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22 Aug 09:35

Carlos Pacheco: «El cómic de superhéroes tradicionalmente se ha dirigido hacia el lector onanista masculino, y eso está cambiando»

by Fran G. Matute

Fotografía: Begoña Rivas

La míticas Marvel y DC se lo rifan. Ha sido nuestro primer superhéroe del cómic. Un pionero que ha abierto camino como ningún otro, ayudando a situar el talento patrio para la historieta en el mapa internacional. La trayectoria profesional de Carlos Pacheco (San Roque, 1962) se antoja impecable: ha participado en prácticamente todas las grandes series clásicas. Ha dibujado a Superman y al Capitán América, a los X-Men y a Los Vengadores, y lo ha hecho siempre con enorme éxito, con un estilo propio, cercano y muy humano, como él mismo se presenta.

Amante impenitente del cómic como vehículo narrativo, inteligentemente reflexivo con el medio y entusiasta convencido, Pacheco nos demuestra en esta entrevista tener un conocimiento arrollador de la cultura pop, puesta siempre al servicio de su imaginario estético en el que el cine y la música popular tienen un lugar de honor. Repasamos con él su periplo vital poblado de anécdotas imborrables con algunos de los más grandes creadores de viñetas del siglo XX.

¿Cuándo desembarcaron los superhéroes en San Roque?

Los superhéroes tardaron un poco en llegar. Mi primer contacto con ellos fue a los once años, lo que pasa es que para entonces ya era un gran aficionado al cómic. En realidad, nunca me han interesado los superhéroes, me refiero a los personajes en sí. Lo que a mí me ha atraído siempre es el medio. A esa edad estaba absolutamente involucrado y deslumbrado por el medio, así que sabía perfectamente dónde me metía cuando aterrizaron los superhéroes en mi vida. Antes de eso ya había sido abducido por la revista Pilote, que publicaba aquí Bruguera. Era un gran seguidor del Michel Tanguy de Uderzo y del Blueberry de Jean Giraud, de Asterix por supuesto, y luego de toda la escuela Bruguera en sí misma. Leía de todo. Desde El príncipe valiente a Flash Gordon. Carlos Giménez, por ejemplo, es uno de mis referentes absolutos. Siempre he sido un devorador de viñetas impenitente, además omnívoro, pero mi relación era con el medio.

¿Te acuerdas de tu primer contacto con un cómic de Marvel?

Perfectamente. Fue además un enamoramiento a primera vista. Ocurrió en una peluquería. Estaría yo moviéndome demasiado, así que el señor peluquero cogió y me lanzó un cómic para que me quedara quietecito. Y lo consiguió: me quedé allí quieto para el resto de mi vida. No me volví a mover de aquella silla [risas]. Él no sabía que estaba ejerciendo de Merlín y que me estaba ayudando a sacar a Excalibur de la piedra. Recuerdo que fue un número de la Patrulla X en el que se contaba la historia del Mímico. En realidad era un número muy malo, pero es que los números malos de aquel tiempo eran muy buenos.

Asumo que los primeros cómics de Marvel que leíste fueron aquellas ediciones desastrosas de Vértice.

En efecto. Pero con independencia de que las ediciones de Vértice, como bien dices, fueran un desastre, la llegada de Marvel a España fue toda una revolución, al menos para mí. Los cómics de DC se habían prohibido en los tiempos del tío Paco. Aun así, cuando caía alguno en mis manos, incluso algún número firmado por Wayne Boring, reivindicado hoy día por algunas escuelas, aquello no significaba nada para mí en comparación con lo que traía Marvel. Marvel era el rock and roll. No tenía nada que ver con aquellos crooners de los años cincuenta, representados por DC.

Luego, es cierto que el contenido de las ediciones de Vértice era terrible. Estaba todo mutilado, y además se notaba mucho. Todos nos dábamos cuenta de que a partir de tal rayita acababa el dibujo real y empezaba el dibujo malo [risas]. Las portadas también estaban alteradas, pero creo que eran lo menos horroroso de esas ediciones. Por lo menos las que hacía al principio López Espí, que siempre ha sido un gran artista. De hecho, López Espí se convirtió en una de mis influencias. Su trabajo siempre me ha parecido espectacular. También destacaría las primeras portadas de Enrich, que luego se convirtió en un ilustrador de categoría. Al final, aquellas portadas de Vértice terminaron formando parte del atractivo que tenían los cómics en aquella época.

Al hilo de esto, mi amigo Rafa Marín siempre resalta, con asombro, la fuerza que tenían estos cómics para crear legiones de fans incluso habiendo sido mutilados de aquella manera. Si eso hubiera ocurrido con los cómics de cualquier otra editorial, ese trabajo de destrozo habría influido seguro muy negativamente.

David Byrne establece un paralelismo similar con la música que hemos escuchado todos de jóvenes, normalmente mal grabada en cintas de casete. Aquello sonaba fatal, pero la fuerza de lo que estaba ahí grabado trascendía la calidad del sonido.

Totalmente. Yo tenía muchas cintas grabadas de Radio Gibraltar, y las tenía con la voz del locutor metida ahí en medio. Luego te llegaba el típico sibarita de las cintas de audio con un: «Yo es que solo compro cintas de ferrocromo» [risas]… Es la misma idea, en efecto.

¿En qué momento te empiezas a interesar por el dibujo?

Desde antes de aprender a caminar. Tengo una fotografía, donde difícilmente me sostengo en pie, en la que salgo con un cómic en la mano. Lo curioso es que a la vuelta de la fotografía hay garabatos míos. Tengo dibujos de cuando tenía cuatro o cinco años. Todavía los conservo. No me recuerdo sin dibujar, por más que, en realidad, a mí nunca me haya interesado dibujar, sino contar historias. Yo veía una película por la noche en televisión y al día siguiente, después de comer, me sentaba a desarrollar aquello haciendo dibujos, en un compendio de elementos más cercano a Brueghel el Viejo que a cualquier otra cosa [risas]. Lo metía todo ahí, a lo bestia, hasta que comprendí que la historieta era un lenguaje y que servía para contar cosas. Esa fue una gran revelación para mí.

Porque formación técnica como dibujante no tienes.

No, no. Ninguna. Lo que pasa es que yo he aprendido de los mejores. De Rafael, de Leonardo… Ellos me han dado clases particulares [risas].

En esto de dibujar soy autodidacta total. De hecho, soy biólogo, que es algo que no tiene nada que ver con el dibujo. Con todo, te reconozco que de pequeño me atreví un día a llamar a los de CEAC para hacer un curso de aquellos [risas].

Se quedarían flipados contigo.

Algo de eso pasó, sí, porque le escribieron a mi padre diciéndole que yo era un niño muy bueno, que tenía mucho nivel y tal. Como yo ya había recibido todos los libros, todo el material, leí esa carta y dejé el curso inmediatamente.

¿La carrera de Biología no te ha servido para nada a la hora de dibujar? Pienso en el estudio de la anatomía humana, por ejemplo.

No. No me ha servido absolutamente para nada en ese sentido. Sí que me sirvió para otra cosa casi más importante que aprender a dibujar: para salir del Campo de Gibraltar, que era mi «zona de confort», como se dice ahora. Poder moverme en un territorio inexplorado, como era entonces Sevilla, y conocer gente nueva supuso muchísimo para mí como dibujante. Cuando tú enseñas tus dibujos a alguien de tu entorno, todo el mundo te dice: «¡Oh, qué maravilla!». Pero cuando se los enseñas a gente que no te conoce de nada, ahí es cuando te la juegas, porque no tiene ningún tipo de reparo en decirte si le gusta o no lo que haces. Cuando las cosas que yo hacía provocaban ciertas reacciones positivas en gente que no me conocía absolutamente de nada empecé a creerme que podía haber algo sólido en mis aspiraciones.  

Como dibujante te empezaste a curtir en fanzines, en revistas de aficionados.

Así es. En 1982 colaboré con una revista llamada Tuboescape, que se hacía en La Línea de la Concepción. Allí fue donde conocí a Rafa Marín, entre otros muchos. Aquella revista sirvió para articular un poco el fandom de la zona, que hasta entonces había estado muy invertebrado. Colaborar en Tuboescape me sirvió para descubrir que había más gente no demasiado lejos que no solo hacía lo mismo que yo, sino que además compartía conmigo una misma sensibilidad hacia el medio.

Yo he sido siempre muy de pescar. En mis viñetas siempre, incluso ahora en las redes sociales, me gusta soltar pequeños detalles para ver quién los capta y así ser consciente de cuál es la imbricación que tienes con determinadas personas. En aquella historieta que hice para Tuboescape, porque solo hice una, para el primer número, metí en el fondo, así por el suelo, como quien no quiere la cosa, un detalle de uno de los últimos cómics norteamericanos que habían salido y que ni siquiera tenía todavía físicamente, aunque lo había visto en fotos. Rafa se dio cuenta de aquel detalle y me llamó. Así pesqué yo a Rafa [risas].

¿En qué momento das el salto a la profesionalización?

Mis primeros pasos editoriales no implicaron una profesionalización como tal, porque en aquel entonces no había mucho que hacer. Te estoy hablando de una época en la que los cómics de Marvel se publicaban en España por la editorial Planeta y todo venía hecho desde Estados Unidos, que quedaba entonces muy lejos, más que ahora [risas]. Yo tuve la suerte de aparecer justo en el momento en el que se empezaron a publicar los famosos y denostados, con toda la razón, crossovers, que unían colecciones. Planeta empezó a publicar Secret Wars y se encontraron con el problema de que esos mismos números volvían luego a aparecer en la colección propia de cada personaje. ¿Qué hacían entonces? ¿Repetían las portadas del crossover o hacían unas nuevas adaptadas a cada colección? Así empecé yo. También tuve la oportunidad de trabajar en una colección llamada Clásicos Marvel, donde se rescataron mis tebeos favoritos de cuando yo era chaval: La guerra Kree-Skull, La saga de la Contratierra, El caballero Luna… El poder colocar un dibujo mío en esos trabajos, que formaban parte de mi poso personal, que me habían construido como aficionado, fue para mí una cosa muy grande.

El cómo dieron conmigo en Planeta es muy curioso. Un amigo mío de Sevilla, Antonio Moreno, fue contratado por la editorial para trabajar de traductor. Se fue a vivir a Barcelona y, sin yo saberlo, se llevó unos dibujos míos. Se los enseñó a Antonio Martín y le gustaron mucho. Un día recibí una carta suya diciéndome que me quería conocer. Evidentemente me planté allí en Barcelona y para mi sorpresa me ofreció trabajo. El que podía, claro. Pero, ya te digo, aquello no fue nunca una profesionalización. Con lo que me daban sacaba para una hamburguesa, poco más.

De todos modos, antes de que me llamara Planeta, no quiero olvidar la importancia que tuvo para mí una exposición promovida por Elías García y José Antonio Maíllo a mediados de los años ochenta, a través de su programa Rock, cómics y otros rollos, que emitía Radio 3 los domingos por la noche después de El correcaminos, de Fernando Argenta y Carlos Finaly. Un día se pidió a los oyentes que enviaran sus dibujos a la redacción, con la idea de organizar una exposición colectiva para el Salón del Cómic de Barcelona. Yo fui uno de los seleccionados, pero lo curioso es que de aquella exposición surgieron luego un montón de profesionales. Ana Miralles, Joaquín López Cruces, José Antonio Calvo Téllez, Joan Mundet, Ana Juan… todos ellos fueron seleccionados, todos gente increíble, artistas además muy diferentes entre sí. Elías ha estado viviendo fuera de España unos treinta años. El otro día estuve comiendo con él, y ha sido ahora, al volver, que se ha encontrado con la sorpresa de que todos sus niños están colocados [risas]. Gracias a aquella exposición descubrí que mi trabajo despertaba cierto interés en gente que no conocía de nada. Esto, como te dije antes, ayuda a un artista más que cualquier otra cosa.

Por aquel entonces, ¿solo dibujabas superhéroes?

Siendo aficionado a todo tipo de historietas, en la práctica me interesaba sobre todo el escorzo. Probablemente por aquello que te comentaba antes, medio en broma y medio en serio, de que mis maestros habían sido Rafael y Leonardo. Mi pasión era el dibujo de la anatomía, la figura humana, y en ese sentido el cómic de superhéroes era el que mejor me permitía adentrarme en esa vía de dibujo que tanto me apasionaba. Por eso tiré por ahí, no por otra cosa.

A Planeta le gustó mucho lo que hacías, pero te pidieron no firmar con tu nombre tus primeros trabajos.

Cierto. Planeta le tenía un poco de miedo al aficionado español, quizás por lo que hablábamos antes acerca de las ediciones de Vértice y del mal recuerdo que habían dejado entre muchos lectores. Pienso sobre todo en las portadas que hizo López Espí durante su segunda etapa, que fueron muchísimo más deficientes que las de la primera por razones personales del autor que necesitaba incrementar sus ingresos y, como no le ofrecieron más dinero, a cambio le dieron más trabajo, por lo que el hombre tuvo que tirar como pudo, cosa que se comprende desde la profesionalidad pero no desde la posición del lector. Debido a aquello, y al hecho de que el aficionado al cómic podía ya comprarlo directamente en Estados Unidos a través de los distintos servicios de venta por correo, Planeta temía de algún modo que una portada firmada por un español no fuera bien recibida. Me pidieron entonces que pusiese un seudónimo anglosajón, pero me negué. Les propuse a cambio firmar con mis iniciales, y así salieron. Se publicaron un par de números, y la editorial empezó a recibir cartas muy entusiastas preguntando por ese tal C.P., así que ya me dejaron poner mi nombre completo.

De hecho, en uno de los números, pusieron un anuncio sacando pecho por tu fichaje.

Correcto. Fue en un especial que sacaron por Navidad. Recuerdo que era un número de los X-Men firmado por Barry Smith, así que me hizo mucha ilusión ver mi nombre completo en ese cómic. El anuncio decía algo así como: «Estamos ante un nuevo talento, así que disfrutemos de él antes de que se lo lleven los americanos» [risas].

Tenían razón en eso.

Pues sí [risas].

Con Planeta publicas también American Soldier, con guion de Antonio Moreno. ¿Cómo surge este proyecto?

Yo había ido a Estados Unidos a dar una conferencia sobre flamenco a la Universidad de Maryland. La charla formaba parte de un programa de intercambio cultural con la Universidad de Cádiz. En realidad, yo fui de asistente de conferenciante. Pensamos que, por poco que supiéramos de flamenco, sabríamos seguro más que el resto de los asistentes, pero nuestra sorpresa fue encontrarnos allí con un montón de españoles. El caso es que aproveché aquella visita para pasarme por la sede de Marvel en Nueva York. Antonio Martín me había concertado una cita ni más ni menos que con Tom DeFalco. Le enseñé mis dibujos, le gustaron, me pidió mis datos y me dijo que me iba a buscar trabajo allí. Yo me volví más feliz que una lombriz, pero pasó un día y otro día, y la llamada no llegaba. Para mí fue muy frustrante, la verdad, porque tenía la sensación de haberme quedado a las puertas de cumplir mi sueño. Eso es lo peor que te puede pasar. Mientras que estás luchando por llegar, te queda la esperanza de conseguirlo algún día, pero si ya has tenido la oportunidad, si ya has llegado y la cosa no cuaja, poco más se puede hacer. Realmente pensé en dejarlo, pero Antonio Martín me seguía animando y para que no me deprimiera me ofreció hacer una historieta propia. Así surgió American Soldier. No te lo puedo vender de otra manera [risas].

De todas formas, ese fue un proyecto que apenas trascendió. Tuvimos desde el principio muchas discrepancias en el enfoque. Yo estaba entonces excesivamente influido por Neil Gaiman y Alan Moore, con aquella deconstrucción de personajes, y me hubiera gustado hacer otra cosa.

En esos primeros años noventa participaste también en la creación de Iberia Inc, con Rafael Marín, una extraña saga con superhéroes españoles.

Ese cómic también nace al albur de la situación de desánimo que te comentaba antes, pero tenía otra dimensión. Antonio Martín quería que siguiera haciendo cosas, y como Rafa Marín y yo siempre habíamos querido trabajar en algo juntos, se nos ocurrió la idea de crear una especie de Capitán América español. «¿Es posible?», nos preguntamos. Y así, tirando del hilo, a medio camino entre la parodia y el cariño, se nos ocurrieron aquellos personajes. El cómic se acaba de reeditar. Es un trabajo que el público recuerda todavía. Me encantaría retomar el proyecto algún día.

A pesar de aquella frustrante reunión en Nueva York con Tom DeFalco, lo cierto es que al final te fichó la Marvel en 1993.

Sí, pero fue una cosa absolutamente inesperada. Me llamaron primero de la Marvel británica, porque un chico que trabajaba allí había visto mis trabajos en Planeta. Tardó un poco, pero, sí, aquel viaje a Estados Unidos por fin dio sus frutos.

¿En qué se diferenciaba la Marvel británica de la Marvel norteamericana?

No tenían nada que ver. Eran líneas editoriales diferentes. Por aquella época comenzaron a surgir muchas editoriales independientes en Estados Unidos, así que la estrategia de Marvel fue como la de la Coca-Cola: se dedicaron a copar los estantes de los quioscos y librerías para impedir que el resto tuviera sitio. No podían impedir que la competencia sacara sus productos, pero sí que pudieran promocionarlos debidamente. Necesitaron entonces muchas manos. De esta manera, muchos artistas británicos tuvieron su oportunidad. Gente como John Bolton o Alan Davis, esa generación, surge de la Marvel británica. Más tarde empezarían a crear sus propios personajes, dando lugar a una nueva serie de autores como Bryan Hitch o Gary Frank. El caso es que ni yo ni ninguno de los dibujantes españoles que contrataron entonces, como Salvador Larroca o Pascual Ferry, fuimos escogidos porque dibujáramos mejor o peor, sino simple y llanamente porque necesitaban mano de obra. No buscaban ningún talento en particular. Una vez logrado su objetivo, cerraron las puertas de la Marvel británica y la mayoría se vio en la calle, fuera del mercado.

La Marvel británica cerró en diciembre de 1995. Lo recuerdo perfectamente porque coincidió con una visita que Salva y yo hicimos a las oficinas de Londres, donde habíamos quedado con Paul Neary para pedirle un aumento de sueldo. Nos dijeron que esperásemos, que Paul estaba reunido. Estuvimos esperando un rato, pero cuando terminó nos recibió al instante. «¿Qué queréis?», nos dijo. «Mira, Paul, llevamos ya un tiempo trabajando contigo y consideramos que necesitamos más dinero y tal…». Coge el hombre un lápiz, apunta un número en un papel y nos lo enseña: «¿Os parece bien esta cifra?». No recuerdo la cantidad, pero nos pareció desorbitada. Se nos puso una sonrisa de oreja a oreja. Salimos por la puerta y el hi five! que hicimos sonó en todo el edificio. Nos pegamos un fin de semana en Londres a todo trapo, y cuando llegamos a España nos enteramos de que la Marvel británica cerraba [risas]. La persona con la que se había reunido Paul Neary antes que con nosotros era Tom DeFalco, que le había dado órdenes de cerrar la editorial.

En cualquier caso, es innegable que el trabajo en la Marvel británica te dio a conocer internacionalmente.

Sin duda. Yo me lo planteé de hecho así desde el primer momento. Era plenamente consciente de que trabajar en la Marvel británica era como estar haciendo una maqueta. Cuando hice Darkguard, que era una especie de copia de Los Vengadores en la que todos los personajes tenían una cosa en el ojo [risas] —la moda de aquel tiempo era el cíborg, y todos los personajes tenían que tener algo en un ojo—, sabía que aquello no iba a ningún lado. Las ventas de esos cómics nunca dieron royalties. En realidad ni siquiera nos dieron dinero, porque alguien de allí se presentó un día ante Paul Neary diciendo que era nuestro agente y fue él quien cobró todo. El tío se pulió nuestro dinero y nosotros no vimos ni un duro. Después Marvel le puso una denuncia al tipo… fue una historia un tanto complicada. En todo caso, lo importante de aquello era que estábamos trabajando para Marvel, lo que sin duda era un primer paso muy importante.

