Shared posts

28 Oct 12:09

WHO’S A PUNK? / JE SUIS PUNK – The Very Best of British & European Punksploitation

by Mr.Eliminator

 

 

”First came ‘Je Suis Punk”, a collection of unheard French Punk “punksploitation” obscurities (i.e. band’s who were created to – or changed their sound in order to cash in on the burgeoning “punk fad”), and now comes “Who’s A Punk?” – the British counterpart to those finicky Francs. LOADED with razor-sharp riffs and catchy as hell melodies designed to make you pogo your safety pins right off!”

”Absolutely scorching compilations of what is known, alternately, as either “fake punk” or “punksploitation;” in other words, the short-lived practice of putting together a group of seasoned session musicians and asking them to produce a loud and crude punk single in order to quickly cash in on the punk “fad” that was peaking in the late 70s. You would think that this would be a recipe for disaster, but in practice it’s actually great. To me, it’s the best of both worlds; you have people who are seasoned veterans at writing and arranging songs, but you’re asking them to do something very immediate, loose, and off the cuff. So, what you end up with is very well-written and well-arranged songs that are kind of deliberately stupid. What could be better? If you have a Crass tattoo or something I could see finding this whole scene kind of offensive, but if you like a lot of those early British punk groups who were actually around before punk but adopted the look in order to ride the wave of punk’s popularity–bands like the Boys, Slaughter and the Dogs, the Vibrators, maybe even the UK Subs and Cock Sparrer–then you will absolutely love this compilation… there isn’t a dud on it.”

Vinyl rip of these two great unofficial comps with rare UK & French late 70’s early 80’s punk/new wave exploitation gems. Fake punk rules! Do you feel lucky, well, do ya, punk?


12 Oct 09:26

Mitos de la cocina que no deberías creer

by Mikel López Iturriaga

La cocina es terreno abonado para toda clase de mitos, que van de lo más o menos técnico -por ejemplo, que si montas claras o nata no puedes dejar de batir- a lo estrambótico (no puedes hacer mayonesa con la regla porque se corta). Muchos de ellos se mantienen en el tiempo porque nadie se ha parado a cuestionarlos; otros, por la terca negativa de algunos cocineros "tradicionales" a aceptar las evidencias científicas.

Seguir leyendo.

12 Oct 09:16

Nuevo escándalo alimentario: Europa investiga a España por vender atún adulterado

by Beatriz Portinari

Atlantic Bluefin Tuna

La picaresca sigue siendo patrimonio nacional y la Unión Europea nos ha vuelto a pillar. En esta ocasión, el escándalo alimentario tiene que ver con el atún adulterado.

Según ha informado el periódico El País este mismo martes, la Comisión Europea ha reclamado a España que tome medidas urgentes para detener el fraude en el atún, que podría haber intoxicado a centenares de ciudadanos europeos.

Market Fish Pixabay

Fraude del "atún coloreado"

Al parecer, el origen de la intoxicación estaría en los lomos de atún descongelados y vendidos como frescos, que no han sido conservados a la temperatura que marca la ley europea.

Si un atún se va a vender como "fresco" debe ser congelado a menos 18 grados en cuanto se pesca. Pero si se conserva solo a nueve grados bajo cero en salmuera debería dedicarse a conservas enlatadas y no podría venderse como fresco.

Además del fraude al consumidor, el riesgo que implica esta deficiente conservación es la posible intoxicación por altos niveles de histamina.

EL ATÚN SE ADULTERA CON REMOLACHA PARA QUE PAREZCA MÁS ROJO Y FRESCO

Según informa la investigación periodística, estos lomos de atún fraudulentos habrían sido inyectados con extractos de remolacha (entre otros vegetales) para que en vez del color pardo, el interior del pescado sea rojo y parezca más fresco.

A las autoridades europeas les sigue pasmando que después de su aviso y de participar en una inspección a varias empresas que se dedican a comercializar atún en Cataluña, Valencia, Madrid, Murcia, Andalucía y Galicia, aquí no pase nada.

“Agradeceríamos que las autoridades españolas expliquen cómo es posible que después de los resultados de la misión conjunta las empresas sigan vendiendo atún tratado de forma ilegal”, pedían diplomáticamente.

Con este aditivo de remolacha se podría vender más barato un pescado muy demandado para preparar sushi y platos similares, que alcanza un alto precio en el mercado cuando se trata de "atún rojo" de verdad y fresco, de la especie Thunnus thynnus.

El engaño detectado afectaría a unas 25.000 toneladas de atún cada año y supondría unas ganancias de 200 millones de euros, según calcula la Comisión Europea en documentos y cartas a las autoridades españolas a los que ha tenido acceso este periódico", señala El País.

Tuna Pixabay

Aumento de las intoxicaciones alimentarias

Bruselas advierte que al menos dos alertas alimentarias por altos niveles de histamina y "escombriosis" detectadas en Italia y Francia tenían como origen lotes de atún procedentes de España.

Los casos de intoxicaciones han ido en aumento en los últimos años, a pesar del aviso dado a España por las autoridades europeas en octubre de 2016.

Las intoxicaciones no solo se multiplican en Europa. De hecho, solo el pasado mayo se retiraron cerca de 40 lotes de atún en Andalucía por histaminosis provocada por una mala conservación del pescado, según informa Europa Press.

Más de 50 personas sufrieron esta intoxicación, detectada por Sanidad. Los síntomas de la histaminosis se identifican por náuseas, vómitos, cefaleas, picor en la garganta y eritema cutáneo.

Después de los toques de atención europeos, en España solo se ha reducido un 30% la venta del este atún adulterado. La Comisión Europea advierte que si no se toman medidas de control más contundentes podrían restringir su venta en el mercado comunitario.

Imágenes | Facts About | Pixabay
En Directo al Paladar | 13 claves para comprar pescado y hacer sushi
En Directo al Paladar | El ronqueo del atún rojo, un arte milenario japonés

También te recomendamos

Restaurantes y botellitas de aceite, ¿injerencia excesiva o defensa de la calidad?

Los nuevos equipos españoles de eSports que quieren ser el futuro campeón

¿Como afectará el Brexit a la industria alimentaria?

-
La noticia Nuevo escándalo alimentario: Europa investiga a España por vender atún adulterado fue publicada originalmente en Directo al Paladar por Beatriz Portinari .

11 Oct 13:41

What Is Curry, Anyways?

by Alex Delany
Well, what curry is depends on where it's coming from and how it's used. Here's a quick breakdown of the types we come across most often.
06 Oct 00:14

O canteiro asasinado por liderar aos 50 obreiros que quixeron conquistar Santiago

by Redacción

Xohán Xesús González Fernández, naceu en Sebil, parroquia de Cequeril, o 9 de novembro de 1895 e finou en Santiago de Compostela o 12...

Por Redacción

06 Oct 00:12

Elixio Vieites: “Ponte Maceira foi escenario de dúas grandes batallas medievais”

by Xurxo Salgado
Ponte Maceira - Ames

Elixio Vieites, investigador, divulgador e activo integrante de Patrimonio Galego, será o encargado de dirixir a terceira andaina de Rutas de Historia , entre os...

Por Xurxo Salgado

04 Oct 01:25

‘Giant Days’, las chicas toman la universidad

by Elizabeth Casillas

Empezar la universidad es lo más parecido que hay en esta vida a hacer un reset: es el momento de amoldarse a la rutina universitaria, hacer nuevos amigos y plantarse ante un montón de tocapelotas. Un camino duro que por norma general recorremos solos y donde el único consuelo que encontramos es que todos estamos igual. Así que sí, se podría decir que Esther, Susan y Daisy, las tres protagonistas de Giant Days (Fandogamia, 2017), la serie escrita por John Allison y dibujada (en este primer volumen) por Lissa Treiman que publican en Estados Unidos desde 2015 en Boom! Studios, han tenido mucha suerte al convertirse en BFF en apenas tres semanas.

Esther de Groot, Susan Ptolemy y Daisy Wooton son amigas desde que les fueron asignadas habitaciones contiguas en la residencia universitaria a la que acaban de trasladarse en Inglaterra. Desde entonces están condenadas a entenderse a pesar de sus caracteres diversos: Esther, reina del drama; Susan, el azote del sentido común y Daisy, la ingenuidad personificada. Sin embargo, han encajado como piezas de un mismo puzle en esta nueva vida que les toca tras abandonar sus hogares por primera vez. Puede que, a priori, pequen de estereotipadas, pero las tres amigas resultan cautivadoras y sus egos compensados. Enfrascadas en la ardua tarea de salvar a Esther de sus dramas continuos mientras se acostumbran a su vida universitaria, las chicas se enfrentan en este primer volumen de la serie a descubrir el pasado de Susan y su relación con «el chico nuevo», enfermedades altamente contagiosas y, por supuesto, a sus archienemigos: los artífices una web machista llamada Turbotitis.

Giant Days cuenta con todas las características de una sitcom televisiva y sobre la viñeta funciona perfectamente: personajes limitados –las tres protagonistas se rodean de otros personajes recurrentes como el cándido compañero de clase Ed Gemmell–, un único decorado, la universidad, historias autoconclusivas y tramas secundarias que se van cruzando. En resumen, una comedia de situación que mantiene un ritmo fresco y un humor natural, propio de esta época, que huye de convencionalismos o de lo políticamente correcto. Hay drogas, alcohol, denuncias de sexismo en los campus, fiestas universitarias y también diversidad sexual. ¡Ya era hora!

Las otras chicas

Giant Days pertenece así a esa nueva remesa de grapas protagonizadas por chicas que están conquistando no solo a su público objetivo, el lector juvenil, sino también a aquellos que cumplieron los veinte hace ya unos cuantos años. Quizás, en parte, porque era lo que nos hubiese gustado leer en aquella época y no fue posible o simplemente porque la calidad tanto de guión como de dibujo está a la altura. Dentro de esta nueva ola también encajarían Leñadoras (Sapristi, 2016) de Noelle Stevenson, publicado por el mismo sello que Giant Days en Estados Unidos, cuyas protagonistas son cinco amigas que pasan su verano en un campamento y que, gracias a la ciencia, superar desafíos y misterios paranormales; o Paper Girls (Planeta Cómic, 2016) de Brian K. Vaughan y Cliff Chiang, una serie juvenil en la que cuatro repartidoras de periódicos sufren un extraño incidente la noche de Halloween de 1988. La amistad entre mujeres que no sólo hablan de hombres es un género en alza que por fin viene a llenar un espacio que llevaba mucho tiempo vacío. Demostrar, también a través del cómic, que otro tipo de relaciones más allá de las estereotipadas es posible es una misión que tanto Allison como Stevenson o K. Vaughan están logrando y es de agradecer, sobre todo cuando tintes fantásticos, humor y la justa medida de nostalgia pop se agitan para hacer unos productos tan placenteros. No es de extrañar, entonces, que todas estas series se mantengan aún vivas y en plena forma.

03 Oct 00:16

La mamada POV no es lo que piensas

by Pinjed
La mamada POV no es lo que piensas

De Teacher of Magic ya hemos hablado hasta en dos ocasiones (aquí y aquí) en las que hemos tenido a bien idolatrar sin mesura sus tremendas...

29 Sep 06:21

[Todos a una] Suave suave su-su-suave: Celebramos 10 años de ‘Muchachada Nui’

by Canino

El salto definitivo al mainstream de la tropa manchega de La Hora Chanante se dio con el salto a la televisión nacional y una nueva denominación. Hace diez años de aquello y sus tics, latiguillos y personajes han calado a fondo en nuestra cultura pop y han influido en el humor español con un impacto inabarcable. Homenajeamos a Muchachada Nui seleccionado algunos de sus mejores sketches.

Joaquín Reyes, Raúl Cimas, Ernesto Sevilla, Carlos Areces y Julián López fueron el núcleo duro de un grupo de humoristas que combinó con fortuna poco habitual costumbrismo extremo y extravagancia al once. En tiempos en los que Internet no estaba tan masificado, al menos no con los usos que le damos ahora, Muchachada Nui fue capaz de convertirse en viral y generar memes a una velocidad de espanto. Ahora, diez años después, con sus responsables cultivando cada uno su propia y distintiva personalidad, podemos calibrar la influencia e importancia de Muchachada Nui. Lo hacemos seleccionando algunos de sus mejores sketches. ¡Vamos, Robert, sal a bailar, que tú lo haces fenomenal!

Los Osos

Uno de los mejores sketches de la serie de televisión de los Monty Python presentaba a Eric Idle leyendo un cuento infantil. La narración, tan tonta como conocida (“Había una vez un pequeño bosque…”), acababa en historias de prostitución, venta de contraceptivos  y sexo con melones.

Más ligero, más divertidamente tonto, fue este clásico de Joaquín Reyes y compañía que mezcla una salida del armario con osos de felpa. De nuevo, el discurso infantil se subvierte por la introducción de un elemento ajeno a él: un adolescente homosexual. ¿Crítica velada al conservadurismo o celebración tonta, tontísima, del contraste entre un mundo imaginario y la realidad social? Ni idea, vaya, pero lo cierto es que la broma tuvo fortuna y contó con varias secuelas, estirando todavía más el chiste.

Esto resultó una buena idea: la unión original de elementos contrarios (¿o no?), series infantiles y heterodoxia sexual, seguía siendo divertidísima al añadirse osos sadomaso o embarazos no deseados. Especialmente con la pertinente guinda del pastel: las expresiones manchegas de Ernesto Sevilla coronadas con uno de las mejores punchlines del humorismo español: “Pues ya me he desvelao”. Julio Tovar

Tertulianos

Es bastante hardcore echar la vista atrás y descubrir que, en realidad, solo han pasado diez años. ¿Solo han pasado diez años? ¡Solo han pasado diez años! Tómalo como quieras, pero en todo ese tiempo hemos cambiado una burrada: te has casado, has tenido hijos, has plantado árboles o puede que hayas escrito un libro.

Muchachada Nui fue un hito que estuvo tres años en antena con 52 programas que recogían lo aprendido en La Hora Chanante y lo pulían para obtener como resultado el mejor show de humor de la historia de la televisión nacional.

En realidad esto seguía siendo la misma Hora Chanante de siempre, pero problemas con los derechos del nombre obligaron a los (casi) Monty Python de Albacete a cambiar el título del programa.

Si tengo que elegir un sketch me quedo con este. Primero porque soy asturiano y segundo porque se adelantó unos años a La Sexta Noche, a Eduardo Inda y a Paco Marhuenda. Kiko Vega

El sketch del médico

En aquellos maravillosos años en los que la gente todavía compraba películas en DVD porque aún no existían plataformas que por una módica cantidad al mes te decían lo que tienes que ver, y en aquel mágico período para la comedia española en el que el término posthumor todavía tenía sentido, Muchachada Nui acababa de arrancar su primera temporada en una cadena nacional y emitía, en su cuarto capítulo, este fantástico sketch que homenajea el singular mundo de los extras del DVD.

Ya hubiera sido algo curioso si simplemente se hubiera quedado ahí, en crear un buen sketch con algo tan cotidiano como un menú interactivo, pero Muchachada Nui siempre ofrecía más, siempre iba más allá. En esta ocasión parte de un sencillo chiste de juego de palabras (“¿Es grave?” – “No, es grava”) digno del mejor cómico de No te rías que es peor, un chiste que al parecer el propio Ernesto Sevilla contaba desde que tenía diecisiete años, para desarrollar una compleja pieza compuesta por varias capas de magnífica comedia que funciona en cada uno de sus niveles: desde el humor absurdo a la parodia de las viejas glorias. Perra de Satán

El juicio del roncarol

Las continuidades del programa, siempre protagonizadas por el personaje parodiado en el Celebrities de la entrega anterior, desarrollaban historias que servían de hilo conductor para las diferentes secciones; en ocasiones, los resultados eran verdaderas joyas, superiores a las parodias iniciales. Recuerdo como momentos estelares el homenaje a Twin Peaks protagonizado por Miguel Induráin, o ese remake de El crepúsculo de los dioses con Darren Aronofski y Mickey Rourke. Pero, de todos ellos, escojo el el apoteósico Juicio del rocanrol, una sátira de la escena del rock español en la que Enrique Bunbury (Joaquín Reyes) acaba en la cárcel oncarol por morderse los carrillos cuando le enfocan en primer plano y dejar que Raphael cante sus canciones.

Todo está en su sitio en este sketch: el parque convertido en una cárcel implacable donde te dan bebidas isotónicas y los pájaros te despiertan al amanecer, los medidísimos diálogos que mezclan las más reconocibles expresiones chanantes con puyas en el punto medio exacto para no caer en la crítica fácil, sin perder acidez.  De todo el desfile de rock stars no sé si quedarme con el brutal Rosendo de Julián López  o con el hierático Loquillo de Raúl Cimas que Bunbury confunde con Francisco. Toda la pieza está llena de momentos gloriosos y frases para el recuerdo, pero el apoteósico final, con el duelo entre Bunbury y Jaime Urrutia (Ernesto Sevilla) es insuperable. “En España no somos tan buenos haciendo riffs pero valoramos la amistad”, le dice Loquillo a un Keith Richards (Aníbal Gómez) que preside el duelo, saluda con dos besos y está impaciente por irse a comprar cartuchos para la impresora: tremendo. Gerardo Vilches

Macaulay Culkin y demás niños prodigio

La desternillante pandilla albaceteña siempre ha sabido explotar las caras B de la vida. Esa suerte de personajes, episodios o, en general, referentes culturales, que resuenan en la psique de aquel freak con tendencia al síndrome de Diógenes cultural. Amplio abanico éste en el que caben leyendas urbanas, personajes delirantes o momentos de la infra-historia cultural hispana, y más allá. Una lista que abruma por lo extensa, y que se presta a salpimentar muchas conversaciones livianas.

