
María Castaña, ou María Castiñeira, foi unha fidalga galega do século XIV, que liderou unha revolta popular contra o poder eclesiástico. No ano 1386...
Por Redacción

María Castaña, ou María Castiñeira, foi unha fidalga galega do século XIV, que liderou unha revolta popular contra o poder eclesiástico. No ano 1386...
Por Redacción
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| Pierre Henry |
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| Pierre Henry |

Jiří Růžek is one of the word’s best glamor and erotic photographers. He is described by critics and fans alike as an artist who has redefined the genre by producing fine art out of glamor photography.
Růžek considers himself...
Itínere ingresou durante 2016 case 270 millóns de euros, máis da metade procedente das súas filiais galegas. Rematou o exercicio en beneficios, igual que Audasa, pero láiase da "situación de inestabilidade política" por "limitar nalgunha medida a recuperación"
O persoal logra as reivindicacións económicas, o dereito á subrogación e a modificación do réxime de libranzas. "Se a Xunta asumise dende o principio o incremento salarial tería evitado unha folga tan longa e dura", resaltan
https://vimeo.com/220291411
Designer Dani Clode's Third Thumb is a 3D printed robotic prosthetic thumb that goes on the pinky side of your hand, created a motorized, opposable additional thumb that you can use to play the guitar, pick up objects, or crack an egg. (more…)

On my first day at Michigan State University in 1992, a fellow student called me a "liberal" and I was shocked: as a Canadian who was often to the left of the social-democratic New Democratic Party, I identified "liberal" with the Liberal Party, a centre-right political party that had once imposed martial law in Canada. (more…)
[ Ilustración: Guacimara Vargas]
Por los pasillos del antiguo edificio del Grupo Zeta en Madrid, sito en la calle O´Donnell, pululaban la historias sobre cómo se levantó semejante imperio mediático. Uno, que venía de una editorial más pequeña y más joven, se quedaba embelesado de ver por los pasillos a ministros del primer Gobierno de ZP y antiguos confidentes del caso GAL intentando vender los resto del naufragio a la revista Interviú y al entonces director, Manuel Cerdán, acompañándolos a la calle con un golpecito en el hombro y un “esto ya no interesa”.
Las historias más divertidas giraban alrededor de la ciudad de Barcelona, ciudad donde Antonio Asensio había abierto la puerta de sus primeras publicaciones. Todas aquellas historias contadas por gente como Pepe Oneto, Juan Carlos de la Iglesia (entonces director de MAN), César Lucas (el mejor fotoperiodista que ha tenido nuestro país dentro de nuestro país) o Mariano López daban buena cuenta del salto de calidad y prestigio que había dado el grupo y como, por aquel entonces, a comienzos del nuevo siglo, no quedaba ni un resto de, me van a perdonar el adjetivo, ni de aquello que se llamaba ‘canallismo periodístico’, ni de ninguno de los viejos canallas.
Grupo Zeta vino de muy abajo. Lo cuenta muy bien Ramón Boldú en su ‘Memorias de un hombre de segunda mano’ (Glénat, 1993). La ciudad, por aquellos años, queda bien retratada en su faceta más cruda (y más festiva) por Nazario Luque en sus dos volúmenes de ‘Anarcoma’ (La Cúpula) y en la más descarnada por Martí en su ‘Taxista‘ (Glénat). ‘El Víbora’, ‘Rambla’ o la revista ‘Ajoblanco’ dieron buena cuenta de forma directa o tangencial y testimoniaron lo que se movía por la capital catalana por aquel entonces una ciudad más vieja, portuaria, patibularia, removida por las tensiones burguesas, foco de inmigración mal asimilada, policías franquistas y donde la heroína amenazaba con llevarse por delante a toda una generación.
El centro de la Barcelona con más sabor estaba en lo que ahora se conoce como ‘El Raval’ pero que antes era conocido popularmente como “Barrio chino”. Fue este barrio el que más aceleradamente, mucho más que la zona de Poble Nou (que sufrió la ampliación de la Avenida Diagonal), sufrió una paulatina desintegración con la llegada de las reformas del plan urbanístico que vino con la conversión de Barcelona en ciudad olímpica. ‘En construcción’ (2001), el documental de José Luis Guerín, da testimonio de como la gentrificación de un barrio, que se había dejado morir lenta pero inexorablemente, siempre está unida a un discurso sobre el progreso y el beneficio de sus ciudadanos y de la industria turística –hablamos de 2001 y no de 2017 en el que ya estamos dándonos cuenta de los errores que hemos cometido en esta materia. 16 años de reflexión, para llegar a una conclusión evidente. No está mal-.
Carmen de Mairena fue uno de los muchos personajes que pululó por esa Barcelona pre-olimpíca. No fue una de las actrices principales, ni mucho menos. Se puede decir que fue una de tantas. Cantante de copla del montón, primero, y transformista después, que tenía que completar sus ingresos como artista con cualquier trabajo ‘normal’. La historia de Carmen, sin embargo, sí es la historia de mucha gente. No importa que ella tuviera una biografía artística vulgar para que, con el paso del tiempo, su recorrido humano haya tomado tintes literarios: ser homosexual (y pobretón) en el franquismo te condenaba a entrar y salir de comisarías donde te desfiguraban a palos. También de tener la mala suerte de entrar en el radar de violadores de uniforme o de niños bien que, para divertirse, bajaban a los barrios marginales a repartir palizas. La Carmen, ya transexual, que se pone ciclos de hormonas y pechos de la forma más chiflada posible por amor (no revelaremos nada), que se prostituye y que, sin querer, se convierte más aún en víctima de sí misma, del ambiente, etc. Es más literaria ahora que por aquel entonces. La Carmen de Mairena a la que se le pone la etiqueta de ‘friki’ gracias al descubrimiento de un reportero sin escrúpulos y se convierte en fenómeno mediático solo alarga la vida de malas decisiones.
Carlota Juncosa, como muchas otras personas, quedó cautivada por ese personaje televisivo. Pensó que Carmen era así las 24 horas del día, que se encontraría a alguien con ganas de contar su vida, que estaría agradecida de que su historia fuera narrada. Sin embargo ‘Carmen de Mairena, Una biografía’ es el relato de un fracaso. También de toda la decepción que Carlota sintió cuando conoció a Carmen. De sus desacuerdos, de su falta de entendimiento, de la frustración de no poder tener un diálogo coherente y, sobre todo, de los personajes que giran alrededor de la vida de Carmen de Mairena: un representante, un amante que dice no serlo, antiguos amigos, sableadores profesionales, familiares ausentes…y todo esto en un ambiente de ruina económica muy jodida y muy evidente, en un escenario de abandono, mala alimentación y falta de higiene evidente. La autora intenta sonsacar a Carmen y Carmen se niega. Está cansada, harta, se pudiera decir que acorralada. El trabajo de Carlota Juncosa queda en una especie de libro de notas con ilustraciones, en un estado de ‘pre-libro’, de investigación de campo que espera que alguien lo ordene y le de sentido. Sin embargo este estado previo y que pudiera entenderse como temporal es, en realidad, el libro mismo. La narración de los hechos que llevan a la imposibilidad de escribir una biografía al uso dan como resultado un texto ilustrado que transmite toda la tristeza del entorno de Carmen de Mairena.