Tras haber pasado por la Marvel británica me llamaron de DC. Estaba yo en la Escuela de Idiomas de San Roque, en el último año, y me avisó mi mujer de que me habían llamado de Estados Unidos. No me lo creía. Me volví a casa corriendo y estuve todo el día allí esperando a que me llamaran, cosa que hicieron al día siguiente. Hablé con Rubén Díaz, el asistente de Brian Augustyn, el editor de DC, y me propuso hacer Flash, a lo que lógicamente dije que sí. Pero a las dos o tres horas me llamó Suzanne Gaffney, de Marvel, para proponerme también trabajar con ellos. En ese momento me dije: «Vale, ya está. De aquí no me echan ni con agua caliente» [risas]. Como me acababa de comprometer con DC le tuve que decir a Suzanne que en ese momento no podía trabajar con ellos. En aquella conversación apalabramos ya, de hecho, colaborar en la serie de Bishop cuando estuviera yo disponible. En DC, Brian luego me pidió que prolongara mi colaboración en Flash, pero yo entonces tenía claro que el sitio donde quería estar era en Marvel.  

A lo largo de tu carrera has ido dando saltos entre una editorial y otra. ¿No te ha resultado perjudicial todo ese vaivén profesional?

Eso allí no está ni bien ni mal visto. Son solo opciones, formas de trabajar. O bien trabajas como freelance para las dos editoriales, de forma alterna, o bien firmas un contrato largo con una de ellas. Allí se trabaja de cualquier forma. Yo habitualmente firmo por tiempo y por números, lo cual obliga a la editorial a darte una serie de trabajos mínimos por año. Luego también los honorarios se establecen de mil formas. Se puede establecer un page rate, lo que sería una tarifa por página, o un flat rate, a tebeo completo. En caso de incumplimiento por tu parte, porque te hayas retrasado o lo que sea, el contrato se prorroga automáticamente hasta que se termine el compromiso. En realidad no hay ninguna norma. El gran negocio del capitalismo es hacerte creer que hay normas pero en verdad no hay ninguna. Cada uno se las apaña como puede. Cuando tienes el poder, tú estableces las condiciones. Cuando el poder lo tienen otros, las asumes.

De todos modos, debido a la distancia, mi gran preocupación siempre ha sido el quedarme fuera de la comunidad creativa. En Estados Unidos hay una iniciativa que se llama Hero Initiative, que es un plan de protección para los autores, hecho por los propios autores, para casos de jubilación, enfermedad, etc. Ya sabes que en Estados Unidos ante esas contingencias estás completamente desprotegido. Me pidieron que me uniera a la causa y yo encantado. Pero, claro, les decía: «¿Y para los dibujantes que vivimos fuera, qué puede hacer la iniciativa?». El no poder participar de los problemas directos de la profesión ha sido siempre mi mayor miedo. Por este motivo me he preocupado de estar siempre trabajando, ya sea para Marvel o DC.

¿Y a quién quieres más, a mamá DC o papá Marvel?

¡Uf! Durante un tiempo me fue muy difícil establecer una diferenciación. Trabajar en Marvel es como independizarte, como irte a vivir solo. Pero de vez en cuando echas de menos volver a casa, y en ese sentido DC es el sabor de la comida de verdad. Hoy ya da igual una que otra. Está todo uniformizado.

De todos modos, como yo nunca he trabajado en Estados Unidos, siempre lo he hecho desde casa, mi relación profesional con ellos es la que es. Aun así, cada vez que he trabajado con un editor he hecho el esfuerzo por conocerlo en persona. Siempre me ha parecido negativo que el editor piense en ti como un nombre. Sobre todo ahora que ni siquiera eres una voz al otro lado del teléfono. Un editor hoy día te puede despachar rápidamente: basta con no contestarte un e-mail. Ojos que no ven, corazón que no siente. Por eso siempre digo a la gente que empieza, y este es uno de los pocos consejos que yo me atrevo a dar, que hay que procurar que te conozcan personalmente, para que cuando piensen en ti piensen no solo en una firma. Hay que tratar de humanizar este trabajo un poco.

Los norteamericanos sí que tienen una mayor conexión entre ellos, lógicamente, a pesar de que cada uno trabaja en un sitio diferente, en su casa o en su estudio, porque en las sedes de Marvel o DC no hay ningún artista. Allí lo más que hay es el equipo de producción, toda la parte técnica. Estados Unidos es tan grande que cada semana hay una convención, así que ellos se ven de manera habitual. Yo trato de ir a un par de convenciones al año. Ahora, gracias a las redes sociales, tenemos más ventanas para estar en contacto entre nosotros. Tenemos nuestro particular grupito de Facebook en el que nos metemos con los editores y tal, y rajamos de nuestras cosas [risas].

Tanto en Marvel como en DC has podido participar en prácticamente todas las grandes series de superhéroes: Superman, Linterna Verde, Patrulla-X, Capitán América, Cuatro Fantásticos, Flash, Vengadores, Thor… ¿Cuál te queda?

Spiderman. Me ofrecieron participar en la serie pero coincidió en una de estas que ya me había comprometido con DC. Nunca he trabajado con Spiderman y me gustaría. Bueno, no sé si me gustaría. Esto me pasa mucho, porque normalmente tú estás pensando en una serie de conceptos que se mezclan en tu mente, asociados a tal o cual personaje, pero tienes que tener claro que ninguno de esos conceptos está presente en las historietas hoy día. Para bien o para mal, los superhéroes son ahora exclusivamente una imagen, y el parecido que puedan tener con lo que tú tienes en mente es ninguno.

¿Por qué superhéroe sientes predilección?

Nunca me han interesado los superhéroes republicanos del tipo Capitán América o Superman. Los grandes nombres no me interesan. Yo siempre he sentido debilidad por los personajes de segunda fila, los que salen detrás en el chorus line. Sobre todo aquellos que han sido ciertamente ambiguos, aunque ahora no se les recuerde como tales. Ojo de Halcón ha sido mi favorito de siempre. Me gusta además porque inicialmente fue un villano.

Yo soy un niño del wéstern, así que la estética del arco en mano siempre me ha fascinado. Tengo especial predilección por los arqueros. Flecha Verde también es un personaje que me encanta. ¡Era un hippie absoluto! Aquellas aventuras que hicieron Denny O’Neal y Neal Adams con Flecha Verde y Linterna Verde, aquel viaje por América, a finales de los sesenta…

Hablando de arqueros, uno de tus trabajos más recordados es Arrowsmith, con guion del gran Kurt Busiek, que quizás sea lo más alejado al mundo de los superhéroes que has dibujado.

El periodo que más me gusta de Marvel coincide con el final de los años sesenta y los primeros años setenta, justo cuando irrumpen como artistas la primera generación de aficionados al cómic. Jim Starlin, Howard Chaykin, Barry Smith, Mike Kaluta… artistas que han crecido con el cómic Marvel, pero también con el cómic underground de los años sesenta, con autores como Robert Crumb o Gilbert Shelton. Se crea así en ellos una mezcla estética y conceptual un tanto particular. A su vez, son una generación con la que es fácil compartir muchas influencias. Estos artistas, a la vez que hacían sus trabajos para Marvel, tenían otros proyectos colaterales en los que desarrollaban ideas distintas. Arrowsmith responde bastante a esa línea. Se trata de un proyecto que tiene mucho que ver con mi interés por los cómics de Pilote, pues tiene mucho de ese componente de historieta franco-belga de los años cincuenta y sesenta.

A mí la Primera Guerra Mundial siempre me ha interesado mucho. Fue una guerra a caballo entre dos mundos, uno que se acababa, otro que nacía. Los que participaron en ella tienen ese halo de generación perdida. Kurt Busiek y yo empezamos a darle vueltas a esta idea, y desde un principio tuvimos claro que queríamos hacer una historieta bélica. En aquel momento, en Estados Unidos, hacer un cómic bélico era suicidarse. Había que meterle elementos mágicos que disimularan un poco el componente bélico. Date cuenta de que el cómic salió en 2003, con el 11S todavía en carne viva. Recuerdo que cuando aquello ocurrió, hubo muchas voces que proclamaron la muerte de los superhéroes, argumentando que ya no tenían cabida en la actual posmodernidad, pues de algún modo habían fracasado como concepto. Fíjate lo acertado de sus vaticinios: nunca los superhéroes han tenido más presencia que ahora. Estos profetas olvidaban que los superhéroes son hijos de los momentos más turbulentos de la historia.

Aunque Arrowsmith tiene ya un tiempo, el personaje sigue estando vigente en la mente de muchos aficionados. Nos lo siguen pidiendo allá donde vamos, y de hecho tenemos planes para retomarlo. A no ser que nos pase algo drástico a Kurt o a mí, el personaje pervivirá. Tenemos un guion. Solo necesitamos el hueco correspondiente para poder hacerlo.

Kurt Busiek tiene un cómic que me encanta: Marvels.

Ese cómic es el culpable de que Kurt y yo trabajemos juntos. Rafa fue quien me dejó Marvels, y recuerdo estar en la playa de Conil, en un día de viento de esos, leyendo aquello flipado. Yo pensaba: «Tengo que trabajar un día con el pavo este. No sé de dónde ha salido, pero tengo que trabajar con él». Quién me iba a decir a mí que terminaría durmiendo en su casa y él en la mía, varias veces además [risas].

Me imagino que habrás conocido a muchos de tus ídolos.

Sí, pero lo que más te satisface no es tanto conocerlos como darte cuenta de que ellos te conocen a ti [risas]. Ese es el punto. Desde que vivo en Madrid me he convertido en una especie de cónsul del cómic Marvel en España. Cada vez que viene uno de estos por aquí me da el toque, vamos juntos a ver el Templo de Debod y acabamos de gin-tonics. Así he estado con Steve Englehart, el gran guionista de Los Vengadores, Capitán América o Batman, que es un tipo maravilloso, un hippie que ha vivido en Ibiza y que ha hecho siempre su obra al margen de todo el mundo. En Capitán América lo mismo juega con el Watergate que hace que el personaje renuncie a su identidad para convertirlo en un nómada. Aquel cómic nos explotó la cabeza a todos, era totalmente hippie. Entonces, que este hombre venga por aquí, me llame y nos vayamos por ahí a cenar juntos me sigue pareciendo algo asombroso. El último con el que estuve fue George Pérez, que es también un tío maravilloso, entrañable.

Con Chris Claremont estuve en Sevilla, y me lo llevé por el centro a tomar bacalao con tomate [risas]. Por la noche pasamos por una calle y nos encontramos con una pequeña procesión, el pobre se volvió y me dijo asustado: «¿Esto qué es?». «Esto es normal aquí, Chris, por muy anormal que te parezca», le dije [risas]. Chris es genial, tengo con él mucha amistad. Cuando voy a Estados Unidos quedamos siempre. Un día el tío se hizo un montón de kilómetros solo para ir a Nueva York y tomarse un café conmigo. Yo iba con mi hijo. Recuerdo que estábamos charlando no sé de qué, creo que de La máquina del tiempo. Chris diciendo: «¿Cómo se llamaba el tipo que escribió ese libro? ¿Orson Welles?» [risas]. No nos salía. Entonces coge mi hijo, que no ha leído a H. G. Wells en su puñetera vida, y le suelta: «H. G. Wells». Nos dejó a los dos flipados [risas].

De todos modos, con quien yo más me identifico es con los autores de la generación de los setenta que te decía antes. Recuerdo estar hablando con Howard Chaykin y él recomendándome que viera Mad Men, cuando acababa de salir. Al volver a verlo, en otra convención, me preguntó: «¿Has visto ya Mad Men? ¿Qué te ha parecido?». Y le dije: «Es como Ultimate Bewitched», como la Embrujada definitiva [risas]. Cheykin se partía de risa: «¡Es verdad!», me decía. Poder hablar a este nivel con esa gente es muy especial. Otro día, hablando con él de música, me preguntó si conocía a los Quicksilver Messenger Service, creo que estábamos hablando de John Cipollina, no sé, y yo le dije: «Claro que los conozco». Y el tío no se lo creía. Se quedó así como muy desconfiado, pensando que lo mismo se lo estaba diciendo para quedar bien [risas]. Claro, ellos han vivido toda esa época, la han mamado, y que ahora venga uno de España y no solo conozca a esos grupos sino que se haya criado también con ellos los deja a cuadros. Por eso te digo que me siento muy identificado con esa generación.

Sueles citar como influencias de tu dibujo a Jack Kirby, Neal Adams y John Buscema. ¿Qué destacarías de cada uno de ellos?

A ver, Jack Kirby no lo es tanto. Kirby me gusta mucho, sobre todo cuando está entintado por Joe Sinnott, es decir, en una época muy concreta de Cuatro Fantásticos, después del número 50 y hasta el 75, o así. A Kirby le empecé a coger más el gusto con Kamandi, o con obras más personales como Los nuevos dioses. Pero en aquel entonces, cuando Neal Adams y Jack Kirby coexistían, y teniendo en cuenta que Kirby aún no gozaba de la mitología que tiene ahora, lo que hacía Adams era inigualable. Además, es que en él veías el componente de modernidad. Los tebeos de Kirby eran tebeos hechos por un «señor mayor». Eso lo percibías claramente si participabas del medio.

Luego John Buscema resumía a ambos autores: tenía lo mejor de cada uno de ellos, y para mí, y para Marvel, durante varias décadas, fue el epítome de lo que debía ser un dibujante de superhéroes. Me llama la atención que hoy esté no ya denostado pero sí un tanto olvidado. Kirby está mitificado con todo el derecho del mundo, pero parece que haya que recordar que cualquier número uno de Marvel, durante un tiempo, lo tenía que hacer Buscema, sí o sí, porque era él quien marcaba la pauta. Buscema fue además el autor que escogió Marvel para hacer aquel libro mítico que cualquier aspirante a autor tenía que leer: Cómo dibujar cómics al estilo Marvel. Ese libro explicaba muy bien la diferencia entre un tebeo de la Marvel y otro de cualquier lugar del mundo.

Cuando yo entré en Marvel, Buscema ya había muerto, y Kirby lo hizo al poco. A Neal Adams sí lo he conocido, hemos charlado mucho. Hemos estado cenando, y me ha contado su teoría de la tierra hueca. Se enteró de que yo era biólogo y me cogió un día por banda en Toronto y me estuvo contando toda aquella historia de por qué la teoría de las placas tectónicas es falsa, porque lo que ocurre en verdad, según él, es que la Tierra va creciendo, y eso es lo que hizo que los continentes se separaran. Es normal que alguien que ha sido tan grande tenga esas historias metidas en la cabeza [risas].

Con Neal Adams tengo también la anécdota definitiva musical-comiquera, cuando me enteré de que en su trabajo en Los Vengadores le había puesto a las hormigas del Hombre Hormiga los nombres de Crosby, Stills y Nash, que son mis favoritos de toda la vida. En España no se llamaron de ninguna forma, porque en la edición de Vértice les quitaron los nombres, así que yo me enteré de esto mucho después, décadas después, en un libro sobre cómics, y me pareció genial.

¿Qué es más gratificante, dibujar un personaje mítico, ya consolidado, o un personaje propio?

Dibujar un personaje mítico. Todavía tengo ese punto fanboy. Alimentar al fanboy que hay en mí me resulta muy gratificante. Entiendo que hoy día los autores que llegan no tengan ese vínculo con los cómics, pero yo sí lo tengo, no me ha desaparecido. De hecho, soy muy fetichista con las ediciones aquellas de Vértice, por malas que fueran, porque son mis ediciones, con las que yo comprendí este mundo. Con los personajes mantengo todavía un vínculo muy especial, y por eso me resulta tan satisfactorio dibujarlos. No te puedo negar que me pasa justo lo contrario cuando trabajo con personajes que nunca me han gustado. Eso me supone un reto. A mí nunca me interesó Superman y Superman es uno de mis trabajos favoritos, sencillamente porque he intentado hacer un Superman para mí, no como autor, sino para el niño que fui.

Has confesado utilizar el método Stanislavski para hacer tus cómics. Explícanos esto.

Sí, eso lo suelo decir, pero en tono de broma, evidentemente, con ironía, aunque algo tiene de verdad. Yo intento ser los personajes que dibujo. Dado que tenemos un tiempo concreto para hacer una historieta, me gusta dedicar gran parte de ese tiempo a estudiar a los personajes, su comportamiento, su manera de ser, su forma de interrelacionarse con otros personajes. Me gusta trabajar el cómo serían sin el traje puesto. Más que buscar un grafismo con el traje me gusta investigar quién hay debajo del traje. Intento que cada uno tenga su propia personalidad y su propia manera de desenvolverse dentro de la historia. Para el Capitán América siempre tengo en mente que debe ser alguien que emane autoridad. Dibujar al Capitán América dando puñetazos creo que es una manera errónea de enfocar al personaje. Él debe ser el superpolicía perfecto. Tengo un amigo que estuvo embarcado en el Juan Sebastián Elcano, y un día atracaron en Nueva York. Mi amigo se bajó del barco, cogió una botella de whisky y se fue, vestido de marinero, a bebérsela por las calles de Nueva York. Al doblar la esquina se encontró con un policía, que tan solo lo miró, no le dijo ni mu. Mi amigo cogió la botella, la vació en el suelo y la tiró luego a la papelera. Ese es el Capitán América. Si el Capitán América te da una hostia para que no bebas, no es el Capitán América.

Hablando de hostias, el uso de las clásicas onomatopeyas del cómic, tipo «boom, «crash», «kaboom», «flash», ¿no se ha quedado ya un poco obsoleto?

Yo las uso, porque creo que todo lo que pertenece a una tradición narrativa propia está para usarse. Luego, es cierto que elimino muchas cosas que no me gustan de esa tradición. Por ejemplo, huyo de las líneas cinéticas. No me gusta usarlas. Ya hemos aprendido otras técnicas para demostrar el movimiento de los personajes sin tener que dibujar esas clásicas líneas cinéticas. Pero después hay otros elementos que son esencialmente pop y que pertenecen a la tradición propia de la historieta y creo que está bien que sigan existiendo.

Hemos hablado de tus influencias como dibujante, pero ¿de dónde nace tu imaginario?

Mi imaginario historietístico es muy cinematográfico. Yo creo haber visto tanto cine como cómics he leído. Soy un hijo de los cines de verano, de ir al cine a ver qué película ponen, una vez allí sentado. Así te podías tragar Kárate a muerte en Bangkok o Las colinas tienen ojos, El diablo sobre ruedas o Taxi Driver. Daba igual. Cualquier cosa. Yo iba al cine todos los días en verano y en invierno una vez por semana. La similitud entre el cine y la historieta es evidente. Tienen técnicas narrativas distintas, pero al fin y al cabo ambas utilizan un lenguaje visual. Mucha gente dice que mi estilo es muy cinematográfico y tiene que serlo.

Has citado películas que pertenecen a una generación equivalente a la generación de los setenta con la que tanto conectas en el cómic. Me refiero a directores surgidos de escuelas de cine, estudiosos del cine clásico y con una estética claramente posmoderna.

Es cierto. John Milius, Oliver Stone, Francis Ford Coppola, Wes Craven, David Cronenberg, Roman Polanski… Yo crezco con los ciclos televisivos de Alfred Hitchcock, Marilyn Monroe, Humphrey Bogart o Cary Grant, pero cuando empiezo a conformar mi mundo estético es cuando la obra de esos directores empieza a estar presente en las carteleras.