Los Reyes, Sevilla, Cimas, López y compañía, como apuntábamos, han sabido sacar rédito a este tipo de fenómenos culturales, rescatando del ostracismo a todo tipo de personajes, basando su caracterización en la época menos estéticamente perdurable de éstos. Aquella etapa que daña los ojos de propios y extraños, y que casi supone una afrenta para personajes como Madonna, Manu Chao, Loquillo, Boy George y un largo etcétera de personajes que han tenido momentos de dudoso acierto estético, fuere en lo ornamental o en lo comportamental.

El sketch en el que caracterizaban a antiguos niños prodigio, finalmente convertidos en juguetes rotos, como Macaulay Culkin, Joselito, Screech y Marilyn Manson, es un buen ejemplo de lo apuntado. Un encuentro en forma de terapia, rabiosamente variopinto, que hará las delicias de cualquier alma perteneciente o cercana a la Generación X. El sketch cuenta con varios momentos llenos de inteligencia y sarcasmo que sirven como homenaje velado a la imaginería del español de a pie; aquél que desarrolla parte de su educación en la calle.

La práctica totalidad del minutaje deviene pequeña obra de arte en sí misma, pero el sketch bifurca su clímax en dos momentos de muchos quilates humorísticos. Por un lado está la entrada tardía de Marilyn Manson (cómo les gusta a los chanantes humanizar sus personajes con detalles tan mundanos como el llegar tarde), con la consiguiente retahíla de referencias a leyendas urbanas mayormente surgidas en los años noventa. Por otro lado, y como colofón, está la irrupción de los padres de Macaulay Culkin, momento libérrimo en el que nuestros manchegos favoritos dan rienda suelta a su creatividad sacando a relucir su fino, afilado sentido del humor.

Momentos televisivos nunca antes vistos (difícilmente repetibles, además), que nos recuerdan que la obra de estos antiguos estudiantes de Bellas Artes de la Universidad de Cuenca, es parte esencial del humor y la cultura popular cañí, del mismo modo que lo fueran Martes y 13 en los ochenta, o Faemino y Cansado en los noventa. Ahí es nada. Daniel González

Tontili y Monguili: The tarter

Carlos Areces se ha establecido como un actor brillante que es capaz salvar cualquier película, pero antes nos regalaba también muestras de su genialidad como guionista. Dejando a un lado su sección en El Jueves, Ocurrió cerca de tu casa, o su inolvidable serie animada dentro de Muchachada Nui, Los Klamstein, existe una pequeña joya que merece la pena recordar. En The tarter, Joaquín Reyes y él se travisten como dos hermanas gemelas adolescentes que protagonizan un survival horror de la tontuna. Los aciertos están en los pequeños detalles, como Monguily (o Monguili) saltando por encima de Tontili para salir de la cama, o utilizando los patines que nunca se pone (“¿Cómo que no?“), pero también en ese gran final con un deus ex machina​ llegado desde la Segunda República. Y todavía no sabíamos que lo mejor estaba por llegar: en Retorno a Lilifor las visitaba su prima Gilipich. Pablo Vicente

Robert Smith en la villa de los rockeros muertos

Qué tendrán los pelucones imposibles que nos enamoran. Pues incluso si obviáramos los muchos descubrimientos de éste gag largo tan intrincado y lleno de descubrimientos, desde ese Michael Bolton vagando como un fantasma por el pueblo en busca de amigos hasta Robert Smith arrancándose a bailar suave como una palmera o el hecho de convertir a todos los rockeros muertos en gente muy campechana (y cuñada), ya sólo la caracterización de los personajes, ridícula y sin pretensión alguna de respetar el carácter parodiado más allá de la identificación estética -dicho de otro modo, la risa provocada al grito de “¡Es Robert Smith! ¡Me troncho!“-, hacen de éste un ejemplo perfecto del humor de Muchachada Nui: algo idiota, muy deslavazado y castizo de un modo que lograba parecer irónico y moderno. Algo infinitamente más fácil de decir que de hacer, como hemos visto en la incapacidad de tantos humoristas posteriores de imitarlos sin palidecer por comparación. Incluso por la imposibilidad misma de repetirlo de algunos de sus implicados. Porque al final, el gran truco de Muchachada Nui no era ni el humor ni la inteligencia: eran esos pelucones imposibles. Álvaro Arbonés

Le llaman conejo

Hay tanto positivo que hablar de Muchachada Nui que aquí andamos varios redactores, a vueltas. Y aún así, sorprenden dos cosas: lo poliédrico que podía ser aquel show y que se emitiera en una televisión pública.

Una de sus muchas cualidades era la de sacar un chiste tonto y llevarlo hasta sus últimas consecuencias. O juntar dos y sacar una pieza tan extraña como esta: uno casi supone que todo está construido como el desarrollo de dos chistes, uno visual al principio, con el shock que supone ver al conejo por primera vez en la entrevista, y luego audiovisual y nostálgico, respecto al gag-homenaje a Roger Rabbit.

Pero va más allá, con ese drama trilladísimo que, a base de retorcer el punto de vista, consigue sonar como nuevo.

Y por eso Muchachada fue un programa tan vital y subversivo: porque en una cadena pública demasiado acostumbrada a favorecer el punto de vista positivo y centralista, que en los márgenes del humor alguien recordara asuntos como estos evitaba que nos olvidáramos. Diez años después, por desgracia, el hueco que ha dejado el programa es demasiado grande y el ecosistema que lo originó se ha dinamitado, otra tragedia que no cabe en este especial… a menos que estuviera protagonizada por el conejo. Adrián Álvarez.

El monologuista mierder

-Esto no es un chiste, es un monólogo

-O sea, que no hace gracia.

Ese es el arranque de una árida y bastante aguda disquisición sbre los mecanismos del humor entre Raúl Cimas y Ernesto Sevilla (“Pero lo que no entiendo es por qué me tiene que hacer gracia si nos pasa a los dos”) que demuestra que por mucho que fingieran no entender los resortes de lo que los hacía tan grandes, los Chanantes eran unos estudiosos (intuitivos, si se quiere, pero estudiosos al fin y al cabo) de sus propios mecanismos. Por eso saben que la única manera de acabar un sketch sobre stand-up comedy es vestir a Carlos Subterfuge con su paradigmático disfraz de demonio de Todo a Cien y acabar la función a lo descartes malasañeros de Carretera Perdida. Los Chanantes, catedráticos de la risa, sabían bien, que no había mejor punchline que tirar millas. John Tones

¿Te ha gustado este artículo? Puedes colaborar con Canino en nuestro Patreon. Ayúdanos a seguir creciendo.

La entrada [Todos a una] Suave suave su-su-suave: Celebramos 10 años de ‘Muchachada Nui’ aparece primero en Canino.

29 Sep 06:15

[Guía de iniciación al manga (III)] El shojo – Desde el Grupo del 24 hasta ‘Sailor Moon’

by Álvaro Arbonés

Continuamos con nuestra guía de iniciación al manga con una entrega que se centra en el género más ninguneado del manga: el shōjo. Sobre todo en el shōjo clásico y las magical girls, pero también hablaremos de lo que vino antes y después dentro del género.

Si al manga se le ha solido acusar de ser violencia sin sentido, aún más se ha utilizado el argumento de que no son más que historias románticas sin pies ni cabeza entre personajes de ojos desproporcionados. Y si bien lo de los ojos es cierto a medias —salvo casos excesivos, no están desproporcionados: son así de grandes para transmitir mejor los sentimientos de los personajes—, en lo otro hay una problemática esencial que no cabe pasar por alto. No cuando esas historias románticas pertenecen a un género que, por lo general, suele reducirse a mucho menos de lo que es: el shōjo.

‘La familia crece’, de Wataru Yoshizumi

 

Shōjo, literalmente “chica joven”, como en el caso de shōnen, es una clasificación demográfica que determina a quien está dirigido una determinada clase de manga. En este caso, chicas jóvenes de entre ocho y catorce años. Pero si bien ese es su origen, como clasificación de a quién va dirigida la revista en la que se publicaban estos mangas, el término ha acabado dando nombre a cualquier obra producida por mujeres que no esté claramente enfocado o bien a adultos o bien a lo que se considera tradicionalmente historias propias para un público masculino. Algo sangrante porque hace parecer que el ser mujer y específicamente niña tiene algo de excepción. De ser lo otro.

Algo que se potencia por el hecho de que, históricamente, el shōjo se ha considerado un género menor en comparación al shōnen. Y si bien es cierto que en Japón se ha ido reconociendo en los últimos tiempos la importante labor de las autoras de shōjo, en occidente todavía existen muchos prejuicios al respecto. Vamos a intentar darle solución aquí.

El grupo del 24 a la luz de Mōto Hagio. El shojo que parece venido del futuro

Aunque el genero tenía ya una rica historia antes de entonces, es imprescindible pararnos específicamente en los años setenta. Con el manga ya empezando a despuntar en su forma moderna, intentando ir más allá de esa idea de mero entretenimiento para niños, hubo un grupo de autoras que, desde el shōjo, intentaron abordar temáticas más complejas de las que se habían venido desarrollando hasta el momento. Temáticas como las diferencias de género, la sexualidad o la identidad. Y, a diferencia de la inmensa mayoría de sus compañeros varones, no sólo les interesaba reflexionar sobre esos aspectos en su raigambre netamente femenina, sino que también les interesaba profundizar en esa identidad masculina que con tanta fruición había evitado intentar deconstruir el grueso del shōnen.




A estas pioneras del manga clásico se les dio el nombre de Grupo del Año 24, o Grupo del 24, ya que todas nacieron alrededor del año 24 de la era Shōwa, es decir, alrededor de 1949.

Dado que es difícil determinar exactamente quienes son los miembros de este grupo, ya que las únicas condiciones para pertenecer a él es haber publicado en los setenta, haber nacido alrededor de finales de los cincuenta y ser mujer haciendo shōjo, intentaremos hacer una panorámica entre aquellas que han tenido mayor relevancia no sólo en su época, sino también aún hoy en día.

Y para empezar, nadie mejor que Mōto Hagio.

‘La familia Poe’, de Mōto Hagio

Autodeclarada fan de la ciencia ficción americana de los cincuenta, sus primeros trabajos oscilaron entre la muy relativa ortodoxia shōjo de la época -es decir, historias románticas donde tiene más peso la tragedia familiar que el romance en sí-, con Ruru to Mimi (1969), y los comienzos de lo que hoy conocemos como boys love, el género de romance homosexual entre hombre generalmente jóvenes, con 11-gatsu no Gymnasium (1970-1971). Y si bien es cierto que fueron éxitos notables, aún hoy apreciados por la delicadeza de su trazo, lo detallado de sus diseños y lo espectacular de sus composiciones -especialmente considerando que sólo tenía veinte años a la publicación de la primera de sus obras-, hoy en día se considera que su primera gran obra como tal no llegaría hasta tres años después de su debut. Cuando, en la hoy mucho más ortodoxa Betsucomi, comenzó a publicar La familia Poe (1972-1976).

En esta historia seguimos las desventuras de Edgar y Marybell Porsnell, hijos ilegítimos del aristócrata Earl Evans, que serán abandonados en el bosque por su madrastra y, posteriormente, adoptados por la familia Poe cuando Hannah Poe, por un afortunado giro del destino, acabe por encontrarlos. Afortunado al menos hasta que, a los catorce años, Edgar descubra la horrible verdad detrás de la familia Poe: que todos ellos son vampiros. Algo que cambiará radicalmente su vida y la de su hermana. No necesariamente para mejor.

Siguiendo los usos de la novela decimonónica, el estilo folletín del manga contemporáneo se ajusta como un guante a una historia donde el tono predominante es la tragedia y un preciosismo lánguido que remite al romanticismo europeo más oscuro. Algo que, no por accidente, compartirán gran parte de las integrantes del Grupo del 24.

‘A Cruel God Reigns’, de Mōto Hagio

Alternando la publicación de La familia Poe con la de El corazón de Tomás (1973–1975), una historia trágica de amor homosexual inspirada en Les amitiés particulières , novela de Roger Peyrefitte y posterior película de Jean Delannoy muy popular entre los sesenta y setenta, fue capaz de alternarlo todo con la publicación de su primera historia de ciencia-ficción, otra de sus obras maestras canónicamente aceptadas por la crítica y única manga disponible de la autora en el mercado español: ¿Quién es el 11º pasajero? (1975–1976).

En su examen final para ingresar en la Universidad Estelar los diez candidatos del grupo 22 deben superar una prueba en la que deben sobrevivir encerrados en una nave a la deriva que orbita alrededor de un planeta deshabitado. Si alguno de ellos renuncia, todo el grupo suspenderá. Algo que se demostrará especialmente problemático cuando, tras no hacer demasiado caso en la reunión previa a embarcar en la nave, en el momento de hacerlo descubran que en el grupo en que deberían ser diez personas en realidad son once, todos ellos afirmando ser miembros legítimos del grupo y sin que nadie pueda recordar quién no estaba presente antes de abordar la nave.

Con un perfecto control de la tensión y cargando tintas no sólo en el drama, sino también en sus momentos de acción, esta es una de las mejores obras de Mōto Hagio. Al menos en lo que respecta a sus orígenes.

‘¿Quién es el 11º pasajero?’, de Mōto Hagio

Puesto que sigue en activo y que su obra se extiende a lo largo de más de más de cuarenta años, es imposible resumir aquí toda su carrera. Hagio se merecería todo un artículo exhaustivo sólo para ella, pero para lo que nos concierne aquí, quedémonos con lo importante: ella es, junto con el maestro Osamu Tezuka, la persona que ayudó a asentar narrativa del cómic japonés. Por eso resulta tan problemático que se la publique tan poco ya no sólo en nuestro país, sino tampoco en los países de nuestro entorno, demostrando una vez más como los lamentables olvidos de la historia siempre parecen cebarse especialmente con las mujeres.

Más allá de Hagio. Francia, homosexualidad y ciencia-ficción

Aunque habrá quien crea que Hagio debió ser una afortunada excepción o que corresponde a la heterodoxia en la imagen que tenemos del shōjo la verdad es que ese no es el caso. Otras autoras siguieron sus pasos, y fueron incluso más lejos que ella.

Tras unos inicios donde abrazó con pasión el subgénero del boys love siguiendo la lógica de la época -es decir, tratando relaciones turbulentas plagadas de homofobia, violencia y consumo de drogas- en la aún hoy considerada su obra maestra, The Poem of Wind and Trees (1976–1984), Keiko Takemiya fue una de las primeras autoras que buscó activamente combinar los tropos del shōjo y del shōnen. Es decir, que era posible escribir historias capaces de interpelar a ambos sexos por igual. Algo que demostraría de forma intachable en sus obras de ciencia-ficción.

‘Toward the Terra’, de Keiko Takemiya

Con la reconocida influencia de Shotaro Ishinomori de su lado y una pasión desaforada por Europa, obras como Toward the Terra (1977–1980) y Andromeda Stories (1980-1982), esta segunda guionizada por el escritor Ryu Mitsuse, son hoy considerados clásicos de la ciencia-ficción a la altura de Mobile Suit Gundam o Kamen Rider, algo a lo que contribuyó que Toward the Terra volviera a ser adaptada al anime, con no poco éxito, en 2007.

Y es que, premiada con la medalla de honor con lazo púrpura del gobierno japonés por sus contribuciones al manga en 2014, Takemiya es hoy considerada una de las mangakas más distinguidas de su generación.

De hecho, en cierta medida, Hagio y Takemiya abrirían la puerta a otras autoras. Porque si algo tienen todas en común, además del interés por las ambientaciones históricas (en particular, del siglo XIX) y una estética donde abundaba un trazo más fino y delicado que el de sus equivalentes masculinos, es su interés en explorar la sexualidad masculina. Especialmente en lo tocante a la homosexualidad.

‘Mari to Shingo’, de Toshie Kihara

De obra extensa, pero poco conocida fuera de Japón, Toshie Kihara sería una de las pioneras del boys love con Mari to Shingo (1979–1984), la historia de un romance entre dos hombres a principios del siglo XX. Con un trazo mucho más sencillo que las otras autoras nombradas, pero con una particular sensibilidad para el uso del color y la luz, especialmente en sus diseños de ropajes históricos, su mayor aportación al manga ha sido, más allá de la ilustración histórica, sus historias de romances entre hombres. Incluso si el tema que más ha tratado, aunque nunca con tanta fortuna, haya sido el histórico.

Algo similar ocurre con Yasuko Aoike. Si bien se ha mantenido más o menos presente a lo largo de los años gracias a sus shōjo románticos, donde realmente destacaría es en una historia que oscila entre la aventura, la comedia y el boys love, con clara inspiración en James Bond (si James Bond fuera un chulazo abiertamente gay de pelo estupendo): From Eroica with Love (1976–2012), obra de publicación inconstante que se cerró tras treinta y seis años y treinta y nueve tomos en 2012 con un notable fandom tanto en Japón como en países de habla anglosajona. Algo que no se ha traducido en apoyo por parte de las editoriales extranjeras, tal vez por su extensión o su forma muy sui generis de imitar los usos de la objetificación femenina en la ficción aplicados, de forma consistente, con todos los personajes masculinos de la obra.

Para concluir con el repaso del Grupo del 24 es necesario nombrar a la autora más conocida del grupo. Porque si hay una autora japonesa que puede jactarse de ser tan conocida dentro como fuera de Japón, esa es Riyoko Ikeda.

