Shared posts

19 May 08:49

Así de fácil se roba una cuenta de WhatsApp

by Miguel Hernández

WhatsApp-2

Una vez más WhatsApp ocupa nuestro tiempo con sus idas y venidas de seguridad, y es que sólo hace falta que algunos agudicen el ingenio para darnos cuenta de que nuestras conversaciones de WhatsApp están infinitamente más desprotegidas de lo que nos podíamos imaginar. Un gran número de usuarios podría estar desprotegido de curiosos que quieran husmear en nuestro WhatsApp sin nuestro consentimiento, y sinceramente se me hace complicado pensar que los chicos de WhatsApp no hubieran imaginado esta posibilidad antes que los usuarios, aunque pensándolo bien, está muy en su línea.

¿Soy vulnerable a este fallo de seguridad?

La respuesta es sencilla, el buzón de voz será clave en este rompecabezas, si tienes el buzón de voz activado y no has cambiado el PIN por defecto que trae este servicio, bastará con que concurra el hecho de que quien te quiera robar la cuenta sepa tu número de teléfono (algo bastante lógico por otra parte) y tenga ganas de hacerlo. Si además de esto, tienes una copia de seguridad en iCloud de tus conversaciones, el despiporre será total.

¿Qué debo hacer para robar una cuenta de WhatsApp?

Apertura-bulos-WhatsApp

El usuario creador de este vídeo nos muestra como.El primer paso es tan lógico como sencillo, descargaremos la aplicación de WhatsApp en el dispositivo en el que queramos hacer la maravilla, instalamos de forma habitual la aplicación y comenzamos el proceso de activación. Una vez comprobado que nuestra víctima utiliza el buzón de voz, comenzaremos el proceso de registro con el número de teléfono móvil de la víctima o al que tiene asociada la cuenta de WhatsApp.

Acto seguido, esperamos pacientemente a que pasen los minutos de cautela que WhatsApp ofrece para la activación por el código de SMS que recibe el usuario. Una vez pasados estos minutos sin introducir el código, WhatsApp nos permite entregarnos dicho código a través de una llamada telefónica de una amable máquina que emitirá sin prisa pero sin pausa el código de activación.

¿Y ahora qué?

Procedemos a entrar a hurtadillas en su buzón de voz, para ello lo primero es confirmar con la ayuda de Google cuál es la operadora a la que pertenece el teléfono móvil cuyo buzón de voz queremos penetrar, si no la supiéramos claro. Una vez encontrado, acudimos a Google una vez más, en la caja de búsqueda introducimos “Número de buzón de voz de (aquí compañía telefónica)”, cuando nos haya atendido de nuevo por unan amable máquina a la que le deberemos introducir el número de teléfono y el PIN del buzón de voz.

Aquí es donde llegamos al punto de inflexión. La gran mayoría de operadoras no obligan a cambiar el código PIN del buzón de voz, por lo que estará establecido por defecto según cada compañía en códigos no muy complejos como suelen ser “1234, 1111 ó 0000″, Google una vez más nos echará una mano si buscamos “PIN por defecto del buzón de voz de (compañía telefónica)”.

El toque de gracia

Ahora nos aseguramos simplemente de realizar la activación del WhatsApp en un momento en que sepamos que el usuario no va a contestar a esta llamada, ya sea porque duerme o por cualquier otra causa. Este código de verificación por audio será desviado al buzón de voz cuya contraseña y acceso tenemos por supuesto, ya es sólo introducir y a volar.

Dame soluciones whatsapp robo

Es casi tan sencillo o más el protegerse como el hecho de robarlas, aquí te dejamos unos consejos: Cambia el PIN del buzón de voz, no es demasiado difícil y te aportará seguridad en muchas más cosas que el WhatsApp o desactiva el buzón de voz si no te es útil.

Si se te ha hecho tarde y tu cuenta ya está en poder de otro, el primer paso es volver a activar la sesión en tu dispositivo, lo que quitará la sesión del dispositivo ladrón y te permitirá volver a la normalidad, pero si no fuera posible por un motivo u otro, en la sección de contacto de la web oficial de WhatsApp Inc podrás encontrar los métodos para comunicarte con los administradores de WhatsApp a quienes les podrás comentar tu situación y de seguro harán lo posible por ayudarte a recuperar tu cuenta. Una vez hayas recuperado el acceso a tu cuenta no vayas a olvidar tomar las medidas de seguridad pertinentes.