Ahí se produce una generación absolutamente transversal. Scorsese dirige la segunda unidad en Woodstock, y al poco te está haciendo Taxi Driver, una película que, de alguna manera, podría ser la primera película moderna de superhéroes. Hace poco leía un artículo sobre la presencia del cómic en la obra de Scorsese, que no es que sea una cosa muy evidente o constante, pero sí que está presente. En El cabo del miedo, De Niro sale haciendo flexiones en una celda y en la pared, junto a las imágenes de Stalin y tal, hay una portada del Capitán Marvel firmada por Gil Kane. En Infiltrados sale el famoso cómic de Wolverine, que le da al niño, por no decir que, aunque sea un remake de una película de Hong-Kong, la historia que ahí se cuenta es la misma que la de Los nuevos dioses de Jack Kirby: el hijo del malo criado por los buenos y el hijo de los buenos criado por los malos. Por otro lado, Scorsese siempre ha contado que, de niño, cuando llegaba a su casa de ver una película en el cine, se sentaba a contar esa historia lápiz en mano, como si estuviera haciendo el storyboard, así que entiendo perfectamente esa similitud que existe entre mi mundo estético y el cinematográfico. Eso no quita para que también pueda participar de otras propuestas. Me gustan las películas de Bertolucci, Truffaut, Bergman o Rohmer, pero la percepción que tengo de ellas es puramente intelectual, de ahí que no logre incorporar elementos suyos a mi estética, cosa que sí me pasa, por ejemplo, con Taxi Driver. De hecho, años después, a Lobezno le di en un cómic la imagen de Harvey Keitel en esa película. Le puse la misma camiseta blanca de tirantes, y le dibujé un cinturón de los Grateful Dead, con el disco American Beauty, haciendo ya ahí un chiste.

Eres un gran entusiasta del rock and roll. ¿De qué manera se ha filtrado en tus dibujos ese amor por la música?

No creo que haya mucho espacio para que se pueda filtrar, la verdad. Con todo, más allá del hecho de meter en las viñetas algún que otro guiño como el que te acabo de contar, sí que creo que el rock marca una forma de involucrarse con el medio. Esto se ve claro en la obra de Howard Chaykin o Jim Starlin. La generación Image, por ejemplo, la de Jim Lee o Rob Liefeld, es una generación eminentemente pop. Pop en las formas, y pop a la hora de convertir al autor de cómic en una estrella. Jim Lee podría ser el Michael Jackson del cómic. La gente considera que si te pones el guante de Michael Jackson ya eres Michael Jackson. La gente ya no quiere dibujar como Jim Lee sino que quiere ser Jim Lee. Rob Liefeld sale anunciando Levi’s en la MTV. Se ha producido en esa generación un punto de inflexión que la aleja de mí. En cambio, cuando el autor no es pop sino que ha bebido del pop, del rock and roll, consigue que yo me vincule con su obra de una forma muy intensa.

Dave Gibbons es el autor de la portada de un puto clásico del rock, el disco Too Old To Rock ‘n’ Roll: To Young To Die!, de Jethro Tull. Yo me enteré de esto por él, me lo contó en persona, y no me lo podía creer. Después Dave te hace The Originals, que es una especie de Quadrophenia futurista. Me contó que había sido mod y que Alan Moore había sido rocker, esos conflictos de la vieja escuela, pero luego los dos juntos te hacen una obra como Watchmen. En ese momento te das cuenta de que estás con gente que bebe de la misma fuente que tú, que comprende las claves de la generación Woodstock. Cuando se anuncia en los cómics el compromiso de boda entre La Visión y la Bruja Escarlata, una periodista le pregunta a una chica: «¿Qué te parece este compromiso?». La respuesta de la chica es: «Esto es lo más grande que ha pasado desde que James y Carly anunciaron su matrimonio». Sé a lo que se está refiriendo porque pertenezco a esa misma cultura.

Hoy me encuentro con que esa cultura ya ha pasado, así que intento vincularme con el presente siendo a la vez consciente de que no puedo beber del mundo de hoy, pues no pertenezco a él. Todo ha cambiado. Marvel funciona a otros niveles. Incluso la gente que hoy día es rock and roll, lo es en otro sentido. Me puede gustar lo que hacen, pero no lo puedo asumir de manera orgánica.

Antes te contaba el guiño a los Grateful Dead, pero el caso más impactante que he tenido en este sentido fue con la portada del número uno de Avengers Forever, que hice con Kurt Busiek. Intentando retomar la tradición del personaje, dibujé a Rick Jones rodeado de las cabezas flotantes de todos los superhéroes. Rick Jones era ahí el fan metido en el Universo Marvel. Un miembro honorífico de Los Vengadores. Casi nadie se acordaba de que Rick había sido cantante de rock en los años setenta, así que se me ocurrió dibujarlo con una camiseta de Hot Tuna, el grupo que montaron Jorma Kaukonen y Jack Casady tras Jefferson Airplane. Kurt y yo le enviamos a Marvel la portada y nos dijeron que se la tenían que enviar antes a los abogados del grupo para que aprobasen su inclusión. Los abogados contestaron diciendo que no, que no nos daban permiso. Aquella negativa me pareció una tontería, básicamente porque hoy no se acuerda nadie de Hot Tuna. Más que intentar aprovecharnos de su nombre para atraer a más lectores, yo creo que le estábamos dando un scope al grupo que no tenían. Entonces a Kurt Busiek se le ocurrió contestarles diciendo que ya que no nos daban permiso íbamos a poner en la camiseta Not Tuna. Nos llamaron al día siguiente diciendo que sí, que al final nos daban permiso, pero es que más tarde recibimos un paquete de Casady y Kaukonen, con un montón de ejemplares comprados, pidiéndonos que, por favor, se los devolviéramos dedicados [risas]. Para mí es un regalo tener esta conexión con gente con la que has crecido. Pienso en cuando yo escuchaba en San Roque, de chaval, el «Hesitation Blues» de Hot Tuna y me parece todo muy emocionante.  

El llamado Universo Marvel hace tiempo que se les fue de las manos. ¿Hay alguien en la editorial que sepa lo que está pasando en los cómics?

Tom Brevoort, uno de los vicepresidentes de la compañía. Es el único. Es una enciclopedia viviente. Sigue siendo el referente de lo que hay que saber en el Universo Marvel. Actualmente es el editor de la línea de Los Vengadores.

Stan Lee no tiene ya ni idea, ¿no?

Stan Lee hace décadas que dejó de leer cómics. Es todo un personaje. Es el gran relaciones públicas de Marvel, el mejor que podían tener. Marvel no sería Marvel sin Jack Kirby, pero tampoco lo sería sin Stan Lee. Los dos eran absolutamente capitales, cada uno en su faceta. Kirby creativamente y Lee creativamente también, pero sobre todo como relaciones públicas. Estamos hablando de un señor que apareció desnudo en un sofá, imitando a Burt Reynolds, tapándose las partes con un tebeo de Hulk. Hay que tenerla muy dura para hacer eso [risas].

También hay que tenerla muy dura para colar en un cómic de Marvel una camiseta del Betis. ¿No te han llamado nunca la atención por tus famosas morcillas «ibéricas»?

[Risas] No, nunca. Eso forma parte del montón de horas que me tengo que pegar sentado trabajando. Tras doce horas haciendo una página en la que salen dos policías, no te queda otra que ponerle a uno «Jander» y al otro «Gromenauer», esperando en verdad que nadie se dé cuenta. Esas cosas las hago para mí, para echarme yo unas risas y pagar de paso tributo a mis propios dioses: Lopera, Chiquito de la Calzada, la Virgen del Rocío… [risas].

Sí creo que te han llamado la atención con las escenas de sexo.

Sí. Además soy muy beligerante con este tema. No podemos estar haciendo cómics con los patrones morales de hace cincuenta años. En Juego de tronos salen escenas que son impensables en el mundo de los cómics. No tiene sentido seguir excluyendo el sexo de la historieta. No estoy hablando de mostrar desnudos o gente follando. Hablo de que hoy día el sexo tiene que formar parte de los motores de la historia. Nos estamos moviendo en un mundo donde un chaval de trece años ha visto más sexo que el que ha visto mi padre en toda su vida, en cantidad y en calidad, en todo. No podemos estar dándole la espalda a la realidad. El target de los cómics es el mismo que el de Juego de tronos. Sin embargo, en el mundo de los superhéroes estamos todavía con el amor, el amor, el amor…

¿La compra de Marvel por Disney se ha notado en este sentido?

No es que se haya notado, es que yo lo he vivido en mis carnes. A ver, no sé si tiene que ver con la entrada de Disney o tiene que ver con esa deriva hacia la desexualización de los personajes que estamos viviendo hoy día. Por un lado estamos viviendo una desexualización icónica, que me parece necesaria. Es decir, no podemos trabajar con unos personajes femeninos que se exhiben como objetos sexuales, porque esa es una sexualidad dirigida exclusivamente hacia el lector. Tormenta iba enseñando las tetas, pero se las enseñaba al lector, no a los compañeros de grupo. Ese es uno de los grandes problemas que ha tenido siempre el cómic de superhéroes, que tradicionalmente se ha dirigido hacia el lector onanista masculino, y esto está cambiando hoy día. Y no tiene nada que ver con Disney sino con otras circunstancias externas que me parecen, en este sentido, positivas. Lo malo es que esta desexualización icónica no se ve «compensada» por una naturalización del sexo dentro de la narración. En Capitán América dibujé una escena con Ojo de Halcón y una chica. Los dos se despiertan por la mañana después de haber pasado una noche de farra y sexo salvaje, y Marvel me pidió que dibujara a los personajes con ropa interior. Yo en esa escena no muestro nada. Intento utilizar planos donde no se pueda ver nada sexual, sobre todo porque conozco los límites de la censura, que sigue existiendo. Marvel y DC están censurados. Hay cosas que no se pueden contar. Los dos rombos no han desaparecido de nuestra sociedad. Me piden entonces que los dibuje con ropa interior. ¡Pero si han estado toda la noche follando! No sé si es Disney o no, la verdad, pero lo único cierto es que todo esto sucede bajo su control.

Contrasta mucho ese lado naíf, casi infantil, con las lecturas filosóficas que han hecho muchos estudiosos del mundo de los superhéroes, desde Umberto Eco a Tom Morris.

Sí, pero yo nunca he tenido la necesidad de justificarme. No digo que ellos lo hagan, pero para mí nunca ha sido necesario explicar por qué quiero a mi padre y a mi madre. Con los superhéroes me ocurre igual. Nunca me he visto en la necesidad ni siquiera de explicármelo a mí mismo. Siempre ha sido algo que ha formado parte de mi manera de relacionarme con la realidad. Todo proceso de psicoanálisis del medio me parece interesante, pero yo no he necesitado hacerlo.

Pero, por ejemplo, tú mismo sueles calificar a los superhéroes de «dioses laicos».

Sí, sí, lo son, pero es que el medio se justifica solo, no hay que darle más vueltas. El medio ha dado obras lo suficientemente potentes e influyentes dentro de la cultura no ya popular, que es un concepto un tanto relativo, sino del siglo XX como para tener que andarnos con justificaciones innecesarias. Hablábamos antes de Jack Kirby: se trata de una figura que está presente en el mundo. Watchmen es por otro lado el punto álgido en la creación de superhéroes. Después de ese tebeo no hay nada más.

Las películas de Marvel han cambiado la fisonomía de los superhéroes clásicos, y no me refiero solo a nivel estético, hasta el punto de que el cómic está copiando ahora al cine.

El cómic está viviendo una gran injusticia con todo esto de las adaptaciones cinematográficas. Cierto es que las películas nacen de la estética que se deriva de dos cómics: The Authority, de Warren Ellis; y The Ultimates, de Mark Millar. Ambas historias están dibujadas por Bryan Hitch. Bryan desarrolla ahí muy inteligentemente un estilo cinematográfico no ya en la narración sino en el layout, en lo que sería el desarrollo de las viñetas. Trabaja con los personajes desde el realismo, no desde el naturalismo. De esas dos obras se toman las claves para hacer las películas. Una de estas claves es la desaparición del alter ego. Salvo en los casos de Batman, Superman y Spiderman, hoy día ese componente ha desaparecido. Ya no existe esa dualidad mundo privado-mundo público. En las películas de Iron Man todo el mundo sabe quién es Tony Stark. Esto, que aparentemente puede parecer anecdótico, atenta contra la línea de flotación de la concepción clásica del superhéroe. El alter ego es lo que ha definido durante décadas al superhéroe. Ahora han dejado de ser vigilantes que ocultan su identidad privada para ser fuerzas al servicio de una organización paramilitar: SHIELD. Ya no tienen vida privada, o si la tienen la han abandonado. Casi todos van desenmascarados por la sencilla razón de que los actores necesitan mostrar su cara. ¿Por qué se está siendo injusto con el cómic? Se ha convertido en un cliché eso de decir que el cine es un medio distinto al cómic y que por tanto necesita adaptar a los personajes, pero cuando la adaptación se produce al revés, cuando el cómic es quien adapta al cine, esa adaptación de los personajes no se da. Cuando se estrenaron las primeras películas de X-Men, en los cómics de Grant Morrison y Frank Quitely se decidió quitarles los trajes clásicos para ponerles chaquetas de cuero. Esa decisión fue totalmente errónea. Funcionaba con Lobezno, pero nada más, así que hubo que volver a los trajes de licra o de moléculas inestables, o de lo que sea que estén hechos. Date cuenta de lo maravilloso del asunto: cómo se han buscado una explicación absurda para justificar un traje [risas].  

Por ir cerrando: ¿tu dibujante favorito?

Depende de la semana. En esta tengo a Gaby Walta. Es un artista fantástico, que se merece todo lo que le está pasando y muchísimo más. Las cosas que están haciendo en Estados Unidos los nuevos autores españoles, gente como David Aja o Emma Ríos, toda esta generación joven me parece excepcional. Que sean ellos los que estén marcando la pauta de cómo se tiene que hacer el cómic norteamericano me parece maravilloso. Algo bien estaremos haciendo desde aquí para que eso esté ocurriendo.

¿Tú cómic preferido?

¡Uf! Yo qué sé. Curiosamente, no sería uno de superhéroes. Yo, sin un cómic de Carlos Giménez no podría vivir. Puedes quemar todos los cómics de superhéroes que hay en mi casa, pero ni se te ocurra tocar mis Giménez. Su Miserere fue para mí como una aparición mariana, porque hasta entonces las historietas que yo había leído eran cuadrículas más o menos perfectas, y aquello fue una explosión de creatividad, otra dimensión. Para mí supuso un cambio drástico en la manera que tenía de relacionarme con el medio.

Por último, una curiosidad: ¿Qué se siente dibujando a Galactus, «el engullidor de mundos»? ¿No te han entrado nunca ganas de dibujarlo y acabar con todo de una vez?

[Risas] Dibujando a Galactus tuve un problema con ciertos aficionados norteamericanos. En aquel tiempo estaba yo haciendo los guiones de Cuatro Fantásticos y me tocó dibujarlo tras haber estado desaparecido durante mucho tiempo. A su regreso, le di una línea de diálogo en la que decía: «Yo soy el que soy». Y eso me supuso un problema serio con el fandom integrista religioso, porque me dijeron que no podía utilizar una frase de Dios en un cómic. Pero claro, yo ahí argumenté que Galactus es más que Dios. ¿Cómo no va a poder decir esa frase? [risas]. Fue un personaje muy divertido de dibujar. Esos personajes que se extralimitan, que van más allá de la propia concepción mental, me parecen geniales.

22 Aug 08:23

Nos deja Sonny Burgess, leyenda del rockabilly

by Magic Pop
Sonny Burgess 
Albert Austin “Sonny” Burgess nació el 28 de mayo de 1929 en Newport, Arkansas, y falleció el 18 de agosto de 2017 en Little Rock, Arkansas. Cantante, compositor y guitarrista es toda una leyenda del rockabilly.  Formó parte de los Rocky Road Ramblers, creó los Pacers como banda de acompañamiento y debutaría en 1956 con el sencillo “We Wanna Boogie” editado por Sun records. En 2002 entró a formar parte del salón de la fama del rockabilly.


Burgess nació en una granja cerca de Newport, Arkansas. Se graduó de en el instituto de secundaria de Newport en 1948. En los primeros cincuenta actuó en salones de baile y bares de Newport.  Burgess acompañado por Kern Kennedy, Johnny Ray Hubbard y Gerald Jackson formaron una banda de boogie-woogie llamada Rocky Road Ramblers. 

En 1954, tras su periodo militar, Burgess reformó la banda llamándolos Moonlighters tocando con regularidad en el Silver Moon Club en Newport. Aconsejado por el productor Sam Phillips, el grupo creció convirtiéndose en los Pacers con Kennedy al piano, Hubbard al contrabajo, Russ Smith a la batería, Joe Lewis a la guitarra y Jack Nance a la trompeta, siendo uno de los pocos grupos de rockabilly en llevar este instrumento de viento.  


Sonny Burgess 
El primer disco de la banda fue "We Wanna Boogie" editado por Sun Records, en Memphis en 1956, a unos 80 kilómetros al sureste de su lugar de nacimiento. La otra cara era "Red Headed Woman". Ambos fueron escritos por Burgess. Durante el resto de los sesenta siguió grabando sin excesivo éxito y disolvió el grupo en 1971 aunque volvería con el auge del revival. En 1969 salió el Lp “Country Rock” con Bobby Crafford al que siguieron otros “The Old Gang” (1976), “Spellbound” (1992), “Gijon Stomp” (2009), “Everybody´s Rocking Again” (2011), “Live At Sun Studios” (2011) más “Ain't Got No Home” (2017).



Burgess fue incluido en el Rock and Roll Hall of Fame de Europa en 1999. Su banda, llamada ahora The Legendary Pacers, ofreció varios conciertos y sacó un nuevo álbum  “Still Rockin 'and Rollin” en 2000. El grupo fue instalado en 2002 en el Salón de la Fama del Rockabilly. Burgess dirigió también un programa de radio semanal llamado “We Wanna Boogie” con el presentador June Taylor. 


Documento sonoro: 

Sonny Burgess y su "We wanna boogie". 

21 Aug 10:10

Qué te puede pasar si okupas un piso en España

by David Rojo

Para poder hablar de lo que comúnmente se conoce como movimiento okupa (con K) hay que tener en cuenta la acepción del término. Surgido en España durante la década de 1970, este movimiento ha tomado mayor visibilidad en estos últimos años como consecuencia de la profunda crisis económica e inmobiliaria que ha azotado a nuestro país y que en las últimas semanas ha gozado de una especial atención mediática.

Siempre envuelta en controversia, la okupación de inmuebles puede entenderse como la usurpación de un edificio o vivienda por necesidad o como una acción de lucha contra elementos tradicionales de la sociedad occidental, con la propiedad privada como objetivo a desvirtuar.

Los Blokes Fantasma, una de las okupas más conocidas de Barcelona. Imagen vía Wikimedia Commons

Según los últimos datos facilitados por el sector financiero e inmobiliario de nuestro país, en España existen entre 85.000 y 90.000 viviendas okupadas de manera ilegal. Los datos apuntan que el 80% de esas okupaciones ilegales se han perpetrado en viviendas que pertenecen a entidades financieras, aunque existe un número significativo de viviendas de particulares que también son irrumpidas, aprovechando la ausencia de sus propietarios durante las vacaciones de veranos o pequeñas escapadas de fin de semana.

Pero ¿qué se entiende realmente por okupación? ¿Qué es eso de okupar? Tomando mano del diccionario de la Real Academia Española, éste lo define como aquella acción de "tomar una vivienda o un local deshabitados e instalarse en ellos sin el consentimiento de su propietario". Sin embargo, hablar en términos jurídicos es otro cantar.

Para los casos de usurpación, el Código Penal señala la pena de uno a dos años de prisión, además de las posibles penas que puedan derivarse por el uso de la violencia o intimidación ejercida

Nuestro ordenamiento jurídico siempre ha considerado como medio para adquirir una propiedad la ocupación de la misma, siempre que se realice de forma pacífica y la ocupación sea prolongada en el tiempo (lo que se conoce como "prescripción adquisitiva" o "usucapión"). Entonces, si mediante la ocupación de un inmueble puede adquirir la propiedad (cumpliendo con ciertos requisitos legales, claro), ¿Cuándo hay delito?

Actualmente, nuestro código criminal entiende que existe un delito (leve) de usurpación cuando una persona "con violencia o intimidación en las personas ocupare una cosa inmueble o usurpare un derecho real inmobiliario de pertenencia ajena" (artículo 245.1 CP) y también " el que ocupare, sin autorización debida, un inmueble, vivienda o edificio ajenos que no constituyan morada, o se mantuviere en ellos contra la voluntad de su titular" (artículo 245.2 CP).