‘La rosa de Versailles’, de Riyoko Ikeda

Autora de numerosas obras de época, con particular interés en la revolución rusa y francesa, apasionada de Europa y amante de los protagonistas andróginos hasta rozar la absoluta imposibilidad de distinguir su género, es autora desde una adaptación de El anillo de los Nibelungos (2000) de Richard Wagner hasta un manga tan popular y bien conocido como La rosa de Versailles (1972-1973). Algo a lo que habría que sumar otras obras de gran calado, como The Window of Orpheus (1975-1981), una epopeya trágica que reinventa la historia de Orfeo y Eurídice con la revolución rusa de fondo, o Eroica – The Glory of Napoleon (1986-1995), secuela de La Rosa de Versailles que seguiría los triunfos y desdichas del imperio napoleónico.

Toda una pequeña gran panoplia de obras que sintetizarían, en este caso sí, la idea que se tiene en occidente del género: grandes pasiones, alma de folletín, ojos grandes y, escapándose de los limitados prejuicios contemporáneos, una obsesión particular por la historia francesa muy extendida entre los japoneses del siglo XX.

El shojo antes del 24. Pioneros (olvidados) del género

‘Kurukuru Kurumi-chan’, de Katsuji Matsumoto

Con todo esto hemos de considerar que lo que hizo el Grupo del 24 es popularizar el shōjo. Llevarlo a nuevos terrenos introduciéndose en toda clase de géneros, haciendo de la temática homosexual algo de lo cual se podía escribir e intentando cosas diferentes a lo que hasta entonces se había estado haciendo, su mayor logro fue conseguir que el shōjo tuviera una mejor consideración. Intentaron cambiar la imagen para que, incluso si seguía considerándose un género menor, al menos no fuera completamente ignorado como se hacía hasta entonces.

Ahora bien, ¿qué imagen se tenía del shōjo? Aquella que fueron cultivando, casi sin querer, sus padre fundadores. Algo infantil, aniñado, puro y cursi para los estándares actuales.

‘Kurukuru Kurumi-chan’, de Katsuji Matsumoto

Katsuji Matsumoto, considerado padre de la estética shōjo, fue un ilustrador japonés cuya carrera despegó a partir de los años veinte gracias a un par de mangas: The Mysterious Clover (1934) y Kurukuru Kurumi-chan (1938-1940/1949-1954) que, a pesar de su estilo sencillo y que hoy asociaríamos con la ilustración infantil, logró un notable éxito entre sus coetáneos. Tanto es así que, antes de pasarse a la, efectivamente, ilustración de libros infantiles en los años cincuenta, tuvo tiempo para que Kurukuru Kurumi-chan tuviera dos reencarnaciones bien distintas: una antes de la guerra, más estilizada y absurda, y otra posterior a la guerra, donde los personajes se volvieron aún más estilizados y el tono de comedia se convirtió en mero slapstick, siendo ésta la que tendría continuidad en obras similares.

Con personajes canónicamente kawaii, cierta tendencia hacia dulces paletas de colores pastel y líneas rectas, de grosor variable, pero con mucho movimiento gracias a un sentido muy afinado del dinamismo de la figura, su obra de los años treinta podría considerarse el primer referente indiscutible ya no sólo del shōjo, sino también del manga. Algo que terminaría de concretar cuando adoptara como alumna a Toshiko Ueda.

Considerada la madre del shōjo, su obra más famosa es Fuichin-san (1957-1962), donde continuaría con la misma clase de humor blanco basado en el slapstick que desarrollaría Matsumoto, añadiendo cierta capa problemática a ojos contemporáneos en su descripción de los personajes chinos de su historia a través de absolutamente todos los estereotipos culturales de la época. Algo que, si bien no desmerece su importancia a la hora de popularizar ese proto-manga aún en desarrollo y con una clara influencia occidental, hace que su lectura a día de hoy no sea del todo sencilla.

Ilustración de Masako Watanabe

En cualquier caso, dentro de lo que sería el shōjo más relativamente ortodoxo y ya entendido como tal, habría tantos nombres propios que cabría subrayar que se hace difícil elegir cuáles son más relevantes. En cualquier caso, uno que no podemos saltarnos es el de Masako Watanabe, quien fue la primera autora en llevar el shōjo hacia el terreno de la elegancia, el lujo y el exotismo, añadiendo un detalle obsesivo a cada pieza de ropa y cada detalle, con flores en los huecos en blanco y, en general, abotargando hasta los que muchos podrían considerar el ahogo la composición cada una de sus páginas. Algo que, como señal distintiva de cierta disposición general de las revistas shōjo, haría que sea considerada una de las pioneras en lo que entendemos hoy por shōjo.

De igual modo, aunque por razones diametralmente opuestas, sería irresponsable dejarse fuera a Hideko Mizuno. Como residente de los famosos apartamentos Tokiwasō, donde residieron históricos del manga como el dúo Fujiko Fujio, autores de Doraemon (1969-1996), Akatsuka Fujio, autor de Osomatsu-kun (1962-1969), o el ya varias veces nombrado en este artículo Shōtarō Ishinomori, fue la única de las autoras de este artículo de la que, realmente, se puede decir que su contacto con el manga recibió una influencia netamente masculina. Trabajando bastante con Ishinomori, inspirándose mutuamente el uno al otro en su gusto por la acción y la técnica depurada, es difícil entender la obra del uno sin la del otro, especialmente considerando que ambos fueron parte clave a la hora de definir los cambios que fueron sufriendo las técnicas del manga moderno en los años cincuenta y sesenta. Las mismas técnicas que el Grupo del 24 ayudaría a asentar y perfeccionar.

‘Fire’, de Hideko Mizuno

No por nada, en términos de manga, Mizuno es la autora cuya influencia se deja ver con más fuerza en el grupo. Habiendo publicado ya en una fecha tan temprana como 1969 Fire! (1969–1971), una historia bien cargada de sexo, drogas y rock ‘n’ roll cuando aquello todavía no era un mal cliché, su interés en el lado salvaje de la vida y su desprecio por las acarameladas historias de sus coetáneas la convirtieron en una rara avis capaz de codearse con los autores de shōnen más radicales de la época pero, por supuesto, sin poder aspirar ni por accidente a cobrarse la misma popularidad que ellos.

Por otra parte, Yoshiko Nishitani podrá ser recordada por tomar el camino diametralmente opuesto y continuar cultivando la ortodoxia iniciada por Watanabe. En un tiempo en que el shōjo manga sólo podía retratar historias de heroínas trágicas que sufrían por problemas familiares, donde el romance si bien no estaba vedado era algo completamente marginal, Nishitani fue, con Lemon & Cherry (1966), la pionera en situar todo el peso de la historia en la chica protagonista, que se enamoraba de un chico en el contexto de la vida de instituto. Algo que se ha repetido tantas veces, de tantas formas y con tantas posibles variaciones, que hoy cuesta creer que hubo un día en que no fue un absoluto cliché. O incluso que autoras tan distinguidas como Hagio Mōto y Takemiya Keiko la reconocen como una de sus influencias.

Y los hombres, ¿qué es de los hombres? Pues como de costumbre, hacen poco o nada de caso a lo que hacen las mujeres. Pues salvo la excepción de Tezuka, cuya Princesa Caballero (1953-1956) serviría de modelo por igual para el shōnen y el shōjo por venir, no habría en la época ningún autor de peso que se circunscribiera en el género que nos ocupa. Ninguno, salvo una notable excepción: Macoto Takahashi.

‘The Rows of Cherry Trees’, de Macoto Takahashi

Siendo uno de los ilustradores shōjos más minuciosos de la historia, utilizando preciosos colores pastel en consonancia con un extremo detallismo en diseños en apariencia sencillos, resulta particularmente llamativo por ser uno de los primeros mangakas en apostar por el diseño de la página como unidad narrativa. Algo que le ha valido tanto un reciente gran reconocimiento en Japón por su labor como ilustrador, incluso aunque su faceta como mangaka no ha sido reconocida de la misma forma. Lo cual es una pena, ya que The Rows of Cherry Trees (1957) no sólo sigue siendo uno de los mejores manga de los cincuenta, un gran ejemplo temprano de shōjo y un manga narrativamente experimental en sus formas compositivas, sino también uno de los precursores del yuri, nombre que reciben las historias de amor lésbicas en el manga.

Con esto se demuestra que, desde sus más tiernos orígenes, en el shōjo, como en el shōnen, cabe todo. Que no por ser para chicas se ha de privilegiar ciertos temas u olvidarse de otros. Y como en su contraparte masculina, también existen series que parecían inmortales.

‘Asari-chan’, de Mayumi Moroyama

Asari-chan (1978-2014) es una comedia slice of life creada por Mayumi Moroyama que se publicó de forma ininterrumpida durante treinta y seis años, siendo publicada en al menos ocho revistas diferentes de la editorial Shogakukan, consiguiendo llegar hasta la friolera de cien tomos y llegando a vender más de veintiséis millones de tomos, convirtiéndolo en uno de los mangas shōjo más vendidos de la historia de Japón. ¿Y de qué trata el manga? Sobre una chica de diez años normal y corriente que, además de llevarse mal con su familia, es más tonta que pegarle una pedrada a un toro en San Fermines. Algo que siempre contribuye al hecho de que haya aventuras.

Y a la espera de que Patalliro! (1978-), el manga de Mineo Maya que empezó a publicarse el mismo año que Asari-chan, llegue a los cien volúmenes, de los cuales ya llevamos noventa y ocho, la obra de Moroyama puede jactarse de ser la obra no-shōnen más longeva de la historia.

Las chicas son guerreras. Magical girls a la luz de los chicos

‘Himitsu no Akko-chan’, de Fujio Akatsuka

Pero, ¿de verdad cabe todo? Es cierto que hay humor, temas escabrosos, obras sin fin e incluso toda la panoplia imaginable de obras genéricas que se encuentran en igual o mayor abundancia en el shōnen. Ahora bien, si observamos detenidamente el trabajo de estas autoras, veremos algo que, soterradamente, se irá imponiendo a lo largo del tiempo. Que donde sus contrapartes masculinas del shōnen pueden hacer que sus historias sean todo lo violentas, oscuras u extrañas que deseen, a ellas siempre les ponen un límite que es mejor que no sobrepasen. Algo que se puede apreciar muy bien en el género de las magical girl.

Con sus orígenes en La princesa caballero de Tezuka y Himitsu no Akko-chan (1962-1965) de Fujio Akatsuka, el género no ganaría tracción hasta veinte años después con la aparición de los animes Magical Princess Minky Momo (1982-1983) y Creamy Mami, the Magic Angel. En el caso de Magical Princess Minky Momo, con el dudoso honor involuntario de ser la serie que originaría la cultura lolicon, es decir, la demostración de interés sexual por personajes (muy) menores de edad. De ese modo, consiguiendo que las magical girl pasaran a ser de un género para niñas pequeñas a ser un perturbador nido de hombres talluditos colonizando el imaginario infantil con fantasías sexuales, durante los ochenta cierto tipo de shōjo acabo viéndose teñido de una sexualización completamente inexistente en forma, fondo o intención.

Por fortuna, algo cambio en los noventa. Y con el cambio, otras magical girls fueron posibles.

‘Sailor Moon’, de Naoko Takeuchi

Naoko Takeuchi, antes de enfrascarse en la desagradecida labor de reinventar las magical girl, hizo la prueba con varios shōjo más ortodoxos: romances heterosexuales de ambientación escolar con protagonista femenina. Pero tras un más que tímido éxito, tuvo una idea de una serie de magical girl donde éstas fueran chicas adolescentes y hubiera una mucho mayor incidencia en toda esa clase de temas que el shōjo había explotado con tanta función de la mano del Grupo del 24. De ahí surgiría Sailor Moon (1991-1997).

El manga sigue las aventuras de Usagi Tsukino, que puede convertirse en Sailor Moon y aúna fuerza con otras chicas con poderes, cuyas identidades secretas tienen nombres de planetas del sistema solar y que tendrán que luchar contra el mal para devolver la paz al universo. Con cadencia mensual y una publicación relativamente tardía fuera de Japón, ya que no llegaría hasta 1997 a EEUU, su éxito no radica tanto en el manga, sino en el anime que lo adapta.

‘Sailor Moon’, de Naoko Takeuchi

Es importante pararse ahí. Especialmente, porque hay ciertas cosas en el anime que no estarían presentes en el manga.. Aunque Sailor Moon trata con una naturalidad aún hoy bastante sorprendente temas como la homosexualidad y el feminismo, es innegable que el anime tiene un punto más retorcido. Más oscuro. Algo que, si bien se nota más a partir de Kunihiko Ikuhara se hace cargo de Sailor Moon R (1993-1994), son temas que están presentes desde el principio de la serie. ¿Y por qué es así? Porque le prohibieron taxativamente a Takeuchi tomar caminos más escabrosos en el manga, cosa que no hicieron con la serie. Sailor Moon fue concebido bajo la idea de que Tsukino utilizara armas de fuego para combatir contra el mal y, debido al tono más oscuro derivado de todo ello, algunas de sus compañeras llegaron a morir en el campo de batalla. Algo a lo que su editor se negó taxativamente, haciendo que el manga rebajara su tono hasta lo que se considerable aceptable para una revista de chicas. Muy significativo porque, si bien no volvieron las armas de fuego de los diseños originales, no es que en el anime mueran algunos personajes, es que resulta más fácil señalar aquellos que no mueren.

Aun siendo la misma serie, teniendo el mismo público objetivo -al menos en teoría, pues era más probable que el anime lo vieran hombres de mediana edad no precisamente por pasión feminista-, al convertirse en anime se permitió hacer (a un hombre) lo que no se permitió hacer en origen (a una mujer). Pero, si bien puede ser visto como una casualidad, también es cierto que existe un ejemplo posterior muy claro de cómo existió un evidente sesgo de género en esa elección. Y ese es el manga Sakura Cazadora de Cartas (1996-2000).

‘Sakura Cazadora de Cartas’, de Clamp

Creado por Clamp, un colectivo de cuatro autoras cuyos roles artísticos van rotando entre obras, la serie sigue el día a día de Sakura Kinomoto, una chica de diez años que, por accidente, libera las cartas de Clown y, gracias a ello, consigue los poderes de una magical girl, pudiendo convertirlas en cartas de Sakura y utilizarlas para conseguir impresionantes poderes mágicos con los que seguir capturando las cartas restantes. Se suman a este argumento una serie de romances cruzados, una historia que continuaría en series posteriores que comparten un mismo universo y, en lo gráfico, un estilo suave y blandito. Con todo ello, Sakura Cazadora de Cartas se ha tendido a considerar el ejemplo perfecto de lo que es un buen shōjo dentro de la ortodoxia.

Algo extraño porque las CLAMP nunca han sido conocidas por los acercamientos amables a los género.

Prácticamente todas sus demás obras de culto, entre las que encontramos series como Tokyo Babylon (1990-1993), X (1992-2003), xxxHolic (2003-2011) y Tsubasa: Reservoir Chronicle (2003-2009), son o bien infinitamente más violentas y descarnadas o, al menos, bastante más oscuras. Algo que se hace notar, en cierto modo para cerrar el chiste, en el hecho de que en Tsubasa la (no exactamente) propia Sakura acabe empuñando armas de fuego para conseguir que regrese su interés romántico en la serie original, Syaoran.

‘X’, de Clamp

¿Qué ocurrió para que hubiera ese cambio en el enfoque? Que, a excepción de X, todas las otras series se consideran shōnen. Al dirigirse a un público masculino, se considerñó que se podían representar facetas de la historia que eran inconcebibles en una publicación para chicas. Algo que se puede constatar también en el hecho de que X, la única otra serie considerada shōjo de las que hemos nombrado, hizo que las CLAMP tuvieran no pocos problemas con su editor a causa de que la serie se iba volviendo cada vez más y más violenta con el paso de los números. Problemas ridículos si, ya de entrada, la ambientación era post-apocalíptica y ellas declararon estar muy influidas por Devilman (1972-1973) de Gō Nagai.

Por lo visto lo que no era admisible en un género ni lo era en el otro. Y si alguien personifica ese enfoque, esa es Rumiko Takahashi.

Aunque todas sus obras son consideradas o bien shōnen o bien seinen -o bien para niños o bien para hombres adultos-, tanto Ranma 1/2 (1987-1996) como muy especialmente Inuyasha (1996-2008) fueron muy populares entre el público femenino, demostrando así un problema básico de toda la literatura, sea gráfica o novelada: las mujeres leen por igual a hombres o mujeres, pero los hombres rara vez se molestan en leer a las mujeres. Al menos, no cuando se les dice que un determinado producto está dirigido hacia ellas, incluso si en lo demás es idéntico en lo que consumirían viniendo de la pluma de un hombre.

Últimas tendencias shojo. Seguir horadando en los sitios que los hombres ni se molestarían en mirar

‘Ore Monogatari!!’, de Kazune Kawahara

Pasados los noventa y llegando hasta hoy, aunque es cierto que el shōjo ha empezado a ser reconocido con galardones y un constante rescatar obras clásicas —especialmente, en lo tocante al Grupo del 24—, no es menos cierto que la oferta dentro del género sigue siendo más bien marginal. Con el seinen habiéndose apoderado de la mayoría de tropos del género, pudiendo encontrar fabulosas comedias románticas de instituto como Kaguya-sama wa Kokurasetai: Tensai-tachi no Renai Zunousen (2015-) de Aka Akasaka en la, en principio, enfocada para adultos Young Jump, resulta difícil seguir justificando esta separación demográfica según si se dirige para hombres, mujeres, niños y niñas, incluso si las revistas japonesas siguen utilizándola por pura funcionalidad.

