más fuertes. Y ha resultado ser al contrario.

De alguna manera sí que pienso eso. Actualmente un tío tan nefasto como Donald Trump es presidente de los Estados Unidos. Un tío que él mismo decía: «Soy antisistema, me importa todo una mierda, voy a cambiarlo todo». Vale, es populista, es una mierda de tío, como político y como presidente. Pero luego da rabia que gente de la izquierda, que tiene ideas, que tiene su background, que viene de luchar, la que se supone que en España es la izquierda radical, tiene miedo de decir que son antisistema. Temen perder votos con la palabra, que eso les condicione. Ese miedo es lo que me da vergüenza de la izquierda. ¿Por qué tiene que resultar incómodo decir que eres antisistema? Un tío tan nefasto como Donald Trump lo ha dicho. Realmente la izquierda sí que tiene motivos para decir «somos antisistema». ¿Y nadie de izquierdas se atreve a decir «somos antisistema» porque eso les puede quitar un puñado de votos?

Por supuesto que todos somos antisistema. Por supuesto que todos queremos que esta mierda cambie y sabemos que esto no es manera de funcionar una civilización o un mundo. Y, pues mira, luchar contra eso es ser antisistema.

Cuando alguien como Esperanza Aguirre dice: «Esta gente representa una amenaza para el sistema democrático occidental tal y como lo conocemos». ¡Pues claro que somos una amenaza para el sistema democrático occidental tal y como lo conocemos! Es que eso es lo que queremos. Precisamente eso es lo que nos une. Ese orgullo de decir: sí, por supuesto que queremos terminar con este sistema. La izquierda en el fondo es una ilusión, y eso es lo que vale. Otra cosa es que luego se puedan cambiar las cosas. Pero por lo menos tener la dignidad de proclamar: esta es mi ilusión, esta es mi manera de pensar, soy antisistema, ojalá algún día esto cambie. Pero no estar especulando con tu ideología, con hasta qué punto digo mi pensamiento…

Parece que la gente de derechas tiene más facilidad para salirse del tiesto. La radicalidad le sienta mejor a la derecha que a la izquierda.

La radicalidad para la derecha es sexy. «Soy de derechas, soy así, pero mira qué guay soy. Puedo soltarte aquí mi burrada». En cambio, como la izquierda ya es eso, precisamente lo que se supone ser de izquierdas, ya no queda como una sorpresa. Eso es lo que yo echaba de menos: que alguien de izquierdas tuviera la actitud de Donald Trump: soy de izquierdas, estos son mis valores, pero mira qué puto chulo soy. A lo mejor eso para la izquierda sí que sería alguien sexy.

Donald Trump ha estado de gira por todos los programas cómicos de Estados Unidos. ¿No crees que hacer comedia con él lo ha terminado convirtiendo en un personaje amable?

Totalmente. De hecho creo que existe esa confusión con la comedia. Por supuesto que hay obras satíricas, en plan: voy a criticar esto o voy a hacer mofa y a ponerte en ridículo con mi comedia. Pero pienso que esa no es la fuerza de la comedia.

La comedia es lo más similar que hay al amor. Es una fuerza conciliadora, porque cuando estás haciendo comedia estás uniendo posturas. Tú, a lo mejor, eres el más puto facha que a mí se me pueda ocurrir, en plan Donald Trump, pero si hago comedia contigo en el fondo estoy acercando posturas. Casos como el del Saturday Night Live con Alec Baldwin y tal. Eso convertía a Donald Trump en un personaje gracioso —no sé si decir adorable—, de ficción. Mucha gente pensó, después de ver ese sketch, «mira qué gracioso es». Al ser representado en un sketch te hace la ilusión de que es de ficción. Que es de mentira. Y, ¿a quién no le gustaría que su presidente fuera Homer Simpson?

Si no quieres que un tío llegue a ser presidente de tu país, la comedia no sirve para eso. Si yo te conozco en un show y empiezo a meterme contigo, y lo hago mal, lo voy a notar. Seré el primer arrepentido en decir: «hostias, he metido la pata, le dicho una cosa a esta mujer y la he hecho sentir incómoda». Y tú te ibas a sentir mal también. Pero imagínate que de repente yo te estoy diciendo lo mismo pero de una manera cómica que es asumible. Ahí estás haciendo buena comedia y surge la risa. «¿Hostias, me estás diciendo esta burrada y me estás haciendo reír? ¿Se las ha ingeniado de tal manera que sea graciosa? Y realmente me está insultando». A veces existe ese equilibrio. Puedes meter la pata, pero a veces tienes suerte y dices las cosas con cierto equilibrio.

Bueno, pues a esa persona tú le estás diciendo la mayor mierda en su cara, pero no se va a sentir opuesta a ti. Va a sentir que tiene algo en común contigo y que de repente comparte: y es la risa. Y es que la risa, en el fondo, es conciliadora.

O sea, que no nos deberíamos haber reído de Donald Trump.

Pues de verdad no. Tendríamos que haber tenido mejores políticos capaces de decir mejores cosas y gente más valiente que en vez de apostar por Hillary Clinton hubiese apostado por Bernie Sanders o lo que sea. George Bush fue notorio en su época porque toda la comedia que se hizo con él también lo ayudó.

Esto no lo digo como algo peyorativo de la comedia, sino para mostrar su grandeza: está por encima de cualquier utilitarismo que tú le quieras dar. Y si lo piensas, es mucho más grandioso saber que su fuerza es conciliadora que disgregadora.

Te hemos leído en alguna parte que emplear la vida privada como material para hacer comedia sirve porque crea una empatía con el auditorio. ¿Hasta qué punto son real las cosas que cuentas? Tanto si exageras para darle empaque o si marcas las distancias para protegerte.

Todo el mundo tiene una historia. En el fondo se basa en eso: en una reivindicación de la dignidad de cada persona. De repente un puto desconocido se sube al escenario y cuenta su historia. En realidad nadie tiene una vida plana. Todo el mundo tiene sus cosas que contar: «voy a explicarte esto porque yo lo he sentido de corazón». Y pienso que ese es el punto inicial de la comedia verdadera. Ahora, por ejemplo, tú has dicho la palabra «servir». Como te acabo de decir, la comedia no tiene ese grado de utilitaridad. Detrás de eso realmente hay un corazón —me siento avergonzado de decir esto porque no tengo tanto talento, ni lo consigo—. Pero hay cómicos que consiguen estar hablándote con naturalidad y te están hablando de su vida. Y pienso que si cualquier persona dice las cosas de esa manera, la risa se abre paso. Cuando tú no tiene coartada, cuando te muestras vulnerable, acabas haciendo risa.

¿No depende más de cómo lo cuentes que del material en sí mismo? Porque por ejemplo, en uno de los episodios de tu serie El fin del comedia hay un personaje (un camarero) que cuenta una historia que vende como graciosísima, y en realidad es una mierda. Pero quizás otra persona, tú u otro cómico, con ese mismo material puede sacar algo superhilarante.

Todo depende. Porque son muchas capas la que tiene una persona. Louis CK lo decía a propósito de George Carlin, que es una especie de maestro para él. Decía que puedes salir ahí y contar lo que te sucedió la última vez que volaste en un avión, y eso es una capa. Pero luego puedes decir cómo te sientes con tu perro o tu gato, y eso es otra capa. Después, puedes hablar de los sentimientos reales que tienes con tus padres, otra más. Hay muchas capas en una persona. Y es un fenómeno que surge sin premeditarlo: si alguien delante de un grupo de personas se muestra vulnerable y cuenta su verdad, hay una tensión ahí que de alguna manera tiene que sublimarse por la risa. Ese es el rollo de todo. Que una persona esté en el centro de esas cien personas, mirándole, y se muestra de corazón… Crea una tensión, y te sientes tan acorralado y tan indefenso, ante cien personas muy protegidas. Si trabajas con esa tensión de una manera genuina, la risa surge como una manera de sublimar el miedo. La manera de solucionar esa movida es decir: «mira, nos vamos a reír».

En la serie, como también hace Louie, expones ciertas partes de tu vida de una manera evidente y muy franca. ¿Hay miedo al hacer eso? ¿A sobreexponerte?

Claro, tienes muchas dudas, porque es verdad que comprometes a más personas. Hasta tal punto que yo en la serie decidí decir que tengo una hija, pero en realidad tengo un hijo. Quise crear un poco de distancia no por hacerlo más falso, sino por salvaguardar cierta intimidad, para no comprometer a nadie. Es una precaución. Pero al margen de eso, la ilusión era crear una serie en la que las cosas que se contaran tuvieran un anclaje en la realidad, contándolas de manera muy natural. La labor de guion de Raúl Navarro, de Esteban y mía era quitar los chistes. A nosotros se nos ocurrían las historias y automáticamente se nos ocurrían también cosas chistosas, como si fuera un árbol. Así que quitábamos todos los chistes, y lo que quedaba era eso. Es la labor más trabajosa, porque estás viendo el chiste y diciendo «joder, es que tiene gracia», pero había que quitarlo. Para que quedara todo con esa naturalidad, sin pretender ser chistoso, simplemente contando algo que le sucede a una persona fuera del escenario. No queríamos convertirlo en un show. Porque la gente, por la misma situación, ya le ve la gracia, no hace falta que tú remates. El propio espectador mete los chistes en su propia cabeza, no hace falta que tú se lo cuentes.

Qué putada, por cierto, darle a Cansado un personaje tan rancio.

Sí, sí [risas]. Es que a Cansado, que es la persona más maravillosa del mundo, le costaba mucho ponerse en ese plan tan borde. Pero entendíamos que eso podía ser una broma en sí misma, que él fuera la clase de vecino borde que te da la lata. Pero en las escenas que hacíamos a veces me miraba de una manera que me acojonaba [risas]. Para él era muy incómodo, aun así. En las series estadounidenses o británicas es más normal que alguien se interprete a sí mismo en clave casi de hijo de puta, o dejándole mal. Aquí no es así, aunque a fuerza de la ampliación de la cultura ya empieza a ser más asumible, pero hasta ahora no lo era. En la segunda temporada también hay cameos muy guapos. En la primera temporada, que alguien como Willy Toledo se prestara, con toda su actitud de izquierdas, a interpretarse de esa manera… No es fácil que accedan.

¿Cómo de extraño te resulta interpretarte a ti mismo?

Pues sí es extraño, la verdad. Más raro de lo que podría explicar. Siempre que hacemos los rodajes, es verdad que es muy cansado, pero… ¡yo me acabo sintiendo guay! En el sentido de «joder, ya me conozco un poquito más». Es una terapia, casi, porque estás analizándote todo el rato, y acabas comportándote de una manera muy natural. Reconozco que la serie tiene un tono muy distinto del que tengo arriba de un escenario. Por eso digo que soy muy mal cómico. En el escenario nunca he conseguido tener un tono normal, como soy yo; me he dejado llevar por el nerviosismo, por la ansiedad, comportándome de esa manera no porque lo tuviera premeditado. Por los nervios y la ansiedad me siento indefenso y «ARRGGASD» [interjección: el grito sordo, N. de R.] y palante, para salvar la situación, tirando como pollo sin cabeza. Pero en un entorno más controlado como un rodaje, consigues encauzarlo de manera más natural.

De hecho, el propio «grito sordo» surge de esa misma ansiedad, ¿no? ¿La ansiedad es lo que ha condicionado tus actuaciones, más que la voluntad de hacer reír?

Sí, exactamente, y cada vez me doy más cuenta. Al principio siempre tienes la justificación «no, es que es mi estilo» [risas]. «Es que yo me he inventado esta manera de hacer stand-up comedy». Pero luego te das cuenta de que no, de que realmente son faltas que tienes, que no eres nada guay, y que la única manera que tienes de salir adelante es esa.

¿Y hay un momento en el que te sientes cómodo y las integras, o simplemente no te puedes librar de ellas?

Ya te digo, te acabas conociendo a ti mismo y eso es lo que te ayuda a calmarte. Al principio te sientes más desorientado, pasan los años, y cada vez estás más desorientado a la hora de hacerlo. Hay un momento que ya lo asumes «sé que esto va a pasar. Por lo visto encima de un escenario a mí me da esta mierda». Así que, como sabes que ha sucedido tantas veces, ya lo ves como algo natural. Si te fijas, todo son carencias. Todo lo que acaba siendo un abanderado de lo que se supone que es Ignatius Farray son carencias. Una suma de carencias que ha dibujado un personaje: el grito sordo, chupar pezones… Son cosas que te faltan.

La pasta que has ahorrado en terapia…

Sí, sí, sí. Yo no me quiero imaginar a lo que habría llegado si no llego a tener la comedia. Cuando digo esa frase de «la comedia salvó mi vida» lo digo con mucha convicción. Lo juro. Fíjate que yo soy un tío muy cobarde, y mi primera actitud es «ni de puta coña. Ni de puta coña yo me subo ahí arriba para que me mire todo el mundo». Pero no sé por qué tu vida llega a cierto extremo, y hostia, ahora si no lo hago ya va a ser peor, voy a ser más mierda de tío todavía. Te comprometes a ti mismo, te haces la pinza, y dices «ahora tengo que hacerlo porque sino me voy a sentir más mierda». Y en esa encrucijada, me sale ir para adelante, y lo que sea. Ahora mismo soy incapaz de imaginarme sin que la comedia me hubiera pasado, como oportunidad.

Estudiaste Ciencias de la Información, así que quizás tendríamos a un periodista dando gritos sordos por los platós…

[Risas] Sí, estudie Ciencias de la Información e Imagen y Sonido. Es que joder, podría haber pasado una mierda muy grande, imaginad. Esto me ha servido de terapia totalmente. Si no hubiera sido cómico, no sé por qué siempre me imagino de jardinero, como un jardinero muy loco. El típico que tienes en tu comunidad, pero jodiéndola todo el rato. Un jardinero antisistema.

Wittgenstein, cuando se quedó tarumba, se quiso hacer monje. Se fue a una comunidad de benedictinos, pero viendo que estaba muy para allá, le dijeron: «Mira, los hábitos no te los vamos a dar, pero puedes cuidar las rosas». Y después del trauma de la Primera Guerra Mundial, ahí se pasó unos años, cortando rosales.

