Nota: se trata de una teoría ficticia, como indiqué en la primera parte y explicaré al final del texto. Los datos, en cambio, son correctos salvo que se indique lo contrario.
En el artículo donde introduje la teoría de la violencia
propietaria materna,
o terrorismo materno, realicé la siguiente afirmación: “en Estados Unidos, entre los años 2001 y 2006, el
70,8% de los niños asesinados por uno de sus padres lo fue a manos de su madre”.
Pues bien, el dato es incorrecto. Ese porcentaje incluye no sólo los filicidios
sino también las muertes por negligencia.
Dado que los
informes de maltrato infantil del Departamento de Salud y Servicios Humanos del
gobierno de Estados Unidos no separan los datos según se trate de negligencia o
abuso, he tenido que acudir a otra fuente: un estudio que analizaba los
filicidios en un período de 32 años y que se basaba en los arrestos realizados.
El estudio indicaba que el 57% de los agresores habían sido
varones, y el 43% mujeres. Sin embargo, cuando delimitamos los asesinatos a los
progenitores y excluimos a las víctimas mayores de 18 años (pues el filicidio
no equivale necesariamente a infanticidio), los porcentajes casi se igualan,
con los padres representando el 50,7% y las madres el 49,3%.
Aunque estas cifras en apariencia no apoyarían la teoría de la violencia propietaria materna, voy a explicar por qué en realidad sirven para confirmarla.
Primero, esta
teoría se centra en los más pequeños, aquellos con mayor nivel de indefensión,
pues el sentimiento propietario tiende a disminuir conforme aumenta la edad e
independencia del niño. Como indica el propio estudio: “el porcentaje representativo de niños (hasta
los 12 años de edad) asesinados por mujeres era mayor (91%) que el [asesinado
por] hombres (72%).” Es decir, a menor edad, mayor probabilidad de que sea
asesinado por su madre. En esa franja de edad las madres superarían a los
padres como agresores.
A ello hemos de añadir otros factores:
- El
estudio se basa en arrestos, no en casos totales. Existen por ejemplo
neonaticidios donde nadie es arrestado porque la madre ocultó el embarazo, no
dio a luz en un hospital y mató al bebé tras el parto, sin llegar a ser
descubierta (p. 13).
- El
infanticidio se encuentra infrarreportado, debido a que la causa de muchas
muertes se clasifica como “indeterminada” (pp. 12-13).
- Las
muertes por negligencia, donde las mujeres (como cuidadoras principales del niño)
están sobrerrepresentadas, pueden ocultar casos de homicidio intencionado (p.
13).
- Diane
Jackson cita cuatro estudios donde se estima que entre el 60% y el 85% de las
muertes por maltrato y negligencia se atribuyen erróneamente a causas
naturales, accidentales, de salud, no explicadas u “otras” (p. 14), como por
ejemplo las causadas (y no descubiertas) por el síndrome de Munchausen por
poderes, donde también las mujeres estarían sobrerrepresentadas.
- Se
calcula que entre el 10% y el 20% de los fallecimientos por el síndrome de muerte
súbita serían en realidad infanticidios (p. 14).
A priori los
filicidios no reportados o erróneamente identificados podrían atribuirse igualmente
a padres y madres, pero como ya señalamos, este tipo de muertes se dan cuando
los niños son más pequeños y otros escenarios donde el asesinato por parte de
la madre es más frecuente (o incluso mucho más frecuente) que el del padre. En
todos ellos habría una convergencia entre la mayor proclividad a la violencia
indirecta femenina y la venda que la sociedad se coloca para no ver la
violencia materna incluso cuando resulta aparente, acercando artificialmente
los porcentajes entre madres y padres asesinos.
Un ejemplo lo
encontramos en los asesinatos de los hijos de Waneta Hoyt y Marybeth Tinning.
La primera asfixió a sus cinco niños, nacidos entre 1965 y 1971. La segunda
mató a nueve entre 1972 y 1985. Aquí tendríamos 14 casos que inicialmente
fueron atribuidos al síndrome de muerte súbita, causas naturales o
indeterminadas (p. 15). El de Tinning es significativo teniendo en cuenta que
se atribuyó la muerte de sus primeros cinco hijos a causas genéticas, y que
tras la muerte del sexto, que era adoptado, todavía no se abrió una investigación.