No cuando el shōjo nos ha dado en los últimos tiempos obras tan estupendas como Aoha Ride (2011-2015), de Io Sakisaka, Orange (2012-2015), de Ichigo Takano, o, ya del lado de la deconstrucción de los tropos clásicos, Ore Monogatari!! (2011-2016), de Kazune Kawahara, donde el protagonista es un adorable gigantón más feo que Picio cuyos únicos problemas amorosos son su propia incapacidad de creerse que puedan quererle, y Gekkan Shōjo Nozaki-kun (2011-), de Izumi Tsubaki, una comedia donde un chico de instituto dibuja un manga shoujo sin tener ninguna experiencia romántica ni ser capaz de darse cuenta de que su ayudante está perdidamente enamorada de él.

Porque el shōjo no son ojos grandes, brillis-brillis e historias románticas. Ojos grandes tienen casi todos los mangas, el juego de luces es inevitable con el entintado y las historias románticas existen en todas partes. Al final, el problema no es la etiqueta: es que haya quien, al enfrentarse ante un manga enfocado a un público juvenil femenino, haga una mueca de disgusto mucho mayor que si se tratara de un manga enfocado a un público juvenil masculino.

‘Orange’, de Ichigo Takano

Ahora bien, incluso sin la popularidad del shōnen, el shōjo tiene obras importantes. No sólo al Grupo del 24, sino toda una panoplia de autoras, y algún autor por ahí perdido, que, en los orígenes del medio, hicieron mucho más por definir las coordenadas del manga moderno que sus compañeros que escribían para niños. Aunque, finalmente, quienes se llevaron todos los laureles fueron ellos.

Porque el shōjo es una demografía. Sólo una demografía. Algo que no debería denotar nada problemático. Pero si algo es obvio es que se ha invisibilizado sistemáticamente las aportaciones de las autoras al desarrollo no sólo de su nicho, sino de todo el medio.

Incluso aunque, poco a poco, parece ser que se esté intentando reparar ese error histórico.

Ilustraciones de Takahashi Makoto

Breve guía de lectura para despistados

I. El grupo del año 24: Mōto Hagio

La familia Poe, de Mōto Hagio
El corazón de Tomás, de Mōto Hagio
¿Quién es el 11º pasajero?, de Mōto Hagio
A Cruel God Reigns, de Mōto Hagio

II. El grupo del año 24: Takemiya, Kihara y Aoike

The Poem of Wind and Trees, de Keiko Takemiya
Toward the Terra, de Keiko Takemiya
Andromeda Stories, de Keiko Takemiya
Mari to Shingo, de Toshie Kihara
From Eroica With Love, de Yasuko Aoike

III. El grupo del año 24: Riyoko Ikeda

La rosa de Versailles, de Riyoko Ikeda
La ventana de Orfeo, de Riyoko Ikeda
Eroica – The Glory of Napoleon, de Riyoko Ikeda

IV. Pioneros del shōjo

Kurukuru Kurumi-chan, de Katsuji Matsumoto
Fuichin-san, de Toshiko Ueda
Fire, de Hideko Mizuno
Lemon & Cherry, de Yoshiko Nishitani
The Rows of Cherry Trees, de Macoto Takahashi
Asari-chan, de Mayumi Moroyama

V. Magical girls y otras formas de dar hostias

Himitsu no Akko-chan, de Fujio Akatsuka
Sailor Moon, de Naoko Takeuchi
Sakura Cazadora de Cartas, de Clamp
X, de Clamp
Ranma 1/2, de Rumiko Takahashi
Inuyasha, de Rumiko Takahashi

VI. El shōjo de hoy

Aoha Ride, de Io Sakisaka
Orange, de Ichigo Takan
Ore Monogatari!!, de Kazune Kawahara
Gekkan Shōjo Nozaki-kun, de Izumi Tsubaki

¿Te ha gustado este artículo? Puedes colaborar con Canino en nuestro Patreon. Ayúdanos a seguir creciendo.

La entrada [Guía de iniciación al manga (III)] El shojo – Desde el Grupo del 24 hasta ‘Sailor Moon’ aparece primero en Canino.

28 Sep 00:19

The not-so-secret conservative politics of the Kingsman movies

by Peter Suderman

The 2015 film and its new sequel reveal in part what animates the populist right, and what ails it.

On the surface, 2015’s Kingsman: The Secret Service might not look like a particularly political movie. Director Matthew Vaughn’s adaptation of the comic book by Mark Millar and Dave Gibbons is an exuberant, cartoonishly violent spy romp that sends up both James Bond and superhero films, depicting a world in which a band of well-dressed, well-trained superspies fight dastardly villains on behalf of the common good.

Yet once you watch it, it’s difficult to see it as anything else. In both story and sensibility, it may be that no recent big-budget film leans more overtly to the right in its politics: This is a movie that gives explicit, approving nods to both Margaret Thatcher and Ronald Reagan (a component from the Strategic Defense Initiative figures heavily into the denouement); that pits its heroes against a wealthy coastal tech mogul who is obsessed with global warming; and that unravels a plot between the world’s financial and intellectual elites to kill off most of the world’s population in order to save the planet from the threat of climate change. It is literally a movie about how environmentalism is a secret plot by liberal elites to kill off billions of ordinary people.

Just in case you didn’t fully grasp the movie’s outlook, it includes a scene in which the villain convinces President Obama — or, according to Vaughn, an actor on a White House set who is intended to be “reminiscent” of the former president — to go along with the plan. At the end, in a moment of triumph for the heroes, the pseudo-Obama’s head explodes, along with the heads of the rest of the world’s villainous, self-dealing elites.

Released in February 2015, as the most recent presidential race was still in the preliminary stages and most observers assumed that Donald Trump would never run, much less win the GOP nomination and the presidency, Kingsman: The Secret Service nonetheless channels something like the energy that eventually resulted in Trump’s upset victory. It wasn’t a warning, exactly, but in retrospect it’s hard not to see it as an early sign of the nascent populist fervor that helped power him to the presidency.

In many ways, the film — and to a lesser extent its new sequel, The Golden Circle offer a political snapshot in pop culture form. Not of conservatism as a whole, but of a particular strain of right-of-center thinking that has been ascendant over the past few years, one that is vulgar, snarky, populist, and defined more by what it’s against than what it is for. Taken together, the two films reveal what animates this part of the conservative movement, and what ails it.

Kingsman is not a message movie, but it exhibits a populist anti-politics worldview

 20th Century Fox
Colin Firth in Kingsman: Secret Service.

It would be a mistake to treat the first Kingsman as an argument. It doesn’t act as a brief for any particular political point of view. Yet many of the habits and hang-ups of the modern conservative movement are embedded in its DNA.

For example, like many of today’s conservatives, the film traffics in a kind of cartoony 1980s nostalgia. The references to Reagan and Thatcher come across not only as approving nods to conservative heroes of the Cold War era but also as contrasts with the feckless contemporary elites the movie casts as its villains.

Yet the movie offers little sense of what those leaders stood for; it puts forward a celebratory but somewhat shallow form of pop-Reaganism, the idea that the leaders of that time were great and strong and noble, without any sense of what they did or why. It is almost certainly too much to ask for a detailed history lesson from what is essentially a light superhero film, yet the sense of free-floating admiration for the conservative politicians of the 1980s reflects the ways in which segments of the right have become disconnected from the actual records and achievements of their political heroes.

At the same time, it indulges in a familiar anti-elitism, one that views politicians, corporate titans, and the environmentalist ethos as a kind of scam perpetrated on the public. The wealthy and the politically powerful are shown in fancy clothes and homes, separated from the concerns of everyday people and unconcerned with their welfare. Secret Service’s chief antagonist, Valentine (Samuel L. Jackson), is a stylish, effete internet mogul who speaks with a lisp; he is squeamish about violence, even though he plans to perpetrate the largest act of mass murder in history. He is insulated, in other words, from the suffering he aims to cause. And President Obama — or his likeness, anyway — is, of course, a partner with tech titans, the global political class, and other elites.

At the heart of Kingsman’s worldview, then, is a form of populist anti-politics, one that simply assumes that political elites are distant, stupid, venal, cynical, awful, and entirely uninterested in — and perhaps actively aligned against — the lives of ordinary people. It is a slyly political film that it is intensely disdainful of the very idea of politics.

Kingsman is not a message movie. It is not designed to convince its viewers, or to sell anyone on a particular ideology. Indeed, at times it almost seems be trolling, like a highly sophisticated, $80 million adaptation of a Reddit thread. Heads explode in colorful, musically choreographed fireworks; Valentine serves a dinner of expensive wine and McDonald’s Big Macs; there’s a show-stopping, utterly bonkers sequence in which one of the heroes, under the influence of Valentine, murders an entire church full of congregants in rural Kentucky; the film closes with a gag about a particular sex act with a blonde Swedish princess. This unapologetically R-rated film has no interest in the more scolding forms of right-wing moralism; its populism is distinctly secular and post-religious.

Its comic sensibility blends droll wit, violent surprise, winking juvenile hijinks, and vulgar scatological humor. It is wildly, deliriously outrageous — a movie that constantly threatens to go too far, and frequently does. Indeed, its willingness to do so is part of its appeal.

The first Kingsman’s high-low dynamic gave it a moral center that the new sequel loses sight of

 20th Century Fox
Taron Egerton in Kingsman: The Golden Circle.

Yet what keeps Kingsman’s wilder impulses in check, and what makes it such an enjoyably electric experience, is the way it offsets its vulgarity with a distinctly British appeal to manners, competence, selflessness, tact, and propriety — when it’s called for.

Much of the first movie is built around the lessons that superspy Harry Hart (Colin Firth) teaches to his young, ill-mannered protégé Eggsy (Taron Egerton). Harry quotes the old adage that “Manners maketh the man,” and then spends much of the movie teaching Eggsy what that means. In addition to more conventional spy training, there are lessons in how to dress and how to eat a formal meal — how, in other words, to behave in polite society. And part of that means refusing to ever look down on others. “There is nothing noble in being superior to your fellow man; true nobility is being superior to your former self,” Harry says. In broad strokes, it is a coming-of-age story about the making of a proper English gentleman.

The expertly balanced high-low dynamic is part of what makes Kingsman: The Secret Service so surprising and entertaining; it’s a gutter romp in a tailored suit. That mix, and the jolts it provides, is also what gives the movie a moral center. As unruly as it sometimes gets, it is restrained by the way it always insists on dignity and decency, on true selfless virtue rather than the flimsy, self-serving brand indulged by the movie’s unkind elites.

The Golden Circle maintains much of the first’s film’s gonzo energy. The violence is still both cartoonish and horrific. The humor still blends low adolescent vulgarity with spy movie satire and sophisticated sci-fi sight gags. If you’ve ever wanted to see Elton John dressed in a feather suit fighting off rechargeable robot guard dogs, this a movie for you.

The blunt populist political sentiments are still there too: In the second movie (spoilers ahead), the villain is Poppy (Julianne Moore), an international drug dealer who holds millions of drug users for ransom by poisoning the illegal drug supply. After offhandedly declaring the United Nations useless, she negotiates with the president of the United States — this time a generic presidential type played by Bruce Greenwood — who agrees to pay a ransom in exchange for the antidote, part of which includes legalizing all drugs.

But he has no plans to actually play along. Instead, he decides to lock up the contagious users and let them die, on the logic that it will rid the world of the scourge of drug use forever. “This presidency has just won the war on drugs!” he exclaims. Once again, the movie sets up a global conspiracy in which the world’s political and business elites have effectively teamed up to destroy the lives of ordinary people.

For the most part, I rather enjoyed Golden Circle’s giddy antics, its creative vulgarity, and its lampooning of the war on drugs and the cynical way that politicians exploit it for political gain. It works hard to surprise, shock, and entertain, and it frequently succeeds on all counts. But what I missed this time around was the underlying sense of honor and decency that helped keep the original from simply being an extended sneer.

So just as The Secret Service seemed to capture many of the sentiments of the populist right in the moments before Trump made his mark, The Golden Circle seems to take its cues from the way it has transitioned and transformed under Trump’s ascendency. The energy is similar, but both the movie and the movement have lost their sense of values; they know what they’re against, but not what they’re for.

27 Sep 11:38

Nunca pude ir a Toys ‘R’ Us y ahora cierra para siempre :__(

by Pol Rodellar

En un salón oscuro iluminado solamente por la palpitante y sutil luz de un moribundo fuego de chimenea se encuentra una cansada figura acostada en un sofá, sujetando con su mano derecha lo que parece un muñeco deshilachado. El negro perfil a contraluz revela lo que parece ser el rostro de una jirafa vieja. Es Geoffrey, la mascota de ese imperio de los juguetes llamado Toys 'R' Us. "¿Dónde irán los niños ahora a comprar sus juguetes?" exclama con una frágil voz mientras su mano deja caer al suelo el muñeco de trapo. "¿Dónde?", exclama de nuevo mientras la cámara se aleja, sale de su casa y, a lo lejos, vemos como, poco a poco, la tenue luz que iluminaba la estancia se apaga para no volverse a encender jamás.

Sí, amigos, Toys 'R' Us acaba de declararse en bancarrota víctima fatal del cambio de hábitos de consumo de los compradores (internet), terminando así la existencia del que fue el único gran imperio de la juguetería.

Foto vía el usuario de Flickr ianstedman

Pero esto no es nada nuevo, esta empresa lleva arrastrándose por la decadencia desde hace ya algunos años: en 2002 Toys 'R' Us cerró 64 tiendas a nivel mundial; en 2014 su ejercicio fiscal finalizó con unas pérdidas de 754 millones de euros; en 2015 la cadena se vio obligada a desprenderse de una de sus tiendas más emblemáticas, la que se encontraba en Times Square, al no poder asimilar el excesivo alquiler. Esa era la mayor tienda de juguetes del mundo y ahora dejará lugar a unas galerías con tiendas como GAP u Old Navy.

Fue en el año 1991 cuando Toys 'R' Us abrió su primera tienda del estado español en Sant Quirze del Vallés (Barcelona) implantando un nuevo concepto de tienda de juguetes en España

Fue en el año 1991 cuando Toys 'R' Us abrió su primera tienda del estado español en Sant Quirze del Vallés, en la provincia de Barcelona, implantando un nuevo concepto de tienda de juguetes en España: el de la gran superficie comercial dedicada enteramente al entretenimiento infantil, diferenciándose de las tiendas familiares y de las pequeñas cadenas de barrio o de los departamentos de juguetes de los grandes almacenes. Toys 'R' Us era un universo dedicado enteramente a los niños. Bueno, dedicado a que los padres se gastaran todo el dinero posible en ellos.

No puedo dejar de pensar en la tristeza que me generan los nuevos niños. Esos que no podrán visitar nunca unos almacenes desfasadísimos de juguetes porque todo lo que harán será visitar tiendas online o ver vídeos de juguetes en YouTube

Evidentemente, la aparición de tal magnánimo proyecto eclipsó mi pequeña, inocente y tierna mente de niño de 10 años, un cerebro obsesionado con las Tortugas Ninja, los He-Man, los G.I. Joe y toda figura de plástico que representara un hombre o ser masculino antropomórfico desmesuradamente musculoso —aún me pregunto cómo esta afición no acarreó unas terribles consecuencias en mi persona, quizás el hecho de que sienta una profunda tristeza cuando vislumbro mi pequeño y débil cuerpo en el espejo tenga algo que ver—.

Foto vía el usuario de Flickr 10542402@N06

El caso es que cuando me enteré de que abrían una enorme tienda de juguetes les pedí mil veces POR FAVOR a mi padres que me llevaran. Los compromisos del siglo XX hicieron que, una y otra vez, esta cita con el magnate de los juguetes se fuera demorando. Año tras año mis plegarias no se veían cumplidas y mi tristeza inicial empezó a convertirse en indiferencia y, poco a poco, mi amor por los juguetes y los seres musculosos fue substituido por el amor hacia otro tipo de aficiones, como los juegos de rol, el hardcore melódico y el alcohol.

Cuando me enteré de que abrían una enorme tienda de juguetes les pedí mil veces POR FAVOR a mi padres que me llevaran

Nunca llegué a traspasar las puertas de un Toys 'R' Us. Nunca deambulé por su vientre ni pude dejarme embriagar por su barroco stock de productos, solamente pude imaginarme cómo podía ser a través de los catálogos que llegaban a casa por Navidad. Toys 'R' us fue mi Ítaca particular.

Ahora, años más tarde, me doy cuenta de que NUNCA conoceré ese lugar. A estas alturas ya es tarde y no tiene sentido descubrir un espacio que ya no me genera ese frenesí y nerviosismo, esa ilusión tan anhelada en mi historia pasada. Ya no tiene sentido destruir esa preciosa imagen por una realidad depauperada por los ojos de un ser que ahora solamente vería las ruinas de un gigante que explotaba a sus trabajadores, como hace cualquier franquicia digna en este planeta.

El ocaso/Foto vía el usuario de Flickr 10542402@N06

Pero no puedo dejar de pensar en la tristeza que me generan los nuevos niños. Esos que no podrán visitar nunca unos almacenes desfasadísimos de juguetes porque todo lo que harán será visitar tiendas online o ver vídeos de juguetes en YouTube. Esos niños que ya no juegan con objetos de madera o plástico y se amarran a las tablets o móviles de sus padres. Esos niños cuya infancia no debe ni durar más de cuatro años porque la juventud no solo se ha alargado por detrás (hasta los 40) sino que incluso empieza antes, en una sociedad cada vez más sexualizada y centrada en el consumismo y la competitividad.

No es que me importe demasiado el cierre de Toys 'R' Us —en el fondo me la suda— pero el fuera de campo maravilloso que me generó de pequeño —esa ilusión incumplida— merece su momento de gloria. Este, supongo.