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Como lector, y como personita, puedo decir que me identifico con Carlota Juncosa. Algunas veces, uno quiere entrevistar a alguien, en su cabeza tiene una idea bastante clara de cómo es y, de pronto, cuando te pones delante te da el vértigo de darte cuenta de que te has confundido y de que el error es solo tuyo. La admiración de Carlota Juncosa por Carmen de Mairena, además, parece nacer del dichoso ‘postmo’ del que ninguno estamos vacunados: observamos un fenómeno mediático en la distancia y esa distancia nos permite construir mitos sobre su importancia, su trascendencia, su peso en la cultura popular. La distancia nos permite, además, los guiños a la audiencia. Carlota había hecho un fanzine previo donde salía Carmen y la invitó a la presentación pensando que ella se sentiría halagada. Cuando tuvo la oportunidad de hacer su biografía y pudo acercarse a Carmen sintió que se había estado engañando.
‘Carmen de Mairena, una biografía’ es un libro raro, un estupendo trabajo de campo que, finalmente, ha dado los resultados apetecidos: conocer a la artista. Quizás no en su mejor momento y quizás no con el enfoque que, previsiblemente, quería darle la autora pero, finalmente, el trabajo puede defenderse por sí solo.
Lo mejor es que es un testimonio contemporáneo de una parte de la historia de Barcelona que ha desaparecido y que no volverá más. La Barcelona de Carmen de Mairena y de su círculo cada vez es más prescindible y resulta tan vergonzosa que, poco a poco, se ha ido eliminando de las crónicas de la ciudad. Ya no está Ivá, ni su ‘Makinavaja’, ya no está la ‘Anarcoma’ de Nazario y la pobreza y la delincuencia han tomado caminos diferentes a los que estábamos acostumbrados a ver.
Piensen en esa Barcelona y en el tiempo pasado como en el Planeta Krypton de Superman que fue destruido y que solo es un recuerdo borroso para el superhéroe. Esa Barcelona es el planeta Krypton de Carmen, un lugar ya ruinoso. Carlota Juncosa nos ha invitado a darnos una vuelta por sus ruinas. No estaría de más que aceptáramos la invitación leyendo su ‘Carmen de Mairena, una biografía’. Vale la pena.
Cat cafés are all the rage in major cities and beyond! They’re the perfect place to go if you want to sip on coffee, get some work done and be rejected by cats. That’s right! You’re going to be surrounded by furry little friends who won’t want to play with you any more in this café than they do in real life. Cats really don’t like your energy, and you should really do something about that. Anyway, here are the four best cat cafés for you to experience even more rejection by cats you don’t even know.
Brooklyn Cat Café
The Brooklyn Cat Café offers half-hour time slots to visitors who wish to experience the joy of being ignored by animals who loathe them. Reservations are recommended but not mandatory, and the cats are also adoptable, for anyone looking to go from being rejected in a public place to being rejected in the safety of their own home. This café even offers vegan treats for those who wish to stress eat muesli while being shunned by several kittens. So fun!
Cat Café Neko no Niwa
Cat Café Neko no Niwa isn’t just about cats – it’s also a purveyor of custom cat-themed jewelry, for those who wish to commemorate getting walked away from by a beautiful tabby they only wished to befriend. Buy a brooch in honor of your new buddy who hates you! Ten percent of the proceeds go to CATSI, a nonprofit that serves stray cats who prefer ignoring humans outdoors. You’ll be helping a good cause while begging for love from a bunch of tiny, four-legged affection trolls!
KitTea
This funky cat café in San Francisco is clean, bright, and has plenty of features to keep its cats occupied with anything other than paying attention to you. Take turns frolicking in the Cat Lounge, where 8-12 furry friends will look at you like, “eh” before turning away to indifferently eat their own vaginas, then make your way to the Tea Lounge, where you can sob quietly about it if you like. This café has all sorts of cool nooks and crannies for you to curl up alone, catless and 100% rejected by the animals you paid to be near!
Le Café des Chats
Le Café des Chats requires reservations, because the kittens and cats here are very popular with those who actively seek out emotional pain caused by animals. Carved out of a brick-bound hole in the wall, you’ll feel ultra cozy in this café as dozens of cats swerve in and out between your legs, but never deem you worthy enough to actually sit in your lap. If you’ve ever met a cat before and thought, “I’d like to pay $5 to be snubbed by dozens more of these milk-gurgling creatures,” then this is the place for you!
If you don’t experience enough rejection by cats in your life, just visit any one of these cat cafés, where you’re get a hearty dose of apathy from dozens and dozens of them at once!
Sex toys can add a lot of pleasure to your relationship, but they can also make your guy feel really insecure about what he’s working with. He may start wondering if what he has is good, or bad or even needs to be there anymore, so it’s important you’re sensitive when whipping out the vibrator. Here’s how to introduce sex toys without turning it into a funeral for his dick.
Don’t bring your vibrator out in a casket.
This one’s a huge no-no. If you don’t want your man thinking sex toys mean the end of his dick’s life, then don’t bring your vibrator out in a casket. That’s a surefire way to make him worry you’re about to swap his dick for your Rabbit, and then bury his dick in the ground. Bring your vibrator out in something normal, like the box it came in, or your hands. That way he’ll understand you’re trying to experiment, not toll the bell for his deceased dick.
Don’t play the funeral march.
Get him in the mood to screw around with your bullet by playing mood music like Sexual Healing. Definitely don’t play the funeral march. Bringing out your teeny-tiny vibrator to melancholic organ music arranged for a funeral procession will only terrify him into thinking that it’s his dick that has died. Assure him it hasn’t by playing strictly non-funeral music, and he’ll feel much more confident that pleasing you with a toy doesn’t mean a tiny hearse is on its way to pick up his dead dick.
Don’t whisper “R.I.P” to his penis.
No matter what you do, don’t whisper “R.I.P” to his penis. This will make him believe you know something about the demise of his penis that he doesn’t. And you don’t! You’re just showing him the magic wand you bought and saying, “Hey, want to use this on my vagina instead of your penis going in and out?” There’s no way he could take that as a threat to the life, or masculinity of his penis unless you get real close and whisper, “R.I.P.” So don’t do that. Maybe say something nice instead, like, “I will let it live for now.”
Men can sometimes feel like using a sex toy means a wake will soon be held for their penises, so reassure your man that’s not the case with these helpful tips. He’ll be much more open to the idea, and grateful you’ve spared the life of his member.


