
Es uno de los referentes más importantes de su generación y acaba de publicar 'Terroristas modernos', una novela que viaja a la España del siglo XVIII y XIX para mostrar cómo el Estado liberal actúa contra sus gobernados.

Es uno de los referentes más importantes de su generación y acaba de publicar 'Terroristas modernos', una novela que viaja a la España del siglo XVIII y XIX para mostrar cómo el Estado liberal actúa contra sus gobernados.
Cuando éramos pequeños y se hablaba de "la comida de los astronautas", revoloteaba en nuestras cabecitas la idea de una pastilla con sabor a nada con la que no hiciese falta comer. De alguna manera, eso nos parecía fantástico. ¿Por qué? Ni idea. Si no eras un niño de esos que odiaban todo y sólo comían arroz blanco con trocitos de jamón de york partidos muy pequeñitos, ¿qué sentido tenía eliminar la comida de nuestras vidas? ¿De veras era esa la idea de un futuro ideal? No tenía demasiada razón de ser desear eso en un mundo en el que, criaturas benditas, nos sentábamos a la mesa y aparecían por sorpresa ante nuestro rostro unos espaguetis boloñesa, e incluso unas mágicas manos paternas les rallaban queso por encima. ¡Ah, infantes mimados, qué fácil era la vida entonces!
Damon Lindelof responds, "No curse could be worse than the reviews for
the last episode of Lost."
Over the past few days, numerous reports have come in concerning a large ominous black cloud recently forming over Northampton, England. Many of the citizens of Northampton first noticed the menacing cumulus starting to form just minutes after news broke that a Watchmen TV show was in the works from HBO and was being written by Lost and The Leftovers creator Damon Lindelof.
As the black cloud gained mass and momentum and slowly began making its way southwest towards the Pacific Ocean and presumably towards LA, rumors persist that it was formed by the mysterious warlock, one-time worshiper of the ancient Roman snake God, Glycon, longtime resident of Northampton and the creator/writer of Watchmen, Alan Moore. Mr. Moore who has consistently refused to have his name associated with many of the movies adapted from his comic books, including the 2005 Keanu Reeves version of Constantine and the 2009 Watchmen movie, had hinted that he had been "spitting venom" on the latter movie, is rumored to have been partially behind its lackluster reviews and poor box-office performance. Just imagine what will happen to the Watchmen TV show once Mr. Moore mixed venom with bat guano and nightshade, creating an enormous black cloud.
Mr. Moore has consistently stated that he believes his stories are best suited for the comic book medium and the box office returns from his other movie adaptions of his comics, including the horrendous From Hell, and the even worse League of Extraordinary Gentlemen, lend credence to Mr. Moore's longtime assertion. Undaunted by the graveyard of failed Alan Moore adaptions and not satisfied with comic prequels, action figures and video game adaptions of Watchmen, DC Comics along with HBO and Damen Lindelof will press forward with a TV adaption of the 12-part comic book, in spite of the rumbles of the Alan Moore curse and looming black cloud. Mr. Lindelof, like all writers who have adapted Alan Moore stories, while realizing Mr. Moore has zero respect for him, continued to assert his deep admiration and esteem for Mr. Moore's most famous work.
Lindelof originally read the comics as a kid in the 1980s and has said that the series continues to influence his work. "From the flashbacks to the nonlinear storytelling to the deeply flawed heroes, these are all elements that I try to put into everything I write," he told Comic Book Resources in 2009 ahead of the feature-film take. Lindelof has read Watchmen multiple times and, at the time, praised director Zack Snyder's film. "It's the most married-to-the-original-text version of Watchmen that could've been made," he told the Observer. "I want to keep it sort of insular," he said, referring to the multiple translations that have come from trying to translate the source material. "It's OK with me if people don't understand it because they don't deserve to understand it."
For anyone who doesn't believe the Alan Moore curse is real, I challenge you to read that last line again and understand this is coming from the writer of the last episode of Lost. Mr. Moore, you win again.
En una pequeña comunidad del noroeste español, vecinos y forasteros se reúnen una vez al año para realizar una celebración única: honrar a aquellos que han sobrevivido a experiencias cercanas a la muerte. El host de VICE Dani Campos asiste al festival y conoce a un adolescente que sobrevivió a un horrible accidente de tráfico.
Es posible que ustedes ya estén cansados de leer artículos contra los modernos, normalmente escritos por miembros o exmiembros de la tribu. En todo caso, analizar sus dinámicas culturales sigue siendo pertinente, ya que todavía no nos hemos librado de la gentrificación, la anglofilia cultural y el narcisismo consumista, todos ellos relacionados con el culto a lo cool. Para seguir aclarando zonas de sombra ha llegado ‘Sociología del moderneo’ (Melusina), escrito por Iñaki Domínguez, licenciado en Filosofía y doctor en Antropología.

El texto disecciona la cultura hipster con calma y rigor, sin rehuir los recuerdos personales (él mismo estuvo abducido por ese ambiente algunos años). Precisamente por eso, comienzo preguntándole si ha encontrado alguna salida vital razonable. "Dar con una solución a este problema exige poderes casi sobrehumanos. Lo más parecido a una escapatoria de la mercantilización del 'yo' consiste en cultivar el pensamiento crítico, analizando la realidad a fondo, siendo escéptico y escapando así a las redes del pensamiento dogmático, lo que solemos llamar valores impuestos. Para mí, la respuesta individual y colectiva pasa por un proceso de ilustración". Resumiendo: si no quieres ser como los modernos, lee un poco los argumentos en contra de esta corriente que domina la música, la moda, la publicidad, la decoración de interiores y los medios de comunicación.
Sexo disfuncionalEl libro aborda un asunto muy poco estudiado: el ligoteo hipster, que prescribe mostrarse distante y desinteresado para aumentar tu atractivo. "Es algo que me fascina. En una subcultura así, basada en la distinción y la imagen, el contacto íntimo se resiente. Sin embargo este tipo de carencias afectivas vinculadas a la falta de intimidad se pueden suplir a través del consumo de drogas como el MDMA, que fomenta la empatía, tanto fraternal como sexual. Sirve de intimidad artificial o transitoria; intimidad sin erosión emocional; falsa intimidad".
"La relación del moderno con su cuerpo es profundamente narcisista -solipsista-, por lo que necesita de este tipo de soluciones pasajeras para dar salida a sus necesidades afectivas. Es un modo de entrar en sintonía con su propio cuerpo". Así de crudo: vivimos en una época donde hay gente que necesita drogas para ligar o contar su vida a los amigos. "El moderno es un ser atrapado entre sus deseos egoístas (autoimagen), su necesidad del otro como espectador y su anhelo de satisfacción afectiva. En el contacto físico y sexual hay una búsqueda inconsciente de trascendencia; de superar el aislamiento narcisista que promueven los mercados", lamenta.
Narcisismo terminalEntre los aciertos del libro destaca la reivindicación de la figura de Christoper Lasch, autor de ‘La cultura del narcisismo’. Hablamos de un ensayista conservador, igualitario y anticonsumista, hoy prácticamente olvidado. "Creo que Lasch es un educador. Lo mejor es su intuición sobre el solipsismo y cómo analiza el narcisismo cultural ya en 1979. La historia le ha dado la razón: el narcisismo actual es tan extremo que resulta aberrante". Yendo a lo práctico, ¿cómo nos perjudica esto en nuestra vida cotidiana?

"Los límites entre el trabajo y el descanso se han difuminado. Para el moderno el ocio es trabajoso y el trabajo debe ser vocacional. Esto se debe a que el consumo ha invadido todas las esferas de la vida, ya sea pública o privada. El moderneo se basa en ajustarse a constelaciones y dogmas impuestos por el mercado; en hacer referencia a los grupos, pelis, series, alimentos y localizaciones turísticas que gozan de prestigio dentro del colectivo. No tiene nada de vanguardista", afirma, destruyendo el discurso de la prensa hipster. Lo que algunos consideran rebelde y rompedor es un simple acto de obediencia al sistema. "El consumismo es omnipresente e inclusivo; todos debemos consumir. Es algo así como un nuevo catolicismo. Una de las ideas clave en mi libro es cómo consumimos identidades". Gastar 800 euros en el Primavera Sound no es tan distinto a gastarlos en El Corte Inglés.
La trampa del trapEl autor habla con frecuencia sobre el trap, el estilo musical oficial de la gente cool en 2017, capaz de atravesar clases sociales. La opinión de Domínguez no es muy entusiasta. "El trap es una simbiosis entre el rap sureño y la música electrónica. Me parece un horror. El hip-hop fue un fenómeno que surgió en el Bronx, por entonces uno de los barrios más degradados y violentos del planeta; una subcultura lumpen llena de valor estético. La música rock, por ejemplo, ha sido un producto en gran medida de las clases trabajadoras: Elvis, John Lennon, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Eagles, Kurt Cobain y un sinfín de nombres".
"El trap, junto al rap hortera actual, es una reinterpretación de la cultura proletaria desde una perspectiva mercantil", denuncia. No es solo una impugnación política, sino también artística, que alcanza tanto a la industria como a los traperos. "Quienes tienen los medios económicos para promover ciertas músicas a nivel global simplifican la notación musical y el contenido lírico porque consideran que así será más fácil su consumo; insultando al público en el proceso". Ahí queda esta postura sustanciosa y contraria a la corriente.

