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- Varios-ocio / ocio, Cine, seriesEsa molesta pero necesaria sensación llamada aburrimiento
Decía Pascal que toda desgracia del ser humano proviene de no saber permanecer solo en una habitación sin hacer absolutamente nada. La incapacidad para gestionar la inactividad producía la mayor desazón posible para el pensador francés.
«Nada es tan insoportable para el hombre como estar en pleno reposo, sin pasiones, sin quehacer, sin diversión, sin cuidado. Siente entonces su nada, su abandono, su insuficiencia, su dependencia, su impotencia, su vacío. Al punto saldrá del fondo de su alma el tedio, el entenebrecimiento, la tristeza, el mal humor, el despecho, el desespero»
Luigi Amara quiso comprobarlo. El escritor mexicano se encerró durante días en una habitación con la única compañía de una decena de libros. Lo que descubre sobre él mismo durante su reclusión no acaba de gustarle. Se parecía demasiado a lo descrito por Pascal. Para contrarrestar, decide entonces viajar a la capital de la diversión: Las Vegas. Después de su aventura, Amara llega a la conclusión de que quizás no exista ni lo aburrido ni lo divertido, «sino una compleja red de poder que determina e insiste, a través de una muy bien aceitada maquinaria propagandística, en donde poner los ojos, qué es lo ideal y qué lo escuálido, qué lo crucial y qué lo anecdótico».
A Luigi Amara, aquella reflexión de Pascal le animó a emprender toda esa travesía por el hastío (y el esparcimiento sin medida después) descrita en su ensayo La escuela del aburrimiento. Pero no fue la única. Porque también, tal y como recoge en su libro el propio Amara, Montaigne, La Rochefoucauld o Baudelaire (este último hablaba del aburrimiento como «el Monstruo que en un bostezo se tragaría el mundo») fueron algunos de los que se propusieron desentrañar las causas y la propia esencial del tedio, demostrando así que este no es un mal exclusivo del hombre actual. Algunos como Kierkegaard incluso llegan a situarlo en el origen de los Tiempos. Según el filósofo danés, fue el aburrimiento en el que estaban sumidos los dioses los que les llevó a crear a la humanidad.
José Antonio Marina (según explica Fernando Susaeta Montoya en La conciencia trágica en Fernando Savater y José Antonio Marina) reconoce que la historia demuestra que el hombre siempre se ha aburrido: «Grandes periodos históricos como el romanticismo son el apesadumbramiento de sus gentes por la saciedad y el hastío». La diferencia es la manera de aburrirse en cada momento: «el aburrimiento antiguo era la persistencia de la fatiga. El aburrimiento moderno es la persistencia de la satisfacción». Una consecuencia lógica de una sociedad de consumo que ha polarizado todo en el poseer, añade. Para el pensador, después de un «alba animosa» caracterizada por el vértigo de conseguir cosas, el transcurrir del tiempo nos deja un «atardecer melancólico», fruto de la no consecución del deseo. Por eso, pese a reconocer que no es un mal exclusivo de la actualidad, para Marina, el aburrimiento es una de las referencias del hombre de hoy, junto a la desdicha y la tristeza.
¿Es grave, doctor?
A pesar de que, en su opinión, aburrimiento y tristeza caracterizan el momento histórico actual, Marina no relaciona ambos estados de forma directa. «El aburrimiento me intriga porque es el malestar que siente quien no se siente desdichado. Quien sufre no está aburrido. Está sufriendo. Aburrimiento es el sentimiento de no estar recibiendo un nivel adecuado de estimulación», explicaba en un artículo publicado en La Vanguardia en 2013.
Es entonces cuando el pedagogo, muy en línea a la conclusión que Amara extrajo tras su estancia en Las Vegas, vuelve a hacer referencia a la sociedad de consumo, acusándola de fomentar la extroversión. «Esta es una extraordinaria fuente de consumo. Los extrovertidos necesitan buscar continuamente estimulación externa», opina Marina.
Estímulos para pasar el tiempo, para evadirnos. La propia etimología de la palabra diversión, procedente del latín distraere (apartarse), decía Pascal que demostraba que todo aquel pasatiempo ideado para divertirnos no era sino un recurso para alejarnos de la dura realidad, aunque fuera solo de forma intelectual y momentánea.
La carencia de esos pasatiempos, de esos estímulos, nos hacen sentir mal. Porque el aburrimiento no deja de ser algo que genera incomodidad. El profesor de psicobiología Francisco Claro Izaguirre trataba de definirlo en una de sus conferencias: «No tengo muy claro qué es; a mí me da la impresión de que es un impulso como el hambre, la sed, el deseo sexual…, como algo que tenemos los seres vivos, los mamíferos, y que nos impulsa a actuar en determinadas direcciones».
Cuando aparece molesta, incomoda, por eso se teme, «al igual que se teme pasar una tarde solo, sin calefacción…», dice Claro Izaguirre. Pero salvo el tipo de aburrimiento definido por el psicólogo alemán Martin Doehlemann como ‘existencial’ (y que, según su teoría, está ligado a problemas como la ludopatía, la drogodependencia, el alcoholismo, trastornos alimenticios o la depresión, entre otros), el tedio más común, en el que nos asalta a todos el algún momento de nuestra vida (el ‘situacional’, según la misma dicotomía de Doehlemann), no es grave. Es más puede que resulte necesario.
Hijo, abúrrete un poquito
«Necesitamos una pedagogía del aburrimiento». En el artículo de La Vanguardia, José Antonio Marina se mostraba tajante. La cultura del zapping nos convierte en adictos a los estímulos continuos. Hasta las relaciones humanas se ven afectadas para el pensador toledano: «Si tu programa no me engancha en cinco minutos, busco otro».
Por eso, para un padre, que su hijo se aburra o parezca que lo está, resulta demoledor. Acuciados también por la necesidad de compatibilizar sus horarios con los de sus vástagos, muchos progenitores optan por llenar las ‘teóricas’ horas de ocio de estos con innumerables actividades extraescolares que, de paso, eviten que su prole caiga en las fauces del terrible tedio. Resultado: niños exhaustos a los que se les niega su capacidad innata de soñar despiertos, esto es, su creatividad.
«Se nos suele olvidar que el aburrimiento es la clave del pensamiento creativo». Lo asegura Nuria Pérez, coach desde su empresa Sparks and Rockets y madre de dos niñas. Para ella, que los niños disfruten de tiempo libre, que puedan no hacer nada o hacer lo que quieran sin estar ‘sometidos’ a las directrices de los adultos, resulta elemental para que sus ideas emerjan. «Dejémosles que cacen bichos, trepen muros, laman pilas… ¿Os acordáis cuando nosotros lamíamos pilas?».
Teresa Belton, investigadora en la Universidad de East Anglia, en Reino Unido, demostró esta teoría en un estudio realizado a partir de las entrevistas con varios y reconocidos escritores, artistas y científicos. Como recoge un artículo de BBC, de sus conversaciones con todos ellos, Belton descubrió que la mayoría pasó su infancia en entornos con escasos estímulos externos, lo que les llevó a algunos a escribir y a otros a inventar. «Ser creativo implica ser capaz de desarrollar un estímulo interno», explica Belton. Por eso, tratar de entretener al niño en todo momento valiéndonos de la televisión, la tablet, el móvil… puede ser pernicioso para este ya que la pantalla «tiende a provocar un cortocircuito en ese proceso y el desarrollo de la capacidad creativa». Su propósito, aclara, no es apartar la tecnología de los niños, sino emplear esta con mesura y con los objetivos adecuados para evitar «robarles su tiempo para imaginar y perseguir sus propios procesos mentales o para asimilar sus experiencias a través del juego, o simplemente para observar el mundo a su alrededor».
Crear desde el tedio
Pero el aburrimiento no solo resulta positivo para una mente infantil. Peter Toohey, profesor de la Universidad de Calgary (Canadá), considera este estado como «la antesala de la creatividad» Sin él, asegura, la humanidad no hubiera podido prosperar (una aseveración que enlaza con la alegoría kierkegaardiana sobre la creación del universo).
Otorgar la exclusividad de aburrirse al ser humano es seguramente un gran error. «Ortega decía que cuando un animal se aburre, se duerme. En cambio, el hombre permanece despierto y tiene que inventar cosas», explica José Antonio Marina. Esa capacidad de sacar partido a su tedio se comprobó ya en las cavernas cuando las horas se hacían eternas al hombre primitivo. Gracias a eso, seguramente, acabó descubriendo el fuego y, con él y la luz que proporcionaba, pudo alargar sus horas de vigilia y emplearlas en la creación de nuevas herramientas, «lo que debió de reforzar los grupos, estimular la enseñanza y el aprendizaje». Así, al menos, lo explica el paleontólogo Eudald Carbonell en el libro Sapiens, de Robert Sala, según recoge en un artículo el profesor Vicente Fernández de Bobadilla.
Aunque el aburrimiento también puede pillarnos trabajando. En opinión de Carmen Bustos, socia fundadora de Soulsight, «en trabajos que requieren de cierta dosis de creatividad resulta difícil, aunque puede ocurrir cuando el proyecto es muy parecido y los aprendizajes muy iguales a los anteriores. Identificar ese estado como aburrimiento es lo que impulsa a desafiarle intelectualmente e ir a por lo siguiente. Quizá ahí el aburrimiento sea la lanzadera perfecta para pasar a la siguiente pantalla». En este tipo de actividad, Bustos considera al sopor una eficiente alerta: «Si tienes miedo a aburrirte es porque es el mayor síntoma de que no hay progreso».
Acusado durante siglos de se ser uno de los grandes males de la humanidad (incluso, la acedia, para muchos, una ‘variedad’ del aburrimiento, fue catalogada por la Iglesia católica como uno de los pecados capitales), en los últimos tiempos, el aburrimiento comienza a mostrar su lado más amable como propulsor de la creatividad. Las investigaciones sobre lo positivo que resulta aburrirse proliferan. Y los expertos en el tema, como el doctor John Eastwood, psicólogo de la Universidad de York, en Toronto (Canadá), no dudan en recomendar dejarse caer, de cuando en cuando, en brazos del hastío, aunque solo sea porque «el aburrimiento es como las arenas movedizas: cuanto más nos movemos, más rápido nos hundimos».
Este post Esa molesta pero necesaria sensación llamada aburrimiento, escrito por Gema Lozano, se publicó originalmente en Yorokobu.
The Magnetic Air Bonsai Creates Surreal Levitating Plants
We’ve never had much of a green thumb but maybe we’ll have more luck with an air thumb? A small Japanese company based out of Kyushu has created a fun, poetic twist on indoor gardening. By utilizing the opposing forces of magnetic energy they’ve created a levitating plant called Air Bonsai.
The Air Bonsai consists of 2 main components, the “energy base,” made from Japanese ceramic, and the levitating “little star.” Both come with built-in magnets that enable the levitation. The base also comes with an AC adapter and needs to be plugged in.
Hoshinchu, the Kyushu-based workshop that created Air Bonsai, recently launched a crowd-funding campaign on Kickstarter to bring their product to the market. It appears that the basic Air Bonsai set starts at $200 and they’re targeting a delivery date of August 2016.
But note that the basic set is a DIY set and requires you to use your own plant. The workshop is offering various pre-made bonsai at higher pledge levels ($500 – $1,000) but, due to strict import restrictions, the plants will be procured locally and will likely differ from what’s pictured.
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Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús (Elche)
En la Plaza de España de la localidad alicantina de Elche se encuentra, ocupando casi completamente la glorieta, la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, la única con planta de cruz griega de la ciudad. Se comenzó a construir el 11 de mayo de 1947 como fruto del crecimiento urbano de Elche impulsado por la industria del calzado, y el uso de técnicas y materiales de baja calidad fue probablemente la causa de que el 21 de octubre de 1949 se produjera un derrumbe en las obras, causando grietas que perduran todavía hoy existen. Se terminó de edificar el 18 de junio de 1952 y su autor, el arquitecto local Antonio Serrano Peral, recibió por ella la Primera Medalla de la Sección de Arquitectura de la Exposición Nacional de Bellas Artes en 1957 .
Más info: Facebook, Alicante Siempre, Google Maps
Rotonda del metro gigante (Chiclana) En la rotonda de la Venta...