¿Es esto legal?

Obviamente quiero dejar claro para los moralistas del mundillo de internet, que son muchos, que mi intención publicando esta información no es ni de lejos alentar a los criminales a llevar a cabo estas prácticas, nada más lejos de la realidad, mi profesión me impide éticamente ni imaginarlo. Con esta publicación sólo pretendo demostrar cómo de expuesta está nuestra privacidad, y a menudo sólo cuando le ves las orejas al lobo empiezas a tomarte en serio ciertas cosas imperceptibles.

Os recuerdo, a las mentes más perversas, que secuestrar el buzón de voz o la cuenta de WhatsApp de otra persona está protegido por el Código Penal español y la Constitución Española como delito contra la intimidad de la persona, habiendo más específicamente jurisprudencia acerca de este tipo de delitos telemáticos una variada gama de sentencias del Tribunal Constitucional, teniendo en cuenta que además se podría alinear junto con el delito de Robo de Identidad, realizando estas prácticas podrías pisar un terreno considerablemente pantanoso. Dicho esto, y si crees que has sufrido un atentado contra tus derechos de este tipo no olvides que el Grupo de Delitos Telemáticos de la Guardia Civil española estará encantada de atenderte en el siguiente ENLACE tramitando tu denuncia.

¡Sed buenos!

El artículo Así de fácil se roba una cuenta de WhatsApp ha sido originalmente publicado en Actualidad iPhone.

09 Jul 11:29

Cavernisofía premiada

by Juan Antonio

Juan Antonio.- ¡Hombre!, ¿de dónde vienes tan risueño? Y ¿qué es eso que llevas bajo el brazo?

Juan Antonio.- ¡Me alegro de que me hagas esa pregunta! ¡Vengo de recoger un premio!

J A.- ¿Un premio? ¿Qué premio? ¿Es que alguien se ha dado cuenta, al fin, de lo veloz que eres comiendo patatas?

JA.- No, es que un grupo de jóvenes amigos de la filosofía (y, por tanto, amigos míos… y tuyos incluso), una asociación de Málaga, que se llama FICUM, y que está presidida por un simpático muchacho, Alejandro Rojas, han considerado a este antro como un buen blog de divulgación de la cavernisofía, le han otorgado su premio anual y a nosotros nos ha nombrado miembro honorífico. Aquí puedes verlo.

JA.- ¡Enhorabuena! Y… ¿no vas a decir eso de que los verdaderos protagonistas son tus alumnos y alumnas, que tú solo te has limitado a contagiarte de sus ganas de preguntar y a dar un poco de juego a ese aliento, o alguna ñoñería parecida…?

JA.- ¡Claro, ahora mismo iba a decirlo! De hecho, quiero compartir con ellos (que sé que me están escuchando) este gran honor, ellos que año tras año vienen dejando aquí su huella luminosa para que no se apague la llama en la caverna.

JA.- ¡Muy bonito! ¿Y cómo han justificado premiar a esta caverna, habiendo tan excelentes ágoras por ahí?

JA.- Les parece una manera divertida de enseñar a filosofar y les han gustado los dialoguillos que invento, esos en que hablan entre sí los grandes filósofos… ¡así que también tengo que decir que el mérito es de ellos, de Platón y Nietzsche…!

JA.- Harás bien, porque sabes que tú no habrías escrito nada sin robárselo. ¿Pero sabes también que, si ellos pudieran personarse, quizás no fueran tan condescendientes con tus… monólogos en estéreo?

JA.- Sí, es verdad; y eso me reconcome a veces: ¿quién soy yo para usar sus enormes yoes?

(Una figura, como una sombra luminosa, sale del fondo)

Sombra luminosa 1, P de Atenas.- ¿¡Qué podría reprocharte yo, que me atreví a escribir por Sócrates, Gorgias, Protágoras y Parménides…!?

JA.- ¿Qué podrías decirme, estimado maestro?

JA.- Creo que era una pregunta retórica…

Sombra luminosa 1, P de Atenas.- Bien, puedo decirte que todos somos, en realidad, ficciones, y solo tenemos de realidad lo que pensamos. Tú mismo, que estás aquí, en esta segunda planta de esta caverna, hablando conmigo ahora… tú eres una mera ficción, una imagen, como lo es este ahora (que cada uno verá en un momento diferente) y este lugar. Alguien te está escribiendo, y se encarna o manifiesta a través de ti, mediante estos bits, alguien que nunca se presenta aquí en cuanto tal, ni podría hacerlo, porque no cabe en una imagen: es la Idea. Sin embargo, a la vez, eres tan real como lo que piensas, exactamente lo mismo que yo.

