| Wayne Cochran |
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| Wayne y su amigo Otis |
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| Wayne Cochran |
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| Wayne Cochran |
La cantidad de azúcar en el chocolate se está reduciendo, las bebidas azucaradas están sujetas a impuestos y nuestra ingesta de azúcar diaria recomendada se ha reducido a la mitad.
Pero la batalla contra el azúcar podría haber comenzado antes si la industria no hubiera guardado secretos para proteger sus intereses comerciales, según los nuevos hallazgos.
Hace tiempo ya hablámos cómo la industria del tabaco había puesto trabas a la invetigación sobre los efectos de su consumo en la salud humana. Una dinámica parecida parece haber sucedido con la industria del azúcar.
Y es que en 1967, cuando los científicos ya planteaban el vínculo entre el consumo de azúcar y el aumento del riesgo de enfermedad cardíaca, la Fundación Internacional de Investigación del Azúcar (ISRF) retenía los hallazgos de que las ratas alimentadas con una dieta alta en azúcar tenían niveles más altos de triglicéridos que aquellos alimentados con almidón. La fundación, al advertir lo que suponían esos resultados, dejó de financiar el proyecto.

Cristin Kearns, uno de los investigadores que analizaron los documentos de ISRF, señala:
La investigación de ISRF fue diseñada para arrojar dudas sobre la importancia de los triglicéridos elevados en la sangre como un factor de riesgo de enfermedad cardíaca. Ahora se acepta comúnmente que los triglicéridos son un factor de riesgo, pero esto fue controvertido durante décadas. Creo que la comunidad científica habría llegado a un consenso sobre que los triglicéridos elevados serían un factor de riesgo para la enfermedad cardíaca mucho antes si la investigación se hubiera publicado.
Por si fuera poco, un año después, la Fundación financió el Proyecto 259, que investigaba los efectos del consumo de sacarosa en el tracto intestinal de las ratas. Se encontró un posible vínculo entre el consumo de azúcar y un mayor riesgo de cáncer de vejiga, pero el ISRF abortó la financiación del proyecto antes de que los experimentos finalizaran, a pesar de que el estudio ya había durado 27 meses y solo requería tres meses más de trabajo.
El estudio, según argumentan los investigadores en su nuevo análisis, publicado en la revista Plos Biology, podría haber tenido implicaciones para los humanos, e indica cómo ISRF restó importancia al papel del azúcar en las enfermedades cardiovasculares debido a intereses comerciales.
El problema podría ser mucho más grave que los dos estudios ISRF que los investigadores han analizado. Los investigadores concluyen que los debates que ahora tenemos sobre los efectos del azúcar en nuestra salud están potencialmente arraigados en seis décadas de manipulación de la evidencia científica por parte de la industria azucarera.
Si tienes corta estatura tu riesgo de sufrir un ataque al corazón es mayor
Tu dieta también influye en el rendimiento de tu cerebro
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La noticia
La industria del azúcar frenó la investigación de la sacarosa hace 50 años
fue publicada originalmente en
Xataka Ciencia
por
Sergio Parra
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A semana pasada presentamos unha aplicación móbil un tanto singular: A Máquina do Tempo. Trátase dun proxecto promovido polo Consello da Cultura Galega que ten por obxectivos poñer en valor o patrimonio moble do país combinando técnicas de realidade aumentada e realidade virtual. Está dispoñible para descarga gratuita tanto para Android como para iOS.
O que fai a Máquina do Tempo son dúas cousas. Por unha banda, permíteche a través de marcadores, examinar na túa casa, comodamente, obxectos senlleiros preservados nos nosos museos. Esa é a realidade aumentada, e podes vela con marcadores impresos ou simplemente proxectándoos noutra pantalla. Pero unha segunda parte, máis ambiciosa, pretende que coñezamos o contexto cultural e histórico no que foron empregados eses obxectos orixinalmente. Trátase de loitar contra o dificilmente evitable contexto aséptico no que as pezas son representadas nos museos e defender a idea de que unha peza é, en realidade, un relato sobre un tempo (ou tempos), e ten que ver con persoas e situacións concretas. Non é un ente abstracto: é unha ferramenta para coñecer ao ser humano que a produciu e usou. Para iso, empregamos técnicas de realidade virtual. Empregando gafas de realidade virtual (unha tecnoloxía moi barata hoxe en día, pódense conseguir desde un euro), os usuarios mergúllanse en pequenas experiencias audiovisuais. Así, recreamos situacións históricas ideais, pero tamén exploramos o mundo das lendas e do imaxinario, como na escea do bispo Gonzalo de Mondoñedo convocando os trebóns para destruír a armada pirata.

Cantarexa cunha alfareira nun poboado prehistórico. Explora coas túas amigas unha abraiante escultura medieval. Descifra os segredos dun machado ritual da Idade do Ferro. Contempla a destrución lendaria dunha armada pirata. Segue ao primeiro arquiveiro do Reino de Galicia por labirínticos sotos. Isto é a Máquina do Tempo. A Historia e as lendas de Galicia no teu móbil.
Tempo teremos para compartir algo do moito que aprendimos realizando esta app, única en Galicia ata o momento. A realidade virtual é unha tecnoloxía emerxente de indubidables posibilidades para o noso patrimonio histórico, que está a vivir un rápido desenvolvemento. A Máquina do Tempo é a contribución desde Galicia a este tipo de solucións tecnolóxicas, con moitos obxectivos: non só contribuír a visibilizar a nosa Historia e cultura, senón tamén a dignificalas vinculádoas a tecnoloxías emerxentes que poden ter un gran impacto no futuro (aínda que iso nunca se pode predecir). Nun estudo recente que preparei recentemente, constatei a gran escaseza de aplicacións centradas na cultura e na lingua no país dispoñibles para móbiles. En realidade, de aplicacións sobre o país en xeral. A viveza da nosa cultura nestas canles tamén se fai a partir destes produtos de innovación.