I hear so many people talk about abusive love, or how their first relationship was so toxic that their significant other would scream at them, or that their girlfriend would be so insecure that it caused so much drama in the relationship, and it made me do some serious reflection on what love should look like- because it does exist.
Love looks like the moon; it looks like dancing to classic music under the night sky.
Love looks like passion; love is being unable to complete a meal without wanting to kiss the other person.
Love is knowing what temperature the other person needs their feet to be; it’s turning on the fan before bed and opening a window because you know how hot the other person gets when they sleep.
Love is smiling cheek to cheek at the same time.
Love is taking time to put words on paper; it’s going through the motions of trial and error and still honoring the other persons growth despite if it may cause tiffs in the relationship.
Love is noticing and complimenting each others hands.
Love is compatibility, which a lot of people discredit and don’t take seriously. Love is the connection between common interests. Love is in the TV series, dog breeds, books, the gym, making meals together, and laughing at the same YouTube videos.
Love is friendship, it’s the history, it’s the development of something beautiful over time.
Love is patient; it knows that everything goes through phases. Love has faith.
It’s rare to find someone who both feels like home yet gives you butterflies like kissing someone for the first time; it’s rare to find someone who laughs about the same things as you but you can still go through painful death with them. It’s rare to find your best friend in the body of someone who also wants to kiss your finger tips and wash your body for you when you’re sick.
Love is kind, and sometimes love takes time. Sometimes love honors phases, just like the moon, a little too seriously. Sometimes love doesn’t show up until we are old, sometimes we are born in the same proximity as it.
Just remember that love is sweet, love takes the time to ask questions and make your tea. Love knows how you like your coffee and it makes you comfort baskets on your dark days.
Love is hard sometimes, it takes growth, it takes time, and whole lot of patience mixed with forgiveness.
Love does not yell, it doesn’t make you feel bad for hanging out with your friends, love doesn’t require your attention all of the time.
There is love like this in the world, and it will be here before you know it, but first you must become it yourself. 
O monte galego xa non é o banco de aforros que representaba hai décadas para as familias, pois a perda de valor da madeira reduce os terreos rendibles. O problema afecta incluso ó eucalipto, a especie madeireira que maior rendibilidade anual ofrece en Galicia. Os cálculos elaborados pola Asociación Forestal de Galicia (AFG) para unha […]
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He's staffing up, touring the country, and still drawing record crowds.
Amid a swirl of speculation about Joe Biden, Kamala Harris, Kirsten Gillibrand, Cory Booker, and practically everyone else under the sun as potential Democratic presidential contenders, most of the political class is ignoring the elephant in the room. Bernie Sanders is, by some measures the most popular politician in America, by far Democrats’ most in-demand public speaker, and the most prolific grassroots fundraiser in American history.
If he were 10 or 20 years younger, his absence from a 2020 cattle call held by the Center for American Progress back in May would have been glaring. As things stood, the whisper among everyone in the halls was simply that he’s too old and obviously won’t run.
But make no mistake: Sanders is the real 2020 Democratic frontrunner.
He’s doing exactly what a candidate who fell short needs to do to run a second time. He’s established a national political organization, he’s improved his ties with colleagues on Capitol Hill, he’s maintained a heavy presence in national media, and he’s traveling the country talking about issues.
In subtle ways he’s shifted his policy commitments to the center, making himself a more broadly acceptable figure in the party. At the same time, he’s held on to a couple of signature issues — Medicare-for-all and tuition-free public college — that give him exactly the kind of clear-cut and broadly accessible agenda that mainstream Democrats lack.
Of course, if he were to run and win, he’d be 78 years old, the oldest president on record by some margin. And maybe he won’t run. But his recent moves suggest that he is both interested in the nomination and very much the candidate to beat for it.
By the time it was clear the Sanders 2016 campaign had legs, it was already fatally hobbled. Almost no one believed in the summer and fall of 2015 that he stood any chance of beating Hillary Clinton — and that included Sanders himself. As Patrick Healy and Yamiche Alcindor reported last April, he “was originally skeptical that he could beat Mrs. Clinton, and his mission in 2015 was to spread his political message about a rigged America rather than do whatever it took to win the nomination” and only began to really focus on trying to win when his poll numbers unexpectedly soared in early 2016.
Consequently, labor leaders who sympathized with Sanders’s critique of Clinton didn’t give any serious thought to actually endorsing him. Instead, they used his presence in the race as leverage to extract concessions on issues like the Trans-Pacific Partnership and the Cadillac tax on high-value health insurance plans from Clinton.
And since Sanders was running to raise the profile of his issues rather than to win, he didn’t bother to develop much in the way of answers to foreign policy questions, even though Clinton’s record of support for the 2003 invasion of Iraq and her hawkish instincts were some of her biggest vulnerabilities with the Democratic Party base.
Elected officials were almost uniformly afraid to endorse him, even if their policy views were closer to his than to Clinton’s, and left-of-center think tanks — including ones that are deliberately positioned to the left of mainstream Democrats ideologically — shied away from working with Sanders on policy development, for fear that Clinton’s wrath would destroy them if they did.
A key Sanders edge next time is that he won’t be underestimated. The bulk of the labor movement backed Rep. Keith Ellison’s bid to be DNC chair in the Obama-Sanders proxy war for control of the party machinery. And throughout 2017, Sanders has worked effectively with his fellow congressional Democrats — getting on board with a Russia message that his core supporters don’t love, co-sponsoring a minimum wage bill with Sen. Patty Murray (D-WA), headlining rallies in support of the Affordable Care Act.
The groundwork is laid, in short, for a much more normal primary race in which Democratic Party actors who are close to Sanders ideologically will mostly back him, rather than either backing his opponent or staying neutral, as they did in 2016.
Earlier this year, Sanders — who doesn’t sit on the Foreign Relations, Armed Services, or Intelligence Committees — quietly added to his team Matt Duss, a veteran Middle East analyst known for looking askance at America’s tendency toward uncritical alliance with Saudi Arabia and Israel. It’s a clear sign that Sanders, who had a keen interest in left-wing foreign policy as mayor of Burlington but hasn’t had much of a profile on the issue in Congress, is serious about being able to play competently on the full spectrum of issues.
Sanders also picked up Ari Rabin-Havt, best known in recent years for his Sirius XM radio show but previously an adviser for Harry Reid in his early years as Democrats’ Senate leader.
While Sanders is deepening his team in Washington, his national political organization Our Revolution is diligently working to get Sanders supporters elected to state and local offices. Critically, the list of Our Revolution winners — a group that includes House members, state legislators, state party chairs, and even city council members — is quite ethnically diverse. His camp is aware that 2016’s African-American outreach strategy was flawed in both concept and execution, and he’s setting himself up to be able to count on black and Latino elected officials from all regions of the country as surrogates while also courting national leaders like the NAACP’s William Barber.
Last but by no means least, even while continuing to build his national political organization and to stay in the public eye as the champion of a rising generation of young leftists, Sanders is quietly moving to address party officials’ concerns about ideological extremism.
His June 13 New York Times op-ed, provocatively titled “How Democrats Can Stop Losing Elections,” is perhaps the ultimate expression of post-election Sanders.
It retains the caustic tone toward the party leadership that’s a key source of his appeal to left-of-center voters who dislike Republicans but don’t feel an emotional or intellectual connection to the Democratic Party. And it retains his commitment to the idea that “Democrats must guarantee health care to all as a right, through a Medicare-for-all, single-payer program” — an idea that for years most Democrats (including, at times, Barack Obama, Hillary Clinton, Nancy Pelosi, etc.) have said they embrace in theory but have almost always shied away from proposing in practice.
But on other issue areas, Sanders’s proposals — make the wealthy pay more in taxes, invest in infrastructure, encourage clean energy, create a path to citizenship for undocumented immigrants, reform the criminal justice system — are in line with the party consensus. His primary season demands to break up large banks, ban hydraulic fracturing nationwide, and impose a carbon tax are gone from the agenda. In the wake of the success of “Bernie Would Have Won” as a slogan, Sanders has deeply engaged his base using Medicare-for-all while reconfiguring other elements of his platform into something more moderate than the one he actually ran on and for which a much stronger electability argument can be made.
With Sanders’s strong support of Heath Mello’s ultimately failed bid to become mayor of Omaha, his growing prominence has even become a reed of hope for America’s long-suffering anti-abortion Democrats, who argue with some plausibility that ideological flexibility on this topic is integral to securing congressional majorities.
Meanwhile, once-intractable splits like the war over whether the minimum wage should be raised to $12 or $15 are suddenly getting easier. Sanders and Murray teamed up on a leadership-endorsed bill that would raise the minimum wage to $15 an hour, but not until 2024, by which time inflation should make it about $12 an hour in today’s terms.
Part of what makes Sanders’s softening on a variety of issues work for him is that the 2016 campaign so thoroughly cemented his brand as the true hero of the left, willing to boldly take on the party establishment and say things that nobody else would say. His tendency to continue rhetorically distancing himself from the Democratic Party also helps seal that deal.
But the fundamental glue that holds it together is the ongoing potency of Sanders’s crusade for a single-payer health care system. This is, for starters, the longtime passion of National Nurses United, far and away the most influential interest group to actually back Sanders and an institutional pillar of his ongoing work.
It’s also an issue that speaks directly to key point of frustration between grassroots progressives and the Democratic Party leadership.
Democrats almost all profess admiration for Medicare, and they resist Republican efforts to turn it into a voucherized system for buying private insurance. And when discussing completely abstract policy, they will generally agree that Canadian-style health care systems where the government manages a single insurance pool make sense. Most Democrats even — sporadically, at least — endorse ideas like a Medicare buy-in for older people or a public option in the Affordable Care Act framework.
But they are generally unwilling to stand up and campaign on the idea that Medicare isn’t just worth expanding but worth extending to everyone — generally citing political feasibility as the reason. The call for Democrats to stand up for what most progressives believe in is clear and compelling, and unwillingness to embrace the idea feeds into the assumption that establishment party leaders aren’t quite on the level. Particularly for a younger generation of voters who don’t remember the way big-bang health reform crashed and burned in 1993 and who had their expectations raised and then not quite met by the Affordable Care Act, the idea of Medicare for everyone stands out as an appealingly ambitious but also concrete goal.
The rest of the party, meanwhile, is to a large extent floundering on a policy level — aware that an opposition party should develop a policy agenda, but not exactly sure what it wants to say.
Of course, just because everyone would see Sanders as the frontrunner if he were 60 doesn’t change the fact that he’s 75. Establishment Democrats I talk to simply assume that Sanders is “too old” and won’t run.
And he might be. Certainly, were he to run in 2020, he would be the oldest person to ever secure a major party nomination. At the same time, it’s far from clear that there really is an age ceiling on presidential politics. Donald Trump and John McCain, who were 70 and 72, respectively, when they secured their party’s nominations, did not appear to suffer for their ages in a way that clearly indicates they were pushing some kind of uncrossable boundary.
Older politicians sometimes suffer, as Clinton did in 2016, from a sense that their politics has become outdated. But the Democratic Party as a whole has shifted its ideological footprint substantially in Sanders’s direction over the past 25 years, so in his case, age makes him look prescient.
And for now, at least, Sanders certainly gives the impression of being healthy and spry. He’s active on the national political scene, barnstorming the country for his Our Revolution candidates, performing at rallies, and making the rounds on Sunday television shows.
Nobody inside or outside of his camp denies that he’s older than would be objectively ideal. But the leap from there to too old to run simply isn’t supported by the facts. And while active Clinton supporters after cite the idea that Sanders is too old as an objection to supporting him next time, one almost never hears this from people who supported him last time around — indicating, again, that whatever problems Sanders 2020 would encounter, a sequel campaign would be a stronger force than the original.
Sanders sympathizers who are not necessarily fully bought-in Berners typically feel that the most reasonable arrangement would be for Sanders to stand down in favor of Elizabeth Warren. The pair’s views are regarded in Washington as essentially interchangeable, and it’s widely said by people in Sanders’s circle that he would have supported her had she chosen to run in 2016.
And the Warren option is the more appealing one in many ways. Warren is younger (though not young, per se), she would meet the keen desire of liberal women who work in politics professionally to see a woman in the White House, she’s better liked by wonks as a rigorous policy thinker, and, most critically, she would represent a populist ideological viewpoint without picking at all the scabs from the 2016 primary.
But for people inside the Sanders camp, this is arguably exactly the problem.
Any mass political movement becomes, to an extent, self-referential. Warren, pointedly, did not step up to challenge Clinton even when many party actors wanted her to. And when Sanders did step up, she didn’t back him — opting instead for a studied neutrality. That decision has consequences for how she’s seen by Sanders’s core supporters — they signed up for an idealistic struggle against the party establishment, and she played a cynical game of power politics. And it appears to have influenced Sanders’s personal view of a natural ally. The Atlantic’s Franklin Foer reports that Sanders “peremptorily dismissed me from his office for asking a question about his political relationship with Elizabeth Warren.”
I've asked a lot of folks who they think should run if Bernie doesn't and the most frequent answer is Nina Turner.
— Tim Dotcom (@timothypmurphy) June 11, 2017
Among the Bernie faithful the most frequently named fallback candidate isn’t the well-known Warren or labor-liberal warhorse Sherrod Brown. It’s Nina Turner, a fairly obscure former Ohio state senator who served as an effective surrogate for Sanders during the primary. Turner is a skilled public speaker, she took tough shots at Clinton during the campaign, and she’s a black woman whose prominence in the movement Sanders fans feel ought to rebut allegations that it’s a white male bro-fest.
But a Bernie-backed former state senator from Ohio sounds more like an underdog contender for the state’s 2018 gubernatorial election than like the Democratic Party’s 2020 nominee.
The Democratic Party establishment is, in many respects, in worse shape than it realizes.
Sanders’s insurgent campaign revealed a Democratic Party electorate that is fairly eager to embrace an ideological champion as a progressive counterpoint to the decidedly conservative GOP. The notion of pragmatism continues to carry weight, but having lost control of all three branches of the federal government and blundered to a point where Democrats don’t control the state Senate in New York or the governor’s mansion in Illinois, party leaders’ credentials as strategic masterminds are in question.
Last but by no means least, relying on African-American voters as a bulwark against left-wingery, as Clinton did, is tenuous as black views on economic policy are generally quite left-wing. Democrats now rely heavily for votes on the large — and very Democratic-leaning — millennial generation that lacks clear political memories of the Cold War or the booming neoliberal economy of the 1990s, so “socialism” isn’t a scare word for them, even as it remains unpopular nationally.
Sanders became their champion over the course of 2016 and continues to hold that status now. But while in 2016 he faced a unified — and intimidating — opponent and launched with a ramshackle campaign, today he has a strong national political organization, a proven fundraising track record, and is moving decisively to address his weak points on international affairs, policy development, and minority outreach. Everyone agrees that in a perfect world he’d also wave a magic wand and scrape 10 or 15 years off his age, but that’s not possible. The movement he’s created lacks an obviously more compelling successor, and he continues to be broadly popular with the public.
Predicting the future is a mug’s game. But if Bernie Sanders runs again, he’ll be hard to beat. And as far as one can tell, he’s doing everything you would do to set yourself up to run again.
A few days back, while scrolling through Twitter, I came across a photo of a sight I’d never seen: a plate full of symmetrically-arranged lime segments, sans skin. This naked citrus sat beneath a pool of dim, standard-issue lighting you’d find in any domestic setting.
It's the middle of the night but I cannot stop thinking about peeled limes and how evil and cursed the entire concept of peeling a lime is pic.twitter.com/W2OOV8kGZ4
— ✨ Khoi ✨ (@Exploditorium) June 30, 2017
In the past few days, this mere tweet has collected nearly 24,000 retweets and nearly 60,000 likes as of writing. It's prompted a number of confessions on Twitter, admissions from people who hadn't seen naked limes before. This original tweet inspired a motley of opinions: Some have been peeling their limes for years, topping them with salt and sugar (scraping them of skin doesn’t render them inedible, after all), while others recoil at the sight (“Satan’s margarita,” quipped one epigrammatist on Twitter). The tweets were even aggregated by Twitter itself into what we call a Twitter Moment.
I thought it was fake but it's real y'all: the peeled lime pic.twitter.com/bQ4fOVKG15
— ☁ brittboard (@yungishbrittany) July 3, 2017
so i jus peeled a lime bc i didnt believe twitter pic.twitter.com/lxr5yLPTS3
— •dani• (@ddxni_) July 3, 2017
These numbers speak for themselves: There’s an astonishing number of people who haven’t seen peeled limes before, and I’m afraid that I’m part of this depressingly large demographic. All this in spite of liking the fruit generally more than most people! I suck on limes for leisure, an act others might consider a form of self-flagellation. Call me myopic and unimaginative if you wish, but I hadn’t even thought of peeling a lime before.
If you’ve sworn by peeled limes, now’s your chance to say you were ahead of the game, that you beat the fad. But if you're more like me, take this as a chance to expand your horizons. Steal a moment to savor the beauty of the naked lime. Peel the next lime you see, if you're so motivated.
Do you peel your limes? Please let me know in the comments.

