
Sergioski02
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Batman y la necesidad de la némesis

Imagen: Warner Bros. Pictures / DC Entertainment.
—Yo no quiero estar entre locos —comentó la niña.
—Pero eso no puedes evitarlo —le dijo el gato—: Aquí estamos todos locos. Yo estoy loco. Tú también.
(Lewis Carroll. Alicia en el País de las Maravillas. Cita extraída de la novela gráfica Arkham Asylum, escrita por Grant Morrison y dibujada por Dave McKean en 1989)
Ya está. Al fin ha sucedido. Les ha tocado la lotería. Toda la lotería: el cuponazo del día del padre, el del día de la madre, el extra de verano, el bote de los euromillones de la Primitiva, el gordo de Navidad, el del niño y hasta el Spin & Go edición Neymar Jr. Tienen más suerte que Carlos Fabra y tanta pasta como Tony Montana en Scarface. Ahora toca decidir en qué se la van a gastar. En un aeropuerto rodeado de esculturas absurdas, en una montaña de cocaína, en dar la vuelta al mundo en un yate de ochenta metros de eslora construido a base de pasta de cocaína… Qué sé yo; ya dice el anuncio que nuestros sueños no son baratos.
Eso sí, estoy positivamente seguro de que no van a emplear el dinero en un coche tuneado, un avión tuneado y un montón de artilugios con forma de mamífero volador para luego salir por la noche a combatir el crimen disfrazados de mamarracho.
Batman y el niño rico

Tales of Suspense, nº 58. Imagen: Marvel Comics.
—Si te quitan la armadura, ¿qué eres?
—Genio, multimillonario, playboy, filántropo…
(Conversación entre el Capitán América y Iron Man en Los Vengadores. Joss Whedon. 2012)
Nacido oficialmente en mayo de 1939 en el número 27 de Detective Comics, Batman —bautizado originalmente como «The Bat-Man»— era una suerte de respuesta al éxito fulgurante que Superman había cosechado en poco más de un año desde su primera aparición. Los editores de la National Publications querían capitalizar una masa cada vez más numerosa de lectores ávidos de superhéroes; no se trataba de copiar al Hombre de Acero sino de ampliar el objetivo hacia un público distinto y quizás más adulto. Así, Bob Kane y Bill Finger propusieron un personaje cuyas diferencias con Superman se resumían en tres características. La primera se leía en las propias cabeceras, Action Comics y Detective Comics, ambas pertenecientes a National Publications. Es decir, que mientras los tebeos de Superman eran esencialmente de acción, Batman se adscribía al género detectivesco, pulp y noir. Por otro lado, incidiendo en el género negro, las peripecias del Hombre Murciélago eran nocturnas al igual que lo era su uniforme: frente a los rojos y azules, Batman apostaba por los grises y los negros. Si Superman brillaba, Batman era un caballero oscuro.
Lo cierto es que las aventuras de Batman también estaban repletas de acción y, siendo sinceros, el estilo dibujístico y la impresión fotomecánica de la época tampoco permitían excesivas filigranas gráficas. Si a esto le sumamos que los primeros bocetos de Kane pintaban a un héroe con mallas rojas, siendo Finger quien le convenció para cambiar la tonalidad cromática y añadir la máscara de murciélago, nos encontramos con que, en la práctica y a primera vista, Batman y Superman no eran tan distintos. Pero aún había una tercera diferencia que, visto lo visto, se me antoja capital: Batman no tenía superpoderes.
En efecto, al margen de sus dotes detectivescas y una excelente forma física, el cruzado de la capa ni puede volar ni posee superfuerza ni supervelocidad ni visión calorífica. En el fondo, Batman es un hombre normal y esta supuesta normalidad apelaría a la cotidianidad del lector quien, en la más antigua de las tradiciones literarias, podría así identificarse con el héroe. Y digo «supuesta» porque, en realidad, la identificación no se sostiene por ningún lado. Batman no es un tipo precisamente normal. Para empezar porque Bruce Wayne es inmensamente rico.
En su archiconocida tercera ley, el escritor Arthur C. Clarke decía que «cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia». Haciendo una analogía, si la tecnología es suficientemente avanzada —y cara— puede servir como perfecto sustituto de los superpoderes. Que es exactamente lo que hace Batman, suplir sus posibles carencias superheróicas con una batería de artefactos de alta tecnología y asombrosas prestaciones; comenzando por el batmóvil o la batwing y terminando por los batarangs, los batgarfios y hasta el batrepelente para tiburones. Una colección de juguetes aparentemente inagotable. O al menos tan inagotable como la fortuna de Wayne.
Denominarlos juguetes no es una decisión baladí, porque el cómic de superhéroes ha estado tradicionalmente destinado a un público masculino adolescente y, ya que el lector no puede identificarse naturalmente con Batman, al menos puede fantasear con convertirse en un héroe, siempre que consiga hacerse multimillonario. De alguna manera, la maniobra no es muy distinta a la que opera en un anuncio de coches: dinero = juguetes = felicidad.
Tratándose de una manifestación psicológica tan arquetípica y tan universal, es comprensible que Batman, aun siendo el primero, no sea el único héroe de cómic que, para colocarse a altura sobrehumana, emplee la tecnología que le brinda su posición económica. Quizá el más famoso sea Iron Man, creado por Stan Lee, Don Heck y Jack Kirby en 1963. Aparte de las diferencias en el traje y sus capacidades, Tony Stark es más o menos un remedo de Bruce Wayne; multimillonario, playboy y filántropo, además de alcohólico y exhibicionista. Es aquí donde nos encontramos con el atractivo principal que tiene Batman para el espectro político conservador; no en que sea un borracho mujeriego —que vaya usted a saber— sino en que es rico y usa su dinero para hacer el bien.
Porque claro, no es que los millonarios tengan una reputación moral especialmente amable. Desde Al Capone hasta Donald Trump, todos conocemos más de un acaudalado supervillano que emplea su pasta en hacer maldades. Y este fenómeno, lógicamente, tiene su reflejo en el cosmos superheroico. Piensen en Kingpin o en el mismísimo Lex Luthor; tipos que, al margen de cierta fuerza física o habilidad para los negocios, ejercen su villanía gracias a la enorme capacidad monetaria de que disponen. Es más, el propio Norman Osborn/Duende Verde, quien hace la puñeta a Spider-Man con gadgets temáticos comprados con el dinero de Oscorp, no dejaría de ser una versión malvada de Batman.
Pero, ¿estamos seguros de que Batman hace el bien? ¿Es realmente Bruce Wayne bueno?
Batman y el niño asustado

Watchmen. Imagen: DC Comics.
Así es como debe de sentirse la gente normal. Así es como debe de sentirse la gente normal ante nosotros.
(Watchmen. Alan Moore y Dave Gibbons. 1986-1987)
Se ha dicho en muchas ocasiones, sobre todo desde que Frank Miller publicase The Dark Knight Returns en 1986, que Batman es un superhéroe fascista. La afirmación es extraordinariamente débil y superficial; en primer lugar porque si nos referimos a su actitud autoritaria, prácticamente todos los héroes del cómic serían fascistas en algún grado; y, en segundo lugar, porque un personaje fascista debería servir a un Estado opresivo totalitario, mientras que Batman directamente opera al margen de la ley. En este sentido, el Hombre Murciélago sería más bien un adalid del objetivismo individualista randiano; o sea, un tipo que hace lo que quiere como quiere, consiguiendo el bienestar común como resultado indirecto. Es decir, que el objetivo de Batman no es verdaderamente el bien.
Tampoco soy yo el primero a quien se lo leen, pero tiene perfecto sentido: si Bruce Wayne quisiera eliminar el crimen y la corrupción de las calles de Gotham, no se gastaría varios miles de millones de dólares en prototipos tecnológicos y en reformar una cueva a todo plan, sino que invertiría toda su fortuna en proyectos de mejora educativa, fomento de la igualdad social y apoyo a los más desfavorecidos. Sería una heroicidad lenta, pero probablemente más efectiva. No crean que esto es una opinión más o menos tangencial; en Batman Begins el malvado Ra’s Al Ghul dice la siguiente frase: «Con la suficiente pobreza, todo el mundo se convierte en un criminal». El problema es que Christopher Nolan hace una pirueta ideológica solo digerible por las mentes más incapaces —cosa nada extraña pues el director londinense suele tratar a los espectadores como tales—: resulta que la corrupción y la desigualdad de Gotham no es producto de los desmanes económicos de un statu quo desbocado, fue el propio Ra’s y su Liga de las Sombras quienes la introdujeron en la ciudad para desestabilizarla.
Sea como fuere, el caso es que el combate de Wayne no se desarrolla principalmente en el ámbito financiero y empresarial, sino más bien por la noche, en mallas y contra criminales bastante evidentes. Lo que en Estados Unidos se conoce como un vigilante, vamos. Eso sí, se le llena la boca con frases de protección de los ciudadanos en una ciudad corrupta, pero solo lucha contra los síntomas de esa corrupción sin atacar la raíz. Entonces, si realmente quiere acabar con la degradación de su amada Gotham y no tenemos constancia de que La rebelión del Atlas sea su libro de cabecera, ¿por qué no es un verdadero filántropo como lo fue su padre?
La explicación correcta es prosaica. Digamos que las aventuras de, no sé, GeorgeSorosMan no serían lo suficientemente trepidantes como para sostener una serie regular de cómics durante casi ocho décadas. Pero si indagan en el personaje, se darán cuenta de que he estado ocultando un acontecimiento definitorio para entender su psicología: Batman tiene un grave trastorno por estrés postraumático.
A principios de los noventa, coincidiendo con el estreno del Batman de Tim Burton, los profesores del MIT Roberta E. Pearson y William Uricchio escribieron I’m Not Fooled By That Cheap Disguise, ensayo cuyo título podría traducirse por «A mí no me engañas con ese disfraz barato». En el texto, definen al Hombre Murciélago por cuatro características básicas: riqueza, gran condición física, habilidades deductivas y obsesión. Ya hemos hablado de las tres primeras; veamos la última que, respecto al tema que nos ocupa, es probablemente la más importante.
El origen de Batman aparece en el número 33 de Detective Comics, fechado en noviembre de 1939, tan solo siete meses después de su primera aventura, y su importancia es tal que aflora de manera sistemática por todo el canon del personaje durante setenta y siete años. Seguramente ya conocen la historia pero la resumiré brevemente: Batman es el producto de la obsesión de un niño que fue testigo del asesinato de sus padres a manos de un ratero. Este suceso trágico convirtió a Bruce Wayne en un crío asustado y, con el tiempo, en un adulto aterrorizado. Para combatir ese trauma, Wayne lleva a cabo dos operaciones: por un lado, adopta como ayudante a Robin, un niño huérfano como él, pero mucho menos depresivo. El adulto atemorizado ve en ese crío alegre vestido con rojos brillantes al niño que él no pudo ser y, si me apuran, que no quiso ser. Y por otro lado, para hacer más soportable el miedo, decide transformarse en un símbolo del propio miedo. En un murciélago.
Aparte de ser un elemento capital en el trastorno por estrés postraumático, el terror es una de las guías psicológicas que ha conducido a Batman a lo largo de los años, especialmente a partir de la deconstrucción posmoderna del personaje que se llevó a cabo en los años ochenta. Escrito por Frank Miller con dibujos de David Mazzucchelli y publicado en 1987, Batman: año uno se considera el volumen definitivo sobre el origen del Caballero Oscuro. En él, un joven Wayne pronuncia la siguiente frase casi entre delirios: «… Lo vi antes… en algún lugar. Me aterrorizó cuando era un niño… me aterrorizó. Sí, padre. Me convertiré en un murciélago». Quince años después, en Batman: silencio, el guionista Jeph Loeb y el dibujante Jim Lee ponen en boca de Batman una declaración de intenciones: «Los criminales son cobardes y supersticiosos por naturaleza. Para inculcar el miedo en sus corazones me convertí en murciélago. Un monstruo de la noche».
Curiosamente, una de las deconstrucciones más interesantes de Batman la hicieron Alan Moore y Dave Gibbons a mediados de los ochenta. En Watchmen, el Búho Nocturno no deja de ser un remedo del Hombre Murciélago; ambos son hombres muy asustados que ocultan su miedo detrás de un disfraz y un montón de tecnología punta. Asimismo, de igual manera que Wayne solo se considera completo bajo la máscara y finge todos los estereotipos del niño rico y mimado, Dan Dreiberg no se reconoce si no es con el traje de Búho y dentro de su aeronave Arquímedes. De algún modo, sus yoes auténticos son sus supuestos alter ego. Sin embargo, el miedo de Dreiberg emana del presente y el futuro, a él no le asalta ningún fantasma del pasado. Su decisión de convertirse en justiciero fue libre y casi trivial: «Mi padre trabajaba en fondos de inversión y me dejó mucho dinero. Se enfadó mucho conmigo cuando decidí no seguir sus pasos. Supongo que me gustaban más las aves nocturnas». Se diría que Moore no acepta el trauma como única condición posible para ser un héroe enmascarado. Como si Batman hubiese estado todos esos años justificando artificialmente su comportamiento.
Esta hipótesis no es en absoluto desdeñable porque, si han leído Watchmen, sabrán que termina con una gran catarsis. Una purga emocional planetaria que afecta a todos los protagonistas, incluido a Dreiberg, quien ya no ve motivos para seguir con su oficio justicieril y decide colgar el disfraz de Búho Nocturno.
En cambio, el Hombre Murciélago no busca la purificación que le permita superar su miedo. Vive en un estado de perpetuo estrés postraumático y, de hecho, emplea un mecanismo extraordinariamente eficaz para no curarse: Batman nunca mata a sus enemigos.
Batman y la necesidad de la némesis