Quero agradecer aos meus xefes por apostar por estes formatos e a todo o equipo humano que contribuiu durante un ano de traballo a sacar adiante a Máquina do Tempo. Agora só falta unha cousa: que disfrutes con ela!
Un encontronazo en un bar a las cinco de la madrugada durante las fiestas del pueblo que acaba en un banquillo de la Audiencia Nacional, ese lugar históricamente pensado y diseñado para juzgar a los terroristas más sanguinarios, gente con 50 muertos a sus espaldas.
Órdenes de prisión preventiva, acusaciones por delitos terroristas sobre la mesa y peticiones de 50 años de cárcel para la mayoría de los acusados. Es la historia de Aratz, Iñaki, Julen, Jon Ander, Jokin, Adur, Oihan y Ainara, los ocho jóvenes que participaron en la pelea/agresión/atentado (elija su tipo penal preferido) contra dos guardias civiles de paisano y sus parejas. Sucedió el 15 de octubre del pasado año en un bar de la localidad navarra de Alsasua.
Conocerán el caso porque ha sido mediático. Ha ocupado horas de televisión y portadas de prensa. Y ha sido precisamente esto, los focos desde el minuto uno, lo que han convertido esta pelea de bar con un tobillo fracturado —hecho condenable, por supuesto— en un terremoto con réplicas legales de consecuencias dramáticas para los ocho jóvenes. Estos días se cumple un año desde el ingreso en prisión de todos ellos. A día de hoy tres siguen aún en preventiva. El resto, en libertad con cargos a la espera de un juicio que se celebrará el 17 de abril de 2018. Un juicio en el que tendrán que defenderse para evitar esos 375 años de cárcel que suman las peticiones que dibuja la fiscalía en su acusación de “lesiones terroristas”.
A día de hoy tres siguen aún en preventiva. El resto, en libertad con cargos a la espera de un juicio que aún no tiene fecha
“El terror se respira en cada esquina de este pueblo”, relataba una buena mañana Ana Rosa Quintana en un especial sobre lo sucedido en Alsasua. La presentadora de televisión le daba veracidad y sello de periodismo matutino a esa teoría que empezaba a circular en redes sociales y en los idearios de algunos partidos políticos: lo sucedido en aquel pueblo navarro no había sido una pelea de bar, sino un atentado terrorista contra la Guardia Civil en tiempos post ETA.
Al tiempo que Ana Rosa ponía sobre el asunto el contexto de terror, el líder del partido ultraderechista Vox, Santiago Abascal, visitaba acompañado por la víctima de ETA Ortega Lara a los dos guardias civiles agredidos en aquel bar. De uniforme ambos, uno de ellos posaba junto a los políticos mostrando la escayola. Aquel día y tras hacer pública en redes sociales la foto, el líder derechista ya dibujaba el asunto como un atentado.
El presidente del Gobierno, en los momentos posteriores al hecho, y antes de que los focos y la atención mediática hubieran tocado sus cotas más altas, no se atrevía a ir tan lejos como el líder de Vox o la periodista de Telecinco. Mariano Rajoy usaba su cuenta de Twitter para, en un mensaje personal —de esos que acaban con la firma MR— calificar de agresión —no de atentado ni de terrorismo— lo sucedido, mandar ánimos a los guardias civiles y asegurar que no habría impunidad para los agresores.
Cuando de interpretación de delitos se trata, la línea a veces puede ser tan fina como el tabique que separa la política de la Justicia. Sembrado ya un contexto, de poco importó que el propio atestado de la Guardia Civil viera un posible delito de odio y no de terrorismo, ni que en su informe descartaran que aquello hubiese sido un ataque organizado, sino un enfrentamiento casual. Ahora le tocaba a la justicia decidir si aquello era pelea de bar o ataque terrorista y el ruido ambiental apuntaba a lo segundo.
Una moneda al aire que al caer marcaría la diferencia entre una multa o una vida en prisión. Los familiares de los ocho jóvenes se lamentan en los medios de comunicación un año después de aquella pelea en las fiestas del pueblo: “si esto hubiera sido en otro lugar de España no estaríamos en esta situación”.
Al tiempo que Ana Rosa ponía sobre el asunto el contexto de terror, el líder del partido ultraderechista Vox, Santiago Abascal, visitaba acompañado por la víctima de ETA Ortega Lara a los dos guardias civiles agredidos
No les falta razón porque ese terror subjetivo, que Ana Rosa Quintana podía respirar en cada esquina del pueblo, es el que permite elegir una interpretación u otra del código penal: bronca de bar, delito de odio o terrorismo.
Al lanzarse la moneda al aire, dos tribunales, la Audiencia Provincial de Navarra -que consideraba aquello una pelea de bar o en todo caso un delito de odio contra la Guardia Civil- y la Audiencia Nacional –que lo consideraba un acto de terrorismo- se disputaron el caso de los jóvenes de Alsasua.
La moneda cayó del lado de la Audiencia Nacional y una jueza, ahora conocida por los encarcelamientos del Govern de Catalunya, la jueza Lamela, se hizo cargo del asunto optando por pedir penas que igualan o superan las aplicadas a atentados de ETA con varios muertos durante los peores años de plomo en Euskadi.
"A lo largo de los años en la Comunidad Foral de Navarra se ha imbuido en un sector de la población un sentimiento de odio hacia la Guardia Civil". Así comienza el escrito de acusación que pide casi 400 años de cárcel para los acusados: oliendo ese terror en cada esquina que no se huele judicialmente si la agresión en el bar se hubiera producido a unas horas de allí. En El Ferrol, por ejemplo.
Cuando de interpretación de delitos se trata, la línea a veces puede ser tan fina como el tabique que separa la política de la Justicia
Un concejal del PP de la localidad gallega fue condenado hace tres años a un año de prisión y a una multa de 1.200 euros por atentar contra unos agentes de la policía tras negarse a pasar un control de alcoholemia.
El concejal no entró en prisión y pagó una multa de 1.200 euros, lo que parece una condena lógica por una bronca violenta. ¿El matiz? Al concejal no se le intuyó odio hacia la autoridad, ni en El Ferrol “se respira el terror en cada esquina”. Los delitos de odio en España, un tipo penal pensado para defender ataques a colectivos o individuos por cuestión de raza, sexo o creencias religiosas, van un paso más allá de la condena aplicada al concejal popular. En este caso, las penas pueden llegar a ser de hasta cuatro años de cárcel en los casos más graves y en las interpretaciones más duras.
En Alsasua nos encontramos un caso provocado por lo que podríamos llamar el Efecto Ana Rosa, ese por el cual un suceso pasa de ser una bronca en una feria que podría acabar en una multa o en el caso más grave en una condena mínima de prisión, a tomar dimensiones que hacen que las peticiones de cárcel (375 años) superen las pedidas en los ochenta para el dirigente más sanguinario de ETA, Txikierdi, que ordenó centenas de asesinatos (para él se pidieron 350 años). Cuando llegue el juicio, todo eso puede cambiar. El sentido común pide que eso pase.
«Veo a la Iglesia del tercer milenio afligida por una plaga mortal, se llama islamismo. Invadirá Europa. He visto a las hordas venir, de Occidente a Oriente: desde Marruecos a Libia, desde Egipto a los países orientales».
Ésta es la asombrosa visión de San Juan Pablo II, nunca publicada. Hasta ahora. Testigo de la confesión, destinada a causar sensación, es Monseñor Mauro Longhi, perteneciente a la Prelatura del Opus Dei, que estuvo a menudo en estrecho contacto con el Papa polaco durante su largo pontificado.
Monseñor Longhi, originario de Trieste, ha revelado el episodio en el eremitorio «Santos Pedro y Pablo» de Bienno, en Val Camonica, en una conferencia organizada el pasado 22 de octubre en recuerdo de Juan Pablo II. Ese día la Iglesia celebra la memoria litúrgica del santo.
Para aclarar las cosas y situar la visión profética de Karol Wojtyla tal como la ha referido el sacerdote, que está por encima de toda sospecha (de hecho, Monseñor Longhi ha gozado de la estima personal no sólo de Juan Pablo II, sino también de Benedicto XVI, que en 1997 le llamó a trabajar en la Congregación para el Clero), es necesario hacer algunas referencias geográficas y temporales.
De 1985 a 1995, el entonces joven economista licenciado en la Universidad Bocconi, Mauro Longhi, ordenado sacerdote en 1995, acompañó al Papa Wojtyla en sus proverbiales salidas para esquiar y pasear por la montaña. Lo hizo de manera regular, cuatro-cinco veces al año, durante diez años, en la que hoy es la sede de verano del Seminario internacional de la prelatura del Opus Dei, pero que entonces era una sencilla casa de campo para quien, en la Obra, quería prepararse al sacerdocio y a la enseñanza de la Teología. Estamos en la provincia de L’Aquila, a unos 800 metros de altura, en dirección hacia la Piana delle Rocche, municipio de Ocre.
«El Santo Padre salía con mucha discreción de Roma, acompañado en un modesto coche por su secretario, Mons. Stanislaw Dziwisz, y por algún amigo polaco. En los peajes de las autopistas -el único lugar donde alguien podría reconocerle- solía fingir que estaba leyendo un periódico». Así inicia Mons. Longhi una serie infinita de anécdotas interesantísimas, a menudo acompañadas, como escrupuloso pastor que es, por las oportunas explicaciones teológicas.
Los afortunados oyentes que han ido hasta Bienno han podido disfrutar con los recuerdos de Monseñor Longhi sobre el Karol Wojtyla místico, conocido por pocos; ese Wojtyla secreto y misterioso que ha sido el gran protagonista de uno de los pontificados más largos de la Iglesia. Es el Papa que Monseñor Longhi veía por la noche en la capilla de la casa de montaña, arrodillado durante horas en los incómodos bancos de madera, ante el Tabernáculo. Y es el Papa que, también de noche, quienes vivían en la casa de los Abruzos oían a veces hablar apasionadamente con el Señor o con su amada Madre, la Virgen María.
Para investigar al místico Karol Wojtyla (algo que hizo de manera magistral Antonio Socci en su bien documentado I segreti di Karol Wojtyla, publicado por Rizzoli en 2008), Monseñor Longhi ha relatado lo que le confió Andrzej Deskur, cardenal polaco que fue compañero de seminario de Juan Pablo II, el seminario clandestino de Cracovia. Deskur, Presidente durante muchos años de la Pontificia Comisión para las Comunicaciones Sociales (1973-1984), puede considerarse sin duda el mayor amigo de Wojtyla; de hecho, para apoyar el pontificado de su amigo Lolek se ofreció como víctima, acogiendo la voluntad divina del ictus y la consiguiente parálisis, dentro de ese misterio profundísimo que es la «sustitución vicaria» (precisamente para ir a ver a su amigo, ingresado en el hospital, Juan Pablo II hizo, la misma noche de su elección, su primera, increíble y «clandestina» fuga del Vaticano).
Cuenta Mons. Longhi: «“Tiene el don de la visión”, me confió Andrzej Deskur. Le pregunté qué quería decir. “Habla con Dios encarnado, Jesús, ve su rostro y también el rostro de su madre”. ¿Desde cuando? “Desde su primera misa, el 2 de noviembre de 1946, durante la elevación de la hostia. Estaba en la cripta de San Leonardo, en la catedral de Wawel, Cracovia; allí es donde celebró su primera misa, ofrecida en sufragio por el alma de su padre». Monseñor Longhi añade que el secreto que le desveló el cardenal Deskur –esos ojos de Dios que se fijan sobre Wojtyla cada vez que éste eleva el cáliz y la hostia– se puede intuir leyendo la última encíclica de Juan Paolo II, Ecclesia de Eucharistia. En ella, en el número 59 de la «Conclusión», precisamente mientras el Papa polaco recuerda del momento de su primera misa, él mismo acaba desvelando el misterio que lo ha acompañado toda la vida: «Mis ojos se han fijado en la hostia y el cáliz en los que, en cierto modo, el tiempo y el espacio se han “concentrado” y se ha representado de manera viviente el drama del Gólgota, desvelando su misteriosa “contemporaneidad”».
Entre los muchos episodios relatados, el que más asombro ha causado en la platea del eremitorio de Bienno, y que se enmarca dentro de uno de los muchos paseos por el Macizo del Gran Sasso, es sin duda el que tiene como centro el islam y Europa. Antes de referir las palabras del santo polaco –objetivamente impresionantes–, Monseñor Longhi hace un prólogo muy humano, a veces inesperadamente hilarante, lleno de bromas, de intercambio de bocadillos, de histriónicos reproches por la publicación anticipada de ese Catecismo de la Iglesia Católica muy deseado por Wojtyla (de hecho, no esperar la editio typica latina provocó errores que hubo que resolver con precipitadas correcciones). En esa ocasión, el Santo Padre y Mons. Longhi, evidentemente más veloces que los otros, se habían separado del grupo en el cual, como siempre que el Papa salía de Roma, estaba su secretario, el fiel Stanislao Dziwisz, al que Benedicto 2006 creó cardenal y que en la actualidad es arzobispo emérito de la diócesis de Cracovia. Es obligatorio citar por entero este pasaje de Mons. Longhi (con sus etapas de acercamiento a la tremenda visión mística del Papa). La conferencia está colgada en YouTube; a partir del minuto 48 se puede ver el pasaje que relatamos a continuación.
Los dos están apoyados a una roca, uno frente al otro, comiendo un bocadillo y esperando la llegada del resto del grupo. Éste es el relato textual de monseñor: «Le miré pensando que tal vez necesitaba algo; él se dio cuenta de mi mirada, le temblaba la mano, era el inicio del Parkinson. “Querido Mauro, es la vejez..”, y yo dije de inmediato: “No, Santidad, ¡usted es joven!”. Cuando en los coloquios de tipo familiar y amistoso se le contradecía, a veces se enfadaba. “¡No es verdad! ¡Digo que soy viejo porque lo soy!”». Según Monseñor Longhi, era precisamente el paso del tiempo, junto al avance de la enfermedad, lo que hacía que el Papa polaco sintiera la necesidad urgente de transmitirle esa visión mística. «Entonces Wojtyla cambió el tono y la voz –continúa el monseñor– y haciéndome partícipe de una de sus visiones nocturnas, me dijo: “Recuérdaselo a quienes encontrarás en la Iglesia del tercer milenio. Veo a la Iglesia afligida por una plaga mortal. Más profunda y dolorosa que las de este milenio”, refiriéndose a las plagas del comunismo y el totalitarismo nazi. “Se llama islamismo. Invadirán Europa. He visto a las hordas venir, de Occidente a Oriente”, y me describe uno a uno los países: desde Marruecos a Libia a Egipto, y así hasta la parte oriental. El Santo Padre añade: “Invadirán Europa. Europa será un sótano lleno de antiguallas, penumbra y telarañas. Recuerdos de familia. Vosotros, la Iglesia del tercer milenio, deberéis contener la invasión. Pero no con las armas, las armas no bastarán, sino con vuestra fe vivida íntegramente”».
Éste es el maravilloso testimonio de quien estuvo en estrecho contacto durante años con el Santo Padre, con el que concelebró muchas veces. Esta confesión del Papa Wojtyla se remonta al mes de marzo de 1993. Y hace 24 años el marco social, como los números de la presencia islamica en Europa, eran muy distintos. No es una coincidencia que en la ya olvidada Exhortación Apostólica de 2003, Ecclesia in Europa, Juan Pablo II hablara claramente de una relación con el islam que debía ser «correcta», que debía llevarse a cabo con «prudencia, con ideas claras sobre sus posibilidades y límites», siendo conscientes de la «notable diferencia entre la cultura europea, con profundas raíces cristianas, y el pensamiento musulmán» (n. 57). Aunque con el lenguaje propio de un documento magisterial, por naturaleza contenido, parecía que el Santo Padre implorase la instauración de un conocimiento del islam «objetivo» (n. 57). Un paradigma y una sensibilidad, por lo tanto, claros e inequívocos, sobre todo si se considera otro pasaje de Ecclesia in Europa, aquel en el que el Papa Wojtyla –tras deplorar «la frustración de los cristianos que acogen» y que, en cambio, en muchos países islámicos ven cómo se «les prohíbe todo ejercicio del culto cristiano» (n.57)–, habla de los flujos migratorios y llega incluso a desear la «firme represión de los abusos» (n.101).
Hay que tomar nota que estamos ante un lectura políticamente incorrecta del fenómeno «islam» por parte de un Papa canonizado por la Iglesia católica; una lectura, primero, «profética» y, después, magisterial (no es difícil suponer que la impactante visión profética de Juan Pablo II haya influido en su redacción de Ecclesia in Europa). «El islam nos invadirá». Tal vez lo está ya haciendo. Mientras, de manera inexorable, se apaga la luz sobre la Europa cristiana, reducida a un sótano lleno de antiguallas y telarañas. «Karol el Grande» ha hablado y nos invita a resistir, hoy, a la invasión con la fe vivida íntegramente.
(Publicado originalmente en LA Nuova Bussola Quotidiana, Traducción de Helena Faccia Serrano para InfoVaticana)
La entrada La visión de Juan Pablo II: “El islam invadirá Europa” aparece primero en InfoVaticana.