Rotonda del metro gigante (Chiclana)
En la rotonda de la Venta Agustín, a la entrada del polígono Urbisur de la localidad gaditana de Chiclana, se inauguró el junio de 2017 la escultura El metro más grande del mundo, hasta poco antes ubicado en la fachada de La Unión Ferreterías, en la avenida de Los Descubrimientos. Se trata de una obra del artista local Antoni Gabarre, donada por La Unión Ferrreterías-Cadena 88 al ayuntamiento de Chiclana con motivo de la modernización de de sus tiendas. Durante el acto de inauguración, Gabarre destacó la labor realizada por los técnicos municipales para la recuperación del metro «detalle a detalle y milímetro a milímetro», agradeciendo también el lugar elegido para su reubicación. Se ha acompañado a la escultura con una placa que explica de qué se trata y su procedencia.
Más info: MiraBahía.com, Google Maps
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Sergioski02quizas es una tactica para atraer el corazon (y la tranca) de afrodescendientes.

Leer ensayo hoy
En Babelia me pidieron que escribiera sobre cómo se escribe y se lee ensayo político hoy en comparación con hace 40 años. Me ha salido una selección bastante anglosajona y un poco mainstream. Se puede leer aquí.
¿Qué pasó entre Bolaño y César Aira?
Sergioski02pal chex