27 Sep 11:32

La banda sonora de la independencia de Catalunya

by Jordi Garrigós

Una canción para una causa, el mundo del pop está plagado de ejemplos de músicos que se han juntado, una sola vez, para apoyar la reivindicación de turno, que en este caso es la independencia de Catalunya.

¿Como olvidar 'Libertad sin ira', por ejemplo? El tema de Jarcha que se convirtió en la banda sonora de la Transición. Unos años después, en 1984, Sting, Bono, George Michael, Boy George y Paul Weller entre otros, formaron equipo en la Band Aid para firmar 'Do they Know it's Christmas?', cuyos beneficios irían destinados a paliar el hambre en África. Y lo consiguieron, pues fue número 1 de ventas. Un año más tarde vendría el experimento más famoso de esta índole, el mítico 'We Are the World', compuesto por Michael Jackson y Lionel Richard, e interpretado el supergrupo USA for África, donde se podía ver, a parte del propio Jacko, artistas como Diana Ross, Bob Dylan, Stevie Wonder, Bruce Springsteen, Cindy Lauper o Ray Charles.


LEE: Ligué por Tinder con frases independentistas


Esa moda ochentera sería un buen punto de partida para demostrar que las canciones pop podían convencer, eran instrumentos útiles para lograr un objetivo. Desde entonces, muchas han sido las veces en las que causas humanitarias o políticas han utilizado la música como fuente de propaganda. El estilo se ha modernizado, ahora van siempre con vídeos de Youtube y se comparten en Facebook, pero el objetivo sigue siendo el mismo: Sumar adeptos a la causa y fidelizar a los militantes creando comunidad. Lo que antes eran películas de Eisenstein o carteles de Aurelio Arteta, ahora son canciones de los artistas pop del momento.

Como todas las revoluciones habidas y por haber, la que busca la independencia de Catalunya también se ha apuntado a ello. En sus manifestaciones suenan por megafonía, las chavalas y chavales se las saben de memoria, y ya forman parte de la cultura pop catalana. Hemos analizado como son sus canciones más destacadas y las hemos clasificado de mejor a peor. Este es el resultado.

'Junts anirem més lluny', la cançó de Junts pel Sí' (con Lluís Llach, Lax'n Busto, Gossos, Els Catarres, Caïm Riba, Ivette Nadal, Bikimel y muchos más)

La canción-propaganda perfecta es esta. 'Junts anirem més lluny', grabada para la campaña electoral de la coalición Junts pel Sí en 2015, es sencillamente imbatible. Un tema para llenar de pogos de jolgorio el Canet Rock y pinchar en todas sus fiestas indepes. De todas las canciones de agitación sobiranista publicadas estos años, esta es la mejor y única no compuesta para la ocasión, pues la letra es un fragmento de 'Ítaca' (adaptación de Lluís Llach de la traducción del poema de Kavafis).

"Un tema para llenar de pogos de jolgorio el Canet Rock y pinchar en todas sus fiestas indepes"

Aquí lo que engancha es su majestuosa épica de estadio: se mueve juguetonamente entre el pop y el rock, filtrea con soltura con melodía y distorsión, y explota con un estribillo cantado a medias entre un coro de críos y un all-stars de la música autóctona en catalán. Están T-O-D-O-S. Joder, si sale hasta el cantante de Sangtraït se apuntó a la jarana metiendo un semi-falsete heavy metal. Y la gran sorpresa, claro: aparece Pemi Fortuny —un tipo sobre el que corren maravillosas leyendas, un maestro del hedonismo y la buena vida—, que se acercó al estudio para regalarnos un par de estrofas mágicas.

Lo más parecido a un Dream Team del pop local está en este prodigio: Gossos, Els Pets, Lax'n Busto, Sangtraït y un largo etcétera. Dios salve al rock català, si aún tiene perlas bizarras como esta para ofrecernos.

Lo mejor:

  • La épica general resuena, martilleante, en tu cabeza. Dan ganas de enfundarse una estelada al estilo Batman y salir a la calle a cantarlo como zumbados.
  • El momento en que aparece el cantante de Sangtraït. No podran evitar derramar una lagrimilla nostálgica ante semejante chorro de voz.
  • Las harmonías, a lo Byrds, que se marcan Gossos.
  • El vídeo es como un reencuentro de estrellas, una constelación que vuelve dos décadas después para darse la mano tras años de rencillas (esto probablemente no sea cierto, pero es más divertido pensar que así ha sido).

Lo Peor:

  • Algunos de los músicos, que desconozco quien son, ni de de donde han salido, cantan todos igual. Parecen sacados de una Operación Triunfo a la catalana.
  • Poca diversidad estilística, todo entra en la peor y más odiosa etiqueta musical de la historia: pop-rock. ¿Donde están Bad Gyal, Inadaptats o Mujeres? Tanto buenismo empalaga.

'Agafant l'horitzó' (con Txarango, Cesk Freixas, Gemma Humet, Aspencat, Ascensa Furore y Les Kol·lantai)

En el momento que ves a Anna Gabriel bailando tu obra como si no hubiese mañana, sabes que has acertado. Y no nos extraña que la diputada de la CUP sea seguidora de esta maravilla, publicada coincidiendo con el referéndum de este domingo, porque 'Agafant l'horitzó' moderniza el género de la propaganda y lo acerca a la gente joven.

La canción es de Txarango (probablemente el grupo actual más popular en Catalunya) y se juega su suerte a una carta segura: el pop con aires caribeños (ya saben, vientos a gogo y reminiscencias skatalíticas).

La letra tira bastante de tópicos, con citas del histórico cantautor comunista, Ovidi Montllor, y versos que parecen una pintada en la pared

Por si no fuera suficiente gancho, los participantes son jóvenes con currículum de compromiso político en esto del derecho a decidir. La letra tira bastante de tópicos, con citas del histórico cantautor comunista, Ovidi Montllor, y versos que parecen una pintada en la pared ("Vivir quiere decir tomar partido"), pero al final el mensaje del estribillo es bastante hippie: "Gente del mar, de ríos y montañas, lo tendremos todo y se hablará de vida".

Lo mejor:

  • Es 100% bailable, si pensaban que no podrían mover el esqueleto con una canción de propaganda, 'Agafant l'horitzó', les da con un canto en los dientes. No pasaba algo así desde esa obra de arte que compuso Joe Crepusculo para Podemos, injustamente desterrada por Pablo Iglesias.
  • Hay gente de la nueva ola y bastante paridad de género. Son los hijos de las cabezas pensantes de la canción de Junts pel Sí rebelándose ante los pollaviejas del rock català de los noventa. Además, se atreven a meter unas estrofas de rap, y encima en castellano, algo impensable hace unos años.
  • Este promovida por una grupo —Txarango— y no hay organización alguna detrás.
  • Anna Gabriel es fan.

Lo peor:

  • La letra deja poco espacio a la metáfora y se apoya en eslóganes que, uno tras otro, pueden acabar sonando un poco vacíos.
  • El sonido Barcelona sigue dando un pelín de rabia.

'Endavant les atxes – Cançó de l'11S2016' (Con Brams, Gossos, Meritxell Gené, Itaca Band, Buhos y más)

Bueno bueno bueno, el nivel empieza a decaer. 'Endavant les atxes', que se publicó con motivo de la celebración de la Diada de 11 de septiembre del año pasado, es una amalgama un poco freak de músicos locales. De acuerdo que aparecen algunas figuras del firmamento independentista, como Els Catarres, el batería de Els Pets, uno de los cantantes de Gossos —con cara de afectado— y los históricos Brams, que llevan más de 25 años haciendo la misma canción, pero en general tienes que acabar buceando por Youtube para saber quien diantres son los artistas que salen en el vídeo.

El estribillo es pegadizo y los sonidos de trompeta no están mal, pero tiene algún momento que roza el bochorno

Estos son los más destacados: dos fulanos vestidos de pastores del siglo XIX (con barretina incluida), una especie de cantante diseñado por ordenador para ser el yerno perfecto, una pareja de posadolescentes —claramente demasiado sobreactuados y sonrientes— o un señor con gafas y melena que se mueve de manera ciertamente extraña, entre otros.

El estribillo es pegadizo y los sonidos de trompeta no están mal, pero tiene algún momento que roza el bochorno (ese "nananana" final se lo podían ahorrar). La letra vuelve a ser un tópico tras o otro, aunque hay que decir en su favor que es bastante menos hippie que la de Txarango. Para hacer el videoclip sólo necesitaron una cámara, cuatro micros y un fondo negro. Buena optimización de recursos, sí señor.

Lo mejor:

  • El estribillo es bastante memorable, no te das cuentas y lo estás silbando en la ducha
  • Los bailoteos de Meritxell Gené, quien no sepa quién es la puede ver en solitario aquí.
  • Descubrirnos a estos dos tipos vestidos de pastores. Hay que ser muy jefe, y estar bastante majara, para salir así a un escenario. Todo el respeto, amigos.
  • Existe un vídeo muy loco con dos chicas haciendo una coreografía de esta canción. Prueben de imitarla, a ver si lo pasan mejor que la adolescente vestida de amarillo que aparece con cara de "¿porque dije que sí a ESTO?"

Lo peor:

  • Podría ser una canción de Brams, o de Mesclat, y eso no es un halago precisamente.
  • No puede haber identificación popular si no conoces a los artistas. Faltó chicha mediática allí.
  • ¿En serio que sólo encontraron tres chicas que quisieran cantar?

'Som!' (con Xeic!)

Vale, esta es la peor de todas. La canción es bastante regulera, igual de poco original que 'Endavant les atxes' y con todos los clichés de la música que triunfa por estas tierras: melodía cursilera de entrada, trazos ska y estribillo épico. A ver, esto ya lo hicieron Obrint Pas hace 15 años, y bastante mejor.

Además pierde el efecto sorpresa de ir encontrándote a músicos de otras formaciones, porque aquí el protagonista absoluto es Aitor Cugat, cantante de la banda 'Xeic!'. Todo deja bastante que desear, desde el estilismo del chico (camiseta imperio y shorts recortados (quizá debería dejar de copiar el estilismo de Macaco, que dejó de molar en 2005), hasta la cutrez del croma de detrás.

No se pierdan los momentos en que Cugat deja de cantar para mirar las imágenes con gran transcendencia, son bastante cómicos. Por si no había bastante, la actriz Mercè Martínez hace un discurso en medio de la canción, tratando, sin conseguirlo, de emocionar a alguien. Todo mal, chicos y chicas.

Lo mejor:

  • La motiviación del cantante de Xeic!, el fulano todo esto lo hace de corazón y se nota.
  • Da importancia a la gente que va a las manifestaciones y no sólo a la música.

Lo peor:

  • El vídeo en sí, es de una cutrez supina, y los primeros planes de Aitor Cugat dan hasta miedo.
  • La letra parece escrita por un estudiante de primaria. Año 2017 y aún estamos con el tema de 'Som i serem' i 'Seny i rauxa'. En serio?
  • Esta canción la hemos odio miles de veces con otras letras.
27 Sep 11:27

Harry Dean Stanton: el oscuro mapa del corazón

by Grace Morales

Harry Dean Stanton, 2013. Fotografía: Michael Buckner / Getty.

Una vida entera disfrutando del trabajo de Harry Dean Stanton (1926-2017). Es una suerte cuando su nombre aparece en el reparto de alguna película, no importa género, presupuesto o calidad. Él siempre la engrandece. Conservaremos el recuerdo de su admirable galería de personajes. Es una figura reconocible por su físico, voz y autenticidad, esa cualidad inasible que pocos actores consiguen de forma tan inmediata, con una frase o una mirada. Sus registros son difíciles de encasillar en el mapa de arquetipos masculinos, cortados por los esquemas tradicionales. Stanton ha dado vida a hombres perversos y extraños, pero también algunos de los más enternecedores que se han visto en la pantalla. Es el outsider sin causa, atravesado por enormes crisis y vacíos que se expresan en un leve gesto. Con él se ha retratado fielmente la interzona de Estados Unidos: la que transcurre por caminos secundarios, la del desierto y la frontera con el sur. El cowboy venido a menos, la vida de los moteles, la conducta al margen del dictado. El músico ambulante, el preso, el chiflado, el barfly y el detective sin suerte. El fracaso y la renuncia como lema existencial, carga ligera y un poco vanidosa, habían sido escritas en los rasgos de su cara.   

Ficción y biografía se mezclan en Harry Dean Stanton. Pocos actores han expresado como él la propia personalidad y sus conflictos a través de las interpretaciones. Con sus gestos y la voz dulce, privilegiada, del cantante que también fue, Stanton volcó en el cine una vida a contratiempo. La familia rota, la soledad y el amor no correspondido, el silencio frente al ruido de la industria y los focos, todo eso brilla en sus actuaciones, mucho más elocuente que una confesión en primera persona, y en ocasiones francamente dolorosas de contemplar.  Actor veterano de cine y televisión desde 1958, secundario de lujo lo mismo en grandes estudios como en productoras independientes, no tendría un papel protagonista hasta 1984, cuando Wim Wenders le puso en la piel de Travis Henderson, en Paris, Texas. Con casi sesenta años, ese personaje le convirtió en leyenda para un nueva generación de espectadores y se abrió para él una era dorada cuando lo había hecho casi todo.

Antes había sido pieza imprescindible de numerosas películas, obras maestras del mejor cine de su tiempo que no se comprenden sin su trabajo. Fiel a su persona, a poner en cada personaje la esencia de sí mismo, ha mantenido hasta los noventa y un años el mecanismo de ocultarse mientras se desvelaba en cada película. Conforme se acercaba el fin, ha seguido brindando personajes inolvidables y algunas claves acerca de tan arriesgada puesta en práctica vital. Este es un somero repaso a su monumental carrera.

Harry Dean hizo sus primeros trabajos, pequeñas apariciones en series de televisión y producciones del oeste, a finales de los años cincuenta, todavía con el nombre de «Dean Stanton», que amplió después con su primer nombre, Harry, para no ser confundido con otro actor. Su primer secundario relevante fue en A través del huracán, película independiente dirigida por Monte Hellman en 1965, por mediación de su amigo y compañero de piso de entonces, Jack Nicholson, que escribió la historia. Stanton, con bigote a lo Pancho Villa, interpreta al pendenciero ladrón de ganado, con parche en el ojo, que causó la admiración de Hellman y le convertiría en uno de sus actores fetiche. La vida beatnik junto a Nicholson y su pandilla (Bruce Dern, Cameron Mitchell, Diane Ladd…) le dio papeles en películas de serie B sobre moteros como The Mini Skirt Mob (1968) y The Rebel Rousers (1970). De 1968 es un clásico de los programas dobles, Las pistolas del infierno, donde Stanton interpreta a uno de los soldados desertores con quien se enfrenta Glenn Ford en la búsqueda de su familia secuestrada por los apaches. En el 76, Nicholson y Harry volverían a trabajar juntos, haciendo de cuatreros convertidos en honrados rancheros, en guerra con un histriónico Marlon Brando en Missouri, AKA Duelo de gigantes, uno de los wésterns de Arthur Penn.

Si Stanton siguió algún método como actor, lo tuvo que aprender de su maestro, el añorado Warren Oates, aparte de los consejos de Nicholson («Tú deja que lo hagan todo en vestuario»). Las películas que compartió con el gran intérprete están entre lo mejor de su filmografía, y eso, tratándose de una lista de casi trescientas en la que no hay demasiados tropiezos, no es una afirmación gratuita. Tras Ride The Whirlwind, Hellman le incluyó en el reparto de Carretera asfaltada en dos direcciones (1971), la película más sobresaliente de la carrera del director y una de las más importantes de la década, road movie existencial de dos hippies que corren en un Chevrolet (James Taylor y Dennis Wilson), enfrentados al conductor veterano (Oates), y los personajes que se encuentran en la carretera. Stanton es uno de ellos, en un papel memorable como autoestopista gay.

Dillinger (1973), el retrato  filmado por Hellman de los años veinte y este famoso atracador de bancos, tiene en Stanton una de sus mejores interpretaciones, como miembro de la banda y la famosa frase «¡Hoy no es mi día!», así como una de las muertes-ejecuciones más espectaculares de la pantalla:

La última colaboración con Hellman fue un duelo mano a mano con Warren Oates, en Peleas de gallos (1974), excepcional drama sureño de la productora de Roger Corman sobre el mundo de las apuestas ilegales. Una película para ser recuperada:

A Harry Dean no le interesaba en absoluto la ciencia ficción ni «las películas de monstruos» (en sus propias palabras), pero formó parte de la tripulación de Nostromo en Alien de Ridley Scott, y como el resto de los actores y actrices de esa película, no podemos entenderla sin él. Su papel como Brett, el bienhumorado técnico que busca al gato de la nave y es quien descubre por primera vez —y sucumbe— ante el xenomorfo:

Pese a su desgana por el género, Stanton participó en varias joyas a lo largo de los años. En 1980 trabajó con Bertrand Tavernier en La muerte en directo, una magnífica y terrible historia sobre los realities que filmaban la agonía de una enferma terminal (Romy Schneider), a través de la cámara implantada en el ojo de un empleado del programa (Harvey Keitel), a cuyo ambicioso productor interpretaba Harry.

También aparece en la taquillera Amanecer rojo (1984, John Milius), la ucronía sobre unos Estados Unidos invadidos por los soviéticos y solo con la esperanza de la liberación depositada en los chavales del brat pack de los ochenta, Charlie Sheen y Patrick Swayze a la cabeza. Está magnífico en Escape de Nueva York, (1981) el clásico de John Carpenter, como Cerebro, del comando que lidera Kurt Russell, el Serpiente. Pero su papel más recordado en este estilo (y uno de los más importantes de su carrera, desde luego) será el de Bud, el «riguroso» instructor de Emilio Estévez como recuperador de coches, en la fantasía punk Repo Man (1984), que tantas veces vio Tarantino para escribir Pulp Fiction, por ejemplo.