Colin J. Carlson is a biologist, but he's not an expert on foxes. Still, he decided to make a list of foxes and rate them with letter grades for their "weirdness" in a Twitter thread. As you go through it, you'll see that the grades are quite arbitrary, but the description of each fox is delightful, and so are the pictures. Shown above is a Blandford's fox, which has a tail that doesn't quit. Carlson posted about all the foxes he could think of, and then people started suggesting others. He was kind enough to continue the project to include them.
tibetan sand fox (vulpes ferrilata)
— Colin J Carlson (@ColinJCarlson) November 12, 2017
• cubism is alive and well
• these eyes see into your soul
• a truly weird and unnerving fox design
• grade: A pic.twitter.com/rZMyh8zdlI
See all the weird fox species at Thread Reader or in the original Twitter thread with all the replies. -via Metafilter
(Image credit: Eyal Bartov)
This article originally appeared on VICE Australia.
Growing up in a conservative Muslim household, if any of my cousins had tattoos they always had to keep them hidden. Tattoos were both a religious and cultural taboo. I remember when my uncle visited us from America, every time he reached over the dinner table our eyes went to the black lines crawling from the bottom of his sweater. They were a mystery to us, although we could see they had some kind of spiritual significance to him.
These days, my skin is inked with the names of murdered friends, a portrait of Gaddafi (the former prime minister of Libya), dates of imprisonment, and a 1%er diamond. I got my tattoos knowing wholeheartedly that my closest family members would only see them during the Islamic ritual of bathing the body before burial. I wanted my ink to form a visual portrait of ideas and events that transformed me, literally and spiritually.
So do we get tattoos for ourselves, or to flaunt in front of others? In the West, it's probably a bit of both. And that's why I've always found the Japanese Yakuza’s take on tattoos so fascinating. They believe that tattoos are private, and so they'll commit to full body suits that can't be seen above any collars or cuffs. In this way, the humility of Japanese society has restrained tattoo culture from interrupting public life.

Of all the tattoo artists in Japan, Horiyoshi III is probably the most legendary. He's an Irezumi tattooist based in Yokohama, and he's also the favored tattooist of the Yakuza—the Japanese mafia.
It was raining when I caught the train to visit Horiyoshi III. I was greeted at the door of his studio by two men in Burberry suits and led inside where Horiyoshi was transfixed on the job. I couldn’t understand their intermittent growls in Japanese. They kept slapping the ground as if they were backhanding the carpet. Horiyoshi was silent. He didn't acknowledge us for over an hour. The buzzing silence was kind of meditative.
The men were members of the local Yakuza family. Horiyoshi was tattooing a bright red koi fish on their boss, a graying man in a red Champion tracksuit. They offered me a cigarette, and I anxiously asked them if I should step outside to smoke. The buzz from Horiyoshi's needle stopped abruptly as he began to chuckle, as if waking from a lucid dream. “Relax—stay and smoke.”
VICE: So why do you think Yakuza members like to be tattooed by you?
Horiyoshi III: Yakuza always want the best; everything must be first class. Whatever they wear, the places they hang out, the women they walk with, and the cars they drive. They have a lot of pride. And they want to look good, so they come here.
In the West, when we think of Japanese men in full-body suits, the first thing we think of is the Yakuza.
The way tattoo culture is connected to the Yakuza and the crime world has a lot to do with journalism. Growing up, little kids will read about the Yakuza and think that they are bad people. But I know them personally. They do a lot of good things for our community. When the earthquake happened, they responded with aid faster than the government. Everyone left their homes, and it was the Yakuza that insured that no one was burglarized.

I read that criminals were often punished by tattoos in the Edo period?
In the Edo period, criminals would get the Tokigawa symbol on the back of their necks to avoid the death penalty. But then the officials would just hack the skin off before they executed them. If you tattoo a family symbol it is a very serious crime, almost as bad as tattooing a first generation samurai symbol.
In Japan, these symbols hold deep connotations. Criminality doesn’t interest us. Neither does plastic intimidation. We don’t get tattoos to show off masculinity. A lot of our designs contain a scene from a story. If you wear the symbols of punishment as a tattoo, it’s not cool because it means you got arrested for something small. In the Edo period, if you committed a serious crime, you would have your head cut off. It’s weird talking about what’s cool when we talk about crime.