César Aira. Imagen cortesía de Random House.
En julio de 2008, César Aira (Argentina, 1949) impartió un curso en Santander, organizado por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Costaba cien euros, e incluía una beca para alojarse cuatro noches en el Palacio de la Magdalena. Dio la casualidad de que en ese preciso momento yo tenía cien euros y me matriculé. El primer día, una hora antes de empezar, bajé a desayunar y me encontré a Aira solo, bebiendo un zumo de naranja vagamente natural, y con un huevo frito en el plato, que era mi desayuno preferido, pero para cenar. Me senté a su lado y al rato me estaba contando que su abuelo se llamaba Robustiano y que era de Sobradelo, en Ourense. Aira no sabía, y yo tampoco, que en Ourense hay tres pueblos con ese nombre. Poco después se sumó al desayuno Michel Lafon, catedrático de Literatura Argentina en la Universidad Stendhal de Grenoble, novelista y traductor de Aira, Borges y Bioy Casares al francés. Hurgamos, y resultó que la suegra de Lafon también era de Ourense.
El curso se titulaba Por qué escribir. Cómo escribir. Qué escribir, y al final no consistió en nada de eso. O tal vez sí. Nos pasamos los cinco días que duró hablando de Borges, y de otros escritores que a su vez remitían a Borges. Naturalmente, también hablamos de Aira. Nos contó que, después de cuarenta años publicando, había tomado conciencia de su posición como escritor a través de las preguntas que le hacían los periodistas. «Cuanto más importante es un novelista, más fáciles son esas preguntas». Al principio de su carrera era habitual que hiciera frente a cuestiones para las que no tenía respuestas. Señal de que «me tomaban por un novelista menor». Con el tiempo comenzaron a valorarlo. En parte, lo supo porque le preguntaban cosas como «¿Escribe con ordenador o a bolígrafo?», «¿Fuma cuando está delante de la página?», y hablando de página, «¿Tiene miedo a la página en blanco?». La cosa iba bien. Últimamente advertía que estaba entre los grandes de la literatura, después de que en una emisora de radio una periodista le preguntara: «¿Está casado o soltero?»
El momento culminante del curso, después de tantos autores citados, llegó cuando alguien quiso saber si le gustaba Roberto Bolaño (1953-2003). «No he leído una sola línea de Bolaño en mi vida», aseguró. Sonó raro, casi a mentira. César es un lector obstinado. Parecía imposible que no hubiese leído al autor chileno. Todo el mundo leía, o al menos decía que leía a Bolaño. «Yo soy un escritor que escribe para que lo dejen seguir leyendo», había confesado esos días. Bolaño se había convertido en un escritor especialmente leído por escritores. ¿Menos por Aira? Podía ser, sin embargo. En general, Aira se había mostrado reacio a leer a sus contemporáneos. Por no decir que aborrecía los grandes consensos. Bastaba que todo el mundo coincidiese en que había que leer a Bolaño para que, automáticamente, eso fuese lo que menos le apetecía en esta vida.
En uno de nuestros encuentros posteriores, me confesó que alguna vez había sentido «la curiosidad íntima de leerlo». Nada ineluctable, o mordiente. Más bien era curiosidad presumida, puntual, discreta, que al poco decaía. En cierta ocasión otro escritor, creía recordar que Alan Pauls, le había hablado de un cuento de Bolaño titulado «El gaucho insufrible», hermanado con «El sur», de Borges. La conversación transcurrió en Rosario, en 2004, con Bolaño ya fallecido, y Aira estuvo a punto de acudir a una librería a comprar el volumen donde se incluía el relato. Pero tenía prisa. No pudo. Al día siguiente regresó en avión a Buenos Aires y la tentación de leer Bolaño se fue diluyendo en el aire, con la velocidad de crucero.
Era curioso, porque Bolaño sí había leído a Aira. Y tenía una buena opinión de su obra. En Entre paréntesis, un libro en el que se compilan algunas de sus conferencias y artículos periodísticos, afirma: «Si hay actualmente un escritor que escapa a todas las clasificaciones, ese es César Aira, argentino de Coronel Pringles, ciudad de la provincia de Buenos Aires que no tengo más remedio que aceptar como real, aunque parezca inventada por él, su hijo más ilustre, el hombre que escribió las palabras más lúcidas sobre la madre (un misterio verbal) y sobre el padre (una certeza geométrica), y cuya posición actual en lengua española es tan complicada como lo fue la posición de Macedonio Fernández a principios de siglo. Digamos, para empezar, que Aira escribió uno de los cinco mejores cuentos que yo recuerde. El cuento se titula “Cecil Taylor”, y lo recoge Juan Forn en una antología sobre la literatura argentina. También es el autor de cuatro novelas memorables […]. Aira es un excéntrico, pero también uno de los tres o cuatro mejores escritores de hoy en lengua española».
Aquel día en Santander, César nos hizo una segunda revelación a propósito de Bolaño, mucho más emocionante. Habían estado a punto de conocerse en varias ocasiones y en todas ellas, en el último instante, «había sucedido algo inesperado». Me quedé intrigado. ¿Qué había pasado? ¿Por qué no se habían conocido? ¿Qué faltó? ¿O qué sobró? En aquel momento, en mitad del curso, no aportó apenas detalles. Con el tiempo, sin embargo, entablamos amistad, y poco a poco reconstruimos el sugerente mapa de los encuentros fallidos. El primero debió de haberse producido en 1997, auspiciado por Ignacio Echevarría. Para entonces, Bolaño había publicado ya La pista de hielo, La literatura nazi en América y Estrella distante. Lejos quedaba su primer libro, escrito a cuatro manos con Antoni G. Porta, Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce. Aira había empezado a publicar antes, pero su obra apenas había llegado a España.
En mayo de este año, durante un acto de homenaje que se le rindió a Aira en la Casa Encendida de Madrid, Ignacio Echevarría contó que Jorge Herralde, editor de Anagrama, regresó de un viaje a Argentina en 1990 con «una maleta de manuscritos de autores entre los que estaban Ricardo Piglia, Rodrigo Fresán, Rodolfo Fogwill y César Aira, entre otros». Le pidió un dosier de todos ellos, y «yo informé tibiamente de Respiración artificial, de Piglia, y recomendé la publicación de Una novela china, de Aira, y de Los pichiciegos, de Fogwill». Finalmente, no se produjo el desembarco argentino. Herralde se limitó a editar Historia argentina, de Fresán, y Buenos Aires, la antología de relatos comentados por Juan Forn, en la que se incluía «Cecil Taylor».

Roberto Bolaño. Imagen cortesía de RTVE.
Fue Mondadori, a partir de 1997, la editorial que apostó por Aira. Ese año publicó Ema, la cautiva. En primavera vino a España de promoción. A Aira siempre le cuesta abandonar Buenos Aires. Es remiso a dejar su casa, sus cafés, su paginita diaria, sus lecturas. En Barcelona, donde iba a participar en un acto sobre literatura argentina, lo esperaba Echevarría, que durante sus conversaciones telefónicas le había trasladado la posibilidad de verse con Bolaño. Estaba todo preparado para que así fuese. Los dos tenían mucho interés. Sin embargo, cuando Aira pisó Barcelona, supo que dos días antes Bolaño había partido precisamente hacia Buenos Aires en compañía de Enrique Vila-Matas para formar parte de una mesa redonda sobre narrativa hispanoamericana. Aquella fue su primera cita frustrada.
Aira volvió a su barrio. Se olvidó de Bolaño. Siguió sin leerlo. Se reincorporó a sus rutinas, escribiendo en bares, despacio, aunque sin borrar ni reescribir, casi reivindicando el error, lo que en cierto sentido equivalía a ir deprisa. Usaba cuadernos de papel liso, sin rayas ni cuadrícula, con espiral. Un señor de la casa Wussmann lo provee. La misma casa Wussmann que fabrica los billetes para la Casa de la Moneda. Papel de Wussmann, pues, y estilográfica de Montblanc o Vuitton para escribir en los cafés, donde halla la proporción ideal de ruido y silencio, ensimismamiento y distracción. Si todo va bien, escribe una pagina y se detiene, hasta el día siguiente. Entonces ya su ritmo de producción era de una novela cada tres meses. Novelas cortas. O novelitas, como las llama él. Estas se reivindican como una desesperación de la novela, casi como su suicidio. «Voy improvisando, lanzándome a la aventura, nunca planifico, el momento de empezar es el más divertido. Luego, hay momentos en que me aburro, quiero empezar otra novela, y tengo que matar a todos los personajes para acabar pronto», comentó en una ocasión. «Lo ideal sería dejarlas inconclusas».
Su método de trabajo se oponía al de Bolaño. Este escribía en casa, y a otro ritmo, más febril. En un día común llenaba tres folios; en uno bueno, diez; en uno malo, quizá uno. «Cuando estoy metido de lleno en una obra duermo en mi estudio y puedo ponerme a escribir a las cinco de la mañana y no parar hasta las once», aseguraba. Lo hacía en un viejo ordenador que le duró toda la vida. No creía en el error y reescribía «muchísimo». Sus obras, hasta entonces más o menos cortas, estaban a punto de dar paso a una novela coral y larguísima. Entrábamos en 1998 y Los detectives salvajes iban a consagrarlo. La novela obtuvo el Premio Herralde. Ese año casi conoció otra vez a César Aira, pero ahora en Chile.
A mediados de septiembre, Aira recibió una llamada de Jovana Skármeta para invitarlo a la Feria Internacional del Libro de Santiago, entre el 27 de octubre y el 8 de noviembre. Jovana había trabajado en la Cámara del Libro, y en ese momento era relaciones públicas de la editorial Fernández de Castro, a través de la que se distribuían algunos de los libros de César en Chile. Aira aceptó la invitación. El día de su llegada se dio un paseo por la ciudad y después se dirigió a El Mulato, un café clásico de escritores. Cuando estaba a unos cincuenta metros del local, vio salir a dos personas; una de ellas le pareció Jovana Skármeta. Estaba casi seguro. Avivó el paso para alcanzarla, pero el semáforo se puso en rojo. Jovana y su acompañante se fueron alejando. «Cuando conseguí cruzar la calle, ya habían desaparecido». Encendió un cigarro y se dirigió al café tranquilamente. De todas formas, había quedado al día siguiente con Jovana en el hotel. Puntual, se la encontró cuando bajó al lobby. Le comentó que el día anterior creía haberla visto saliendo de El Mulato. «Sí, era yo; fui con Bolaño», le dijo. Acababa de esfumarse su segundo encuentro. «La única vez que lo vi, lo vi de lejos, sin saber que era él». Curiosamente, esos días Bolaño había regresado a Chile después de veinticinco años de ausencia. Nunca había pensado en volver a su país, pero semanas atrás había recibido la propuesta de Paula, una revista femenina chilena, para que formase parte del jurado de su concurso de cuentos, y aceptó. La casualidad casi lo empujó a cruzarse con César Aira en Santiago, y la misma casualidad, o tal vez otra, los separó. Al final iba a ser cierto que el mundo es demasiado grande.
Un año después, en agosto de 1999, Bolaño acudió a Venezuela para recibir el Premio Rómulo Gallegos. Su prestigio era imparable. La noche antes de regresar a España cenó con los representantes del Pen Club de Venezuela. Al final de la velada alguien comentó que justo el día anterior César Aira había participado en el Taller de Expresión Literaria del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos impartiendo una conferencia. Empezaban a ser demasiados desencuentros casuales. ¿No se estarían, en el fondo, evitando?
Pero entonces llegó 2003. El año anterior César había enviado a Mondadori el manuscrito de El mago, que entusiasmó a la editorial, y le pidieron que viajase a España para presentar la novela. «En ese momento volvió a surgir la oportunidad de planear un encuentro con Bolaño». De nuevo en Barcelona, y por segunda ocasión de manos de Ignacio Echevarría, del todo empeñado en que se conociesen. Esta vez no habría imprevistos de última hora. Aira seguía sin leer a Bolaño, pero no importaba. Quería estrecharle la mano, hablar, incluso permanecer en silencio junto a él, mirándose los zapatos. Ya disponía de fechas y billetes para el viaje. El 15 de julio, tres días antes de subirse al avión, leyó en la prensa que Bolaño había fallecido en el Hospital Vall d’Hebrón de Barcelona después de pasar diez días en coma a consecuencia de una insuficiencia hepática. Fin.
Ya nunca podrían encontrarse. Pero César aún podía leer a Bolaño. Era como un as en la manga. Equivalía a cerrar un círculo, y, en cierto sentido, a conocerlo al fin. En abril de 2009 estuve con Aira en Madrid. Me confesó que seguía sin leer a Bolaño. Como me lo temía, acudí al encuentro con Amuleto, que le regalé como parte de una broma. Pasaron los años, y nunca le pregunté por el libro, hasta hace unos días. «No, no leí nada de Bolaño en este entretiempo, a pesar de que fue un entretiempo largo. Cada vez releo más, y lo que no leí será difícil que lo lea».
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Efecto óptico para flipar un rato
Sergioski02joder que movida, pantalla completa
No vivimos en un mundo real, solo en un mundo de percepciones. Efecto óptico para flipar un rato. Yo no recomiendo hacerlo dos veces seguidas… Pero es lo más parecido a ser un yonki real frente al ordenador. CUIDADO CON ESTO que te puede joder la cabeza pero… de dejes de mirar al centro hasta el final. 
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Canción WTF apple pen
Sergioski02podriamos estar ante la nueva macarena?
WTF? Estamos ante un vídeo asiatico absurdo que habla de pens (lápices) y fruta… Letra absurda, coreografía absurda, pero tiene un yo que sé que que ha contagiado a millones de internautas… La primer vez que lo ves deja una semilla en tu cerebro. CUIDADO con esta mierda WTF!.AHORA TODOS QUIEREN HACERLO: 
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Una nueva selección española de ciencia
Sergioski02no ha empezao el partido y a uno ya le han partio la cara.