Arkham Asylum. Imagen: DC Comics.
¡Oooh! Ya salió el Sr. Quisquilloso, ¿verdad? ¡Relájate un poco, culo prieto!
(Arkham Asylum, Grant Morrison y Dave McKean. 1989)
Si han visto Batman v Superman, me dirán que lo que digo no es cierto. En realidad, en la cinta de Zack Snyder no es la primera vez que el Caballero Oscuro es tan oscuro que se carga a algún maleante; el ya citado cómic The Dark Night Returns de Miller y varios números de la primera época muestran a Batman acabando con la vida de unos cuantos villanos. Sin embargo, son criminales anónimos, nunca uno de sus archienemigos.
La razón vuelve a ser mundana: si un adversario funciona bien entre los lectores, la editorial no va a dejar de publicarlo. Y no hay galería de enemigos más carismática que la del Hombre Murciélago. El Pingüino, el Espantapájaros, Hiedra Venenosa, Bane, Ra’s al Ghul, Killer Croc, el Acertijo… Todos son conocidos por el público y reconocidos una y otra vez por el propio Batman a lo largo de sus múltiples enfrentamientos. Enfrentamientos que siempre acaban con el villano de turno encerrado en el asilo mental de Arkham porque claro, no son presos comunes, son criminales dementes. Esto proporciona una estupenda coartada para que puedan escaparse, el comisario Gordon encienda la batseñal y así comenzar de nuevo el ciclo. Es como la partida de ajedrez infinita de Bergman pero con disfraces (aún más) absurdos. Lo cual nos lleva a preguntarnos cuál es la relación entre Batman y sus antagonistas.
El filme de Snyder ofrece un peculiar razonamiento a esta relación en la escena en la que el mayordomo Alfred dice algo así como «temer a lo que no comprendemos nos convierte en monstruos». Exacto. Batman no teme realmente a sus archienemigos. Tras tantos años persiguiéndose mutuamente, los comprende porque necesita comprenderlos. A todos. Incluso a su némesis definitiva.
La primera aparición del Joker se remonta a abril de 1940, menos de un año tras el debut de Batman. Creado por Kane, Finger y Jerry Robinson, desde el principio fue concebido como la antítesis total al Caballero Oscuro. Esto es, vestiría con colores chillones y su comportamiento, entre lo naíf y lo sociopático, sería igualmente estridente y caótico. Es curioso que a Batman se le suele considerar un superhéroe atormentado cuando, en realidad, no tiene ningún verdadero conflicto interior. Es moralmente rígido como un monje; no solo como contraposición al caos que representa el Joker, sino como excusa de su propia existencia. De la de ambos.
The Killing Joke, la novela gráfica de Alan Moore y Brian Bolland publicada en 1988, considera que el verdadero creador del Joker no es otro que el propio Batman y, de hecho, la primera película de la saga de Burton, estrenada un año después, riza el rizo y plantea que ambos se crearon mutuamente en una truculenta sucesión de acontecimientos que crecería en una persecución sin fin. Como Van Helsing a Drácula, ambos se necesitan el uno al otro. Es más, en las páginas finales del citado cómic de Moore y Bolland, Batman relaja su pose impertérrita y comienza a reír a carcajadas con un chiste del Joker. A todos los efectos, son amigos. Sin embargo, cuando llegan las sirenas policiales, la risa se apaga para que todo pueda volver a empezar. Seguramente, si el Hombre Murciélago hubiera seguido riéndose, habrían corrido el riesgo de averiguar la —nunca mejor dicho— gran mascarada que es su propia vida.
Porque esa es la verdadera tragedia de Batman. No es un hombre ni un héroe, es una cáscara hueca. Hueco cuando finge ser un frívolo socialité tras la cara de Bruce Wayne y, sobre todo, emocionalmente vacío cuando sigue enfrentándose a los mismos enemigos en los mismos términos una vez tras otra, cual Sísifo autoconvencido. Un gato que juega con un ovillo de lana sabe que quien mueve el extremo del hilo es un ser humano, pero le da igual, él sigue golpeando. Batman es un gato disfrazado de ratón alado y el ovillo de lana es la batseñal. Solo que él no quiere saber lo que hay detrás porque, si lo supiera, derribaría el castillo de naipes que le mantiene en pie.
Por eso, el cómic Whatever Happened to the Caped Crusader?, editado en 2009 con guion de Neil Gaiman y dibujos de Andy Kubert, incluye la revelación más brillante y más estremecedora de toda la historia de Batman. Planteado como un funeral —real o imaginario— del personaje, por su tumba desfilan tanto aliados como enemigos a rendir sus respetos. Hasta que llega Alfred, figura paterna y padre de facto de Bruce Wayne, y confiesa que todo ha sido una gran farsa. Como un Show de Truman perverso, el mayordomo nos descubre que contrató a un grupo de actores para que se «enfrentasen» al Hombre Murciélago. Lo seleccionó cuidadosamente y los disfrazó de pingüino, de espantapájaros, de cocodrilo… en una pantomima oculta a los ojos del mundo y del propio Batman. Una mentira sin fin que diera sentido a la vida de su amo. De su hijo. Solo faltaba un último y sobrecogedor sacrificio: «Lo que necesitaba el amo Bruce era un Moby Dick para su Ahab, un Moriarty para su Holmes. Así que, con gran pesar, hice lo que tenía que hacerse. Me puse maquillaje blanco, pintalabios rojo, un traje púrpura y una peluca verde. Pero no funcionaba…
… hasta que sonreí».

Whatever Happened to the Caped Crusader?. Imagen: DC Comics.
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La entrada Batman y la necesidad de la némesis aparece primero en Jot Down Cultural Magazine.
Misión: infiltrar 20.000 memorias USB en Corea del Norte para cambiar la sociedad
Sergioski02venga ahi dejo uno a ver que sale de esta discusion.
En El arte de la guerra, su influyente tratado de estrategia militar, el general de la antigua China Sun Tzu escribía que «toda guerra se basa en el engaño». En la Antigua Grecia, esa estrategia adoptó la forma de un caballo de madera obsequiado al pueblo de Troya. Durante la Segunda Guerra Mundial se usaban transmisiones radiofónicas falsas y tanques de mentira, en una suerte de truco de magia, para apuntar falsamente la existencia de una invasión aliada en las playa de Normandía.
Si Sun Tzu viviera hoy en día, sin duda recurriría a las memorias USB para infiltrarse tras las líneas enemigas. Pero ¿qué deberían albergar en sus entrañas esas memorias USB? Según la organización fundada en Silicon Valley, Forum280, que ha lanzado recientemente la campaña de Flashdrives for Freedom, basta con series y películas occidentales.
Guerra cultural
Las guerras actuales apenas se libran ya con fusiles y cuchillos. Más que nunca, lo importante son los memes, los bits, la información. En la contienda entre el gobierno sirio y las fuerzas rebeldes, por ejemplo, la web de la agencia de noticias Reuters fue manipulada para difundir la noticia falsa de que los rebeldes habían sido derrotados en Alepo.
Pero si queremos evitar la contienda sucia, quizás la guerra más honesta a la que podemos jugar sea la cultural. Esta es nuestra cultura, comparad y escoged. O, al menos, tened perspectivas diferentes.
La fina línea entre cultura y propaganda de la misma es muy difusa. Según Freedom House, una ONG creada para defender la democracia y los derechos humanos, al menos 22 gobiernos del planeta usan las redes sociales para generar propaganda. Por ejemplo, en junio de 2011, se desveló que el Mando Central de Estados Unidos había pagado una suma millonaria para formar a soldados que manipularan conversaciones online y difundieran puntos de vista proamericanos allende las fronteras. Estos soldados eran capaces de hablar en árabe, farsi, urdu y pashto.
Sin embargo, cuando interactuamos con culturas profundamente aisladas o desinformadas, no es necesario recurrir a estrategias manipuladoras. Es suficiente con derribar los diques de contención y que la información fluya libremente. La mayoría de países del mundo ejercen en algún grado una censura tanto interior como exterior. En Arabia Saudí, cientos de miles de páginas web son censuradas por motivos políticos, religiosos o sociales. Tal y como explica el experto Marc Goodman en su libro Los delitos del futuro: «En los Emiratos Árabes Unidos, el gobierno ha bloqueado todo acceso al dominio .il, de Israel, borrando con ello la existencia del Estado judío en el mundo virtual».
Sin embargo, uno de los países donde la opacidad resulta más tenebrosa es Corea del Norte.
El país sin libros
El caso contemporáneo más parecido de veneración por lo que un dictador escribe, quizá sea el que ocurre en el reducto comunista de Corea del Norte. La Corporación de Correos y Telecomunicaciones de Corea del Norte bloquea el acceso a Facebook, YouTube o Twitter. Casi nadie tiene acceso a internet: en 2014 había 1.024 direcciones IP.
Dado el secretismo del país, se han originado muchas suposiciones que no sabemos hasta qué punto son ciertas. Una de las más delirantes habla de una biblioteca en la que han sido expurgados toda clase de libros que puedan hacer pensar a sus habitantes o que amenacen sus esquemas de vida. Por si este control bibliográfico no fuera su suficiente, la mayoría del fondo de la biblioteca sólo pertenece a un mismo autor. El líder Kim Jon Il. Porque Kim Jon Il no ha escrito un solo libro con el que aburrir a su pueblo, sino nada menos que 18.000. Más de 18.000 libros escritos por su propio puño y letra. Tal y como explico en el libro 300 lugares de verdad que parecen de mentira:
Este escenario surrealista sería muy apropiado para desarrollar una idea para una novela. Imaginad que, por error, se cuela en el monotemático fondo bibliográfico de la biblioteca de Pyonyang uno de tantos libros prohibidos, tipo 1894 de Orwell o El castillo de Kafka. Un usuario de la biblioteca accede casualmente a la obra. La lee en cuatro ocasiones. Gracias a lo que allí descubre, empieza a contaminar con sus nuevas ideas las cabezas de sus familiares y amigos. En poco tiempo, gracias a las propiedades de diseminación de las ideas, los rumores y los chistes malos, finalmente se inicia una revolución contra el régimen y Corea del Norte se descompone por completo. Como si el libro hubiera obrado igual que un virus. Como un arma mucho más poderosa que todo el armamento nuclear del que dispone Corea del Norte.
Algo similar han pensado desde la ONG con la que nos hemos puesto en contacto y que pretende bombardear Corea del Norte con 20.000 memorias de USB repletas de series y películas occidentales, así como páginas de la Wikipedia. Es algo así como enviarles un puñado de cerebros de un planeta extraterrestre. Más si tenemos en cuenta que la capacidad de memoria de un cerebro humano posee, según estimaciones recientes de investigadores del Salk Institute, 4,7 bits por neurona del hipocampo. Es decir, cada cerebro guarda un petabyte de información. 1015 bytes. Con un disco duro de 15 terabytes almacenaríamos 1012 bytes.
Forum280, con su campaña Flashdrives for Freedom, quiere infiltrar mediante contrabando estos cerebros con forma de USB para que los norcoreanos abran los ojos. Occidente no es ejemplo de nada, tal vez, pero al menos todos tenemos derecho a conocer cómo son las cosas al otro lado del muro. Quizás sea la única oportunidad de que el pueblo inicie una lucha interna contra la dictadura y cesen las amenazas nucleares.
Actualmente Forum280 se encuentra pidiendo a los estadounidenses que donen memorias USB para la causa, algo que pueden hacer a través de su página web. «Puedes participar simplemente mediante el envío de una unidad USB a Palo Alto, y te ayudaremos a hacerlo llegar a Corea del Norte», dice director de estrategia de la HRF Alex Gladstein. Y según me cuenta Trevor Cornwell, cofundador de esta ONG, el contenido de las USB es seleccionado por la ONG, como Friends o Mujeres desesperadas.
Para hacer llegar las memorias, las estrategias van desde fijarlas a globos que floten desde Corea del Sur hasta ocultar las unidades USB en bodegas de carga de los camiones que pasan por la frontera Norte con China. Cada unidad infiltrada supone, pues, un coste en forma de viaje, sobornos e incluso escoger con desertores las películas más eficaces para la apertura de las mentes de Corea del Norte.

¿Realmente ver una película cambia tanto la mente?
No es la primera vez que alguien planifica esta clase de acciones e introduce contenido audiovisual en Corea del Norte mediante contrabando. Una organización llamada North Korea Strategy Center, fundada por Kang Chol-hwan, también se ha dedicado a introducir series y películas en los dispositivos de los norcoreanos.
Pero ¿es efectivo mostrar una simple serie o película para cambiar una cultura? Parece que sí, sobre todo para los ciudadanos que no están dispuestos a leer un sesudo libro sobre política.
De hecho, la televisión fue el elemento decisivo que permitió que las mujeres indias empezaran a reclamar sus derechos como mujer y un trato más igualitario respecto a los hombres.
Entre 2001 y 2006, gracias a la llegada de la televisión por cable, hubo un progresivo desembarco de memes de otros países más avanzados en lo relativo a los derechos de la mujer. Los economistas norteamericanos Emily Ester y Robert Jensen demostraron en un estudio cómo el avance de la televisión por cable en las poblaciones rurales las cambiaba para siempre: empezaron a tener una tasa de natalidad más baja y tendieron a mantener escolarizadas a sus hijas. Tal y como explican en el libro Superfreakonomics Dubner y Levitt:
Resultó que las mujeres que habían adquirido televisión por cable estaban significativamente menos dispuestas a tolerar los malos tratos conyugales, era menos probable que admitieran tener preferencia por los hijos varones y tenían más tendencia a la autonomía personal. (…) ¿Se volvieron más autónomas las mujeres indias después de ver imágenes cosmopolitas en sus televisores: mujeres que se vestían como querían, que manejaban dinero propio y a las que no se trataba como una propiedad ni como máquinas de procrear?
Una de las imágenes más icónicas de nuestra ideología de mundo abierto es la caída del muro de Berlín. Pero lo que podría haber sido una oportunidad para consolidar la libertad de circulación, de asociación, y la oportunidad de que cristalizaran los derechos humanos globales, en realidad se convirtió en un símbolo del triunfo del capitalismo sobre el comunismo.
A día de hoy, la noción de un mundo sin muros a menudo se enmarca en términos de flujos comerciales. Tal vez Mujeres desesperadas o Friends no son los mejores referentes culturales en los que sustentar un mundo informado y crítico, y tampoco un elemento subversivo totalmente eficaz, pero al menos es un primer paso para ver que hay algo más que tu propio ombligo. Y, mientras, nos echamos unas risas.
Este post Misión: infiltrar 20.000 memorias USB en Corea del Norte para cambiar la sociedad, escrito por Sergio Parra, se publicó originalmente en Yorokobu.
Música con las ventanas (o creatividad con Windows)
Sergioski02vamosssssss que es findeeeee!!!!!!!!!!
El ingenio humano no dejará nunca de asombrarme: música usando los sonidos de Windows.
Un ejemplo:
Más en Windows Remix | ./mediateletipos)))
La entrada Música con las ventanas (o creatividad con Windows) se publicó originalmente en pjorge.com.
‘Ugly Belgian Houses’: viaje al fin de la fealdad
Sergioski02jiajiajiajiajia chuparos esa belgas. No sabia de esta bonita tradicion belga.
¿Qué es lo más conocido de Bélgica después del chocolate? ¿Jaques Brel… TinTin… Van Damme? Sí, a todo. Pero últimamente ha aparecido Hannes Coudenys, autor de Ugly Belgian Houses, un compendio de lo que no se debe hacer a la hora de construir. El mordaz fotógrafo aficionado y crítico arquitectónico creció en un pueblecito del oeste de Flandes. Para quienes no lo sepan, Flandes es ese tramo gris entre París y Ámsterdam.
La travesía de Coudenys hacia la fealdad comenzó en 2011.Durante veinte años pedaleó veinte kilómetros diarios por una comarcal para llegar a su instituto. La carretera estaba bordeada por viviendas dispersas, sin ninguna uniformidad estilística. Finalmente decidió tomar la foto de una vivienda que hería su sensibilidad. La colgó anónimamente en internet y le añadió un comentario cáustico. La respuesta fue inmediata, positiva y masiva.


Continuó tirando fotos, subiéndolas a varias plataformas y sumando seguidores, recibiendo likes y comentarios a granel. Había tocado un nervio estético. Y si bien nunca había mencionado las direcciones ni los nombres de los propietarios, un día recibió una carta firmada por un notario.
«Estimado señor, ha llegado a mi atención una fotografía de la propiedad de mi cliente que usted colgó sin su permiso. Adjunto aquí las capturas de pantalla. Al publicarla sin aprobación usted no solo ha dañado la reputación de mi cliente, y además invadido su privacidad e infringido las leyes de propiedad intelectual. Por tanto, le solicito formalmente que quite dicha fotografía de todos los medios en los que aparece. De inmediato».

Coudenys se asustó. Se imaginó acosado por juicios y multas, y dio de baja todas sus cuentas. Sin embargo, ya se había vuelto una suerte de celebridad local y daba entrevistas de forma regular a varios medios. Pero seguía resistiéndose a volver a publicar sus fotos por temor a las represalias legales.
Su reticencia duró un año, pero pronto volvió a las andadas. Eso sí, su blog ahora resalta que si un propietario se sentía ofendido puede escribirle directamente y la fotoserá retirada inmediatamente. Además rebajó la acidez de sus comentarios. Una concesión a la corrección política.
Como Bélgica carece de código de planeamiento urbano, los propietarios pueden construir casi cualquier cosa que se les ocurra: eso es precisamente lo que Coudenys vio. Por eso quiso hacer un catálogo de lo que él denomina ‘monstruosidades’, y, quizá sin saberlo, creó un archivo de los variados estilos que asume la fealdad.

Estas son algunos de los estilos predilectos de sus compatriotas: las casas-castillo, las que recuerdan un montón de cajas apiladas, las piramidales, los bunkers, las casas hiperdecoradas, las que parecen gesticular al observador, las de colores estrambóticos y las que han quedado a medio hacer. Algunas sencillamente escapan a todo tipo de clasificación.