Does the Yakuza feel that these scenes from Japanese mythology express who they really are, outside of propaganda-fueled stereotypes?
If the Yakuza want to use tattoos to show the public that they’re in a gang, they will simply wear visible tattoos and say they are Yakuza. But they’re not that stupid. I don’t think they get their tattoos with their allegiance to the Yakuza in mind. People sometimes refer to Yakuza through the word ninkyō, which actually means "helping people below you." Yakuza are trying to help people, and that’s what it is traditionally about. The tattoos are to show that they have the strength to help the weak. But it doesn’t need to be made public.

Do you ever refuse tattoos?
Yes, I never tattoo above the neck or on hands. I believe the beauty is in what you can’t see. What you think is beautiful is different for each person. It might be something to do with the depths of your personal history and culture. The Japanese aesthetic is very unique in comparison to that of the West. If you think about seppuku, (ritual Japanese suicide), we have an aesthetic quality to suicide and death. It’s precise, simple, fragile, bold, and heavy. Tea ceremonies, flower arrangements, samurai swords—there’s a very conscious style at play.
Why do you think it is important for tattoos to be hidden?
Tattoo culture in Japan is still a taboo, but that’s why the culture is beautiful. Fireflies can only be seen at night because their beauty is only visible at night. They aren't appreciated in daylight. When something becomes a fashion, it isn’t fascinating anymore. In Western culture, it might just be fashion or trendy, but in Japan, we appreciate tattoos you can’t see and that’s why we think they’re beautiful. Japanese culture is about being in the shadows.
Western churches are bright and opulent but our temples are quite, dim, and dark. In Japanese culture, we depict the light by exploiting the shadows. The shadow of the buddhas are more important than the faces of sculptures. People get tattoos here knowing they won’t be showing them off all the time and that’s why we don’t take our tattoos lightly. Our spiritual culture is different from other countries because when we show our tattoos, it takes the form of a mysterious light that’s hidden and beautiful. That’s why it’s fascinating.

I think this idea of being drawn to darkness is interesting.
It’s human nature for people to be attracted to dark places. Even at night when the moon is out, we seem lured in by the superstition of darkness in the night. It’s human nature. Japanese people are really good at using the shadow to make sense of the light. Maybe in Western culture, they start with the light and try to understand their shadows. In Japan, to draw what the light represents, we exploit the traditions of the shadows.
In our culture, we have a form of musical theater called Noh; it predates electricity in Japan. People would make a bonfire and perform theater around the fire. It’s not like a spotlight becasue you can’t really see the action perfectly, but the costumes shimmer in front of the flames. Actor's outfits are laced with gold or silver thread. If the scenes were perfectly lit, you might just see gold thread, but the drama of the shimmering light really comes alive in the dark.
Japanese architects are always thinking about shadows and the position of the sun as it lights the blinds. The positioning of the blinds is very important in Japanese homes.
Shige asked me to visit the Sankeien gardens, it felt more like art than architecture.
Yes, the architects would calculate each month of the year so they could paint the landscape using shadows, lights, and seasons. It’s not just about tattoos. Even when you look into the ocean and you see the reflection of the moonlight on the waves, it looks quite mysterious and beautiful, but when you go during the day the sea is bright but it doesn’t resonate with mystery.

Why do you refuse to call yourself an artist?
I’m not going to deny it. I’m an artisan and if people want to call it art then that’s their business. I’m a craftsman. There is a famous sculpture called sleeping cat—nemuri-neko. They call it a great work of art, but I don’t know if the sculptor intended it to be art. He was a craftsman; I’m sure he never said he was an artist.

People always ask me about what I think art is. I don’t know where the borderline is for the standard of art. In traditional Japanese scrolls, the ultimate form of art for that medium is when there is no painting on the scroll. There’s a beauty in the space and the spectator should imagine what art is.
In regards to modern art, if someone famous picks rocks up off the sidewalk and places them in a big gallery, that’s also considered art. Castles, swords, pottery—it’s all art. Where are the borderlines? I personally think Japanese tea ceremonies are art. I can’t tell what art is anymore. Does it depend on who picks it up? Who has value nowadays? What has value?
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A Bride’s Story is a manga by Kaoru Mori (also responsible for Emma). Started in 2008, the series is still running and counts 9 volumes. It takes place in 19th century central Asia and follows several characters in their daily lives. The story is mainly focused on women of the region, but there is also the point of view Henry Smith, an English researcher. Anything else notable? Oh, I just remembered: it is really good.
Talking about a really good manga series could be enough on its own. But you know what’s even better? It is focused on women and their lives. Different women, with different lives, their work, their achievements, their pains. And it is written in a total love of all women. A good manga series, written by a woman about women? What else could we be asking for?
I am starting to not like this choice of title very much. But anyway, the manga opens on Amir and Karluk’s wedding. Amir is twenty whereas her husband is twelve (don’t worry there is no weird sexual content between the two). It is not the only thing that separates them. Karluk comes from a mainly sedentary village. Amir’s tribe still has a pretty nomadic way of life. Both spouses are pretty different so the first chapters of the manga follow their adaptation to each other (and to her in-laws in the case of Amir). The presence of Smith also allows the point of view of an outsider into the family.
The story then expands to other members of the family, friends, and neighbors, as well as people Smith will meet during his travels. Yet the story isn’t all over the place. We follow their lives and emotional development. And when Kaoru Mori focuses on one character she takes the time to tell their story. Even if she has to leave aside other characters for some time. But this is not a problem, as it is crystal clear she loves all her characters and will do them justice in time.

Good guy Kaoru Mori by herself.
A Bride’s Story is going to focus on every aspect of the characters’ lives. There is high drama(military attack of one family on another) but also daily life (learning how to sew, finding your vocation).
In short A Bride’s Story is a really good read. But it is not the only thing that draws you in the narrative.
Another strings to Kaoru Mori’s bow which help you being completely absorbed in her world is that…
…her art…

…is…

…gorgeous.
Which, considering the time we spend speaking about craftsmanship, is important. Having a visual representation worthy of the script is only doing it justice. If you don’t want to travel to central Asia to discover their handicraft after reading A Bride’s Story you are a liar, and that’s all there is to it. The characters and the details are insanely comprehensive. But we are also given amazing and dynamic action scenes.

This incredible art and interesting story combine to give us a narrative uplifting women at every turn.
A Bride’s Story focuses, as its name clearly spells out, on brides. Sometimes young brides, sometimes bride-to-be, sometimes widows, but always women facing married life. And no it is not reductive. During the 19th century, marriage was (and still is in some cultures) one of the main events of a woman’s life. It was a literal change of family, of environment, and the real beginning of her adult life. So focusing around this event is not reductive. Quite the contrary. It reminds us that, as long as she is a good person, every woman’s life is worth telling.
Kaoru Mori spends a lot of time on women’s daily activity. Sewing of course (if the manga doesn’t give you a mighty need to start sewing you are a liar), but also cooking, taking care of the herd etc. Everything is worth the author’s attention, and ours. Do you know why? Because it is important work done with care. And this ask for our interest and respect.
Another thing which is incredibly well done in A Bride’s Story is the relationship between this women. They are supportive of each other. There is a mother-in-law ready to sacrifice herself to save her daughter-in-law. When Amir learns that she should go back to her family to marry another man because all the brides they have sent are dead (killed by their husband) she is not only crying because she is terrified. She is crying because she knew both of this girls and is devastated by their death. And the person reassuring her and saying that she is « not going anywhere » is her husband’s grandmother.
There are as many positive women relationship in there as there is stars in the sky. And not always just filial relationship. But also mentorship, friendship and emh…

I am sorry but there is no heterosexual explanation to this and yes Kaoru Mori acknowledges it in the author’s notes.
And the icing on the cake is that every single one of these women is different from the others.
Truly it is refreshing to read about women helping each other. It is even better when they are allowed to be different. Because let’s be real, often in fiction women are created to oppose each other. The “good” kind of woman opposing the “wrong” kind of women. Just look at The White Queen and The White Princess, in which motherhood is glorified and “good” women are rewarded with it whereas “bad” women, women having a “man’s” ambition, became sterile and loveless.
Well, in A Bride’s Story we have traditionally feminine women who are soft gentle and love sewing. We have unconventional women who like to hunt and ride but are still good at feminine tasks (but let’s be real Amir is an amazement in universe too) and others which are not. We also have what other media often depicts as “failing” women, but are just unsure of who they are.