En la Jungla. La fama hay que sudarla en una cola. El casting para la próxima edición de Gran Hermano acaba en tumultos e intervención policial ante la imposibilidad de la productora de atender a todos los aspirantes
El 5 de julio de 1946 el mundo daba la bienvenida al bikini, la prenda de baño femenina con las dimensiones más reducidas habidas hasta entonces. La sociedad se escandalizó, pero no era si no un episodio más en la batalla de las mujeres contra las autoridades de la moral en la playa. Una batalla que se desató a principios de siglo y que ha sido reflejo de la liberación de la mujer hasta nuestros días.
El uso del bikini se remonta a las primeras civilizaciones griegas y romanas, donde las mujeres que participaban en la vida pública lo lucían en encuentros deportivos. De ello es testimonio el mural-mosaico de La Villa Roana del Casale, donde varias atletas aparecen en bikini participando en competiciones.
Con la llegada del cristianismo el bikini desaparece por completo y no es hasta finales del siglo XIX cuando regresa a la vida pública con unos modelos paradójicamente conservadores, por lo menos si se comparan con los que lucían las civilizaciones clásicas.
Nuestra historia comienza en 1886, en Australia. Ese año el mundo daba la bienvenida a Annette Kellerman, una figura trascendental en la lucha por los derechos de la mujer, y sin duda una de las personas claves en la historia del bikini.
Artista de cuna, de padre violinista y madre pianista sufrió durante su infancia un acusado debilitamiento de piernas que tuvo que remediar nadando durante una inmensa suma de horas diarias. Pero lo que en principio fue un diagnóstico fatídico se tradujo con los años en una carrera deportiva y artística extraordinaria.
A los 15 años comienzan las medallas en torneos, medallas que se multiplican sin cesar. En 1902 logra establecer varios récords de natación en las competiciones de Melbourne, y poco después se convierte en la reina e inventora de la natación sincronizada.
Del agua pasa a la gran pantalla e interviene en 1909 en películas como “La novia de Lammermoor” o “El don de la juventud”, “La Sirenita”, “La hija de Neptuno” o “Sirena del mar”, donde por lo general interpreta personajes de nadadora y temas acuáticos.
Escribió varios libros relacionados con el deporte de la natación y emprendió varios negocios relacionados con la alimentación saludable y productos ecológicos en Long Beach, California. Pero sin duda fue la invención del traje de baño de una sola pieza y la defensa del derecho de las mujeres a usarlo de la misma manera que lo hacían los hombres lo que convirtió a Annette Kellerman en un referente fundamental en la lucha por la igualdad de género.
Annete Kellerman luce el traje de baño diseñado por ella
A principios del siglo XX a las mujeres se les prohibía el uso de trajes de baño de una sola pieza, por lo que debían usar también pantalones para nadar o prendas que no enseñaran el muslo más de 15 centímetros (empezando a medir desde la rodilla). En todas las playas había un medidor policía encargado de vigilar que se respetasen estas normas aplicando severas multas a quienes se atrevían a sobrepasar los límites.
Los trajes de baño cubrían brazos y piernas, y cuando se mojaban eran verdaderamente incómodos y pesados para nadar, algo que parecía necesario que cambiara.