Pues qué historia más bonita. Yo ya te digo, cuando me imagino la historia alternativa de mi vida, digo: jardinero. Ahora diré «jardinero como Wittgenstein». La vida es así, vas encontrando cosas en las que te ves reflejado, y las incorporas como una justificación. Lo de chupar pezones, por ejemplo. Hace poco me enteré de que en la antigua Irlanda era un rito celta de coronación. Si lo buscas en Google: «chupar pezones cultura celta» o algo así, lo verás. Se ha descubierto que en las colonias celtas, cuando alguien iba a ser rey, el rito de coronación consistía en que sus inmediatos súbditos le chupaban el pezón. Hasta el punto de que se han encontrado restos de gente con los pezones amputados, y eso, según los antropólogos, significa que eran gente que la habían liado mucho y…

No me lo creo.

¡Que sí, búscalo! Los que los tenían amputados era por la que habían liado, para que la sociedad descartara que pudieran llegar a ser rey. «Los pezones no te lo vamos a chupar», querrían decir. Así que ahí yo me amparo para decir, cuando chupo pezones, que en realidad el soberano es el público. De alguna manera todo acaba encajando.

Esto es una tendencia que viene de la música jazz e incluso de la literatura beatnik. Ellos son los primeros que incorporan el error, diciendo que equivocarse no tiene nada de malo. Si das una nota mala, lo único que va a hacer es que te apoyes en la siguiente, pero vas a seguir construyendo igualmente. Son gente que en su arte incorporan el error. Así que cuando cuentas historias siempre encuentras una cosa o la otra para que te justifique: «No estaba yo tan equivocado con chupar pezones». O lo que sea. Y al hablar, un cómico del stand-up, utiliza esa técnica de hablar y hablar, porque te vas a equivocar. Pero cuando lo haces, siempre encuentras otra manera de decir lo que querías decir. Y al final construyes un discurso igualmente, que no tienes por qué soltar del tirón, perfecto. Es una manera igualmente válida de construir. Por eso desde el mundo teatral del monólogo cómico, donde todo lo tienen más cuadrado, es más difícil incorporarse a la técnica del error y la improvisación.

Y hablando de ese mundo del monólogo teatral, tipo Club de la comedia, más guionizado. Podría pensarse que es una fórmula agotada, la de seguir con el rollo «el otro día iba en el autobús y mi novia me dijo…», un formato inalterable, más monótono. Pero la realidad es que eso sigue funcionando.

Sí, pero si te das cuenta, la gente que estaba más a tope con ello, consideran la etapa dorada de El Club de la comedia, la del principio. Cuando era una cosa que sorprendía y quedaba fresca. Es verdad que sigue siendo un producto que se puede vender, pero su frescura, si somos sinceros, la ha perdido. Mucha gente que vio comedia ahí la ha empezado a buscar ya en otros sitios.

Como ya has dicho, defiendes la existencia de esa «comedia estándar» para que podáis existir vosotros. Es decir, ¿tiene que existir Pablo Motos para que podáis existir vosotros? ¿Es REALMENTE necesario ?

Claro.

Pues joder.

Ya, ya, es un sacrificio muy fuerte [risas]. No es que tenga que existir una cosa para que la otra suceda, pero inevitablemente acaba siendo así. De los quince años que llevamos en España con la stand-up comedy, realmente estamos cubriendo los pasos naturales que se han dado en Estados Unidos y en otros sitios. Por ejemplo, una estrella de cine como Dani Rovira es alguien que surgió haciendo stand-up con nosotros. Eso es una prueba objetiva de que está funcionando, porque está cubriendo todos esos aspectos, de una manera natural. Y no solo Rovira, que es el caso más llamativo. Muchos de nosotros estamos haciendo programas de radio en la Cadena SER, o Joaquín Reyes o Ernesto Sevilla, que empezaron en La Hora Chanante, ahora están en prime time y lo petan. Vamos cubriendo todo lo que la industria del espectáculo necesita. Gente que empezó de una manera muy alocada, actuando en bares, está cubriendo todo lo que la industria necesita. Aunque siempre hay cosas como La que se avecina, también [risas].

Dijiste una vez que ibas a hacerte una camiseta que rezara «Ya no hay Moranco bueno», porque ya son solo un espejismo, y somos incapaces de dilucidar qué bueno había en ello…

[Risas] Sí, sí. Es que ya no lo hay.

Pero tú no atacas frontalmente a ese tipo de comedia, no crees que exista una lucha.

Al contrario, si es que somos compañeros. Cuando digo que una cosa es alternativa a la otra, no lo digo de un modo hostil. Somos compañeros porque en el fondo entre nosotros tenemos más cosas que ver que con un grupo como León Benavente, por muy indie y alternativa que sea su música. Lo que hacemos es lo que hacemos. Me siento más próximo a Arévalo que al cantante de León Benavente o Lori Meyers [risas]. Por otro lado, también te digo otra cosa: la conexión entre la música indie y la comedia en España es mucho mayor de lo que se piensa. Gente como Ernesto y Joaquín son muy fans de estos grupos, y muchas bandas acaban teniendo de referencia a cómicos como ellos. Cuando nos encontramos tenemos sintonía personal a tope. Yo en el SOS una vez me puse muy borracho y le terminé tirando minis al cantante de León Benavente. En plan Arévalo. Luego me sentí muy avergonzado.

¿Fuiste a confesarle que eras tú el que tiraba minis al escenario?

Qué va, él ya lo sabía. Se daba cuenta de quién le estaba tirando los putos minis y estaba aguantando como un campeón. Años después, a través de una amiga nos saludamos, porque nos encontramos por el barrio, y de una manera natural nos sentimos conectados. Pero eso es a nivel personal. Pero por oficio, por supuesto que yo tengo más cosas que ver con Arévalo.

Ya que hablas del indie. Una vez dijiste «mis cojones se llaman Belle & Sebastian» y luego pediste perdón. ¿Por qué?

¿Pedí perdón?

Sí, remarcando «eh, que era bromi».

Pues era un titular cojonudo, no me acordaba: «Mis cojones se llaman Belle & Sebastian», una pena que me retractara. Os lo dejo poner de titular. Otra cosa que quería decir al respecto de la música indie y la comedia. En Estados Unidos y Reino Unido el stand-up surge de una manera contestataria, y después surge el mainstream. Pero justo un poco después surge también una conexión muy grande con el indie. En Estados Unidos sucede en los noventa, cuando muchos cómicos como David Cross empiezan a actuar en salas indie, rockeras… Y este fenómeno se empezó a dar porque había una conexión natural. A muchos seguidores de esas bandas estos eran los cómicos que les molaban, y a los productores les pareció una buena idea combinarlo. En el mundo inglés sucedió igual, incluso con Belle & Sebastian, que el mismo Daniel Kitson se declara superfan. Y claramente comparten el mismo público.

Y en España pasa parecido. A mí me ocurrió gracias a la que era mi pareja, Irene Serrano, de las Despechadas Pinchadiscos, que suelen actuar mucho en ese ambiente. Empezó a ser mi representante y mánager, y pensamos que podríamos abrir un circuito que no existía todavía. Inspirados por el tema del indie y de la comedia, Irene me proponía para actuar no en sitios del circuito de la comedia, sino en salas. El Planta Baja en Granada, el Jimmy Jazz en Vitoria… Sitios que nunca habían programado a cómicos. De repente tenía la suerte de que me conocían por La Hora Chanante, y acabaron siendo los lugares en los que me he encontrado más guay actuando para esa gente. Empezamos a abrir ese circuito que ya existe de una manera natural, porque el público es el mismo. Los que van a esas salas no van a ver a un cómico más estándar de El Club de la comedia, pero a otros como yo, sí. Miguel Noguera en ese sentido es un fenómeno, porque abre un camino completamente al margen de lo que había. Y el público que le va a ver es ese público, el «moderneo».

Pero tú te rebelas mucho con que te encasillen ahí, ¿no? Dices eso de «no, si yo no soy moderno, yo ya llevaba barbas y camisas de flores antes».

[Risas] Sí, sí, digo que «el primer hipster del mundo fue un chavalito miope y gordo de Canarias». Hay muchas cosas paradójicas ahí. Porque mucha gente sigue esa moda por postureo, y a ciertas personas eso les molesta un poco. Es la lucha del quién llegó primero. Es normal que nos rebelemos un poco cuando sientes que te están copiando…

Nadie quiere ser parte del rebaño.

Sí, eso. Pero ese público en concreto creo que era gente que en su momento les podía gustar El Club de la comedia y con el tiempo se fueron desencantando y llegaron ahí. Mucha gente que se desconectó acabaron encontrando a otros cómicos.

En La vida moderna estáis integrando a gente como Andrea Levy o el propio Arévalo. ¿Qué tal llevas esto de integrar a gente que parece tan lejos de tus intereses?

Pues ha salido como algo supernatural, no ha sido buscado. Entre Quequé y David Broncano y yo hay una gran complicidad, y somos de izquierdas, claramente. Pero pienso que tampoco hay por qué hacer de eso algo más, ¡bastantes cosas políticas soltamos en el programa! Pero de repente surge gente como Andrea Levy , que nos decía por Twitter que a ver cuándo la llevábamos al programa. Y nosotros unas semanas antes habíamos hecho la broma de «¡que venga un facha!» y joder, pues de puta madre [risas]. Fue ella la que nos tiró los trastos. Lo mismo pasó con Arévalo, que fue él quien nos lo pidió.

¿Y Bertín Osborne? ¿Cuándo? ¿O eso es la última frontera?

Hostias, Bertín. Sería muy grande. Tenemos una sorpresa que estamos preparando con alguien de izquierdas que va a entrar haciendo una cosa que… No os la puedo contar. Pero si sale, ya te aseguro que va a ser un puto bombazo.

¿Pedro Sánchez?

No lo puedo decir.

Bueno, Pedro Sánchez no, que has dicho de izquierdas y saldría «haciendo cosas».

[Risas] No me insistáis. Solo os digo que es una locura que se nos ocurrió en un coche, y como surja, va a ser la bomba. Pero os vais a acordar. No va a pasar desapercibido.

No sería la primera cosa que hacéis en plan destroyer. Como lo de hacer el programa de la radio desde el Valle de los Caídos….

El encanto del programa es que en ningún momento ninguno de los tres hemos tenido un objetivo. Nunca hemos dicho «vamos a hacer esto», han sido todo coñas que surgen de la manera más arrastrada, y decimos «pues no hay cojones». Eso surgió un día tomando una cerveza y que dijimos «no hay huevos de ir al Valle de los Caídos y hacer el programa desde ahí». Acaba enredándose todo y acaba saliendo, pero premeditadamente no queremos tener ningún tipo de tono concreto. Es como una bola de nieve que va rodando. Surge como una parida y de repente te lías, y lo haces.

De hecho hacéis mucho humor con eso de «espero que nadie de la SER esté escuchando esto».

Sí, de alguna manera hemos conseguido el equilibrio perfecto entre el underground chungo, que todo el mundo sabe que ahí hay alguien haciendo eso, pero no es muy notorio. Si diéramos más la nota nos cortan el cuello. Pero lo hacemos todo en una epidermis muy concreta. Y nosotros lo flipamos. Solemos decir «menuda burrada hemos dicho hoy en el programa».

Si fuéramos un programa más objetivamente político no podríamos soltar ciertas cosas. Pero con la tontería puedes hacerlo. Somos tres tontos, ahí soltando historias, cuelas un comentario político de lo más alocado u ofensivo, y lo cuelas. Porque son tres tontos contando sus historias. Imagínate alguien en un programa político soltando esas cosas, pasaría a estar en el foco.

Hay una coña que haces en el programa, que ya hacías antes en el stand-up, la de «Hitler y Pau Donés, lo que no se le ocurre a uno, se le ocurre al otro». ¿No cambia nada el hecho de que, diciéndola en una radio como la SER, es probable que el propio Pau Donés lo escuche?

Pues posiblemente lo escuchó, sí. Lo conté en la radio, así que si no se había enterado de que era yo… Aunque yo con Pau Donés no he tenido ningún problema. Lo que me pasa es que soy muy alocado y no soy nada sensato. Lo suelto y después no disfruto nada de ello, te juro que lo que pienso a continuación es «mierda, por qué tuve que decir esto, no quiero que esta persona se sienta ofendida…» pero en ese momento se te ocurre la gracia, te vienes arriba… Y no lo hago con ningún tipo de ambición. Pero en caliente, surge, y palante. No es un «voy a por ti». Es verdad que ahora hay más probabilidades de que se enteren, pero yo qué sé.

Melendi, por ejemplo, va contando por ahí que yo le costé un divorcio. Cuando empecé a actuar, hace muchos años, actuaba también en el Rincón del Arte Nuevo, en la calle Segovia. Un sitio mítico que se ha conservado desde los ochenta, donde también actuaban Faemino y Cansado, Pedro Reyes y toda esta gente. Pues actuaba los viernes a las cinco de la mañana, el horario más after en el que he actuado en mi vida. Una locura. De repente un día entró Melendi, y yo estaba en el escenario a esas horas superborracho, y cuando lo veo entrando con una chica empiezo a bromear: «Joder, una estrella como tú aquí, con el pibón que se encuentra, no se qué. Seguro que te la has ligado esta misma noche…». Pues se ve que era su pareja, y eso fue la gota que colmó el vaso, porque ya tendría más discusiones o lo que sea. Y me he enterado a posteriori de que Melendi se acabó separando de esta mujer y que él va contando la historia de que fue mi culpa. Como que todo fue por aquella noche donde ella le dijo «hasta aquí».

Tienes una oportunidad de oro para, solemnemente, aclarar las cosas.

«Nunca fue mi intención provocar el divorcio de Melendi» [risas]. Aunque la que más ha trascendido en este sentido fue la de Juan Echanove, sobre todo porque se le dio muchas vueltas. Si yo hubiera dicho eso y ahí quedara, pues mira. Pero claro, al responder él, se fueron juntando muchas cosas que lo hicieron la bola más grande.