JA.- ¿Entonces, no me reprochas mucho haberte usado y abusado? ¿Te has sentido identificado con lo que he escrito de ti?

Sombra luminosa 1, P de Atenas.- Bien, eso lo dejaremos para otra ocasión…

JA.- Creo que no quiere echarte un jarro de agua fría precisamente ahora…

JA.- Es probable. ¡Gracias, amable consciencia! Pero déjame ser banal y disfruta conmigo de este honor que nos han hecho.

(Aparece otra sombra)

Sombra luminosa 2, don K de Köninsberg.- Quiero pensar que, con lo que has escrito de mí, no eres capaz de dejarte engatusar, y que sabes que las cosas deben hacerse por sí mismas. Aunque conozco demasiado la naturaleza humana como para no saber que todos podemos tener un móvil psicológico menos digno de respeto…

JA.- ¡Desde luego, admirado maestro!

JA.- ¡Sí, desde luego!, pero te refieres a la segunda parte de lo que ha dicho, ¿verdad?

(Otra sombra)

Sombra luminosa 3, D de Edimburgo.- (dirigiéndose a la Sombra 2) Con todos mis respetos por toda tu germanidad, querido Emmanuel, desde mi escocesidad y mi natural descreimiento, creo que no la conoces suficientemente (a la naturaleza humana, me refiero) con eso del “móvil desinteresado”. Este muchacho no ha podido ni debido evitar moverse, como todos los demás (incluido tú), por no otras “razones” (y fíjate en las comillas que pronuncio aquí) que el deseo de sentirse lo más a gusto posible: está claro que se lo pasa teta escribiéndonos y compartiéndolo con los demás. ¿Qué hay de malo en ello? (dirigiéndose a JA) Por cierto, a mí sí me ha satisfecho lo que has escrito de mí, y lo aprecio más sabiendo que te considera platónico. Eso sí, me habría gustado que me dedicases algún diálogo, como a Zenón, Heráclito, o estos de aquí.

JA.- (entre azorado y entusiasmado) ¡Eso está hecho, David! La verdad es que tengo que renovar un poco el material, y a ti no te he hechojusticia… menos todavía que a los otros, quiero decir.

(Aparece una nueva sombra)

Sombra luminosa 4, N Dionisos.- ¿Justicia?, ¿reconocimientos?, ¿honor?, ¡qué es lo que oigo hace un rato en esta caverna! ¿Se ha vuelto todo el mundo cuerdo? ¡Así no hay quien baile!

JA.- ¡Discúlpanos, maestro Dionisos!

JA.- Es que aquí el muchacho viene con un premio, y quiere que estemos todos contentos…

Sombra luminosa 4, N Dionisos.- ¡Con qué poco se contentan los pobres! Piensa que el verdadero premio está en el paraíso, o sea, cuando estés muerto. ¿Por qué no, mientras tanto, te dedicas a disfrutar de ese premio constante que es el Ahora?

JA.- ¡Tienes razón, maestro de la sinrazón, y ya lo intento! Pero, a veces, todavía me sorprendo pensando en el pasado y el futuro… lo siento.

Sombra luminosa 4, N Dionisos.- Por ser hoy un día luminoso te voy a perdonar que pidas perdón, ¡pero que no vuelva a ocurrir!

(Entra una nueva sombra)

Sombra luminosa 5, Karl el Sin-lugar.- Os he escuchado, y tengo que decirte, compañero, que espero que no te dejes corromper: sabes bien que el premio no es tuyo, sino de todos: porque tú no has hecho nada sin todo el soporte del resto de la sociedad, y porque, los que no han conseguido el premio, no es porque se lo hayan merecido menos, sino porque no han podido, por sus circunstancias tanto naturales y, sobre todo, sociales. Así que pon el premio en manos de la comunidad.

JA.- ¡Desde luego, maestro! Esa era mi intención… quiero decir, la intención de todos (perdón), Y te pido perdón también a ti por no haberte explotado en un diálogo.