Quedarían fuera de la protección penal la ocupación de locales comerciales, cines o teatros abandonados y antiguas entidades bancarias

Es decir, si se okupa un inmueble deshabitado o que, por lo menos, no lo esté de forma habitual, se podría incurrir en un delito de usurpación de propiedad, se haga con o sin violencia (lo que comúnmente se denomina como okupación pacífica), sin autorización de su propietario y con intención de permanecer en él.

Las penas varían entre 1 a 2 años de prisión, además de las posibles penas que puedan derivarse si ha usado la violencia o intimidación, o bien multa de 3 a 6 meses si la ocupación se ha realizado sin autorización. La cuota diaria de la multa se suele determinar en función de las circunstancias personales del autor y puede llegar a rondar los 20 euros diarios.

Edificio ocupado en Sevilla en 2012. Foto vía REUTERS/ Marcelo Del Pozo

Sin embargo, la ocupación de locales comerciales, cines o teatros abandonados, antiguas entidades bancarias, así como un sin fin de bienes inmuebles que estén deshabitados, no está perseguida como delito criminal, y solo en el caso de que el titular del inmueble (si existiera) quisiera ejercer acciones contra los ocupantes éstas deberían realizarse mediante la jurisdicción civil, debiéndose indemnizar al titular del inmueble ocupado por los daños que se hubieran causado.

Así, cuando hablamos de okupar nos estamos refiriendo a un tipo de conducta concreta basada en el hecho de que lo que se está ocupando es un bien inmueble que no constituye la morada de nadie, es decir, que no está habitada, ya que de lo contrario podría ser el temido allanamiento de morada. Y es que es en este punto donde radica la gran diferencia entre ocupar una casa habitada por alguien y ocupar una casa habitable, en la que no vive nadie.

Si el dueño del inmueble consigue probar que los okupas llevan dentro del mismo menos de 48 horas la policía puede proceder a su desalojo sin ninguna orden judicial

Nuestro código criminal entiende que existe un delito de allanamiento de morada cuando una persona "sin habitar en ella, entrare en morada ajena o se mantuviere en la misma contra la voluntad de su morador" (artículo 202.1 CP) y también si lo hace " con violencia o intimidación" (artículo 202.2 CP), con posibilidad de pena de prisión de 6 meses a 2 años, y de 1 a 4 años y multa de 6 a 12 meses si se comete con violencia o intimidación.

Foto vía REUTERS/Susana Vera

Con ello, la ocupación de inmuebles puede tener consecuencias penales muy distintas en función del tipo de inmueble que se ocupe o si se está irrumpiendo en uno habitado o en desuso, o si se realiza de manera pacífica o con violencia. En este último caso, se podría incurrir en la comisión de otros delitos como el robo, el daño o el llamado delito de defraudación del fluido eléctrico, agua o gas ajeno (que lo comete quien entrando en el inmueble los utiliza de manera fraudulenta).

Navegando por internet se pueden encontrar un sinfín de manuales de okupación

El tiempo que transcurre desde la ocupación también es una cuestión de vital importancia, ya que si el dueño del inmueble consigue probar que los okupas llevan dentro del mismo menos de 48 horas, la policía puede proceder a su desalojo sin necesidad de ninguna orden judicial. Eso sí, deben poder entrar en la vivienda, ya que si se ha cambiado la cerradura las dificultades para el propietario aumentan, y si, además, han pasado más de dos días desde la ocupación, la única intervención de la policía posible es mediante una orden judicial, lo que significa que debe abrirse un proceso judicial que podría durar incluso más de un año.

Por ello, el cómo se realiza la okupación es otro elemento crucial porque si no se detectan daños en la puerta u otras vías de acceso al inmueble, si no hay testigos (como algún vecino que pueda denunciar dentro de esas primeras 48 horas que ha visto como se metían los okupas en la casa de enfrente), si los okupantes no pueden ser identificados en ese momento y si se ha cambiado la cerradura para impedir el acceso, el desalojo no se producirá hasta que una sentencia penal o civil lo permita, llegando en algunos casos a transcurrir periodos de tiempo de hasta 3 años desde la entrada hasta el desalojo.

Navegando por internet se pueden encontrar un sinfín de manuales de okupación. Estas guías han sido fruto de un intenso trabajo realizado por particulares, asociaciones o plataformas sociales, como un medio para conocer los entresijos de la Ley, donde se pueden encontrar consejos a tener en cuenta a la hora de practicar una ocupación, las diferentes estrategias legales a utilizar ante los tribunales o cómo asegurarse de que el inmueble que se quiere okupar esté deshabitado.

21 Aug 10:05

Los vecinos de Ramón Cabanillas intentarán frenar la apertura del Stilo

by alexandra cordero Santiago


20 Aug 21:47

Que fai unha nena apelidada Borbón de Wattenberg nunha aldea de Rianxo en 1918?

by Xoán Xosé Vicente Franco

Fai uns días nunha conversa co investigador e historiador de Rianxo D. Xesús Santos deume a coñecer que no transcurso dunha investigación, fai vinte...

Por Xoán Xosé Vicente Franco

20 Aug 21:44

R.I.P. Daddy Blues!!!

by Uncle Gil


01 - We Wanna Boogie
02 - Red Headed Woman
03 - Ain't Got A Thing
04 - My Bucket's Got A Hole In It
05 - Sadie's Back In Town
06 - A Kiss Goodnite
07 - Ain't Gonna Do It
08 - Mama Loochie
09 - Daddy Blues
10 - Tomorrow Never Comes
11 - Little Town Baby
12 - Gone
13 - Fanny Brown

Found on the net.


20 Aug 21:44

R.I.P. Sonny !!!

by Uncle Gil

01 - If I Could I Would
02 - Tiger Rose
03 - Big Black Cadillac
04 - Six Nights A Week
05 - Hang Up The Moon
06 - Bigger Than Elvis
07 - Didn't Know Love At All
08 - Leave Your Lovin' At Home
09 - Fast Train
10 - You Tear Me Up
11 - Lookin' Out For Number One
12 - Hell, Yes I Cheated
13 - Catbird Seat
14 - Fly Right On By

Found on the clouds. Posted by Stampede


20 Aug 21:41

Low Cut Connie – “Dirty Pictures” (Part 1) (2017)

by exy

Low Cut ConnieLow Cut Connie earned some high-profile fans after the 2015 release of Hi Honey — notably, President Barack Obama added their tune “Boozophilia” to a summertime playlist that summer — but the group’s core changed in its wake. Drummer Dan Finnemore departed in 2016, leaving pianist Adam Weiner as the band’s undisputed leader, and the shift is apparent on Dirty Pictures, Part 1.
A good chunk of the album is still devoted to the greasy, sleazy rock & roll that’s been Low Cut Connie’s specialty since the outset — “Love Life” is a dirty nocturnal grind, the bright hooks of “Angela” hide its snide jokes — but there’s a darkness running through Dirty Pictures, Part 1, one that’s evident from the moment “Revolution Rock N Roll” starts the album on a minor key.

75 MB  320 ** FLAC

It’s not hard to read this as a reaction to the tumultuous state of the union in the back-half of the 2010s — as Weiner sings here, “there’s death and destruction in the country” — but this melancholy streak deepens Low Cut Connie’s music, providing moments of questioning next to the nonstop boogie. “Death & Destruction” slides into “Montreal,” a haunted late-night saloon song recalling Big Star by way of the Replacements, while a frenzied salute to the late Prince via a cover of “Controversy” gets paired with the aching “Forever.” What makes these moody moments striking is that Weiner hasn’t renounced the power of rock & roll, nor his penchant for mischief; he isn’t trumpeting a new direction, he’s adding dimension to a band that already offers more than its fair share of surprise and pleasure.

20 Aug 21:36

30 years ago, Dirty Dancing was expected to flop. But nobody puts Baby in a corner.

by Alissa Wilkinson

The smash hit was an instant classic and a coming-of-age story for America.

Every weekend, we pick a movie you can stream that dovetails with current events. Old, new, blockbuster, arthouse: They’re all fair game. What you can count on is a weekend watch that sheds new light on the week that was. The movie of the week for August 20 through 26 is Dirty Dancing (1987), which is available to digitally rent on Amazon, YouTube, Vudu, iTunes, and Google Play.

When Dirty Dancing hit theaters on August 21, 1987, it was widely expected to be a flop. The film hadn’t tested well with audiences — at one screening of a rough cut, 39 percent of viewers didn’t even realize it had an abortion subplot — and the distributors planned to let it run for a weekend, then release it to home video.

But nobody was going to put Baby in a corner. The film was a sensation. Based on the youthful experiences of Eleanor Bergstein, who wrote the screenplay, the film clearly resonated with audiences; their repeated viewings and enthusiastic response made it one of the highest-grossing films of 1987, and made Patrick Swayze and Jennifer Grey into bona fide stars.

The story on its surface is simple: a girl on the cusp of womanhood (Grey) goes with her wealthy family to a summer camp in the Catskills, where she learns to dance, but also falls in forbidden love with the dance instructor (Swayze). It’s a classic princess-and-stable-boy situation: class, experience, and a stern father separate them.

But Dirty Dancing looks unique, especially from 2017, 30 years after its release. For one, its princess — who’s nicknamed Baby, but actually named Frances, for Bergstein’s older sister — is both doe-eyed and socially conscious, in tune with world events and planning to join the Peace Corps after she finishes a degree in “economics in underdeveloped countries” at Mt. Holyoke.

She and the other young women at camp are surrounded by college boys, recruited from Harvard and Yale to wait tables and show “the daughters” a good time. The obvious subtext: Bring your well-bred daughters to camp, and we’ll serve up some well-heeled young men for them to marry alongside the tennis and golf and mambo lessons. The “help,” on the other hand, are the working-class kids brought in to do the dirtier work, including entertaining. Hanging with them is “going slumming.”

Jennifer Grey and Patrick Swayze in Dirty Dancing
Jennifer Grey and Patrick Swayze in Dirty Dancing

Dirty Dancing is set in 1963 but released in the 1980s, and its interest in class politics through the lens of the Reagan administration is what makes the story move. The well-bred Ivy League boys could be straight out of a comic piece on clueless men from 2017: “Sometimes, in this world, you see things you don’t want to see,” one young man says to Baby in all seriousness, doing what can only be described as “mansplaining.” Another tells her that “some people count, and some people don’t,” then straightfacedly hands her a copy of The Fountainhead, instructing her to “be sure you return it, I have notes in the margin.”

Johnny Castle, Swayze’s dance instructor, is different. He’s not swaggering or proud of his background. You get the sense that he’s been made aware of his “place” too many times to count: “The reason people treat me like I’m nothin’s because I’m nothin,” he tells Baby. Dirty Dancing feels like a predecessor to movies like Magic Mike, which cast cash-strapped young men, many from blue-collar backgrounds, in the position of entertaining well-off women and trying to figure out if they’re supposed to like it.

Johnny doesn’t expect much from people, especially not the “rich and mean” people at the camp, who treat him cordially and then get mad if he gets too close. But despite Baby being much younger than him (something the movie never really addresses), she makes him think there might be some people in the world who still have principles, and even, he claims, makes him want to be a better person. Baby has the same effect on her father, when she angrily tells him that he disappointed her for not holding to his own principles. In a herd of morally limp camp-goers, those transformations stand out.

Dirty Dancing is often described as a coming-of-age story, probably because the girl at its center is 17. But of all the main characters, Baby goes through the fewest changes in the film. By the end she’s more confident and wiser about the world, but Grey’s performance from the start projects a confident young woman who’s not afraid to dance with a stranger, take on a wild and difficult project, or dump a pitcher of water on the crotch of a young man who’s gotten way too drunk on his own privilege. Johnny, and even Baby’s father, go through bigger transformations than she does.

A lift!

If you read between the lines, it’s a subtle coming-of-age story for America, seen from the distance of 24 years. Grey’s voiceover in the opening moments reminds us that the summer of 1963 was before Kennedy was assassinated, before the Beatles brought rock ’n’ roll to America. The movie contrasts the more staid and “innocent” entertainments of the wealthy classes in a post-war country with the coming heated revolutions in politics and in culture.

Near the end, camp owner Max Kellerman reminisces with the band leader about the past — the wars, the Depression — before saying that “it all seems to be ending.” The kids don’t want to come to camp with their parents anymore — “trips to Europe, that’s what kids want!”

“It feels like it’s all slipping away,” he says, before taking the microphone to join the group singing the camp song. And then he’s interrupted by Johnny and Baby, who dance to “(I’ve Had) The Time of My Life,” and the whole crowd joins in.

From 2017, the film feels dated; for one, it’s hard to imagine a dance film about social divisions being almost entirely cast with white people today (though it’s worth remembering that’s exactly what Magic Mike did). But then again, Dirty Dancing was already a throwback when it came out. It’s wildly entertaining, but it runs on the rails of conflicts and movements that have marked the last half-century. And just like its heroine, it’s not going to apologize for that one bit.

Watch the trailer for Dirty Dancing:

20 Aug 21:07

Un ataque a lo más sagrado empaña las fiestas de Bilbao

by Gabriel Ariza

El obispado vizcaino ha reaccionado con contundencia a la grave ofensa de una de las txosnas contra Jesucristo crucificado.

Una de las Txosnas de las fiestas de Bilbao ha decidido recurrir a la burla de Jesucristo crucificado (también para salvarles a ellos) como reclamo.

La txosna Hontzak ha utilizado el Cristo de Velázquez como imagen de una supuesta ‘carnicería vaticana’ en la que se vende despiezada la carne del propio Cristo Nuestro Señor.

El obispado ha reaccionado con contundencia haciendo pública una nota de prensa y exigiendo la retirada de la imagen.

A continuación, el comunicado del obispado de Bilbao.

Ante la exposición pública de una composición de imágenes blasfemas de Jesús Crucificado titulada `CARNICERÍAS VATICANAS´ en una txosna del recinto festivo de Bilbao, este Obispado desea:

1. Denunciar y rechazar con firmeza esta agresión que ofende sentimientos profundos y creencias religiosas arraigadas en buena parte de los habitantes de Bilbao y Bizkaia.
2. Pedir a los responsables de la txosna la retirada de las citadas imágenes.
3. Solicitar el amparo y la intervención de las instituciones públicas responsables de velar por el respeto al derecho fundamental a las propias creencias religiosas, en aras de la promoción del valor básico de la convivencia social en paz y en armonía.
4. Comunicar que, los servicios jurídicos del Obispado estudiarán las acciones legales que puedan derivarse por la exposición de estas imágenes, que atentan contra la libertad religiosa y el respeto a las personas que profesan la fe cristiana.
5. Invitar a participar en la Aste Nagusia en un clima de respeto y cordialidad.

Bilbao 19-08-2017

La entrada Un ataque a lo más sagrado empaña las fiestas de Bilbao aparece primero en Infovaticana.

20 Aug 21:01

One in Four People Have Hurt Themselves From Grooming Their Pubes

by Susan Rinkunas

Last summer, researchers from the University of California, San Francisco, released what was believed to be the first nationally representative assessment of women's pubic hair grooming habits. Now, UCSF researchers have published a study looking into the undercarriage maintenance of both men and women. Equality!

Why is this worth studying? Benjamin Breyer, a UCSF urologist and co-author of the study, told the Guardian that he and his colleagues are interested in people's pube routines because they've been surprised to see how many people are getting hurt: A previous study found that 3 percent of people who went to emergency rooms with an injury to their reproductive or urinary organs were there because of grooming injuries. But that study only captured issues that warranted a trip to the ER. If doctors can ID people who are at risk of injuries, maybe they can talk to them about safer grooming habits during routine appointments.

For the new study in JAMA Dermatology, the team had a nationally representative group of people ages 18 to 65 fill out an online survey on their pubic hair grooming habits, including the age they started, frequency, and instrument used, and if they've ever hurt themselves.

About 7,500 people completed the survey and 76 percent (5,674 out of 7,456 people) said they had groomed their nethers at least once, specifically 67 percent of men and 85 percent of women. Most people said they tidy their garden themselves, using razors (47 percent), electric razors (27 percent), followed by scissors (18 percent), and waxing (3 percent). Less than 1 percent of people said they used electrolysis and laser hair removal.

They found that about 26 percent of the grooming cohort had hurt themselves, which accounted for 24 percent of men and 27 percent of women. (It makes some sense that the rate is higher in women, since more of them reported grooming in the first place.) As anyone who's ever shaved around a kneecap, ankle, or chin knows, razors can present challenges when coming into contact with curved body parts. So it's not surprising that 61 percent of the injuries were related to lacerations, aka cuts (though razors were also the most-used instrument). Burns and rashes were the next most common types of injuries reported, at 23 percent and 12 percent, respectively; burns could be the result of waxing and hair removal creams.

Lots of people got hurt repeatedly: two thirds said they'd been injured more than once and almost a third said they'd had at least five grooming-related injuries in their lifetime. While most of these injuries were not serious, 1.4 percent of pube-cutters said they injured themselves badly enough to require some kind of medical attention, like needing antibiotics, draining of abscesses, or stitches to close a wound. Almost 10 percent of people who got hurt said they developed an infection as a result.

Men are most likely to hurt their balls, penis, and mons pubis, which is the area where there's an upside down triangle of pubic hair. For women, it's the mons pubis that bears the brunt, followed by the inner thigh and the labia.

Here are some fun heatmaps of injury by location. (Don't the nuts look angry?)

This heatmap shows that injuries (n = 562) were most common in the scrotum (378 [67.2%]), followed by the penis (196 [34.8%]), and pubis (162 [28.9%]). Less common were the inner thigh (86 [15.3%]), perineum (52 [9.3%]), and anus (17 [3.1%]). Other areas account for 3.1%. Courtesy: JAMA Dermatology
This heatmap shows that injuries (n = 868) were most common at the pubis (445 [51.3%]), followed by the inner thigh (340 [44.9%]) and vagina (369 [42.5%]). Less common were injuries to the perineum (115 [13.2%]) and the anus (48 [5.5%]). Other areas account for 1.4%. Courtesy: JAMA Dermatology

The frequency and degree of grooming—like removing all of one's pubes multiple times—were risk factors associated with injury. As Breyer told the Guardian: "You are getting at all the nooks and crannies of your body. You are going to get places you can't see very well and that probably in turn leads to a greater likelihood of getting injured."

Men who described themselves as hairy were also more likely to report injury compared to men who didn't think they were hirsute. Men were more likely to hurt themselves if they groomed while standing versus squatting or sitting. Neither hairiness nor grooming position were significant for women in terms of injury rates. Women who mostly used waxing were less likely than other women to report being injured five or more times.

The authors note that the study is based on self-reported data, so it may not reflect all of the injuries people experienced (people would definitely remember a trip to the ER for a pube abscess but they might not remember minor issues). And perhaps people weren't entirely forthcoming about their pube mishaps, although they weren't telling this info to a person, they filled out an anonymous survey online (the authors did acknowledge that some people might have been worried about results somehow becoming public). Lastly, the survey was also conducted more than three years ago, in January 2014, so unclear what the responses would look like today. And because the people who groom (and get injured doing so) are more likely to be younger, the problem could get worse. The authors wrote:

We found significantly greater prevalence of grooming among younger groups. This finding could signify a generational trend, indicating that this behavior may continue to become more universal as the population ages.

Overall, the study found that most people don't get hurt from pube maintenance, but the ones who do tend to be repeat injure-ers. So if that's you, maybe you need to come up with a new game plan. "One lesson to take from this is that if you have had significant grooming injuries, or keep getting injured, you should reconsider the areas you groom, how frequently you do it, and the extent to which you do it," Breyer told Time. He said he also plans to look into the relationship between grooming injuries and sexually transmitted infections to see if these cuts and burns might put people at a higher risk for STIs.

In last year's study, women said they groomed for various reasons, including for "hygienic purposes," to make their vagina "look nicer," make oral sex easier, and because their partner preferred it. But if you're repeatedly getting hurt from mowing the lawn, it might also be time to ask if your reasons for doing so are truly worth it.