¿Cuánto ha durado esta polémica? Porque da la sensación de que se alargó muchísimo…

Mucho. Pero os voy a contar algo nuevo, que quizás no sepáis. Por esa época estuve programado en un teatro, en el Bellas Artes de Madrid. Tenía cuatro fechas y solo me dieron dos, me llamaron y me dijeron que suspendíamos. Y dije que perfecto. Pero de rebote me enteré de que Echanove es socio del teatro, y habían pedido que me echaran. Por mí perfecto, no soy un tío rencoroso ni nada. Qué gracia, qué guay. Son cosas que me resbalan. Como me hacía gracia la historia, la empecé a contar en los shows, y de repente una pareja en el Beer Station levanta la mano para hablar. Cuentan que ellos habían comprado la entrada para esos shows que finalmente se suspendieron, y les pregunto: «¿Qué os dijeron cuando llegasteis a la taquilla del Bellas Artes?». Y me responde «nos dijeron que Juan Echanove te había echado» [risas]. El propio taquillero que estaba en la ventanilla se lo contaba la peña, en lugar de inventarse una historia tipo «por motivos personales».

¿Pero no te llama la atención que un señor que pertenece a un circuito asentado se violente tanto por una cosa así? Porque tú mismo has dicho que como aquello era tan abiertamente exagerado, tenías la esperanza de que nadie se lo tomase en serio.

Claro. Por supuesto reconozco que llamar a una persona «hija de puta» sin conocerla es muy injusto. Pero pensaba que la gracia, precisamente, era esa. Era tan obvio… ¡En los tuits anteriores acababa de llamar hijo de puta a Leonard Cohen! Pensé que se iba a entender, pero no. Para mí la gracia es que había una ironía muy injusta, obviamente, y que era una sobrada fuera de lugar. Si alguien que tú conoces te insulta públicamente, se entiende que tiene que tener sus razones. Pero si alguien que no te conoce te insulta así… Y yo no tuve problema en pedir perdón. A mí me molesta mucho que una persona se sienta incómoda, y si pidiéndole perdón puedo arreglarlo un poquito, pues perfecto. No tengo ninguna intención de ser provocador, y transgresor sí, pero en otros sentidos. En el sentido de provocar y pasarme de la raya, no. Si una persona se siente incómoda y triste por algo que yo he dicho, te lo juro que no me siento bien para nada. Pero yo ahí ni pensaba que leería el tuit. Pasaron meses, y alguien después de una actuación me dijo que Echanove me había respondido. Y ni me había enterado.

En realidad lo más gracioso del asunto fue que Echanove habló de ti diciendo que eras «un cobarde que se escondía detrás de un avatar». Y en realidad no era un avatar… era una foto tuya.

[Risas] Sí, sí. Yo no digo que los cómicos no puedan meter la pata, por supuesto que sí. Por eso pienso que la comedia tiene límites, claro que sí. Por eso la comedia es un arte, porque tienes que caminar en ese equilibrio. Un cómico se puede pasar de la raya y meter la pata, pero pienso que en esto en concreto no era el caso. Todavía pienso que decir a alguien que no conozco «hijo de puta» no es ofensivo, y esto fue hace años. A lo mejor en la Cadena SER no lo habría dicho ni de coña. Yo era un tío que estaba intentando hacer comedia, medio borracho en su casa y escribí  en Twitter: «Juan Echanove, hijo de puta». Pues vale.

Cada vez que hay un pequeño follón como esto, surge el mismo (y cansino) debate sobre los límites del humor. ¿Esto lleva a alguna parte? Porque parecemos atorados.

Sí, sí, es agotador. Se convierte en un cliché. Pero personalmente creo que hay límites, insisto. Un cómico puede meter la pata y ser muy desagradable y muy injusto con alguien, yo mismo lo he hecho muchas veces. No sabes la cantidad de gente inocente que un cómico ha tenido que ofender injustamente para aprender a medir eso.

¿Eso te ha ocurrido? ¿Te has disculpado alguna vez con alguien del público?

Ahora mismo no recuerdo ningún caso. Pero vamos, si no me he disculpado en persona durante la actuación, sí que ha habido muchas veces que después del show la he buscado para pedirle perdón. Y cuando ya no está en la sala me he sentido muy mal. La comedia tiene que ser conciliadora. Lo que decía George Carlin es que un cómico tiene el privilegio, pero también el deber de pasarse de la raya. El equilibrio está en caminar por este límite.

Sobre el tema de la comedia y las mujeres. O las mujeres en las comedia. Cuando te han preguntado sobre el tema de por qué hay tan pocas en escena, no te has sumado a la opinión biempensante y condescendiente. Tienes una explicación que va un paso más allá, y dices que a la mujer se la trata peor en este círculo.

Sí, lamentablemente la mujer en la comedia lo tiene mucho más difícil, igual que en otros muchos campos profesionales. Eso funciona así, y es lamentable. Es verdad que hay cómicas geniales, y ahora mismo en España ha destacado mucho Patricia Sornosa por su tono feminista y también hay otras chicas como Valeria Ros, que son una pasada también. En el Picnic nos solemos juntar y no sabes cómo lo petan. Uno echa de menos que no haya más mujeres en la comedia.

Pero es verdad que a la hora de hacer un programa cómico, tienes la sensación de que si hay una mujer entre el grupo está ahí no con un papel protagonista que merecería, sino para «cubrir el cupo». Como decir «mira qué guays somos que integramos mujeres». Notar eso siendo mujer tiene que ser horrible y muy jodido.

Por otro lado también pienso una cosa, y no sé cómo va a quedar. En mi experiencia, las personas más graciosas que conozco son mujeres. A nivel personal e íntimo. Pero pienso que para muchas que son tan graciosas no es un reto tener que hacer eso en público. Hay muchas mujeres que tienen esa seguridad, y a lo mejor un tío no. A lo mejor alguien como yo es todo lo contrario, que a la gente con la que hablo íntimamente no puedo hacerles sentir que soy gracioso, y por eso me subo a un escenario para que todo el mundo vea que soy capaz de hacer reír. Te lo tomas como un reto. Porque en el fondo, hacer reír es un poder y eso da un estatus. Y quizás hay muchas chicas que ni se lo plantean. Entiendo que mi pensamiento es sexista, pero no machista. Pienso que una mujer, por su manera de ser, tiene más sentido de la intimidad que un hombre. Una mujer valora más los momentos íntimos que un hombre, para ella es más guay ser graciosa a un nivel íntimo y para un hombre lo es ser gracioso en público. Es una sensación que tengo.

Esta es mi explicación un poco a bote pronto, pero sinceramente echo de menos más mujeres en la comedia. A mí me molesta mucho cuando hay cómicos que dicen eso de que vosotras no os lo curráis, porque me parece injusto. Una chica lo intenta con las mismas fuerzas que un chico. Pero reconozco que es más complicado, porque existen muchos clichés por medio. Cuando sale una chica al escenario hay muchos matices que no existen cuando sube un chico, y se le pone más difícil. Y eso es injusto. Me da rabia que cuando las chicas se proponen ser cómicas no tengan las mismas facilidades que un chico.

La entrada Ignatius Farray: «La comedia es lo más similar que hay al amor» aparece primero en Jot Down Cultural Magazine.

12 Mar 01:41

Garfield's a boy... right?

by Pyrogenesis
06 Mar 02:47

Así chegou o eucalipto a Galicia, arredor de 1850

by RaimundodeFerrol
"Como e cando chegou o eucalipto a Galicia? Ninguén tiña unha resposta contundente a esta pregunta até o de agora. Porén, Francisco Javier Silva Pando, do Centro de Investigación Forestal de Lourizán, e Rubén Pino Pérez, do Departamento de Bioloxía Vexetal e Ciencia do Solo da Universidade de Vigo, sosteñen agora que a primeira plantación coñecida en Galicia estivo en Santa Marta de Ortigueira (A Coruña), arredor de 1850, isto é, antes de que o misioneiro Frai Rosendo Salvado (Tui, 1 de marzo de 1814 - Roma, 29 de decembro de 1900) enviase sementes da especie Eucalyptus marginata dende Australia, a partir de 1868. 

A creencia até agora era que o clérico galego fora quen introducira o eucalipto en Galicia, pero esta hipótese é refutada por Silva e Pino no artigo científico 'Introduction of Eucalyptus into Europe', publicado na revista Australian Forestry, do Institute of Foresters of Australia.

"A introdución do eucalipto en Galicia e noutras partes de España tamén foi obxecto de grandes discusións", lembran os autores do estudo, que atoparon unha nova pista durante a preparación dun artigo sobre o botánico danés Johan Lange (1818-1898), que recollía plantas en Galicia en 1852. 

"Atopamos algunhas cartas na súa correspondencia co naturalista galego Victor López Seoane (1832-1900) que se referían ao eucalipto; isto espertou o noso interese en determinar que plántulas e plantacións foran as primeiras que se estableceron en Galicia e noutras partes de España", explican os investigadores.

Logo, foron pasando polas súas mans moitos artigos e documentos históricos, minuciosamente examinados polos científicos galegos, até compoñer unha "cronoloxía fiable" da introdución do eucalipto en Europa e, máis detalladamente, en Galicia.

CHEGADA A EUROPA

O exame de documentos históricos e investigacións levadas a cabo en diferentes países de Europa levaron a Silva e Pino a comprobar que "o primeiro eucalipto en Europa (Eucalyptus obliqua) foi plantado nos invernadoiros do Real Xardín Botánico de Kew [Inglaterra], en 1774, a partir de sementes doadas polo capitán Tobias Furneaux, mentres que o primeiro eucalipto (Eucalyptus robusta) plantado ao aire libre foi no Xardín Inglés do Palacio Real de Caserta (Italia) en 1792, por Johann Andreas Graefer, probablemente coas sementes doadas por Sir Joseph Banks".

 Así, os investigadores galegos refutan a hipótese de que as sementes de eucalipto foran recollidas en Timor e introducidas en Europa na década de 1520 por exploradores portugueses e holandeses. "Nese caso, a especie probablemente tería sido Eucalyptus alba Reinw. Ex Blume, E. deglupta Blume o E. urophylla S.T. Blake, pero tales afirmacións non teñen base documental ou científica", aclaran.

Silva e Pino apuntan aos botánicos Joseph Banks e Daniel Solander como os responsables de recoller e traer os primeros exemplares de Eucalyptus a Europa, tras acompañar ao capitán James Cook na viaxe inaugural do Endeavour en 1770, "pero a maioría desas coleccións nunca foron publicadas. 

Logo, baseándose nas distintas mostras recollidas por Banks e Soldander, Joseph Gaertner describiu varias especies novas en 1778, "pero baixo un xénero diferente, a saber, E. gummifera (Sol. Ex Gaertner) Hochr (= Metrosideros gummifera Sol. Ex Gaertner) y E. zebra F Muell. (= M. salicifolia Sol. Ex Gaertner, no E. salicifolia Cav.)", especifican os científicos galegos. E xa en 1788, o xénero Eucalyptus foi descrito por Charles L'Héritier de Brutelle baseándose nun exemplar de E. obliqua recollido por David Nelson en Adventure Bay, na Illa de Bruny, Australia, o 26 de xaneiro de 1777, segundo constataron Silva e Pino.

INTRODUCIÓN EN GALICIA

O traballo dos investigadores galegos confirma tamén a hipótese de que os eucaliptos foron inroducidos en España e Galicia antes de que Frai Rosendo Salvado comezase a enviar sementes dende Australia. Así, Silva e Pino calculan que a primeira plantación de eucalipto coñecida en Galicia estivo en Santa Marta de Ortigueira (A Coruña), arredor de 1850. Con todo, "a orixe destas sementes é incerta", recoñecen os científicos. 

"Foron probablemente Eucalyptus globulus ou E. obliqua", mentres que "a especie introducida a partir de 1868 a través dos envíos de Salvado foi E. marginata, que é abundante no sur de Australia Occidental, onde vivía o monxe benedictino galego", expoñen Silva e Pindo no seu traballo de investigación.

Con todo, recoñecen que "ao examinar a literatura sobre a introdución do eucalipto en España e noutras partes de Europa, a data exacta segue sendo incerta", por iso o ano 1850 non ten por que ser exacto para datar a chegada desta árbore a Galicia, pero si aproximada.

Para chegar ás súas conclusións, Silva e Pino utilizaron dous tipos de documentos fonte: en primeiro lugar, libros e artigos nos que se fai referencia ou se menciona a presenza do eucalipto en Europa dentro dun ámbito máis amplio, e a segunda fonte foi documentación se publicar, incluídos o diario de Frai Rosendo Salvado, fundador da misión benedictina en Nova Norcia (Perth, Australia), onde se conserva o seu documento; a correspondencia recollida por Víctor López Seoane, que se conserva no Instituto José Cornide de Estudios Coruñeses (A Coruña) e contén cartas do botánico Miguel Colmeiro y Penido (Santiago de Compostela, 22 de outubro de 1816 – Madrid, 21 de xuño de 1901) e do médico e naturalista Mariano de la Paz Graells y de la Agüera  (Tricio, La Rioja, 24 de enero de 1809 - Madrid, 14 de febreiro de 1898), ambos os dous directores do Real Jardín Botánico de Madrid, de onde revisaron ademais os libros de rexistros de sementeira.

Silva e Pino constatan que "a primeira entrada sobre Eucalyptus no diario de Salvado é en setembro de 1867 e refírse a un pedido de sementes de Eucalyptus marginata para un comerciante de Vigo".

Os investigadores galegos tamén encontraron anotacións de Salvado que indican que en abril de 1868 non había sementes de eucalipto para a venda en Madrid, que se vendían a un prezo de 8 reais por cada 180 sementes, e tamén que en maio dese mesmo ano, finalmente, recibiu as sementes en Huesca nunha das súas viaxes de regreso a Europa. En xullo dese mesmo ano tamén recibiu un importante envío de sementes do clérigo Rafaelle Martelli dende Nova Norcia, Australia.

Entre a documentación, os investigadores tamén descubriron que o 3 de xaneiro de 1885, o catedrático de Medicina Victoriano Comesaña Salvado escribiu desde Santiago de Compostela a Frai Rosendo Salvado, que nese momento se atopaba na Abadía de Montserrat (Barcelona), indicándolle unha dirección en Carril (Vilagarcia de Arousa) para enviar as sementes de eucalipto.

O 19 de decembro de 1885, notificóuselle que o pai Santos Salvado da Guarda (Pontevedra) recibira as sementes de eucalipto e entregáballas a Manolo Maceira, porque Nicolás Salgado non tiña terra para sementar. 