Mis compañeros de la revista Quo han vuelto a convocar a la selección española de ciencia en colaboración con el CSIC y presentan otros doce brillantes investigadores españoles que merecerían ser tan populares o más que los deportistas. "Estos científicos juegan diariamente los partidos más difíciles en una liga que no tiene tanta repercusión como el fútbol, el baloncesto o el tenis", describe Quo, "y trabajan en campos tan diversos como la cirugía de trasplantes, la egiptología, la oftalmología, la nanotecnología, la oncología o la lucha contra el sida". El nuevo equipo está formado por: Pedro Cavadas, Mariano Barbacid, Alberto Ruiz Jimeno, Francisco J. Martínez Mojica, José Manuel Galán, Juan José Gómez Cadenas, Carmen Martínez, Mariano Esteban, Mara Dierssen y Miguel Delibes de Castro. A los que se ha sumado, como último fichaje, Manel Esteller.
Más info: Selección Española de Ciencia (Quo)
Bodorrio por todo lo alto
Sergioski02esto merece un mongol, chex despiertaaaa!!!!!
Bodorrio por todo, todo lo alto. El vestido de la novia puede llegar a costar entre 170000 y 200000 euros. Además a la novia le pegan por todo el cuerpo billetes de 500 euros. Cuenta la leyenda que gracias a este convite la empresa Almax cerró el año facturando un 200%.
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Especialista indio rompe records
Sergioski02joder que wapo, parece que se han juntao en una mañana a hacer todo junto. Es como una casa rural pero sin mujeres.
Especialista indio rompe records. Amandeep Singh, de 34 años tiene claro que su objetivo es entrar en el libro de los records guiness como sea, atropellado, levantando motos, pegándose mazazos en los huevos… como sea!. Tras sus hazañas está a la espera de la aprobación de sus records.
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Cabezas (Fuente el Saz de Jarama) Sobre 2012 apareció en un...

Cabeza Este. Fuente: http://goyo-vigil.blogspot.com.es/2014/11/quien-es-malditos-o-benditos.html

Cabeza Sur. Fuente: http://goyo-vigil.blogspot.com.es/2014/11/quien-es-malditos-o-benditos.html
Cabezas (Fuente el Saz de Jarama)
Sobre 2012 apareció en un sembrado a las afueras de la localidad madrileña de Fuente el Saz de Jarama, cerca de la carretera hacia Alapardo, esta escultura de hormigón de más de 2 m de alto y 4 toneladas de peso, obra del artista local Javier de Benito y colocada furtivamente con la ayuda de un amigo y una grúa. Parte de un proyecto que pretendía colocar una cabeza en cada punto cardinal de Fuente el Saz, Javier bautizó a la primera “Jaime” y ubicó una segunda, ésta realizada de ladrillo, cerca del arroyo de Valderrey, al sur del casco urbano. A pesar de contar con la ayuda de su esposa, la pintora Rocío Guerrero, Javier no pudo finalizar el proyecto por falta de tiempo.
Más info: TeleMadrid.es, Google Maps Este Sur
Oona Chaplin: «Que te digan “ponte guapa” es la frase más repugnante que he escuchado en mi vida»
Sergioski02ta buena no?
Fotografía: Lupe de la Vallina