El agente Smokey Buchanan controlando el largo del bañador en Palm Beach, 1925
En 1905 la nadadora profesional Annette Kallerman se presentó en el Club de Natación de Londres frente a la familia real británica con un modelo improvisado por ella misma, mucho más ligero, que permitía nadar con mayor facilidad. El escándalo estaba servido y el revuelo fue sensacional. El modelo de Annete se convertía en lo que muchos consideran el primer traje de baño de la historia, y Annette se salvaba por lo pelos de la censura y las autoridades.
Pero dos años más tarde, en 1907, Kellerman fue arrestada en Boston, en la playa de Revere, al lucir sin tapujos uno de sus trajes de baño. El juez dictaminó a su favor al interpretar que el traje tenía un uso exclusivamente deportivo, por lo que permitió su presencia en la playa siempre y cuando éste estuviera tapado hasta entrar en el agua.
El arresto de Annette, la sirena australiana, marcó un punto de inflexión en la carrera por el derecho de la mujer a elegir su prenda de baño. La repercusión del arresto alcanzó niveles mundiales, una repercusión que sirvió para publicitar el traje de baño de una sola pieza y abanderar a Kallerman como un símbolo de la libertad e igualdad de género para las mujeres.
Annette continuó vistiendo sus trajes de baño de una pieza tanto para los eventos de natación como para sus shows de teatro. Diseñó su propia línea de trajes de baño bajo la marca Annette Kellerman y apostó por la defensa de la natación para reivindicar la igualdad entre hombres y mujeres a la vez que la convertía en el arma de emancipación femenina de los pesados y antiguos trajes de baño .
LAS DIOSAS REBELDES DE ILLINOIS DE LOS AÑOS 20
ARRESTOS EN LA PLAYA