Noutra carta datada o 13 de febreiro de 1886, pedíalle máis sementes, dado o interese suscitado entre máis xente pola nova especie. O 4 de abril de 1886, Victoriano Comesaña Salvado informou a Frai Rosendo Salvado que o último envío de sementes fora distribuído entre membros da sociedade civil, centros agrícolas e provinciais e as Deputacións de Galicia e Asturias.

O 21 de outubro de 1886, Santos Salvado pasou unha solicitude de sementes de eucalipto de Joaquín Alonso, propietario do mosteiro de Oia (Pontevedra). E o 1 de xaneiro de 1890, o irmán de Rosendo Salvado confirmou que foran plantados en Salcidos (A Guarda), pero tres anos despois estaban nun estado lamentable, segundo recollen Silva e Pino na súa investigación.

Os autores do estudo confirman ademais que a madeira de eucalipto alcanzou por entón unha "gran reputación", tanta, que "en xullo de 1895 Juan Areal Barros, secretario do Concello de Ponte Caldelas (Pontevedra) solicitou información a Frai Rosendo Salvado sobre esta madeira que se estaba facendo tan popular para a construción. Así, "as solicitudes de novas sementes continuaron sen cesar case ata a morte de Salvado en 1900".

Así pois, e tras examinar minuciosamente toda a correspondencia de Salvado e parte dos seus diarios, os dous investigadores obervaron que "non se mencionan sementes de eucalipto antes de 1867, o que nos leva a considerar que os primeiros eucaliptos en Galicia non foron importados ou subministrados por Salvado, calquera que fosen".

Unha das cousas que máis chamou a atención de Silva e Pino foi que "a única especie mencionada na correspondencia de Salvado é o E. marginata", ademais das "dificultades mencionadas na súa correspondencia para obter sementes viables e asegurar o seu posterior cultivo en Galicia". Unha carta de Salvado datada o 21 de xaneiro de 1890 sinala que "as sementes que enviou S. [Salvado] hai 3 anos, que foron plantadas en Salcidos, non creceron, aínda que brotaron moitas plántulas, só 6 están vivas pero nun estado lamentable: parece que o clima de Salcidos non é bo para elas...".

De todo o anterior, os dous investigadores deducen que "Salvado comezou a enviar sementes durante a súa estadía en Europa entre 1867 e 1868, a petición de varios terratenentes galegos" e, polo tanto, non foi quen introduciu o eucalipto en Galicia, se ben é certo que foi un actor determinante.

Por outro lado, sobre a correspondencia privada de Victor López Seoane, Silva e Pino din deducir "con seguridade" que exemplares de eucalipto xa foran plantados na década de 1860 en Galicia. De toda esa correspondencia, os investigadores destacan unha carta clave selada en Santa Marta de Ortigueira o 13 de setembro de 1876, na que Mariano de la Paz Graells lle menciona un exemplar de eucalipto plantado en Ortigueira e cunhas dimensións duns 40 metros de alto e 1,33 metros de circunferencia

Pero as referencias nesta misiva ao eucalipto esténdense a Cabanas, Viveiro, Barqueiro, A Coruña, Pontevedra e probablemente tamén Santiago de Compostela. O parágrafo de Graells, reproducido por Silva e Pino no seu estudo, di así:

E para min ... a túa noticia sobre o eucalipto que estás a facer crecer alí co señor Joaquín Romeu, (que ten unhas magníficas árbores) dime que che deu as sementes. Deben crecer ben en Cabanas [onde López Seoane posúe unha casa] como as vin aquí [Santa Marta de Ortigueira] cunha circunferencia de 1 m 33 cm e unha altura de 40 m quizais [itálicas engadidas]. Por favor, cónteme todo o que poida sobre esta árbore en Galicia, onde a vin en Viveiro, San Marta, Barqueiro, Coruña, Sgo. [Santiago?], Pontevedra.

Con eses datos, Silva e Pino calcularon que a árbore de Ortigueira da que fala Graells debería ter por entón arredor duns 25 anos, é dicir, dataría de 1850, máis ou menos, isto é, unha década antes das referencias que se tiñan sobre eucaliptos plantados en Galicia, o cal situaría o exemplar de Santa Marta de Ortigueira como o primeiro eucalipto en Galicia do que se ten constancia.
PROCEDENCIA

Polo que respecta á orixe das sementes utilizadas para as primeiras plantacións galegas, Silva e Pino desbotan que puidesen vir dos Xardíns Botánicos de Melbourne, cando Ferdinand von Mueller foi director deste centro, como se ten especulado, xa que este "subministrou sementes a varios países europeos a partir de 1857, incluíndo algunhas sobre as cales existen probas escritas que chegaron a Galicia en anos posteriores".

 Así, Silva e Pino descartan "definitivamente" a idea de que os primeiros exemplares galegos proviñan do cargamento do botánico e comerciante francés Prosper Ramel, xa que este viaxou a Australia en 1854 e enviou sementes do Xardín Botánico de Melbourne a Francia en 1856, 1857 e 1860.

Porén, non decartan a posibilidade de que "viñesen do mesmo lote que os utilizados polo Barón de Massarelos" (Portugal), xa que "as datas de plantación case coinciden", argúen. O certo é que, como salientan os investigadores, tense indicios de que os primeiros eucaliptos no país veciño foron plantados ao sur de Vila Nova da Gaia (norte de Portugal) en 1829 e están considerados a primeira plantación para a produción de madeira de eucalipto en Europa. Posteriormente, en 1852, o Barón de Massarelos reforestou a súa leira local, Quinta da Formiga, coas especies Eucalyptus globulus, E. obliqua, E. viminalis y E. linearis, das cales aínda hoxe perviven algúns exemplares.

"Ademais, considérase que as importacións subseguintes de sementes proveñen de diferentes fontes —Australia e Portugal— con boas taxas de crecemento e produción de sementes a idades temperás, e tiveron máis éxito que as sementes de E. marginata subministradas por Salvado", detallan os científicos.

Finalmente, a hipótese da chegada de sementes a través da costa cantábrica considérana "factible, aínda que indocumentada, polo menos nas primeiras etapas de introdución do eucalipto".

Pero se a orixe segue sendo un misterio, tamén o é o tipo de especies utilizadas na plantación de Santa Marta de Ortigueira, aínda que Silva e Pino cren "moi probable" que fosen E. globulus ou E. obliqua.

"En calquera caso, foi desde o momento en que von Mueller comezou a enviar sementes dende Melbourne a outros xardíns botánicos e gobernos que a propagación de eucaliptos en todo o mundo se intensificou. Ata entón, a expansión dos eucaliptos fora algo limitada e feita principalmente por individuos, potenciada polo impacto que a exhibición dun par de exemplares de E. globulus tivera na Exposición Universal de Londres en 1851", conclúen os dous investigadores. 

CRONOLOXÍA DA EXPANSIÓN DO EUCALIPTO (Fonte: F. J. Silva-Pando e R. Pino-Pérez. Australian Forestry Vol. 79 , Iss. 4, 2016).

Ano Lugar Persoa que introduxo o eucalipto Referencia
1774 Kew Gardens, Londres, Inglaterra T Furneaux Aiton WT. 1789. Hortus Kewensis or Catalogue of the Plants Cultivated in the Royal Botanic Garden in Kew. Vol. II. London; George Nicol Printer. [CrossRef])
1788 Kew Gardens, Londres, Inglaterra J Banks Aiton WT. 1811. Hortus Kewensis or catalogue of the plants cultivated in the Royal Botanic Garden in Kew. Vol. III. London; Longman.)
1792 Caserta, Italia JA Graefer Terracciano N. 1880. I Legnami della Terra di Lavoro al Concorso Agrario Regionale de 1789 in Caserta. Caserta: Nobile e Cº., Della Valle MF. 2007. Affinita Elettive di un locus: Il Giardino Inglese della Reggia di Caserta. Quaderni della Ri-Vista. Ricerche per la progettazione del paesaggio. 4:126–149.
1794 Kew Gardens, Londres, Inglaterra WI Aiton Aiton WT. 1811. Hortus Kewensis or catalogue of the plants cultivated in the Royal Botanic Garden in Kew. Vol. III. London; Longman.
26 abril 1797 Real Jardín Botánico de Madrid (sementeira), The Lady Ambassador to London Cuadernos de Siembra. 1797. Cuadernos de Siembra del Real Jardín Botánico de Madrid. Unpublished. Madrid.) states ‘ignota’ [unnamed]
1790s Tippu, India Tippu Sultan Doughty RW. 2000. The Eucalyptus: A Natural and Commercial History of the Gum Tree. Baltimore: The Johns Hopkins University Press.
1803 Kew Gardens, Londres, Inglaterra P Good Aiton WT. 1811. Hortus Kewensis or catalogue of the plants cultivated in the Royal Botanic Garden in Kew. Vol. III. London; Longman.
Antes de 1804–1830 Distintos lugares do sur de Italia Agostini R. 1953. Cenni stori sulla introduzione degli eucaliti in Italia. L’Italia Forestale e Montana. 8:117–122.
1804 Xardín Botánico de Paris, Francia A Guichenault Goes E. 1977. Os eucaliptos (Ecología, Cultura, Produçôes e Rentabilidade). Lisboa: Portucel.
Antes de 1822 Berlin, Alemaña Chippendale GM. 1988. Eucalyptus, Angophora (Myrtaceae). Vol. 19. Flora of Canberra: Australian Government Publishing Service. p. 1–540.
1820s Illas Mauricio Noble J. 1886. History, Productions, and Resources of the Cape of Good Hope. Cape Town: W.A. Richards and Sons.
1823 Chile Penfold AR, Willis CB. 1961. The Eucalypts. London: Leonard Hill (Books).
1828 Cidade do Cabo, África do Sur GL Cole Noble J. 1886. History, Productions, and Resources of the Cape of Good Hope. Cape Town: W.A. Richards and Sons.
1829 Quinta da Formiga?, Vila Nova da Gaia, Portugal C Butler Mendes Almeida, cited in Goes E. 1977. Os eucaliptos (Ecología, Cultura, Produçôes e Rentabilidade). Lisboa: Portucel.
1844 Northwood Park, Coves, Wright Island, Inglaterra Carpinetti L, Dalla Tea E, Glade JL, Alberto Marco M, editors. 1995. Manual para los productores de eucaliptos de la Mesopotamia Argentina. Concordia, Entre Ríos: INTA-Ministerio de Economía, Obras y Servicios Públicos.
±1850 Sta. Marta de Ortigueira, Galicia Graells, in this paper, letter of 14 May 1872
Chevalier A. 1952. Travaux francais sur le genre eucalyptus. Revue International de Botanique Applique. 32(353–354):105–112.
1852 Quinta da Formiga, Vila Nova da Gaia, Portugal Baron of Massarelos Goes E. 1977. Os eucaliptos (Ecología, Cultura, Produçôes e Rentabilidade). Lisboa: Portucel.
1852 East Lothian, Escocia J Whitting Leslie AD, Mencuccini M, Perks M. 2011. Eucalyptus in British isles. Q J For. 105:43–53.
1853 Estados Unidos Sellers CH. 1910. Eucalyptus. Its history, growth and utilization. Sacramento: A.J. Johnston & Co, Printer.[CrossRef]
Antes de 1856 Irlanda Leslie AD, Mencuccini M, Perks M. 2011. Eucalyptus in British isles. Q J For. 105:43–53.
1858 Senegal Ramel Ventalló, Vintró PA. 1908. Repoblación forestal y el eucalipto en ella. Tarrasa: Imprenta y Litografía de José Ventayol Vilá.
1858 Estancia San Juan, Buenos Aires DF Sarmiento Gozzo D. 1955. Eucalyptus y Eucaliptotecnia. Córdoba: Librería El Ateneo Editorial.
1859 Londres (ao aire libre) Ventalló, Vintró PA. 1908. Repoblación forestal y el eucalipto en ella. Tarrasa: Imprenta y Litografía de José Ventayol Vilá.
14 abril 1863 Santander, Cantabria Sáez de Sautuola Sáez de Sautuola M. 1866. Apuntes sobre la aclimatación del eucaliptos globulus en la Provincia de Santander. Santander: Ateneo de Santander.
1863–1865 Granxa de Agricultura de Barcelona, Cataluña PA Ventalló Anonymus. 1872. Revista Forestal Económica y Agrícola, VI:289–291.
1865 O Cairo, Exipto Ramel; Gastinel-Bey Ventalló, Vintró PA. 1908. Repoblación forestal y el eucalipto en ella. Tarrasa: Imprenta y Litografía de José Ventayol Vilá.)
1865 Real Jardín Botánico de Madrid Texidor y Cos J. 1871. Flora farmacéutica de España y Portugal, precedida de varios capítulos preliminares y determinación de materiales farmacéuticos exóticos. Madrid: Imprenta de José e M. Ducazcal.
±1865 Instituto de Pontevedra, Galicia Laguna M. 1872. Comisión de la flora Forestal Española. Resumen de los trabajos verificados por la misma durante los años 1869 y 1870. Madrid; Tipografía del Colegio Nacional de Sordo-mudos y de Ciegos.
1867 Ribeiras do Sor, Galicia Maciñeira Areses Vidal R. 1953. Nuestros parques y jardines. Galicia. Tomo I. Pontevedra. Madrid: Escuela Especial de Ingenieros de Montes.
1867 Rubiáns, Galicia Rodríguez Dacal C, Izco J. 2003. Árboles Monumentales en el Patrimonio Cultural de Galicia. Santa Comba: Xunta de Galicia.
1868 Vigo, Galicia Letter of Salvado, unpublished

04 Mar 16:24

Cando o oso era o ser máis temido e respectado de Galicia

by Redacción

A Festa do Oso é unha celebración histórica que mantén con vida a tradición e a pequena parroquia de Salcedo, na Pobra do Brollón,...

Por Redacción

04 Mar 16:23

“No rueguen a Dios por él”: un roteiro polos crimes en Compostela

by magago

O Festival Atlántica non só acontece nos auditorios, nos colexios e nos bares. Tamén as rúas son o escenario das historias. Este ano, teño o inmenso pracer de guiar o roteiro:

“No rueguen a Dios por él”: un paseo polos crimes en Compostela

Será o xoves 16 de marzo ás 18:30 horas e terá unha duración aproximada de 1’30”. Aquí está a sinopse.