Pero la fealdad no es un fenómeno estrictamente belga. Ugly Belgian Houses ha tenido gran repercusión en otros países. Ya han nacido proyectos similares, aunque no tan logrados, en EEUU, Irlanda y Australia. Lo curioso del fenómeno, y probablemente la razón de que muchos propietarios se sientan ofendidos, es que esas viviendas fueron construidas y decoradas para cumplir con sus sueños. Sueños que, en opinión de Coudenys, son pesadillas arquitectónicas.
Todo lo contrario a lo ocurrido con la reconocida serie fotografías de tanques de agua y torres de los alemanes Bernd and Hilla Becher. Esas edificaciones, consideradas en su momento ‘feas’ y sin más atractivo que su utilidad industrial, con el tiempo fueron reconocidas como excéntricos símbolos de belleza.
«La fealdad supera a la belleza en una cosa: dura más», decía Serge Gainsbourg. Pero uno podría disentir con el cantante francés. Aquellos tanques y torres nunca aspiraron a ser bellos. En cambio, las casas fotografiadas por Coudenys, sí. Ese es el quid de la cuestión.
En la actualidad las cuentas de Ugly Belgian Houses en Facebook, Tumblr, Instagram y Twitter atraen varios millones de seguidores y su autor aparece reseñado en revistas del mundo entero. Los abogados continúan amenazándolo, es cierto, pero no con tanta frecuencia.

En cualquier caso, la belleza está en los ojos de quien mira. Será por eso que la renombrada arquitecta y Dama Comendadora del Imperio Británico Zaha Hadid –cultora de un estilo muy… ejem…. ‘belga’— no perdió el tiempo y adquirió su propio ejemplar del libro maldito. Después se murió.
Minientrevista a Hannes Coudenys
¿Qué es la fealdad?
La fealdad es muy difícil de definir. En el caso de estas casas, la fealdad es la ausencia de estilo, o quizá una superabundancia de estilo. Pero la fealdad es bastante más interesante que la belleza. Me encanta la arquitectura bella, pero se la dejo a los profesionales.
¿En tu oficio en el sector digital, aprendes más sobre la fealdad o sobre la belleza?
No hay fealdad sin belleza, además las necesito a las dos. Pero para la fealdad bruta uso Snapchat; para la belleza comisariada, Instagram.
¿Cuáles fueron las mejores y las peores reacciones?
Las peores: cuando un arquitecto me culpó de su futuro suicidio, me dijo que sus hijos iban a morir de hambre debido al daño que yo le había causado a su imagen profesional. La otra, cuando un propietario casi me da un puñetazo en la cara.
Las mejores: el hombre que me estaba esperando, orgullosísimo de su casa fea. Y también la de la hija que convenció a su padre de que me diera el permiso necesario para que la casa familiar apareciera en el libro.

¿Te autopublicaste?
No, me contactó la editorial Borgherhof & Lamberigts.
¿Cuánto viajaste? ¿Necesitaste asistentes?
Bélgica es un país pequeño, he visitado todas las casas en persona. Pero recibí la ayuda de dos fotógrafos: Kevin Faignaert y mi hermano, Jachim Coudenys.
¿Habías publicado libros antes?
Ninguno. Pero sí muchos blogs y otros proyectos para las redes sociales.
¿Qué equipamiento técnico utilizas? ¿Tienes una furgoneta tipo Google Maps?
¡Ojalá, sería muy útil! (Se ríe). Pero sólo uso un coche y un iPhone, que, por cierto me sacó de un apuro. En estos últimos tres años no había logueado ninguna foto y solo pude localizarlas para utilizarlas en el libro gracias a la metadata del teléfono.

¿Piensas publicar un libro sobre las casas feas de Francia?
No, pero creo que alguien va a sacar uno de las casas feas de Melbourne.
¿Tu libro lo financió la Unión Europea?
No, pero debieron hacerlo. En Bélgica estamos orgullosos del revuelo que causó Ugly Belgian Houses. Además muchos de mis compatriotas residentes en el exterior se llevan ejemplares del libro para mostrarle al mundo lo especial que es nuestro país.






Este post ‘Ugly Belgian Houses’: viaje al fin de la fealdad, escrito por Claudio Molinari, se publicó originalmente en Yorokobu.
Primero me como el yogur con la cuchara. Después me como la cuchara
Sergioski02venga seguimos con esta mierda, ya lo he visto en 3 articulos diferentes.
La idea de de fabricar los primeros cubiertos comestibles del mundo vino del cielo. Literalmente.
Inspiración nº 1
La azafata sirve el almuerzo con sus correspondientes cubiertos de plástico. La mayoría de los pasajeros de ese vuelo doméstico en India, como hacen a diario millones de pasajeros en cualquier parte del mundo, rasgan la bolsita, cogen cuchillo y tenedor y comienzan a masticar. Salvo dos de ellos, que prefieren usar las galletitas saladas incluidas en el menú para llevarse la comida a la boca. Narayana Peesapaty, graduado en Químicas por la Universidad de Osmania, MBA del Instituto Indio de Gestión Forestal de Bhopal, experto en agroindustria, va en ese avión. Y se queda observando a ese par de notas discordantes.
Inspiración nº2
A Narayana le ponen roti (pan empleado en la cocina india) de sorgo a la mesa, y su textura es tan dura que ha de remojarlo en el caldo de las lentejas para ablandarlo un poco y poder hincarle el diente.
Galletas a modo de cuchara. Tortitas resistentes. Clic. «¿Por qué no comercializar una cuchara orgánica, comestible, que reemplace a tanto plástico?», recuerda que se preguntó.
En 2011, Narayana funda Bakeys, con sede en Hyderabad, India, que se presenta como el primer fabricante de cubiertos comestibles del mundo. Por ahora solo manufactura cucharas de almuerzo, con tres tipos de harina: de arroz, de trigo y de sorgo. «En textura son muy similares a la típica galleta que se les da a los niños para que mastiquen cuando les están saliendo los dientes», compara. «Hay un montón de alimentos más difíciles de comer que estas cucharas», responde cuando se le pregunta por la posibilidad de quedarse sin alguna muela intentado morderlas.
Aunque la realidad es que sí han de ser lo suficientemente compactas como para no degradarse cuando se mojan. Es uno de los motivos para usar sorgo como ingrediente básico. El otro es que requiere «menos nutrientes y agua que otros cultivos biodegradables como la caña de azúcar o el maíz», según expone Narayana, que tiene un discurso marcadamente ecologista. «Solo en Estados Unidos se usan alrededor de 40 billones de utensilios de plástico al año; en el mundo esa cifra puede multiplicarse por 16. Y la mayoría solo se utilizan una vez y son descartados», calcula. Su objetivo a medio y largo plazo, según repite una y otra vez, es sustituirlos, a ellos y a los palillo de bambú.
Por lo pronto, sus cucharas son «perfectas para helados, yogures y una amplia variedad de sopas», enumera. «Están deliciosas pero, si no se consumen, se degradan en el medio ambiente, sin requerimientos específicos, en unos 10 días, o terminan alimentando a algún animal, como ocurriría con una galleta cualquiera», describe.
Por ahora solo se comercializan en India, a consumidores concienciados. «Poco a poco estamos recibiendo llamadas de heladerías y restaurantes interesados», enfatiza su creador.

Bakeys ha iniciado una campaña de crowdfunding en Kickstarter para poder fabricar tres millones de cucharas (lo que reduciría los costes y bajaría su precio en el mercado) y comenzar a investigar en tenedores y palillos. «Estamos trabajando para expandir nuestra idea por todo el mundo», proclama Narayana. De hecho, a través de Kickstarter es posible hacerse con paquetes de 10 cucharas (a 10 dólares) desde cualquier parte del planeta. La campaña, que termina en menos de una semana, lleva recaudados más de 227.000 dólares, más de 10 veces lo previsto inicialmente.
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Este artículo te lo trae Ron Ritual. Si quieres conocer más historias con impacto positivo haz clic aquí.
Este post Primero me como el yogur con la cuchara. Después me como la cuchara, escrito por Elena Sevillano, se publicó originalmente en Yorokobu.
Ecopuentes que permiten a personas y animales atravesar autopistas por sitios verdes y seguros
Sergioski02Para Diego, con mucho amor
Cuando las carreteras y ferrocarriles se construyen en medio de los bosques y áreas de preservación del medio ambiente; ¿cómo garantizar la seguridad y la salud de los animales salvajes en la región? Pues la solución es la construcción de pasarelas que garanticen que los animales incluidos los humanos puedan cruzar de forma segura.
Conocido por los expertos como ecoductos, estos puentes están equipados con la misma vegetación que el resto área para imitar el ambiente de la región y permitir que la vida de los insectos, aves y muchos otros animales. Este tipo de construcción está presente en países como Alemania, Argentina, Suiza, Estados Unidos y Canadá, la más famosa que se llama Natuurbrug Zanderij Cariloo, que se encuentra en los Países Bajos, y cuenta con más de 800 metros de largo, esta estructura pasa sobre una carretera, un ferrocarril, un río y un complejo deportivo.
Conoce algunas de las ecodutos más sorprendentes del mundo:
Puente para cangrejos en Australia.
Foto © Christmas Island National Park
Ecoducto en Misiones, Argentina.

Autopista en Alemania.

Foto © Klaus Foehl
Puente en Holanda.

Foto © Zwarts & Jansma
Queensland, Australia.

Autor desconocido.
Holanda.

Foto © Scott Jackson
Washington, E.E,U.U.

Foto © WSDOT
Montana, E.E.U.U.

Foto © Pedigree Artist
Autopista A20 en Alemania.

Foto © Autobahn Online
Autopista A1, Holanda.

Foto © Siebe Swart
Autopista A50 en Holanda.

Foto © Wikimedia
Holanda.

Foto © Henri Cormont
Parque Nacional Banff en Canadá.

Foto © Jim Good

Foto © Joel Sartore
Natuurbrug Zanderij Crailoo, Holanda.

Foto © Rombout de Wils
Mientras los mayores se mataban, los niños dibujaban
Eran niños cuando la guerra estalló. Las diferencias entre las dos Españas de principios del XX se materializaban en una contienda a la que el apellido fratricida suele escoltar como un latiguillo. Aunque los chiquillos de entonces no llegaban a entender qué es lo que desencadenó todo aquello (algunos mayores, tampoco), sí eran conscientes de sus consecuencias. Sus dibujos lo demuestran.
La mayoría tenía entre 10 y 14 años, aunque también se conservan dibujos de algunos más pequeños. Entre ellos había igual número de niñas que de niños. Y, para todos, dibujar se convirtió en una especie de terapia con la que canalizar el horror sufrido desde el comienzo del conflicto.
Desde la sublevación militar de julio del 1936, los cuáqueros se prestaron a ayudar a la población civil de ambos bandos. Fueron ellos quienes decidieron recopilar los dibujos de todos aquellos niños de la guerra. Más de 1.000 viajaron hasta Estados Unidos donde fueron expuestos e incluso vendidos a coleccionistas, según la Biblioteca Nacional. Algunos más se quedaron en España. De ellos, 1.172 se conservan en la citada institución, la mayoría de ellos ya están digitalizados y en 2006 formaron parte de la exposición A pesar de todo dibujan: la Guerra Civil vista por los niños.
Además de servir de descarga para los autores, las situaciones dibujadas por aquellos niños se han convertido en valiosos documentos gráficos de la época. Y en su momento, incluso, de propaganda de los distintos bandos. No son pocos los dibujos que recogen los símbolos y consignas propias de cada uno de las partes contendientes, resultado del adoctrinamiento al que los pequeños no eran inmunes.

Manuel Bravo. Los señoritos y los camaradas. Valencia. Residencia Infantil Colonia El Alba, Onteniente
«Las imágenes de niños indefensos ante la crueldad del enemigo se utilizaron como propaganda para legitimar principios y movilizar a la opinión pública y a los gobiernos extranjeros en favor de la causa por la que se combatía», explican desde Biblioteca Nacional.
Las escenas que recogen situaciones vividas antes de la guerra muestran a niños jugando, recibiendo a sus padres cuando regresaban del trabajo, ayudando a sus madres a realizar las «labores del hogar», a la familia merendando en el campo…

Jaime Barrio. 12 años. Una calle de Madrid: Escena del niño antes de la guerra. Alicante. Residencia Infantil nº 6, San Juan

Inés Millán Romeo. 13 años. [Vida antes de la guerra]. Francia. Colonia Infantil de Bayona. “Esta escena representa la alegría que sentíamos / cuando mi papá (viajante) volvía a casa. Mi hermano y yo corríamos a abrazarle y a registrarle los / bolsillos, para ver lo que nos traía de otras ciudades”.

Teodoro Piñeiro. 13 años. [Juegos antes de la guerra]. Francia. Colonia Infantil de Bayona. “Este dibujo representa como vivíamos / antes de la guerra, jugando en un campo de fútbol / yo con otros”.

Ángeles Benito. 14 años. [Bombardeo]. Francia. Colonia Infantil de Bayona. “Yo he dibujado un bombardeo que vi un / día en San Sebastián durante la guerra / de San Sebastián / Colonia Infantil de Bayona

Resurrección Rodríguez. 11 años. Bombardeo en el Ministerio de Gobernación. Valencia. Colonia Escolar de Masarrochos
Los refugios habilitados para los que se quedaron sin casa o los comedores para paliar los problemas de abastecimiento son temas recurrentes en los dibujos. También los desplazamientos a zonas más seguras a las que muchos fueron obligados, solos o en compañía de familiares.

Rafael Cerrillo. 13 años. Bombardeo en la cola de la leche. Teruel. Colonia escolar Germán de Araujo, Alcañiz

Valentín Chicharro. 14 años. Un barco suizo descargando víveres en un puerto leal. Valencia. Colonia Escolar nº 2, Torrente.
Y, por supuesto, la nueva vida en las colonias infantiles que se instalaron en la retaguardia republicana y en los países que acogieron a muchos de estos niños. Estas podían ser de dos tipos: las familiares, en las que el niño se integraba en una nueva familia, o las colectivas, en cada una de las cuales podían residir de 20 a 50 niños. La vida cotidiana en ellas se refleja en muchos de los dibujos que hoy se conservan en la Biblioteca Nacional.
Aunque si hay un tema recurrente en ellos ese no es otro que la violencia. En ocasiones ejercida desde el aire. «En la Guerra Civil española se emplearon por primera vez los bombardeos aéreos de manera premeditada contra ciudades desprotegidas, en las que las principales víctimas eran las personas más indefensas. A los niños los aviones les causaban admiración por el poder que emanaba de ellos, pero su capacidad para matar también les provocaba terror».

Avelino Alegre González. 5 años. [Escena de guerra]. Valencia. Colonia Escolar El Regadío, Bocairente.

Fernando Huertas Banegas. 13 años. Bombardeo de la ambulancia roja. Valencia. Colonia familiar de Puebla Larga

Justo López. Toma de Teruel. Valencia. Colonia Infantil del Ministerio de Instrucción Pública. Calle Cuarto nº 203
Este post Mientras los mayores se mataban, los niños dibujaban, escrito por Gema Lozano, se publicó originalmente en Yorokobu.
Lucha de titanes: orcas contra ballenas grises
Sergioski02realidad? o promo viral de batman vs superman?

"Lo que ocurrió fue como una lucha de titanes", asegura el naturalista Tyson Reed, quien presenció la escena junto a otros miembros de la Pacific Whale Watch Association (PWWA) a principios de semana. Los testigos navegaban desde la isla de Whibdey hacia el estrecho de Puget, en la costa de Washington (EEUU), siguiendo a un grupo de cuatro orcas a las que habían visto cazar focas un rato antes de manera muy eficiente. De pronto, los observadores vieron cómo las orcas se dirigían hacia el norte, justo por donde cruzaban dos ballenas grises adultas. "Cuatro orcas no van a asaltar a unas ballenas grises de 40 toneladas. O al menos pensamos que no lo harían", asegura Reed. "Pero entonces comenzó el espectáculo".
Seguir leyendo en: Lucha de titanes: batalla de orcas contra ballenas grises (Next)
BATMAN V SUPERMAN (Boceto original)
Sergioski02jajjajajaaj CABRON CONTRA CABRON!!!
El boceto original.
Historia y derroche: grandes construcciones abandonadas en Berlín
El director Jordi Busquets siempre se había sentido atraído por las historias que escondían los sitios que visitaba. «Al fin y al cabo, somos el resultado de esas historias». En un viaje a Berlín se topó con el blog Abandoned Berlin, cuyo autor, el irlandés Ciarán Fahey, publicaba información sobre lugares abandonados de la ciudad y mapas para llegar a ellos.
A partir del trabajo de Fahey, Busquets ha realizado un documental que lleva a los espectadores de visita a un extinto parque de ocio con atracciones semienterradas entre la maleza, un aeródromo utilizado por los nazis, un antiguo hospital infantil con sus paredes llenas de grafitis, una estación de espionaje americana de la Guerra Fría y el gigantesco aeropuerto fantasma de Tempelhof, uno de los edificios más grandes del mundo.