Como actor completo y absolutamente versátil, Stanton tenía una vis cómica muy disparatada y física que explotaron varios directores en comedias de mucho éxito: La recluta Benjamín (1980), Los locos del bisturí (1982) y Abajo el periscopio (1995). Un tipo que por su vida podía haber sido un personaje de Hunter S. Thompson no faltó como invitado en la adaptación de Terry Gilliam de Miedo y asco en Las Vegas (1999):

Paris, Texas

Sam Shepard era amigo personal de Harry Dean Stanton. Los dos habían trabajado en una película de 1975, Rancho Deluxe, un wéstern de esos que llama la crítica «crepuscular», pero creo que el adjetivo debería ser «posmoderno»,  porque trata sobre dos tipos (Shepard y Sam Waterston) que se meten a ladrones de ganado más por aburrimiento que por necesidad.

El director alemán Wim Wenders se encontraba a principios de los años ochenta viajando por Estados Unidos con la intención de rodar una película al estilo de los clásicos, una road movie que ya había probado en la estupenda Alicia en las ciudades (1974), pero esta vez con reparto y temática puramente norteamericanas. Su guía era el libro Crónicas de motel, de Shepard, y el deseo de que este fuese el protagonista, pero el escritor estaba pensando en otros actores cuando concibió la historia, al principio muy centrada en la relación de dos hermanos que han perdido el contacto; después, sobre la familia perdida de uno de ellos (en colaboración con Kit Carson, marido de Karen Black).

Con el guion sin acabar, comenzó el rodaje de Paris, Texas. El actor elegido al final fue Stanton, que tras años y años de secundario llevaba una vida esperando esta oportunidad. A su lado, el veterano Dean Stockwell, que antes de ser llamado por Wenders, estuvo a punto de dejar el cine, harto de que nadie le contratara. Para ambos la película fue un renacimiento, una feliz epifanía. En el caso de Stanton fue algo más, pues sin desmerecer el gran trabajo de Stockwell, lo que hace Harry con su personaje de Travis Henderson es resumir en él todo lo aprendido en treinta años y componer el retrato más apasionante del cine de su época. Un hombre sin memoria que ha permanecido largo tiempo aislado en el estupor del alcohol debe reconstruir su pasado y emprender un viaje de vuelta a la realidad, donde hacerse cargo de sus errores. Aunque Wenders no estaba muy convencido de que Stanton fuese el actor idóneo para la película, a causa de la diferencia de edad entre él y la protagonista, Nastassja Kinski, no hubo error posible. En él se concentra la tradición del cine clásico, pero también el rostro del moderno cine independiente de los setenta, crucial para los directores europeos. Paris, Texas es una película magistral a todos los niveles, pero nunca se olvidará el trabajo de Harry Dean, esa primera parte donde no dice palabra y sus gestos comunican un universo de significados.

David Lynch. De repente, un actor muy raro

Paris, Texas descubrió a dos grandes actores para el público de los años ochenta y, sobre todo, los puso delante de alguien que vio en ambos las dosis de extrañeza necesarias para encajar como un guante en su universo artístico. A Dean Stockwell, David Lynch lo contrató para Blue Velvet (1986), y con Stanton ha mantenido una larga relación desde 1988. Fue protagonista de la comedia descacharrante El vaquero y el francés, de una serie de películas sobre tópicos y costumbres de los franceses, que se incluyó en la colección de cortos del director.

En 1990, Lynch volvió a reunir a Diane Ladd y Dean Stanton para Corazón salvaje. La relación entre ambos personajes, la madre malvadísima, ciega de venganza, y el ingenuo detective, enamorado de la madre de Lula, es una de las mejores bazas de esta gran película. Para el reparto de Twin Peaks: fuego camina conmigo (1992), el universo ampliado y desgarrado de la serie, Stanton también obtuvo su personaje, que resultaba mucho más amenazador entonces que en su versión de 2017, en la tercera temporada donde también le hemos visto. Lynch no se cansaba de Harry: contó con él para su fallida serie Hotel Room (1993) y apareció brevemente en Inland Empire (2006), en unas escenas maravillosas sobre la naturaleza del cine. Pero por encima de todas, el trabajo más increíble que Stanton hizo con David Lynch se resume en la escena final de Una historia verdadera (1999). La odisea del protagonista, Richard Farnsworth, ese largo viaje que emprende a lomos de su segadora, tiene como destino reencontrarse con su hermano, muy enfermo y con quien hace años no se habla. Es un reverso, sencillo, delicado y abrumador, del destino de Travis en Paris, Texas y un homenaje espléndido de Lynch a su actor, y a Farnsworth también.

Quiero bailar con Harry Dean, conducir por Texas en una limusina negra, quiero un pedazo de cielo antes de morir. (Debbie Harry, «I Want That Man», 1989)

En La leyenda del indomable, obra maestra de Stuart Rosenberg de 1967, Stanton es uno de los presos de la cárcel sureña que acompaña a Paul Newman y que en el rodaje enseñó a cantar al actor la balada que este interpreta cuando recibe la noticia de la muerte de su madre. El propio Harry canta el góspel «Just A Closer Walk With Thee» en una escena maravillosa:

Stanton fue guitarrista y cantante toda su vida. Actuó con varios grupos y se rodeó de músicos afines, con raíces en el country, el blues y el tex-mex. Amigo de Kris Kristofferson, trabajó con él en Cisco Pike (Bill Norton, 1971), donde era Jesse Dupré, el amigo del cantante fracasado metido a traficante de drogas. También interpretó a un cantante country en el biopic sobre Janis Joplin, La rosa, protagonizado por Bette Midler (Mark Rydell, 1979). En el rodaje de Pat Garret y Billy el Niño (Sam Peckinpah, 1973), Stanton y Bob Dylan se hicieron amigos y se los pudo ver actuar juntos de manera informal o en el escenario; concretamente, en aquella película (vamos a llamarla película) realizada por el propio Dylan, Renaldo y Clara (1978), Harry aparecía tocando con él. Años más tarde, Dylan lo hizo protagonista de un vídeo promocional, la canción «Dreaming of You», canción para Time Out of Mind que se editó en The Bootlegs Series (2008):

Harry grabó algún disco con canciones clásicas del country, pero ninguna como esta versión de la tradicional «Canción Mixteca», que se incluía en la banda sonora de Paris, Texas, compuesta por Ry Cooder. Es todo, la imagen de Travis, música y voz, una pieza que no necesita más explicaciones que la emoción que transmite.

Me interpreto a mí mismo todo el tiempo, delante y fuera de la cámara. ¿Qué otra cosa puedo hacer? (Harry Dean Stanton en el documental Partly Fiction, de Sophia Huber, 2012)

Podemos ver diversos documentales donde Harry habla de sí mismo y de su trabajo. El último es Partly Fiction. En realidad, el actor no dice gran cosa que no sepamos ya. Se muestra como un anciano extravagante que parece no entender lo que le dicen y responde con otra cosa o dice una gracieta cuando le preguntan sobre temas comprometidos. Especialmente si tienen que ver con su familia, sus relaciones sentimentales, los supuestos hijos, su ámbito más privado. No tiene reparos en hablar de su afición al alcohol y las drogas o describir un existencialismo un poco burlón, pero nada de detalles concretos acerca de lo que ha sucedido en su vida fuera de los platós y los bares. Quizá, y esto es una afirmación, porque no habido otra cosa. Ni David Lynch lo consigue, en una entrevista al estilo Pedro Almodóvar, llena de cigarrillos, que Stanton sortea con habilidad haciéndose el tonto. Lo importante, lo real, nos dice siempre, está en los personajes que ha interpretado. En esa especie de biopic que todavía no se ha estrenado, Lucky (John Carroll Lynch),  y en tantas figuras que han sembrado de verdad el cine, pequeñas obras llenas de humanidad y valor. El malvado predicador ciego de Sangre sabia (John Huston, 1979); el soldado Willard de Los Violentos de Kelly (Brian G. Hutton, 1970); el amigo incondicional de Dustin Hoffman en Libertad condicional (Ulu Grosbard, 1978); el pelo de Moe en Corazonada (F. F. Coppola, 1982); el severo Pablo de Tarso en La última tentación de Cristo o el padre de Molly Ringwald en La chica de rosa (John Hughes, 1986), un personaje este último, cuya expresión, gestos y sonrisa vale más que las carreras de varias estrellas de Hollywood.

27 Sep 11:24

Los 16 mejores trucos culinarios que he aprendido en la escuela de cocina

Algunos apuntes.


View Entire Post ›

27 Sep 11:06

Os donos dunha tenda de alimentación de Ferrol enfróntanse a tres atracadores armados

A Policía Nacional de Ferrol busca tres atracadores que agrediron os propietarios dunha tenda de alimentación do barrio de Esteiro.

Entraron no negocio esixindo os cartos da caixa rexistradora e ante a negativa do dono do local, un deles cravoulle un coitelo na man e outro ata disparou un tiro. Pouco despois, o fillo e maila muller do tendeiro fixéronlles fronte, e foron quen de escorrentalos. Os ladróns tiveron que marchar sen nada.

Encapuchados e armados con dúas pistolas e un coitelo, tres homes entraron nesta tenda de alimentación situada a escasos metros do campus universitario de Ferrol. Eran as dez e media da noite e os propietarios estaban a piques de pechar.

Nese momento, a dona do negocio, sen dubidalo, colleu unha fregona e empezou a golpes con eles.

No interior do local, amais dos propietarios e mailo seu fillo, de 16 anos, había unha clienta que, sen dubidalo, agochouse debaixo do mostrador para se poñer a salvo.

Finalmente lograron que fuxiran e sen levar botín ningún.

Agora o matrimonio recupérase das feridas. El, dun corte na man no que recibiu oito puntos de sutura. Ela, doutro na cabeza.

A Policía Xudicial é quen investiga agora os feitos para poder prender os tres delincuentes.

27 Sep 00:52

How 'Bojack Horseman' Forced Me to Face My Body Image Issues

by Jaya Sax

I recently found myself crying at an episode of Bojack Horseman. This is not news: The show is famous for its nuanced portrayals of depression, anxiety, sexual identity, addiction, and all sorts of heavy topics that are guaranteed to fuck you up. I am not the first person to cry at the horse cartoon.

My tears started immediately at the end of the episode "The Judge." Bojack's brought his newly discovered teenage daughter Hollyhock to the set of his new TV show, where she starts dating an intern. While on set, she admits to feeling like a "blob" compared to the other women—not so much a value call as a recognition that they have different types of bodies. While she knows the actresses are considered conventionally attractive, she doesn't really feel bad about herself because of it.

Bojack eventually uses this word against her, suggesting that there's no way the intern could be attracted to her and that he must be using her for something else. He apologizes and assures her that she's beautiful, but something's off; to atone, Bojack suggests they get ice cream, and she says no. He then offers pizza, to which she cheerfully but firmly replies that she's just not hungry. She turns back to the TV, face in a neutral half-smile, as Bojack realizes she'll never quite be the same.

Cue the tears.

I was floored by how matter-of-fact Hollyhock's turn away from food was. The show has poked fun at unfair body standards for women before (Bojack's grandmother calling a slice of lemon with sugar on it a "girl snack"), but until now they haven't turned much of their crushing commentary toward body image. The way Hollyhock absorbs Bojack's comments is all too real. For many women, the change in how they view food comes that immediately. One day, you're cracking jokes about your body and confident about the future. Then, you're just Not Hungry.

I've never had an eating disorder, but here's what I've done: checked anorexia forums for snack tips, made myself throw up when I felt too full after a meal, refused food when I was hungry, ordered something different than what I wanted because it seemed healthier, and cried when I looked at a menu and thought there was nothing on there I "could" eat. The reason I'm so casual about this is because on some level it still seems "normal" to me. I'm sure if you asked any girl or person raised as a girl in America, they would cop to performing a handful of these actions—and they would've gone about it like me and Hollyhock: Casually, no sweat, brushing off food like a nagging mosquito.

I remember not being like this. I remember gleefully announcing to my family whenever I had gained weight. I remember learning my own boundaries with how many Cheetos I could eat before I felt sick, but not having it turn me off Cheetos altogether. I ate when I was hungry, ate until I was full, and saw my body as mine. But even during those happy days, I knew those thoughts couldn't last. I had seen the local news saying the average supermodel weighed 120 pounds. I had seen the episode of Jesse (why was I watching this?) where Christina Applegate lies to a man about her weight, noting that even if you were skinny, that's a thing you should do. Friends were beginning to share their weights and sizes like they were Baseball stats. One day, soon, I would not allow myself to eat like this.

I said as much to my dad when I was nine. We had stopped for bacon cheeseburgers after visiting a museum, and he complimented me on my lunch choice, saying that other girls would be too conscious about their bodies to ate what I was eating. (Little did he know he was sowing the seeds.) I responded, and I still can't quite believe it, that I wanted to eat as many bacon cheeseburgers as I could before I started worrying about my weight.

A year later, in a skit performed in front of my 5th grade class, I made sure my character ordered a salad instead of a burger, just in case anyone thought I was fat.

Bojack did not give Hollyhock an eating disorder. She's not starving herself or exercising to the point of passing out. But in her blank stare back at the television, she's accepted how the world sees her. The moment comes quickly and easily, which is why it's so hard to see. It feels natural to refuse the comforts of pizza and ice cream after your boyfriend stops texting. It's barely even a choice, just a sunny "no thanks!" to something you don't want. Because at some point, you've learned you don't want it. And even if you did, even if you remember so clearly what it was like, you have no idea how to get back to the way it was before. You are, forever and always, just not hungry.

27 Sep 00:52

Women Tell Us Why They Got Back Together With Their Ex

by Mica Lemiski

It's Friday, post-bar, and you're scrolling through your ex's photos on Facebook—but only because you exhausted their Instagram feed already. By this time your buzz has morphed into utter misery and you're positive you will die alone surrounded by pizza boxes and a dozen domesticated ferrets. Who will probably eat you.

All because you broke up with that person. Could they have been your person? Could they still be? Maybe you're like Allie and Noah from The Notebook, temporarily estranged but destined to die in peaceful simultaneity while holding hands. You know the movies are excellent and reliable models for structuring love lives, and so why not give round two a go? Getting back together with an ex is not unheard of. Maybe you're that couple.

Below are stories of those couples, as told by women. If we can glean any wisdom from their experiences, it's that reconnecting with an ex can either turn out very very well (marriage! babies!) or very very poorly (police involvement! animal cruelty!). In other words: results may vary.

Lisa, 34

I met Davis when I was about 15 or 16, at a coffee shop in Cranbrook. He was 20 and from Vancouver, but he was going to the college in my town. We started dating and then as soon as I graduated high school we picked up two suitcases, hopped on a Greyhound bus and moved to Vancouver, where we lived in a tiny attic suite. Then Davis' friend moved to Williams Lake to be a chef, and he asked if Davis wanted to come up and cook with him. I was about 20 and the move to William's Lake was awful. It was super isolated, we didn't have a lot of friends, and I was working in housekeeping at this awful hotel. We had no car and we were on the outskirts of town and so we couldn't really do anything. When we broke up we just said to ourselves, "this isn't fun anymore" and we went our separate ways.

About 10 years later, he tracked me down again. He was living in Kelowna but all of a sudden there were all these little excuses for him to come visit. He'd have a concert or something in Vancouver, and so we'd meet up, have a beer, and hang out. The visits to Vancouver became more and more frequent and one night I'd had a few drinks and said "you should probably come sleep in my bed." I guess it freaked him out because he didn't accept the invitation. And then the next day he just left! I was like, "oh no, I totally just got shot down."

And then on a whim we went to Mexico. Turns out we wanted to spend more than just a Saturday night together. We went to this shitty little dive resort in Puerto Vallarta. We talked a lot about what had gone on in our lives and why neither neither of us was married yet. Then we got super trashed on Mexican champagne, just blotto drunk, and suddenly I was like "well you would marry me, wouldn't you?" The words just came out of my mouth, I don't even know where from, and he was like "well yeah, I would." And so we went to a vendor on the beach and bought two five-dollar Mexican silver rings and decided that we were going to be together.

Naomi,* 27

When I was 15 my family used to frequent this fancy Italian restaurant. There was a water boy that worked there and I had a huge crush on him. He had this really enigmatic, mysterious quality, and so whenever I went there I used to give him the eyes, you know? But we never spoke. Then maybe four years later I started working at another restaurant where he was my supervisor.

After that first shift, he asked me to stay and help him clean up, but I was on high alert because I'd been told by friends that he was a huge womanizer. I told myself I wasn't going to fall for it. But I stayed, and when he asked me to tell him about myself I said I was an opera singer. He said he loved opera—though if I had a nickel for every time a guy has said that to me, I'd be able to pay my rent this month. But he backed up that claim with a few examples on the spot and I was like, "well this is heaven."

We entered this kind of tumultuous quasi-relationship. Really intense, romantic, sexual. But he was also the kind of guy whose brain I always wanted to pick. I was completely infatuated—intellectually, emotionally, everything. That went on all summer, and when I went back to university he told me he'd come visit but he never did. And so I decided to block his number, cut him off completely. But after three or four months I was like, "blocking someone's number is immature, I'm over it," and so I let him contact me again, which of course led to us getting back together—at least in some form. This pattern continued for several years. We'd reconcile at Christmas or in the summer, he'd promise to visit but wouldn't, I'd block him, unblock him, we'd make up, over and over.