Hai algúns anos, trala morte violenta dun taxista, un alcalde compostelán quixo acougarnos pola radio: “tranquilos todos, que o asasino non é de Santiago”. Aínda habería alguén que respirara aliviado. E é que esta cidade, unha das máis pacíficas de Europa, reméxese incómoda cada vez que se produce un crime de sangue. Moitos dos homicidios son lembrados con detalles morbosos e escabrosos, nas comidas familiares e nas cafeterías do Ensanche; algúns son deliberadamente esquencidos, porque en Compostela os crimes e as boas familias van moitas veces da man, e outros xa pertencen ao ámbito da lenda. Todos eles deixaron o corazón da cidade ben acoitelado e de algún xeito axudan a explicar esta prodixiosa urbe, santa e apostólica, de submundo turbio como todas as cidades santas e apostólicas. Convídoche a viaxares comigo no espazo e no tempo, desde os anos 80 ata os mesmos inicios da Idade Media, para coñecer Compostela desde unha perspectiva distinta: a da súa crónica negra. Visitaremos incluso algún espazo non accesible ao público, testemuña de terribles feitos.

O prezo do roteiro é de 5 euros e as prazas son MOI limitadas, así que recomendo inscribirvos en canto poidades en festivalatlantica@gmail.com. Alí vos indicarán o punto de partida. E moi importante que, no caso de que estedes inscritos e non poidades ir, avisedes, xa que vai haber lista de espera.

04 Mar 05:05

El Sótano - Punk, pero ¿qué punk? - 24/02/17

Nos visita Tomás González Lezana, autor del libro “Punk, pero ¿qué punk?” (La Fonoteca), una guía incompleta del punk nacional.

Playlist; RIP (Odio a mi patria), La Polla Records (No somos nada), MCD (No más punkies muertos), Tijuana in Blue (Onda expansiva), Potrotaino (Destrucción), Korroskada (Me da igual), Kangrena (Soy un producto), Vulpess (Me gusta ser una zorra), Espasmódicos (Días de destrucción), T.N.T. (Gilmore'77), , Ultimo Gobierno (Multinacionales), Parálisis Permanente (Autosuficiencia), Capitań Entresijos (Sin fe) y La Urss (Ataúdes de Plástico). (24/02/17)

04 Mar 05:04

El sótano - The Limboos; comienza la era Limbootica - 01/03/17

“Limbootica!” es el segundo trabajo de The Limboos, un disco que sitúa a este combo madrileño en la primera liga del Rhythm n’ Blues a nivel internacional, con una propuesta sumamente personal y muy marcada por los detalles latinos. Daniela, Roi, Daniel, Santi y Sergio nos presentan su nueva criatura y se suben a nuestro escenario subterráneo para regalarnos tres canciones en directo.

Playlist;

THE LIMBOOS “Crazy rhumba”

RAY GELATO & THE BARCELONA BIG BLUS BAND “Change”

SUGAR DADDY & THE CEREAL KILLERS “Ojai”

PIERRE OMER’S SWING REVUE “Old man mose”

THE BEAT FROM PALOOKAVILLE “It’s your voodoo working”

OLIVEIRA TRIO “Boo”

TT SYNDICATE “Seven veils”

THE LIMBOOS “I don’t buy it”

THE LIMBOOS “Drunk calypso”

THE LIMBOOS “Rough trip”

THE LIMBOOS “Danzon 13” (directo en el Sótano)

THE LIMBOOS “Been a whole lot of time” (directo en el Sótano)

THE LIMBOOS “No troubles” (directo en el Sótano)

THE LIMBOOS “Lies”

04 Mar 04:48

Maricas, vagos y maleantes: el franquismo contra la homosexualidad

by Marta Medina

"Hasta hace unos años el franquismo ha sido el crimen perfecto. Hemos asesinado a miles de civiles; hemos robado bebés a miles de presas republicanas con la teoría de un psiquiatra, Vallejo-Nájera, que decía que las mujeres que habían conocido la democracia en la República podían contagiársela a sus hijos; perseguido a los homosexuales y lesbianas como si fueran delincuentes y les hemos sometido en manicomios a electroshock para curarlos". Quien habla es Emilio Silva, fundador de la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica y uno de los testimonios del documental 'Bones of Contention' -algo así como 'los huesos de la disputa'-, dirigido por la cineasta estadounidense Andrea Weiss y seleccionado en la última edición de la Berlinale.

De la guerra fraticida quedan en España más de medio millón de soldados y civiles muertos, alrededor de 120.000 desaparecidos, una inquina cainita agarrada cual liendre a los genes, una especie de omertá materializada en una Ley de Amnistía de 1977 y el símbolo del poeta asesinado "por homosexual", "el primer muerto LGTB en la dictadura franquista", como define Antoni Ruiz, presidente de la Asociación de Ex-Presos Sociales, a Federico García Lorca, quizás "el desaparecido más famoso del mundo".

No hay que olvidar el informe que apareció en 2015, firmado en 1965 por la Jefatura Superior de Policía de Granada, que revelaba que García Lorca fue asesinado junto a otra persona por "socialista y masón" y porque "estaba tildado de prácticas de homosexualismo, aberración que llegó a ser voxpópuli, pero lo cierto es que no hay antecedentes de ningún caso concreto".Y a través de la vida y muerte del poeta granadino, de material de archivo como el documental estadounidense 'Inside Fascist Spain' (1945) y entrevistas a miembros de diferentes asociaciones, Weiss construye en 'Bones of Contention' la fotografía de la represión en la España franquista, con una mirada incidente en el caso de la comunidad LGTB.

En 1977, con la Ley de Amnistía, los presos políticos salían de las cárceles. Los homosexuales se quedaban dentro. A ningún partido político le interesaba si no podían contarles entre sus filas. En 1977, la UCD quiso sacar adelante el proyecto de creación de 10.000 plazas para reeducar a los gays, iniciativa frustrada por la Constitución aprobada al año siguiente. En 1977, tenía lugar en Barcelona la primera manifestación a favor de los derechos de los homosexuales, que acabó con el enfrentamiento de 'los grises' contra un grupo de transexuales que encabezaban la marcha. En 1977 -no se despenalizará hasta dos años después- la homosexualidad seguía considerándose delito.

Vagos y maleantes a partir de 1954, peligros sociales, después, a partir de 1970. Dos leyes que equiparaban la homosexualidad -y la prostitución y la mendicidad- al crimen. En "defensa de la sociedad", la Ley de Peligrosidad, abogaba por la "reeducación para quienes realicen actos de homosexualidad, ejerzan la prostitución y para los menores, así como los de preservación para enfermos mentales; establecimientos que, dotados del personal idóneo necesario, garantizarán la reforma y rehabilitación social del peligroso, con medios de la más depurada técnica y mediante la intervención activa y precisa de la autoridad judicial especializada".

Una ley que no hablaba del escándalo público en las calles, sino en la propia intimidad del hogar. Antoni Ruiz tenía 17 años cuando salió del armario. Su madre, que "provenía de una familia pobre, sin educación y sin cultura", buscó consejo en su hermana, que a su ver buscó consejo en una monja, que a su vez lo denunció frente a la Brigada Criminal por ser un peligro tanto para la sociedad como para sí mismo. Todavía menor de edad, se lo llevaron de su casa y lo mandaron a la cárcel Modelo de Valencia. De allí a Carabanchel, la gran cárcel emblema del franquismo, construida en 1944 por presos políticos y cerrada en 2008. Entretanto, terapias de aversión al estilo Álex DeLarge para que acabase aborreciendo la homosexualidad y pudiese 'curarse'.

Ficha policial de Antoni Ruiz

Y es que, como hijo, más que aplicado, de su época -en Reino Unido, por ejemplo, la despenalización de la homosexualidad se produjo a partir de 1967-, el régimen nacional católico se afanó en encarcelar homosexuales, que las mejores veces recalaban en "galerías de invertidos" y las peores en módulos de presos comunes, entre rateros, violadores y homicidas, y no presos políticos. Después de su paso por las cárceles, Ruiz tuvo que exiliarse durante al menos un año a más de 100 kilómetros de su lugar de residencia, tal y como ordenaba la ley. Como muchos homosexuales de la época, se convirtió en un apestado social y se vio abocado a la prostitución como medio de subsistencia. Como muchos homosexuales, padeció el desarraigo de una familia que lo repudiaba por su condición sexual.

La ley se amparaba también en los tratados de -entonces- reputados médicos y psiquiatras afines al nacional-catolicismo, como Valentín Pérez Argilés, el Catedrático de Medicina Legal y de Psiquiatría de la Universidad de Zaragoza que en 1954 aseguraba la "necesidad de conocer y estudiar la lamentable existencia de la homosexualidad, si se quiere poner remedio a este problema social y a la amargura vital de los desdichados que sufren tal tara, dándoles la esperanza de que muchas veces puede lograrse su curación o superarse sus consecuencias".

Electroshock contra los invertidos

Desde finales de los sesenta, se había puesto de moda un tipo de terapia conductista en la que a través de castigos corporales infligidos en el momento de experimentación del deseo para relacionar inquebrantablemente ambas sensaciones y provocar así una nueva inversión de la orientación sexual y mantener a la persona, esta vez, en el camino recto. Algo sobre que ya había estudiado, por ejemplo, Arturo Arnalte, autor de 'Redada de violetas' (La esfera de los libros, 2003), un ensayo sobre la "represión estatal organizada" contra el colectivo LGTB hasta 1979.

"Desde la ciencia (médica, psiquiátrica, legal, etc.) se justificó la homosexualidad como patología con terribles consecuencias represivas. Durante el franquismo, distintas disciplinas científicas se unieron como piezas de una misma maquinaria para implantar un tratamiento jurídico y médico que se ocupara de erradicar la homosexualidad; considerada como la antagonista más peligrosa de la masculinidad hegemónica", cuenta el libro 'Al margen de la naturaleza', de Víctor Mora, publicado en junio del año pasado.

Hombres con hombres era una aberración, una degeneración de la especie humana. Mujer contra mujer, simplemente, un impensable. En una sociedad en la que 'Higiene del matrimonio' era el libro de cabecera de la esposa común -"el matrimonio es algo más que la consagración de las fruiciones genésicas, algo más que la toma de posesión de una mujer, algo más que la autorización legal de aumentar la población (sic)"-, la posibilidad de que dos mujeres mantuviesen relaciones era absurdo. Las lesbianas, simplemente, no existían. "La sexualidad de la mujer quedaba constreñida a la procreación, a dar hijos al varón, como se decía", explica en el documental Empar Pineda, activista feminista.

Bajo el escudo protector de la invisibilidad, las lesbianas del franquismo no sufrieron la penalización, ni el castigo de cárcel. Se movían en círculos clandestinos y, para entrar en ellos, la pregunta clave era: "¿Eres librera?". Si contestaba "sí, soy librera, ya entonces nos pasábamos los teléfonos y quedábamos para ser amigas y poder salir e incorporarla a nuestro grupo", recuerda Pineda. "Pero donde lo pasábamos bien era cuando íbamos de camping; quedábamos todas las que 'éramos de la librería' -siempre íbamos acompañadas también de 'libreros'- para que quedase la cosa lo más disimulada posible. Y es cuando podíamos liberarnos un poquito, para desahogar un poquito nuestra..."

Sin embargo, no hay que olvidar que durante el franquismo entre 4.000 y 5.000 homosexuales acabaron entre rejas meramente por su condición sexual. Vidas como la de Silvia Reyes, transexual que pasó por la cárcel, por la prostitución y, finalmente, por las asociaciones pro derechos y que ahora recuerda su experiencia en el documental de Weiss: "Los travestis no éramos ni vagos, ni maleantes".

01 Mar 02:26

La guía definitiva de las patatas

by Ana Vega 'Biscayenne'

Más de la cuarta parte de las hortalizas frescas que consumimos al año viene en forma de patata, y sin embargo, no las conocemos demasiado. Viejas, nuevas y para de contar. Más ardua es aún la tarea de elegir entre las patatas que vienen ya embolsadas con etiquetas concretas como “para freír” y “para cocer”. ¿Arderás en el infierno si echas una patata de freír en las lentejas? ¿Dónde porras están las patatas que sirven para todo?

Seguir leyendo.

28 Feb 22:11

Spain Appointed a Sex Commissioner to Get People Making Babies Again

by Brian Moylan

The "Spanish Sex Tsar" sounds like one of those wacky made-up sex acts like a "Cleveland Steamer," but the sex position is all too real. In an effort to help correct Spain's population decline, the country's government appointed Edelmira Barreira to serve as its official "commissioner for the demographic challenge," Spain's ABC reports.

Last year, Spain saw the number of deaths outpace the number of births for the first time, which means that its total population shrunk. Spain's total fertility rate is one of the lowest in the developed world: Women between the ages of 18 and 49 have an average of 1.3 children, which is below the EU average of 1.58 children and America's average of 1.82. A representative from Spain's education ministry told ABC that birth rate decline "aggravates other economic imbalances and generates important impacts in the welfare state."

Barreira, a demographics expert, is currently tasked with creating a national strategy to correct the demographic imbalances and present it to Spanish prime minister Mariano Rajoy. It will most likely be something boring and technical, rather than a super sexy suggestion, like playing Barry White over the national radio or giving out tax credits for lingerie purchases.

Many believe that declining birth rates in industrialized nations are due to women being more involved in the workplace, waiting to have children later in life, the increased cost of having children, and a variety of other factors, but no one has pinned down the exact reason for Spain's low output.

Rafael Puyol, a professor at the IE Business School in Madrid, thinks that the problem is people are too tired after working long hours. "They do not help with making a family. Then a child arrives and it is even worse," he told ABC. Maybe Spain could try offering people a paid one-hour break during work to go home and have sex, like a councilman in Sweden proposed for government employees recently.