Read This Next: The Final Word on What You Can Catch From Oral Sex

20 Aug 21:00

Ecstasy Could Improve Therapy by Making People More Open

by Jesse Hicks

Research has shown that combining psychotherapy with MDMA, also known as ecstasy or Molly, can help improve treatment for people with post-traumatic stress disorder (PTSD). Patients who'd previously failed to respond to either drugs or psychotherapy saw improvements when their treatment was complemented with guided MDMA sessions. Now a new study suggests a possible reason why these people made progress: their personalities had changed.

Specifically, they showed greater Openness to Experience and a reduction in Neuroticism. (These are two domains in the five-factor model of personality; each domain is measured with self-reports from participants.)

Past research suggests that some symptoms of PTSD, such as withdrawal, isolation, and distrust, can become lasting, harmful personality changes. MDMA, meanwhile, is known for increasing feelings of empathy, love, and trust, and reducing feelings of fear. The new work from the Multidisciplinary Association for Psychedelic Studies, or MAPS group, suggests that MDMA-assisted psychotherapy may help reverse some of the harmful personality changes that can result from PTSD.

To reach that finding, researchers looked at data from an earlier study involving 20 subjects (17 women) diagnosed with PTSD which has previously been untreatable. The subjects had as many as 12 sessions of psychotherapy with a pair of therapists working in tandem. In the middle of their course of therapy, they took part in two experimental sessions, lasting eight hours each. Half of the subjects received a dose of MDMA, while the others received a placebo.

During those sessions, they were guided by the psychotherapists into introspection and reflection on their traumatic memories and experiences. More than 80 percent of the subjects who took MDMA showed lasting improvement and recovery compared to those who took the placebo (they were later offered the MDMA treatment, too). Researchers then looked at the people's personality trait scores before and after the study period to see if changes in scores were associated with the differences in recovery outcomes.

According to their personality reports, the people who got MDMA had higher levels of Openness and lower levels of Neuroticism two months later compared to baseline. In both treatment groups, the researchers found that greater increases in Openness correlated with better recovery results; the effect was stronger in the MDMA group. Reduced Neuroticism helped people, too, but to a lesser extent.

Here's the key part: when they adjusted the data to make the changes in Openness equal in both the MDMA and placebo groups, the difference in recovery outcomes disappeared. To the authors, that finding suggests that the Openness from the MDMA experience improved the psychotherapeutic treatment by helping patients reflect on themselves and their experiences. (There's been similar discussion about therapeutic use of other psychedelics like psilocybin and LSD, which can fundamentally alter the way people see themselves.)

"Individuals scoring higher on Openness tend to seek out new experiences and be open to self-examination, factors that can serve to enhance therapeutic change in both behaviors and cognitions," the researchers wrote, adding, "Qualitatively, and consistently with previous work, therapeutic change seemed to be associated with an epiphany-type experience that subjects consistently reported following the MDMA-assisted psychotherapy sessions and reiterated in the long-term follow-up."

Of course, these are early-stage results from a very small study and one in which people were able to tell if they got the placebo or not by the fact that they didn't have a psychedelic experience. More research in bigger groups will be needed to suss out how MDMA might work alongside psychotherapy; the authors caution that any beneficial effects may not happen outside a clinical setting. They also reminded people that street MDMA has unknown strength and purity levels. Still, it's promising news for anyone whose PTSD may today seem inescapable.

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20 Aug 21:00

I Got Surgery to Fix My Man Boobs

by Mike Darling

Walker Davis, 30, struggled with enlarged breast tissue—known as gynecomastia—for years before he decided to pursue corrective surgery. He couldn't be happier, and he hopes that by speaking out, he'll help other men take the plunge.

It started to show up for me when I was around eight years old, and it wasn't until I was older that I put two and two together about my emotional state at the time. I had started gaining weight at about that age. It was the year after my parents separated and I turned to food for comfort. I was a normal-sized kid until then, and then that sort of exacerbated the problem. My chest got puffier and puffier, and after a while, it was pretty clear that it wasn't just "this kid has a few too many pounds."

All of my early interactions with it were so rooted in shame. I didn't want to talk about it with anyone, like even my mom or other friends of mine who were heavier. There was no way I could see it as being something positive. I was ridiculed and made fun of, told I was weird, and felt freakish. I thought: "I'm going to hide this to the best of my ability and not talk about it." I adjusted my posture and my clothes to keep it from coming up. I just kind of kept it quiet. It messed with my body image for a long time.

There's actually two kinds of gynecomastia—there's glandular and the kind that comes from being obese, where it's mostly fat. I had very hard glands on my chest when I started lifting weights. I got my first bench press when I was probably 11 or 12 and just tried to correct the problem that way, which actually made it worse. I was building muscle under my chest. It pushed my chest out more and exacerbated the problem. It wasn't until health class in high school that I was able to register what I had as gynecomastia.

Many years later, in college, my father passed away. He and my mom were separated, so my sister and I became the beneficiaries of his estate. He wasn't wealthy, but we suddenly had the retirement fund of a middle class guy in our bank accounts. I'd heard about surgery, I'd just lost my father, and I had this influx of cash.

I was out in LA studying in film school and I found out my uncle had the surgery for a much more mild case caused by one of his HIV medications. He had much smaller, slightly puffy nipples and got corrective surgery. I asked him about it and started doing some research. I just kind of jumped in. I realized as I was transitioning into adulthood that if I had money, I could call a doctor and just take care of this. I looked into it, called a doctor, and scheduled the surgery.

The surgery itself was pretty straightforward. It wasn't painful at all, though I had a bit of soreness in my chest afterwards. There was an excision of glandular tissue as well as liposuction to correct the shape, so there was soreness there. I had these drainage tubes in the side of my chest, and a bag of blood on my body for the first few days. After the initial part where they took the tubes out, I wore a compression vest, which helps your skin and connective tissue heal and readjust to normal.


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I was just excited to have taken a step towards progress. It was something I hated about myself for a long time. I still wasn't totally thrilled with the initial shape. At the time, I was still pretty overweight. I felt like I was puffier and rounder in the chest than I wanted to be. A few years later, after I'd lost a couple more pounds trying to slim down, I went into a liposuction clinic to get my chest contoured, to take care of some residual fat.

For the first time, I could see that working out had benefited me, and I did have a muscular chest underneath. I kept working out, lost even more weight, and had the shape I wanted. Am I happy about the outcome? Very much so. I can't recommend it enough. After dealing with all the physical scars, though, I had to tackle the emotional ones. That was the next step. Living that way for so long left me with some really intense body dysmorphia. It was an adjustment for my brain to catch up to my body.

Walker before (left) and after (right) having surgery for gynecomastia.

I definitely talk about it with people in my life. As a teenage boy, it gave me a crash course in vulnerability. I was very sensitive about it. In the long run, I'm a much more empathetic person. It's made me a better feminist. I felt safer with women as a teenager because I felt like I could relate, you know, as much as a man can, to the idea of being afraid of being treated like my body was public property, free to be ridiculed or judged. The fear of making a new friend or liking somebody and then hearing them casually dropping a joke about 'Walker's bitch tits' was very real.

Moving past that physically made it so much easier to talk about. I no longer feel like I'm dealing with it, so I have greater appreciation for the long-term positive impacts it had. It affected my relationships with girlfriends and dating and skewed my confidence, and strongly affected my opinion of my sexual value and attractiveness. I felt like I was dating on hard mode. Now, I feel like I finally have enough distance to talk about it.

It pushed me to ground my masculinity in something much more stable. Which I'm very grateful for. I know how much more strength it takes to deal with that kind of attitude towards your body, and still have confidence.

In terms of empathy, it's made me more understanding of people who choose to get plastic surgery. This had nothing to do with my health, it was an elective cosmetic procedure, I just didn't like the way I looked. I made the choice to change it, and I'm really glad I did. My willingness to judge people who want to have work done has changed. Who am I to say that you can't or shouldn't, because you may feel better and more yourself if you do.

As told to S.E. Smith

Read This Next: How Coming Out and Hating Your Body Are Linked

20 Aug 20:59

Most People Like to Pretend They’re Having Wild Sex

by Callie Little

You're on your third round of oddly strong brunch drinks with your pals and one of them brings it up again: their wild adventures in bonetown. While your friends loudly go on about their latest kinky exploits, you quietly sip your bloody mary, hoping no one will notice your reticence. Before you know it you're so drunk you might just divulge your own dirty secret: You're actually vanilla as fuck in the sack. Embarrassing, bland, boring vanilla. So here's the question: Is everyone but you really having crazy sex?

You know this in your heart of hearts: Everyone prefers to talk about the time they squirted across the room than say, the two-month period when their partner couldn't get an erection. "No one goes to Instagram to talk about the mediocre, everyday things that happen to them. It can be easy to forget that most folks have lives just as mundane and boring as we perceive ours to be," says Liz Powell, a practicing sex-positive psychologist in San Francisco. "I think some people sometimes have great sex, but even those of us who are sex educators and professionals still have average, boring sex sometimes."

Your friends aren't necessarily lying to you, but they're probably offering up the juiciest stories they've got. And maybe embellishing a little. You know, putting the best filters on it. In all likelihood, they have similarly ho-hum sex on occasion, and you likely have better sex than they do some of the time.


Watch this on VICE:


"No one ever has any kind of sex all the time, and trying to have the kind of sex other people have will only make you miserable. Instead, it might be helpful to focus on how you can explore your own body and determine what works well for you," Powell says.

Let's say your sex life is indeed seriously, crushingly boring. Or either you or your partner(s) are having a hard time getting off.

"As a therapist, I deal with patients all the time who feel like they're missing out and the result is feeling envy, anger, frustration, loneliness and shame," says psychotherapist, sex counselor and author of She Comes First, Ian Kerner. "These negative feeling-states can really drag you down."

Powell adds that when people have sex with the emphasis on achieving goals—like orgasms, multiple sessions, or kink factor—it breeds these kinds of unpleasant feelings because we're setting ourselves up for struggle and, ultimately, disappointment. Who wants to feel like sex is an AP Stat exam, anyway?

Your exhibitionist—and likely full-of-shit—friends aren't helping either. "As Roosevelt said, 'comparison is the thief of joy.' Comparing the sex you're having to some outside standard removes you from the interactions you're actually having with your body and your partner. There is no such thing as objectively amazing sex. What one person thinks is amazing another might find repulsive. Similarly, there is no such thing as objectively boring sex," she says.

Powell says that the worst case scenario here is that it's likely you're putting yourself in a sort of sex-olympics between your real-world self and what you perceive your ideal sexual self to be, and it's stressing you out, making matters worse by constantly encouraging you to feel like you're somehow not good enough. And that stress affects your sexual performance.

"When people are under stress, their sympathetic nervous system––fight or flight––is activated. When this [happens], our body will not be able to have good sex. Our sympathetic nervous system can only be on or off, and when it's on it treats every threat as if it's life or death," says Powell. "It's not going to be putting blood flow, concentration, or energy into arousal and pleasure."

Socially, you might need to shift your attention from your friends' allegedly hot sex lives and focus in on your own less titillating one until it turns gossip-worthy or you can risk being a wet blanket and make it known that you're uncomfortable with the conversation.

As for addressing the sex elephant in the bedroom with the person or people you're getting naked with? You are in control, both experts assert, and you have the power to change the parts of your sex life that don't work for you. The real bummer here is if you decide to remain stagnant, in which case no amount of liquor or lube will help.

"Sex is natural, but it doesn't always come naturally. Couples therapists like to say that sex is only 20 percent of a relationship, but if your sex life is increasingly unsatisfying it can feel like 100 percent of the relationship," Kerner says. "Sex doesn't need to be super hot. It can also be fun, consistent, mutually pleasurable and intimate."

Add in a few new positions, or watch some really great porn with your partner. If expanding your sexual repertoire is too intimidating to consider a new sex act, consider visiting your friendly neighborhood sex shop.

When all else fails, masturbate. Because it's fun, because it feels good, it's free, and because it is part of your sex life. "Masturbation doesn't just feel good, it's good for you," Powell says. "Developing a regular, pleasure-oriented practice helps to reduce stress, increase confidence, and can even have pain reduction benefits. If you have a prostate, regular orgasms reduce the risk of prostate health issues."

If you find it challenging to get in the habit, buying a sex toy you're excited about might inspire some regular jerk off sessions. Your sex life is quite literally in your hands. As Kerner says, "a sex life is a terrible thing to waste, but an okay sex life is a great place to start."

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20 Aug 20:55

Repartí los Halls del sexo a mis amigos y así fue su sexo oral

by Jordi Llorca

La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida. Hace unos días leí el artículo de un compañero que probó los caramelos Halls negros con su novio en su intimidad —ya sabes, ahí abajo—. El final apoteósico todavía resuena en mi cabeza. En fin, son unas inocentes pastillas mentoladas, unos caramelos, grageas o como quieras llamarlo que con un poco de imaginación pueden alegrarte la jornada.

Pero mi estupor fue provocado por otro suceso. Al día siguiente, mientras hacía algo de compra para dignificar a mi escuálida nevera en el Carrefour, me topé de frente con los dichosos caramelos. Un foco los iluminaba como al Cristo del Amparo. Pensaba que eran muy difíciles de encontrar y allí estaban, esperándome en sus respectivos paquetes justo al lado de un inofensivo Halls de naranja.

Bajo la inocencia de unos caramelos, se esconden oscuros deseos

Los añadí a la cesta de inmediato. Mientras hacía cola para pagarlos le daba vueltas a la cabeza. Primero imaginándome el vitoreo de mis compañeros en la redacción y segundo por cómo aprovecharlos bien. A los pocos segundos lo vi claro. Tenía que repartirlo entre mis amigos para que me contasen su experiencia.

Hice un par de llamadas, unos whatsapps y comencé a distribuir Halls negros. Me pasé dos tardes yendo de aquí para allá porque todo el mundo se animaba. Barcelona cayó a mis pies. Era "en Pau Escobar" de caramelos sexuales que creó una incipiente Sodoma y Gomorra del frescor.

La comanda era simple: caramelo a la boca, imaginación y ganas de pasarlo bien. Después me reportarían sus impresiones con detalle. ¿Qué podría salir mal?

El gélido mundo de la felación. Javi, 36 años

He de decir que, después de leer el artículo original, mis expectativas sobre estos caramelos eran muy altas. Y he de decir también que el "testing" con mi novio no nos defraudó en absoluto.

Las sensaciones son similares tanto al dar sexo oral como al recibirlo, aunque hay algunos matices. Al darlo hay que tener cuidado con la sensibilidad del glande, ya que si uno "posa" el caramelo sobre él, la sensación es más aguda y puede llegar a picar, aunque es el típico picor que está entre el dolor y el placer. Una vez descubrimos esto, alternamos la posición del caramelo entre la base del glande y en la zona de debajo o al lado de nuestra lengua. La sensación fluctuaba entre el frío y el calor y era simplemente maravillosa.

"Parece que tu polla sea más gruesa que nunca, algo así como cuando estás híper excitado"

Recibir sexo oral con esto también es una gozada. Lo mismo: tienes esa sensación de frío-calor (mi novio lo comparaba con el bálsamo de tigre para los dolores musculares) y, además, parece que tu polla sea más gruesa que nunca, algo así como cuando estás híper excitado, tu tronco palpita y parece que tenga vida propia. Supongo que será por el efecto de la menta…

El rallador. Eneko, 25 años

Era el cumple de mi chica y este plan era perfecto. Le hice uno de esos regalos en los que la mitad era para ella y la otra para mí. Una cajita mona con un kit sexual —entre otras cosas, los Halls— y una noche en un hotel cutre para saciar la curiosidad.

Al rato abrió la cajita, yo corrí las cortinas y ella soltó un "gracias" con sonrisa picarona. Reparó en los caramelos, se lo expliqué y no le disgustó la idea, así que nos pusimos al lío.

"Sentí un ardor helado como si estuviera recibiendo una mamada de Yeti"

Empezó a chupármela y a los pocos segundos sentí algo horrible. Me picaba como si me hubieran hecho una felación con un rallador de queso, pero fresquito. No sé si me equivoqué de caramelos o qué, pero sentí un ardor helado como si estuviera recibiendo una mamada de Yeti.

Mantuve la calma y dije que todo era maravilloso, que ella tenía que probarlo. Era su regalo, ya sabes. Me comí un caramelo y comencé a bajar. A los pocos segundos empezó a quejarse. ¡Picaba como un demonio! Ya pude dejar de fingir y lloriqueamos los dos en la cama hasta que aliviamos nuestro ardor en la ducha. Eso sí, nos reímos mucho.

Pasión entre las piernas. Noa, 23 años

Le propuse a mi novia innovar en nuestro sexo oral con estos caramelos que nunca había oído hablar. Primer día de vacaciones, una casa vacía y excitación. "Cariño, ¿en serio este caramelo va a hacerte sentir algo tan brutalmente placentero? Bueno, probémoslo y ahora me lo cuentas", me dijo. La situación daba juego incluso antes de comenzar. Reíamos a carcajadas.

"El efecto frío-calor lo cambió todo: me encantó. Le pedí que lo repitiera en más de una ocasión"

Comenzó a lamerme. Tengo que reconocer que estaba más expectante por sentir algo especial que por disfrutar. Como no estaba funcionando decidí seguir como si nada. Pasó un ratito y le dije que soplara suavemente. El efecto frío-calor lo cambió todo: me encantó. Le pedí que lo repitiera en más de una ocasión. Ya estaba sumergida en un húmedo mar de placer.

La experiencia no fue como para ver las estrellas, pero sí lo suficiente como para quedarme rendida y satisfecha dispuesta a soñar con ellas. Seguramente lo volveré a probar cuando mi novia no esté con la regla. Sin duda, una buena opción indolora y económica. Le doy un 7,5 a los "Black Halls".

Sorpresas de buenas noches. Gabriel, 30 años

Un lunes cualquiera, mi novia y yo nos disponíamos a ir a dormir alrededor de media noche. Estábamos agotados porque habíamos tenido un duro día de trabajo, aunque la jornada no iba a terminar sin más.

Estábamos en la cama. Dejé el móvil en la mesilla y me metí un caramelo en la boca sin que se diera cuenta. Le di las buenas noches con un beso. Me preguntó por ese peculiar y fresco olor, pero como estaba juguetón, dejé que el caramelo hablara por sí mismo. Sonreí y me comencé a deslizar lentamente sobre sus pechos. Le mordí los pezones con suavidad. Noté como la piel se le erizaba entre un hálito de frescor.

"Mi lengua giraba combinando rápido y lento por su clítoris. Sentía escalofríos. Era tanto el placer que alcanzó el clímax a los pocos segundos"

Seguí bajando y besaba cada recoveco. Se estremecía de placer mientras contraía los muslos. En un acalorado forcejeo se los separé y comencé a comerle la entrepierna. Mi lengua giraba combinando rápido y lento por su clítoris. Sentía escalofríos. Era tanto el placer que alcanzó el clímax a los pocos segundos. Enseguida la cogí y, alentado por el reverdecer de un frío invierno en agosto, la penetré como un caminante blanco ante Desembarco del Rey. Ambos sentíamos una sensación peculiar que nos agradó. Sin duda repetiré porque no dio tiempo a que ella me practicara sexo oral. Nos rendimos ante la pasión.

Empotramiento en un Nissan Primera. Adriana, 29 años

Había quedado con un chico majo de Tinder con el que divagábamos en conversaciones de todo tipo, incluido el sexo sin tabúes. Tenía los caramelos misteriosos de menta y una cita que prometía. Si todo iba bien, ¿qué mejor momento para probarlos?

Nos vimos después de cenar, dimos un paseo por la playa y acabamos borrachos en una discoteca. Bailamos, reímos y terminó pasando lo que tenía que pasar. Nos besamos y nos rozamos en el garito. Sentía su polla y yo estaba a cien, así que acabamos en la parte de atrás de mi viejo coche como dos adolescentes.