La menor
proporción de madres filicidas en Estados Unidos se debe justamente a la
influencia inconsciente del sentimiento propietario materno, que penetra todos
los niveles de la sociedad y protege a las asesinas. Como afirmó Steven Pinker:
En los Estados Unidos cada año cientos de mujeres cometen neonaticidio. Los fiscales a veces no procesan; los jurados raramente condenan; aquellas condenadas culpables casi nunca van a la cárcel. Barbara Kirwin, psicóloga forense, reporta que en casi 300 casos de mujeres imputadas por neonaticidio en los Estados Unidos y Reino Unido, ninguna mujer ha pasado más de una noche en la cárcel. Mucha de la clemencia mostrada a las madres neonaticidas refleja el hecho de que son normalmente “jóvenes, pobres, solteras y socialmente aisladas” aunque es notable que una clemencia similar es raramente extendida a asesinos varones jóvenes, pobres y socialmente aislados.
A la afirmación
de Pinker podemos añadir la de Heather L. Stangle, quien afirmó que “los infanticidios maternos se encuentran
entre las muertes menos reportadas y peor documentadas en Estados Unidos” (p.
701, n. 9).
En otros países,
desde Australia hasta Sudáfrica, las estadísticas muestran que las mujeres (principalmente
las madres) cometen la mayoría de los infanticidios. Esto es consistente con
los estudios realizados a nivel mundial, que les atribuyen el 58,4% de los filicidios,
elevándose a 71,7% en el caso de niños menores de un año, y virtualmente al 100%
en los neonaticidios. Todo ello sin entrar en la motivación de los agresores,
pues los filicidios paternos no se deberían a un sentimiento propietario sino,
como apuntamos en el primer artículo, a razones diversas como la venganza, los
celos y otras.
Reflexión
Como indiqué en
la primera parte y también al inicio del artículo, esta “teoría” es una
fabricación que refleja los problemas e inconsistencias de su equivalente: la
violencia de género, y por tanto tampoco la suscribo, pero tiene su utilidad.
En esta entrada
realizo una “jugada” que probablemente les resulte familiar. Quizá han leído
artículos donde la gravedad de la violencia de género se confirma tanto con un
mayor número de denuncias, como ante un descenso de las mismas. En el primer
caso la elevada cantidad de denuncias es prueba inequívoca del problema, pero
su descenso también lo es: la cultura machista, el no escuchar a las mujeres o
la prevalencia económica del varón pueden reducir el número de mujeres que
denuncian, como señaló este artículo del diario Público:
La reducción del número de denuncias y de víctimas mortales es un espejismo; una “bolsa oculta de maltrato” ligado a la violencia económica, según las expertas.
También es una
explicación común cuando se compara la violencia en la pareja entre España y
los países nórdicos. Que en estos últimos haya el más denuncias no tiene por
qué indicar un problema más grave, sino una mayor voluntad de denunciar debido a mejores políticas de igualdad:
Dinamarca, Finlandia y Suecia tienen las cifras más altas de violencia machista en Europa. Expertos aseguran no es que se den más casos, sino que las condiciones sociales, políticas y culturales de estos países permiten que las víctimas identifiquen la agresión y denuncien con más seguridad.
En definitiva,
tanto un dato como su contrario sirven para confirmar la misma premisa, y he
intentado mostrar que eso también podría hacerse con la teoría de la violencia
propietaria materna. Si el porcentaje de madres filicidas es superior al de
padres filicidas, la teoría se prueba. Si por el contrario, el porcentaje de
padres es superior, también se prueba, al mostrar que hay menos interés en
investigar muertes que podrían ser filicidios maternos, resultado de una
sociedad que considera a los hijos propiedad de la madre en mayor o menor
medida.
También hemos de
tener en cuenta la simplificación de los motivos. En la revisión mundial de
filicidio encontraríamos casos de China e India que obedecerían a contextos
culturales específicos (me refiero al infanticidio femenino). Sin embargo, como
hizo el Tribunal Supremo en España al atribuir violencia de género a cualquier
agresión del varón hacia su pareja o expareja, se podría adjudicar todo el
infanticidio materno a una sola causa: la violencia propietaria materna. Y
asunto terminado, porque se trata de una relación de poder específica con
raíces históricas.
Y ése es el
problema de estas teorías circulares: primero se escriben las conclusiones, y
todo lo demás gira en torno a ellas, incluyendo, desafortunadamente, la ley.