Sometimes it seems that luck is far more important than talent. Louis Wain was a talented artist but he was never a lucky man.
Louis Wain was the man who drew cats. He was born in the East End of London in 1860, the only boy in a family of...
Last week, I didn't leave my air-conditioned home for three days in a row. I was proud of that fact, as New York is disgustingly hot in the summer, and now, science has bolstered my ego by proving that I was in the right—sort of. In a new study, researchers have confirmed what you and I have always known to be true: When it's uncomfortably hot outside, people are less likely to be helpful and friendly.
In a three-part study titled "Exploring the Impact of Ambient Temperature on Helping," researchers Liuba Belkin of Lehigh University and Maryam Kouchaki of Northwestern University examined the differences in individual behavior of Russian retail clerks working in uncomfortably hot temperature conditions versus normal ones. The clerks stuck in a hot environment were found to be 50 percent less likely to engage in prosocial behaviors, defined as volunteering to help customers, listening actively, and making suggestions.
During the second part of the study, a portion of online survey participants were told to imagine situations where they were uncomfortably hot then asked to participate in another survey for free. Only 34 percent of participants asked to recall uncomfortable heat agreed to take the survey. In comparison, 76 percent of participants in the control group, otherwise known as people who did not have to relive memories of heat-induced thigh-chafing, agreed to taking the survey.
Merely imagining heat made the first group of participants "more fatigued, [reducing] their positive affect and ultimately, prosocial behavior," showing that you don't even have to experience heat to access its negative effects. You just have to think about.
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For the third portion of the study, college students were placed in two different lecture halls. One was air conditioned while the other was 15 percent hotter. Both sets of students were asked to answer questions and fill out a survey. In the hotter room, only 64 percent of students agreed to answer at least one question. In comparison, 95 percent of the students basking in air conditioned privilege agreed to take the survey, displaying that even slight fluctuations in temperature change behavior.
Belkin told Quartz, "Temperature affects individual states that shape emotional and behavioral reactions, so people help less in an uncomfortable environment, whatever the reason they come up with to justify why they cannot do."
Aimee, a New York resident who plans her life around the heat index, is a prime example of an individual using the heat to justify her unhelpful and antisocial behavior. "If my legs are sticking to anything, my mood is automatically decreased by at least half," she said. "Since I already schlep to work five days a week, the thought of leaving on the weekend is terrifying. When I do go outside, god forbid, I do think I'm more grumpy. Some of my friends have told me that I am 'snappy.'"
"During the summer, I need 20 hours of rest a day, like a koala," said Vijay, an aspiring DJ. When asked to clarify, he told me that streaming movies, preparing light meals, and napping all constituted as "rest" for him. However, he noted that he prefers ordering delivery more than making his own meals. Vijay believes that he is still a "jovial" person even when it is hot out but admits he "might be less friendly."
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When asked to comment on this research, my sister, Louise, replied that she will contribute her "entire life's work" to this piece, referencing her life-long attempt to stay indoors during the summer. For almost 20 years, her summer schedule has consisted of laying in bed for as long as she can manage while tricking various family members, most notably our mom, into bringing her snacks and beverages.
Louise, who is on break from her liberal arts college, is living at home while taking summer courses. Days are spent sleeping while she binge-streams TV shows at night. "When choosing my classes, I set the course schedule filters to only let me see classes that start after six to seven PM. I'm still stuck driving outside before the sun sets on most days but usually the light is already fading." Later, Louise informed me that she eats child-marketed gummy vitamins every day (sometimes more than the recommended two gummies) to make up for her self-diagnosed Vitamin-D deficiency.
Monica, a notable outlier, said "I'm at my most productive during the summer. I try to go on runs before the heat gets really bad around noon. After my run, I try to hang out with friends, get work done, and run errands. I've also gone out every night this past week." However, it's important to note that I think she is lying.
Like the rest of my millennial generation, I grew up reading the Harry Potter books, ravenously awaiting each new release with unparalleled anticipation. The people you will hear from in this article should be treated with compassion, despite their foolishness.
Twenty years after Harry Potter and the Sorcerer's Stone flew from J.K. Rowing's imagination on a broomstick, the franchise continues to enchant generations of magically minded consumers. However, there remains an odd minority of Muggles who have never read the Harry Potter books or even seen the films. In honor of the 20th anniversary of the beloved YA series, Broadly has asked these strange, uninitiated people to try to explain the wizarding world of Harry Potter, despite having no idea what the story is about.
"Harry Potter was born with a lighting bolt on his forehead, therefore signifying that he is a special wizard," said Leila, a woman in her early twenties, who really should have read the books. She and Will, a guy in his late twenties, both understand that Harry is a major character. In fact, Will feels that "Harry is like Jesus or something."
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Kaitlyn, a woman who is almost thirty, helped to elaborate on Harry's upbringing. According to her, Harry lived a tragic life and then was "rescued by a magical wizard who he later finds out is really his dad," which rings true on an emotional level, yet is objectively false.
"I'm pretty sure they all go to the zoo and then one of the animals talks to him? Then, for some reason, it starts pouring envelopes, and Harry Potter picks one up, and it says he was accepted to some weird school," Leila explained.

"He is sent to this special school where there is a rag-tag group of loser type kids that he hangs with, and a girl that maybe he gets to hook up with one day when he gets older," Will claimed. "I know [the books in the saga become] increasingly adult. But I don't think they ever get adult enough for me to get really excited about them," he added, explaining something true: Books that lack sex and drugs are boring. However, Leila is fairly certain that once Harry and Hermione stop being children, they "lose their virginities to each other."
"While studying at Hogwarts, [Harry Potter] becomes entangled in a love triangle with his two best friends," Kaitlyn assured me, grasping toward the truth before losing it like a golden Snitch flitting away, inches from her fingertips: "Becoming jealous at Harry's natural wizard abilities, the redhead conspires with Severus Snape to kill Harry."
The redhead conspires with Severus Snape to kill Harry.
Potter scholars like you and me understand that the Patronus charm is one of the most complicated and powerful spells known to the magically blessed; this incantation summons a spiritual entity unique to the wizard or witch casting it, and is used to defend the caster against evil beings. However, to the Potter-ignorant, the Patronus means... many different things.
"A Patronus is a wand used for really intense spells, like maybe what Harry used to curse Snape after he found out he killed his parents," said Leila. "I think it could be a wizard-dad?" Similarly, Kaitlyn said she believes that a Patronus is a "wizard godfather-type," rather than the beautiful magical expression of love that has saved countless lives from the grips of dark magic. A man named David told me that a Patronus shoots lightning bolts, and even asked me if Snape himself is a Patronus. "Harry Potter and him are the only characters I know," David said, pathetically.
All of the people I interviewed for this article appear to be confused about the difference between Severus Snape and Lord Voldemort, often conflating the two easily discernible, central figures in the Harry Potter saga. "In the last movie, he figures out that Snape killed his parents, but since he is a wizard he brings them back to life with his magic and casts a spell on Snape," Leila said assuredly.
"Voldemort is, I assume, a cranky, middle-aged wizard who wears a lot of black, speaks with a snobby accent, and is generally shown by candlelight or thunderstorm," said James, abstractly adding that Voldemort is likely to be cruel to animals.
"There's a sentient hat that helps out when stuff is super bleak for Harry," said Danny, a bearded gentleman in his thirties, who thinks that Lord Voldemort is Harry's brother. Very sad.
As normal people who have read Harry Potter, we also know that Lord Voldemort attempted to attain immortality by locking parts of his soul inside objects called horcruxes, which are magically created by murdering people. My sad subjects have other theories for what a horcrux might be. For instance, Kaitlyn believes that a horcrux is a wand that you get when you graduate, and David believes that it is "some kind of animal" that looks "a bit like a horse." A woman named Joy told me that "a horcrux is a ménage à trois type situation."
Everyone shared similar theories about the series' end: some final battle between Potter and his enemy, Snape/Voldemort. Will suggested, "In the end, [Harry] hooks up with the girl and he becomes the dopest wizard in the world," which isn't untrue.
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Ultimately, the people who know nothing about Harry Potter know more than I would have thought—proving that even if you haven't seen the films or read the books, the series has so satiated culture that everyone knows the name Voldemort, even if they don't know exactly who or what it refers to.
But whether you pick up a few names here or there, or have intuited the romantic underpinnings of Harry's relationship with Hermione Granger, everyone has taken something away from the series they've never seen: "All I know is that they play a weird game on brooms," said a young woman named Beverly, "which is fitting since all I know about Twilight is that vampire baseball is a thing."
Every now and then a game appears on the App Store and it just clicks. It takes hold immediately, as early as playing through the tutorial. There’s more than just a sense of “fun”, whatever that means, but an urge to really dig in and explore. It doesn’t happen often. I remember it happening when I first played Pathfinder Adventures last year, or the first time I loaded up Hearthstone, and it happened again last week with Age of Rivals. What a game.
Age of Rivals pitches itself as a CCG-style game with a civilization building theme, but the most striking thing about the game is how original it feels. This isn’t another CCG-clone where you summon cards and battle another player. Instead, it uses card drafting and other mechanisms to cull cards from your deck in a way that I’ve not seen used in any other game. Age of Rivals is its own beast, and yet the rules are simple enough that you can start losing games immediately after going through the thorough three-part tutorial.