Según Busquets, el objetivo de la pieza no es explicar la historia de estos sitios abandonados. «Estas historias se pueden consultar en el blog de Ciarán, en su libro o en otras fuentes», recuerda. El objetivo del documental es «reflexionar sobre la existencia y naturaleza de esos espacios abandonados, el motivo de la fascinación que nos despiertan y su futuro incierto».
Busquets y su cámara visitaron cada uno de estos espacios fantasmagóricos fijándose en lo que había quedado y en lo que faltaba. «Si nos fijamos en los pequeños y grandes detalles que quedan en un sitio abandonado, podemos construir las historias y fantasmas del pasado que ya no están o están incompletos».
En todos estos sitios que visitaron durante el rodaje se encontraron con otras personas curiosas que también se habían sentido atraídas por su magnetismo. Busquets supone que los visitantes se acercan hasta estos lugares atrapados en el tiempo para dejar volar su imaginación: «El paso del tiempo es más visible en los espacios abandonados. Hay cierta magia que nos atrae y nos despierta curiosidad, quizá por las historias que esconden y que podemos intentar adivinar».
Muchos de los espacios que aparecen en el documental han sido intervenidos con grafitis: «Berlín es un referente en arte urbano. Las paredes y habitaciones de los edificios abandonados parecen inspirar la parte más romántica y creativa de los artistas urbanos.Ya forman parte del devenir y de la historia de esos espacios», explica.
En Abandoned Berlin, Fahey se muestra en contra de que los edificios se derruyan sin más. «A menos que se haga algo con ellos, simplemente se derrumbarán y desaparecerán. La naturaleza lentamente los reclamará». Pero también cree que restaurarlos hace que pierdan parte de su magia. El director del documental opina sobre esta aparente contradicción: «Aquí hay disparidad de opiniones. Mucha gente está a favor de dignificar esos espacios para recuperar su memoria histórica. Pero si se rehabilita un edificio, y por ejemplo se borran los grafitis que alberga, también estamos perdiendo parte de su esencia, aunque sea más reciente. Supongo que se podría llegar a un equilibrio para recuperar e interpretar la historia de un lugar pero sin truncar del todo su abandono, que también forma parte de su historia».
«El mensaje de los edificios abandonados, en general, es que la gente es muy derrochadora», dice Fahey. Y Busquets añade una reflexión sobre esto: «Desde la Torre de Babel los seres humanos siempre nos hemos dejado llevar más por nuestras pretensiones que por nuestras necesidades reales. Las intenciones de cualquier proyecto, aunque sean una quimera, siempre suelen ser más ilusionantes que su resultado real».
La existencia de estos grandes espacios abandonados en Berlín tiene mucho que ver con la historia reciente de la ciudad. Pero «las grandes historias que desconocemos también se encuentran más cerca de lo que creemos», asegura el director. Como ejemplo pone los otros dos documentales que ha realizado sobre espacios abandonados en Madrid y Barcelona: Tabacalera: cultivando autogestión, sobre el centro social autogestionado de la antigua fábrica de tabacos de Lavapiés; y Los Cañones, que habla sobre la memoria histórica y la recuperación de unas baterías antiaéreas de la Guerra Civil en Barcelona.
En el terreno más poético, encontramos que muchas personas encuentran un cierto misticismo en estos lugares decadentes. «Quizá nos despiertan cierta empatía, al ver su soledad y el inexorable paso del tiempo, o nos hacen sentir supervivientes de tiempos pasados que no siempre fueron buenos. Lo mejor es visitarlos y encontrar cada uno sus propias respuestas, aunque no tengamos preguntas».
Puedes ver el documental completo aquí:
Este post Historia y derroche: grandes construcciones abandonadas en Berlín, escrito por Isabel Garzo, se publicó originalmente en Yorokobu.
Idomeni: el mapa europeo del terror tiene un nuevo enclave
El 11 de julio de 1995 un hombre canoso vestido con uniforme militar llegaba en jeep a una ciudad llena de escombros. Bajaba del vehículo y empezaba a repartir besos entre los soldados desplegados en la zona mientras avanzaba con paso decidido y dando órdenes directas a quienes le rodeaban. Sus colaboradores le hicieron saber que podía seguir avanzando en coche, pero él quería ir andando para ver el lugar.
Al día siguiente, acompañado por las cámaras de televisión, llegaría al otro extremo del municipio, donde la ONU tenía sus instalaciones. Las calles estaban vacías, pero no esa zona, donde unas 25.000 personas se agolpaban asustadas.
«Quien quiera transporte lo tendrá, sea grande, pequeño, viejo o joven. No temáis. Permitid que vayan las mujeres y niños primero», aseguraba mientras la gente le daba las gracias. Aseguraba que treinta autobuses les llevarían hasta territorio aliado. «No temáis, nadie os hará daño», les repitió antes de girarse y marcharse mientras algunas voces le deseaban una vida larga y próspera.
Minutos después un reportero le preguntaba a ese mismo militar qué pasaría con algunos de esos refugiados de origen musulmán, que era contra quienes combatían sus soldados. Su respuesta ante la cámara fue decir que todo el que quisiera podría irse.
«Nuestro ejército no pretende luchar contra civiles o contra las fuerzas de la ONU. Hemos organizado transporte para ellos, agua, comida y medicinas. Hoy, en primer término, evacuaremos a mujeres, niños, ancianos y cualquiera que quiera irse por propia voluntad de esta zona de combate sin que medie fuerza alguna».
Lo que sucedió después quedó marcado a fuego en la historia de Europa. Primero se reunió con un coronel de la OTAN a cargo de la zona al que amenazó por haber atacado a sus hombres y a quien consiguió intimidar. La zona quedó a su cargo y se puso manos a la obra. Primero separó a los refugiados, que eran mayoritariamente mujeres. Las violaciones se sucedieron, según las denuncias registradas. Ellas y los niños fueron deportados y los hombres, retenidos y ejecutados. Fue un paso más de la limpieza étnica cuyo macabro prolegómeno atestiguan los vídeos de entonces
En Potocari, al norte de Srebrenica, fueron asesinadas unas 2.000 personas, halladas después en fosas comunes. El hombre que recorrió la ciudad y prometió transporte seguro fue el mismo que dio la orden de ejecución masiva. Su nombre, Ratko Mladic, volvió a los titulares de la prensa el 26 de mayo de 2011, cuando fue capturado tras haber pasado 15 años escondido por militares leales una vez acabada la guerra.
Europa tiene en su haber muchos casos similares, en los que refugiados civiles acaban siendo aniquilados por el fanatismo nacionalista. El ejemplo más presente en la memoria colectiva son los campos de concentración y exterminio de los nazis, cuyos nombres sembraron el centro y este de Europa de muertes. Auschwitz, Buchenwald, Dachau o Treblinka son algunos de ellos, que juntos suman casi tres millones de cadáveres.
Una década antes y no muy lejos de allí, la URSS dejó morir de hambre a casi dos millones de civiles merced al cambio de política agraria en la zona de Ucrania en lo que pasó a la historia olvidada del continente como ‘Holodomor’, que traducido significa «hambruna».
Antes siquiera de la existencia de la URSS, el Imperio Ruso también forzó a cientos de miles de caucásicos mayoritariamente musulmanes a abandonar la región de Circasia, cerca de la actual Georgia, para ser reasentados o deportados a tierras turcas. La gran mayoría de ellos murieron en el trayecto. Medio siglo después, más de un millón de armenios murieron a principios de siglo en una deportación masiva ejecutada en esta ocasión por los turcos.
De Polonia a Ucrania, de Georgia a la frontera norte de Turquía: el mapa oriental de Europa está salpicado de lugares donde los civiles han sido empujados a emigrar en condiciones extremas y, en algunos casos incluso, han sido exterminados por motivos étnicos o religiosos. De Auschwitz a Srebrenica, hasta hoy.
Cuatro años antes de que las órdenes de Mladic pusieron para siempre en el mapa la ciudad, hoy bajo soberanía bosnia, Macedonia se escindía de aquella gran Yugoslavia que se convertiría en un polvorín. Fue en septiembre de 1991, y fue la primera escisión pacífica en la zona. Hoy en sus fronteras duermen decenas de miles de refugiados, de nuevo atrapados entre Europa y Turquía.
Ellos no huyen de ninguna potencia europea que les persiga, sino de los países en los que hemos permitido o auspiciado guerras. En esta ocasión no hay campos de exterminio, ni militares que prometen deportaciones y ordenan ejecuciones. Pero sí hay estampas que recuerdan a tantos pasajes del pasado: columnas humanas recorriendo a pie, muriendo a causa del frío, el hambre y las enfermedades. Han vuelto los campos de refugiados y, tras el acuerdo entre Europa y Turquía, las deportaciones.
Entre Srebrenica e Idomeni hay menos de 700 kilómetros de distancia y 20 años de desmemoria.
Fuente: El último vídeo es de Ane Irazabal y Cosimo Caridi para EiTB
Este post Idomeni: el mapa europeo del terror tiene un nuevo enclave, escrito por Borja Ventura, se publicó originalmente en Yorokobu.
Benditos hijos de puta
Sergioski02son tan buenos, me recomendais la serie? desde donde la empiezo a ver?

Foto: Cordon Press.
«Estos jugadores convierten lo normal en arte. Es excepcional lo que hacen», declaró Arsène Wenger nada más finalizar el partido de vuelta de los octavos de final de la Liga de Campeones. Ni siquiera hizo falta que el equipo catalán realizase uno de los mejores partidos de la temporada para que el técnico del Arsenal compartiese abiertamente con la prensa toda la frustración acumulada a lo largo de los años, esta vez disfrazada de elogio. Después de varios asaltos a la gloria europea estrellándose contra el mismo muro, después de escudar mil veces las derrotas en quejas rencorosas y disculpas de mal pagador, por fin prefirió Wenger reconocer los méritos indiscutibles de su rival y rendirse ante la psicopatía artística de un equipo que no se conforma con derrotar deportivamente a sus contrincantes, los entierra entonando boleros. Se sinceró Wenger con la mirada perdida en el vacío y una sonrisa tenue, una mueca de felicidad impostada que me recordó a aquella escena de Mar adentro en la que Julia, el personaje interpretado por Belén Rueda, trata de convencer a Ramón Sampedro para que abandone su idea de quitase la vida apelando a la esperanza que cree advertir en su risa. «Cuando uno sufre tanto y no puede escapar de los demás aprende a llorar riendo», responde Bardem, con ojos y acento gallegos.
Acostumbrados a despertar tras una barricada y echarse a dormir en una trinchera, el público y la prensa de este país remolonean a la hora de alcanzar un veredicto que ya debería ser unánime e inapelable. Pocas veces se ha visto a un equipo de fútbol aunar espectáculo y solvencia como lo hace este Barça entrenado por Luis Enrique; nunca se contempló una delantera que derrochase tanto talento, hambre y veneno como la formada por Messi, Neymar y Luis Suárez. Aquel equipo que no hace tanto tiempo se llenaba de centrocampistas para negar al rival hasta el aliento, se ha convertido ahora en una calculadora siniestra que mantiene con vida a la presa hasta que sus delanteros deciden sacar los pinceles y dibujarle la muerte en la cara. Lejos de la cuadrilla de superhéroes que a veces nos presenta las crónicas más afines y empalagosas, este Barça tiene trazas de supervillano, de malo de la película, de verdadero hijo de puta con encanto. Este equipo tiene algo de Al Swearengen, de Walter White, de Omar Little, de Tony Soprano… «Liberan a la bestia que llevan dentro y, nos guste o no, por eso hemos conectado con ellos», escribió hace un tiempo mi compañera Bárbara Ayuso en esta misma casa.
Los análisis más reduccionistas se conforman con explicar el dominio actual del Fútbol Club Barcelona a través de la omnipresencia del mejor jugador de todos los tiempos: Lionel Messi, la verdadera bestia. Sin duda resultaría estúpido no reconocerle al argentino gran parte del mérito en todo lo logrado por su club en estos años de vorágine ganadora, pero tampoco parece justo escudarse únicamente en su concurso para justificar tan abrumador dominio. Últimamente, quién sabe si por casualidad o no, se observa una cierta obsesión mediática por achacar al rosarino todas las virtudes del equipo azulgrana olvidando lo demás. Columnas de opinión, artículos sesudos, declaraciones de diversa índole… Todo ello apuntando a Lionel como factor diferencial e inigualable para cualquier competidor que se precie y contra el que no hay nada que hacer, casi a modo de justificación, de disculpa pública, una especie de «no eres tú, es él» que regala los oídos a quien más lo sufre, supongo. Olvidan que sin Messi se paseó el Barça por el Bernabéu no hace demasiado tiempo, en una exhibición que hizo temblar los cimientos del templo blanco y provocó un estallido de protestas dirigidas hacia la zona noble. Olvidan, también, que sin el concurso de sus habituales compañeros de parranda se diluye Lionel en una selección argentina más preocupada por echarle huevos o cantar el himno nacional que por jugar al fútbol y exprimir el talento sobrenatural del rosarino. Messi es la muerte, la Señora Guapa, la Flaca, la Huesuda, pero necesita de los vivos. «Un atleta excepcional no funciona solo», decía el difunto entrenador, mito y padre ideológico de la Red Army, Anatoly Tarasov.

Foto: Cordon Press.
A las órdenes de Pep Guardiola, Messi se encontró con un hábitat diseñado a su medida que le brindaba la oportunidad de brillar en acciones de manifiesta superioridad, con una legión de peloteros irredentos a sus espaldas encargados de confundir al rival hasta que Leo recibía el balón en una situación ventajosa que, en su caso, bien podía ser de uno contra tres, uno contra cuatro o uno contra cinco, pero siempre en la mejor disposición para que la Pulga ejecutase su ritual devastador. Con Luis Enrique al mando, mas la presencia de Neymar y Luis Suárez sobre el campo, el entorno artificial se ha convertido en una escena de pánico colectivo en la que Messi solo tiene que esperar un exceso de atención sobre sus compañeros de delantera para desatar el caos. La amalgama de talento sudamericano ha obligado a los rivales a repartir sus energías en demasiados frentes y la consecuencia es que Messi se encuentra a menudo más liberado de lo que aconseja la razón. El juego imprevisible de Neymar y la fortaleza competitiva de Suárez se han convertido en el mejor acompañamiento para un futbolista que a veces parece no prestar atención al juego, como si deambulase por el césped ofuscado en una importantísima duda filosófica o hubiese salido a jugar con un buen libro en la mano, pero que cuando decide intervenir en el juego enciende todas las alarmas en las zagas rivales y despedaza defensas como quien trincha un bebé de foca con uno de esos cuchillos japoneses que anuncian en la tele tienda, sin esfuerzo ni remordimientos.
Por detrás de esta delantera cruel y despiadada se agolpan los burócratas, tipos bien vestidos y eficaces como Andrés Iniesta, Ivan Rakitić, Dani Alves o Gerard Piqué. Enormes futbolistas que ejercerían como estrellas en casi cualquier otro equipo del planeta y que aquí se pliegan a las labores de oficina y a los recados, todos ordenados y dirigidos por un Sergio Busquets que cada día recuerda más al orangután bibliotecario imaginado por Terry Pratchett para su Mundodisco, capaz de resolver las posibles complicaciones al primer toque y con la cabeza alta, con la sencillez apabullante de un simple «¡Oook!». Tienen algo de enanos estos oficinistas del cuero vestidos de azul y grana como si decorasen jardines: de nada les sirven las metáforas y los símiles, han desarrollado una mentalidad tan literal que competir significa ganar y los goles no pasan de meros puntos suspensivos, de mera advertencia sobre la continuidad en la tortura. Como último eslabón de una cadena perfecta, a modo de salvavidas de emergencia, el Barça también juega con portero, fiel al reglamento, si bien podríamos convenir que no son pocos los defensas y centrocampistas rivales que les envidian sus cualidades con el balón en los pies, único este club hasta en el empeño de que sus guardametas se especialicen en iniciar las jugadas propias antes que en finalizar las ajenas.
«Esos ricos de mierda. Toda esta historia de los cojones. Yo no vi morir a mis colegas con la cara en el barro para que…», ya saben cómo sigue el habitual lamento de los no creyentes. Esto no tiene nada que ver con Vietnam, amado y anónimo sufridor. Se trata de llamar a las cosas por su nombre y recrearse en las virtudes de un grupo de jugadores capaces de sostener incluso el desvarío institucional en que se ha visto envuelto el club de unos años a esta parte. Por encima de defraudadores fiscales, provocadores usuarios de Periscope, niñatos con máscaras o violentos agresores de aficiones rivales, los Messi, Suárez, Neymar y compañía han demostrado ser un soberbio equipo de fútbol, un conjunto de leyenda, una banda de rock con el correspondiente reguero de groupies postrados a sus pies; unos hijos de puta a los que amar y respetar en la pobreza y en la riqueza, en la salud y en la enfermedad, todos los días de nuestras miserables y cortas vidas. Me atrevería decir que, incluso, pueden besar a mi novia.
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La entrada Benditos hijos de puta aparece primero en Jot Down Cultural Magazine.
"La vaca es un mamífero que tiene seis lados"
Sergioski02niño genio
"La vaca es un mamífero que tiene seis lados". Maravilloso. Vía @luistarrafeta @FerFrias pic.twitter.com/p8WVtRz7AN
— Antonio Martínez Ron (@aberron) 16 de marzo de 2016
Glamtrash contra la normalidad
Subvertir las reglas, cuestionar los valores contemporáneos y el concepto de normalidad es la misión del fotógrafo franco-húngaro Paul Kurucz, que el año pasado lanzó en Río de Janeiro un proyecto llamado Zone. El artista centra su obra en varios ejes temáticos: desde la estética drag hasta los temas de género y de igualdad, las luchas feministas e incluso el calentamiento global. El denominador común de su obra es el glamtrash.