Let’s be real we all want to be Amir but we are Pariya who, conveniently, wants to be Amir.
In short, Kaoru Mori is standing on her mountain screaming “They are all my daughters and I love them all!”. And trust me ,it feels good to be, as a reader, welcomed into this story.
To the surprise of no one, I heartily recommend reading A Bride’s Story. As a first manga, if it is your first, it might be putting the bar a bit high for future dives into the medium. But there are worse problems to have. Just to add to all I’ve said above, we also have good and interesting siblings relationships (my passion), making this manga almost without fault. It is worth a try. It really is.
All images courtesy of Yen Press.
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A celebración este 16 de novembro do Día do Patrimonio Mundial #DiadoPatrimonio, ademais de numerosas actividades organizadas pola Rede do Patrimonio Cultural (RPC), trouxo...
Por Redacción
Desde siempre en el PSOE se ha evitado cualquier contacto comercial o financiero con la familia Botín. Sabían que nunca hacen nada gratis y que, al fin y al cabo, han sido los máximos benefactores del PP/AP. Alfonso Guerra no le tragaba. Es más, cuando el caso Banesto, Argentaria (que era del Estado) intentó quedárselo, […]
La entrada Caso Popular: el Santander controlará también la política aparece primero en Sabemos Digital.
Javier Liste Pose é un mozo con inquedanzas ao que lle gusta mellorar o seu traballo, tanto de gandeiro como de veterinario. Iso levouno a indagar como conseguir que as vacas se movan na dirección que queiramos co menor estrés tanto para o animal como para o gandeiro. Primeiro púxoo en práctica na súa gandería […]
La entrada “Berrar ás vacas ou pegarlles coa vara non é nin rendible nin recomendable” aparece primero en Campo Galego.
Una parte indeterminada de los 4.000 habitantes de Torneiros, a 17 kilómetros de Vigo, vive sobre una auténtica bomba de relojería. Son víctimas potenciales de una de esas catástrofes medioambientales silenciosas que apenas aparecen en los telediarios, mucho menos fotogénicas que un incendio o una marea negra, pero de un peligro equiparable. Porque los cimientos de muchas casas se hunden en un suelo preñado de lindano, un pesticida cancerígeno que se produjo de forma intensiva en una fábrica de la zona entre 1947 y 1964, lo que generó cientos de toneladas de residuos altamente tóxicos que se diseminaron por la zona. Medio siglo después, el veneno aflora por la apertura de una zanja en un camino, y el miedo al lindano se ha vuelto a desatar.
Torneiros, una parroquia de O Porriño, mantiene desde hace décadas una compleja relación con el lindano, un producto que una parte de la población parece no temer pese a haber sido declarado cancerígeno por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Durante casi dos décadas, entre 1947 y 1964, la empresa Zeltia, que lo comercializaba, depositó alrededor de 1.000 toneladas de vertidos –de una toxicidad equiparable a la del propio pesticida– en una finca cedida por el Ayuntamiento sobre la que años después se construirían viviendas sociales y dotaciones educativas y recreativas.

Pero ahí está localizada solo una parte del problema, porque el lindano se encuentra esparcido por muchas otras partes de O Porriño. No solo eso. En el pasado, los habitantes de la zona, ajenos a la peligrosidad del aquel producto blanquecino de aspecto inofensivo que confundían con caolín, lo recogieron con sus propias manos para aprovecharlo como plaguicida o para construir sus casas, y hasta la la Administración asfaltó caminos y rellenó baches en los lugares más insospechados empleando el temible pesticida que tan bien compactaba.
“Ese es el gran problema del lindano en O Porriño, que no se sabe dónde está. De repente, abres una zanja y aparece”, se lamenta la alcaldesa, Eva García. Es exactamente lo que ha ocurrido en el barrio de Contrasto, lejos del foco principal del vertido, donde unas obras de saneamiento han vuelto a levantar el peligroso producto. En cuanto se levantó el firme, varios vecinos empezaron a quejarse de malestar, sarpullidos e inflamaciones. Pese a los esfuerzos de las autoridades por no desatar la alarma, los análisis han confirmado los peores temores: los valores detectados superan hasta 1.000 veces el valor de referencia admitido en el agua de los pozos, de los que algunos llevan toda la vida abasteciéndome. “En mi caso, 20 años”, asume resignada Cristina Ferreira.
Como a otros seis titulares de pozos altamente contaminados, a Cristina le han reclamado no solo que no consuma el agua, sino que tampoco la use para el ganado, para regar la huerta o para ducharse. Pero el miedo al lindano en algunos es solo relativo. “¡Cómo no nos vamos a duchar con nuestra agua, si llevamos toda la vida haciéndolo! Y además somos cuatro en casa, no nos podemos lavar con botellitas”, exclama. En la vivienda de enfrente, Eva Duarte lo lleva con mayor angustia. “Desde que comenzaron las obras comencé a sufrir urticarias e inflamaciones en manos, labios, lengua, piernas…”, denuncia. Está a tratamiento de corticoides y antihistamínicos. Y el camino no lo pisa. Ni ella, ni ninguna de sus dos hijas, a las que lleva al colegio en coche para evitarles el paso por la zona afectada.
Entre finales de los años cuarenta y mediados de los sesenta, los residuos de lindano fueron transportados y depositados principalmente en una finca, denominada Gándaras de Torneiros, propiedad del Ayuntamiento de O Porriño y cedida a Zeltia. Tras finalizar la concesión, el terreno se utilizó como escombrera municipal, y sobre ella se construiría en 1975 un polígono de viviendas y en 1990 un circuito de cicloturismo.
Que la distribución de los residuos “abarca probablemente un área mucho más amplia que el inicial vertedero” ya lo alertaba un estudio realizado por la empresa Epitsa en 1999. “Esto incluye por una parte otros puntos donde la empresa también efectuó depósitos, por otra los movimientos de tierra que se realizaron con posterioridad, y por último los variados usos que el residuo de lindano tuvo en la zona”, relata el informe.
Es tal la familiaridad de O Porriño y Torneiros con el producto que los niños juegan en el "parque del lindano", como es conocido popularmente el parque infantil de la zona. Está en un área donde, tras la alerta de 1999, se decidió realizar obras de encapsulado y el traslado de las tierras más contaminadas a una planta de tratamiento para ser inertizadas. En esa zona se levantaron varias fases de una urbanización de viviendas sociales, la inmensa mayoría de ellas todavía habitadas. “Hay innumerables casas y edificios que están encima del lindano. Es un problema muy difícil de solucionar”, admite la alcaldesa, que reclama a la Xunta “de una vez por todas” una solución integral. “El remedio pasa por hacer un mapa real y exhaustivo de la distribución del lindano para poder actuar, y al mismo tiempo realizar un estudio epidemiológico que, por increíble que parezca, jamás se ha emprendido”.
No hay tal estudio, pero O Porriño aparece en todos los mapas del cáncer como uno de los lugares con mayor incidencia de toda Galicia, señala Eva García, alcaldesa socialista desde 2015 en un pueblo históricamente gobernado por el PP. “Lo que pasa es que como esta es una zona de grandes minas a cielo abierto, que libera gas radón, también cancerígeno, no está claro a qué se debe”. Y acusa: “La Xunta quiere solucionar esta cuestión puntual de la mejor forma posible, pero el problema de fondo, el global del lindano, se lo quiere sacar de encima”.
De lo que nadie duda es de que pozos contaminados como los que acaban de ser detectados tiene que haber obligatoriamente en abundancia en O Porriño. Y, sobre todo, que esa contaminación no se debe a la apertura de una zanja en concreto, sino que han sido esas obras las que han permitido detectarla. “Si hubiera llovido en las últimas semanas, cabría cierta incertidumbre, pero con la sequía que tenemos no cabe duda de que esos pozos llevan décadas contaminados”, razona el presidente de la asociación de vecinos de Torneiros, Marcelino Coto.
Abunda la documentación que acredita la toxicidad del lindano, nombre comercial de un organoclorado de fórmula genérica C6H6Cl6, que fue empleado como insecticida en agricultura y para luchar contra los parásitos en la ganadería. Desde junio de 2015 es oficialmente cancerígeno para los humanos y está incluido en el Grupo 1 del listado de la OMS, el más peligroso. Según la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés) de la OMS, “los grandes estudios epidemiológicos de las exposiciones agrícolas en EEUU y Canadá mostraron un mayor riesgo de Linfoma no Hodgkiniano en las personas expuestas al lindano, hasta un 60% más”.