While the rules themselves are quite simple, strategy is not. There’s more than one way to build your empire, and focusing on the same strategy each game simply won’t work due to the random offering of cards you’ll see each game.
Each turn, players are dealt four cards, purchasing one. The remaining three cards are passed to your opponent and they get to choose from your leftovers. After each round, players battle each other, using military cards to “knock out” cards from the enemy’s civ. One of these cards, randomly, will become useless for the rest of the game while the others are merely non-functional for the remainder of the scoring phase. This randomness can ruin even the best laid plans by taking out a card you really, really wanted to use. In later rounds, you’re randomly dealt four cards that you’ve already purchased and getting one or two dead cards in that random draw is a killer.

While attacking your opponent can nab you some points and disrupt their plans, the main goal in Age of Rivals is earning the most culture. Many cards have a culture score which will add to your total in the scoring phase, provided the card wasn’t knocked out. Most military cards do not offer culture, so creating a balance between defense, attack, and still earning some points is harder than it seems. Add to this the fact that your civ consists of only eight cards, and it quickly becomes apparent that every card, every interaction matters.
Speaking of interactions, that’s really the AoR’s bread and butter. Each card works with other cards somehow. Be it to boost a card’s strength or culture, removing an opponent’s card, or just give you resources to cheapen the cost of future purchases, every card does something. It’s this interwoven tapestry of interlocking abilities that pushes Age of Rivals beyond being just another decent card game into the realm of greatness. This is a game that rewards practice, yet the theme, presentation, and depth offer something for newbies to latch onto and get pulled into the maelstrom with the rest of us.

The only thing that could bring AoR back to earth would be a shoddy app which, gratefully, isn’t the case. The game plays wonderfully on a tablet or phone with the only downside being the requirement for an online connection to play. Roboto Games is on the case, however, promising an offline mode in an upcoming update.
The online options are cross-platform play vs. other humans via real-time games. For lovers of asynchronous turns, you should know that games last only a matter of minutes. Also, the dev has mentioned that asynchronous games could be included down the road if enough of us scream for them. Personally, games are quick enough that real-time doesn’t bother me.
There are also solo games vs. the AI which is available in two flavors: Normal and Hard. The Hard AI is no slouch, either. My win percentage against Hard is too low to speak about in public, while I can beat the Normal AI about 75% of the time. The AI is good enough to offer players who prefer solo gaming a challenge whenever they get the urge to play. The developer has also made daily quests and other rewards available via winning against humans or the AI, so even us soloists will be able to unlock and experience everything Age of Rivals has to offer.

Unlike other CCGs, Age of Rivals is a premium title. Pay once, and you get all the cards without any IAP to worry about. Cards are doled out slowly as you earn gold with every win or loss, but you will unlock everything, eventually. You’ll just need to keep chipping away to buy new cards.
If Age of Rivals has a downside, I have yet to find it. Instead, we get a highly polished app mixed with a unique and engaging card game. The only real downside is finding time to play in a year that’s also seen card games like Race for the Galaxy, Onirim, and Card Thief land on the App Store. Poor us!
Son dúas das catro novas materias optativas de libre configuración para os centros de secundaria. Valores democráticos europeos e Mobilidade escolar sostible e segura tamén se engaden a Igualdade de xénero, programación, oratoria, Educación financeira ou Investigación e tratamento da información
Fotografía: Begoña Rivas

Este periodista siciliano ha sido, con el tiempo, muchas otras cosas: corresponsal en el extranjero, escritor, guionista de cine y televisión, autor de teatro… Lo peor que le ha tocado ser es una desgracia, ser víctima de Cosa Nostra, que asesinó a su padre en 1984, el popular periodista Giuseppe Fava. Se había enfrentado a los clanes de Catania con sus artículos de investigación y un valiente diario de referencia, I Siciliani, en un momento en que casi nadie se atrevía a hacer periodismo de verdad en Sicilia. Claudio abordó luego la mafia como guionista de una de las mejores películas italianas sobre el asunto, I cento passi (Los cien pasos, de Marco Tullio Giordana, 2000). También entró en política, con un partido de izquierda, y actualmente es vicepresidente de la comisión antimafia del Parlamento italiano. Con ella ha pasado recientemente por Madrid en una visita oficial para interesarse por la presencia de las mafias italianas en España y para saber si aquí eso nos interesa. Y parece que no mucho.
¿Qué impresión te llevas de esta visita a España?
La impresión es que para casi todo el mundo la mafia es más que nada un problema italiano. Mafia, o mafias, porque digo mafia para decir Cosa Nostra, ‘Ndrangheta, etcétera. No veo que comprendan que hoy la mafia actúa a un nivel transnacional. Quieren hacer inversiones, conquistar sectores de mercado muy lejos de su cuartel general. Es una locura pensar que la ‘Ndrangheta, la organización criminal más extendida hoy en el mundo, presente en cinco continentes y con un nivel de negocio que supone el 3% del PIB italiano, pueda invertir todo este dinero solo en Calabria. Incluso dentro de la propia Italia hemos tenido problemas para entender que estas organizaciones están en regiones lejanas como Emilia Romagna, en Lombardía. Las mafias siguen el camino de dinero. Donde hay oportunidad de hacer inversiones, hay mafia. ¿España tiene esta oportunidad? Sí, para cosas que tú conoces mejor que yo. Mi impresión es que España es un lugar de referencia particular para la mafia para encontrar a los cárteles colombianos, a los traficantes de Marruecos. Es un cruce de caminos donde se pueden hacer negocios.
La mafia empezó a crear colonias aquí hace más de treinta años, y no hay una legislación, instrumentos jurídicos como los que tiene Italia. Ni aquí ni en ninguna parte de Europa existe un delito específico de asociación mafiosa. Hay una posibilidad de incautar bienes, pero muy diferente a como es en Italia. En Italia la prueba de que el bien es el fruto de tu negocio lícito tienes que ofrecerla tú, no el juez. Y aquí es el juez el que tiene que demostrar que los millones de inversiones que hay, que llegan de Italia por el trámite de familias que tienen su fuerza, su historia mafiosa, son fruto de una acumulación ilícita. Aquí no hay un sistema carcelario con medidas muy severas para un jefe de la mafia. Por eso prefieren quedarse aquí en la cárcel, porque pueden seguir haciendo los negocios más o menos como si estuvieran fuera. Lo mismo ocurre en Alemania, Holanda…
Hemos venido para entender qué nivel de sensibilidad institucional hay. Qué nivel de cooperación hay entre policías italianos y policías españoles, jueces italianos y jueces españoles. La sensación es que hay un buen nivel cooperativo entre policías, y uno más prudente, más bajo. a nivel institucional, a la hora de poner sobre la mesa proyectos legislativos, instrumentos políticos, cosas concretas. Aquí es como en todos lados. En Alemania, tú lo sabes, hubo aquella masacre en Duisburg con seis muertos, y todavía no hay un delito de asociación, todavía en Alemania es difícil para un juez llegar a autorizar una escucha telefónica. Porque tienen una cultura jurídica diferente, también porque tienen la memoria del nazismo y el delito de asociación es algo que parece muy cercano a su historia, y entonces tienen miedo de poner otra vez a disposición de un juez la posibilidad de golpear a una asociación.
Viendo la historia de la lucha contra la mafia en Italia, en realidad esto que dices es un camino que la propia Italia ha tenido que hacer contra sí misma, contra su propio rechazo de la realidad, su propia negación institucional.
Exacto.
Ya en Italia ha sido dificilísimo llegar a eso. Comprenderéis entonces que fuera todavía será más difícil.
Aún hoy en Italia es difícil. La anterior alcaldesa de Milán, Letizia Moratti, la víspera de una visita de la comisión antimafia dio una entrevista, diciendo: «Bienvenida la comisión antimafia, pero aquí no hay mafia». Lo mismo dijo el prefecto de Milán [equivalente al delegado de Gobierno, n. del a.]. Y en esos momentos los jueces de Milán cerraban una investigación sobre una colonia de la ‘Ndrangheta en la comarca de la Brianza con más de trescientas órdenes de prisión, la más importante que hemos visto en esa zona. Lo más interesante fueron las escuchas. Los Carabinieri sabían de una reunión de la cúpula mafiosa para decidir el nuevo jefe después de que habían matado al anterior. La reunión fue a las afueras de Milán, en el local de una conocida asociación de círculos cívicos, tradicionalmente asociada a la izquierda, donde te puedes esperar cualquier cosa menos una reunión mafiosa, y además estaba dedicada a Falcone y Borsellino [magistrados italianos asesinados por la mafia, símbolo de la lucha contra Cosa Nostra, n. del a]. Encima de la mesa a la que se sentaban todos los mafiosos estaba su foto. Es decir, en Italia hemos desarrollado también una idea de la lucha contra la mafia a veces muy patriótica, muy romántica, muy retórica, trabajando la memoria, leyendo cada año en las conmemoraciones la lista de los muertos… Los mafiosos no tienen estos problemas. Dicen: ¿Queréis custodiar la memoria de las víctimas, hacer honor a los muertos, llorar? Bien, mientras nosotros nos reunimos bajo la sonrisa de Falcone y Borsellino, y allí organizamos el saqueo de Milán y Lombardía. Viajamos a dos velocidades diferentes. En Italia es complicado entender lo que pasa en la otra parte. Si no hay sangre, si no hay matanzas, el olor de napalm en el aire, dicen que no hay mafia. O que hay una mafia con la que se pueda convivir.