Dos bañistas arrestadas en Chicago, Illinois, en 1922

Arresto de una chica en la playa de Chicago, Illinois, en 1922
Concentración de trajes de baño en 1925
El traje de baño había roto el principal tabú y ya era cuestión solo de tiempo el que evolucionase a la par de las exigencias de la sociedad. Del traje de baño de un pieza con mangas y medias de los años 20 se pasó al primer escote en la espalda de los 30 y sus estampados decorativos. Aparecen el látex y el nailon, materiales con los que la prenda va ciñéndose cada vez más al cuerpo mientras el bronceado toma protagonismo.
Con los años cuarenta la evolución del traje de baño va a dar un vuelco. La guerra y la invención del traje de dos piezas marcarán el punto de inflexión hacia el bikini moderno.
Paradójicamente la guerra se convierte en el principal promotor del bikini o del traje de dos piezas en Estados Unidos. La demanda de algodón se dispara y obliga al gobierno a controlar los porcentajes destinados a la producción de bañadores, que se reduce un 10% con la aprobación de la ley L-85. La falta de materia prima y la austeridad de un conflicto bélico cada vez más profundo terminan por aceptar en cierta medida el uso del traje de dos piezas.
Van de Velde, futurista italiano
Evolución del traje de baño en la revista Life





“El nombre de traje sugiere
que en la noche
es más agradable nadar desnudo”
Revista Life
El bikini moderno, también conocido como el átomo, debe su nombre al diseñador francés Jackes Meim y al ingeniero Louis Réard. El debate sobre cuál de los dos es el verdadero inventor del bikini está servido. Lo cierto es que ambos lo promovieron en la misma fecha, 1945-46, en un intervalo de tiempo realmente reducido como para proclamar solo a uno el inventor absoluto de la prenda.
Jackes Main contrató un equipo de aviones
para que escribieran en el cielo la palabra átomo.
Nombre con el que bautizó su bikini en 1945.
De forma paralela veía la luz el modelo de Louis Réard, que lo bautizaba con el nombre de bikini en mención al atolón polinesio donde Estados Unidos llevaba a cabo sus pruebas nucleares. Pensó que el diseño era tan explosivo que generaría en la sociedad una respuesta similar al estallido de la bomba atómica. Su primer slogan decía: “El bikini: una bomba atómica”

Michalle Bardini, 1946
Su bikini era tan reducido que ninguna modelo se atrevió a lucirlo para su presentación. El miedo a una posible respuesta negativa por parte de los medios de comunicación y de la opinión pública hizo imposible que algún profesional de la moda se atreviera a vestirlo. Louis Réard tuvo que contratar a una bailarina nudista de striptease que trabajaba en el casino de París, Michaelle Bernardini, quien el día 5 de julio de 1946 presentó el bikini de Louis Réard al público.
Las medidas reducidas, el ombligo al descubierto y la planta y belleza de la bailarina causaron expectación a nivel mundial. Directamente se prohibieron en países como Bélgica, Italia, Portugal y algunas partes de Francia y Estados Unidos.
En España, en plena bancarrota de la dictadura y con la censura elevada al máximo nivel, el alcalde del pueblo alicantino de Benidorm, Pedro Zaragoza, consigue concertar una cita con Franco para tratar el modelo de negocio del turismo. Tras horas de reunión el dictador aprueba el uso del bikini en Benidorm, que se convierte junto a Marbella en el principal referente turístico de playa donde lucir bikini.
Alfonso Guerra
Actrices como Brigitt Bardort, Marilyn Monroe, Esther Williams o Sophia Loren ayudaron a popularizar el bikini a través del cine, fotografías y revistas. La instantánea de Brigitt Bardort en la costa de Francia durante el festival de Cannes daba la vuelta al mundo en 1953.