Pero un problema añadido es la gestión de los ingentes vertidos que generó su fabricación, ya que solo se aprovechaba un 10% de la reacción química necesaria para producirlo. “La gran cantidad de residuos que se generaban en la obtención de lindano fueron mal gestionados, hasta tal punto que se realizaron presuntamente vertidos ilegales en lugares diferentes a los de fabricación”, señala un informe de Ecologistas en Acción. Son residuos que se pueden encontrar en numerosos puntos del país muy lejos de las fábricas donde se originaron, motivo por el que se sigue detectando su presencia años después de su prohibición. “A día de hoy”, lamenta el informe, “se desconoce parte de la situación de estos puntos, las cantidades o las condiciones en las que se produjeron estos vertidos”.
En el caso de O Porriño, ese es el gran problema. Y mientras no se cuente con un mapa que localice perfectamente los puntos contaminados, un proceso que llevaría años, su alcaldesa se pone seria con las medidas de prevención. “Entiendo que mucha gente que no presenta síntomas se resista a adoptar precauciones, pero, aunque no quiero alarmar, también tengo la obligación de advertirlo: el agua contaminada no sirve ni para ducharse”. El lindano, avisa, puede aparecer en cualquier parte del pueblo: “No me atrevería a decir que es solo un problema de Torneiros”. Eva García reclama una solución definitiva, un programa de actuación que desactive de una vez por todas el polvorín cancerígeno que persiste bajo el suelo de un pueblo de 20.000 habitantes.
The history of the modern dildo is longer than you think (pun very much intended). As Hallie Lieberman puts it in her new book Buzz: A Stimulating History of the Sex Toy: “Thirty-thousand years ago, our ancestors had been hunched over carving eight-inch-long penises out of siltstone.”...More »
The Scenario: It’s a Saturday night and a boisterous gathering with your boys is officially underway. Brown liquor is flowing, weed is being passed, and a giant speaker that doubles as a coffee table is blaring Migos. You check your phone and the woman you’ve been communicating with for weeks texts you and says she’s going to stop by with friends. Excitement, nervousness, and said brown liquor makes you have to pee.
You walk into "your friend's" bathroom, flip the light switch, and you see the scariest and most mold-ridden piece of porcelain to have ever been regularly occupied by three almost thirty-somethings. The sheer sight of this is enough to make forensic scientists yell, “what fucking human being lives here?” And now, eligible women are minutes away from possibly experiencing this cesspool themselves.
The Facts: The concept of a toilet is disgusting regardless of how many times you clean it. It is a device that sits on the floor that collects your shit multiple times a day (if you are me). But there are other household items that are much more disgusting than a questionable toilet. The cellphone that you constantly touch and put against your face is apparently ten times dirtier than your toilet seat. The desk where you spend a lot of time during the day and where you are eating food is filthy AF. The sponge that you use to clean the items you put in your mouth is fucking gross as well. Even though there is a common misconception that you can get sexual-transmitted infections from putting your cheeks on a dirty seat, that has been debunked.
The Worst That Could Happen: Your homie gets a highly unappealing moldy ring around "his" toilet. That bacterial fungus comes from stagnant water from people not flushing enough and it causes that bacteria to grow over time. For the extra dirty I-dont-give-a-fuck people out there, of course you get urine and fecal particles around the seat and the floor, which is less than desirable.
“The extreme risk of getting an infection is more likely to happen if you are touching the filthy toilet surface with your bare hands and touching your mouth and then touching your food, which I would hope that is not what people are doing,” says Allison Agwu, professor of pediatric and adult infectious diseases at the Johns Hopkins School of Medicine. Your friend doesn't have any kids but I imagine you'd want to keep the little buggers' hands away during grown-potty-training.
Here’s the thing, though: Even if you’re not touching the toilet surface, flushing sends particles of whatever is in there—poop, pee, puke (the hangover struggle is real)—shooting up to three feet in the air. And that invisible fountain of gross contains bacteria that could lead to an infection.
What Will Probably Happen: Agwu asserts that the toilet ring of doom likely isn’t going to destroy your health. “Debris will hang around the top of the water and bacteria grows. But unless you are drinking this moldy water or letting it splash in your face, the risk is not very high,” she says.
“We have all these nightmares about toilets being so nasty and gross, but unless you are eating off the toilet where you are exposed to salmonella or have this big cut on your body that allows bacteria to get into you, you should definitely be more worried about the person that doesn’t wash their hands,” says Agwu. You will also not get a sexually transmitted infection, she says. You may get fecal matter on your hands or clothing—which is gross—but it’s highly unlikely you’ll get a full blown infection unless what gets on your hands is from an infected person.
What To Tell Your Friend: Even though it is possible to get an infection from a disgusting toilet seat, it is also just as likely to die of embarrassment that the potential bae and her friends assumes you—um, I mean, your friend was raised by unhygienic wolves. Agwu says that cleaning your toilet once a week (and probably more if you have roommates) is the baseline when it comes to cleanliness. But there are other issues in the bathroom that you should worry about as well.
“In all honesty, the surfaces are definitely what you should be more worried about,” she explains. The sink, the floor and the handles are more than likely more gross because you are touching them frequently with your hands and feet. “Just please at the bare minimum wash your hands if you absolutely refuse to clean your toilet for whatever reason.”
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Jugar a rol es muy divertido, eso es un hecho. Jugar a rol e intentar llevar una vida ya es más complicado: tienes que ir reservando tardes o noches enteras para las campañas, que vayan más o menos seguidas para no perder el hilo; toca leerse manuales de cientos de páginas con reglas para ver si tu personaje sabe dar volteretas hacia atrás o si se ha sacado el B2 en la lengua de las serpientes; como seas director de juego, tienes que prepararte la historia con semanas de antelación, que no te pillen en un renuncio y toque improvisar; y como ya seas de los que juegan con figuritas, ahí nos podemos olvidar de ti para siempre. Y sí, siempre está Fiasco, del que ya os hablé hace tiempo, y algunos juegos de rol más sencillos que aligeran un poco la carga, pero seguimos sin llegar a la inmediatez de los juegos de mesa…, ¿o no?

Espinas (José Lomo, 2017 – Nosolorol) es una de estas últimas apuestas por recrear una experiencia parecida a un juego de rol en un tiempo más o menos razonable y sin necesidad de preparaciones previas. En él, los jugadores crean entre todos una historia (o, más que crearla, la leen -ya os lo explico un poquito más adelante-) recordando un suceso horrible y muy malrollero que tuvo lugar en un manicomio ahora abandonado, porque la segunda temporada de American Horror Story ha hecho mucho daño.
El juego está divido en dos fases: en la primera, los jugadores se turnan para leer de manera dramática e intensa el texto de dos cartas elegidas al azar, y luego ponen esas cartas boca abajo. En la segunda fase, nos volvemos a turnar esta vez para intentar recordar qué ponía en las cartas que han leído los demás y, si fallamos, alguien muere horriblemente. Y, si bien es cierto que resulta muy accesible y fácil de entender incluso para el típico que dice que eso de la imaginación no es cosa suya, la verdad es que la experiencia final resulta un tanto decepcionante. Si uno de los ganchos de un juego de rol es el de poder llevar a tu personaje del modo que quieras, aquí las restricciones son tantas que toda ilusión de libertad se desvanece. Leer las cartas y recordar lo leído por otros puede resultar divertido para alguien pero, desde luego, no lo es para mí ni para la pobre gente con quien lo jugué.

A Taste for Murder (Graham Walmsley, 2010 – Nosolorol) nos propone otro escenario típico, esta vez el de una mansión en la campiña inglesa cuyos ocupantes tienen sus secretos y sus pasiones ocultas y, claro, sus ganas de matar, que los títulos a los juegos se les dan por algo. Lo que tenemos aquí es una especie de versión más ligera y estructurada de Fiasco, que a veces hay que dar saltitos antes de echar a volar.
En A Taste for Murder cada jugador lleva un personaje, definido con un par de frases y con relaciones más o menos intensas con los demás presentes. Una vez creados nuestros personajes pasaremos por un par de rondas de preparación, en las que nos turnaremos compartiendo escenas con otros personajes, interpretando escenas de dos en dos. En cada una de esas escenas se creará un conflicto y habrá una tirada de dados para resolverlo, modificada por la relación entre esos personajes y la interpretación de los jugadores de unas emociones concretas. Llegado un momento, uno de los personajes será asesinado y su jugador llevará a partir de entonces al detective que intentará encontrar pruebas incriminatorias a base de ir hablando con los sospechosos, como una Jessica Fletcher o un Teniente Colombo de la vida.
Y oye, esto ya sí. A Taste for Murder es al rol lo que los ruedines a la bici, dejándonos la libertad justa para divertirnos pero asegurándose al mismo tiempo de que la cosa no se desmadra. Lo único que tiene como pega es la duración de la partida, que va de 2 a 4 horas según lo motivados que estéis. Las tiradas de dados para determinar quién gana cada escena son justo lo que hace falta para dar ese empujoncito final a lo que viene siendo un ejercicio de improvisación interpretativa, y los lugares comunes y clichés ayudan a no perderse. Cierto es que si estoy con gente que ya lleva alguna partida de rol-rol a sus espaldas siempre voy a inclinarme por Fiasco frente a éste, pero para pasar una tarde entretenida con aficionados a los whodunnit es una excelente opción.

Fantasmas Asesinos (D. Vincent Baker, 2011 – Conbarba/Nosolorol), finalmente, es donde ya la cosa se pone seria. Con un formato muy curioso de dos libritos (uno para el jugador y otro para el maestro de ceremonias), el jugador se pone en la piel de un explorador/aventurero que se encuentra de repente en una casa encantada que, oh sorpresa, alberga un fantasma que no parece tener muy buenas intenciones. De los tres juegos de los que os hablo hoy, es, desde luego, el más juego, con su sistema de resolución de acciones basado en el Black Jack (sacas una carta y la sumas a lo que hubieras sacado antes: con 6-13 tienes un éxito parcial, con 14-20 un éxito completo, y con menos de 6 o más de 10, fracasas. Antes de sacar carta puedes decidir “limpiar” la mesa y empezar de cero, o sumar lo que saques al total sobre la mesa) y el objetivo claro, por parte del jugador, de salir vivo de la situación. También es el único de los tres que usa una figura de máster o director de juego.
El desarrollo de la partida se basa en los dos libritos, y es un toma y daca entre jugador y MC. El jugador lee un párrafo, describe sus acciones o hace una tirada y le dice al MC qué párrafo tiene que leer él; este párrafo a su vez le dará al MC unas guías sobre cómo describir al fantasma y, de nuevo, qué párrafo tiene que leer el jugador, y así hasta que éste escape o, lo que es más probable, el fantasma lo mate. Y todo en cosa de media horita, que es más que manejable.
He jugado a Fantasmas Asesinos con varios grupos de adolescentes y adultos, la gran mayoría de ellos sin ningún tipo de experiencia en juegos de rol, y en cada uno de los casos la reacción al llegar al final era siempre: “¡vamos, da tiempo a echar otra!”, y es que esa inmediatez engancha. Desde luego, la experiencia gana si el que lleva al fantasma se lo curra un poquito a la hora de describir las situaciones, pero no hace falta ser ningún experto para que la partida sea un éxito. La única pega que le veo es que, si se juega muy de seguido, el jugador puede acabar aprendiéndose las elecciones buenas, como pasa cuando lees un librojuego, que ya sabes que si te mandan al 46 estás frito, pero siendo un poco pícaro con las descripciones y confiando en el azar de las cartas tampoco es algo que vaya a ocurrir muy pronto. Una pequeña joya más que recomendable a poco que os gusten las historias de fantasmas.