Cuando los políticos dicen estas cosas, ¿crees que de verdad se lo creen? ¿Es una verdadera ignorancia o no querer ver la realidad?
Los políticos que dicen eso saben que mienten. El problema es que eso es una opinión bastante extendida en el país, muy común. Sabes lo de Brescello, ¿no?
Sí, el pueblo de las películas de Don Camillo, un símbolo de la Italia plácida y próspera, el estereotipo más alejado de la mafia, y en cambio…
Sí, se descubrió que estaba operando allí la familia Grande Aracri, calabresa, con fama judicial porque su jefe tuvo una condena de dieciséis años por asuntos mafiosos. Le hicieron una entrevista al alcalde, que es joven, de treinta y dos, treinta y tres años, abogado, hijo del que fue alcalde más de veinte años, del Partido Comunista, en la Emilia Romagna roja. Le preguntaron qué pasaba con los Grande Aracri, que hacían negocios con el Ayuntamiento. Lo que contestó este jovencito, el alcalde, es impresionante, está todo grabado. Dijo algo así: «Este señor es muy amable, muy tranquilo, ofrece trabajo a las personas, cuando le encuentro por la calle me invita siempre a un cafelito, aquí no hay mafia. ¿Cuál es el problema?». Ahora el Ayuntamiento de este pueblo ha sido disuelto por infiltración mafiosa.
Sí, ha sido una conmoción en Italia, porque era un símbolo, parecía impensable. Imagino que en España, cuando venís aquí a hablar de esto, diciendo que la mafia está aquí, pensarán que exageráis, que no sois de aquí y no sabéis cómo es esto, que esto es distinto, que aquí no les va a pasar. Encontraréis una incredulidad a veces disimulada por cortesía.
Pues sí. Dicen que tienen otros problemas.
Pero vuestra información y vuestros datos dicen que la mafia está en España: Cosa Nostra, Camorra, ‘Ndrangheta…
Sí, claro. Nos han contado la detención de un señor que estuvo escondido más de cuatro años en Alicante y, en cuanto alguien se acercaba a él, le avisaban. O sea, tenía información que llegaba de instituciones españolas, policiales… Está claro que si han elegido este territorio para hacer negocios de este tamaño, porque esta es la puerta de toda la cocaína que llega de Colombia y la ‘Ndrangheta quiere moverla con tranquilidad, es por algo. Aquí tienen un poder económico impresionante, y si deciden que este es el lugar donde van a vivir porque no hay riesgo para su vida, como en Calabria o en Campania… Para trabajar aquí dos, tres, cuatro o cinco años, tienes que poner bases para tu negocio, para tu tranquilidad, construir relaciones mafiosas.
Si un territorio es totalmente impermeable, no permite que haya este encuentro entre cárteles colombianos y mafiosos, pues necesita no solo transportistas, abogados, necesita también un contexto, la posibilidad de encontrar un espacio a corromper dentro de las instituciones. Esto pasa aquí y en otros países, pero España es el lugar que la mafia eligió para vivir tranquila. Desde Tano Badalamenti [capo mafioso arrestado en Madrid en 1984, n. del a.] en adelante, los que buscaban un lugar donde vivir y hacer negocios sin riesgos para su vida elegían Brasil o España.
¿Por qué a los italianos os sorprende tanto —es más, no os lo creéis— que no haya una mafia española?
Creo que va a formarse antes o después, porque alguien de España va a decir: «Bueno, ahora yo quiero custodiar este pedazo de mercado criminal, ahora yo represento a estos señores, estos grupos, y tú, que representas al cártel de Cali, tú, que representas a la familia Rosarno, vais a tener que tratar conmigo». Es un proceso natural. Si hay una demanda, al final vas a encontrar a alguien que ofrece este servicio de manera más organizada. Y si no lo hacen los españoles hay que buscar a alguien que tenga el control del territorio.
¿Crees que en algún momento habrá muertos, tiroteos?
Claro que puede pasar. Ahora a la mafia no le conviene disparar aquí. Si dispara, como pasó en Alemania, en Duisburg en 2007, al día siguiente llegan los italianos, los jueces alemanes piensan que quizá tienen que modificar sus instrumentos jurídicos… Se pone una atención de diferente calidad. Aquí ahora no la hay. Cuando hablas de esto en España te miran como si no tuviera sentido. Pero, bueno, tenemos el narcotráfico, la droga transita por este país. Es difícil imaginar que un tráfico de este tamaño, de esta dimensión, no vaya a dejar huellas, no vaya a contaminar el territorio. Debo decir que la actitud de la Guardia Civil es totalmente diferente. Tienen informaciones sobre grupos criminales, buena cooperación con los italianos… Pero a nivel jurídico, magistrados, jueces, parecen muy lejos de todo esto. Tienen otro problema, el terrorismo, y cuando se reúnen los ministros de Interior en Bruselas tienen otro problema, que se llama inmigración. Nunca han dicho: vamos a ver si podemos compartir medidas, discutir la idea del fiscal europeo, una ley para confiscar e incautar los bienes en todas partes de Europa… No hay nada de esto. Es un punto de emergencia exclusivamente italiano. Pero, mientras, los mafiosos van a buscar mercados, negocios, conexiones, es una fuerza criminal transnacional con una modernidad que nosotros no tenemos.

¿Cuál es tu primer recuerdo de la mafia?
Las páginas con las fotos en blanco y negro del diario donde mi padre trabajaba como director, yo tenía ocho años. Era un diario de la tarde, pocas páginas. Recuerdo esas fotos impresionantes, en otras ciudades no pasaba que abrieras el diario para encontrar esos muertos, y de la manera de los muertos de la mafia en Sicilia. Era una muerte… cómo decirte, sin elegancia, tenía algo de carnicería, roto, muertos de todas las maneras, porque la mafia tenía necesidad de ofrecer imágenes de su fuerza, como para decir: «Esta es nuestra ciudad, este es nuestro territorio, y cuando matamos queremos matar sin pedir excusas ni buscar maneras más suaves».
Después, tenía veinte años y trabajaba en L’Espresso Sera, luego seguí en el Giornale del Sud, donde mi padre era el director, y los periodistas eran todos muchachos de mi edad. Mi padre llegó desde Roma, donde trabajaba en el cine y el teatro, y le ofrecieron dirigirlo. Pensó en buscar a sus viejos compañeros para hacer un diario libre, que sería una liberación para cada uno de ellos, podrían hacer lo que quisieran, contar lo que no podían contar… Pero todos contestaron: «No, gracias, tengo cincuenta años y estoy tranquilo». Entonces montó una redacción donde yo era uno de los más viejos, con veintitrés años. Fue una aventura que duró dos años más o menos. Los dueños se dieron cuenta de lo que pasaba al cabo de una semana, cuando mi padre puso en primera plana la foto de Nitto Santapaola, diciendo que en Catania estaba la mafia y él era su jefe. Los dueños del diario, que estaban totalmente implicados en la situación de la mafia en la ciudad, aunque entonces no lo sabíamos, querían tener un periódico como un juguete, pero pronto se dieron cuenta de que no tenían ningún control sobre él. Al final echaron a mi padre y luego lo cerraron.
¿Cómo era ser periodista en esos años en Catania, haciendo este trabajo?
Apasionante. Tenías La Sicilia, el gran diario paquidérmico de Sicilia que no quería escribir nada. Daba la noticia de algún muerto, jamás una pregunta más para entender qué pasó, por qué, las conexiones… Entonces, para un periodista de veintidós años aquel era el trabajo más bello del mundo, porque había una ciudad que esperaba ser contada y nadie quería hacerlo. Y, cada vez que tú excavabas con las manos, aparecía algo, y te parecía descubrir cada día algo nuevo, raro, extraño, que estaba ante la mirada de todos y nadie quería ver.
Un ejemplo. Santapaola era el jefe de la mafia y la policía solo tenía una foto de él de cuando tenía diecisiete años. Cuando empezaron a buscarlo en toda Italia por el asesinato del general Della Chiesa y otros asuntos, desde Catania mandaron solo esa foto. Y nosotros conseguimos una de Santapaola con cuarenta años y toda su familia al lado, mujeres, hijos, hermanos. La publicamos tapando los ojos a las mujeres. Esto era Catania, una ciudad donde nadie sabía nada. Publicamos la foto de la inauguración de una tienda de automóviles, que era una empresa de Santapaola, y allí estaba su mujer con el prefecto y el jefe de policía. Esto era Catania. Era fácil saber historias que esperaban ser contadas, pero era casi un suicidio romper este pacto de silencio.