And then bad things started happening. Once, we were pulled over by the police and happened to have marijuana in the vehicle. He swallowed the weed on the spot and it was the scariest thing I'd ever seen. Then we hit a dog. We were driving on this narrow road and suddenly this Golden Retriever came running out and struck the front of the car. I saw it fly through the air, literally, but he just kept driving. I was like, "aren't we going to stop?" and he said, "do you want to stop and look at a dead dog?" and I said, "no, not really, I guess." So we drove until we got to the beach. He parked, and when I was like, "oh my god we hit a dog!" he said, "poor dog, but what about my car?" He was worried he'd dented his car. In that moment I was like, "ohhh Naomi. You have made a mistake. You have grossly overestimated this person." I saw the past three years flash before my eyes. I thought, that's it. It's done.

But of course it wasn't. Last summer I was away in Europe and he messaged saying that he loved me and wanted to finally work on getting serious. I said I loved him too, thinking that in telling him how I felt—even though I wasn't really sure how I felt—we could finally be a success. But once I came home it was the same old thing. A friend once told me something really insightful about him. She said, "I think he likes the thought of you and the excitement of the relationship, but I don't think he's going to want to get groceries with you on a Tuesday." But I can't lie to myself and say it's completely over. It never is.

Bianca*, 27

My first boyfriend and I dated during my last couple years of high school. He was in university and a few years older than me, and I lost my virginity to him. But little did I know he had another girlfriend pretty much the whole time he was dating me. And so when I was 19 and found out about all of this, I broke up with him and we didn't talk at all for like four years. I never wanted to see him again.

Then last year, when I was 25, we reconnected at a party. It was very strange because I thought I completely hated him, but when we re-met there was a level of indifference on my behalf, I think because I'd seen and met so many other people during the time we'd been apart. After that night, we ended up hanging out a couple times and he told me he was interested in being in a relationship with me again. I told him I didn't want that, but that I was OK with hanging out and having casual sex if he wanted. We did that for awhile and it was actually super reclamatory for me, and maybe that's a selfish thing to say but it felt really good to do things on my terms this time—especially since he'd cheated on me before. I realized I didn't actually care for him in the strong way I thought I had.

But, unlike me, he'd really caught the feels this time around. It was a complete 180 in terms of power balance in the relationship. He was 29, all his friends were getting married, and so it seemed like he wanted the seriousness and commitment that he'd promised me initially, back when we first dated.

Then he basically proposed. I was away in Europe, and he wrote to me over messenger: "so I was thinking—you're 26, I'm 29, and everytime I think of my future life and having kids, I see you there. Would you want to take this to the next level?" I told him that I wasn't done being single, and that I was not ready to tie myself to anyone at this time. I was trying not to be too brash, but maybe this wasn't the best approach because his response was something like, "take your time, keep me posted."

But having a second go with him was so healing because it allowed me to have complete closure. I understood that he wasn't really worth all I'd built him up to be when I was 19 and completely devastated by the infidelity and the lies. It felt really good to be the one calling the shots and putting the boundaries in place.

Michelle, 55

I met Rick in school, in a small mining town called Sparwood, when he threw a textbook across the table and it hit me in the chest. I yelled at him, and he walked over to my then-boyfriend and said "what a cow." But we ended up being quite good friends after that. He was the guy that took me places when my boyfriend was busy, and when my boyfriend went away to school, Rick and I had a friendship that was just on fire. Within that friendship we had a summer romance, and I ended up getting pregnant. I was 18 and hadn't cut ties with my other boyfriend, and so I never said anything to my parents about the pregnancy. I just stayed home and worked on a surveying crew for eight months until they eventually found out—five days before I gave birth. Everyone was all up in arms—small town, you know—and my dad kicked me out of the house. I went into labor and Rick said, "I don't care who's baby it is, I'm here for you"—even though the baby was clearly his. He bought us a little trailer, we moved in together and started a life.

So we had a beautiful little boy that was just everything to us. Then we had a little girl, too, and everything was great. He worked at the mine, and since my family were outfitters—fisherman, hunters, miners—Rick fell in love with the wilderness side of my family. But I wanted to be an artist, which was impossible there. I started working at an arts council and did everything I could to build the art community there. But everything I did, he went the other direction. So we went our separate ways.

Enter the first boyfriend. We reconnected and I ended up moving to the Okanagan with him. I brought my daughter with me, and Rick kept our son. Then one day I was painting and got a phone call. My cousin Bob had been killed by a Cape Buffalo in Africa. At the funeral, Rick walked over to me and took my hand, and—well I can't even talk about it, it was like he was my soul. But I went back home thinking, "well, this can't happen. It's been 10 years, this is stupid, we can't do this."

So then I went to Paris. I was dating a guy from California, and he sent me some tickets, and I didn't really want to go but I went anyways—you know, it's Paris, come on. But then I got to Paris and just hated it. The guy I'd come with proposed to me on top of the Eiffel tower and all I wanted to do was jump off!

And so when I left Paris, I asked Rick to meet me at the airport. But he said no. He said, "you went with the other guy, you made your decision, I'm not coming." And I thought I'd blown it. I was like, "oh no, I can't come back from this." But the day after I got back, he showed up at my house. He said "OK, let's do this." And so we bought a farm together, got re-married on a ranch, and we've been together ever since.

Follow Mica on Twitter.

25 Sep 01:34

Holy Father, you're a heretic.

by aqsakal
Several dozen tradition-minded Roman Catholic theologians, priests and academics have formally accused Pope Francis of spreading heresy with his 2016 opening to divorced and civilly remarried Catholics. In a 25-page letter delivered to Francis last month and provided Saturday to The Associated Press, the 62 signatories issued a "filial correction" to the pope — a measure they said hadn't been employed since the 14th century.

The text of the letter is available here in several lanbguages.
25 Sep 01:32

Sun Studio & Muscle Shoals

by MovableBookLady
There are two instantly recognizable recording studio sounds: Sun & Muscle Shoals. This first link is a playlist from the manager of Sun Studios of the most important songs recorded there. Then there's a CMT series about the nascent days of Sun Studio CMT series, showcasing the glory days with Presley, Perkins, Howlin' Wolf, Jerry Lee Lewis, and more. Then there's the Muscle Shoals studio that drew all sorts of musicians from all the world and now (2013) there a documentary about it Muscle Shoals All music and people I grew up with and still love.
21 Sep 17:56

Photo



21 Sep 17:51

A expensas se regulen las nudes para darles idénticas garantías...



A expensas se regulen las nudes para darles idénticas garantías a quienes las envían que a quienes las reciben e incluso las pagan un contrato vinculante sujeto a transacción es la mejor de las soluciones de momento.

21 Sep 17:44

Everything We Overheard at a Punk Festival This Weekend

by Hannah Ewens

If you're heavily into rock music and grew up in Britain, you've likely been through the revolutions of longing for US alt festivals. As a pre-teen you wanted nothing more than to follow Warped Tour around because you heard blink-182's "The Rock Show" in 2001, graduated to Gainesville's Fest when you considered yourself a mature punk at 17 and then ended up looking at Riot Fest line-ups.

Chicago's legendary Riot Fest is a marriage of Slam Dunk and what Reading and Leeds Festival used to be when headliners were more Linkin Park and Metallica and less Kasabian and Muse. This year the biggest bands playing are Taking Back Sunday, Paramore, Jawbreaker, The Menzingers, Danzig and New Found Glory with a sprinkling of hip hop acts. Instead of teens who've just finished their GCSEs sloping around on ket, Riot Fest doesn't care about your age as long as you come wearing a joke Black Flag vest and oversized trucker cap. And because Americans have no drinking culture, as a Brit, stumbling around half-drunk, you're acutely aware of sobriety at every turn.

Besides the best punk line-up of the year, there was plenty more to enjoy this year, from women riding motorbikes on a tightrope accompanied by a trash metal soundtrack, to kids devouring weed edibles by the To Write Love On Her Arms stand. One night I lost my friends because I came across a guy from a southern state with a black pig in a pentagram choker, bucking on its leash to At The Drive In. "You can pet him – he's friendly," the owner told me, writing the pig's Instagram details on a Zimbabwean note.

This is the tone of Riot Fest. These are the things I overheard.

I don't care if you drove us here; you can't go to bed, you fucking loser, it's 8PM. Go sleep in the grass. You're always an embarrassment at these things.

[Musician upon ending his set] Love yourself!

I just got back from tour with Neck Deep, it was pretty gnarly.

My mouth has never tasted more like a goat's asshole as after those noodles from last night.

[A man wearing a band vest] Sleeves are bullshit.

There are no bigger fakers than Green Day. Have you heard Billie Joe and his fake fucking British accent?

Man A: FIDLAR are a little depressing.
Man B: What the fuck, Steve, you can't even read, I'm not listening to your bullshit.

Legit I saw Andrew W.K. sat on a keg looking very not party earlier.

The bad fashion here is contagious. I saw a big fat guy yesterday with overalls and no shirt. God bless America.

We did so much Molly for the first time ever that no one could explain the entire night.

Red Hot Chili Peppers are the shit, but what I'm saying is I wouldn't be wearing their shirt in public.

You know who I'm glad are not playing again? Tenacious D. Fuck that Jack Black, man.

Man A: If I wear the same outfit here every day but change the shirt, can't go wrong.
Man B: No dude, you fucking stink like ass, I'm sorry.

Fall of Troy are still gnarly.

Man: My boys are playing tonight. They've been my boys from way back when.
Woman: You keep saying that but you barely know them.
Man: They're my <boys>.
Woman: Please shut up.

I got this vegan tattoo but I'm only really half meat, half vegetarian now. *points around to the seven-inch word "vegan" across her shoulder blades*

I've been drinking since 9AM and now I'm having to hold your fucking head up to listen to emo.

I've seen a Pikachu belly button ring on a stand over there that I wanna get before Say Anything, it's pretty random.

.

Girl: Have you seen Jawbreaker before?
Man: Of course, countless times.
Girl: Interesting, they haven't played for 20 years.

Swearing is awesome. Fuck!

Say Anything's Max Bemis: This song's about break-up sex.
Teen boy 1: Oh god, can we please leave.
Teen boy 2: Stop being so fucking miserable for five minutes.
Teen boy 1: I'm allowed to feel sad.

Is it excessive to say I live for ska?

Ska is life blood.

Girl 1: Is that lizard man?
Girl 2: Who the fuck is lizard man?
Girl 1: He's that guy dressed as a lizard, with green tattoos all over his body. He works at the circus and does stuff with Nine Inch Nails somehow, and my friend Brenda says she fucked him, apparently.
Girl 2: Get your picture with him.
Girl 1: Omg no, I need to be plum drunk as a skunk for that shit.

Did you see the pigs earlier? You know pigs are hard fuckers. Like, they will fuck and then they will fuck you up and then they will fuck you too.

What's your favourite song? Mine is the one that goes, 'Punch in the face, punch in the face, uhhhh punch in the face.' It's catchy.

Man A: Who wins in a fight in 2017, though? Jesse Lacey or Lazzara?
Man B: Do you need to ask that question? You see how he still fucks with that mic swing? He will crack you and Lacey in the balls with that mic, no question. Any day, any way.

@hannahrosewens

21 Sep 17:40

Make Bristol Shit Again

by Angus Harrison

Every time I return to Bristol it feels like I've dragged more of London back with me. Pop-up bars in shipping containers are spreading like moss. The network of underpasses in town, which used to be haunted by a piss-stench so acrid it would make your eyes water, is now home to a taco stand. The graffiti's still there, only now it's worth more than the buildings it's sprayed on.

It's a logical evolution for my home town. The media workers who'd been pushed to the edges of Penge were bound to question whether there was something better than this at some point. Realising that, for the amount of money they were spending on a bedsit in Broadway Market, they could probably afford two houses in Montpelier, the exodus began. Encouraged by Buzzfeed listicles, and enticed by rumours of thriving creative industries, casual drug use and good transport links to Glastonbury, Bristol became the promised land.

Yet, now what's happening is what always happens. The bohemian settlers and marketing execs have brought with them the developers, the shiny-facade billboard-raisers, the sky-high glass apartment builders and shopping precinct marble-pavers. Bristol is losing its edge. My trainers slide over pavements they used to scuff. Everywhere feels clean, neat – that touch less real.

A few weeks ago a friend sent me a picture of a sticker that had been slapped against the side of a black-metal bin. It read "Make Bristol Shit Again", which struck me as a pretty good summation of the mystical something that is currently under threat. One of Bristol's crowning virtues always has been its shittiness. Its naffness. The unpolished, unwatched, natural lie of the land that has birthed trip-hop and drum 'n' bass. Crusties, jungletek, muddy cider, poi and sub-Banksy – the lazy cliches my London friends love to rinse – are all part of the crappy milieu. The grain of an earnestly unprofessional, improvisational space is in danger of being sanded away.

All photos by Julian Caldwell

Stokes Croft sits on the cusp of the town centre. If anywhere is the centre of shit Bristol, it's here: harem pants and dreadlocks, left-wing graffiti, dubstep nights. The Guardian described it as having a "certain urban oomph" back in 2012, which tells you all you need to know.

Hamilton House is the largest functioning building in the area – a one-time office block that is now run by social enterprise Coexist. More than 200 organisations, businesses and artists operate inside: a community cooking school, a wellbeing space for therapy and massage, a bike project which repairs unwanted bikes and gives them to underprivileged people. Over 2,000 people work there, and it's estimated that over half a million people a year come through the doors, many for the bar and cafe on the bottom floor.

Over the past few months it has been the focus of anxieties about the changing face of the city. When Coexist's 12-month lease came to end this summer, their landlords, Connolly and Callaghan, served them with a vacant possession notice – essentially notifying them that the building had to be in a fit state to be occupied by the owners at any time. Since then, the future of the entire project has seemed uncertain. Negotiations about renewing the lease have grown tense, Coexist have had a bid rejected and word has spread of Connolly and Callaghan's intentions to turn the part of the building into residential flats. "SAVE HAMILTON HOUSE" posters now block out the windows. Residents fear the worst.

When I meet with Sean, an architect who has a studio in Hamilton House, he speaks of the upset the sudden seeming volte-face has caused. "There's been no consultation, no feasibility, no communication," he explains, shaking his head. "Hundreds of businesses, thousands of jobs, tens of millions of pounds for the local area. All of that is at risk now, and nobody has given a good reason."

It's true that Bristol needs housing – the city's population is projected to surpass half a million by the year 2029. Yet, as in London, all too often "affordable housing" targets in Bristol have been missed; of the past 36 large developments approved by the council, only 11 met the minimum requirement of 30 percent affordable homes as set out in the council's housing policy. Even then, for housing to be defined as affordable it must be 80 percent of the market value, which, in a city whose property prices are rising faster than London's, still leaves them far out of reach for most. Then there's the cultural cost of housing.

"We need a lot of housing, nobody is arguing with that," Sean continues, "but there's a danger if we're not careful that we'll have houses, but there won't be a Bristol here. It'll be a suburb." If Hamilton House is turned into flats, then Stokes Croft – Bristol's cultural quarter – will be left economically and creatively rudderless. For a part of the city sustained and safe-guarded by the community inside the building, it's hard to envisage a particularly bright future for the area without it.

Encouragingly, Connolly and Callaghan assured VICE that concerns regarding the future of Hamilton House are completely unfounded. They say the vacant possession notice has been misinterpreted and is standard legal procedure ahead of renegotiating another year's tenancy.

Additionally, they stated that they have always intended to develop some residential spaces on the site, and doing so will secure its future and that of the creative community hub. Andrew Baker, head of social enterprise at the company, was unequivocal: "Hamilton House is safe. We have put together a plan that will secure its future, and that of the creative community hub. C&C will not make any profit out of this plan as all money will be ring-fenced in a separate company for capital improvements to Hamilton House. Hamilton House is not going to be turned into expensive flats. It is not going to be sold to a developer for the highest price. The occupiers will not have to move out of the building, and will not have changes made to their rents."

C&C appear committed to protecting the project, but it's easy to see why its occupants remain scared – if not of the landlords themselves, then simply of recent history. All around, the city is changing. Bristol has already lost a clutch of studio spaces and workshops, while others have downsized. Next to Stokes Croft, neighbouring St Paul's – a historically majority Afro-Caribbean area in a city recently proven the most racially unequal in the UK – is currently a hotbed of "sold" signs and diggers, as developers have grown wise to its prime location next to a motorway, town centre and hipster quarter. The warning signs are hard to ignore. As noble as intentions might be, who ever heard of progressive regeneration?

Well, it's not as ridiculous as it sounds. If Bristol is currently passing through a moment of reckoning, then it is happening at a unique time. The logic of the market and the politics of austerity are being challenged in the mainstream. The ugliness of property development has never felt more pronounced. If anywhere has the experience, the political will and the inventiveness to upset the conventional narrative, it's here.

Labour Councillor Nicola Beech has recently become a cabinet member for Spatial Planning and City Design in Bristol. When we speak on the phone she admits that the challenges facing Bristol are big, compounded by being an attractive city with an affordable living problem. Yet she also speaks encouragingly of the role the Labour-dominated council want to play in the future, as well as the influence communities can have over long-term plans. "There are things that can happen in and around Stoke's Croft, like community development planning... that take a holistic view of how a city should evolve. These things by their nature are slow moving – but it's important for communities to know that if they would like to have more control over what is happening then there are lots of tools."

Further up the road from Hamilton House, the Prince of Wales – a favourite pub a short roll from my parent's house – is under threat. When I speak to the landlord, Anna, on the phone she explains how the building's owners (Enterprise Inns) want her out and the pub gutted, in order to lease it to the Bermondsey Pub Company, a pseudo-boozer chain. Yet she is determined to be "the first landlord in legal history to take the multi-million pound company to court over my right to keep a traditional local pub". She talks resolutely in terms of the fight, refusing to see the charge against big business as a losing battle.