"Comenzamos a follar como animales sin importarnos lo más mínimo que cada dos por tres pasaran personas junto al coche"

A los pocos segundos estábamos desnudos. Ya le había hablado de los Halls, así que saqué el cartucho y cada uno se metió una gragea en la boca. Sonreí y bajé. Me soltaba guarradas de placer. Al rato me quitó de encima y me lo comenzó a comer. Noté el fresquito enseguida y más aún cuando sopló. Estaba desatada. Después de un rato comenzamos a follar como animales sin importarnos lo más mínimo que cada dos por tres pasaran personas junto al coche. Los cristales estaban totalmente empañados por una bruma de lujuria y mentol. Sin duda, una buena noche.

Aunque hay de todo, estos testimonios harán que quieras batir el récord mundial de apnea ultrarefrescante. Alégrate, tengo buenas noticias. No paro de verlos en ultramarinos y supermercados desde que los descubrí, así que ya tienes plan para avivar tu vida íntima por algo más de un euro. Por el momento, yo tengo que bajar otra vez al súper porque mi madre me quitó los últimos que me quedaban. No sé si sabe lo que tiene entre manos, aunque prefiero no imaginármelo.

Sigue al autor en Instagram: @jllorca

20 Aug 20:50

8 tipos de sexo que practicas cuando estás en una relación larga

by Becky Barnicoat

Lo mejor: el combo folleque+siesta del sábado por la tarde.

Sexo de sofá.

Sexo de sofá.

Estáis haciendo una maratón de televisión en pijama. Te entra el calentón. Descanso rápido para un polvo y vuelta al episodio 8 de Twin Peaks.

Becky Barnicoat / BuzzFeed

El combo sexo+siesta de los sábados por la tarde.

El combo sexo+siesta de los sábados por la tarde.

Tirados en la cama en plan vago: caliqueño rápido y después una maravillosa siesta. Perfecto.

Becky Barnicoat / BuzzFeed

El ultrarrápido.

El ultrarrápido.

Cuando ya se sabe qué botones hay que apretar, todo es más fácil.

Becky Barnicoat / BuzzFeed

El sexo vago.

El sexo vago.

Con unos sencillos ajustes, toda pareja vaga puede follar a gusto sin preocuparse de aburridas tareas de limpieza y colada posteriores.

Becky Barnicoat / BuzzFeed


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20 Aug 20:04

I'm A Young Person Who Has A Colostomy Bag: This Is My Life

By Amanda Mannen  Published: August 19th, 2017 
20 Aug 19:25

Gustatorial pedants unite!

by pixlboi
Zagat—the almost 40-year old, Google-acquired institution would like to have a moment of your time to explain the error of your eating ways. Trust them—you have a lot of problems. Yes, you.

In the glorious human tradition of pointing out how "YOU ARE DOING ALL TEH THINGS WRONG!! ZOMG!!" they present:
Stop Eating it Wrong (YouTube playlist, avg episode time approx. 5 mins.)

Episodes include:
How to Eat Bibimbap
How to Eat Sushi
Pizza by the Slice (stop f'ing dabbing! rubber gloves optional?)
How to Eat Pho

And perhaps the most confused of our bon viveurs appear in Stop Eating it Wrong: How to Eat Ethiopian Food
Because, clearly, you just use the large bread roll thing to lightly dab the sauce leaving all the other food uneaten.
20 Aug 07:41

Del netouyo a la alt-right. ¿Por qué los nazis llevan avatares de anime en las redes sociales?

by Álvaro Arbonés

Vivimos, y a la actualidad más reciente nos remitimos, un terrorífico auge de políticas de extrema derecha. Y por encima de esvásticas y calvas, hay una nota estética común entre los distintos grupos de nazis: los avatares de anime ¿Acaso el otaku es de derechas por definición? Para contestar estas preguntas volamos hacia Japón y nos adentramos en su política y su Internet. Y lo que encontramos allí, es el germen, hace diez años, de lo que hoy estamos viviendo en occidente.

Japón siempre ha sido un país con una fuerte impronta nacionalista. Desde la figura del samurái hasta la divinidad del emperador, pasando por su papel en sendas guerras mundiales y su aspiración de ser la máxima fuerza colonial a principios del XX, su identidad ha estado vinculada a menudo con ostentar una superioridad nacional innata sobre los países de su entorno. Y si bien tienen en su haber varias de las masacres y violaciones de los derechos humanos más terribles de la historia del siglo XX, ese dato es más bien poco conocido tanto dentro como fuera de sus fronteras. Entre otras cosas, porque el gobierno japonés se niega a reconocerlas.




Esa ocultación tuvo como consecuencia que, durante las décadas de los setenta y los ochenta hubiera un fuerte auge de la izquierda en el país. Algo que también se tradujo en el ámbito del manga y el anime. Ya sea la oda antibélica que es Mobile Suit Gundam o la defensa de un nacionalismo del pueblo como en el caso de Akira, todas las referencias del medio consideradas hoy como clásicas no le tienen ninguna simpatía a las aspiraciones imperialistas del país. Que aun hoy están lejos de haberse desvanecido.

Y es que no sólo Europa y EEUU luchan contra el auge del fascismo. También Japón lo está haciendo. Y desde hace bastantes más años. Porque, cuando en los dosmiles vivimos el auge del moe -término japonés para designar personajes, generalmente femeninos, de comportamiento adorable y aspecto fetichizado-, la (extrema) derecha encontró en la estética del manga-anime su nuevo campo de batalla comunicativo.

Cultura contemporánea para el colonialismo político del mañana

Japón

A pesar de que los nuevos medios como el manga, el anime y el videojuego llevan décadas imponiéndose lentamente por todo el mundo, el gobierno japonés rara vez les ha dado mayor importancia. Tratándolos como una industria más, a lo largo de los años la atención del gobierno a la hora de vender las bondades del país siempre han recaído por los elementos más tradicionales de su cultura. Aquello que venden como su orgullo nacional inmemorial. De ahí que la imagen de Japón como el reino de las geishas, los samuráis y las artes marciales no hayan cambiado en más de dos siglos de apertura al exterior: es la imagen que el propio gobierno del país ha buscado proyectar.

Hasta que algo empezó a cambiar recientemente. Algo que cristalizó de forma evidente cuando fue elegido por segunda y tercera vez el actual Primer Ministro de Japón, Shinzō Abe.

Shinzō Abe, del conservador Partido Democrático Liberal, es un político controvertido. Es admirado por sus defensores por sus políticas económicas -basadas, a grandes rasgos, en subir los impuestos al consumo, devaluar el valor de la moneda y recortar los impuestos a las grandes fortunas en un ejemplo de economía liberal de manual que se ha tenido a bien bautizar como abenomics y por sus políticas reformistas tanto en el ámbito educativo como en el militar. Una postura controvertida cuando en el pasado ha apoyado la reforma de los libros de texto para hacer desaparecer cualquier mención de las varias masacres que practicó el país a lo largo del siglo XX en China y Corea o, ya en el gobierno, cuando ha intentado con más bien poco éxito refundar las fuerzas de auto-defensa del país en un ejército capaz de intervenir en el exterior. Algo cuya Constitución prohíbe tras los funestos sucesos de la Segunda Guerra Mundial, intervención de EEUU mediante.

El Primer Ministro de Japón, Shinzō Abe.

El Primer Ministro de Japón, Shinzō Abe.

Si bien nada de lo anterior parece marinar demasiado bien con la promoción de cualquier clase de cultura que no tenga un fuerte corte nacionalista, eso no significa que gobiernos anteriores no cimentaran la promoción de esa clase de política exterior, pues no siempre han gobernado los conservadores. Pero, así y con todo, éstos encontraron el modo de anotarse el tanto.

Eso vino a través del Yomiuri Shimbun, el periódico de mayor tirada de Japón y medio conservador de referencia asociado de forma poco disimulada con el Partido Democrático Liberal. En un incendiario editorial de principios del 2010, el periódico mostró su disconformidad con las políticas del gobierno en lo que a la explotación de los intereses comerciales del país respecta, ya que consideraban que no se estaba apoyando de forma suficiente a las industrias de la cultura popular. Algo para lo cual se valió del ejemplo de Corea del Sur, país que siempre ha ido a rebufo de Japón, sin una identidad ni cultural ni subcultural tan fuerte, pero que, en términos de poder blando, estaban ganándoles el pulso gracias a la sistemática promoción de su gobierno tanto de la producción cinematográfica y televisiva como, sobre todo, del ahora archiconocido k-pop.

Junio de 2010 fue el punto de inflexión. El entonces recién elegido Naoto Kan, primer ministro del socio-liberal Partido Democrático de Japón, creó en una de sus primeras medidas la Oficina de Promoción de Industrias Creativas, un organismo independiente con el que “coordinar diferentes funciones del gobierno y cooperar con el sector privado“. En otras palabras, se decidieron a potenciar la marca japonesa con ayudas y promociones públicas a través de lo que, en el exterior, se percibía como el Japón contemporáneo: tecnología, manga, anime y subcultura.

Pero los gobiernos socialistas no tuvieron ni tiempo ni ganas de hacer nada. Naoto Kan duró poco más de un año en el cargo, dimitiendo a causa de la nefasta gestión gubernamental de la crisis de Fukushima, y su sucesor, Yoshihiko Noda, duraría poco más de un año también, siendo derrotado de forma fragante por un Shinzō Abe que, sólo cinco años antes, había tenido que dimitir de su puesto como Primer Ministro a causa de su impopularidad entre el pueblo japonés por varios casos de corrupción en su gobierno y una política exterior que incluyó la intervención directa en Afganistan. Algo que tampoco cambió demasiado el escenario político japonés, ya que el Partido Democrático parecía guiar sus actos más por los editoriales del Yomiuri Shimbun que por alguna clase de interés en la democracia o el socialismo.

Cool Japan, o la problemática de usar la cultura como arma política

Shinzō Abe (en plan oracular) en la clausura de los juegos olímpicos de Río.

Shinzō Abe (en plan oracular) en la clausura de los juegos olímpicos de Río.

Eso no quita para que el que ha tenido el tiempo y la oportunidad haya sido este último. Y con él, los conservadores. De ese modo, han utilizado la cultura contemporánea del país para cosas tan cuestionables como promocionar el Ministerio de Defensa a través de mangas comisionados con dinero público o el hecho de que las tres ramas de las fuerzas armadas tengan sus propias personificaciones, o mascotas, en forma de tres encantadoras y muy sexys chicas anime animándote a alistarte en la marina, el ejército de aire o el de tierra, según procedan tus gustos en la moeficación. Pero también lo han utilizado para motivos menos problemáticos. Véase al primer ministro Abe apareciendo con la gorra de Super Mario en la ceremonia de clausura de los juegos olímpicos de Rio, prometiéndonos una mezcla de la cultura japonesa clásica y contemporánea como referencia para las Olimpiadas de Tokio de 2020. Y si bien es posible poner pegas a un uso tan proactivo de la cultura por parte del estado, no es menos cierto que resulta, al menos en parte, beneficioso a la propia industria.

Una industria que no tiene problemas en coquetear con controvertidos temas políticos. Especialmente, en lo que corresponde a uno de los juegos más populares en Asia, y que en Occidente apenas conocemos.

Kantai Collection, más conocido como KanColle, es un videojuego de navegador lanzado en abril de 2013 donde construimos escuadrones de barcos que después tenemos que enviar a diferentes misiones para defender Japón de una amenaza alienígena indeterminada procedente “del oeste”. Hasta aquí nada raro. Nada que se salga del canon del videojuego. Pero lo extraño llega cuando consideramos que todas las tropas son encarnaciones humanas de barcos del bando del eje, tanto japoneses como nazis, en forma de chicas moe. Donde el tamaño de su pecho y aspecto, generalmente sexualizado, va en relación con la propia potencia de cada uno de los barcos. Barcos que combaten un enemigo procedente de occidente, alienigena y tentacular, que guarda más que sospechosos parecidos con las flotas de las fuerzas aliadas.

Dada la combinación del factor coleccionismo, al tener que conseguir todas las chicas-barco, con el hecho mismo de la fetichización de los personajes, al convertir esos mismos barcos en chicas monas con toda clase de uniformes, no es extraño que el juego tenga una gran popularidad tanto dentro como fuera de las fronteras de Japón. Algo que ha levantado no pocas ampollas porque, para muchos, Kan Colle es el ejemplo perfecto de la política cultural exterior no sólo de Abe, sino de todos los gobiernos japoneses de las últimas dos décadas: revisionismo histórico y militarismo.

A finales de 2013, pocos meses después de su publicación, el Hankook Ilbo, importante periódico surcoreano, fue el primer medio en abrir fuego contra KanColle. Y lo hizo con un editorial donde argüía que la extrema popularidad del juego, tanto en Corea como en Japón, podía transmitir ideas equivocadas a los jóvenes sobre el papel del Emperador y la armada japonesa durante la Segunda Guerra Mundial. Una crítica que ha encontrado no poca resonancia en la red y que se ha hecho notar, aún hoy, especialmente entre los blogueros coreanos aficionados al manga y al anime, donde es fácil encontrar referencias al hecho de cómo KanColle no sólo glorifica los actos japoneses durante la guerra, sino que también hace controvertidas representaciones en general. Ya sea haciendo desaparecer el territorio coreano del juego o sumando numerosos barcos de la Alemania en diversas actualizaciones, el juego ha ido sumando polémica tras polémica por su falta de tacto y sensibilidad. Como si, de hecho, no fuera ya lo suficientemente problemático que uno de los personajes más queridos, y una de las tropas más poderosas del juego, sea una chica estoica y orgullosa llamada Kaga, figuración moe del portaviones Kaga, pieza fundamental del Kido Butai: las fuerzas detrás del ataque de Pearl Harbor. Algo que logró levantar ampollas incluso en EEUU, país donde el juego no está publicado y, en teoría, ni siquiera es jugable.

KanColle

Si bien desde Corea y, en menor medida, EEUU, se ha considerado KanColle como otro ejercicio de revisionismo histórico por parte de Japón, en el propio país nipón no se piensa de la misma manera. En The Japan Times alegaron que las acusaciones del Hankook Ilbo carecían de todo fundamento, que el diseño del juego no pretende transmitir ningún tipo de reflexión política y que ese argumento ya se usó en los setenta para atacar el anime, hoy clásico, Space Battleship Yamato. El cual, por lo demás, no produjo ninguna clase de auge de la extrema derecha en el país por usar el nombre de un famoso acorazado de guerra japonés. De forma similar, el Asahi Shimbun, segundo periódico en ventas de Japón de ligeras tendencias izquierdistas, defiende que de hecho el videojuego transmite un mensaje positivo. Dado que sus mecánicas son duras, permitiendo que las naves se hundan permanentemente tras un combate desgraciado, eso puede ayudar a los jugadores a comprender los horrores de la guerra y cuán indeseable sería que el país volviera a encontrarse en una situación con tantas perdidas materiales y humanas.

Dilucidar cual de las partes tiene razón es imposible. Siendo un tema sensible, es obvio que en Corea o EEUU no va a despertar simpatía alguna la glorificación del ejército japonés. Pero también es cierto que el Asahi Shimbun ha sido un periódico que, durante décadas, ha luchado por hacer llegar al público general los actos criminales que el país cometió durante la guerra tanto en China como en Corea, especialmente en lo relacionado a las violaciones masivas para alivio sexual de los soldados.

En cualquier caso, parece dudoso que los creadores de Kan Colle quisieran transmitir mensaje alguno con su juego. No, al menos, un estatuto político en favor del Emperador y la esfera de coprosperidad de la gran Asia oriental, el plan colonialista japonés para unificar Asia bajo su mando en contra de Occidente. Y esa es la clave más importante aquí. Que las intenciones entre industria y agentes políticos difieren enormemente.

Pero que el autor no tenga cierta intención no significa que no pueda transmitirla de forma inconsciente. O en el peor de los casos, que no se utilicen sus herramientas para transmitir otras ideas.

Más allá del estado o la industria: Internet como germen de un nuevo fascismo

Manifestación por «la pureza de Japón» de grupos de extrema derecha anti-coreanos.

Manifestación por “la pureza de Japón” de grupos de extrema derecha anti-coreanos.

En realidad el uso del manga y el anime para promover una agenda de derechas es algo que tiene mucho más tiempo que los intentos de Shinzō Abe por seguir tapando las atrocidades del país durante la Segunda Guerra Mundial o su intención de reformar el ejército. Ya no digamos de los hipotéticos lazos filofascistas de un juego tan problemático, pero aún disfrutable, como Kan Colle. Para rastrear las raíces de este hecho, deberíamos acudir a Internet. Y dentro de Internet, al grupo que se hace llamar Netto-uyoku.

Lejos de los métodos del uyoku dantai, término utilizado para agrupar a todos los grupos japoneses de extrema derecha -cuyos métodos pasan desde el clásico furgón negro con propaganda que emite consignas filofascistas hasta los actos de puro y duro terrorismo– que sirven como uno de los muchos paraguas políticos para la yakuza, los netouyo, surgidos en la década de los noventa con la gran recesión de la economía japonesa, han centrado todos sus esfuerzos en escribir artículos para Internet, generar comunidad y crear una combinación de contenido ultranacionalista, interés por la cultura japonesa contemporánea y el uso más básico y primitivo de la sexualidad humana.

Pero no adelantemos acontecimientos. Los netouyo no surgieron de la nada. Y es que esta nueva extrema derecha, espoleada por la recesión económica y las respuestas fáciles culpabilizando a China y Corea de todas sus desgracias, encontró en Internet su medio predilecto de comunicación, pero no sería hasta 1999 cuando se formalizaría de forma obvia. Porque el 30 de mayo de 1999 abriría sus puertas 2channel.

2channel, también conocido como 2ch -no confundir con 2chan.net, más conocido como Futaba Channel, surgido dos años después y con un tráfico eminentemente menor y más marcadamente otaku-, es un agregador de textos creado por Hiroyuki Nishimura, que sería el origen de otros agregadores de texto más conocidos en occidente, como lo es el hoy infame 4chan. Que actualmente pertenece también a Nishimura. Y es que todo el encanto de 2ch, como en el caso de su primo americano, reside en tres claves esenciales: lo efímero de los textos, lo rápido del intercambio de las intervenciones y el anonimato con el que se realizan.

Algo que ha valido para crear enormes comunidades capaces de generar cantidades ingentes de contenido sobre toda clase de hobbys, más memes de los que el Internet de uso cotidiano puede hacerse cargo y, también, un grupo reducido, pero significativo, de individuos que aprovechan el anonimato para llevar más allá sus agendas políticas. Generalmente, de extrema derecha. Que sería el caso de los netouyo.

De hecho, las estrategias de los netouyo, surgirán del cruce entre estos tres mundos. Al juntarse la afición por el manga, el anime y los videojuegos, la facilidad para generar memes con estos medios y la presencia mínima, pero significativa, de miembros de extrema derecha, que estos últimos vieran un caldo de cultivo perfecto para transmitir su mensaje a través del medio sólo era cuestión de tiempo. Y ese tiempo, para nosotros, es ahora.

El único problema que tiene 2ch a la hora de ejercer de plataforma de distribución es que, si bien es un sitio excelente para generar contenido, su propia idiosincrasia impide cualquier clase de comunicación exterior efectiva. Al favorecer la respuesta rápida y la difusión por multiplicación, es como un foco infeccioso contenido: si no existe una masa crítica de personas ejerciendo de focos de infección en puntos clave de distribución, la viralización del contenido es prácticamente imposible. Y dado el perfil del consumidor de contenidos de 2ch, concebir a uno de ellos como líder de masas, o siquiera como alguien con influencia social, suena, como poco, risible.

Ya que el común de los mortales no tiene tiempo físico para seguir ni todo ni una mínima parte de lo que ocurre en 2ch, su popularidad hizo que surgieran otros medios por los cuales hacer llegar los contenidos más relevantes al gran público. E igual que 2ch fue el caldo de cultivo de la cultura meme, su transmisión se produjo en el influjo mutuo entre agregadores, páginas web que actualizan entre veinte y treinta veces al día con pequeñas noticias y memes, y redes sociales. Porque donde los agregadores legitimaron una cultura del meme al ordenarla y mezclarla con trazas de humor, política y erotismo, las redes sociales fueron el lugar donde convertir en virales cualquiera de sus contenidos.