«Ese concepto aúna dos ideas teóricamente contradictorias: divismo y alta moda versus basura, caos, suciedad y anarquismo. Intento crear un choque entre estos dos universos», señala Kurucz. «El glamtrash es un vehículo de comunicación muy impactante que permite emparejar cosas que a veces, aunque estén aparentemente contrapuestas, poseen muchos aspectos en común, en el sentido de que huyen de la normalidad», añade.

Este director de teatro, licenciado en Economía Aplicada, se inspira en David LaChapelle para crear climas teatrales y dramáticos, que capta con una cámara digital de gran formato. Su proyecto está dividido en series de fotos que forman zonas diferenciadas por estilo, textura, temática y atmósfera.

El negro predomina junto a los colores hipersaturados. Los escenarios que elige son apocalípticos, como el desguace que el artista brasileño Vik Muniz usó para algunas de sus creaciones. «En mi trabajo critico la lógica del lujo absurdo de nuestra sociedad. Como dicen en Brasil, luxo e lixo, lujo y basura: son dos conceptos contrapuestos que me atraen», afirma el fotógrafo.

Sus fotos rebosan sensualidad, sexualidad y erotismo, a veces al límite de lo pornográfico, pero subvirtiendo la lógica del porno, como hace con Orgasmic Assault. «Todo mi trabajo tiene que ver con el alma humana y la sociedad. Es muy antropocéntrico. Una mitad, diría yo, está ligado a la psicología, la otra con arte, diseño y cultura. En todo caso, es una propuesta apolítica», aclara.

El fotógrafo, que habla cinco idiomas y ha vivido en seis países, llegó en 2015 a Río con la idea de implantar Casa Kolor, un colectivo artístico que ya había fundado en Budapest en 2010. «Río es un cóctel de efervescencia, inestabilidad y locura que me estimula para desarrollar mis ideas», señala. Aplica la experiencia adquirida entre bastidores para desarrollar su propia narrativa fotográfica.

Desde una casona de estilo colonial que está restaurando junto a su equipo, Kurucz organiza todo tipo de eventos: además de los proyectos fotográficos, hace festivales de cine alternativo, conferencias multimedia, fiestas temáticas de música experimental, desfiles de moda inusuales y exposiciones en colaboración con la escena alternativa y underground de la cultura carioca.

En Río de Janeiro, Kurucz trabaja con un equipo de colaboradores para plasmar en imágenes las historias que se le ocurren. Sus dos figurinistas son clave para que su fértil imaginación pueda concretizarse en fotografías icónicas, habitadas por criaturas insólitas. Sus modelos son, en mayoría, amigos y conocidos que gravitan en torno al universo de la Casa Kolor. Su especialidad es invertir los roles, como hace con el trabajo Descarga de géneros, en el que una mujer orina de pie, como si fuese un hombre, mientras que el hombre hace lo mismo, pero sentado.

En la Casa Kolor, convertida en un enorme estudio fotográfico, Kurucz guarda con esmero los atrezos que usa en sus producciones. «Las figurinistas Paloma Borges y Natalia Silvestre son esenciales para crear cosas que solo existen en mi cabeza», asegura el artista, que también vivió en Salvador de Bahía.

«En definitiva, se trata de explorar», dice el este creador de estos universos paralelos. «Seguir patrones es aburrido. La vida es muy corta para eso», concluye este artista no convencional, que ha escogido la subversión como estilo de vida.
















Este post Glamtrash contra la normalidad, escrito por Valeria Saccone, se publicó originalmente en Yorokobu.
No me toques el proteccionismo, que te vas a enterar
Sergioski02Proteccionismo, pufo o genialidad? que opinan nuestros partidos politocos HR? control sobre las relaciones externas a la HR o libresocializacion.

Imagen: DP.
Empezaremos a lo bruto, con una hipótesis de trabajo maximalista: la agricultura española no tiene futuro. Es más, en realidad toda la agricultura europea no tiene futuro. No es competitiva. No sobreviviría sin la PAC, la Política Agrícola Común.
Bien, esto puede sonar muy fuerte, pero cualquiera que haya visto más de tres programas seguidos de Agroesfera, el programa dedicado al campo de La 2 de Televisión Española, verá que la palabra clave es «subvención». Subvención, subvención, subvención, y por debajo y por encima otro concepto económico: cuotas. Cuotas para todo, no solo para el campo, también para la pesca y para la ganadería. Cuotas, subvenciones y multas, de eso va la agricultura española, de eso va la agricultura europea.
Vale, vamos al otro extremo, vamos a lo local, lo cercano. Yo tengo un tío que vive del cultivo de la naranja. En realidad la frase es falsa. Debería decir «yo tengo un tío que vive de las subvenciones por el cultivo de la naranja, y de la política proteccionista de la Unión Europea». Y sí, digo política proteccionista y no librecambista, porque, aunque dentro de la Unión en teoría haya «libertad de circulación de bienes, mercancías y personas», eso no quita para que respecto al resto del mundo la política de la Unión sea muy proteccionista. Y eso no solo vale para la agricultura, vale también para la industria. Naturalmente tiene toda la lógica. Todas las metrópolis han sido proteccionistas. No dejaban que nadie metiera mano en sus colonias, pues asegurarse un mercado colonial seguro era básico para su economía nacional. Ahora ya no hay colonias, por tanto ya no hay mercados seguros. Así que algo había que inventar…
Pero por desgracia el proteccionismo tiene muchos inconvenientes. Si tú eres proteccionista, los otros también son proteccionistas. Si tú no dejas que los demás te vendan su arroz, sus naranjas, sus coches, su trigo, entonces los otros tampoco te van a dejar vender tu acero o tus ordenadores. Pero volvamos a mi tío agricultor. Una vez mi padre se lamentaba al ver tantos campos de naranjas abandonados y mi tío le contestó tajante: «¡De pena nada! ¡Más campos tendrían que estar abandonados! ¡La mitad de los campos tendrían que estar abandonados!». Mi tío no estudió economía en la escuela, desde luego, pero sabe una cosa elemental: a más oferta precios más bajos. ¿Que la Unión Europea te pague para no producir? Sí, tiene toda la lógica. Es la ley del mercado.
Pero lo curioso es que al final resulta que la agricultura occidental, la agricultura de los países libres, está tan planificada como lo estaba la agricultura soviética. Y yo me pregunto, ¿pero alguna vez no ha sido así? Pobre Adam Smith si saliera de la tumba. Pobre David Ricardo, pobres economistas de la escuela de Mánchester, pobres fisiócratas franceses. «Dejar hacer, dejar pasar». ¡Ah! ¡Qué metido en el cuerpo tenemos el liberalismo económico! Pero ¿alguna vez los Gobiernos han dejado de intervenir en la economía?
A mí me hace mucha gracia que hasta los mismos ingleses sucumbieran varias veces al proteccionismo, y no solo durante la crisis del 29, cuando todo el mundo se volvió fanáticamente proteccionista, sino mucho antes, en plena primera Revolución Industrial, mientras iban predicando el liberalismo por allí donde pisaban. En 1848 el Gobierno inglés aprueba una ley proteccionista. Ahí no se llega sin un largo y violento debate. De un lado están los agricultores y ganaderos ingleses, incluidos los grandes propietarios, que ven que no pueden competir con el trigo americano y con las carnes argentinas. Del otro lado están los grandes empresarios industriales, que quieren vender sus productos manufacturados por todo el mundo. Y al final ganan los proteccionistas, lo cual va contra toda la lógica porque en este momento el sector primario está en declive y lo que está que se sale es el sector secundario. Pero claro, la gente tiene que comprar productos básicos, y qué producto más básico que el pan.
«Pan y circo», decían los romanos. Con eso basta para gobernar. El trigo y el proteccionismo siempre van unidos. El trigo y el control estatal de la economía también.
¿Alguien se acuerda que pasó con la Ley de Precios Máximos jacobina? Bueno, pasó a mejor vida tan rápido como rodó la cabeza de Robespierre. Vale. En realidad esto no era nada nuevo, nada «radical». A Esquilache no le costó la cabeza, pero sí el destierro. Y eso que estamos en un Gobierno absolutista de rostro humano, podemos decir. Y sí, Esquilache pretendía justo lo contrario, liberalizar los precios, pero el problema de fondo es el mismo: el Estado tiene que intervenir en la economía, tiene que dictar leyes económicas, con la misma finalidad: que no se produzcan crisis de subsistencia, pero, al mismo tiempo, que no haya demasiados excedentes, porque tan malo es lo uno como lo otro, tan malo es que sobre como que falte, ya que ambas cosas provocan los motines, y el rey, por muy absolutista o por muy parlamentario-constitucionalista o liberal que sea, sabe que los motines son una cosa muy peligrosa, que si no se controlan a tiempo pueden devenir en revolución.
Lenin y Stalin se tuvieron que tragar su comunismo de guerra. Los rusos se morían de hambre. Al final, la única solución fue la NEP, Nueva Política Económica, que, como bien reprochó Trotski, era una traición a la idea de base del comunismo. Pero funcionó. Dejar que los agricultores pudieran disponer libremente de sus cosechas hizo aumentar la producción. La iniciativa privada dio más trigo al Estado que todas las requisas obligatorias. Luego, cuando la gente ya no se moría de hambre, Stalin decidió que era momento de cargarse la NEP y de volver a la ortodoxia. Empezó la colectivización y el resultado fue que los rusos volvieron a morirse de hambre. Se cuenta que algunos ganaderos preferían matar sus vacas antes que entregarlas a los koljós, las granjas colectivas. No sé hasta qué punto esto fue la excepción, pero sí que es muy cierto que la colectivización se tuvo que imponer a la fuerza, con muchísimas detenciones y con una represión brutal contra los kuláks, los agricultores que más se habían beneficiado de la NEP.

Trabajo colectivo en el koljós. Foto: DP.
¿Y Franco? El Gobierno franquista era todo menos comunista, por supuesto. Pero la política autárquica no se diferenciaba mucho en la práctica de los planes quinquenales soviéticos. Pero vamos al trigo, que siempre está en el meollo del asunto. Después de la Guerra Civil los españoles también se morían de hambre. Y el Gobierno, además de las cartillas de racionamiento, tuvo que tomar otras medidas planificadoras. Una de las más importantes fue el «Servicio Nacional de Trigo». La idea era buena, claro está. Se trataba de controlar los precios y la producción para que todo el mundo tuviera un pedazo de pan que llevarse a la boca. Pero ¿cuál fue el resultado? Ese es otro tema…
¿Aumentó la producción? ¿Aumentó la cantidad de pan disponible? No. Lo que aumentó fue el mercado negro, lo que aumentó fue el estraperlo y la corrupción administrativa. En 1943, según fuentes oficiales (es decir, que posiblemente la cifra real sería superior), el treinta por ciento de la cosecha era desviada al mercado negro. ¿Y desviada por quién? Pues por los productores, claro está. Y la coña o la gracia del asunto es que los mayores productores de trigo eran los más franquistas de entre los franquistas, o al menos uno de los núcleos duros del nuevo régimen: el lobby triguero castellano.
Un tal Onésimo Redondo, por ejemplo, un señor muy conocido como fundador de las JONS junto con Ramiro Ledesma, era el secretario y abogado de un sindicato de agricultores propietarios, el Sindicato de Cultivadores de Castilla la Vieja. ¿Y qué habían hecho estos sindicatos en los años inmediatamente anteriores a la Guerra Civil? Pues fastidiar al Gobierno republicano todo lo que habían podido y más. En otro artículo, hace tiempo, hablaba de Gabriel Jackson y de su libro La República española y la Guerra Civil. Es un libro fundamental para entender este periodo. Lo que me interesa ahora es recordar cómo los grandes productores de trigo español mentían en sus datos oficiales, diciendo que la cosecha era más escasa de lo que realmente era, no solo para hacer subir artificialmente los precios, sino para tener argumentos contra las medidas agrícolas del Gobierno republicano de izquierdas. Y lo cierto es que esta política les salía bien, pues las clases medias conservadoras y los grandes caciques se ponían la mar de contentos y se escandalizaban fantásticamente pregonando cómo el país se iba directo al desastre; y mientras el Gobierno tenía que comprar trigo extranjero, los mismos que tenían los almacenes llenos y podían reventar el mercado en cuanto les apeteciera se lo pasaban pipa gritando a los jornaleros: «¿Tenéis hambre?¡Pues comed república!». Y estaban en su derecho, pensaban ellos, porque sus intereses eran «los intereses de la nación», como siempre había sido y como siempre debía ser. ¿O no?
Pero si les iba bien era en gran parte porque no estaban solos. de eso nada. ¿Qué tiene en común un agricultor de Valladolid con un industrial textil catalán y con un empresario minero vasco?
Es fácil. «Es la economía, imbécil», que dijo alguien. ¡La economía! Y aquí, en España, la economía es lo mismo que decir el proteccionismo. Lo dice muy clarito Solomo Ben-Ami en su libro sobre Primo de Rivera, El cirujano de hierro. Pongamos por ejemplo lo que pasó en 1923, con el segundo Gobierno de García Prieto. Este gabinete había optado por revisar a la baja los aranceles proteccionistas de Cambó y negociar un tratado comercial con algunos países europeos y con los Estados Unidos. Eso supuso el rechazo rotundo de la burguesía catalana, que acusó al Gobierno de «abandonar los intereses industriales a favor de la lastimosa agricultura y de los llamados intereses del consumidor». Y esto supuso algo más: que toda la burguesía catalana aplaudiera el golpe de Estado de Primo de Rivera. ¿Y qué hizo Primo de Rivera nada más llegar al poder? Pues revocar la medidas librecambistas de García Prieto.