¿Desde el primer día recibisteis amenazas o era más sutil?
En el Giornale del Sud no, era más que nada estupor. Decían: ¿Están locos, pero qué escriben? Después llegaron llamadas, una bomba muy pequeña que pusieron en una entrada lateral del periódico que nadie conocía, solo el editor y pocos más. Fue el mismo editor el que puso esta bomba, para decir: «Eh, director, tenemos que bajar el tono». Y después despidieron a mi padre. Pensaron que habían acabado con esa historia, pero nadie pensaba, ni nosotros, que podríamos hacer otro periódico, que fue I Siciliani. Para esta ciudad fue demasiado, y estos poderes tan conectados en el ámbito jurídico, de negocios, de política, de mafia, entendieron que tenían que parar a este señor, a mi padre. Y al cabo de un año lo mataron.
Sé que es difícil de resumir, pero ¿qué era Catania entonces? Ese cúmulo de política, mafia, masonería… ¿Quién era Santapaola, el dueño de la ciudad?
Santapaola era el garante del orden de este sistema de poder. Venía a decir: los hijos de los empresarios no se van a secuestrar, aquí no tendrán nunca terroristas, no va a circular droga por la calle. Somos los que garantizan el orden. Orden quiere decir también que si tú necesitas empresarios, contratos, en otro territorio de Sicilia, nosotros vamos a decir que eres amigo nuestro y puedes construir en Palermo, en Trapani. Los llamados cuatro cavalieri de Catania, los grandes empresarios de la ciudad, conquistaron toda Sicilia. Lo dijo en su última entrevista el general Della Chiesa, una semana antes de que le mataran. Dijo que estos empresarios hacían negocios muy lejos de Catania y que cómo podían hacerlo si no existía un nuevo mapa del poder mafioso que se lo permitía. Claro, todo esto necesitaba impunidad, que la justicia, policías, fiscales, estuvieran todos dentro de este pacto.
Hay una foto que te dice lo que era Catania. Podría ser un lugar de Bolivia en los años ochenta. Una foto de la boda del nieto de uno de estos cavalieri, Costanzo. Están todos los que mandan en la ciudad: el alcalde, el vicepresidente de la comisión regional antimafia, abogados, jueces, y en el centro de la foto está Santapaola. Todos como en la última cena alrededor de él. Esto cuando todos sabían quién era, un señor que había matado a decenas de personas, había una guerra en Catania. Había matado a su adversario Alfio Ferlito cuando era trasladado de prisión con los tres carabinieri que le escoltaban. Este era Santapaola.
Hace poco dijiste que, cuarenta años después, en Catania te encuentras los mismos nombres en el crimen organizado…
Sí, son los mismos. Es la única ciudad del mundo donde si quieres hacer un mapa de la mafia tienes los mismos apellidos que años atrás.
Así que son hijos, son nietos, sobrinos…
Sí, sí, estamos con la tercera generación. Los Ercolano, Santapaola, Mazzei…
Tú trabajabas con tu padre y eras periodista. Entonces sabías perfectamente lo que estaba en juego y, cuando tu padre escribía esos artículos tan arriesgados, ¿qué sentías? ¿Satisfacción?, ¿orgullo?, ¿miedo?, ¿pensabas que podría pasar algo?, ¿cómo vivías esa tensión en el día a día?
Pensábamos que era la única manera de hacer este trabajo en Catania o en cualquier otro lugar. Si tú hacías de corresponsal en Líbano en medio de la guerra, tu compromiso era contar la guerra. Para nosotros era normal, estábamos todos involucrados en contar esta historia. El director, que tenía un trato más intelectual, juntaba los hilos para completar este mosaico, y luego las investigaciones de los muchachos sobre los hechos específicos. Esto era nuestra idea del trabajo. Si tú me preguntas, ¿pero no teníais miedo de que algo iba a pasar? No, porque antes de que mataran a mi padre nos parecía que, si pasaba algo, estaría tan clara la firma que no se podía hacer.

¿Quieres decir que se sabría quién había sido?
Sí, y que por eso no se podía hacer. Que si se hacía algo tan devastador la ciudad iba a explotar, a ponerse en pie, a luchar. Y ese fue un gran pecado de ingenuidad, de mi padre y nuestro. Imaginar que un asesinato de este tamaño, el primero en Catania, y el último, que tenía una intención tan clara, y con nombres y apellidos detrás, iba a suponer una reacción en la ciudad, en el poder, en la justicia… Fue una gran ingenuidad. Esa fue la gran batalla luego. Matan al director de tu periódico y tienes que decidir si continuar. Decidimos continuar, pero el problema no fue solo metabolizar ese duelo, no: aprendimos lo que era la ciudad, de verdad. Ves que todos los amigos te dan la espalda; jueces que tienen que investigar sobre la muerte de tu director te investigan a ti; amigos periodistas escribían al día siguiente dudando de si había sido la mafia, que a lo mejor era una historia privada; la fiscalía puso bajo control nuestros teléfonos, hizo controles bancarios sobre nuestras cuentas, cuando todos éramos pobres, no teníamos un duro… La idea era que no había que hablar de mafia. Fue impresionante.
Una amarga lección, la decepción de la gente…
Sí. Hubo una reacción de una parte de la gente, poca, los jóvenes. Durante mucho tiempo la única huella en el lugar donde mataron a mi padre fue un cartel de cartón que hicieron los estudiantes del instituto, después lo pusieron en madera. Y después de veintidós años la alcaldía decidió por fin poner una placa. Y después de casi treinta años decidieron ponerle a la calle el nombre de Giuseppe Fava. El día 5 de enero, el día que lo mataron, nos encontramos allí cada año a las cinco de la tarde para poner una flor y en treinta y tres años nunca he visto allí al alcalde de Catania. Y han pasado de izquierda, derecha, de todas clases… Porque todavía sigue siendo una historia complicada para esa ciudad, porque todavía las familias que representan la cúpula de Cosa Nostra de Catania son las mismas. Y todavía hay negocios con ellos. Claro, no con la evidencia de hace treinta años, no con ese nivel de impunidad. Hace treinta años el jefe de homicidios de la policía iba cada domingo a casa de Santapaola con una lista de nombres, porque tenían que hacer unas detenciones y le consultaban a ver a quién podían coger. Era normal. Ahora no, hay jueces que quieren investigar, es diferente, pero esa herencia todavía se siente.
¿Cuál fue la lección más importante que te dio tu padre sobre el periodismo y sobre la mafia?
Sobre el periodismo, que no hay que ser un juez, un tribunal, no hay que hacer el juicio final, hay que buscar los colores intermedios entre el negro y el blanco, hay que imaginar que también en la historia del más feo de los personajes hay siempre algo que merece una mirada particular. O sea, no solo hay asesinos y víctimas. Y una lección que nunca hubo necesidad de decir es que este es un trabajo que puedes hacer simplemente si quieres ser libre de contar lo que tienes que contar. O sea, tienes que tener la espalda recta, no inclinarte ante nadie, una condición necesaria en Sicilia, en España, en todos lados. Lo que pasa en México ahora.
Tú dijiste muchas veces que los mafiosos están en el Parlamento. Ahora tú estás en el Parlamento. ¿Cómo se ve desde dentro, sigues teniendo la misma idea?
A algunos ahí los tenemos todavía, hemos tenido muchos. El viceministro Cosentino, condenado a ocho años por conexiones con la Camorra, y era el viceministro para los presupuestos. Tenemos al senador Antonio D’Alì, que ha sido viceministro de Interior, y en un proceso por asociación mafiosa el juez ha dicho hace poco que sí, que hasta 1996 estaba conectado con la mafia, pero es que justo hasta esa fecha el delito prescribe, y en los años siguientes no había pruebas, como con Andreotti. Este señor todavía sigue siendo un nombre de referencia del partido de Berlusconi. Y Dell’Utri… La mafia nunca ha tenido la necesidad de controlar el Parlamento. Ellos son mucho más pragmáticos, mucho menos retóricos que nosotros. Les basta controlar unos lugares, las personas que pueden ser útiles, para garantizar impunidad, interceptar dinero público, nada más. En una alcaldía no necesitan controlar a todos los concejales. Es mejor el ingeniero que es jefe de una oficina administrativa, que puede manipular los sobres con la oferta de una adjudicación, modificar el plan urbanístico…