Brigitte Bardot, Cannes 1953
Dos años antes, en el certamen Miss Mundo de 1951, coronaban a Kiki Hakansso en bikini. Fue la primera y la última vez, pero ya era palpable la penetración que el bikini tenía en la sociedad, que si bien contaba con una mayoría silenciosa de partidarios era objeto de criminalización sistemática por parte de La Liga de la Decencia.
El uso del bikini se estableció sobre todo en algunos lugares de Francia. Las chicas y las mujeres francesas abanderaron la modernidad desde los años 50 en adelante. Y fueron quienes más disfrutaron de su posibilidad de elección y quienes más lucieron bikini en las playas.
En 1962 la revista Playboy publica la primera portada con el bikini como protagonista principal. Ese día quedaba aceptado en la sociedad americana y en cierto modo a nivel internacional. La fiesta del bikini había comenzado.
Ese mismo año, 1962, Ursula Andress aparecía en bikini saliendo del agua en una escena memorable de la película Dr. No de James Bond. Al igual que la revista Playboy liberaba el bikini en el mundo de la prensa, James Bond lo hacía para la gran pantalla.
El mundo veía cómo el bikini se normalizaba en las playas. El átomo daba la vuelta al mundo y se generaba una industria multimillonaria a su alrededor. Y para el año 1965 era raro no llevar bikini en la playa.
Annette, La Sirena australiana, se despedía desde el fondo del mar el día 6 de noviembre de 1975. Tranquila, en su playa de Australia junto a su marido, nadó hasta el final de sus días consciente de que su trabajo había terminado. El mundo había cambiado.
Chopper Monstter, 5 de julio de 2017. Día internacional del bikini
Van de Velde, futurista italiano

Cartel regulador del departamento de policía de la playa

Michalle Bardini, 1946

Ava Gardner, 1948

Janet Leigh, 1955

Jane Mansfield, 1955

Joan Collins, 1955

Ursula Andress, 1962

Esther Williams, 1969
La entrada EL BIKINI Y LAS DIOSAS REBELDES se publicó primero en choppermonster.
I have never had sex on the Fourth of July, and I feel awful about it. According to a 2015 study from Lovehoney.com, 73.5 percent of 1000 Americans polled said they've boned on the holiday—and a staggering 21 percent have had outdoor sex on the Fourth. What's more, 16 percent of people said they've done it while the fireworks were happening, which, wow, how disrespectful to the majestic spectacle of lights.
Several studies have shown that, in general, people are more inclined to have sex during warmer months, so it makes sense that the summer's hottest, sweatiest, and, frankly, grossest holiday has come to be such an important sex day. Plus, everyone gets drunk.
Read more: The Broadly Guide to Having Sex in Public
"So many people claim alcohol as aphrodisiac of choice, and when it's liberally flowing and the sky is filled with sparkling lights, this is like outdoor foreplay," said Sunny Rodgers, a sex therapist who highly recommends having sex on Independence Day.
Tracy Cox, a sex and relationship expert, told me the holiday offers the ideas conditions for sex, particularly of the semi-public variety. "Celebratory days like the Fourth of July make us feel excited and in good spirits which puts us in the right mood for sex," she said. "You've got time for good conversation, time to relax, to enjoy good food, good wine. You're treating yourselves, splurging—all of this rekindles desire and gets you both connecting again. Sex outside turns tired, routine sex acts into ultra-charged erotic thrills. In the safety of your own home, your partner's hand sliding up your leg feels mundane. Done in semi-public, it's suddenly massively exciting."
Watch: Hazed and Confused: Bros Who Vape Explain Their Passion
Not a lot of people know that Independence Day is a sex holiday. When I asked one man if he'd ever gotten it in on the Fourth, he told me, "The closest I've come to Fourth-of-July sex was watching the fireworks on a rock next to a girl I had a huge crush on." As for me, I've historically focused so intensely on the grilled meat situation that I haven't ever had the time or energy to flirt, let alone orchestrate the logistics of covert lawn intercourse.
When I asked one friend if she'd ever had sex on the Fourth, she couldn't even recall. "I probably have had sex on the Fourth, but for reasons totally independent of it being the Fourth," she said. "So it wasn't memorable."
The closest I've come to Fourth-of-July sex was watching the fireworks on a rock next to a girl I had a huge crush on.
If you, like me and mostly everyone I spoke to, haven't partaken in this seemingly widespread American phenomenon—or at least don't remember specifically if you have—there's hope for you yet. Aubrey Marcus, host of LOVE: Practice Makes The Master, has some tips for outdoor Independence Day boning. Namely: Class it up. And do it in the sunlight, if you can.
"The best tip for sex outdoors is not to do it in a hurry like naughty school kids behind the dumpster at recess, but to find a place where you can get fully naked out in the sun," Marcus said. "The real point of outdoor sex [is] to get back to being pleasure-monkey primates, instead of stressed-out people."
If you do decide to have sex outdoors, be safe about it. Cox suggests taking a few precautions. If you can't find a spot from which to safely bare your entire naked body to the sun, "choose low-risk places and fondle through clothing rather than remove it," she said. "Choose a position you can unwind from in a flash. Alternatively, consider sticking to foreplay and finishing at home."
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If you don't end up getting laid on the Fourth, don't worry—in the grand scheme of holiday fucking, it can't touch New Year's Eve. (From the same Lovehoney.com survey, 44 percent of people said NYE was their favorite holiday to have sex, with just 6 percent saying the Fourth was better than any other.) And it's true: I'm more inclined to have sex when I'm cozy indoors, toasting champagne and watching sentient handbag Ryan Seacrest make jokes, than I am in between rubbing Vaseline on my inner thighs to soothe jort-related chafing.

