
Quiero comenzar esta entrada señalando que el término hembrismo no me gusta, y durante los años que he escrito en esta bitácora no recuerdo haberlo empleado ni una sola vez. Esto difícilmente supone una sorpresa, pues tampoco opino que sea apropiado el uso de machismo en la acepción extensa empleada para referirse a todo tipo de sexismo, y considero que su uso debe limitarse a la definición de la Real Academia Española (RAE).
La razón por la que pese a no ser entusiasta del término he decidido tratarlo, se debe a la insistente negación de su existencia por parte de activistas y medios de comunicación, quienes para ello emplean argumentos que considero como poco cuestionables.
Definiendo términos
La palabra hembrismo ha sido definida popularmente como el reverso del machismo. ¿Pero qué es el machismo? Según la RAE el machismo puede ser definido como:
- Actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres.
- Forma de sexismo caracterizada por la prevalencia del varón.
Desde la teoría feminista el uso de la palabra machismo se extiende mucho más, hasta abarcar todas las formas de sexismo, además de creencias, instituciones, y un largo etcétera. Tan largo que puede llegar a englobarlo todo. En su momento ya expliqué por qué considero que la definición de la RAE es la correcta, por lo que no volveré a repetirme.
La palabra hembrismo, sin embargo, no forma parte del diccionario de la RAE, aunque la Academia reconoce la existencia del neologismo y su uso como reverso del machismo, abriendo la puerta a que el término pueda ser incluido en el futuro.

La existencia o no del hembrismo depende de si lo utilizamos como reverso de la definición de la RAE, o como reverso de la definición más amplia que usa el feminismo. Medios de comunicación y activistas se han basado en este último caso para negar la existencia del hembrismo.
El problema de la definición extensa de machismo
En un artículo del Huffington Post, se coloca esta definición extensa justo después de la ofrecida por la RAE para, de forma engañosa, inducir al lector a pensar que ambas son lo mismo. Añado énfasis a la definición extensa para separarla de la ofrecida por la Real Academia:
El ‘machismo’, expresión derivada de la palabra “macho”, se define en el RAE como la “actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres”. El machismo engloba el conjunto de actitudes, conductas, prácticas sociales y creencias destinadas a justificar y promover el mantenimiento de conductas percibidas tradicionalmente como heterosexualmente masculinas (…) El machismo entonces, cuenta con un sistema institucional y simbólico de respaldo que permite su reproducción (…). ¿Dónde está ese sistema universal y transversal, apoyado por la ciencia, validado por la historia, financiado por la banca, que promueva la desigualdad para los varones a nivel político, económico, socio-cultural?
La negación del hembrismo basándose en esta definición extensa de machismo adolece del mismo problema que la negación del racismo por parte de un grupo racial minoritario en una sociedad diseñada por y para el grupo mayoritario. El ejemplo clásico es que el negro estadounidense no puede ser racista con el blanco porque vive en una sociedad cuyo sistema político, económico, simbólico, etc. no se alinea con su prejuicio y por tanto carece de poder efectivo.
La confusión proviene de la diferencia entre el racismo como prejuicio basado en la raza, y la opresión o discriminación que puede ejercerse en base a dicho prejuicio, dependiendo de la posición de poder. Un negro pobre puede tener prejuicios raciales hacia los blancos o ser racista. Sin embargo su racismo no resultará en opresión o discriminación salvo en casos excepcionales, si bien todavía podría traducirlo en un crimen de odio. La imposibilidad de ejercer opresión o discriminación no hace que la persona deje de ser racista.
En el caso del hembrismo ocurriría teóricamente algo parecido. Y recalco teóricamente porque como veremos más adelante tampoco se puede afirmar que al hombre no se le discrimina en base a prejuicios sexistas. Pero antes de entrar en ello asumamos que así es: que la mujer se encuentra en una posición similar a la de la minoría racial. Aun así el hembrismo existiría siempre que una mujer mantuviera una postura de superioridad de su sexo o defendiera prejuicios sexistas hacia el hombre, aunque no contara con la aprobación social, respaldo institucional o los mecanismos necesarios para traducirlo en discriminación u opresión.
Resumiendo, si nos limitamos al reverso de la definición de la RAE, no hay motivos para negar la existencia del hembrismo.
Ejemplos de hembrismo
Por el momento hemos hablado del hembrismo de forma teórica, ¿pero cuál sería el aspecto de ese hembrismo? Un artículo del diario El País negó su existencia reproduciendo un video de la youtuber Sara Lauper, cuyo monólogo imitaba comportamientos sexistas masculinos que no tienen la misma equivalencia (o frecuencia) en las mujeres.
Sin embargo lo que la RAE definiría como “actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres” puede manifestarse a la inversa sin necesidad de replicar exactamente el comportamiento masculino. De hecho la forma más prevalente de la “actitud de prepotencia de las mujeres respecto de los varones” se encuentra en el discurso de la superioridad moral. Veamos algunos ejemplos:
Aquí tenemos un video donde se afirma que el mundo sería mejor si estuviera gobernado por mujeres. Con su referencia a los estudios realizados para demostrarlo se puede hablar de un hembrismo validado por la ciencia y la universidad.
También tenemos aquí un tuit de Vanessa Rivera de la Fuente, que de hecho es la autora del artículo del Huffington Post empeñado en negar la existencia del hembrismo. A este tuit le dimos respuesta en esta otra entrada.