El general Espartero. Foto: J. Laurent (DP)
Pero los empresarios catalanes no estaban solos, ya lo he dicho. Los agricultores trigueros tampoco tenían ningún interés común con los agricultores vinícolas y hortofrutícolas, que eran los de la «lastimosa agricultura». Si el proteccionismo beneficiaba al trigo, perjudicaba gravemente a los exportadores de cítricos valencianos, por ejemplo. Y sí, esos no tenían tanto poder político como sus colegas trigueros, y por eso durante el siglo XIX y durante el siglo XX casi todas las leyes económicas son proteccionistas. Sin contar el intento de Espartero de negociar un tratado con los ingleses, que como es sabido fue una de las principales razones por las que tuvo que dejar el Gobierno (no sin antes no haber lanzado unas cuantas bombas sobre la insumisa Barcelona), tenemos solo un breve momento librecambista: la ley Figuerola de 1869. Y no es casualidad que sea en 1869, es decir, justo cuando acaban de darle la patada a Isabel II, porque en cuanto vuelvan los borbones y se asiente la Restauración volverá el proteccionismo, con el arancel de Cánovas de 1891.
Al final la cosa es muy simple. Hay que acabar con la competencia. Los ingleses y los franceses aprovecharon la guerra napoleónica para destruir «accidentalmente» todos los telares catalanes que pillaron por delante. Y en el caso de los ingleses es más grave, porque supuestamente venían a la península para ayudarnos, como aliados, pero no venían gratis: como contrapartida los españoles tuvieron que dejar que los barcos ingleses pudieran comerciar libremente con las colonias americanas. Por supuesto que en ese momento, con el descontrol político y la invasión napoleónica, tampoco podíamos hacer nada por proteger el mercado colonial. Pero los ingleses ya habían empezado a meter mano antes, bastante antes. Se habla mucho de los Tratados de Utrecht y Rastadt. Pero se habla poco de la letra pequeña de dichos tratados. Y en esa letra pequeña hay dos cosas muy importantes, porque son la grieta por donde va a derrumbarse todo el monopolio colonial: el control del tráfico de esclavos (llamado «asiento de negros»), que pasa a manos inglesas, y el permiso para comerciar directamente con las colonias, mediante el «navío de permiso», o lo que es lo mismo, que los ingleses pueden botar un barco lleno de mercancías y venderlas en las colonias una vez al año y con un tope de quinientas toneladas. Un barco al año puede parecer poco, pero a esto se suma el contrabando y además hace que los criollos empiecen a plantearse si comerciar con otros países puede ser más rentable que comerciar con los españoles.
«El comercio sigue a la bandera», se decía en la época. Los ingleses no perdían el tiempo en conquistar territorios para luego pensar qué hacer con ellos. Lo mismo en Argentina que en China o que en la India. Y si para evitar una crisis de sobreproducción en las fábricas algodoneras de Lancashire había destruir la industria artesanal textil india, pues se arrasa con todo y en paz, que venimos a traer el progreso y lo hacemos por su bien, aunque ellos no tengan la capacidad de entenderlo. Y funciona. La cosa funciona hasta que viene Gandhi y se pone a tejerse su propia ropa, y ahí se acabó el chollo…
¿Quién dijo que la economía es complicada? No. De eso nada. Lo mejor, destruir la competencia. Lo segundo mejor, evitar que los productos de la competencia lleguen a nuestras tiendas. Y lo tercero mejor, si nos tenemos que tragar sus productos, pues que ellos se tengan que tragar los nuestros. ¿Y si hay líos? Pues para eso está el GATT, el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio. ¿Y si viene una crisis, una de las jodidas jodidas de verdad? Bueno, entonces es más fácil aún… Proteccionismo a saco y los demás pues a freír espárragos. Eso se hizo en la del 29. ¿Sirvió de mucho? Pues según parece no sirvió de nada, más bien al contrario, empeoró la situación, y eso que entonces los países occidentales tenían sus colonias y su mercado asegurado. ¿Y ahora, qué hacemos ahora? Pues lo mismo. Más proteccionismo… ¿Qué, que ahora no hay colonias que alivien la situación? Bueno, eso es un detalle sin importancia.
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Elitismo educativo, escuelas concertadas y bilingüismo
La educación española está marcada por una anomalía insólita en los países de nuestro entorno: el sistema de conciertos educativos. El 32% de los estudiantes españoles de primaria y secundaria estudian en colegios e institutos de gestión privada, en su mayor parte centros concertados subvencionados en su práctica totalidad con fondos públicos. Muy a grandes rasgos, la escuela concertada es un pilar de los privilegios de los que disfrutan las familias que ocupan aproximadamente el tercio superior de la distribución de rentas y cuyos intereses están manifiestamente sobrerrepresentados en las políticas públicas, los medios de comunicación y los programas de los partidos.
La historia española de la financiación con fondos públicos de la enseñanza de titularidad privada es bien conocida. En los años ochenta, el gobierno del PSOE estableció el sistema de conciertos educativos como una vía para asegurar una universalización rápida de la educación en un contexto en el que no existía suficiente oferta de educación pública. Esa medida, supuestamente transitoria, se encabalgó sobre una larga tradición franquista de subvención a fondo perdido a los colegios religiosos. Por eso los debates en torno a la escuela concertada se han desarrollado casi siempre en torno a la cuestión ideológica de la presencia de la religión en las aulas y el poder que el sistema de conciertos otorga a la iglesia.
En realidad, si ni los gobiernos del PSOE ni los del PP se han planteado jamás un proceso de incorporación de los centros concertados a la red pública no ha sido por razones religiosas sino políticas. La red de enseñanza concertada constituye un elemento central en el sistema de lealtades sociales que durante décadas ha vertebrado el régimen político español. Aún más, aunque la iglesia controla una parte significativa de la red concertada, la confesionalidad es una cuestión importante sólo para un porcentaje relativamente pequeño de las familias que acuden a esos centros. El sistema de conciertos educativos ha sido la forma en que el Estado ha asegurado a la clase media la transmisión de su patrimonio social y cultural, del mismo modo que la burbuja especulativa fue la forma en que le ofreció una vía individual de movilidad social intergeneracional a través de la transmisión del patrimonio inmobiliario. A menudo se señala que una vez igualadas las condiciones socioeconómicas la enseñanza concertada española no ofrece mejores resultados académicos. Es cierto, ofrece algo mucho más importante: la reproducción de las condiciones socioeconómicas.
El resultado es que en España la clase media real (no la aspiracional) disfruta de los privilegios sociales de la educación privada a un coste muy reducido. Este amplio grupo social ha podido esquivar una parte significativa de los problemas asociados a la escolarización de las clases populares y acumular un valioso capital social. El anecdotario sobre las vías de segregación que ponen en marcha los colegios concertados –que en teoría deberían garantizar las mismas condiciones de acceso que los colegios públicos– es inagotable. Abarcan desde los filtros económicos –como las famosas cuotas “voluntarias” o las actividades “complementarias” (añádanse cuantas comillas se considere necesario)– hasta la selección explícita y sin tapujos: en numerosos colegios concertados un criterio de admisión importante es ser hijo de un antiguo alumno.
¿Por qué desde la izquierda se pasa de puntillas sobre este problema? Me temo que la razón de esta timidez es muy antipática: la izquierda española está radicalmente atravesada por el clasemedianismo. La enseñanza concertada –sobre todo, por medio de las cooperativas de profesores o padres– se ha ido convirtiendo cada vez más en un refugio para familias laicas y progresistas con suficientes recursos económicos que buscan modelos educativos alternativos a los que ofrece la educación pública y una mayor capacidad de intervención en su comunidad educativa. No hay ningún motivo para dudar de la sinceridad de esas motivaciones, pero lo cierto es que la realidad de las cooperativas educativas laicas es también la de una profundísima segregación social.
Es un proceso aún minoritario y característico de las grandes ciudades, en especial en Madrid, Cataluña y País Vasco, pero apunta a una tendencia que posiblemente se acelerará en el futuro. El desembarco de la izquierda en la concertada con su discursos acerca de la innovación educativa, las pedagogías blandas o la transversalidad proporciona a esta red una cierta imagen de marca de la que carecía (hasta ahora su principal valor consistía sencillamente en que no era la pública). De hecho, la red de colegios laicos y progresistas es más elitista que la religiosa, que tienen su propio circuito low cost en el que tienen cabida algunos inmigrantes y personas procedentes de las clases populares.
Aún peor, la maquinaria segregadora de la concertada están contaminando cada vez más a la red pública. Empieza a ser frecuente que los centros públicos establezcan triquiñuelas en los procesos de admisión para promover una bunquerización social. Tanto en la Comunidad de Madrid como en el País Vasco, cada vez más centros públicos “prestigiosos” dan puntos en los procesos selectivos a los hijos de antiguos alumnos. Otros renuncian voluntariamente a tener comedor escolar para ahuyentar a los alumnos de bajos ingresos que optan a becas de comedor.
Pero seguramente la herramienta de discriminación social más ambiciosa que se ha ideado en España es el programa de bilingüismo de la Comunidad de Madrid (CAM), una auténtica pesadilla elitista. En la actualidad, la mayor parte de los colegios de educación primaria madrileños son bilingües –hay distritos enteros donde no hay ni un solo colegio no bilingüe– y los que no lo son sufren fortísimas presiones de la administración para que entren al redil. Hay que estar muy alienado por la anglofilia para no percibir que el programa bilingüe de la CAM es un delirio pedagógico sin parangón en ningún lugar del mundo, que ha convertido los centros educativos en academias de idiomas donde una parte significativa de las materias son imposibles de impartir porque alumnos y profesores no comparten las herramientas comunicativas mínimas. Es algo tan sencillo como que los profesores de primaria dan clase de ciencias naturales, historia o ciencias sociales en inglés (y sólo en inglés) a niños de 6, 7 u 8 años que… no hablan inglés.
Hay un dato curioso que permite entender el auténtico objetivo del bilingüismo en los centros públicos de la CAM. En educación secundaria los resultados académicos de los estudiantes del programa bilingüe son peores en las materias impartidas en inglés pero mejores en matemáticas y lengua española. Es decir, aparentemente dar clase de ciencias en inglés, mejora tu rendimiento en lengua española. La explicación es que los programas bilingües expulsan a las familias más pobres y con menos recursos culturales y que obtienen peores resultados académicos. Al igual que la red de enseñanza concertada, los programas bilingües en educación primaria tiene un objetivo social: permiten que al llegar a la ESO los estudiantes puedan ser distribuidos en función de su nivel de inglés. Poco sorprendentemente, esta criba hace que los estudiantes de las aulas bilingües sean de piel más clara, más ricos y con mayor capital cultural que los demás.
El sistema educativo español, al menos en su tramo obligatorio, parece cada vez más el experimento de un discípulo loco de Bourdieu para observar la reproducción social a gran escala. Madrid es su laboratorio.
[Este texto es un extracto de un artículo más amplio (“Reescolarizar la escuela”) que he publicado en el número 16 de La maleta de Port Bou]
Si eres proclive a la ansiedad, no mires estas fotos
Cuando una persona comienza a experimentar síntomas de ansiedad le resulta casi imposible expresar lo que siente. Que su entorno la comprenda es todo un reto: ¿cómo explicar algo que a la propia persona le cuesta comprender? Se siente atrapada y necesita salir corriendo pero una camisa de fuerza imaginaria la paraliza. Siente que se ahoga o que está a punto de sufrir un infarto. Un disgusto o una discusión le impide respirar. Asistir a una fiesta podría acarrearle días de insomnio y miedos que podrían culminar en una mala excusa para no verse rodeada de gente. Planear una cita con la persona que le atrae podría terminar igual. Si todo esto no fuera suficiente, cuando sufra una crisis, creerá que está a punto de morir.
La ansiedad era originalmente un recurso de supervivencia. Anticiparse a lo malo que podría pasar era una necesidad porque nunca se sabía qué iba a pasar. Aquella herramienta tan útil permitía al ser humano estar preparado para recibir las noticias más terribles. El miedo a lo que está a punto de pasar o, más bien, a lo que la persona cree que está a punto de pasar, fue impidiendo que las personas que una cantidad de personas en constante aumento logre llevar una vida normal sin medicación y se ha convertido en una enfermedad de síntomas confusos que, solo en España, se estima que padece el 40% de la población. Se la ha llegado a denominar «la epidemia silenciosa del siglo XXI».

Siempre se dijo que la ansiedad está reñida con la creatividad, pero no es del todo cierto: la ansiedad puede estimular la creatividad. Kierkiegaard ya adelantó esta idea en El concepto de la ansiedad.
Tal es la cantidad de personas a las que afecta, que varios artistas de todo el mundo están experimentando con distintas técnicas tratando de explicar cómo vive una persona que sufre ansiedad, habitualmente partiendo de la propia experiencia.

Pero hay un artista que ha ido más allá y no muestra lo que es vivir con ansiedad: la provoca. ¿Cómo? Evocando situaciones en las que el cuerpo y la mente reaccionan anticipándose al mal. Lo que está a punto de caer, lo que está a punto de romperse: eso es lo que muestran las fotografías de Aaron Tilley, consiguiendo que cualquiera pueda entender la ansiedad y cómo afecta desde la propia experiencia. Inquietud, miedo, palpitaciones, ganas de gritar, de detener el tiempo. Todo eso que estás sintiendo mientras observas sus fotografías, es lo que vive una persona ansiosa constantemente.
El trabajo de Tilley sirvió para ilustrar la ansiedad en un especial sobre adrenalina en la revista Kinfolk, en colaboración con el escenógrafo Kyle Bean.

El director de arte de Kinfolk se puso en contacto con Tilley para que hiciera unas fotos sobre la adrenalina y Tilley acudió a Bean. «Me pedía que en las fotos se viera algo que provocara un subidón de adrenalina, o que provocase alguna emoción. Algo así como una explosión o algo que se rompe. Bean y yo empezamos a pensar en momentos de tensión en los que algo está a punto de suceder. Quería representar situaciones en las que uno se siente incómodo o ansioso, como el momento en el que algo cae o golpea. Uno siente que casi puede ver cómo el objeto va cayendo e intenta atraparlo antes de que inevitablemente se rompa», explica Tilley a Yorokobu.
Tilley reconoce que muchas de las fotografías parten de experiencias personales, como aquella vez que, siendo niño, le estalló un globo en las manos y le provocó tal impacto que todavía hoy lo recuerda. «Por eso, crear una imagen en la que un globo está a punto de estallar me causa un poco de ansiedad», cuenta.
Para crear estas imágenes, Tilley y Bean decidieron utilizar objetos cotidianos con los que cualquiera pudiera sentirse familiarizado. Tylley explica que este detalle era importante para que «la gente pudiera reconocerlos e identificar esa fragilidad que le resulta evidente». Era la forma de asegurarse de que todos sentirían que algo «inminente estaba a punto de suceder». «Los colocamos justo en ese momento congelado en el que están a punto de interactuar y provocar un accidente o desencadenar alguna situación que acelerará el corazón», detalla.
Tilley descartó los retratos personales y optó por los objetos porque «la energía que provocan estos objetos era más que suficiente para darles vida».