Oona Chaplin [Madrid, 1986] busca incesantemente cambiar de opinión. Contradecirse. Tiene una energía incontrolada, una conversación vertiginosa en la que conscientemente defiende una cosa y la contraria. Cada vez que lo hace ríe con más estruendo. Es actriz, pero se siente una extraña entre actores; está más cómoda en ese papel de enfant terrible que vuelve locos a sus representantes trastocándoles los planes. No se lee los contratos, rechaza papeles por pálpitos y se aburre en las entregas de premios. Los impulsos son su droga dura. Nunca conoció a Charles Chaplin, el abuelo que le dio la fama y el apellido, pero aminora y dulcifica la voz al mencionarle, con la delicadeza con la que se abraza a un recuerdo. Desde que saltó a la fama con su papel de Talisa Stark en Juego de Tronos, su carrera avanza entre Hollywood, Reino Unido y España, donde no consigue que nadie pronuncie bien su nombre, aunque todos sepan lo que ocurrió en la Boda Roja. Se confiesa pija y privilegiada, pero ya ha dejado de sentirse culpable por ello. Tampoco se preocupa cuando la rechazan. Si lo de actuar no funciona, buscará otra cosa.
Con la película Proyecto Lázaro vuelves a la ciencia ficción y al cine distópico. ¿Quedan ganas de más después de rodar Black Mirror?
[Risas] Sí, claro que sí. Todo surgió porque Mateo Gil se puso en contacto con mi repre, diciendo que quería tomar un café conmigo. En ese momento se me congeló el tiempo, es una de las personas a las que más admiro en el cine español. Es responsable de los mejores guiones que ha producido este país. Nos conocimos y la conversación fue increíble, el guion trata sobre cosas que me emocionan muchísimo. Me obsesiona la muerte, y ese es un tema bastante central en la historia. Y él lo trata de una manera que me cuadra. El personaje principal, que en mi humilde opinión es un gilipollas, me encanta, porque te mete en la cabeza de otra persona. No es un tipo cualquiera, es especial, muy raro. Te da la vuelta por dentro, y parece que estás viviendo sus decisiones. Dialogar sobre la muerte en ciencia ficción es el sueño de cualquier persona a la que le mole la ciencia ficción.
Eres muy fan de Star Wars y de otros clásicos del género. ¿Están los títulos que se están haciendo ahora a la altura?
Diría que sí, sin duda. Además de los clásicos, soy muy fan de esta ciencia ficción; creo que es el mejor tipo, la que usa la distancia para hacer un comentario sobre el ahora. Todo eso es la temática de la película: el futuro, el pasado, el presente. ¿Quién quiere vivir en el presente? Muy poca gente. Si somos honestos, vivimos en el futuro, o en el pasado; es el gran error del ser humano. Es de lo que tratan muchas de las espiritualidades de todo Oriente, que son las que más me fascinan. Las que hablan de cómo reducir el futuro y el pasado para que tu nivel de atención esté en la eternidad de cada momento, en el infinito de cada momento. Eso se trata en la película, lo que pasa es que yo me enrollo, él lo trata de una manera mucho más sencilla [risas]. Luego lo que me moló del personaje fue el tratar de construir una relación a base de momentos, momentos que están todos escritos en el guion. Que alguien pueda imaginarse tantos momentos fugaces dice mucho de la sensibilidad de Mateo. Son instantes que parecen intrascendentes, como lavarte los dientes o buscarte las canas en el espejo con alguien; si pudiéramos verlos tiempo después nos daríamos cuenta de que son realmente lo que da forma a la relación.
¿Cómo volver a apreciar esos momentos? Esto me ayudó mucho, me ayudó a vivir mejor. Ese tratamiento de la temática. Si me muero, algunos de los momentos del montaje de mi película, de mi vida, serían esos. Momentos cotidianos a los que no das valor. Como las peleas, que hay que apreciar cuando una pareja lo hace, cómo fluye la energía… Las relaciones son superinteresantes, pero son mucho más enriquecedoras todas estas pequeñas cosas.

En El viaje más largo, la película que adaptaba la novela de Nicholas Sparks, cuentan que no te cortaste a la hora de añadirle más líneas a tu guion, modificarlo. ¿Es algo que haces habitualmente?
A veces sí. Con Mateo tenía muy decidido que era yo el personaje, eso influyó mucho, y cuajamos. Y además no había mucho guion, era mucho mayor la improvisación. Yo soy más «chica montaje» [risas]. Mis dos especialidades en el mundo del cine son enfermera y novia del pasado. Son cosas que hago mejor que nada en el mundo.
Y sufridora por amor.
También. Y no puedo tener hijos y siempre muero.
Vas por el camino de Sean Bean.
Exacto. Y perfecto, ¿eh? Aunque lo que más me frustra es la falta de imaginación y de interés que existe en los papeles femeninos. A la gente no le interesa quiénes somos las mujeres, le damos absolutamente igual. ¿Y sabes lo peor de eso? Que los que lo sufren más son ellos; los hombres, a la hora de enfrentarse a una mujer de verdad, no se les pone dura. No saben por dónde empezar y sufren. Mucho. Ese modelo reducido de mujer que se fomenta, reducido a lo más banal y lo más básico, les hace mucho daño a ellos. Porque no somos nada básicas. Somos muy complejas, muy ricas, muy sabrosas, superpoderosas.
Cuando hay un guion como El viaje más largo, que está escrito por un hombre, basado en una novela de un hombre, en la que todo son hombres en el mundo de producción… me gusta entrar en la lucha, aportar algo que haga a los personajes femeninos más interesantes, más reales. Por eso hice lo de cambiar partes del guion. Me gusta hacerlo siempre, pero en esa película en concreto lo hice muchísimo, luché a muerte por esos cambios. Y todos los hombres allí estaban super a favor de que lo hiciera, lo que pasa es que les costó entender porque son hombres blancos. Menos George [Tillman] que es negro, y es otro chip.
Te significas mucho como feminista, pero la etiqueta no te convence del todo.
El término «feminismo» me parece una reducción a lo más básico, no tiene nada que ver con un -ismo, que son movimientos que cuando llegan al poder, fallan. Todos. Y por eso defiendo una manera de honrar lo que existe ya, no un movimiento. Es un trabajo que tienen que hacer muchas feministas también, y todo ser humano: estar a gusto con la verdad que te incorpora. Así de sencillo… y complicado [risas]. Es un postulado muy simple, y luego llegamos nosotros y lo complicamos, lo jodemos todo. Por eso el -ismo del feminismo me genera rechazo, pero claro, si me preguntas si soy o no feminista, lo soy. Absolutamente. El lenguaje me gusta mucho, hablo muchos idiomas, y el origen de las cosas me interesa, por eso asocio el -ismo a cosas que fallan: el comunismo, el capitalismo, el socialismo, el consumismo…. Todos han fallado.
Aunque no te guste el término, durante tu carrera has protagonizado bastantes reivindicaciones feministas. Cuando llegaste a Juego de Tronos te quejaste de que el papel de mujer estaba circunscrito a ser «o puta o virgen», aunque ahora no sea exactamente así.
Así fue. Porque además en Juego de Tronos ellos no tratan de idealizar nada, están enfrentándose a una situación. ¿Y qué es lo que les pasa a las mujeres? Las violan, las cosifican, las usan para sus ganancias de poder y son objetos de los hombres para su recreación. Y eso es lo que estaban representando.
Al margen del hecho de que es el reflejo de una sociedad medievalista, aunque fantástica.
Vale, pero no es muy diferente de lo que está pasando ahora. La serie les ha dado mucho más poder y todo el mundo está supersorprendido, pero eso era así.