(Varias sombras después)

JA.- Bueno, chicos, ahora que estáis todos, os quería pedir que diésemos juntos las gracias a FICUM por animarnos a seguir divirtiéndonos y pensando (lo que es decir dos veces lo mismo) aquí, en cavernisofía. ¿Invitamos a todo el mundo a que se sienta en su casa y nos diga su voz o su silencio cavernísofos?

(Se monta entre los asistentes un vivo debate acerca de si pensar es lo mismo que divertirse, y otras mil cosas más, todas ellas la misma en el fondo).

14 Aug 10:49

Decálogo del ciudadano odioso

by Borja Ventura

Odiar está feo. Dicen. Pero realmente odiar es humano, necesario, casi una cuestión de supervivencia. Solemos odiar, incluso sin saberlo o desearlo, justo desde el momento en el que hay gente que hace cosas que no es que no nos gusten… nos irritan, nos sacan de nuestras casillas. Y encima lo hacen -parece- por joder.

Hay quien merece ser odiado, incluso quien parece perseguir el que les odies. Personalmente, si tuviera que hacer un listado de características que hacen que odie mucho a la gente, se me ocurren hasta diez muy definitorias.

- El que presume de defraudar. Ay, amigo, qué idiota eres que le pides factura al fontanero, cuando te saldría más barato si te lo hiciera sin IVA. Claro, compañero, pero imagino que además estarás cobrando el paro, alguna pensión, o incluso alguna especie de convenio a cuenta del Estado. ¿Cómo crees que se paga ese dinero? ¿Y el de esa Sanidad a la que criticas? ¿Y esa carretera sin peaje? ¿Y a ese barrendero de tu barrio? Que defraudes te hace odioso, que presumas de ello te convierte encima en despreciable.

- El que tiene perro y te obliga a tenerlo a ti. Me encantan los perros. De hecho, tengo perro. Pero yo recojo cada deposición, de las dos de media al día que ha hecho durante los seis años y medio de vida que tiene. Eso, sumado, son muchos kilos de caca. Y sí, los recojo, con bolsa o kleenex cuando no tengo bolsa, incluso cuando dan mucho asco. Porque son mías, como la elección de tener perro. Mías y no tuyas, y en el espacio público tú no tienes por qué soportarlas. También llevo atado a mi perro a no ser que vea que no molesta a nadie, y siempre pendiente de que no se acerque a nadie o pueda molestar. Y si no, me lo llevo. Mi perro es mío, y yo elijo soportarlo en lo bueno y en lo malo, no tienes que aguantarlo tú. Así que no me hagas que soporte a tu animal porque es tuyo, y no mío.

- El que tiene niños y hace que los demás los soporten. También me gustan los niños, y tengo los míos propios. Intento comer poco fuera de casa si veo que pueden dar la nota y molestar a los otros comensales, y si sucede los cojo, los saco y hasta que no se calman no vuelvo a entrar. Intento no cambiarlos en espacios públicos cerca de la gente, porque son míos y no de ellos. Nunca los dejo a cargo de nadie porque soy yo quien tiene que cuidarlos. La socorrista de la piscina no es monitora de guardería, por más que me apetezca darme un baño tranquilo. Y si gritan, que griten en mi casa, pero no delante de la ventana de la tuya. De nada.

- Yo no cojo el ascensor en el metro ni en el centro comercial, a no ser que lleve el carro con los niños. O si llevo muletas, o silla de ruedas. O si mi señora está embarazada. Lo mismo con el Metro o el autobús: sólo me siento si estoy exhausto y hay sillas libres, y siempre pendiente de si entra alguien mayor, o con muletas o niños -al brazo o dentro de la tripa-. El ascensor no es para evitarte las escaleras (mecánicas, ojo, que no te vas a herniar), ni estás tan necesitado de sentarse como ese abuelo de 80 años que se agarra para no caerse en el Metro. Levanta la vista de tu móvil, quítate los cascos y atiende un poco, no me obligues a avergonzarte delante de todos pidiéndote que te levantes porque ese sitio no es para ti.

- Tu música es una mierda, no la compartas conmigo, especialmente en sitios públicos. Me fascina la gente que va con el auricular del manos libres y sostiene el móvil ante su boca y habla ¿Es necesario ese postureo si tienes un manos libres? O mejor: la gente que habla por el móvil como si te interesara su conversación, o que aprovecha el viaje en tren, cuando todos guardan silencio, para llamar a todos sus -supongo- amigos. Aunque los mejores son, sin duda, los que escuchan música con el altavoz del móvil, ya sea yendo por la calle o en el transporte público. Estoy por hacer acopio de auriculares de estos de RENFE y meterlos en mi bolsa para ir dándoselos. Tengo la teoría de que, a peor gusto musical, más tendencia a hacernos escuchar su mierda a los demás.