Other countries with low birth rates have tried some inventive ways to boost couples' sex lives. In Denmark, the government created "Do It for Denmark," a 2014 ad campaign to persuade couples to take romantic vacations to have sex. In 2010, South Korea ordered the lights in all office buildings to shut off at 7:30 PM once a month to encourage people to head home and see what happens with the lights off. And in 2012, Singapore's government created a "National Night" for couples to stay home and "make a baby, baby," which was sponsored by Mentos

28 Feb 16:10

Alt-hug, Inc.

by BrotherCaine
28 Feb 14:56

The word 'Turkey' (the bird) in various European languages

by Alex E
The word 'Turkey' (the bird) in various European languages

ETYMOLOGY & EXPLANATION

From Turkey
The guineafowl, a bird from Africa, was imported into Europe I by Turkish merchants. This bird was then known as the 'turkey coq'. British settlers confused the turkey with the African bird and gave it the same name, ultimately shortened to 'turkey'

From Calicut (not to be confused with Calcutta);
From Calcoen, the Dutch name for the Indian port and city that became synonymous with the (East) Indies, where many Europeans falsely believed the turkey came from*; many languages in Northern Europe borrowed the name from the Dutch

From India
"Indian/from India" in various languages; all from Persian hindu ("Indian"), from Sanskrit sindhu ("river; stream; Indus");

"Chicken (or rooster) from India/lndies" in various languages, like French poulet d'lnde, ultimately shortened to dinde, and Basque india oilar, the reason is complex

From Peru
From Portuguese galo do Peru ("rooster from Peru"), shortened to peru; turkeys are not indigenous to Peru, but the name Peru was used as a pars pro toto for all Spanish areas in America; the word reached Croatia and Slovenia through Italy

From France
"French rooster" in Celtic languages; French merchants were the first to introduce the turkey to these lands

From overseas
From Albanian gjel ("rooster") + deti ("saltwater"), or less literally: 'sea rooster'; the turkey was brought to Europe by sea.
From Slovak more ("sea") + -iak (suffix); compare Slovak morca ("guinea pig"), introduced from America around the same time.

From Egypt
From Old Slavic misir ("Egypt"). After the first turkeys arrived in Spain, they were quickly introduced to Northern Africa; some Europeans first encountered the animal in Egypt.


An alternative origin and meaning:
'Peacock'; from Latin pavo ("peacock"); these birds are not closely related
'Hen'; from Old Bulgarian kurka ("hen"); not (directly) connected to Serbian curan
'Blue bird'; from Old Turkic kok ("blue")+ kus ("bird")
'Black grouse' from Proto-Turkic kortuk ("black grouse; woodcock")
'Snot hen'; from Luxembourgish schnuddel ("snot") + hong ("hen")

Reddit user: Virble
28 Feb 14:52

Places with more than 30 people per square mile

by Alex E
Places with more than 30 people per square mile

28 Feb 14:50

Why Frequent Sex Makes for Happier Humans

by Drake Baer

In social science, it’s not enough to know that things happen, but why they happen. Like, for instance, the finding that having sex once a week makes people way happier than once a month. It’s equivalent to making an additional $50,000 per year, Christian Jarrett points...More »

28 Feb 14:48

Alaska, el estado número cuarenta y nueve

by Fernando Rey

El 9 de abril de 1867 Estados Unidos compró Alaska al Imperio ruso. Lo que en un principio fue una transacción muy cuestionada y que, de hecho, estuvo a punto de no salir hacia delante pronto se convirtió en una gran fuente de riqueza mineral. A finales del siglo XIX, la fiebre del oro despejó el escepticismo sobre la adquisición del territorio e incentivó su desarrollo. Más de medio siglo después, ya como el estado número cuarenta y nueve de Estados Unidos, el oro negro se convirtió —con protestas ecologistas de por medio— en la gran baza de Alaska.

La incorporación de Alaska a los Estados Unidos no es más que el resultado de una transacción similar a la de otros territorios que en la actualidad forman parte del país. Su historia es la de un ambiente extremo para el ser humano que, con el paso del tiempo, demostró su riqueza y fue ganando en población y desarrollo hasta convertirse en un lugar tan exótico como valorado.

El 9 de abril de 1867 la remota región de Alaska, que por aquel entonces suponía un cuarto del territorio total de los Estados Unidos, fue adquirida en una operación de compra al Imperio ruso. No obstante, no fue hasta bien entrado el siglo XX, en 1959, cuando el presidente Dwight D. Eisenhower aprobó la constitución de Alaska como el estado número cuarenta y nueve del país. Desde entonces, los habitantes del estado han gozado de los mismos derechos y deberes que los de cualquier ciudadano estadounidense, con la diferencia de que sus condiciones de vida no tienen punto de comparación con las del resto de sus compatriotas.

La construcción de un país

Con más de nueve millones de kilómetros cuadrados y aproximadamente 325 millones de habitantes, Estados Unidos es el cuarto país del mundo en superficie y el tercero en términos de población. Que es la primera potencia del mundo es de sobra conocido, pero la peculiaridad del proceso de construcción del país se pierde entre compras, cesiones y conquistas.

En la actualidad, como república federal, Estados Unidos está compuesto por 50 estados, de los cuales 48 suelen conocerse como continentales —‘mainland’ en inglés— para diferenciarlos de Alaska, por su lejanía, y de Hawái, tanto por su ubicación como por su carácter insular. Trascendiendo los estados miembros, entre los dominios del país también encontramos otro tipo de territorios y posesiones, como Puerto Rico o Guantánamo.

Desde la independencia de las trece colonias británicas el 4 de julio de 1776, el país no dejó de crecer oficialmente hasta que Eisenhower aprobó la incorporación de Alaska y Hawái como los estados número 49 y 50, respectivamente. La construcción del país, principalmente a lo largo de los siglos XIX y XX, fue resultado de diversas formas de expansión territorial. Por un lado, gran parte del territorio fue adquirido mediante compras y cesiones de territorios británicos, franceses, españoles y mexicanos; entre otros ejemplos, encontramos los casos de las compras de Luisiana y Florida. Por otro lado, Estados Unidos adquirió algunos territorios mediante conquista frente a otras entidades políticas, como la República de Texas o los Estados Unidos Mexicanos.

Alaska se incorporó a Estados Unidos en 1867 como resultado de una transacción. Su encaje en el país siguió un proceso similar al del resto de los territorios adquiridos. El estatus jurídico de la región fue evolucionando a lo largo de casi un siglo, no sin contratiempos, hasta su constitución formal como estado de la unión estadounidense.

Mapa de Alaska en 1867. Fuente: USGenWeb Archives

El paraje helado que se convirtió en estado

Alaska se ubica en las inmediaciones de la zona polar ártica, lo que la convierte en el estado más septentrional de Estados Unidos. Como resultado de ello, se encuentra aislada del resto del territorio nacional continental y hace frontera con Canadá al este y al sur, mientras que por el norte se asoma al océano Glacial Ártico y en el oeste se encuentra con el Pacífico y el mar de Bering, que ejerce de frontera natural con Asia.

El origen del asentamiento humano en la Alaska contemporánea se remonta al siglo XVIII, cuando las expediciones rusas por tierras siberianas terminaron cruzando el estrecho de Bering y establecieron las primeras colonias en territorio poblado por indígenas. El proceso de compra de Alaska por parte de Estados Unidos comenzó a mediados del siglo XIX, pero las conversaciones cayeron en saco roto ante el estallido de la guerra de Secesión (1861-1866). Tras la guerra civil, la idea fue retomada por William Henry Seward, secretario de Estado entre 1861 y 1869. Si bien Estados Unidos se encontraba en pleno proceso de expansión territorial, fue cuestionada la idoneidad de adquirir un “paraje helado” y aislado del resto del territorio continental que, además, no era comparable al resto de adquisiciones que el país venía haciendo desde hacía casi un siglo.

Para ampliar: “¿Por qué Rusia vendió Alaska a EE. UU.?”, Gueorgui Manáievrbth en La Nación, 2014

La extensión territorial que suponía Alaska —por entonces representaba un cuarto del territorio nacional total de Estados Unidos— era el principal aspecto positivo de la compra, pero los escépticos tardaron en dar su brazo a torcer. Es más, los esfuerzos de Seward hubieran sido en vano de no ser por el apoyo de Charles Sumner, senador por Massachusetts entre 1851 y 1874, que abanderó el proceso y finalmente consiguió la aprobación de la transacción el 9 de abril de 1867. Aun así, los escépticos retrasaron el proceso todo lo que estuvo en su mano hasta que, al cabo de un año, la Cámara de Representantes dio su visto bueno al acuerdo con el Imperio ruso por un valor de 7,2 millones de dólares.

Las dudas sobre la compra de Alaska comenzaron a despejarse en 1896 cuando, al amparo de la fiebre del oro de Klondike, miles de personas buscaron fortuna en Alaska. A largo plazo, los movimientos de población acarrearon reclamaciones de mejoras en las infraestructuras, comunicaciones y servicios del lugar.

Campamento durante la fiebre del oro de Klondike. Fuente: Documentalium

La llegada de exploradores supuso un verdadero aliciente para el desarrollo económico de Alaska a principios del siglo XX. Comenzaron a construirse nuevos asentamientos de población y se trazó un gran mapa de minas de oro, con Fairbanks —hoy una de las principales ciudades del país— como una de las más famosas. Como resultado del rápido crecimiento de Alaska, la región obtuvo en 1912 el estatus jurídico de territorio de Estados Unidos, no sin antes resolver los límites fronterizos con Canadá. Dos años más tarde, Anchorage, la ciudad más poblada de Alaska, fue fundada como centro neurálgico de la construcción del ferrocarril.

La importancia geoestratégica del paraje quedó en evidencia durante la II Guerra Mundial. Las pretensiones japonesas en el océano Pacífico llegaron hasta las islas Aleutianas, que forman parte de la administración territorial de Alaska. En paralelo a la ocupación japonesa, comenzó a construirse la autopista Alcan —actualmente, autopista Alaska, principal acceso terrestre a la región junto a la autopista Marina—, que facilitaba el acceso ante cualquier tipo de emergencia.

La ocupación japonesa se convirtió en el preludio del aumento de la presencia militar estadounidense en Alaska. Tras la expulsión de los japoneses, Estados Unidos procuró que la situación no volviera a repetirse. Posteriormente, la toma de conciencia sobre la importancia de la región en términos geoestratégicos se consolidó durante los primeros años de la Guerra Fría. Si bien es cierto que los territorios soviéticos más próximos al estrecho de Bering eran también los más despoblados, Alaska no dejaba de ser una frontera directa con la Unión Soviética.

Para ampliar:Cuando Japón invadió Alaska: la Batalla Olvidada de la Segunda Guerra Mundial”, Héctor G. Barnés en El Confidencial, 2016

La respuesta de las autoridades estadounidenses a la puesta en valor de la región tuvo una doble vertiente de carácter político-militar. Por un lado, se reforzó la defensa militar de Alaska y, por otro, se dieron los primeros pasos para asimilar el estatus político del territorio al del resto del país. En 1946 Alaska obtuvo la categoría de estado y en 1955 adoptó una Constitución. Cuatro años más tarde, en enero de 1959, el presidente Eisenhower aprobó la incorporación del territorio como estado de los Estados Unidos de América.

Más de medio siglo como estado

La elevación del estatus territorial de Alaska a la categoría de estado puso en igualdad de condiciones a los habitantes del lugar en relación al resto de sus compatriotas. Sin embargo, al ubicarse en el límite de la zona polar ártica, la forma de vida de los alasqueños es totalmente diferente a la de los habitantes del resto del país.

Los factores que condicionan la vida en Alaska son, en esencia, la orografía y la temperatura. Por un lado, el paisaje está formado por un entramado de altas cadenas montañosas repletas de glaciares, violentos fiordos y densos bosques. Los mayores exponentes del paisaje alasqueño son los parques nacionales de Denali —donde se encuentra el monte McKinley, pico más alto del país—, Kenai Fjords, Klondike y Sitla. Como elementos característicos, estos parques presentan gran variedad de fauna y flora autóctonas, ya sea de zonas de interior o marinas, así como los vestigios históricos de la región, que se remontan tanto a los pobladores indígenas como a los colonos rusos y, posteriormente, a los primeros aventureros que llegaron a Alaska en busca de oro.

Para ampliar: “Sumérgete en la naturaleza salvaje de Alaska”, María Rueda Cruz en El Economista, 2015

La otra cara de esta onírica panorámica es que, como resultado de su ubicación en pleno cinturón de fuego del Pacífico, existe gran actividad sísmica y volcánica. Si bien los movimientos suelen ser de baja intensidad, queda en el recuerdo el terremoto del Viernes Santo de 1964, en el que hubo 139 víctimas.

Por otro lado, a pesar de la creencia general y del tópico mediante el cual solemos referirnos a Alaska como un “territorio helado”, no toda la región se encuentra en ese estado, y menos aún durante todo el año, puesto que en verano la temperatura media ronda entre los diez y los veinte grados Celsius. En este sentido, Alaska presenta grandes contrastes en función del emplazamiento en el que nos encontremos al converger varios tipos de clima. Así, si bien el invierno es largo en todo el territorio, las temperaturas no suelen ser muy extremas en términos generales, excepto en la zona interior, donde se producen grandes altibajos.

En lo que a la sociedad alasqueña se refiere, el territorio cuenta con una población de más de 700.000 personas, con Anchorage como la ciudad más poblada con cerca de 250.000 habitantes. Fairbanks es la segunda ciudad del territorio en número de población —34.000 personas— y Juneau, la capital del estado, la tercera —casi 30.000 habitantes—. Cabe destacar la persistencia en el tiempo de población nativa, que en la actualidad comprende alrededor del 15% del total. Por otro lado, los últimos vestigios de la presencia rusa en Alaska se reducen, además de a algunos edificios antiguos, a la fuerte presencia de la Iglesia ortodoxa, sostenida por descendientes de origen ruso.

Vista de Anchorage. Fuente: Cloudinary

En el ámbito económico, el tejido productivo de Alaska comenzó su desarrollo con la minería a finales del siglo XIX, primero en busca de oro y posteriormente, desde los años sesenta del siglo pasado, mediante yacimientos petrolíferos, conectados con el resto del país mediante oleoductos. La industria ligera es otra de las principales fuentes de ingresos. En tercera posición, y cada vez más consolidado, el turismo se ha hecho un hueco en el mercado debido a la tendencia cada vez más común en el mundo occidental de considerar Alaska como un destino exótico que vale la pena visitar.