Dicho de otro modo, para entender cómo surge el comportamiento de los netouyo es necesario acudir allí. A su fuente de difusión.

Redes sociales, agregadores de contenido y la viralización del contenido de derechas

No por casualidad, entre los agregadores más famosos en Japón están las páginas Itai News y Alfalfa Mosaic. Si bien es cierto que la primera ha ganado popularidad con respecto a la segunda, el contenido de ambas procede del mismo lugar: 2ch. Y Alfalfa Mosaic resulta más significativa como representación de los netouyo. Especialmente, cuando tienen todos los elementos que asociamos con la esfera cultural de extrema derecha actual: avatares de anime, una cruzada patente contra el feminismo y más que obvias tendencias filofascistas.

A primera vista, Alfalfa Mosaic podría pasar por la clásica página de cultura otaku. Y si bien la fijación por animes con Precure -famosa serie de magical girls, al estilo de Sailor Moon o Revolutionary Girl Utena, con un público objetivo femenino y menor de diez años- resulta desconcertante, todo adquiere un tono bastante siniestro cuando nos fijamos en cuáles son los otros contenidos habituales de la página: noticias sobre política, generalmente atacando cualquier medida que garantice el sistema de bienestar o que enfoque de modo positivo las políticas de China o Corea del Sur, y noticias sobre mujeres y sexo, siendo o bien notas muy específicas sobre las medidas y preferencias de idols jóvenes con pechos grandes o bien críticas brutales hacia mujeres adultas o que se han autodefinido como feministas. Todo ello entre no pocos artículos exaltando las virtudes de series originalmente concebidas para niñas menores de edad.

Nada de eso nos resulta extraño. El mejunje que combina el interés por las mujeres jóvenes y turgentes con los animes para niñas, la política de extrema derecha y el desprecio por las garantías sociales de cualquier clase es algo que cualquiera mínimamente activo en redes sociales ha visto. Especialmente en la esfera anglosajona de Twitter.

Porque los netouyo no se acaban en Japón. Sin su ejemplo tal vez nunca hubiera existido la alt right.

Avatar de anime. Comentarios misóginos. Encendidas defensas de Donald Trump. Abogar por medidas proteccionistas. Culpar de todos los males del mundo contemporáneo al socialismo y el feminismo mientras gritan “¡nos comen los que no tienen la piel tan clara como nosotros!”. Ese es el modus operandi del individuo con afiliación de extrema derecha en Twitter. Sea japonés, americano o español (esa devoción por el anime del CM del Twitter del PP). Algo que nos cabe agradecer a los netouyo. Porque todo lo que ha ocurrido en relación a 4chan no es sino el reflejo de lo que ocurrió antes, con mayor intensidad pero menor escala, en Japón con 2ch.

Ya sea el Donald Trump will make anime real o el meme de Asuka Langley, personaje de Neon Genesis Evangelion, llevando una gorra en apoyo de Donald Trump, la asociación entre extrema derecha y anime, tanto en Japón como en el resto del mundo, parece no tener vuelta atrás. Al menos no a corto plazo.

Ni otakus ni industria son un frente de derechas

De todos modos, eso no significa que la industria del anime esté politizada de algún modo. O que quienes creen estos memes sepan nada sobre anime. Algo que se hace notar en cosas como que detrás de utilizar el personaje de Asuka para apoyar a Donald Trump hay una elección de diseño tan endeble como que es un personaje reconocible y que es de origen nipón-alemán, asociación absolutamente pueril con la cual se pretende relacionar las políticas de Trump con unas políticas nacionalsocialistas que sus partidarios más acérrimos ven como deseables. O al menos eso nos quieren hacer creer. Porque igual que es obvio que utilizan el manga y el anime como herramienta sin ningún conocimiento real del mismo, sólo por su actual auge, tampoco es posible descartar que, para muchos de estos individuos, el espolear el odio y la inseguridad de otras personas no sea nada más que un juego. Algo con lo que reírse sin pensar en las consecuencias.

Porque al final la clave no es el anime. Ni el manga. Ni siquiera la pobre rana Pepe, otra víctima, esta con peor destino que Asuka, del antisemitismo pro-Trump. Es el peligroso juego entre personas estancadas en una perpetua infancia mental jugando a ser malotes por hacerse pasar por neo-nazis, a los que se suman auténticos neo-nazis aprovechando esa coyuntura para hacer llegar su mensaje a generaciones jóvenes e influenciables.

A fin de cuentas, el anime es atractivo y popular. Su estética es reconocible. No hay dificultad alguna en viralizar sus imágenes. Entonces, ¿qué es más fácil? ¿Aprovechar un contenido ajeno y que no tiene nada que ver con tu ideario, pero atractivo y reconocible para el público, para convertirlo en un meme que permita hacer permear en la sociedad ideas de extrema derecha, o hacer leer a los jóvenes libros densos, aburridos y, por lo general, mal escritos, sobre las bondades del conservadurismo más pasado de vueltas?

El anime tanto como su industria no tienen la culpa del auge de la extrema derecha. No cuando son gente como Shinzō Abe, los asesores de Donald Trump o la seguidilla que suponen 2ch y 4chan, entre el juego irónico y el verdadero intento de apoyar medidas de extrema derecha, los que utilizan una estética, unos modos y una lógica que, incluso teniendo sus propios problemas en términos sociales, no pretende comunicar ninguna clase de ideología perniciosa.

Es sólo el signo de los tiempos. Una herramienta. El desgraciado accidente que otros utilizan para fines más oscuros, o para sus juegos más perversos.

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19 Aug 23:30

Disculpen que no me levante: 40 años de la muerte de Groucho Marx

by Efe

El mundo del cine y la comedia cumplen 40 años llorando la muerte de Groucho Marx, que con su humor agudo y su afán por denunciar la hipocresía de la sociedad se convirtió en una de las figuras más prominentes del siglo XX. El 19 de agosto de 1977, a los 86 años de edad, Groucho fallecía en una clínica de Los Angeles a causa de una neumonía, pero dejó tras de sí un sinfín de actuaciones y frases satíricas que le convirtieron en una leyenda del mundo del espectáculo.

Una de sus citas más conocidas, precisamente, fue la que él mismo afirmó que quería que inscribieran en su lápida, "disculpen que no me levante", que sugirió durante una de sus últimas entrevistas, aunque este deseo nunca se cumplió.

Pese a su fallecimiento hace cuatro décadas, la figura de Groucho ha seguido estando muy presente en la cultura popular, y sus características gafas, nariz, puro y bigote se han convertido en un icono de la comedia. En los últimos días, miles de personas han rendido homenaje al actor en la red social Twitter, donde se repiten una y otra vez decenas de sus frases más conocidas, como "Disculpen si les llamo caballeros, pero no les conozco muy bien" o "¿A quién va a creer usted? ¿A mí o a sus propios ojos?".

Una vida sobre las tablas

Nacido el 2 de octubre de 1890 en Manhattan, Julius Marx fue el cuarto de los seis hijos de Sam Marx y Minnie Schonberg, inmigrantes judíos, y el más joven del trío cómico "Los Hermanos Marx", que formó con Leonard, que adoptó el nombre de "Chico", y Arthur, que se hacía llamar "Harpo".

Aunque las ambiciones de Minnie Schonberg le llevaron a los escenarios desde la adolescencia joven, no fue hasta la formación de "Los Hermanos Marx" cuando Groucho se hizo conocido, inicialmente en los teatros de Broadway, donde se convirtieron en grandes estrellas de la comedia. Para cuando rodaron la primera de las 13 películas de "Los Hermanos Marx", "Cocoanuts", en 1929, el trío ya era de sobra conocido.

En sus 86 años de vida, Groucho no solo participó en 26 películas, sino que también cultivó su gusto por la literatura y escribió media decena de libros y creó amistades con novelistas de la talla de T.S Elliot o Carl Sandburg. Notable también fue su simpatía por el cineasta Woody Allen, de quien llegó a decir que era "el mejor". "Dicen que Allen cogió cosas de 'Los Hermanos Marx'. No cogió nada. Quizá hace 20 años se inspiró, pero hoy es original. El mejor, el más gracioso", dijo en una entrevista con el crítico de cine Roger Ebert.

La posición que alcanzó y su carácter indomable le llevaron a permitirse rechazar trabajos con grandes iconos del cine como Federico Fellini, considerado uno de los mejores directores de la historia. Muy conocida también fue su reacción a la invitación a formar parte del exclusivo club de cómicos "Friars Club of Beverly Hills", a quien contestó con un tajante "no quiero pertenecer a ningún club que acepte a gente como yo como miembro".

Otro atrevimiento que reflejó perfectamente su carácter irreverente fue el de bailar sobre el búnker en el que Adolf Hitler se suicidó en el verano de 1958, cuando Groucho viajó a Alemania para visitar el país natal de su madre, de familia judía.

El cómico insistió en visitar el lugar del fallecimiento del dictador nazi, trepó los seis metros de altura de escombros en los que se había transformado el refugio y procedió a marcarse un jovial charlestón como gesto de desafío, tras lo que abandonó el país germano un día después.

Pese a sus logros, Groucho Marx, que además se casó y divorció tres veces, siempre conservó un humor ácido que le hizo ver la vida con un realismo extremo.

"¿Éxito? El secreto del éxito se encuentra en la sinceridad y la honestidad. Si eres capaz de simular eso, lo tienes hecho", reflexionó en una de sus frases más célebres.

19 Aug 23:28

Zora Hurston, escritora feminista negra, según Peter Bagge

by Álvaro Corazón Rural

Zora Neale Hurston. Foto: Carl Van Vechten / United States Library of Congress (DP)

Peter Bagge no solo es interesante por sus dibujos, por sus personajes y por sus guiones. También lo es por sí mismo. En Todo el mundo es imbécil menos yo, su libro de reportajes en viñetas sobre fenómenos contemporáneos dispares como puedan serlo la libre circulación de armas, los swingers o la especulación y latrocinio de las franquicias deportivas, su forma de pensar despertaba, cuando menos, curiosidad.

Se define como libertario, una ideología que en Estados Unidos defiende la mínima intervención del Estado en la vida del ciudadano, pero en todas las facetas. Lo mismo que es partidario de que se lleven armas libremente, también lo es de que se legalice definitivamente la droga.

Cuando tuvimos ocasión de hablar con él en el Miami Book Fair de 2013, le preguntamos precisamente por aquellas ideas suyas que a los europeos, especialmente a los encuadrados en una cultura política de izquierda, nos resultan más inconcebibles. Su respuesta, bien argumentada, decía que entendía nuestra mentalidad de que «sin ninguna arma no habrá ningún asesinato», pero que para él una pistola era un «igualador» por el que una persona débil podía defenderse de otra más fuerte si le ataca.

En su país, explicó, los asesinatos con armas de fuego se debían al tráfico de drogas, por lo que proponía su legalización para acabar también con las muertes que ocasionan las disputas mafiosas que, según decía, se daban abrumadoramente en las comunidades afroamericanas. Al tiempo, señalaba que por cada policía muerto en Estados Unidos por arma de fuego morían diez ciudadanos a manos de policías, de modo que para él ahí había un peligro y quería tener derecho a portar armas para defenderse de ellos, de las fuerzas de seguridad del Estado, que se corrompen con facilidad, advertía.

Si lo que quisiéramos es insultarle en Twitter, por ejemplo, tendríamos un buen surtido. Podría decirse que es un psicópata —por su concepto «igualador» de las armas—, un racista —por descargar sobre los negros la mayor responsabilidad de los homicidios—, un hippy trasnochado —por proponer la legalización de las drogas— y un terrorista —por su opinión sobre la policía y reclamar su derecho a armarse para defenderse de ellos—.

Si lo que quisiéramos es pensar, también podríamos darle vueltas a todo lo que dice. Sin tener gran idea de lo que ocurre en la sociedad estadounidense y, por tanto, sin poder matizar o censurar o no sus comentarios políticos o sociales, sí que me parece que Bagge, durante toda su trayectoria, ha sido un pensador, como mínimo, estimulante.

Los cómics de Odio no solo eran una hilarante comedia sobre un joven de los noventa, también tenían cargas de profundidad a todo lo «guay» que trajo esa década con epicentro en Seattle, la capital del grunge y donde transcurrieron los primeros capítulos de la vida de su protagonista. Y no lo hacía porque le gustase más algo anterior, los años ochenta también los trituró en su Mundo idiota y en alguna ocasión se dibujó comentando que era la década más repugnante, basada en la artificiosidad y ambición desbocadas, que había podido jamás concebirse. Por no mencionar esta, nuestra época, en la que con Other Lives, aunque se inspirara en Second Life, la red social que solo se recuerda que empleara Gaspar Llamazares, ya anticipaba los delirios que nos iban a producir dichas redes y lo idiotas que nos íbamos a volver todos enfrascados en ellas.

Ahora, junto con su anterior obra, La mujer rebelde: la historia de Margaret Sanger, Peter Bagge ha cambiado el registro. Se ha inclinado por la línea marcada en Todo el mundo es imbécil menos yo, la no ficción, y sus dos últimos trabajos son biografías de personajes históricos. En estos dos primeros casos ha elegido a dos mujeres. La mencionada feminista y activista a favor de la planificación familiar y a Zora Neale Hurston, escritora negra nacida en Alabama en 1891 y fallecida en 1960 en la soledad y la pobreza tras haber brillado como escritora. Fire!!, que así se llama el cómic, cuenta la vida de esta mujer según una investigación profusamente documentada por Bagge mientras se va imaginando en las viñetas cómo serían esas vivencias en la distancia corta.

Imagen: Ediciones La Cúpula.

Los abuelos de Zora nacieron en la esclavitud, pero ella creció en Eatonville, en Florida, un pueblo para negros; un modelo de ciudad poco común entonces pero que existía, explica Bagge. Su padre fue alcalde de la localidad y un predicador de éxito, de modo que ella fue madurando en un ambiente cómodo, sin carestías y sin conflictos raciales. En el pueblo no había ni comisaría ni cárcel.

Pero esta plácida existencia se vio truncada por la muerte de la madre, que supuso la desintegración familiar. A partir de ahí, Zora tuvo que servir de criada por su cuenta y riesgo lejos de su pueblo, pero siempre mantuvo un objetivo: obtener una educación. Esa disparatada idea la diferenciaba de todos los que la rodeaban. Persiguió ese fin con determinación y al final logró, mintiendo sobre su edad —era mucho más mayor—, acabar el instituto y llegar a la universidad.

Gracias a su talento, consiguió publicar libros y obras de teatro y, además, estudios antropológicos sobre diversos pueblos negros americanos y su folclore. Algo complicado para su época, pero una sociedad adversa a la mujer independiente no le impidió desarrollar su carrera ni llevar una vida sexual liberada. Tuvo un marido al que poco vio, pero nunca le convenció el matrimonio ni el compromiso, ni tener hijos —aunque Bagge no está seguro de si empleaba métodos anticonceptivos que nunca mencionó o si no podía biológicamente—. El caso es que empezó mintiendo sobre su edad para poder ir a la escuela pública siendo mayor y continuó haciéndolo toda su vida a su antojo, según la situación, y sobre todo si lo que quería era llevarse a un hombre joven a la cama. Todo ello antes de la década de los cincuenta.

La pena para nosotros es que no parece que haya ninguna traducción al español de los libros que escribió Zora, pero aun así hay un pequeño detalle que singulariza este tebeo. Es la parte relativa a las dificultades que se encontró la autora para retratar el mundo al que pertenecía. Si escribía sobre negros que hablaban con su jerga, expresiones y giros sobre los dilemas e inquietudes que les eran propios, recibía el rechazo de la prensa negra y los prebostes culturales de la liberación y demás líderes de estos movimientos.

Imagen: Ediciones La Cúpula.

La crítica que recibía era que mostraba a su gente con arquetipos que se parecían a las caricaturas que hacían los blancos o los racistas. Sin embargo, ella no tenía ningún prejuicio contra sí misma por ser como era, ni contra la gente de su pueblo por el mismo motivo. Los negros que ella conocía eran así, no tenía sentido hacer ficción sobre ellos presentándolos como ilustrados franceses. Eso sí era negarlos, entendía.

Franz Boas era partidario de la teoría del relativismo cultural, basada en que no tiene sentido proclamar que una cultura es «mejor» o «superior» a otra, puesto que cada cultura existe con un propósito explícito: la supervivencia de un pueblo. Esta teoría contribuyó a confirmar la creciente consciencia de Hurston de que no había nada «de segunda categoría» en la cultura afroamericana, y fue infundiendo en ella una férrea determinación tanto a estudiarla como también a celebrarla.

Una persona que pensaba por sí misma, que sufrió las limitaciones propias de su raza y de su género en aquella época, llegado cierto punto, se vio entre dos frentes, pues también se opusieron a ella los suyos. Es ahí donde hay que saber ver al Bagge más auténtico. El que supo criticar toda la cultura popular juvenil de los noventa a través de un joven que formaba parte de ella. El creador en Other Lives de aquel periodista medio alcohólico que admitía suplir sus carencias formativas y de talento con un exceso de documentación en cada cosa que hacía, y cuyo trabajo, paradójicamente para él, era apreciado. O aquellos dos amigos, un informático y un parado, que salían de camping en Apocalipsis Friki porque estaban alienados en la gran ciudad y se encontraron sumidos en una lucha por la supervivencia tras un ataque nuclear norcoreano.

Tanto la contradicción como los que nadan a contracorriente han estado siempre presentes en sus cómics. Desde que creara en Mundo idiota a Junior y a Stud Kirby a imagen y semejanza de sus propios defectos, la timidez y el miedo patológico por un lado y la agresividad e intolerancia por otro, dos desgraciados, pero que terminaban siendo adorables. O en su obra magna, el aludido Odio, donde Buddy Bradley y los que le rodeaban no eran más que el vivo reflejo de las dificultades que conlleva en esta época que la gente se siga sintiendo y comportando como un adolescente incluso pasados los cuarenta.

En Fire!! sigue con lo mismo, enfrentando conceptos contrapuestos. Trabajando personajes, esta vez reales y rescatados del olvido, que son difíciles de reivindicar desde una sola de las trincheras establecidas en las diferentes posiciones políticas y morales que se encuentran en disputa en Occidente hoy en día.

Quizá esa sea la óptica prototípica de un militante de un movimiento libertario que exalta la libertad individual por encima de casi todo, pero es innegable que el resultado sirve para pensar y para matizar las ideas preconcebidas que todos tenemos, sean del signo que sean. Para empezar, por esa viñeta traumática en la que Hurston echa a un gato a una olla y lo cuece hasta que solo quedan los huesos porque se lo ha exigido un curandero si quiere ser su aprendiza. A ella no le quedó más remedio que hacerlo para adentrarse en la cultura de los brujos vudús de Nueva Orleans y a Bagge no le queda más remedio que dibujarlo, eso sí, pidiéndonos disculpas a los amantes de los felinos, como ese dibujante y escritor cercano y colega que siempre ha sido.

Imagen: Ediciones La Cúpula.

19 Aug 23:02

Study Finds Expressing Anger In Unhealthy Ways Actually Incredibly Satisfying

BOSTON—Flying in the face of generally accepted beliefs about such outbursts, a new study released by the Boston College Department of Psychology found that expressing anger in unhealthy ways is actually incredibly satisfying. “While not necessarily good for you, our findings strongly suggest that screaming at the top of one’s lungs, punching holes in walls, and hurling objects across the room can, in fact, be immensely gratifying experiences,” said head researcher Natalie Kimball, adding that the data indicates that aggressively projecting insecurities onto others or verbally abusing someone in an obscenity-laden tirade, whatever other consequences there may be, feels amazing. “In each of our trials, we indeed found that subjects who spent hours groaning about some trivial offense or brooding for multiple days before releasing their fury in a sudden, misdirected tantrum managed to greatly reduce their stress levels across the board. Against all conventional wisdom, channeling your ...