¿Por qué alguien feminista opta por protagonizar una película basada en un libro de Nicholas Sparks, con un concepto del amor tan trágico en el que la mujer siempre hace la mayor parte de los sacrificios?
Sí, es absolutamente así, pero en realidad la película es un homenaje a todas las mujeres que han hecho eso en su vida.
¿No es una defensa?
A ver, yo creo que ser capaz de renunciar a todo por amor es de las cosas más grandes que puedes hacer en tu vida. Seas mujer, hombre, niño o viejo. Si lo das todo por amor es que amas de verdad. Si no estás dispuesto a darlo todo eres un puto cobarde, no estás siendo de verdad. Nicholas Sparks viene de un mundo, y lo que me gustó fue poder entrar en él; tan diferente, tan profundamente diferente a mí. Tiene una perspectiva distinta, y cuando nos sentamos a hablar, aprendí un montón de ese tío.
¿Tenías prejuicios sobre él? Basándote en su literatura.
Sí, porque The Notebook (El diario de Noah) la he visto cincuenta mil veces y creo que idealiza tanto al hombre como a la mujer. Idealiza el amor. Es un cuento de hadas, no intenta cambiar la sociedad ni comentarla. Él existe en el romanticismo, es un pozo sin fondo de historias de romance entre un hombre y una mujer que se aman profundamente y que van a acabar juntos y muriendo. Porque siempre es así. Pero dentro de esa tragedia está el amor. Eso es lo que habita él, todo el rato. Respira romanticismo.
Qué rosa, ¿no?
Muchísimo. Pero no rosa para él. Al conocerlo se volvió no-rosa también para mí.
Siempre, salvo cuando trabajaste con Claudia Llosa, has estado a las órdenes de directores varones. ¿Hay alguna diferencia, de sensibilidad distinta, una sintonía diferente cuando trabajas con una mujer?
Hombre, es que además Claudia es una crack, una monstrua. Con ella rodé la escena de amor más increíble de mi carrera. Y no solo porque fuera con Cillian Murphy, que es un actorazo y está muy bueno…[Risas] No sé cómo habrá quedado, no la he visto todavía, pero la intención es que fuera una escena continua, que no se cortara, plasmando todo lo que se puede exprimir de una relación que no funciona pero que quiere funcionar.
Me pareció como… ¡Hostia! ¡Qué poderoso! Y ella sí que le da una complejidad femenina especial, un sabor diferente. Aunque lo estoy diciendo mucho y quizá me arrepienta, creo que el gran problema es que los hombres eyaculan. Hay un gran problema a nivel mundial porque los hombres eyaculan. Es una falta de respeto al sexo el hecho de eyacular. Aunque a veces no.
Nosotras eyaculamos también…
Pero no de la misma manera. Y hay que trabajárselo mucho más con una mujer. He estado leyendo muchísimo sobre la sexualidad sagrada del tao, y hay un libro absolutamente esencial para que todos los hombres lo lean: El hombre multiorgásmico, de Mantak Chia. Entra en una psicología en la que el mundo se vuelve mucho más rico, mucho más sabroso, centrado sobre el proceso y no sobre terminar. Qué triste que algo tan maravilloso trate fundamentalmente sobre el fin. Eso se infiltra en todos los aspectos de la vida de los hombres y de las mujeres. Creo que hay un trabajo a nivel mundial para cambiarlo. Hacer talleres tántricos, o yo qué sé… [Ríe] Lo pensaré cuando vuelva de los Andes, me voy ahora a estudiar los cantos mapuches, es la tribu de mi abuela. Me voy a conectar con algo superprimordial para mí, visceral y ancestral.
Aunque estudiaste en la Escuela Real de Arte Dramático de Londres (RADA), dices que tu gran sueño habría sido ser periodista.
Sí, y no tengo muy claro por qué. Creo que porque me permitía viajar, entrar en zonas de conflicto, que me fascina, e intentar aprender del hombre basándome en por lo que lucha. Algo que ahora me parece una gilipollez, ridículo; luchamos por tanto que no merece la pena… Pero intentar entender eso durante un tiempo fue fascinante. Ahora me gusta más intentar aprender sobre lo que vivimos, por lo que sentimos alegría.
Te has involucrado en causas humanitarias. Has visitado el campamento de refugiados de Calais, que acaban de cerrar. Impulsaste una petición para que el Gobierno británico los acogiera.
Sí, luché mucho para que se acogiera sobre todo a los menores no acompañados. Hay mil doscientos, solo doscientos han llegado a Gran Bretaña y la mayor parte de los casos tienen posibilidad potencial de tener un asilo legal. Tienen derecho, en realidad, por leyes internacionales. Pero por vaguería, asquerosidad y repugnancia del Gobierno conservador británico no se ha hecho absolutamente nada. Y hay niños que tienen ocho años y están allí, solos. Han viajado por once países solos, y están en riesgo de sucumbir a todo el trauma que eso supone. ¿Qué futuro hay para esas criaturas? No se trata de que sean tus niños, son el futuro los niños. Y en este momento estamos siendo muy injustos con nuestro futuro; si hay que verlo de manera egoísta, así se pintará. Parece la única manera de que la gente pueda reaccionar.
Lo que está ocurriendo es una tragedia a nivel humano, y es la mejor oportunidad que nos ha dado la historia para que la democracia brille con una luz tremenda, todo lo que significan los valores sobre los cuales se supone que se ha construido esta sociedad. Estamos luchando y derrumbando Gobiernos, y asesinando gente en los países de donde vienen. Estamos luchando por estos valores de la democracia, de la libertad, del consumismo… Pues no. No se puede luchar sin ser consecuente en tus fronteras con la gente que lo necesita de verdad. El hombre blanco tiene mucho que perder en esta apuesta. El hombre blanco se la está jugando, y creo que va a caer. Él ha sido el gran responsable de los conflictos a nivel mundial que estamos viendo hoy. El hombre blanco, fíjate, los más privilegiados en este mundo nuestro.

Dices que eres «la persona más privilegiada que has conocido jamás».
Sin ser hombre blanco, siendo mujer latina, soy la persona que más suerte ha tenido de todas las que conozco. He sido muy afortunada: mis padres se quieren, me quieren, quieren a mis hermanos, tengo gente alrededor que tiene una imaginación y una creatividad insólitas. Nunca me ha faltado de nada, he viajado donde he querido, he tenido todos los lujos y privilegios que se le pueden dar a una persona… Y no solo eso. He disfrutado el sabor de poder ver otros mundos, de viajar de Cuba, a Suiza, a Sri Lanka; te da unos referentes que molan mucho. Te hace sufrir mucho también, pero porque no lo he sabido asimilar hasta hace muy poco. El paso de la culpabilidad al agradecimiento es algo muy grande.
¿Te sentías culpable por ser privilegiada?
Claro, sí. Pero ahora estoy muy agradecida. Y lo que mola del agradecimiento es que te da alegría, y la alegría la puedes compartir. La culpabilidad no la quieres compartir, yo no quiero hacerlo.
¿Sientes algún tipo de responsabilidad, por ser una figura pública y famosa, de involucrarte en este tipo de causas?
Sí, y eso que me he tenido que frenar algunas veces. Me controlo un poco porque iría a sitios muy chungos, y haría cosas muy malas [risas]. Pero tengo que pensar y hacerlo bien. Es lo que estoy aprendiendo a hacer ahora que tengo treinta años y utilizo la estrategia, no solo con mi carrera y con mi vida, sino también en mis relaciones y conversaciones. Intento pensar un poco más y no ser tan impulsiva.
Toda tu carrera ha sido «a base de impulsos», pero ¿ha habido suerte también?
En mi carrera es donde más. He sido una pija total con mi carrera, en lo que he aceptado hacer y en lo que he rechazado. Ha sido totalmente inesperado que las cosas que me molaban funcionaran después. He dicho que no a mucho y me he puesto muy pija en muchos momentos, pero me ha servido. La prueba está en que sigo trabajando en esto.
Bajas el tono al decirlo.
[Risas] Sí, porque no sé quién puede estar leyendo esto.
¿Temes que un día dejen de darte trabajo?
Si se acaba, se acaba. Eso es importante. Tengo una vida muy rica y muy llena, y eso mola, porque te permite no estar tan desesperada para conseguir el siguiente trabajo.
¿Podrías vivir sin actuar? ¿O eres de esos actores que dicen «yo, si no actuara, no sabría qué otra cosa hacer en la vida»?
Sí, podría, y perfectamente. No sería una tragedia. No podría vivir sin contar historias, que es lo que me interesa, pero encontraría mil maneras de hacerlo. He bailado, canto… He hecho muchas cosas. Pero también me interesa estar aquí, con estas conversaciones, y vivir más cosas para después poder compartirlas. Esa es la herramienta de la evolución más grande que tenemos: contar historias y aprender de los errores. Yo, por ejemplo, el otro día me corté el flequillo sola. Gran error. Un gran aprendizaje, un gran error: nunca te cortes el flequillo tú sola, para eso existen los peluqueros. [Risas]
Si en treinta años es la primera vez que te haces un desaguisado no es tan grave.
[Risas] Ya, es como una cosa muy de dieciséis años, ¿no? De adolescente… ¡Es tan estúpido! Sobre todo, cuando estás de promoción y tienes sesiones de fotos. Un amigo me ha tenido que hacer este peluquín postizo para disimular el desastre.
Da la impresión de que no encajas en esa pauta del star system, de tener que estar siempre perfecta…
¡Qué va! ¡Yo mando a la mierda todo eso! ¡Y me dejo crecer los pelos del pubis también! [Risas] Para mucha gente todo este mundo trata de eso, de apariencias, pero para mí no. Me parece un rollo muy estúpido, no se disfruta tanto. La gente que lo disfruta de verdad, los modistos, o la gente que se trabaja su look con calma, bueno. Pero la mayor parte de los actores que conozco no disfrutan. Lo pasan muy mal. Y es pasarlo mal por algo que no importa. Por eso en los festivales, las entregas de premios, siempre me ha parecido que se respira una angustia muy chunga… Pienso que alguien se tendría que emborrachar, subirse encima de una mesa, desnudarse y cantar. Por favor.