Una mirada al pasado y una apuesta de futuro

Es indudable que la compra fue, en primera instancia, arriesgada. La única garantía que tenía el Gobierno de Estados Unidos en 1867 era la obtención de una vasta región con la que incrementar la superficie territorial del país. Con el paso de los años, la adquisición fue ganando mayor aceptación, primero con el descubrimiento de oro y luego con los yacimientos de petróleo.

El crecimiento y desarrollo que experimentó Alaska al amparo de la explotación de sus recursos naturales es incuestionable, al igual que la atracción de sus paisajes. La conjunción equilibrada de las dos mayores riquezas de la región es el principal reto al que debe enfrentarse el cuadragésimo noveno estado, pues, como paraje eminentemente polar, las consecuencias del cambio climático y el efecto invernadero, así como la sobreexplotación de los recursos, pueden causar verdaderos estragos.

Según exploraciones realizadas recientemente, los recursos petrolíferos del territorio son más abundantes de lo que se pensaba. Esta noticia ha sido recibida con una calurosa bienvenida por las principales compañías extractoras y, por extensión, por gran parte de la población alasqueña que depende del sector. No obstante, el previsible aumento de las explotaciones supone un verdadero peligro para un ecosistema que ya ha experimentado problemas medioambientales derivados de la extracción de crudo en otras ocasiones. El ejemplo más evidente es el vertido que se produjo en 1989 cuando el Exxon Valdez encalló en el golfo de Alaska.

Para ampliar: “La madrugada del vertido”, Eduardo Suárez en El Mundo, 2014

Los estragos del vertido del Exxon Valdez sobre la costa de Alaska. Fuente: The Christian Science Monitor

De un modo u otro, la riqueza de Alaska trasciende el beneficio económico que puedan generar sus minerales más preciados. Su valor ecológico y medioambiental, materializado en paisajes idílicos, es la principal carta de un desarrollo más sostenible a largo plazo. Tan solo el tiempo dirá qué modelo se impone en función de las prioridades tanto de su población como del Gobierno de Estados Unidos.

28 Feb 14:47

Pee is So Much Crazier Than We Ever Realized

by Eric Spitznagel

Humans have spent a lot of time thinking about piss. 

During the 17th century, for instance, German alchemist Hennig Brand thought that urine, because it's the general color of gold, might also have some gold in it. So he collected 1,500 gallons of urine—which he may have gotten from his wife and her friends, or possibly from the German Army, nobody is entirely sure—and then boiled it down to "the consistency of honey," according to his notes, hoping it would reveal itself as gold. No such luck. 

He did, however, accidentally discover phosphorus in the process. So it turns out playing with other people's piss can sometimes lead to remarkable discoveries.

And yet pee rarely ever gets any glory—unless, of course, it's tied to rumors involving our Commander-in-Chief. When people think of complicated fluids that come out of our genitals, they usually assume semen is the most sophisticated in terms of composition. But semen has at most 200 proteins, and a few dozen other ingredients like calcium, citric acid, fructose, potassium, and vitamin B12. Piss, meanwhile, has over 3,000 ingredients that we know about. Comparing sperm to piss is like comparing orange juice to consommé

"There are probably another 20,000 chemicals that have yet to be identified," says David Wishart, a biology professor at Canada's University of Alberta. "There's a lot we still don't understand." On the other hand, there's also plenty of things that we already do—and we've compiled most of it in one place. Let's start with the basics. 

Fine, fine, what exactly is in urine?
A whole bunch of stuff. You might've heard that pee is 95 percent water and 5 percent other—like salt, hormones, nutrients, and creatine. But there's a lot more squeezed into that 5 percent than modern science originally believed. 

In 2013, researchers at the University of Alberta released the results from a seven-year study of human piss, which found a staggering 3,079 compounds in urine. 

"[It's] perhaps the most complex fluid in the body," says Wishart, who was the study's lead researcher. "In many cases we see chemicals in urine that we can't or don't see in any other part of the body."

Is all that extra stuff the things we're eating and drinking?
Some of it, sure. But it's not all residue from your diet. Urine is affected by the air you breathe, the environment you live in, the medicine you ingest, and the cosmetics you slather on your body. Anything that touches your mouth, nose, eyes, and ears is gonna end up in your piss eventually.

So urine is like snowflakes? No two drops are exactly the same?
In a sense, yes. But it's not the individual drops coming out of you that are so radically dissimilar. The chemical structure of your piss and the piss of the person in the next stall couldn't be more distinct.

Wishart prefers to compare urine to fingerprints, and he's not being facetious. "You can potentially identify a person from their urine," he says. "Your urine composition stays with you pretty much your whole life. It will change slightly depending on what you eat or drink, but it will still have the same underlying chemical composition that is unique to you."

That's mind-boggling if you think about it. You wouldn't walk into a public restroom and see a toilet filled with hot piss and know instantly, "Frank forgot to flush again." But theoretically, if you knew enough about piss, you could. Frank's piss could only ever be Frank's piss.

Does the distance and arc radius of a man's piss stream matter?
It only matters if he used to be able to piss from across the room and now he's not able to take a leak without hovering right over the bowl. A strong stream that goes soft could indicate a possible blockage of the urinary tract, says Rene Sotelo, a professor of clinical urology at the Keck School of Medicine at USC. "This is most commonly associated with benign prostatic hyperplasia, which an increase in size of the prostate," she says.

But otherwise, the shooting power of his stream means nothing. The guy who can aim his piss with deadly accuracy, hitting a tree from the window of a speeding car without even paying attention, isn't healthier or more biologically advantaged than the person who pees on his feet even when he's right next to the urinal. 

The only reason stream would make a difference, according to Courtenay Moore, a urologist at the Cleveland Clinic, is "if you are in a long distance peeing contest."

Um . . .  Are long distance peeing contests . . . ?
Not officially, but Guinness has a record for the most piss ever expelled at once from a human bladder (38.7 pints), but it doesn't have a category for piss distance. Most pissing contests are homegrown, amateur events, and their results are far from authenticated. Like this guy.

Okay, but how long does it take the average person to piss?
Twenty-one seconds. The same amount of time it takes an elephant to piss. And a dog. We only know this because some Georgia Tech researchers decided to go to the Atlanta zoo and measure animals urinating.  

They found that all animals over two pounds, regardless of their bladder capacity, urinate for roughly the same amount of time. They dubbed this the Law of Urination. 

How does it work? "Larger animals have more urine to expel, but they also have wider and longer urethras than smaller animals," says Patricia Yang, a PhD candidate who led the research. That wider urethra means more piss can escape at a faster rate. "Also the urethra works as a siphon to accelerate the urine by gravity," Yang says. "Longer urethras give a faster urine stream."

So an elephant may have an oil tanker of a bladder, capable of holding 42 gallons at one time. But because of its accommodating urethra (1 meter long, 10 centimeters in diameter) and gravity, it can piss like a geyser, and finish in roughly the same time as a goat—or you.

Speaking of, if you're looking for a distance-pissing contest, you definitely don't want to go up against an elephant. Nobody's really measured an elephant's peeing distance in a competitive situation—get on it, science!—but with the immense amount of liquid coming out, at a staggering 1.5 gallons per second, an elephant's got the obvious advantage. But even if it's a humiliating defeat, at least you know the contest will only last 21 seconds. 

Does urine have any medical properties? I think Madonna once claimed that she pees on her feet in the shower to cure athlete's foot.
Madonna had the right idea about at least one thing: Peeing in the shower. A few years ago, a group of students in the UK started a campaign to convince their classmates to pee in the shower every morning rather than use a toilet, which they claimed would save about 187 million gallons of water every year. Their "Go with the Flow" program got some international attention, but never really caught on.

As for the other thing—whether peeing on your feet can cure athlete's foot—the answer is no. Also, please stop taking hygiene advice from pop stars. The pee-on-your-feet-as-fungus-cure myth started because urine contains urea, an active ingredient in most anti-fungal creams. But those creams contain up to 40 percent urea, considerably more than what's in your urine, which has only about 4 percent.

"It would have to be a very, very large amount of urea for it to be considered useful to treat athlete's foot," Sotelo says. Not only would you need a high concentration of urea, but also sustained exposure. Meaning, you can't just tinkle on your feet during a shower and think you're good to go. 

To get that 40 percent of urea, you'd need the urine of approximately 10 healthy people, capable of pissing at least 1.01 fluid ounces—which is average for a non-dehydrated person—and then you'd have to collect the urine. You could probably get it all in an 8 ounce Coca-Cola bottle and one of those decorative shot glasses you can get at highway rest stops. But the whole process is going to get messy and really uncomfortable for everybody involved.

Then you've got to stand in that piss. For a long time. We're talking a few hours at the very minimum. And then maybe it helps your athlete's foot. Although probably not. We weren't able to find a single urologist who thought that asking a bunch of dudes to piss into cola bottle so you could give yourself a urine foot bath while bingeing on old Downton Abbey episodes (we're speculating) was a better idea than spending $10 on some cream.

But what about jellyfish stings? Won't peeing on the wound ease the pain?
Just the opposite. It could actually increase pain "because the urine activates the cells that are left in the skin by the jellyfish," Sotelo says. 

Urine isn't some magical elixir, but for some reason, human beings keep trying to convince ourselves that it is. Throughout our history, urine has been used to treat everything from burns, scorpion stings, baby rashes, and even "affections of the anus," according to ancient Roman philosopher Pliny the Elder. One can only imagine how that played out:

ROMAN PATIENT: I have, um... some issues with my anus.

ROMAN DOCTOR: Been messing around down there again?

ROMAN PATIENT: I've shown it some affection, yes.

ROMAN DOCTOR: No worries. I'll just pee on your bunghole and that should clear it right up.

Can you or should you ever drink urine?
Nope. Now granted, a lot of people have and do, claiming that chugging urine can cure hepatitis, whooping-cough, migraines, psoriasis, cancer, and countless other diseases and ailments. These urine advocates are very passionate about their pee. Try to question their life choices and they'll shout back things like, "Gandhi drank his own urine every day!"

Seriously—this is a real thing people believe, and it's egregiously untrue.

Gandhi never spoke or wrote about piss-drinking, nobody ever witnessed him downing a frothy glass of pee, and his own grandson, Arun Gandhi, occasionally writes letters to magazines like Newsweek, reminding journalists that piss-drinking "was not a therapy (my grandfather) believed in or advocated. The person you have in mind is the late Morarji Desai, a follower of Gandhi's and a onetime prime minister of India."

It's true that Desai drank his own urine every day, and he credited the habit to his outstanding health. He lived to a ripe old age of 99. 

I'm confused. Does this mean I shouldn't drink urine or . . .
Don't drink your own piss. It's a terrible idea. Even the people who do drink their own piss don't make a convincing case for it. 

Sarah Miles, the 75-year-old British actress who starred in movies like The Servant and Blowup, says she drinks her own piss twice a day and it's cured her allergies, but she also admits that piss "tastes like every lavatory you've ever smelt." A runny nose sounds better than that hell.

The only situation in which you might consider drinking urine is if you fall into a canyon and get pinned by a boulder for five days, and you don't have any other source of water. That's what happened to Aron Ralston, and he wrote a book about it called 127 Days. (The getting stuck part, not the urine drinking part. Although that's in there.)

But even then, it's probably still a bad idea. The US Army Survival Manual includes urine on its "DO NOT drink" list, right next to seawater and blood, and insists that urine shouldn't even be consumed if your survival depends on it.

Wishart calls urine "essentially a toxic soup. While it is sterile, it contains too many compounds that are both harmful and unpleasant to be much good. The body goes to extraordinary efforts to get rid of the compounds in urine—and it does so for a reason."

Think of it this way: If you're considering drinking urine, you now belong to the same intellectual group that includes people who get their nutrition advice from the Bible and take Proverbs 5:15 literally ("Drink water from your own cistern, flowing water from your own well"), and tinkle tweakers.

Tinkle what? 
Tinkle tweakers are meth addicts without a lot of disposable income. So they collect their urine in jugs, so that when they run out of cash, they can just drink their piss and hopefully get a bonus high.

You're making that up.
Nope. Here's a photo of some meth piss jugs that a Reddit user shared a few years ago.

Dear god.
I know. It's not good. But if you're determined to try urine anyway, there is a less disgusting way to sample it. Just buy a ticket to the Roskilde Festival in Denmark this summer. June 24th to July 1st. You can see acts like Lorde and A Tribe Called Quest, and also drink the urine of people who came to the festival two years ago—it's used to brew beer.

Wait, back up. Did the people donating their piss realize it would be used to make beer?
They absolutely did. At the 2015 festival, concert-goers were encouraged to pee into metal troughs, as part of their "From Piss to Pilsner" recycling program. As signs promised, "Don't waste your piss. Farmers can turn it into beer again." Sure enough, the pee—around 6600 gallons of it—was used as fertilizer to grow the barley used in brewing beer.

When we contacted reps at Roskilde, they were initially unclear on "the whereabouts of the urine in question." But they eventually confirmed that the pee beer—which will be sold under the name Nørrebro Bryghus—will indeed be ready in time for summer. 

If you're a regular at Roskilde, there's a chance you'll be able to pay for and then ingest a little of yourself from two years ago. Mmm, that's some tasty you. Who knew you were so hoppy?

What about animal urine? Is that safe to drink?
Cow urine is popular in India, where it costs almost as much as milk. But you don't have to make the trip overseas to pick some up. You can buy bona fide Indian cow's urine on Amazon, and it's cheaper than downloading Beyonce's Lemonade

It's worth reading the fine print on their Amazon ads, if only for the entertainment. We're not sure if describing a urine drink as "hot and pungent" is really a selling point, but maybe it's a cultural thing. 

Also, among the proposed benefits—which includes curing constipation, intestinal worms, and skin infections—the most dubious is that cow's urine makes you more intelligent. But maybe it does! Maybe you drink it, and suddenly you're like, "Good god, I'm never doing that again," which arguably indicates a quantifiable increase in your IQ.