At Hamilton House, Sean speaks similarly about the future: "Nothing is inevitable." The fate of these buildings could prove to a bellwether for the city at large – whether community will and ingenuity can influence the previously untested forces of capital, or if Bristol is destined to become another shiny nowhere.

Stokes Croft never used to be all vegan flyers, public hire bicycles and poppyseed muffins. It used to be very different. When I had my first tentative nights out there a decade ago it was a much more volatile, nocturnal place; vast nightclubs, boarded-up kitchen showrooms, "massage parlours" and the industrial skeletons of old buildings which played host to squatters and drug-users. It was the location of the worst beating of my life – an incident which resulted in me having to spend a month sitting upright in bed to avoid my eyeball sinking into the fracture well of its socket – as well as many of the best parties.

Yet, over the space of a few years, the place was reimagined. In 2006 the People's Republic of Stoke's Croft was established; a group initially focused on protecting street-art but later on safeguarding the entire area. Burnt out shops became bars people wanted to drink in, non-profit co-operative coffee shops opened. Even the graffiti changed in nature, as phrases like "Think Local" were painted in huge pink letters across crumbling walls.

It wasn't perfect, but largely the area managed to improve without losing the wheat-paste-postered drum 'n' bass nights that thrummed in its bloodstream. The improvements consolidated the local community, rather than driving them away. Yes, there are more artisan bakeries than there were in Tricky's day, but compared to what I see in London, Bristol has so far fostered a delicate balance.

Whether the city can continue to do regeneration differently against far more historically ungovernable forces remains to be seen.

It turns out the "Make Bristol Shit Again" stickers belong to Bristol Streetwear – the same company responsible for the Nike-style Corbyn T-shirts that were pretty popular pre-election. I emailed to ask them how they define "Shit Bristol", and their reply recalled a time when Massive Attack were still the Wild Bunch.

"Success never suited Bristol," they said, tellingly. As they see it, Shit Bristol might be going into hiding, but it's never gone. "You can still go to certain areas on a Sunday afternoon and find ketamine casualties stumbling home, still buy a sliced white loaf in Stokes Croft if you know where to look, and there are at least two cafes in the town centre where a Full English costs less than a fiver."

Pining for Shit Bristol isn't a desire for urban decay; it's an eagerness to retain the rough edges. The naffness that makes it a somewhere, rather than an anywhere. The Memorial Stadium, the dogging spot on the Downs, the Orpheus, Rajanis, Blue Mountain, Jason Doner-Van, the Galleries. The battered, bumpy skin of the streets that like freckles could never be replicated, even if you tried. I understand everywhere has to change, I just wish it wasn't always for the better.

@a_n_g_u_s / @julian.caldwell

21 Sep 17:37

The 'Mad Pooper' Is Terrorising a Town with Her Turds

by River Donaghey

Police are searching for a mysterious female jogger who has been terrorizing a Colorado Springs neighborhood with heinous public poops, KKTV reports.

The woman, who local residents have nicknamed "the Mad Pooper," first jogged into town over the summer. At first, she probably seemed innocent enough jogging through the neighborhood, out for some sun and cardio or whatever. But the town soon found that she had much more nefarious, turd-related intentions.

Local homeowner-turned-victim Cathy Budde told KKTV that the jogger has stopped to squat in her lawn roughly once a week since the beginning of August. It was her young children who first caught the woman in the act, prompting Budde to run out and confront her—but the woman allegedly showed no shame, just pride in a poo well done.

"[My kids said], 'There's a lady taking a poop,'" Budde told KKTV. "So I come outside, and I'm like... 'Are you serious? Are you really taking a poop right here in front of my kids!?' She's like, 'Yeah, sorry!'"

The woman ran off that time, but the coils continued to come—and they don't seem to be the product of some bad IBS or GI issue, either. According to the Buddes, there are plenty of public restrooms in the nearby park, but the jogger has opted instead to drop deuces outside their residence or in nearby backyards. She even reportedly brings her own TP, so the poops are definitely premeditated. According to KKTV, the sprinting shitter has even been spotted pinching a loaf behind a nearby Walgreens, instead of taking advantage of the store's actual facilities.

"I put a sign on the wall that's like, Please, I'm begging you, please stop," Budde said. "She ran by it like 15 times yesterday and she still pooped."

Budde has even tried to figure out the woman's exercise/poop schedule, so she can perhaps catch the woman or spray her with a garden hose or whatever one does to stop an adult from shitting on their grass, but the Mad Pooper was too smart for that.

"Two other times we've caught her... [But] she changed up her time a little bit because she knew I was watching."

Budde has turned over video footage of the Mad Pooper to police, in hopes that they can put an end to the turd terror. But police are struggling to grunt out a solution. "It's abnormal, it's not something I've seen in my career," Colorado Springs police sergeant Johnathan Sharketti told KKTV. "It's uncharted territory for me."

Maybe the police should hang up some fliers, since that's worked in the past with problem poopers—or just keep an eye out for a runner who is suspiciously packing a whole lot of Charmin.

21 Sep 17:34

Maths Predicts Global Mass Extinction Event in 2100

by Kate Lunau

Over the past 540 million years or so, there have been five mass extinctions on our planet. The largest one, 250 million years ago, saw 95 percent of all species wiped out. Understanding these mass die-offs gives scientists insight into what's going on today: Animals are disappearing at an alarming rate, largely driven by human-caused changes to the environment. Many scientists believe a sixth mass extinction is now underway.

Every ancient extinction happened at a time when Earth was also seeing disruption in the carbon cycle—the natural process that links cellular respiration (which releases carbon dioxide, or CO2) and photosynthesis (plants take up that CO2 to grow). Of course, humans are now pumping CO2 into the environment at astounding rates.

A new paper in Science Advances finds that a mass extinction period mirroring ones from our planet's ancient past could be triggered when humanity adds a certain amount of carbon to the oceans, which are home to the majority of all plants and animals on our planet. The paper pegs that amount at 310 gigatons. According to lead author Daniel Rothman of MIT, based on projections from the Intergovernmental Panel on Climate Change, we're on course to hit that number by 2100. After that, we enter "unknown territory."

Read the rest on Motherboard.

21 Sep 17:32

Doped Up Dogs: Why Greyhounds Are Being Given Cocaine

by Max Daly

The public has always been fascinated by an animal-on-drugs story. Take the legendary "squirrels on crack" incident, where a gang of our fluffy-tailed friends were allegedly terrifying Brixton residents after nibbling on rocks they had stolen from dealers' stashes; or the Moldovan cat smuggling cannabis into prison; or even the chimp that took up smoking.

Last week, two such tales – both involving dogs taking cocaine – gained a fair bit of attention. First came the inquest into the violent death of Mario Perivoitos, mauled by Major, his pet Staffordshire bull terrier, who had ingested a stash of crack cocaine. Two days later, it was revealed that champion Irish greyhound Clonbrien Hero had tested positive for cocaine three times in two months.

No one can be sure how Major the Staffie ended up ingesting the crack; according to a toxicologist, the dog had "probably eaten" the drugs. But a greyhound found with drugs in its system is not entirely out the blue, whatever his trainer may say about people "patting it on the head" after handling money contaminated with cocaine.

Clonbrien Hero's trainer denies any wrongdoing, but the case still serves as a reminder that the dog racing industry – banned in all but a handful of countries – has a shaky track record on doping and animal welfare.

Despite introducing a strict drug testing system to combat race fixing, and new rules to improve animal welfare, greyhound racing in the UK and Ireland – two of the sport's last bastions – still stands accused of shady practices.


WATCH: Young Brides for Sale – Inside Bulgaria's Controversial Virgin Market


So far this year in Ireland, cocaine has been found in three other dogs apart from Clonbrien Hero, at tracks in Longford, Limerick and Cork. Two have tested positive for amphetamines at Lifford and Shelbourne Park. One greyhound, Alive Alive Mayo, tested positive for steroids five times between May and June. His kennel mates, Gods Own Mayo and Hartbeating Mayo, also tested positive for steroids.

Positive tests in the UK – which has witnessed such a steep fall in interest in the sport that all its London tracks have now closed – are rare. Increased drug testing in the last decade by the industry's governing bodies, the GBGB, and its Irish equivalent, the Irish Greyhound Board (IGB), has reduced the amount of doping in the sport. However, while the GBGB says that over 99 percent of drug tests on greyhounds come up negative, between 2012 and 2016 there were 261 positive tests for banned drugs; dogs are still being drugged.

In the last three years, racing greyhounds have tested positive for an alphabet soup of sedatives, steroids and stimulants, designed to either hinder or boost a dog's ability. Cocaine, barbiturates, ketamine, Viagra, cannabis, beta-blockers, Ritalin and morphine have been found in greyhounds. So have novocaine, caffeine, anti-malaria drugs, antihistamines and medicines for treating human hair loss.

Doping gives dog owners or trainers an underhand advantage when it comes to gambling. By illegally drugging their dogs, they can control their performance on the track and in the betting ring. Sometimes, dogs are sedated in races to lengthen their odds for the target race. Dogs are then raced without sedatives, or given stimulant drugs or steroids in order to improve their performance, earning those in the know big cash rewards.

Despite the dangers to their health posed by drugging dogs, trainers caught doping are often handed a small fine and allowed to continue racing. One trainer, John Mullins, who runs a kennels in Suffolk, has greyhounds that tested positive for cocaine and amphetamines in 2005, 2012 and 2014. Yet Mullins is described by those charged with maintaining the integrity of the sport, the Greyhound Board of Great Britain (GBGB), as "very highly regarded within the greyhound industry".

In 2014 an undercover BBC Panorama investigation found one trainer, Chris Mosdall, sabotaging his dogs' performance at Wimbledon Stadium by injecting them with antihistamines in order to rig bets. Mosdall was jailed for four months. In 2014, a greyhound trained by Michael Field, the former CEO of the Irish Greyhound Board, tested positive for the banned stimulants ephedrine and phenylpropanolamine following a win at the Irish hare-coursing derby.

However solid the authorities' grip on doping within the official circuit is, there is little to stop dogs being doped on the handful of unregulated greyhound courses – known as "flapping tracks" – throughout the UK and Ireland. At these events vets are not required and drug tests are not undertaken. In 2011, a greyhound trainer operating on flapping tracks, Anthony Fowler from Stockton-on-Tees, was banned from keeping dogs for life after he gave Viagra to a dog to make him "run his head off", and boiled cannabis to slow him down. In December of last year a Scottish newspaper uncovered evidence of widespread drugging of dogs on the flapping circuit.


READ:


Pumping greyhounds full of powerful drugs is not just a British and Irish thing. In New South Wales, Australia, 20 trainers were caught doping their dogs in eight months despite promises by the sport to clean up its act. In America, where 40 states have banned the sport, most of the tracks are in Florida. In June, a trainer had his license suspended after 12 of his greyhounds tested positive for cocaine. A month earlier, Malcolm McAllister – a veteran on the US dog racing scene, described as a patriarch of the industry – lost his license after five dogs tested positive for cocaine following a race.

Doping aside, the greyhound racing industry has found it hard to shift away from a largely prejudiced image of it as a sport of rogues, in comparison to its more thoroughbred cousin horse racing, the "sport of kings". But its reputation hasn't been helped by its occasional ties to organised drug crime. In 2013, two Teesside greyhound trainers, Robert and Thomas Hall, were jailed for a total of 19 years after their cocaine and cannabis enterprise was rumbled. Four years earlier, Newcastle greyhound trainer Brian Stirling, who was found guilty of doping his dog in 2007, was jailed for ten years for running a cocaine and amphetamine dealing business.

In Ireland, gangster Christy Keane was arrested on suspicion of stealing Clares Rocket, a champion greyhound worth €1 million, from the Tipperary-based kennels of Graham Holland, the trainer of Clonbrien Hero, before being released without charge. In May, the IGB set up an investigation into race fixing after a highly suspicious flurry of bets on dog racing at Mullinger stadium in County Westmeath.

Yet the sport has bigger problems to confront than doping and links to the criminal underworld. According to animal welfare campaigners, large numbers of healthy greyhounds are killed each year because they have become uneconomic for their owners. In 2007, builders' merchant David Smith was fined after killing and burying hundreds of healthy greyhounds – deemed by their trainers too slow for racing – for £10 a time on land near his home in County Durham. The Dogs Trust estimates that around 3,500 greyhounds are unaccounted for every year in the UK.

"Thousands of greyhounds are bred each year for racing. Some of those who do not make the grade are killed when they are young; others are kept in terrible conditions," says Rita James of Caged, a campaign group against greyhound exploitation. "Then there are the injured and retired greyhounds that just disappear, left to rot, shot with a bolt gun or dumped in the river. There are too many to be rehoused. That's why we want to ban this sport."

If these beautiful animals that we profess to love so much are looked after from cradle to grave, and left to compete without being doped, then at least this seemingly doomed sport can meet its maker with dignity.

@Narcomania

21 Sep 17:31

Hundreds of Nazis Will Die in Jordan Peele's New TV Show

by River Donaghey

Comedian and Get Out director Jordan Peele is heading back to television with a new show all about hunting Nazis in the 1970s, according to the Hollywood Reporter.

The show, aptly titled The Hunt, follows "a diverse band of Nazi hunters in 1970s America as they set out on a quest for revenge and justice," the Reporter writes, "tracking and killing hundreds of Nazis who, with the unconscionable help of the US government, escaped justice and embedded themselves in American society." It's inspired by true stories of real-life Nazi hunters after the fall of the Third Reich.

Sources close to the project told the Reporter that Peele began shopping the series around in the wake of the violent neo-Nazi "Unite the Right" rally last month in Charlottesville.

The series is still in its infancy and plot details are minimal—save for that brief synopsis—so there's no telling whether The Hunt will wind up being a dour period drama or an Inglourious Basterds exploitation thing or some Nazi hunter police procedural (OK, it probably won't be that). But whatever it is, Jordan Peele telling fictionalized Simon Wiesenthal stories or whatever is destined for brilliance—and some massive network bidding wars.

The Hunt is Peele's first TV project after inking an overall TV development deal with Sonar Entertainment earlier this year. Sonar will produce the series with Peele acting as executive producer and Black List wunderkind David Weil is onboard to co-executive produce and pen the script.

In other Peele-produced, white supremacist–fighting news, the Get Out director is also working on Spike Lee's upcoming film Black Klansman, which will tell the true story of Ron Stallworth, a black undercover cop who infiltrated the Ku Klux Klan in the 1970s, and is based on Stallworth's memoir of the same name.

19 Sep 11:14

Cómo hacer la michelada. Infografía

by La Bibi

Cómo hacer la michelada. Infografía

La michelada es una de las típicas bebidas mexicanas que tiene como base la cerveza. Existen varias versiones de micheladas, desde la más simple que solamente lleva jugo de limón y salsas saborizantes hasta las más complejas con ingredientes como el chamoy o la costeña que lleva camarones. Hoy nos les compartimos la versión clásica y que más nos gusto, la que tiene clamato.

De todas las bebidas y cocteles que podemos encontrar en México, la michelada tiene un lugar especial ya que se asocia mucho con los periodos de calor. Es refrescante y como la puedes adaptar exactamente a tu gusto, no existen dos micheladas idénticas.

Ingredientes para una michelada

  • 1 cerveza clara, 150ml de clamato o jugo de tomate, 1 limón, 1 cucharita de sal, 1 cucharita de chile piquín, 1 cucharita de salsa picante (Valentina u otra), 1 cucharita de salsa inglesa, hielo (opcional).

Directo al Paladar México | Las cervezas más populares. Infografía
Directo al Paladar México | Los diferentes tipos de chocolate. Infografía

-
La noticia Cómo hacer la michelada. Infografía fue publicada originalmente en Directo al Paladar México por La Bibi .

19 Sep 09:08

El BNG alerta de la «desaparición de máis de 500 postos de traballo» con el plan de Navantia

by Salgado
Manifestación de trabajadores de Navantia Ferrol (foto: Mero Barral / 13fotos para Ferrol360)

Manifestación de trabajadores de Navantia Ferrol (foto: Mero Barral / 13fotos para Ferrol360)

FERROL360 | Lunes 18 septiembre 2017 | 21:05

El plan industrial de Navantia «xa nin agocha un proceso de reestruturación, que leva aparellada a desaparición de máis de 500 postos de traballo» en sus centros de Ferrolterra. Es la percepción del BNG en torno a las «pretensións» del grupo naval público, que continúa «propoñendo un deseño para os estaleiros da ría circunscrito exclusivamente á construción militar».

En un comunicado, ha considerado este lunes que descartar «o nicho de traballo da construción civil» es una propuesta errónea y ha hablado de una «suposta modernización dun estaleiro sen financiamento e en base a uns programas de construción naval que a día de hoxe son unha incógnita». Se ha referido, de este modo, al programa de las F-110 para la Armada Española.

El portavoz nacionalista en el Concello ferrolano, Iván Rivas, ha cargado contra el «silencio» de gobierno local y «resto de organizacións estatais». Insta al alcalde a posicionarse y evitar convertirse en «parapeto para que o Estado desenvolva o seu obxectivo de liquidación do naval».

«É preciso obrigar a que o Estado cambie o deseño que ten establecido para os estaleiros de Ferrol; precisamos un que asuma a necesidade de constituír un complexo industrial do naval que poida actuar en todos os ámbitos do sector», ha incidido el BNG. Reclama que no se «amortice ningún posto de traballo»; a cambio, exige que se «rexuvenezan» las plantillas.