- No te conozco, así que no me apetece ni hablar contigo, ni besarte. ¿Tú sabes esa gente que te empieza a dar coversación y, una vez pasada la cortesía, sigue insistiendo? Puede ser el taxista, la abuela que va contigo en el bus o ese señor que viaja en el mismo avión que tú. Hasta en el bar pasa cuando desayunas tranquilamente. No te conozco y, seguramente, no me interesas. Sonrío y contesto porque soy educado pero, por favor, si ves que intento cortar la charla, respétalo. Lo mismo que esa costumbre tan de abuela de “este es mi nieto nosequién, ¿te acuerdas de él?”, a lo que la otra abuela contesta “claro, qué mayor, dame un beso”, y ala, a plantarle un beso a la señora que ni sabes quién es ni te interesa. Yo prefiero besar cuando quiero y a quien quiero, abuela. Gracias por no obligarme a ser simpático si no me apetece.

- Conducir por la izquierda te hace merecedor de una multa por incivismo, eso lo sabemos todos. Y cuanto más despacio vayas y más vacío esté el carril de la derecha, más. Repasemos juntos las lecciones de la autoescuela: el carril de la izquierda sirve para adelantar y luego, vuelves al derecho. Si te da miedo la barrera de la derecha o es que los camiones han hecho que aparezcan muchos baches en el asfalto no es problema mío: no me obligues a ir detrás tuyo, porque ni quiero pegarme a tu culo, ni hacerte ráfagas, ni pitarte, ni ir kilómetros con el intermitente encendido, ni acabar -harto- adelantándote por la derecha. Sencillamente, termina tu maniobra y apártate tranquilamente para que yo, a una velocidad adecuada y dentro de lo legal, siga mi camino.

- Lo bueno de tener moto es que en los atascos voy sorteando coches, lo cual está muy bien. Lo malo es cuando los voy adelantando conduciendo sobre las líneas entre los carriles y, de pronto y sin intermitente -hop-, me planto delante en mitad de un carril. Claro, el coche de detrás tiene que frenar para dejarme sitio porque ahora de pronto soy un vehículo normal con anchura de carril normal. Y ojo, porque si me rozas con el coche tú te harás un rasguño, pero yo puedo matarme, así que ya puedes ir frenando si no quieres ser un incívico. Igual que esos, en moto o en coche, que en ese espacio que tú has dejado a modo de distancia de seguridad ven un hueco perfecto para adelantar pegándose a ti. Inhabilitación y vuelta a la autoescuela ya.

- Este es un país lleno de gente brillante. Tanto que todos son médicos, abogados, científicos y entrenadores de fútbol, siempre con mejores ideas o réplicas que hacer a los pobres que sólo son una cosa y se dedican a ella. Posiblemente por eso el país va tan bien. Es verdad que en una sala con gente casi siempre hay alguien que sabe más de algo que tú, pero casi es más verdad que en esa misma sala va a haber muchos que creen saber más que tú. Aunque tú te dediques a eso y ellos no lo hayan hecho en su vida. Es que no tienes ni puta idea, hombre.

- Siempre hay gente que, misteriosamente, tiene razón. Incluso habiendo dicho lo contrario de lo que dijeron antes. Es una especie de superpoder mágico que sólo unos pocos poseen, más de los que tú desearías, en cualquier caso. Son gente que, además, es de naturaleza intransigente: hables de política (sobre todo de política), de fútbol o de la vida en general, no darán su brazo a torcer. Como mucho, te verás inmerso en una conversación improductiva en el que el otro te despreciará, no llegarás a ningún punto en común y, seguramente, acabaréis enfadados. Así que mejor déjales con su verdad, dales la razón e intenta iniciar otra conversación. Y a la otra piénsate muy mucho volver a intentar tratarle como a una persona normal. Son superiores, no lo olvides.

Este es mi decálogo, con mis razones para odiar a la gente. Mías, personales e intransferibles. Seguro que a ti se te ocurren otras, puede que incluso sean mejores. No te cortes y contribuye en los comentarios: odiar, recuerda, es necesario. Hasta rejuvenece.

The post Decálogo del ciudadano odioso appeared first on Yorokobu.