Creciste en un ambiente rodeada de creatividad; una madre actriz, un padre músico y director de fotografía, pero ninguno de los dos ha sido nunca una socialite. Dices que agradeces no haber estado nunca en ese ambiente de fiestas que…
No, no he vivido eso. Mi familia es de «artistas», no stars, ni celebrities. Y mi madre se deja el pellejo, se lo trabaja todo un montón. Los festivales son agotadores porque lo da todo. La ves, y la luz y la sabiduría que tiene y que transmite es un acto de generosidad increíble. Es un trabajo muy profundo, muy serio, para ella.
A tu madre, Geraldine Chaplin, ¿no le ha afectado lo que denuncian las actrices más veteranas de que a partir de cierta edad el trabajo se esfuma?
Eso es cierto, pero también que ella respeta y ama trabajar. No tiene ningún complejo. Gran parte de la actitud de querer estar mona a toda costa tiene algo de querer luchar contra la vejez. Esa una estupidez, y a la vez muy humano y muy natural. Mi madre funciona al revés: siempre dice que en el momento que deje de trabajar se va a poner muy mona, muy estirada. Yo no la creo. Pero bueno, esta lucha de ser lo menos natural y lo menos real y humano posible es absurda, al menos para mí.
Lo que me mola de la gente es la reacción cuando se tira un pedo. ¿Cómo te enfrentas a lo más rico y sabroso [risas]…? El error es el ridículo. Lo peor que te puede pasar en la vida es vivir una mentira, ponerte una máscara y que alguien se enamore de eso, de algo irreal. De lo que tú no eres. Si voy por la vida supertranquila porque pienso que va a causar una buena impresión, porque es más astuto, a alguien le va a encantar esa tranquilidad y se va a enamorar.
Es el personaje que interpretaste en The Hour.
Si, exacto. Estaba atrapada en un mundo irreal. Por eso el conflicto es interesante, cómo uno se enfrenta a eso, a lo que la gente quiere que seas. Para un drama es interesante, pero para la vida, paso. Olímpicamente.
¿En este mundo hay presión para que seas de esa manera?
No la siento. Me niego a sentirla. Bueno, mentira. Esta mañana mismo he tenido un photoshoot donde me he sentido superpresionada, a ser algo que yo no era. Y me sentí muy incómoda, aunque intenté hacerlo lo mejor posible. Era algo que no funcionaba, no era yo.
Pero, ¿por qué?
Que te digan «Ponte guapa» es la frase más repugnante que he escuchado en mi vida. «Ponte Guapa». Mira, vete a la puta mierda. No me digas eso porque la belleza a las personas se la puedo encontrar cuando tienen la boca llena de paella. Verle comer la paella con gusto y con amor es lo más atractivo que puede haber en el mundo. Así que no me digas que me ponga guapa, dime que para la foto es mejor cerrar la boca para que no se vea la paella [risas]. Mira, te voy a decir la verdad: lo que yo quería en realidad era ponerme esto [coge el peluquín postizo] y ponérmelo aquí, que es mucho mejor [se lo coloca en el pubis]. [Risas]
Fuera de bromas. Sí, esa presión existe, pero trato de no hacer caso. No me gusta lo que dice de la mujer, la reduce a algo que no es. Por ejemplo, en el cine, cuando ves una escena de sexo y la mujer se corre, siempre está guapa. Y eso no es un orgasmo de verdad; se te arruga la cara, te abres toda, la vena se te sale y aúllas como un oso. Al menos en un buen orgasmo. Entonces, todas estas cosas crean expectativas que contradicen lo que somos, porque somos mucho más ricos. Sobre todo, las mujeres españolas, no hay mujer más rica que la española. Es un arte lo que existe en este país, y está muy menospreciado: el arte de ser mujer. Y española. Es muy fuerte lo que veo, hay mucha frustración.
Vives en Londres…
Sí, ya, no me hagas hablar de las mujeres inglesas [ríe]. Pero en realidad voy saltando de sitio en sitio.
Cuando se habla de tu carrera es inevitable mencionar a tu abuelo, Charles Chaplin. ¿Te molesta que siempre se aluda a ello, que ciertos diarios te llamen «la nietísima»?
Ese en concreto no lo he leído. ¿Cómo me siento? [Reflexiona] Estoy intentando ver lo que me sucede dentro, pero solo escucho al cerebro. Puedo decirte lo que pienso, y es que hay poca gente en el mundo a la que se ame más que a mi abuelo. Es un referente que me ha servido mucho. Imagina estar asociada a algo tan poderoso y especial. Hace poquito he sentido curiosidad por honrar al otro lado de mi familia, la paterna, y también me ha causado mucha felicidad. Es flipante que en los dos lados haya gente tan alucinante. Intento comprender de dónde les viene el arte, y hablar de ello ayuda, ayuda a alcanzar cosas nuevas.
Lo que mola del apellido Chaplin es que tiene integridad. Mi madre ha hecho una master class en Valladolid y me quedé con la mandíbula en el suelo de lo genia que es, del sentido del humor que tiene, de la perspectiva tan original… Hay una frecuencia que ambos rozan, crean, la van alentando: la frecuencia de la ternura. Por muy cabrones que se pongan a veces —apuesto a que mi abuelo era un cabrón a ratos, siendo un genio no se puede ser una persona normal—, tienen tanto corazón que están constantemente en contacto con los sentimientos. Y eso es lo que mola de mi familia: están en contacto con lo que sienten, siempre.

A tu abuelo no le conociste, pero con tu abuela, Oona Chaplin, sí tuviste contacto unos años.
Sí, aunque apenas la recuerdo. Sí una cosa: estaba yo jugando con su gato siamés, que era un cabrón, y ella me dijo: «Cuidado, araña». Me lo dijo en inglés, y yo no sabía, así que no sé cómo la entendí. Creo que fue el tono. Ella me hablaba, y me decía Laly, la señora que la cuidaba y que luego me cuidó a mí, que debía aprender inglés para hablar con mi abuela. Y yo por lo visto le dije: «No, debería ella aprender español, yo estoy a gusto». Con cuatro años, toma ya.
¿Has leído Oona y Salinger, la novela de Frédéric Beigbeder que habla del romance de tu abuela con Salinger?
No, no, qué va. ¿Debería?
Sí. Aunque sea solo por la reivindicación absoluta de la figura de tu abuela.
Sí, ella siempre estuvo a la sombra del gran hombre. Quedó un poco eclipsada, y yo soy Oona por ella.
Pronúnciese «Una», ¿no?
Sí, aunque en España mucha gente me llama «Ona». Y me gusta.
No te cuento lo que nos ha dicho el recepcionista cuando le hemos dicho que veníamos a una entrevista con «Una Chaplin».
[Risas] Te habrá preguntado que cuál, claro. Me pasa constantemente con las madres de mis amigas, que las llamo a casa y preguntan quién llama y digo «Una». Responden: «Pero ¿quién?». [Risas] ¡A ver, Sonsoles, que hace veinte años que me conoces, veinte años que llamo a tu casa! [Risas] Y volviendo a mi abuela, he leído muchas de sus cartas, eso sí. Era un gran cerebro, una gran escritora. No conozco su historia con Salinger, pero por lo visto no todo es verdad.
Forma parte de la novela. No es investigación, es una especie de reconstrucción novelada.
Ah, entonces vale. Porque además Franny and Zooey es uno de los relatos favoritos de mi vida. ¡Podría haber sido mi abuelo! [Risas]
Tu bisabuelo era Eugene O’Neill, tu abuelo Charles Chaplin, tu madre Geraldine. ¿Te sentías predestinada, en cierto modo, a dedicarte a alguna disciplina artística? ¿Habría sido un disgusto que fueras economista?
¡Qué va! Mi padre quería que fuera economista. Eso también estuvo en los planes en algún momento. Pero vamos, la economía tiene ya suficientes idiotas ejerciendo como para agregarme yo a esa lista, ¿no?
Eficaz no sé, pero la haría más surrealista.
Haría cosas como «¡Vamos a invertir en flequillos como estos!». ¡Toda la economía se va a basar en flequillos púbicos! [risas]. Un día iré a una gala vestida solo con el flequillo púbico.
Es toda una declaración de intenciones. ¿A los Óscar?
A los Óscar no, porque hace frío. Pero en España… ¿en Málaga? ¿Por qué no? Aparecer en pelotas y con el flequillo, diciendo «¿Qué pasa? ¡Tengo celulitis, y qué!». A ver si tengo las narices y lo hago alguna vez. A los Óscar no he ido, qué pinto yo ahí. No soy material de Óscar.
Has trabajado ya con algún director que…
Vale, pues no todavía.
Hablando de eso, ¿cómo es Charlie Brooker, el creador de Black Mirror?
Es una de las grandes mentes de nuestra era, muy parecido a Mateo Gil en algunas cosas; los dos tienen la pregunta de la tecnología desde el punto de vista humano. Y creo que los dos, de una manera diferente. Mateo de una manera espiritual y Charlie Brooker desde un punto de vista más socialista; desde ángulos diferentes, han llegado a la conclusión de que tenemos mucho que perder. Todo aquello que contamina nuestro aire, que nos previene de salir, como en Beijing, que tienen que ponerse mascarillas y los niños no pueden jugar en la calle. Todo eso que estamos sacrificando tiene que ser por algo. Si requiere un sacrificio tan grande como nuestros bosques —y me da vergüenza decir esto porque parezco una jipilondia cualquiera— tiene que ser por algo. ¿Qué estamos ganando? Si estamos en una mentalidad economista, consumista, ¿qué ganamos? Los dos han logrado expresar a su manera ese juego, esa tensión. Es muy interesante.
Charlie Brooker tiene pinta de genio loco.
Totalmente, totalmente loco. Es un friki, es un genio. Absoluto. Tengo muchas ganas de ver la nueva temporada, por cierto.