Les muestro ahora un extracto del artículo de El País “¿Por qué es mejor dar el dinero a las mujeres?”

En realidad los porcentajes finales son fabricados y no pueden hallarse en ninguna parte. De hecho los estudios han mostrado que ambos sexos son igual de responsables o irresponsables con el dinero otorgado a través de microcréditos, pero el prejuicio prevaleció, resultando en la implementación de políticas que discriminaban al hombre (más información en este artículo). El hembrismo, por tanto, puede traducirse en discriminación institucional, más allá de leyes como las relacionadas con el concepto “violencia de género”.
¿Pueden ser los hombres hembristas? Si aceptamos la existencia de la mujer machista, no hay motivos para creer que su reverso no exista. Aquí les dejo un fragmento del escritor Javier Cercas, que también mostraría la presencia del hembrismo en los medios, si no hubiera quedado suficientemente probada.

Igualmente encontramos hembrismo en la judicatura, particularmente entre los jueces involucrados en el área de la violencia de género. Sonia Chirinos por ejemplo afirmó: “No creo que haya denuncias falsas, es un hecho matemático,” asumiendo de entrada que todo hombre que llegue a su juzgado es culpable y sólo es cuestión de ver si puede probarse.
Otro magistrado, Roberto Barba Alvedro, declaró que “El varón es un animal de bellota que no cree en la igualdad ni en la paridad en el domicilio.” Teniendo en cuenta que, como en el caso de Chirinos, no hubo medio alguno que pusiera en duda su independencia ni se exigió su dimisión, podría afirmarse también que el hembrismo tiene más respaldo mediático e incluso social que el machismo.

También cabe preguntarse cuántos jueces del área de violencia de género opinan en privado como sus compañeros Chirinos y Barba Alvedro, y si este hembrismo tendría algo que ver con que los juzgados especializados tengan índices de condena más altos que los demás para casos de maltrato por parte del varón. Si así fuera, el hembrismo influenciaría las decisiones de la justicia, si es que la existencia de tribunales para crímenes que por ley sólo pueden cometer hombres no es suficiente indicación.
Se pueden citar otros ejemplos, incluyendo un artículo del director de opinión diario El País Jose Ignacio Torreblanca, la opinión de personalidades del mundo del espectáculo como Jake Gyllenhaal (identificada como “igualdad” por parte de la prensa), o las afirmaciones del científico de la universidad de Oxford Brian Sykes.



Aunque posturas que asumen la superioridad moral de la mujer tienen cabida en la universidad, instituciones, medios de comunicación, leyes, etc., sería necesario realizar un trabajo más extenso para afirmar que puede hablarse de hembrismo como un reflejo del machismo en su definición amplia (la feminista). Dado que no estoy de acuerdo con la definición amplia de “machismo” en primer lugar, no veo valor en afirmar el hembrismo como su opuesto. Queda claro, sin embargo, que invirtiendo la definición de la RAE el hembrismo existe, y que su importancia e influencia es mayor de lo que generalmente se admite. Como ya señalé, vista la nula crítica realizada desde los medios (principales formadores de opinión) e incluso cómo lo promueven, es posible que el hembrismo cuente en la sociedad española con un respaldo social similar o superior al del machismo.
Conclusiones
El poder del lenguaje parece ser la principal preocupación de quienes se oponen a este neologismo. No es un asunto trivial. Recordemos que la prevalencia de la expresión “violencia de género” coloca en un lugar secundario a otras formas de violencia en la pareja. Y cuando el término cristaliza políticamente, relega también legalmente a las víctimas que no se ajustan a su definición, llegando incluso a invisibilizarlas.
Ahora no se intenta imponer un término, sino negarlo, ya que de esta forma resulta más difícil identificar la realidad que se oculta tras él. Simultáneamente, se extiende la definición de palabras cuya utilidad política es mayor, como machismo o patriarcado, hasta hacerlas englobar toda la realidad. Y sin ánimo de exagerar, no puedo evitar que me venga a la mente un pasaje de la novela 1984 donde Syme explica cómo está refinando el “lenguaje” Newspeak para que sea imposible pensar fuera de los límites impuestos por el Partido. Todos los movimientos e ideas tienen como objetivo que su visión de la realidad se acepte como la realidad misma, y el lenguaje constituye un vehículo indispensable. Las constantes batallas con la RAE son prueba de ello.
Para el caso que nos ocupa, el argumento con el que evitar la imposición es evidente: si el hembrismo se basa principalmente en la superioridad moral, la vehemente negación de su existencia implica que sólo el hombre puede tener un sentimiento de superioridad hacia el sexo opuesto. Ello dibujaría al hombre como un ser moralmente inferior, lo cual podría ser considerado hembrista. En otras palabras: la negación del hembrismo es la viva prueba de su existencia.
Para ampliar
- Racismo y misandria: las similitudes de sus discursos
- Los medios que no amaban a los hombres
- Razones para abandonar los términos “patriarcado” y “machismo” (con 10 ejemplos)
- Microcréditos para sacar a las mujeres de la probreza y razones para excluir a los hombres
- Más allá de la misoginia. El rechazo de los hombres a contraer matrimonio en la literatura antigua y medieval (ver el Anexo 2: Textos antiguos y medievales “profemeninos”)








