Este post Si eres proclive a la ansiedad, no mires estas fotos, escrito por Virginia Mendoza, se publicó originalmente en Yorokobu.
Da Suisa: La Morgan Pintora
Sergioski02jejejejejejejeje, pero, pero, pero madre mia que FRESH!!!
Si eres una persona viciosa, aquí puedes ver más capítulos: https://www.youtube.com/playlist?list...
Si tu vicio es superior a eso, SUSCRÍBETE AQUÍ: https://www.youtube.com/user/vengamon...
El disparatado merchandising de los precandidatos a la Casa Blanca
Si en España viéramos a alguien con una pegatina del PP en el coche o con una camiseta del PSOE, le miraríamos raro. Aquí todos sabemos que tenemos una ideología, incluso a veces la sacamos a pasear cuando opinamos o nos indignamos con algo, pero de ahí a mostrar una adhesión abierta a un nombre o unas siglas dista un trecho. Nos encanta discutir, pero alinearnos a las claras con algo es uno de los muchos tabúes de nuestra sociedad.
En EEUU no pasa lo mismo. En el país donde la política, como casi todo, es un espectáculo, las normas son distintas. Ahí los candidatos pelean no sólo por ser nominados, sino también por contar con una flota de voluntarios que les empujen en los procesos electorales. Y, además, por el dinero: las carísimas campañas se costean con las donaciones de empresas, lobbies, plataformas… y ciudadanos.
Ahora mismo, con el eterno proceso de primarias abierto de cara a las próximas elecciones presidenciales, es fácil echar un ojo a la web de cada uno de los precandidatos y encontrar una pestaña para aportar una donación. Allí es normal dar dinero al candidato en el que se cree.
Hay también quien, además de aportar dinero a la causa, quiere enseñar de forma pública su opción. Y en el país en el que todo es espectáculo no hay mejor expresión del fenómeno fan que el merchandising. ¿Imaginas a Pablo Iglesias vendiendo gomas de pelo moradas en su web? ¿O a Rivera haciendo lo propio con pasta de dientes? Esa cosa tan loca es posible y real en EEUU.
No es que los productos que venden los candidatos ayuden a desequilibrar la balanza de las ganancias, pero suponen un empujón… y a la vez un ejercicio de visibilidad. Tanto es así que uno de los productos estrella es el anuncio para jardín. Como si pusiéramos una banderola de IU en nuestro balcón, pero en versión yanki. Las vende Donald Trump, las vende Marco Rubio y las vende Hillary Clinton, por poner tres ejemplos.
La ropa
Dentro de las categorías del merchandising, además de las chapas, un clásico son las prendas de ropa. Desde pantalones de yoga de 40 dólares a las camisetas. Algunas con mensajes no ya apoyando a un candidato, sino directamente contra un rival. Como estas dos joyas de Ted Cruz: una camiseta en plan recuerdo crítico y una gorra jaleando a un nuevo debate usando el eslogan del rival.
Marco Rubio tampoco se queda corto, y tiene al menos dos camisetas interesantes en su tienda. Una, ayudando a los yankis a pronunciar adecuadamente su nombre. Otra, haciendo hincapié en su juventud y reclamando para sí el legado -atención- de Reagan.
Hillary Clinton también entra en esta campaña por el lado demócrata. Lo primero, con unos calcetines con el logotipo de su candidatura. Lo segundo, con una serie de camisetas para que muestres tu apoyo según tu procedencia étnica, lo cual lleva a la camiseta con el lema más largo del mundo, pensada para «los asiáticos americanos e isleños del Pacífico».
Ahora, el campeón indiscutible de la categoría textil es el suéter edición navideña de Ted Cruz, que hará las delicias de los hípsters republicanos (y adinerados, que cuesta 65 dólares).
Productos para niños
No sólo hay ropa para mayores, también para pequeños. Y no son las únicas opciones. Ted Cruz, un genio del marketing, ofrece un libro para colorear sobre el candidato y Marco Rubio, un body para bebés en el que destaca cuánto le quieren sus papás por votar al candidato adecuado.
Todo para la barbacoa
Si muchos estadounidenses tienen un jardín en el que plantar un cartel electoral es porque también tienen un jardín para… hacer barbacoas, ¿no? Para ellos también hay material interesante. Por ejemplo, la impagable espátula de Ted Cruz para dar la vuelta a las hamburguesas como un buen chef republicano.
Se unen a la comida otros complementos, como los trajes para cerveza (en versión botellín o lata), también de Ted Cruz, los enfriadores para cerveza de Hillary Clinton (nótese el fino humor de ‘Chillary’, por ‘chill’, congelar en inglés) o la nevera portátil para meter tanta bebida, de nuevo de Cruz.



Pegatinas y complementos
Otra de las categorías estrella es la de los adhesivos y pequeños aderezos para llevar puestos: desde llaveros a chapas, pasando por pines variados. En la categoría de pegatinas una vez más Ted Cruz gana por goleada con esta propuesta para el coche, jugando con la idea de ‘derecha’ y ‘correcto’ (guiño, guiño, codazo), aunque la de Hillary Clinton metiéndose con Trump tampoco está mal.


Entre los complementos hay bolsas, como esta de Bernie Sanders (no es que tenga mucha chispa su equipo, hay que decir), o cosas más divertidas, como las propuestas de Marco Rubio en forma de pulsera (¿recuerdas las de Armstrong?) o el reloj de Trump —que no te envían en realidad, pero usan el argumento de Rubio sobre el patrimonio del magnate rival para conseguir una pequeña donación—.

Cosas para casa
Los precandidatos también quieren un hueco entre el menaje de tu hogar: vasos, copas, tazas y demás ocupan buena parte de sus tiendas. Pero hay cosas que llaman más la atención por el fijo ingenio que demuestran: ojo a la taza ‘Freedom of Espresso’ de Marco Rubio (lástima que se tenga que lavar a manos porque no es apta para el lavavajillas).
Ahora, para fino ingenio el del equipo de Hillary Clinton, al vender el típico cojín bordado para hacer valer que es la única mujer en liza destacando que el lugar de una mujer es… la Casa Blanca. Ojo al comentario nada casual que acompaña al producto en la web respecto a la dirección postal de la residencia presidencial.
Apoyo incondicional
Para fans desmedidos siempre está la opción de comprar los pompones de Trump. Cada uno hace de cheerleader de quien quiere, oye.
Aunque dentro de esta última categoría quizá lo más sorprendente sea lo de las tarjetas regalos. ¿No sabes qué comprar? Nada mejor que una de estas para que puedas intentar convencer a otros de que voten contigo (regalazo). Es una opción que ofrecen Bernie Sanders, Hillary Clinton o Marco Rubio, por citar tres ejemplos.



Ahora, lo más de lo más en esta categoría es lo de ‘págale un billete a Marco Rubio‘. Por el módico precio de 500 dólares, sufragas el desplazamiento del candidato en sus viajes de campaña, a cambio de lo cual te lo agradecerá en redes sociales y te enviará una postal dedicada.
Por si quieres seguir dando un paseo por la galería del horror, puedes elegir tienda: la de Donald Trump, la de Ted Cruz, la de Marco Rubio o, en el lado demócrata, la de Hillary Clinton o la de Bernie Sanders. Si te fijas verás que todos los productos destacan que han sido hechos en EEUU. Cómo no.
Entre los que ya han tirado la toalla también hay gangas: la tienda de Jeb Bush tiene todo al 50%, aprovecha. Porque en otra cosa se puede debatir, pero en originalidad los republicanos barren a los demócratas.
Este post El disparatado merchandising de los precandidatos a la Casa Blanca, escrito por Borja Ventura, se publicó originalmente en Yorokobu.
anti-Sócrates
“(Confianza) Algunos aprecian la coherencia o congruencia como una prueba de honradez en la conducta o como una garantía de verdad en el razonamiento, pero, al cabo, tiene un punto de vanidad estética: vale poco más que la rima, pero es más peligrosa”.
Rafael Sánchez Ferlosio, El País, 22/01/2009 y Campo de retamas.
“En lo que llamamos lógica sólo veo el culpable ejercicio de una debilidad. Puedo decir, sin ninguna afectación, que lo que menos me preocupa es sentirme consecuente conmigo mismo”.
André Bretón, Los pasos perdidos.
*Bastante hago con decirlo, como para tener que hacerlo*
Anónimo
¿Qué pasaría si acabamos con todos los mosquitos?
Sergioski02joder sin mosquitos no hay chocolate,ahi queda la decision
Si ayer hablábamos aquí de la tecnología para a acabar con los mosquitos con rayos láser, hoy nos preguntamos: ¿qué pasaría si acabáramos con todos los mosquitos del planeta? Es la cuestión que ronda en la cabeza de centenares de especialistas a raíz del último brote de virus Zika transmitido por estos insectos, una de las muchas enfermedades que nos contagian. En NPR tratan de dar respuesta a esta cuestión y parece que una mayoría de científicos cree que las consecuencias de acabar con todos los mosquitos no serían especialmente devastadores para el medioambiente. Aunque muchas especies se alimentan de mosquitos - especialmente las aves del Ártico donde se consumen toneladas de estos insectos en primavera - no se conoce ninguna que dependa exclusivamente de ellos para su dieta.
Pero el asunto no es tan sencillo. Como explican en el vídeo de SciShow que veréis abajo (puedes activar los subtítulos en castellano), ya se ha intentado acabar con todos los mosquitos en otras ocasiones (con el infausto DDT) y son tantos y tan escurridizos que resultaría muy difícil terminar con ellos. La principal estrategia sería la de introducir mosquitos transgénicos que conviertan a la especie en estéril (como ya se ha hecho en Brasil), pero también hay científicos que temen las consecuencias de una intervención tan radical en la naturaleza. Otra de las funciones que cumplen estos insectos es la de polinizar algunas plantas, como la del cacao, de modo que como advierte la profesora de la Universidad de Rutgers, Dina Fonseca, si nos quedamos sin mosquitos nos quedamos sin chocolate, y "mucha gente lo consideraría una catástrofe".
Con todos estos elementos, la opción más sensata sería intentar ir a por especies concretas que sabemos que transmiten enfermedades, como Aedes aegypti, la responsable de la expansión del virus Zika. Me quedo con la reflexión de Jorge Rey, experto en entomología y enfermedades: "No conocemos el impacto de eliminar a estos mosquitos, pero eso tampoco es un argumento para mantenerlos. Eliminar la enfermedad es la prioridad. A pesar de las consecuencias, todavía tiene que ser la prioridad principal".
Más info: Would It Be A Bad Thing to Wipe Out A Species ... If It's A Mosquito? (NPR)
¿Compartes piso? Entonces sabrás qué es un Compañero de Piso de Mierda
Sergioski02jajajajajaj otra ideaza que se nos escapa siner.
En el año 2012 surgió en Italia Coinquilino di merda, un blog y página de Facebook en la que los usuarios hablaban de sus experiencias de compartir piso.

En la actualidad, la página aglutina a más de medio millón de seguidores, muchos de los cuales han colaborado en la creación de las más de 40.000 entradas publicadas contando anécdotas y aportando imágenes.
Cuatro años después de la puesta en marcha de esa iniciativa, todo ese saber ha sido volcado en un libro que acaba de ser publicado en nuestro país por la editorial Errata Naturae.

El compañero de piso de mierda es, como su subtítulo indica, una Guía de supervivencia para compartir casa. De hecho, parece imposible imaginar cómo durante generaciones y generaciones la gente se ha lanzado a compartir piso sin contar con un manual como este.
En él, además de describirse esos Compañeros de Piso de Mierda (CDM según el nombre original italiano) con los que inevitablemente uno va a toparse al compartir casa, se enuncian por primera vez en la historia las Tres leyes del Compañero de Mierda, a saber:
PRIMERA LEY: Hay un compañero de mierda en cada casa compartida.
SEGUNDA LEY: El compañero de mierda lleva a hacer cosas de Compañero de Mierda.
TERCERA LEY: Si no tienes un Compañero de Mierda en casa, es que eres tú.

Por sus páginas desfilan fauna tan variopinta como el Porrero, el Yonkarra, el Borrachuzo, la Tiquismiquis, la Guarrilla, el Viejoven, el Pipiolo o el Erasmus y, para que no haya suspicacias, se aclara que el sexo no es un hecho diferencial. Es decir, que esos especímenes se dan independientemente del género: hay Compañeras de Mierda Guarrillas, pero también hay Compañeros de Mierda Guarrillos.

Por supuesto, no faltan las descripciones de cómo esos personajes se comportan en cosas tan básicas para la convivencia como los turnos de limpieza, la comida, el respeto de la propiedad ajena, el pago de los gastos comunes, el uso del cuarto de baño o la relación con los vecinos.

El libro incluye también algunos testimonios como estos:
«El CDM Borrachuzo vuelve a casa con una chica de dudosa moralidad y la convence para mantener relaciones sexuales a cambio de un portátil: el mío».
«Volviendo de una noche en la discoteca, mi CDM Borrachuzo elige un cazo de la cocina para su pota inminente. Al día siguiente, otro chico de la casa decide encender la cocina para calentar el agua para el té. Aún medio dormido, enciende el fuego que no es. Y sí, en esa casa había conocido olores y olores… pero el del vómito hirviendo no tiene parangón».

«Organizo una cena con mis compañeros de trabajo, que se quedan a pasar la noche. A las cinco y media de la madrugada, la CDM Guarrilla decide follarse a mi jefe. En mi habitación. Conmigo en la cama de al lado».
«Mi CDM Viejoven manda mensajes solo a las chicas, por principio. Le envié un mensaje, me ignoró y le respondió a mi novia».
«Después de la ducha mi CDM Viejoven se seca el cuerpo con papel higiénico».

Hay decenas. A cada cual más espeluznante. Especialmente los que se refieren al cuarto de baño en general y el papel higiénico en particular. Dos de las cosas que más conflictos generan en un piso compartido.
Están aquellos compañeros de otras culturas, como unos indios que se citan en el libro que, para no aportar dinero para dicho gasto, argumentaban que «actually we don’t use it». También están aquellos otros que acaban con el último rollo y no avisan, o los que lo compran a título individual y trazan con un rotulador una línea horizontal en el papel para que no pueda hacer uso del mismo quien él o ella no quiera.

También se recogen útiles consejos para evitar los trucos y malas artes que el CDM de turno utiliza para salirse con la suya. Por ejemplo, si un CDM sugiere en un momento dado que su novio o su novia debe pasar unos días en la casa porque está buscando trabajo, está haciendo unas gestiones o se ha peleado con sus padres, la respuesta debe ser siempre no. De no ser así, habrá un nuevo compañero de casa que, por su peculiar situación, ni pagará facturas ni se sentirá obligado a colaborar en las tareas domésticas.

Para el que no ha vivido en un piso compartido, todo esto puede parecerle algo increíble incluso después de haber leído El compañero de piso de mierda. En ese caso, relean el punto 3 de las Tres leyes antes expuestas.