Alguna vez te has quejado de que apellidándote «Chaplin» la gente piensa que lo tienes todo hecho. Que cuando quieres un papel es tuyo por derecho, cuando en realidad te matas a castings.
Claro, a mí me dicen que no todo el rato. A mil papeles.
¿Tanto?
Muchísimo. No te lo imaginas.
¿Te dijeron que no a ser la protagonista de la nueva temporada de True Detective?
Sí, sí, me lo quitó la capulla de Rachel McAdams [risas]. A ese casting entré ilusionadísima, pero cambiaron de director, porque el guionista de la primera era tan fuerte que no lograron estar a la altura. Había una cuestión política interesantísima y muy aburrida a la vez. Al final, nada. Pero vamos, que a mí me meten en unos castings que no veas. Son muy ambiciosos conmigo.
¿En qué?
Pues en todo. Todos los de cómics de Marvel, todos los de Star Wars… Nunca llego a los últimos estadios. Yo envío mis castings, y los envío, los envío… miles al año. Pero luego sale lo que sale. Y a veces me lo dan, y cuando me lo dan digo «Ay, no me gusta, no lo voy a hacer» [risas]. Y así dejo a mis repres, dándose cabezazos en el ordenador.
¿Qué has rechazado?
Eso no lo puedo decir…
¿Te has arrepentido alguna vez de haber rechazado algo?
No, la verdad es que nunca me he arrepentido. He rechazado una serie que se hizo para Syfy en Nueva Zelanda que era muy buena oportunidad, pero dije «hay algo que no se siente bien». Me encanta la ciencia ficción, me encantaba la temática y todo, pero no. Casi me matan… Y cuando la vimos era una mierda. Siempre tengo razón [Risas].
Olfato.
No, pero también he hecho cosas que me parecía que iban a ser geniales y han sido muy malas. Cosas que podrían haber sido buenas, pero no lo fueron… Pero bueno, nadie está cien por cien orgulloso de su carrera, o así lo espero, porque siempre hay que aprender de algo. Y solo se aprende de los errores. Así que: más ridículo, más errores.
¿Cómo eran los contratos de confidencialidad de Juego de Tronos para lograr que no desvelarais ningún detalle de la trama?
No me leo los contratos [ríe]. Tengo muchos árboles que trepar… Por regla general no me los leo. Esto no debería decirlo, ¿no?
Bueno…
Tengo representantes en los que confío; ellos me dicen qué es lo que no puedo decir, y yo obedezco.
¿En qué momento supiste que te esperaba una muerte tan trágica?
No recuerdo cuánto tiempo antes. Sabía que me iba a morir cuando me dieron el papel, me dijeron que al final de la tercera temporada me iba con Richard. Pero no imaginaba cómo iba a pasar. Incluso cuando me lo leí sobre el papel, en blanco y negro, no era tan impactante. Cuando vi aquello, que fue el último día de rodaje, Richard, Michelle y yo estábamos en nuestros últimos días y fue traumático. Y ahí se rodó la Boda Roja. Fíjate si fue emocionante que el director tuvo que venir a recordarme que los cadáveres no lloran, porque no paraba de llorar.
¿Ya muerta en el suelo?
Sí, cubierta de sangre. El director venía y decía «Por favor, Oona, tienes que dejar de llorar». Y yo no podía. En parte por lo trágico, en parte porque se acababa aquella maravillosa oportunidad.
¿Dónde estarías de no ser por Juego de Tronos?
Ni idea, haciendo alguna locura [risas]. Pero está claro que ha sido la mejor oportunidad que he tenido nunca. Sin Juego de Tronos yo no sería un pedo, no habría hecho ni la mitad de cosas que he podido hacer. Y eso que tuve la muerte más retransmitida de la historia.
Aun así, cuentas que el «fenómeno fan» de la serie no te afectó mucho.
Al contrario. Aquí se me conoció más, pero en el Reino Unido no me reconocía ni dios. Pero ni dios, ¿eh? A veces me daban ganas de decir «Eh, que yo también salgo» cuando pedían fotos. Pero a la vez, era la que me reía de mis compañeros de rodaje cuando después nos íbamos a cenar o de copas, y no paraban de agobiarles. No podían ni emborracharse por miedo a que les pillaran, y yo ahí, subida en mesas, señalándoles con el dedo y diciendo: «Jajaja, pringados».

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“Donde quiera que vayas,
ve con todo tu corazón” -Confucio-
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El ostión de Koldo
Y Koldo perdió la cabeza por un simple:’ No tienes huevos!’… Estás bien?… Pero como va a estar bien???. Premio al Gilipollicas de la semana: El ostión de Koldo.

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Intenta abandonar a su perro
Sergioski02Los nuevos nazis
Esta hija de puta abandonó a su perro en la misma vía donde circulaba hasta que el conductor de delante se percató y decidió actuar. Te voy a seguir hasta tu casa conchuda hijadeputa!

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Homenaje a la mujer murciana (Murcia) Esta escultura forma...

Homenaje a la mujer murciana (Murcia)
Esta escultura forma parte del Parque Escultórico Antonio Campillo, ubicado en la avenida Príncipe de Asturias de Murcia por deseo expreso del propio artista, que visitaba con frecuencia esta zona. Fue inaugurado en noviembre de 2010 e incluye sus obras femeninas, típicas representaciones sobre la mujer murciana realizadas en bronce con unas dimensiones de entre 1,35 y 2,10 m.
Esta pieza, titulada Homenaje a la mujer murciana, representa a una mujer desnuda, gruesa y probablemente mayor, inclinándose hacia delante en la silla en la que se sienta hasta dejarla apoyada solamente en dos patas, para alcanzarse los zapatos que se está poniendo o atando.
En total son nueve escenas de la vida cotidiana de la mujer las que se exhiben en el parque, junto al retrato en bronce del escultor realizado y donado por su gran discípula, Marta Balsameda. Además de la ya mencionada, se trata de La Cigarra, La Cansera, Desafiando al Viento, A Coscaletas, La Pechugona, Saltando la comba, La Danza y La Garza.
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La Dama de Murcia Esta escultura, inaugurada el 26 de mayo de...

La Dama de Murcia
Esta escultura, inaugurada el 26 de mayo de 2004 en la plaza Fuensanta de Murcia, es obra del escultor valenciano Manolo Valdés. Con unas dimensiones de 2,3 m de alto, 2,1 de ancho y 70 cm de fondo, cuenta con un sistema de iluminación que cada día de la semana emplea un color diferente. Fue donada a la ciudad por los grupos Polaris World y La Generala, dando origen al plan municipal de dotar a las calles de obras de arte contemporáneas.
En 2006 un gamberro usó pintura en espray para transformar a la Dama en Darth Vader.
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