Speaking of cows and their discharge, last summer researchers at Junagadh Agricultural University in India found gold in cow piss. They examined 400 samples and found 3 to 10 milligrams of gold per liter in every sample. Which is kind of ironic, if you think about it. Remember that guy Hennig Brand? The alchemist from the 17th century who collected all that urine and boiled it and sifted through it, looking for gold? Turns out, he had the right idea, but the wrong species.

That is a shame. So wait, are we talking about all cows?
No, the researchers specifically studied cows from the Gyr (or Gir) region of India. So it might not be time to start filling up empty jugs with American cow piss just yet.

But if you, say, dropped a few thousand dollars on Indian cow piss on Amazon, and then stored it in your basement as an "investment," it wouldn't be the craziest thing. It would be a crazy thing, sure. Because you did what now? But it wouldn't be the craziest. 

Speaking of investments, if you're looking for another reason to buy urine in bulk—

That is in no way what I am looking for.
Yes, but if you were looking for a reason, here's one you may not have considered. Urine could potentially be the gasoline of tomorrow.

Cow urine?
No, just regular ol' urine. Gerardine Botte, a professor in Chemical and Biomolecular Engineering at Ohio University, has developed a process called "urea electrolysis," which involves extracting urea from urine and turning it into hydrogen, and then using it to power hydrogen fuel cell vehicles.

"The inspiration for the process was the amount of energy that is spent today in treating water," Botte says. "The energy used in wastewater treatment plants to treat the urine—mostly converted into ammonia at that point—is high."

So why don't we have cars that run on piss yet?
That's a good question. It's not the "we're still working out the kinks" excuse that they always use to explain why we don't have fully autonomous sex robots yet. "Our technology is well developed now," Botte says. "We have been able to scale up and to demonstrate the technology." 

Back in 2012, four teenage girls in Africa managed to make a prototype. If teenage girls can come up with a urine-powered generator, why have we yet to see a Honda Civic that runs on the stuff that makes Honda Civics pull over with frustrating regularity during family road trips? 

Because car companies don't want to make them?
That seems to be the case. Or maybe it's a conspiracy with Big Oil. Somebody should really do some investigative journalism and find out what the holdup is with our piss cars.

But the whole piss car concept, it can't be as simple as it sounds, right? You have a car with a gas tank, and you fill it up by . . . pissing in the . . . c'mon!
That's what we were thinking too. We thought it'd be like that old SNL commercial for the Mercury Mistress, "the world's first car that you can actually have sex with." But instead of humping your car, you'd pee into it. Gross, sure, but think of the money you'd save! You'd see people driving big SUVs and you wouldn't think anymore, "They're destroying the planet." You'd think, "Wow. They must drink a lot of water. Like a loooooot of water."

But as you said, it can't be as simple as it sounds. "The amount of h2 generated per person is not sufficient to cover all the needs for fuel transportation," Botte explains. "You can collect the hydrogen by working with communities." 

A hydrogen car requires about 5 kg of hydrogen to travel over 300 miles, and the average person only produces about 4 grams of hydrogen (via their urine) every day. You can't possibly generate enough hydrogen alone. 

"A community of 125,000 people could produce enough hydrogen from urine to fill 100 vehicles per day," she says. 

It would require waterless urinals, she says, and a community that all agrees, "Yep, let's do this. I want my piss to help power my neighbor's car."

That sounds great in theory, but just driving to the gas station sounds a lot easier.
Sure.

It's a nice utopian idea but . . . 
Let's forget we ever mentioned it. But you're still cool with collecting Indian cow pee just in case it has gold in it, right?

27 Feb 22:06

5 Things Men Aren€™t Willing To Learn About Female Orgasms

By Kathy Benjamin  Published: February 26th, 2017 
27 Feb 22:05

"Draw, podnuh!" Or not.

by Repack Rider
The iconic western image cultivated by TV and film includes one ubiquitous element. The large (.44 or .45) handgun carried on a belt made for the purpose, in a low slung holster strapped to the leg for fast draw. This means of carrying a firearm is called the "Buscadero Rig." We have all seen it worn by Roy Rogers, Hopalong Cassidy, Gene Autrey, John Wayne, James Stewart, Henry Fonda, Clint Eastwood, the Magnificent Seven, Pallidin, and every member of the Cartwright family. It didn't exist in the 19th Century.

Never mind that most towns didn't allow the carrying of firearms and almost no one carried one anywhere else either. The purpose of the Buscadero rig is to get that shootin' iron out quick! How often does the average citizen need to do that? But the Cartwrights wouldn't go out to the barn without the artillery close at hand. Even Maverick, portrayed as a gambler who preferred to avoid a fight, is strapped for a quick draw. And everyone has enough ammo in bullet loops to defend the Alamo.

In western reality of the 19th Century, almost no one but a violent thug or a peace officer needed a five pound open-carry heavy sidearm. A cowboy on the range would more likely have a rifle. For anyone else who was armed, a concealed smaller weapon was much more likely.

The Buscadero rig was invented in the 1920s for film and later TV. The "walk and draw" duel never existed. There was no "Code of the West." Only a fool would let the other guy draw first. In reality, if you were in danger of your life from anyone and you were armed, you got the weapon out as soon as you spotted him and long before he was in range. You started shooting with a two handed grip as soon as you figured you could hit him before you ran out of ammo. You shot him in the back if you got a chance.

The history of Western holsters
is interesting even if most of what we think we know is seriously bogus.
27 Feb 22:02

Love and Cheeseburgers (and Tacos)

by Etrigan
Claire McNear of The Ringer takes a look at the weirdly burgeoning "fast-food wedding industrial complex".
27 Feb 22:00

Make no mistake: Everything about Casablanca is indelible

by Think_Long
The End of a Beautiful Friendship - Laura Miller reviews Noah Isenberg's We'll Always Have Casablanca and tracks the movie's recent loss of prestige among critics and fans.
27 Feb 21:54

Barcelona Is Really Serious About Its War On Tourism

by hippybear
A new strategic plan from Mayor Ada Colau to ease the swarm of tourists in the city will raise property taxes on short-term rentals and increase costs for day trippers.
25 Feb 12:31

Triumph of the Will and the Cinematic Language of Propaganda

by RobotHero
Folding Ideas is a Youtube channel that analyzes movies and video games. By popular demand, the latest video is on Triumph of the Will and how it reflects fascist ideology and the historical context in which it was made.
25 Feb 12:30

Or eight legged Proclaimers?

by howfar
24 Feb 12:36

So Who's Having the Most Orgasms?

by Susan Rinkunas

You've probably heard of the pay gap, but what about the orgasm gap? Sad fact: Men have more orgasms than women and experts have known this since the '50s. But researchers at Chapman University and The Kinsey Institute at Indiana University wanted to know more about how sexual orientation might be linked to orgasm frequency, so they asked more than 50,000 people how often they came as well as what they tended to do in the sack, how they communicated with their partners, and how satisfied they were with their relationship.

For their study, published in the journal Archives of Sexual Behavior, the team analyzed data from a national, online survey of 52,588 adults who said they had sex in the past month. The anonymous respondents had to identify their sexual orientation and gender and the sample was made up of 26,032 heterosexual men, 452 gay men, 550 bisexual men, 340 lesbian women, 1,112 bisexual women, and 24,102 heterosexual women. The average age of men who took the survey was 37 and for women it was 42.

They were asked how often they orgasmed during sex in the past month and the options were never, rarely, about half the time, usually, and always. Can you guess who said they usually or always orgasmed? It's straight men, because of course it is. Ninety-five percent of them said that was the case, followed by gay men (89 percent), bisexual men (88 percent), lesbian women (86 percent), bisexual women (66 percent), and, in dead last, straight women (65 percent).

These findings sound like a giant bummer for bisexual and hetero women and their well-meaning partners, but the researchers say the silver lining lies in the fact that they gathered data about people's sexual practices and habits and compared them to orgasm frequency. The result is basically a list of things you can try if you're a woman or someone who has sex with women.

Women were more likely to orgasm if their last romp included a buffet of sex acts, like vaginal intercourse, oral sex, manual genital stimulation, and deep kissing. But intercourse is more like icing on the cake in this situation: Adding it doesn't seem to help. They wrote: "Most heterosexual women who combined oral sex, manual genital stimulation, and deep kissing reported usually-always orgasming (80 percent), as did women who added vaginal intercourse to that combination (77 percent)." It's possible that the figure is lower in women who reported doing all four sex acts because intercourse was the finale; their male partner came first and they called it a day. If you're really pressed for time, the researchers point out that just receiving oral makes women more likely to orgasm regardless of how many other types of business they get into.

Women who orgasmed more often had sex for longer durations (at least 15 minutes), were more likely to ask for something they wanted in bed, praise their partner for something they did in bed, try new positions, engage in "sexy talk," wear lingerie, talk about or act out sexual fantasies, and express love during sex. They were also more likely to sext their partner and were more satisfied in their relationships overall.

The main limitation of this study is that the survey was posted on the site of NBC News, so it only includes people who read that site and chose to take a survey on "sex and love." It's a widely read national publication, but respondents are not necessarily representative of the US population. (Though other sex researchers have used this site to conduct surveys.)

The authors noted that, socially, there's a stigma against women having sexual desire and enjoying sex as well as pressure on men to take an active role during sex and these factors might prevent couples from doing the things that make women more likely to orgasm (like a woman asking for what she wants). Or it could be that since men typically want to have sex more frequently than women, some hetero couples might be doing it without a "tit-for-tat" expectation of orgasms. If that works for you, great.

So why do lesbian women have orgasms almost as often as men do—is it because these gender roles don't apply to them? Maybe, but the authors said that one obvious possibility is that women better understand how things like oral sex and clitoral stimulation feel and how they build toward orgasm (and that intercourse rarely leads to orgasm). Lesbian women may also be more likely to embrace a "turn-taking culture," that is, an equitable approach to sex where you don't stop until both partners are satisfied. The authors conclude their paper by writing: "The fact that lesbian women orgasmed more often than heterosexual women indicates that many heterosexual women could experience higher rates of orgasm." Ah, the sound of hope.

24 Feb 12:33

Smart Kids Smoke Weed

by Gigen Mammoser

Smart kids are less likely to smoke cigarettes, but more likely to drink and smoke weed through their teenage years, claims a new study from the British Medical Journal.

That conclusion was reached based on seven years worth of data from more than six thousand participants in the UK, who answered questionnaires about themselves between the ages of roughly 13 to 20. 

Students with high academic ability showed a significantly lower predilection for cigarette smoking as they grew into adolescence compared to those with poorer performance in school. Cannabis and alcohol use, on the other hand, were more prevalent among the high ability group—a trend sometimes attributed to "experimentation." 

Experimentation in drugs and alcohol is defined scientifically as a "temporary regular pattern of use" that stops after a period of time. "Previous studies had suggested that high academic ability pupils would be more likely to experiment with substances in early adolescence before giving up later on in their teens and early twenties," says James Williams, the paper's lead author and professor at the University College of London Medical. 

However, the new research defies that conclusion. "These patterns continued into early adulthood," Williams says. That is to say, it's not necessarily just a phase.

Why smart kids turn to marijuana and alcohol isn't totally clear. The paper, however, offers two theories: The first is that higher cognitive ability is associated with "openness to experience,"—i.e., a willingness to try new things. The second is that the high ability group was simply more honest in their self-reporting about drug use, but this hypothesis is only speculative.

The takeaway seems to be that just because children are doing well academically doesn't mean they will abstain from substance abuse. In fact, it might be the smart kids who run the longer-term risk of carrying that use with them well into adulthood.

24 Feb 12:30

How Unusual Are Your Sexual Fantasies? Take This Quiz to Find Out

by Tonic Editors

We've all got our kinks. Some of us want to watch two women make out, others want to be filmed having sex or, you know, pissed on. Have you ever wondered if the things you crave behind closed doors are actually that unusual? You may not be as freaky as you think.

Christian Joyal, a professor of psychology the University of Quebec compiled nationwide data for Canada, covering a wide range of sexual fantasies from piss play to exhibitionism and everything in between. He found that many fantasies were more common than expected—say, that 72.5 percent of men reported fantasizing about having sex with an unknown person, while 48.9 percent of women did, or that a full 82 percent of people get excited about getting it on in a bathroom, office, or other public place. 

Take the quiz yourself* to see how your fantasies match up to other quiz-takers, and scroll down to see how they compare to Canada's averages. 

*All language (even the gnarly stuff) was taken directly from Joyal's research.

24 Feb 01:46

'Mini Metro' Update Adds Endless Mode Drops the Price

by Tasos Lazarides

Mini Metro [$2.99] is a fantastic game that has gotten rave reviews from both gaming outlets and people outside the gaming world. So, I'm pretty sure no one will complain that the game's latest update, which just went live, adds another way to play the game. The new Endless Mode has added the ability to play with your toy trains forever without having to stress about anything. You can either start playing the Endless Mode by continuing a normal game after the game ends or by selecting Endless from the mode screen. Here's your chance to drive trains and chill.

In addition to the Endless Mode, the update adds more music from Mateo Lugo, the composer from Reigns. These new compositions will play in San Francisco, Seoul, and Shanghai. And Mini Metro is now 40% off, so you have no excuse not to grab it.

24 Feb 00:13

Naoki Urasawa's Manga Exertions

by MartinWisse
Urasawa Naoki no Manben is a NHK documentary series in which mangaka Urasawa Naoki (20th Century Boys, Yawara, Master Keaton) goes around talking to and filming other cartoonists at work.

There has been one special and two seasons of each four episodes so far:
  • Pilot: featuring Urasawa himself as well as Kawaguchi Kaiji (Zipang) and Yamashita Kazumi (The Life of Genius Professor Yanagizawa)
  • S01E01: Higashimura Akiko (Princess Jellyfish)
  • S01E02: Fujita Kazuhiro (Ushio and Tora)
  • S01E03: Asano Inio (Dead Dead Demon's De De De De Destruction)
  • S01E04: Saitō Takao (Golgo 13)
  • S02E01: Hagio Moto (They Were Eleven)
  • S02E02: Hanazawa Kengo (Boys on the Run)
  • S02E03: Igarashi Daisuke (Children of the Sea)
  • S02E04: Furuya Usamaru (Lychee Light Club) NO English subtitles
Urasawa was inspired by an 1985 documentary the NHK broadcasted about Tezuka Osamu, the God of Manga. A third season of Manben is scheduled to run in September.