Hablemos del cine. Tú eres guionista de I cento passi, una gran película sobre la vida del periodista y activista Peppino Impastato, asesinado por la mafia en 1978, que tuvo mucho éxito. La gente la reconoció como muy auténtica. No sé si cuando os sentasteis a escribir echabais de menos en el cine italiano películas mucho más fieles a la realidad desde el punto de vista de las víctimas. ¿Por qué quisisteis hacer esta película?
Porque no es la historia de un héroe. Las películas, sobre todo las series de televisión, quieren contar historias muy patrióticas, con héroes, el bien y el mal, víctimas y carniceros. Peppino Impastato es un hombre común. Tiene un sentimiento de rechazo, de disgusto, no es simplemente la lucha contra la mafia, es la lucha por la belleza. Hay una escena donde habla con su amigo, mirando el aeropuerto, donde van a construir otra pista, y explica: «Bueno, ahora van a construir pequeñas casitas, todas iguales, todas feas, tristes, pero la gente va a vivir allí y después se acostumbra». Pero nosotros no podemos acostumbrarnos a la falta de belleza, porque la falta de belleza es la falta de vida. Y la mafia nos roba la belleza. Para mí eso es un concepto revolucionario. La mafia es la negación de la belleza. Porque destruye las vidas, las ciudades, nuestro sentimiento de libertad. Porque la calidad de la vida de la mafia es una calidad de vida muy fea, muy desesperada. Y Peppino tenía la capacidad de intuir estas cosas, la capacidad de intuir que se lucha contra la mafia también con los versos de Pasolini, con el amor de su madre, que tuvo la fuerza de rechazar a su familia mafiosa, y sobre todo con el humor. Tenemos una idea muy rígida de la lucha contra la mafia. Peppino se inventó aquella radio libre que tenía, cada día era una historia de teatro, parodias, para los mafiosos era mucho más dramática la provocación que llegaba de un muchacho de veinticinco años que no tenía armas, solo su ironía. Peppino puede ser cualquiera, su pueblo puede ser el mío, esta puede ser mi revolución. Es lo contrario de lo que muchas veces ha pasado en la historia de la lucha contra la mafia: era siempre el sentido del deber, el servidor del Estado. Son conceptos nobles, pero nadie quiere ser un héroe. Nadie quiere decir voy a morir porque soy un servidor del Estado. Hay más necesidad de normalidad que de épica.
También participaste como guionista en la serie Il Capo dei capi, sobre Totó Riina. Esta vez te asomaste al otro lado.
Ahí tuvimos la necesidad de contar la historia de los Corleoneses más allá del mito negativo. Es decir, qué pasa en un país para que un muchacho de quince años que apenas sabe leer y escribir y sus amigos se conviertan en los dueños de ese país. ¿Es solo un hecho de violencia? No creo. La banalidad del mal, como dijo Hannah Arendt, hay una normalidad del mal y hay que contarla fuera del mito. La normalidad de llegar a ser jefe de Cosa Nostra viniendo de una ciudad pobre, sin tener cultura, sin tener relaciones, sin tener nada. ¿Cómo fue? Porque estamos en la Sicilia de los ochenta, no en la Edad Media. Queríamos contarlo para que se entienda que estos señores no llegan desde la Luna. Están aquí. Son el fruto de un proceso de descomposición de la política. Y había que contar esta historia.
En el cine y la televisión, sobre todo americanos, con la mafia siempre se crean estereotipos que incluso llegan a dar una imagen positiva. ¿Qué piensas de esto?
Esta es una discusión que tenemos siempre. Que si Il Capo dei Capi, Gomorra, crean una imagen positiva de los mafiosos. Y yo contesto que no es así. La capacidad de seducción de las mafias está en la realidad. Si vas al barrio de Scampia, en Nápoles, estos muchachos no tienen necesidad de ver Gomorra en la televisión, la ven cada día. Ellos saben que la persona más importante, el señor de treinta y cinco años con un Rolex de diez mil dólares, cuando te pone en la manos cien euros y te dice «Silba cuando veas a un policía», te da un papel social en un lugar donde no hay nada. La capacidad de seducción, la fuerza de seducción, no está en el hecho de que veas una película sobre ellos. Me pasó hasta con Giovanni Brusca, el señor que accionó el mando de la bomba de Falcone, un asesino sanguinario, el mal personificado. Pues cuando lo arrestaron fui a una escuela siciliana y las profesoras me contaron que habían pintado en las paredes del centro «Brusca libre», como si fuera un preso político, y muchos muchachos se habían dejado crecer una barba como la de él. Sabían todos quién era, pero sabían que representaba un modelo: si tengo que ser un asesino, lo hago, pero quiero tener este poder, el poder de invitar en los restaurantes, de que me respeten… Hay muchos arrepentidos con más de cincuenta homicidios que contaban que para ellos entrar en el pequeño grupo de sicarios de los Corleoneses era como jugar en la selección. Porque había una jerarquía social y eso es una promoción social. Hay lugares en los que esa es la única idea de vida, de salida.
¿Cuál es para ti la película que mejor representa la mafia?
Uno de los nuestros, de Scorsese, es una historia universal. Cuenta lo que pasa cuando un grupo de muchachos se convierte en un grupo de asesinos que se matan entre ellos, porque después el poder te come. Es como en las tragedias griegas, tienen un elemento de verdad que está fuera de su tiempo y de su lugar.

La entrada Claudio Fava: «España es el lugar que la mafia eligió para vivir tranquila» aparece primero en Jot Down Cultural Magazine.
It's not a huge surprise that Willie Nelson makes a cameo in the lighthearted (and smoke-filled) new video for Toby Keith's weed-centric country party song, "Wacky Tobaccy." After all, Willie is a known pothead and a longtime advocate of marijuana legalization. What's a tiny bit surprising is that, a few years ago, Keith jokingly sang that he would "never smoke with Willie again." And now here is, toking up with Willie again:
That's the power of the reefer, people. One minute you're swearing off the pot and the next you're on your fancy tourbus getting high with one of the coolest mofos on the planet.
(Honestly, I think the only thing truly surprising is that Snoop Dogg wasn't invited to this pot party.)
Here's a taste of the song's lyrics:
Know you can two tote her, you can one hit him, puff it in a pipe and you can twist it in a stem, you can bake it in some brownies, smoke it through a Bong, roll up a great big fat one like ol' Cheech and Chong, Burn it through a hole, in a can of Budweiser, if you can't take the heat son vaporizerThat old Wacky Tobaccy, When you feel it creeping up on you,
That old Wacky Tobaccy, Kick back and let it do what it do
One small step for Toby Keith, one slightly-bigger step for mainstreaming cannabis culture.
Este artículo se publicó originalmente en Tonic , nuestra plataforma dedicada a la salud.
Una vez, cuando estaba en la universidad, le pregunté a mi amigo cuál era su tipo de chica ideal y me dijo, "la que tiene los dientes perfectos". Esa chica una vez llevó aparatos durante dos años, arriba y abajo. El día que se los quitaron, se dio cuenta de que había una especie de musgo amarillo entre sus dientes y se quedó horrorizada. Su ortodoncista le dijo que usara tiras blanqueadoras.
El problema fue que sus encías se empezaron a desintegrar. Este es el coste real de tener los dientes rectos: cada año, aproximadamente 400.000 estadounidenses desarrollan recesión de encías y enfermedades gingivales por usar aparatos.
A su vez, la enfermedad de las encías aumenta el riesgo de otras enfermedades sistémicas, como cardiopatías, neumonía, cáncer de páncreas y diabetes. Pero lo más grave es que la enfermedad de encías es la causa principal de la pérdida de los dientes.
Sin embargo, si preguntas a los dentistas y ortodoncistas si hay una conexión entre los aparatos y la mala salud de las encías, "obtendrás respuestas diferentes dependiendo de con quién hables", dice Kelly Blodgett, dentista de Portland, Oregón.
El mes pasado, me hicieron un injerto de encías; para ello mi periodoncista me cortó tejido del paladar y lo volvió a colocar en las zonas sensibles de las encías, debajo de los dientes delanteros inferiores
Algunos se toman el riesgo muy en serio. Joseph Nemeth, periodoncista de Southfield, Michigan, dice que muchos ortodoncistas ahora hacen que los pacientes firmen descargos de responsabilidad sobre los riesgos asociados con las encías. Otros "no son conscientes de las consecuencias a largo plazo del tratamiento de ortodoncia", explica Blodgett.
Efectivamente, yo me enteré de esa relación diez años después de que me quitaran los aparatos. El mes pasado, me hicieron un injerto de encías; para ello mi periodoncista me cortó tejido del paladar y lo volvió a colocar en las zonas sensibles de las encías, debajo de los dientes delanteros inferiores. El procedimiento me costó 2.500 dólares y tuve que pasar un tiempo tomando batidos para el desayuno y preguntándome cómo había llegado a este punto.
La mala higiene es la razón principal de que casi la mitad de los adultos menores de 30 años tengan problemas en las encías. En resumen, la placa bacteriana y el sarro aumentan las bacterias de la boca, inflaman las encías y las predisponen a la infección. Los aparatos hacen que la higiene bucal sea más difícil y empeoran las condiciones higiénicas. Estos efectos duran mucho más que la corta duración del tratamiento de ortodoncia.
MIRA: El mundo de los transgénicos en España
Las encías también retroceden por el movimiento de los dientes. "Los aparatos son un poco como el vendaje de pies chino", dice Blodgett, ya que obligan a los dientes a seguir la dirección de un alambre. "A lo largo de todo ese proceso, estás ejerciendo una presión antinatural sobre el hueso y por extensión, sobre las encías". La presión constante en los dientes puede causar inflamación y pérdida de hueso, esto puede llevar a la recesión de las encías.
Por supuesto, como el periodonista Franc Vanderven señala, los aparatos pueden arreglar los dientes apiñados y, en última instancia, resultar en una mejor higiene bucal. Pero los profesionales no están de acuerdo con este punto. Nemeth, por ejemplo, no está convencido de que enderezar los dientes mejore significativamente la salud bucal. A menos que los dientes estén muy mal posicionados y ello impida a la persona cepillarse los dientes, "la razón principal para realizar la ortodoncia es puramente estética", dice. La investigación empírica que existe para resolver el debate es sorprendentemente escasa.
El metal de los aparatos también puede contribuir a la recesión de las encías. Varios estudiosexponen que el metal favorece la acumulación de bacterias y perjudica la salud de las encías. Del mismo modo, los investigadores de la Universidad Estatal de Ohio encontraron que los pacientes con perforaciones en los labios tenían un 41 por ciento más de probabilidades de desarrollar recesión de encías que el grupo controlado, y que sus recesiones eran dos veces más graves. Esto podría ayudar a explicar por qué la salud de las encías tiende a ser peor en personas que han llevado aparatos de metal.
La mala higiene es la razón principal de que casi la mitad de los adultos menores de 30 años tengan problemas en las encías. En resumen, la placa bacteriana y el sarro aumentan las bacterias de la boca, inflaman las encías y las predisponen a la infección
Por último, la enfermedad de encías y la recesión dependen de la genética y la anatomía del paciente. "Algunas personas tienen la suerte de heredar unas encías carnosas", explica Nemeth. Otros las tienen más finas y tienen un riesgo mucho más alto de desarrollar recesión. Los aparatos pueden desencadenar o acelerar estas predisposiciones genéticas.
Nemeth compara la genética del tejido gingival con la salud del sistema inmunológico. Si alguien entra en una habitación con un resfriado, las demás personas que estén en la habitación se pueden contagiar. A algunos no les pasará nada, otros podrían contraer un resfriado leve y otros sufrirán una gripe muy fuerte. Del mismo modo, algunas personas son "resistentes a los organismos que causan la enfermedad periodontal". Otros, por desgracia, no lo son.
Así que, si estás considerando ponerte aparatos o ponérselos a tus hijos, acude a un odontólogo prudente que valore la salud de las encías antes de iniciar el tratamiento. "Un buen odontólogo no solo se fijará en la estética, sino también en la funcionalidad", dice Vanderven. También trabajarán en conjunto con dentistas y periodontistas para proteger tus encías. A veces a algunos pacientes los tienen que operar de las encías.
Pero Blodgett anima a los pacientes a retrasar el uso de aparatos hasta que dientes, encías y boca se hayan desarrollado completamente —a veces tiene que ser después de los veinte. No hay ninguna ventaja en intervenir antes. O, en lugar de poner a los jóvenes aparatos en la pubertad, "deberíamos plantearnos si realmente son necesarios".
No ano 2016 houbo só 2.250 matrimonios católicos en Galicia, fronte a 6.879 exclusivamente civís. O descenso nos últimos 15 anos foi vertixinoso: no ano 2000 houbo aínda 9.279 vodas confesionais.
Tras una semana con el comisario Villarejo dando por culo en todos los programas de La Sexta, no había forma de evitar ver la entrevista de Jordi Évole en “Salvados” al despreciable madero. ¿De qué otra forma se puede calificar a un tipo acusado de apuñalar a una mujer que, como coartada, asegura que en ese momento estaba con Eduardo Inda? Pues ahí le tienen, en el prime time de una televisión progresista (con permiso de sus superiores). Dando doctrina, hablando de Pujol, de Corinna o de Garzón, insultando la inteligencia del telespectador con un tono chulesco y un discurso simplemente vomitivo.
¿Por qué entrevistan a Villarejo y no a Torrente? Los dos son la caspa. La gran diferencia es que el segundo es un personaje de ficción. Repugnante, pero, insisto, de ficción. El otro formó parte del lado oscuro del Estado. Es Marca España. Y fue a la televisión no para contar nada interesante, sino para soltar quién sabe qué amenazas, para enviar algún mensaje mafioso, para lo que solo puede ser algún miserable trafullo. La tele estaba ahí para hacer el juego a un personaje infecto. Me quedo con Torrente.
Ofrecer un micrófono, una cámara, a un individuo de semejante calaña es lamentable. Y peor aún es hacerlo en nombre del periodismo, cuando el único ejercicio periodístico reseñable era preguntarle de cuando en cuando “¿Pero usted tiene pruebas de lo que está diciendo?”. Ni una jodida prueba.
Apagué la televisión, entre nauseas, cuando el policía jubilado decía algo de Garzón participando “en orgías con moritas que eran narcotraficantes”. Un puto asco de televisión.
Un motivo para NO ver la televisión
Manifiesto Redneck.
Autor: Jim Goad.
Editorial: Dirty Works.
¿No sabe usted qué es un redneck? ¿En serio? Pues está de suerte: el libro que hoy nos ocupa se lo explica con pelos y señales. Lea esta aproximación al personaje y rece por no verse reflejado: “Nuestra figurita recortable de redneck estereotípica, desplegable, de cartón piedra y de recortable de caja de cereales, es un Marciano Social desde todos los frentes de estereoripación racista: biológicamente (alimañas y escoria endogámica, degenerada y preña-madres); geográficamente (paletos xenófobos, subdesarrollados y rústicos que habitan entre los matorrales embutidos en tráilers); económicamente (basura pobre, descalza, desdentada e inútil que se dedica a rascar la tierra); culturalmente (trogloditas y patanes simplones, supersticiosos y palurdos) y moralmente (criaturas de pantano muy aficionadas a quemar cruces y abusar de los bebés junto a sus puercas esposas)”.
Ahora que ya sabe lo que es un redneck, corra a la librería, compre este Manifiesto, y léalo con música de Hank Willians III o de Steve’N´ Seagulls a todo volumen. Si quiere bordarlo, prepárese un aperitivo: salchichas para perro tibias y el bourbon más barato que encuentre en el Mercadona con unas gotitas de lejía. Cuando termine el libro, las salchichas y el licor podrá presumir de saber lo que se siente, y cómo se vive, en la América profunda.
Que el entrecomillado anterior no le engañe: lejos de ser un clasista cruel y resentido, Jim Goad ama profundamente a los más marginados de entre los marginados norteamericanos. Es uno de ellos. Y con este libro despiadado, realista e irónico lo que hace es mostrar el desprecio del país más poderoso del mundo por sus ciudadanos más desafortunados.
En India les considerarían “Intocables”. En en interior de Estados Unidos son rednecks, y si antes no tenían una sola oportunidad, con el nuevo gobierno ya están muertos. Goad se niega a normalizar esa marginación social, a asumir ese desprecio clasista, y lucha con su mejor arma: la literatura. Se considera “un arqueólogo cultural, un excavador de basura”, y tiene clara la meta: “follaros con el puño de los hechos”. Prueba conseguida. “Manifiesto Redneck” es un trabajo serio y documentado, siempre ameno y en ocasiones hasta divertido, que analiza mazo en mano y con precisión antropológica. a los grandes perdedores del país de Donald Trump. Demoledor.