Si la suerte no hubiera querido que alguien se las topase en la basura, casi 600 piezas arqueológicas arrojadas a un contenedor de obra entre escombros y tablones polvorientos podrían haber acabado en algún vertedero. Y dentro de muchos siglos, si el lugar era excavado, quizás algún arqueólogo se rompería la cabeza tratando de descifrar su sentido, armando de la nada teorías para explicar por qué herramientas de hace 300.000 o 100.000 años aparecían entremezcladas con útiles de hace 9.000, todos procedentes de distintos lugares de España, entre ladrillos del siglo XX. Pero el pasado enero, junto a aquel contenedor ubicado en la Rúa da Paz, cerca del puerto pesquero de Vigo, pasó una pareja curiosa a la que le llamaron la atención entre tanto desperdicio una rocas talladas y etiquetadas con números. Al final de la jornada, la Policía Local acababa depositando unas enormes bolsas llenas de basura y piedras en el Museo Municipal Quiñones de León, y ahí empezaba la trabajosa recuperación de una colección arqueológica "grande" y con "interés científico".
Fue el gran sueño de Manuel Fernández de Sousa, presidente durante más de tres décadas de Pescanova, y la pesadilla de ecologistas y oposición al PP de Fraga, que defendían el espacio natural de cabo Touriñán. Era justo allí, en la esquina más occidental de la Península, en aquel territorio solitario y de indomable belleza donde una punta de tierra se introduce un kilómetro en el océano Atlántico, donde el entonces todopoderoso empresario puso sus ojos para instalar la mayor planta de cría de rodaballo de Europa. Fue también el escenario de una de las primeras derrotas de Sousa, obligado a desistir y a llevarse su proyecto a Portugal, un país en el que se acaba de consumar el final de aquella utopía que derivó en desastre económico.

Tres de los bancos acreedores portugueses del proyecto, desarrollado bajo la marca Acuinova Actividades Piscícolas, han procedido a la venta de la totalidad de las acciones de la empresa portuguesa a Ondas e Versos LDA, que ha asumido la gestión de la misma. Millennium BCP, NovoBanco y la estatal Caixa Geral de Depósitos toman esa decisión casi dos años después de hacerse con el control de la compañía, en concurso de acreedores con una deuda acumulada de 166,64 millones de euros. El negocio que tanto tensionó la política gallega durante años, en un pulso de Sousa con la Xunta bipartita de socialistas y nacionalistas (2005-2009), finalmente no fue la panacea económica que presentaban sus defensores.
Al ahora procesado empresario le había ido muy bien con los gobiernos de Manuel Fraga, con quien le unía una muy estrecha amistad. Sousa nunca dejó de agradecer al fundador del PP que, desde la Xunta, salvara a la compañía en 1995 del intento de compra de la angloholandesa Unilever con 42 millones de euros de la época. Pero hubo más. Una de sus últimas decisiones tras perder los comicios de 2005 fue la aprobación, como presidente en funciones, del Plan Acuícola de Galicia, que blindaba el proyecto de Touriñán ante la llegada del bipartito. Se impulsaba así una enorme piscifactoría de 357.000 metros cuadrados en un paraje virgen de la Costa da Morte, incluido en la Red Natura.

El bipartito que presidía Emilio Pérez Touriño suspendió pese a todo la planta de Touriñán, lo que desencadenó una guerra sin cuartel con el objetivo de torcer la determinación del bipartito. La última gran arma de Sousa parecía un farol, pero no lo era: amenazó con llevarse la planta de rodaballo a Portugal y acabó haciéndolo gracias al apoyo del Gobierno del país vecino, que puso 58 millones de euros en el proyecto y embarcó a su banco público en la financiación. El PP gallego, que ya presidía Alberto Núñez Feijóo, presentó el desarrollo de la factoría en la localidad portuguesa de Mira como "una deslocalización" de las inversiones de una empresa gallega causada por el bipartito.
El de Mira fue un proyecto a la altura de la megalomanía del presidente de Pescanova. La factoría recibió una inversión de cerca de 200 millones de euros, que según Sousa servirían para generar 200 puestos de trabajo directos, 600 indirectos y “muchos inducidos”, unas cantidades que nunca se llegaron a demostrar. En sus 1.800 tanques se criaban un millón y medio de alevines, casi 2.000 toneladas de peces, aunque la capacidad a pleno rendimiento estaba llamada a superar las 12.000 toneladas de pescado. La piscifactoría abarca todos los procesos relacionados con la actividad, desde el crecimiento al procesamiento y al embalaje del producto.
Su inauguración, en junio de 2009, contó con la presencia del entonces primer ministro de Portugal, José Sócrates, y varios de sus ministros. Pescanova metió a un grupo de periodistas gallegos en un autobús y se los llevó 300 kilómetros al sur de la capital gallega para que detallaran en sus medios las bondades del proyecto, en un acto al que asistieron cientos de personas y en el que Sousa ensalzó la “comprensión” del Gobierno luso. La 'conselleira' de Mar, de la Xunta que ya presidía Feijóo, aplaudía por su parte a las autoridades del país vecino por considerar la planta acuícola, situada a pocos metros de una playa, “compatible con la Red Natura”. El empresario no escatimó loas a una piscifactoría que era, aseguró, nada menos que un “referente mundial”, destinada a marcar “un antes y un después en el municipio, en Portugal y en la acuicultura”.

En lo que marcó un antes y un después fue en la trayectoria de Pescanova, que solo cuatro años después solicitaba preconcurso de acreedores, con una deuda de 1.522 millones de euros, ocho veces sus resultados de explotación anuales, un dato que se conoció semanas después de que Fernández de Sousa vendiera la mitad de su participación en la empresa. En ese periodo, Acuinova había provocado ya a la compañía pérdidas por 70 millones de euros, según Pescanova debidas a defectos constructivos y a enfermedades que provocaron una elevada mortandad de los peces.
El lastre se trasladó a la banca acreedora. En enero de este año, Nueva Pescanova forzó la entrada de Acuinova Actividades Piscícolas en el equivalente portugués al preconcurso de acreedores, según explicó entonces con el objetivo de salvar la macroplanta. La intención era negociar con los bancos la reconducción del proyecto, que soporta un pasivo superior a los 100 millones de euros, y que funciona al 30% de su capacidad.
El peso del desastre se ha hecho especialmente duro para Caixa Geral de Depósitos, el banco público portugués, que financió el proyecto con un crédito de 160 millones de euros. Según la prensa del país vecino, la piscifactoría es una de las operaciones “envenenadas” que han lastrado la viabilidad del banco público, al que ha ocasionado un pasivo de en torno a 28 millones de euros, a los que suma otros 3,5 relacionados con Caixa Banco de Investimento.
Con Sousa a la espera de juicio, imputado por diversos delitos —entre ellos los de falseamiento de información económica y de cuentas y uso de información privilegiada—, la confirmación del desastre de Mira llega con una nueva dirección al frente de Nueva Pescanova, que se esfuerza por restar importancia a la pérdida definitiva de la planta acuícola que tanto protagonismo cobró en la política gallega. La compañía que preside Ignacio González Robatto aclara que la venta “no tiene un impacto relevante” para la compañía, ya que era “un activo disponible para la venta y no figuraba dentro de las cuentas consolidadas del grupo”. Cierto o no, no le resta simbolismo al fracaso definitivo de la quimera piscícola de Fernández de Sousa.