Este post ¿Compartes piso? Entonces sabrás qué es un Compañero de Piso de Mierda, escrito por Eduardo Bravo, se publicó originalmente en Yorokobu.
El bilingüismo a debate
Sergioski02hay debat?
Hace ya 10 años, el Madrid de la anglófila Esperanza Aguirre se embarcó en el proyecto de llevar el bilingüismo a la enseñanza. Hoy, alrededor de un tercio de los centros de la Comunidad lucen un cartel que anuncia su integración en este modelo, y otras provincias y comunidades también se han internando en esta senda. Sin valorar directamente su éxito, sí que al menos trató de encarar la problemática de la enseñanza de idiomas en el sistema escolar español, en el que sin programas de refuerzo en forma de clases extraescolares, el alumno suele salir sin demasiados conocimientos en la lengua extranjera. Pero mientras que para algunos es el camino a seguir, otros creen que es una carretera al infierno de la decadencia educativa.
«La tendencia actual a incluir programas de bilingüismo en los sistemas responde a una necesidad basada en el mundo globalizado en que vivimos», explica María Isabel López, una maestra de inglés que escribió una interesante carta en el diario extremeño Hoy, titulada Bilingüismo, el nuevo caballo de Troya, «pero no hay que confundir bilingüismo con aprendizaje de idiomas».
Mientras que el primero solo ocurre cuando el niño tiene una exposición masiva a la lengua para aprender con un enfoque meramente comunicativo, lo que tenemos en el sistema español es, en su opinión, «impartir conocimientos científicos usando una lengua extranjera, con los problemas que conlleva en la profundización del área, la estructuración mental de la materia y en los recursos que el alumno debe aprender a desarrollar».
Según un estudio de 2013 elaborado por la Fundación de Estudios de Economía Aplicada, existen problemas al aplicar este enfoque a áreas como Conocimiento del Medio, la asignatura que en Primaria agrupa Ciencias Naturales, Geografía e Historia, pero no a Matemáticas y Lectura. No resulta tampoco una sorpresa su conclusión de que este efecto empeora en los alumnos cuyos padres tienen un bajo nivel educativo. Esta postura se resume muy bien en un cartel creado por las plataformas en defensa de la enseñanza pública de Madrid. En él, aparece una niña con unas gafas de laboratorio pintadas con una leyenda debajo: «Estudiando en inglés, Paula apenas comprenderá que es la evaporación».
Alexandra de Santos, otra maestra de Primaria, sí defiende este modelo. Aunque concede que «la práctica en España está siendo muy lenta y no cubre las necesidades reales», considera que «la educación bilingüe es una experiencia muy positiva para todas las partes implicadas en el proceso educativo», ya que permite «a los estudiantes desarrollar muchas más competencias y tener su cerebro a un nivel de actividad superior».
Además de su experiencia docente, tiene la personal: estudió de los 3 a los 14 años en un colegio bilingüe con profesores nativos y dice no tener ningún problema de comprensión de conceptos o de léxico pese a no haberlos estudiado en su lengua materna.
En lo que ambas están de acuerdo es que el actual modelo fomenta las diferencias sociales. De Santos opina que «es el colegio el que tiene que preparar al alumno en todas las competencias necesarias y las actividades extraescolares deben ser solo una ampliación, no la base de su aprendizaje», pero estos «no tienen los recursos suficientes actualmente para responder a estas necesidades», echando en falta «profesores de apoyo que puedan reforzar a los alumnos con necesidades y dificultades y mucha formación».
Esta supuesta formación es uno de los aspectos que López toca en su texto. «El profesorado está más pendiente de obtener el certificado B2 que le permita acceder a una plaza mejor o, en el caso de los interinos, simplemente poder trabajar». López expone que las escuelas de idiomas están sobresaturadas mientras organizaciones como «Cambrigde, Trinity y los Institutos de Lenguas Modernas se frotan las manos por la ingente demanda de sus certificados y sus cursos, que se pagan a precio de oro, algunos de los cuales solo tienen una vigencia de dos años».
En 2014, el combativo Sindicato de Estudiantes publicaba una entrada titulada ¡No a la estafa del bilingüismo en Madrid que sólo beneficia a la privada concertada!, en la que denunciaba una sobrefinanciación de la iniciativa privada, con una ingente dotación económica, mientras que a la escuela pública se la dejaba en un lugar preocupante, eliminando becas comedor y ayudas para libros. López considera este modelo de bilingüismo una aberración y una estafa a las nuevas generaciones y la sociedad en general, que los políticos usan para ponerse medallas cuando ni siquiera han hecho seguimiento del sistema. De momento, solo el Gobierno de Asturias ha anunciado una intención firme y con fecha de evaluar una forma de enseñar que lleva ya una década.
Este post El bilingüismo a debate, escrito por Carlos Carabaña, se publicó originalmente en Yorokobu.
Diccionario seriéfilo: ‘deus ex machina’
Un asesinato, dos asesinatos, tres asesinatos… Un criminal escurridizo. Demasiado listo para el policía; demasiado fuerte para el superhéroe.
—No podré pararlo — dice el policía, el espía o el superhéroe.
—Quizá esto te ayude —dice el policía veterano, el científico, el hacker.
El policía, el espía o el superhéroe recibe un aparatejo o un código que detiene la amenaza viral del villano y lo localiza. A partir de aquí el final llega en dos secuencias: los buenos rodean la casa del malo y el héroe explica con psicología de andar por casa las razones de por qué el malo hacía lo que hacía.
El código, el aparatejo o el arma especial que recibe el héroe es un deus ex machina: resuelve la papeleta al héroe.
El teatro griego y el deus ex machina
Para los griegos, el deus ex machina era una forma aparatosa y tramposa de acabar una obra de teatro: una grúa (machina) bajaba o colocaba sobre el escenario a un actor que, como un dios del Olimpo (deus), resolvía los problemas del héroe. (Imagen sobre este párrafo extraída de OSC IB Blogs). De ahí «deus ex machina» (dios a través de la máquina). Los dioses del Olimpo quedaron atrás, pero la trampa sigue vigente y adopta muchas formas, no solo la del aparatejo o el código del amigo/socio hacker. Al fin y al cabo, el dios en la ficción es una figura trina de la creación (guionista, director y productor).
Cuando la trinidad trabaja en televisión, debe procurar que los espectadores quieran ver el siguiente capítulo. Esto obliga a utilizar la trampa del deus ex machina un excesivo número de veces.
La tecnología
En la televisión del pasado siglo, los guionistas siempre se apañaban para que MacGyver —a cinco minutos del final— acabara en una cabaña o habitación repleta de artilugios que en sus manos eran peligrosos. (¿A ninguno de los malos se le ocurrió pegarle un tiro a MacGyver?). KIT, el coche fantástico, es el deus ex machina de David Hasselhoff.
En la franquicia CSI y sucedáneos la tecnología no sirve como apoyo: ofrece la resolución de los casos. (Nunca mejor dicho: tras definir con un software irreal la fotografía borrosa del sospechoso en una noche de lluvia).
El testigo sorpresa
En la policíacas de antes y de ahora, el testigo de última hora (el borracho, la adolescente asustadiza) es el deus ex machina. Este personaje se presenta en la comisaría en un momento aparentemente improbable y se acabaron todas las pistas. Incluso hay episodios en estas series en los que el asesino se entrega y explica sus razones para los crímenes (sin ningún truco en la manga: una entrega, sin más, a tres minutos del final).
La pastilla milagrosa
Otra forma de deus ex machina es la pastilla roja que dota de poderes excepcionales al protagonista de la serie Sin límitess. Cuando el caso está atascado, el FBI permite al antihéroe tomar la pastillita y ¡voilà! Caso resuelto en un santiamén. El deus ex machina es la química: lo es porque no forma parte de la trama. El héroe no funciona sin la pastilla. (Parece un ficción promocionada por farmacéuticas creadoras del Provigil, el Rubifen y Alza 36).
El amigo científico
Los superhéroes son en sí mismos deus ex machina que resuelven los problemas de los corrientes mortales. Pero también tienen sus propios deus ex machina. Los de la casa DC (Arrow y Flash) están abonados a la fórmula: siempre pierden en su primer enfrentamiento con sus supervillanos. Para ellos, el deus ex machina es el científico que entrega un cachivache inventado en una tarde o dota al traje de una característica nueva que contrarresta los poderes de los villanos.
La suerte
El último superhéroe que no sabe que lo es es el protagonista de Lucky Man. Aquí, la suerte es el deus ex machina (lástima, la asociación entre AMC y Stan Lee prometía grandes satisfacciones). El protagonista de Lucky Man hace su trabajo policial y cuando va a ocurrirle un peligro, la suerte interviene: esquiva coches, esquiva balas, evita accidentes mortales y gana en las carreras de galgos. Así, sin más. ¿No es esto un deus ex machina? ¿Y dónde queda la emoción? Para que una película o serie sea atractiva, el protagonista debe superar obstáculos, pero si la suerte está de lado del personaje, su paso por la historia es fácil. Y lo fácil cansa.
«Un tipo al que todo le sale bien por pura potra solo puede dar juego como secundario cómico. Y, mientras, el protagonista debe estar bien jodido», dice Paco López Barrio guionista de El Ministerio del Tiempo y otras ficciones, y docente de guion.
López Barrio está en lo cierto. Quizá los que rondan los cuarenta recuerden a Narciso Bello (Gladstone Gander), el personaje de los tebeos Don Mickey, primo de Donald, que por un exceso de suerte cae antipático. Este personaje no tiene historieta propia. Otros espectadores encuentran irritante las aventuras de Doraemon, el gato cósmico. (Aquí vemos que el gato entrega de manera irresponsable tecnología al niño; el crío se mete en líos y el gato le saca de ellos).
El malum ex machina
Frente al deus ex machina está el malum ex machina: el diablo a través de la máquina, la mala suerte que impide que los protagonistas cambien de capítulo a capítulo. Es un truco propio de las comedias de situación que funciona desde I love Lucy. (Sí, Doraemon es el malum y el deus).
Si las comedias de situación (sitcoms, en inglés) se llaman así es porque la situación apenas varía de un capítulo a otro. Los protagonistas pueden estar buscando sin éxito la fama o la fortuna o el amor durante siete u ocho temporadas. ¡Es lo que queremos ver! En cada capítulo parece que el héroe o heroína encuentra a la media naranja, pero mete la pata en la última escena o aparece el ex de la otra persona que acaba ganando. Y la búsqueda continúa en el siguiente capítulo.
Los negocios de Homer y Marge Simpson fracasan por causas a menudo externas a ellos, de la misma manera que pifian las ideas para enriquecerse los chicos de The big bang theory y Penny jamás llegará a ser una actriz famosa.
Sin embargo, los espectadores son más tolerantes con el malum ex machina que con el deus ex machina. Quizá porque el público se identifica con los personajes sin suerte: los que pierden en el juego, los que tienen malos trabajos y los que tienen mala fortuna en el amor. Los espectadores aceptan la buena suerte cuando está hecha con gracia o cuando desean que los protagonistas sufrientes de series-novelas dejen de sufrir. Entonces, y solo entonces, la buena suerte es aceptada porque provoca una catarsis.
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Diccionario seriéfilo: la importancia del pacto con el espectador
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Este post Diccionario seriéfilo: ‘deus ex machina’, escrito por Javier Melendez Martin, se publicó originalmente en Yorokobu.
Masdar: cuando los jeques sueñan con ovejas eléctricas
Sergioski02Hugo esta aqui? fuiste?
En 2006, el emirato de Abu Dabi anunció un proyecto de vanguardia: Masdar, una ciudad sustentable sin emisiones de carbono, desperdicios o combustibles fósiles. En árabe masdar significa fuente, nombre apropiado pues el objetivo era convertir la ecociudad en un centro mundial de negocios e investigación, rebosante de vida académica y social. Su habitabilidad, arquitectura inteligente, servicios de alta tecnología y sistemas de transporte serían incomparables. Hoy, la utopía de la ciudad perfecta está siendo revisada, pero Masdar sigue adelante.
Años antes, la firma de arquitectos que dirige Norman Foster, había recibido un mensaje: ¿Estaría Foster + Partners interesada en construir una ciudad sustentable? Sucedió que el jeque Khalifa bin Zayed Al Nahyan, rey de Abu Dabi y presidente de los Emiratos Árabes Unidos, había tenido una idea: sabía que la principal riqueza de su emirato era el petróleo y que este se acabaría. Entonces encargó a sus asesores un plan a largo plazo para que su país pudiese diversificar su economía. La respuesta: invertir en energías renovables.

Steven Geiger, ex director de proyecto de Masdar, resume aquella conversación: «Nosotros producimos petróleo –nos dijeron— pero queremos participar en la solución del problema energético y, al mismo tiempo, ganar dinero. Y cuando los mercados de la energía renovable crezcan, nos gustaría participar de eso también». El emirato estaba decidió a hacer la apuesta. Pero ya en 2008 un académico de la Universidad de Cornell, Brian Stilwell, había señalado el fallo: «La ciudad más sostenible del mundo va estar rodeada de algunos de los desarrollos urbanos menos sustentables del mundo». Pero el emirato tenía los medios y la convicción, y el ambicioso proyecto siguió adelante.


Los tres niveles de Masdar según Norman Foster
Masdar ocupó una zona de 6 kilómetros cuadrados, situada a 17 kilómetros de la capital. Foster y sus asociados diseñaron y construyeron la primera etapa elevando la ecociudad sobre una plataforma. El objetivo era reducir el contacto con las altas temperaturas del terreno y, a la vez, alojar ductos de servicios y sistemas de transporte. A continuación, surgieron los primeros edificios destinados a viviendas, oficinas e instituciones. Se diseñó el sistema de transporte con podcars, vehículos eléctricos autónomos que se deslizan sobre rieles bajo la superficie de la ciudad. Y entró en funcionamiento el entramado de paneles solares de altura que suministraría la energía a edificios y servicios.

Masdar según Norman Foster
Incluso se estudiaron los recorridos de las corrientes de aire que refrescarían la urbe. Inspirada en la arquitectura árabe tradicional de Yemen y Omán, la torre de ventilación absorbería el aire caliente, lo refrescaría y redistribuiría por las calles del complejo. Esas vías estrechas, pensadas para tránsito peatonal entre los distintos edificios, logran que la penetración del sol sea casi nula. Además se planeó que en el futuro un anillo de vegetación protegería toda la ciudad de las tormentas de arena.

Espacios-verdes, sombra y paneles solares según Norman Foster
Masdar entró en funcionamiento, convirtiéndose en una medina, pero una medina de alta tecnología, con sensores de ahorro de luz y agua. «Siento que vivo en una novela de ciencia ficción», comentó una estudiante. Se construyeron la universidad, la central de Siemens para todo Medio Oriente y las oficinas centrales de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA). Y también modernos bloques de viviendas de terracota destinadas a estudiantes y nuevos habitantes, decorados con motivos arabescos geométricos.
Y entonces llegó la crisis. Dubái, uno de los siete emiratos que forman los EAU, se declaró en bancarrota y la vecina Abu Dabi debió ir al rescate. Dubái era uno de aquellos «desarrollos urbanos menos sustentables del mundo». Había apostado fuertemente por el mercado inmobiliario y terminó acumulando una deuda de 59.000 millones de dólares. Cuando la economía de Dubái se derrumbó en 2009, el mercado inmobiliario se fue a pique. Y Masdar, el sueño ecológico de Abu Dabi, sufrió las consecuencias.

Edificaciones de terracota
El sultán Ahmed al-Jaber, presidente de Mubadala, empresa dedicada a financiar Masdar y diversificar las demás inversiones de Abu Dabi, admitió el revés: «Tuvimos que pisar el freno y revisar nuestros planes». El legendario inversor Jim Chanos, referente habitual del Wall Street Journal y otras publicaciones especializadas, lo expresó de forma aún más clara: «Vayan a Dubái y verán lo que pasó. Yo lo llamo el ‘complejo de constructor’. Ese complejo consiste en creer que se puede levantar edificio tras edificio tras edificio para atraer a inversores; y en estar convencido de que estos se establecerán y abrirán allí sus oficinas. Pero lo que ocurre tarde o temprano es que el constructor se da cuenta de que edificó demasiado».

Y como es el dinero quien manda y no los sueños, el desarrollo de Masdar quedó en suspenso. Además, nadie había previsto la llegada del coche eléctrico ni tomado en cuenta la cultura del combustible subvencionado de Abu Dabi. La ecociudad estaba aislada y sus habitantes potenciales siguen sin llegar en las cantidades esperadas. Brent Toderian, ex director de planificación urbana de Vancouver, una de las ciudades con mejor calidad de vida del mundo, profundiza: «El aspecto tecnológico es una ventaja, pero nada reemplaza una comunidad unida, completa y con una buena relación vivienda/empleo. Nosotros no solo somos sostenibles en lo medioambiental, también lo somos económica y socialmente».

El jeque de Abu Dabi y el CEO de Masdar en un podcar
Pero no todo es tan sombrío como parece. El Masdar Institute for Science and Tecnology –creado en conjunto con el MIT, su homólogo de Massachussets— se ha convertido en uno de los proyectos más prometedores de Medio Oriente. «La calidad académica de los egresados es sobresaliente y sus investigaciones, de vanguardia», subraya Steven Geiger. Hasta la fecha, la institución ha producido y registrado más de cuarenta patentes. Y si bien las ambiciones del emirato eran mayores, también es mucho lo que se ha conseguido. Uno de los logros más trascendentes de Masdar, y curiosamente el menos evidente, es su ejemplo tecnológico.

Biblioteca del MIST
Ciudades como Songdo, en Corea del sur, Konza Techno City, en Kenia, y otros muchos proyectos de más o menos éxito en Portugal y China nunca hubieran existido sin el liderazgo inicial de Masdar. En la actualidad, Abu Dabi invierte en plantas de energía solar en Mauritania, España y pronto lo hará también en Gran Bretaña y Alemania. «En seis años, Arabia Saudí estará produciendo 40 gigavatios de media de renovables. Jordania, Marruecos y otros países de Medio Oriente y el Magreb siguen sus pasos». Y si ha habido errores, estos son parte del proceso de crear algo completamente nuevo.


Masdar Place de día

Masdar Place de noche
Hoy aquella primera fase de construcción de Masdar City parece un trozo de ciudad caído del cielo. Su población estable consta casi exclusivamente de estudiantes y de las numerosas compañías y emprendimientos verdes que iban a ser el motor de su crecimiento. Solo una proporción menor ha respondido a la llamada. Pero es importante pensar en términos más amplios. «Nosotros tenemos la misma filosofía que la NASA», explica Fred Moavenzadeh, director del MIST. «Ellos llevaron al hombre a la luna para demostrar la pujanza de EEUU en esa área tecnológica. Masdar fue fundada para mostrar el compromiso de Abu Dabi con el aire limpio y la tecnología. Hoy nuestro emirato es uno de los mayores, acaso el mayor, inversor en energías renovables. Y si ese es su rol en el panorama mundial, yo diría que Masdar ha sido un éxito».

Concentrador de energía solar

Shams granja solar

Shams detalle

Masdar hoy
Este post Masdar: cuando los jeques sueñan con ovejas eléctricas, escrito por Claudio Molinari, se publicó originalmente en Yorokobu.








