19 Aug 22:51

QUIZ: Would You Date Me If I Was Still Me But a Hawk?

by Jasmine Pierce

Oh, hey! So we’ve been dating now for like a few weeks off and on, so I think it’s time for us to have the big talk. You know, the one where I ask you a hypothetical to gauge how much you actually love me by asking if you’d still like me if I was a large bird instead of a woman? This is gonna be fun and there’s no way it ends badly, so here goes!

 

Would you still date me if I was me, but a hawk?

  1. Yes, of course. I love you no matter what.
  2. No, I am shallow and closed-minded.

 

Would you date me if I was a large, brown sky predator who chomps on lizards, but still had my adorable personality?

  1. Yes, if anything, I would love you even more.
  2. No, I can only accept you one way because the patriarchy has ruined my ability to accept women for who they are, or who they could be in wildly hypothetical scenarios.

 

Would you date me if I was exactly the same but had feathers instead of hair and hollow bones instead of sexy flesh legs?

  1. I am a good person that doesn’t judge people on the way they look or the amount of human legs they have. So yes.
  2. No, I don’t deserve you in any form.

 

Would you still date me if our mating process was that we fly to a certain height in the sky and you dive at me a few times until you latch on, and then we go plummeting toward earth together in perfect, natural sexual harmony?

  1. Anything to be with you because I am devoted and loving!
  2. No, I am high maintenance and don’t want to have to improve myself (by becoming a hawk) just to love you. I am a bad dumb idiot who will never know what love truly means.

 

What if I was me, but like a little bit chubbier?

  1. Ummmm…wait are you still a hawk in this scenario? Like a fat hawk?
  2. Well…

 

 

Results:

 

Mostly 1’s

Congratulations! I was pretending this was a cute little flirt game, but it was actually the most important test of our relationship and you just passed! Since you’re capable of loving me no matter how hawky I get, I can now feel safe with you. It is time we marry and mate. But we can mate on the ground LOL because I am still human. I’m not really a hawk!

 

Mostly 2’s

Wow, it’s amazing that we have gotten so far into this relationship without me realizing that you are an actual monster. If you couldn’t love me through thick and thin, what have we even been doing for the last 20ish days off and on? I guess I’m just looking for someone that loves me no matter what, even if I’m a girl or a hawk or a bunch of spiders that found each other and formed a colony. I’m me no matter what, and I am beautiful. Time for me to find someone who says, “If you’re a bird, I’m a bird,” and really means it!

19 Aug 22:47

Man In Center Of Political Spectrum Under Impression He Less Obnoxious

MT. VERNON, OH—Loudly explaining to anyone within earshot that both the left and right were ruining the level of discourse in this country, Jesse Levin, a man firmly in the center of the political spectrum, is under the impression that he is less obnoxious than those with more partisan viewpoints, sources reported Friday. “We’re never going to get anywhere in this country if you lunatics keep foaming at the mouth about some one-sided fantasyland,” said Levin, 32, who despite characterizing those who do not stand precisely equidistant between two ideological extremes as “raving fanatics” and repeatedly interrupting people before they can fully explain their “nutjob” beliefs, reportedly seems to think he is, in fact, much more civil. “If you idiots stopped throwing temper tantrums every time some little thing doesn’t pass your precious purity test and came back down to the real, complicated world with the rest ...

19 Aug 22:35

Review: Bärenpark

by SU&SD

It was bound to happen sooner or later. Even if we’d tried, if we’d deployed all the forces at our command, we’d never have been able to keep Paul away from reviewing Bärenpark. It’s a tile-laying game and it features bears. The best we can do is hope he doesn’t overdose on pure pleasure.

That said, Paul is a consummate professional and it’ll take more than a boxful of bruins to win him over. Can Bärenpark deliver or, at heart, is it just too simple?

19 Aug 21:52

Chefs Use These 7 Tools to Fine-Tune Their Dishes & Hide Their Mistakes

by Sarah Jampel

Inspired by The Art of Flavor, we're explaining (a few of) the major principles you need to be a creative, more confident cook. Today, your toolkit for tweaking dishes so that they're jussssst right.

You've studied up on the four rules of flavor, you've carefully selected your ingredients and your cooking method, and you've thought about how you'll balance similar ingredients with contrasting ingredients and heavy ingredients with light ones. And—what a coincidence—you came up with this Tomato Salad with Grilled Corn, Feta, and Hazelnuts.

Only the tomatoes weren't quite as ripe or fruity as you imagined... and the corn is on the verge of being burnt (whoopsy-daisy)... and you ran out of vinegar partway through making your vinaigrette.

(Does this sound like a brain teaser or what?)

Not to worry! To fine-tune your dish—and take into account the temperature at which its served, and what other players are on the table—you have 7 taste dials at your disposal. (In this case, consider adding lime to your vinaigrette in place of the vinegar, then rounding it out with honey!)

Can you tell which of the tastes is represented in each column? (Answers below!)
Can you tell which of the tastes is represented in each column? (Answers below!) Photo by Julia Gartland

While we may think of these 7 dials—salt, sweet, sour, bitter, umami, fat, heat—as "flavors" (and speak of them as such—this apple tastes sweet, this radicchio bitter, this miso salty), it's important to note that they're not flavors in and of themselves: "they are qualities of ingredients that have their own distinctive flavors, any of which may be key components of the dish you are making."

Two sources of fat (like bacon or egg yolks) will have different flavors, as will two sources of salt (like olives and kosher salt), and two sources of sweetness (like roasted beets or maple syrup). "Those qualities are useful when it comes time to shaping and balancing—adjusting—the overall experience (flavor) of a dish."

These taste dials—which Patterson and Aftel liken to the knobs on a stereo—will help you compensate for a less-than-ideal ingredient (a bland tomato, a tart pint of raspberries, particularly bitter broccoli rabe), or fix a cooking mistake, or pair one dish with the meal at large. These taste dials are your security blanket (and your secret superpower!). To honor these powers, you must be willing to taste (A.B.T., always be tasting!) and to smell—that's the best way to know what move to make next.

Below, we'll give you a rundown of each dial, with key points to keep in mind as you incoporate that taste into your cooking.

Photo by Julia Gartland

1. Salt = The MVP

Fine salt (like sea salt or kosher salt), flaky finishing salt, coarse salts like fleur de sel and sel gris, anchovies, olives, salty cheeses

  • Salt is, according to Patterson and Aftel, "the most important seasoning of all. It enlivens, it draws out flavor, it balances sweetness and acidity, and it boosts aroma.
  • One way to judge whether you've added the"right" amount (a subjective assessment!) is to focus on the fullness of flavor in the dish: If the flavor disappears too quickly on your tongue after you've had a taste, the dish probably needs more salt.
  • Over-salting is far worse than under-salting—so start slowly.
  • Salt counteracts sweet: A pinch of salt makes a dessert less sweet while sharpening the flavor. The addition of salt to caramel, for example, brings out the complex, bitter components.
  • Salt amplifies sour: When you add salt to an acidic dish, the acidity will be more prominent (so be judicious when you're salting a vinaigrette, for example).
  • Salt tames bitter: When sprinkled on bitter vegetables like eggplant and late-season cucumbers, salt draws out moisture, and with it, residual bitterness. And, in conjunction acid, salt makes bitter ingredients, like radicchio or broccoli rabe, more mellow.

2. Sweet = The Good Cop

Molasses, brown sugar, white sugar, Demerara, turbinado, honey, agave, maple syrup, fruits and vegetables like onions, beets, and carrots

  • Sweet mellows salt, sour, and bitter: As the foil to the salty, sour, and bitter dials, sweet is the tool that can tame any member of that aggressive trio.
  • Still, adding too much sweetness will make a dish heavy and dense.
  • Sweetness can create the perception of richness in a broth, soup, or sauce (this might come from steeping slow-cooked vegetables or simply adding a pinch of sugar).
  • And sweetness can add fullness to round out sharp flavors (like when honey or maple syrup is added to a vinaigrette).
  • Added sugar can make the flavors of naturally-sweet ingredients more prominent (think about the effect of just teaspoon or two of sugar on sliced strawberries).

3. Sour = The Bad Cop

Vinegar, yogurt, buttermilk, sour cream, citrus, sorrel, sour cherries, pickle-based condiments

  • "Sour" is used to describe any acidic ingredient, be that something fermented (like vinegar or beer), made from a culture (like yogurt or sour cream), or acidic by nature (like sorrel or watercress).
  • Sour cleans up fatty or murky flavors, brightens vegetables and soups (lemon zest does wonders for tomato sauce!), and creates complexity among otherwise flat flavors.
  • Vinegar is the strongest, most direct kind of sour, while citrus has "tempered acidity," offset by sweetness (citrus—and most fruits—will change in acidity during the growing season; the crop will be sweeter and less acidic as the season progresses).
  • Sour pushes down salt, sweet, and bitter, and it relieves richness, giving your dish new energy.

4. Bitter = The Frenemy

Radicchio, broccoli rabe, grapefruit, endive, beer, tea, coffee

  • Bitterness is more commonly found in vegetables than in fruits and spices
  • Bitterness contributes complexity to dishes that might otherwise be too plain or boring—but a little goes a long way, so use it conservatively.
  • The bitterness that comes from charring fish, meat, and vegetables will cut richness and add depth (but too many burnt bits will make that same food unbearable).
  • Bitter balances sweet and gives it dimension.
  • Bitter can be reined in with sour, salt, and fat to make it more palatable.

5. Umami = The Dark Horse

Ketchup, Worcestershire sauce, seaweed, tomatoes, mushrooms, walnuts, sourdough, miso, soy sauce, broccoli, aged cheese and meat

  • Umami adds intensity (or, as the authors put it, "it's the volume dial"). Adding ingredients high in umami will give your finished dish more depth and power (and give a light, flyaway dish more substance).
  • Salt intensifies umami.
  • Acid diminishes umami.
  • Umami can also be achieved through cooking method—as in the Maillard reaction—rather than the addition of ingredients.
  • Too much umami might lead to an overly dense or overwhelming flavor.
Understanding Umami
Understanding Umami by Sodium Girl
The Unsung Ingredients of the Sea
The Unsung Ingredients of the Sea by Sodium Girl

6. Fat = The Team-Player

Animal fat and animal products, like eggs, milk, cream, and butter, oils processed from olives and nuts

  • Fat carries the team on its back, distributes, and cements flavor—a flavor that is bound in an emulsion with fat has more staying power and intensity than it otherwise would.
  • Yet fat is like "a blanket that lies on top of highly flavored ingredients, keeping them down." Incorporating more fat will necessitate additional salt and acid.
  • Fat balances sour.
  • Fat tempers salt and bitter.
  • Fat turns down heat.
  • It's important to remember that fats have distinct flavors and qualities: Animal fats are heavy and rich; dairy fats are on the sweeter side; and vegetable and nut oils have a leaner profile.

7. Heat = The Wildcard

Pepper, mustard, chiles, ginger, horseradish, hot sauce

  • Heat creates dynamic, complex flavors, bringing liveliness to dishes that might otherwise be bland.
  • Heat intensifies spices, like in the way a dash of cayenne can make cardamom or cinnamon more pronounced.
  • Heat alleviates richness (which is what makes hot sauce plus mayonnaise such a beautiful combination).
  • Heat can work with every other dial.
All About Chiles
All About Chiles by Leslie Stephens
How to Save an Overly Salty or Spicy Dish
How to Save an Overly Salty or Spicy Dish by Catherine Lamb

Now that you've mastered the four rules of flavor and have seven tools in your tool-belt for fine-tuning any mistakes (and seasoning on the fly), you're more than ready to get into the kitchen.

But if you need a little review before you get cooking...

Is there one particular adjustment—besides adding more salt—that you find yourself making over and over again to fix what you've cooked? Tell us in the comments below.

19 Aug 12:03

Fair Slice Now

by Artw
Socialism: As American As Apple Pie (Single link The Nib webcomic history essay)
18 Aug 14:00

TOM STRONG, de Alan Moore

by John Swift


Descubre uno de los mejores cómics realizados por Alan Moore, junto a Chris Sprouse, un cómic que te nos hace soñar dentro de tramas en el que el homenaje al pulp y el steampuk son constantes. Una serie ganadora del Premio Eisner.


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La bibliografía de Alan Moore está repleta de obras maestras del cómic. Watchmen (1986-1987), La cosa del pantano (1984-1987), Promethea, La liga de los hombres extraordinarios o Miracleman, entre otros muchos títulos, no sólo regeneraron el mundo del cómic, dándole un tono adulto al género de los superhéroes, la fantasía y el terror, sino que crearon nuevas vertientes y estilos narrativos, marcando una tendencia del cómic hacia el tono adulto, serio y bien contado que provocó que muchos otros autores, gran parte de ellos de origen británico - como Grant Morrison, Neil Gaiman, etc. -, siguieran esta senda comenzada por Moore. La historia creativa de Alan Moore podría diferenciarse en dos grandes etapas que marcarían su carrera para siempre. 


Su primera etapa fue su primer boom mediático, cuando irrumpió con una fuerza desmedida e inalcanzable al cómic mainstream norteamericano. Ocurrió a principios de los años ochenta, debutando en las páginas de La cosa del pantano, donde reinventó al personaje y el estilo de hacer historias en DC Comics. Después le seguirían obras maestras como Watchmen - para muchos el mejor cómic de la historia -, sus historias en Superman y Green Lantern.


Segunda explosión creativa de Alan Moore


Su siguiente gran etapa creativa podría situarse a finales de los años 90 y principios del siglo XXI. Con Supreme reinventaría al hombre de acero en un título que plagiaba al personaje y le situaba en la Edad de Oro y Edad de Plata del cómic estadounidense, una fabulosa trama que consiguió la aclamación del público y la crítica especializada, haciendo que ganara el Premio Eisner a Mejor guión. Después de esta tremenda etapa de Moore en Supreme, llegaría su gran oleada de grandes creaciones bajo el sello America's Best Comics, una línea independiente de DC Comics que le permitiría escribir y crear lo que quisiera durante varios años. Allí nacieron obras maestras como Promethea, La liga de los hombres extraordinarios, Top 10, Tomorrow Stories o Tom Strong. Cada uno de estos títulos fue una orgía de puro talento e imaginación, homenaje tras homenaje a todo lo que Moore apreciaba, como el género pulp, la magia, la fantasía, las historias de ciencia ficción, el steampunk (retrofuturismo) y, como no, el superheroísmo (a su manera).


Tom Strong se convirtió rápidamente en una de las mejores historias que había escrito nunca Moore, un autor que no paraba de romper las dimensiones físicas e imaginativas del cómic estadounidense. En Tom Strong desembocaría un torrente de pasión hacia el género pulp y aventuras. Strong parece un personaje sacado de las revistas pulp que tan famosas fueron en los años 30 y 40, y en plan Doc Savage, nos encontramos con un aventurero, inventor y científico que debe de hacer frente a amenazas de todo calado. Desde nazis mejorados genéticamente, pasando por el primer ser viviente de la historia de la Tierra, un archienemigo eterno que no parece morir o incluso a un ser de tecnología pura que quiere conquistar la Tierra entera para convertirla en su propia imagen.

RELACIONADO: ¿Quiénes eran los héroes pulp? Doc Savage, La Sombra...

"Como mucha gente que juega a esa clase de juegos... ascendió hacia su meta fijándose en el último escalón... cuando tendría que haberse fijado en las serpientes."

La clave de Tom Strong es que cada capítulo nos lleva a una situación totalmente nueva e inesperada para el personaje (y el lector). Podemos pasar de un número donde debe combatir a los nazis anteriormente mencionados, a otro donde es enviado al pasado remoto de la Tierra debido al poder de una máquina temporal. Es precisamente esta incertidumbre uno de los puntos clave que enganchan al lector.


Otro punto a destacar es el tremendo homenaje al pulp. Cada situación es una aventura de tiempos pasados, escrito de forma maravillosa y verosímil por el autor británico, eso sí, con una concanetación de situaciones inesperadas, preciosistas y realmente apabullantes.

Puntuación:
Publicación en España: ECC Ediciones, mayo de 2017
Publicación original: Tom Strong #1-14, por America's Best Comics entre 1999 y 2001
Guión: Alan Moore
Dibujo: Chris Sprouse, Arthur Adams, Jerry Ordway, Dave Gibbons, Gary Frank, Alan Weiss, Paul Chadwick, Gary Gianni, Kyle Baker, Russ Heath, Pete Poplaski, Hilary Barta
Portada: Chris Sprouse
Formato: Cartoné
Género: Steampunk, pulpSuperhéroes
Páginas: 384 páginas, Color
Precio:  34,50 euros



Por otro lado, no podría ser tan maravilloso este título si no contara con un dibujante a la altura de tal empresa, y es que tener que dibujar todas las situaciones que imagina Alan Moore es una tarea harto complicada... Pero Chris Sprouse no sólo no se atemoriza ante este desafío sino que lo resuelve con un talento a la altura de Moore, con unos dibujos espectaculares, detallistas y bellísimos que nos transportan de lleno a cada mundo, momento y lugar que quiere el guionista. El guión es un diez y el dibujo también, y es por ello que nos encontramos, querido lector, ante uno de los cómics imprescindibles que debes leer alguna vez en tu vida.

Si queda alguna duda del nivel que posee esta obra, podemos hacer un repaso de los premios que ha ganado: Directamente, fue galardonado con dos Premios Eisner en las categorías de Mejor número único (Tom Strong #1, 2000) y Mejor historia serializada (Tom Strong #4-7, 2000). Por otro lado, Alan Moore ganó tres Premios Eisner a Mejor guionista (2000, 2001, 2004) mientras escribía este cómic, Dave Stewart el de Mejor colorista, Jordie Bellaire también en esta categoría y Todd Klein cinco a Mejor rotulista (2000-2005).

"Solo la vida da sentido a las estrellas y los mundos, cariño. La vida... o algo muy parecido."

Edición


ECC Ediciones va a publicar toda la serie de Tom Strong en tres tomos edición deluxe. Este primero recopila los números 1 al 14 (Tom Strong: Book One y Book Two), publicados originalmente entre junio de 1999 y agosto de 2001. Al principio nos encontramos con una apasionante introducción de Alan Moore... ¡y al finalizar este primer tomo nos encontramos con cinco páginas de bocetos originales de la obra!


En conclusión...


Una de las grandes obras maestras de Alan Moore y uno de sus trabajos más personales en el que plasmó sus mayores pasiones de niño: el pulp, la ciencia ficción, el steampunk y lo desconocido. Un refrito elegantemente ejecutado en el que la pasión, la épica y la intriga juegan un papel importantísimo, y en el que el lector se ve inevitablemente seducido por unas historias en las que es imposible saber el desenlace. Pura imaginación al servicio del lector, con unos dibujos apabullantes que representan la cúspide del noveno arte.


El arte de Tom Strong


A continuación, podemos ver varios splash pages y portadas de la serie:





En Tom Strong se descubre a un Alan Moore en plena forma y en su cúspide creativa, con uno de sus mejores personajes de siempre. La imaginación y la pasión por el género de aventuras y pulp en estado puro.


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18 Aug 13:53

Devir vuelve a reeditar Puerto Rico

by El club del dado

Devir sacará de nuevo en tiendas Puerto Rico. Después de un tiempo que el juego estaba sin stock, es una suerte poder disfrutar de nuevo de uno de los juegos que cuenta con el privilegio de haber estado mayor tiempo como número 1 en el ranking de Boardgamegeek, nada más y nada menos que tres años.

Sin duda se trata de una gran oportunidad para disponer de un auténtico juegazo, que no podría faltar en ninguna ludoteca y ahora de nuevo tenemos la posibilidad de conseguirlo. Puerto Rico es uno de los juegos que yo disfruto desde hace más tiempo y os voy a dejar aquí la vídeo reseña que le dediqué en su día, para que le conozcáis un poco mejor.





17 Aug 00:54

#NukeSpain: Internet contra España por no grabar el capítulo de Juego de Tronos

En la Jungla. El próximo capítulo de Juego de Tronos estuvo disponible durante horas en HBO España pero nadie fue capaz de descargarlo, solo emitirlo en directo por Instagram. Y ahora Internet se ha enfadado con España.