If anyone continues those claims, that is defamation. I will sue them in court.Although he insists he has never raped, he enthusiastically acknowledges that he gropes women.
Varias tiendas textiles llamadas Almacenes Los catalanes de diferentes puntos de España han decidido cambiar su nombre. Según explican a Verne, esto se debe al importante descenso de ventas que han experimentado desde el referéndum en Cataluña del 1 de octubre. Así lo confirman los dueños de un establecimiento de Valladolid y los de una pequeña cadena de locales en Móstoles y Alcorcón (Madrid).
"Llamar a nuestra tienda Los catalanes en Valladolid nunca nos había dado ningún problema hasta ahora. Solo éxito", cuenta por teléfono José Luis Muñoz, propietario desde 1988 de un establecimiento situado en el centro de la ciudad. Desde hace dos semanas, se llama Mundo textil, como otras de las tiendas de su familia que ya llevaban ese nombre. "Para la gente de Valladolid, Cataluña siempre ha sido un referente de calidad y prestigio en este sector. El conflicto no ha existido en la calle. Han sido los políticos quienes lo han generado", comenta.
José Luis abría su local Valladolid dos años después de que su hermano inaugurara el negocio familiar con una tienda en Madrid. Aunque no tenían ningún vínculo personal con Cataluña, sus productos procedían en su mayoría de esa región, así que decidieron llamar así a su negocio. "La única razón que ha afectado verdaderamente a las ventas en estos años ha sido la crisis económica, no el rechazo a una región de España", dice con firmeza.
Solo hace unos años, cuando se aplicó el nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña de 2006, comenzaron a notar cierto rechazo "que, en todo caso, era al separatismo y nunca a los catalanes", puntualiza Muñoz. "Noté un descenso muy leve de ventas las primeras semanas, pero no fue a más", explica. Su hermano, en cambio, sí que decidió que su negocio madrileño pasara a llamarse Mundo textil.
Esta vez, el dueño de la tienda vallisoletana pensó que sería un daño colateral igualmente pasajero, pero el rechazo de los ciudadanos ha aumentado a medida que la tensión política se ha ido incrementando en octubre y noviembre. Con la declaración unilateral de independencia de una parte del Parlament catalán y la aplicación del Senado del artículo 155 ha llegado un descenso de ventas cada vez mayor, afirma el empresario.
Parte de la clientela de la tienda, situada al lado de la estación de autobuses de Valladolid, es gente de paso que desconoce que ni sus propietarios ni la mayoría de sus productos son catalanes. "Las circunstancias del mercado hicieron que, poco a poco, nuestro catálogo de productos tenga más cosas de proveedores valencianos y andaluces que catalanes", comenta el dueño. La gente del barrio, que los conocen de toda la vida, ha seguido comprando en ella antes y después del cambio.
Otra pequeña cadena de tiendas llamada Almacenes Los catalanes, con dos locales en Móstoles y uno en Alcorcón, está en proceso de cambio por el mismo motivo, confirma a Verne Antonio Díaz Senén. En su caso, se llamarán Almacenes Pradera y tendrán que realizar "una importante inversión económica" con la que cambiar carteles de la calle, publicidad radiofónica y serigrafía en bolsas. Desean eliminar el término "catalanes".
Tradición común
Ambas empresas familiares comparten el mismo nombre y se dedican al mismo sector, como tantas otras en España, aunque no pertenecen a una misma franquicia. "A mediados del siglo XX, en España había tradición de llamar con el apodo de los catalanes a todos aquellos comerciantes que traían en sus carros productos textiles de Cataluña y los vendían en la calle. Para la gente era un orgullo lucir prendas de allí por su calidad. Es una pena tener que cambiar un nombre que es una tradición y un sello de identidad para nosotros", lamenta a Verne Díaz Senén, cuya familia es de Ávila.
Otra de estas empresas que han modificado su nombre es Almacenes Europa, con tiendas situadas en varios barrios de Madrid. También se llamaron Los catalanes hasta hace 12 años. El motivo de su cambio no tiene que ver con la política sino con el fútbol. "Algunas de ellas han sufrido actos vandálicos cuando se jugaba un Madrid-Barcelona", cuentan desde su establecimiento en el barrio del Pilar, al norte de la capital.
"Al compartir el mismo sector y la misma tradición, muchas tiendas en España coinciden en el nombre y, en algunos casos, sus propietarios compartimos algunos acuerdos comerciales. Pero con muchas otras no tenemos conexión ninguna. En cualquier caso, cada una cambia su nombre libremente cuando le apetece", explican.
José Luis Muñoz ya ha notado una ligera mejora entre los clientes de Valladolid desde que cambiara el cartel de su tienda hace dos semanas. "El conflicto está en todos los sitios. Alguno de mis proveedores catalanes me ha confesado que tiene miedo de decir si está a favor o en contra de la independencia por miedo a que parte de sus clientes en Cataluña decidan dejar de vender sus productos", comenta.
"Nunca he sido un tipo al que le mueva el dinero. Me mueve más el cine y la mayor parte del dinero que hice con él lo intenté utilizar para mantener el control creativo sobre mis películas". Así se describe a sí mismo el "tipo" que en 2015 ocupaba el puesto 94 en la lista Forbes de las personas más ricas de Estados Unidos con una fortuna estimada de 5.000 millones de dólares —unos 4.250 millones de euros— y cuya empresa, vendida a Disney en 2012 por 3.125 millones de euros, cuando se formó en 1971, contaba sólo con dos trabajadores: Marcia Lucas —de soltera Griffin— y él mismo, George Lucas, creador del imperio 'Star Wars' y, junto a su amigo Steven Spielberg, uno de los directores de cine que mayor fortuna ha hecho en Hollywood.
Justo cuando Disney acaba de anunciar que prepara una nueva trilogía 'Star Wars' que prevé su estreno para 2020 y el mismo año que llega a los cines el 'Episodio VIII: Los últimos Jedi' —sin olvidar el spin-off 'Solo: A Star Wars Story', que en teoría, y si otra serie de catastróficas desdichas no lo impide, llegará al cine en marzo de 2018—, la editorial Reservoir Dogs publica en castellano 'George Lucas. Una vida', la biografía más completa publicada hasta la fecha sobre el director que revolucionó —a su manera— el cine de ciencia ficción de los años 70, la utilización de la tecnología de efectos especiales aplicada al séptimo arte y el negocio del 'merchandising' gracias a la saga interestelar más exitosa de la historia del cine, con una recaudación de más de 6.327 millones de euros, contando sólo las siete películas principales estrenadas de momento y 'Rogue One'. Calderilla.

Volvamos a la primera frase del artículo: "Nunca he sido un tipo al que le mueva el dinero. Me mueve más el cine y la mayor parte del dinero que hice con él lo intenté utilizar para mantener el control creativo sobre mis películas", cuenta Brian Jay Jones, el autor de 'George Lucas. Una vida', que dijo Lucas en una reciente entrevista. Algo que contrasta, sin embargo, con otras declaraciones posteriores del director a raíz del estreno de 'Star Wars: el despertar de la fuerza', la reactivación de la saga con la que Disney comenzó a amortizar un desembolso multimillonario por la compra de Lucasfilms. Una secuela con la que Lucas no quedó muy contento —"con el Episodio VII quisieron hacer una película retro"— y que demostró que de la firma de su creador pecaba sólo de omisión: "No era de extrañar que la gente de Disney no quisiera que me involucrara. Si hubiera estado allí, habría dado problemas, porque no habrían querido hacer lo que yo quería", ha lamentado el realizador en alguna ocasión. "Y ya no tengo el control para hacerlo y lo único que conseguiría sería fastidiarlo todo. De modo que me dije: ' Está bien. Seguiré mi camino y dejaré que que ellos sigan el suyo'".
Poco queda ya de aquel chico de Modesto (California), hijo de un empresario del sector papelero hecho a sí mismo y de una ama de casa que se metió en esto del cine por una carambola de la vida, amante de los coche y del 'cinema verité' —en particular del corto documental '60 cycles', del canadiense Jean-Claude Labrecque— y que en sus primeros trabajos "intentaba crear emociones a través de técnicas cinemáticas puras": "Todas las películas que hice en esa época se centran en transmitir emociones a través de una experiencia cinematográfica, no necesariamente a través de la narrativa", ha confesado en alguna ocasión, unas declaraciones que a los que no conozcan su filmografía más allá de 'La guerra de las galaxias' sonará, cuanto menos, sorprendente.
Los comienzos'George Lucas. Una vida' bucea en el pasado del director californiano, antes incluso de que hubiera nacido. "Mi familia salió de la nada. Nadie sabe de dónde somos", es el lema de un hombre que se retrata desde la humildad, como producto de la cultura del esfuerzo y del ascensor social bandera del sueño americano: "Creo sinceramente en este país, donde uno puede conseguir cualquier cosa si se aplica a ello".