IKEA furniture has become an essential part of many homes, and since pretty much everything they sell is extremely affordable people are filling their homes with IKEA's household goods too.

Customers like the price but they also like the simplicity of IKEA, which is something the Swedish company has strived to bring into our lives by making it simple to furnish our homes with easy to build furniture.

So since they're known for their simplified assembly instructions IKEA Canada and marketing company Leo Burnett created Cook This Page- a set of illustrated recipe posters people can actually use to cook a meal.

All you have to do is fill in each blank on the page with the proper ingredients, roll the recipe page up with the ingredients inside and pop it into the oven. Now you're making dinner the IKEA way!

-Via Bored Panda
One of the best of its genre, the movie has lessons for us in tumultuous times.
Every weekend, we pick a movie you can stream that dovetails with current events. Old, new, blockbuster, arthouse: They’re all fair game. What you can count on is a weekend watch that sheds new light on the week that was. The movie of the week for June 24 to 30 is Children of Men (2006), which is available to digitally rent on Amazon, Vudu, iTunes, YouTube, and Google Play.
Health care legislation dominated the news in the US this week, but another country’s struggles kept surfacing as well: those of Great Britain, which has weathered several terrorist attacks and a startling election with big implications in the past month. The latest terror attack happened just after midnight on Monday in North London’s Finsbury Park, when a man drove a van into a crowd of pedestrians leaving a mosque.
Amid an overall atmosphere of uncertainty, Queen Elizabeth delivered the speech that customarily opens the parliamentary year, outlining the laws that the government hopes to have approved by Parliament during its upcoming session — especially important after an election.
This year, the Queen’s Speech was held on June 21 under the shadow of Britain’s upcoming Brexit negotiations, which seems fitting: It took place two days before the one-year anniversary of the June 23, 2016, Brexit vote, and two days after Brexit negotiations — which will have a huge effect on the country as well as the European and world economies — actually began on June 19. And in a not unheard-of but still unusual move, the Queen’s Speech in 2018 has already been canceled to allow members of Parliament more time to deal with Brexit laws.
It’s a bit hard to believe that the Brexit vote was only a year ago, given how much seems to have changed in the world since then. Things are not nearly as bad as they could be, of course, and the British in particular are known for their plucky ability to “keep calm and carry on.”
Yet there’s probably a reason so many of the world’s great dystopian novels come from British writers: Brave New World, Memoirs of a Survivor, High-Rise, That Hideous Strength, A Clockwork Orange, Love Among the Ruins, 1984. Something deep in the collective and composed British psyche seems capable of dreaming up unending variations on the end of the world as we know it — usually with strong class-based overtones.
One of the finest examples of this “skill” is the 2006 film Children of Men, which passed its 10-year anniversary last year. Based on P.D. James’s 1992 novel (though arguably an improvement on it), the movie is set in 2027, 18 years after the world’s last child was born. Clive Owen plays a man who finds himself at the center of a risky and dangerous plan to save a child who could in turn save the world.
Reviewing the film after its release, Roger Ebert marveled at its believable vision of a bleak future in which terrorist attacks, natural disasters, and wars have left Britain as one of the only semi-habitable places on Earth, held together by a police state; immigrants are flooding into the country, which is overstuffed already.
“Are we living in the last good times?” Ebert wondered.
And his answer holds an important lesson for us all: that how we act today has everything to do with whether there are still good times ahead. “Here is certainly a world ending not with a bang but a whimper, and the film serves as a cautionary warning,” Ebert concluded. “The only thing we will have to fear in the future, we learn, is the past itself. Our past. Ourselves.”
The London in Children of Men is still in the future, but the film forecasts that future for just 10 years from now, 2027. And though we’ve escaped some of its nightmare — children are still being born, thankfully — many of its other elements feel chillingly real, not just in England but in many other countries.
Dystopian films are never really about the future, though: They’re always about the world today. Children of Men places its jaded protagonist in a situation that seems hopeless and challenges him to develop compassion and courage nonetheless. That’s a story and an exhortation as old as time itself. Now seems like a great time revisit it.
Watch the trailer for Children of Men:

Factura algo menos de medio millón de euros y ejerce como el ‘IMDB español’ con 3 millones de visitantes únicos sólo en España.
American Gods is the new Starz series based on the Neil Gaiman novel of the same name. It’s scored by Brian Reitzell, who’s worked on Sofia Coppola’s Lost in Translation, Marie Antoinette, and The Bling Ring. American Gods soundtrack includes Reitzell’s score, as well as collaborations with Mark Lanegan, Blondie’s Debbie Harry, and Garbage’s Shirley Manson.
The series focuses on Shadow Moon (Ricky Whittle), a man serving three years in prison. With only days remaining in his sentence, Shadow is given an unexpected early release after his beloved wife Laura (Emily Browning) dies in an accident. On his way home for her funeral, he meets a strange man named Mr. Wednesday (Ian McShane), who appears to be nothing but a con artist, and accepts to…
…be his bodyguard; however, he soon finds himself a part of a large-scale conflict between greater beings, as Wednesday, in truth the god Odin, makes his way across America to gather all the old gods (who have now incorporated themselves into American life) and confront the New Gods, led by Mr. World (Crispin Glover) and growing stronger each day.
El contacto físico es fundamental en el desarrollo temprano de nuestro cerebro, a pesar de que hace no tanto los psicólogos recomendasen no abrazan a los hijos. De igual modo, el contacto entre amantes también parece fundamental a la hora de sincronizar el organismo e, incluso, aliviar dolores.
El estudio, que analizó a 22 parejas heterosexuales de larga duración, de 23 a 32 años, ha sido publicado en la revista Scientific Reports, y es pionero en explorar la sincronización interpersonal en el contexto del dolor y el tacto.
Concretamente, a los hombres se les asignó el papel de observador, y a las mujeres se las sometió a un leve dolor por calor en su antebrazo durante dos minutos. Entonces se midió su ritmo cardíaco y respiratorio mientras se presentaban diferentes escenarios: sentados juntos sin tocar, sentados juntos tomados de la mano o sentados en habitaciones separadas.
El investigador del dolor postdoctoral en el Laboratorio de Neurociencias Cognitivas y Afectivas de CU Boulder, Pavel Goldstein, descubrió que las parejas se sincronizaban ligeramentee si se sentaban juntas (sus patrones cardiorrespiratorios y de ondas cerebrales se sincronizan). Pero cuando ella fue sometida a dolor y él no podía tocarla, esa sincronización fue eliminada. Cuando se les permitió juntar las manos, sus tasas volvieron a sincronizarse y el dolor disminuyó.
Imagen | milkisprotein
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La noticia
Las parejas que se tocan se sincronizan y alivian el dolor
fue publicada originalmente en
Xataka Ciencia
por
Sergio Parra
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En 100 millones de euros ha cifrado el juez de la Audiencia Nacional, Ismael Moreno, el fraude de la rueda de las televisiones de la SGAE. Una práctica conocida dentro de la sociedad, especialmente desde que en 2013 Antón Reixa la denunciara y señalara a 11 implicados y su modus operandi, y culpable de buena parte de sus enconadas guerras internas. Pero la rueda no es algo nuevo en la SGAE. Echar la vista a su historia (y a la hemeroteca) es un auténtico dèjá vu porque la rueda del siglo XXI no es más que una copia 2.0 de la original de los años setenta. Músicos militares, hojas de registro falsas, autores que no existen y un grupo selecto de personas que se hace de oro. ¿Les suena?
Lo que seguro no les suena es una canción llamada 'El grillo amarillo' y quiénes eran los tupamaros. España está estrenando democracia y en la SGAE, aún heredera de los privilegios intocables concedidos por el franquismo, muchos de los que hoy sigue disfrutando, las trifulcas internas están a la orden del día. En 1977 se convoca una Junta General extraordinaria para aprobar unos nuevos estatutos que renueven la entidad y acabar con una práctica corrupta llamada la rueda que al menos llevaba una década operando. "Se destituyó a toda la sección musical responsable de la estafa de la rueda y convocó elecciones urgentemente", recuerdan Ainara LeGardón y David García Aristegui en el imprescindible 'SGAE: El monopolio en decadencia' (Consonni). Curiosidad: en esas elecciones entró por primera vez ostentando un cargo Eduardo 'Teddy' Bautista.
En 200 millones de pesetas anuales se tasó esta estafa inspiradora de la que hoy copa las portadas. En esa época, al grupo de músicos que mandaban en la SGAE se les conocía como los tupamaros. Antón Reixa en su carta 'Viva la música' (de 2013) recuerdaba que gran parte de ellos eran músicos militares que combinaban su trabajo con actuaciones en orquestas y verbenas. 'El grillo amarillo' era la canción que más recaudaba en esos años pero, escribía el entonces presidente de la sociedad, "no se conoce musicólogo ni incluso oído humano que puedan acreditar las virtudes de tal obra. Muy fácil. 'El grillo amarillo' era un título más de los cientos que los “tupamaros” manejaban en una perversa “rueda” de hojas programa cruzadas como declaración de obras “ejecutadas” (sic) por las múltiples orquestas de las que formaban parte. Por supuesto, estas piezas musicales no eran realmente interpretadas y esa recaudación así atribuida restaba (incluso podía anular) ingresos de derechos de autor que, en justicia, corresponderían al reconocible repertorio de música popular española que engrosa el imaginario colectivo de aquel tiempo".
Misma mecánica cinco décadas antes. Los derechos de ejecución (por tocar o reproducir una obra) se cobraban acorde a una hoja de registro (que hoy se conoce como de variedades) en las que se apuntaban los títulos y autores de las canciones que sonaban cada día en un concierto o en una discoteca. Todo era tan fácil como colocar un disco 'random' con esas canciones de grillos amarillos, firmadas por los mismos autores o incluso sus familiares, en la cabina de un DJ, apuntarlas tras una actuación/sesión y empezar a cobrar. Así lo explicaba 'El País' en 1977 en una noticia que informaba de la apertura de una inspección del Ministerio de Educación por el caso:
"Una de las formas de conseguir ese falseamiento consiste en la grabación y prensaje particular de un tema propio (por lo general muy deficiente y que en ningún caso puede ser éxito, ya que no está a la venta). Con su disco debajo del brazo, se presentan en la discoteca y le preguntan al disc-jockey si le permite colocarlo en sus estanterías, a lo cual éste raramente se niega (le da lo mismo, no lo va a programar en ningún caso). A la hora de rellenar la hoja de programación, el hombre se ofrece gentilmente a tomar sobre sí ese trabajo, y sin más incluye en ella no sólo las canciones que realmente suenan, sino también las suyas. El tinglado es casi perfecto y estos señores, a los que se les puede discutir su creatividad, pero no su ingenio, se embolsan sin mayor dificultad esos doscientos millones de pesetas".
Y señalaba a los propios estatutos de la entidad como los posibilitadores de esta práctica dado que, igual que ahora, en la SGAE a mayor recaudación, más votos y más poder en los órganos de gobierno. "La respuesta se encierra en los mismos estatutos de la SGAE. Según ellos, por cada 500.000 pesetas que ingresa un autor, este recibe un voto en su sección hasta un total de 25. Para conseguir más votos, lo único que hace falta es poner canciones a nombre de la mujer, hijos, primos y tíos, algo también permitido en dichos estatutos. De esta forma se llegan a dominar las juntas generales de la sección e incluso de la SGAE, hecho favorecido por el absentismo de casi todos los compositores".

Cuando explota este caso, con la inspección estatal de por medio, la sociedad echa a todo este colectivo agrupado en la sección musical. "Los recientes estatutos definieron una nueva forma de gestión colectiva y sentaron las bases del futuro de la entidad. Se produjo también el primer intento serio de lavado de imagen", dicen los autores del ensayo, pero a la vista está que no sirvió de mucho.
Lo decía el entonces director de la SGAE, Emilio Martinez, a 'El País' en 1983. "Nosotros estamos totalmente tranquilos [habla de una denuncia en el Senado por una presuntamente irregular distribución de los derechos de autor] porque hemos logrado terminar con la corrupción y que casos como aquel se vuelvan a repetir. Las audiciones en discotecas son controladas por el instituto Gallup, por medio de una muestra de sondeo que se realiza en las discotecas de las grandes ciudades. Antes había que fiarse de unas hojas de papel firmadas por los propios beneficiarios, de forma que, al final, gente totalmente desconocida cobraba más dinero que los cantantes más famosos e importantes, tanto españoles como extranjeros".
Si antes ese grupo que se lucró gracias a la rueda ostentaba buena parte del poder, ahora la televisión es la mayor fuente de recaudación de la entidad. La historia en la SGAE se repite prácticamente calcada y hasta, ironías de la vida, con el mismo nombre. Como explican LeGardón y García Aristegui en su ensayo "es escalofriante que las luchas internas, la falta de democracia y las corruptelas en el seno de la entidad sigan indicando que sin una profunda reforma estructural SGAE no será capaz de limpiar su imagen y superar este momento de su historia (una vez más)".