Su abuelo paterno, Walton Lucas, trabajó en un yacimiento petrolífero hasta que murió por problemas derivados de la diabetes cuando George Walton Lucas —padre del director— tenía sólo quince años. Una infancia que le colocó como cabeza de familia y único sustento recién entrado en la adolescencia y que le hizo forjar un carácter duro. "Es un hombre conservador, hecho a sí mismo, con un montón de prejuicios que resultan sumamente irritantes", diría Lucas de su padre años después. “Mi padre era severo. No exageradamente severo. Quiero decir que era razonable. Y justo”, contaba en una entrevista, aunque también recordó en alguna ocasión haber estado enfadado con su progenitor durante la mayor parte de su infancia.
"A las 5.30 del domingo 14 de mayo de 1944 —una agradable y despejada mañana del día de la madre— Dorothy Lucas, de soltera Bomberger, dio a luz a un niño al que llamaron George Walton Lucas Jr.". El bebé pesaba solo 2, 600 kg, era el tercero por detrás de dos hermanas —Ann y Kate— y descendiente, por parte materna, de "una de las familias más antiguas e importantes de Modesto y cuyas raíces en Estados Unidos se remontaban a antes de la declaración de la Independencia". Algo que contrastan con aquello de "mi familia salió de la nada".

Después de casarse, George se negó a que Dorothy trabajase, puesto que para él "trabajar —aplicarse— y mantener a la familia eran obligaciones del hombre". Jones describe la infancia de Lucas como estricta y algo triste —"recuerdo que fui infeliz durante mucho tiempo"—, con dificultades para sacar buenas notas y siendo víctima de los abusones del vecindario. Por eso, no es de extrañar que el joven Lucas decidiese rebelarse como se estilaba a finales de los 50: con mucha gomina, pantalones Levis' con la pernera vuelta, música de Elvis y mucha, mucha velocidad sobre cuatro ruedas. Hasta que en 1962 tuvo un accidente con un Bianchina del que se salvó de milagro: "La mayor parte de los chicos del instituto pensaron que había muerto". Como resultado: cuatro meses de convalecencia y una epifanía. George Walton Lucas Jr. había decidido convertirse en artista. El problema: George Walton Lucas Sr. dijo que antes muerto a que hubiese artistas en su familia.
El ascensoEn otoño de 1964, la Universidad de California del Sur aceptó a George Lucas como alumno de "artes cinematográficas", que sonaba mejor que "bellas artes". Tenía 20 años. "Era un gueto del cine. El equivalente cinematográfico a una vivienda del sur del Bronx", cuenta Brian Jay Jones. Atrás quedaba su idea de estudiar Antropología, además de que haber trabado amistad con el cámara Haskell Wexler, que acababa de rodar 'El mejor hombre' con Henry Fonda, le empujó a probar suerte en el programa de cine. Se licenció en 6 de agosto de 1966, con la idea de hacer "el tipo de películas vanguardistas que se producían en San Francisco en los años 60", las que habían servido de inspiración a su corto más aplaudido hasta el momento, un "poema sinfónico sobre el hombre y la tecnología" titulado '1:42:08'.
Después de la escuela y sin un duro en el bolsillo, como universitario desempleado que era, Lucas pensó en alistarse en el Ejército, aun con la posibilidad latente de que lo desplazasen a Vietnam. Pero no sólo suspendió las pruebas físicas, sino que también le diagnosticaron diabetes —la misma enfermedad que acabó con su abuelo— y le prohibieron consumir alcohol, tomar drogas y, lo que es peor, no volver a probar las barritas de chocolate y las latas de Coca Cola que habían compuesto hasta entonces el pilar básico de su dieta como estudiante.
Lucas consiguió una beca en Columbia Pictures para trabajar en el making of de 'El oro de McKenna'. En esa época también conoció a Coppola —" Francis y yo fuimos amigos desde el momento en que nos conocimos"— y comenzaron a trabajar en un proyecto llamado 'Apocalipsis Now', que fue pasando de unas manos a otras, sufriendo retrasos continuos y el rechazo de las productoras. Al final, mientras esperaba un proyecto que le permitiese sobrevivir, en 1971 consiguió que le distribuyeran en cines 'THX 1138', una distopía futurista de menos de 1 millón de dólares que había rodado dos años antes con la productora que había fundado junto a Coppola y que, a pesar de recibir críticas no muy favorables, acabó en la Quincena de realizadores del Festival de Cannes.

Con los últimos 2.000 dólares de su cuenta, Lucas y su entonces mujer cogieron un avión hasta Cannes para conseguir la financiación de un musical rockero ambientado en los años sesenta con el título 'American Graffiti'. Allí, el mismo día que cumplía 27 años, y que su amigo y socio Francis se convertía en padre de una niña llamada Sofía, George Lucas no solo consiguió la financiación para American Graffitti: en el Carlton Hotel de Cannes, después de contarle al productor David Picker la idea de hacer "una space ópera fantástica a lo Flash Gordon", éste le dijo: "Estupendo, también haremos esa otra película".
Tío Gilito y 'Star Wars'Una de las primeras obras de arte que compró Lucas cuando ya tuvo el suficiente dinero para sobrevivir —y más— fue un dibujo original de Carl Barks de una historieta del Tío Gilito, cuenta Jones en 'George Lucas. Una vida'. "Para mí, Tío Gilito […] es el perfecto exponente de la psique estadounidense. Hay tantas cosas en él que son precisamente la esencia de Estados Unidos que resulta asombroso", contó en una entrevista. Y probablemente, si no hubiese sido por su idea de hacer "esa space ópera fantástica a lo Flash Gordon" que más tarde se estrenaría como 'Star Wars' ni hubiese podido comprar el dibujo original de Barks ni estaría tan montado en el dólar como su personaje favorito.

El libro de Jones desvela muchas anécdota, conocidas y desconocidas, de lo que se ha convertido en el buque insignia de la carrera de Lucas. Desde que 'Star Wars' fue concebida porque la productora King Features no le quería vender los derechos de Flash Gordon hasta lo duro que le resultó al californiano escribir el guión de la película. Ningún otro proyecto le haría sufrir tanto. "Estoy sentado en mi mesa ocho horas al día, pase lo que pase, aunque no escriba nada. Una forma de vivir horrible. Pero me siento y lo hago. No me permito levantarme de la silla hasta las cinco o cinco y media. Es como ir a la escuela. Es la única forma de obligarme a escribir".
El director había tenido la visión de mezclar 'Flash Gordon' con 'La fortaleza escondida' de Kurosawa en una especie de 'Casablanca' intergaláctico, por eso del trío amoroso. “Una de las visiones clave que tuve cuando comencé fue la de un combate espacial entre naves: dos naves volando por el espacio, disparándose entre sí. Esa era mi idea original. Me dije: 'quiero hacer esta película. Quiero verlo'", cuenta en el libro. Jones también desvela curiosidades como que Robert Englund —el Freddy Krueger más mítico— hizo la audición para Han Solo y recomendó a su amigo Mark Hamill para la película, o que el trío inicial compuesto por Christopher Walken, Will Seltzer y Terri Nunn, "más serio y realista", acabó derrotado por unos novatos Harrison Ford, Hamill y Carrie Fisher, "más divertidos, más bufones”. "Me dieron [el papel] con la condición de que fuera a una clínica de adelgazamiento y perdiera cinco kilos", contaba Fisher.

Después de la primera y exitosa trilogía 'Star Wars', a finales de los noventa Lucas volvió a embarcarse en una segunda trilogía, colocándose por última vez detrás de las cámaras después de más de 20 años sin ningún título como director. Tras el fiasco de la segunda trilogía, decidió probar suerte con la producción lejos de proyectos relacionados con Luke Skywalker o Indiana Jones. El resultado: El "desastre" de 'Escuadrón rojo' (2012), una película dirigida por Anthony Hemingway sobre pilotos afroamericanos en la aviación estadounidenbse, de la que pensaba hacer otra trilogía y en la que invirtió 58 millones de dólares para rodarla y 35 millones para una distribución que nadie quería hacer. La crítica dijo de ella que es "una de las películas bélicas más malas [sic] de todos los tiempos". Su respuesta la publicó The New York Times en una entrevista: "Me retiro. Dejo el negocio, la compañía y demás".
Sin el control creativo de Lucasfilms ni proyectos a la vista como director o guionista, en 2015 produjo la cinta de animación 'Marianne y la pócima del amor', una interpretación personal de 'Sueño de una noche de verano' dedicada a sus hijas, con la que a penas recaudó 12 millones de euros y que recibió duras críticas. Algunos de sus amigos más cercanos, lamentan a su forma que el 'tío Gilito' haya engullido al cineasta experimental que salió de la universidad de California del Sur en 1966. "Todavía espero que con todo el dinero que ha ganado [con 'La guerra de las galaxias'] haga alguna de esas pequeñas películas. Me ha prometido que lo hará", dijo Coppola en una entrevista. A lo que Steven Spielberg decidió añadir: "¡Seguimos esperando, George". Pues eso, que seguimos esperando, George.